Cazadores siendo cazados [Presente Relativo T3]
#21
El golpe de Taroi produce el efecto que él esperaba, lo sabe y lo reconoce al instante. Durante una fracción de segundo, los ojos de Kiyoshi se vuelven blancos, el cuerpo pierde firmeza y una de sus piernas cede, obligándolo a apoyar una rodilla contra el suelo. No es una caída total, pero sí una señal clara de impacto, de daño real. Taroi no puede evitarlo, una sonrisa breve, casi salvaje, se dibuja en su rostro. Conoce bien ese tipo de combatientes. Aquellos que prefieren la distancia, el disparo limpio, la precisión desde lejos rara vez endurecen su cuerpo lo suficiente para resistir un enfrentamiento directo, para Taroi, ese instante de debilidad es una confirmación absoluta.
 
Ha ganado terreno, tiene la ventaja o al menos eso es lo que cree. Su respiración es pesada, sus músculos están tensos, el dolor interno aún está ardiendo en su interior, pero la adrenalina lo mantiene en pie. Frente a él, el tirador ha sido forzado a bajar el ritmo, y en la mente del cazador la conclusión es inmediata, en un combate cuerpo a cuerpo, este terreno es suyo, sin embargo, la cueva sigue crujiendo, el polvo aún flota en el aire y la bestia prehistórica continúa moviéndose en algún punto cercano.
 
Taroi apenas tiene tiempo de reaccionar cuando un nuevo disparo corta el aire. El silbido pasa rozándole el rostro y, gracias a sus reflejos entrenados, inclina la cabeza instintivamente, evitando que el proyectil lo alcance de lleno, el impacto se pierde contra la piedra a su espalda, arrancando fragmentos del muro.Los ojos del cazador se abren con furia, no era un solo tirador. —Malditos —gruñe entre dientes, pero no hay tiempo para pensar en eso ahora, primero debe terminar con el que tiene delante. Taroi se impulsa hacia adelante, levantando el brazo para descargar otro golpe directo al rostro de Kiyoshi cuando algo le corta el avance. Un dolor agudo, limpio. Mira hacia abajo justo a tiempo para sentir cómo uno de sus pies es atravesado por un corte preciso, obligándolo a perder estabilidad, antes siquiera de poder recolocarse, el otro pie recibe un segundo tajo, igual de certero.
 
El dolor es inmediato e insoportable. Taroi cae de rodillas con un rugido ahogado, las manos tensándose, los dientes apretados mientras el ardor le sube por las piernas y entonces, el suelo vuelve a abrirse, desde debajo de él, Eros emerge como una sombra viva. El topo se lanza sin vacilar y rodea el cuello de Taroi con ambos brazos, aplicando presión de inmediato, cortando el aire, cerrando la tráquea con una fuerza brutal. Taroi forcejea, los músculos del cuello tensándose, las manos buscando aferrarse a algo a lo que sea mientras el oxígeno comienza a escasear. La cueva cruje una vez más, el polvo vuelve a caer. El Suchomimus ruge a lo lejos y por primera vez desde que comenzó el combate, Taroi está verdaderamente atrapado. La ventaja que creyó tener se desmorona en cuestión de segundos.

El cuerpo de Taji se sacude al ponerse en pie, frente a él, el Suchomimus aún se mueve, enorme, amenazante pero sus ojos no se quedan ahí. Se desvían apenas un instante, lo suficiente para ver el cuerpo inmóvil de su hermana en el suelo, aplastado, irreparable y el sudor le corre por la frente, su pecho le arde y su pulso se le dispara. No queda claro si lo que lo invade es miedo, furia, o ambas cosas a la vez, pero algo se enciende dentro de él y la adrenalina toma el control.
 
Entonces lo ve, a Taroi, de rodillas, algo completamente impropio de él, los ojos de Taji se abren con horror y sin pensarlo más, salta con todas sus fuerzas en dirección a su hermano. —¡Lo siento, hermano! —grita con la voz quebrada, cargada de culpa y urgencia. El golpe cae con violencia sobre la criatura que tiene a Taroi atrapado por el cuello, el impacto obliga a Eros a soltar la presión, su cuerpo siendo lanzado a un lado varios metros tras recibir el ataque de lleno. El agarre se rompe, el aire vuelve de golpe a los pulmones de Taroi, que cae hacia adelante tosiendo con fuerza, sus manos clavándose en el suelo mientras recupera oxígeno de forma desesperada.
 
Eros golpea contra la piedra y rueda un par de metros antes de detenerse, el polvo levantándose a su alrededor. Taji aterriza junto a su hermano, respirando con dificultad, con el cuerpo tenso, los ojos todavía clavados en la figura que acaba de golpear. Su postura es torpe, apresurada, pero protectora, instintiva. —Soy tu escudo, Onii-san— Las palabras de Taji resuenan en el alma de Taroi quien comienza a sentir la misma furia que su hermano.
 
—Soy tu espada, Onii-san— La respuesta de Taroi a su hermano fue inmediata.  La cueva vuelve a crujir, el dinosaurio resopla a pocos metros y se lanza hacia la pared contigua haciendo vibrar todo el campo y Taroi, aunque liberado, no está fuera de peligro.
 
