¿Crónica de un nunca jamás? :: Privado :: Pasado
#1
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Narrador / María Merlot / Carlisle Pramklurrt

Verano, año 11.



……………………………………..

El reloj…
Gira a la inversa…
Nos llevará…
A un pasado distante…

La tormentosa noche solo servía como escenario perfecto para aquel enfrentamiento pirata. Las olas iban y venían, los cañonazos surcaban el cielo y se estrellaban de uno a otro navio. Los gritos y el caos dominaban cada cubierta, las velas y mástiles se agitaban con fulgor, y los hombres y mujeres defendían con voluntad lo que llamaban “casa”. El olor a sangre y humo, la muerte y la crueldad, solo uno saldriá victorioso… y lamentablemente, no era aquel dónde ella estaba.

— ¡ABRAN ESTA JAULA! LOS AYUDARE, BASTARDOS — gritaba un hombre de piel gris y agallas en el cuello, mientras sostenía su diestra en el costado, una herida que le había sacado las vísceras pero con una calma jamás vista por ella se las volvió a meter y hacerse una especie de vendaje con su misma ropa. ¿Cómo tenía fuerzas para siquiera estar de pie?

Habían dos jaulas en ese barco. Una dónde se encontraba el hombre “gris”, que tenía cuatro personas más con él. Otra dónde se encontraba ella, había solo dos personas acompañándola. ¿Por qué estaban en jaulas? Porque eran prisioneros, mercancía que sería vendida como esclavos o entregada a algún cuartel de la marina por una recompensa. El hombre se dejó caer luego de un rato, con su respiración entrecortada, nadie le estaba prestando atención, sólo aquellos orbes ámbar.

La batalla naval continuó, dos tripulaciones piratas enfrentadas entre sí en las cercanías de una isla del South Blue. Cuando todo se calmó, solo quedaba destrucción. Y un barco hundiéndose con pobres almas en desgracias atrapadas sin salida. Los prisioneros en las jaulas gritaban suplicando liberación, si caían al mar atrapados sería el final de su existencia.

Iiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiií-íiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiccc

El sonido agudo del metal deslizándose por el piso de madera, fue el sonido blanco que captó la joven, por encima de los gritos, el llanto y la desesperación. En una esquina de la jaula, la más joven de las prisioneras intentaba hacerse bolita, con las manos sujetando sus piernas y su cabeza medio escondida entre estas. También quería gritar, también quería vivir pero estaba muy asustada como para ser partícipe de la histeria colectiva. Hacía menos de un año había despertado en el barco del Capitán Borracho, quien a pesar de todos los maltratos la mantuvo viva pero hacía apenas tres meses había muerto, con su protector fuera de este mundo, ella fue vendida a un mercader y este a su vez fue estafado por un ladronzuelo que pertenecía al barco que ahora se estaba hundiendo, atacado por alguien a quien “intentaron timar”.

Pluuuuum Gluuuuuu

La primera jaula cayó, luego la segunda. Los gritos cesaron cuando el agua los arropo. ¡IBA A MORIR! La chica salió de su letargo, el pánico la invadió también, nunca había estado en el agua, no sabía nadar… y aunque siempre sintió admiración por el mar nunca se atrevió a sumergirse, y ahora iba a morir ahogada. Se sujeto de una de las barandas, imitando a los demás intento romperlas, pero resultó inútil. Cuando volteo a ver a los dos individuos que estaban ahí, tenían las manos en sus bocas, los ojos llenos de terror y resignación a la muerte. Por inercia se llevó las manos a la boca… ¡SE IBA A MORIR!

Cuando tocaron el fondo, en la penumbra de la noche, sus ojos le permitieron ver como escapaban las últimas burbujas de aire de ambos individuos… ¡Pronto ella también moriría!

En cualquier momento…
Dejará de respirar…
Iba a ahogarse…
Quedaría flotando como ellos…
Muerta en el fondo del mar…

Pero la muerte nunca la alcanzo, luego de varios minutos se dio cuenta que ella… no se estaba ahogando, ella… continuaba viva. ¿Por qué? No lo sabía, tal vez todo era un sueño o el preámbulo de sus pesadillas. Se dejo caer a la esquina de su jaula, dónde estuvo antes, volviendo a la posición que había adoptado desde el inicio. Sus orbes detallaron, lo que la oscuridad le permitió, a sus dos compañero muertos: Una hermosa mujer de largos cabellos negros, y un individuo con orejas de gatos…

— MALDICIÓN — aquel grito lleno de ira la hizo desviar la mirada, más allá de dónde ellos habían caído se encontraba la otra celda. La que tenía al hombre gris, hombre que como ella aun continuaba vivo a pesar de estar bajo el agua.

María solo se hizo más pequeña en su esquina, no quería llamar su atención, no entendía nada y continuaba asustada. Los minutos se convirtieron en horas, y en la superficie se veían la claridad del día. La noche tormentosa había dado paso a una luminosa mañana, que dejaba caer los rayos del sol hasta cierto nivel por debajo del mar, suficiente para que los ojos ámbar de la semi-sirena percibieran mejor su entorno.

— MOCOSA. Vives, quien lo diría, bajo esa inútil apariencia — la voz del hombre gris se internó por sus oídos y reboto contra su cerebro. Él ya se había dado cuenta que ella, por alguna razón, no podía ahogarse — Una mestiza, por eso pareces más humano que cualquier otra cosa — escupió, como si se tratase de una aberración para la raza. Ella no recordaba nada de hace más de un año, menos iba a recordar qué cosa era, porque humana 100% ya sabía que no — ¿No tendrás las llaves que abren estas jaulas, verdad? — pregunto con un deje de esperanza y dolor en su voz, ella no tenía absolutamente nada que pudiera abrir esa prisión ni la suya.

La niña no le respondió, solo se quedo ahí sentada abrazando sus piernas y esperando la muerte, porque en algún momento iba a ahogarse ¿no?

Dos días después, seguía viva… con hambre, pero viva. El hombre gris hablaba cada vez menos, y cuando lo hacía parecía costarle mucho, como si sintiera tanto dolor que mejor era no hablar — No pienso morirme — lo escucho musitar al tiempo que abría sus fauces y mordía uno de los cuerpos que estaban en la jaula con él. Lo vio arrancar un tajo de carne que dejo flotando a su alrededor sangre, roja oscura. Repitió el mordisco varias veces, comiéndose ese cadáver sin nombre — No vamos a morir ahogados, pero de inanición, es muy posible — le dijo clavando sus ojos rojos sobre los suyos ámbar al tiempo que masticaba aquella carne cruda — … no sabe tan mal, es hasta un manjar considerando nuestra situación actual — le indico seguido soltó una carcajada que le genero escalofríos.

Al día cuatro, lo supo… él hombre gris tenía razón, su estomago le estaba exigiendo alimento y lo único que tenía cerca eran los cadáveres. Ella no tenía los dientes afilados pero… pero podría morder y romper, era carne… ella había comido muchas veces carne. Con un suspiro, y la luz de la luna llena reflejada en la superficie se acercó al cadáver de la hermosa mujer de cabello negro (una muñeca blanca y flácida), tomo su brazo y sin remordimiento le clavo los dientes, resultó más fácil de lo que imagino, luego de estar todo ese tiempo debajo del agua la piel estaba desprendiéndose por si sola de los tejidos haciendo que comérsela fuera más… fácil. Tajo a tajo, poco a poco, el hambre fue desaparecido; y bajo la luz de la luna llena, se dio cuenta que no sabía tan mal como imagino al principio. Tontos sus prejuicios.

— Cuando salgamos de aquí, te enseñare a ser un gyojin de verdad y no una patética humana. Tienes potencial, Celestita — le dijo una vez el hombre gris, quien le explico como eran los de su especie, y aunque ella no tenía salvación por ser mestiza él podría intentarlo, solo porque le había caído bien.

Al sexto día, el movimiento del hombre era nulo. A diferencia de ella, él tenía una grave herida que debió llevarlo a la muerte inminente pero solo su fuerza de voluntad lo mantuvo vivo — Si algún día vas a la Grand Line, al Paradise. Hay un sitio llamado Archipiélago Sabaody, busca a Sasha Ostra, y dile por favor, que Carleslie se arrepintió cada día de su vida. ¿Harías eso por mí, Celestita?  — fue la ultima vez que escucho al hombre gris, y con él el silencio se apodero del fondo del mar.

Al séptimo día bajo el mar, con un cuerpo a medio comer y sin esperanzas de salir de ahí, vio algo acercándose a su jaula, un pequeño cangrejo que caminaba de ladito de una manera muy graciosa, la chica se entretuvo viéndolo hasta que estuvo lo suficientemente cerca para sacar la mano con rapidez y agarrarlo con fuerza, el animal intento defenderse con sus pinzas pero fue en vano. De un movimiento se lo llevo a la boca, lo mastico con la fuerza que sus dientes planos le permitieron, se trago lo tragable y escupió el caparazón. Un sabor diferente al del cuerpo que estuvo comiéndose y que ya parecía putrefacto, también se había zampado peces despistados y un pulpo que se la quiso dar se listo. Ahora ella sabía pertenecía a una especie llamada “gyojiones/sirenas” ¿Eso significaba que estaba siendo caníbal? Tal vez pero a esa altura que le podía importar.

¿Cuánto tiempo más iba a vivir así? No lo sabía, pero el hombre gris tuvo razón: mientras este alimentada no moriría. 

Mientras tanto, en la isla cercana: Reino de Samba, luego de casi diez días del enfrentamiento pirata, es que apenas se empezaron a escuchar los rumores sobre un posible naufragio en aquella noche tormentosa. A la orilla del lado menos habitado, restos de un barco fueron arrastrados por las olas siendo evidencia de que algo había sucedido más allá de la bahía.


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#2
Me levanté en la mañana bastante tarde, como de costumbre, preparado para realizar mi entrenamiento matutino, lo correcto para personas disciplinadas sería madrugar para hacer ejercicio, algo admirable sin dudas, pero los crustáceos tenemos nuestro propio ritmo y en ese ritmo no entraba eso de levantarse a las seis de la mañana.

Lo primero que hice al salir de casa fue revisar el correo, hace tiempo mandé la solicitud para entrar en la etapa de formación de la Marina y estaba esperando la confirmación. No era algo que me quitase el sueño, no es como si tuviera prisa, si no era este año sería el siguiente, era cuestión de tiempo, lo único que podía hacer era mantenerme en forma para cuando llegase el momento.

El clima estaba emborregado por los restos nubosos de la tormenta de hace unos días, no podía evitar pensar en las dificultades que tuvieron que sortear los marineros aquel día —Debería visitar a Zheng cuando termine de entrenar— Musité mientras me dirigía al rincón de la playa que había estado usando para mis entrenamientos. Era un roqueo escarpado, y las olas chocaban ferozmente contra las paredes del acantilado, un lugar perfecto para entrenar el cuerpo y la mente de un guerrero. Mi filosofía siempre ha sido hacer las cosas sencillas, si quiero pegar más fuerte, debo golpear muchas veces las rocas con mi pinza, si quiero ser más resistente, debo dejar que las olas me golpeen.

El entreno terminaba cuando me entraba hambre, algunos días era más pronto y otros días más tarde, pero no se puede entrenar con el estómago vacío. Este día decidí pasarme por el puerto, para comprar algo de frutas que solían traer los mercantes de otras islas y ya de paso para visitar a mi amigo Zheng, un viejo marinero al que conocía desde que era un niño.

