[Aventura T4][Presente Absoluto](+18) Construir destruyendo un pasado
#31
Kiyoshi se recuperó usando el botiquín que le había dado. Parecía estar listo para un nuevo asalto, al igual que Eros, pero eso no era nada extraño en nuestro capitán. De igual modo, nuestro rival se preparaba de nuevo para una embestida. Ya había hecho gala de una buena velocidad y de una increíble resistencia, pues nuestros ataques no parecían haberle hecho mella pese a haber recibido varios. Del humo emergió su imponente figura; alto, robusto e indemne. Adoptó una pose típica de un artista marcial, algo que me dejó claro que su intención era la de seguir luchando. Lo corroboró con sus palabras. Ese sería su ataque final.

Sin embargo, justo en ese instante, una alguien gritó tras nosotros. Una voz aguda, de mujer. Una voz débil, como la de aquellos que yacen en la cama de un hospital durante demasiado tiempo. No obstante, tenía fuerza. La suficiente como para detener la arremetida del gigante. Al ver que el ataque se detenía miré hacia el barco a nuestra espalda. En él, la figura de una joven enfermiza que le implora a su maestro que detenga el enfrentamiento. Su piel, enrojecida, mostraba pústulas fruto de la infección que correría por su cuerpo. Por un instante, las fuerzas la abandonaron y tuvo que sujetarse a la regala para no caer, pero no así su determinación, pues ordenó al resto abandonar el barco y detener allí su viaje. A mi lado, Eros había vuelto a su forma humana y frente a nosotros, el maestro parecía aceptar lo que decía la chica. La tensión abandono mi cuerpo, se diluyó como lo hace un terrón en un té caliente. 

El capitán se relajó y confirmó que buscábamos hacernos con el barco. Alguien podría pensar que nos habíamos convertido en seres de una bajeza moral increíble, pero nada más lejos de la verdad. Esta isla, el mundo... Nos habían convertido en algo distinto, en supervivientes. Unos piratas sin barco eran como... Bueno, como una persona normal sin un hogar al que volver. 

Queríamos el barco y nos íbamos a hacer con él, pero no de cualquier manera. Nuestro capitán cogió una bolsa de monedas y se la dejó en la mano a aquella mujer. Yo no era capaz de despegar mi mirada de su piel llena de abscesos. Pensaba si sería contagioso, en cómo lo habría contraído, en si sería letal. 

—Kiyoshi, ¿has visto eso...? —pregunté, a sabiendas de que el doctor se habría fijado en ello, bien por su oficio o por su aversión a las enfermedades—. ¿Sabes acaso de qué se trata? ¿Tiene cura? —susurré para que el sonido solo le llegase al médico.

Eché el rifle a la espalda, me calé mi sombrero y avancé unos metros hacia el barco. Tenía ante mi la que parecía que iba a ser nuestra nueva casa. El nerviosismo de la batalla comenzó a abandonar mi cuerpo, haciéndose a un lado para dejar paso a las sensaciones que anteriormente llenaban mi cuerpo. El hambre volvió a asaltarme y deseé con todas mis fuerzas que hubiese algunas provisiones dentro del barco.



INFO
Emme's Codes

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1547 + 0 = 1547
Energia: 792 + 26 = 818
Espiritu: 144 + 0 = 144
#32
Una pequeña muestra de esperanza es lo que se instala en la mente de Kiyoshi ante el certero disparo de Varoganchin al artista marcial, creyendo que podría darles la victoria y la supervivencia, que es lo más importante. Lamentablemente, aquel tipo parece ser hecho de acero, perteneciendo a una línea de tipos poderosos diferente a los que ha conocido antes. — Este tonto… es más resistente que aquel monstruo. — Imposible es que no recuerde al temido Uosan, caracterizado por soportar balazos y golpes como si de pequeñas motas de polvo se tratase.

— No te adelantes, tonto. — Se apresura en exigirle a Eros cuando entiende lo que hará tras las últimas palabras de Kiroku. No quiere que el capitán se sacrifique solo para intentar detener la locomotora que se les viene. — Lo recibiremos entre los tres. Si logramos detenerlo, le volaré los cesos. — Pues un disparo a quema ropa puede ser letal, aunque claro, primero deben tener la fuerza necesaria para frenar la embestida animal.

