[Aventura T3 - P. Absoluto] - Bajo la Piedra de Sorbet
#21
Tuerca avanzaba con el cuerpo inclinado hacia delante, con un foco claro, aplastar a la muchacha que había herido a su amado.
No lo vio venir.
El primer golpe impactó en su mejilla con un chasquido seco, más insultante que doloroso. El segundo llegó casi al mismo tiempo, sacudiéndole la cabeza. No fue un impacto demoledor, pero sí lo bastante rápido como para descolocarla. Sus colmillos chocaron entre sí y un gruñido áspero escapó de su garganta mientras frenaba en seco, clavando los pies para no perder el equilibrio.
- ¿QUÉ COÑ…?
El aire se agitó frente a su rostro.
Antes de que pudiera levantar una de las katanas, algo se le subió por el cuerpo.
Ligero. Antinatural. Vivo.
Sintió el peso desplazarse desde el hombro hasta la cabeza, como una criatura trepando sin esfuerzo, aferrándose a su cráneo. Los músculos del cuello se tensaron de inmediato y un rugido de rabia brotó de su pecho al comprenderlo.
- ¡BAJA DE AHÍ, MALDITO INSECTO!
Levantó uno de los brazos, intentando alcanzarse la cabeza, rompiendo su propia guardia sin darse cuenta.
Fue un error.
El impacto llegó desde abajo.
Un puñetazo brutal le golpeó la pierna con una violencia que le recorrió el cuerpo entero. El hueso vibró, la carne protestó, y la semi-oni soltó un alarido involuntario al sentir cómo la fuerza se le escapaba del apoyo. La rodilla cedió apenas un instante, lo suficiente para que su postura se rompiera por completo.
Antes si quiera de poder reaccionar a nada, recibió otro golpe más. 
Un corte limpio, devastador, abrió el gemelo con una precisión cruel. El dolor fue inmediato y absoluto, arrancándole un bramido que resonó por toda la arena. La sangre brotó caliente mientras la pierna se le doblaba, obligándola a clavar una katana en el suelo para no caer de rodillas.
Respiraba con dificultad ahora.
El pecho subía y bajaba con violencia.
La rabia seguía ahí, intacta… pero el cuerpo empezaba a traicionarla.
Con el rostro torcido por el dolor y los colmillos al descubierto, Tuerca se quedó inmóvil durante un segundo eterno, con una criatura sobre su cabeza, una pierna destrozada y enemigos rodeándola.
No estaba derrotada.
Pero por primera vez desde que había pisado aquella arena, estaba siendo acorralada.
Y eso…
Eso la hacía aún más peligrosa... 
Tras unos segundos de recomposición, se paró a pensar en su compañero, en su amigo, en su amante. Tornillo lo era todo para ella, y no pudo aguantar más. 
Por un momento se imaginó abandonando esta vida sin su amado, dejándolo a su suerte contra esos tres... y la rabia empezó a subirle desde abajo, sintiendo como iba llenando su cuerpo, poco a poco, enfureciéndose cada vez más hasta que gritó de pura furia. 
- ¡¡¡¡GHAAAA!!!! ¡¡NO DEJARE A TORNILLITO SOLO!!
Buscó desesperadamente un sitio donde volcar toda su rabia interior, y lo único que estaba a su alcance dentro de su rango de visión fue a Barald, el espadachín. 
Tuerca lanzó un ataque desmedido, sin ningún tipo de estudio previo ni táctica , solo quería destrozar algo, y por cercanía, ese algo iba a ser el muchacho. 

Tornillo vio como su querida Tuerca recibía golpe tras golpe, sin el poder hacer mucho al respecto, así que enfadado como una mula, empezó a avanzar a donde estaba ella, con toda la intención de ayudar a su señora. 
- Eh... ¡No le peguéis!


INFO
#22

El grito de Tuerca no hizo que la araña bajara de su cabeza, todo lo contrario, se preparó para ser amenazado por las garras de la colosal mujer. Aunque estas jamás llegarían a donde él se encontraba, pues su pareja de combate sabía comprender a la perfección sus señales.

“Kekeke eres la mejor Runin.” Pensó agradecido al contar con ella. Aunque un segundo impacto se escucho desde su lugar, el mismo que hacen las katanas chocando contra la carne y si sus oídos no fueran tan agudos para percibirlo, el grito de Barald anunciando su acometida lo haría primero. “Buena elección.” Celebro el buen juicio que el peli negro habría tenido, lo que dejaba a la oni de cabello rojo en una posición muy comprometida en contra de 3 oponentes.

Era el momento, la oportunidad para que Tornillo actuara desatando su preocupación, su furia, su enojo, ¡algo!, ¡un batazo desde su posicion!, ¡un ataque!, ¡una mala mirada maldita sea!, pero no.

Quien tenía los pantalones en la relación por completo era Tuerca.

De forma desesperada y viéndose acorralada tras los ataques de sus enemigos, la iracunda voz de la mujer emergió de su interior.

- ¡¡¡¡GHAAAA!!!! ¡¡NO DEJARE A TORNILLITO SOLO!! –

La amable voz resonó en urgencia, obligando a Ryota que no paraba de temblar, a asomar la mirada de sus ocho ojos por sobre la cabeza de Tuerca para ver lo que planeaba.

Gracias a eso pudo verlo.

La mujer giró su cuerpo con maestría para desatar un furioso ataque en dirección a quien se encontraba más cerca.

Barald solo notaría cómo el violento ataque se detenía abruptamente frente a él.

“¡Tornillo detente o Tuerca se muere!” La voz de Ryota, transformado en su forma híbrida, resonó con urgencia y un tono agudo, lo que evidenciaba un terror absurdo por esa maldita transformación. Se encontraba arrodillado sobre la cabeza de Tuerca, con dos de sus seis brazos entrelazados por las manos, señal de que acababa de descargar un golpe martillo sobre la fémina, lo bastante doloroso como para obligarla a detener su ataque.

En un instante, su cuerpo volvió a cambiar, ahora a su forma humana, con la que no dejó de ver amenazante a tornillo y mientras esperaba que alguno de sus compañeros supiera entenderlo.



“¡Tira tu arma y ríndete! ¡O ella morirá!”

Amenazó con lo que podría pasarle a la peli roja, quizás ella tendría algo que objetar, pero esperaba que la amazona que siempre lo acompañaba volviera a hacer de las suyas o que el peli negro tuviera otra buena elección en su arsenal.

Esperando ello, saltó de la cabeza de Tuerca unos 4 metros al costado izquierdo.

Quizás todos los espectadores comenzarían a reír, ¿alguien rindiéndose en la arena? ¿Qué no quedó lo suficientemente claro cuando la mujer Gyojin murió minutos atrás?

Las peleas de la arena eran a muerte, pero Ryota sabia algo que el maldito gordinflón con pistola dueño de ese pútrido lugar aun no sabía.

“¡Alexander! ¡Antes de que mates a alguien piénsalo bien bro! ¡Podrías desencadenar una maldita guerra en tu arena!” Ese nuevo grito alertaba a Alexander, no desvió su mirada de Tornillo, pero si se dirigió en voz al organizador de la arena, quien podría volver a hacer gala de sus disparos para redirigir el combate a lo que le diera la gana.



“¡¿O vas a decirle a todo tu público que las apuestas en la arena no son absolutas?! ¡¿Harás que todos piensen que tu arena es corrupta?! ¡Kekekeke de hacerlo nadie nunca más volverá a apostar aquí un solo Berry!”

