Hasegawa Shin
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Día 75, Verano. Año 16.
Isla Karate se prestaba para muchas situaciones, tanto de entrenamiento como aspectos sociales, quizás por ello Hasegawa se dispuso a pasar tanto tiempo por aquellos lugares, repasando técnicas aunque sin aprenderlas y charlando con varios maestros de las respectivas disciplinas impartidas, conversaciones de lo más productivas si se lo preguntaban.
Sin embargo, no todo era patrullar o reunir horas laborales en vigías puntuales dentro de zonas designadas previamente. También, debía darse tiempo para producir descansos que sean dignos del trabajo acumulado, porque parte vital de mantenerse fuerte es el reposo físico, los mimos psicológicos y claro, la relajación muscular. ¿Qué mejor que unas aguas termales para ello?
La desinhibición de las desnudez en algunas culturas resultaba casi espiritual, por ello no le sorprendió llegar a un onsen que remarcaba su característica mixta en los letreros de fuera, algo que Hasegawa se quedó observando mientras se ajustaba las gafas, encajándolas mejor en su rostro. Era curioso, por supuesto, no se solían ver sitios así a menudo y no es que le causó un interés particular, ingresó bajo un motivo específico e indiscutible.
No quería seguir caminando para encontrar uno normal.
Por lo tanto, estaba decidido, cuando se topó con quien atendía el intercambio fue veloz, la atención de primera y la guía hacia la zona para cambiarse aún mejor. En privado, fue quitándose su uniforme de marine gradualmente, dejando que su silueta desnuda se marcase entre las pequeñas luces de fuera que entraban por el contorno de la puerta, los ojos azules del marine buscaron la toalla en un costado y se la colocó a la altura de la cintura para, eventualmente, ingresar a la zona de aguas termales.
El fondo de la susodicha área era tradicional, como cualquier otro. El espacio donde reposaba el agua tampoco resultaba demasiado grande, pero a la vista se hacía cómodo, así que aprovechando la soledad momentánea se quitó la toalla, quedando absolutamente desnudo y la apoyó en un borde cercano a donde iba a descansar. — Ah... esto sí que es vida. No sé en qué momento pensé que sería bueno dedicar todo mi tiempo a la marina. —susurró, pero por supuesto que no como queja, Shin amaba su trabajo, sólo eran comentarios de alguien que por ese día ya había tenido suficiente.
No esperaba que nadie más entre, eso lo hizo relajarse y echar la cabeza hacia atrás, quedando con el rostro apuntando hacia el techo del lugar, con los ojos cerrados. El vapor resultaba evidente, motivo que le hizo dejar las gafas en el vestíbulo, y el calor del agua lo relajaba hasta puntos indiscriminadamente altos. No podía pedir más placer en aquellos instantes, era su pequeño paraíso.
Maki D. Zen'in
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Baratilla… mística llena de marcialidad, sudor, lágrimas y sangre, el aroma en el viento decía que era el momento propicio para entrenar, para sacarse el óxido de los huesos, para quitarse la paz, que provocaba una mala técnica, una fractura o una muerte segura. Ella siempre intentaba entrenar, a pesar de que a quienes rondaba no lo hacían en absoluto, salvo su hermana, pues sabía que era débil, sabía que era frágil y sabia que nada en el mundo le prepararía para enfrentar los peligros del mañana. Peligros que seguro acabarían con su vida tarde o temprano, sin embargo, era lo que había decidido y lo que le llenaba. Por ahora.
Golpeo el mokujin por última vez, este se tambaleo, amarrado al poste de entrenamiento, pero le devolvía la sonrisa igual a como si simplemente le hubieran dedicado una sonrisa. Jadeaba… cansada, sudada y llena de frustración —NO ME MIRES ASI!! NO SOY DEBIL!!!— Le grito junto con una bofetada, la cabeza de resorte del muñeco de prácticas oscilo y volvió a su sitio con la sonrisa dibujada por su hermana y otro par de tontos que les dotaban de personalidad solo para recordarles que ahí afuera había verdaderos monstruos capaces de devorarles solo con recordarles que son marines.