Al llegar al puerto pude distinguir su barco, no había muchos atracados, lo cual era raro en esta época del año. —Buenas señor Zheng, el muelle está casi desierto ¿Ha ocurrido algo?— El hombre anciano, con una piel bronceada y numerosas arrugas que hablaban de una vida trabajando en la mar se alegró al verme —¡Cada día estás más grande muchacho! Ya eres más grande de lo que era tu padre, que no es poca cosa. La tormenta ha hecho estragos hijo, muchos de los barcos que salieron estos días han quedado destrozados— El clima era verdaderamente implacable contra los marineros, era tranquilizador para mí saber lo buen marinero que era Zheng, tenía plena confianza en que estaría bien sea cual sea el temporal. 

Me invitó a comer con él mientras esperaba a que sus compañeros regresaran, las manzanas que traía eran deliciosas, la fruta que traía de algún modo siempre era la mejor. Mientras ambos comíamos me iba contando cosas que escuchaba, un buen marinero debe tener buenas orejas, todo el mundo lo sabe. *PAAAM* Con un fuerte manotazo sobre la caja que estábamos usando de mesa, llamó mi atención para decirme algo de suma importancia, narrando como quien cuenta una historia a un niño —Ha llegado información a mis oídos Juan, estos oídos que conoces bien... Nunca fallan, los vecinos han encontrado restos de barcos en la costa. Uno gordo Juan, hace poco más de una semana *Ssshhg BOOOM BOOOM* Exactamente Juan, una batalla naval, al suroeste por lo que dicen, no se que encontrarás, pero algo hay al suroeste...— 

Me despedí de mi viejo amigo y regresé a mi hogar, las paredes viejas seguían sintiéndose solitarias, habían pasado dos años desde la muerte de mis padres, pero aún se respiraba ese ambiente en el que un pequeño cangrejo hacia travesuras y era reñido por ello. Hacía tiempo que no hacía una de mis expediciones submarinas, y no me vendría mal un pequeño descanso de los entrenamientos así que hice los preparativos para ir a primera hora de la mañana, sin saber lo que iba a encontrar.

Para mi propia sorpresa, madrugué, estaba realmente emocionado por saber que iba a encontrar ¿Qué tesoros se esconderían en aquel lugar? Por lo que me dijo Zheng fue una batalla naval, si estás dispuesto a llegar a eso es porque tienes algo de valor. Me adentré al agua, con mi ropa casual y una bolsa de tela amarrada a la espalda, llena de frutas para el camino, después de todo no sabía cuanto iba a tardar en llegar, a pesar de ser un gyojin, no era el más rápido por decir algo, prefería caminar por el lecho marino antes que nadar como tal. 

El sol brillaba con fuerza, lo que me permitía ver bastante  bien a pesar de estar en las profundidades. El fondo marino era verdaderamente precioso si te parabas a apreciarlo, cientos de peces nadando en sintonía, los rayos de sol dibujando líneas danzantes en la arena y chocando con los corales que se aferraban a las grandes formaciones rocosas... Era triste pensar en la cantidad de personas que morían sin llegar a ver un escenario como este. Si había que tener cuidado con algo era con los reyes marinos, solo llegué a ver uno en una ocasión y no era algo que me apeteciese repetir. 

Por fin, después de medio día, fui capaz de avistar los restos de un barco hundido, seguro que era el que buscaba. Mi emoción duró poco, a medida que me acercaba se hizo evidente el desolador resultado de lo que fue la batalla de hace días, numerosos cadáveres esparcidos por el lecho, la mayoría de ellos a medio comer por las criaturas que habitaban el lugar. Como era costumbre, había sido un ingenuo al pensar que sería una divertida aventura para cazar tesoros, no me había parado a pensar las pérdidas humanas que conllevaba algo así, eso me hizo enfadarme conmigo mismo.

Cuando estaba a punto de irme, avergonzado por mi actitud, me percaté de algo de movimiento en una Jaula. De forma sigilosa me acerqué, para observar lo que estaba ocurriendo. —¿Una niña? ¿Cómo es posible que siga viva? No parece un gyojin— Pensé, pero eso carecía de importancia, aquella pobre niña estaba muy delgada y estaba estirando su brazo por fuera de la jaula para intentar agarrar una estrella de mar. No dude ni un instante y me acerqué a la celda donde se encontraba la pequeña, una niña de cabellos celestes, no hacía falta decir lo que había pasado dentro de esa prisión, la niña había hecho lo que debía para sobrevivir y no iba. Juzgarla por ello, si algo me enfadaba era pensar en la gente que la secuestró ¿Cómo podía haber gente capaz de hacer algo así? —Tranquila pequeña, te sacaré de aquí en un momento— le dije con el tono de voz más suave posible, debía hacerle saber que todo estaría bien ahora. Era el momento de hacer valer mi entrenamiento, con un golpe en las bisagras pude aflojar la puerta, y con mi pinza logré terminar de desencajarla. No quería asustar a la pequeña, así que lo primero que hice fue quitarme la bolsa de la espalda —¿Tienes hambre? Aquí tengo algo de fruta, toma, come lo que quieras— y le acerqué la bolsa abierta. —Mi nombre es Juan ¿Me dirías el tuyo? No tienes por que preocuparte ahora, estoy contigo—

Nunca había cuidado de una niña, ni siquiera tenía hermanos, pero si de verdad quería ser un héroe algún día no podía simplemente dejarla allí tirada, de todas formas ya era todo un adulto, no podía ser tan complicado... ¿Verdad? Además una niña que había logrado sobrevivir a todo aquello seguro que era súper responsable... ¡¿VERDAD?!

—Hablo— —Pienso—
—Habla Zheng—

Resumen
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#3
Narrador / María Merlot



……………………………………………..

¿Cuánto tiempo había pasado?
No lo sabía.
Solo podía estar quieta, esperando el fin…

Sus ojos ámbar vieron hacia la superficie, jamás había añorado tanto algo como la luz del sol sobre su piel. Tal vez porque siempre dio por sentado que el astro rey brillaría para ella, pero ahora que estaba alejada de aquellos rayos luminosos entendía cuán importante eran para sí misma… y como las noches de luna llena, la harían pensar en quienes se había zampado en el fraguar de la supervivencia. Claro, su cabeza, un lienzo en blanco, aun tenía mucho por absorber, los últimos meses solo había estado rodeada de piratas malolientes y sin educación; algo en su interior le decía que ella no venia de un mundo así, y más cuando pudo leer el papel que tenía el Capitán Borracho entre sus manos… y aunque no lo intento, también lo supo, por instinto, que podía replicar aquellas letras o cualquier cosa que dijeran.  Ahora, iba a perderse en las profundidades, encerrada en una jaula, sin nunca descubrir quién era… aunque, tampoco era importante… porque si fuera importante la hubieran buscado por tierra, mar y aire; quizás, y solo quizás, era una bastarda con una vida peor que la que llevaba ahora, porque ahora por lo menos era… libre de hacer lo que esos barrotes le permitieran.

Vio irse la luz, llegar la noche, y con ello su estómago empezó a rugir de nuevo. No quería seguir comiéndose al cadáver, su carne sabia peor y peor con el paso de los días; al principio si le supo muy bien pero ahora ya no. Solo quedaba una solución, atrapar a una nueva victima marina. Así que, continuando quieta como un coral, espero a que algo se acercará a la jaula, pero pasaron las horas, regreso la luz a la superficie y nada se acercaba, hasta que sus ojos captaron el lento andar de una estrella de mar. ¡Comida! Con un pedazo de carne del cadáver intento atraerla a la jaula, poco a poco, minuto a minuto, esa asteroidea iba a convertirse en su desayuno, almuerzo, cena, lo que fuera porque la noción del tiempo la perdió hacia muchos días. Su boca estaba haciéndose agua, y su estomago solo estaba expectante a la llegada del alimento, unos centímetros más, con un movimiento casi imperceptible saco el brazo por entre los barrotes, apenas estuviera a su alcance la atraparía y se la zamparía sin remordimiento, como hizo con los peces, como hizo con el cangrejo… ¡El cangrejo había estado delicioso! Aun podía saborear su carne, aun soñaba con un festín de branquiuras.

Tranquila pequeña, te sacaré de aquí en un momento

La voz espanto a la estrella de mar, que inmediatamente se escapo de su alcance, y se alejo sin miramientos. Los ojos ámbar solo pudieron ver su comida irse, todo ese tiempo perdido para volver a pasar hambre… ¿Quién se atrevió a dañar su cacería? Con el ceño fruncido volteo en busca de aquella voz, y cual fue su sorpresa al encontrarse con la comida más deliciosa que había engullido hasta ahora: Un cangrejo, pero no uno cualquiera, UN CANGREJO GIGANTE. El ceño fruncido dio paso a una cara de sorpresa, y una perfecta “O” formada por sus labios. Comería por días, no... por semanas, con él comería por semanas. Si estuvieran en la superficie, el hilo de baba se hubiera visto salir de su boca pero en el fondo del mar, se perdió entre el agua, lo que no dejo de hacer fue el ademan de limpiarse la baba… una baba producto de lo delicioso que su cabeza conjugaba a su próximo festín.

No…

¿El festín había dicho algo…?

¿Con una voz muy amable…?

¿Eh?

La joven se pego a los barrotes de la jaula cuando lo vio atacar… a la jaula. Golpeo aquí, y allá… ¿Que tenia contra la pobre jaula? La jaula solo estaba ahí existiendo… ¿Acaso era un malvado Cangrejo? Venia para vengar a su amiguito de hace días, el que ella se comió sin remordimientos ¡Que lindo que alguien te vengara! No, no era lindo cuando ella sería la víctima. Tenia que escapar, si esa pinza la agarraba la partiría en dos. La puerta dejo de existir, ahora había una salida solo obstaculizada por un cangrejo vengador. Mentiría si dijera que no tenía miedo, tenia y mucho… jamás había visto nada tan… grotesco como él.

Había una pinza saliendo de uno de sus brazos y una mano garrosa en la otra, en su piel protuberancias en forma de picos, y sus pies terminaban en dos pezuñas (no cinco, no seis, no cuatro, sino dos), sin contar que era rojo… muy rojo, como una rosa, pero una rosa muy fea. 

Pegada de los barrotes, esperando lo peor del monstruo marino, lo vio buscar algo en su espalda. Un bolso… un bolso que empujo hacia ella, no se acercó, solo le envió esa cosa… con ¿frutas? María lo vio, miro el bolso, lo volvió a mirar a él. Dejo que sus palabras quedaran flotando en el agua. No sé movió, tampoco hizo gesto de ir a por la fruta, aunque su estomago estaba con ganas de esa comida y mucha más. ¿Y si era una trampa? ¿Y si cuando se acercará la partiría en dos con esa pinzota como hizo con la puerta? Desconfiada y recelosa, intento idear un plan en su cabecita inmadura… tal vez, si tomaba la bolsa, se la lanzaba a la cara, y con la distracción aprovechaba para salir nadando lejos…

Luego de unos minutos de silencio tácito, la chica afirmo con su cabeza tres veces, luego negó con su cabeza otras tres veces, su descolorido cabello se movió con ella. ¿Por qué lo hizo? Respondió a las preguntas de su posible asesino.

Si a que tenía hambre.
No a que le diría su nombre.