Pronto, todo esto queda en una posible anécdota y la historia da un giro que ninguno de los piratas se esperó. Lo que puede considerarse un ángel desciende desde los cielos para caer metafóricamente en el barco y, tras hablar, presentarse ante la vista de todos. Kiyoshi se anima a girar el cuello para verla ahí en lo alto recién cuando Kiroku desiste de sus intenciones ofensivas, pero de igual forma su cuerpo se mantiene tenso. No puede descartarse un nuevo ataque de su parte.

— Tonta, tú tienes... — Imposible que sus ojos no se centren en lo que el aquel cuerpo enfermo les permite apreciar: una enfermedad que nadie quisiera atravesar.

Por mucho que detenga el enfrentamiento, primero debe conocer la postura que adoptarán sus dos compañeros, especialmente el capitán. En cuanto al propio Kiyoshi, tiene más que claro lo que desea hacer. Aun así, actuar por su cuenta es algo que se niega a hacer; prometió seguir las reglas del grupo. Cuando Eros decide ir hasta la muchacha, el médico no tarda en seguirlo primero con una carrera y luego dando un gran salto. — Espérame. — Quizás a Kiroku le intranquilice que dos tipos que hace segundos eran sus enemigos ahora estén tan cerca de su compañera, pero ninguno muestra señales hostiles.

De hecho, Kiyoshi queda anonadado ante el procedimiento del pelimorado pidiendo perdón. — Tontopo, tú… — Suelta un suspiro y, tras dejar el rifle en su espalda, bien sujeto, con las manos enguantadas toma el brazo diestro de la fémina, observando más de cerca las marcas que posee, estudiándolas e intentando sacar algún diagnóstico. — No somos unos tontos bárbaros. — Es lo que atina a comentarle a Eros, rememorando una charla de hace días, utilizando una intensidad en su voz la cual solo pueden oírla los dos sobre el barco, a no ser que Varo o Kiroku tengan un oído superior a la media.

— Posee una tonta enfermedad llamada Fiebre del Coral Verde. Puedo tratarla con lo que me queda de equipo en el campamento, pero deberíamos llevarla hasta allá. — Aquí queda a decisión de la muchacha y de Eros. De la primera, porque tendría que aceptar acompañar a desconocidos. Del segundo, porque como capitán debe aceptar que se usen recursos limitados que les queda en alguien también desconocida.

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 747 + 0 = 747
Energia: 651 + 10 = 661
Espiritu: 255 + 0 = 255
#33
El conflicto se ve irremediablemente interrumpido por los gritos de una mujer desesperada. Las acciones de Kuroki se frenan en seco frente a una realidad que lo supera por completo. Su maestría y experiencia lo hacen conocedor de una verdad amarga, y es que podría matarlos a todos y coronarse como el rey absoluto de la montaña. Pero...¿De que le serviría? ¿De que sirve ser el único y absoluto si no puedes mantener con vida a tus seres queridos? Tocaba asumir la derrota si con eso conseguía unos días más para sus alumnos.

Nuestro grupo de protagonistas queda perplejo ante lo sucedido. Todos y cada uno de ellos estaban dispuestos a darlo todo por el objetivo, por sobrevivir. Sin embargo, el alto al fuego es algo con lo que no contaban. Su humanidad se arraiga en ellos, cada uno en mayor o menor medida dependiendo de su personalidad. El capitán, Eros, conmovido por sus sentimientos, es el primero en comprender la gravedad del asunto y, con una sinceridad cruda pero amable, se destransforma y se aproxima a la mujer declarando sus intenciones reales pero compensando con un valor económico, una especie de "compensación". 
Ella no lo duda y, ante este gesto, le suelta una cachetada al pirata. No duele, no tiene fuerza para hacer daño, pero sus ojos llenos de lágrimas que no se dignan a brotar lo dicen todo y atraviesan cualquier armadura. -No os confundáis, malnacidos...- se atreve a insultar, con una voz temblorosa, pero que se clava como un puñal. -Sois vosotros los que nos habéis venido a saquear y a matarnos, no queremos vuestra caridad ahora...- la chavala avanza, dejando atrás el barco para juntarse con Kiroku. Atikot carga con su amigo Setsu, que apenas respira y una bolsa con algunas pertenencias personales.
Varo y Maeda, que son más precavidos y no bajan la guardia, hablan entre ellos sobre lo que ven. Analizan la actuación de su nuevo líder y sobretodo, como amantes de la medicina y el cuerpo humano, de la enfermedad que ocupa la mujer. El médico del grupo se acerca, pero antes de que pueda hacer nada, la chica lo repele de un bocinazo -No me toques, capullo.- le increpa y no se detiene. Quizás con tiempo y análisis podría saber lo que es, aunque tiene pinta de ser incurable. Pero ante la negativa, no queda otra que pasar página.