Agotada del arduo entrenamiento podía notar que algunos de sus músculos comenzaban a formarse, los tocaba con la yema de sus dedos… como quien toca un pastel de crema deseando que no le descubran pero aun así queriendo probar el dulzor de la nata. Era dedicada, no tanto como su hermana, pues ella era más asidua a otras cosas, la música le llenaba el alma y le dedicaba muchas horas a ello, muchas más que las patadas y los puñetazos al maldito mokujin. Se levanto jadeante, se limpió el sudor y sin decir más palabras le devolvió la sonrisa al muñeco de madera. Después de todo era su único amigo y el único que le acompañaba sin burlarse de ella, sin criticarla por ser joven por ser. Tan… novata. Aplaudía… lentamente, pero con una sonrisa altanera… desafiante… ahí estaba Mai… para burlarse nuevamente de la pobre técnica de su hermana…. —JAJAJAJAJAJ algún día… algún día serás digna de quizás graduarte… torpe!— Descendió las gradas con una sonrisa maliciosa —Ojalá ese día llegue pronto… y seas digna de llevar el apellido Zen´in y de portar… la D.— Dijo asegurándose de que nadie les escuchara, porque su padre, Lord Zen´in les prohibió que revelaran dicha información. Seguro le ofrecería a Maki entrenar solo para destruirla y dejarla en el piso, mordiendo el polvo. Una vez más.
♪HAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA♪
El grito en sus pensamientos le hizo doler —Por … porque recuerdo esto… que me… pasa… maldición… no beberé mas vodka y cerveza al mismo tiempo.— Dijo agarrándose la cabeza… le dolía como si le hubieran dado un martillazo, miro a su costado… quien era… no tenía puta idea, el lugar. Seguro un hotelucho de cuarta. ¿El desgraciado? Da igual, todos eran unos bastardos que no merecían un lugar en su memoria… se levantó y encendió un cigarrillo. Uno de esos que le provocaban mareos, no uno regular, esos ya no le satisfacían. El hombre a su lado, un buen muchacho, ¿Dónde estaba? Ha si karate… le había dicho que le enseñaría un antiguo arte de combate. Ja. Como si ella lo necesitara. Solo necesitaba sus bolas, su guitarra y que le apuntasen a donde golpear. Dormía como un lirón borracho a mas no poder deseaba haber tenido una noche de pasión de lujuria y desenfreno pero el tonto se paso de copas y se durmió como si hubiera cumplido una misión importante.
Maki reviso la cartera del hombre… unos pocos berris, su identificación, la fotografía de su ex, o novia… bastante bonita, distinta a la maldita y horrenda Maki, se guardo los billetes en el elástico de sus bragas y comenzó a buscar su ropa para largarse, una decepción más en una noche más. al menos había bebido gratis y había bailado con un tipo más o menos lindo, lo malo fue escucharlo llorar toda la noche por su ex, o novia, no lo recordaba, pero si como se aburria ahí desnuda a su lado besándole y el sin entender que pasaba, hasta que se durmió y ella se terminó el vodka y se durmió.
Nunca pagaba, casi nunca se dignaba, aunque tuviera el dinero… Maki rondo el callejón y cuando encontró el punto exacto reboto en una muralla, en otra y con la yema de sus dedos quedo colgando de una ventana… con toda su fuerza se alzó sobre ella y mirando atentamente en el interior se coló en el lugar… su caída fue pesada. Como un estallido. Era ruidos, escandalosa, pero nadie la noto, todos ocupados en sus asuntos. Se movió rápido, conocía el lugar, no era primera vez que se metía ahí. Llego a los vestidores y no necesito muchos segundos para quitarse la ropa. HO… los billetes aun estaban en su tanga.
Sonrió, los guardo en el compartimento secreto de su amada guitarra y tomando una toalla simplemente se hizo pasar por una clienta más. Todos con pudor se tapaban lo máximo posible, ella también uso la suya, echándose la toalla al hombro. Caminó decidida a darse un buen baño uno que le sacase el hedor de una noche relativamente tranquila…
El tatami casi se quebró en dos. era temprano, poca gente y mucha paz. Nada del agrado de ella, revoltosa, ilegal, autodestructiva. Solo un tonto, uno de cabello plateado, seguro había tenido un susto tan grande que había perdido el color, Maki suspiro, lanzo la toalla a un lado y lenta, muy lentamente comenzó a sumergirse en el agua, sus cicatrices, horrendas cicatrices de quemaduras comenzaban a desaparecer en la burbujeante agua tibia, sentía aun el dolor de ellas, como si le hubieran calcinado recientemente. Esperaba que algún día ese dolor desapareciera. Algún día. Cercano… esperaba.
