06-12-2025, 05:26 PM (Última modificación: 28-12-2025, 05:58 AM por Maria Merlot.
Razón: El tema se puso picante xD
)
Narrador / María Merlot
Día 28 de Otoño, año 16.
MUSIQUITA
…………………………………………………
Reino de Samba.
Hogar de la Caña de Azúcar.
De la glu glu glu glu glucosa sacarosa.
En días pasados la mujer de cabellera azul celeste había arribado a la isla. La travesía fue tranquila y llena de jugos coloridos y fiestas en las piscinas del crucero. Ella adoraba los cuerpos de agua, cualquier charco la hacía feliz. ¿Por qué había partido hacia Samba? Porque así lo solicito Fantasma, y ella pensaba seguirlo hasta dónde sus posibilidades se lo permitieran, aunque pareciera tonta no lo era, y sabía bien que no estaba al nivel de aquellos que rodeaban al hombre de piel morena, porque nunca había sido lo suyo el ataque o la defensa, ella solo era un objeto bonito al cual utilizar y exhibir.
Esa isla era totalmente diferente a Karate, en sus recuerdos no logro ubicarla en alguno de los viajes de sus amos. Luego de establecerse en una posada alejada de las miradas curiosas, y por supuesto de la gran masa de turistas que había en esa fecha en ese lugar, la mujer procedió a comprarle a la mujer del posadero un simpático atuendo “aparentemente” autóctono de la isla. Se trataba de un vestido vinotinto con estampados en dorado que asemejaban las hojas del producto emblemático del reino, el vestido dejaba al descubierto sus hombros, un chaleco tejido y tenis blancos muy cómodos. Lo mejor del atuendo eran las piezas de artesanías en su cuello, cintura, muñecas y tobillo derecho. Además, de contar con la badana a juego en su cabello.
No había mucho que hacer, al parecer debían esperar al día 30 para volver a zarpar, así que hizo lo más lógico: Salir a conocer la isla. Así fue como termino en un festival, o quizás solo era así todos los días del año, dedicado a la Caña de Azúcar. Había de todo, cualquier cosa imaginable, a base de la planta.
— Ten hermosa — un grupo de hombres, aparentemente agricultores, paso a su lado dándole una, si adivinaron, Caña de Azúcar.
— Oh, Gracias — apenas reacciono agarrando el palo verde que media casi un metro de largo. Se quedo mirando al protagonista de ese sitio hasta que hizo lo que había visto hacer a todos: chuparla. La joven se metió la punta a la boca y empezó a saborearla, sabia dulce… muy dulce. Luego la mordió para sacarle aún más jugo.
— ¡Creo que me he enamorado! — dijo uno de los hombres.
— ¡Cásate conmigo, te llevare a conocer a Mamá! — propuso otro.
— Tu tendrás Caña de Azúcar vitaliciamente, Señorita — el tercero intervino.
María los miro confundida, todos habían suspirado de manera… ¿obscena? Y el sonrojo de sus mejillas no parecía ser causado por el sol costero. ¿Qué tenían esos sujetos? La mujer solo inclino la cabeza, sin sacarse la Caña de Azúcar de la boca, luego fue cuando entendió el asunto. ¡Hombres! La chica se saco el palo verde relamiendo sus labios para quitar el exceso de líquido — ¡También me he enamorado! Esto sabe delicioso, es como beber un néctar creado por los Dioses del Azúcar, algo tan único y especial que solo quiero seguir chupando y chupando, sin detenerme, ojalá fuera tan grande como un árbol y no me entrará en la boca... — dijo con su habitual alegría, pero mezclada con fingida inocencia sabiendo que pasaba por la mente de esos degenerados, que ante tales palabras solo pudieron sonrojarse más, y emprender la partida desconcertados sobre si ella les estaba haciendo una propuesta indecente o era una dama pura, prefirieron no descubrirlo.
Los ojos ámbar de la semi sirena siguieron a los sujetos hasta que desaparecieron en la multitud. Una sonrisa se apodero de sus labios pensando que hubiera sido divertido bromear un rato más. Sin pensarlo avanzo unos cuantos metros más hasta que un juego llamo su atención, un juego que rezaba “TANQUE AZUCARADO”. ¿En que consistía? Simple, era un tanque grande, lleno con… si, jugo de caña de azúcar, y en la parte superior una especie de plataforma, al lado derecho una diana con una flecha de tamaño normal que decía: “GOLPEA AQUÍ”.
— Hermosa Dama… ¿quiere jugar? — la voz del moderador del juego llego a sus oídos, un hombre de apariencia común, nada destacable.
— No lo sé… ¿Cómo se juega? — pregunto ella mordiendo la punta de la caña de azúcar, logrando otro sonrojo. ¿Acaso los hombres de esta isla tenían fetiches con esa planta?
— Cof cof… — se aclaro la garganta, la bella dama y la caña de azúcar lo intimidaron un momento — Hay dos modos. El primero es lanzar tres veces una pelota hacia la diana, si logras dar en el centro, la plataforma del tanque cae, y quien este sentado ahí termina mojado. Entonces, además de ganarte la satisfacción de empapar a alguien, también podrás tomar un premio de la repisa a tu elección. La segunda, es ser tu quien se siente en la plataforma, si logras sobrevivir a 10 lanzamientos. Ganas, y reclamas el premio — explico señalando cada elemento. La peliceslete solo asintió.
— Si decido sentarme en la plataforma solo gano un premio. No suena a un buen intercambio — en su cabeza si lo sonaba, porque si caía en el jugo de caña de azúcar lo disfrutaría porque amaba sumergirse, y si no caía también ganaría algo, pero su vena comerciante la hacia querer sacar más y más.
— Hmmmm — musito el hombre internalizando sus palabras — El premio a tu elección… Y… Hmmm… este mapa — el hombre saco de su bolsillo un papel pergamino, acercándose a ella para susurrarle algo, algo que alguien con buen oído podría escuchar — … este mapa, lleva a un lugar secreto que solo los oriundos de la isla conocemos… es donde sirven el mejor licor de caña de azúcar de este Blue… — le confeso con un brillo de pura dicha y deleite en sus orbes. Ella no tomaba nada con alcohol, pero podría llevarle a sus nakamas.
— Esta bien. Acepto ser la de la plataforma — acepto dándole dos tap tap con el extremo opuesto de su palo de caña de azúcar al vendedor. Entonces procedió a sentarse en la plataforma y esperar que lanzarán 10 veces para ella poder ganarse los premios: El chapuzón dulce o el mapa hacia el mejor licor.
Ahí se quedó la mestiza, balanceando sus pies, dejando a la vista una de sus piernas níveas por culpa de la apertura de su vestido y con una sonrisa encantadora adornando sus labios.
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Si decides jugar, es simple:
Debes lanzar 10 dados con 30 caras. Si sale el 2, atinas a la diana.
Samba solo se podía definir con una palabra, Paraíso. Era la antítesis de Karate, la disciplina y los entrenamientos se habían convertido en música, alcohol y mujeres. ¿Qué más se podía pedir en esta vida? Los ocho días de estancia me los había pasado sin parar de beber y salir de fiesta, apenas había podido dormir y descansar y justo hoy no iba a ser la excepción. Un festival relacionado con la cosecha de caña de azúcar se celebraba, llenando varias calles de las afueras con muchísimos tenderetes y puestos, la mayoría rudimentarios, pero llenado de gente, color y vida el lugar.
-¿Los pájaros como follais? Tio creo que nunca he visto un pájaro follando, seguro que sois todos unos robots creados por el gobierno para espiarnos a todos. -Iba hablando con mi águila, la cual descansaba sobre mi cabeza ignorando cada palabra que salía por mi boca, dejándome en un eterno soliloquio sobre la reproducción aviar atrayendo miradas de sorpresa y preocupación por mi salud mental por parte del resto de asistentes al evento. Además, si no llamaba la atención por las sandeces que soltaba, lo hacía por mi camisa hawaiana con flamencos estampados y mis gafas de sol rosas para disimular la resaca, pues era un atuendo bastante diferente al de cualquiera que paseaba por el lugar.
En mi mano, ya sostenía mi tercer vaso de licor de caña de azúcar, una bebida peligrosa pues estaba tan buena que bajaba como si fuese agua por mi garganta y que por su culpa ya me hacía caminar algo doblado, y sin saber bien que dirección estaba tomando, pero entre toda aquella confusión una figura se llevó toda mi atención. Una mujer joven, sentada sobre una plataforma mereciendo sus pies inocentemente sobre un gran tanque de cristal, lleno de liquido.
Cambiando de golpe el rumbo, cual misil teledirigido, me planté frente al puesto, mirando con decisión aquellos ojos color ámbar de la muchacha, le señalé con intención de hablar con ella, pero antes si quiera de poder pronuncie palabra el dueño del puesto me interrumpió, dejándome con las ganas de decir cualquier cosa. -¿Quieres jugar amigo? -Soltó mientras se entreteíq con una pelota, lanzándola al aire y atrapándola al vuelo. Quedé estático en el sitio, respirando más fuerte que hace unos segundos y con una sonrisa de disconformidad en el rostro. -¡YA ME HAS JODIDO MI ENTRADA ÉPICA PARA CORTEJAR A LA SEÑORITA CARA ALCACHOFA! -Le grité con indignación, terminando el contenido de mi vaso de golpe y tirándolo al suelo haciéndolo estallar en mil pedazos.
-Okay… ¿En qué consiste el juego? -Mi tono era pasivo agresivo estaba ahí para conquistar el corazón de la peliazul, no para ganarme un premio peluche de una cabra montesa. -¿Si gano puedo tomarla como esposa? ¿Es ella el premio? -Seguí preguntando sin darle opción a explicarme qué era lo que tenía que hacer para ganar.
-No, no ella no es el premio… Pero puedo ofrecerte eso. -Sacó el mismo mapa que le había mostrado a la chica hace unos instantes. -Este mapa esconde el sitio donde sirven el mejor licor de caña de todo este mar, y es tuyo si consigues atinar a la diana del lado del tanque haciendo que la señorita caiga a este, y para ello tienes diez intentos. ¿Qué me dices?
Levanté mis gafas, apoyándolas sobre mi frente, dejando ver mis ojos, abiertos de par en par por el inesperado botín con el que podía agenciarme si lograba ganar este juego de feria. Agarré dos pelotas a la vez, una en cada mano y me giré lentamente hacia mi víctima con una sonrisa sádica en mi cara. -Voy a hacer que te mojes… En ambos sentidos. -Le guiñé un ojo y comencé a lanzar pelotas en ráfaga, una tras otra como una ametralladora. -¡ORA, ORA, ORA, ORA, ORA, ORA, ORA, ORA, ORA, ORA! -Gritaba a pleno pulmón a cada intento que hacía hasta quedarme sin munición, pero tras ello, en lugar de rendirme, me incliné hacia atrás y señalé a la diana, haciendo una pose bastante bizarra. -¡TRAVIS AHORA! -Al escuchar estas palabras el ave que descansaba sobre mi coronilla voló directo al donde apuntaba mi dedo, golpeando así el objetivo y haciendo que la muchacha cayera al agua. Hice una reverencia hacia varias direcciones saludando a un público inexistente como si hubiese ganado.
-No te preocupes se que no he ganado una mierda. -Solté al dueño del puesto. -Solo quería ver la figura de la princesita con el vestido mojado. -Le guiñé dándole un par de codazos mientras reía viendo como la muchacha seguía en aquel tanque transparente.
Desde su privilegiado lugar en la plataforma del tanque cristalino lleno de jugo de caña de azúcar, los ojos ámbar de la dama detallaban las escenas que ocurrían a su alrededor. La vena cotilla, le hacía estar pendiente de todo y de nada a la vez, como aquella pareja de jóvenes que estaban a dos juegos más allá de ella, intentando ganarse un horrible peluche con forma de hormiga, o los tres amigos bebiendo a un lado del stands de salchipapitas piropeando a todas las mujeres bonitas que pasaban cerca de ellos. Algo más que no pasó desapercibido por ella, fue la gran masa de personas que había en ese festival, y en líneas generales, en esa isla. ¿Qué había de especial estos días? ¿Sería la misma razón por la cual Fantasma los trajo al Reino de Samba?