El barco queda desocupado ahora mismo. Todos los miembros del grupo quedan tras Kiroku en la playa, impotentes e incapaces de seguir peleando y sobreviviendo todos. Ahora es vuestro turno de obtener lo que habéis saqueado o de ceder ante la humanidad de no robarles el hogar a estos que se hicieron a la mar.
#34
El capitán de la Sepultura sintió la cachetada como una baldazo de agua fría, fue un impacto seco que apenas sintió pero fue quizás el daño moral lo que más lo afligía, sin embargo no se retobó ni un paso. Su mirada se mantuvo estática contra la contraria, su expresión estoica a la par que aceptaba el golpe como quien estaba sentenciado a un veredicto inefable. No había alguna emoción en su rostro, ni ira o sorpresa, desagrado o remordimiento. Solo el entendimiento de lo que acababa de pasar, la plena consciencia. Su instinto había prevalecido en pos de cuidar a los suyos, para cuidar la vida, el futuro de sus objetivos; era solo eso, el hacerlo todo para sobrevivir qué le había dado la frialdad para pisar las cabezas de otros en pos de proteger. Era la ley de la vida, la supervivencia del más fuerte. Quizo mentirse y decía que era el medio para un fin, pero los habían sentenciado y en él pesaba la responsabilidad. Un capitán toma las decisiones, el capitán cava las fosas.

— Sí, es verdad —Le dio la razón, pues la tenía, asintiendo con la cabeza.

No buscaba justificarse, no buscaba el perdón, ni la absolución de sus pecados o crímenes. Era honesto, era honesta, usaron la violencia para buscar la paz. Estaban eligiendo su vida, por sobre las de ellos. El estaba dispuesto a cargar con la responsabilidad, no necesitaba suavizar la verdad, ni buscar un un sentido superior a lo que acababa de pasar más que el mero instinto de supervivencia. Sabía que algo dentro de él se había roto, o quizás ya lo estaba y por eso podía posar su mirada en el barco que acababan de conseguir. Eros entonces viró sin decir una palabra más, ni despedirse de los artistas marciales. Comenzó su andar hacia el barco, cada paso lo acercaba poco a poco a su nueva realidad, al nuevo destino que iba a construir por los que quería. El mundo podía arder, pero el siempre cuidaría a los suyos.

El sepulturero de Baterilla subió al barco de un salto, con calma lanzando las escaleras de estribor para que sus compañeros abordasen el barco anclado. Caminó por la cubierta observando el estado de la madera, la antigüedad de la goleta, su estado generar. Había cosas que hacer, había tiempo, ahora tendrían un refugio, un techo, una fortaleza, un hogar. — Kiyoshi, Varo —Llamó con un tono firme para empezar a ganar tiempo, necesitaban dedicar todo su esfuerzo a los objetivos inmediatos. Su realidad. — Revisen las habitaciones con las armas preparadas y la guardia en alto, yo aseguraré la cubierta mientras analizo el estado del barco. Confirmen el estado de las provisiones, insumos médicos, los camarotes —El capitán ordenó comenzando a caminar por encima de la cubierta, llevando sus manos al timón para sentir la madera con serenidad en la mirada.

No había vuelta atrás, las decisiones habían sido tomadas.