Cerro los ojos… se dejo llevar nuevamente a ese día. Mirándose a si misma desde la lejanía, como entrenaba, como golpeaba, como cometía error tras error. Como si no fuera ella misma quien protagonizara su propia historia. Como si fuera alguien más. Suspiro largamente mientras apoyo la cabeza en una piedra del borde, solo… solo… quería relajarse.
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El sonido repentino lo sacó de su relajación, levantando la cabeza como si hubiese escuchado una explosión o algo parecido, lo cierto es que ante un lugar tan vacío los ecos entre pasillos del vestíbulo y derivados viajaban con más fuerza a oídos de quienes estuviesen en las aguas termales al ser este el sitio más espacioso, y para Shin no fue extraño darse cuenta de que algo estaba pasando.
Ladeando la cabeza, se quedó atento. Sentía curiosidad más que cualquier otra emoción, y la susodicha se fue diluyendo al momento en que una chica ingresó en la zona, portando la toalla de formas más bien peculiares, o... atípicas, dignas de alguien que no teme ni elude el pudor exhibicionista, pues poco dejaba a la imaginación.
Lo curioso fue que la conocía, la había visto hace relativamente pocos días y ese momento tan especial que enmarcaron las locuras de María generaron como efecto colateral un aprecio igual de particular a quien era su amiga protectora y algo arisca, Maki. Shin sonrió de inmediato, y siendo alguien también, extremadamente desvergonzado, se acercó a la zona donde imaginaba, iba a sentarse a disfrutar del calor del agua, y moviendo junto a él la toalla donde apoyaba la cabeza no tardó en hacer de las suyas.
El sonido del chapoteo lo delataba, pero tampoco fue demasiado brusco considerando que no los separaba demasiada distancia. El problema es que sí llegaron a hacer contacto visual y ella no hizo ni tan siquiera un pequeño ademán de reaccionar, reconocimiento o inicio de una conversación, por ende, le dejaba más margen a un Hasegawa que por fin la tuvo cara a cara de "molestarla" por esa osadía. E inició colocando ambas manos a los costados de sus mejillas con afán de "amplificar" su voz.
—¡Oeeee! ¡Maaaakiiiii! —exclamó, con la mitad superior del torso visible, el cabello algo mojado y una sonrisa de oreja a oreja. Si eso no funcionaba, insistiría —¡Heeeeeey! —asumió que no molestaba a nadie más, al fin y al cabo, sólo estaban ellos dos en las aguas termales, y no podía negarse a sí mismo que la mujer se merecía el trato considerando el desdén con que fue tratado desde su perspectiva. ¡Claro que no podía permitirse ser ignorado!
—¿Por qué no me has saludado? —ladeó la cabeza, interrogativo —Pensé que sería difícil volver a verte, a ti o a María. ¿Qué ha sido de ella? —entonces, hacia el otro costado, todo parte de su siempre teatral acting, independientemente de las circunstancias comprometidas en las que pueda encontrarse, pues compartir un onsen mixto no es del todo habitual, menos acercarse a hablar de esa forma, si se lo paraba a pensar dos segundos...
Bah, que más da.
—¡Bueno! Me alegra verte, creí que iba a tener que estar todo este rato solo con mis pensamientos, ¿sabes lo aburrido que es? —siguió la cháchara, obviando que utilizó esa última palabra para no tener que decir lo depresivo que le resultaba cerrar los ojos y dejar a las ideas correr. Una cascada de traumas tortuosos que prefería eludir en compañías que le diesen algo más divertido para entretenerse.
Maki D. Zen'in
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28-03-2026, 06:01 PM
(Última modificación: 28-03-2026, 06:04 PM por Maki D. Zen'in.)