Estirando su escuálida pierna tomo la bolsa y la atrajo hacia ella, era cierto… habían frutas, pero debía sobrevivir, así que por ahora se ceñiría al plan. Con una mirada determinada, y lista para hacer su lanzamiento y huir, la chica ejecuto lo pensando… aunque lo pensado no contaba con que, a diferencia del cangrejo, su lanzamiento no fue más allá de ella, por su poca fuerza. Así que con una mirada desconcertada vio hundirse la fruta… No salió como esperaba, pero era una distracción, así que era su turno de salir nadando de esa jaula y lo intento… se lanzó al frente…

Y…

...

...

...

Nada sucedió, al igual que la fruta, cómo una roca se hundió. Chocando con suavidad contra el piso de la celda mientras sus extremidades se movían como si le estuviera dando un ataque de epilepsia. ¿Qué había sucedido? Sencillo, la chica no sabia nadar, así que, sin ninguna habilidad en el agua, no podía ir más allá de donde estaba. Cuando dejo de retorcerse se volteo boca arriba, mirando al revés al monstruo rojizo…

— Yo… yo… — intento decir, pero ningún pensamiento lógico se formaba en su cabeza llena de pulgas marinas; después de todo, había pasado un buen rato sola… algún tornillo tuvo que zafársele… — ¿Conoces las piedras pómez? — le pregunto, girándose hacia la derecha para quedar boca abajo en la celda, y luego sentarse sobre sus piernas como si fuera a tomar el té con su… futuro comensal — … eso soy… solo calcio, poros… nada de proteína… mire mire, Señor Leviatán — levanto un brazo, dejando ver que era más huesos que otra cosa, también se quitó el cabello de la cara para que viera su aspecto demacrado y sin carne — … quizás en el siguiente acantilado, a la derecha de la pradera marina, pueda encontrar ballenas con más carnitas — recomendó como si de verdad ella supiera algo de esas aguas y pudiera dar direcciones — … Como esa que esta allá — señalo algo detrás de él, y sin detenerse a ver si este caía o no, empezó a gatear con la rapidez que la pesadez del agua le permitía para pasar por debajo de sus piernas y salir de la jaula — … ¡Soy libreeeee! — grito con emoción cuando toco el suelo arenoso, estirando las manos al cielo — … libertaaaaaaaaaaaaaaad, no seré tu comida Leviatán apestoso… — volvió a lanzarse hacia delante con la alegría que caracteriza a los niños, agito sus manos como desquiciada, y… volvió a caer de nuevo al suelo; con el vaivén del mar, como si fuera una hoja seca cayendo en cámara lenta (una vergüenza para cualquier gyojin). Cuando toco el fondo se levanto la arena a su alrededor, la chica suspiro, se volteo y se sentó mirando al enorme cangrejo… que pensó había dejado a muchos metros atrás, pero no, no se había alejado nada de él… lo miro por un segundo; había sido revoltosa, ahora seguro si la mataba — … me gustaría decir que mentí para salvar mi pellejo, pero si apesta, Señor Leviatán… ¿Me puede comer en la superficie? Me gustaría ver el sol por ultima vez… ¿y aun puedo comerme las frutas? Algo de fruta me vendria bien como ultima cena... y sino es mucho pedir, un terrón de azúcar, como postre... — le propuso con una sonrisa de mona lisa como quien se rinde… o planea alguna travesura.

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#4
La pequeña que se alejó al otro lado de la jaula, visiblemente aterrada, dudó en aceptar la bolsa de manzanas. La pobre estaba peligrosamente desnutrida, sus huesos se podían notar claramente bajo su piel y ,aún así, el miedo parecía vencer al hambre, quien sabe las penurias que la pobre habrá tenido que pasar para ser tan desconfiada. La situación pedía calma de mi parte, si quería ayudarle, primero tenía que ganarme su confianza, aunque no sabía como lo haría, no tenía experiencia con niños.

Me senté mientras la chica de cabellos celestes se planteaba coger o no la bolsa para intentar no parecer tan grande a sus ojos, era complicado lograrlo teniendo en cuenta la diferencia de tamaño, si trataba de acercarme podría espantarla y en su estado no sobreviviría mucho tiempo en el fondo del mar, tan lejos de la costa. 

Al cabo de unos minutos de intriga y silencio, la niña afirmó y negó repetidas veces con su cabeza antes de mover su escuálido pie para acercar la bolsa a ella. Por fin algo de progreso, no sabía que significaban esos gestos con la cabeza, seguramente se estaba debatiendo sobre si aceptar o no la comida. Durante la espera una idea cruzó mi mente ¿Y si se mantenía callada, no porque no quisiese hablar, sino porque no podía hacerlo? Tenía todo el sentido del mundo, pobre criatura, aprisionado, desnutrida y muda... Con esto mi convicción de ayudarla se hacía más fuerte, no podía dejar a ese pequeño ser a merced de las profundidades.

Observé con atención como agarraba la bolsa y... ¿La lanzó? Un lanzamiento sin apenas fuerza, que desplazó la bolsa apenas unos centímetros en mi dirección. Quizás no le gustaban las manzanas, y eso que eran de las mejores. Tras esto, vi como la chica se levantó, y con una mirada llena de determinación, empezó a convulsionar en el agua. Me dispuse a acercarme a ella para ayudarla, pero antes de que diese un paso, la pequeña se volteó y por primera vez palabras salieron de su boca —Yo... Yo...— Eso eran grandes noticias, no era muda, pero seguramente estaba muy débil para hablar. 

—¿Piedras pómez?— Ciertamente las había usado en alguna ocasión, el mantenimiento de la coraza de un crustáceo no es nada sencillo después de todo, alguna vez al mes me tocaba rasparme con una para mantenerla suavidad de mi piel. Señor Leviatan me dijo, mientras hacía ver sus similitudes con las piedras pómez, como pude observar anteriormente, la pobre estaba en un severo estado de desnutrición, pero ahora al menos se comunicaba. Cuando se apartó el cabello de la cara pude observar bien su rostro, especialmente sus ojos dorados que tenían claras muestras de cansancio.

Sugirió que me fuese a otro lugar a buscar comida, carne de ballena tal vez —Claro, como no he caído antes. Una chica que está desnutrida necesita carne, no frutas. Me está diciendo que le consiga carne de ballena— Cuando señaló en una dirección, afirmando que había una ballena, me giré rápidamente para intentar localizarla, pero no había nada. Tenía sentido, la pequeña estaba teniendo alucinaciones a causa de la desnutrición. 

Mis pensamientos se vieron interrumpidos al escucharla gritar —¡Soy libreeeeee!— Que ternura, la chica si que estaba realmente agrad‐ —¿Leviatán apestoso? ¿Comida?— Musité ¿Qué estaba pasando?  Cuando dejó de gatear se lanzó hacia adelante, en un torpe intento de nadar, pero se volvió a hundir. Todo parecía indicar que, pese a ser una especie de gyojin, no sabía como nadar, quizás nunca tuvo la oportunidad de intentarlo, igual no era lo más oportuno, pero la escena me hizo mucha gracia y tuve que esforzarme por contener una carcajada. 

Con un gesto de derrota, se limpió la arena de encima y, sentada, se volteó de nuevo hacia mi. Me dijo que apestaba y que me la comiese en la superficie. —No te preocupes, te subiré a la superficie en un momento— Quería decirle que no me la iba a comer, pero parecía estar muy consternada como para hacerme caso, así que tomé la decisión de hablar con mis actos. Rápidamente, capturé un pulpo que estaba escondido entre los restos del barco y lo até al exterior de la bolsa con una cuerda, con esto no tendría problemas para alimentarse. 

Ya dispuesto a llevarla a la superficie me acerqué a ella lo más rápido que pude y la cargué en mi hombro cual saco de patatas, no sin dificultades. Le di una de las manzanas que tenía en la bolsa para el camino y me preparé para salir al máximo de mi velocidad. —Agárrate fuerte— Y me propulsé a toda velocidad hacia el Reino de Samba. Durante el trayecto un pensamiento estaba clavado en mi como un astilla —¿De verdad apesto?— Le pregunté, Mi madre siempre me había dicho que era muy guapo y que olía genial, pero ahora que lo pensaba... Siempre que conocía a alguien parecía tener el efecto contrario. Otra cosa que estaba dificultando el viaje eran las travesuras de la niña, que no se dejaba salvar tranquilamente.

Una vez llegamos a la costa, la sostuve de la pierna cabeza abajo, como quien observa a un pez que acaba de pescar, mientras ella hacia gestos con sus dientes para morderme, como si fuese una piraña. La solté con cuidado en la arena y  dije—Ya hemos llegado jeejeje— La playa estaba llena de restos del naufragio, las maderas de los barcos ya estaban secas, lo que sería oportuno para hacer una hoguera y cocinar el pulpo y no muy lejos de la playa estaba una de las plantaciones de azúcar, ella quería un terrón de azúcar pero yo no tenía ninguno, un poco de caña debería de ser suficiente, más tarde se lo pagaría al dueño. 

Me puse a prepararlo todo mientras dejaba a la niña con la bolsa. Agrupé unos montones de madera para prenderlos, haciendo chispas con mi pinza y una roca de la playa y corté 2 cañas de azúcar para que las mascase. La pequeña estaba muy débil así que le pelé la caña para que fuese fácil de comer y se la ofrecí. Seguro que con una buena dosis de azúcar y el calor de la hoguera se recuperaría en poco tiempo. —Masca esto un poco, es como un terrón de azúcar, el pulpo estará listo pronto. Ahora que estamos en la superficie ¿Podrías decirme tu nombre? Así podremos hablar mejor—


—Hablo— —Pienso—
—Habla María—
Resumen

Off
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#5
Narrador / María Merlot

………………………………………..

Los monstruos…
Hacían monstruosidades…
¿Cierto?

Todo había fallado, ahora lo único que le quedaba era esperar a ser engullida por ese cangrejo gigante dador de manzanas. En la corta memoria que tenía, pensó que podía morir… de muchas formas, al estar subyugada a una tripulación pirata de la peor calaña, pero nunca imagino que sería la comida de un monstruo marino. Y no solo eso, ¿Por qué era tan difícil nadar? Había visto a otros hacerlo, pero a ella se le daba fatal… ¿Por qué? No lo sabía, sin embargo, ahora, que había estado sumergida, había sentido una profunda conexión con el agua.

Ante sus ojos, todo aquel corpulento ser rojizo… era monstruoso, con un solo pinzazo podría matarla, y con un par adicionales hacerla tartar de mestiza. No tenia mas escapatoria que pedirle, como un ultimo deseo, que la llevara a la superficie. Lo cierto es que más allá de la inminente muerte (que por su edad no podía entender), ella quería… ver de nuevo el sol, el cielo, la luna y las estrellas. Las emociones desplegándose desde el barco pirata, la batalla naval, su momento antropófago y el aislamiento en el fondo del mar, le impedían entender… más allá, y al ver a un enorme animal, solo podía darse por muerta. Él, a simple vista, era difícil de mirar… y no parecía… amable; aunque sus acciones hasta el momento contradecían su aspecto.

No te preocupes, te subiré a la superficie en un momento.