Era una lástima no voltear a ver al gordo, pero era lo suficientemente listo para no apartar la mirada de su oponente.

De todas formas, no importaba lo que hiciera Alexander en ese momento, porque si el plan de Ryota había tenido éxito, pronto las celdas de los peleadores se llenarían de gritos y algarabía.

Mira que dejar apostar a tus peleadores antes del encuentro… existía una razón por la que eso no estaba permitido en las casas de apuestas y el pirata de cabello castaño, adicto a las apuestas, daría una cátedra de cómo embaucar a la casa.

¿Qué estaría por suceder?, ¿Cómo reaccionarían todos los presentes?, ¿La narrativa los acompañaría? Todo eso y más, en el siguiente post.

INFO
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#23

¿Refriega o asedio? ¿Hasta qué punto el enfrentamiento se ha convertido en apabullante coacción hacia Tuerca? La fémina de rojizas hebras exclama alaridos a gritos cuando la pierna cede y la katana es la única compañera en el campo de batalla que logra mantenerla en su posición. ¿Y Tornillo? ¿Dónde se encuentra aquel por quien la oni continúa combatiendo? Rezagado, confundido, incapaz de proteger a su compañera. ¿Tortolitos? La palabra no suena dulce o agradable en la mente de la amazona, ha cambiado para generar profunda repulsión y apatía después de los actuales acontecimientos.

Tuerca demuestra que no requiere respaldo alguno, aún cuando el dolor surca su expresión y la impotencia flagela su cuerpo, decide que es tiempo de volver a atacar, se nota en su mirada, su ira, su postura. Su objetivo: Barald. Ante ello una serie de cuestiones se aglomeran en la mente de la morena como una intrépida corriente sin forma, orden o lógica.

¿Qué debería hacer? ¿Alcanzará a detenerla? ¿Podrá hacer algo al respecto? ¿No es peligroso que reciba otro golpe directo? ¿Cuánta fuerza le queda a Tuerca? ¿Tornillo al fin decidirá moverse para golpear también al pelinegro?

Da igual.

Sabe que no debe pensarlo demasiado, que hay alguien más en la arena que puede intervenir y lo hace, Ryota siempre lo hace. Empleando la fuerza, la astucia y las palabras, busca detener a aquella pelirroja que ha perdido del todo la razón.

Así es como la amazona no busca tiempo para analizar ninguna de las tantas interrogantes. El cuerpo reacciona antes que la mente, lo nota al sentir el cambio de dirección del aire contra su rostro, refrescando su mejilla; se percata de ello cuando su salto recto a velocidad le lleva a encontrarse nuevamente contra la adolorida pierda de la oni o cuando su puño derecho impacta sólidamente contra los gemelos, haciendo que su guante se llene de sangre. Un golpe bajo. ¿Por qué no habría de hacerlo? Sus compañeros no solo están jugando su dinero en aquel campo de batalla, están jugando sus propias vidas.

La nublada mente de Runin se estabiliza lo suficiente como para percatarse de no haber sido la única en hacer de las suyas. Su compañero de aventuras no se quedaría de brazos cruzados, nunca lo hace, por más esfuerzo que eso pueda significar, a veces hasta se arriesga a trabajar sin darse cuenta.



Tan sagaz, cariño.

Piensa y en sus labios figura una sonrisa. Su golpe no debe haber sido devastador por sí mismo, le ha faltado fuerza y se lamenta por ello. Eso solo significa que debe hacer eso a lo que tanto suele huir o que oculta a los demás: Entrenar.

Retrocede tan solo un par de metros para poder observar el panorama y ver la condición y acciones de Barald. ¿De qué habla Ryota? ¿Ha perdido el sentido o repentinamente tiene ganas de recibir un balazo? Ir contra Alexander en medio de un combate es jugar directamente contra la casa. La confusión hace mella en el rostro de la fémina, aún así no busca mirarlo ni evidenciar las dudas que alberga su mente, no, su concentración aún se encuentra en el combate, en el inútil de Tornillo que no ha logrado mover un músculo para proteger a su amada y en la valiente y estúpida Tuerca que lo está dando todo por nada.

Después podrá jalar mejillas y exigir explicaciones antes de derretirse en carcajadas porque lejos de sentirse inquieta o molesta, algo llena su espíritu combativo. ¡El maldito pez gordo entrará a la sartén! ¿No es acaso emocionante más que terrorífico? Lo único que debe hacer es depositar su confianza, si sale bien o si sale mal, es lo de menos.

OFF ROL
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#24

La sangre de una semi demonio por fin cayo bajo la piedra de Sorbet. Filo negro, como así lo llamaban en aquel lugar de peleas clandestinas había cobrado venganza al manchar sus armas de sangre por primera vez en el combate. Tras el ataque quedo mirando a lo lejos a Tornillo en el mismo sitio que había pegado su doble machetazo característico de los domingos ¿se cansaría algún día de repetir mugen de manera infinita? es posible que no. Una vez más agradeció al maestro sus enseñanzas con la espada, no dejaba de ser un hombre normal y corriente de 70 kilos que ahora, mostraba estar a la altura de tal conflicto en el que se había visto envuelto, Ryota era el tonto no tan tonto del team, Runin daba puñetazos luminosos que podrían provocarte una incapacidad del 33% si te daba en la cabeza y por último estaba nuestro querido amiwito vestido de comercial inmobiliario con herida en pecho y habilidades punzantes. ¿Un equipazo verdad? La anterior acción del equipo había hecho mella en el cuerpo del enemigo, tras su ataque combinado el espadachín escucharía el rugido de la Oni justo antes de atacarlo lo que le haría perder la atención al gigantón, volviéndose a centrar en la que hasta el momento parecía ser la más peligrosa. Sonaba preocupada por su amorcito a la par que enfurecida y eso, a pesar de que le quedara poco tiempo consciente; la hacía una rival poderosa sin lugar a dudas. Antes de que la misma dijera sus palabras, el muchacho había cambiado de pose a una más controlada que la anterior, manejando ahora una sola katana, en este caso su katana predilecta, Nishiki, habiendo guardado la anterior en su vaina. El rugido de Tuerca y sus palabras alertaron al muchacho de lo que se le venía encima a lo que decidió prestar más atención a la misma y dejar de mirar a Tornillo, elevando la mirada para ver como con rabia blandía su arma de nuevo; seguía siendo rápida, muy rápida, tanto que a pesar de que se hubiera dado cuenta de que posiblemente se le venia un nuevo ataque gracias a sus palabras de furia, ni si quiera pudo verlo con claridad. En cosa de un parpadeo el arma de tuerca se aproximaba hasta Barald en una demostración de violencia sin medida. 