El hombre, moderador del juego, haciendo gala de su extrovertida personalidad llamaba a los transeúntes a participar pero la mayoría, siendo hombres, se negaban a intentárlo bajo la excusa de "que no podían mojar a tan hermosa mujer". Al aparecer, la artimaña del sujeto para hacerla jugar le estaba resultando en contra, lo que provocaba que en sus labios se dibujara una divertida sonrisa. Si seguían sin participantes, entonces… ¿ganaría por default? Posiblemente sí, porque bajo su vena comerciante, ese sería su contraataque, todo o nada, y ella lo dio todo. Se estaba aburriendo de estar ahí sentada, balanceando sus piernas, cuando de pronto, un individuo, difícil de ignorar, clavó sus orbes sobre ella… imposible no darse cuenta de su intensa mirada a pesar de estar usando gafas oscuras, y más cuando la señalo con determinación… ¿Le estaba haciendo una propuesta indecente? No lo sabía pero le siguió el juego, así que le correspondió manteniendole la mirada y luego guiñandole su ojo derecho con encanto sirenezco.
“¡YA ME HAS JODIDO MI ENTRADA ÉPICA PARA CORTEJAR A LA SEÑORITA CARA ALCACHOFA!”
La voz evidentemente molesta se dejó escuchar, María solo pudo llevarse su diestra a los labios y reír ante cada vocablo pronunciado. Al parecer ese hombre, a diferencia de los demás que pasaron, si iba a intentar algo… ¿jugaría o se quedaría en un griterío? Aunque viendo su vestimenta, podía deducir que traería la diversión con sus acciones. Debería preguntarle donde compro la camisa para llevarle a los hombres de su tripulación. Por supuesto, no solo era la camisa, era el conjunto tan estrambótico que lo rodeaba. Por un momento, la celeste pensó que él hombre no jugaría, por su evidente molestia… pero cuando se zampo el contenido del vaso y lo estampo contra el suelo, ella entendió que venía con todo… e hizo lo que mejor sabe hacer, sonreír y posar como una sensual damisela en peligro, mostrando aún más la abertura de su vestido, y por ende su pierna desnuda.
“¿Si gano puedo tomarla como esposa? ¿Es ella el premio?”
Otra delicada carcajada salió sin aviso de sus labios, aquella pregunta le hizo muchísima gracia. Ella no era el premio, así se lo hizo saber el moderador sin embargo, si él hubiera hablado directamente con ella… quizás una apuesta justa hubieran hecho entre ambos, después de todo… hay que jugar los juegos. María solo prestaba atención al intercambio entre los masculinos, detallando más al pintoresco hombre de cabello morado; por un segundo pensó en su hermano Jensen, quien también tenía una presencia varonil pero tirando al lado gótico. El “Cara de Alcachofa” sacó el mismo mapa que le prometió en secreto a ella, haciéndola levantar una ceja ¿Acaso no era un premio especial y único que solo lo conocía Ella? Fue timada por un comerciante, nota mental: Vengarse.
“Voy a hacer que te mojes… En ambos sentidos”
El hombre había picado, el comerciante lo convenció. Es que la opción de ganarse un mapa, sin duda, sumaba muchos puntos a aquellos que amaban las aventuras. Sus palabras la hicieron, en primer lugar parpadear dos veces y más con el guiño que le lanzó, luego echar su cabeza hacia atrás y soltar la risa más encantadora que jamás esos hombres hubieran escuchado en sus vidas. Le hizo demasiada gracia la oración del pelimorado, porque le satisfacía mojarse… en ambos sentidos, siempre y cuando, el segundo de ellos fuera consensuado.
El bombardeo de pelotas se hizo presente sin aviso alguno. Golpe tras golpe, fallo en mojarla, lo que hacía todo aún más divertido… y estuvo a punto de lanzarse un comentario mordaz sobre el fallo de 10 intentos pero no pudo, por dos razones: 1. No dejaba de reírse del sujeto y sus formas; y 2. Él hizo la pose más bizarra que había visto ese día. De esta pose y su grito “TRAVIS”, salió algo de su cabeza. ¿Esperen, tenía algo en su cabeza? Si, un ave que fue directo a la diana, dando por fin en el centro, causando automáticamente que la plataforma bajo su cuerpo cediera, y ella cayera al agua ambarina del jugo de caña de azúcar.
El líquido la cubrió por completo, y ella solo pudo dejarse arrastrar al fondo por la gravedad mientras su cabello ignoraba esta fuerza y danzaba a su alrededor dándole un halo aún más precioso a su imagen. A pesar de estar bajo el agua, María pudo entender lo que le dijo el hombre pelimorado al moderador, con su buena leyo sus labios. Así que era una especie de pervertido, divertido pero pervertido al final del día… segunda persona de la que debería vengarse ese día. ¿Y si fingia que se ahogaba para asustar a ambos? No, mejor jugar… su juego de azar.
Pensada su estrategia, se impulso con los pies para llegar a la superficie y sujetarse del borde del tanque para proceder a sentarse sobre esa fina línea y luego saltar fuera del mismo. Cuando tocó la firme tierra, dejó un charco dulce bajo sus zapatos. Su vestido empapado abrazó su cuerpo en cada perfecta curva, y por el tipo de tela dejaba ver más de lo que hubiera preferido pero qué más daba. Con un delicado y femenino movimiento de sus manos tomó su cabello y lo exprimió hacia su lado derecho, con movimientos lentos y pausados… después de todo, ellos querían verla empapada, ¿no? La bandana en su cabeza perdió toda utilidad, así que se la quitó y se la lanzó al moderador del juego…
— He ganado, doblemente… — habló por primera vez desde que llegó el hombre morado, no le presto atención, se dirigió fue al sonrojado Cabeza de Alcachofa que no quitaba la mirada del cuerpo de la mujer — El mapa, amable Señor Alcachofa — se lo solicitó estirando la mano, y como un obediente corderito el hombre se lo cedió. Lo cierto es que ella era terrible siguiendo indicaciones, y si quería llegar al lugar indicado en la cartografía "como el mejor sitio con licores a base de caña de azúcar" necesitaria ayuda. Ahí levantó la vista, señalando con el dichoso pergamino al tramposo pero divertido pervertido, entonces le prestó toda la atención — ¿Y si te propongo algo mejor y mucho más pintoresco? Mi revancha por tu trampa. Si yo no logro darle a la diana, te dejo el mapa… y haré cualquier cosa que quieras… — con su mano levantó la prenda mojada que por un instante se despegó de su piel, pero al segundo siguiente de soltarla, se volvió a pegar a su cuerpo. Estaba jugando sucio, lo sabía pero primero lo hizo él — … pero si gano yo… Hmmp… — hizo una pausa dramática, sabía bien lo que quería pedir… — … tú haces lo que yo quiera, no sé… ir en calzoncillos por el festival, o tal vez, ponerte una nariz de payaso, o quizás… bailar los chimichimitos… — propuso cosas al azar, porque cualquier cosa sería divertida y ella lo disfrutaría, tener un esclavo por un día…
Lo siguiente que supo, fue que el pervertido morado se subió a la plataforma siendo la próxima víctima del tanque con jugo de caña de azúcar, porque si, ella se tenía muchísima fe de que lograría ganar el juego.
— … Sujetate bien, Tricky Grape. — le pidió tomando una a una las pelotas y lanzandolas, definitivamente debía practicar más presión con Rojo, porque no le atinaba a nada, solo una vez que le pegó al Cara de Alcachofa y fue por error. Le quedaba una pelota, el resto de la tarde se definia en esa pelota… se concentró, miró al hombre morado, luego a la diana y lanzó… fallando epicamente — … Oh, perdí… — musito soltando una risita algo nerviosa, no se lo esperaba pero por lo menos el tiempo que sería su “esclava” sería mínimo — … pero no te privaré de la diversión… — dijo con rapidez dirigiéndose a la diana e imitandolo, si, pulso la diana con sus manos causando que la plataforma cediera como venganza… luego, viendo al hombre le hizo una reverencia (como este antes) — … a sus ordenes, amo Tricky Grape… — dijo con una obvia mezcla de diversión, encanto y expectativa por lo que haría el sujeto de simpática camisa playera mientras esperaba que saliera del tanque para estirarle el mapa, él había ganado de forma justa y ella cumpliria.
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Karmas
Positivos: Belleza, Toque divino, Lector de labios, Alegre, Sentidos aumentados (vista), Extrovertido.
Negativos: Charlatán, Cotilla, Sin orientación.
Miré sin disimulo a la muchacha, sonriéndole y saludándole con la mano según ella seguía flotando en el tanque, sus ojos color ambarino centrados en los míos. En cuanto salió de nuevo a la superficie, el suelo de tierra se encharcó a su alrededor, y sus vestido se ciñó a su cuerpo, destacando cada curva de su delicado cuerpo. Di una par de codazos al vendedor del puesto susurrándole según se acercaba. -Te dije que merecería la pena. -Estaba orgulloso del resultado de mi obra de arte, lanzando un beso al aire a la inocente peliazul según se acercaba.
Dejé que se quedara con el mapa, por ahora, pues obviamente tenía intención de robárselo. El cara alcachofa no opuso demasiado resistencia en entregárselo, pues era cierto que lo había ganado justamente. Pero tras ello me señaló y dobló la apuesta, ahora iba a ser ella quien tiraría las pelotas para intentar que cayera al tanque. Si ganaba podría tener el mapa y ella haría lo que quisiera. Me froté las manos con malicia pensando en todas y cada una de las cosas que podría pedirle. Y si perdía solo tenía que hacer lo mismo por ella, y escuchando las ideas que soltó no era algo demasiado complicado.
-Acepto la apuesta princesita. -Di un salto completamente emocionado por el desafío, hasta que se casi enfrente de ella, me incliné levemente para que nuestros rostros quedaran a tan solo unos centímetros, apoyé mi dedo índice en su barbilla forzándole a levantar su cabeza para que me mirara. -No esperes que lo que tengas que hacer vaya a gustarte. -En ese instante me percaté de un pequeño detalle que había pasado desapercibido para mí hasta entonces, parte de la zona de sus hombros que dejaba ver el vestido estaban cubiertos de escamas. ¿Era humana? Solo había una forma de comprobarlo. Con la misma mano que sostenía la barbilla le agarré de la cara, estrujándole los mofletes, y con un rápido movimiento lamí su mejilla. Su sabor era dulce, probablemente por el juguito de caña de azúcar donde se había sumergido hace tan solo unos instantes.
-No sabes a pescado, que decepción. Pensé que ibas a saber a sardina a la brasa. -Le solté su linda carita, y tras guiñarle un ojo me dirigí a la plataforma de juego, subiéndome rápidamente quedándome de cuclillas sobre esta. Travis subió a mi cabeza de nuevo y con una sonrisa comencé a usar la superficie donde me encontraba como tambor para darle más tensión al asunto. -Dale con todo princesita pervertida, que seguro que quieres ganar para ver en calzoncillos a un tío bueno como yo… -Las primeras pelotas comenzaron a volar en dirección a la diana, fallando por bastante muchas de ellas, otras se acercaban pero tampoco llegaron a impactar. -Si la diana fuese tu madre seguro que le hubieses dado a la primera de lo gorda que está. -Grité en cuanto observé que tan solo le quedaba una oportunidad. Pude ver la determinación en su mirada, estaba dispuesta a hacerme caer fuese como fuese, en cuanto la bola pasó de largo comencé a reír, cayendo de culo sobre la plataforma. -Realmente eres malísima, no has podido darme ni tras meterme con tu… -Mi gesto cambió en un instante, al ver como esta chica se dirigió a la diana para pulsarla ella misma. -Oe oe oe, espera lo de tu madre era broma… -Fue lo último que pude pronunciar antes de caer al tanque de golpe y que Travis saliera volando de nuevo hasta el tejado del puesto de feria.
