Kiyoshi Gaiden: el hombre en busca de ser fuerte [Fic]
#1
Han pasado muchas cosas en el último tiempo. De por sí, lanzarse al mar como todo un pirata es algo que sucedió demasiado rápido. En la Isla Karate se alinearon los astros para que varios individuos fanáticos de la libertad que entrega el mundo acuático le metieran ideas en la cabeza que, una vez tanteó solo un poco con su alma, ya no pudo soltarlos más.

En un principio, intentó mentirse a sí mismo, diciendo que solo estaba realizando un nuevo trabajo como médico, aunque esta vez para una tripulación pirata. Siempre dio atender a tipos complicados, pues detesta a aquellos que considera no se preocupan por cuidar su salud e intencionalmente se lanzan hacia las garras del peligro. Mantuvo este papel con la tripulación de Los Olvidados durante varias semanas, y si bien de a poco fue mostrándose algo más abierto hacia ellos en cuanto a temas de charlas o relacionarse en sí, seguía sintiéndose un poco incómodo, fuera de lugar. Como si él no perteneciera a ese sitio.

Lo acontecido en Los Cabos Gemelos fue un punto de inflexión bastante grande en su mentalidad, o al menos en lo que pueden ser los cimientos de la construcción del verdadero Kiyoshi de cara al futuro. Hasta ese momento, siempre estuvo acostumbrado a exigir protección del resto, pues fue criado de esta forma. Desde pequeño fue un ser humano sobreprotegido por los suyos, por lo que por mucho que llegó el momento de crecer y conocer el mundo por su propia cuenta, esa debilidad suya tanto física como mental seguía latente como siempre. Por mucho que quisiese deshacerse de ella, seguía siéndole una tarea titánica.

Ahí, al ver que no tenía a nadie más que a sí mismo para defenderse, entendió que no puede seguir con esta vida dependiendo siempre de otros. A pesar de que hubo más personas encerradas con él frente a ese gran monstruo, y aunque pudieron cooperar lo suficiente para todos salir vivos, en el fondo, cada uno estaba enfocado es proteger su propia vida. Al menos ese fue el pensamiento que tuvo Kiyoshi al respecto, entendiendo que, quizás, si le tocaba con otros individuos en una agrupación que fue totalmente azarosa decidida por el destino, pudieron simplemente venderlo y cada quien por su lado.

Fue ahí donde la figura de la mayoría de los presentes se convirtió en una fuente de admiración para él. Comprendió que debe ser fuerte, que no puede quedarse siempre en excusas o justificación. Si bien es positivo ser consiente de las debilidades que posee desde el principio de sus días, debe ser también capaz de potenciar sus propias fortalezas y usarlas apropiadamente con el propósito de imponerse sobre este mundo tan peligroso que se ha abierto ante sus ojos.

No, deberíamos decir que este mundo oscuro siempre estuvo presente ante su persona, solo que intentó fingir ceguera y sordera para no enfrentar lo que debe.

En su afán por dar un paso adelante como hombre, decidió seguir a uno de los tipos que más le sorprendió en aquella experiencia cercana a la muerte. Lo tachó como el individuo cuya espalda podía ser un buen objetivo seguir para recordar y no olvidar jamás lo vivido ahí. Porque sabe que, si quiere avanzar, debe entregar sangre, sudor y lágrimas, llevándolo al borde de la rendición en más de una ocasión, pero si es capaz de mantener en su memoria lo vivido y lo que sintió aquel día, podrá seguir adelante.

Esa es la decisión que ha tomado.

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35 de Otoño del 16
Whisky Peaks


Whisky Peaks es una isla totalmente distinta a todas las que visitó antes. Para variar, llegó en un barco diferente y con personas desconocidas a las que todavía no logra acostumbrarse del todo. Normal si los nuevos compañeros sienten lo mismo hacia él, pues es un tipo bastante complejo de tratar cuando recién lo conoces. Claro, siempre y cuando tú no seas alguien igual o más especial todavía. Al fin y al cabo, hay de todo en este mundo. Nunca sabes la sorpresa que puedes encontrarte en el camino.

Aun con esta incomodidad por ser el nuevo del grupo, en su papel de médico, de aceptar tajantemente que es un pirata y de querer ser útil como tal, ofreció a todos servicios médicos al momento de llegar al pueblo que hay en la zona. Tras rentar un sitio acorde para ello, atendió a todos uno a uno, tuvieran o no algo que necesitase ser revisado. Puede ser una herida, o llanamente algo que deban decir y no encuentren a la persona necesaria como receptora. Sea lo que sea, Kiyoshi se mostró muy dispuesto a ayudar.

Pero sabido es que esta primera detención en su llegada a la Gran Línea no es solo para ser un médico, sino que tiene el propósito de volverse más fuerte. Consiente de que cada viaje hará que todo se dificulte más y más, necesita crecer en todo sentido. Duda, pues las gotas de sudor siempre recorren todo su rostro cuando dedica más de unos segundos a pensar en lo que se viene, pero tras golpear sus muslos o dar cachetadas en su rostro, intenta avisparse y atreverse a dar el paso. Si se queda quieto, solo esperará a que el mundo pirata se lo coma vivo sin mostrar ni una pizca de piedad.

