Un perfecto día para hacer... NADA :: Privado :: Pasado
#1
Narrador / María Merlot

Día 67 de verano, año 16.



……………………………………


Una playa.
El sol brillando.
El cielo despejado.

¡Qué precioso día para no hacer nada! Y justo bajo esa premisa, la hermosa mujer de largos y celestes cabellos se encontraba tirada en la suave arena de una solitaria playa de Isla del Karate. Sus brazos estaban extendidos, sus ojos cerrados y de sus labios una suave melodía sin letra se dejaba escuchar, entremezclandose con el romper de las olas y el susurro de la brisa. ¿Cómo había terminado María ahí? Fácil, solo se había perdido en las mareas de la vida...

Dos horas antes…

— ¿Podemos llamarla? Quiero saludar a mi Unnie. Si no hablo con ella siento que mi mundo no tiene sentido, que el mar no es salado, que las estrellas no brillan... — le solicito al hombre de ojos fantasmales, ella no tenía una de esas piruletas (caracoles) que se comunicaban entre sí, por eso si quería hablar con la mujer de cabello verde debía pedirle el favor a su capitán. Lamentablemente, Ashveil le había negado la petición, porque la última vez que le dejó su Den Den Mushi, hizo varias llamadas de broma… que lo dejó con varios retornos malsonantes. ¡Personas serias y aburridas! Por eso prefería su Piruleta Negra, era mejor interceptar conversaciones, y enterarse de los chismes ajenos.

Así fue como salió de su camarote, y se dirigió a la cocina pero por su mala orientación terminó en la cubierta, lo cual no le importo la verdad. Entonces fue hacia la borda, ver el mar siempre la relajaba, disfrutaba del agua como jamás disfrutaría de nada. Así que sin pensarlo mucho, se tiró con gracia al agua, haciendo un perfecto clavado, después de todo era una hija del océano. Nado y nado, fue al fondo y regresó a la superficie, molesto tortugas y persiguió cangrejos, hasta vio en primera fila como un astuto pulpo se zampaba un pepino de mar.

Había nadado tanto que no sabía donde termino, lo cual era común para ella. Solo veía una solitaria playa, así que fue hasta la orilla. No parecía un lugar visitado por las personas, estaba muy “virgen” y natural. Como persona extrovertida era buena en grupos pero eso no significaba que no supiera estar sola, es más cuando estaba en su celda su única compañía era sí misma, por lo que podía disfrutar también de esa paz no buscada pero si encontrada.

Al salir del agua, escurrio su largo cabello lo cual fue fácil porque ese día lo había trenzado, luego camino de un lado hacia otro para ver si encontraba algo interesante pero lo cierto es que no había nada. Era un sitio colorido pero sin chispa de vida humana, un lugar perfecto para un introvertido solitario no para ella. ¿Saben que si parecía divertido? Las cuevas que había visto más allá, en las rocas cercanas… quizás debería ir a explorarlas, tal vez y solo tal vez, encontraría distracción en ese lugar pero por ahora solo se tiró en la arena, dejando que se pegara a su cuerpo húmedo, y que el sol la abrazará antes de continuar con su exploración sin norte ni sentido…

Fin del Flash Back…

¿Cómo iba María Merlot vestida? Hoy se decantó por algo sencillo, un short de mezclilla que mostraba sus hermosas y níveas piernas, una camisa que deja al descubierto sus hombros y parte de su espalda de escamas azuladas, una cadena adornando su cintura, y como fue dicho antes, su largo cabello trenzado dejando solo unos cuantos mechones delanteros sueltos…


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#2
En días como aquel, donde rebosaba tiempo libre, le gustaba salir a caminar sin rumbo a lo largo y ancho de la isla. Quizás, donde los instantes más llegaban a pesarle, haciendo sus mañanas lentas y las noches ciclos interminables, su lugar favorito terminaba siendo la playa, donde no sólo rememoraba épocas mejores, sino que también, fantaseaba con la idea de poder moverse más allá de su lugar inicial o mismamente el South Blue. Su labor como marine le hacía querer defenderlos a todos, especialmente a quienes menos métodos tenían para lograrlo, y esa brisa lo transportaba a ideas sobre el futuro, sonriendo levemente con ciertos dejes más optimistas.

Su antigua tripulación sufrió las consecuencias del mal en el mundo, y aunque sabía que no todos los piratas son iguales, y que muchos tienen una vara moral incluso más compleja y trabajada que la suya, no podía evitar guardar cierto resentimiento, especialmente a los que robaban, mataban y realizaban actos depravados sin escrúpulos. Las sonrisas en su rostro se borraban cuando recordaba los gritos de sus seres queridos retumbar en su cabeza, como si estuviesen grabados a fuego en los tímpanos, imposible de arrancarlos por más que lo intente.

No sólo los escuchaba, también los veía, tatuados en su piel, persiguiéndolo en sus sombras, como ojos fantasma que juzgaban su camino y hacia donde se dirigía. Por ello, sentir su peso moldear la arena bajo sus pies le resultaba una experiencia rellena de pensamientos, ideas y sentimientos encontrados, algo que no dejaba de representarle un tiempo productivo a nivel personal y que por ello se hacía de sus actividades favoritas. Mayormente, elegía instantes donde sabía por experiencia que no habría nadie 'invadiendo' un proceso que consideraba personal, sin embargo, ese día una silueta apareció más cerca de lo que percibió en principio cuando se dio cuenta.

Un largo cabello azul marino y trenzado parecía dibujar las curvas femeninas a medida que caían, y en ese preciso descenso pudo observarle los muslos casi tan níveos como su propia piel. El albino quedó levemente hipnotizado con lo que le regalaban las vistas y por instantes ese gusto especial por la anatomía femenina lo arrancó de sus pensamientos. Siendo tan extrovertido como era, decidió que quizás, sería buena idea iniciar una interacción, desde ya era alguien acostumbrado a recibir un tato como mínimo, decente de otras personas por su mero aspecto físico, detalle que siempre le elevaba el ego por las nubes.

Sus pasos siguieron recortando las distancias entre ambos hasta aparecer en el campo visual de la chica. La primera impresión del hombre podía dejar varios detalles al placer y gusto de quien lo observase, sin embargo, la combinación de colores en su ropa, con un pantalón holgado blanco y una camiseta negra, ajustada en contraposición, lucían impecables y daba toda la sensación de estar arreglado hasta el más mínimo detalle. Olía a buena cuna, un pasado revestido en familia adinerada, y su mirada cerúlea observaba el rostro de la dama con un deje confiado y afable, transmitiendo seguridad al menos desde su propia perspectiva.

¿Pero qué intenciones tendría una persona como él ante semejante belleza? Bueno, en un principio se veía tentado a intentar conocerla, un interés genuino por iniciar alguna interacción que la añada a su numeroso círculo social, sin pretensiones de índoles sensibles en principio, porque no solía ser ese tipo de hombre. Aunque mentiría si dijese que no le causaba interés.

—¡Hey! —exclamó, levantando su diestra a modo de saludo, con una sonrisa casi cómplice. —Lamento la interrupción, quizás yo también sea del tipo que odia ser molestado cuando está tranquilo, disfrutando de la brisa marina... —al decirlo, señaló el mar a su espalda. —...pero supongo que me tocará ser sincero. —se encoge de hombros, sin borrar de sus labios la curva que seguía manteniendo la imagen transmitida de confianza absoluta. Y ego, sobre todo, ego.

—No pude evitar el deseo de intentar conocerte cuando te vi. Tú me dirás si sueno fuera de lugar y quieres que me vaya o tengo alguna oportunidad. —soltó una tenue exhalación, como si se hubiese quitado un peso de encima, y entonces se colocó de perfil, con sus ojos reposados en el mar. No llegó a percibir del todo los detalles físicos que la hacían alejarse de lo puramente humano en principio, pero tampoco habría cambiado nada, el impulso seguiría siendo el mismo. —Vaya, acabo de percatarme de lo sospechoso que he sonado. Juro que soy buena gente, promesa. —recalcó, alzando a la altura de su pecho ambas manos con las palmas extendidas, como si hubiese sido atrapado. Lo dijo con una gracia casi traviesa, acorde con su aura seductora natural y los tonos suaves que emplea su voz, y claro que estaba más que dispuesto a largarse si terminaba siendo el deseo contrario. Lo dicho y hecho no era más que su forma de pedirle permiso para siquiera, preguntarle cómo se llama.

Off
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#3
El día era precioso, hermoso y lleno de una energía diferente, como dotada de un sentimiento que podría de casualidad anunciar algo agradable, Maki siempre tensa, últimamente debido a que tenia que reunir cosas para su tripulación. Cosas como provisiones y tonterías sin importancia como ollas, madera y otras cosas… esa mañana se había levantado temprano. Su rutina, la de siempre usualmente continuando con su rutina, debía mantenerse en forma para Uker y su gran cruzada, aunque no le molase eso de ponerse en riesgo para ser inmortal. Cada flexión, cada lagartija, cada sentadilla le hacia pensar en que mierda pensaba, era que necesitaba o quería la soledad eterna?. Apenas pudiera le preguntaría al respecto.

