Habían naufragado.
Habían llegado a una isla.
Todo había acabado.
El sol de la mañana hacía que todo fuera tan nítido, tan claro, tan… visible. Luego de la nocturna y tormentosa aventura de cruzar los Cabos Gemelos, se agradecían los días soleados que de una u otra forma alegraban su alma, y la hacían sentir como un girasol yendo en la dirección del astro rey. Su vestimenta consistía en un short de jean, un top blanco con tirantes, y una camisa manga larga overside. En su cuello un chocker, al final de su pierna derecha una tobillera y una cadena alrededor de su cintura desnuda.
María se encontraba en la playa más cercana, de dónde el barco comercial se había hundido. Cerca de ahí, contra las rocas, es donde ellos habían llegado. ¿Quiénes “Ellos”? Los que zarparon en el navío que encallo y luego salió a cruzar el mar. Había sido una travesía divertida si no hubiera perdido a su hermano, capitán, bonita y a su peluche, pero como perder cosas era tan habitual en su vida, se hizo a la idea rápidamente y se enfoco en el presente. Luego de varios días en esa isla, habían logrado comprar un nuevo barco y todos estaban mejor de salud física y emocional.
La semi sirena había dejado el barco para ir a comprar cosas con Hyakinthos pero en el camino se perdieron entre sí. A esa altura ya no le preocupaba ni sorprendia, porque sabía que ambos tenían sus brújulas internas rotas. Así que ella solo fue por ahí, yendo al mar y siguiendo los riscos hasta que llego al sitio en cuestión. Esa playa que la vio resurgir de la mayor aventura hasta ese momento de su vida. Quitándose los zapatos para llevarlos en su mano, empezó a recorrerla hasta que se sentó un rato viendo el horizonte perdida en sus pensamientos. ¿En que pensaba? En todo y en nada; su cabeza era un revoltijo de pensamientos y grillos chillando para que no se enfocara en nada; era su escudo, su protección para no sobrepensar las cosas turbias que la rodeaban desde que despertó en aquel barco, a sus 13 años sin recuerdos.
— ¡Vamos, María! — se animo llevando sus manos a ambos lados de su cara y dando un par de golpecitos en cada mejilla — Todo estará bien, siempre está bien, mientras estemos juntos nada podrá pasarnos… solo debes seguir siendo tú, no pierdas la esencia, no dejes de luchar, ahora todo es diferente… — se animo en baja voz mirando sus manos y como con el Karate que había aprendido con el Maestro Bacalao logro defenderse de un tipo malo, lo que significaba que podría hacerlo… o intentarlo con mejores resultados. Lo cierto es que cada vez que intento defenderse o huir de sus condiciones adversas siempre era detenida o frustrada, y las consecuencias eran nefastas, aunque no se viera en su piel, siempre perdurarían en su alma esas heridas causadas por terceros. ¿Por qué no se veían en su piel? Porque ella era valiosa por su belleza, si dañaban eso su valor se perdería, y de eso estuvieron siempre claros sus “amos”.
Dejando esas cosas de lado, hizo lo que cualquier persona en su posición y solitariamente haría en plena playa: Se puso a construir un castillo de arena. La chica con una suave sonrisa se arrodillo en la arena y empezó a formar con esta una estructura, sus manos poco a poco empezaron a moldear una base, sobre esta base empezaría a construir torres y alrededor un lago que impidiera la entrada de tropas enemigas, necesitaba también otros elementos para defensa del fortín. Tenía toda una idea en su cabeza, una idea a la que daría forma, aunque lo que se veía actualmente no tenía apariencia de nada.
María se quedo ahí, arrodillada y gateando de aquí para allá para construir su castillo. No era la más hábil pero seguro algo saldría. El sonido de las olas romper y de una que otra gaviota le hacían compañía. Y fue cuando empezó a tatarear una canción sin darse cuenta, con su suave y hermosa voz…
Como en la orilla del mar ♫
El agua viene con caricias que se van ♫
Yo sé muy bien que tú te fuiste ♫
Tú sabes bien que volverás ♫
Los girasoles nunca dejan de girar ♫
Era esa la sensación que retenía mi cuerpo los últimos días, un sentimiento de aciago que me atormentaba desde aquella noche, un sentimiento que me estremecía aun mas que las heridas que no terminaban de sanar. Esa noche definitivamente había dejado una cicatriz en mi, lo cual no era para menos, casi pierdo la vida, tan fácilmente como si de un pequeño brote al merced del viento se tratase.
~Eres debil...~ Esa frase atravesaba mi mente cada cierto tiempo. ~Soy débil~ Respondí como si de una conversación se tratase, aunque claramente solo me estaba torturando a mi mismo.
Sumergido en mis pensamientos fatalistas me reproche una y mil veces lo que paso esa noche, termine echo polvo y mis ataques no sirvieron contra el enemigo, en mi cabeza repasaba aquella noche minuciosamente tratando de encontrar algo que me dijera que era lo que me faltaba, y la respuesta siempre era la misma, fuerza.
Levante mi vista de mi bitácora para ver nuevamente a los cangrejos frente a mi, lo cual me arrastro de nuevo al presente.
-A!. cierto-
Pronuncie resurgiendo de mi introspección y volviendo a la realidad de golpe.
Habían pasado unos cuantos días del incidente en los cabos gemelos, esa vez los tipos molestos con los que me había topado en aquella torre nos mandaron a volar en los barcos hasta esta isla, para ser un tipo con alas era la primera vez que volaba y eso me habría matado del miedo si no hubiera estado ocupado recuperandome de la paliza que me metió aquel gyojin. ~Ugh... Recordar eso hace que se me ericen las plumas~ Procedi a sacudirlas para quitarme esa sensación de las alas.
En cuanto aterrizamos de aquella aventura, el barco comercial donde viajamos quedo echo trizas y aquellas almas que había conocido se perdieron en sus propias caminos, recuerdo a Kelvin un poco decepcionado del asunto, el quería utilizar ese barco para que viajaramos en estos nuevas aguas, sin embargo esa ilusión fue rápidamente tragada por esas mismas aguas.
Después de un tiempo de estar varados en esta isla sin poder avanzar mas y sin ningun medio por el cual transportarnos, a Kelvin se le ocurrió una idea para conseguir un barco, aunque yo no estaba muy emocionado con la situación de pedir un préstamo. Aun así Kelvin se fue decidido con la misión de conseguir un barco para los dos, lo cual no pude refutar de ninguna manera.
~Se que Kelvin me encargo revisar los escombros del barco pero...~ Mire con desdén al mar con los restos flotantes del barco comercial yendo de un lado a otro con las olas. ~¿De verdad quedara algo de utilidad por aquí?~-Haaaa..-pensé soltando un suspiro que termino por asustar el resto de cangrejos que quedaban en la playa.
-AA!! no había terminado de dibujarlos...- Solté con un tono de decepción, esos cangrejos me habían distraído de mi objetivo, pero ¿quien me podria culpar?, estaba en el grand line, nunca había visto esta especie de cangrejos, tenia que anotarlos en mi bitácora.
Procedí a cerrar mi bitácora soltando un suspiro corto mientras observaba a los cangrejos esconderse entre el oleaje, para luego de un rato, ponerme de pie y nuevamente retomar mi caminata por la orilla, con el sol abrasador golpeando con toda su fuerza en la costa.
-Ugh-~Ahora que lo noto hay demasiado calor en esta isla. A este paso se apestaran mis plumas~ Me limpie el sudor de mi frente con el antebrazo notando como la gabardina se humedecía. ~Sera mejor que me la quite, no quiero que se ensucie, con lo que me costo quitarle la sangre~.
Quite uno a uno los botones de la gabardina dejando al descubierto la camiseta negra que llevaba, que tampoco es que ayudara mucho el color con el calor que hacia. Saque uno a uno mis brazos de la gabardina procurando no jalonear mis alas, que luego dejaba todo lleno de plumas, deslice por ultimo mis alas entre los huecos de mi ropa para por fin liberarlas.
-Uff. Mucho mejor- Dije finalmente mientras con un nudo sujetaba la gabardina a mi cintura.
Sacudí mis alas con entusiasmo, pues se sentían un poco mas ligeras sin el calor y apretujón de la tela, estaba listo para seguir mi exploración por la playa, pero algo me detuvo. A la distancia logre ver a una pequeña figura que parecía jugar en la arena, una dulce voz invadió mis oídos y un brillo celeste que no provenía de las olas se presento ante mis ojos.
-E?-~¿Esa no es la señorita del barco comercial?~
Note finalmente, la recordaba pues me había llamado la atención su apariencia, en especial sus ojos color oro y su gran melena celeste como si una cascada surgiera de su ser.