Desde el fondo le saqué ambos dedos medios a la chica la cual sonreía inocente, como si no hubiese sido ella quien había apretado la diana. Nadé a la superficie, tragué parte del líquido, manteniéndolo en mi boca y se lo escupí en chorro a la cara de aquella joven peliazul, como venganza, mirándole con cara de pocos amigos.
Impulsándome con ambos brazos salí del tanque de golpe, agitando cada músculo de mi cuerpo salpicando líquido en todas direcciones, secándome como si fuese un perro. La camisa también se me ceñía a mi cuerpo delgado. Mirando el desastre, comencé a desabrochar uno a uno los botones hasta dejarla abierta. Crují mi cuello y me dirigí a donde se encontraba la muchacha, quedándome a su lado, usé su vestido como servilleta para secarme el líquido que aún recorría mis manos y tomé el mapa, abriéndolo delante de ella.
Comencé a asentir mientras ya veía cómo iba el juego. Al parecer el puto mapa de los cojones llevaba a un local situado en mitad de la jungla, iba a ser complicado encontrarlo y más a estas horas. Suspiré algo decepcionado, comprendiendo que posiblemente fuese un reclamo comercial más que un mapa y un tesoro de verdad.
-Bueno, señorita… -Dejé un espacio para que dijera su nombre. -Tenemos dos opciones, podemos meternos en la puta jungla de los cojones, mojados en azúcar, para ser mucho más suculentos para tigres y otros depredadores con tal de buscar el licor de caña, o… -Agarré su cintura con fuerza, tirando de su cuerpo hasta quedar pegado al mío, sintiendo su cuerpos rozar el uno con el otro, tan solo separados por las prendas mojadas de cada uno. -Puedo invitarte a una copa~ -Comencé a entonar y con mi mano libre acaricié su mejilla, inclinándome poco a poco hasta que mis labios estaban apenas a unos milímetros de los suyos. -Acercarme a tu boca~ -Finalmente nuestros labios se juntaron en un suave pero dulce beso. -Robarte un besito~
Tras ello me volví a separar dándole algo de espacio, pero guiñándole un ojo. -Esto es por no haberme tirado de forma legal en el juego. -Solté como si nada, todo esto ante la atenta mirada de Cara alcachofa, el cual se quedó detrás del puesto sin saber cómo reaccionar. -¿Entonces qué? ¿Vamos a la jungla a ser devorados por una manada de chimpancés hambrientos, o nos quedamos en el festival y lo pasamos de puta madre? -Le sugerí, esperando que tomara la decisión correcta.
Un beso al aire.
Un suave toque del mentón.
Un apretón de cachetes.
Un lametón en la mejilla.
¿Que le faltaba a ese hombre por hacerle? ¿Besarla? El sujeto de cabello morado no conocía el concepto de espacio personal, y como ella se estaba divirtiendo con la interacción tan random que había conseguido en ese festival de caña de azúcar, tampoco le importaba mucho; claro, pondría un límite si sentía que abusaba de su suerte, quizás un límite que hiciera que su zapato conociera su entrepierna o su palma su bronceada mejilla.
¿Sardina? Llevó su mano a la boca para evitar que vieran su leve sonrisa. La comparación le causó mucha gracia, grandes peces sus primas las sardinas… que en tiempos de hambrunas salvaban vidas humanas o creyó escucharlo una vez. Dejando eso de lado, oírlo “animarla”, solo la hacía sonreír más… ¿Ver a un tipo tan bueno como él en calzoncillos?¿Su madre gorda? Ni siquiera la recordaba pero no podía negar que tenía razón, si la diana fuera más grande seguro acertaría a la primera ¿Pero cómo podía apuntar con precisión con semejantes distracciones? No, no podía. Ese hombre era un torbellino pero ella también lo era, sería una batalla de voluntades que no estaba dispuesta a perder.
Cuando lo hizo caer, de la forma más tramposa posible, vio volar al ave de su cabeza mientras él se sumergía en el azucarado tanque, al tiempo que le mostraba sus dedos medios, ella solo le sonrió con postura encantadora. En los labios de la semi sirena se reflejaba una inocente sonrisa que contrastaba con la cara de pocos amigos que tenía el hombre cuando emergió a la superficie, lanzando un chorro de agua de su boca como si fuera una fuente… al ver esa acción la chica simplemente se echó para atrás con agilidad para evitar ser… “escupida” — …. pero amo Tricky Grape, que pocos modales tiene. Parece un horrible… ¿cómo es que es que se llamaban? Ah, si… pirata — comentó con dulzura como si ella realmente fuera “una princesita” que tuviera a los piratas como los monstruos de los cuentos.
Cuando el hombre salió del agua azucarada se sacudió como un perro, las gotas volaron en todas las direcciones. María no se apartó, dejó que el pelimorado la volviera a “mojar” porque si. Los orbes de la mujer siguieron los habilidosos dedos del acaparador de su atención, dedos que desabrocharon uno a uno los botones de su colorida camisa de flamencos dejando su torso al descubierto, y tenía que darle la razón, otra vez, si era agradable de mirar la verdad pero lamentablemente para él, ella siempre estuvo rodeada de hombres guapos o de cuerpos sexys, así que en teoría era inmune a esos atributos “físicos”.
Él se acercó, ella no se alejó. Él seguía invadiendo su espacio personal, ella se lo permitió. ¿Se estaba secando con su vestido mojado? ¿O solo estaba intentando levantar su falda para ver debajo? Su locura lógica le indicaba que era lo segundo. Lo dejo pasar, nuevamente. Cuando tomó el mapa y lo abrió, María instintivamente se inclinó para chismosear el contenido pero para ella solo eran garabatos incomprensibles, era el gigante Thyrm quien sabía leer esas cosas.
“Bueno, señorita…”
Cuando él terminó de analizar el pergamino informó sobre las opciones. ¿Así que el bar quedaba en una jungla? Debía ser el mejor licor de la isla para que beberlo representará un riesgo a la vida misma, un riesgo que implicaba tigres y otros depredadores pero si eso haría feliz a sus nakamas en el largo viaje que les esperaba entonces ella estaba dispuesta a ir por ese brebaje del averno. Y otra vez, volvió a romper su espacio personal, tomándola por la cintura y acercándola a su cuerpo... era piel sobre piel solo separada por la fina tela de sus prendas. Cuando le tomo la barbilla y la acerco poco a poco, no lo creyó capaz de más, no podía…
¿Recuerdan lo que le faltaba por hacerle?
Si…
Ocurrió… La beso…
Labio sobre labio…
Suave como el aleteo de una mariposa…
Inerte como una roca…
María parpadeo una, dos, tres veces procesando lo que acababa de ocurrir… desde que era dueña de su cuerpo nadie se había atrevido a tocarla sin su consentimiento, pero eso quedaba en segundo lugar cuando… pensaba en el asunto… ¿Asunto? ¡SI! Como un hombre con esa aura daría un “beso suave y dulce”, menuda decepción, ahora faltaría que cuando lo golpeara en la entrepierna no encontrará “nada”. Ante ese pensamiento no puedo más que comenzar a reír, una risa que comenzó sutil pero fue escalando a una tan audible y encantadora como su belleza misma.
Las palabras del hombre se perdieron entre su risa, las lágrimas se le salían de los ojos. ¡Ahora necesitaba saberlo! La cotilla en su interior necesitaba respuestas, y las iba a conseguir. Tomando aire para calmarse, se limpio las lagrimas — …. Amo, amo, amo — dijo acercándose a él en un par de brinquitos, colocando sus manos en su pecho desnudo y viendo hacia arriba, después de todo le sacaba unos buenos metros — …. primero lo primero porque no podemos comenzar por lo tercero, el inicio con el principio, nos ayuda a ser coherentes con el final de las opciones que has planteado amo Tricky Grape, no podemos comenzar sin antes solventar esos detalles de importancia nivel Azul, grado cuatrocientos dieciocho — le comento sin apartar sus ojos de los suyos, ámbar sobre morado — …. Primero… — dijo quitando la diestra del pecho y mostrandole solo el dedo índice levantado como si fuera un uno — …. ¡Me has robado un beso! Y eso en mi reino imaginario es un delito grave. Tendrás que pagar una fianza muy grande: cinco copas, no una (tacaño); una mascota con pelos, un hermoso broche para el cabello… y claro, dolor físico… — comentó ahora señalando para luego proceder a darle una bofetada, pero fue simbólica porque no le dio con la fuerza suficiente como para hacerlo voltear la cara o sacarle un diente, que podría pero se contuvo — …. Segundo… — ahora era ella quien usando ambas manos sujetó las mejillas del hombre haciendo que se inclinara cerca de su rostro — …. si vas a besar, hazlo bien — le susurro sin apartar la mirada, como si le contara un secreto prohibido y delicioso; entonces rompió la distancia haciendo que sus labios se unieran, distinto al beso suave y dulce que él le dio, el de ella iba cargado de sensualidad y hambre, con su lengua se abrió paso a la cavidad del hombre, invadiendo aquella boca que minutos antes solo soltaba payasadas y ahora era callada por su propio aliento. El sabor a caña de azúcar mezclada con el licor que Tricky Grape había consumido antes se apoderó de sus papilas gustativas, su cuerpo se pegó más y más al suyo; la cercanía que él había tenia antes, no era nada comparada con esta, que casi fusionaba sus pieles. Los ojos de María se medio cerraron, y aunque estaba bromeando con el hombre, eso no minimizaba que el cuerpo reaccionara a los estímulos, y aquel beso la estaba estimulando y mucho, cuando le faltó el aire se separó soltando un suspiro mezclado con gemido — …. tercero — lo soltó dando un paso hacia atrás, y recobrando sus sentidos… ¿cuánto tiempo llevaba sin besar a alguien? Mucho, desde que Ashviel la rescató del burdel; es más, era el primer beso que daba por voluntad propia, y eso la hacía sentir bien, porque besar no debería ser malo, debería ser una forma de mostrar cariño y cercanía hacia otros, pero en su caso los besos nunca no fueron consensuados, los besos que en su vida habían sido… arrebatados contra su voluntad, y por eso nunca los había disfrutado realmente… hasta ahora, que fue ella quien quiso y pudo hacerlo.
Libertad
Ashviel le hablo sobre ella.
Ashveil le enseñó sobre ella.
Ashviel le mostró sobre ella.
Ashviel le había abierto los ojos a un mundo que ni se imaginó poder alcanzar, ser dueña de sus actos, ser dueña de su cuerpo, ser dueña de su vida. Acababa de besar a un desconocido pervertido porque ella quiso, y cuando él lo hizo sin permiso ella pudo sin miedo reprocharle y abofetearlo… ahora podía actuar y sentir con libertad, cada dia entendía mas y mas a su bohemio capitán, y porque todo giraba en torno a la libertad — …. tercero… — repitió con una sonrisa traviesa formándose en sus labios y un brillo especial emanando de sus ojos — …. haremos todo, iremos por ese licor de caña de azúcar, pelearemos contra esos tigres y depredadores, beberemos esas copas y la pasaremos de la puta madre, Amo Tricky Grape — sentenció con toda la seguridad que el poder sobre su vida le daba, así que sin más empezó a caminar hacia la derecha, decidida de ir a la jungla.
