Piratas Rākṣhasa | Presente R.
#1
Wink 
Reino de Samba  | Zona de comercios 
Día 30 de Primavera, Año 17
13hrs. Aproximadamente


Habían pasado unas cuantas horas tras su llegada al Reino de Samba, tras la buena habilidad de Sanemi los daños al barco habían sido mínimos, quizá en algún punto serian nulos, pero por ahora había que seguir avanzando y el haberlo hecho ya era algo bastante positivo, pues lo habían llevado acabo en su barco, en Buda. Buen navío, los trajo sanos, salvos y bastante secos. Así pues ante este día de primavera donde la tarde apenas comenzaba a prevalecer, con el astro rey en lo alto iluminando la tierra y brindando de luz y calor a todo aquello donde su energía llegase. Dharma y su compañero habían logrado dejar dicha embarcación en puerto mas discreto de lo que se podía observar alrededor de esta isla, se notaba la diferencia de dinero, de calidad de vida e incluso de arquitectura, una diferencia parecida a la del Reino de Sorbet entre las clases sociales, el dinero siendo un dilema en todas partes.  

Caminando con relativa confianza, asegurando que todo alrededor estuviera tranquilo, haciendo uso de sus sentidos tanto como de vista y oído; el espadachín con buena experiencia en espionaje había constatado que se encontraban seguros, aun así debían salvaguardar tanto su navío como sus propias vidas. Buda se había quedado bien resguardado y con las velas retraídas así como la bandera para no levantar más sospechas, pues lo que pudiera ocurrir o no en esta nueva isla seria algo nuevo y sorpresivo para bien o para mal era parte de su destino, antes no había visitado este lugar, pero sabia los pormenores gracias a su conocimiento como erudito una profesión cada vez más útil. 

Sus pasos se dirigían hacia el reino, donde lentamente se mostraban diversos comercios, desde restaurantes, hasta, bares, tiendas de ropa, tiendas de arnas y algunas cosas mas extrañas que por ahora no le prestaba del todo la debida atención. | Bro... creo que se escucha interesante ahí ¿no? | Expresaba en su tono de voz habitual, suficientemente audible para el y todos los que estuvieran en un radio relativamente cercano. Se podían escuchar mucho barullo y fiesta en un bar con una gran entrada y un par de puertas de madera semi abiertas de gran tamaño, que permitía el paso de casi cualquier tipo de ser, sin importar su tamaño, pues gente entraba y salía con suma confianza. Al parecer este isla si era una fiesta andante, no era algo que le emocionara al pelinegro, pero tampoco le disgustaba, sin embargo entrar a este tipo de lugares, siempre les brindaba un poco de contexto de lo que pudiera estar sucediendo actualmente.

| ¡Bienvenidos adelante.! | Se escuchaba una voz amigable y juvenil, era un chico que servía de mozo en este bar de una altura promedio y apariencia promedio.  | Cantinero... dame un vaso de agua mineral, con un buen trozo de naranja dentro para comenzar... | Decía el pirata, mientras, algunas miradas se posaban sobre el espadachín, pero sin darles mucha importancia, ingresaba por completo al lugar hasta ponerse junto a la barra en el costado final derecho y pedirle al cantinero lo antes dicho. Dharma estaba de medio lado sin sentarse, solo usando la barra como punto de descanso, observando atentamente su alrededor, mientras estaba esperando igual que Sanemi terminara de acomodarse, pero aprovechando para darle un vistazo al lugar y a los presentes mas interesantes.
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
#2
Después de dejar todo listo en Buda, era momento de partir. La verdad Sanemi seguía pensando que el viaje fue más sencillo de lo que esperaba y su navío no sufrió mayor daño que no se pueda arreglar de forma simple y sencilla. Para ser la primera travesía de un punto relativamente lejano a otro, estaba bastante bien, eso contando con las limitaciones de personas que tienen, hasta el momento, en Rakshasa. El clima era calmado, aunque Sanemi prefiere el frío, el astro rey emanaba sus rayos solares de tal manera que la potencia se perdía con la brisa iba de un lado al otro, dando la sensación de un ambiente frescante.