~Espera Einarr, concentrate hombre, que no te engañe una cara bonita, ella es una pirata~ Retome la compostura y aclare mi mente, recordaba todavía los rostros de los carteles del periódico, y no iba a bajar la guardia tan fácil con alguien buscada, aunque no era el indicado para andar hablando de eso.
Aun así. Era una buena oportunidad para conseguir algo de información del barco, al final ella tambien viajo en el y si esta por esta zona talvez tenia el mismo objetivo que yo. Pero eso no evitaba que me distrajera su apariencia, se veia demasiado inocente y hermosa como para ser una pirata, aun así no era bueno juzgar un libro por su portada, tenia que proceder con precaución, que esto también podía ser una trampa.
~Tendré preparado el dial de viento por si tengo que salir por patas de aquí~ Pensé metiendo la mano en el bolsillo
Me acerque poco a poco, con mi mano apretando el dial de viento en mi bolsillo y con una gota de sudor bajando por mi frente que no sabia si era por el calor abrasador de la playa o por la incertidumbre que me provocaba esta mujer. Seguí avanzando en su dirección mientras escuchaba su dulce canto entre el sonido atenuado de las olas y cuando estuve a la suficiente distancia, sin ponerme demasiado cerca de ella, le dirigí la palabra.
-Disculpa, señorita- Aun con todo seguí siendo respetuoso -¿Usted será uno de los naufragados del barco comercial?- Dije previendo no revelar mucha información de mi persona. Por supuesto esto no evito que sus ojos de oro me absorbieran por completo.
14-12-2025, 12:17 AM (Última modificación: 14-12-2025, 12:18 AM por Maria Merlot.)
Narrador / María Merlot
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Tranquilo.
Costero.
Felicidad.
Esas tres palabras definían el momento de la mujer de cabellera celeste, quien había apagado a los grillos en su cabeza enfocándose en la importante tarea de construir el mejor castillo de arena que esa playa escondida en Whisky Peak hubiera visto jamás. Ella adoraba todo lo que tuviera que ver con el mar, el sonido la relajaba, el aroma la embriagaba. Siempre que hubiera agua cerca, y más del inmenso océano, la semi sirena sería feliz, más feliz que nadie. Su obra de arquitectura… estaba siendo algo abstracta, no tenía la forma que su cabeza trazó, hasta ahora solo tenía una torre… algo chueca pero sí seguiá trabajando en ello, lograría la fortaleza que su imaginación ideo.
El sol besaba su piel, y sus largas hebras se movían al compás de la brisa. Su voz entonaba una suave canción, y en ese momento nada le preocupaba, nada la atormentaba… aunque lo cierto era que, pocas veces algo la inquietaba porque había aprendido a enterrar las preocupaciones del mundo de los cuerdos en las profundidades del mundo de los locos. Fue una habilidad que adquirió hace mucho tiempo, que su mente girara a miles de revoluciones para no permitir que aquello que no podía controlar tomara el control, la hundiera y la llevará hasta su fin. Hubo una época dónde su único refugio real fue su mente, donde internarse en sus pensamientos y desconectarse de la realidad le permitió… ignorar la cruel realidad que aprisionaba su cuerpo, que gobernaba su vida. Ahora, y poco a poco, todo iba cambiando, las personas evolucionaban y ella no sería la excepción, podían tildarla de loca, pero ella sabía que se necesita mucha locura para soportar tanta “normalidad”.
“Disculpa, señorita”
El suave canto que brotaba de sus labios se detuvo cuando una voz masculina se superpuso a la de ella. María estaba “en cuatro patas”, es decir, con las rodillas y la mano izquierda sobre la arena mientras con la diestra continuaba dándole forma a la segunda torre de su construcción. Fue así, en esa posición, que alzó la mirada hacia el invitado inesperado encontrándose con… uno de los hombres con los que compartió el naufragio, aquel de alas blancas. Sus labios formaron primeramente una perfecta “O”, por la sorpresa de aquel encuentro, considerando que la forma en que “se conocieron” fue una de las más caóticas que ella recordaría jamás.
“¿Usted será uno de los naufragados del barco comercial?”
La confirmación del hombre, hizo que la “O” cambiará a una leve sonrisa. Y una idea traviesa pasó por su mente, aunque la descarto enseguida… iba a decirle que “No” pero hasta ella sabía que aquel evento había dejado muchas heridas, y no todos eran como ella, no todos guardaban sus… “cosas” en las profundidades, habían quienes nunca olvidaban y sufrían día a día por ello. La chica tomó una posición más cómoda, sentándose sobre sus rodillas mientras con la muñeca de la mano derecha se apartaba el cabello de la cara, no lo hizo con la mano porque las tenía llenas de arena.
— Claro que sí — respondió con su habitual voz suave y encantadora, llevando esta vez la mano a la barbilla como si pensara, y si, olvidó que la tenía llena de arena así que quedó impregnada en su piel, pero no restaba a su belleza, solo sumaba a su atractivo natural — … y tu también, te recuerdo. Tienes un gigante, solo que el tuyo tiene el cabello negro, y el nuestro tan rojo como una manzana madura… como esas con las que Bonita hace tartas como postre ¿Te gustan las manzanas? ¿O te gustan más las fresas, tomates, cerezas o grosellas? — empezó a divagar con su manera extrovertida de ser, algo muy común en ella. Curiosamente había visto al gigante de cabello negro 2 veces…, a diferencia del hombre alado, aquella masa de 20 metros no pasaba desapercibida ¿Cuales dos veces? 1. En el reciente naufragio, y 2. En el muelle antes de partir al evento catastrófico — Ven, ayúdame a construir mi castillo y luego puedo ayudarte a construir el tuyo… o acompañarte a estar en la playa, o enseñarte a nadar, soy muy buena nadando — le propuso mirándolo a sus orbes oscuros, totalmente opuestos a los suyos ámbar claros, mientras le sonreía con simpatía. Él hombre tenía una expresión cansada, con ojeras… ¿Estaría enfermo? ¿Debería llevarlo con Algodón de Azúcar? No lo sabia, pero si se quedaba podía descubrirlo e intentar ayudarlo — … quiero que sea grande, con cuatro torres, y una cúpula central, alrededor debe tener un río que impida a cangrejos invasores apoderarse de nuestra fortaleza… y adentro una piscina para que la sirena pueda nadar… y en lo más alto de la cúpula central un espacio donde alguien con alas y sus amigos puedan llegar… — le empezó a explicar qué hacía con entusiasmo, claro, solo llevaba una torre y nada más pero apenas iba comenzando. Tal vez si él la ayudaba, ella podría alcanzar lo que imagino que sería, y más aún ahora que había anexado algo para un habitante alado, justo como él.
No sabía la decisión que tomaría el hombre, pero ella volvió a enfocarse en el castillo intentando levantar esa escurridiza segunda torre. María no era una persona desconfiada, sino todo lo contrario, y eso siempre le había pasado factura, algún día aprendería pero ese día no era hoy; así que le continuó hablando al hombre como si fueran amigos — … ¿Sabes? El gigante, el tuyo, no el mío… hizo feliz a un niño en el muelle... ¡Hubieras visto su cara de sorpresa y luego su sonrisa llena de fascinación! — empezó a contarle lo que ella había observado cuando hacían la cola para comprar el boleto del barco comercial; mientras hablaba, con sus manos juntaba la arena apilandola para que la segunda torre quedará mejor que la primera, o como mínimo igual que la misma.
Al recordar al niño, no prestó atención a la punzada de dolor en su pecho (aunque en sus ojos por un momento brilló el dolor de la pérdida, y más de una tan joven), porque sabía que pocos habían sobrevivido… aquello fue una masacre, una masacre que ella no entendía… ella era ignorante para esas cosas, por eso prefería, como era habitual, no pensar mucho en ello — … fue difícil no verlo, estábamos en la fila de al lado, como a diez personas por atrás… ¡También me hubiera sorprendido de ver a alguien tan grande! Pero como tenemos a Thrym-sama, veo todos los días a un gigante. A ti si que no te vi en el muelle… ¿ibas escondido dentro de su ropa? — le cuestiono con genuino interés, a veces el gigante pelirrojo metía cosas en sus bolsillos, hasta ella podría ir oculta ahí.
16-01-2026, 03:28 AM (Última modificación: 19-01-2026, 07:08 AM por Einarr.)
El sol de aquella tarde impregnaba de un calor abrasador toda la playa, y una brisa suave acariciaba mis plumas, meciéndolas a merced del viento. El brillo de la luz reflejada en las olas, chocaba con la piel blanquecina de aquella bella dama que yacía frente a mi, jugando en la arena como una niña pequeña. Unos brillos azules se desprendían de su cuerpo, a causa de sus escamas y su bello cabello celestino, y aun asi en lo que mas se perdía mi mirada, era en el destello dorado de sus hermosos ojos.
