Elara Vangrim
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
15
35
15
111
46
20
40
31
0
107
26-12-2025, 08:41 AM
El sonido de los incontables golpes contra la madera resonaba en toda la calle. No era un ruido molesto, sino un latido constante que marcaba el paso de los habitantes en Isla Karate.
Elara caminaba por el borde de un pequeño canal de agua, observando cómo los pétalos de los los árboles caían y flotaban sobre la corriente. El aire aquí siempre olía a una mezcla extraña de sándalo y esfuerzo físico. Al menos, desde el tiempo que Elara estaba en la isla, se había acostumbrado completamente a esta situación. No era algo que fuese alejado a la realidad, pero al menos estaría bien el poder estar tranquila en ese ámbito.
Se detuvo frente a un pequeño puente. Sus alas, algo pesadas por la humedad del ambiente, se agitaron brevemente para sacudirse el polvo del camino, que a veces en algunas ocasiones era bastante incómodo. No buscaba nada en especial; solo quería disfrutar de un momento de paz antes de que el sol terminara de ponerse tras las montañas. De seguro no habría nada de malo en eso. O eso es lo que ella misma pensaba.
Sacó de su bolso una pequeña manzana, la frotó contra su túnica y le dio un mordisco mientras se apoyaba en la barandilla del puente. Sus ojos verdes se perdieron en el reflejo del agua, donde las nubes se movían lentamente. Era un ambiente bastante cómodo, agradable y no había ningún tipo de problema. De eso no cabía duda.
— Qué lugar tan curioso... nee~ —susurró para sí misma.
A pocos metros, un grupo de aprendices terminaba su entrenamiento, pasando a su lado con reverencias. Elara les devolvió una sonrisa tímida, sintiéndose diminuta entre tanta disciplina, al menos ella lo encontraba bastante interesante. Se quedó allí quieta, disfrutando del crujido de la fruta y del sonido del viento entre los árboles, esperando que el azar decidiera quién cruzaría el puente ese día.
Solo era una tarde tranquila, o al menos eso parecía.
Dashrath Rifenhardt
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
77
62
18
18
80
53
52
27
0
50
Dia 15 de Primavera Año 16.
Iba vestido de manera sencilla con un overol azul, sin camisa, sin zapatos, simplemente despreocupado para así permitirme disfrutar de la cálida luz de la madrugada que cubría del camino de tierra, piedra y olores a hierbas, manteniendo un ritmo suave de caminata a través del campo busque con una simple mirada encontrarme con la razón por la qué sostenía en mi zurda a una cubeta de carnada y sobre mi hombro con una caña verde de pesca, manteniendo parcialmente libre una de mis manos mientras iba cruzando la abundante figura de altos bambúes que era esta montaña, recorriendo sin pesar mientras escalaba, un paso a la vez y de bajada buscando de aguas.
Isla Karate era un lugar importante de muchas maneras. Pero, esta vez había venido de paso siendo que apenas encontraría de una a dos horas, para disfrutar de todas sus maravillas en una breve escala que habríamos hecho, obligados a nivel técnico debido gracias a un problema de la embarcación, ¿honestamente? no sabía los detalles únicamente que iba de camino a baretilla para poder integrarme en la sede de la armada marina de aquella isla, pero de momento, escapándome un rato e ignorando un poco las advertencias de mis compañeros había decidido que seria buena idea trotar un poco por los alrededores, ver el paisaje y quizás saber un poco más de las escuelas.
Esperaba en un futuro cercano poder regresar a esta isla, aprender, empaparme y ser rigurosamente templado con las exigencias de los famosos maestros que guiaban con tanta fama a quienes buscaban entender el camino, bastante seguro de qué podría destacar más que nadie que se hubiera visto hasta ahora, pero lejos de mi ilusión por ahora únicamente podía llegar hasta un puente rojo que cruzaba un crio y mirar en las colinas a discípulos, observando con enorme agrado, sin cruzar el puente rojo como los locales o sin presumir de bellos uniformes como eran los que dibujaban una escuela concreta en su espalda, simplemente observando como un forastero.
Entonces avance unos cuantos pasos ignorando que estaba el puente rojo para empapar mis pies sobre la dulce y fría sensación del agua mientras dejaba mi cubeta de carnada sobre una piedra que sobresalía entre del montón, estirando mis brazos, flexionando mis bíceps y tirando hacia atrás la caña para lanzar la cuerda unos cinco a diez metros hasta la mitad de las aguas del rio, desapercibido como la figura de cualquier pescador que va a trabajar, buscando un momento de serenidad mientras que disfrutaba la vista del paisaje y el ruido de la naturaleza venir como algo particularmente rutinario, sencillo y sobretodo natural, tal vez solo intentando apagar mis pensares.