Sanemi caminaba junto a Dharma, al ser una nueva isla y por lo que sabía de su compañero, también tiene la habitual costumbre de prestar atención a todo lo que lo rodea, gracias a su destacado olfato podía identicar distancia con personas u otras cosas. El primer tramo no destacaba por la presencia de personas, sin embargo, una vez ingresaron al reino la gente comenzaba a mostrarse más. Y de nuevo, como en muchos otros lugares, reflejando ese gran contraste entre los adinerados y la clase menos favorecida. Sanemi no sentía especial pena o empatía, pero creía en su objetivo de crear un mundo con otro sentido de justicia, eso podría solucionar las distancias de las clases políticas y sociales. La parte comercial estaba especialmente abarrotada de vendedores en tiendas, así como al paso con una manta en el suelo y un improvisado texto.

-Oe... Siempre es buena idea ir a un bar en un nuevo sitio -El bullicio que sale del lugar señalado por Dharma, transmitía buena sensación. La gente entraba y salía, algunos ya bastante borrachos a pesar de ser tan temprano, aunque probablemente hayan estado bebiendo desde la noche pasada. El peliblanco entró al lugar, haciendo una seña con la mano a quien les daba con la bienvenida, puede ser, en su mayoría malhumorado, pero entiende que la gente tiene que ganarse la vida, aunque eso signifique atender a borrachos todos los días, con las consecuencias que eso trae encima.

-A mí me traen una cerveza fría y carne seca- La capacidad tan aguda de distinguir olores de nuestro protagonista, no le era muy favorable en este tipo de ambientes, pero estaba acostumbrado ya. Una vez sentado, pudo notar rostros variopintos. Esperaba que, para variar un poco, su presencia no termine con una pelea innecesaria, no en el primer día, menos de navegar tantas horas.
#3
Cuando se propuso llegar a Samba no imaginó que sería tan jodidamente nauseabundo. En el sentido más literal de la palabra. Guardó los berries que tenía y ató un barril de pepinillos a la embarcación de medianoche. ¿El resultado? Horas y horas de vacías su estómago en las aguas. Bueno, era eso o su laúd, y ni de chiste arriesgaría su bien más preciado por algo tan absurdo como el mareo en altamar. Y es que no calculó que su barril se movería mucho más que un barco decente, pero todo fuese por ahorrarse una buena cantidad de dinero.

Llevaba tres años sobreviviendo de pueblo en pueblo, cantando en bares y plazas, y estafando a los ebrios. Básicamente lo que había hecho toda su vida, sólo que ahora lo hacía sin ‘‘ayuda’’. Cuando estuvo a unos metros de tierra firme usó sus manos para acercar más su barril y pronto se vio besando la arena. Bajó entre chapuzones, tropiezos y nados desesperados. Ya tendría tiempo de comprar algo de ropa y de dormir sin el molesto vaivén de las olas. Lo primero era conseguir un sitio donde quedarse, luego podría empezar a cantar.

Los orbes dorados de Satsuki brillaron ante la cantidad de gente —presas potenciales— que había en la plaza central. Con los dados cargados de Henri en su bolsillo tomó algunos sacos de berries de mortales despistados y se sentó en una esquina para planear su estancia. Si conseguía un sitio modesto podría quedarse un par de semanas, pero necesitaba asegurar sus ahorros para cuando tuviese que escapar inminentemente. La algarabía del lugar le dio una idea de cómo ganarse la vida honestamente… al menos por el día.

— ¡Señor, señora, señorita! —gritó con entusiasmo, tomando su laúd con cuidado—. ¡Bienvenidos al mejor espectáculo del mundo!

Comenzó a rozar las cuerdas en una melodía rápida. Esa que era de sus creaciones favoritas, aunque escondiese el oscuro origen detrás de la letra. Aun así, hizo acopio de su carisma y su encanto para moverse entre la multitud sin dejar de cantar. Todo era más fácil cuando hacían las cosas en grupo, pero no tenía permitidos esos pensamientos.