Se ducho rápido, se vistió, lo mas cómoda posible pues si bien en algún momento se considero bella, ahora no se sentía igual. Pues sus quemaduras le habían dotado de una inseguridad tal que apenas podía caminar por la calle sin pensar que era acosada por las miradas, todas ellas acusadoras y llenas de prejuicios, afiladas como dagas. Dolorosas… se vistió y finalmente salió del Last Whisper en dirección a la playa. Quizás podía conseguir algo de pescado fresco para la cena. o tal vez algo mejor… si… definitivamente encontraría pescado hoy. Lo decidió.

Había atracado en una paya cercana de arenas blancas, resplandecientes y sol eterno, Maki se había bañado en esta playa un poco, pues debido a su Akuma, claro que sufría extraños efectos al pasar de cierto nivel de agua en su cuerpo. Una especie de hormigueo incomodo, parálisis, y en realidad como si recibiera una especie de electricidad en el corazón. Caminaba despreocupada y veía lejos los botes pesqueros, demasiado lejos, porque se habían demorado demasiado en atracar… problemas?... tal vez.

Se dedico a caminar por la playa un poco más, disfrutando el día, con el sol pegándole en la piel y era temprano, solo la playa para ella y nadie… espera… que… demonios. Esto si que es una suerte… ¿Mer… Merlot? La “Rompe cráneos”? lucia hermosa como siempre y Maki al ver su resplandeciente sonrisa a la lejanía se miro a si misma y se sintió ridícula, fuera de lugar… horrenda y fuera de lugar… pero no, se encamino derecho a ella, después de todo eran amigas y eso era solo su imaginación. Jamás sentiría esa mirada en ella… a medida que se acercaba su mente recordaba que no debía darle espacio a su desvarío, tratar de controlarla per aprendió que debía ser mas dulce, menos… pesada con ella. era un amor y solo merecía amor.

Se encontraba con otra persona, un tipo peliblanco y por alguna razón le daban una desconfianza pero de las fuertes… su mano se movió danzando lentamente a su espalda, comprobó su guitarra y ahí reposaba pesada, con la hoja rota de los mil recuerdos, esperando a agregar mas y mas recuerdos, buenos o malos los aceptaba todos. Pero lo que no aceptaría seria que le hicieran daño o engañasen a la tonta de Merlot.

Maki
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#4
Narrador / María Merlot

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Un perro…
Una concha marina…
Uh, difícil, una zapatilla…

Formas al azar iban cruzando sus orbes ámbar. ¡Si, formas! Se trataba de algunas nubes que surcaban el cielo celeste, y por esas formaciones gaseosas es que empezó a ver… objetos, o quizás solo su mente los moldeaba a cosas conocidas. ¿Siquiera importaba? No, no lo hacía. Con los brazos estirados, con el sol abrazándola con calidez, se quedó ahí sobre la arena disfrutando de la armonía que la soledad le otorgaba, tal vez debería volver a su celda, y disfrutar de ese día solitario en su lugar favorito: detrás de aquellos barrotes de hierro.

¡Hey!

Una voz se filtró por sus oídos y retumbo contra su cerebro, su cabeza se giro hacia el dueño de ese “Hey”. Lo primero que vio fue su vestimenta, un pantalón holgado blanco y una camisa negra que se ceñía a su cuerpo revelando unos paquetes que un hombre perezoso no tendría. Luego su mirada viajo hasta su cabello, albino como la nieve misma… ¿un viejito? A medida que se acercaba esa idea fue erradicándose, porque el rostro fresco lo hacia pensar en su Hermano Jensen Valentin, y que rondaría más o menos esa edad.

— ¡Ey! — le correspondió imitando su mano levantada con una sonrisa encantadora que acompaño su voz suave.

Cuando él empezó a hablar, ella dejo su posición inicial, levantándose para quedar sentada en la arena mientras lo escuchaba recitar lo que estaba atorado en su garganta. Los orbes ámbar continuaron detallándolo, sin duda era un hombre “apuesto” y su voz tenía un matiz “seductor” que reforzaba con sus gestos masculinos. Por supuesto, María estaba acostumbrada a la belleza más allá de lo normal, ella misma era un ejemplo perfecto de esto; como semi sirena su sola estampa causaba suspiros, envidia y emociones lascivas; por ese mismo magnetismo tan irreal es que siempre fue comercializada como una esclava de cama, cuidada como una joya invaluable y vendida a precios exorbitantes.

El encogimiento de hombros no le resto a la seguridad que transmitía (el hombre), tal vez proveniente de saberse apuesto y quizás capaz, muy capaz… y debería serlo, porque ese cuerpo… bien trabajado, solo podía traducirse en alguien que se tomaba en serio sus desafíos; entonces, ¿no eran todos los hombres que ahora conocía y llamaba nakamas, así de bien formados? Si, por eso, la atracción en la dama paso rápido, perdiendo su mirada en el romper de las olas, después de todo él había señalado el mar antes, y así distrajo su atención.

No pude evitar el deseo de intentar conocerte cuando te vi.

María parpadeo una, dos, tres veces. ¡Qué hombre tan directo! Y eso la hizo reír, una delicada risa dejo sus finos labios rosados, tan efímera y etérea como su misma belleza. Una persona normal, en el medio de la nada, se hubiera asustado si un hombre que claramente tenía buena condición física le dijera algo tan… medio acosador, pero ella no estaba cuerda, su mente no giraba a las revoluciones “normales”. Le mostró su perfil… ¿Lo hacía apropósito sabiéndose guapo o solo era casualidad? Cuando se disculpo formando con sus palmas la disculpa, ella lo supo… tenía que jugar con él, envolverlo en la irresistible seducción del mar, en las escamas de una traviesa sirena.

— ¿De verdad esas cosas te funcionan? — le comento tendiéndole la mano para que la ayudará a levantarse. Aunque con esa cara cualquier cosa que le dijera a la media de la sociedad, seguramente caería rendida ante él — ¿Vas a matarme. secuestrarme, venderme, dañarme? — pregunto con genuino interés, como él fue directo ella también lo sería, solo necesitaba una negativa suya para que su lado extrovertido adoptara a un nuevo amigo, y uno muy apuesto si al caso vamos — Hay algo en ti que me impide quitar los ojos de encima. ¿Será tu cabello de princesa? ¿Será tu sonrisa de casanova? ¿Serán tus ojos hipnotizantes? ¿Qué será? — comento al aire rodeando al hombre, hasta regresar al punto inicial — … Préstame atención, Malvavisco. He hecho los cálculos anatómicos, botánicos y astrológicos, aquí en mi cabecita… Si nos reproducimos, tú y yo… el resultado sería criminal… CRIMINAL. Tendríamos hijos increíblemente guapos e irresistibles que romperían los cánones de belleza de la tierra, mar, aire y espacio exterior. Los espejos se suicidarían al captar tan inimaginable hermosura. Pufff…  — no lo pensó, solo lo soltó y luego lo acompaño con una risa encantadora y femenina como si se hubiera imaginado perritos en una caja de cartón, perfectos perritos blancos y celestes.

La chica iba a continuar con su monologo lleno de locura cuando algo fue captado por el rabillo del ojo, a lo lejos una cabellera verde la hizo perder la atención sobre el hombre al tiempo que su boca formaba una perfecta “O”. Sus orbes ámbar antes lleno de locura y travesura, brillaron con evidente cariño. Dio un paso y luego otro, hasta que acorto la distancia con la quemada hermana que el destino le otorgó — ¡Unnie! — exclamo con alegría tirándose a sus brazos. Justo era la persona a la que tanto deseaba ver ese día. ¿Fantasma la había llamado después de todo? Su Capitán era el mejor, solo sabía consentirla (loca) — Unnie... ¿por qué no has venido a visitarme? Me aburro en mi celda, solo Algodón de Azúcar me visita por las noches, y hablamos de cosas. ¿Sabías que tiene un ungüento para curar cosas Cute-neas? Me lo regalo, es del color de su cabello. ¿Cómo está el Cocinero y el Pelirrojo? ¿Y mi hermano? ¿Le darías un mensaje de mi parte o mejor, me llevarías con él? También quiero verlo, lo extraño tanto — lo ultimo fue apenas un susurro salido del fondo de su corazón, porque su relación con el pirata pelinegro había escalado a algo más que simple nakamas, ellos eran más, mucho más… — Por cierto, Unnie, conoce a Malvavisco… — señalo al hombre que se encontraba a unos pasos de ella, mientras sonreía inocentemente para luego agregar — … estábamos hablando de la reproducción. ¿Debería reproducirme con él, Unnie? Esta guapo, guapo poco común no guapo común común, porque los común común son muy comunes… ¿Me entiendes? — bromeo soltando una risita mientras sujetaba su larga clineja y la usaba para señalarlo como maestra explicando una clase.