La boca de la chica formo una perfecta “O”, sorprendida por esas palabras. ¿Si la iba a llevar a la superficie? ¡Seguro quería cocinarla! Pensó en intentar huir de nuevo, pero tampoco era tonta, no podía… no mientras estuviera bajo el agua. La mirada siguió la próxima acción del Leviatan, una que atento contra un indefenso pulpo; claro, ella no era nadie para juzgarlo después de zamparse uno vivo, pero igual lo estaba haciendo, negando con su cabeza, con mucha indignación; ese minúsculo animalito no iba a alimentarlo, él necesitaría una ballena… era bestial, y ahora otro adjetivo sumo: malvado.

Luego de atar a su victima octópoda, se enfoco en ella… quien por puro instinto de supervivencia se inclino hacia atrás; pero él fue mas rápido, muy rápido. La agarró y se la monto en el hombro, como un saco de papas, dejando su cabeza en dirección de su trasero acorazado. Luego le dio una manzana, a la que ella la tomo sin pensarlo mucho, solo actuó. Lo escucho decir algo sobre agarrarse con fuerza, y cuando salió disparado hacia quien sabe dónde… la manzana se escapó de sus manos, hundiéndose hacia la jaula y los restos del naufragio que iban quedando atrás… como un mal sueño.

Si era honesta, debía admitir que pensó que nunca saldría de esa jaula. Sus orbes fueron a la otra jaula, dónde el cuerpo del gyojin gris se iba descomponiendo. Por un momento, la realidad la golpeo: ella casi muere, él si murió. Todo lo que había pasado, desde que abrió los ojos en un lugar desconocido, y con la mente en blanco. Ella no tenía una vida, y la poca que había tenido si “apestaba”, no como el cangrejo… cuyo aroma, aunque perceptivo, no era realmente desagradable, solo lo dijo por chincharlo. Sin embargo, el punto en cuestión era que a María… sus emociones revoltosas, y los grillos nacientes de su cabeza, le parecía irreal … por eso aún no había implosionado.

No
Quiero
Morir

Fue su pensamiento, por eso, al darse cuenta de que la estaba llevando a la superficie como se lo pidió, entendió  que iba a comérsela, entonces hizo lo más lógico desde su posición de saco: empezó a patalear, moverse y hasta intentar morder — Suéltame, Leviatan, sueltameeeeeee. Ayudaaaaaaaaaaaaaaa — le gritaba a él y a la nada, porque nadie vendría a socorrerla. Cuando se cansó, lo escucho preguntarle algo, a lo que ella por pura malcriadez y miedo le respondió — Si, apestaaaaaaaaaaaaaaaaas y también eres muy feoooooooooo y…  — se detuvo para darle suspenso y veracidad a sus próximas palabras, le lamió una parte del cuerpo, esa con protuberancias que sobresalían de su camisa —  y… sabes peoooooooooooooor… ¿Qué clase de cangrejo eres? — le recrimino sin dejar de moverse, un paseo muy agitado por su culpa. Lo cierto, era que estaba inventando todo eso, solo para hacerlo fastidiar y tener una oportunidad para escapar y sobrevivir… o morirse más rápido, una de dos.

El agua fue dejada atrás, la brisa golpeo cada parte de su cuerpo. ¡Estaba afuera! Entonces, inhalo profundamente el aire de la superficie, sus pulmones se llenaron, y cuando exhalo se sintió… tan humana otra vez. No tuvo tiempo de sentir más, porque el Cangrejo Vengador, la tomo nuevamente, pero esta vez por sus piernas cargándola boca abajo; y por ese instante, ojo sobre ojo, pareció evaluarla, a lo que ella solo le saco la lengua frunciendo el ceño para lograr una apariencia “ruda”. Luego, para asustarlo más, le gruño — grrr grrr grrr — e intento acercarse para morderlo pero fue en vano, él tenia el control sobre la situación.

Ya hemos llegado jeejej

Su voz, o más bien su tono, la desconcertó un poco. La puso con cuidado sobre la arena, ella pensó que la dejaría caer de cabeza pero no fue así. Entonces la dejo ahí, mientras él hacia cosas. María parpadeo, muy confundida con el desarrollo de los eventos ¿Por qué no se la zampaba aun? Miro hacía el agua, miro la arena bajo sus pies. No sabía que hacer: correr, gritar… llorar. Estaba un muy perdida. Él dejo la bolsa con manzanas y el pulpo a sus pies, mientras hacía cosas aquí y allá… ¡Esas pinzas eran peligrosos! Verlas en acción, la hizo retroceder un paso. Una fogata, un pulpo cocinándose, un trozo de algo que le estaba ofreciendo…

Los orbes ámbar se posicionaron sobre la garra roja que le ofrecía el interior de una planta, que ella misma observó que pelaba. Él tenia una apariencia monstruosa, su prejuicio la llevo a pensar que era cruel, pero… en retrospectiva: la saco de la jaula, le ofreció manzanas, la llevo a la superficie… le hablo con amabilidad y le tuvo paciencia, él se veía como una mala persona, pero actuaba como alguien con gran corazón… y eso hasta ahora, en su corta memoria, era el más grande tesoro que había encontrado; porque nadie la había tratado así… pero no estaba lista para confiar...

Masca esto un poco, es como un terrón de azúcar, el pulpo estará listo pronto. Ahora que estamos en la superficie ¿Podrías decirme tu nombre? Así podremos hablar mejor

¿El pulpo… lo cazo para dárselo de comer? ¿Acaso, de todos los adultos que había conocido, había alguien que si se comportaba decentemente? Sus piernas cedieron a la realidad, y la hicieron caer. Estuvo muy sola, estuvo a punto de morir, le habían hecho cosas innombrables… tuvo miedo, sintió asco hacia sí misma, y cualquiera muestra de debilidad la pagaba muy caro… así que debía ser fuerte ¿no?

— ¿Hablar? — pregunto con desconfianza, enviando todas sus emociones al vacío, y recuperando el brillo travieso en sus ojos. Se levanto, esto la hizo marearse… su vista se nublo por un segundo, pero no perdió la convicción. Miro su garra estirada con la pulpa fibrosa de la caña de azúcar — ¡Yo ya lo sé!  Tu no quieres hablar, tú quieres cocinarme como a ese pulpo al fuego de la hoguera… pero te tengo noticias: soy una piraña y te voy comer sin sal y sin pimienta…  — sentenció y salto hasta su garra, abriendo la boca y capturando con salvajismo su extremidad (aunque, por las proporciones parecía un gatito), entonces se dio cuenta de tres aspectos importantes:

1. El dulce invadió sus papilas gustativas, la pulpa que le ofrecía era dulce… como un terrón de azúcar.
2. Su piel, o más bien coraza, era muy dura. La piedra pómez y él.
3. Y su dentadura hizo CRAAAAAAAAAACH…

Inmediatamente, lo soltó y llevo ambas manos a la boca. Sus orbes antes llenos de travesura se humedecieron, y dio un par de pasos hacia atrás. Luego de un silencio incomodo, y mientras ella hacia un reconocimiento con su lengua por dentro de su boca, el dulce sabor de antes fue reemplazado por un sabor metálico. Quitando las manos, escupió… saliva, sangre y algo blanco brillante: Un diente… ¡SU DIENTE! La sorpresa se apodero de su expresión, mientras seguía escupiendo sangre y un pequeño hilo se deslizo de su labio inferior, y rodó por su barbilla… — ¡Aaaaaaaaah! Mi diente… — musito algo en shock, mientras con su lengua tocaba el espacio ahora vacío — Mira lo que hiciste, monstruo piel de piedra pómez… — lo señalo totalmente molesta, temblando y haciendo uso de los últimos vástagos de su energía — … rompiste mi diente favorito, el que usaba para comer pasteles, ahora solo queda un horrible hueco como tu… — se paso la mano por la boca… ¿Por qué salía tanta sangre? ¡Solo era un diente! — ¡Hiciste trampa! Así no se vale… eres más grande, tu piel es más fuerte y hasta tienes una gigante tenaza…  ¡No es justo!  Además, ahora qué haré sin mi diente… mi diente… — se volvió a limpiar la boca, esta vez, sus revoluciones iban bajando y miro el liquido carmesí en su mano — … era importante… para mi… — la humedad en sus ojos dio paso a lágrimas — … qué… haré sin mi… diente… — balbuceó entre el sollozo.


La joven María, dio rienda suelta al llanto. Lloraba desconsoladamente, sus emociones naufragaron, y el diente roto fue la excusa para hacerla implosionar y explotar. Desde lo profundo de su alma, el sollozo provenía de ahí, entre gemidos y mocos, la niña soltó todo lo que tenía atorado en el pecho. El temor, la incertidumbre, la frustración, pero sobre todo el desamparo y la desesperanza que sintió los últimos meses y que se reafirmó bajo el agua, en aquella jaula… por eso lloraba, no por la pérdida de un diente de leche que eventualmente crecería de nuevo, sino por todo el terror que había vivido a su corta edad.

Entre hipos, el crispar de la madera quemándose… su cuerpo al fin cedió, enviándola directo a la inconsciencia, una inconsciencia que llego porque sabía que estaba a salvo...

………………………………………………..

Un monstruo es una criatura…
Ser un monstruo es una elección…

El cuerpo de la chica se sentía pesado, le costo abrir los ojos. Cuando lo hizo se encontró con… un sitio distinto a todos los que “recordaba”, se levanto de la cama, miro a su alrededor: limpio y ordenado. No se veía como un asqueroso barco pirata, ni como aquella celda en el fondo del mar. Poco a poco las imágenes del Cangrejo Leviatan vinieron a su mente: una garra, la fogata, el diente roto… ¿Qué había sucedido? No lo sabía, pero estaba viva, estaba fuera de la jaula. Salto de la cama y se reviso así misma, estaba en una sola pieza. Y aunque aun faltaba su diente, toco la encía con su lengua, todo lo demás estaba bien.

Su estómago rugió, lo que le impidió pensar en otra cosa que no fuera comer… así que con cuidado, y sin hacer ruido, salió de esa habitación… y empezó a explorar el sitio, pero no fue muy lejos porque encontró, lo que supuso sería la cocina. Procedió a abrir los gabinetes, a sacar lo que no fuera útil, y así fue por todo el sitio dejando un desastre tras suyo mientras depositaba en un plato lo que iba a ingerir, al final termino debajo de la mesa con: cuatros manzanas, tres panes, dos granadas y una cebolla.

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#6
La pequeña pareció mantener su desconfianza incluso en esa situación, pero al menos parecía tener energía para hablar y siguió con sus ideas de que la comería —Soy una piraña y te voy comer sin sal y sin pimienta…— Pestañeé incrédulo, sin procesar realmente lo que acababa de decir, y antes de que pudiese hacerle entrar en razón, se abalanzó sobre mi pinza con la que le estaba ofreciendo la caña de azúcar y me mordió con fuerza, o al menos la fuerza que le quedaba a la pobre, que no era mucha —Oye te vas a hacer da-— Y de repente un *Crach* que dolía de solo oírlo frenó el alboroto. —Ahhh ¿Estás bien?— La chica escupió sangre y un diente, no era de extrañar, mi coraza era muy dura y difícil de morder incluso para un tiburón. —Por eso te dije que- — Pero me interrumpió, recriminando que fue mi culpa, que tenía la piel de piedra pómez y que era injusto, empecé a sentirme mal, ¿Quizás había hecho algo incorrecto? Además su diente favorito... podría llevarla al dentista o algo más adelante. 