El agua, su temperatura, prefería mil veces el agua fría, sus heridas, aunque ya de años le parecían doler como los mil demonios, como si se le volvieran a abrir con el agua fría, como un insulto que volvía traumatizante a la mente de un niño azotado por la rectitud de pensamiento de un adulto, uno intransigente y que se vuelve duro ante las boberías de un niño alejado de la verdadera crueldad del mundo. Un niño inocente. Obligado a madurar.
No le importaba que le vieran desnuda, con sus partes al aire, con su piel ajada. Solo actuaba como una energúmena cuando se volvían crueles, ariscos o le miraban con demasiada atención o pretendían burlarse de ella. Eso… Dios mío eso casi siempre terminaba en incendios y uno que otro en el hospital, ahora no lo quería, la noche había sido bastante tranquila, solo… solo deseaba bañarse, quitarse el amargor del sudor y la salinidad de sus pensamientos. Sentirse libre dejarse llevar y cantar un poco en su mente perdida en la sinfonía de sus incoherentes propios dichos internos. Albergar quizás una conversación consigo misma, una que pudiera responder con notas altas y un son que le volviera a aquellos días que eran felices. Sus días en la academia, sus días junto a su hermana. A su norte. Su salvación.
No lo vio, pero como si fuera un tercer ojo atento a su alrededor, sintió ahí con los ojos cerrados… la vista, la cara y la sonrisa del atolondrado que estaba ahí… si la miraba y le preguntaba por qué de sus cicatrices juro que ardería el distrito completo… o ciudad o isla… lo que fuera que sostenía sobre sus cimientos este lugar de relajación.
Entonces escucho una voz taladrar su mente, su calma y sobre todo su piedad… mierda… le conocía… maldita memoria de pez. Había aprendido de siempre a que si alguien se le acercaba era para hacerle el mal, para aprovecharse de ella que parecía una leprosa desdichada y buena para nada, en dicho caso, lo único que procedía era un puñetazo en el tragamaiz. Pero… si alguien le llamaba por su nombre era alguien que claramente le conocía y bueno también pueden ser apuestas por cobrar o reclamos de algún tipo. Maki esparcía mucho dolor, dándose cuenta o no.
No abrió los ojos, solo necesitaba hacerle saber a aquella persona que estaba consciente de su presencia… quizás se vaya inclusive y la deje tranquila para relajarse. Demonios… el saludo oficial de la gente cabreada no funciono… —Ya te escuché carajo no tienes por qué gritar, que tal que haces… como estas tu… señor… de… cabello…. Blanco… desnudo… y bueno aquí donde trabajas… o puede … que no… trabajes…— Dijo a trompicones no sabiendo de donde lo conocía o de donde carajos era el tipo. Lucia… fuerte… no, seguro no era un dependiente, no era un comerciante, pirata o soldado o quizás… no le importaba una mierda. Se hundió un poco mas en la burbujeante agua. Ojalá se fuera.
Conocía a Merlot… mierda era amigo de ella? de ambas? Si era así y es guapo y está vivo, solo indicaba una cosa, seguro la tonta sirena se enamoró de él… y si se enamoró de él es que era… era… por dios… era marine?. —Imagino que debe ser horrible ser hombre, estar solo y no tener con quien bañarse sin tener una teta que mamar ni una vagina que tocar… si que horrible. No sé qué putas quieres decir, pero digamos que sí. es una mierda.— Por su lado Maki era introspectiva de cojones y desconfiaba de la naturaleza de cualquiera, mas aun de los hombres guapos, prefería estar sola hilvanando pensamientos, pensando en la nada y el todo, y seguro ese era gran parte de su problema de retención de rostros.
En un segundo cuando él se acercó un poco más, ella se sumergió, giro sobre si misma en el agua y nado suavemente por la superficie, cosa que generalmente no se hace pero ella no esta para cumplir reglas y segur protocolos, chatopear?... si seguro, y si fuera por ella saldría a darse un piscinazo, no le importaba que la echaran.