La semi sirena y los grillos en su cabeza, solo estaban brotando tan habitual como su belleza misma y tan desorganizados como para dar dolor de cabeza.


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#5
La risilla resultó encantadora, quizás para cualquiera un medio de complicidad que se alineaba a las intenciones del albino, o eso pensaría en su osada forma de observar y transitar mediante la vida, porque estaba claro que era un hombre acostumbrado a siempre conseguir lo que quería. Incluso aunque luciese imposible, o desfavorable como en este caso, en donde un cuerpo de apariencia esculpido por una presencia divina y aquel rostro sin imperfecciones la hacían parecer fuera de cualquier liga normal.

Claro, en su mente, él era de todo menos alguien normal, así que ver su mano extendida para ayudarla a levantarse tan sólo resultó una confirmación a lo que ya venía ideando, ese ambiente conjunto en donde los dos se reconocían como atractivos, un margen favorable para decir atrevimientos similares a su ataque de sinceridad, o en su defecto, bromas más pesadas encarnadas en el humor oscuro de la fémina, tanteando con el peligro de hablar a desconocidos en lugares remotos. Shin sonrió, ayudándola, y le hizo genuina gracia, especialmente porque más allá de cualquier idea alocada de su cabeza, era incapaz de lastimar a alguien inocente.

No la interrumpió, incluso aunque le estaba llenando de preguntas, caminando a su alrededor y apoderándose de la situación. Más allá de ser alguien autoritario, presenciar el combo explosivo de locura que estaba luciendo se le hizo divertidísimo, y estaba siendo genuinamente cautivado por ella. No siempre se encuentra a una chica así de atractiva portar una personalidad muy por fuera del arquetipo "princesa en apuros" al que habitualmente acostumbra, y esa razón amplifica su en principio, leve sonrisa.

'Préstame atención, Malvavisco.'

Lo siguiente sí que le hizo ladear la cabeza, descolocándolo por completo. No sólo el apodo, tan extraño como extravagante, sino, por el cálculo expuesto casi de inmediato, donde hablaba explícitamente de apareamiento y el resultado de la genética mezclada. Incluso alguien tan parlanchín como Hasegawa se vio parcialmente enmudecido por las locuras presenciadas, y fue tan sólo el inicio de una sensación extraña en su interior, como si de pronto quisiera conocerla un poco más al margen de cualquier cuestión física. Él tampoco estaba muy bien de la cabeza, pues cualquier hombre con temor a los vínculos serios saldría por patas ante semejante declaración, sin embargo, se mantuvo allí, mirándola fijamente a los ojos, sin intimidarse.

E iba a responder, pero tan pronto como la chica estaba frente a él, desvió su atención hacia una nueva persona en la escena. Se vio parcialmente desanimado, más allá de que el bikini que utilizaba era un placer a la vista, y es que sería complicado llevarse toda la atención de la peliazul con una amiga suya presente, debería sacar a relucir sus mayores talentos extrovertidos para conseguirlo, y estaba completamente decidido a hacerlo, al fin y al cabo, Hasegawa estaba más cercano a las locuras de la medio sirena de lo que parecía en primera instancia.

Shin se acercó al dúo, más específicamente a espaldas de la peliazul, y repentinamente colocó ambas manos en sus hombros, asomándose por un lateral para observar a la chica de vistosas cicatrices. —Hm... ¿es ella confiable? —cuestionó, como un angelito preocupado. Luego, se apareció por el otro hombro de la sirena, esta vez, observando fijamente a la de bikini —Oye, tú, dile que sí. —confirmó, con seguridad, acompañando la frase con un sólido asentimiento de su cabeza.

Y repentinamente volvió a alejarse, colocándose como si de una teletransportación se tratase delante de ambas, aún sonriendo. —¡Hey! —mismo saludo, con la mano levantada y una expresión de chico inocente —Sólo pasaba por aquí y bueno, digamos que me vi envuelto en esta extraña situación en donde, con una chica aún más extraña, terminé imaginando a mis futuros hijos, ¡sin siquiera planificar el matrimonio! ¿Puedes creerlo? —se acercó más a la de cicatrices, invadiendo su espacio personal —¿Tú qué opinas? ¿Debería casarme con ella antes de reproducirnos? ¿O después? ¡Es una decisión muuuy difícil! Nunca estuve con nadie, ¿sabes? —asiente varias veces, sujetando ambas muñecas de la mujer repentinamente, buscando complicidad. Y tan pronto como apareció el contacto físico, Hasegawa volvió a alejarse, a una distancia más que prudente.

—Ah, perdona mis modales, no me he presentado. Soy Hasegawa Shin, pero puedes decirme Malvavisco. —extendió su mano derecha hacia las dos, haciendo el símbolo de la paz con sus dedos índice y medio, con una sonrisa de oreja a oreja mientras cerraba los ojos. Posteriormente, la mirada cerúlea chocó con el ámbar de la sirena, aún manteniendo el gesto —Y no quiero matarte, ni venderte ni... ¿qué fue lo otro que dijiste? —entrecerró los ojos, intentando recordar —Hmm... olvídalo, no es importante. —bajó la mano, redujo el tamaño de su sonrisa y gradualmente transformó su expresión en la de alguien que busca seducir. De forma natural y en un tono grave, masculino, gustoso al oído, volvió a hablar, esta vez dirigiéndose a quien le llamó la atención en primer lugar.

—Sólo me gustaría prestarte atención un poco más mientras sigues hablando sin parar por todo lo que pasa dentro de esa 'cabecita' tuya. O en términos coloquiales, conocerte, sí. Si es que a tu amiga no le causa molestia alguna, en cuyo caso, también podría conocerla a ella. —esa misma mirada se dirigió a la chica de cicatrices, hablando con tanta seguridad y magnetismo que su osadía y atrevimientos podían llegar a pasar como algo normal.

Otra muestra gigantesca del ego que tiene, y también de su memoria, porque usó deliberadamente frases que ella le mencionó al ponerse de pie.

Karmas
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#6
Maki sentía siempre malas vibras con quien se acercaba a su… aunque lo negara mejor amiga, la niña atún, no eran celos o algo por el estilo, sino que pensaba que María Merlot, quizás no tenia la habilidad suficiente que se requiere para… digamos… vivir quizás?... era autodestructiva, sabia que tenia problemas para mantenerse alejada de problemas, salvo cuando estaba en su ridículo cuarto… uno adaptado por su tripulación con barrotes. Una verdadera celda con cadenas y todo. Con el pasar de los días, de los meses y de la convivencia constante con sus amigos de los Death Man Hands comenzaba a pensar que quizás, y solo quizás podría tener algo de Esquizofrenia, pero… la quería muchísimo, aunque fuera una caníbal homicida incluso. Era… su merlot… la miraba mientras se acercaba con una mirada dulce, compasiva y como la de una madre amorosa hasta que se acercó lo suficiente para que Merlot le notase.

Ella se lanzo a sus brazos, y Maki entonces sintió algo… no un simple abrazo, los de ella eran como si fuera una dulce madre capaz de quitar absolutamente todo dolor y cansancio de un día de peregrinar por campos interminables de espinas polvo e incertidumbre. Cada presión de sus brazos entrelazados alrededor de Maki era un estandarte al amor, una canción de alegría, quiso devolver el cariño infinito de su piel restregándose contra sus horrendas cicatrices de quemaduras, aquellas que tantas penas y dogmas le habían dotado.

Como siempre cuando estaba con ella, apago por doce segundos su cerebro para no caer en el desvarío incesante de la niña atún. Y solo presto atención a sus acciones para interpretar lo que decía… —Hey… descuida… están todos bien, muy bien… he tenido muchas cosas que hacer, no tengo mucho tiempo para absolutamente nada corazón… espera quien… quien es ese malvavisco…— Tomo la cara de Merlot con su palma y la movió como si fuera una garra tomando una bola gachapon detrás de si, mirando poco a poco hacia el joven a su lado —Re… produ… Que dices MM… no… CLARO QUE NO… que me cuentas… espera… ven vam…— Dijo tratando de apartarla del desconocido. Que parecía danzar detrás de ella en una especie de jugueteo de seducción.

—Que dic… Hey… esquivaste eso…— La mano de Maki había sido rápida, pero no tanto. Una daga brillante danzaba entre sus dedos, apenas el le toco, quiz cortarle las manos para que cayesen a la arena, no era la primera que cortaba, pero si la que fallaba por casualidad. —NADA de malvavisco… La locura es algo que se mueve con holgura en esta playa… siendo un jodido virgen quieres irte con mi hermana pequeña para satisfacer tus sucios deseos maldito cerdo?...— Su daga se movió aún más rápido pero a su propia cabeza, esta vez intentando rascarse la frente comprendiendo la situación o intentando comprenderla… es que ambos eran unos cabeza de chorlito?