Ataud
[Imagen: xNGUFie.png]
#35
La desconfianza aún no me abandonaba. Y me alegraba de ello, pues estaba seguro de que ese sentimiento era algo que me había permitido permanecer con vida en múltiples ocasiones. Cerca del barco, no dejé de mirar a los que hasta hace unos minutos eran nuestros enemigos. En cierto modo, supe que nunca dejarían de serlo. Su resignación nos dejó una última lección: las batallas no tienen porqué acabar en muerte. Al menos, no en todas las ocasiones. El odio ya es otro tema. Sin duda, se había sembrado una semilla en nuestros rivales y, de salir con vida de aquella isla, iría creciendo poco a poco hasta convertirse en un árbol de rencor dispuesto a dejar caer sus amargos frutos sobre nosotros. Lo que hacíamos al llevarnos su barco y provisiones no era muy distinto a una sentencia a muerte. Pero eso es a lo que te empuja este mundo. 

La chica enferma abofeteó a Eros y rechazó la compensación que le entregaba por el barco. También lo hizo con el acercamiento de Kiyoshi para revisar su estado. Nuestros enemigos quedaron tras la protección de su maestro. Juntos observaban cómo perdían su casa, pero habiendo conseguido proteger a todos sus miembros. De seguro podrían haber seguido peleando. Tal vez podrían habernos vencido. Pero tanto la chica como el chico moribundo no lo habrían contado. Creo que evaluaron la situación y pusieron en un lado de la balanza la vida de algunos de ellos y en el otro lado, el barco.

Eros aceptó lo que dijo la chica y comenzó a caminar hacia el barco. Dio un potente salto para llegar a la cubierta. Tras unos instantes, una escala surgió por encima de la regala, golpeando el casco del barco. El sonido que produjo dejó entrever la calidad de la madera. El capitán nos llamó para que subiésemos a bordo. Me calé bien el sombrero, mi rifle al hombro. Escalé mientras escuchaba las indicaciones de Eros, su voz firme y decidida. El olor del salitre del mar comenzó a mezclarse con los provenientes de la embarcación; resina, alquitrán, madera húmeda, pólvora... Entre los diferentes estímulos, uno captó más mi atención. Un olor dulce, afrutado. Un aroma que no hizo otra cosa sino avivar las quejas de mi estómago. Me deslicé hacia uno de los toneles que había junto a la escalera que bajaba a los camarotes. Levanté la tapa y encontré un saco lleno de frutas. No pude reconocer de que se trataba, pero sus tonos del verde a rojo la hacían de lo más apetecible.

—¡Aquí tenemos algo de fruta —dije con una pieza en la mano justo antes de darle un bocado. Un sabor acre inundó mi boca nada más mordí la piel de la fruta, aunque el sabor dulce y cítrico de la pulpa lo compensó al instante—. Será mejor pelarlas —añadí con un ojo cerrado y cara de asco.

Bajé las escaleras para comenzar a investigar el barco. Mis garras rasgaban la piel de aquella fruta mientras inspeccionaba las habitaciones. Deseaba con todas mis fuerzas que tuviesen algo así como una biblioteca a bordo. Me conformaría con tan solo un par de libros que no hubiese leído aún. Pero ninguno de ellos tenía el aspecto típico de un erudito. Aunque pensándolo bien... ¿Acaso yo lo tendría? Continué avanzando por el pasillo sin dejar de pensar en lo distinto que era aquel barco al Crimson Stage. Sin embargo, eso era tal y como debía ser; la banda había cambiado, nosotros habíamos cambiado. Nuestro barco, debía cambiar.



info
Emme's Codes

Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1547 + 0 = 1547
Energia: 818 + 13 = 831
Espiritu: 144 + 0 = 144
#36
— Tonta, ¿qué te pasa? — Kiyoshi muestra su enfado al instante en que la chica reacciona agresiva y golpea a Eros. Diría algo más, pero decide no insistir demasiado al ver que su capitán simplemente acepta aquel rechazo tan duro, como si estuviese creyendo las palabras que le entrega. Para el médico no es tan fácil, pues sigue intentando ser fiel creyente en que ellos, o él, no son malas personas. Pero ¿con qué cara puede negar lo inevitable? Han iniciado una pelea en la playa con la supervivencia de cada grupo en juego, contenerse no es una opción.

