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29-12-2025, 02:01 AM
(Última modificación: 29-12-2025, 10:11 PM por Lana.)
InDía 40 de Invierno, año 16
Es tarde, el sol ya se está escondiendo y caminar entre esa multitud siempre ha sido un poco fastidioso, me miran con una sonrisa y me saludan con un “Hola, cómo estás?” Y otros dicen “te acuerdas de la otra vez cuando…?” Pero no, no me acuerdo, al menos si me acuerdo de la vez que… pero no me acuerdo de este tipo, me hablan como si me conocieran, y ya me está entrando un poco de susto, se pone un poco raro que algunos me comenten cosas de las que si me acuerdo que hice, pero no sobre ellos, más me pone nerviosa algunas mujeres que hablan sobre habernos dado unos besos, pero eso no puede ser verdad, debería estar muy borracha para atreverme a hacer esas cochinadas, ni siquiera lo he hecho con el chico del que estaba locamente enamorada… soy toda una virgen, una monja.
Mi caminata terminó hasta el final de la calle y al otro lado sería la selva, llena de árboles altos con frutos, vegetales verdes al rededor de los troncos y arbustos frondosos, pero también había un cartel con unas palabras escritas, que por lo menos pude entender al leer, que ponía “Bienvenidos a la cascada de…” ¿de qué carajos decía? ¿Eso es un nombre? No entiendo para nada lo que dice, hasta me costaba pronunciarlo, pero qué importaba saber, lo importante es que decía algo de una cascada, cosa que me animó a entrar, porque las gotas de sudor que emanaban de mi cuerpo era el claro efecto de que me estaba cagando se calor y el agua es lo que necesitaba. Esta parte de la selva tenía unas pequeñas cuerdas con unas luces, puestas a la altura de la cadera para ¿guiarme tal vez? por el camino sin perderme, pero claro, terminé tropezando casi de inmediato con algunas de estas mierdas decorativas. Malditas lucesitas, me enredé un par de veces, pero también saqué algunas frutas que encontraba en el camino, por si me moría de hambre.
Andaba muy quejona porque el calor me estaba jodiendo la mente y sentía que mis tetas, que normalmente son firmes y perfectas, se estaban volviendo débiles por culpa de este clima asqueroso, asi que necesitaba en serio del agua fría, todo por mis tetas, para que volvieran a ser las chicas hermosas de siempre. Miau. Por suerte el ruido del agua chocando contra las piedras empezó a ensordecer mis pensamientos mientras me abría paso entre las plantas y por fin llegué a un claro donde había una cascada pequeña que caía en una especie de piscina creada por la naturaleza, y la verdad es que ya era hora de haber llegado, sentía que me iba a derretir.
Lamentablemente no estaba sola, habían unas mujeres relajadas en la piscina, pero mi urgencia por refrescarme era taaanta que corría a la orilla… Pero… no, no salté de golpe, porque no soy tan estúpida como para no comprobar primero la profundidad de este hueco lleno de agua helada. Entonces, como una cobarde, metí un pie con mucho cuidado, hice una mueca de miedo que seguramente fue muy evidente, ya que una mujer que estaba metida en la piscina se puso a reir de forma descarada, y yo también me reir sin saber de qué se reía ella, pero entonces la mujer se levantó y se me quedó la boca abierta al ver que estaba totalmente desnuda… Ah no, no estaba desnuda, solo tenía un bikini tan delgadito y blanco que no se le veía. Pero se veía sus pechos grandes y todo hasta más abajo del ombligo, notando que a ella el agua le llegaba casi por las caderas. Caminó con delicadeza hacia mí y me puso su mano en su cadera para empujarme y guiarme. Me quedé como tonta y dejé que me jalara hacia otro extremo de la piscina y aunque normalmente habría insultado a cualquier desconocido que me tocara sin permiso, esta vez me quedé callada, hipnotizada con su boca.