— Señorita, la jungla está hacia el otro lado — le gritó el moderador Cara de Alcachofa, haciendo que la celeste se girara, y comenzará a caminar hacia dónde le indico el sambero. Esperaba que su agradable amo la siguiera…
Al dejar atrás el festival, llegó al borde de la selva… una que se veía muy tupida. Si, definitivamente ahí habrían muchos animales, de tamaños y formas distintas pero ni esa idea iba a quitarle la adrenalina y ganas de comerse el mundo, y lo haría junto al pervertido cabello color uva — Se ve como toda una aventura, amo — le comento con los brazos en jarras viendo la densa vegetación que se extendía frente a ellos — Por cierto, ya que compartimos fluidos deberíamos compartir nombres, mis amigos me dicen MM… puedes decirme así amo, y tu para mi siempre serás Capitán Tricky Grape Pervertido… ¿el ave tiene nombre? — hablo con encanto e inocencia como si ella no se hubiera comido bruscamente su boca antes, si iban a estar juntos, qué mejor que empezar a conocerse.
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Resumen: María evita el chorro de agua usando su agilidad, que es mayor que la tuya. María poco a poco asimila la libertad de la que habla tanto su Capitán Ashveil, al darse cuenta que es dueña de si misma (dejo evidencia de ello en este tema).
Una reacción algo exagerada para un beso. Fue lo que pensé cuando lágrimas comenzaron a brotar de los ojos de la chica. Parecía inocente, inexperta, tal vez éste había sido incluso su primera vez. Comenzó a murmurar sandeces sin sentido ante las cuales me relajé, con una mirada de confianza y soberbia, asintiendo como si me importara las reglas de su reino imaginario y el grado del delito que había cometido.
Según comentaba cada una de las cosas que tenía que aportarle en compensación por mi descaro. Hacía el gesto de ir anotándolas en una libreta imaginaria. Cinco copas, podía robar una cartera e invitarle con el dinero de esta. Una mascota con pelos, creo que las cangrejos tenían pequeñitos, le regalaré un cangrejo. Un broche para el cabello, bueno tampoco eran tan caros. Y… ¿Dolor físico? Me detuve por un momento arqueando una ceja para ver cómo la chica se lanzaba a darme una bofetada. No sé si fue por la escasa fuerza de la peliazul, pero ni me dolió en absoluto, apenas la sentí como una leve caricia seguro que estaba montando todo este espectáculo porque le había gustado. Una sonrisa se esbozó en mi rostro. ¿Ya está? Si que pedía poco esta chavala, no me importaba besarla otra vez si el precio por mis acciones era tan bajo.
Fui a quejarme, una señorita con buenos modales y elegancia no debía ser tan violenta. Abrí la boca para poder decírselo y hacer un poco de drama, pero fui interrumpido por sus palabras, unas que me desconcertaron aún más que todas y cada una de las sandeces que había pronunciado hasta ahora. -Si vas a besar, hazlo bien. -Me agarró la cara con ambas manos, y con la suficiente fuerza para inclinar mi cuerpo, nuestros labios se volvieron a juntar. Mis ojos se abrieron de golpe y mi cuerpo se tensó ante la inesperada intromisión que me pilló por sorpresa.
Su lengua se movía dentro de mi boca con soltura y pasión, una pasión que no tardé en corresponder. Mi sorpresa inicial fue sustituida por excitación. Mi cuerpo ardía en deseo, uno que iba a ser difícil extinguir. Cerré los ojos solo para sentir como la dulzura del jugo de caña de azúcar se juntaba con la amargura del licor, creando un sabor tan adictivo que iba a ser imposible olvidar en un tiempo. Fue ahí cuando entendí que me había equivocado, la chica que se hallaba frente a mí, aquella que devoraba mi boca con fervor, a pesar de deslumbrar con una inocencia pasmosa, tenía más experiencia de lo que en un inicio podía llegar a creer.
Mis manos recorrieron su cuerpo aún mojado de arriba a abajo, rozando su vestido rojo como si se tratase de su propia piel, hasta detenerse en sus caderas, agarré su culo con fuerza y tiré de ella hacia mi, nuestros cuerpos chocaron, casi fusionándose el uno con el otro.
Durante este momento fue como si el tiempo se hubiese detenido y el mundo girase únicamente para nosotros. Una vez tuvo suficiente la chica se apartó levemente, dejando un fino hilo de saliva entre nuestros labios. Mis ojos solo podían mirar los suyos ambarinos llenos de júbilo y alegría. Mi respiración estaba agitada y mi mente no pensaba con claridad. -Joder… -Solté casi en un suspiro. -Si besas así no me quiero imaginar como follas… -Terminé de soltar sin ninguna clase de tacto o delicadeza.
Sin perder a penas un segundo ella sentenció de adentrarnos en la jungla, beber las copas de licor de caña y enfrentarnos a todos los posibles peligros y depredadores que pudiera albergar este inhóspito terreno. Su entusiasmo era contagiable al punto de que pese a que creía que era una mala idea, y prefería quedarme en la seguridad del festival decidí acompañarla.
Sabía que me iba a meter en problemas cuando se alejó en dirección contraria a la que teníamos que ir. Tomando esta clase de decisiones se notaba que no era mi cerebro quien tomaba las decisiones, sino más bien otra parte del cuerpo.
Una vez ya con las carpas, tenderetes y bullicio a nuestras espaldas saqué el mapa listo para guiar el rumbo. -Antes de que salgamos unas sencillas normas, si ataca algún bicho enorme que quiere comernos tú te pones delante para protegerme. -Alcé mi brazo con dos dedos levantados. -Lo segundo es que yo dirijo, acabo de ver que no se te da bien tomar decisiones, así que tú simplemente agárrate a mí y ni se te ocurra perderte, o te quedas sin el broche para el pelo.
Al cruzarse los brazos en jarra, entrelacé mi brazo con el suyo. -Y lo tercero, ¡vamos a pasarlo de puta madre! -Grité entusiasmado, dando el primer paso hacia la aventura, juntos, agarrados el uno al otro. Hice una señal a Travis, el cual se hallaba sobre nosotros sobrevolando el terreno, si el veía algo raro o encontraba el sitio nos lo diría, o más bien comenzaría a emitir soniditos para que nos diéramos cuenta. Como hacíamos siempre, el era mis ojos y yo los oídos.
La chica no tardó en comenzar a hablar de nuevo, haciendo referencia a que si nos habíamos besado deberíamos al menos saber nuestros nombres, y ella se presentó con dos letras a lo que supuse que eran sus iniciales. -¿MM? ¿Eso viene por Merluza Marinada? Yo te hubiese llamado más MP, Merluza Pervertida pega más con tu personalidad, podría decirse que a los dos nos queda bien ese adjetivo. -Le dediqué una sonrisa pícara, antes de echar otro vistazo al mapa, el cual según nos alejábamos de las luces del festival se apreciaba cada vez menos pues ahora era solo la luz de la luna la que nos acompañaba.
-Nuestro amigo de ahí arriba se llama Travis, se podría decir que es mi mascota… lleva a mi lado unos cinco años ya. -Según nos adentrábamos en la naturaleza, el follaje a nuestro alrededor se volvía más denso, y el jolgorio y griterío había sido sustituido por por sonidos de insectos y el aullido de algún tipo de simio en la lejanía. Me sentía responsable ahora mismo por lo que me callé y traté de tomarme enserio el hecho de encontrar el sitio, pese a el mapa parecer jeroglíficos. Pero tenía un plan claro para orientarme, el lugar estaba cerca de un afluente del Río principal que recorría la isla. Si encontraba el río encontraría el lugar.
Llegó un momento que el mapa quedó inservible pues escuché el fluir del agua en la lejanía. Sin siquiera avisarle a la medio sirena, partí el mapa en dos y lo tiré por ahí. -Ya no vamos a necesitar ese trozo de papel inservible, yo controlo. -Vacilé seguro de mi mismo. No tardamos en llegar a un claro, el terreno era pedregoso por lo más importante es que había encontrado el río, era mas un riachuelo pues el caudal no era excesivamente cuantioso.
-Vale señorita… Ahora solo debemos seguir la corriente y tras ello encontraremos el sitio del que hablaba el cara alcachofa ese. -Me acerqué a la orilla y comencé a lavarme un poco la cara cuerpo, pues la humedad había sido sustituta por una sensación de pegajosidad, jugo de azúcar. Hacía tiempo que no me duchaba, tal vez unos tres días, así que aproveché para refrescarme un poco. -Y una cosa, ¿las escamas de tu piel por qué son? ¿Tú madre se folló a un rodaballo y eres medio pez? -Tras soltar eso me tiré de golpe al agua la cual me llegaría por la cintura, y comencé a lavarme el pelo.
Había quedado atrás…
El festival…
El jugo de caña de azúcar…
El beso que compartieron…
Ahora, frente a ella se extendió la selva de ese reino; un sitio que estaba dispuesta a explorar con el hombre de cabello morado, un hombre que minutos atrás había correspondido a su beso con igual pasión, y tocado su cuerpo como si fuera propiedad pública, aun ardían sus nalgas, ahí dónde la sujeto con fuerza. No podía negar, que, en el fondo, disfrutar del contacto físico con consentimiento se sentía muy bien, demasiado bien… ella que siempre tuvo que ceder su cuerpo, y refugiarse en su mente, ahora podía decidir quien la tocaba y quien no. Ese poder la tenía embriagada, la hacia sentir la reina del mundo, por lo menos, de su propio mundo.
Antes de que salgamos unas sencillas normas, si ataca algún bicho enorme que quiera comernos tú te pones delante para protegerme.
La voz del hombre la saco de sus cavilaciones. Por un segundo proceso sus palabras. ¿Así que no la iba a tratar como una princesita? Eso le gustaba, ella nunca había sido la protectora… entonces, era la oportunidad de serlo, defendería a su amo provisional — …. Claro, Capitán Tricky Grape, yo me encargo de los bichos enormes. Nadie va a tocar a mi amo mientras yo este presente — sentencio con alegría formando puños con sus manos y dando un par de golpes al aire, golpes que casi le dan al hombre pero que por suerte no lo alcanzaron — …. Hmmp — musito la celeste al verlo levantar el segundo dedo y dar la explicación. Ella solo pudo sonreírle, con su encanto característico. Si, su brújula interna estaba defectuosa y por supuesto que tomaba malas decisiones, estaba entrando con un desconocido con síntomas de perversión a una jungla peligrosa… cualquiera con sentido comun sabría que no era la más inteligente de las decisiones… — …. Mi amo toma las decisiones. Entendido, fuerte y claro, como la claridad de las mañanas cuando el sol despierta por el horizonte… ¿Por qué no se apaga si está saliendo del mar? Muy loooooocooooo… ¿Verdad? — pregunto solo para bromear, ella podía estar loca pero no era tan tonta, aunque una vez si hizo esa pregunta y el segundo al mando del barco pirata dónde se encontraba le dio un manotazo que la dejo viendo pajaritos; aquel tipo era un erudito que se tomaba muy enserio sus cosas de intelectuales.
El hombre paso su brazo entre la apertura que había dejado ella cuando puso sus brazos en jarra, a lo que ella correspondió el agarre mientras lo escuchaba con suma atención, como si de su boca salieran las verdades del universo — …. De puta madre. ¡YEAH! — estuvo de acuerdo con él, su frase vulgar y poco elegante le gustaba mucho, se sentía bien decirlo. María, después de todo, no era una mujer de palabras malsonantes, ella era una delicada flor, que siempre fue cuidada por sus amos cuando entendieron el valor de su cuerpo y belleza sin igual.
¿Eso viene por Merluza Marinada? Yo te hubiese llamado más MP, Merluza Pervertida
Ante su juego de palabras, ella solo pudo reírse. Las suaves melodías salieron de su boca, tan fascinantes como su misma presencia — ¿Pervertida? — dijo entre risas cuando él también se coloco dicho adjetivo, sin duda le quedaba mejor a él que a ella — …. Oh… Travis el Travieso… ¿cómo su dueño? — pregunto buscando al ave con la mirada, ella también tenia una mascota, bueno no era suya sino del gigante Thrym pero la quería como si le perteneciera de verdad — …. Nosotros tenemos a Cara Melo, es grande… más grande que tu y yo juntos, y peludito; tiene con nosotros como… Hmmm… cinco eternos y maravillosos… días. Seguro se llevaría bien con Travis El Travieso — le comento recordando al enorme komashika y como el gigante pelirrojo se lo gano en el casino del crucero en el cual arribaron al Reino de Samba.