Infobox


Taji Crux



Taroi Crux
#22
Frustración. Ser golpeado de esa manera le molesta, no por el dolor que experimenta en la zona central de su pecho, sino por no haber sido capaz ni siquiera de verlo venir. Cuando te enfrentas a una situación tan desventajosa producto de tu propia debilidad, es horrible, y Kiyoshi lo está experimentando en carne propia. Sin embargo, desde la parada en la isla anterior, se prometió a sí mismo ser más fuerte y más valiente, por lo que ahora no puede dejar caer su espíritu de pelea ante el primer imprevisto.

Sobre todo, porque no está solo. Y el topo lo acaba de demostrar.

— Ya era hora de que te muestres, tonto. — Dice para sus adentros mientras ve aquellos ataques a la zona baja de Taroi, proviniendo directamente desde el subsuelo. Kiyoshi no pierde tiempo y estira la rodilla antes caída para ponerse de pie rápidamente y, en vez de confiarse por la aparición de su compañero, comienza a avanzar. Lo normal sería que un tirador retroceda, pero esta será una excepción.

Para cuando inicia el agarre acompañado por asfixia, Kiyoshi ya pasa por el lado de Taroi no sin antes dejarle un cariñito. El rifle, justo cuando el médico levantó su figura, también entró en posición y, apuntando directamente a la zona pélvica de Taroi, lanza una bala que se impacta en su cuerpo ocasionándole un dolor agudo que seguramente no se compare a las garras del capitán sepulturero, pero que le obliga a recordar que no tiene un único enemigo. Centrarse en uno solo le llevará a la derrota, o a la muerte, en el peor de los casos.

Además, aquello no fue lo único. Aprovechando que Taroi está quieto, y él pasa a su lado apenas a un metro de distancia, logrando que cualquier ataque sea casi inesquivable, de su cuerpo comienzan a salir la gran cantidad de 21 burbujas, las cuales todas van hacia la figura del enemigo, ocasionándole un cansancio que seguramente llame su atención.

Ahora, ¿por qué Kiyoshi va en esta dirección? La respuesta es bastante simple. Nuestro enfermizo médico posee una memoria privilegiada, envidiada por muchos, siendo un talento innato que él nunca decidió tener, pero que le sabe dar un uso. En su primera ofensiva, observó el campo principal de pelea, aquel en donde estaban los tres hermanos en un inicio. Por lo que ahora, tras tener una imagen mental perfecta del terreno, por el rabillo del ojo y sin prestar tanta atención, consigue ver el movimiento del dinosaurio, uno que cada vez genera más ruido en su recuerdo y le indica que se acerca peligrosamente hacia ellos.

Además, ir al fondo de la cueva, donde no sabe si hay salida, es un error. En la entrada, o en dirección a la misma, se encuentra el buen Varo, por lo que sabe que yendo hacia allá tendrá a alguien en quien apoyarse a la hora de disparar.

Ojalá todo sucediese tan simple. Su visión no fue suficiente para ver la llegada de Taji, así que menos mal el ataque no fue en su contra. Mientras corre, ve pasar volando a su compañero topo por un costado suyo y chocando con una pared. — Mierda, menos mal es un tipo resistente. — Eso sí, gira su cuello para mirar hacia atrás el momento en que vio a Eros pasar por su lado, pues eso significa que algo sucedió en la retaguardia mientras corría, así que ninguno de los enemigos lo toma por sorpresa hasta que llega a su ubicación final. No corre más porque el cardio no le da, y se nota en su respiración agitada.

— Bien, ahora ellos están cerca del dinosaurio. En ese sentido, tenemos la ventaja.— Porque como buen tirador, el posicionamiento es clave no solo por uno mismo, sino que también por todos los imprevistos que puede haber en el entorno, como en este caso que se trata de un animal de grandes proporciones.

Teniendo el rifle en alto siempre, las manos bien puestas, sobre todo ese dedo índice derecho en el gatillo, apunta directamente hacia los enemigos. La pelea está en su punto más importante y sabe que, con un disparo bien dado, puede definir el resultado.

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 668 + 0 = 668
Energia: 969 - 620 = 349
Espiritu: 255 + 0 = 255
#23
En este tiempo, había aprendido que en las batallas todo sucede demasiado rápido. Disparé con la intención de alcanzar a mi objetivo, pero este, tan pronto como oyó el estallido de mi rifle, se movió para apartarse de la trayectoria de mi bala. Comprendí al instante que todo en mi debía moverse a esa misma velocidad. No solo mis piernas, sino también mi cabeza. Todo lo que sucedía a mi alrededor debía ser procesado a toda velocidad, puesto que cada cosa que ocurre en una batalla deja tras de sí una enseñanza. 

Comencé a recargar mi arma justo cuando vi que mi enemigo había esquivado mi ataque. No estaba siendo de utilidad para mis compañeros. Tan solo podía limitarme a servir como señuelo para distraer a nuestros rivales. Si tan solo pudiera utilizar mi fruta de una manera más precisa... Por el momento no podía hacer nada más si no quería herir con ello a lo que quedaba de nuestra tripulación. También era consciente de que me costaba mucho acumular poder para lanzar mis maldiciones. La primera lección de esta batalla estaba clara: Debía alcanzar mucho más poder, conseguir un estilo de combate que me permita sumar en los enfrentamientos que tenga con mis compañeros. Algo que me permita herir a solo un objetivo, sin afectar a mi alrededor, ser algo distinto de una plaga.