-Ugh- Solté un sonido de disgusto. ~Diablos. Al parecer ya sabe quien soy. No creí que me hubiera notado, no soy de los que destacan mucho. A diferencia de ella...~ Volví a distraerme con su mirada y ahora también con su sonrisa, el echo que se hubiera ensuciado adorablemente el rostro, tampoco ayudaba. La señorita empezó a hablar sin descanso, tanto así que, para mi, alguien quien no esta acostumbrado al intercambio pronunciado de palabras, me empezó a dar vueltas la cabeza. -Eh?..-, -A...-, -Este...-, -Yo...- Eran las unicas cosas que alcanzaba a responder, tratando de seguirle el ritmo de la conversación a la señorita. Al final termine con los ojos arremolinados de la confusión.
Para cuando me di cuenta, por algún motivo fuera de mi entendimiento. Me encontraba tumbado, de rodillas sobre el arena, con mis manos ayudando a la señorita de cabellera celeste en la construcción de su castillo de arena.
~¿Que estoy haciendo?... Para empezar nunca e echo un castillo de arena y ahora estoy aquí ayudando a una desconocida a construir uno en lugar de estar buscando en los escombros del barco~ Refunfuñaba entre mis pensamientos mientras con mis manos seguía acumulando arena en pequeños montones.
Sin embargo, un ápice de culpa me golpeo al voltear la vista a la señorita, y ver como esta con su rostro irradiando felicidad y pureza, me contaba como tenia planeado la construcción de su extraño castillo. Mis alas en respuestas a ese impulso de emoción, revolotearon un poco dejando caer un par de plumas a mis costados.
~Talvez no este de mas despejarme un poco jugando un rato~ Termine desistiendo de mi molestia inicial, con la justificación de un descanso que en realidad si me era necesario. Los pensamientos me habían estado torturando desde lo de aquella noche.
Estuve luchando por un buen rato, tratando de levantar una torre de arena como me era posible, a pesar de siempre haber sido alguien hábil con los dedos, las manualidades no se me daban especialmente bien. Y sumado a eso me distraía cada cierto tiempo, con la deslumbrante belleza que tenia por compañera de juegos.
En uno de esos momentos de mirada, ella empezó a mencionar a Kelvin.
-A... Si, te refieres a Kelvin. El tiende a hacer esas cosas- ~En eso nos parecemos un poco~Dije finalmente con una pequeña sonrisa surgiendo en mis labios.
Como ella podía notar, no era alguien de muchas palabra, menos con los desconocidos, además de que ella era especialmente abrumante si de socializar hablamos. Me sentía como un pequeño ratón al merced de un joven gato juguetón y energético.
La mención de Kelvin provocó que regresara la vista al mar a nuestro lado, viendo como los escombros del barco flotaban entre sus olas. ~Espero que no se entere que me dedique a jugar en la arena con una desconocida. Seria algo vergonzoso~.
Un abrupto silencio domino de repente la playa, lo cual era raro con esta señorita al lado. El silencio duro apenas un par de segundos pero fue suficiente para captar mi atención devuelta al rostro de aquella belleza. Por un segundo logre ver en sus ojos ese típico brillo, un brillo de alguien que no quiere recordar, ese brillo que ya había visto muchas veces con anterioridad.
~... Así que ella tambien la paso mal aquel día. No es una sorpresa, apenas algunos salimos con vida de esa pesadilla. Supongo que su personalidad la protege de esos recuerdos... Ojala tener esa inocencia~ Mientras ella seguia con su relato con normalidad, rememore aquellos días que cuide de aquella niña mientras escapa de Ikaros.
Un sentimiento de protección comenzaba a surgir en mi interior, mientras veia como tal belleza hablaba alegremente frente a mi. Esta señorita, con su energía e inocencia me afecta en las fibras sensibles, probablemente esa sea la razón de que baje mi guardia en su presencia, aunque esto normalmente solo me ocurre con los niños.
-Aag- ~¿Por que eres asi Einarr?~ Me reproche por mi blandeza mientras me revolvía el pelo con una mano en señal de una leve frustración. -ugh- Termine con arena en el pelo sin querer.
Me levante de la arena extendiendo mis alas de par en par y tratando de animarla o distraerla de esos pensamientos, respondí a su pregunta en un tono mas alegre y con una leve sonrisa en el rostro.
-A decir verdad, si, mi gran amigo me llevaba en sus enormes ropajes comooo...- voltee a un lado, en el suelo, ahí se encontraba tirada mi gabardina. Rápidamente me agache para tomarla. Y, volviéndome a levantar, la sacudi provocando que un pequeño denden mushi callera rodando en su caparazón -Como este pequeño amigo- Termine de decir mientras Hato (El denden mushi) salía de su caparazón mareado por las sacudidas.
~Uy... lo siento Hato, pero es por una buena acción, luego te recompenso con unas buenas lechugas~ Pensé como si Hato pudiera escucharme telepáticamente, lo cual obviamente no era posible.
-Este es Hato, puede ser el guardián del castillo, el que no dejara entrar a los cangrejos malvados- Dije mientras me colocaba de cuclillas cerca de Hato y el castillo apenas en obras.
Tome una de las plumas que se me habían caído en la arena y la coloque, clavándola en la punta de una de las torres que llevábamos construidas. -Podemos utilizar esto para indicar donde esta la cúpula para las personas con alas- Le dije sonriendo un poco mas.
Estaba hablando mucho mas de lo que era normal para mi, pero, el ver a esta señorita, hace que quiera verla sonreir, es probable que sea por su inocencia infantil o talvez por su gran belleza, no lo tenia claro, pero aun asi ese sentimiento me llevaba a querer jugar junto a ella.
-Veras...- Mi desconfianza me hizo dudar por un segundo si decirle o no. -...Vine a esta playa para buscar cosas útiles que hayan sobrevivido al hundimiento del barco comercial. Dijiste que sabias nadar muy bien ¿verdad?, talvez quisieras acompañarme a buscar despues de terminar el castillo- Dije con un poco de duda en mi voz, aun cuando ella tocaba mis fibras sensibles, seguía dudoso sobre como era el actuar de ella.
María observó de reojo a su compañero alado de esa tarde. Sus balbuceos la hicieron sonreír, solía causar esa impresión en varias personas cuando sus palabras fluían sin control. Tal vez debió ser más comedida, más como “una señorita”. Así fue como la llamo él ¿No? Pero antes de poder procesar más allá, se volvió a distraer con su fortaleza de arena, que hasta ese momento parecía más bien un proyecto fallido a los ojos de cualquiera, sin embargo, ella podía ver su potencial. Alguien como ella, que quería conocer los secretos del mundo… social, debía ser buena observado ¿Cierto?
Él, luego de un desconcierto que se reflejo en sus ojos, termino sentado en la arena, como por inercia o por haber perdido aquella batalla de palabras o tal vez solo se mareo por tantos vocablos dicho a la vez… ¿Debería llamar a su médico para que lo ayudará? No, él se veía bien, solo un poco aturdido, normal cuando se enfrentan a su vendaval de pensamientos caóticos. Ella continuo con su construcción, mientras lo dejaba estar, porque parecía que algo colisionaba en su interior… ¿Por qué lo sabía? Su ceño fruncido, el desconcierto en sus ojos, ese leve movimiento de sus alas que dejo caer algunas plumas; no había que ser muy perceptivo para darse cuenta. ¿Tendría algún problema? ¿Acaso ella podría ayudarlo? Le hubiera preguntado pero otra pluma cayo, tan blanca como una nube, y recordó la pluma negra que tenía, se la había regalado Brownie, quien tenia alas… pero tan oscuras como la noche misma, totalmente diferente al cálido muchacho.
Una sonrisa encantadora se formo en los labios de María cuando lo vio intentar levantar parte del Castillo. Y ahí estaba otra vez, esa introspección que en la cabeza de la celeste se traducía como todo un mundo interior… ¿estaría peleando con reyes marinos? ¿salvando a alguna princesa atrapada en una torre de arena? No lo sabía, pero esperaba que ganara, y derrocara a los malos. Ella volvió su atención a su tercera torre, su proyecto iba bien, muy bien y ahora con el joven pelinegro iba a mejorar de manera exponencial.