Era una mujer morena y bonita, bastante desconocida, pero amable. La miré como empezaba a hundirse y la acompañé, las dos nos arrodillamos al mismo tiempo, mientras que también notaba que el agua me tapaba totalmente los pechos. —¿Ves? No hay nada que temer, tengo una hermana que no sabe nadar y entiendo que puedas estar pasando por lo mismo, no te preocupes— Decía, como si yo fuese valiosa, y lo era, me gustaba mucho que me cuidaran de esta forma, y por inercia le lancé un beso. Ella solo se rió y nos relajamos las dos en la orilla, cagadas de la risa. En ese entonces cuando la mujer llama a alguien, aparece un mesero junto con unas copas con liquido medio amarillo dentro y nos lo entrega a las dos. —Vamos, pruébalo, te gustara— Le hice caso, ¿como no hacerle caso a una hermosa mujer? Tomé un sorbo y sí, su sabor estaba delicioso, era dulce y frío.
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Recuerdo ese día con extraña claridad, no por ser extraordinario peor por ser ruidoso e insoportable, incluso para Samba era caluroso, aunque no demasiado, caminando por el pueblo como si el lugar solo quisiera confundirme.
No planeaba estar allí esa tarde, si es que siquiera planeo las cosas, solo suelo seguir mis instintos y los caminos oscuros y silenciosos donde nadie se molesta en buscar. El sol estaba bajando, sangrando sus últimos rayos por los arboles haciendo que al menos el piso del bosque se sintiera frio, mis alas plegadas firmemente contra mi espalda para evitar golpear las ramas, como mencione, prefería el silencio y el bosque solía darme eso, al menos en la mayoría de días
Alguien mas había llegado antes, y tampoco era tranquila, mucho menos estaba cerca de serlo, la escuche mucho antes de siquiera verla -mierda, lo ultimo que faltaba, no poder descansar- pensé, frunciendo un poco el ceño mientras caminaba hacia los sonidos que hacia la mujer, y cuando por fin la pude ver en el camino por delante me detuve, su piel era demasiado blanca, y junto a eso ella parecía estar sudando demasiado, quejándose del clima como si la hubiera estado atacando personalmente. simplemente observe, escondida en la sombra como ella se tropezaba y se enojaba a las luces de decoración que se encontraban en el lugar. Poco después el camino se abrió en un claro, vi como ella caminaba hacia una cascada mientras yo permanecía en las hojas, pero bueno, eso no importa. posterior a un "juego" que observe entre ella y otra mujer decidí acercarme para ver mejor, aunque no tenia ninguna razón para intervenir, pero algo de la escena me mantenía ahí, por lo cual decidí meterme al agua, aunque no muy cerca de ellas, no podía ser tan obvia, y en cuanto al agua? no podría ser tan malo, simplemente lo hice sin pensarlo, aunque posteriormente pensé
-la puta que me pario esta fría esta mierda-
el aura subía por mi cuerpo mientras mas profundo entraba en la misma, la superficie de la misma suavizándose detrás mío, prefería el lugar cuando estaba solo, aunque si bien no era un lugar con agua tranquila si ayudaba a relajarse, la presión del agua y el movimiento de la misma me permitía desconectarme un poco del mundo, mis alas abriéndose de par en par, cubriendo una gran zona de las rocas en las cuales me reposaba mientras observaba a las mujeres de antes todavía con sus juegos.
-hoy podría no ser tan malo- pensé, dejando salir una leve sonrisa.
aunque fuera ruidoso había que buscarle el lado bueno a las cosas, la gente de aquí no parecía molestar sin razón, eso era suficiente al menos por ahora, si hubiera sido demasiada molestia podría volver en otra hora o momento, ya estaba acostumbrada a pasar mis noches acampando de cualquier manera, me permití a mi misma hundirme aunque sea un poquitito mas, solo lo suficiente como para que el agua me llegue al cuello y embotar el resto del mundo, el ruido de la cascada amortiguando mis zumbidos bajo la superficie, vibrando contra mis huesos, aunque me seguía preguntando, que es lo que hacia que las siga observando aquí? curiosidad? molestia? no lo sabia.