Las palabras fueron fluyendo, era fácil conversar con el desconocido de extravagante personalidad, tal vez porque María Merlot era igual de extrovertida y estrambótica. Cuando el paisaje se hizo mas denso, el hombre guardo silencio… parecía que se tomaba enserio lo de encontrar el tesoro dentro de la selva. Así que ella lo imito, viendo a su alrededor y pegándose más y más a su brazo, porque no quería que ningún bicho o rama la tocara. A lo lejos escucho unos aullidos, y el zumbido de insectos le indicaban que no estaban solos, solo esperaba que, si salía una bestia, fuera una fea que no le doliera golpear, como por ejemplo… un mono.
— … ¿Amo? — lo llamo al ver como rompía en mil pedazos el mapa. ¿Sin mapa como llegarían a la taberna? Tal vez el hombre se había dado por vencido y volverían sobre sus pasos. Si la aventura se terminaba ahí, se sentiría muy decepcionada, ella aun tenía y quería, disfrutar de esa peculiar compañía — … ¿tu controlas? — repitió inclinado la cabeza algo desconcertada pero viendo la confianza exudar por cada poro no pudo más que sentirse igual; su cuerpo, mente y alma estaban en concordancia con su improvisado Capitán — …. Controlalo, amo, contrólalo — le animo abrazandose más a él mientras le dedicaba una sonrisa de cachorra viendo a su dueño, si fuera mink y tuviera cola, la estuviera moviendo al sujeto — …. Ooooooh — salió de los labios de la celeste al ver el agua, sus ojos brillaron con emoción. Ella amaba todo lo que fuera líquido, todo lo que hiciera un charco y aunque no se veía profundo era perfecto para chapotear. Si le preguntaban, era mejor tesoro que el licor de caña de azúcar. El sitio estaba rodeado por rocas que se veían algo babosas, pero de resto, todo parecía un buen claro para pasar el rato. El hombre se soltó de su agarre y empezó a lavarse, no era mala idea considerando que la humedad de la selva mezclado con la zambullida en el tanque de jugo dulce, había dejado su piel pegostosa.
Los orbes ámbar lo miraron... siguiendo sus movimientos varoniles y desgarbados. No era un tipo apuesto con una belleza como la suya, pero tenía algo magnético que contrarrestaba ese detalle. ¿La seguridad en sí mismo? Tal vez.
Y una cosa, ¿las escamas de tu piel por qué son? ¿Tú madre se folló a un rodaballo y eres medio pez?
Sus preguntas, la hicieron sonreír de nuevo, trayéndola a la realidad de su tan exótica compañía. No la dejo responder, porque se tiro de inmediato al agua. Salió un poco más allá, el agua le llegaba a la cintura, considerando que le saca unos buenos centímetros, su cintura seria casi el cuello de la mujer. Lo vio lavarse el cabello, tan violetas como sus ojos. Si, sin miedo a equivocarse podría decir que no era apuesto… la etiqueta perfecta para él era atractivo y magnético. Era alguien que posiblemente no volvería a ver en su vida, alguien que sería un recuerdo de Samba y esa selva… ese pensamiento la entristeció un poco, nunca había conocido a alguien como él, por eso pensar en perderlo le estrujaba el corazón… sin embargo, lo descarto con rapidez, ella disfrutaba de un día a la vez, y se regocijaría de este momento y del divertido hombre. Después de todo, solo lo sabrían ellos y nadie más, un recuerdo efímero de la Glu Glu Glu Glucosa.
— ¿Te gusta esa palabra? — le comento, saltando de una piedra a otra y manteniendo el equilibrio para no caerse, iba a entrar al agua pero aún no — Follar, follar, follar, follar, follar… como debes follar, tu madre se follo a un pez… follar follar follar follar — lo imito entre risas, porque a pesar de que evidentemente era un pervertido, no podía evitar verlo también como un payaso que la hacía reír con locuras iguales a las suyas… ¿De verdad ahora que encontraba a su alma gemela, iba a irse lejos? Parecía que sí, todo fuera por Fantasma, pero atesoraría esta interacción… y el día aún era joven — …. No sé si fue mi madre o mi padre quien se follo un pez, pero si... uno de los dos lo hizo. Y heme aquí — le respondió guiñándole un ojo con picardía, luego salto a otra roca, en la cual le costo más mantener el equilibrio pero lo logro — …. No te preocupes Travis el Travieso, lo de follar animales se quedó en mis padres. Estas a salvo amiguito emplumado — bromeo buscando al águila con la mirada y saludándola como si la entendiera — …. se ve delicioso — miro al hombre en el agua… ¿se refería a él o al rio? Nunca lo sabrían.
Sin decir nada más, la mujer se quito el chaleco tejido y lo tiro a la roca más cercana. Luego tomo la parte de abajo del vestido y fue subiéndoselo poco a poco, revelando sus piernas, luego su panty, siguió subiendo con lentitud pasmosa, dejando ver su cintura, llegando al borde de su brassier y terminando por quitarse toda la tela rojiza, que tuvo el mismo destino que el chaleco, una roca más allá de ella. Debajo de su vestimenta tenía un juego de lencería muy sencillo y unicolor (vinotinto) igual que el vestido — …. me gusta mucho mojarme, amo Tricky Grape — le sonrió con doble sentido al tiempo que metía los dedos de su diestra entre su cabello para llevarlo hacia atrás, encontrándose con su otra mano intentando hacer un moño alto, pero sin nada con que sostenerlo fue en vano; ese simple gesto, dejo aun más al descubierto cada curva de su cuerpo y su nívea piel. La fémina salto de la roca, se quitó los zapatos, y las medias dándole la espalda al hombre que seguramente lo que vería, además de su larga melena celeste, era su bien formado trasero. Luego se giro y lo miro — …. ¡Allá voy amo! — le advirtiendo tomando impulso para acortar la distancia con la resbaladiza roca de antes, en la que pretendía posicionarse y saltar… todo bien calculado, exacto porque descalza su agarre fue menor y termino resbalándose y cayendo de frente sobre la superficie del rio…
PLASSSSSSSSSSSSSSSSSSH
Fue lo único que se escuchó, casi al mismo nivel que el dolor del latigazo sobre la piel blanca de la joven, que solo pudo quedarse ahí y dejar que la gravedad la hundiera, mientras aguantaba el dolor cuyo grito se perdió entre el agua del rio. Eso dejaría una marca, y vergüenza, aunque esto ultimo le importaba poco. Conociendo lo poco que ya conocía al masculino, seguro sus burlas no tardarían en llegar. ¡Qué mal momento para ser torpe! Cuando llego al fondo se volteo, viendo las piernas del hombre desde la profundidad que le permitía ese riachuelo… tenía dos opciones, quedarse a vivir ahí por siempre… o hacerlo pasar la misma pena, para burlarse en partes iguales. Si, estaba siendo traviesa, pero en su cabeza sonaba como la mejor idea del mundo… así que nado hasta él, sujetando el costado de su pantalón corto y tiró con todas sus fuerzas de este, tanto así que esperaba hacerlo perder el equilibrio para que se fuera de lado y pudiera robar el pantalón con mayor facilidad.
Cuando la tela estuvo en sus manos se impulsó hacia el lado contrario saliendo a la superficie, el agua recorría su piel como pequeños e hipnóticos diamantes — …. Amo, creo que se le perdió algo… — saco su botín y lo ondeo al viento, mientras se reía de su travesura, una estampa increíblemente hermosa, porque cuando el agua la cubría su encanto de sirena se magnificaba o eso solían decirle. Sin esperar respuesta fue hasta la roca más cercana, y con ayuda de sus manos salió del agua y sentó sobre esta como si fuera la reina de la jungla, una reina cuya corona fue colocada por si misma, si, el pantalón del chico se lo puso en la cabeza como si fuera un sombrero, con el elástico hacia abajo; quizás en cualquier otra mujer hubiera quedado ridículo pero en la semi sirena, quien era dueña de una belleza natural solo la hacía ver aún más única y especial; claro, ahora estaba colorada por el golpe contra la superficie, pero eran detalles que no restaban sino que sumaban — … ¿me tapo los ojos para darte privacidad mientras terminas de limpiarte? — bromeo colocando las palmas de sus manos en su cara pero con los dedos abiertos, obviamente estaba viéndolo sin pudor alguno y su jugarreta se notaba a leguas.
Su pregunta me pilló de golpe. ¿Qué si me gustaba esa palabra? Follar. La verdad no lo había pensado nunca pero era bonita, y era cierto, la usaba mucho, sobretodo para indicar que lo había hecho con la madre de la persona con quien hablaba. Me encogí de hombros mientras seguía lavándome, escuchando como confesaba que sus padres eran unos zoofílicos. Aunque si esta chica me atraía, ¿al ser medio pez a mi también me hacía mediozoofílico? Nah, sus curvas merecían la pena esa etiqueta.
Habló de no querer tirarse a mi pájaro y menos mal. Ya me jodería que mi mascota me robase a mi ligue de esta noche, suficiente tenía con mi hermanastro, menos mal que esta noche había salido solo. Le solté una mirada de odio a Travis por si se le ocurría hacer algo pero ahí seguía, dando vueltas en círculos sobre el claro. Pero al escuchar su siguiente frase giré mi cuello lentamente colocándolo en una posición tan extraña que daba la sensación de habérmelo dislocado. -Se ve delicioso. -Aquellas palabras salieron de su boca como si nada. ¿Se refería a mi? ¿A mi pollo volador? ¿O a una trucha que acababa de pasar? No le conocía aún demasiado pero podía ser perfectamente cualquiera de esas tres.
Sin disimular un pelo, rígido en el sitio, abriendo los ojos tanto que casi se salen de mis órbitas y comenzando a babear un poco vi como comenzaba a quitarse el chaleco, el cual acabó tirando en una roca cercana. Dándose cuenta de mi excitación pareció querer aumentarla aún más, subiéndose la falda muy lentamente, dejándome saborear el momento. Mi corazón se aceleró y ya ni el agua fría de otoño pudo detener mi erección. Aquel contraste entre inocencia y sensualidad podía conmigo, era como una droga de la que quería más y más, y mi objetivo era seguir tirando de la cuerda hasta ver hasta donde nos podía llevar.
Y por si no fuera suficiente. -Me gusta mojarme. -Me sonrojé furiosamente, su aspecto y actitud podría hacerme creer que solamente quería meterse al agua conmigo y limpiarse un poco tras caer al tanque de glucosa. Pero aquel beso… Ese beso el cual me hacía temblar el cuerpo solo de pensarlo, me hacía pensar que tal vez esto no lo hacía para darse un simple chapuzón. Fue entonces cuando tuve la sensación que no tenía el control, que era aquella chica risueña e inocente la que estaba jugando conmigo y no al revés. Pero eso no me hizo achantarme, no iba a volver a abrir mi corazón y a sentirme vulnerable, no otra vez. Por lo que al esta girarse y mostrarme su culo para quitarse las medias y sus zapatos una media sonrisa se dibujó en mi cara, acompañada de una mirada envuelta en determinación.
Realmente su figura era divina, saltando entre roca y roca iluminada bajo la luz de la luna la cual se reflectaba sobre las escamas de su espalda haciéndole parecer estar cubierta de pequeñas y delicadas joyas. No obstante aquella estampa no duró demasiado, con un alegre grito anunció que iba a saltar junto a mi, lista para darnos un baño nocturno.