A... Si, te refieres a Kelvin. El tiende a hacer esas cosas
Su voz la hizo levantar la mirada de su obra de ingeniería justo a tiempo para verlo sonreír. ¿Él sabia sonreír? ¡Si, lo sabía! Fue tenue pero suficiente para que su rostro adquiriera un matiz atractivo e inalcanzable, como si hubiera presenciado algo que pasaba una vez cada mil años. Aunque sonreír y reír no era complicado, quizás si ella tomaba una de esas plumas y lo acaricia con ésta en partes estratégicas de su cuerpo lo haría carcajearse con mucho ímpetu. La idea la borró de su cabeza, él se sentía distante, aunque amable. No quería incomodarlo, solo quería divertirse construyendo un castillo y pasando el tiempo… para no tener que pensar en las consecuencias que el foso dejo en su tripulación.
Lo vio mirar el mar, como si buscará algo en la distancia. ¿Aceptará su idea de enseñarlo a nadar? Ella volvió la atención a la arena y continúo apilándola, y dándole forma deformada, en su cabeza estaba quedando perfecto.
Aag… ugh
Sus respuestas venían en sonidos que no lograba descifrar pero que le resultaban divertidos, y la hacían sonreír. Es como si no encontrará las palabras, palabras que a ella le sobraban… por primera vez conoció a alguien que no tenía mucho que decir, o quizás si tenía mucho que decir, pero no lograba materializarlo, su voz no salía y formaba palabras. ¿Necesitaría que ella revisara su boca en busca de los vocablos perdidos? Se imagino mirando dentro de su cavidad con una de las paletas de Hyakinthos pero no sabría que buscar para encontrar su voz. Tal vez debería darle un beso, el beso curo a su peluche… o eso fue lo que ella asimilo, luego del relato del medico rosado.
Lo vio levantarse, extender sus preciosas alas blanca… ¡Un Ángel! El movimiento la distrajo e hizo sonreír con alegría mientras un pensamiento se gestaba en su mente ¿Podría volar? El masculino empezó a hablar, un poco más, ya no eran simples balbuceos, los ojos de María brillaron, le gusto su voz… tranquila y sin prisas, tímida pero cálida. Entonces si iba dentro de su amigo gigante, como Thrym llevaba a Cara Melo. Ella tenia que alguna vez intentarlo, meterse en la ropa de su gigante, o del gigante de él. Lo vio buscar algo, la curiosidad de ella burbujeo a la expectativa... porque ya había descubierto un misterio, el nombre del gigante: Kelvin.
Como este pequeño amigo
Su boca formo una perfecta “O” mientras sus ojos brillaban al ver a la pequeña Piruleta, así le decía ella a los Den Den Mushi. Ella tenia dos, uno que le permitía hablar con sus nakamas, otro que le permitía escuchar conversaciones privadas, después de todo era una cotilla por naturaleza. La Piruleta tenía una mata de cabellos negros, alitas y una sonrisa que disparo una flecha hasta el corazón de la semi sirena que se acercó para verlo mejor — ¡Lindo! — admitió encantada porque las alitas le daban un toque especial, el de ella tenia escamas y cabello celeste. Aunque ella, si era honesta, no tenía esa manera de hacerlos salir de sus caparazones, verlo agitarlo la hizo soltar una suave risa sirenezca.
Este es Hato, puede ser el guardián del castillo, el que no dejara entrar a los cangrejos malvados
Sus frases eran más largas, él la había escuchado y le estaba respondiendo, siguiendo su juego al pie de la letra y pensando más allá del castillo y sus amenazas. Los ojos ámbar brillaron con emoción mientras lo veía colocar al pequeño guardián en su fortaleza — Hola, Hato. Eres nuestro guardián, no dejes que ningún cangrejo malvado conquiste el castillo. Si cumples con tu noble misión, el Príncipe Alado te nombrara cabello de la orden — mientras ella hablaba con el caracol el pelinegro traía una pluma y la clavaba en una de las torres, decretando que ahí irían los que se parecían a él. María solo puso asentir y sonreír con alegría, era perfecto, todo había quedado mejor que en su imaginación.
Él la había escuchado.
Él había actuado siguiendo sus locuras.
Él era un príncipe alado.
Y mucho más cuando la sonrisa de sus acciones se reflejó en sus labios. Tal vez, y solo tal vez, el mundo interno del Ángel podía ser exteriorizado… a ella le gustaría conocer sus quimeras internas, y seguir viendo aquel amable y sonriente rostro, que la animo y contagio con su júbilo contenido. Deberían intercambiar frecuencias de piruletas y continuar su amistad naciente, aunque fuera en la distancia — … Es perfecto — comento María viendo el final de la construcción, no había nada más que mejorar porque ya tenia la esencia de las escamas y plumas. Antes de poder hacer algo más, él continuo…
Veras…
Se detuvo un momento, lo que hizo que María lo observara inclinando un poco su cabeza hacia la izquierda y haciendo que su largo cabello celeste cayera como cascada hacia ese lado. Esperaba sus palabras, como quien esperaba el agua en un desierto… ¿Qué podría decir, entre titubeas, una persona reservada? Su voz llego hasta la mestiza, sintió que dudaba, pero aun así soltó aquella petición.
Cosas útiles en el naufragio.
Ir a nadar.
Acompañarlo.
La celeste parpadeo dos veces, procesando lo que el Príncipe Alado le estaba pidiendo. ¡Ir nadar! No importaba la razón, ella amaba nadar. María le sonrió al tiempo que se sacudía las manos — … Si, claro que sí. Soy muy buena nadando. Mira… — la chica se quito la camisa blanca que fungía como chaqueta, se dio la media vuelta al tiempo que con la diestra retiraba su largo cabello celeste, dejando al descubierto sus preciosas escamas celeste que al sol parecían resplandecer como tornasol — … si, yo puedo nadar… ¿tu puedes valor? — le pregunto con curiosidad inocente, ella nunca había volado… ¿él la podría hacer nadar por las nubes? La idea la hizo revolotear de felicidad al tiempo que amarraba la camisa a su cintura y deja a la vista más piel, porque su top blanco no es que fuera muy abrigador — … el castillo ya está listo, podemos ir hacia el naufragio — comento tomando a la pequeña Piruleta con cuidado entre sus manos y dándole un beso en su cabecita — … felicidades soldado Hato, usted ha cumplido su misión satisfactoriamente, puede volver a su retiro caracolistico como caballero de la orden de escamas y plumas — comento con voz de lo que ella asumió sería un marine para extendérselo al pelinegro. No podían irse y dejarlo solito en ese castillo de arena.
María vio al alado, luego al mar, luego llevo su diestra a su mentón pensativa pero no duro mucho porque se dio cuenta que tenía arena y procedió a limpiarla. ¿La había tenia todo ese tiempo? ¡Que bochorno! ¡Que divertido! — ¿Tengo más arena en la cara? — le pregunto acercándose a él para que viera mejor, pero con la diferencia de altura quizás él tendría que inclinarse — … tu aun tienes en el cabello. Ven, baja la cabeza que te ayudo a sacudirte — estiro sus manos poniéndose de puntillas y estirando sus brazos a todo lo que podía para poder ayudarlo, ella estaba muy, muy cerca de él, separados por centímetros. El espacio personal no tenia significado para ella — ¿Por qué eres tan alto? ¡Todos parecen ser más altos que yo! No sé dónde esta el naufragio, aunque si tu me llevas volando y me tiras al mar, yo lo busco en las profundidades — comento dejando de estar en puntillas, e indicándole que era muy mala orientándose, si él los llevaba, ella por supuesto que lo ayudaría — … pero tendrás que entrar al mar conmigo, me pierdo… y distraigo con facilidad, pero tal vez verte en la superficie me ayudaría a mantenerme orientada… o como mínimo enfocada. ¿No te pasa? ¡Qué de pronto más por aquí, pero terminas yendo por allá! — hablo riendo a lo ultimo porque a ella siempre le pasaba, y terminaba perdida.
README
Resumen: Vamos al naufragio, Principe Einarr. Si la dejas ir por su cuenta, se perderá.
Unas gotas de brisa salada, flotaban en el aire dotando de un brillo peculiar a toda la costa. Era un paisaje ciertamente hermoso el cual se presentaba ante nosotros en aquella playa. Fue un momento que me tome para apreciar lo curioso de la situación, los pensamientos pesimistas de mi mente habían sido opacados por el momento, ya no había odio, ya no había resentimiento, ya no había furia. El compartir el tiempo con una señorita como ella, era hasta terapéutico para un tipo como yo. ~Esta señorita es ciertamente entretenida, me alegro que le gustara mi pequeño acto, pero ahora que lo pienso en frio se me hace muy vergonzoso~ Pensé mientras mis mejillas se tenían de un rojizo suave.