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La tarde estaba entrada ya, y con cuantos problemas me encontraba, que tedioso se volvía... ¿Qué cómo me encontraba corriendo de tres tipos medio pendencieros de poca monta? Habría que remontarnos unas horas atrás, cuando había recibido el dato de que no muy lejos de allí se encontraba un antro donde realizaban apuestas a concursos de bebedores... ¿Quién iba a decir que aquel gordo enorme iba a caer inconsciente bebiendo mucho antes que aquel flacucho con pintas de poco aguante? No era mi culpa, y no estaba dispuesto a pagar aquella estafa, tenía que haber estado armado, estaba seguro... Pero lo mismo no viene al caso, la cosa es, que cuando me quise dar cuenta, me encontraba corriendo de tres sujetos que no se si me querían matar o intentar violentarse conmigo por no estar dispuesto a pagar diez mil berries de una apuesta... Apuesta bah, estafa... Y ahí me encontraba yo, corriendo entre las calles de aquel pintoresco lugar en Samba
—¡Te voy a matar idiota!— escuchaba detrás mío a alguno de ellos gritarme mientras me corrían... Por alguna razón, más que miedo me daba gracia y resultaba graciosa la situación, aunque ya se tornaba un poco molesto... Llevaban rato corriendome ya...
—¿Porque simplemente no lo dejan así y ya?— respondí entre risas mientras corría —Aquí nadie perdió nada— finalicé intentando hacerles entrar en razón, pero no había caso al parecer, estaban bastante decididos a cobrar un dinero que no les pertenecía. Sus zancadas seguían de cerca a las mías no lo suficiente para alcanzarme a agarrar, no tan lejos como para quitármelos de encima. ~Estos tipos no se cansan, a este paso me van a seguir hasta mañana~ pensaba mientras intentaba idear una solución
En mi improvisada huida de aquellos tipos, mi corrida me llevo a un lugar con mucha vegetación y la entrada a un lugar con luces colgando, no llegué a ver bien el nombre ni que era... Entre el calor, la corrida y todo tampoco estaba prestando mucha atención a los detalles... Al ingresar por completo me di cuenta que había ido a una especie de manantial, un buen lugar con una cascada, una piscina natural que parecía un lugar increíble... En el momento menos oportuno, no podía tirarme al agua, iba a arruinar mi traje... Apenas llegué a notar que habían bastantes mujeres, pero, no tenía tiempo de frenar en detalles o analizar el lugar... Los otros tipos los tenía encima ya...
—Ya les dije que luego les voy a pagar, no sean molestos— espeté un tanto fastidiado y agobiado. —Mañana les pago— intenté convencerlos amablemente con una tímida sonrisa.
—Nos pagas lo que debes aquí y ahora o de aquí no sales— retrucaron estos tronándose los puños, queriendo intimidar. —Ya sé, se me ocurre algo... ¡Doble o nada!— exclamé como al que se le ocurrió la mejor idea —Veinte mil berries a que no me podrán sacar ni una moneda— solté entre risas.