— ¡Sigue adelante!

La frase final de su canción resonó con los últimos acordes de su laúd. Satsuki hizo una pequeña reverencia y tomó las propinas con sonrisas y agradecimientos breves, buscando escabullirse los más rápido posible de la vista de la multitud.

— ¡Mi bolso de berries desapareció!

Exclamó un hombre y pronto más personas se percataron de dicha anomalía, pero Satsuki ya se había escondido en el primer sitio que encontró abierto. Con esto podría quedarse un buen tiempo y todavía le sobraría para marcharse. Se adentró en el lugar y guardó muy bien todo su botín, colocando su laúd en su espalda. Tomó asiento en un taburete y suspiró.

—Dame algo con limón —pidió con cansancio—. Y naranja —le sirvieron una especie de zumo en una piña, a lo que Satsuki sólo se encogió de hombros, dando un sorbo a su bebida cuando una silueta frente a ella le hizo escupir el líquido en la persona que estaba junto a ella—. ¡¿Q-Qué bayas haces tú aquí?! —se dio varios golpecitos en el pecho—. ¡¿D-Dónde te habías metido, ue?! —fue entonces que cayó en cuenta de que había escupido en alguien más—. ¿Amigo tuyo? —se apresuró a buscar como secarlo—. Bueno… si miras el lado positivo, ahora oleras a frutas.

Porque encontrarse con un viejo aliado no podría ser tan malo, ¿o sí?
#4
Algo en el día de hoy me había llamado la atención. Tal vez fue el cielo, demasiado despejado para esta época, o las nubes que se movían lentas, como si tampoco tuvieran prisa por llegar a ningún sitio, quizá fueron las olas del mar rompiendo con un ritmo distinto al habitual, o simplemente la sensación persistente de que el tiempo llevaba horas observándome en silencio. No sabría decirlo con certeza, sólo sentía ese peso extraño en el pecho, esa inquietud que aparece cuando uno sabe que algo está por ocurrir, aunque no pueda verlo todavía.

Llevaba bastante tiempo esperando al hombre que me había prometido ayudarme con mi propia venganza. Aquel sujeto al que, por conveniencia más que por respeto, llamaba capitán. No me agradaba hacerlo, nunca me han gustado los títulos ni los hombres que los usan como escudos, pero él tenía información, recursos y una causa que, por ahora, caminaba paralela a la mía. Así que aguardé, con la paciencia tensa de quien ha aprendido que las promesas rara vez llegan a tiempo y que, cuando lo hacen, casi nunca vienen solas.

Fueron meses largos, pesados, de esos que se acumulan en los huesos y hacen que incluso respirar se vuelva rutina. La espera no fue pasiva, trabajé, forjé, ayudé donde pude y me mantuve al margen cuando fue necesario, pero cada amanecer traía la misma pregunta clavada en el fondo de mi mente, nada, ninguna señal, ningún mensaje, sólo el sonido del mar recordándome que el tiempo no se detiene por nadie, Hasta que hoy, mientras cargaba herramientas cerca del muelle, escuché a unos marineros hablar más de la cuenta, decían que habían visto un barco merodeando la isla, uno grande, silencioso, con un rumbo extraño, juraban que se había acercado lo suficiente como para distinguir su silueta y luego había desaparecido, tragado por la niebla y el oleaje como si jamás hubiese existido, para ellos no era más que otro rumor de taberna, pero para mí algo encajó con demasiada precisión.

Un foco se encendió en mi cabeza, no muchos capitanes podían permitirse acercarse así y desvanecerse sin dejar rastro. No muchos navegaban con esa cautela, con esa costumbre de no ser vistos hasta decidir aparecer, conocía ese estilo, esa forma de moverse como una sombra sobre el mar, si había alguien capaz de hacerlo, era él. —Dharma—murmuré entre dientes, sintiendo cómo el pecho se me tensaba. Si los rumores eran ciertos, entonces había llegado y si estaba aquí, oculto de los ojos comunes, no era por casualidad, eso sólo podía significar una cosa, la espera estaba llegando a su fin y con ella, el momento de saldar cuentas que el mar llevaba demasiado tiempo guardando.

