The Changeling (Pasado — Jin)
#11
Atributos Personaje


Volvió a guardar su bolsita de arpillera una vez su gesto de generosidad en forma de un simbólico regalo había sido rechazado, parecía haberse ofendido el contrario por el gesto. Analizó por unos momentos la respuesta para tratar de entender qué había sido el gesto.

— ¿Si parece necesitar... dinero? Oh, entiendo, cuando alguien se muestra amable con usted asume en primera instancia que es por lastima, socavar su autoridad, o para dar un mensaje —Tenía sentido, el contrario parecía el típico varón que necesitaba reafirmar su dominancia inclusive en interacciones sociales como esas. No le molestaba, aunque no compartiese esa ínfima arista en la geometría del ser, pues él tampoco es que quisiese tomar las riendas, resaltar o ponerse a entregar algún tipo de mensaje entre líneas; la vida era mas simple si no debía preocuparse demasiado con los pormenores de la sociabilidad. — Lo tomaré en cuenta a futuro en pos de no incomodarlo —Asintió con genuina cordialidad en su tono a la vez que se calzaba sus guantes.

Estaba listo para irse, dispuesto a partir sin más pues consideraba que no había mucho más de lo que hablar con el mayor. Pero algo en él cambió cuando escuchó la última pregunta que los labios del yakuza profirieron en su dirección.

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¿Era un desafío? ¿O es que acaso lo estaba subestimando? La mano en la espada estaba lista para ser desenvainada, las palabras una vez escupidas no podían echarse atrás. Uno era dueño de sus silencios, y esclavo de sus palabras. Hizo tronar su cuello en respuesta, su mirada se volvió férrea e impávida ante la presencia del mafioso. Eros no temía, sin importar lo que tuviese en frente, pues la muerte no era para él más que un rubro en el cual él era un profesional.

El hombre se había acercado, tres metros los separaban. Juzgó en una mirada la longitud del arma, analizó la altura del contrario y tuvo un parámetro de la distancia de su brazo. Entonces dejó escapar un largo suspiro, el resto sucedió en un parpadeo.

Su cuerpo se convirtió en el de una pequeña criatura abalanzándose con un salto en una embestida instantánea contra el mayor de los dos, no hubo piedad solo un momento de ferocidad inusitada por parte del usuario de Zoan que ahora mostraba su forma completa a la par que la garra de su mano derecha buscaba apuñalar cual punta de lanza la mano que sostenía la tsuba de la espada haciendo que ésta volase del agarre de las manos. Pero no fue el arma lo que voló, sino el hombre que la agarraba.

Inmediatamente tras la caída descendente de su ataque el topo no tardaría ni un segundo en meterse bajo tierra avanzando por la misma con movimientos similares al lado de un pez...
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Ataúd
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#12
Atributos Personaje


No comprendía a ese tipo, de ninguna de las formas. Era cuanto menos extraño, curioso. Cuanto menos, al menos no parecía ofendido (no bajo su perspectiva) del rechazo del dinero que le había sido ofrecido. Al menos parecía tener bien en cuenta su punto de vista. Un momento, ¿Ese joven lo comprendía? Qué extraño. Hizo una leve mueca, no de disgusto, más bien de ligera confusión, elevando sus labios a un lateral. —Lo tendré en cuenta, pues.

¿No se había visto provocado? Su mano se mantenía firme entre su cinturón y la vaina de su katana, con el pulgar preparado para empujar la tsuba, desenvainarla con su mano opuesta para darle una pequeña confusión… Una que acabó recibiendo él. Ni su pensamiento fue tan veloz como el topo que se le puso delante de su rostro. Trató de mover la misma mano, incluso usar el pulgar, pero el tiempo no fue a su favor. Solo notó un impacto, el dolor en su brazo, misma que sostenía el arma y su cuerpo se elevó, estampándose contra una de las lápidas, casi al punto de romperla.

Todo dentro de él se sintió lejano, confuso. ¿Dónde estaba? ¿Qué estaba haciendo? ¿Dónde había ido? No sintió el dolor de forma inmediata, no, tuvo que sacudir su cabeza. Primero trató de sentarse, su cuerpo respondiendo de forma lenta, demasiado quizás para lo que normalmente hacía. ¿Un momento? ¿No estaba dormido? Ah, posiblemente no. ¿O sí? Todo parecía darle vueltas. Elevó su mano, en un segundo quejido que emanó de entre sus labios, y la posicionó a un lado de su rostro, cerrando ambos de sus ojos, tratando ahora de enfocarse en qué estaba haciendo, dónde estaba, su rostro volteándose a un lateral de la propia lápida.

