La espera del pueblo [Aventura T2][Presente Absoluto]
#11
Imagen

El mercenario apenas tiene tiempo de reajustar su postura cuando la distancia se reduce de golpe, y aunque su cuerpo responde por instinto, esta vez no es suficiente. El filo encuentra un hueco entre placas, una zona donde la armadura protege más la apariencia que la carne, y el impacto le arranca un gruñido seco, cargado de rabia. El metal rechina, la vibración recorre su cuerpo y el dolor llega inmediato, punzante, obligándolo a torcer el torso para no perder el equilibrio.

-¡Maldito…!- escupe entre dientes, con la voz rota por la furia más que por el daño.

No retrocede más de lo necesario. Al contrario, aprovecha el mismo instante del impacto para clavar los pies en la tierra húmeda y responder con brutalidad directa, sin técnica elaborada ni artificios. Su puño avanza en línea recta, compacto, pesado, y se estrella contra el estómago con la contundencia de un martillo, descargando toda su masa y fuerza acumulada en un solo golpe diseñado para cortar la respiración y quebrar el ritmo del combate.

El aire alrededor parece comprimirse durante un segundo, levantando hojas secas y polvo del suelo del claro, mientras la vegetación cercana se sacude como si reaccionara al choque. El olor a tierra removida y savia rota se mezcla con el sudor y la tensión, y la luna, alta ya sobre las copas de los árboles, ilumina la escena con una luz fría que no favorece a ninguno de los dos.

Tras el impacto, el mercenario no persigue de inmediato. Da un paso atrás, medido, firme, quedándose a poco más de un metro de distancia, con los hombros subiendo y bajando al ritmo de una respiración profunda y controlada. Su mirada permanece fija, afilada, evaluando cada movimiento, consciente ahora de que no está frente a un enemigo cualquiera, sino ante alguien que puede herirlo incluso atravesando su coraza.

El claro queda suspendido en un silencio tenso, roto solo por el crujir leve de la vegetación bajo sus botas y el murmullo distante del viento, mientras ambos se miden a esa distancia crítica donde cualquier avance o error puede decidir el combate.


Offrol
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
#12
*Ling sonríe al ver que las aberturas en la armadura de su adversario son pequeñas pero existentes , permitiéndole causar algo de daño al apuntar entre las mismas , debido a ello el se relaja un instante , pensando que esta pelea puede ser algo divertida , sin embargo este relajo le cuesta caro , pues su adversario le golpea con fuerza en el abdomen , haciéndole expulsar el aire que tenía y obligándolo a retroceder unos cuantos pasos para evitar caer al suelo*

“ demonios … eso duele…”

*dice entre dientes mientras se recupera un segundo del golpe y visualiza en el suelo detrás de su contrincante su arma arrojada con anterioridad , sabiendo que podría usarla para causar mas daño el decide ir a buscar su Tanto*

*Ling corre con velocidad hacia adelante , acercándose en un instante a su enemigo , para derrapar en el ultimo momento por un lado del mercenario , tomando con su mano izquierda su Tanto una vez más*

“ perfecto … me asegurare de hacer que este combate sea digno para ti … no lo alargare …”

*Dice para lanzarse con fuerza hacia su adversario usando la pared del almacén como punto de apoyo , atacando una vez mas las junturas de su adversario y su cara , buscando cortar la mayor cantidad posible a este gran sujeto*

“ VAMOS A BAILAR!”

*dice con emoción en mitad de su frenesí constante de ataques hacia el mercenario , no tan preocupado por sus heridas debido a que la Adrenalina empieza a llenar su cuerpo , permitiéndole seguir adelante mientras el dolor de cualquier golpe pasa a segundo plano*

Aquí vamos otra vez!
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 495 - 50 = 445
Energia: 538 + 0 = 538
Espiritu: 135 + 0 = 135
#13
El claro vuelve a llenarse de movimiento cuando Ling se lanza de nuevo hacia adelante, y durante un instante todo parece reducirse al ritmo acelerado de su respiración y al roce de sus pies contra la tierra húmeda. El mercenario jefe apenas tiene tiempo de reajustar su postura cuando, desde la periferia de la escena, una voz rota irrumpe en la noche.