No llegó demasiado lejos, perdió el equilibrio haciendo caer de frente a la superficie del Río, dándose un planchazo que hizo eco a nuestro alrededor. Estallé a carcajada pura, cayendo hacia atrás, mi espalda chica do contra la superficie lisa de una roca cercana. -¡ERES UNA INÚTIL, TE ACABAS DE CARGAR EL MOMENTO! Con lo bien que te estaba quedando. Si fuese el dueño de un circo no tendría dudas en contratarte como payaso… -Seguí con la burla, hasta que sentí sus pequeñas manos agarrarse a la goma de mi pantalón. No pretenderá… No pude pensar nada más, pues con una agilidad pasmosa bajo el agua y una fuerza mayor a la que esperaba me quitó los pantalones de cuajo haciéndome caer hacia atrás.
Salió del agua con su habitual sonrisa, celebrando haber conseguido su botín, moviendo mis shorts en el aire como si de una bandera se tratase. Se sentó sobre una de las piedras que había sobre la orilla, colocándose la prenda recién robada sobre su cabeza, haciéndome soltar otra leve risa esta vez no para humillarle ni por qué sintiera que era patética, realmente me había hecho reír con su gesto infantil de hacer como si se cubría los ojos.
-Muy gracioso princesita… Pero puedes mirar si quieres, ya sabía yo que querías ver a un tío bueno como yo en calzoncillos. -Dije quitándome la camisa, ya empapada lentamente, tirándola hacia el resto de prendas ya quitadas de la chica. -¿Pero sabes qué? Te apuesto cien berries a que quieres ver más que eso pervertida. -Solté señalándole de forma acusatoria. Y casi como un acto reflejo, di un pequeño saltito en el agua para quitarme la ropa interior y lanzársela directamente a la cara, sin darme cuenta que tenía un estampado de sirenas chibis que podría usar para burlarse de mí.
Caminé seguro de mi mismo hasta la orilla, y cuando llegué di un salto, saliendo de golpe ahora completamente desnudo, para quedar al lado de aquella chica la cual volvía locos cada uno de mis sentidos. Mi mirada estaba cargada de picardía y lujuria, hice unos estiramientos, curvando mi espalda hacia atrás y luego moviendo mi cabeza para hacerme crujir el cuello. Ahora sin ropa, no había interpretación a la duda si es que alguna vez la hubo.
Me agaché hasta que mi mirada quedó justo clavada en la de la mujer. -Y retomando la pregunta de antes… -Sin previo aviso acaricié con mi mano derecha la mejilla de la muchacha y mi dedo pulgar invadió de golpe su boca, forzándola a abrirla, haciéndole salivar de más, casi como un adelanto de lo que estaba a punto de pasar. -Sí, me encanta la palabra follar, pero me gusta aún más si va seguida de “contigo”. -Mi izquierda, recorría libremente torso, corriendo libre por su piel fina y mojada, atrayéndola más y más hacia mi, invitándola a compartir un pecado que solo la selva y nosotros seremos testigos.
¿Lo planeo?
No.
Solo se dio…
Y lo iba a disfrutar…
¿Y saben qué? Por las expresiones del hombre morado, él también lo estaba disfrutando. La mirada matadora al ave, el sonrojo furioso de sus mejillas y la evidente erección, le demostraban que, o era muy sensible, o ella realmente no había perdido el toque de volver locos a los hombres. Claro, cuando se dio de lleno contra la superficie del rio, y escucho bajo el agua la burla, tuvo que darle la razón: Se cargo el momento con la caída; pero, como lo había decidido, no le importaba porque era más encantador ser genuinos y divertidos, que aburridos y frígidos, es más, sus amos serios y con aura de “tipos malos” siempre habían resultado ser los peores amantes, y con los pitos más pequeños; aunque, no era la herramienta, sino como la usaba.
La risa del hombre, cuando la vio colocarse su pantalón como corona, la hizo reír también… no sabía porque reía, solo se había contagiado con la buena aura del pervertido capitán uva. Como lo pensó antes, y como le dictó su corazón con cada interacción, había encontrado un alma como la suya, llena de irreverencia, locura y buenas vibras; un alma que no se regía por la seriedad de la sociedad, ni fingía ser lo que no era; un alma delirante, y las mejores personas eran delirantes con mucha muchosidad.
“Muy gracioso princesita… Pero puedes mirar si quieres, ya sabía yo que querías ver a un tío bueno como yo en calzoncillos.”
Volvió a decirle “princesita”… no sabía si le gustaba o no el apodo, aunque al parecer todo lo que venía de ese sujeto… le fascinaba, casi a nivel hipnótico, así que por el momento disfrutaría del mote, y quizás si jugaba bien sus cartas, podría subir a Reina o Diosa. ¿Mirar? Claro que iba a mirar, y lo estaba haciendo entre sus dedos, después de todo... pudor y María no iban en la misma frase… nunca jamás. Como su treta fue descubierta bajo las manos y lo miro sin vergüenza alguna, no era guapo, pero si atractivo… su sex-appeal la comenzó a envolver desde el juego de la caña de azúcar, y ella se dejó arrastrar por la curiosidad que le generaba y también porque… sentía que estaba siendo libre, que por primera vez podía jugar por voluntad propia y no por miedo u obligación. Si era honesta, y siempre lo era, él no era el único excitado en ese claro selvático.
Hyakinthos tenía un hábito, morder sus labios cuando estaba nervioso o estresado… justo ahora, María estaba mordiendo su labio inferior, no con fuerza, sino como alguien que veía algo que le gustaba, y quería devorarlo. Y más aún, cuando la camisa de flamencos dejo de ser un impedimento para seguir con su escrutinio, definitivamente estaba bien formado, no grotesco o flácido, solo la justa medida.
“¿Pero sabes qué? Te apuesto cien berries a que quieres ver más que eso pervertida.”
¿Le gustaban las apuestas? La semi sirena solo se rio, tan encantadoramente como siempre. El dedo del masculino señalándola, la distrajo de la respuesta que iba a darle… era laaaaaargo, acorde a su gran mano, que era proporcional a su altura, una que sobrepasaba, al ojo por ciento, los dos metros, y que la dejaban como una enana de un metro setenta. ¿Él sabría usar sus manos, y sobre todo sus dedos, con la misma habilidad que usaba su piquito de oro? Ese pensamiento, la hizo soltar un leve suspiro, ajena a la acusación del sujeto, ella… o más bien, su cuerpo estaba… siendo estimulado por las cavilaciones y expectativas; en ese punto, y luego de todo lo que le dejo hacerle, no podía no aceptarlo… él encendió una llamita en su… vientre, y ahora ella quería jugar con fuego… y quemarse con placer.
El hombre tenía una manía muy curiosa: lanzarle cosas, y esta vez no hubo excepción, porque su ropa interior fue disparada sin miramientos a su dirección, a lo que la chica con agilidad (y algo de reflejos) termino cachando, y cuando lo detallo, una carcajada… de deleite puro, salió de sus labios. La ropa interior estaba estampada, y curiosamente eran pequeñas sirenas… se trataba de un fan de su especie. Ella se quedó viendo el bóxer por un instante, procesando la casualidad y llegando a la conclusión de que nada en el mundo pasaba sin motivos, ese día que ya se había convertido en noche, ese encuentro con el hombre de cabellera morada, no había sido una casualidad, sino el destino que la había chocado de frente con… su media uva (naranja), y nada tenía que ver con el amor, era algo más fuerte, más potente, más psicodélico, más… carnal y sensorial, más… más… más… como una resonancia de sus propias esencias. Y ese entendimiento, la hizo… palpitar, y no solo fue en el corazón.
— …. parece que no solo a mi familia le gusta follarse peces. Que gran hipócrita, amo; pero le doy puntos por su buen gusto… — se burló con la tela en las manos, tenía que hacerlo, porque al parecer… su dinámica sería así, y la verdad lo disfrutaba, como una batalla sana de locuras e ingenios… en la que obviamente ella ganaría.
Luego lanzo el bóxer hacia un lado, mientras lo seguía con la mirada. Caminaba con esa seguridad que lo caracterizaba, y eso hacía que su desnudez fuera aún más… atrayente. Cuando salto y salió del agua… los orbes ámbar lo siguieron, y claro que se detuvo en aquella parte de su cuerpo que lo etiquetaba como hombre. Olviden sus dedos, o su lengua, definitivamente esa parte… se veía y sentiría mucho mejor; estaba bien dotado, y excitado, cual mástil pirata… ¿podría seguir creciendo? Ella… no lo iba a negar, quería descubrirlo como la cotilla que era.
La roca se sentía caliente, o era ella cuya temperatura corporal estaba subiendo poco a poco. Para distraerse de los pensamientos impuros, movió las piernas, lo que ocasiono que sus pies removieran la superficie del agua, mientras de reojo lo veía estirarse como si estuvieran en el medio del festival y no casi desnudos con una increíble tensión sexual en el ambiente. Después de sus movimientos, se agacho para quedar a su altura, a lo que ella… que deseaba seguir hilando ese juego, se giró para que su cuerpo quedara hacia su frente. Su mirada, violeta sobre la suya ámbar… había algo en sus ojos… que ella quería interpretar como: Vamos a hacer cosas de adultos desinhibidos y sucios, esclavos de sus deseos carnales…
“Y retomando la pregunta de antes…”
¿La pregunta? Casi siempre estaba perdida en su mente, ahora que su cuerpo latía con anticipación carnal, menos iba a estar recordando cosas… así que esperaba él fuera más explícito... para que sus neuronas hicieran sinapsis hacia la conversación y no hacia las sensaciones que iban creciendo dulcemente en partes… estratégicas de su cuerpo. Y tan sensibles como que… cuando él toco su mejilla, entrecerró por inercia los ojos, estaba mojado… y ella adoraba el agua… tal vez y solo tal vez, si se acercaba un poco más podría lamerlo, y saborear cada gota de agua de aquel desgarbado pero magnético macho.
Y sin previo aviso, su pulgar se metió a su boca, una invasión que en cualquier otro momento, y con cualquier otra persona, hubiera terminado en un mordisco… con mucha sangre, pero sentir aquel grueso dedo entre sus labios y reposar sobre su lengua, la hizo actuar por instinto… entrecerró su boca, sujetando el dedo con los dientes con suficiente fuerza para que dejara una marca pero no para dañarlo, y luego, considerando lo que había pensando antes de sus dedos largos y manos grandes, procedió a disfrutar del momento… o más bien, deleitarse con el sabor que su bronceada extremidad podía aportarle como preámbulo de algo más… duro.
La lengua de la chica lo rodeo, como si se tratase de una piruleta. Lamida y relamida, por un lado, y por el otro, y con su cuerpo reaccionando… positiva y fogosamente. En la acción, su boca salivo, dejando caer un hilo por el lado opuesto de la mejilla que acariciaba el hombre. Con un chupetón que termino con sus labios fruncidos y un sonoro MUUUUUUUUUAK, se inclino hacia atrás, dejando que el elemento extraño saliera de su boca, lo que hizo a continuación fue mirarlo a sus ojos violetas mientras se relamía los labios.
“Sí, me encanta la palabra follar, pero me gusta aún más si va seguida de contigo.”
La frase dicha en voz alta sonó tan ridícula que la mujer dejo caer su cabeza hacia atrás, exponiendo su níveo cuello a la vista del hombre, mientras soltaba una divertida y mordaz risa. ¿De verdad, alguien con su apariencia, acababa de soltar algo tan cliché? Tenía que burlarse en voz alta, pero se distrajo un momento por el toque del hombre sobre la piel desnuda de su torso, y más cuando la atrajo hacia a él, en una invitación “ruda” y consonante a lo que transmitía; ella se dejó arrastrar pero, y considerando su reciente adrenalina de libertad y poder, no quería dejarlo ser el guía, no al principio… quería saber que tanto podía ser la dueña, y participe voluntaria, del acto sexual… un acto que, en su corta vida, nunca hizo por voluntad propia.