El tamaño de su arma era mucho mayor que el cuerpo del pelinegro ¿lo partiría por la mitad? en cuanto quiso dar cuenta ya el arma estaba apunto de golpearle pero de pronto, se frenó en seco, como si algo hubiera hecho desconectar su cerebro por unos 3 segundos más o menos interrumpiendo sus funciones motoras, dejando el arma frente al muchacho sin llegar a darle. ¿3 segundos? Gracias Ryota. Vio llegar a la amazona que ahora golpeó de nuevo satisfactoriamente en Tuerca a lo que el muchacho, con ambas piernas flexionadas decidió liberar la tensión de las mismas, impulsándose como un proyectil dando otro salto a ras del suelo igual que había estado haciendo todo el combate, aunque esta vez en otra dirección: recorrería 3 metros hacia su lado izquierdo lo más rápido que pudiera dando un corte horizontal en su pierna izquierda a la altura de la tibia en cuanto la tuvo dentro de su rango de acción, pasando de largo tras su acometida hasta colocarse cerca de Ryota. - Easy bro. - Las palabras del muchacho serian escuchadas por su compañero arácnido ahora que se encontraba justamente al lado. Su katana Nishiki había conectado por segunda vez en la piel de Tuerca al igual que el golpe de Runin, no creo que pudiera aguantar más daños. Aunque no estuviera muerta, si que habían logrado "desconectarla", ya no podría pelear más ni si quiera moverse debido a todos los ataques sufridos en las piernas, caería pronto al suelo derrotada, era cuestión de tiempo.

Barald quedó mirando en dirección contraria a Ryota, justamente donde estaba Alexander en la grada. Lo miro desde la arena mientras le hacía una "dedicatoria" tras las ultimas palabras de Ryota. Barald no comprendía la magnitud de los hechos de su compañero, pero quería demostrarle a ese tipo que se la pelaba en el sentido literal de la palabra, su cara no era de alegría aunque desde aquella distancia no lograría percatarse bien de su cara, una verdadera lastima, no obstante ... si el plan del jefazo era soltar a estos dos tortolitos para acabar con sus vidas y así ganar una vez más con sus apuestas... su plan maestro se estaba yendo a la mierda. Aunque todo eso todavía estaba por ver puesto que aun quedaba alguien en pie. Dio media vuelta para ahora quedar mirando a Tornillo, preparado aun con la katana ahora si empuñada por las dos manos de nuevo. - No esta muerta, pero ahora ya no tenemos que preocuparnos de ella ... - Realizo con fuerza un movimiento rápido hacia abajo para disparar la sangre de su hoja contra el suelo, ahora quedaría reluciente igual que al principio del combate. - No moriré aquí ... ese no es mi destino amigo. - Dijo el muchacho. Había estado tan concentrado en el combate que había olvidado incluso su propia adicción a la nicotina, estaba enfocado, listo para pelear una vez más, aunque cabía la posibilidad de que el grandullón se rindiera, Barald permaneció alerta de igual manera, listo para seguir con el combate.

Off

[Imagen: FIRMA.jpg]
#25

Oficina de Alexander. Antes del combate. 
El ancho hombre llegaba a su despacho después de charlar con los nuevos participantes. Aunque él ya no pensaba en los combates de hoy, pues acababa de sentenciarles a muerte tras pedir que enviasen a la pareja de gigantes a la arena para enfrentarles. Tras estar un rato cavilando y trabajando en otros asuntos de la arena, mientras bebía una copa de un licor caro, picaron a su puerta. 
La información llegó sin mucho ruido, como llegan siempre las cosas importantes en sitios como este. Uno de los encargados de apuestas se asomó por la puerta, con una tablilla apretada contra el pecho y una mirada seria, pero llena de preocupación. No había prisa en sus pasos, era un profesional al fin y al cabo, esas cosas no se deberían notar a simple vista. Alexander seguía observando unos papeles de su mesa, los dedos marcando un ritmo lento sobre el escritorio, sin apartar la vista del trabajo.
- Señor Alexander -murmuró el hombre- Están entrando apuestas repetidas. Bastantes.
Alexander no respondió de golpe, se quedó pensativo. El murmullo del público seguía creciendo abajo, ajeno a todo. Los focos bañaban la arena, la expectación del siguiente combate cada vez estaba mas presente. Todo parecía normal. 
- ¿Repetidas cómo? -preguntó al fin, sin mirarle todavía.
- Mismas condiciones. Mismos supuestos. Diferentes nombres, diferentes manos… pero el mismo patrón.
Los dedos de Alexander se detuvieron.
Por un instante, su mente se alejó del presente y volvió atrás, a lo que debía haber sido aquella noche. El plan original no contemplaba sorpresas. La gyojin y compañía iban a convertirse en el nuevo espectáculo del mes. Symic había conseguido llegar hasta allí, pero solo a base de oportunidades dadas por Alexander y compañía, y hoy les había vuelto a fallar. El nuevo trío era desconcertante, pero al haber provocado de esa manera a la arena en sí, les había caído también el yugo de la pareja gigante. Quizá hubieran sido buena carnaza, pero Alexander ese día no estaba de humor, prefería empezar con otro plan distinto. 
Sin embargo, algo había cambiado. Agarró el papel de las apuestas, revisando cada una de ellas. 
Alexander entrecerró los ojos, pensando ahora las posibilidades con una atención distinta. No estaba evaluando la potencia de los golpes ni el favor del público. Estaba pensando en comportamientos, acciones, palabras, futuros y herramientas, sobre todo herramientas. Tras unos segundos salió de sus pensamientos. 

- ¿Cuántas apuestas? -preguntó finalmente.
- Las suficientes como para que puedan ser un problema -respondió el staff- Y siguen entrando.
Alexander exhaló despacio por la nariz. No era una risa, pero tampoco un gesto de enfado. Apuestas amañadas no eran una novedad en el circuito. Siempre había algún listo que creía haber encontrado un resquicio, una forma de burlar a la casa. La mayoría acababan muertos o endeudados de por vida.
Pero esto era distinto.
Esto no era un jugador desesperado.
Era alguien confiando en que el sistema reaccionaría como siempre, quizá alguien que contaba con más respaldo del que parecía a simple vista. ¿De dónde habían salido esos tres? ¿Les habían investigado lo suficiente? ¿Acaso era un golpe desde el exterior? ¿Un ataque medido y calculado para volver a intentar hundirle? Muchas preguntas aparecían en la mente del capo de la arena. 
- ¿Detenemos las apuestas, señor? -preguntó el encargado, con cautela.
Alexander levantó por fin la cabeza y lo miró. Su expresión no era airada, ni preocupada. Era calculadora.
Durante unos segundos no dijo nada. En su mente, las opciones se ordenaban solas. Si detenía las apuestas, parecería débil. Si intervenía demasiado pronto, confirmaría que había algo que ocultar. Y si aquel tal Ryota, o quien estuviera detrás, pensaba que había encontrado un vacío legal, cerrarlo de golpe sería admitir que existía.
Alexander sonrió, lento y contenido.
- No - tomó un trago de su licor - Que sigan.
El encargado alzó la vista, sorprendido y dubitativo.
- S-Si señor...
Tras esto, el combate empezó, llevando a todos los contrincantes a la arena, y Alexander fue hasta su palco, dispuesto a ver que ocurriría con esos tres. 
Por primera vez en toda la noche, el combate empezó a interesarle de verdad. Tal vez Tornillo y Tuerca cumplirían su función. Tal vez no. Pero si aquellos tres conseguían sobrevivir… si lograban derribar lo que estaba diseñado para destruirlos… Entonces no serían un problema. Serían una oportunidad. 
Alexander se recostó en su asiento, entrelazando los dedos frente al pecho, la mirada fija en el foso. Había descartado su plan inicial, no por prudencia, sino porque acababa de surgir algo mucho más interesante. Si alguien quería jugar contra la casa, la casa se aseguraría de que el juego continuara. Miraba su público, desde el más insignificante, hasta el más VIP de todos, aquello era lo que realmente valía, no el dinero, no las apuestas; la expectación, la excitación, la dopamina de ver tu luchador favorito aplastar a los demás como insectos, y todo aquello era gracias a él. Como el director de una orquesta, ponía cada instrumento en su sitio, y aunque la cuerda del violín se rompiese... El Show debía continuar. 

