Lágrimas y Oro. ( Pasado, Tezca)
#1
La luna en su punto más álgido. Un cielo negro sobre nuestras cabezas, adornados de estrellas como joyas en el firmamento. Dios se había tomado el oficio de artista, regalándonos un espectáculo cósmico como pocos: Belleza natural, muy por encima de los mortales; Totalmente pura, intocable, inalcanzable, inmaculada desde que se concibe hasta que decide desaparecer al fin.
 
Allí en la actividad nocturna estaba yo: Gótica como siempre, con mi traje negro de corsaria y mi cabello ondulado profundizando mis ojos verdes en la oscuridad de la noche.
 
Sentada en un extenso banco de madera de una plaza en Baterilla. Apoyaba mi precioso trasero en la fría madera, crucé mis piernas y coloqué mi espalda erguida manteniendo una pose elegante en todo momento. En mis manos tenía un enorme smoothie de frutilla y bebía de su contenido desde una ornamentada pajilla con distintos patrones de espiral. Lo disfrutaba mucho, sí, como pasaría con todo lo dulce y mientras tanto meditaba sobre mi situación actual: Una revolucionaria en Baterilla tomando una pausa de sus misiones de infiltración y búsqueda de información. Pero. ¿Realmente esto era lo que buscaba? ¿Bastaban los dulces que me permitía comprar con mi sueldo para justificar arriesgar mi vida por la causa?
 
La pregunta más importante que pasaba por mi cabeza no era esa, de hecho sigue siendo… - ¿Por qué Chérie Charlotte se ve tan distinta a otras personas? -  Me dije a mí misma en voz alta, escapando mis pensamientos de mi mente hacia mi boca casi por voluntad propia. Quiero decir… Llamo mucho la atención. Mi piel es anormalmente pálida, parezco una zombie, mis ojos son brillantes y aún así estaba cien por cien segura de que soy humana en todos y cada uno de mis órganos.
 
Suspiré y mi silencio fue apagado por el ruido de transeúntes, otros seres vivos y creaciones mecánicas. Es difícil destacar en una ciudad teniendo una personalidad y aura tan oscura y misteriosa, para nada cercana a mi verdadera forma de ser o mis sentimientos.



Tomé mi enorme arco con cuidado y lo apoyé sobre mis piernas. Era gracioso ver a una persona tan pequeña con un arco de prácticamente su tamaño, diferenciándonos por apenas unos pocos centímetros de envergadura. Lo acaricié con mis dedos: Recorrí sus distintas grietas, relieves, curvas y detalles de la madera azabache de Toroa.  
 
- Où que tu sois, grand-père, tu me manques énormément (Donde sea que estés, abuelo, te extraño mucho). -  Pronuncié en mi lengua natal y las lágrimas brotaron de mis ojos. Poco a poco las gotas descendían hasta humedecer la fría y oscura madera del único recuerdo que tenía cuando aún era feliz. Un sollozo suave pero incesante vagamente ofuscado por el sonido de la ciudad, yo sufriendo en soledad y lidiando con la memoria de los que alguna vez estuvieron para mí y ya no lo están.
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#2
Ah, Baterilla. Qué lugar.
 
El cliente con el que solía encontrarme en la zona era insufriblemente demandante. “Tezca, necesito información de este sujeto que vi ayer husmeando por la zona.” “Tezca, otra vez es ese mercader causando problemas, dale un ultimátum.”
Las exigencias del viejo se mezclaban unas con otras hasta volverse ruido de fondo. Demasiadas, siempre urgentes, todas “importantes”. Estaba cansado, claro. Podría ser increíble, pero seguía siendo un solo hombre, no un maldito milagro con piernas, bueno, hasta los milagros con piernas se cansan. A estas alturas ya consideraba pedir un aumento… o vacaciones. O vacaciones con aumento. Pensándolo bien, lo mínimo que merecía era ambas cosas. Tezca, tu modestia es inspiradora.
 
La noche tenía algo raro, como si se esforzara demasiado. Solitaria, impecable. La luna brillaba más de la cuenta y las estrellas estaban ahí, perfectamente acomodadas, observando. Todo se sentía excesivamente pulcro, excesivamente atento. Por eso prefería mantener la vista en el suelo; mirar al cielo era admitir que algo te estaba midiendo, y no tenía ganas de participar en ese juego.
 
A esa hora, la plaza de Baterilla estaba más vacía de lo habitual. Una ciudad que nunca duerme, dicen, aunque claramente sí sabe fingir cansancio. Bajaba el ritmo, se hacía la distraída. Me di cuenta de que conocía este lugar demasiado bien: cada esquina, cada sombra útil, cada silencio oportuno. No era orgullo, era simple conocimiento y habilidad.
 
Entonces surgió la pregunta inevitable: ¿debería irme a descansar?
Probablemente.
 
El problema era que incluso descansar sonaba como otro encargo más. Así que iba a caminar un poco más.
 
Entonces la noté, aunque no sabía si había notado primero su arco o a la atractiva mujer.  La vi en la plaza de Baterilla, recortada contra la quietud de la noche como una nota fuera de lugar. elegante para este mundo exagerado y con un cuerpo difícil de ignorar. Su aspecto sombrío no parecía casual: la ropa de tonos oscuros, la piel pálida casi espectral y ese verde intenso en los ojos componían una imagen difícil de descifrar, más hecha para levantar defensas que para invitar conversación.
 
No estaba haciendo nada sospechoso, y quizá por eso mismo llamó mi atención. Observaba demasiado para ser una simple paseante participaba muy poco para fingir normalidad y yo tenía una excelente vista para la gente interesante: Mi tipo favorito de persona. 
 
Me detuve a una distancia prudente, ni invasiva ni confiada, lo suficiente para dejar claro que no estaba de paso. La noche era silenciosa, perfecta para palabras malinterpretadas y mientras me acercaba me pareció notar que tal vez había elegido un mal momento ¿Estaba llorando?  No sonreí, no bajé la guardia, hizo lo mejor que podría haber hecho en esa situación: Sacar un pañuelo de tela que existía al interior de mi saco, tal vez desde que lo compré y creí que era buena idea agregarle un pañuelo de tela, esperando que lo tomara. — Es una noche muy luminosa para estar triste ¿me entiendes? Ten. No deberías estar tan de noche por la zona, aunque haya gente puede venir cualquiera y robarte eso. — Comenté señalando el enorme arco que portaba, esperando que el cansancio no se me notara en la voz.
 
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