Cogí uno de mis cartuchos de munición explosiva, pues sabía que aquello podría ser algo de más ayuda que un disparo simple y lo introduje a toda velocidad en mi arma. Apunté de nuevo a nuestro enemigo, el cuál se dirigía hacia Kiyoshi con el brazo en alto, cargado, con la intención de asestar un terrible golpe a nuestro doctor. Mi dedo se ciñó sobre el gatillo, y fue entonces cuando vi que su avance se veía interrumpido. El enemigo cayó al suelo de rodillas y del suelo surgió Eros como un animal salvaje, un depredador que se abalanzaba sobre el cuello de su víctima para asfixiarla. Sus garras sujetaban con firmeza el cuello del enemigo para dejarle sin respiración y, como si de una coreografía bien ensayada se tratase, Kiyoshi avanza raudo para disparar con velocidad a nuestro enemigo antes de soltar hacia él una gran cantidad de burbujas, sin duda fruto de su akuma. El Doctor corre hasta acercarse más a mi posición y volver a apuntar a nuestros rivales.

Mi dedo vuelve a ejercer algo de presión sobre el gatillo de mi rifle, pero la duda me paraliza un instante. No podía disparar: Eros se encontraba en la espalda del enemigo y recibiría mi ataque. Y es ahí cuando vino la segunda lección: ser rápido de pies y mente. Antes si quiera de darme cuenta, un nuevo enemigo había entrado en escena. Oí su grito desesperado, que pedía perdón al que parecía ser su hermano. Un nuevo guerrero salta desde la zona más allá en la cueva y asesta un golpe sobre Eros y lo manda a volar unos metros.

—Capitán, no... —me lamento, justo antes de comprenderlo.

Y fue ahí cuando me vino la tercera lección. Nuestros enemigos ahora se situaban juntos, no había ninguno de mis amigos a su alrededor. Escuché la bonita interacción entre los hermanos y apreté el gatillo, esta vez con la fuerza suficiente como para hacer saltar el percutor. El estallido se produjo como un símil de la idea que aparecía en mi cabeza. Mi destreza con las armas de fuego no era ni cercana a la de Kiyoshi, y la velocidad a la que podía disparar permitiría a mis enemigos esquivar mis balas, como ya habían hecho justo en mi disparo anterior. Por eso mismo, pensé en el tipo de munición que tenía metido en el rifle y busqué un objetivo tras mis enemigos, uno que no pudiese esquivar mi disparo, uno que fuese a permanecer allí quieto. El cañón de mi rifle apuntaba a la pared que se situaba unos metros detrás de nuestros rivales. Mi idea era clara; si ellos pensaban que erraba mi tiro, no lo esquivarían, así que la explosión los alcanzaría de igual manera.

La explosión cubrió las posiciones donde estaban nuestros enemigos y pude notar como la cueva se estremecía una vez más. La roca crujía y las paredes desprendían pequeñas piedras que restallaban por todos lados. Tras el ruido de mi explosión, pude percibir un ruido mucho más temible aún. El quejido de una bestia herida, desorientada y con sed de venganza. El reptil que había entrado arrollando todo a su paso, seguía intentando resarcirse por lo que habían hecho aquellos salvajes, y golpeaba de nuevo la pared de la cueva haciendo que todo temblase de nuevo.

—¡Eros, Kiyoshi! Debemos acabar con esto pronto —dije con tono preocupado a mis compañeros—. No se cuanto tiempo podrá aguantar esta cueva en pie.



INFO
Emme's Codes

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1521 + 0 = 1521
Energia: 1383 + 13 = 1396
Espiritu: 144 + 0 = 144
#24
Cuando Eros sintió el impacto contra su costilla derecha pudo inundarse finalmente de la inefable gloria de la batalla en sangre propia sintiendo la adrenalina, el dolor y el flagelo que cargaba siempre consigo de forma tangible, y palpable. El ardor de su cuerpo no era nada comparado con la sensación de sus garras bañadas en la sangre de sus enemigos, cayendo sobre sus patas traseras con la guardia en alto aterrizando en la espalda de Taroi y Taji por la posición desde la cual estaba asfixiando al Crux. El impacto podría haberlo empujado, más aún tomando en cuenta su tamaño pero debido a la tensión de sus músculos en el momento oportuno pudo resistir el impacto manteniéndose listo para seguir el embate contra los cazadores.

La situación con el dinosaurio era peligrosa, y apremiante. Sabía que debían salir de ahí lo antes posible, ese no sería el refugio que buscaban a éste ritmo pero en ese preciso momento Eros solo podía pensar en una cosa.

- Todavía no…

Dijo para sí mismo en un susurro, antes de nuevamente tensar los músculos para lanzar con toda potencia su garra derecha hacia el talón de Tarot quien previamente se había salvado de morir asfixiado por él. Su garra derecha se tornó cual espada juntando las garras impiadosas antes del impacto para maximizar la letalidad de su técnica.

Inmediatamente usaría ese momento de confusión una vez su ataque hubiera impactado para cavar nuevamente bajo sus pies usando su zurda para meterse bajo tierra lejos de tanto la visión de los oponentes, como la locura del dinosaurio y posiblemente las técnicas de sus compañeros al meterse a 2 metros de profundidad, y avanzando entonces 5 metros por debajo de la tierra. Las tácticas de guerrilla eran la especialidad de aquel funebrero que se volvía cada vez más sediento de sangre con cada segundo que pasaba enfrentando al gremio de cazadores.

Para Eros no había más que violencia. En ese momento, no había otra verdad.