Presente...

Tuerca atacó sin pensar, con la katana alzada y la mirada clavada en Barald, decidida a destrozar lo primero que tuviera delante antes de que el mundo terminara de romperse, y en ese impulso ciego, mientras el rugido le subía desde el pecho, pensó fugazmente en Tornillo, en su maravillosa voz, en su torpeza, en cómo siempre estaba un paso por detrás y aun así era lo único que importaba, lo único que había merecido la pena en aquella vida de peleas y sangre; entonces todo ocurrió a la vez, golpes, gritos, y cortes. El cuerpo simplemente dejó de responder, la rabia no encontró dónde agarrarse, la fuerza se le escapó de las manos, y mientras caía, con la rodilla cediendo y la sangre manando caliente, su último pensamiento no fue la derrota ni el dolor, sino el temor y el miedo de si Tornillo estaría a salvo… y después, nada.

Tornillo no entendió lo que había pasado. Al menos no al principio. El chico araña le había dicho algo, pero ni siquiera le había prestado atención, ya que su amada había caído justo después. 
Vio a Tuerca atacar. Vio cómo levantaba la espada. Vio cómo la atacaron, cómo su cuerpo enorme se detenía en seco… y luego cómo caía. No fue una caída aparatosa, no fue un derrumbe espectacular: fue simplemente demasiado pesada para seguir en pie. El kanabo resbaló de sus manos y golpeó la piedra con un sonido hueco, casi triste. Tornillo dio un paso al frente, luego otro, lento, torpe, como si el mundo se hubiera vuelto espeso de repente.
- Tu… Tuerca… -murmuró, con su voz absurda, aunque ahora no hacía reír a nadie.
Se fue acercando poco a poco. La llamó otra vez. - ¡Tuerqui! - Luego más fuerte.- ¡TUERCA! - No hubo respuesta. Los ojos de Tornillo se abrieron de par en par, la mandíbula le tembló, y por primera vez desde que había pisado aquella arena, no levantó el arma, no gritó, no atacó. Llegó hasta su lado y solo se quedó allí, encorvado, enorme y pequeño a la vez, protegiendo con su cuerpo a alguien que ya no podía levantarse.
La arena tardó unos segundos en reaccionar.
Y luego explotó.
Un rugido recorrió los palcos, mezclado de incredulidad, júbilo y pura avaricia. Algunos gritaban los nombres de los vencedores, otros golpeaban la barandilla con los puños, muchos ya estaban contando ganancias que aún no habían cobrado. Las apuestas volaban de mano en mano, los corredores gritaban cifras, y más de uno reía con una mezcla peligrosa de alivio y codicia. No era compasión lo que llenaba el aire, ni siquiera sorpresa: era la seguridad de haber presenciado algo irrepetible.
La Bestia había caído.
El Muro se había quebrado. 
El público no cabía en sí, las apuestas habían funcionado, quizá no todas, pero si las suficientes como para que aquellos que habían hecho caso al muchacho se llevasen un buen pellizco. 

Fue entonces cuando el sonido de unos aplausos lentos, firmes, se abrió paso entre el clamor. acompañado con la luz centralizada de un foco.
Alexander apareció desde su palco, descendiendo los escalones con calma estudiada, como si todo aquello hubiera ocurrido exactamente como esperaba. Aplaudía despacio, con una sonrisa contenida, observando primero a Tornillo arrodillado, luego a Tuerca inconsciente… y finalmente al trío que seguía en pie en el centro del foso.
- Magnífico -dijo, sin alzar la voz- De verdad… magnífico, ¡maravilloso!
Los aplausos del público se intensificaron, contagiados por su presencia. Alexander alzó una mano, pidiendo silencio, y este llegó poco a poco, obediente. Sacó un Den Den mushi que estaba conectado con el sistema de altavoces de la arena, donde normalmente solo se oía al comentarista. 
- Esta noche -continuó- se ha batido un récord. En recaudación. En apuestas. En espectáculo. -Su mirada se deslizó por la arena como la de un dueño, revisando su propiedad- Y eso… eso no ocurre todos los días.
Se giró hacia los vencedores, la sonrisa afilándose apenas un poco más.
- Señoras y señores, recuerden bien lo que han visto hoy. Porque acaban de presenciar el nacimiento de nuestro nuevos participantes principales.
Una pausa. Medida. Deliberada.
- ¡Los Beastmasters!
La arena rugió de nuevo.
Alexander fue acercándose a ellos con las manos a la espalda, satisfecho, dominante, como si todo; las apuestas, la violencia, incluso la osadía de Ryota hubiera sido parte de su diseño desde el principio.
El show no había terminado. Solo acababa de cambiar de protagonistas. Alexander hixo ademán de guiarles por un lateral de la arena, para que le acompañasen hasta una de las oficinas. 

Mientras el ruido volvía a apoderarse de la arena y la atención se desplazaba hacia los vencedores, nadie anunció nada sobre Tornillo. No hizo falta. Un par de miembros del staff descendieron al foso con cautela, sin armas visibles, hablando en voz baja. El semigigante no opuso resistencia. Seguía allí, inclinado sobre Tuerca, cubriéndola con su cuerpo como si aún pudiera protegerla del mundo entero. Cuando por fin lo hicieron levantarse, fue despacio, con cierto respeto, y se lo llevaron. El cuerpo de Tuerca fue levantado por un par de miembros de la administración, casi del mismo tamaño que los tortolitos.Cuando se alejaban y desaparecían del foco principal, algunos juraron ver cómo Tornillo giraba la cabeza una última vez, buscando con la mirada a quienes habían derribado a su Bestia. Tornillo no era muy inteligente, ni tampoco muy avispado, pero Tuerca siempre le habia dicho quien era siempre el enemigo, y sabía de sobras que su amada no estaba así por culpa de los "Beastasmers", si no por la cabeza pensante, el director, el gerente, Alexander el capo.  

Alexander y el grupo de combatientes anduvo por un par de pasillos antes de llegar a unas puertas dobles, donde esperaban dos guardias de seguridad, los cuales abrieron las puertas para que los cuatro entrasen sin problema alguno. En cuanto el click de la puerta sonó, Alexander se sirvió una copa de licor, tomó un sorbo, y se giró hacia ellos. 

- Habéis dado un gran espectáculo -dijo al fin, con voz tranquila- El mejor desde hace semanas. 
No era un halago. Era un hecho. Se apoyó con una mano en la mesa, inclinándose apenas hacia delante.
- Y antes de que alguno piense que ha sido más listo que la casa… dejadme aclarar algo.
Alzó una de las tablillas de apuestas y la dejó caer sobre la mesa con un golpe seco.
No hubo rabia en su tono. Ni sorpresa. Solo certeza.
- Podría haberlo detenido. Podría haber cerrado las apuestas, disparado a alguien y seguir con la noche como si nada. -Alzó el vaso- Pero eso habría sido aburrido, el show es mas importante, mas divertido...
Un sorbo. Silencio.
- Habéis ganado hoy. Dinero, nombre, atención. -Hizo un gesto vago con la mano- Beastmasters. Al público le encanta poner nombres a todo este tipo de cosas.
Una pausa medida.
- Ahora formais parte del juego. - volvió a sorber su bebida - Pero solo sois una pieza muy pequeña en un tablero inmenso.