~Se que no debería bajar tanto la guardia en esta situaciones, pero no puedo evitar hacer sonreir a personas como ella. Supongo que esa parte de mi aun sigue intacta.~ Sin embargo, mi momento de introspección habitual no duro demasiado, pues fue interrumpido por la explosión de emoción de mi bella compañera de juegos.
La señorita de cabellos celestes, se levanto emocionada al mismo tiempo que se sacudía la arena de las manos. Al parecer la idea de nadar, le era extrañamente emocionante. Se quito el top blanco que llevaba, deslumbrandome con el brillo azulado de sus escamas y el contraste con su piel blanquecina.
~¿Una mestiza?... No lo había notado hasta ahora por su ropa~ Repase con mi vista su complexión esbelta, sus escamas brillosas y su piel porcelana, curioso por ser la primera vez en toparme con una mestiza sirena. Pero pronto me percate de mi accionar un tanto descortés.
-E?...- ~Mierda, su actitud infantil hace que se me olvide que es una señorita, además no puedo estar viendo a una mujer de esa forma solo por saciar mi curiosidad~ Pensé mientras volteaba la mirada a un lado, tratando de evitar el contacto visual y al mismo tiempo con una de mis manos tratar de esconder el rubor de mis mejillas.
~Deberia tener mas cuidado y ser mas considerado, al fin y al cabo estoy tratando con una dama~
Para mi, a diferencia de mi entusiasmada compañera. El nadar era una actividad por la que sentía un amor/odio, me encantaba bucear en búsqueda de especies raras de crustáceos o peces de variopintos colores, pero odiaba como terminaban mis alas, empapadas por el agua, pesadas e incomodas, como si la vida se les apagara. Mi mama solía decirme que cuando tenia las alas mojadas parecía un pollito. Era un recuerdo bonito ahora que lo rememoraba.
"… si, yo puedo nadar… ¿tu puedes valor?" Con genuina confianza en sus palabras. Aunque era algo natural de pensar si no conocías a alguno que otro de mi raza.
-No, en realidad no puedo volar, mis alas se cansarían antes de despegarme del suelo- Respondí a su pregunta aunque la mano sobre mi rostro la respuesta a la vez que seguía manteniendo su figura fuera de mi campo de visión. Mis alas nuevamente revolotearon en señal de lo que sentía y dejaron caer otro par de plumas a la arena.
Para cuando regrese mi vista a la señorita, observe como esta felicitaba al pequeño de Hato por su trabajo, dándole un dulce beso un su cabeza, lo cual me pareció absolutamente adorable y termine ruborizado nuevamente. Luego de dedicarle unas palabras a Hato como si fuera un recluta de la marina, se acerco y me entrego al pequeño caracol. Cuando tuve nuevamente a Hato en mis manos, vi la evidente felicidad en su cara de caracol.
~Ja... si que eres un pillin Hato. Veo que te gusta recibir atención de las chicas guapas~ Volví a pensar una respuesta como si el caracol me leyera la mente. Aunque probablemente si se lo dijera tampoco me entendería.
La bella señorita empezó a analizar la costa como en busca de algo, al quedarse quieta por un instante sus escamas resplandecían con la luz que chocaba en el agua y su expresión seria resaltaba aun mas sus lindas facciones, sin embargo ese momento fue efímero, pues inmediatamente al tocarse el rostro se percató de su pequeño desastre.
-Pff...- Logre aguantar una pequeña risa que se me habia escapado, talvez para ella no seria tan gracioso que me burlara de sus descuidos.
"¿Tengo más arena en la cara?" Pregunto la señorita.
-Déjame ver un momento- Respondí a su pregunta mientras me reclinaba un poco para verla mas de cerca, ignorando el echo de la cercanía de la señorita, ya para ese momento se había desvanecido la vergüenza que sentía y surgió nuevamente mi lado de guardian.
-Mmm... creo que tienes un poco mas por aqui- ~Es un poco difícil diferenciar el tono de su piel con el color de la arena~ Sacudí con mi mano derecha un poco de arena que aun le quedaba en su mejilla. -Creo que con eso esta- dije mientras me surgía una pequeña sonrisa.
"… tu aun tienes en el cabello. Ven, baja la cabeza que te ayudo a sacudirte" Menciono la bella dama, al mismo tiempo que estiraba su mano para tratar de alcanzar mi cabello.
-¿De verdad?- Pregunte extrañado, para luego agacharme un poco mas buscando que la mano de la señorita alcanzara mi cabello.
~Bueno, despues de jugar tanto en la arena es normal. Pero sigue siendo un poco vergonzoso. Si alguien me viera asi pensaria que soy un crio~ Estaba sobre analizando la situación como de costumbre.
"¿Por qué eres tan alto?" Nuevamente la voz de la señorita me saco del trance, dándome cuenta por fin de su cercanía, lo cual volvió a ruborizarme.
-Ejem- Erguido nuevamente, aclare mi garganta para aclarar mi mente -Bueno, de echo como le digo, no puedo volar. Aunque, tu habilidad para nadar probablemente nos ayude mas que mis alas.
"pero tendrás que entrar al mar conmigo, me pierdo… y distraigo con facilidad..."~Si soy sincero, creo que es algo esperable con la personalidad de esta señorita~ Me quede ese comentario para mis adentros, pues tampoco quería ser grosero. -Mmm... Si es ese el caso...- Dije con mi vista clavada al mar lleno de escombros flotantes.
Recogí mis cosas que se encontraban regadas por toda la playa. Tome mis botas y les di la vuelta para sacarle la arena dentro de ellas. Tome mi gabardina y la sacudí para que volara la arena pegada. Con todo reunido, me dirigí a una gran roca cercana y coloque las cosas justo detrás de ella ordenadamente. No podía llevarlas, pero tampoco quería dejarlas a la vista. Regrese al lado de la bella señorita, con mi vista de regreso al horizonte del mar que brillaba como si estuviera invadido de pequeñas estrellas.
-No se la ubicación exacta del barco, pero llevo un rato analizando el flujo de los escombros y tengo cierta noción de su ubicación- Empecé a hablar un poco mas de la cuenta, a la vez que me adentraba en las aguas cristalinas frente a nosotros, rompiendo el suave oleaje y quedando com el agua hasta las rodillas. Talvez esta situacion me tenia ciertamente emocionado.
Regrese la mirada devuelta a la señorita que aun se encontraba en la orilla y levante mi palma en dirección a ella como señal de cortesía, ofreciendo mi mano como guía. -Supongo que puedo guiarla hasta el naufragio, aunque no prometo seguirte el ritmo- Trate de sonreír un poco para parecer mas amable y para devolverle la dulce sonrisa de la doncella, aunque resulto mas en una sonrisa incomoda. ~Aun tengo cierta duda de llevarla conmigo al naufragio. Pero... ¿Seguramente su habilidades como hibrida de sirena sean de utilidad verdad?~ Trate de justificar mi pequeño capricho. Ese sentimiento se reflejo en mis alas, quienes nuevamente dejaron caer un par de plumas que se posaron suavemente sobre el agua.
Si la versión de mi, que esta libre de mis caprichos, viera lo que estoy haciendo, me llamaría idiota y me recomendaria perderla cuanto antes. Pero, ignorando esa espinita de peligro, le ofrecí a la señorita mi mano en compañía. Y aun con eso, mi otra mano seguía aferrada al dial de viento que tenia en el bolsillo.
¿Había conocido a alguien como él?
No, el alado la sorprendía con su timidez.
María lo observaba de reojo, siguiendo sus gestos, y viendo en sus orbes y postura una lucha interna. ¿Estaría enfermo? No, no tenía que ver con malestar en su cuerpo, sino más bien con su personalidad. No solo parecía un ángel, sin dudas era uno… y eso lo elevaba por encima de los peluches, él era simplemente adorable. El Príncipe Einarr, sería así por siempre y para siempre en su cabeza. No solo por su particular forma de ser, tan fresca y única en su mundo, sino porque sus acciones la cautivaron por si solas. Alguien como él nunca le haría daño, alguien como el ángel era un lugar seguro… y eso hizo que le gustara mucho más. Lo decidió en el instante en que lo vio aguantar la risa por aquella vergüenza suya de la arena, y la ayudo a quitarse esas invasoras partículas de la cara.
Creo que con eso esta
Y la sonrisa fue el cierre, si llego a dudarlo (no lo hizo), una suave y cálida sonrisa, sin nada oculto, sin forzar dulzura o respirar profundo en busca de calma. Él era genuino, de una forma tan inocente que la hizo sonreír también, desde su corazón, alumbrando sus de por si hermosas facciones. No solía ponerse metas, solo vivía el presente, pero no iba a dejar esa playa sin que el ángel fuera su amigo…
Bueno, de echo como le digo, no puedo volar.