Ataúd
[Imagen: xNGUFie.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1856 - 457 = 1399
Energia: 1088 - 167 = 921
Espiritu: 390 + 0 = 390
#25
En medio de la asfixia, cuando los brazos de Eros se cerraban con precisión letal alrededor del cuello de Taroi, el mundo comenzaba a reducirse a pulsaciones sordas, cuando el aire no entraba, cuando la vista se nublaba y los músculos, privados de oxígeno, empezaban a responder con lentitud. Fue entonces cuando el disparo resonó, la bala, disparada por Kiyoshi, impactó directamente en el cuerpo de Taroi, golpeándolo en la zona pélvica. El dolor fue inmediato, seco, lo suficientemente intenso como para arrancarle un espasmo involuntario que recorrió toda su columna, un grito ahogado quedó atrapado en su garganta, sofocado tanto por el impacto como por la presión constante de Eros.
 
Casi al mismo tiempo, algo extraño ocurrió, del cuerpo de Kiyoshi comenzaron a emerger burbujas traslúcidas, antinaturales, como si su propia carne las expulsara, flotaron apenas un instante antes de desplazarse con intención clara hacia Taroi, adhiriéndose a su piel, a su ropa, a sus brazos y piernas, las burbujas estallaron una tras otra sin sonido y el efecto fue devastador, el cuerpo de Taroi se volvió pesado, como si cada extremidad hubiera duplicado su peso, el cansancio lo golpeó de golpe, brutal, antinatural, sus músculos ardieron, el pulso se desordenó y la fuerza comenzó a abandonarlo con rapidez alarmante.
 
Las rodillas le temblaron, su resistencia se erosionó y la asfixia se volvió aún más peligrosa. Eros sintió el cambio de inmediato, el cuerpo que tenía atrapado comenzaba a ceder, no solo por falta de aire, sino por un agotamiento inducido, ajustó su agarre, aprovechando la ventaja, consciente de que el disparo y su efecto habían inclinado la balanza a su favor. Fue en ese estado herido, exhausto y atrapado cuando los acontecimientos terminarían por salirse de control.
 
El golpe de Taji impactó de lleno en Eros, lo suficientemente fuerte como para obligarlo a soltar el agarre. El cuerpo del topo parecía haber salido despedido rodando por el suelo de la cueva, sin embargo, esto no pasó así y el topo parecía haber disfrutado del golpe antes de desaparecer parcialmente bajo la tierra otra vez, como si el mismo terreno lo reclamara. Taroi cayó hacia adelante, jadeando con violencia. El aire entró de golpe en sus pulmones, quemándole la garganta, aun así, su cuerpo no respondió como debía. El agotamiento antinatural seguía ahí, clavado en sus músculos como plomo líquido, intentó incorporarse, pero apenas logró mantenerse de rodillas, apoyando una mano en el suelo para no desplomarse.
 
No hubo tiempo para palabras, el disparo siguiente silbó demasiado cerca, Taroi y Taji reaccionaron por puro instinto, ambos se movieron al mismo tiempo, esquivando por poco la trayectoria, pero la bala detonó al impactar contra la roca detrás de ellos. La explosión fue contenida, pero suficiente para lanzar fragmentos de piedra y una onda de choque que los golpeó de lleno. El dolor fue inmediato, Taji sintió cómo la vibración le recorría el brazo y el costado, arrancándole un gruñido seco mientras retrocedía un paso. Taroi recibió el impacto de esquirlas en la espalda y el hombro, nada letal, pero suficiente para recordarle que su cuerpo ya no estaba en condiciones óptimas. La fatiga se agravó, su propio pulso le martillaba en los oídos.
 
El polvo volvió a llenar el aire, desde el frente, Kiyoshi ya no estaba de rodillasm aprovechando el caos, se había movido lo justo para recuperar distancia, manteniéndose móvil, consciente de que el combate cerrado ya no le favorecía. Bajo los pies de los gemelos el suelo tembló, al parecer Eros no había desaparecido, la tierra se hinchó brevemente a un costado, una señal mínima pero clara para quien supiera leerla. El topo se movía otra vez bajo ellos, reposicionándose y atacando de nuevo a Taroi antes de desaparecer nuevamente, esperando el momento exacto para volver a emerger.
 
El temblor bajo sus pies volvió a hacerse presente, leve pero constante, como un recordatorio de que Eros seguía ahí abajo, moviéndose, esperando. El polvo suspendido en el aire dificultaba la visión, y cada respiración sabía a piedra y sangre, Taji mantuvo la posición un instante más, atento a cualquier movimiento extraño en el suelo. Cuando sintió la presión de la mano de Taroi afirmándose en su hombro, giró apenas el rostro para asegurarse de que su hermano estaba realmente en pie. No dijo nada, pero ajustó su postura, desplazándose medio paso al costado para no bloquearle el campo.
 
Taroi respiró hondo. El mareo aún lo arrastraba, la sensación de pesadez en las piernas seguía ahí, pero su mirada recuperó foco poco a poco. Adoptó una guardia abierta, las manos firmes pese al temblor residual en los dedos, no era su estado ideal, pero seguir de rodillas no era una opción, desde el frente, el silencio se rompió con un sonido seco, una bota desplazándose sobre grava.
 
El dinosaurio, a pocos metros, golpeó el suelo con una de sus patas delanteras. El impacto hizo que una sección del techo se resquebrajara, y varias piedras cayeron entre ambos bandos, creando un obstáculo improvisado y levantando una nueva nube de polvo. El animal resopló, furioso, moviendo la cabeza de un lado a otro, incapaz de decidir a qué amenaza responder primero. Taji levantó el brazo instintivamente para protegerse el rostro mientras retrocedía un par de pasos. Taroi, con los reflejos aún afilados pese a su estado, giró sobre sí mismo y rodó por el suelo, evitando por poco un bloque de piedra que se estrelló donde había estado un segundo antes.
 