Alexander era precavido, seguía sin saber si esos tres venian de parte de alguien, o simplemente eran tan necios como para intentar meterse en este mundo de esta manera y salir indemnes. Por ahora los utlizaría. Tenia que conseguir su meta, y si para ello tenia que intercambiar una pareja de gigantes por un trio de niños, lo haría. Al final no eran mas que eso. Piezas en un tablero. Lo que el propio Alexander olvidaba, es que el tambien era una pieza, quiza algo mas grande, pero seguia siendo una misera parte del juego. 

Alexander dejó el vaso sobre la mesa con un sonido seco, pero no brusco.
Se enderezó despacio, rodeó el escritorio sin prisa y se detuvo frente a ellos, lo bastante cerca como para que resultara incómodo.
- No os he traído aquí para daros órdenes… todavía. 
Alzó la mirada, evaluándolos uno a uno. No como combatientes. Como herramientas.
- Lo que quiero saber ahora es sencillo.
Hizo una breve pausa. No dramática. Calculada.
- ¿Habéis venido a mi arena a ganar dinero? ¿A hacer ruido? ¿O acaso buscais algo mas allá?

Los combatientes quizá no eran del todo conscientes de donde se estaban metiendo, pero sus acciones tenian consecuencias, y ahora no podrían huir de todo aquello. Habían intentado retratar a un tipo peligroso, en frente de su propio publico. Esto no les saldría barato. 

INFO
#26

El dueño de la mirada color miel, fija en el gigante, jamás esperó que todo terminara de aquella manera. Tras haber amenazado al coloso y escuchar la caída de la semi-oni, llegó a creer que tenía una chance de éxito, que su plan daría frutos y que sería testigo de la expresión frustrada de aquel arrogante gordinflón.

Una lástima que nada de eso pasó.

Tras dejar su kanabo caer, lo primero que Tornillo hizo fue acercarse a su amada ignorando la amenaza del peli castaño.



“Eh, oye, espera, que la voy a matar… si no… te quedas… quieto…”

Imposible hacer entrar en razón a un tonto. El rubio simplemente caminó hasta ella para demostrar su preocupación. “…” Ryota estaba pintado en la pared por lo visto, aunque no era tan chota corta para asesinar a alguien que no podía defenderse. “No la maten, ya fue… lidiaremos con lo que pase.” Exclamo para Runin y Barald, el segundo era un sádico asesino, capaz se le iba la mano de nuevo.

Ryota solo guardó silencio, viendo a la pareja reencontrarse en un enternecedor momento, que demostraba al menos que sus sospechas sobre su relación eran ciertas, si se amaban. ¿Se habían rendido? Quién sabe, el tonto no dijo nada.

“Vale, am… Alexander si, eso…” Desvió su atención al enano, seguro de que el dueño del lugar estaría sorprendido, quizás preguntándose por la razón de los delirios del castaño.

¿No? No, nada. Estaba sonriendo y calmando al público que reaccionó en vítores tras  ver a los dos amantes reencontrarse.



“Nos pos… ta cabron…”

Opino, siendo él quien estaba sorprendido.

La voz del anfitrión resonó por toda la arena, haciendo gala de las ganancias que la pelea había significado para sus arcas. Para Ryota, la situación resultó frustrante; se limitó a observar con desgano cómo la fanfarria y los halagos se dirigían hacia Alexander en un hito sin precedentes.

Los beastmasters fué como los llamo, definitivamente eran bestias, tres asnos en un establo sin ninguna oportunidad.

Inhaló profundamente, llenando sus pulmones de aire, y lo dejó escapar en un largo suspiro mientras llevaba ambas manos a su cabello, peinándolo hacia atrás con el movimiento para reforzar su peinado. “Lo siento, niña tiburón, lo intenté.” Dijo en voz baja, siguiendo las indicaciones que luego Alexander les ofreció para salir de la arena.

“Creí que el enano trataría de asesinar a Tuerca para que Tornillo siguiera peleando Kekeke, me la re viví ¿no?” Explicó el motivo de sus palabras a sus dos compañeros antes de abandonar la arena. Ninguno de ellos conocía su plan ni sus apuestas, por lo que no era necesario profundizar en el asunto. “Aunque parece que si podías rendirte, no contaba con eso.” Hizo el comentario al aire, pues fue el motivo por el que creyó Alexander reaccionaria buscando la muerte de la peli roja.

Una vez que llegaron a la oficina junto a Alexander, Ryota mantuvo un silencio desmotivado. No era que creyera que todo lo que había planeado saldría a la perfección, pero todo plan conlleva ciertas expectativas, y al ver que ninguna se cumplió, era natural perder las ganas de seguir hablando. A eso se sumaba el pequeño detalle, de que lo único que los separaba de la muerte, era que al enanito de turno no se le ocurriera dispararles allí mismo.




“Dios, como quiere que le preste atención, no para de fanfarronearse, puto mal ganador, que paja, ya pégame un tiro y termina mi miseria, la wea mala, por favor alguien haga algo, como chota me largo de aquí, ya entendí no pude ganar, sos el mejor, la casa siempre gana, vete a buscar a un umpa lumpa, la puta madre que tipo tan insufrible.”

Los pensamientos de Ryota no cesaban mientras continuaba escuchando a Alexander con evidente indiferencia. Aun así, hubo algo que sí comprendió: fue ingenuo pensar que la casa no analizaba las apuestas. Estas no eran privadas y se conocían con antelación; al parecer, fue ahí donde falló su idea. Nunca tuvo una oportunidad real de hacer perder a la casa.

No espera.

“- Podría haberlo detenido. Podría haber cerrado las apuestas, disparado a alguien y seguir con la noche como si nada. Pero eso habría sido aburrido, el show es mas importante, mas divertido... -”

Ryota se mostró confundido. “¿Si no detuvo las apuestas? ¿no significaría eso igual un desbalance en las arcas de la casa? ¿tan claras eran las apuestas con las que ganamos y el cómo ganamos que tantos apostaron así? No, es imposible, mis apuestas solo las conocían los luchadores, sus cantidades deben ser ridículamente menores a las que las personas del palco podrían apostar.” Frunció el ceño en ese momento con molestia aparente. “Eso significa una ganancia abismal para todos ellos, sea como sea la casa perdería a menos que la casa hiciera las mismas apuestas creyendo que se realizarían, ¿quiere decir que la casa también apostó dinero por las mismas apuestas que seleccioné en la libreta?...”



“Qué tramposo eres.”

Exclamó con sorpresa ante lo que acababa de deducir, justo cuando Alexander les dio el espacio para hablar, ya que por lógica era la única forma en que la casa no perdería dinero.

¿Descubrirlo cambiaría algo? No.

Así que Ryota solo continuó con un gran suspiro. “Solo vine por dinero, y francamente ya gané un buen dinero con mis apuestas, ¿no? Así que me gustaría tomarlo y largarme si se puede. No pude ganarte, así que acepto la derrota.” Sonrió de vuelta, obviamente de forma falsa.

“Ah, verán, hice diferentes apuestas en nuestra pelea sobre varios props, algunos fáciles, otros más complicados como conseguir la rendición en una arena donde creí que no existía.” Suspiro. “Pero luego repartí esa hoja de apuestas a los demás luchadores para que ganaran dinero y así boicotear a la casa.” Elevo los hombros con desgano y una actitud irónica. “Pero tal parece que Alexander analizó el incremento en el mismo patrón de apuestas y lo usó para ganar dinero, prácticamente usó mi trampa para su propio beneficio.” No tenía razones para guardar algo que el mismo dueño de la arena ya sabía y por otro lado, sus compañeros entenderían la situación en la que se encontraban ahora.