La pobre niña empezó a llorar desconsolada, esta vez no me acerqué, estaba claro que la niña no confiaba en mi por el momento y estaba muy estresada por la situación, así que decidí sentarme donde estaba para esperar a que parase su berrinche —Si que le gustaba ese diente...— Pensé, mientras la niña se deshidrataba entre lágrimas y mocos. La miraba pensativo cuando, de pronto, se desplomó  —¡OYE!— Me acerqué a ella y le agarré del hombro con mi mano izquierda para sacudirla levemente —¡¿Te encuentras bien?! ¡¿Puedes oírme?!— Nada, la chica no respondía en absoluto. Yo no era médico y la situación hacía tiempo que me había sobrepasado, pero ahora podía ser de vida o muerte, tenía que hacer algo rápido. Miré de un lado a otro de la playa, buscando a alguien que pudiese ayudarme pero no había nadie por la zona, así que la cogí, esta vez con cuidado para cargarla con mis brazos y corrí con ella al hospital del pueblo. 

Corrí lo más rápido que pude y entré al hospital pidiendo ayuda —La niña *uff... uf...*Se ha desplomado— El doctor se acercó y la miró con detenimiento mientras se ajustaba las gafas —Ponla en la camilla de ahí— El doctor era un señor maduro, de unos cincuenta años, con el pelo negro lleno de canas y un bigote poblado que se asemejaba a un arbusto bajo su nariz y que llevaba unas gafas cuadradas, parecía un hombre sabio y sensato. Se paró a examinarla y tomó sus pulsaciones con un pulsómetro —Está severamente desnutrida, lo que ha facilitado un shock ¿Ha estado bajo situaciones estresantes?— Afirmé con seguridad con mi cabeza —Muy estresantes diría— El doctor se limitó a apuntar en su libreta  para preguntarme de nuevo —¿Es usted familiar o conoce a algún familiar suyo?— Era algo en lo que no me había parado a pensar ¿Qué será de su familia? ¿De donde vendrá? —No... La encontré en un naufragio en el fondo del mar— El doctor, una vez más, se limitó a anotar —Ya veo... La niña se encuentra bien, el diente era de leche por lo que no hay de que preocuparse y para la desnutrición bastará con una dieta equilibrada, que beba un jugo de azúcar cuando despierte. Lamento decirlo así pero como no está inscrita en el censo de la población no puede quedarse en el hospital si no requiere de intervención quirúrgica— Con todo claro y un peso menos encima, volví a cogerla y puse rumbo a mi casa, para que pudiese descansar a gusto.

Una vez llegué a mi casa la acosté en mi cama y la arropé con cuidado. Salí de mi habitación y me senté en la silla, había sido una experiencia agotadora, pero me sentía realizado, ayudar a la gente sin dudas era a lo que quería dedicar mi vida, cogí la concha que tenía en la mesa y empecé a hacer pompas con ella para relajarme un poco mientras murmuraba —Aunque no siempre se dejan jajaja— Después de relajarme un poco salí de casa, cerca de la puerta tenía apiladas unas cuantas cañas de azúcar, por lo que cogí un yunque y una maza de madera del taller y comencé a golpear caña tras caña, para extraer su jugo, que iba cayendo en un cubo de madera. El trabajo duro siempre se me había dado bien y lo llevaba con alegría, mientras martillaba iba tarareando al ritmo de los golpes —Aihoo Aihoo— Todo mientras pensaba en la pequeña, si estaba en un barco de prisioneros seguramente perdió a sus padres, o puede que incluso ellos la entregasen, hacía pocos años que había perdido a los míos a manos de los piratas, así que confiaba poder empatizar con ella si dejaba de darle miedo, pero ¿Cómo lograrlo? La pequeña tenía claros problemas de confianza, seguramente estaba traumada, y yo no tenía experiencia con niños, además, ella parecía ser... Especial... Personas especiales requieren cuidados especiales eso estaba claro. Decidí dejar de darle vueltas y centrarme en ser yo mismo, era lo que siempre hacía y... No siempre salía bien, pero bueno.

Terminado el zumo llené un vaso, mientras me preguntaba si ya había despertado. Entré en pánico al ver que había desaparecido, había sido demasiado descuidado ¿como se me ocurriría dejar a una niña sola en un lugar que no conoce? La busqué por toda la casa hasta que llegué a la cocina, cuyo desorden delataba su presencia —Estuvo aquí— Pensé, Pensamiento que fue interrumpido por un sonido inconfundible, el de un roedor, no... el de una piraña comiendo debajo de la mesa. Con una expresión pícara que nadie podía ver se me ocurrió una idea. Cogí el atomizador de la cocina que estaba vacío y lo llené de agua mientras decía en una descarada voz alta —¿Dónde se habrá metido? Debería salir a buscarla fuera— Hice parecer que iba a salir cuando de repente me agaché y la sorprendí con la boca llena, le apunté de forma despiadada con el atomizador —No se come en el suelo— Y disparé fulminantemente sobre ella, sin compasión, sin piedad ¿Era un monstruo por hacerlo? Quizás, pero la vida no me dio otra opción. Tras esto cogí la comida que tenía en el suelo y la puse sobre la mesa —Come aquí anda, y bebe este zumo— Empezaba a comprender la naturaleza de la niña, en cierto modo era como un animal asilvestrado, yo nunca fui muy exigente con los modales, pero debería enseñarle lo básico para que al menos pudiese vivir en sociedad.

—Hablo— —Pienso— 
—María—
—Doctor—

Off
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#7
Narrador / María Merlot

………………………………..

Un festín…

Tenía frente suyo un delicioso festín con frutas y tres panes, aunque faltaba una bebida, pero luego de estar tanto tiempo bajo el agua, podría prescindir de esta. Protegida bajo la mesa, miro los alimentos decidiendo que iba a engullir primero, y luego de un serio debate mental ganaron las manzanas. Así que tomo una, y sin limpiarla, se la llevó a la boca.

Auughh

Chilló cuando la dureza de la fruta hizo contacto con la encía herida, lugar dónde antes había estado su diente de leche. Dos lagrimones a cada lado de sus ojos se hicieron presentes, eso le dolió y mucho, a lo que solo pudo escupir el trozo de manzana con evidente rencor. Se sentó enfurruñada, con los brazos cruzados viendo el botín que no podía comerse. Tenia hambre, mucha hambre. Tomo una de las granadas, y la golpeo contra el suelo… ¡Esa fruta era mucho más dura que la otra! Con el estómago rugiendo, fue el turno del pan, pero esta vez, fue un poco menos tonta, y lo abrió para sacar el contenido suave del interior. Mientras saboreaba el alimento, lo escucho… y luego lo vio, o más bien, vio sus patas rojizas.

¡El cangrejo la había encontrado!

María se quedo quieta, muy quieta esperando que su presencia bajo la mesa pasara desapercibida. Casi ni respiro, aunque siguió masticando la masa, tenia mucha hambre. No usaba zapatos, y esas garras en las cuales terminaban los dedos de sus patas se veían muy… peligrosas. En su cabeza, ella ya había entendido que, aunque se viera como un monstruo, no era uno pero no podía evitar tenerle miedo, una reacción normal. Un monstruo no la hubiera ayudado, y menos tenido la paciencia cuando lo único que hizo fue… chincharlo. Sin embargo, eso no significaba que pudiera confiar tan fácilmente en algo que se veía… como él.
¿Dónde se habrá metido? Debería salir a buscarla fuera

Así que aún no la había visto. Una sonrisa se fue formando en los labios de la niña, quien se quedo aun más quieta, esta vez tapando su boca con las manos para evitar reír. Lo había logrado engañar y eso la divertía. Si él salía del lugar, podría comer tranquila y luego explorar, aunque seguro la información que obtendría no le serviría de nada; ella no sabia nada del mundo, más allá del nombre con el cual la bautizo el pirata borracho: María Merlot. Cuando vio que hizo ademan de irse, aprovecho para llevar otro trozo de pan a su boca…

No se come en el suelo

Todo sucedió tan rápido, que cuando vio su enorme cabeza aparecer bajo la mesa se sorprendió y trago sin masticar el pedazo de pan ahogandose con un carraspeo, mientras sus ojos se abrían como platos al ver… un arma en sus manos… ¡Un arma apuntándola! Se la quería comer… ¡Lo sabía! Retiraba lo pensado anteriormente, si era un monstruo, malvado.

El cangrejo ataco con su arma a distancia…
Las municiones fueron directo a su cara…

La joven cayo de espalda, quedando como una tortuga boca arriba, al tiempo que llevaba sus manos al rostro — ¡Aaaaaaaaah! Me muero, me muero… ¡Llamen a un doctor! Dueleeeeeeeeee, ardeeeeeeeeeee. Veo una luuuuuuuuuuuz al final de la cascadaaaaaaaaaaaaaaa — decía dramáticamente, en su mente le habían volado la cabeza de varios disparos. Luego de un segundo, se dio cuenta de algo.

Nada dolía.
Nada ardía.
No necesitaba un doctor.

Se despego las manos de la cara, se dio cuenta que solo era agua. Aquel ataque a traición había sido pura y deliciosa agua. La chica se levantó, quedando sentada con una expresión de confusión en su bonita pero demacrada cara para ver como el cangrejo robaba su botín, se llevaba el plato con la comida.

Come aquí anda, y bebe este zumo.

La voz amable, la voz que no iba con su apariencia… monstruosa, la hizo parpadear y salir del trance. Limpiando su cara, gateo para salir de debajo de la mesa. A la luz del día era más grande, más grotesco, pero había algo en sus ojos, un brillo lleno de… calidez, que estaba ablandándola. Con recelo y sin dejar de mirarlo como si en cualquier momento fuera a saltar encima de él para morderlo, se sentó y observo los alimentos con añoranza, pero los descarto y fue por el sumo.

Glu glu glu glu

Tomo de un solo trago, era dulce, era delicioso. Como el sabor que sintió antes de morderlo. Seguro provenía de esa planta verde — ¿Tienes más de esto? — pregunto mirándolo de reojo, no quería admitir que le gusto ¿por qué? Solo estaba siendo infantil, como la niña que era — ¿Vas a venderme, matarme, golpearme, esclavizarme? — le pregunto sin apartar la mirada, todas esas palabras las escucho en el barco pirata y las repitió, como si fuera algo normal. Su voz dejo escapar un leve matiz de ¿desesperanza? ¿resignación? ¿aceptación? — Mira… lo que hiciste — le dijo con alegría de la nada abriendo la boca y mostrando el hueco dónde antes había un diente — ¿Por qué eres tan duro? ¿Es algo que te echas en la piel? ¿Yo podría echármelo y ser una piedra pómez como tú? Y así romper dientes… — pregunto con rapidez, con la curiosidad característica de los infantes para finalizar golpeando la mesa, haciendo saltar todo y dejándole la mano adolorida — Auggggh — murmuro haciéndose la fuerte, aunque le dolió — María Merlot… es mi nombre — se presento al fin, esperando conocer el de su… ¿qué era exactamente?

Un mes y medio después…

La convivencia con el cangrejo había sido tranquila pero sobre todo hogareña. Cuando despertó en aquella celda, en el apestoso barco pirata hacia unos meses, jamás pensó que podría experimentar una vida… pacifica, como la que ese monstruo le estaba regalando. Aunque lo llamara monstruo, aunque le dijera Leviatan, en su corazón era el ser más puro que había conocido jamás. Y no pensaba alejarse nunca de su lado, ahora era su familia y la familia siempre estaba junta.