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Un momento. Ahora la vista era borrosa, poco a poco abriendo los ojos, todavía con su mano sobre el rostro, buscando enfocarla. ¿Por qué veía un topo tan grande delante de él? ¿Estaba soñando? No recordaba sueños tan extraños en su condenada vida. ¿Dónde diantres estaba ahora metido?

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Sacudió su cabeza una última vez, ahora con un ojo cerrado, el otro abierto, como si a duras penas estuviera despertando de un sueño. Fue cuando algo le llegó, en el momento de descender la mano. El dolor en su muñeca. El cinturón roto, la katana había caído a medio camino en cuanto a su caída, estaba prácticamente en el centro, entre Eros y el yakuza. Sacudió su rostro de nuevo, ahora tratando de despejarse. El dolor, ahora convertido en un sangrado, pudo sentir el escozor, el dolor. Ah, condenado fuera él, que comenzó a sentir elevar la temperatura. Tenía que enfocarse. Sacudió su rostro una segunda vez, elevando su cabeza al fin. Estaba volviendo a la realidad poco a poco, lentamente, pero ahora reconocía mejor dónde estaba, qué había estado haciendo hasta entonces y a quién tenía delante de él y, obviamente, por qué estaba allí, al fin. Le tomó demasiado tiempo recuperar su mente. Su mano se dirigió a la herida que aquel… bueno, ahora topo, le había hecho. Su sonrisa se dibujó en su rostro, con un claro pensamiento. Necesitaba ponerlo a su favor, fuera como fuese. Sus ojos se elevaron buscando al propio topo, quien ya no estaba allí.

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—Conque un usuario de Akuma, eh…

Se divertía, oh, sí, se estaba divirtiendo, el bulto entre sus piernas lo demostraba. La adrenalina, el dolor de su mano. Ese joven era alguien que tenía que aprovechar, fuera como fuere. Trató de mentalizarse. No es que su mano estuviera inutilizable, pero debía estar preparado. Su mano se adentró lentamente en uno de los bolsillos del abrigo de su traje, retirando una de sus katanas del interior de la misma. Dudaba tener tiempo a recoger la katana sin volver a ser atacado, tampoco sabía si se iba a ver atacado de nuevo, pero tenía que estar preparado. Era veloz, demasiado. ¿Siquiera lo escucharía? Siendo un topo ahora, claramente estaría bajo tierra, entre la lluvia de cadáveres que había ese cementerio. Cerró sus ojos, ahora mismo no podía fiarse de ellos bajo ninguna circunstancia, pero había algo que sí había preparado, entrenado de sobra; su sentido del oído. Pudo escucharlo entonces, bajo sus pies, como bien había supuesto, moviéndose como un pez, podía incluso, desde el sonido, trazar la distancia a la que se le acercaba o alejaba. También debería estar ciego, ¿se guiaría por sus sentidos? ¿O el Akuma no le privaba del sentido de la vista? Lo que sí sabía era que podría confundirlo si estaba bajo tierra. Por eso, aprovechó para lanzar la misma daga en una dirección. El sonido no se sabría de dónde provendría ya que, obviamente, el suelo no haría sonar el metal ni el filo, solo se escucharía algo caer. A su vez, caminó con mucho sigilo, recuperando su katana y, ahora sí, preparado para desenvainarla. ¿Tendría tiempo a reaccionar de nuevo? Su sentido del oído sería quien lo iba a guiar, preparado para cualquier otro ataque ofensivo en caso de tener una oportunidad. Solo miraba el suelo, enfocado en los sonidos que pudieran provenir del propio suelo. Todo el movimiento fue realizado en su acto de sigilo, agradecido de que su experiencia lo hubiera llevado al punto de saber evitar el más mínimo sonido incluso en un lugar como ese. Es más, quiso verificar su teoría, acercándose lentamente hasta donde está la daga, a la espera de saber si se sabía guiar, o era sencillamente algo aleatorio.