—Merlot?... dime ahora, no me mientas… este… soquete.. Huariwawa Shen o como sea, es amigo tuyo o que? Van a la reunión mensual de enfermos mentales juntos?... espera no. No digas nada… Usted… señor… quisiera que en primer lugar no vuelva a tocarme. Y esas miradas de medio lado de prota de anime no le funcionaran. Quizás con la inútil máxima de todo el blues… sabes que te quiero cariño pero no eras muy lista, de echo Ash solo te lleva con él porque eres muy buena reventando cráneos. Pero… no puedo dejarte sola con cualquier random de playa.— La mirada de Maki estaba pegada a los ojos de magia resonante del muchacho, pozos de estrellas rondando en una galaxia sin fin llena de posibilidades. Infinitas posibilidades que incluso Maki sentía debía conocer, pero… pero… debía resistirse… debía cuidar a su hermana pequeña contra cualquier vendedor de humo que apareciese aunque fuera un hermoso hombre con apariencia de un ángel venido al cielo para darle amor a todo aquel que lo solicite… espera… espera… ya sabía… Maki entonces supo que pasaba, un chico guapo, ojos de zafiros relucientes, tratando de seducir pobremente a una chica, o dos le parecía. Volvió su vista a sus propios brazos… no, solo una, ella nunca seria blanco de seducción jamás. sabia que era horrenda y pendenciera, de malos modales y algo marimacha. Pero… volviendo a sus conjeturas. Todo cabía en su sitio. Seguro que el malvavisco era homosexual y necesitaba alguien para usar de despiste. Si, eso era.

—Espera espera don Juan… — Maki se adelanto dejando a su protegida detrás de si y empujo suavemente al hombre. Y con un rápido movimiento, uno que apenas podía reaccionar él. Paso sus manos detrás del hombre… apegándolo a ella… Maki sonrió algo picara… sus labios y los de él, casi rosándose… hablo con una voz dulce, melosa, romantica y suave. muy diferente a la que solía acosar gente, osea la normal. —Déjeme pensar un poco, que tus ojos me distra…— Se aparto de pronto antes de que el hombre malinterpretase todo… su billetera… —AJA…. Merlot… sus datos… quien es este idiota…— Le paso la billetera a la sirena para que leyera sus datos. Mientras ella con un aspecto algo arisco le cerraba el paso para recuperar su billetera. Que seguro no tenia un solo berri. Maki se aseguraría de ello.
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#7
Narrador / María Merlot

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El cielo era más azul…
El sol brillaba más…
La brisa olía mejor a mar…

Y todo porque su Unnie había hecho acto de presencia en aquella deshabitada playa de Isla del Karate. No podía negarlo, que ella confiaba demasiado rápido en las personas que la trataban bonito, y la mujer de piel quemada siempre la trato con cordialidad, casi como la hermana que nunca tuvo, o si la tuvo, no la recordaba. La valkiria besada por el sol, como la había bautizado Jensen Valentine, era el ejemplo perfecto de lo que ella no era, y en el fondo deseaba ser: independiente, fuerte, hábil y un pilar para sus nakamas. María solo era la autoproclamada e inútil prisionera, que solo ostentaba locura y belleza. Claro, eso jamás la desanimo, pero si debía elegir como qué mujer ser, sin dudas sería la increíble peliverde.

Se separo de ella al escucharla responder sus preguntas, se alegraba de corazón al saber que los miembros de la tripulación estaban bien, en especial su hermano jurado Rojo — Oh, entiendo… — respondió sin perder su sonrisa, cuando ella le comento que casi no tenia tiempo para nada; por supuesto, en sus ojos se reflejaron un leve brillo de… tristeza, sabía que ser una guerrera implicaba entrenamiento y misiones, por eso comprendía que la espadachina, a diferencia de ella, tuviera su agenda ocupada… porque ella si era una pirata útil y admirable… algún día, ojala nunca, ella dejará su mentalidad de prisionera, y tal vez y solo tal vez, haría algo productivo con su vida… pero ese día no era hoy, ni mañana, y seamos honestos, quizás jamás.

Ahora, ella… se sentía en el medio de algo muy grande… de frente su Unnie, por detrás el Malvavisco. Cada uno interactuando con ella a su manera, pero aunque su compañera tenia entre sus manos sus mejillas, los ojos ámbar, y la sonrisa divertida,  seguían al hombre que primero puso sus manos en cada hombro, y luego empezó a recitar frases apareciendo con cada una de estos vocablos, a la derecha e izquierda de su cabeza como un angelito bueno y un diablito malo, esa acción la hizo reír.

Oye, tú, dile que sí.

Re… produ… Que dices MM… no… CLARO QUE NO… que me cuentas… espera… ven vam…

Sus voces fueron una diversísima interacción, que solo pudo aumentar su regodeo y ganas de más. Al parecer no tenia permiso para reproducirse con el Malvavisco, una lastima porque estaba segura de que sus crías serían los seres más hermosos de todos los ecosistemas. Y paso, lo que tenia que pasar, su Unnie le grito las verdades al apuesto hombre de cabellos blanquecinos al tiempo que la apartaba del medio y él se alejaba evitando que su mano… se despegara de su cuerpo por culpa de la daga filosa de la mujer guerrera. María lo miro, y pudo ver la sonrisa encantadora y socarrona del sujeto, definitivamente, él… sería una distracción interesante.

Las palabras empezaron a ir de uno a otro, a lo que ella se mantuvo al margen, con sus manos hacia atrás como una chica buena. Ahora, en su posición pudo darse cuenta de varias cosas: el hermoso y sexy bikini de su hermana, ¡que bien le quedaba!; los increíbles ojos azules del hombre, eso aumentaba su aire de seducción y magnetismo. ¿Así que él se había imaginado a sus hijos? Si, claro. ¿Así que él era un “jodido virgen”? Si lo era… que gran desperdicio… ¿debería hacerle el favor de mostrarle el mundo de la pasión y la lujuria? Aunque desde que era dueña de su cuerpo, desde que Fantasma la rescato del asqueroso burdel, ella no había estado con nadie… y ciertamente, estaba disfrutando decir NO y poder sostenerlo sin temor o represalias. ¿Casarse? Él estaba diciendo locuras al nivel de sus desvaríos… ¿Acaso había encontrado a un compañero de travesuras? Ese pensamiento la animo, e hizo crecer el entusiasmo de querer conocerlo más y más — El blanco me queda precioso… — dijo a nadie en particular viendo su camisa, y siguiendo el juego sobre el matrimonio, claro, ellos estaban enfrascado en su propia lucha de voluntades, una lucha que la hizo disminuir su sonrisa cuando él hombre sujeto las muñecas de su Unnie… ¿Cómo se atrevía a profanarla? Eso no le gustaba… para nada. Él volvió a alejarse, parecía que en ese segundo entendió que podía perder… más que una mano si se confiaba de la sensual valkiria.

Las palabras siguieron brotando, como flores en primavera. Un discurso de lado y lado, y ella solo era una espectadora de la danza de voluntades. Él dijo su nombre pero lo desecharía en las profundidades de su cabeza, desde ahora y para siempre sería Malvavisco.

Y no quiero matarte, ni venderte ni... ¿qué fue lo otro que dijiste? Hmm... olvídalo, no es importante.

Se enfoco en ella, a quien le dedico su encantadora sonrisa. Era bueno saberlo, que él no le haría ningún tipo de daño, y eso la motivaba mas a intentar conocerlo… hasta que dijo aquella frase “no es importante”. Así que era de ese tipo, el tipo que daba por perdidas sus ideas expresadas en voz alta, un dejó de decepción se instalo en su corazón, pensó que había encontrado a… alguien especial, pero él era como los demás, restándole importancia a sus pensamientos y tildándola de demente. Bueno, así había sido siempre, así que como vino el sentimiento se esfumo, y solo pudo devolverle la misma sonrisa seductoramente hermosa; que él le dio antes.

Y así sin más, vino otro discurso dónde directamente contradecía sus pensamientos anteriores… ¿Quería conocerla? ¿Lo que hay en su cabecita? ¿Lo había juzgado mal? ¿Debía darle otra oportunidad? Decisiones, decisiones, que se postergaron porque Maki también capto toda su atención, después de todo eran nakamas, se conocían mejor que otros individuos. 