Ambos hermanos enfocaron la vista en Kiyoshi y sin pensarlo demasiado ambos fueron directo a golpearlo, Taroi corrió en línea recta mientras Taji corrio unos metros y dio un salto hacia el chico. —¡¡SŌSHI SUISEEEEI!!— ambos dieron un puñetazo a Kiyoshi justo en su estomago haciéndolo caer hacia atrás. Inmediatamente después Taji se colocó frente a su hermano sabiendo que este tiene poca energía.
 
Contenido Oculto

 
Infobox


Taji Crux



Taroi Crux

[spoiler= Mécanica de derrumbe]
Estimados y estimadas, comenzaron los juegos mentales, he añadido esta mecanica, por cada 500 de daño que sea causado a la cueva, ya sea por el dinosaurio, o por los usuarios o npcs, la cueva aumentará un 12% las probabilidades de un derrumbe, lo que ocasionara un daño integro a todos los participantes, a partir de ahora la cueva tiene un 32% de probabilidades de derrumbarse al llegar a 60% la cueva se derrumbará.
#26
Momento decisivo. El combate entra en su recta final y Kiyoshi lo tiene más que claro. Con un enemigo ya caído y otro más puesto en jaque producto de la seguidilla de ofensivas por parte de los piratas de la Sepultura, son detalles los que terminarán por decantar el resultado hacia un bando u otro.

Un suceso clave es el miedo que el capitán de nuestros protagonistas transmite en los cazadores de animales. Estos, ya habiendo reconocido la molesta habilidad de meterse bajo tierra para buscar ataques sorpresivos, expresan como un libro abierto la preocupación de lo que puede emerger violentamente desde sus pies. Este momento es el que esperaba y, ahora, aprovecha Kiyoshi, sobre todo cuando Taji, descuidado, se hace a un costado de Taroi, dejándolo descubierto.

El proyectil dentro del rifle del médico se ve rodeado por una de sus limpias burbujas, y jalando el gatillo que ya tenía preparado desde el comienzo, dispara de forma letal a la cabeza de Taroi, matándolo en el acto. Seguramente un charco de sangre de forme en el piso al salir desde su cuerpo, manchando el cadáver de aquel que en un momento se atrevió a golpear a y hacer sentir reducido a Kiyoshi, pero que ahora solo podrá maldecir a este doctor desde el infierno.

— Otro menos, solo queda… — Para cuando se da cuenta, Taji ya viene enfurecido en su contra, o eso cree él, seguramente enfadado por lo que acaba de ocurrirle a su querido hermano. Y es que así son los combates; crueles, sangrientos, ajenos a cualquier aspecto sentimental. Si Taroi, por el impacto mental, se quedase junto al cuerpo de su hermano, solo lograría convertirse también en un blanco sencillo para los piratas, por lo que esta ofensiva es lo más inteligente de hacer.

El puño en el estómago se lo lleva, escupiendo saliva en el momento del impacto, la cual cae a los pies del agresor. Producto también de ello, el pie derecho retrocede hacia atrás, buscando así su cuerpo mantener un balance que le impida caer. — No puedo quedarme aquí… — Pues dar un disparo desde esa distancia no tiene sentido.

Utiliza fuerza en sus piernas, ayudado por la estabilidad que le da tener las extremidades separadas, para dar un salto hacia atrás de tres metros, queriendo aumentar la distancia con Taji, la cual se vio reducida en un momento. Incluso con el golpe en su estómago, Kiyoshi, sabiendo que su rifle es lo único que tiene para defenderse, siendo así desde siempre, jamás lo soltó, sus manos siempre estuvieron en posición. Por lo tanto, cuando cae, el dedo jala el gatillo para impactar una bala directamente en el pecho del enemigo.

— ¡Ataquen! — Grita para sus dos compañeros, pues ahora, al ser un tres contra uno, no deben bajar el ritmo, sino que pisar el acelerador para asegurar y quedarse con la victoria. También es mientras dice esta única palabra es que sus piernas nuevamente se mueven, esta vez no en un salto, sino en una carrera de siete metros que busca alejarlo más del enemigo, y también acercarlo cada vez más a la entrada de la cueva, para que al llegar a su posición, quede de frente con el terreno de combate, pudiendo ver a compañeros y rivales.

— No podemos subestimar ese dinosaurio. — Menos aún un posible derrumbe que puede ocurrir en este momento. Kiyoshi, siendo el más lento de sus compañeros, debe tomar resguardos. Además, su asma entra en acción, provocando que su respiración se sienta agitada. Está cansado, y desconoce cuánto tiempo más podrá seguir peleando.

La cosa es, ¿saldrán con vida y victoriosos de este lugar?

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 668 - 298 = 370
Energia: 349 - 324 = 25
Espiritu: 255 + 0 = 255
#27
El vaivén frenético de la batalla ponía muchas cosas en perspectiva, y era absurdo pensar que hace 10 minutos había dos vidas más en la isla. Pronto la tercera se acabaría, victima del propio fuego de la violencia exacerbada que bien conocían los cazadores de recompensas. El capitán de la Sepultura, pese a las heridas y la adrenalina, parecía moverse metódicamente saltando desde su posición exacta de forma ascendente para salir a la superficie. Olfateó el aire, por que los temblores de hecho le dificultaban sentir con mayor claridad el movimiento del enemigo.