Elara Vangrim
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
15
35
15
111
46
20
40
31
0
107
Elara seguía apoyada en el puente, masticando su manzana con mucha calma, con muchísima calma y mucha tranquilidad, hasta que algo llamó su atención en la orilla del río. Sus ojos verdes se abrieron un poco más cuando vio a ese chico, a ese forastero que caminaba descalzo y con un overol azul. Se quedó muy impresionada, se quedó bastante impresionada y muy pensativa al ver que no llevaba camisa. En Isla Karate casi todos iban con sus uniformes de dojo muy cerrados y muy serios, pero él... él se veía diferente, se veía muy libre y muy "sólido", con esos bíceps que se flexionaban cuando lanzaba la caña de pescar. Era impresionante.
Elara sintió que el corazón le daba un vuelco, un vuelco muy rápido y muy repentino por todo lo que estaban viendo sus ojos en estos momentos... Era extraño, demasiado extraño pero al menos ella estaba intentando tomárselo para bien dentro de lo posible, claro está. Su Fetichismo la traicionó en un segundo porque no podía dejar de mirar la espalda de ese chico y la forma en que se movía con tanta naturalidad. Estaba tan distraída mirándolo que se olvidó por completo de que estaba sosteniendo una manzana a medio comer. Era muy extraño.
— ¡Oye! ¡Nee~! ¡Vas a espantar a los peces si te quedas ahí parado como una estatua de músculos! — exclamó ella sin pensar, soltando las palabras con una honestidad que le salió del alma y que seguro le iba a dar mucha vergüenza después. Aunque había que estar tranquila de algún modo.
Se dio cuenta de lo que había dicho y se puso roja, muy roja y muy colorada como la fruta que tenía en la mano. Para intentar arreglarlo, Elara se asomó demasiado por la barandilla del puente, queriendo ver mejor el cubo de carnada, pero como es tan torpe, perdió el equilibrio. Sus alas se agitaron de forma muy loca y muy ruidosa, soltando algunas plumas rosas que cayeron directamente al agua, cerca de donde él estaba pescando.
— ¡A-ah! ¡Cuidado, nee~! — gritó mientras recuperaba el equilibrio de milagro, haciendo un ruido espantoso con sus botas sobre la madera del puente.
Se quedó mirando hacia abajo, hacia donde estaba Dash, con la cara ardiendo de la pura humillación. Elara pensaba que ahora sí que había espantado a todos los peces del río y que el chico la iba a mirar con cara de pocos amigos por interrumpir su momento de paz de una forma tan ruidosa y tan molesta. Se sintió culpable.
— Lo siento... de verdad que lo siento, nee~. Es que me sorprendió ver a alguien pescando así, sin zapatos y sin miedo al frío del agua. Te ves... te ves muy valiente. ¡Y muy fuerte! — añadió con un hilo de voz, siendo incapaz de ocultar lo que pensaba de su físico porque ella no sabía mentir ni aunque la obligaran.
Se acomodó la túnica con dedos temblorosos y le dio un mordisco rápido a su manzana para intentar disimular, aunque solo consiguió mancharse un poquito la mejilla con el jugo de la fruta. Elara se sentía muy tonta, se sentía la persona más tonta y más despistada de toda la isla, pero no podía dejar de mirar a ese pescador tan interesante que parecía no tener ninguna prisa por irse a ningún lado. Ella solo esperaba que no fuera un Marine de esos aburridos, aunque con ese aire tan despreocupado, Elara pensaba que sería alguien mucho más divertido con quien pasar la tarde antes de que el sol se fuera del todo.
Dashrath Rifenhardt
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
77
62
18
18
80
53
52
27
0
50
![[Imagen: bHaG7gGX_o.png]](https://images2.imgbox.com/f2/d1/bHaG7gGX_o.png)
Lejos de parecer un insulto o burla. La advertencia imprevista, provista por esa dulce voz desconocida habría inclinado mi interés de manera casi inmediata, producto del reflejo instintivo busque con la mirada alrededor, tomándome la libertad de relajar ambos hombros mientras buscaba un pez parlante, o tal vez la figura de una persona observadora en las orillas sobre el otro extremo del rio, pero aunque gire la cabeza de un lado a otro, hacia la derecha o hacia atrás, únicamente acabe percatándome por el ruido de sus pasos sobre la madera como casi encima de mi había estado su figura vigilante arrojando sin cuidado alguna que otra pluma como un pollo.
En mi vida había conocido a ninguna mujer pollo, aun así debo admitir que resultaba imposible no apreciar de toda su evidente belleza que brindaba una sensación sacra e inocente a razón por la cual sin malas intenciones, imaginaria que sí hubieran querubines en la tierra debían de lucir iguales a ella, entonces encontré un instante para encontrar mi mirada con la suya e intentando ofrecer una expresión amable intente agradecer a su halago, alzando con toda confianza del brazo izquierdo hasta flexionar, presumiendo nuevamente del bícep aunque más como una manera de juguetear y agradecer su apoyo, al que a ningún momento había creado mal intencionado.