Solo deja pasar de largo a la muchacha, quien rechaza rotundamente la ayuda médica que le ofrece. — Ella no… — No sobrevivirá, pero se niega a permitir que ese pensamiento pase por su mente. No es algo en lo que deba pensar ahora. Siempre busca ser profesional en lo que hace y si un paciente no quiere ser atendido, él no tiene ninguna facultad para obligarle. Es parte de su ética; ni siquiera aquí, en Little Garden, pasará por encima de ella.

Eso sí, se mantiene firme en su postura de que él no es un bárbaro que llegó hasta aquí a hacerse con la propiedad ajena como si no le importase más nada. Así que, cuando tanto la mujer como Kiroku siguen en rango de escucha, dice unas últimas palabras para sus oídos. — Han sido sus tontos compañeros los que quisieron atacarme al verme solo. Ni nosotros ni ustedes somos blancas palomas, así que no adopten una postura victimista.

Directo, sin pelos en la lengua, así es Kiyoshi. Aunque la mayor parte del tiempo parezca un hombre tranquilo, la verdad es que es bastante terco. Dice lo que se le viene a la cabeza, no le gusta reprimirse.

Dejando ya atrás al enemigo, se acerca a la escalera que tiende Eros y, tras asegurar bien el rifle en su espalda, se dispone a subir. Es lento, está cansado, pero logra llegar arriba. Una vez ahí, siente como si el aire que llegase a sus pulmones fuese totalmente diferente al que ha inhalado los últimos días. Verse nuevamente con un hogar, un transporte, un sitio en el que refugiarse es verdaderamente relajante. Por mucho que se pueda cuestionar el método, han logrado obtener lo que tanto deseaban.

Sin decir ninguna palabra, avanza e ingresa al interior del barco, queriendo conocer no solo el exterior en done llega el sol, sino las mínimas comodidades que podría querer. Si bien en el pasado pudo ser mucho más exigente, la situación precaria que ha debido experimentar logró que baje su estándar. Y eso está bien, porque como pirata debes ser capaz de adaptarse a todo lo que se te presente.

Llega a uno de los cuartos en donde hay una cama sola, no compartida. Juzgando por el olor y por la suciedad en las sábanas, asume que se trataba del sitio en donde dormía la enferma. Lo primero que hace es quitar aquella sábana para arrojarla lejos. Por el virus, lo mejor será tirarla, ni siquiera vale la pena intentar lavarla.

Lo increíble ocurre ahora. Lo normal sería que limpie el pequeño colchón hasta quedar como nuevo, pero es tal la necesidad que siente de un descanso como se debe que, tras asegurarse de que ninguno de sus compañeros está cerca para mirarlo, simplemente se lanza sobre la cama y dedica unos minutos a descansar. Ya luego, entregará el reporte. Por ahora, solo quiere disfrutar aquello que lleva tantos días soñando.

Y es que un pequeño gusto nunca le viene mal a nadie, Kiyoshi no es la excepción.

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 747 + 0 = 747
Energia: 661 + 10 = 671
Espiritu: 255 + 0 = 255
#37
Está ya todo visto para sentencia, no hay nada más que hacer aquí. Lo que prometía ser un día plagado de hambre y desgracia, se ha convertido en un botín de guerra suculento, aunque con una sensación amarga en el paladar, para unos más que para otros. Aún así, la única verdad es que ahora podían hacerse con el barco enemigo y convertirlo en suyo, aunque eso signifique dejar a la deriva a enfermos y viajeros que tan solo se defendían de la verdad pirata.

Eros recibe la bofetada a pesar de querer ofrecer tanta ayuda como le es posible. Sin embargo, no reacciona de forma violenta. Es consciente de la situación y decide sobrellevarlo con pesar y dignidad solemne. Varo no interviene aunque Maeda, más irascible y crudo que sus compañeros, ataca verbalmente con su punto de vista. Razón no le falta, él no inició el conflicto. Aunque no parece tener en cuenta que siempre pudo haberse marchado, pero que la dupla de mamíferos ya estaba atacando ante la posible encerrona al médico.
Nadie responde, tan solo se dignan a juntarse y a caminar hacia el interior de la selva, derrotados, esperando que en algún momento la fortuna les sonría o tan solo la muerte los reclame para dar final a la agonía del viaje.