Usando sus manos, las puso sobre el pecho del hombre, y lo empujo levemente hacia atrás, haciéndolo caer con sutileza de culo, para que quedara sentado sobre el suelo (y no inclinado/cuclillas como estuvo durante la intromisión del dedo pulgar), con esta acción también buscaba que él dejará de tocarla, porque el juego en su cabeza pasaba por torturarlo… con mucha sensualidad. María araño con, más presión de lo normal, los pectorales del pelimorado, moviendo sus manos unos centímetros hacia abajo, dejando el rastro de sus ocho dedos y uñas en un camino que se iba tornando rojo. Se detuvo antes de llegar a los pezones, fue entonces cuando dejo de ver el pecho y su travesura marcada; y levanto la mirada al sujeto… ¿qué vería él? Sus ojos ámbar llenos de diversión, picardía y excitación.
Apoyándose en su pecho, acorto la distancia aun más, él era más largo, así que ella tuvo que poner una rodilla en su muslo, al lado del amiguito que parecía endurecerse más y más; luego, sin llegar a rozar sus pieles, acerco su rostro al de él, saco la lengua y la paso por sus labios, una captación suave y pausada, como si estuviera disfrutando de… un dulce vino — …. He perdido 100 berrys, amo… — pronuncio, con su voz mezclada entre un toque encantador proveniente de su mitad sirena y el ardor que iba ganando territorio en su cuerpo.
Dejo los labios del hombre, y fue hasta su oreja, prácticamente estaba montada encima de él, pero teniendo cuidado de no tocarse demasiado, un paso en falso detonaría aquella pirotecnia de sexo desenfrenado… porque no tenía duda que sería crudo y lujurioso — …. tengo una mejor apuesta, amo… — le susurro dejando que su aliento cálido arropara el lóbulo de su oreja, la derecha por cierto — … duplico la apuesta, 200 berrys… a que no aguantas 2 minutos… sin tocarme… — le propuso con los labios ahora pegados al lóbulo, y como era dueña de sus sensaciones, hizo lo que quiso, y lo que quiso fue coger aquella parte de su oreja entre sus labios y succionarla con pasmoso erotismo, por un segundo se perdió en las sacudidas propias, y dejo escapar un pequeño gemido — … empieza a contar… amo — le ordeno con su voz cargada de… calor dejando un rastro de besos y lamidas por su cuello, y una chupada con lengüetazo en la pronunciada manzana de Adán.
María, ella no sabia nada del hombre, como él no sabia absolutamente nada de ella. Sin embargo, y si nada sucedida, la celeste iba a devorarlo en el medio de la selva, por una sencilla razón… por fin entendía que era dueña y señora de su cuerpo, y ahora su cuerpo le estaba pidiendo liberación…, y que mejor que con un tipo, que, aunque no fuera hermoso si era muy jodidamente seductor e irresistiblemente atractivo. ¿Y saben? Sin importar qué, ella iba a disfrutarlo como nunca… pero primero, tenia una apuesta que ganar, o como mínimo intentar empatar… no se confiaba de sus deseos.
— … espero que este símbolo no sea de precocidad… — musito entre risitas de broma, separándose un poco del masculino para pasar su dedo índice por la forma del rayo que tenía pintado en el pecho luego se acercó y con su lengua fue recorriendo el mismo, ella no se apresuraba, se tomaba su tiempo para disfrutarlo, aunque el reloj estuviera en su contra. Entre lamida y lamida iban escapándose gemidos, y eso sin contar como se sentía… mojada en cierta parte de su cuerpo, y más cuando en su deslizamiento hacia la parte inferior del hombre, de cuando en cuando la punta de su duro y fogoso pene acariciaba su piel. Mentiría si dijera que no lo había visto, y menos que no lo había sentido en todo ese toqueteo, pero ya llegaría a él… y lo apreciaría como se lo merecía.
Luego de recorrer el rayo, subió al pezón izquierdo, lamiéndolo y tirando de este con sus dientes, y no, no con delicadeza, con ese hombre no quería nada dócil, y esperaba que cuando fuera su turno, la hiciera gritar de placer; si la trataba como una princesita se sentiría defraudaba, y su libido quizás decayera; quería sexo duro e impersonal, eso es lo que pedía a gritos su cuerpo, por lo menos para ese primer round. Sin olvidarse del pezón derecho, con su mano libre lo pellizco… ¿si se dejaba llevar, saldría a flote su fuerza descomunal? Esperaba que ese hombre fuera resistente… en todos los sentidos, por si acaso; por supuesto, algo le decía, que, si él moría por snu snu, sería el más dichoso de los mares.
Después de jugar siguió bajando, gateando hacia atrás; y dejando besos repartidos en su abdomen bien definido, y una lamida circular alrededor de su ombligo; hubiera profanado el orificio, pero… tenía un mejor sitio al cual atormentar. Cuando llego al inicio de su vientre, la expectación aumento… y su excitación propia también, pero no fue su boca la que se hizo presente, sino su diestra que con una suave caricia fue subiendo por el pene erecto, al tiempo que ella, miraba con atención al miembro masculino y como se veía tan firme como un tronco. Él era mas grande que María, y definitivamente, en su órgano masculino… se reflejaba esa diferencia. Por un momento tuvo el tonto pensamiento de que era muy grande para ella, pero eso solo lo pensaría una estúpida virgen, él podría entrar… él iba a entrar, costaría, seguro, pero sería… delicioso y deleitable.
Y con ese pensamiento, su mano llego casi a la corona, ahí lo dejo de tocar, y se apartó de él quedando arrodillada entre sus piernas abiertas, con el mástil erecto como escenario. ¿Por qué lo hizo? Para que tuviera toda la visión de la hermosa semi sirena, en ropa interior, y claramente excitada. Así llevo su propia mano, con la palma abierta, a su boca, y empezó a lamerla con los ojos entrecerrados... la estaba llenado de saliva… por una buena razón, mientras con la otra recorría su esternón y bajaba a la parte de sus senos que sobresalían del sostén, hizo ademan de bajárselo para mostrarle sus tetas, pero… ¿no seria más divertido que él desenvolviera el regalo? Así que continúo bajando hasta llegar a su panty y meter la mano dentro, su lengua ahora entraba y salía por entre sus propios dedos. Estaba mojada, lo cual no le sorprendió… sin embargo, no hizo nada más… que frotarse, una leve masturbación, lo que la llevo a soltar unos gemidos sensuales mientras se medio daba placer propio… — … amo… ¿qué te gusta más? — le pregunto sobreentendiendo que se refería a la mano con saliva o a la mano entre su panty. No esperaba una respuesta, porque las humedeció para jugar bonito, y sin importar su opinión, usaría ambas sobre su pene, así que sin dilatarlo rodeo el pene con ambas manos. Y esta vez, fue subiendo con mas de rapidez. Al llegar a la punta, con la mano de la saliva lo agarro y con la mano de su ropa interior, teniendo la palma abierta, lo cubrió haciendo círculos en ambos sentidos para estimularlo… estaba duro, estaba caliente, era grande, y esa perspectiva, la provoco aún más…
Cuando dejo de estimularlo, se inclinó, pasando su lengua por la hendidura que se encontraba por debajo de la corona hasta subir y rodearlo con su lengua para rematar la acción con un beso. Luego con sus labios fue bajando por el pene erecto, beso y beso, lengua y lengua, mientras con su mano diestra facilitaba la comida y con la otra se apoyaba en el muslo de él, cuando llego al final, bajo a sus bolas, esa parte, como había aprendido hacía mucho tiempo, debía tratarse con suavidad, así que con su lengua atrajo el bulto a su boca y lo chupo con delicadeza. Su propia entrepierna latía, y sus pechos estaban tensos, momento de dejar de jugar, así que hizo el camino de la felación de regreso, llegando de nuevo a la punta del pene, y esta vez si lo llevo a su boca. Al principio la punta fue aplastada contra su lengua, que volvió a estimular la ranura del órgano, y que luego empezó a lamerlo como si se trataba de una piruleta que no iba a soltar, y con cada lamida lo metía más y más en su cavidad, usando una de sus manos para sostenerlo y acariciarlo y la otra para jugar con la bolsa de sus pelotas — … amo… lo sabía… eres… de-li-cio-so — se despego para respirar, su voz era un reflejo de su interior, estaba caliente… sin más, volvió a metérselo en la boca, esta vez llego más hondo con su lengua saboreándolo y con su diestra estimulándolo en el tronco… no sabía como se estaba sintiendo él, pero ella tuvo que retirar la mano que jugaba con las bolas y usarla para frotarse sobre su ropa interior, otra vez estimulandose sola, estaba febril, su cuerpo… quería liberarse. En ese punto se arrepintió de ponerle el reto de no tocarla… ojalá cediera y la manoseara como estuvo haciendo todo ese tiempo, o se acabara el tiempo rápido… y fuera su turno de vengarse, de hacerla delirar y gritar. ¿Él continuaba contando o ella perdió la noción del tiempo y el espacio? Ah, y sin contar, que todo lo hizo con su corona, el short de él en la cabeza.
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Y tu te sabes mis karmas... donde no figura el de seductor.
Por motivos de mi presente, mi avatar ahora es pelirrosada pero sabes que naturalmente soy celeste, te dejo una imagen para que no olvides con que María andas roleando xD
Sus manos tocaron mi pecho y desde ese instante me dejé llevar. Caí hacia atrás, apoyando mis codos en la roca para amortiguar el impacto y mire hacia arriba, a aquella chica que estaba apunto de convertirse en el pecado que cometería esta noche. Sus uñas se clavaron en mi piel presagiando la ferocidad que residía en su interior, una cualidad que escondía detrás de aquella fachada de dulzura e inocencia. Una que por suerte para mí ya no tenía delante, pues sus ojos me indicaban que la fiera tenía hambre y yo estaba a punto de ser su comida.
Sostuve una sonrisa desafiante al ver las marcas rojas sobre mi piel, pues las consideraba un aviso de que lo que estaba por suceder no era un juego de niños, que sería intenso, y eso me gustaba, pues estaba un poco cansado de las chicas que me pidieran que fuera gentil y que no les lastimara. Pero ella… Ella parecía ser diferente a la mayoría de polvos que había tenido antes. Gateó por mi cuerpo hasta quedar justo encima de mi, mis brazos envolvieron su cintura, jugando con el elástico de la parte de abajo de su ropa interior, amagando con quitarlo de un momento a otro. Sus lengua, dulce y húmeda rozó mis labios, gesto al cual respondí haciendo un ademán de morderle los labios, deteniéndome justo en el último instante.
Al parecer tenía razón, la joven no pudo resistirse a mis encantos y quería ver más y había perdido la apuesta, aquella declaración hizo que mi pecho le llenara de orgullo. Además el roce de su cálido aliento en mi oído me hacía excitarme más y más, mi miembro se endureció tanto, que de cuanto en cuanto la punta de este rozaba el vientre de la chica. Joder, quería hacerlo en ese mismo instante, obligarle a bajar y finalmente poder sentir su calor y hacerlo hasta que o bien yo quede seco o ella se rompa. Pareció que me leyó la mente cuando prosiguió doblando la apuesta, y el reto que puso fue algo que a priori parecía un reto imposible, un hecho que no me esperaba en ese instante. “No poder tocarla.” Tenía que estar jugando conmigo, tenía que ser eso, con la semejante excitación que tenía encima, ¿cómo me podía pedir algo así?
Aprovechando mis últimos momentos antes de aceptar la apuesta, levanté una de mi manos que aún seguían jugando con su cintura y le di una fuerte nalgada una que resonó por todo el lugar, enmudeciendo a los pocos animales cercanos que podían haber por el lugar. -Acepto… Pero espero que no me supliques parar cuando ese tiempo termine y pueda finalmente usar tu cuerpo como me de la puta gana… -Le susurré de vuelta, jugando mi turno en aquel juego de seducción que habíamos comenzado posiblemente desde el primer momento que nuestras miradas hicieron contacto.