Con su afirmación la celeste inclino la cabeza, haciendo que la larga cabellera cayera como una cascada cristalina a su lado. ¿Los ángeles de alas blancas no volaban? Esa era una información interesante, y muy de cotillear la verdad, considerando que Brownie, que tenía alas negras, podía volar y muy bien. Entonces no irían volando hacia el naufragio, tendrían que nadar, o solo ella lo haría, aunque ese pensamiento se desvaneció cuando lo vio dejando sus cosas bajo resguardo en una roca. María lo siguió con la mirada llena de curiosidad por cada acción, era meticuloso, diferente a ella que tenia los zapatos a un lado, y ahí se quedarían… ¿Quién se los robaría? Ella se quito la camisa overside que actuaba como suéter, y la dejo caer sobre su calzado.
No se la ubicación exacta del barco, pero llevo un rato analizando el flujo de los escombros y tengo cierta noción de su ubicación.
La voz del masculino se mantuvo por más tiempo, ella lo miraba a él mientras él miraba el horizonte. Su cabello negro, su piel pálida, sus ojos profundos… todo en conjunto lo hacia una vista agradable pero su aura, lo hacia cálido. No era un hombre, era un ángel, y ella se convencía cada vez más de eso. Llevo sus manos atrás, escuchándolo con atención, y asintiendo, podía notar la pasión por la exploración que emanaba de este. Eso la hizo querer ayudarlo más.
Cuando sin aviso fue hacia el mar, la sonrisa en los labios de la semi sirena se amplió, ahora era un ángel acuático. Por primera vez en un rato levanto la mirada hacia el horizonte, buscando con su buena vista lo que tenía tan cautivado a su futuro buen amigo. Restos del naufragio vivido. Aquel barco comercial los trajo a este mar, los saco del tranquilo South Blue, le dejo una peculiar aventura… que trajo un destello rojo a sus recuerdos, un rojo que posiblemente no vería de nuevo, nunca jamás… porque una cosa era hacer una declaración publica absurda y luego enfrentarse a esta cara a cara. No, no, no, en sus planes no estaba ese encuentro, solo postales según lo prometidó. ¡Por suerte el mundo era muy grande!…
Supongo que puedo guiarla hasta el naufragio, aunque no prometo seguirte el ritmo.
Sus pensamientos regresaron al ángel, quien extendió su mano en una invitación silenciosa hacia la aventura. María lo miro a los ojos ¿él vería el brillo de travesura en estos? No lo sabía, pero cuando el agua mojo sus pies, ya se sentía en casa, cuando llego hasta sus rodillas ya estaba deseando tirarse de cabeza a las profundidades le costó no hacerlo. Debia llegar al joven sin salpicarlo — ¿Tus alas siempre hacen eso? — pregunto curiosa viendo como las plumas caían y eran arrastradas por la corriente, luego tomo su mano: primero palma sobre palma, luego entrelazo sus dedos, si iban a nadar juntos, no podía perder su agarre — Príncipe Einarr. No tengas nervios, ya lo he hecho antes… ¡A Malvavisco le encanto! Y a ti también, más aún porque vamos por un tesoro perdido… y no hay prisa por volver a la orilla — sonrió recordando como el paseo con el apuesto hombre de cabellos blancos y ojos hipnóticos fue vertiginoso, después de todo no quería dejar mucho tiempo a su Unnie sola en la playa… esta vez sería distinto, nadie los estaba esperando, bueno, solo Hato, pero supuso que la paciencia era una virtud de las piruletas.
María paso a su lado, caminando con calma, no quería asustarlo. Sin soltar su mano, cuando el agua le llego a la cintura, volteo a verlo… y sus ojos brillaron aun más porque estaba a punto de llevárselo a nadar. Sin previo aviso se dejo caer de espaldas, atrayéndolo con ella, que uso sus pies para impulsarse, y alejarlos un poco mas de la orilla. Ahora ambos estaban mojados, pero aun así no se movieron mucho, aunque ya no tocaban el fondo — Deberías usar esa mano que tienes en el bolsillo, sino vas a hundirse, Príncipe Einarr — bromeo con él, soltando su mano para acercarse y pasar sus brazos por el cuello masculino, dentro del agua las alturas no significaban nada — Respira Profundo, Abre bien los ojos… — le dijo pegando su frente de la suya, sin ningún tipo de malicia. Sus orbes no dejaban de brillar…
Antes de cualquier respuesta…
Los hundió…
Le sonrió con calidez…
Y cuando toco el lecho marino los volvió a impulsar.
Esta vez, no hacia la superficie, sino en un arco fueron hacia adelante, a aquel lugar que los ojos del hombre veían con ganas de explorar. María lo tenia abrazado por el cuello, mientras con sus pies/piernas nadaba; y aunque el paisaje era cristalino, con peces, corales y toda una conjugación marina, en su cabeza solo existían números ¿Números? Si, estaba contando, serían 25 segundos exactos. Y cuando el conteo llego a los 25, los saco a la superficie. El sol los recibió, y la brisa los abrazo. María fue soltando los brazos del cuello del ángel para sujetarle las mejillas y obligarlo a mirarla — Respira, Príncipe, Respira — lo animo esperando su reacción, quizás debería de dejar de hacerle eso a las personas. No todos podían respirar bajo el agua como ella.
La semi sirena al fin lo soltó, y nado a su alrededor, viendo un par de maderas flotando sin rumbo. Fue hacia allá, sin alejarse mucho de su amigo. Luego solo se dejó hundir. Si, a lo lejos podía ver… lo que quedaba del barco comercial. Cuando regreso a la superficie, busco con la mirada al pececito emplumado, cuando lo diviso fue a su encuentro — Príncipe Einarr, por allá lo veo. Ven, vamos… — esta vez no lo jaloneo, ella lo iba a dejar nadar por si solo, sin irse muy lejos, nadando a su alrededor como un delfín amistoso — ¿Crees que las nubes sepan a algodón de azúcar? Se ven tan suaves como uno… en el foso conocí a alguien como tu pero no exactamente como tú, Brownie tenía alas negras… ¿Por qué las de él son negras y las tuyas blancas? Y tenía también una flamita que alumbraba todo, como el collar de un gatito… — iba hablándole con su característico encanto, y suave voz, aunque cuando veía que venía algún resto de madera peligrosa se adelantaba y con una palmada al agua desvía su trayectoria — ¡Cuando acabemos aquí busquemos el risco más alto que dé al mar! Saltemos y volemos por unos preciosos segundos... — le propuso sonriendo ante la locura de su pensamiento.
Le gustaba el mar, le agradaba la tierra… pero ahora que había conocido a dos personas aladas, se preguntaba como sería volar… y tocar las nubes.
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Resumen: María queda encantada con Einarr, tanto que lo bautiza como Príncipe y en su imaginación ya es un buen amigo. Lo lleva hasta una parte del camino, luego nada a su lado, cuidando que nada le haga daño.
Mi mente trataba de procesar la ilustre escena que se manifestaba ante mis ojos. Una escena, como si la sacaran de un óleo. Una bella señorita sirena, entrando en las cristalinas aguas del mar, con sus centellas que tiene por escamas, brillando como un lucero en su espalda, sus ojos reluciendo como un par de joyas azules, y su sonrisa con un destello igual de incandecente que el del sol de aquella hermosa playa. Una escena digna de ser inmortalizada en arte.
~Que hermosa...~ Fue lo único que albergo mi mente en los breves momentos que tardo la señorita adentrándose en las aguas.
Ese pequeño instante de solemne apreciación, me duro (como es de esperarse de esta señorita) mas bien poco, pues fue interrumpido por la dulce voz de aquella linda sirena.
"¿Tus alas siempre hacen eso?" Pregunto con curiosidad la señorita.
El pequeño brillo que apenas pintaban mis ojos, se apago. Gire mi cabeza, apartando la mirada de la señorita mestiza. ¿Para que la señorita no viera mis ojos?. ¿Para voltear ver mis alas?. Ambas respuestas eran correctas.
En ese preciso instante, al volver a ser consiente de mis alas. El brillo apagado de un pasado lejano, resquebrajo mis ojos. Mi vista siguió una pequeña pluma que era arrastrada por el oleaje hasta faldas de la señorita. Seguí su figura con la mirada hasta tener su rostro nuevamente ante mi, al mismo tiempo, el color no tan vivo de mis pupilas regreso y forzando una pequeña sonrisa con un ápice de tristeza aun en ella, le respondí a la señorita.
-Es un pequeño hábito que tengo desde niño- Dije mientras giraba mi vista para ver mis alas blancas brillando con el agua del mar. Se sacudieron un poco, volviendo a reflejar mi inquietud.