Quizás con la inútil máxima de todo el blues…

Eso la hizo sonreír, como si hubieran colocado una corona en su cabeza. Sus palabras rebosaban sinceridad y verdad, ella era una inútil, y su hermana no disfrazaba ese hecho, más bien ahí radicaba uno de sus encantos ¿no? Tomo su larga clineja y con la punta de su cabello intento taparse el inexistente sonrojo, demostrando que se sintió halagada por sus palabras. Luego, cuando dijo lo de “no ser lista” y lo de “Ash”, si sintió una punzaba en el pecho, porque estar desinformada no la hacia tonta, y bueno, ella tampoco entendía aun porque Fantasma la cuidaba tanto, tal vez, la razón fuera esa que dio la dama… aunque en el fondo, deseaba que fuera… bueno, no era el momento de ahondar en ese misterio.

Espera espera don Juan…

Maki se interpuso entre ambos, cortando la visión de la celeste de aquel Ángel tallado por los Dioses. María abrió los ojos, sorprendida por las acciones de la valkiria, aunque su sorpresa inicial se esfumo como llego, había interactuado demasiado con la peliverde para saber que ella… no caería ante de los encantos de cualquier “random” por muy hermoso y seductor que fuera… y así fue porque lo siguiente que supo es que lanzaba hacia ella una billetera, que a duras penas alcanzo a sujetar, en el intento el objeto bailo como una papa caliente en sus manos, pero logro sostenerlo — Lo tengo, lo tengo… — se rio con dulzura, mostrando naturalmente su belleza con un aura de ingenuidad.

Siguiendo las ordenes de su hermana dio algunos pasos hacia atrás, buscando en la billetera la información que ella quería pero no había gran cosa, solo una identificación con su linda cara en esta y muchos berrys. Un tipo aburrido… en papel — Uy… — musito como si hubiera encontrado un secreto horrorizante, estaba bromeando porque tenia que ponerle picante al asunto — Dama y Caballero, Bienvenidos a este unboxing…  Hoy seré su anfitriona… María Merlot, a sus servicios. Chan chan chan… onomatopeya de suspenso primero que nada, hay que entender la envoltura de este misterio misterioso, grandioso, sustancioso… nos dice que hay valor, valor agregado, este cachivache no lo tiene cualquier común común, y eso ya lo sabíamos, que es un no común común — interpreto con alegría y encanto sirenezco, y por supuesto, con delirio como de costumbre; sin embargo, en sus palabras iban la verdad que sus ojos apreciaban y su olfato había percibido, esa billetera no pertenecía a un ciudadano promedio, había un lujo silencioso en la calidad del mismo, y su ojo de comerciante lo distinguió al instante — … según esta tarjetita…  — saco la identificación, lo vio por un segundo: definitivamente, era apuesto, demasiado para un simple mortal, así que con una sonrisa traviesa beso la foto del ID — Si, nuestros pececitos serán preciosos… — comento entre risitas tontas, un poco cautivada por tal majestuoso homosapiens, la verdad, luego continuo — … Hasegawa Shin… Maria Merlot de Hasegawa…. Maria Hasegawa… Mario Hasegawa… Maki Hasegawa… Makio Hasegawa… Shin Hasegawa de Merlot… — empezó a combinar sus nombres, y el de sus futuros hijos, obviamente el nombre de la Tía Maki seria usado en uno de los vástagos — … 24 añitos… Uy, esta añejo… pero eso está bien… es lo que dicen del licor ¿No? Como buen vino, cuchillo de palo — comento mezclando los refranes que conocía, se escuchaba mejor, nada de una ruta lineal aburrida, así que con su adorable y angelical sonrisa continuo cotillando la identificación — … Pesa 80 kilogramos… de pura papirrrrrrricura, si me permiten agregar… y mide 1,91 metros de altura… ¿Será una L, Unnie? Bueno, no podía ser perfecto, en algo debía fallar — bromeo levantando el dedo meñique y moviéndolo al aire a una clarísima referencia masculina — … hay muchos berrys, ojala nos invite a comer… Ah, y también dice otra cosa esta cosita chismosa… — dijo como si fuera a hablar del clima, sabia que entre sus nakamas la mención de cierta facción siempre traía incomodidades, sucedía con Hyakinthos, con Jensen Valentine… ¿También sucedería con Maki? Bueno, iba a descubrirlo  — … es un Marine. ¡Un hombre uniformado! Mi debilidaaaaaaad — comento como una damisela enamorada parpadeando sobremanera para luego lanzarle un beso al Malvavisco — … visto lo visto… mi conclusión es que no es una amenaza, bueno solo para mi corazón, deberíamos darle la oportunidad Unnie… ¡Vamos a conservarlo por el resto del día! Vamos a conocernos, y si resulta ser un tipo malo… me lo zampo en luna llena — propuso lo ultimo entre risitas, como si se tratara de una broma pero… no del todo, si escarbamos en su pasado lejano.

Sin más que agregar, se acerco a la mujer peliverde y metió la billetera dentro del sostén del traje de baño, para que ella la resguardara e hiciera lo que quisiera con el objeto del hombre, después de todo era su botín, ella lo robo. Si él quería recuperarlo, perdería las manos… y posiblemente la vida.

María se dio la media vuelta y fue al mar, a chapotear en la orilla entre las olas como la loca que era. Como le gustaba el agua, y como le gustaría que ellos dejaran de pelear e hicieran las pases… y por lo menos intentaran conocerse; porque si su Unnie decía que no, entonces hasta ahí llegaría su posible amistad con el Malvavisco Guapeton… Ella solo estaba esperando su resolución mientras cantaba con su irresistible voz de sirena una simpática canción; y bailaba al compás de su improvisado, pero buen, ritmo. Pateando el agua, levantando las manos, meneando su trenza, siendo simplemente feliz... siendo, la sirena loca y prisionera de los Manos Muertas.

... No puedo, no voy a parar de moverme...  ♪♫
Es como si tuviera esta música en mi mente... ♫♪
Diciendo todo va a estar bien... ♪♫
Porque los jugadores van a jugar, jugar, jugar, jugar, jugar... ♪♫
Y los que odian van a odiar, odiar, odiar, odiar, odiar... ♪♫
Bebé, yo solo voy a sacudir, sacudir, sacudir, sacudir, sacudir... ♪♫


MM CANTANDO
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
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#8
Vaya, vaya, así que la sensual chica de bikini era de esas amigas ultra protectoras que matarían con tal de cuidar a las descuidadas. Eso, en parte, le agradó, porque todos necesitan una mano que los quite de situaciones complicadas si no se sabe distinguir el peligro, las sonrisas a la peliverde pasaron a convertirse en algo más... cálido, como si le recordase a una parte de sí mismo, o ideales que no lo abandonarían por nada del mundo, ¿pues qué la diferencia de su propia labor? Una en donde juró proteger a aquellos que no pudiesen hacerlo por métodos propios.

Fue curioso escuchar las palabras de la mujer dominante en la escena, la mención a que es "buena reventando cráneos" le trajo pensamientos, predicciones e ideas poco agradables, no son demasiadas las personas capaces de realizar semejantes acciones sin destacar ya sea por el crimen o la justicia, y de ser este último el caso, entonces estaba claro que se encontraba frente a dos piratas. ¿Importaba? Creyó que no, al menos demasiado, si bien su fidelidad estaba ante el bien y contra la crueldad desmedida, alineando sus ideales a los de la marine, no entendía el peligro que estas dos muchachas podían representar.

Así como hay malos entre los buenos, existe la bondad entre los "malos".

De momento prefirió guardarse sus pensamientos. Hasegawa podía parecer tonto, lujurioso o demasiado egocéntrico, sin embargo, el mundo introspectivo que habita en esa cabeza lo volvía alguien lúcido, capaz de hacer conjeturas acertadas mientras daba la imagen de alguien despistado, manteniendo el dominio teatral de su sonrisa.

Por ello, no cayó en el truco de la peliverde, aunque no llegó a ver nada de su absurda velocidad en el truco que empleó. Shin no se creyó el cuento, asumiendo que buscaba conseguir algo con la repentina cercanía que generó, sendos labios casi rozándose, su respiración agradable y la calidez que desprendía desde su cuerpo. ¿Era tentadora? Claro, al menos lo sería si sus ojos no estuviesen posados sobre la loca sirena que tanta gracia le había hecho, aunque eso no quitaba que la más agresiva de las dos llamase su atención. Más allá de no creerle el cambio de actitud, considerando la agresividad inicial, se intuía algo de preocupación honesta y una moral bondadosa en sus acciones, eso mantuvo la guardia del marine baja.

—¿Ah? —ladeó la cabeza al ver algo muy familiar en manos de la chica con marcas, luego, la ladeó hacia el otro lado, como siguiéndola en el aire hasta reposar en las manos de su interés particular aquel día. —¿AAAAAH? —repitió, señalando su cartera, y contrario a lo que pudiera parecer, no era porque se la hayan robado, sino... —¿¡Dónde la encontraron!? ¡Creí que la había perdido! —se llevó las manos a la cabeza, completamente asombrado por los talentos de la peliverde en la búsqueda y recolección de objetos.

Eso no era actuado, olvidó que se la dejó en esos pantalones. Cosas que pasan.