Un grito desesperado, áspero, cargado de rabia y miedo, emerge desde la maleza.

Uno de los mercenarios que había quedado atrás, malherido pero no vencido del todo, se incorpora a trompicones y avanza con torpeza, arrastrando un arma que apenas puede sostener. Su silueta se recorta brevemente contra la luz de la luna mientras intenta lanzarse por la espalda, reuniendo las últimas fuerzas que le quedan para un ataque suicida, un intento torpe de cambiar el curso de un combate que ya no le pertenece.

No llega a dar el segundo paso.

El sonido seco de un disparo corta el aire como un látigo invisible.

El mercenario se sacude de golpe, su cuerpo se arquea de manera antinatural y la expresión de furia se congela en su rostro antes de desaparecer por completo. Cae hacia adelante, pesado, sin gracia alguna, estrellándose contra el suelo con un golpe apagado que levanta polvo y hojas secas. El arma se le escapa de las manos y rueda unos centímetros antes de quedar inmóvil, inútil.

El eco del disparo aún resuena cuando Ling alcanza al jefe.

El choque es inmediato y brutal. El acero encuentra carne y juntas, y esta vez no hay tiempo para bloquear ni para retroceder. El mercenario jefe recibe los cortes de lleno, el filo colándose entre placas, desgarrando piel, arrancándole un gruñido que se transforma en un aliento áspero, casi animal. Su cuerpo masivo se sacude bajo el impacto, pero aun así se mantiene en pie, aferrándose al combate con una voluntad que se niega a ceder.

Entonces suenan más disparos.

Dos estallidos rápidos, uno tras otro, que iluminan la noche con destellos breves y violentos. El primero pasa de largo, perdiéndose entre los árboles, pero el segundo encuentra su objetivo con una precisión implacable.

El impacto en la frente es definitivo.

La cabeza del mercenario se sacude hacia atrás, y durante un segundo imposible parece que el tiempo se detiene. Su arma cae de sus manos, chocando contra el suelo con un sonido metálico que resuena demasiado fuerte en el silencio repentino. Sus rodillas tiemblan, ceden, y su cuerpo comienza a inclinarse hacia adelante, pesado, derrotado al fin.

Antes de caer del todo, sus ojos se enfocan una última vez, ya sin rabia, ya sin arrogancia. Solo queda una lucidez amarga, casi tranquila.

-Heh…- deja escapar con dificultad, una risa rota mezclada con sangre. -Así que… así termina…-

Su respiración se vuelve irregular, cada palabra un esfuerzo enorme.

-No eras… una presa…- murmura. -Eras… la tormenta…-

Sus dedos se aferran un instante al aire vacío, como si intentara sujetar algo que ya no está allí, y luego se relajan por completo. El peso de su cuerpo lo vence y cae al suelo con un golpe sordo, definitivo, quedando inmóvil bajo la luz fría de la luna.

El claro queda en silencio.

Solo el murmullo del viento entre las hojas, el olor metálico de la sangre mezclado con la tierra, y los ecos lejanos de los disparos recordando que, incluso en medio del combate más feroz, alguien más ha estado observando desde las sombras.

Offrol


La maleza se agita de nuevo, pero esta vez no con la torpeza de un ataque desesperado ni con la violencia abrupta de un disparo, sino con un movimiento contenido, calculado, casi respetuoso con el silencio que ha quedado tras el combate. Entre las sombras que proyectan los arbustos aparece primero una silueta conocida, avanzando despacio, con el arma baja pero lista, como alguien que entra en un lugar donde sabe que el peligro ya ha pasado… aunque no del todo.

Es Bram.

Su figura emerge poco a poco, separando las ramas con cuidado, los ojos atentos recorriendo el claro, los cuerpos caídos, la puerta destrozada del almacén y, finalmente, deteniéndose en el revolucionario aún en pie. Lleva un arma de fuego corta en la mano, firme, segura, y su expresión es una mezcla de alivio tardío y una preocupación que no ha terminado de disiparse. No dice nada al principio; simplemente observa, como si necesitara confirmar con sus propios ojos que ha llegado lo suficientemente pronto.