Lo que si sabia, era que la cueva se estaba por derrumbar en cualquier momento. Debían ser rápidos, lo más rápidos posibles y aún más.

Escuchando el ataque de Kiyoshi, Eros pudo triangular la trayectoria gracias a su olfato y recordando la posición previa de los artistas marciales. Su salto no se hizo esperar, moviéndose sin desplazarse previamente al avanzar directamente con una embestida que preparaba la garra derecha en dirección al enemigo. Desde la parte baja de su torso hasta pasada de su cabeza de topo el tajo sería ascendente, impactando contra la nuca del enemigo cuya atención parecía centrada en Kiyoshi.

Un grave error, el médico se sabe defender.

La segunda elegía sería para su hermano, pero la técnica de dicho nombre impactaría con ferocidad antes de que el topo aprovechase ese momento de confusión para saltar desde la espalda del artista marcial hasta el suelo, metiéndose por debajo de la tierra.

Pero eso no fue todo, ya que segundos despues un segundo zarpazo inesperado golpearía desde abajo de la tierra el pie del enemigo.

- Tus hermanos conocieron la muerte, ahora te toca a ti. No te preocupes, ya es inevitable.

Anunció la muerte subterránea, dispuesto a seguir su ataque frenético ¿Y el dino? un problema del que ocuparse despues, primero debían ir eliminando las piezas de dómino una por una.

Ataúd
[Imagen: xNGUFie.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1399 + 8 = 1407
Energia: 921 - 167 = 754
Espiritu: 390 + 0 = 390
#28
Los gritos de la bestia recorrían la cueva de principio a fin. Las paredes retumbaban de manera que parecía que la propia piedra quisiera huir de lo que se había convertido en un cruento campo de batalla. El colapso parecía inevitable, pero eso era algo de lo que habría que ocuparse más tarde. Nuestros enemigos, pese a haber visto reducidos sus números y haber recibido grandes daños, no parecían tener la intención de detenerse. Peor aún, al igual que había hecho aquel reptil gigante, ambos luchadores actuaban ahora como unas bestias arrinconadas, atacando a sus cazadores en lugar de buscar alguna salida. Por sus acciones, podría pensarse que estaban dispuestos a todo con tal de vengar a su compañera caída, pues solo tenían en mente la ofensiva.

La caverna volvió a temblar una vez más y del techo se desprendieron grandes pedazos de roca. Nuestros enemigos reaccionaron a ello, de una manera casi instintiva, como quien ha librado un sinfín de batallas y sus músculos se tensan al más mínimo estímulo. Uno de ellos, el que se había situado al frente para servir de escudo a su hermano, alzó un brazo para cubrirse la cabeza. El otro, rodó por el suelo, con bastante buena agilidad para el daño que ya había recibido, y esquivó una piedra que cayó justo en la posición donde estaba antes. Sus movimientos habían sido adecuados para esquivar la fiereza de la montaña, pero sin embargo habían cometido un grave error. Se habían olvidado por un instante del verdadero peligro que les acechaba; nosotros. Kiyoshi aprovechó la apertura que se había creado ante él y, haciendo gala de su gran precisión como tirador, dispara sin piedad a la cabeza del más maltrecho de nuestros rivales. La técnica de mi compañero acertó en su blanco, acabando con él al instante. El otro de ellos, tal vez guiado por la furia de lo sucedido o por una idea previa de ataque, se lanza hacia Kiyoshi y lo golpea con el puño en el estómago, provocando que el doctor se vea obligado a dar un paso atrás. Sin embargo, nuestro médico se recompuso al instante y saltó hacia atrás unos tres metros, lo justo para alejarse de nuestro rival y disparar de nuevo a su pecho. 

Kiyoshi nos gritó para que nos sumásemos a su ataque, para que hostigásemos a nuestro rival y no permitiéramos que se rehiciese. Tenía razón. Era nuestro momento. Debíamos empujar un poco más para acabar con aquella batalla. Cargué mi rifle y apunté a mi rival. Comencé a llevar la presión hacia el gatillo, cuando vi cómo Eros aparecía como una exhalación para golpear a nuestro rival. Era mucho más rápido de lo que mi precisión con el rifle me permitía seguir, por lo que me di cuenta al instante de que no podía arriesgarme a disparar sin tener seguro si iba a errar mi tiro. El doctor, maltrecho, pasó corriendo a mi lado para tomar una mejor posición. Debía dejarle el fuego a distancia a nuestro experto. Y entonces, me di cuenta; aún había algo que yo podía aportar a nuestra lucha.

Dejé fluir la electricidad por mi cuerpo, llegando a mis piernas en un instante. Quería ser rápido para que mi enemigo no fuera capaz de reaccionar a mis movimientos, pero también debía serlo para permitir tener un disparo limpio a Kiyoshi lo antes posible. Salté hacia mi enemigo. Recorrí la distancia entre nosotros a toda velocidad, mi cuerpo relampagueando. Golpeé con mi palma la cara de nuestro rival. Sabía que mi fuerza no era nada destacable. Además, nuestro enemigo había mostrado una gran resistencia a nuestros golpes, pero aún si no le causaba daño, si que había algo que podía hacer. Dejé fluir la corriente hacia su cabeza, buscando que mi electricidad lo afectara. Entonces, corrí unos metros más, adentrándome en la cueva. Era algo arriesgado, lo sabía. Sin embargo, la única carta que podía jugar aún precisaba de asumir algo de riesgo. Kiyoshi había sido herido y Eros se exponía a un gran peligro al luchar cara a cara contra cualquier rival. Yo no podía quedarme atrás, no quería seguir siendo el mismo cobarde de siempre.