La única preocupación de la joven María era evitar el atomizador del gigante cangrejo. No sabia como funcionaba, pero cada vez que lo veía sacar aquel objeto del mal, su cuerpo reaccionaba automáticamente, condicionado a sus estratagemas de crianza gyojin. La personalidad recelosa de la niña, con el paso de los días, se esfumo dejando una curiosa y traviesa sirenita con ganas de descubrir el mundo de la mano de su… aun no le colocaba un adjetivo... pero su corazón sabía bien cual terminaría siendo.

Algo curioso de la muchacha, es que no era analfabeta. Sabia leer y escribir, además que sus modales, una vez dejado su “asilvestramiento”, resultaron ser muy buenos, como si hubiera una historia interesante detrás de cada gesto etéreo y de su belleza, que, aunque juvenil, demostraba que sería avasallante en un futuro no tan lejano. Con la convivencia, el crustáceo puedo percatarse de más cosas, la personalidad amable, alegre y extrovertida de la muchacha, también de la bondad en su corazón, como cuando… no quiso pisar una hormiga, o cuando descubrió que, de los huevos revueltos, antes de ser revueltos, salían pollitos, a lo que no quiso comer nada más que estuviera vivo. ¿Cómo podría? No, no quería dañar a nada ni a nadie; desde ese momento solo comió vegetales.


— Levi… — susurro a un lado de su cama, con las manos sujetando el borde, y sus ojos esperando que el cangrejo despertara — Leviiiiiiiii — volvió a llamarlo, pero esta vez con más ímpetu. Si algo había aprendido de su… nuevo familiar, es que levantarse temprano no era lo suyo — Leviiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii — esta vez grito con mayor fuerza tirando de la cobija que cubría al enorme cangrejo, mientras dejaba escapar una risa divertida — Es hoy, es hoy… ¡Hoy Zheng prometió traernos más manzanas! Debemos llegar antes que se la coman todas, Leviiiiiiiiiiiiiiii — empezó a decir revoloteando por la habitación mientras sacudía la sabana como si fuera una capa — y… luego debemos buscar la caña de azúcar y llevársela a la Señora Yena. Si tenemos suerte nos dará del delicioso manjar que hizo el otro día… — hablaba totalmente entusiasmada con la expectación de un nuevo y maravilloso día al lado de él.

La vestimenta de la peliceleste dejaba al descubierto algo: el poco conocimiento del cangrejo sobre ropa de niñas. Las combinaciones, los peinados y los estilos gritaban PADRE PRIMERIZO, y eso hacia más… adorables aquellas interacciones, una pequeña familia que intentaba hacerlo lo mejor posible… aunque el tiempo tuviera otros planes.

ROPITA
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#8
Esperaba cualquier reacción posible al ponerle la comida en la mesa para que comiese como una persona decente, podría morderme la pierna, volcar la mesa desde abajo, salir corriendo por toda la casa... No me preocupaba mucho porque, a juzgar por la comida que tenía, no había podido comer mucho, así que no iría muy lejos, tarde o temprano comería. Para mi sorpresa, se sentó en la silla, sin dejar de mirarme, como un gato adoptado de la calle que actuaba con cautela, pero con necesidad.

Lo primero que bebió fue el zumo, que al parecer le gusto mucho a la pequeña —Tengo todo el que quieras jaja. Si algo hay por aquí son cañas de azúcar— Le contesté con una sonrisa de alivio, nunca había preparado algo de comer para alguien que no fuese yo mismo, así que no estaba seguro de si le gustaría. Por los visto estaba preocupada por su futuro, no tenía dudas de que lo había pasado muy mal a manos de las personas que le habían atrapado —Nada de eso. Si quieres puedo intentar ayudarte a regresar a tu hogar, y si no tienes uno puedes quedarte conmigo— Sabía que podía ser un tema sensible para ella, pero mientras antes tuviésemos claro los pasos a seguir sería mejor para ambos, por mi parte, no había forma de que dejase a una pequeña desamparada a su suerte. 

No tardó en increparme de nuevo por su diente perdido, pero esta vez de forma alegre, como si se estuviese abriendo poco a poco. Me acerqué para verle el agujero que le había quedado en la boca, como si fuese un experto en la materia —El doctor me dijo que era un diente de leche, así que te crecerá otro ¡Más duro! ¡Más fuerte! ¡MEJOR!— Tras alentarle mostré una sonrisa enseñando mis dientes ampliamente, unos grandes y fuertes dientes de... ¿Cangrejo? Tengo unos colmillos adorables cualquiera podría verlo. La chica de cabellos celestes parecía sentir curiosidad sobre mi físico, una curiosidad firme y me lo hacía saber golpeando fuertemente la mesa (Con una fuerza que parecía ser demasiada para sus manitas) lo que hizo que me avergonzase un poco así que me rasqué la cabeza con un poco de vergüenza —¿Tan duro estoy? Jeje. Bueno, soy un gyojin cangrejo, tengo coraza de forma natural. Si quieres tener una piel dura...— No estaba seguro de que podía decir, mis padres me decían de pequeño que para tener un caparazón fuerte debía comer mucho y tomar mucho el sol —Quizás si comes mucha verdura y tomas mucho el sol puedas tener una coraza genial como la mía— Tras la fructífera conversación, por fin me dijo su nombre —¿María? Es un nombre muy bonito. Yo soy Juan Sebastián— Tras decirle mi nombre le acaricié la cabeza, dejando su pelo alborotado.

Un mes y medio después
Los días que pasé con la pequeña María se pasaron volando, la casa, que desde que perdí a mis padres se sentía enorme, de repente se veía diminuta, al menos para un remolino de energía con patas como ella. —¿Yo de pequeño era tan inquieto como ella?— Era un pensamiento que aparecía con recurrencia por mi cabeza mientras cuidaba de ella. Afortunadamente lo que de primeras era cautela y desconfianza pronto dio paso a una convivencia agradable, no sabría decir si era una relación casi parental o más bien fraternal, como si fuese una especie de hermano mayor, pero en este punto lo que estaba claro era que se trataba de alguien importante para mi. Esperaba tener dificultades para enseñarle cosas básicas como modales o escribir después de haber visto sus comportamientos animalescos, pero curiosamente se desenvolvía con elegancia. Eso me hacía pensar que antes de ser esclavizada, había vivido en una buena familia, no le preguntaba nada al respecto ya que no quería hurgar en esos duros recuerdos. 

La mañana comenzó con un grito al que cada vez estaba más acostumbrado —Waaaaaa, que susto— Observé tumbado como la pequeña piraña daba vueltas por la habitación mientras usaba mi sábana como capa —Supongo que no podemos esperar 5 minutitos más jajaja— Al momento me puse de pie y me estiré vigorosamente. —¡Ahora si! Buenos días Piraña— Fui al baño a cambiarme, me puse mi pantalón corto favorito, una camiseta de verano y mi típica gorra azul. Ambos estábamos entusiasmados por salir a dar un paseo, siempre era agradable ver a Zheng y más si traía sus deliciosas manzanas. 

Antes de salir revisé que la ropa de María fuese adecuada para una señorita, la miré de arriba abajo mientras me rascaba el mentón y, tras una una breve pausa, le dije levantando el pulgar —Estás genial— Sin dudas tenía estilo para esto, la moda no escondía nada para mi. —Estamos listos...Ah, espera— Cogí el atomizador que tenía en la mesa del salón y, tras darle una vuelta como si fuese un revolver, lo coloqué en mi cintura —Ahora si ¡Partamos!— Me subí a María a los hombros y mientras íbamos de camino al puerto cantaba, con mi técnica algo desafinada, pero con mucho corazón —QUE SEPA EL MUNDO QUE EN MARCHA ESTOYY, CON MUCHO QUE VERR Y VIVIIIRR— Mientras cantaba, me movía de lado a lado para sintiese que podría caerse en cualquier momento, cosa que no pasaría, porque tenía agarrada su pierna izquierda con mi mano, en el peor de los casos volvería a quedar boca abajo, como una sardinilla recién pescada del mar. 

Al llegar al puerto le pregunté a la pequeña chica piraña si veía a Zheng, al estar sentada encima mía ella tenía una posición ventajosa para actuar como catalejo —¿Divisas algo?— No tardamos mucho en encontrarlo, después de todo siempre atracaba en el mismo sitio, era un hombre de costumbres después de todo. —Zheenggg— Saludé con energía desde la distancia mientras me acercaba. —Bueno bueno que tenemos aquí... Pero si son mis clientes favoritos juas juas juas. Estás cada día más vigoroso muchacho, y tu pequeña cada día más deslumbrante. Tomad unas deliciosas manzanas— Le lanzó un saco pequeño con media docena de manzanas a María para que las cogiese al vuelo —Son las mejores pequeños percebes ¡Las mejores! La cosecha este año ha sido buena, si... Muy buena, manzanas como sandías de grandes por lo que me dicen, pero esas no valen nada, no... Las manzanas tienen que ser del tamaño de manzanas, todo tiene su tamaño... ¡Bah! Estos jóvenes agricultores de hoy en día, no saben lo que es importante. Os daré un consejo pequeños arenques, hay que saber lo que es importante— Mientras el divagaba, yo escuchaba embobado, era hipnótico escuchar hablar a Zheng, sin dudas era una persona dotada con experiencia en la vida y, aunque se fuese mucho por las ramas, sabía lo que era importante ¿Supongo? 

Seguimos charlando un rato más con él hasta que llegó la hora de irnos, podríamos estar allí varias horas más, pero si no nos íbamos no nos daría tiempo a visitar a Yena para que nos preparase las cañas de azúcar que aún debíamos recoger. —Bueno, pues...  ¡En marcha! Adios Zhengg, nos vemos—  Una vez más emprendimos el camino, esta vez con la pequeña a mi lado caminando, esa energía suya había que gastarla de alguna manera —Oye ¿Cómo están esas manzanas? Pásame una— Y así empezó un día más, con una ligera y agradable brisa marina que acariciaba mi rostro y un sol que brillaba con fuerza, creando ondulaciones sobre el asfalto sobre el que andábamos.
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#9
Narrador / María Merlot

…………………………………………….

¡Ahora si! Buenos días Piraña.

La voz de Juan Sebastián se escucho en la habitación, despertarlo había sido difícil, siempre lo era, diferente a ella que desde temprano estaba llena de energía desbordante; y más aun si se trataba de un día marcado en el calendario dónde comerían manzanas, dulce de caña de azúcar y pasearía por el pueblo costero con el Cangrejo Gigante, que la había acogido en su hogar y simplemente la acepto como su familia revoltosa; aunque para ella no pasaba desapercibido que siempre llevaba el atomizador con él. Por supuesto, no lo culpaba, a veces podía ser un poco muy… hiperactiva ¿Pero que joven no lo era?

María sonreía con alegría cuando él le decía “Piraña”, dejando al descubierto la encía vacía dónde por ser una mordelona perdió su diente. Ella sin duda aprendería a tener la piel más dura, por eso comía muchos vegetales y tomaba el sol, uno de esos jueves tranquilos termino insolada cuando sin supervisión de Juan, se quedo todo el día bajo el astro rey. ¡Un camarón cocido! ¡Eso parecía! Y no le molesto porque así se veía más como el gyojin, la única familia que conocía.