“Sin resentimientos, ¿verdad, Bro? Jamás pensaría mal de ti, amable benefactor, alto y atlético que con su bondad nos dejara ir. Quedando todo en una graciosa anécdota, ¿verdad?.”

INFO
[Imagen: ELRAliP.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1452 + 0 = 1452
Energia: 991 + 27 = 1018
Espiritu: 285 + 0 = 285
#27
¿Desde cuándo el amor se confunde con la inacción? ¿En qué instante la valentía, la zozobra y el empeño se ven eclipsadas por el desdén y el desencanto? ¿A partir de qué momento el temor y la parsimonia dictan aquello que debería arder en determinación? El entendimiento de la amazona se desvanece, como la consciencia de quien ha combatido y caído aferrada a la esperanza de proteger a aquel que no levantó un solo dedo para defenderla, para ayudarla, para mantenerla a salvo.

La decepción, el furor y la aversión se mezclan en el interior de la fémina, gestando emociones que en algún momento se traducirán en interminables jaquecas. ¿Por qué? No logra comprenderlo. No consigue dar forma a los sucesos ocurridos en la arena, en ese último combate que le remueve el estómago, que abrasa cada centímetro de su cuerpo, que provoca un amargor persistente en sus papilas gustativas.

El acercamiento del semi gigante se siente en cámara lenta aunque no sea así. La manera en la que pronuncia el nombre de la pelirroja parece lejano y burdo, la forma en que la oni ha hincado la rodilla hasta perder el conocimiento genera desazón. ¿Por qué? Se preguntá sintiendo la necesidad de decir o hacer algo, mas no logra mover su cuerpo, ni siquiera sus labios; solo puede observar la escena mientras los puños se aprietan y los nudillos pierden color en el interior de sus guantes.

La decepcionada voz de su compañero cala hondo en los sentidos de la morena. ¿Matarla? Los pensamientos se decantan en Tuerca. No, no vale la pena. Tal vez podría intentar acabar con Tornillo, enfrentarlo hasta obligarlo a entender lo que significa poseer un ápice de ímpetu, una pizca de tenacidad. No vale la pena. El pensamiento acaricia hasta la más inflexible de sus ideas. Una última mirada es depositada sobre la pelirroja, sabe que es un caso perdido, aún así quiere creer que tiene “esperanza”. No te termines de convertir en una Rhiannon.

De repente, los aplausos inundan el ambiente, imponiéndose a los lamentos del semigigante, incluso a los espectadores que se encuentran extasiados apreciando el desenlace del combate. Alexander interviene con una combinación de teatralidad y expectación. ¿Beastmasters? El protagonismo es compartido al ofrecerles una migaja de atención y reconocimiento. Los pasos terminan por alejarse, tanto los del magnate en combates ilegales como los de ellos. Una última mirada se dirige hacia la colosal pareja.



—Cobarde.

¿Por permitir que Tornillo terminase en esa situación? ¿Por no atreverse a combatir y enfrentarlos correctamente? ¿Por no poder hacer nada más que ver a su amada yacer en el suelo sin intentar buscar culpables? Las razones se vuelven irrelevantes y superfluas, no necesita respuestas, al menos no en ese momento.

—Razones no te faltaban para creer eso. —La fémina golpea el dorso de sus manos provocando que la luz de sus guantes se extinguiera en el acto. Los orbes chocolate delinean la expresión del castaño. —¿Tenías ganas de rendirte, cariño? Fufufu. —Aunque una ligera risa escapa, su rostro no parece mostrar jocosidad. —De haberlo sabido ¿Habría cambiado algo? —Murmura más para sí que para los demás. Seguramente no. La conclusión queda grabada en su mente.

La oficina, austera en apariencia, apesta a alcohol caro y a dinero sucio. En los vocablos de Alexander se aprecia el desdén, la codicia y el control. ¿Piensa utilizarlos como si de títeres se tratasen? La amazona esboza una leve sonrisa, una muestra de implícito desafío; en su mirar brilla algo más, el fuego propio de la burla en sintonía con la ira que palpita en su interior. ¿Está tratando de parecer un benevolente benefactor solo por no irrumpir en nuestro combate? La sola idea provoca un chasquido de su lengua.

La mirada divaga hasta alcanzar a sus compañeros. ¿A qué se debe la expresión de Ryota? ¿Estará tan enfadado como ella? No, al contrario, parece demasiado desenfadado, como si algo lo hubiera desalentado. La fémina eleva una de sus cejas sin entenderlo, sabe que el castaño no dirá demasiado así le pregunte por lo que voltea a observar a Barald. ¿No necesita ser revisado por un médico? El tiempo se hace eterno en esas cuatro paredes.

El acercamiento de Alexander toma por sorpresa a Runin, en especial al notar la diferencia de estaturas. Se mantiene impasible aunque por dentro solo quiere lanzarse a carcajear. ¿Órdenes? El entrecejo se frunce mientras la respuesta de Ryota empieza a aflorar. Frustrada lanza un pesado suspiro, repentinamente no le importa la presencia de Alexander o la de sus compañeros, busca por encima algo que ha estado necesitando desde que llegó a la arena, cuando da con ello emprende marcha.

Un pequeño aparador tras el escritorio contiene una botella de vino del hombre que los ha citado ahí. —Con permiso, cariño. —O sin él; toma una botella de vino a medio beber, deposita el oscuro líquido en uno de los vasos del interior del aparador y bebe hondo y desinteresada, siente que algo en ella se relaja, como si el estrés la tuviera en abstinencia. Vuelve a beber de nueva cuenta, esta vez logrando centrarse en el castaño, en sus mentiras, en esa sonrisa que conoce no es real.

¡Brillante! Aunque la sonrisa de él demuestra derrota, la que ahora ostenta Runin es una de estima, diversión y asombro; al menos hasta que la conclusión llega a sus oídos. ¿Así que Alexander ha sido más inteligente que Ryota? La idea le molesta de sobremanera, así que vuelve a beber un poco más de vino mientras se acerca con la botella y el vaso. ¿Compartir? No, gracias.



—Fufufufufufu. Realmente es una anécdota graciosa, cariño.

Una risa sincera brota de los labios de la fémina ante las últimas palabras de su compañero, es un mentiroso descarado, quizá por ello se llevan tan bien. Runin se coloca  junto al castaño, en realidad da la impresión de adelantarse un poco. —Disculpa el atrevimiento, cariño, llevaba demasiado tiempo sin probar este elixir y eso me estaba poniendo de muy mal humor. —Se encoge de hombros, no parece tener la intención de compartir.

—La respuesta es simple, cariño. Dinero. Soy una mujer de gustos irreverentes. Podría conseguir fácilmente lo que quisiera pero, en ocasiones, me gusta obtener las cosas por mis propios medios. —No se ha quitado los guantes. Levanta la izquierda que sostiene la botella. —Otra respuesta podría ser diversión y desahogo. —No ahonda en ello, no hace falta. —Quiero hacer una pregunta, cariño. —No espera la respuesta, igual la hace.



—¿Realmente importa saber lo que queremos? Por la manera en la que hablas no parece ser algo relevante.