La gente fuera de la zona comenzaba a bajar los ruidos a irise a sus casas quizás pero cada segundo el silencio se volvía mas cercano a las mentes de los presentes… floto con paz y armonía en la superficie como una isla… o un par de islas alejándose y acercándose con natural sensualidad de un lado a otro, giro boca abajo, se sumergió, y volvió a nadar hasta el otro lado… al salir soltó un suspiro, su alma lavada, renovada amaba esto. Braceo un poco con sus brazos marcados por el fuego eterno y se apoyo nuevamente en la piedra…
Hasegawa Shin
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Sí, definitivamente parecía tan arisca como el día en que la conoció, manteniendo incluso el mismo nivel de desfachatez, porque otra persona en esas circunstancias mostraría algo de reparo en exhibir su desnudez, pero ella no. Al menos su lenguaje físico hablaba de agobio antes que vergüenza, y eso se alineaba con el sentido repleto de libertinaje que el propio Hasegawa había añadido a su vida desde lo que pasó con Himari, eludiéndose de traumas mediante el contacto físico, o ser extremadamente social con las personas, rebasando las líneas entre la coquetería genuina y el interés por encuentros carnales.
Aunque siendo sincero, arqueó una ceja al verla tan perdida, prácticamente como si no le conociera. ¿Habrá estado demasiado ebria aquel día? ¿O las sustancias que afectaban a la memoria llegaron después y afectó a la retención de recuerdos del resto de horas? Se le ocurrían muchas teorías que explicasen ese extraño funcionamiento en el cerebro de Maki, pero descartó el pensamiento tan pronto como la gracia por su confusión le llegó, alimentándose su risa mediante verla hundirse en el agua. Parecía una joven regañada por alguien de mayor rango, y si bien, no hubieron risas sonoras, sí se le notó su típica sonrisa divertida, presente siempre en los instantes donde está a punto de ponerse más... juguetón.
—¡Hasegawa Shin, a su servicio! —hizo un saludo marine, simulando profesionalismo, y automáticamente echó a reír. —¿De verdad no me recuerdas? ¿Cuánto bebiste ese día? —comentó entre leves carcajadas, más que nada por haber aparentado ser "formal" cuando esa etiqueta no le queda para nada. La había abandonado hace muchos años.
Al rato y tras su acercamiento, ella decidió sumergirse en el agua y comenzar a nadar, observándola ir de un lado a otro. Ni siquiera tuvo tiempo de contestarle, sólo lo limitó a ser un testigo de su cuerpo desnudo moviéndose con bastante soltura, hasta emerger nuevamente y apoyarse en la piedra, claro que Hasegawa no iba a quedarse callado, menos cuando estaba claro que el cuerpo de la chica era de su agrado, y también ese rostro repleto de un fuego interior que no conseguía describir a detalle.
El albino se colocó al lado de la azabache, luciendo su bien formado torso y apoyando ambas manos en la piedra, aunque manteniendo una distancia prudencial entre los dos. La sonrisa que enmarca su rostro se muestra más tranquila, y su tono acompaña a la relajación contrastada frente a la energía que presentó antes. —Que boca... —expresó finalmente, negando con la cabeza —Pero tienes razón. Esos placeres de la vida se suelen ganar con mucho esfuerzo, siendo guapo, seguro, fuerte... —se encoge de hombros, un tono fanfarrón volviéndose dominante en su voz —¿Qué se sentirá? —tras cerrar los ojos durante breves instantes, vuelve a observarla, girándose de perfil y mirándola con un descaro evidente.
—Aunque si me permites el comentario, eso tiene fácil solución. Quiero decir, creo que estamos solos aquí. —una clara situación donde le estaba coqueteando, observando sus alrededores y la completa ausencia de otras personas. ¿Le arrancarían la cabeza en ese segundo? No lo sabía, lo que estaba claro es que la sensación de peligro le gustaba más que cualquier otra cosa.
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(Última modificación: 29-05-2026, 09:33 AM por Maki D. Zen'in.)
Por más que quisiera no le recordaría, no había calado lo suficiente en su mente como para recordarle o por lo menos sentir que merecía lo que siempre le ayudaba a reconocer a la gente. Canciones. Este aun no se ganaba el placer o la desdicha de ser asociado a una canción de Maki. Mucho menos sentía algún tipo de conexión quizás con Merlot si, pero con ella. No, aun no. Su mente no se sentía cohibida, intimidada ni siquiera rosada con el pensamiento ajeno. Era libertina si, pero no era una cualquiera.