La inocente pregunta de la señorita me había devuelto viejos recuerdos que prefería mantener enterrados. Hace mucho que deje de culparme por ello. Pero aun podía escuchar las voces de esos bastardos, aun podía escuchar las tantas maldiciones que proclamaron contra mis alas, tantas que muchas las creí.
Todos esos pensamientos se disiparon en cuanto la señorita sirena toco mi palma, y el brillo regreso a mi rostro iluminado por la belleza de la semi sirena. Despeje mi mente y decidí concentrarme en la misión, que eso siempre me ayudaba en estos casos.
"Príncipe Einarr. No tengas nervios, ya lo he hecho antes… ¡A Malvavisco le encanto! Y a ti también"
~¿Malvadisco?~ La duda se presento en mi rostro. ~¿Quien es malvadisco?... A veces no logro seguirle el hilo a esta señorita... Espera. Principe?~ Mi rostro reflejo aún más confusión.
-¿Príncipe?- Le pregunté extrañado a la señorita. ~Espera. ¿Como sabe mi nombre?. Acaso lo escuchó de algún lado???. Me conocerá de antes???.~ Mi mente daba vueltas tratando de comprender las palabras de la señorita, mientras ella cruzaba a mi lado entrelazando sus dedos con los mios, abriéndose paso entre el suave oleaje del mar. Ante la duda como era de mi costumbre, tome con fuerza mi dial dentro del bolsillo. Aún no podía confiarme del todo.
La señorita semisirena regreso su vista hacia mi, el agua ya le llegaba hasta la cintura, mientras que el brillo del oleaje se reflejaba en su piel y dotaba de un destello especial a sus ojos. Eso provocó que mi remolino de duda se pausara por un segundo.
~No. Einarr. Concentración por favor, no debes de confiarte por una cara bonita~ -Disculpe. Señorita. De donde es que saaaaa!!... - La mestiza, de repente y sin aviso, me atrajo con ella hacia aguas más profundas.
-Espere!... Señorita!- Trate de mantenerme a flote como podia, utilizando mis alas como flotadores naturales, chapoteando como un un gato que a sido traicionado por su dueña, siendo arrojado a la bañera.
"Deberías usar esa mano que tienes en el bolsillo, sino vas a hundirse, Príncipe Einarr" Dijo la señorita mientras se acercaba.
~Mierda. Se dio cuenta de mi mano. Pero tiene razon, si no utilizó mis brazos me voy a hundir~ Rechiztando, retire mi mano de la seguridad de mi dial, y la utilice para mantenerme a flote.
Para cuando devolvi la atención a la señorita, ella ya se encontraba cruzando sus brazos sobre mi cuello, sin importarle el espacio personal y con la inocencia de una mariposa.
Mis ojos se pasmaron con el brillo de los suyos, como hinoptizados por su color celestino. Era mucho tiempo ya el que pasó de la última vez que me acercaba físicamente tanto a otra persona, siempre trataba de mantener mi distancia a cualquiera, incluso a mis más allegados. Sin embargo, esta señorita lograba romper todas mis defensas como si fueran nada, como un remolino de emociones arrasando con mi refugio de insensibilidad.
Como un acto reflejo mis alas se extendieron y rodearon con cariño a la dulce señorita, aunque pronto me di cuenta de la situación y las retire, al mismo tiempo que mis mejillas se empezaban a pintar de rojo. Aún así mi vista seguía clavada con la suya y cuando la señorita junto nuestras frentes, simplemente me deje llevar por su brazos y me hundi junto a ella.
El paisaje que nos resivio fue mágico, el agua cristalina nos daba libre paso a la vista del fondo de la costa, y como era de esperar, estaba fascinado por todo lo que me rodeaba. Mis ojos se llenaron de una inmensa ilusion tratando de grabar en mi retina las maravillas que las aguas del Gran Line tenían para ofrecerme, tantos peces que nunca había visto, tanta vegetación que nunca me habría imaginado, todo era simplemente hermoso. Mi vista se desvio un poco para ver a la bella semisirena que nadaba junto a mi, arrastrandome por las corrientes oceánicas, viendo ondulear su hermoso cabello, fusionándose casi por completo con las cristalinas aguas, decidi plegar mis alas para no estorbarle el impulso y poder navegar más fácilmente junto a ella, mientras trataba de guiar la mediante señales hacia el naufragio.
~Esto es realmente hermoso... Nunca crei estar viendo este paisaje en persona~ Dije devolviendo la mirada al fondo marino. ~Ahora que lo pienso. La señorita si sabrá que no puedo respirar bajo el agua ¿verdad?~
En ese instante sentí un pequeño empujón desde mi cuello e inmediatamente la señorita nos había sacado a la superficie. Inmediatamente la señorita me tomo del rostro diciendome "Repira, Príncipe, Respira" A lo que yo hice caso de inmediato tomando una gran bocanada de aire. Aún así el brillo intenso del sol me había segado por un par de segundo al salir, y fue sólo después de recuperar el aliento que no te su bello rostro frente a mi, con su cabello celeste flotando junto al mar.
-Cof cof- termine tosiendo un poco de agua que había tragado por la impresión del momento.
~Otra vez con lo de Príncipe. Aún no me acostumbro. Creo que soy de todo menos un principe~-Si le soy sincero. Por un momento entre en pánico de que no recordará que no puedo respirar haya abajo- Dije sonriendo con toque cálido, pues después de ver tan bella escena, mi actitud había cambiado un poco. ~Mi comentario no fue algo grosero?, espero que no se moleste por eso?~ Pensé al último.
-Creo que el barco no debe de estar mucho mas lejos, si nada por aquí seguramente lo vera- Mi sonrisa cálida se mantenía, pues seguía emocionado.
La señorita sirena se separó de mi y comenzó a explorar en las aguas circundantes en busca del naufragio cuando por fin lo encontró. Comencé a nadar en dirección al llamado de la sirena, buscando rastro del naufragio que no eran pocos. La señorita nadaba junto a mi, tranquila y serena, como si estuviera en su propia casa, que tal vez para ella si lo era.
Y como era costumbre. La señorita me empezo a bombardear con un aluvio de preguntas. Para bien o para mal el tiempo que pase cuidando de aquella pequeña, me habían preparado para enfrentar estas situaciones (y probablemente por estar igualmente emocionado) me dediqué a tratar de responderle a la señorita y con suerte mantener el hilo de la conversación.
-No creo que las nubes se puedan comer- Le respondi mientras trataba de nadar utilizando mis alas como un empujón extra. -Alguien con alas negras?. Probablemente era un Lunariano, no se mucho sobre ellos, pero digamos que en parte yo también soy como el, aunque seguramente mucho más debil- Ese último comentario estaba un poco tintado con mis traumas en mis días en Ikaros.
Note como la señorita me iba protegiendo de los escombros que flotaban por ahí. Lo cual me pareció un gesto tierno, aunque eso me hizo percatarme de la inesperada fuerza de la chica.
~No lo había pensado hasta ahora, pero si ella quisiera podría acabar conmigo. Al fin y al cabo estámos en su terreno.~ Ese pensamiento me hizo tragar saliva.
Pero nuevamente la voz encantadora interrumpió mi duda. "Saltemos y volemos por unos preciosos segundos" Propuso la señorita, deslumbrandome una vez más con su sonrisa.
-... Me encantaría- Le respondi a la señorita devolviéndole la sonrisa. Aunque las dudas me invadian, la actitud de esta señorita podía fácilmente conmigo. Es como si tuviera el mar en su pelo y su sonrisa fuera el sol que se refleja en el, siendo los zafiros de sus ojos el detalle que completa su rostro de mar.
Entre los escombros que navegaban con la corriente, hubo uno que llamo mi atencion, así que antes de que la señorita lo auyentase, la detuve.
-Espere señorita. Creo que encontré algo.- Deje que los escombros flotaran hacia mi y me aferre a ellos amortiguando el impacto con mis alas.
Se trataba de una caja flotando sobre un montón de maderos que le hacían de balsa. La Caja era similar a la de los suministros que había conseguido (robado) de aquella torre de piedra malgastada. Me subí en la improvisada balsa con algo de dificultad, ya que mis alas de pollo mojado me volvían más torpe, luego destape la cubierta de la caja haciendo un poco de palanca con un trozo de madera de los que flotaban junto a ella, lo cual no fue muy difícil.
En el interior de la caja había una cantidad variada de cosas, entre objetos de uso cotidiano y papeles maltrechos, todo empapado y dañado por el agua. ~Al parecer es una caja de suministros personales de alguno de los pasajeros~ .