La mirada complice entre esos tres que sonreían ante la idea de irse con mucho mas dinero les duró poco, fue cuestión de con la katana sin siquiera desenvainarla, dar tres rápidos golpes que los dejaron inconscientes en el suelo... Por lo cual procedí a vaciar sus bolsillos, no había mucho, pero se lo dí a una chica que allí trabajaba por los inconvenientes ocasionados, y luego arrastre a esos sujetos fuera del lugar, dejándolos tirados contra un árbol. Entré nuevamente un tanto avergonzado pero totalmente divertido en realidad, no podía negar que ese tipo de situaciones que solía meterme por el juego y las apuestas nunca dejaban que me aburra. Ahora nuevamente cerca de la piscina solo atiné a levantar una mano enseñando la palma por delante de mi pecho —Perdonen lo de recién, unos tipos me quisieron robar— mentí descaradamente como si cualquiera que hubiera escuchado lo que pasó no fuera capaz de comprender algo básico. Luego me acerqué a la barra a preguntar de manera más suelta. —¿Sabes si hay un lugar para cambiarme? Me gustaría refrescarme un rato... Y si puedes darme una cerveza mejor— la respuesta fue inmediata, la chica me había indicado donde podría conseguir lo que necesitaba, al otro lado de la piscina, mientras me servía un jarro de cerveza, fría, rubia, burbujeante, invitándome a relajar la garganta
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Dentro del agua fría y cristalina de la cascada todo se sentía distinto a como había sido el camino hasta aquí. El calor que antes me tenía de mal humor ya no era tan molesto, aunque el aire seguía pegajoso, por la humedad y la vegetación, ya era más soportable. La piscina natural no era profunda, se notaba por cómo algunas de las pocas personas de distintas razas, tamaño y estatura, caminaban tranquilas con el agua que ni siquiera les llegaba a tapar sus traseros, hasta podía estar sentada junto a una señorita tan bonita tal como la que está frente a mi y escuchar a la vez el sonido constante de la cascada, lo suficientemente agradable y fuerte como para tapar casi cualquier cosa, unos gritos, una discusión. El suelo bajo mis pies era de piedras un poco lisas y grandes. Desde afuera, donde está la civilización se me haría imposible no haberme dado cuenta que este sitio existía. Ahora lo conozco si no fuese por el cartel en la entrada a la selva y las jodidas luces colgando en los arbustos del sendero. Los presentes hablaban, reían, bebían, no todos llevaban sus uniformes o sus ropas, solo un bikini o pantalones cortos. Por ahora no había nada que exigiera mi atención, nada más que la señorita.
Me quedé apoyada cerca de la orilla junto a la mujer morena que se había acercado amablemente hacia mi, y que me ayudó a no temer al agua, aunque no sentía miedo, solo me encantaba el buen trato que me daba. Ella parecía cómoda, como si fuese un lugar habitual para ella, tal vez es una lugareña por su tono de piel moreno, y no pude evitar fijarme otra vez en su rostro y su cuerpo, no de forma romántica ni epidemias, solo se me reflejó una sonrisa con picardía porque me parece muy bonita, sí, sobre todo me agradaba cómo me hablaba. Entonces tomé mi primer sorbo, bebí un trago largo, el sabor del alcohol estaba muy rico, no era tan dulce, pero tampoco fuerte. —Está bueno esto, jodidamente bueno jisjisjis, ¿qué será? necesito aprender a hacer esto, para… no lo sé, por si acaso.— comenté con una sonrisa estúpida que se me dibujaba en la cara y un sonrojo —Es solo Gin, ¿te ha gustado? te puedo invitar otro luego— dijo ella y me sonrojé más, luego se rió y agregó —Si sigues mirándome así, voy a pensar mal, pero será otro día, ahora me tengo que ir.— lo que decía era terrible, pero no se apartó aún —¿Qué? Que mala suerte la mía, miau— murmuré inflando apenas las mejillas, aunque sé lo que dije, en verdad no era tan mala suerte encontrarme con alguien tan linda, ella se levantó y se marchó.
La seguí con la mirada hasta que ya la perdí de vista. Me quedé sola, pero no me moví del lugar, volví a beber más despacio ahora, disfrutando del sabor mientras comía los pies bajo el agua, de arriba hacia abajo, como una estúpida niña jugando con el agua, una tonteria sin importancia. Me sentía bien, tranquila y lo mejor era que desde ahora no pasaba nada raro. Seguí viendo a mi al rededor, para chismosear a los demás que ya estaban en el agua y a otros que estaban recién llegando a la piscina natural. Noté a alguien más, más apartada, por ahí, un poco lejos de donde me encontraba, sumergida con sus alas enormes y me la quede mirándola fijamente mientras le di otro sorbito más al alcohol. Podía hablarle, pero también era mejor solo mirarla. ¿Me estaba mirando… tambien?
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Me quede sentada, alas plegadas contra mi espalda, no esperaba que ella me mirara, hasta ese punto parecía que solo le importaba su propio "caos", por llamarlo de alguna manera, tropezándose, sudando, quejándose mas que nada... o incluso riendo junto con la morena. nunca se me cruzo por la cabeza que notara algo que no circulara al rededor de ella, pero ahora estaba quieta, y mirándome.