No pareció achantarse, pues a pesar de mis palabras, su boca comenzó a jugar con mi lóbulo, yo aparté mis manos de ella, agarrando la piedra sobre la que estaba apoyado. -Empieza a contar amo… - Se atrevió a pronunciar con descaro ¿Además de aguantar todo eso debía hacer un esfuerzo matemático? Mis cojones, prefería perder la apuesta, pero ya como reto personal le dejaría ver de lo que es capaz, además de tomarlo como reto personal, y a partir de ese preciso instante, el pececillo comenzó a obrar su magia.
Comenzó con mi cuello, lamiendo y mordiendo a su antojo a la vez que bajaba muy lentamente deslizándose por mi cuerpo, incliné la cabeza hacia atrás instintivamente, lo cual le dio un mejor acceso a mi garganta para entretenerse con ella. Apreté los dientes, tratando de contener leves gemidos. -Espero que este símbolo no sea de precocidad. -Volvió a pronunciar burlándose del maquillaje de mi pecho en forma de rayo, el cual debido a haber caído al tanque de glucosa y al agua del río se encontraba difuminado y casi borrado. Bajé la mirada, pero no contesté, me limité a observarle con un gesto de lujuria contenida, haciéndole saber que esta apuesta no iba a durar demasiado, pues ella iba a ganar en cualquier momento.
No se cansaba de provocarme, cada toque, cada caricia parecía estar medido para ponerme cada vez más y más, incluso… hasta ese asalto a mis pezones, el cual me hizo arquear la espalda y soltar al fin el primer grito de placer, fue una pieza más en hacer que mi mente se nublara haciéndome pensar únicamente en querer que aquel juego del demonio terminara, y poder comenzar de una vez al acto principal.
Bajó lenta y sensualmente repartiendo aún más besos y lamidas per el resto de mi torso y vientre. A cada vez que descendía más y más podía sentir su cuerpo húmedo pero a la vez caliente se deslizaba sobre el mío. El roce de su piel era adictivo, posiblemente lo consideraría mi nueva droga favorita detrás del alcohol dependiendo de cómo continúe esto. Me alegré soltando un leve suspiro en cuanto llegó al final, pensando que ahora, al fin iba a comenzar a usar su boca para darle la atención que mi duro y palpitante miembro requería. Pero no podía estar más equivocado. Fue su mano la que suavemente fue subiendo lentamente desde su base hasta casi llegar a la punta. Para acto seguido retroceder un poco y quedándose mirándome, y en ese momento pude discernir algo. Su expresión también estaba cargada una excitación desmedida, probablemente también estaba deseando lo mismo que yo. -Joder… ¿Vas a quedarte ahí o vas a continuar?
Lo dije sin pensar, pues la imagen era tan hermosa que me podría quedar así durante horas, observando el cuerpo casi desnudo de la semisirena, a la cual veía cada vez más como una musa, una que podría inspirar más de alguna de mis canciones más adelante.
Comenzó a lamer una de sus manos, empapándola de saliva. A la vez que la otra bajaba por su pecho, torso y vientre hasta que alcanzó el interior de sus bragas, comenzando a masturbarse lentamente frente a mi, soltando leves gemidos, acompañados de un leve movimiento de caderas involuntario. Fue en este instante cuando me reincorporé, quedando casi sentado, pero aún apoyando los antebrazos en la roca para no perder el equilibrio, observando el show privado con el que la chica me estaba deleitando. -Realmente eres una zorra pervertida y no una dulce princesa… -Yo también comencé a tocarme a un ritmo lento y pausado, mi mano izquierda subía y bajaba por mi pene, el cual estaba completamente duro y empalmado por su culpa. -Y eso encanta…
No dejó mucho tiempo para que me diera placer por mi mismo, pues pese a que la apuesta consistía en no tocarle a ella y no dijo nada de tocarme a mí mismo, sustituyó mi zurda por sus dos manos, las dos humedecidas. Si me preguntaran cuál de las dos era más excitante si la que estaba cubierta por sus propios fluidos, o su saliva, no sabría responder. Pero la combinación de ambas era espectacular. Si con sus besos y lamidas me estaba costando controlar mis gemidos, esta vez no pude disimular. Gruñidos y fuertes suspiros se escapaban de mi boca involuntariamente, cada vez más fuertes y sonoros mientras las diestras muñecas de la chica me llevaban a un estado de éxtasis indescriptible.
Una vez fue su boca la que comenzó a envolver mi miembro, tenía la mente perdida y los ojos entrecerrados. ¿La apuesta? Ya me daba lo mismo. Aparté el fino cabello celeste que le pudiera molestar de su incesante trabajo, acariciando su cabeza con mi mano derecha y su nuca con la izquierda. No me podía creer que sus movimientos fueran tan coordinados y precisos, pues al igual que todo su cuerpo, su boca era muy pequeña pero eficiente, tendría que estar haciendo su mejor esfuerzo para que cupiera todo mi grueso en esta. Pero si a ella le gustaba jugar y torturarme, era justo que yo también pudiera divertirme.
-No se si lo has estado haciendo aposta todo este tiempo. Pero no sabes cuánto me gusta que me llames amo y ahora que ya he perdido la apuesta… -Ejercí más presión con mis manos que se habían posado sobre ella, para dar a entender que ese era el motivo de mi derrota, y no que no había siquiera empezado a contar en ningún momento. -Me tocará ejercer como tal. -Continué, quitándole de golpe mis pantalones los cuales seguían sobre su cabeza todo este tiempo, como una corona. Pero ahora ella no era más la reina, o más bien la “princesita” ya era hora de que fuera yo quien retomara el control.
Agarré su pelo con fuerza en mi puño, ahora era yo quien controlaba sus movimientos, hice que continuara dándome placer oral pero a un ritmo más lento, tortuoso, uno que me dejara pensar con mayor claridad. Gracias a esto pude ver cómo la mano que no estaba sosteniendo mi amiguito, se encontraba sobre su ropa interior, frotándose de nuevo por encima de esta buscando contacto desesperadamente
Reí levemente pues por ahora iba a tener que esperar un poco, pues ahora que era mi turno debía castigarle un poco de vuelta. Más le valía haberse acostumbrado a mi anchura, pues a pesar de que le obligase a tragar lentamente, mi cintura comenzó a moverse, al principio solamente acompasando con una precisión milimétrica sus engullidas. Glu glu glu glu glu… Fue lo único que se escuchaba en aquel claro según fui subiendo la velocidad, su cabeza quedó estática para ser únicamente yo quien realizara todo el trabajo, entrando y saliendo violentamente de su boca sin apenas darle oportunidad a tomar aire.
Se sentía demasiado bien, sentir la humedad y el calor de su aliento envolver mi miembro casi me hace llegar al clímax en ese momento de intensidad, por suerte, me controlé y me detuve momentos antes de que esto pasara. Forzándole a estirar su cabeza hacia atrás, liberando todo mi largo de golpe con un “plop” que resonó a nuestro alrededor. Me incliné, agarrando de nuevo su cara con mi mano libre mientras la otra aún le sostenía del pelo, y pasé mi lengua desde su barbilla hasta la comisura de sus labios, saboreando la combinación de su saliva y las primeras trazas de mi esencia. -Tenías razón, estoy delicioso. -Dije riéndome con un tono burlesco, liberándola finalmente.
Pero mi diversión no terminó ahí, ya sentado completamente, le di un leve empujón en los hombros haciéndole caer sobre sus espalda, y acto seguido me coloqué entre sus piernas mirándole desde arriba. -Te voy a dar un consejo. -Comencé a desatarme poco a poco la bandana de estampado de leopardo, que aún adornaba mi frente. -Si quieres torturar a alguien y asegurarse de que no toque, asegúrate de que no puede hacerlo. -Me incliné lo suficiente para quedar a unos centímetros de la pequeña sirena, y mis manos comenzaron a subir por el contorno de sus brazos hasta alcanzar sus muñecas, juntándolas y apretándolas con fuerza por encima de su cabeza. Donde finalmente haciendo uso de mi última pieza de mi atuendo ya removida las até, restringiendo los movimientos de la chica, dejándola más vulnerable a mis siguientes jugadas.
Volví a levantarme y el el proceso agarré con fuerza el sujetador, para desgarrarlo de golpe, partiéndolo por el centro en dos mitades, dejando al fin sus senos al descubierto. Yo me había desnudado ya desde un inicio, ahora era su turno de mostrar su precioso y bien proporcionado cuerpo. Lo primero que hice fue tocar y masajear su zona recién expuesta, pero no gentilmente. Con movimientos bruscos pero deliberados movía sus pechos en círculos, pellizcando con fuerza sus pezones duros por la excitación, a la vez que la parte favorita de mi cuerpo se frotaba contra su parte más sensible por encima de sus bragas. -Te vuelvo a doblar la apuesta. -Solté en voz baja, a la vez que el movimiento de mis caderas aumentaba de velocidad, pudiendo sentir el contorno de sus labios palpitantes y mojados pero aún cubiertos, envolviendo toda mi anchura. -Te apuesto a que no puedes aguantar las ganas de que te la meta ya.
Solté una risa malvada cuando en lugar de hacer esto último volví a inclinarme, apartando mi cintura de la suya y deteniendo el movimiento de mis manos sobre su pechos, pero pellizcándolos con mayor potencia. Mi boca se acercó al oído derecho de la muchacha, mi aliento rozándolo con sensualidad. -¿A qué jode ser torturado de esta forma? -Le susurré para acto seguido bajar a su cuello, mordiéndolo con la suficiente fuerza para dejarle una marca que duraría unos días pero tampoco para hacerle daño. Con una suavidad pasmosa, comparada a la intensidad de antes. Comencé deslizarme como hizo ella antes, pero en mi caso no lo acompañé de besos y lamidas. Fueron solo mis manos las que leyeron cada curva como si estuviera escrita en braille, hasta llegar al elástico de sus bragas.
Una vez allí, volví a ser rudo, quitándolas de golpe, tirando de ellas hasta liberar el preciado tesoro que iba a probar esta noche, algo más rico y jugoso que el licor de caña de azúcar. Me apoyé en sus muslos, apartándolos, haciendo que se abriese más de piernas. Bajé la cabeza de golpe y pasé la lengua lentamente por esta húmeda y carnosa parte de su cuerpo, de abajo a arriba, saboreándola de inicio a fin. -Tu también estás deliciosa. -Aclaré una vez terminé volviendo a posicionarme sobre ella. Pues lo único que quería con esta acción era provocarle aún más.
Pero era hora, ya habíamos jugado lo suficiente. Estaba jodidamente excitado y me apostaba un testiculo a que ella también lo estaba. Así que aún con riesgo a cargarme el momento. Me puse sus bragas sobre mi cara como un antifaz improvisado, respirando profundamente para percibir mejor el dulce aroma que estas emanaban. En algún lado había escuchado que a las chicas le gustaban los hombres enmascarados, así que decidí comprobarlo por mi mismo.
No le di tiempo a quejarse o a reírse de mí pues sin previo aviso. El roce empezó a convertirse en penetración. Comencé lento pues, por la diferencia de tamaños costó que encajara, pero por suerte estaba muy bien lubricada, por lo que pese a su estrechez conseguí entrar. Una vez logrado lo más complicado, le sonreí genuinamente, aunque no pudiera ver mi gesto, oculto tras su ropa interior. Por un segundo tenía miedo de que fuese a ser demasiado para ella, que se iba a romper al primer intento, pero me sorprendió lo bien que lo resistió. No me contuve, pues a un ritmo brutal y salvaje, invadía la cavidad de la chica sin miedo a que no pudiera soportar mi tamaño. Con una de mis manos le sujeté de la cadera para que no se moviera demasiado con cada fuerte golpe de cadera y la otra volvió a su pecho, agarrándolo fuertemente. Pues bajo aquella noche de casi luna llena, y bajo la atenta mirada de mi curiosa ave, apoyada en la rama de un árbol cercano, nuestros cuerpos se unieron como uno solo.
Off
Me hace gracia la idea de que Travis nos mire mientras lo hacemos