Me dispuse a ir a una taberna, sabia que tarde o temprano el llegaría, y si no era en esta, visitaría todas las tabernas de Samba hasta encontrarlo, porque tenia la certeza que ese tipo había llegado a la isla. Sin embargo no tuve que esperar demasiado, cuando entré al bar, un lugar normal, de esos que la gente de la superficie le encanta, con mala comida y ron para morirse, y en la barra estaba el hombre. Dharma. Usando mi akuma simplemente me hundí en el suelo como si este se tratase de agua y nade hacia el, saliendo lentamente del suelo justo a su costado. —Capitan, ya habia pensando que me había abandonado en Samba a mi suerte. — dije colocandome correctamente a su lado observando el lugar y a la persona que tenia al lado. —!!Shashashasha¡¡¡— Una risa cálida salió de mis labios, al fin estaba al lado de alguien que conocía.
#5
No había robado nada en unas horas y como si fuera una manía ya estaba desesperada, un barcito mugriento me llama demasiado la atención para un RDSP, si papito, un robo disimulado sin pelea o eso espero, con tanto hombre musculoso y ebrio nadie sabrá quien le robo. Adentro había hombres grandes, musculosos, ebrios hasta el olvido, con manos torpes, bolsillos abiertos y sus carteras asomándose como peces lentos y confiados. Nadie mira a una gyojin azulada y gelatinosa dos veces, algunos pueden reírse mientras que otros apartan la vista con incomodidad, para mi perfecto, invisibilidad social en su máximo esplendor.

Pase por el lado de un hombre, ese que esta mas cerca de la entrada y con un simple roce tomé su billetera haciéndome la inocente por rozarle. —Ay! Perdoname papasito, no te vi. — Los hombres, sin importar la especie, son criaturas simples, te acercas, los miras con ojos de yo no fui y ya caen redonditos, seguí caminando como si nada, con el corazón latiendo despacio y las manos ligeras, sintiendo el peso ajeno escondido contra mi cuerpo. Un robo limpio, silencioso, sin pelea. De esos que casi no cuentan pero que me devuelven la calma, aunque sea por un rato.

Me posicione en la barra donde vi un par de personas, y con tan solo verlos directamente supe que uno de ellos era el capitán, un gyojin grande, de pecho fuerte, imponente le dijo capitán a un humano común y corriente, raro, si, pero fue lo que pude leer en sus labios, para mi fue un bingo total, si esta gente es pirata, tengo un botín asegurado si uno de ellos cae por mis encantos, solo tengo que dejarme llevar y tendré un viaje gratis hacia la próxima isla y muy posiblemente tesoros que no puedan caber ni siquiera en mis bolsas.

—Hola preciosos, ¿que hacen tres caballeros tan guapos en este bar mugriento? glup — Me acerqué como quien no quiere la cosa esperando a ser recibida sin problemas, era la mejor forma, no no, la única forma de hecho, conociendo a los de mi especie no suelen confiar tan rápido en los demás, lo digo por experiencia propia. —Mi nombre es Melly, puedo llevarlos a un lugar mas... glup — Tome una pausa para mirar a los tres hombres y a la mujer tambien. — Mas de su estilo, esto es un chiquero. — Aunque tambien se que los piratas adoran los lugares sucios donde hay alcohol asqueroso y peleas.
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#6
La forma en como iban dando a luz diferentes personalidades, Dharma sabia que en algún momento llegaría la hora de reunir a aquellas personas que en diferentes momentos o debido a otros termino conociendo, pero la mejor forma parece ser cuando no se planea del todo. Por parte de Satsuki habían acordado verse en primavera en el Reino de Samba, sin embargo la chiquilla parecía haber olvidado un poco los datos, pero por lo menos había demostrado ser lo suficientemente fuerte y valiente como para encontrarse sana y completa en esta nueva isla para varios de los ahí presentes.  Por su parte el espadachín dejaba que aquellas nuevas figuras que comenzaban a externar sus diferentes saludos lo hicieran pues a cada uno le dedicaría lo necesario para ser correspondido, aprovechando que el encargado de la barra le había servido su vaso con agua tonificada con naranja, un gusto peculiar que se daba de vez en cuando, dado que prefería evitar el alcohol, pues todo aquello que le debilitara el cuerpo no tendría cabida en su organismo.