Cajita de Tabaco
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#13
Por el interior de la tierra el movimiento del depredador que parecía una criatura de peluche era metódico sin pies a movimientos en falso, o nada que lo fatigase de más. Sintió el lanzamiento de la daga por parte del yakuza ¿Era un intento de disuadirlo? No lo sintió cómo una pisada o un salto, sino como un impacto de algo de menor masa que un puñetazo. Entonces la presa mordió el anzuelo, sintiendo el movimiento de la espada por encima de la tierra en el punto preciso donde estaba esperando. Emergió con un ascenso diagonal de tres metros desde su posición saliendo de la tierra con una velocidad aún mayor de la que había usado en su ataque previo.

Su garra se extendió hasta la nuca del yakuza a la par que éste se disponía a agarrar su arma golpeando la misma con la misma ferocidad de un espadazo pese al modesto tamaño del usuario de Zoan. Eros no estaba yendo a matar, pues solo estaba respetando el deseo de combate de aquel frente a él, pero la ferocidad no era algo que él regulase así fuese un combate a muerte, o un entrenamiento con sus tripulantes.

El golpe desplazaría al yakuza nuevamente lejos del arma, y el topo a la par que caía al suelo volvió a su forma humana con la guardia en alto y la vista puesta en su oponente, usando su pie derecho para levantar la katana sosteniéndola en su zurda. – Lanzar algo para confundirme fue una buena idea, pero tengo mejores sentidos cuando me transformo así pierda la vista… Puedo olfatear y sentir las vibraciones del suelo –Explicó demostrando una de las virtudes de su personalidad, su nobleza y su honestidad. No le molestaba revelar detalles sobre cómo funcionaba su fruta del diablo así diese como resultado un combate más justo ante sus ojos.

Entonces extendió la zurda en dirección al yakuza, dispuesto a entregar la espada nuevamente a su legítimo dueño. – Suya –Pero su postura no se relajaba, cerrando el puño derecho y tensando los músculos de hombro listo para que el combate siguiese.

Ataúd
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#14
El sonido bajo sus pies se volvió más fuerte, ni siquiera pudo esperarlo de nuevo. El maldito estaba preparado antes incluso de que su mano tomara la katana. ¿Cómo diablos lo hacía? Solo se vio de nuevo alejado, pero esta vez no cayó. Por el contrario, mantuvo el equlibrio, pero sus pies retrocedieron en la tierra. Su cabeza volvió a dar vueltas en el limbo, tratando de pelear internamente por la consciencia bajo su propia confusión. Sus ojos se cerraron, su cuerpo se sacudía junto a su cabeza en círculos, como tratando de mantenerse. Todo a su alrededor daba vueltas. Elevó su mano, tratando, una vez más, de recomponerse. Tiempo que pudo haber perdido y, sin embargo, en el instante que terminó de sacudir su cabeza, solo vio al contrario, ahora en su forma humana. Al fin poco a poco sus sentidos volvían poco a poco. El resto de las palabras todavía se le hicieron lejanas, a duras penas pudo escucharlas, por el contrario, sí pudo una sola cosa en el momento que veía su arma, perfectamente introducida en su vaina y lo observó.

—Suya.

Qué considerado. No solo era un buen luchador y poseedor de Akuma, también era sorprendentemente bueno peleando. Parpadeó un par de veces, terminando de centrarse del todo, tomando la katana de entre sus manos. Ahora sí, el dolor lo volvió a azotar como una oleada repentina. Apretó los dientes, tratando de fingir que el dolor no le estaba provocando aquella sensación electrizante. Sin embargo, su sonrisa no se desvanecía, tomando la katana en sus manos, sin dejar de verlo directamente a los ojos.

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—Debo decir que es más rápido de lo que tenía en mente.

Y desde luego no esperaba que también tan perspicaz pese a la calma que parecía demostrar físicamente. Miró su katana, con calma por unos segundos. Podría seguir enfrentándose a él, pero estaba claro quién iba a salir ganador de eso. —Me gustará tener más peleas, pero un cementerio dudo que sea el lugar más adecuado para eso, joven Focalor. — Emitió un quejido, ahora mirándolo de frente. Sus ojos, fuera de su transformación, tenían que descender hacia donde estaba el contrario.

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—Pero por un poco más, dudo que sea un problema.