Ahora había quedado en manos de la encantadora sirena, a quien le otorgaron la misión de rebuscar entre sus datos, y aquello le dio un pequeño mal presentimiento. Si la idea de antes era cierta, y las dos eran piratas, ¿cómo reaccionarían al desvelarse que es un marine? Cuanto menos intrigante, y le emocionaba lo que pudiese ocurrir incluso y si iba desarmado en ese momento. Claro que en mitad de todo se guardó el detalle de que a la peliazul el blanco le quedaría perfecto, jamás omitiría algo como aquello, mientras tanto, quedaba escuchar lo que tuviese para decir.

Cuando besó su identificación y comenzó a mezclar los nombres de ambos, conociendo finalmente que se llamaba María, sonrió. Gradualmente iban desapareciendo los rastros de atracción meramente físicos que lo llevaron a hablarle en primer lugar, porque Merlot tenía un encanto grácil natural, aura teatral e impredecible capaz de interesarlo incluso a pesar de ser tan narcisista, y un sentido del humor que le resultaba familiar, pues no eran tan diferentes en las ocurrencias que se le podían aparecer a ambos. Quería conocerla, sin más, entender la aventura que, al menos por los primeros compases de la interacción, asumió que sería María.

No la interrumpió, ¿cómo hacerlo? Si tan sólo escuchándola se la estaba pasando bien, además, tras la revelación de su trabajo, no sólo confesó que son su debilidad sino que también, le lanzó un beso. Gesto que siguió, simulando atraparlo y llevarlo a su corazón, acto que acompañó las propias exageraciones y locuras de Merlot en perfecta sintonía. Poco antes de que decidiese marcharse al mar, añadiría un pequeño comentario —Tienes un nombre muy bonito, María. —se acercó entonces a la peliverde, manteniendo un gesto sereno y una sonrisa tranquila, como si hubiese decidido ya lo que le interesaba hacer durante el resto del día.

Ahora, en ausencia de Merlot pero armonizados con su canto, sólo quedaba intentar negociar la recuperación de la cartera con la mujer de cicatrices. Tenía la esperanza de que se la devolvería, muy a pesar de su aparente agresividad, aunque tocaría ese tema sutilmente —Tu amiga es bastante especial, ¿eh? —la miraría de reojo, con sus ojos cerúleos buscando el contacto visual directo. Esas dinámicas, las risas y la expectativa a ver lo que haría cada persona le recordaban a su división, la que fue masacrada por piratas en una misión que salió fatal. Quizás por ello ciertas ideas se fueron apagando gradualmente, reemplazadas por la sensación de querer saber más de ambas, si es que al final quien tenía delante no se iba.

—Haces bien en cuidarla, no creo que haya maldad en una persona así. —resaltó, con una diferencia bastante puntual a sus palabras de antes. Parecía estar hablando en serio, fuera de actitudes sobreactuadas e incluso la máscara de carisma que se coloca casi siempre. —Admito que me interesaba conocerla, pero si crees que soy un peligro, me iré. Aunque no lo parezca, no soy esa clase de hombre. —resaltó entonces, en referencia a que no se aprovecharía de la inocencia de nadie, al margen de que sí tuvo intenciones , cambiando de idea sobre su cartera y dándole la espalda para retomar la atención hacia María —Pero dímelo después de chapotear un rato en el agua, ¿sí? Esto no me lo puedo perder. —la observó de perfil con una sonrisa de lo más amplia, y entonces se dispuso a quitarse la camiseta.

Lo hizo rápido, dejando al descubierto su bien formado torso, adornado por un collar bastante significativo que caía hacia la zona pectoral del hombre y dejando caer la prenda en la arena. Alzó la mano derecha y llamó a Merlot, intentando no interrumpir demasiado su melodía dulce —¡Oyeee! ¡Maríaaaaa! —recortó las distancias hasta que sus pies tocaron el agua —¡No empieces a divertirte sin nosotros, mala! —y al llegar, relativamente cerca de ella, se cruzó de brazos, inflando las mejillas.

—¡Y tampoco deberías andar hablando de apareamiento con cualquier persona que se cruce en tu camino! Yo soy un caballero para ese tipo de cosas... —se mofó de sí mismo, haciendo una pose coloquial con una sonrisa de la cual se escapaban brillitos. Imaginarios, por supuesto. —Quizás te equivocaste en algo, de todas formas... —se preparó, afinó la puntería, y entonces... —¡Yo también soy un tipo malo! —se inclinó lo suficiente para hundir las manos en el mar y comenzar a salpicarle agua, riéndose sonoramente y preparándose para huir de posibles represalias.

Intentaba olvidarse de las cosas, desde luego no esperaba encontrarse a una persona así. Tan esquiva, y al mismo tiempo con el suficiente deje seductor para entender las intenciones iniciales, esa mezcla era un cóctel de interés emocional que lo atrapó por completo, y claro, ¿cómo no arriesgarse a ser partido en dos por su amiga con semejante oportunidad delante? Sólo un loco la desperdiciaría.

Y aunque él también lo estaba, su locura no llegaba a esos niveles.
[Imagen: vEBNZb3.png]
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#9
Merlot era una maquina de conocimiento… uno inútil, pero si que tenia algo que nadie más tenía y eso era espíritu, emoción e inteligencia emocional, era eso la que lo hacía útil, aunque ella lo negara, una de las mujeres mas poderosas y fuertes de todo el mundo. Esta de mas decir que desde el primer momento en que Maki vio a Merlot y escucho su dulce voz, algo dentro de ella se removió y un juramento tan grande y espontaneo salió de su mente y sus labios, aunque el susurro fue tan pequeño como el estornudo de un ratón ella se apego desde ese día a el, como si lo hubiera declarado a viva voz. Y esparcido a los cuatro vientos y no dejaría que un idiota cualquiera random aparecido de la nada le engañase o dañara a su mejor amiga.

Su daga había fallado, pero eso no le preocupo… la guardo rápidamente en su sitio con un giro y miro de arriba abajo al joven una vez más. Parecía que el interrogatorio daba resultado, poco a poco salía a la luz el verdadero pensamiento y los colores del chico… era astuta y podía sin duda saber cada uno de los movimientos de los mentirosos. Aprendió a vivir en la calle entre delincuentes tontos y desgraciados. Y cada uno de ellos es mas mentiroso que el primero.

Le siguió analizando, su destreza era superior, su agilidad era superior, robarle la billetera no le costo nada, pero si que tenia que tener cuidado con el, solo bastaba un descuido y un corte en el cuello y como cualquiera se moría. Maki era precavida, aunque explosiva, y Merlot era confiada pero pasiva… eran como dos imanes con distinta polaridad. Se atraían y se gustaban en compañía. Y de echo si ella se lo pedía Maki era capaz de ir hasta el fin del mundo si se lo pedía. La billetera voló y cayó en las manos torpes de la sirena, pero no cayo. Le dio una sonrisa suave, delicada y volvió una vez más al muchacho.

Ella ahí torneando los ojos, con los brazos cruzados escuchaba la infinidad de nombres que inventaba ella. —Si, L supongo, aunque parece que una M le cabe bien o nada… tiene pinta de ser un degenerado exhibicionista.— Cuando menciono lo de comer… dios, a Maki se le revolvió el estómago, necesitaba un trago, un sándwich o quizás algo más contundente. Entonces escucho la palabra… Marine… … … la cara se le volvió sombría… oscura y maligna… estaba detrás de Merlot? Posiblemente, juntas habían hecho algunas cosas malas, pero nada importante… no, lo dudaba. —Asi que Marine… al fin… puede que este no sea un bueno para nada… … … Si si no creo que sea conveniente aun decir más detalles de todas tus costumbres Unnie— Dijo moviendo su mano poniéndola sobre el pico de Merlot para que no mencionase lo de la luna llena. Afortunadamente no estaban con el hermano Jensen sino esta conversación ya estaría zanjada. Y estarían ya en camino hacia algún baño para limpiarse los sesos de Marine de la ropa. La cartera volvió esta vez de manera muy coqueta al bañador de Maki y ella se puso las manos en la cintura… ¿Se atrevería?... tal vez… ojalá una de sus manos se atreviera.  —Claro que es una chica especial… es mi amiga, mi todo, mi reina y yo su sirviente. Si una sola lagrima corre por su mejilla…— Se quito la cartera del bañador y con ella le abofeteo el plexo solar.