| Bueno Satsuki si pasaras menos pensando en letras con tu laud y poniendo atención tu entenderías el por qué decidiste venir a Samba niña | Decía en su habitual tono y bastante relajado, podía ser escuchado por la mayoría que se encontrara ahí cerca, algo que no le incomodaba al pelinegro. Mientras esto sucedía y con la intención de presentar a Sanemi, de repente la sensación de que algo estaba diferente hacia presencia de una forma bastante enigmática, era uno de los tripulantes de los piratas Rakshasa, Tensui un Gyojin bastante fuerte el cual pudo convencer de unirse al a tripulación hace ya un buen tiempo y la temporalidad pactada había llegado a su limite | Tensui...tu mas que nadie sabe lo que tenemos pendiente en este Reino. | Le mencionaba no como una advertencia, sino como un recordatorio de aquello que habían planeado hace ya un buen tiempo y que Tensui había estado resolviendo a su manera, si bien el espadachín  de cabellos azabaches no era un ser caritativo por simple convicción la idea de "ayudar" a cierto sector vulnerable en esta isla, le venia bien para dejar sin dinero a los malandrines de mas bajo escalón. 

| Me da gusto verles, ustedes son parte de mi tripulación, aquí esta Sanemi Toge un buen aliado y compañero de guerra, Satsuki Kaminari, una artista callejera que puede moverse y distraer al más serio y torpe del mundo, algo que nunca viene mal, Tensui el Gyojin en búsqueda de una libertad para otros que en su momento no tuvo... suena un poco nostálgico pero es un gran guerrero también | Mencionaba sin dilación hasta que una señorita de apariencia "especial" se deslizaba con una elocuencia única, distrayendo a Dharma no por interés, sino por curiosidad, suponía que aquella Gyojin tan peculiar venia con Tensui y sino, era bastante atrevida. | ¿Supongo qué es conocida tuya? | Sentenciaba con calma, para poder entender dicha intromisión, la cual no se lo tomaba con severidad, también comprendía que estaban en un lugar bastante publico| Melly tienes algo de razón creo que podría ser una opción, pero tomemos un momento más, pocas veces podremos disfrutar de esta calma y desinterés tan natural. | 

Las palabras de Dharma eran reales y sinceras, pues los tiempos se irían complicando cada vez más y quizá en unos meses el simple hecho de querer beber algo o comer algo de forma discreta seria muy difícil sin llamar la atención por el precio de sus cabezas, al menos la de él, era consciente que sus actos estaban comenzando a ser un poco mas relevantes en este mundo y más en los blues. Y por ende había que tener un poco más de precaución pero que un verdadero pirata sabia que ser reconocido era sinónimo de fortaleza, así  que el ideal de un pirata para Dharma era parte de lo mismo, que apenas por ahora comenzaba a surgir
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#7
Una nueva isla trae consigo muchas cosas, agradables o no, son parte de todo este proceso. El bar es uno de estos sitios especiales donde todo tipo de persona se reune con distintos fines, desde el solo divertirse hasta encontrar información importante. En este caso par Rakshasa, tenía el fin de reunirse con nuevos integrantes, integrantes que el peliblanco aún no conoce de nada. Mientras daba el primer sorbo de su cerveza logró escuchar la voz de una mujer bastante llamativa, no por el tono sino por su forma de expresarse.