Desenvainó su arma, su muñeca todavía seguía dolorida, pero lo hizo con la opuesta. El sonido del filo se hizo notar. Ahora sí, podía recordar las palabras bajo su estado de confusión y dar sentido a aquello. Por supuesto que no había caído en la trampa, sus propios pasos habían sido suficiente para sus sentidos. Bajo tierra él tenía desventaja, a menos que la aprovechara, y un cementerio no tenía dónde. Tampoco tenía alas para aprovechar su sentido del oído de forma más firme. —Espero que no le importe, me divierte pelear con alguien con unas habilidades tan impresionantes como las suyas, joven. — La hoja ahora brillaba frente a él, dando esta vez él mismo la iniciativa, volviendo a reacomodar su arma dentro de la vaina, como si no fuera a pelear. ¿Sus reflejos serían igual de buenos que su momento al atacar? Ahora era el momento de verlo. No iba a morir, no lo planeaba al menos, pero sí quería divertirse un poco más, explotar ese momento un poco más hasta el límite de lo posible. Solo un poco más. Ahora, en apenas un parpadeo, hizo un movimiento que atravesó a ambos, moviéndose a unos metros de él. Lo único que se pudo escuchar fue el clic de la hoja cerrándose en su propia vaina, volteándose para mirar con calma. Estaba más que seguro de haberle dado, sin lugar a dudas. Aparentemente sus reflejos no eran iguales. Desenvainó de nuevo, a la espera de ver cuál iba a ser su siguiente movimiento. Una sola mano para la katana, la derecha, por costumbre, ahora con una distancia de diez metros entre ellos. Si atacaba, quizás pudiera verlo con un poco más de tiempo o, como mínimo, al desaparecer.


Cajita de Tabaco
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#15
Cuando el contrario agarró la espada, por un momento Eros pensó que la contienda había terminado. Las palabras del mafioso eran respetuosas y mostraban una cortesía digna cómo le gustaba tratarse con las personas a Eros, aun más en una situación de conflicto directo cómo esa. Se entendían los tantos de la caballerosidad en ese momento, y el sepulturero podía respetarlo. No dijo nada en respuesta a las palabras del más alto de los dos, tampoco hubo mucho tiempo a decir verdad pues raudo fue el filo del contrario. El filo tocó su rostro cortando limpiamente la piel. La sangre brotaba de su rostro por encima de su ceja izquierda pasando por el puente de su nariz y finalmente llegando a su mejilla derecha trasversalmente para cubrir la mitad del rostro de Eros en una cortina carmesí, caliente y metálica.

En completo silencio la mirada de Eros giró hasta Jin cuando éste se hubo posicionado en su espalda, y ese fue un momento crítico pues apenas éste hubiese llegado a la posición, el sepulturero ya estaba avanzando con la rapidez de una bestia incapaz de sentir nada más que la irresoluta sed de sangre y el frenesí de la contienda. Tres metros los separaban. La espada del contrario estaba siendo desenvainada nuevamente cuando el puño del sepulturero se elevó golpeando la mandíbula del espadachín con un gancho ascendente.

Sus ojos ambarinos brillaban. Un atisbo de lo que podría ser identificado como una sonrisa parecía tensar los músculos de su cara ahora bordó como el vino tinto, la respiración de su pecho era pese a todo acompasada y el dolor de la batalla hacía que el muchacho se regodease en el flagelo que la violencia le imponía como un impuesto a pagar sobre su cuerpo por la emoción de sentirse vivo. Pues sí, nada lo hacía sentir tan vivo como herir y ser herido manteniéndose al alcance de un brazo en todo momento, persecutorio y atenuante como la muerte que siempre acechaba.


Ataúd
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#16
Lo supo. No eran necesarias palabras, desde luego que no. Ese hombre disfrutaba y se comunicaba desde un combate. Maldición, ya le estaba gustando. Su sonrisa se dibujó, de oreja a oreja. Y pensar que era de ese modo... Ahora sólo tenía su adrenalina en el pico, ascendiendo en su interior. Una de sus mayores pasiones: combates difíciles. Quizás estuviera empujándolo de más, pero así había aprendido él; viviendo al límite. No pregunten cómo diablos sigue vivo teniendo en cuenta ese detalle. Supo que lo hirió, lo sabía bien. Cuando se volteó pudo ver la sangre, aquel destello silencioso en su mirada. Una sensación electrizante lo llenó. No iba a ser fácil, pero sí divertido. Maldición, incluso fantaseaba por un nuevo encuentro con ese joven y un combate más en un lugar más adecuado. 