El agua le llegaba hasta el pecho, ondulando un poco cada vez que movía sus piernas bajo la superficie de la piscina natural, la bebida en su mano atrapando la temporal luz del atardecer, haciéndola parecer incluso como un liquido de un color dorado suave, me hundí un poco mas profundo, dejando que el frio abrazo del agua se envolviera contra mis hombros, alas flotando por detrás mío, un poco abiertas, las puntas rozando contra las rocas debajo de la superficie, y, por algunos segundos al menos, intente convencerme de que podía ignorarla, no era mas que otra visitante de las varias que había, solo otro cuerpo ruidoso que estaba tomando lugar en este lugar. Aunque parecia que no queria apartar su vista. Tampoco es que ella se viera con miedo, o precavida, solo entretenida o curiosa, como si no supiera lo que era pero lo quisiera descubrir, si eso tiene sentido.
-Si quiere probar su suerte, que lo haga...- Pense, volteando un poco mi cabeza y dandole una leve sonrisa a la pequeña albina, si me estaba por mirar de esa manera, entonces yo tambien deberia de hacerlo, ella parecia ser puro calor e impulso, la manera en la que levantaba su bebida, pataleaba, todo parecia decir que era puro orgullo y diversión. No hable, hablar hubiera roto el cual poco, y roto,balance de la extraña situación que se estaba desenvolviendo, en vez solo levante una mano de debajo del agua, lentamente, dejando que caiga una pequeña corriente (cambiar la palabra despues, quedo raro), de agua antes de lanzar unas gotas con mis dedos en su dirección, casi nada.
Exhale un poco desde mi nariz, el sonido siendo casi inexistente, tampoco es que estuviera aqui para interactuar o impresionar con nadie, pero algo de ella presionaba por debajo de mi piel, curiosidad? o irritación?. No habia mucho punto en concentrarse en eso ahora mismo.
Me volvi a permitir bajar por debajo del agua un poco hasta que esta abrazara parte de mi cuello, dejando esta vez que se estiren mis alas por detras mio como si fueran petalos oscuros, el movimiento abanicando el agua en una diminuta ola.
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Luego del pequeño altercado que había hecho, me sentí aliviado que no hubiera pasado a majores, ni nada por el estilo. A decir verdad odiaba este tipo de situaciones, donde no podían aceptar que simplemente no iba a pagar una estafa y me obligaban a usar la fuerza incluso cuando intentaba no hacerlo, puesto que había optado por irme del sitio incluso echando a correr. No era mi culpa, no es que yo quisiera problemas, simplemente los peoblemas decidieron seguirme y no tocaba otra cosa más que resolver. A pesar de ello ya me podía sentir tranquilo. No había prestado mucha atención al alrededor, estaba esperando mi cerveza.
Aproceché el momento para ir a cambiarme a donde había señalado la señorita anteriormente y volví en un traje de baño nada más a buscar mi cerveza y decidí aprovechar la ocasión. Ya que estaba allí, un poco de relajo no me vendría mal, además podria ahorrarme tener que cruzarme con algún idiota que quisiera dinero y tener que armar revuelo nuevamente. Ya con mi jarro en mano, me acerqué a la pileta formada naturalmente, y claro, no pude evitar sentir curiosidad y un poco de asombro frente a la gran mujer alada que estaba allí, junto a otras más y algún que otro sujeto.
El agua era especial, justo lo que mi cuerpo necesitaba, llegandome a la cintura un poco más, sin necesidad de que se mojara mi crucifijo. La cerveza, rubia, fría, burbujeante tenía un gusto amargo y fuerte que me devolvió la vida sin siquiera haber llegado a perderla ~Espero no se aparezca ningún idiota acá... Esto es vida~ pensaba, siempre precavido teniendo mi katana ahí cerca en la orilla.