— No puedo ser un tonto inútil siempre. Si no miro hacia adelante y camino hacia mi objetivo, nunca podré vengar las muertes de mis padres. — Porque no ha habido día que olvide el principal impulso que lo llevó a tomar todas estas decisiones. Hay una verdad que debe encontrar y culpables a los cuales hacer pagar. Eso jamás cambiará de página.

Con el rifle en su espalda, abandonó la comodidad del alojamiento y se manda a conocer lo que de verdad puede enseñar esta isla a un pirata novato que busca crecer. Tras mucha lectura de estudio durante el viaje sobre el mar, llegó a la conclusión de que ingresar a una cantina es lo más provechoso. Odia el alcohol y todo lo que eso conlleva, pero decidió hacer sacrificios y salir de su zona de conforto, por lo que ahí estaba el primer paso.

Quién le diría que, al ingresar, de lleno se encontró lo que era la entrada al mundo de la violencia. Como si todo se hubiera montado intencionalmente, a un lado del local, en el costado de la barra de madera llena de jarras y ceniceros, se ubica un hombre de unos 40 años cuya principal distinción en la vestimenta es un negro sombrero de vaquero. Su rostro enseñaba una sonrisa picaresca, confiada, llena de valor. Los dedos de la mano diestra se mueven lenta y armoniosamente a un costado de la funda de pistola que porta en el costado correspondiente del pantalón.

Detrás suyo, oculto por la barra y los barriles de cerveza, se encuentra el bartender, totalmente asustado de lo que está por ocurrir en su sitio de trabajo. Si fuese por él, desearía que todo este pleito se resolviera en otro lado, pero sabido es que el alcohol consigue que la mente de los hombres involucione de una manera patética. Kiyoshi estaba siendo testigo de ello en ese momento.

Del otro lado, frente a una pila de mesas y sillas desparramadas por el piso, se encuentra un grupo de cinco tipos, todos ya con sus armas de fuego en mano. A más de alguno le falta la mitad de los dientes, uno en particular huele bastante mal, otro tiene una botella de vidrio rota en una de las manos, dispuesto a golpear al primero que se le cruce por el frente. En fin, todos unos buscapleitos de los que odia Kiyoshi. Para peor, todos sucios, demasiado, el médico solo los mira con cara de desagrado. Quién sabe qué pasó ahí, pero un cinco contra uno no es algo bastante justo. Bah, es algo horrible, aunque parece que en este tipo de lugares, el honor y el respeto son valores que no abundan.

— Te vamos a llenar de hoyos, maldito bastardo hijo de la mismísima perra. Nos robaste nuestro dinero y ahora te atreves a presentarte aquí como si te diera igual nuestra presencia.
— ¡Eso! Pensamos que ya habrías huido de la isla, pero menos mal que Dios te ha traído como regalo para vengarnos.
— Ni dudes en que le daremos tu cadáver a los animales para que se alimenten. No mereces un final distinto a ello.

Kiyoshi, apenas habiendo entrado al bar, se mantuvo de pie observando todo con una cara de poker bastante peculiar. Quiso venir a aprender cosas de este mundo, pero esto era algo… algo muy exagerado, la verdad. Pero bien dicen que las buenas historias son las que se alejan de lo lógico. Afortunadamente, todos lo ignoraban por centrarse en su propio asunto.

El tipo en desventaja, callado hasta ahora pero siempre sonriente, suelta una carcajada imposible de ignorar incluso para la gente que se encuentra fuera del local, algo alejada por miedo a verse involucrada en un asunto que no les compete.

— Lo siento, niños, realmente volví para ver si podían darme un poco más de berries para beber. Estoy sediento y ya me gasté todo lo que me regalaron la otra vez. — Realmente no le importaba nada, un verdadero maldito, un distinto de esos que solo nacen cada 20 años en el lejano oeste.

En cualquier momento el conflicto estallará y los disparos se escucharán por toda la isla. ¿Cómo procederá la historia?
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#2
La atmósfera del bar se encuentra cargada de una tensión tal que pareciera poder cortar a cualquiera que no tenga la fuerza de voluntad necesaria para entrometerse en semejante conflicto. Kiyoshi, al margen, ya sitúa las manos sobre la masa. O sobre su arma, más bien. Toma aquel rifle que ya no oculta en su espalda como en tiempos pasados, sino lo que tiene a la vista de todo aquel que se presente en tu entorno. No necesita revisar la munición, pues siempre está cargado y listo para repartir proyectiles a cualquiera que quiera pasarse de listo con él. Es consiente de que ya no puede simplemente usar la herramienta de pólvora para la defensa propia, sino que debe tener la capacidad de ser proactivo e imponer sus reglas desde el comienzo.

— Hasta aquí llegaste viejo.
— ¡Ve a conocer a tus ancestros al infierno!
— ¡Prometemos que será rápido y sin dolor! ¡Es broma!