—¡Golpead! ¡Corred hacia la entrada de la cueva! Pongamos fin a esta batalla.



INFO
Emme's Codes

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1521 + 0 = 1521
Energia: 1396 - 217 = 1179
Espiritu: 144 + 0 = 144
#29
Desafortunadamente el hermano enojón, el que explota porque si, el que se supone que era la espada que mantenía al grupo seguro termino muriendo abruptamente por el disparo que Kiyoshi había efectuado justo a su cabeza. El cuerpo de Taroi se quedó rígido apenas un instante, como si su mente necesitara un segundo para aceptar lo ocurrido. Luego, sus rodillas cedieron sin gloria ni resistencia. Cayó de lado, golpeando el suelo con un sonido seco, final. La sangre comenzó a extenderse lentamente desde su cabeza, mezclándose con el polvo y los restos óseos que cubrían la cueva.
 
Lastimosamente el cuerpo de Taji no pudo reaccionar a tiempo para cubrir a su hermano y siguió hasta golpear el cuerpo de Kiyoshi, No hubo últimas palabras, no hubo tiempo para orgullo ni rabia, Taji se giró al escuchar el golpe tan solo un segundo, sus ojos se abrieron de par en par al reconocer la silueta inmóvil de su hermano mayor, por un segundo, el mundo a su alrededor dejó de existir, el derrumbe, el dinosaurio, el dolor en su cuerpo todo quedó reducido a esa imagen, la espada del grupo. El que siempre avanzaba primero, el que nunca caía. —Taroi—su voz salió rota, apenas un hilo.
 
No hubo respuesta al nombre de su hermano, no hubo movimiento alguno. La realidad cayó sobre Taji con el peso de una montaña, primero Mirea, luego Taroi. En cuestión de minutos, todo aquello que había sido su mundo se redujo a silencio y cuerpos inmóviles. El cazador menor permaneció de pie, rígido, con los puños temblando y la respiración descompasada, mientras el polvo seguía descendiendo lentamente desde el techo de la cueva. No lloró, ni gritó. Sus ojos, sin embargo, habían cambiado. Ya no había timidez ni duda en ellos, solo una mezcla peligrosa de miedo puro y furia contenida, una que quemaba desde dentro. Tragó saliva, sintiendo cómo la adrenalina recorría su cuerpo como fuego líquido, obligándolo a mantenerse en pie cuando todo en él quería derrumbarse junto a los suyos.
 
Estaba solo, tres atacantes invisibles, una bestia prehistórica fuera de control y una cueva al borde del colapso. Taji dio un paso atrás, colocándose instintivamente cerca del cuerpo de Taroi, como si aún pudiera protegerlo. Su postura era defensiva, cerrada, consciente de que cualquier error sería el último, cada sonido, una roca cayendo, un crujido lejano, el resoplido del dinosaurio hacía que girara la cabeza con nerviosismo, buscando amenazas desde todos los ángulos posibles. El Suchomimus volvió a moverse, agitando la cabeza con violencia, golpeando una de las paredes laterales y arrancando un nuevo rugido que hizo temblar el suelo bajo los pies de Taji. El animal estaba herido, furioso y desorientado tan peligroso como cualquier enemigo armado.
 
Taji apretó los dientes, bajando ligeramente el cuerpo, preparándose para reaccionar a lo que viniera primero, no entendía por qué había ocurrido nada de esto, no hubo advertencias, no hubo palabras previas, solo muerte y ahora, en medio de ruinas, polvo y sangre, el último de los cazadores Crux permanecía en pie, sabiendo que si quería sobrevivir, tendría que hacerlo solo o no hacerlo en absoluto, pero el destino juega en contra de quienes tienen el corazón limpio y dos golpes mas acertaron en Taji desorientándolo por completo, el topo había hecho de las suyas nuevamente y es aquí cuando uno se pregunta, ¿en realidad las victimas son los sepultureros? O aquellos hermanos que se encontraban en una cueva disfrutando del tiempo que tenían juntos mientras esperaban a sus superiores.
 
Y como si no fuera poco, el mink del grupo de Eros, Varo también se sumó al ataque envolviendo sus puños en electricidad y golpeando justamente la cabeza del ya afectado Taji haciendo que el mismo entrara en un estado de entumecimiento en todo el cuerpo además de tener un fuerte dolor de cabeza, su cuerpo reaccionó antes que su mente, los músculos se tensaron de golpe y luego fallaron, como si hubieran olvidado cómo obedecerle. Un espasmo violento recorrió su cuello, sus hombros, su espalda, y terminó descendiendo hasta las piernas. El mundo se le volvió borroso, distorsionado por un zumbido constante que le atravesaba el cráneo como un taladro.
 
Cayó de rodillas, sus manos golpearon el suelo con torpeza, incapaces de sostener su propio peso. La electricidad residual aún recorría su sistema nervioso, provocándole sacudidas involuntarias que lo obligaban a apretar los dientes con fuerza para no morderse la lengua. Un hilo de sangre descendió por su sien mientras intentaba enfocar la vista, el dolor era brutal y lo peor es que no era solo físico, sino mental. Un gemido ahogado escapó de su garganta mientras intentaba incorporarse, fallando estrepitosamente, su cuerpo no respondía como debía, cada orden que su cerebro enviaba llegaba tarde, deformada o no llegaba en absoluto.
 