El agua le encantaba, era parte de si y nadar creía que era parte de cada uno de los habitantes de este mundo. Sin embargo, ella perdió esa capacidad al menos en el mar abierto. Como una piedra se iba al fondo del mar. Quizás algo en la sal del inmenso océano. Quien sabe, pero el echo era que a cambio de convertirse en una bestia furiosa ya no se podía deleitar con su mejor pasatiempo. Un cambio… horrendo. Pero, no era de aquellas personas que se echaba atrás o que cambiaba su animo solo por que perdía algo. Aceptaba lo bueno como lo malo con los brazos abiertos.
—Hase que?... que nombre tan complicado… … …— Él se movía por todos lados, le dijo… ¿borracha? Pero, que mierda lo que dijo después y su coqueteo paso desapercibido… que intentaba? ¿Iniciar un pleito?...— Solo Shin… puede ser verdad? ¿Que? Que quieres decir imbécil?— Maki se levantó en toda su furia, tanto que al agua parecía que se evaporaría en el fragor de su furiosa violencia. Su desnudez alzada quedo frente al decolorado y sus ojos eran fuego puro y su talante amenazante. Como se atrevía a llamarla borracha… —Quizás estas acostumbrado a marcar la mente y los corazones de las putas idiotas y cabeza huecas solo porque tienes un rostro de niño que no ha trabajado o pasado hambre un solo día… animal!!! pero créeme que si sale una sola palabra más despectiva de tu asqueroso rostro… … … te arrepentirás.—Dijo Maki indignada… otras veces había perdido el control destruido lugares por el simple hecho de llamarla ladrona, tonta o incluso fea. Pero… este era su lugar favorito, uno donde le dejaban nadar casi siempre sola, mala suerte…
No era una borracha, no era una drogadicta, tenía en control sus adicciones. Solo… no le gustaban las personas quizás o… como dijo una vez un doctor. Sus recuerdos traumatizados de su incidente causaron un caos tan grande que no podía retener rostros o asociar nombre con rostros de manera como lo hace la gente común. Puede que sea un tema de estudio. Pero no era importante ni relevante en su vida diaria así que poco o nada le importaba.
Podría haberse ido inmediatamente… pero no era una cobarde. Volvió a sumergirse tratando de contenerse, de calmar sus pensamientos y su furia, pero demonios cuanto le costaba. No le había provocado, solo era un bocón que no piensa lo que dice, pensó para si misma con calma, pero no soportaba que le hablaran como a una cualquiera. Era Maki D. Zen´in, heredera de una gran fortuna sin reclamar, venida de una larga línea sanguínea de poderosos guerreros. lamentablemente Marines. Aunque… ella no era pirata por gusto, sino porque era más fácil rastrear y eliminar a los imbéciles que tanto le habían hecho daño. Siendo marine. Jamás lo lograría.
Cerro los ojos. Contar hasta el infinito de ida y vuelta seguro le bastaría para calmar el furor que crecía poco a poco en su estómago. Pero no podía arrancarle la cabeza o reventarles la cara a cualquiera que le dijera alguna tontería.
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Suspiró, pues no parecía haber algún punto de conexión entre la memoria de Maki y su persona, algo que de cierta forma le fastidiaba, ¡con lo memorable que suele ser! En fin, a veces son cosas que pasan, y no podía culpar a una bella dama, aguerrida, bocazas y quizás más violenta de la cuenta, aunque bella al fin y al cabo, de semejantes descuidos. Se ponía él como principal culpable, en el foco de las responsabilidades, quizás si le hubiese dado mucha más atención en aquella playa las cosas serían diferentes en las aguas termales.
O podía ser un castigo por semejante falta al detalle siendo un renombrado caballero de excelsos modales.
Lo que no esperó, sin embargo, fue la abrupta reacción de la peliverde, quien no sólo expresó violencia a viva voz mientras exclamaba ciertos improperios, sino que también se levantó del agua, salpicándolo y exponiendo su desnudez sin reparos, vergüenza o miramientos. Nada parecía importarle, y Hasegawa, tan coqueto y descarado como siempre, no iba a perder la oportunidad de deleitarse con las vistas.