Maki entonces y de pronto se volvió blanda, sus músculos parecieron relajarse —Me quedare con un par… te parece? Después de todo eres un marine con un suelto estable y nosotras solo somos comerciantes que debemos luchar día a día contra el mercado bursátil… entiendes? — Movio su pulgar con maestria y desde la cartera emergieron dos billetes… Maki le sorio y le dio a entender que todo estaba bien, sin embargo cuando soltó la billetera y el obviamente por reflejo no le dejo caer, alzo la mano en dirección de Merlot que se encontraba cantando como un ángel y tocando la espalda de muchacho le dio su aprobación… por ahora… este se quitó la camisa, era sin duda hermoso, músculos formados, entrenados, sin duda limpio, muy limpio, sus ojos como cielos enjoyados danzaban en su mente como un hechizo de amor, pero de pronto se sacudió la cabeza y recordó… Uker es un macho… este es solo un cachorro.

Se volvió hacia el linde de la playa y sin mucho esfuerzo encontró un lugar donde vendían lo que necesitaba bebidas… unas buenas refrescantes y otras de fuego… Maki se relamió los labios, hace mucho rato que no bebía nada, hace mucho que no comía nada… comida… dulces… no, pizza. Seria demasiado… necesitaba algo frito… rata? Demasiada proteína… dios que difícil era elegir.

Aunque era vegetariana se hacia la tonta o la desconocida… de pronto… Mango picante… demonios hace años que no lo comía desde que descubrió que el jodido Bubblegum lo prohibiera en la primera tripulación en la que estaban. Tenia la mente retorcida y creía que las jodidas mierdas explotarían como granadas?... era un tonto. Compro tres mangos picantes. El suyo con extra. Le encantaba sentir el fuego en la garganta. Eso si que seria delicioso... y dos cervezas mas una gaseosa. Era el paraíso, estaba tan fría que sentía dolor en sus dedos.

Entonces camino de vuelta… miro con regocijo como ella su mejor amiga se divertía con… el estúpido Marine… no tenia la aversión de Uker ni la furia de Jensen… mientras no le tocaran las trompas claro que podría compartir con estos tontos. Solo rezaba para que una vez mas el corazón de Merlot no se rompiera que tuviera un poco de sexo y ya, justo como ella, que no se amarrase… camino un poco mas cerca… cuando comenzó a escuchar la conversación de ambos, su oído era agudísimo, ahí de pie admiro la escena… cuanto pagaría por al menos una vez poder disfrutar de algo así… Uker y ella, ella y Uker… ambos correteando, ella haciéndose la debilucha y el lanzándola ala gua para besarla en medio de las salvajes olas… sueños… solo vivía de sueños desde hace mucho tiempo.

Suspiro larga y amargamente y cuando alzo la vista su amiga, le mostro agitándolo en el aire la lata de gaseosa… no se había dado cuenta al estar en sus pensamientos pero agito demasiado la lata, seguro si la abría sin cuidado Merlot quedaría toda empapada… Abrió con el borde de la daga su cerveza y cuando se acerque le ofrecería una al muchacho…
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#10
Narrador / María Merlot


…………………………………….


El mar siempre la recibía con los brazos abiertos, su gran refugio, al igual que las celdas. ¿Por qué? Porque en ambos lugares siempre estuvo a salvo. En el fondo del agua nadie la molestaba, nadie la esclavizaba, nadie la forzaba a hacer o decir lo que no quisiera. En la oscuridad y humedad de una prisión, no había dolor… porque cuando la tiraban tras los barrotes, significaba que sus amos ya se habían cansado de ella, lo que se traducía como horas o días de… paz y tranquilidad, de perderse en su cabeza, y soñar con mañanas más cálidos y soleados. Spoiler: Nunca llegaban. No hasta que el de ojos fantasmales la rescato, y la entrego a Algodón de Azúcar.

Sus pies se mojaron, las suaves olas chocaron con sus piernas. El agua le llegaba a la mitad de la pantorrilla. Ahí fue cuando empezó a cantar, a dejar que los grillos en su cabeza tomaron el control y la hicieran solo vivir el momento, sin pensamientos rebuscados que removieran el sedimento de sus recuerdos… recuerdos que evitaba, que solo le traían repulsión y a veces, en las noches más silenciosas, hasta ganas de morir. Pero ese día no, esa playa en compañía de su Unnie y del apuesto hombre de cabellos blanquecinos, estaba resultando ser muy divertida. Tanto que esperaba de corazón que la valkiria besada por el fuego diera el visto bueno al hombre, parecía divertido, simpático y sobre todo estaba buenísimo. ¡Solo un ciego no se daría cuenta que había sido tocado por los Dioses al nacer!

Pateaba el agua, y chapoteaba, como forma de desconexión para dar tiempo al veredicto de su hermana. En ese intervalo, vino a su mente lo que dijo el hombre cuando ella se apartó “Tienes un nombre muy bonito, María”, esa frase la hizo sonreír y tener un leve destello de alguien muy rojo que le comento algo similar. Ella nunca le dijo a aquel hombre de su pasado, y posiblemente nunca se lo diría a este Malvavisco del presente, de dónde había provenido ese “Bonito Nombre”; de una tripulación pirata, comandada por un capitán borracho, que, y siendo objetivos, fueron los esclavistas que mejor la trataron, solo golpes y malas palabras, y para alguien de 13 años, y con la memoria en blanco… era la único que conocía y abrazaba como la realidad estándar. Luego, cuando “ÉL” se la llevo… arrancándola del paraíso que le enseño lo que una vida normal significaba… entonces, supo que, aunque siempre intentara vivir y ser optimista por el porvenir, morir le hubiera ahorrado muchas lagrimas no derramadas. María no era su nombre, Kassandra no era su nombre… ella no recordaba como se llamaba, ella posiblemente jamás lo descubriría, tampoco intentaba descubrirlo… no aún.

El chapoteo se detuvo un momento, y su voz se desvaneció. Miro su reflejo en el agua: los ojos ámbar, el largo cabello celeste trenzado, su hermosa cara… era una mujer divina pero cuan rota estaba por dentro, cuando escarbaba en aquellas memorias no tan lejanas, y en un cuerpo que nunca sintió como suyo. Llevo su mano derecha hasta su frente, y la deslizo llevándose el cabello hacia atrás, dejando expuesto su rostro al sol, que por un segundo sería el único testigo de la expresión vacía y marchita de la fémina, diferente a su YO habitual. Negó con la cabeza, apartando pensamientos intrusivos, y recordando que mientras el agua estuviera con ella, todo estaría bien, ahora era diferente, tenia nakamas, personas que la extrañarían, y que la buscarían si llegaba a extraviarse o fuera retenida contra su voluntad ¿cierto?

¡Oyeee! ¡Maríaaaaa!

La voz la hizo voltear: despreocupada y llena de vida. Trayéndole de nuevo su habitual alegría y sonrisa, y ese brillo travieso en sus ojos ámbar. La chica le sonrió con su especial encanto mientras lo veía sin pudor alguno, se había quitado la camisa dejando al descubierto que no solo su cara estaba tallada por los dioses sino cada centímetro de su perfecto cuerpo. Si ella fuera del tipo de chica que se sonrojaba fácilmente, estaría como un tomate, y quizás con un hilo de sangre escapando de su nariz. La mano del chico la hizo apartar la mirada de su abdomen, e imitar su gesto, dando ella un brinco de felicidad por su nuevo conocido de juegos playeros. Aunque para alguien que le gustaba observar, y cotillar, no paso desapercibido el collar que reposaba en el pálido pecho.

María miro más allá del apuesto hombre, a la mujer de cabello verde que parecía dar su aprobación, porque con su muy buena vista la vio relajarse y aceptar que el desconocido se acercara a ella, aunque fuera por esa tranquila, y casi extinta, tarde de verano. Maki se fue a buscar dónde pasar el rato, eso significaba que podía, dejarse llevar un rato con el Malvavisco, y por dejarse llevar significaba, seguir deleitándose con sus sonrisas, sus hipnóticos ojos, su divertida personalidad, pero, sobre todo, por su ángel natural.

¡No empieces a divertirte sin nosotros, mala!

La distancia había sido rota. Sus vocablos la hicieron sonreír, y sus mejillas infladas a modo de berrinche le recordaron tanto a ella cuando intentaba sonsacar algo a sus nakamas. Ese hombre, que peligroso podría resultar… porque en esencia le recordaba a ella — … será sin ti, Malvavisco porque mi Unnie tiene un mejor plan que chapotear con nosotros — le respondió con su suave pero encantadora voz mientras señalaba hacia Maki — … entonces… ¿nos dejará reproducirnos?  — bromeo de nuevo con eso, o quizás no era una broma; ella sabia que la valkiria ya les había dado permiso para cualquier cosa, por eso el hombre estaba cerca, por eso el hombre aun estaba en una pieza.

¡Y tampoco deberías andar hablando de apareamiento con cualquier persona que se cruce en tu camino! Yo soy un caballero para ese tipo de cosas...

La sonrisa de María se mantuvo, mientras asimilaba sus palabras, las que salían de aquellos labios que seguro habían besado a muchas chicas, a un sinfín de ingenuas almas en busca de amor romántico, labios que soltaban frases que hasta ese momento la habían hecho reír. Su pose fue muy… teatral, lo que hizo que ella se riera, hasta pudo jurar que vi salir destellos dorados de sus ojos. Tal vez una exposición tan prolongada a ese espécimen divino, ya la estaba haciendo delirar.