Estana cerca de aquella alada, que intercambiaba miradas y ¿Coqueteo? Con aquella otra joven con tintes en su cabello. Ante la duda mejor no hacer nada, pero, me quede allí mirando disimuladamente a ver que hacían, como quien es espectador de un show. Rara vez me permitía tener momentos así, usualmente me manejaba en otros entornos, pero no podía quejarme. Con la mamo libre aprovechaba a mojar un poco mi cuerpo y pelo mientras disfrutaba la cerveza.
Lejos, a unos cuantos metros, había una pareja de obesos, que nos miraban a los tres, curiosamente, y me generaba bastante incomodidad, algo en mí me decía que les rompiera la cara... Pero ¿Porqué? No quería arruinarme el momento, aunque no me dejaban de incomodar por lo cual me puse de espaldas a ellos y me acerque a ambas jóvenes.
—¿Les molesta si me uno un rato?— consulté amablemente con una sonrisa entre medio de la distancia de ambas, quedando totalmente de espaldas a aquella pareja desagradable que me daban mala espina, y sorbí un buen trago de mi cerveza.
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La corriente del agua fría se movía suave al rededor de mis muslos cada vez que movía los pies. Me apoyé un poco más contra la orilla, la espalda rozando la pista húmeda, y llevé otra vez la copa a mis labios. Tomé un sorbo lento, para quedarme con el sabor un rato en la boca, esperaba volver a sentir este sabor para cuando el calor volviera a molestar, para cuando ya no estuviera acá, porque estaba rico, y no quería que fuese solo un recuerdo borroso como muchas veces me pasa con las personas. Estaba rico, no solo por su sabor, sino tambien por el momento, por el agua helada y por no tener que hacer ningun trabajo en la iglesia con las monjas bajo el sol, ya no pensaba en que me estaban buscando.
Bajé un poco la copa mientras seguía mirando a la mujer alada y noté un movimiento, por lo que dejé de agitar mis pies para no parecer ansiosa, aunque sí me estaba poniendo, ¿qué debería hacer? ¿Me levanto? ¿No me levanto? Pensaba, estaba calculando qué movimientos hacer, y aun así no podía pensar, tenia una sensación rara que me recorrió la espalda, haciendo que mi mente quedara en blanco. Así esta mejor, no tener que pensar. Intenté que mi cara no dijera demasiado y ahí fue cuando apareció él. Un tipo con un traje tenía una cerveza en la mano y una sonrisa que tiene la gente fácil, gente que parece vivir bien la vida sin preguntarse demasiado por qué es que existe. Parecía confiado, demasiado, y yo desconfiaba en los confiados, porque me recordaba a mi de confiada cuando era joven.
Lo miré de arriba abajo, vi sus pies, todo el paquete, nunca he sido buena disimulando y porque honestamente no veía porque tendría que hacerlo. No parecia ser un chico peligroso. Pero… ¿En qué estaba? ¿Qué era lo que estaba pensando yo? Parpadeé un par de veces, todavia procesando su presencia mientras mi cabeza seguía en funcionamiento ¿estoy nerviosa? No, imposible, nada ni nadie me puede poner nerviosa, pensé mordiéndome el labio. Volví a mujer alada, que seguía ahí, reflejada en el agua, enorme, distante. —¿Molestar? No. Únete. Todavía queda agua para todos… ¿no ves? Oh pero se me está acabando el alcohol…— El alcohol bajaba pero no estaba haciendo efecto, solo me aflojaba un poco el pecho y respiré hondo, me llené los pulmones y me levanté del agua con calma.
Caminé lentamente hacia donde estaba ella, no me apresuré. Cuando quedé frente a ella, a una distancia prudente en la otra parte de la pisicina natural, me volví a sentar en el agua y el frio me abrazó de nuevo, diciéndome por la piel de gallina y me estremecí apenas. Ya la copa estaba vacía por lo que la dejé en otro lado. —Este lugar es perfecto para descansar, tiene una hermosa vista, el alcohol sabe bien… pero ahora estoy empezando a notar cosas extrañas. Se sienten bien, son tranquilas, pero raras…— Sonreí y me callé después de eso, levanté un poco la vista hacia las ramas de los arboles y el cielo con el atardecer.
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