Las cicatrices tenían su atractivo, una estética excéntrica que se dibujaba a lo largo de su cuerpo en formas seseantes, como si hubiesen sido dibujadas a consciencia. Se distinguían fácilmente como quemaduras, imborrables en la piel, pero añadían una personalidad fuerte que encajaba con lo que recordaba de la mujer en ambos encuentros, lo cual le hizo sonreír levemente. Fue levantando la vista para observarla a los ojos mientras ella terminaba de gritar, no sin antes pasar por cada parte de su cuerpo expuesto a sus orbes cerúleos, y cuando finalmente hizo contacto visual, ella había vuelto a su sitio, arrebatándolo de semejante privilegio, lo que lo llevó a cruzarse de brazos con cierto recelo, "enojado".
—Creo lo contrario. Nos llevamos bien ese día, ¿por qué no te relajas un poco y sólo disfrutas el momento? —con su sonrisa socarrona y tono egocéntrico, se encoge de hombros, mostrándole una nula intimidación ante lo que le dijo, como si confiara demasiado en sus capacidades o en su defecto, creyera que la mujer realmente no fuese a imponer algún castigo físico sobre su persona.
Era el ADN de su personalidad, demostrarle al mundo que se creía por encima de las consecuencias.
Y la base de todo ello se encontraba en su crianza, porque al menos en parte, Maki tenía razón. No era sólo su rostro, físico o cualquier tipo de detalle superficial que Shin pudiese ofrecer, algo en él gritaba nobleza, y precisamente la forma tan rebelde de mostrarse al mundo a pesar de su educación férrea solía atraer a las mujeres.
Nunca recibía negativas, y si alguna vez algo se pareció a un "no", encontraba la manera de salir bien parado del escenario. Las pruebas de humildad las tomaba a modo de perfeccionarse en lo que sea donde haya fracasado, y volver con la misma confianza y autoestima al punto en donde otros lo hayan visto caer.
Pero que ella haya calado partes de su forma de ser no significaba que lo conociera de manera automática, y ver que había cerrado los ojos bajo la idea de relajarse, o al menos en apariencia, lo llevaron a sentirse todavía más confiado. Incluso cambió de lado, poniéndose a un costado de Maki, con una distancia de metro y medio de su brazo izquierdo.
—No dije nada malo de ti, pequeña Maki. Sólo asumí que ese día bebiste más de la cuenta porque, literalmente, los tres estábamos alcoholizándonos. —su tono es juguetón, por eso la explicación pierde peso en seriedad —¡Y aunque te equivocas en todo lo que dijiste de mí, te daré otra oportunidad! —extendió los brazos hacia el techo, emulándola y poniéndose de pie también, exponiendo su físico al desnudo. —¿De qué? —se gira de perfil, observándola de reojo y extendiendo los dedos pulgar e índice a la altura de su mentón —De llevarnos bien, por supuesto. —asintió entonces. Casi que parecían salirle brillitos dorados del rostro, dejando estelas en el movimiento que hizo para volver a sentarse, completamente en su juego.
—Que vamos, entenderé si no te gusta que te diga lo bien que podemos pasarlo si dejas que me acerque un poco más, pero al menos creo que somos capaces de mantener una conversación sin gritarnos, ¿no? —su sonrisa está repleta del encanto natural que sabe desprender, las vibras de un modelo encarnando el papel de chico ideal, pero por dentro comenzaba a desistir de la idea de avanzar hacia algo más carnal considerando lo alterada que se puso ante un pequeño comentario.
Cosas de la vida.
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Maki solía recordar a la gente de forma vaga. Algunos rostros permanecían durante años y otros desaparecían al cabo de unas horas que eran casi todos. Los menos interesantes ni siquiera sobrevivían convertidos en un apodo. O eso creía ella. Porque, por mucho que insistieran, había nombres y rostros que simplemente era incapaz de fijar en la memoria. Incluso los más memorables. ¿A quiénes recordaba para siempre? A aquellos que convertía en canciones que surcaban su mente hasta el fin de los tiempos por que Maki no era una perra, no era una guerrera, ni siquiera pirata. Maki antes incluso que mujer, era una artista. Esclava de las notas, la melodía y el son.