De un momento a otro Sanemi tenía jugo de fruta derramado sobre él, el olor le llegaba hasta el cerebro, por describirlo de alguna forma producto de un escupitajo lanzado por la nueva presencia se podría presumir que de forma intencional, pero sus palabras estaban demasiado lejos de ser una disculpa. En el semblante de Sanemi se dibujaron venas que cruzaban por distintos lados, mientras apretaba su puño y con ello fisuraba el vaso con la bebida alcohólica -¡Maldita niña! -Pegó un golpe con su mano derecha sobre la barra para pararse y tenerla frente a ella.

Esto usualmente sería otro tipo de escena y le echaría la bronca sino fuera porque a su costado apareció una presencia del suelo lo que llamó su atención de forma distinta. Era un Gyojin bastante peculir y el hecho de que tuviera una relación directa con Dharma siendo de lugares tan distintos, era un poderoso llamado de atención- Oe... oe... Dharma -No pronunciaría más palabras, seguro que su compañero entendía el mensaje. No lo preparó mínimamente para este momento. Sabe que el interactuar con personas de inicio es algo que no le pega para nada -¿Con cuántos de estos personajes has quedado? -Esto último hizo que bajara sus revoluciones. Dio un suspiro y se calmó un poco al entender que serían parte del mismo grupo, y entendiendo los pensamientos que, en un inicio juntó al duo, debían de ser personajes que aportarían -Como indica... Soy Sanemi -Escueta presentación -Me debes una... -Dijo para la de cabellos rubios.

El peliblanco se comenzó a sacudir sus prendas superiores y su cabeza que fueron las más afectadas. No podía pelear con quienes integrarían la tripulación, no estaba dentro de su comportamiento. Una presencia más interrumpió, otra gyojin que por, propia iniciativa, se acercó al ahora, ruidoso grupo, por lo que las miradas comenzaban a acecharlos. Insinuiaba irse a otro lado, pero el hacerlo simplemente captaría más la atención, por lo cual estaba de acuerdo de seguir un poco más como indicaba Dharma.

Un bar suele ser problemático y más cuando está tan lleno como ese, confía plenamente en sus habilidades de pelear, pero no dimensionaba como podría ser en el resto, esto debaja una duda razonable en el aire. Sanemi movió sus ojos de un lado al otro, solo para darse cuenta de que algunos ya no les bajaban la
mirada.
#8
En un grupo siempre hay una persona con un humor de perros y Satsuki encontró la suya en el hombre que se enfadó por ahora oler a cítricos. Los hombres nunca estaban contentos con nada. Se paró de puntitas para hacerle frente y frunció el ceño. Había sido un accidente, tampoco era para tanto, pero la gente solía subestimarla por ser tan bajita y menuda. Infló las mejillas, preparada para patearlo antes de correr cuando la voz de Dharma los interrumpió.

— ¿Venir a Samba? —miró hacia arriba, procesando la información—. Pues… era el siguiente puerto en mi camino —lo señaló—. ¡Ah!

Se sobresaltó cuando más personas comenzaron a aparecer, acercándose a su viejo conocido. Hizo una elegante reverencia cuando la presentaron a esa gente extraña, pero —curiosamente— interesante, después de todo la primera impresión siempre era la más importante. Los ojos dorados de Satsuki se abrieron con ilusión cuando otra chica apareció, invitándolos a dejar ese sitio e ir a un lugar con más clase.

—Al menos no tendrás que bañarte —murmuró Satsuki a Sanemi—. Deberías agradecerme —se giró hacia Dharma y lo miró con reproche—. ¿Esperar? ¿Por qué?

La calma era una mala compañía, traía pensamientos y recuerdos, así que Satsuki se giró a la barra y pidió otra bebida, mientras se iban presentando. Hizo lo que, normalmente, no hacía: quedarse callada y escuchar. Disfrutaba de su nueva bebida frutal y analizaba a los ‘‘aliados’’ de su colega. Un malhumorado y dos Gyojin interesantes. Salvo por el tal Sanemi, la tripulación era aceptable. Comenzó a hacer ademanes como si quitara algo alrededor del hombre.

—Iugh —siguió arrancando ‘‘cosas’’—. ¿Qué nunca te habían limpiado el aura? —negó con una mueca—. Estás todo polvoriento, con razón eres tan gruñón, ue —miró a la exótica mujer y le guiñó un ojo—. Tú estás excelente.