- ¡Gracias! en serio; me avergüenza un poco pero suelo entrenar mucho.- mentiría, porque aunque era macizo bien también podría decirse que era más una cuestión genética y que todavía podía entrenar muchísimo más, siendo que nunca llegaba del todo a mis limites, todavía me quedaba un largo camino que recorrer para poder alcanzar la grandeza pero en primer lugar me había enlistado para la academia marine precisamente por ello, razón por la que me mentalizaba, hablaba de manera acostumbra a mi proyección e incluso aunque exageraba seguía siendo una buena razón sí era para sembrar algo de confianza, entonces simplemente segui escuchando.
- Ah ¿esta mal pescar en este lugar?- pregunte, confundido, sin saber exactamente lo ultimo a lo que nuestra pelirroja hacia referencia mientras buscaba alrededor a otros pescadores sin éxito, imaginando por descarte, suponiendo abiertamente que debía de estar siendo regañado por el acto de pescar como sucede en áreas de protección o lugares contaminados, lo que claro no podía saber porque no conocía nada de la fauna silvestre, entonces debo haber fruncido el ceño con incertidumbre, preocupado en parte e inevitablemente fijándome a línea de sus palabras sobre la etiqueta “valiente” que la chica habia mencionado, sin poder prever nada bueno.
- Yamerito me salgo.- comente al aire, dándome media vuelta y empezando a caminar hacia la orilla mas cercana pensando en que no quería ganarme la atención del público, o de cualquiera de las autoridades legales de la isla, entonces regrese ambas manos sobre la caña de pescar para disponer de su peso sobre mis hombros mientras en lo que iba haciendo el típico sonido de pasos chapoteando, retomaba la cubeta con algunas plumas de la dama, fijándome por casualidad hasta que inevitablemente debí de voltearme hacia atrás, - Ah, se te quedo algo acá uhm ¿sabes qué?; olvídalo, esto esta lleno de gusanos no quieres una pluma llena de eso Kughyahyaya-
Elara Vangrim
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
15
35
15
111
46
20
40
31
0
107
Elara abrió mucho los ojos, los abrió muchísimo ya que eso le había impresionado muchísimo y con mucha sorpresa cuando vio que Dash empezaba a flexionar su brazo para enseñarle el músculo. Se quedó totalmente hipnotizada, se quedó muy ida mirando ese bíceps tan fuerte y tan "sólido" que él le presumía con confianza. Su fetichismo la dejó sin palabras por un momento, porque le parecía que Dash era un chico muy, muy guapo y que tenía un cuerpo muy bien entrenado, justo como a ella le gustaba mirar.
Se puso roja, muy roja, demasiado roja y muy colorada cuando él le dio las gracias. Elara sentía que la cara le ardía de la vergüenza, una vergüenza muy grande y muy pesada, pero no podía dejar de mirarlo mientras él chapoteaba en el agua para salir del río.
— ¡N-no! ¡Nee~! ¡No está mal pescar aquí! — exclamó ella moviendo las manos de forma muy rápida y muy torpe para que él no se fuera. — Solo lo decía porque hice mucho ruido y pensé que los peces se asustarían de una chica tan... tan ruidosa como yo. ¡Puedes quedarte! ¡De verdad que puedes quedarte, nee~! — le gritó desde el puente con su honestidad de siempre, sintiéndose muy mal por haberlo asustado sin querer.
Vio cómo Dash agarraba su cubeta y mencionaba lo de sus plumas con gusanos. Elara sintió un escalofrío por toda la espalda, un escalofrío muy feo y muy asqueroso. Se miró las alas rápido, con mucho miedo de tener bichos ella también, y empezó a sacudirse de forma muy nerviosa, soltando todavía más plumas rosas por el aire.
— ¡Puaj! ¡Gusanos no, nee~! ¡Qué asco más grande! — dijo ella con una mueca de mucha grima, aunque luego se rió un poquito porque la risa de Dash era muy contagiosa y muy divertida. — Quédate con la pluma si quieres, ¡pero quítale los bichos primero! ¡Nee~! — añadió con una risita nerviosa mientras se limpiaba la mejilla que todavía tenía un poco de jugo de manzana.
Se quedó mirando cómo él salía del agua, fijándose en sus pies descalzos y en lo libre que se veía con su overol. Estaba muy impresionada, se sentía muy, muy impresionada por su forma de ser tan natural.
— Oye... ya que te saliste del agua... ¿eres de por aquí? ¡Nee~! Porque yo también estoy un poco perdida y me vendría bien hablar con alguien que no sea un pez o una piedra. ¡Soy Elara! — se presentó ella con una sonrisa muy grande y muy sincera, bajando un poquito la voz al final porque le daba mucha vergüenza estar gritando desde arriba del puente a un chico tan "macizo".
Se acomodó el flequillo y esperó a que él llegara a la orilla, sintiendo que su corazón latía muy rápido, muy fuerte y con mucha emoción por haber conocido a alguien tan diferente en esa isla tan llena de gente seria.
|