A su lado aparece otro hombre, algo más joven, de complexión delgada pero fibrosa, con una barba corta y el rostro curtido por el sol y las noches al raso. Porta un rifle sencillo, de esos que no llaman la atención pero que nunca fallan cuando se los trata con respeto. Sus movimientos son silenciosos, entrenados, y su mirada salta de un punto a otro del claro con rapidez, asegurándose de que no quede nadie más oculto entre las sombras.

Bram baja el arma apenas un poco, exhalando despacio.

-Cuando vi que te ibas por el camino equivocado…- dice finalmente, con una voz grave que arrastra cansancio -supe que algo así podía pasar.-

Da un paso más al frente, clavando la mirada en el cuerpo del jefe mercenario caído, luego en los otros cadáveres esparcidos entre la vegetación.

-Así que hice lo único sensato que se me ocurrió- continúa. -Avisé a un viejo amigo… y te seguimos.-

El hombre del rifle asiente en silencio, acomodando el arma sobre el hombro mientras echa un vistazo rápido hacia el bosque, asegurándose de que nadie más se acerque.

-No ibas a salir de esta solo- añade Bram, ya con un tono más firme. -No después de meterte de cabeza en la boca del lobo.-

El viento mueve las hojas por encima de ellos, y durante un instante el claro parece respirar de nuevo, liberado de la tensión acumulada. Bram guarda el arma con un gesto práctico, pero su postura sigue alerta, consciente de que aún están demasiado cerca del infierno que acaban de desatar.

-Ahora- dice, mirando de nuevo al revolucionario, -vamos a sacar a esa gente de aquí antes de que alguien más escuche los disparos y venga a preguntar.-

La noche sigue siendo peligrosa, pero ya no está solo.

Interior del Almacén

El interior del almacén se revela como un espacio mucho más profundo y opresivo de lo que su fachada dejaba entrever, un lugar diseñado no para guardar cosechas ni herramientas, sino para ocultar algo que nunca debía ser visto. Al cruzar el umbral, el aire cambia de inmediato: se vuelve espeso, cargado de un olor agrio que mezcla humedad, químicos y el rastro inconfundible de cuerpos humanos que han pasado demasiado tiempo encerrados. La luz de la luna apenas consigue filtrarse por las rendijas del techo, creando haces irregulares que iluminan el polvo suspendido y dejan amplias zonas sumidas en una penumbra inquietante.

El espacio principal es amplio, con el techo sostenido por vigas de madera gruesas que crujen suavemente, como si protestaran por el peso de los secretos que cargan. A los lados, antiguas estanterías agrícolas han sido reutilizadas para almacenar cajas metálicas, bidones sellados y frascos etiquetados con símbolos técnicos que no corresponden a ningún uso rural. Algunos recipientes están abiertos, dejando escapar un olor dulzón y artificial que resulta perturbador incluso sin saber exactamente qué contienen. El suelo, de tierra apisonada, presenta manchas oscuras y marcas arrastradas que hablan de movimientos forzados, de cargas que no siempre fueron objetos inertes.

Más adentro, separados por una estructura improvisada de tablones y rejas, se extiende el verdadero corazón del lugar. Una serie de celdas toscas, construidas con barrotes soldados de forma irregular, se alinean a ambos lados de un pasillo estrecho. Dentro, figuras humanas se distinguen en distintas posturas, algunas sentadas contra la pared, otras recostadas sin fuerzas, todas envueltas en un silencio pesado que solo se rompe por respiraciones débiles y algún gemido ocasional. Sus ropas están sucias, demasiado grandes o demasiado pequeñas, y sus rostros muestran una mezcla de agotamiento, confusión y una sumisión inquietante, como si la voluntad se les hubiera ido desgastando poco a poco.

En una mesa situada al fondo del pasillo hay instrumentos que no deberían estar en un almacén agrícola: jeringas, frascos graduados, paños manchados y cuadernos abiertos con anotaciones apresuradas. Las páginas están llenas de números, observaciones y palabras tachadas, y algunas hacen referencia a reacciones, dosis y comportamientos, reduciendo a las personas encerradas a simples variables de un experimento. Cerca de allí, una lámpara alimentada por combustible ilumina la escena con una luz amarillenta y enferma, proyectando sombras alargadas que deforman las paredes y hacen que el espacio parezca aún más estrecho de lo que es.