Satsuki realmente no estaba muy convencida de esto, pero después de todo lo que había pasado en los últimos años, la idea de estar sola otra vez la aterraba de una forma irónica. Sus ojos pasearon rápidamente por el resto del lugar, dándose cuenta de que —quizá— estaban llamando demasiado la atención. Buscar la salida y prepararse para correr era la decisión más sensata, así que aferró su laúd discretamente. Llevaba dentro de sus bolsillos, las bolsas de berries que había robado y su preciada lista. Esa que mantendría hasta cumplir su promesa.

—Creo que ya estás decente —se separó de Sanemi—. Bueno, amigos, hermosa reunión, todos muy majos y lindos, pero aquí se rompió una taza…
#9
—Sí, es amiga mía y desafortunadamente también es una maleducada —admití sin rodeos. Conocía demasiado bien a Melly como para intentar negarla. No tenía sentido fingir sorpresa, si estaba allí, era casi seguro que me había seguido. No por preocupación, ni por lealtad, sino por instinto. Donde yo iba, ella veía oportunidades, bolsillos descuidados, cofres mal cerrados, gente demasiado confiada, robar no era solo lo que mejor se le daba, era su lenguaje, su forma de sobrevivir en un mundo que nunca fue amable con ninguno de los dos.

Crucé los brazos y desvié la mirada apenas un segundo, lo justo para confirmar que no estuviera causando problemas en ese preciso instante. —Pero hay algo que sí puedo asegurarte —continué, volviendo la vista hacia él —Si necesitas que algo desaparezca, lo hará. No importa si es grande, pequeño, pesado o ridículamente imposible de mover. — Solté un resoplido bajo, mezcla de resignación y confianza.

—La dificultad no la detiene. Los cerrojos no la intimidan y las trampas bueno, suele burlarse de ellas como si fueran una invitación personal. — Me quedé en silencio un instante antes de añadir, con total honestidad. —No es buena persona, no es educada y definitivamente no sigue órdenes como debería, pero si hablamos de robar, infiltrarse o salir de un sitio sin dejar rastro Melly es la persona correcta. — Incliné ligeramente la cabeza hacia Dharma. —La muchacha sabe lo que hace, aunque jamás lo admitirá en voz alta, y probablemente intente cobrarte el doble mientras sonríe. — Fui claro, porque prefiero que esté con nosotros a que siga en las calles con peligro de que algún marine pueda algún día atraparla y acabar con ella cruelmente.

—En cuanto a los demás —dije entonces, dejando que mi voz descendiera un tono, más grave, más pesada —Soy Tensui Marlin. Un gusto conocerlos.— Mis ojos se desplazaron con calma hacia Sanemi y luego hacia Satsuki. No los evalué como amenazas, pero sí como piezas. La costumbre de medir a quienes me rodean nunca desaparece del todo, menos después de tantos años sobreviviendo entre piratas, cazadores y traiciones mal pagadas. Ambos tenían algo distinto en la mirada, no eran civiles comunes, tampoco simples acompañantes, había experiencia ahí, aunque aún no sabía de qué tipo.

Mientras los observaba, una imagen cruzó mi mente sin pedir permiso, un recuerdo. Alguien que no estaba en Samba en este momento, pero cuya presencia se sentía incluso en la distancia. Un hombre al que respetaba, no por simpatía, sino por capacidad. Un médico como pocos, de esos que no tiemblan al abrir un cuerpo ni al cerrarlo, incluso cuando el paciente ya no respira, pensar en él me hizo apretar la mandíbula apenas. Giré el rostro hacia Dharma. —Hay alguien que quiero presentarte más adelante —añadí —Un médico. El tipo es increíble.— Hice una breve pausa antes de continuar, dejando que el peso de mis palabras se asentara.