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Ahora conocía otro punto débil a explotar; sus reflejos. Del mismo modo que los suyos eran insuficientes para verlo, parecía darse la misma situación en la contra, algo que iba a aprovechar. Significaba que debía atacar primero si quería una posibilidad de vencer. Posiblemente no habría victoria en esta ocasión, pero sí diversión.

Y allí estuvo su error, darle la espalda y no voltearse a tiempo, algo que lo hizo sentir el golpe bajo su mandíbula. Su rostro se elevó, sintiendo el impacto. Menos mal que al menos sus dientes estaban apretados para no morderse la lengua en el momento del golpe. El dolor lo azotó de forma tan intensa como su propia adrenalina, la misma que lo hizo reponerse, prepararse para, esta vez, ser él quien no le daba tregua. Debía aprovechar ese punto débil, debía disfrutar hasta el último maldito segundo. Ya no era cuestión de vencer o no, era cuestión de comunicación silenciosa, la cuestión de aquella silenciosa comprensión que ambos parecían mantener mediante una pelea de hombre a hombre.

Su desenvaine fue completado, su mano ahora en un baile diagonal ascendente, desde la zona inferior de su torso derecho hasta el hombro izquierdo. No quiso darle tregua. Segundo impacto, descendente, a la vez que su mano izquierda se posicionaba en un lateral del abrigo de su traje, con un sonoro clic, revelando así su segunda daga, lista para ser usada en el instante exacto que la katana descendió, esta vez desde el hombro izquierdo del contrario hasta el lado derecho inferior de su torso, dejando una marca en forma de X. ¿Cuándo había sido la última vez que lo había disfrutado de este modo, sin tener en cuenta su condenado sadomasoquismo? Años... Demasiados quizás.

Y lo estaba disfrutando como hacía mucho tiempo que no lo hacía. Condenado Focalor y su forma de ser. Le encantaba, incluso sin tener en cuenta sus negocios, lejos del conocimiento de sepulturero, lejos del favor de su padre; era alguien que lo comprendía en absoluto silencio, uno que siempre prefería mantener y solo demostrar. Tras el ataque, retrocedió seis metros, con la katana al frente, en posición de defensa.


Cajita de Tabaco
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#17
Jin había sentido el embate de la furia titánica de no más de veinticinco centímetros, y también un golpe de la forma humana de Eros ¿Pero había algún otro as bajo la manga del sepulturero cuyo pecho se expandía, y contraía con cada latido de su corazón y cada marcada respiración frenética por el fervor del éxtasis bélico? Los modales de Eros contrastaban lo que estaba viendo, pues pese a su torpe timidez aquello que se desenvolvía frente a Jin era poco menos que una bestia que disfrutaba de sangrar cómo estaba sangrando por los cortes.

No dijo nada al respecto, pues era un hombre de pocas palabras y, desde su perspectiva, en ese momento las palabras sobraban pero sí hubo un ademán que llamó la atención a la par que extendía los brazos para los costados de su cuerpo como si estuviese dispuesto a recibir en un abrazo al yakuza. Pero ese día no habría abrazos para ninguno de los dos.

El crujido de huesos comenzaría a sonar a la vez que la altura de Eros aumentaba hasta medir dos metros y medio, su musculatura se volvió mucho más marcada así como largas garras afiladas crecieron de sus dedos. En su cara su nariz se volvió una larga trompa de topo, justo por encima de su boca de humano y sus ojos ambarinos se mantenían fijos en el yakuza.

Eros dio un paso hacia el yakuza, el cual ya no tenía la misma ligereza de siempre, era mucho más firme por el aumento de su masa muscular. Avanzó lentamente dos metros antes de lanzarse con un salto a un metro del mismo para un ataque frontal, el salto fue rápido, sus garras letales.

La mano derecha voló hasta el cuello del yakuza, no obstante se detuvo antes del impacto. Tocó el cuello del mismo con la punta de sus garras, suavemente y asintió. No había más por lo que luchar, finalmente volviendo a su forma humana para asentir otra vez más con la cabeza, tronando su cuello.