Quizás te equivocaste en algo, de todas formas... ¡Yo también soy un tipo malo!

—  ¿Eh?  — la semi sirena parpadeo confundida por el cambio de discurso, aunque la diversión siempre estuvo en cada frase. Y fue cuando… las acciones pasaron frente a sus orbes ámbar: él hundiendo las manos al agua, haciendo fuerza y salpicándola. Luego, la risa masculina, al igual que el agua, abrazo cada parte de su cuerpo. Él de verdad había ido a chapotear con ella, y parecía disfrutarlo. Eso la desconcertó, su realidad distaba mucho de la imagen de princesa que podía dar al mundo, pero su ensoñación siempre la llevaba a los días en que se divertida con aquel ser rojizo, cuando era inocente, cuando podía soñar con un futuro brillante.

Ese desconocido, Hasegawa Shin, alias Malvavisco, había hecho algo que hizo temblar su corazón: un fragmento de una escena normal, con un tipo normal, haciendo algo normal, pura y llana felicidad. La celeste disfrutaría y atesoraria ese momento mundano, sin etiquetas o recuerdos tristes, por la eternidad, recordaría ese brillo que envolvía al hermoso hombre, que iba más allá de su apariencia, iba al ángel que lo rodeaba y alzaba por encima de los demás.

Saliendo de su encantamiento, le dedico una sonrisa, posiblemente una de las mas hermosas que tenia la joven, porque venia desde su corazón, sin adornos ni tintas; si él antes había brillado, ahora era ella la que era rodeada por un aura de belleza celestial —  ¡Oh, no! Ahora tendré que hacerte pagar por tus actos criminaguas, Señor Malvavisco — dijo con fingida indignación imitándolo para empaparlo también, y comenzar una batalla que claramente, ella ganaría, después de todo, estaban en su elemento.

La joven lo intento, con las manos y los pies, atacarlo, también defenderse cuando él hacia sus arremetidas. La risa de la joven semi sirena, escapaba naturalmente de sus labios, un sonido seductor, por algo su especie era conocida por atraer con su canto a los marineros incrédulos — Alto al agua. Declaro que usted ha ganado, me rindo Señor Malvavisco — dijo luego de un rato, cuando la risa no la dejaba continuar, se estaba entreteniendo mucho y debía admitir, que quizás perdió cuando lo había visto sin camisa, o mucho antes, cuando la uso como escudo apareciendo a los lados para evitar a Maki — Malvavisco… ¿Dónde estuviste toda mi vida? — le pregunto entre risas al tiempo que se sacudía el agua y se quitaba su camisa blanca, dejando al descubierto la parte de arriba de su traje de baño, tal vez ahora, si el hombre no lo había notado antes, podría ver las escamas en sus hombros. María hizo una bola con la camisa y la lanzo hasta la arena — … Y María encesta... haciendo un tiro de 3 puntos, el publico explota de emoción Woooooooooow — comento guiñándole uno de sus orbes a Shin con su característica alegría, que ese día estaba desborda, él estaba sacando lo mejor de ella — … Ven, Malvavisco, deja a tu corazón soñar. Yo te puedo mostrar, cosas maravillosas… — susurro, dejando solo a la orilla como testigo de su invitación mientras extendía su mano derecha hacia él. Esperaba que la sujetara para mostrarle lo que ella denominaba “maravilloso”.


Era un salto al vacío.
¿Él lo daría?
Ella antes dudo en hacerlo.
Ahora ella quería saltar.
Las consecuencias vendrían después.
El ahora era maravilloso.

Cuando él puso su mano en la de ella, los ojos de María brillaron, y no dudaron. Hizo gala de su fuerza y tiro de él hacia ella, dejándose caer de espaldas sobre el mar, haciendo que él quedara sobre ella, y ambos hundiéndose. Antes que él entrara en pánico, por pensar que la podría estar ahogando, ella le sonrió, y entrelazando los dedos (con la mano que agarro), lo sujeto con fuerza y lo llevo a nadar. Ella era mucho mas ágil en el mar, que, en la tierra, en tres segundos ya estaban muy lejos de la orilla. Maki ni se podía distinguir — … No tengas miedo, Malvavisco, prometo que no te pasara nada, así tenga que darte respiración boca a boca. Ahora toma mucho aire, porque allá abajo lo necesitaras — le advirtió viéndolo directo a sus preciosos ojos azules, mientras los de ella tenían una mezcla de anticipación, entusiasmo y, tal vez, miedo, de que, a él, no le gustaría el pequeño premio.

Cuando él hizo lo propio, ella los hundió, lo trajo al fondo, dónde, por las aguas cristalinas de Karate, se podía tener una buena visión del ecosistema. Peces coloridos, corales llamativos, todo pasando ante los ojos de ese humano y una mestiza. María sabia que no todos podrían resistir bajo el agua, en su mente ella iba contando los segundos, no dejaría que pasaran mas de 30. Y mientras nadaba, mostrándole parte de su mundo, su mano nunca de estar entrelazados. Cuando llegó a 25 segundos, lo saco a la superficie. A diferencia de él, ella no necesitaba respirar en el exterior — …  ¡Hermoso! ¿Verdad? Viste el pez de rayas blancas y anaranjadas, y el otro azulado, como tus ojos, y el coral rosado. Cuando nadé hasta aquí lo vi, me encanto. ¡Toda esta área tiene bonita fauna! Y más allá, hay cuevas… quizás las explore luego… — hablo con rapidez, le emocionaba compartir su mundo con alguien, no lo había hecho nunca, ni con sus nakamas. Fantasma siempre estaba planeando cosas, Hyakinthos experimentando cosas, Odeth cocinando cosas, Thrym cartografiando cosas… ninguno nunca había nadado con ella, solo Jensen lo hizo, y eso sello su hermandad, y ahora estaba ahí con ese desconocido que había derribado sus barreras, aunque no era difícil de hacerlo, solo debían ser amables — … regresemos, no quiero que mi Unnie venga a matarte. Respira profundo, Malvavisco — le advirtió, y volvió a hundirlos, esta vez en dirección a la orilla, siempre sin soltar su mano entrelazada. Esta vez su conteo llego a 40 segundos, pero cuando emergieron de nuevo a la superficie ya estaban dónde habían iniciado. Podían pararse perfectamente, y quedar sumergidos hasta las caderas — …  Respira Malvavisco… — le dijo soltando al fin su mano y sujetando la cara del hombre con estas — ¿Tengo que darte respiración boca a boca? — tiro de él hacia abajo, después de todo era mas alto, pegando su frente con la suya, con una distancia muy reducida, que hacia que sus respiraciones se mezclasen  — ¿O llamo a mi hermana para que lo haga ella? — bromeo alejándose de él, claramente estaba bien.

Era el momento de dejar el agua, y regresar al lado de la peliverde. Cuando María iba saliendo se giró a verlo, con un pensamiento que antes no pudo exteriorizar, cuando él la sermoneo sobre hablar del apareamiento, y ella entendió lo implícito “ten cuidado, hay muchas personas malas, no como yo”. La sonrisa antes se transformo en un estilo Mona Lisa (enigmatica) y sus ojos llenos de brillos quedaron vacíos. La María de hacia segundos había desaparecido — …  ¿Qué cosa peor podrían hacerme?  — preguntó, quizás él no entendiera el contexto, o que ella estaba respondiendo a su comentario dicho mucho antes. Y era verdad, si ese apuesto hombre supiera, lo que había vivido desde sus 13 años, se daría cuenta que hablar de apareamiento con él, no era nada, en comparación con su retorcido y asqueroso pasado; uno, dónde si un marine como él la hubiera salvado… ella seguro sería una civil más, de un pueblo random como Karate. Y no una pirata.

Sin agregar nada más, se volteo y salió del agua. Recogiendo su camisa en el proceso y dirigiéndose hacia su hermana de otra madre. Sus labios volvieron a tener su encantadora sonrisa, la vio intentando abrir una lata con su daga, estaba a punto de decirle que tuviera cuidado cuando el líquido salió disparado en su dirección empapándola — … Creo que acabas de perder parte de tu bebida, Unnie. Si siguen mojándome, mi sonrisa nunca se borrará de mis labios — a la semi sirena le encantaba el agua, lo líquido, así que le fascino ser recibida así por su hermana — …  me tomaré esta — se dejo caer a un lado de su hermana mientras se limpiaba la cerveza de la cara, y luego tomaba una lata. Ella no bebía, pero estaba radiante de felicidad… esa tarde de verano jamás podría olvidarla, entonces ¿por qué no beber?
Karma Fanático: Hyakinthos. 
[Imagen: mmocheja.png]
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