—No habla demasiado, no sonríe casi nunca y tiene un carácter de mierda pero cuando se trata de salvar vidas o destrozar cuerpos, no hay nadie mejor. — Crucé los brazos con calma. —Ahora mismo no está en la isla, pero sé que llegará pronto. Cuando eso pase, quiero que lo conozcas. No te arrepentirás. — Mi mirada volvió al grupo. —En este mar es difícil confiar en la gente —concluí —Pero cuando encuentras a alguien que hace bien su trabajo vale la pena mantenerlo cerca.—
#10
—¿No crees que tienes demasiada estima en mis habilidades, Ten? —expresé, ladeando un poco la cabeza mientras miraba al gyojin que me había presentado a sus compañeros. Mi voz sonó ligera, casi modesta casi, porque aunque lo dije como broma, había un hilito de verdad escondido ahí. Bajé la mirada un segundo, como si me diera pena el halago, mientras mis dedos jugaban distraídamente con el borde de la barra. —Glup—. A veces es mejor que la gente piense que exageran contigo, así nunca miran dos veces cuando algo desaparece justo después.

Lo que decía no era mentira, puedo robar y hacer desaparecer cosas en un santiamén y desaparecer yo en el proceso, es cuestión de ángulos, distracciones y saber cuándo alguien se siente demasiado seguro, la confianza ajena siempre ha sido mi mejor escondite. Le regalé una sonrisa pequeña, de esas que parecen tímidas pero no lo son tanto. —Igual prometo portarme bien, por ahora —lo dije con esa sonrisita suave que siempre suena más inocente de lo que debería, porque justo en ese mismo instante, sin que casi nadie lo notara, en mis manos ya descansaba la bebida de Dharma.

La copa había cambiado de lugar con la naturalidad de una corriente marina, un gesto pequeño, un giro del cuerpo, el leve roce de un tentáculo que distrae más de lo que parece, nada brusco, nada sospechoso. Solo un movimiento más dentro del ruido del bar, la observé un segundo, curiosa, como si recién me diera cuenta de que no era mía. Parpadeé, ladeé la cabeza y fingí confusión perfecta. —Ay ¿esta no era mía verdad? —murmuré bajito, aunque no hice el menor intento por devolverla todavía, a veces robar no es por necesidad ni por valor, a veces es solo para sentir que el mundo sigue siendo algo que puedo sostener entre los dedos, aunque sea por un rato, antes de que alguien note el vacío que dejé.

La hice girar despacito entre mis dedos, observando cómo el líquido atrapaba la luz del bar y la devolvía en destellos ámbar, olía fuerte, aunque dulce al principio, pero con ese golpe ardiente que siempre me toma por sorpresa, arrugué apenas la nariz. Mala idea, Melly. Muy mala idea, pensé, aun así, levanté la copa un poco, como si estuviera brindando con nadie en particular. Mis ojos, mientras tanto, no estaban en la bebida, sino en los reflejos del vidrio, en los movimientos detrás de mí, en los labios que hablaban a medio metro de distancia, escuchar sin oír, mirar sin parecer que miro.

Di un traguito pequeño y sentí el calor bajar por mi garganta y expandirse en mi pecho como una fogata traicionera. Tosí suave, intentando disimular, y parpadeé un par de veces mientras una risa nerviosa se me escapaba. —Glup—. Mis mejillas tomaron un tono más rosado de lo normal, y no precisamente por encanto, apoyé el codo en la barra con aparente tranquilidad, aunque por dentro ya notaba ese mareíto traicionero que siempre llega antes de que yo quiera, no estoy hecha para esto, mi cuerpo es más de corrientes frías y agua salada que de incendios líquidos.

Miré de reojo hacia donde estaba Dharma, calculando cuánto tardaría en notar la ausencia de su vaso y si se enfadaría o se reiría. Sonreí para mí misma, ladeando la cabeza, aunque bueno, si se molesta, siempre puedo llorar un poquito, decir que pensé que era cortesía de la casa, o inventar alguna historia triste sobre brindis marinos y tradiciones que no existen, las mentiras fluyen casi tan fácil como el alcohol aunque me tumben igual de rápido.
[Imagen: Yp0arSh.jpeg]


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