Que le tratase de borracha era el colmo del colmo y parecía que quería fastidiarle, pero. Maki no venía a otra cosa más que relajarse. Su vena retrocedió un poco, la sonrisa insolentemente confiada del paliducho le hizo tornear los ojos algo cansada, se sumergió nuevamente en el agua el insistía en que lo habían pasado bien. ¿Pero ella no recordaba tal cosa o sí?... mierda eso pasaba por que cada jodido día ella lo pasaba bien de espectáculo en espectáculo, de fiesta en fiesta presentando su música, su alegría y su carisma. Aunque cuando no estaba en el era explosiva y pedante, sobre el escenario la cosa cambiaba completamente. Luciéndose con miradas coquetas, suspiros y voces acarameladas como la más seductora de las cantantes
Cada palabra negativa de Maki parecía rebotar en la armadura egocéntrica del hombre que flotaba frente a sí. Le recordaba a demasiados hombres que habían nacido con el mundo servido en bandeja. Sonrisas fáciles. Confianza imposible. Promesas bonitas. Siempre asintiendo hasta la más ridículas de sus ideas para que se lleven a cabo. Nego con la cabeza y se rindió. —Puede que nos hubiéramos divertido… así que dime… tuvimos sexo?... lo hicimos toda la noche o solo fue un revolcón en un callejón algo alejado de la playa? ¿Supongo que quieres repetirlo?... creo que, si lo hubiéramos tenido, lo recordaría?— Pregunto directamente pues varias veces antes se había vuelto a topar con amantes que la volvían a buscar para repetir plato. Como ese dios dorado, o ese otro hombre cuervo. —No soy pequeña, no quiero más oportunidades y tampoco pretendo acertar. Solo es la impresión que me das “Pequeño”— Le devolvió el comentario. Solo faltaba que le llamara muñeca o preciosa. Si le decía preciosa le cortaría algo.
Maki sabia quien era perfectamente, no era una nena, no era preciosa, era un monstruito que daba todo de si para que su personalidad a veces agradable venciera su forma física. Esas marcas, las horrendas marcas que se dibujaban en toda su piel jamás abandonaba su mente y alguien quería llamarla preciosa. Lo tachaba de inmediato de mentiroso y embustero. Con eso perdía puntos completamente con ella.
Eso le hizo reír, claro, porque no, ¿darle oportunidad? —Vaya parece que me gane la lotería. Que me den la oportunidad para conocer al verdadero… verdadero… cual era tu nombre? bah, da igual. Seguro lo volveré a olvidarlo.— Dijo mientras miraba el cuerpo desnudo del hombre alzándose y demostrando que estaba en perfecto estado. ¿Lo malo? Tenía toda la pinta de ser un chico noble, bueno, dulce y con confianza. Demasiado limpio. Demasiado educado. Demasiado correcto. Los hombres así siempre terminaban decepcionándola antes de que pudiera decepcionarlos ella.
—Si gritarnos? Claro que si… no soy ningún animal, pero… que me agrade es otra cosa? Además… para que deseas acercarte— Menciono mientras volvía al nado, aunque el agua era baja, era perfecta para con pocos movimientos serpentear entre rocas y la suave corriente entre salir y entrar del agua temperada.
Como si se tratase de un reptil volvió sobre el hombre, debajo del agua toco sus piernas, endurecidas por el entrenamiento mientras chapoteaba por el agua sutilmente, comenzó a reptar lentamente sobre su cuerpo, convencida de que aquello era exactamente lo que él esperaba ¿Esto era lo que quería? ¿Usarla, dominarla? Se acerca, invade su espacio, le toma la barbilla como quien toma una manzana roja y lustrosa para evaluarla y le habla al oído mientras con un sutil movimiento ronda sus labios de rubí de rojo carmesí,
Pero...
Se detuvo apenas a unos milímetros de sus labios. —No deberías alegrarte cuando un monstruo se acerca. Los monstruos nunca buscan compañía... buscan saciar su hambre.— Sus labios carnosos y danzantes se movieron nuevamente a escasos milímetros mientras hablaba entre suspiros y su cuerpo bamboleante comenzaba a acercarse al señor de la luz. El chico bueno. Se apartó apenas un cuerpo de distancia y apoyó un codo sobre la piedra. Uno de sus pechos emergía apenas sobre la superficie del agua, suficiente para tentar a cualquiera... o para demostrarle que ella decidía exactamente hasta dónde podía mirar.
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