OFF ROL
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#28

La semi-oni por fin cayo y Tornillito se derrumbo. Maldito imbécil con cara de huevo podría haberlos golpeado con su arma gigante hasta dejarlos como una smash Burger y no lo había hecho, el temido gigantón se vio como un llorón de mierda al que apalizan a su novia y no hace nada . Barald tras ver como tiraba el Kanabo al suelo y empezaba a llorar solo pudo poner cara de asco. - Chst ... -  No pudo evitar chistar y escupir al suelo para ahora si, encenderse un cigarro y darle un par de caladas tras haber terminado el combate. Exhalo mientras miraba a Tornillo - Menudo mierda - Su asombro ante tal acción fue una decepción enorme, desde aquel instante dejo de respetarlo. Barald adoraba pelear y más aun hacerlo sin contenciones. Gracias al esfuerzo de sus compañeros había logrado sumarse a la victoria del equipo y como tal, había ganado su apuesta que iba por partida doble. Shiba estaría contando billetes en la grada mientras todo el mundo gritaba tras ver el combate en el que 3 simples hormigas se alzaban con la victoria. - ¿Beastmaster? - Dijo el muchacho al escuchar las palabras del puto gordo dueño de la arena al cual le había dedicado anteriormente aquel gesto de correrse en su cara. - Déjate de tonterias y págame mi dinero, ya, me piro. - Andaba tan ansioso por cobrar su pasta y pirarse a arreglar sus asuntos que hablaba solo.  ¿Había llamado la atención demasiado en aquel lugar? bueno quizás si, ya hasta tenía un apodo.

Hacía relativamente poco que el espadachín se había convertido en el blanco de su propia familia cosa la cual ha de investigar pues demasiadas preguntas inundaban su cabeza. De momento había logrado su objetivo, acudir a ese evento clandestino iba a ser para jugarse el dinero con las apuestas y había acabado por asegurarlas debido a su participación, conservaba sus tres piernas y el único daño grave había sido el de su ropa, su maldita ropa. - Puta madre ... espero ganar pasta con esto ... esto costo un dineral. - Dijo mientras los miembros del staff se llevaban al llorón de Tornillo y el cuerpo de su amada Tuerca. La aparición de Alexander le hizo moverse junto a sus compañeros de batalla y penurias por uno de los laterales de la arena hasta llegar al despacho. Ganar a una casa de apuestas es imposible, siempre, sea como sea, siempre gana y más si esto es de manera clandestina y nadie pone vigila a su dueño Don Alexander, que había ganado bien de pasta a costa de que estos tres tipos se jugaran el cuello frente a los tortolitos. El Ryota era astuto, pero había intentado jugar en otra dimensión frente a alguien que aquí es Dios y que lo maneja todo. Le sorprendió la rapidez mental con la que había pensado el plan y como había actuado sin decir nada a nadie al respecto. Vio como su compañera se fijaba en su estado debido a su herida del pecho pudiendo ver como se fijaba en su estado, tras devolverle la mirada, volvió a prestar atención al jefazo. - Y si me pongo ahora modo ninja shaolin, los mato a todos y me quedo el negocio ¿QUE PASARIA? - Aquellas palabras solo resonaron en su mente. Le molestó qué aquel puto enano de mierda le tratara como si su vida ahora le perteneciera pero lejos de ser idiota, haría lo correcto para salir ileso de aquella situación.

Tras las palabras de Ryota le golpeo con la mano abierta en la cabeza (me sumo a pegar a ryota gratis como hace runin) a modo de aviso para que controlara su boca, maldito tarado de mierda ¿quiere recibir un puto tiro en la cabeza? se estaba burlando de el en su maldita cara tras intentar desmontarle el negocio, realmente no valoraba su vida. Ese tipo de personas le caía bien. Runin en cambio parecía ser más inteligente, devolvió su pregunta con otra pregunta. Barald se había visto forzado a participar a fin de cuentas debido a no tener estatus social como para hacer apuestas en palcos vip y había tenido que aprovechar su oportunidad para salir de allí con vida y con dinero, no toques los cojones. - Obvio que no vine a jugarme el pellejo gratis, te dimos el espectáculo que hace semanas que no veías, la gente enloqueció y ganaste bien de dinero, aquí ninguno somos tontos y vinimos a por pasta. - Barald se mantuvo serio ahora dirigiéndose después de que sus compañeros acabaran, se estaba controlando y mucho debido a que no era imbécil pero le encantaría pegar un salto subirse encima de la mesa cortarle la cabeza y hacerse con el control de aquel lugar. Se imagino viendo el espectáculo inventando la maquina de contar dinero para contar todos los billetes de aquel lugar ¿la maquina de contar dinero? El Barald mini que rondaba dentro de su propio cerebro escribió un papel y lo colgó en el tablón de ideas para recordárselo más tarde porque no quería desviarse mucho de lo que tenía que decir. - Yo vine a la grada vestido de gala para apostar y tus guardaespaldas vinieron, me obligasteis a participar porque os faltaba gente para el espectáculo, acabe envuelto en 2 peleas, mate a un niño mink que no se que coño hacia aquí y esa fiera me rompió mi traje. -

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- Mi ... traje -

Al empezar a hablar con el jodido gallo del corral y escucharse a si mismo mientras hablaba empezaba a enfadarse. No había nada que lo enfureciera más que mancharse pero ¿esto? además de manchar con su propia sangre el traje ahora estaba roto. Pero a pesar de tener el intento de expresarse agresivamente supo contenerse. Intentaría a toda costa salir con el dinero, ir a ver a Shiba y pirarse de aquel lugar. No empalarlo como una brocheta de pollo era lo más inteligente. - Espero un buen pago la verdad. Quizás así pueda volver a contar conmigo señor Alexander. Me gusta pelear y ganar dinero. - ¿Contar con el? Quien sabe, nunca había que cerrarse las puertas de ningún sitio, ni si quiera de este. - Aunque tendríamos que sentarnos para hablar de las mejores condiciones dignas al espectáculo, puedo venderme pero no barato. No peleare si no me interesa lo que me ofreces, eres un hombre de negocios seguro sabes a partir de cuantos ceros podríamos hablar. - Tras aquellas palabras encendió de nuevo uno de sus cigarrillos dando una calada esperando a cobrar pronto el dinero y largarse de aquel lugar.