Los días que paso en el barco del capitán borracho y luego en el barco de esclavistas, se fueron difuminando de su mente, como una pesadilla que venia de cuando en cuando a atormentarla por las noches, pero ahora no estaba sola, tenía al cangrejo, quien la cuidaba y la protegía de los malvados traficantes de personas, y si al caso vamos, de cualquiera que intentará hacerle daño. La celeste se sentía segura, se sentía en casa, se sentía feliz y podía soñar con un futuro brillante en compañía del rojo. Tal vez, ella también entraría a la marina, seguiría a Juan a dónde fuera, quizás conocería a algún guapo marine, un pelirrojo porque ese se convirtió en su color favorito por culpa del cangrejo, y por supuesto, tenia que tener un gran y noble corazón. De solo pensarlo sonreía, el mañana no podía ser más maravilloso, y su vida no podía ser mas feliz.

¡Divertido! Muy divertido ser llevada por el enorme cangrejo en su hombro, así que cuando la alzo y la puso en ese lugar solo pudo reír con el regodeo característico de un infante inocente, que no temía por nada, que no sabia de la maldad en el mundo. Con Juan todo era más entretenido, no solo la cargaba, sino que se movía como un barco entre las olas del mar, haciendo el trayecto tan corto como lleno de gozo. ¿Se podía ser más feliz en el mundo? No, ella no podía imaginarse ser más dichosa como lo era ahora. Ella iba con las manos alzadas, y de cuando en cuando se dejaba caer para quedar como sardinita pescada (colgando), sabia que él no la dejaría caer, él nunca permitiría que nada ni nadie la dañara. Él era su escudo contra el mundo, un escudo que nunca se rompería… ¿Verdad?

¿Divisas algo?

— Hmmmm — la joven dejo de reírse, subiendo una de las tiras de su braga que se había caído por el bochinche en el hombro de Juan. Usando sus manos como binoculares intento divisar a Zheng. Escaneo el lugar, estaba igual que siempre — Veo agua, mucha agua. La señora Martha tiene un vestido azul que nunca había visto. Y hay una nueva grieta en la casa del señor André. Y el señor Pep y el señor Antonio están discutiendo como siempre. Creo que esta vez tiene que ver con un erizo de mar, el Señor Pep lo tiene en la mano y apunta al Señor Antonio con él. ¿Un erizo es un arma blanca, Levi? ¿Deberíamos llamar a la marina o a un médico? O quizá buscar a un pez lobo para que se zampe al erizo, aunque eso no sería muy vegano de su parte… — hablo sobre lo que veía, pero ninguno era Zheng.

Al viejo marino lo encontró primero la mirada de Juan, quien los llevo hasta este. Como siempre el buen hombre los recibió con cariño y entusiasmo lanzado las manzanas prometidas que la chica agarro al vuelo, pero cayéndose hacia atrás, por suerte Juan la tenia bien sujeta por su pierna. Luego con un impulso volvió a su posición normal: sentada. Saco una manzana y la mordió, intentando que no hiciera daño en su encía, luego del trauma del primer día, ella aprendió su lección. María le pidió a Juan bajar, quedando en el suelo al tiempo que cargaba su botín con la zurda mientras con la diestra devoraba la fruta y escuchaba encantada la historia de Zheng. Sus ojos brillaban mientras la película pasaba por su mente y pequeños “Oooh”, “Woooow” y “Aaaah” dejaban sus labios en cada tramo del relato sobre la importancia de las manzanas.

Luego de varias horas siguieron su camino. María abrazo al anciano, y le prometió regresar para mas manzanas y cuentos marinos.

Oye ¿Cómo están esas manzanas? Pásame una

— ¡Dulces, jugosas, deliciosas! — respondió mientras sacaba una manzana de la bolsa y se la extendía a Juan. Luego se detuvo un momento, lo vio, vio la bolsa, volvió a verlo, y algo hizo clic en su cabeza, así que cuando él estuvo apunto de agarrar la pequeña fruta ella quito la mano — No — dijo muy seria mientras sus ojos ámbar reflejaban que su cerebro procesaba algo de forma muy seria — No, no, no — repitió negando con la cabeza y haciendo que su corto cabello bailara de un lado a otro, luego sus labios extendieron una amplia sonrisa, que mostraba su encía vacía — Una no. Tu eres más grande, Levi, necesitas más de una… ¡Necesitas diez! — llego a esa conclusión, porque era la cantidad que quedaba en la bolsa así que le tiro el botín y ella se quedo con la manzana que antes le había ofrecido — … si no comes mucho, no podrás continuar teniendo tu piel de pómez, y también recuerda tomar mucho sol pero sin abusar — repitió sus palabras con tono maternal, o eso pensó ella, y continuo el camino dándole un gran mordisco a su última manzana.

Así llegaron a donde la Señora Yena, ayudándola con las cañas de azúcar, aunque María de cuando en cuando, masticaba algún sobrante pensando que nadie la veía. Al final del día tenían como nuevo botín el famoso dulce que cocinaba la anciana. Y de esa manera termino otro día en la vida tranquila y apacible de ambos gyojines.

Los días se convirtieron en semanas, y María comprendió, con su cabeza y corazón, que ese era su lugar en el mundo. Al lado de su padre cangrejo, encontró paz, amor y un hogar que olía a mar, sol y arena. Él de una forma que ella no podía recordar (estaba amnésica), la protegía del mundo de forma silencioso, pero también con la firmeza de una roca, y los destellos del atomizador encausaba su energía e ímpetu desbordante. Cada noche cuando él la acostaba en su camita y la acompañaba hasta dormirse, la joven semi sirena balbuceaba lo mucho que lo quería.

Papá Levi, gracias por salvarme…
No me dejes sola…
Hueles a sal… hueles a hogar, papá Levi…
Prometo portarme bien…
No te vayas, por favor…

Dos semanas después….


Un martes, con el sol saliendo por el horizonte y el cielo totalmente despejado el destino empezó a tejar un futuro diferente al que se imaginó: nada volvería a ser igual. María se levantó con su energía eléctrica de siempre, pero no fue a la habitación de Juan, fue a la cocina a preparar todo. ¿Para qué? Ese día Zheng los llevaría de paseo por alta mar, más allá de las islas. Así que ella debía tener los bocadillos que prepararon la noche anterior listos (empaquetados) para cuando su papá se levantará, aunque sino lo hacia en 20 minutos, tendría que usar el atomizador en él.

Ella aun estaba en pijamas, cuando el cangrejo se levantó. Y como siempre la ayudo a vestirse “siguiendo su visión de la moda”. Una camisa fucsia, un pantalón verde militar que el gyojin remendo en días pasados, unas botas coloridas que hacían juego con su sombrero de unicornios; si, todo un experto en combinaciones, y a ella también le gustó el resultado. María llevaba una cava en sus manos, dónde iba la comida, en su espalda un pequeño morral con su toalla y otra mudo de otra por si acaso decidían nadar. Lo vio cerrar la puerta, miro la casa a la cual llamaba hogar, y sonrió… — Papá Levi, cuando regresemos ¿podemos comer panqueques? — le pidió recordando como sabían de bien con la miel falsa de caña de azúcar, los panqueques que él le preparaban no llevaban huevos ni leche todo muy vegano — Sabes… deberíamos sembrar un árbol de manzanas ahí… — señalo un pedazo de tierra dónde, ciertamente, crecería perfecto un árbol de manzanas — … y también podríamos colocar un columpio, cuando sea un árbol tan grande como tú, claro… — su sonrisa se extendió hasta sus ojos que brillaron con expectativas hacia el futuro, uno muy resplandeciente en su imaginación.

Minutos después llegaron al puerto, Zheng los esperaba con su pequeña tripulación y su barco llenos de sueños; unos que pronto se romperían en miles de pedazos. Así zarparon hacia altamar. María iba de un lado a otro, maravillada por el paseo. Nadaron, vieron aguas cristalinas, delfines, y otras criaturas del mar pero lo que más le emocionaba, era lo que pasaría cuando cayera la noche; Zheng los había invitado para ver el mar fluorescente, por un fenómeno producido por unas criaturas especiales.

10:17 p.m.

Pequeñas luces destellaban sobre la superficie, el espectáculo era hermoso. Todos en el barco estaban asombrado, aunque nadie más que la pequeña, quien no podía ser más dichosa. Se acerco a Juan Sebastián, y abrazo su pierna — Gracias Levi, por ser mi papá y no abandonarme...— le susurro acariciando su mejilla contra su pierna, él era muchisimo mas alto. Luego de ese momento alguien dijo que vio algo del otro lado, a lo que ella emocionada fue corriendo hacia allá, pero eran más de esos gusanos fluorescentes ¿no? María se quedó ahí observándolos largo rato, tanto que creyó ver unos ojos mirandola, pero se los froto y ya no estaban ahí. Cuando se aburrió dejo de estar apoyada en la borda, y dio dos pasos para ir hacia Juan, que estaba no tan cercano al viejo Zheng. Tal vez ya era hora de volver… entonces sucedió...

EL CAOS...
LA VIDA...
LA ESPIRAL HACIA SU PROPIA DESGRACIA.

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Karma Fanático: Hyakinthos. 
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#10
9:30 p.m.

La madera del barco cruje bajo los descalzos pies a los que aún no se acostumbra.

Hay silencio, solo las respiraciones —algunas agitadas, otras tan controladas que parece que desearían dejar de respirar —se escuchan cuando él pasa. Nadie se atreve a desafiarlo, después de todo, con el paso de los días, han aprendido que estar en su contra conlleva un castigo peor que la muerte.

Los humanos agachan la cabeza, saben que no deben mirarlo a los ojos; muerden sus lenguas para no emitir sonidos e intentan no moverse para que las cadenas pesadas que los mantienen apresados no tintineen. A él le molesta cuando hay ruido innecesario.

—Hay uno menos —dice con una voz que aparenta ser tranquila, pero que arrastra un deje de molestia imposible de ignorar. —Una menos, mejor dicho…Una que era bastante hermosa a pesar de su asquerosa raza—. Desde el pasillo estrecho del barco un alto hombre de tez morena y orejas que parecían más aletas que otra cosa, miró desde arriba, con desdén, el cuerpo de una mujer que yacía inmóvil sobre el piso de madera de la celda. No fingía dormir, la observó por tiempo suficiente para saber que estaba muerta.

—¿Quién trajo a alguien tan débil al barco? Me parece, señores —Le habló a un par de gyojins que lo habían seguido hasta las celdas —que me expresé con suma claridad cuando manifesté mi deseo de que solo subieran a bordo a humanos capaces de soportar el viaje. Saludables, fuertes. ¿De qué nos sirve alguien morirá antes de llegar al “Nenúfar”? —Su mano pasó sobre sus cabellos perfectamente trenzados en dreadlocks, más por manía que por desesperación.

—Y tu —. Le habló a un gyojin esmirriado, mucho más bajo que él y de ojos saltones quien, curiosamente, llevaba puesta una bata blanca como de médico —, ella lleva más que un par de minutos así. Eras el encargado de custodiar hoy la mercancía ¿Cómo no te diste cuenta antes, doctor? —Su mano escamosa, con dedos unidos por membranas, se posó sobre la cabeza del otro hombre pez, haciendo notar su diferencia de fuerza, pues presionó lo suficiente como para que el otro se quejara. —Aún no eres parte de la tripulación, pero te confiamos a estas personas porque dijiste que harías lo que fuera con tal de alejarte de esa isla en donde te tenían como si fueras un fenómeno de circo y…así nos pagas… ¿Por qué ni siquiera nos avisaste de su estado?