El silencio del lugar no es absoluto, pero tampoco está lleno de vida. Es un silencio contenido, roto por el goteo constante de agua desde algún punto del techo y por el leve tintinear de cadenas cuando alguien se mueve dentro de una celda. Todo en el interior del almacén transmite la sensación de que el tiempo se ha detenido, de que quienes fueron traídos allí dejaron de formar parte del mundo exterior mucho antes de que alguien pensara en rescatarlos.

Es un sitio construido para que nadie mire demasiado tiempo, para que incluso quienes trabajan allí aprendan a no pensar en lo que hacen. Un lugar donde la noche parece eterna y donde cada pared, cada objeto y cada sombra cuentan la misma historia: la de un horror mantenido en silencio, esperando que alguien, finalmente, se atreva a abrir la puerta.

Información
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
#14
*el disparo congela por un segundo a Ling , sabiendo que alguien ha disparado contra ellos , pero sin saber quién, alguno de los mercenarios quedaba con vida? , llegaron refuerzos de los guardias?*

*todas las preguntas se detienen al momento en que el segundo disparo atraviesa la Sien del su oponente , dejándole detenerse y caer en combate como un buen guerrero merece , Ling gira hacia donde venían los disparos con las armas listas por si es un enemigo , pero no , es aquel agradable Tabernero con su compañero*

“ ja… es bueno verles aquí … no sabía que tenía caballería llegando a mi rescate …”

*dice con un tono juguetón mientras limpia sus armas con el respeto que estas merecen , para finalmente hacer una plegaria hacia el cuerpo del jefe mercenario con un símbolo de manos que Bram no reconocería , para luego mirar en los bolsillos del mismo si es que este tenía una llave o algo así consigo, por respeto no roba a los muertos , pero una llave para liberar a los vivos tiene más peso que el respeto por los difuntos*

“ Si … vamos a sacar a los encerrados … encontraron al que deje escapar antes?”

*una vez dentro el rostro de Ling se endurece , mirando con asco y pesadez a todo este lugar el se dispone a mirar las celdas y luego a los cuadernos de anotaciones , para extenderlos a Bram*

“ esto hicieron con ellos … si pueden tomen cualquier libro o cuaderno que parezca tener información , con ello se podrá exponer a los que causaron esto … yo tratare de abrir las jaulas para sacar a esta gente …”

*dice Ling mientras mira alrededor , notando las manchas , posiblemente sangre u otras cosas , el estado de la gente y como algunos parecen más cadáveres que vivos , rápidamente el se dispone a abrir las puertas como pueda para sacar a todos los que puedan caminar , antes de ver si alguno requiere ser cargado hasta un lugar seguro*

“Vamos … nos encargamos de los guardias … todo el que pueda ponerse de pie , adelante , los sacaremos ya mismo … y el resto , será llevado lo antes posible a que puedan recuperarse …”


Se acaba el combate
#15
El silencio que sigue a los disparos no es inmediato ni limpio; es un silencio espeso, irregular, como si el propio claro necesitara unos segundos para aceptar que la violencia ha terminado. Bram mantiene el arma en alto un instante más, recorriendo con la mirada cada rincón visible, cada sombra entre los arbustos, hasta que la certeza de que no queda nadie más con intención de pelear se asienta por fin en su pecho. Solo entonces baja el cañón lentamente y avanza, seguido de su amigo, con pasos firmes pero cautelosos.

Cuando cruzan el umbral del almacén, el cambio es inmediato y brutal. El olor los golpea antes incluso de que la vista termine de adaptarse a la penumbra: una mezcla de humedad estancada, químicos dulzones y el rastro inconfundible de sufrimiento humano prolongado. El amigo de Bram aprieta la mandíbula con fuerza, desviando la mirada un segundo, como si necesitara recomponerse antes de seguir avanzando. Bram no aparta los ojos; observa cada detalle con una expresión dura, contenida, como si estuviera grabando el lugar en su memoria para no olvidarlo jamás.