Mis ojos luego captaron un pequeño par de objetos que hicieron que mi corazón se resquebrajara al tomarlos entre mis manos. Era un par de pequeños zapatos rojos junto a un marco roto con una foto en el, ya rota y maltrecha por el agua, pero aún reconocible. En la foto se veian los rostros de una pareja joven junto a su pequeña hija, y en uno de los bordes una fecha 27 de otoño del año 16.
Un nudo se formó en mi garganta mientras volvía a poner las cosas en su lugar y cerraba la caja. ~¿Por que?~ Era mi duda. Alguien habia provocado lo de aquella noche, alguien había matado a todas esas personas inocentes y nos había puesto en un estúpido juego, alguien tenía que pagar. Mi mirada se afilió por un segundo, para luego volver a relajarse al recordar a la dulce sirena que yacia nadando serca de mi.
-Prometo que encontrare a los culpables de esto y los haré pagar. Descansen en paz- Dije casi como un susurro mientras mantenía mi palma sobre la tapa de la caja.
Regrese mi atención a la señorita que estaba flotando en el agua no muy lejos de mi. Intente forzar una sonrisa para que no sospechara, al parecer a esta señorita le había afectado de alguna otra manera todo lo de esa noche, y no queria exponerla más a esos recuerdos dolorosos.
-Al parecer no había nada de utilidad- Mi sonrisa se volvió una más débil. -Tal vez no encontremos muchas cosas de utilidad haya abajo señorita. ¿Aún así quiere bajar conmigo a buscar?- me dirigi a ella insinuando en dejar la exploración del naufragio hasta aquí, pues lo que menos quería era verse apagar la sonrisa que tanto me había cautivado todo este tiempo.
-Si quiere, podemos hacer lo de saltar del risco y así aprovechamos para secarnos- Dije con un tono más alegre, no quería que la señorita notará lo que ocurria. Sólo me quedaba esperar su reacción, se que tal vez haya un par de cosas por ahí que tengan algo de valor, pero lo que ahora me importaba es no hacer desaparecer la sonrisa de esta señorita.
~Ya vendré yo luego a explorar por mi cuenta. Total, ya se donde se encuentra el barco gracias a la señorita~ Pensaba en una justificación para abandonar mi mision, solo por mi capricho de no entristecer a la medio sirena.
La joven de cabellos celestes nadaba alrededor del hombre alado, el príncipe bautizado así por su corazón. El mar se comportaba con calma, moviéndolos suavemente en el vaivén imperceptible del baile eterno de las ondas marinas. El sabor salado, el brillo del sol y la compañía hacían sonreír a la mestiza, quien en su elemento resultaba mucho más hermosa.
Si le soy sincero. Por un momento entre en pánico de que no recordará que no puedo respirar haya abajo.
María sonrió al recordar las palabras del moreno, ella jamás lo dejaría ahogarse, no mientras estuviera cerca y pudiera ayudarlo — ¿Cómo podría olvidarlo, Príncipe Einar? ¡No podría! No dejaría a mi amigo ahogarse — le respondió con su encantadora sonrisa mientras seguía nadando a su alrededor.
No creo que las nubes se puedan comer
El corazón de la semi sirena se hincho de euforia cuando él empezó a responder a todas y cada una de sus inquietudes, por lo general las personas pasaban de sus palabras, de sus ideas, la descartaban como tonterías, solo les importaba su cara bonita. Ella miro al cielo, un par de nubes pasaban con parsimonia, bajo la mirada al masculino y lo miro con evidente cariño. Luego escucho con atención sobre lo que parecían ser razas ¿Lunarian? ¿Eso era Brownie? Un enorme pájaro negro, con la cara quemada peor que las cicatrices de su hermana… pero antes de seguir por ese camino, detuvo su nado ¿Débil? ¿Por qué el Príncipe Einarr se llamaba de esa manera? — ¡No! — refuto la chica con firmeza, frunciendo su ceño… lo que, gracias a su belleza natural, solo le daba otra visión a su etéreo rostro — No digas eso sobre ti, Príncipe Einarr, no creo que seas débil. No te conozco cierto, pero alguien con tu mirada no puede serlo. Aunque creo que hay diversos tipos de fuerzas, tal vez la tuya no es la que estás pensando, sino una diferente que te hace único y especial, necesario para el mundo — cometo flotando a unos metros de él. Si su amigo con plumas tenia una parte de Brownie entonces no era débil nada, ella había visto con sus propios ojos lo que eran capaces de hacer los alados.
... Me encantaría.
La respuesta a su propuesta alocada de saltar de los acantilados, la hizo reír. ¿Acaso él no sabia decir que no? ¡Había encontrado a alguien más adorable que el peluche hurón! Y eso era mucho, considerando su simpatía hacia los peluditos en general, y ese en particular. La sonrisa del hombre de cabellos negros le resulto agradable, muy amable si le preguntaban. No parecía ser de los que reían fácilmente, y eso la hizo sentir especial.
Espere señorita. Creo que encontré algo.
Lo vio recoger algo del mar, ella se mantuvo nadando no muy lejos, no muy cerca, evitando los restos que aun flotaban. Nada dañaría a su futuro mejor amigo en el mar mientras ella estuviera cerca. El aire cambio alrededor del masculino, la caja en sus manos parecía envolverlo en una realidad que ella no podía tocar. María se mantuvo en silencio, algo en él, la hizo callar y no llenar el espacio con sus ideas aleatorias. Por un momento ella también se permitió pensar. ¿En qué? En todo ese desastre, estaban vivos de milagro… pero muchos no lo lograron, en aquel muelle habían cientos, miles de personas, y solo unos cuantos habían sobrevivido.
Prometo que encontrare a los culpables de esto y los haré pagar. Descansen en paz
Ella no lo escucho, fue un susurro, pero su buena visión le permitió leer sus labios, una habilidad inútil que a veces le permitía saber que decían aquellos que hablaban en baja voz. ¿Él iba a buscar a los causantes de aquella masacre? ¿Los haría pagar? Una sonrisa de admiración se formo en los labios de la joven, y reafirmo su creencia de que el Príncipe Einarr no era débil, y menos cuando elevo aquel deseo sincero a las almas inocentes atrapadas en quien sabe que juego macabro.
Tal vez no encontremos muchas cosas de utilidad haya abajo señorita. ¿Aún así quiere bajar conmigo a buscar?
La sonrisa forzada en sus labios, la hizo nadar hasta él y rodearlo con sus brazos en el cuello. No dijo nada, solo lo abrazo en el medio del mar, en el medio de los restos del naufragio. No quería que sintiera que debía demostrar algo que no era, no quería ser la que lo obligará a sonreír — … no tienes que hacerlo, Príncipe Einarr. No te exijas a hacer, sentir o decir lo que no nazca de tu corazón. No conmigo, nunca conmigo, por favor — le dijo despegándose y tomándolo por las mejillas como antes — … si estar aquí pone esa sombra en tus ojos, y esa melancolía en tus labios mejor vámonos. No quiero estar dónde no esté bien mi príncipe — le comento mirándolo con sus preciosos ojos ámbar.
Si quiere, podemos hacer lo de saltar del risco y así aprovechamos para secarnos.
Ella le sonrió de medio lado, soltándolo para buscar su mano derecha y entrelazarla con la suya — … no veo riscos desde aquí, pero cuando venía vi un sitio con comida. ¿Deberíamos ir a comer algo? — propuso, pero antes de que dijera algo, ella empezó a nadar (en la superficie) alejándolos de aquel naufragio, llevándolos hacia la seguridad de la playa.
Si ese sitio hacía que el príncipe encantador se viera aterrador y triste, entonces no quería regresar nunca a ese lugar. El Ángel alado debería tener por siempre su lindo rostro afable, su aura noble sin importunar por gente mala — Hay que buscar como secar tus alas. Te ves divertido, como un pollito remojado — comento con una sonrisa la joven, justo cuando soltó su mano. El agua le llegaba a ella por la cintura, a él le llegaría más abajo, era mucho más alto.
María fue por sus cosas, mientras escurría su largo cabello celeste y esperaba al tímido revolucionario. Ese día aprendió dos cosas: 1. Habían personas que buscarían venganza por lo ocurrido en el foso. 2. El Príncipe Einarr, era uno de ellos. Y si él se lo pedía, ella lo ayudaría…
THE END.
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Resumen: María se siente feliz al ser escuchada por Einarr, y no solo eso, al ser respondida por él. Luego lo abraza cuando nota su nostalgia, le propone ir a comer. Lo lleva a la orilla, y entiende que hay personas que no dejaran pasar tan fácilmente lo sucedido en el foso.