Sus dedos se cerraron con más fuerza sobre la cabeza ajena. Nunca esperó que respondiera, sus preguntas eran retóricas, él no toleraría faltas de respeto y mucho menos negligencias de parte de quienes debían servirle con esmero.

Los quejidos aumentaron y el débil gyojin intentó defenderse, alzó sus propias manos para apartar las del moreno, pero por la posición de la mano ajena sobre su cara, el aire le empezaba a hacer falta mientras que sentía las uñas, más como garras, abriéndose paso con lentitud tortuosa sobre la piel escamosa de su cara, entonces, un sonido acuoso, como el de una sandía partiéndose, hizo eco en el pasillo para que luego un sonido más parecido al de un pedazo de madera que estalla lo reemplazara casi de inmediato. El cráneo se partió en dos y de aquella cabeza partida, como si de una fuente se tratara, empezó a brotar una roja sangre que, a la luz de las lámparas amarillentas, parecía más oscura y espesa de lo que lo sería bajo luz blanca.

Quejidos, no, lamentos…sí, lamentos que intentaron ahogar las personas de la celda se escucharon después del gratuito espectáculo, pero él los ignoró. Tenía suficiente con un producto menos, no le hacía falta perder más por un ataque de ira.

—Índigo —. Llamó a un gyojin de piel azulada y hermoso y fino rostro, quien, desde el final del pasillo, miraba la escena con una sonrisa pícara en sus labios pálidos. —Lleva al intento de gyojin arriba y arrójalo al mar, también a la mujer. No quiero pesos muertos en este barco —. El hombre, alto también, aunque más bajo que quien le dio la orden, asintió y, con su único brazo disponible alzó al recién fallecido para echárselo al hombro, luego vendría por la mujer.

—Capitán, antes de que me retire. No vale la pena amargarse porque la perdimos ¿Sabe? —. Alzó el hombro que le correspondería al brazo inexistente. —El mar siempre provee y hoy hace una buena noche…las cartas me dijeron que habría encuentros inesperados. Siempre cumplen y aún no se da el encuentro, pero la noche aún no acaba —. El tal Índigo sonrió de nuevo antes de retirarse para cumplir con su tarea, dejando al capitán meditando las palabras de su supersticioso marinero.

***

10: 07 p.m.

—¡Mierda, Capitán! —Una voz rasposa resonó en la cubierta del barco antes de que apareciera una criatura de piel verdosa y aspecto como el de un camarón humanoide, en una de sus manos llevaba una botella de ron de la que bebió un trago antes de seguir hablando. El hombre pez, un camarón mantis, parecía emocionado. —¡Este puto supersticioso tenía razón con lo que se la ha pasado diciendo! —Porque Índigo se encargó de decirle a todos lo que “las cartas habían dicho”. —¡El mar provee! He visto un barco pequeño cerca de aquí. Más allá, donde se ven los gusanos bioluminiscentes, a bordo va una chica interesante…puede ser valiosa ¡Puede reemplazar a la muerta!

El capitán se levantó de su lugar y miró hacia el sitio que el otro le señalaba. Achinó sus ojos y entonces alcanzó a ver el lado del mar que brillaba y, sobre este, un barco como el que había dicho su navegante, Pistol Paco, aunque no alcanzaba a ver a nadie a bordo, no con claridad, como para asegurar que lo que decía el otro gyojin fuera cierto, pero, confiaba en él, porque a pesar de su fealdad, su navegante tenía unos ojos excepcionales, como ningún otro. Sí el decía que vio a una chica por la que valdría la pena asaltar un simple barco pesquero, entonces valía la pena. —Vamos hacia allá entonces. Guíanos, Paco —. Giró su rostro entonces para ver a Índigo, quien, nuevamente, tiraba las cartas sobre el suelo del barco. —Deja eso y acompáñanos también. Que el resto cuide mientras tanto —. Ordenó a los que se quedarían a bordo.

***

10:17

“El mar provee”

Las siluetas se movieron bajo el agua con la elegancia de quienes son uno con el elemento. Ninguno se molestó en ser discreto, por eso no fue sorpresa para ellos cuando escucharon los cuchicheos en la cubierta del barco, las voces de aquellos que aclamaban haber visto algo en el agua y que fueron minimizados por los más viejos.

—No es nada —. Escucharon decir y eso les arrancó una sonrisa a los tres, aún cuando cada uno tenía un humor distinto, aún cuando no se habían puesto de acuerdo para reír.

¿Cómo habían llegado a los márgenes del barco?

Nadando.

Ni las olas ni el frío eran impedimento para que, dos gyojines y un tritón, vencieran la distancia que separaba su barco, “El Azucena del Mar”, del viejo barco pesquero. Nadie a bordo podía esperar lo que se les avecinaba.

Pobres humanos.

Fue el navegante, Pistol Paco, quien divisó a la presa antes que nadie, el primero en acercarse. Su cola de tonos verdes y naranjas chocó con la madera de uno de los costados y el barco pesquero se remeció con más ímpetu. Uno de los marineros tuvo que sujetarse para no caer por la borda y; sin embargo, volvieron a ignorar las señales, prefirieron creer que el remesón era producto del oleaje traicionero, pero pronto los ojos de los tripulantes serían abiertos para mostrar que la verdad era peor de lo que pensaban.

Entonces pasó, desde babor, uno de los hombres de Zheng vio como el agua se rompió y de ella salió un monstruo de cuatro metros.

¿Un monstruo?

Sí, no era solo su apariencia impactante, desde su robusto cuerpo de escamas verdes y naranjas, con púas sobresaliendo de sus brazos y vértebras, hasta su sonrisa con dientes afilados y los blancos ojos saltones que resaltaban desde sus cuencas, todo él era un espectáculo con el que no quieres toparte en altamar.

—¡A ver, hijos de puta! No les haremos mucho daño si nos entregan a esa niña que viaja con ustedes —. Una sentencia severa, pero innecesaria, pues su propio capitán se había adelantado a los hechos.

Por supuesto, el capitán Pedro Francesco Ruíz De León Madrigal no sería un ente inerte, no esperaría bajo el agua a que sus subordinados hicieran todo el trabajo, pues, desde que llegó, planeó su entrada.

Sus ojos pálidos, celestes como el hielo pálido de las islas de invierno, observaron en estribor a la niña asomada por la borda. Sus irises se confundieron con el brillo azulado de las criaturas que revoloteaban a su alrededor. Ella no lo había visto, él lo sabía.

Por eso aprovechó cuando su navegante hizo un escándalo, llamando la atención de todos hacia babor con sus modos groseros, su presencia enorme y su voz resonante, porque así él pudo también aparecer desde estribor. Su cuerpo se elevó desde el agua como el de un delfín saltando y, su cola de escamas negras se dejó entrever por unos segundos antes de que sus brazos se apoyaran en la borda para impulsarse al interior del barco. Justo detrás de la niña de pelos celestes.

Fueron solo unos segundos que tomó para que su cola empezara a dividirse y fueran piernas lo que lo hicieran sostenerse sobre la ahora mojada madera del barco. Una túnica larga lo cubría, aunque de todos modos se venían parte de sus piernas y sus pies, mostrando escamas negruzcas y brillantes, como muestra de su naturaleza, aunque, si se fijaban directo en su rostro y en sus manos esto sería más evidente: manos palmeadas y cubiertas con escamas, orejas que parecían más bien aletas y ojos tan brillantes como los de un depredador.

—Kassandra —. Fue lo primero que pronunció cuando notó que la niña se volteaba para verlo. —Tu luces como alguien que tendría ese nombre ¿No te parece bonito, pequeña? —Su sonrisa se ensanchó al mismo tiempo que una de sus manos se estiró para alcanzar el brazo de la niña. —Tu te ves como una humana, pero… ¿Por qué hueles como una de los nuestros? —Sus dedos se cerraron alrededor del brazo derecho de la pequeña, mientras él se agachaba para intentar reducir sus tres metros en tierra a la altura de la muchachita, aunque, su “tierna” reunión se vio interrumpida por alguien más, un chico humano que se acercó a él corriendo con un remo de madera en ambas manos. Pedro volvió a sonreír, por supuesto, Paco no podría atraer la atención de todos.

—Alguien de una especie tan débil no debería intentar eso —. Fue lo único que tuvo que pronunciar Pedro antes de que el agua volviera a romperse y de esta saliera el gyojin de piel celeste y bellos rasgos que, hasta ahora, había preferido permanecer sumergido.

—¡Hyakumaigawara seiken! —. No era necesario que pronunciara el nombre de su ataque, pero aquello divertía a Índigo, quien dio un puñetazo al chico del remo que no solo terminó atravesando su pecho, salpicando con sangre el suelo, a su capitán y, por consiguiente, el sombrero de la niña, si no que mandó a volar el cuerpo hasta el otro lado del pequeño barco, haciendo que tropezara directo con la borda y, por la debilidad, cayera directo sobre las aguas del mar, que ahora teñía sus luces fluorescentes con rojo. —Lo siento, pero no podía dejar que alguien atacara a mi capitán…Ahora… ¿Podemos ir…?

Índigo dejó su frase a medias cuando lo vio. Era una criatura horrible, tanto que mirarlo le provocaba un dolor inexplicable en los ojos ¡Pobre ser! Debió ser maldecido al nacer con tanta fealdad, pero, aún así, pudo reconocerlo como uno de los suyos y, claro, eso hizo que Pedro alzara su mirada, aunque en ningún momento soltó el brazo de la niña, para encontrarse con aquella criatura rojiza que estaba en el barco. Pistol Paco no les había hablado de él.

—¡AH, IDIOTAS! ¿Tienen a uno de los nuestros como esclavo, no es así? —No hubo razonamiento de parte de Paco cuando se dio cuenta de lo que para él fue obvio: otro caso de abuso gyojin.

Una de sus manos se alzó y gracias a su cuerpo mojado por el agua del océano, una simple gota de agua se deslizó entre sus dedos y salió disparada en dirección al humano más cercano. Parecía algo indefenso, una simple gota, pero lo cierto es que gracias a las habilidades obtenidas del karate gyojin, esta ahora tenía la potencia de una bala, algo que demostró cuando esta atravesó la cabeza del tripulante que tenía como objetivo.

—¡Gyojin idiota! Libérate del yugo humano y ven con nosotros —Habló de nuevo Paco mientras que índigo se deslizaba hacia donde estaba un señor de apariencia mayor, alguien a quien escuchó que el hombre que acababa de morir llamó “Capitán Zheng” solo unos segundos antes de que su compañero se deshiciera de él.

—¿Así que eres el capitán? —El único brazo disponible de Índigo se cernió sobre el cuello del hombre y lo estrelló contra la pared de la caseta de la timonera interior del barco pesquero. —¿Te divierte tener a uno de los nuestros como parte de tu grupo? Déjame adivinar, me dirás que lo tratas bien, que no lo discriminas… ¿Sabes cuántas veces hemos escuchado esto? —Índigo sonrío y se volteó apenas para mirar a su capitán, como pidiendo permiso para actuar.

—Hagan lo que quieran con los humanos. Entre menos de esa especie maldita haya en el mar, mucho mejor —. Con esas palabras de parte de Pedro, el otro gyojin sonrió a sus anchas, mostrando sus filosos dientes antes de apretar más su mano en el cuello del viejo.

—Ya lo escuchaste, humano. El mar es nuestro ¿Sabe?

Léeme, por favor
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