Off

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#29
Alexander no respondió de inmediato.
Dejó que las palabras de los tres se asentaran en la estancia, dejando algo de incertidumbre en el ambiente. No parecía molesto. Tampoco complacido. Simplemente… seguro. Se sentó lentamente en su escritorio, apoyó ambas manos sobre la madera y les contestó con un tono tranquilo. Demasiado.
- Habláis de trampas, de dinero, de orgullo… -alzó ligeramente una ceja- como si en algún momento hubiese existido la posibilidad de que hoy salierais de aquí decidiendo algo. Tú, mujer; claro que importa, ahora pertenecéis a esto, así que vuestras aspiraciones y motivaciones importan en cierta manera. No trabaja igual alguien que se mueve por dinero, que quien se mueve por venganza. 
Se irguió despacio y miró a Barald. 
- No os he traído para negociar. Ni para aclarar malentendidos. -Una pausa breve- Si estáis vivos es porque he decidido que lo estéis. Nada más. 
Abrió uno de los cajones de su escritorio y dejó sobre la mesa varias bolsas pesadas. El sonido fue contundente.
- Esto es lo que vais a cobrar hoy. Es una buena suma. Lo bastante grande como para que no dudéis de que sé pagar cuando me interesa.
Levantó la vista, recorriéndolos uno a uno.
- El resto ya llegará. -Encogió ligeramente los hombros- No porque no exista, sino porque todavía no lo habéis ganado.
Se apoyó en el respaldo de la silla, relajado.
- No hay contrato. No hay condiciones. No hay trato. -Sonrió apenas- Cuando quiera contar con vosotros, os avisaré. Y cuando no… simplemente seguiréis con vuestras vidas.
Un segundo de silencio.
- Creedme, eso ya es más de lo que recibe la mayoría. 
Dejo pasar un segundo, para ayudar a darle más peso a lo que estaba diciendo. 
- Hoy habéis hecho ruido. Mucho. Sorbet no puede seguir funcionando después de esto, así que desmontaremos el circuito y desapareceremos de la isla. 
Cruzó los dedos delante de su nariz, pensativo, y por un momento se escaparon sus pensamientos en voz alta, casi sin darse cuenta. 
- Quizá sea hora de cruzar la Red Line, debo encontrar a Pegasus...
Volvió en sí, y miró al frente. 
- Largaos. Disfrutad del dinero. Sentíos orgullosos si queréis. Nos volveremos a encontrar, Beastmasters...
Alexander chasqueó los dedos y las puertas se abrieron, aún custodiadas por los guardias de seguridad
Mientras les veía irse con su dinero, el capo se quedó pensativo
(Si trabajan para alguien lo descubriré, y como ese cabrón de Pegasus tenga algo que ver, me cargaré su puto casino y yo seré el que gobierne ese puto mar. El espectáculo me pertenece.)

En cuanto el trío salió de vuelta a la Arena, el personal había empezado a desalojar el sitio, pues como había dicho Alexander, esto se desmantelaría en breve, el circuito siempre está en movimiento. 
La noche en Sorbet había sido un glorioso despropósito. Habían entrado buscando dinero y salían con los bolsillos llenos, el nombre grabado en la memoria del público y la certeza de haber cruzado una línea invisible. Habían visto caer a una bestia, habían roto un muro que nadie esperaba que se quebrara, habían conocido una parte oscura del mundo del entretenimiento y los negocios. Quizá alguien recordaría al Filo Negro, o a la Amazona Carmesí, pero a los Beastmasters se les nombraría durante bastante tiempo dentro del propio circuito, pues Tuerca nunca había caído en combate y ni la organización, ni el propio tornillo, que no supo ni reaccionar a ello, pensaban que eso era posible. El público esperaría su regreso, pues en el Paraíso, las sombras se mueven más rápido que en los blues, y si Alexander movía ficha hacia allí, se acabarían encontrando más pronto que tarde.
Aunque el futuro de algunos parecía ligado a este conglomerado en la sombra, una pareja de gigantes luchaba por sobrevivir juntos y poder huir de allí algún día, quien sabe que sería de ellos...

Mientras las luces se apagaban una a una y la arena quedaba vacía, pero el eco de aquella noche seguía resonando, no como un final;
Si no, como el principio de algo mucho más grande. 

INFORMACION DE LA AVENTURA
#30
El apoyo de sus compañeros fue suficiente para hacerlo cerrar la boca. Comprendía a la perfección la urgencia de Barald por querer sacar algo de la situación, así como la inteligencia de Runin al intentar calmar las aguas.

Ryota era hábil ocultando sus emociones; siempre se le había dado bien. Sin embargo, en ese momento su sarcasmo, su sátira y sus comentarios jocosos resultaban demasiado evidentes. Por ello volvió a suspirar y permitió que ambos tomaran la palabra. Incluso se prometió a sí mismo mantener la calma, serenarse y no terminar con un disparo en la cabeza.

Sí, había perdido. No, no le gustaba. Pero debía asimilarlo y continuar con su vida, extraer lo mejor de la experiencia y no comportarse como un crío haciendo un berrinche. A partir de ese momento, trataría de retomar su ya normalizada expresión de póker, no permitiría que nada más lo afectara, claro que no.

"Como si en algún momento hubiese existido la posibilidad de que hoy salierais de aquí decidiendo algo."

"No os he traído para negociar. Ni para aclarar malentendidos. Si estáis vivos es porque he decidido que lo estéis. Nada más. "


Cara de Ryota

Cada maldita palabra que salió de los labios de aquel enano deformó la sonrisa del castaño, transformándola en una mueca cargada de desprecio y hastío. Resultaba más que evidente que no le agradaba en lo más mínimo.

Hasta que habló de darles su dinero.



“Si todo está en como lo mires, debo aprender a no juzgar a las personas.”

Aún lo detestaba, pero al menos su semblante se suavizó lo suficiente como para escuchar lo referente a los futuros planes del enano. Poco le importaba que la arena se desmantelara o no; era evidente que había más detrás de todo lo que habían presenciado. Sin embargo, el hecho de viajar entre distintas islas del South Blue reclutando luchadores dejaba clara la influencia que aquella “organización” poseía.

Tal vez aquello significara más dinero, pero en ese momento solo deseaba un buen baño, un trago y disfrutar de la compañía de quien quisiera compartirla con él.

Sin más, solo abandonó la oficina de Alexander, era obvio que él tampoco le agradaba, aunque agradecía que lo ignorara. De lo contrario, habrían terminado todos con un disparo en la cabeza.

“Ahhhhh… que personaje… como lo odie.” Suspiro cansado al respecto, siguiendo a los hombres que los guiarían hasta la salida. “Al menos ganamos dinero.” Dijo para si mismo, feliz por haberlo conseguido, aunque el sabor amargo se mantuviera en su paladar.

Una vez les entregaron el dinero por sus apuestas, era evidente que el monto de Ryota era mucho mas grande que el de sus compañeros. Pero lejos de hacer alguna mención al respecto, lo dividió en tres partes, dándole una de ellas al hombre que le otorgó su dinero. “¿Podrías hacerle llegar esto a Tuerca? Aunque fuésemos oponentes, solo hacíamos negocios al final.” Expreso amigable al hombre, esperando que no se lo robara. No confiaba en él, pero quizás tener la capacidad de convertirse en un mutante de dos metros lo asustaría lo suficiente para hacer lo que pedía.

“Y el tipo que Runin derrotó en la primera ronda no está muerto ¿no? Dale esta parte, dile que le dé la mayoría a los dolientes de la chica Gyojin, gracias.”Todos tenían a alguien que llorara su pérdida. Quizá aquel hombre no fuera uno de ellos, pero al menos esperaba que ese dinero pudiera servir para aliviar el alma de la joven Gyojin. Ella luchaba por algo; se notaba en la desesperación que mostró antes de morir. Tal vez, al final, su sacrificio no había sido en vano.

“¿Qué? No me veas así, no es regalar dinero, simplemente me cansa cargar tanta plata, estoy cansado.” Expreso a Runin, ignorando el tema de su amabilidad. No le gustaba aceptar esa parte de si mismo.

Entonces, cuando dejaron de ser presa de las miradas de los hombres de Alexander y antes de que cada uno tomara su propio camino, se desvió hacia Barald. “Eh bro, toma mi número de den den mushi, hay que salir mientras estamos en esta isla.” Sonrió, ofreciéndole su número para luego marcharse y no molestarlo más. “Nos vemos luego.” Quizás, al final de todo, era el inicio de algo nuevo, un  amigo nuevo y un destino por descubrir.

Karmas


Off Rol
[Imagen: ELRAliP.png]


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