Por su lado, los vencedores no tardan en echar mano del trofeo. El barco es suyo, y observan cada rincón del mismo. La cocina abarrotada de alimento, los camarotes preparados para descansar, la cubierta en perfecto estado... Todo dispuesto para seguir con la aventura. Deberán, evidentemente, hacer la propiedad suya y darle identidad. Cambiar las banderas con unas con su jolly Roger, decorar los interiores, familiarizarse con el entorno y la navegación. Pero la felicidad desborda y el destino les sonríe a estos bucaneros de agua salada, que pueden continuar con su aventura ahora como una nueva tripulación consolidada.

¿Que les depara el destino? Nadie lo sabe. El mar está lleno de peligros y desafíos letales, pero ahora están más unidos que nunca. Cada uno tiene su pasado, su historia personal. Pero todos han padecido ya lo cruel que puede ser el océano y juntos, afrontarán un futuro glorioso. Buena suerte, piratas Sepultura, que el viento os sea favorable.

Off final
#38
Eros se quitó los guantes para sentir la madera del timón entre sus manos. Era estable, firme, era la primera vez que sostenía el mando de un navío de esa manera y por algun motivo cuando levantó la mirada contemplando el horizonte sintió orgullo en su pecho y no el remordimiento por haber sobrevivido sobre otros. — Tienes que tener un nombre que corresponda tras la muerte de tu hermana... — Explicó al navío a medida que caminaba por la cubierta. Remaches, maderas, tablas, verificar la integridad de las velas. Con su mano en el cinturón de herramientas Eros sonreía satisfecho, pensando en todo lo que tenía para arreglar, las mejoras, las modificaciones la esencia de la Sepultura pronto bañaría a éste barco pero

¿Quién lo pilotearía? El no sabía navegar, Kiyoshi debería estudiar día y noche para ello. Tenían tiempo, se dijo porque ya tenían los medios para abandonar esa isla de una vez por todas. Solo era cuestión de esperar, mantenerse vigilante y cuidar a su grupo. Todo sea por el santo sepulcro de sus sueños.

Anduvo hacia el interior del navío para verificar las instalaciones, y notó a Kiyoshi acostado. Pensó en decir algo, quizás recordarle lo que le había pedido. Pero no, Eros se llamó a silencio antes de sonreír sereno. — Descansa Kiyoshi —Saludó cerrando la puerta del camarote, siguiendo el rastro del explorador Mink. — Descansa tu también cuando hayas terminado de curiosear Varo, yo montaré guardia hasta que ustedes despierten... Se lo han ganado —Y esas fueron las primeras ordenes del capitán.

Tenía mucho hacer: Diseñar velas, construir botes salvavida pues nunca más naufragarían bajo su mando, y juntar materiales para dejar a éste barco al nivel que la Grand Line requería. Algo era seguro, el oriundo de Baterilla no estaba dispuesto a dar el brazo a torcer nunca, así debiese enfrentar a la misma muerte a la que durante tanto tiempo había visto como una amiga... Ahora tenia nuevos amigos, amigos de verdad, y quería que fuesen eternos.

Off
[Imagen: xNGUFie.png]
#39
El jugo de aquella fruta llenaba mi boca. Su jugo me impregnaba dejando la sensación de ser lo mejor que había probado en la vida, aunque tras los días que hacía que no comía en condiciones, cualquier cosa me lo hubiera parecido. Abrí una de las puertas, una que estaba más al fondo. Su chirrido indicaba que no era habitual que se abriese. Tuve que empujar para desplazar el ultimo tramo antes de poder ver qué contenía la habitación. Estaba oscura, tan solo entraba un pequeño haz de luz desde un único ojo de buey del que colgaba una cortina medio rasgada. La claridad caía sobre una mesa llena de papeles. Retiré la cortina de otro par de ventanas. La luz inundó la estancia. Sobre las mesas había algún pergamino enrollado, instrumentos de medición algunos lápices y los restos de lo que parecía haber sido una brújula. Sin duda era el cuarto que utilizaba el navegante de su antigua tripulación para dibujar los mapas de la ruta que hubieran seguido. Desenrollé un par de papeles. No conocía la forma de ninguna de esas islas, pero si el nombre de ellas. Parece ser que aquellos piratas pasaron en algún momento por Whisky Peak, al igual que nosotros. Es irónico que también fuesen a perder su barco en esta misma isla.