— Gracias por el combate, lo he disfrutado bastante, ha sido un oponente con digna caballerosidad

Era honesto, humilde. No se regodeaba en lo que acababa de pasar, y parecía respetar al yakuza como un igual. Entonces extendió la diestra hacia él ofreciendo un estrechón de manos.

— ¿Quiere acompañarme a que nos traten las heridas? A decir verdad en mi tripulación hay un médico... Ah, si, soy pirata. Capitán, y eso... Es un médico muy bueno, pero le va a decir "Tonto" a cada rato, no se lo tome personal ¿Si?
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#18
Le había dado, lo sabía y, sin embargo, el joven soportaba los golpes. No… no solo eso, incluso parecía disfrutar del combate, la situación, ¿acaso no le dolía? Sus ojos pudieron verlo, transformándose una vez más en aquella criatura. No es que no quisiera evitarlo, es que para cuando quiso hacerlo sus ojos se abrieron de par en par, sintiendo las garras del Zoan en su propio cuello. Pudo haberlo matado fácilmente y, allí estaba, ahora siendo más alto que él. Pudo haberse asustado, pudo quizás haber tenido miedo, pero siempre estaba preparado para este tipo de situaciones. Eso no evitaba que el sudor frío corriera por su frente, sus ojos se encontrasen completamente dilatados, mirando al frente, en expresión de sorpresa.

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Rápido, fugaz, sin temor. Ese muchacho tenía verdadero valor. Sus ojos volvieron a dilatarse, dentro de la normalidad. Sintió el frío de sus garras apartándose de su cuello y su cuerpo, que hasta entonces no se había dado cuenta de lo tenso que se encontraba, comenzó a relajarse lentamente. Sus palabras lo calmaron, incluso cuando la adrenalina ascendía por todo su cuerpo. Su sonrisa se amplió incluso más. Le estaba agradando el muchacho. Creyó que solo era un joven encerrado siempre por su padre y sin embargo le estaba demostrando que tenía capacidades más que de sobra.

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—También ha sido un oponente interesante, joven Focalor.

Sus ojos se volvieron a él, ahora directamente a sus ojos. Elevó lentamente su katana, volteándola boca abajo, para así dejarlo descender tranquilamente hasta reacomodarla en la vaina. —Me encantará volver a pelear con usted en algún otro momento. Ha sido entretenido y satisfactorio. — Sentía que había aprendido más que en mucho tiempo y en sus entrenamientos con su propio jefe. Elevó el abrigo de su traje, reacomodando la daga, elevando lentamente su brazo derecho hasta su frente, donde la sangre había comenzado a descender, limpiándose la sangre con su propia ropa para evitar mancharse la piel. No era inmune, los golpes del contrario eran duros, claro que había tenido secuelas. Poco tardó en poder ver la mano que le extendía, aceptando su mano, apretándola como quien cerraba un buen trato; con seguridad y firmeza.

Las palabras, ahora sí, le hicieron arquear una ceja. La coincidencia era, cuanto menos, abrumadora. La muletilla de aquel que recordaba tener un contrato de por medio, uno que quizás se prolongaría. Claro que, no era el único, pero la casualidad era enorme. No pudo evitarlo, sintió curiosidad. —Conque capitán pirata eh… — Sentía que el joven estaba alzando el vuelo con unas alas nuevas. En un inicio, solo guardó silencio, apartando con educación su mano al finalizar el apretón de manos y caminó hasta donde poco antes había dejado caer su otra daga cuando el topo se encontraba bajo tierra. La curiosidad le pudo, conocer si era demasiada casualidad o no. ¿Quién era él para negarse? Además, quisiera o no, no le vendría mal que le atendieran las heridas. Tomó la daga, guardándola en la parte trasera de su pantalón, en una pequeña funda que ocultaba el abrigo de su traje, volviendo la mirada hacia el joven.

[Imagen: k0E7Xsk.png]
—Está de suerte. Se me da bien escuchar insultos sin responder, joven Focalor.

Se acercó a él. Claro que, Jin era quien más afectado estaba de los dos y, si realmente era el joven que él conocía, ya sabía qué tipo de palabras dirigiría hacia su persona. Quiso saber qué tipo de conexión tenían, si se conocían de hacía tiempo o solo era casualidad. —Será un placer aceptar su oferta. Procuraré no robar demasiado tiempo a usted y a su médico, joven capitán.
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