El Suchomimus reaccionó al movimiento brusco. La bestia lanzó un resoplido violento y giró la cabeza hacia el punto donde Taji había caído, golpeando el suelo con una de sus patas delanteras, el impacto levantó una nube de polvo y fragmentos de roca que volvieron a sacudir la cueva. Una grieta se abrió en la pared cercana, extendiéndose como una cicatriz viva haciendo que el dinosaurio quedara justo frente a Taji nuevamente.  Taji alzó la mirada con dificultad, viendo la silueta enorme del dinosaurio acercarse un paso más, su respiración era agitada, irregular, y cada inhalación le producía un punzante dolor en la cabeza.
 
Estaba aturdido, entumecido, atrapado entre enemigos invisibles y una bestia descontrolada y aun así, con el cuerpo temblando y la visión fragmentada, el último cazador Crux apretó los dedos contra el suelo, aferrándose a la roca como si fuera lo único que lo mantenía en este mundo, no había rendición en sus ojos, solo una resistencia desesperada que simplemente se apagó cuando la cola del dinosaurio atravesó su pecho, el tiempo ya no estaba de su lado. El cuerpo de Taji fue levantado apenas unos centímetros del suelo cuando la cola del Suchomimus lo atravesó, rompiendo carne, hueso y aire en un solo movimiento salvaje. El cazador quedó suspendido un instante antinatural, con los ojos abiertos y la respiración rota, antes de ser arrojado contra el suelo como un muñeco sin peso. La sangre brotó con rapidez, oscureciendo la tierra bajo su pecho mientras su cuerpo convulsionaba una última vez.
 
El dinosaurio rugió, un sonido profundo y desgarrado, cargado de furia y dolor acumulado. Avanzó un paso más, pesado, torpe, hasta quedar justo sobre el cuerpo inmóvil del último de los Crux. Inclinó la cabeza, olfateó el aire impregnado de sangre y polvo, y entonces abrió sus fauces. Las mandíbulas se cerraron alrededor de la cabeza de Taji con una fuerza aterradora. El crujido fue claro, audible incluso por encima del derrumbe constante de la cueva. Hueso, casco craneal y carne cedieron sin resistencia ante la presión monstruosa, el cuerpo se sacudió una vez más y luego quedó completamente quieto, finalmente liberado de toda lucha.
 
El Suchomimus levantó la cabeza, dejando caer lo que quedaba sin interés alguno, como si la rabia que lo había impulsado comenzara a disiparse. Respiró con violencia, el pecho subiendo y bajando, mientras la cueva seguía gimiendo a su alrededor, al borde del colapso, pero en esta ocasión mirando a todos lados como quien buscaba una nueva víctima, del cuerpo de Taji cae un den den mushi que al final de cuentas parecía haber transmitido todo el audio de la pelea, dejando en claro para quien sea que esté del otro lado quienes habían sido los causantes de este incidente.
 
Infobox
#30
El topo seguía dispuesto a seguir la pelea, siendo de la tierra solo para notar cómo el dinosaurio tenía otros planes para el último de los hermanos. El sonido de la carne desgarrándose, así como los huesos crujiendo eran un vals conocido para él. No necesitaba ese sentido aumentado del olfato sintiendo el cálido olor de la sangre brotando para notar lo que estaba sucediendo a medida que el dinosaurio descargaba su violencia inusitada contra el último cazador de recompensas. Sin dudar, Eros se movería para con la zurda sujetar el cuerpo de la mujer que habían asesinado en un primer lugar entonces corriendo a través de la cueva para tomar el del otro hermano que había caído por sus manos, Taroi.

No necesitaba su sentido del tacto para saber que esa cueva estaba a punto de caer, las vibraciones eran perceptibles y los escombros comenzaban a llevar por encima suya cómo si fuese granizo. Sus patas sin dudar lo impulsaron a toda marcha por el túnel ascendente hacia el exterior de la cueva, usando su cuerpo para destruir las rocas con una embestida feroz en pos de abrir un camino para que sus tripulantes pudiesen salir con vida de la cueva. El sería el primero, el pionero que allanaría cualquier camino empinado para volverlo una meseta para sus compañeros.

Finalmente sintió el aire puro libre del aroma de la carroña, seguía cubierto de sangre tanto propia como ajena, pero pudo respirar al fin con serenidad volviendo a su forma humana. Sentado en el suelo con los cadáveres de los cazarrecompensas que había podido recuperar a su alrededor, se levantó del suelo para observar la entrada de la tumba mordiendo su labio con cierto nerviosismo y listo para meterse a buscar a sus compañeros. Debía protegerlos, pero sabía que eran capaces de tanto o más que él.

Por otro lado su atención viró hacia los cadáveres ¿Merecían acaso una sepultura? Habían masacrado animales inocentes, alterado la vida salvaje de ésta isla, se habían regodeado en la indefensión y eso era inadmisible. - Los enterraré -Porque era un servicio prestado, pero cómo tal también les cobraría esperaba que aquello que tuviesen en sus cuerpos fuese suficiente para pagar sus servicios fúnebres, pero eso sería algo para otro momento, cuando tuviese que confirmar que eran solo dos tumbas... y no cuatro.

Off
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