Se mueven con rapidez, pero sin prisas inútiles. Bram va de celda en celda, probando cerraduras, forzando barrotes cuando es necesario, usando la llave recuperada y, cuando esta no sirve, recurriendo a la fuerza bruta con la culata del arma o con herramientas encontradas en el propio almacén. Su amigo se encarga de los prisioneros más débiles, sosteniéndolos cuando las piernas no responden, hablándoles en voz baja, asegurándoles que ya no están solos, que lo peor ha pasado aunque sus cuerpos aún no lo sepan.

Uno a uno, los barrotes se abren. Algunos prisioneros tardan en reaccionar, miran con desconfianza, como si esperaran que aquello fuera otra fase del experimento, otra mentira cruel. Bram se arrodilla frente a uno de ellos, un hombre mayor con la mirada perdida, y le coloca una mano firme en el hombro, obligándolo suavemente a enfocarse en el presente. No dice mucho, no hace promesas grandilocuentes; solo repite que es real, que pueden salir, que nadie va a detenerlos.

El interior del almacén se llena poco a poco de movimiento torpe y desordenado. Hay quienes pueden caminar por su propio pie, avanzando despacio hacia la salida, tambaleándose como recién despertados de un sueño pesado. Otros necesitan ser cargados, sostenidos por los hombros, levantados con cuidado para no romper unos cuerpos ya demasiado castigados. Bram y su amigo se turnan sin decirlo, sin necesidad de acordarlo, actuando con una coordinación nacida de años de sobrevivir juntos.

Mientras tanto, los cuadernos y documentos son recogidos con cuidado. Bram los guarda en una bolsa de cuero, pasando las páginas lo justo para confirmar que aquello es exactamente lo que parece: pruebas, nombres, números, anotaciones que no pueden ser ignoradas. Cada hoja es una acusación silenciosa, y Bram siente cómo la rabia se mezcla con una determinación férrea al saber que, esta vez, no todo quedará enterrado.

Cuando el último prisionero capaz de moverse sale del almacén y el interior queda reducido a sombras, sangre seca y recuerdos que no deberían existir, Bram se detiene un momento en la puerta. Mira hacia atrás, hacia las celdas vacías, y luego cierra los ojos un segundo, como si necesitara despedirse del lugar antes de dejarlo atrás para siempre.

Afuera, bajo la luz de la luna, el grupo se organiza para marcharse. Bram se acerca al revolucionario, ya sin el arma en la mano, y por primera vez desde que apareció entre la maleza, su postura se relaja de verdad. Hay cansancio en su rostro, pero también algo más profundo: gratitud sincera, sin adornos.

-Gracias- dice finalmente, con una voz grave que no intenta ocultar lo que siente. -No solo por pelear… sino por no mirar hacia otro lado. Mucha gente habría salido corriendo después de la explosión. Tú volviste.-

Hace una breve pausa y señala en dirección a la costa, hacia donde la oscuridad se vuelve más densa.

-Si necesitas desaparecer un tiempo, puedes hacerlo en la cueva donde estaba resguardado- añade. -Nadie la busca, y ahora menos que nunca. Allí podrás curarte, descansar… y decidir tu siguiente paso sin que nadie te respire en la nuca.-

Bram da un último vistazo a los prisioneros, ahora rodeados, sostenidos, vivos, y asiente para sí mismo.

-Sorbet te deberá algo después de esta noche- concluye. -Y yo también.-

Sin ceremonias ni discursos finales, el grupo comienza a moverse, alejándose del almacén y de todo lo que representaba, dejando atrás un lugar de horror vacío y silencioso, mientras en la oscuridad empieza, por fin, algo parecido a la esperanza.

Información
*Pienso*  -Hablo-  Narro
[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]
#16
✓
Aventura T2: Completada


Recompensas Narrador (Moja)

— Puntos Mugiwara: 15

— Puntos de Rol: 20

— Berries: 30.000


Recompensas User (Ling Guang)

— Puntos Mugiwara: 10

— Reputación: 20

— Atributos: -

— Berries: 20.000

STAFF DE NAKAMA NO MI

Aclaraciones


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)