Continué revisando la habitación. En las estanterías reposaban libros de navegación, algunos volúmenes sobre climatología y otros sobre fauna marina. Sin duda disfrutaría mucho revisándolos más tarde. Pero entre todos ellos, uno llamó mi atención. Un libro con el lomo raído, desgastado por el uso y las numerosas manos por las que habría pasado. Su título rezaba "Historias y leyendas del Grand Line". Tome el libro con cuidado, absorto ya imaginando qué contendría, que magníficas historias me esperaban entre sus páginas. Puede que fuesen reales, o puede que solo fuesen fruto de la imaginación desmedida, pero aquello no me importaba. Llevaba demasiados días sin tener algo nuevo que leer, así que cuando quise darme cuenta ya estaba sentado en el sillón que había al fondo con la mente inmersa en los párrafos. Tanto fue así, que apenas me percaté de que Eros se asomó para darme su primera orden al cargo de este nuevo barco; debía descansar, él haría el primer turno de guardia.

—Sí, capitán! —dije mirándolo a la vez que levantaba ligeramente el libro—. Yo ya puedo descansar.

Y es que así lo sentía. Ya tenía algún libro nuevo, un barco donde navegar y la mejor compañía para hacerlo.
off
Emme's Codes

#40
Necesitaba tanto esto, sentirse como en casa, en su hábitat. No todo está perfectamente limpio como le gustaría, pero definitivamente es mejor que esa selva llena de infecciones y peligros vivos. Por largos segundos se queda fijo en la cama sin poder moverse, pero de un salto se levanta cuando escucha la voz del capitán. Por mucho que oralmente le indique un permiso para seguir descansando, Kiyoshi por nada del mundo desea mostrarse como un perezoso. — ¿De qué hablas, tonto? Hay mucho que hacer acá. — No dice que no descansaba, mas sí muestra su disposición a trabajar desde ya. Obtener un nuevo hogar, o transporte, es solo el primer paso de muchos.

Tras echar un último vistazo a la cómoda cama, prometiéndole mentalmente que pronto volverían a estar juntos, abandona el cuarto. Ignora totalmente la ubicación de sus dos compañeros porque su atención se centra en una pequeña habitación que todos los barcos deben tener. Sin una pizca de vergüenza abre cada puerta que se encuentra en el interior del navío hasta dar con el pequeño compartimento. Escobas, traperos, artículos de aseo varios. Hay todo lo que necesita para poner este lugar como una verdadera casa.

— Eros, cuando puedas, debes ir a buscar las cosas que dejamos en el campamento. Tengo varias cosas ahí para limpiar este cuchitril. Por ahora empezaré con lo que tenían esos tontos.

Tras colocarse guantes y un pañuelo en la cabeza, se dedica a trapear el piso como si no hubiera un mañana. Si alguno de los otros se le atraviesa por el camino, simplemente le dará de golpes en las piernas para obligarlos a hacerse a un lado. Con el tiempo que estuvieron juntos en el barco anterior ya deberían saber que, cuando Kiyoshi limpia, nadie debe estorbar, porque de lo contrario, los obligará a participar en la limpieza y eso dura normalmente horas. No es que los navíos sean extremadamente grandes, sino que el médico no da por terminada su labor hasta que cada piso, cada pared, cada mueble, cada todo, sea un auténtico espejo en el cual ver su reflejo.

— Sin el tonto de antes para navegar, debo dar un paso al frente. Seguramente el tonto de Varo debe estar revisando qué libros o información guardaban esos tipos en el barco, así que luego le preguntaré si encontró algo que pueda ayudarme. No sirve de nada conseguir transporte si no podemos conducirlo. — Y es el mismo capitán quien ha nombrado a Kiyoshi como el más inteligente de la tripulación y, para no dejarlo como mentiroso, él se lo toma en serio.

Hará su mejor esfuerzo, eso es seguro. Después de todo, Kiyoshi es un auténtico tonto del estudio. Pero, sobre todo, es un pirata.

Y hoy ha quedado más claro que nunca.

OFF ROL
[Imagen: u2oxCl9.png]

Hablo | Pienso
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 747 + 0 = 747
Energia: 671 + 10 = 681
Espiritu: 255 + 0 = 255


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)