Justo cuando la matanza está a punto de esperar, un disparo al aire frena en seco las intenciones de todo el mundo. La bala escuchada chocó contra el techo del recinto y lo atravesó como si fuese hecho de plumavit. Los cinco tipos malolientes y mal aseados giraron el cuello hacia el artífice de tal distracción, centrando los diez ojos en un Kiyoshi que los mira con una cara tal como si tuviese frente a él las imágenes más desagradables creadas por Dios. Desprecio, asco, odio; esos son los sentimientos que transmiten esos ojos que destacan en ese rostro mayormente cubierta por la mascarilla médica.

— ¿Quién diablos eres tú, flacucho? No te metas en donde no te llaman.
— ¿No ves que estamos arreglando problemas de hombres? Los debiluchos como tú aquí no tienen cabida.

Sin duda, la forma de hablarle es realmente desagradable, y cualquiera que conoce a Kiyoshi debe saber que no es de los tipos que se quedan callados y solo se hacen a un lado. Se trata de un hombre que tiene la mala costumbre de siempre decir lo que piensa, aun cuando se aconseje lo opuesto. Es una característica que no ha cambiado jamás y quién sabe si algún día cambiará; es parte de su esencia.

— Son unos estúpidos tontos que no se saben ni bañar. No importa la isla en que estén, deberían conocer el agua. Realmente me da asco tener que encontrarme con ustedes. Ahora lárguense si no quieren que los llene de plomo, tontos. Imbéciles. Putos. — Y si tuviese todo el tiempo del mundo, diría todos los insultos que se le vienen a la cabeza. Pero por motivos de avance de la trama, lo mejor es que se detenga y continuar.

Claro está que a los malnacidos estos no les gusta para nada lo que acaban de oír, por lo que tras mostrar sus peores caras —sí, peores de las que tienen por defecto—, voltean sus cuerpos hacia el médico y también se disponen a alzar sus armas en su contra. Ni tonto ni perezoso, Kiyoshi también levanta su arma y apunta hacia ellos, convirtiéndose esto en un intercambio de disparos como si se tratase de una gran película de vaqueros.

Sin embargo, no es Kiyoshi el que estaba destinado a enfrentarse a ellos, sino al viejo sonriente que, ahora molesto por haber sido dejado de lado, desenfunda una de sus pistolas y derriba al instante a uno de los enemigos. El resto se calló y paralizó al unísino, incluido Kiyoshi. El tipo baleado está en el piso, sin moverse ni un centímetro, aunque aún es prematuro aventurarse a decir que está muerto.

Una gota de sudor cae por la frente de Kiyoshi, anonadado por la velocidad del viejo al momento de disparar. Los otros, sin una basta experiencia como tiradores, no son consientes de ello. Solo están molestos por lo que le acaba de pasar a su compañero, tomando como una provocación directa la ofensiva en su contra.

— ¡Ahora sí que vas a ver, viejo estúpido!
— Y espero que ni tengas familia, porque ellos serán los siguientes una vez estés muerto.

Kiyoshi, bastante astuto, a decir verdad, opta por dar dos pasos hacia atrás. No quiere verse envuelto en el fuego cruzado; además, de esta forma, con un paso más en retaguardia podrá salir del bar y escapar hacia alguna dirección en caso de necesitarlo. A eso le sumamos que, desde esta posición, puede dispararle a cualquiera. Realmente, podemos decir que Maeda ha ganado la ventaja de posicionamiento. ¿Será eso suficiente?

El conflicto estalla y las balas no dejan de sonar. Lo que ven los ojos del médico es increíble, quedando maravillado por la escena que tiene al fortuna de presenciar. Todos los malditos disparan al unísono, pero, a pesar de la edad, el viejo esquiva como si fueran bebés lanzando bolas de nieve. Ninguna bala puede tocarla, y eso no es todo, sino que mientras se mueve, dispara sin cesar con ambas manos, posee dos pistolas. En cuestión de un instante, la aplastante victoria ya se ha decidido y solo un hombre se mantiene en pie. Para tanto que hablaron, los sucios no fueron rivales dignos.

— Mierda, ¿seré capaz de asestarle un disparo? Es demasiado rápido… — Es imposible que no dude, pues la preocupación ha invadido todo su cuerpo. Lo que en un principio fue solo una gota de sudor, ahora la misma se expande por gran parte de su cuerpo. — No, no, debo confiar en mi capacidad de tirador. Es mi fortaleza, debo apoyarme en ella. — Muchas ideas pasan por su cabeza al creer que, por involucrarse, ahora también forma parte de esta mini guerra. Pero, para su sorpresa, el viejo enfunda sus armas y, mostrando su clásica sonrisa, avanza tranquilito hacia la posición de Kiyoshi. Este hace el amague de huir, retrocediendo la pierna derecha un paso, pero un gesto del de más edad le hace detenerse.

— Tranquilo, tranquilo, no te preocupes. En ningún momento te he considerado un enemigo. Sé que no viniste aquí a cazarme como esos niñatos. — Y razón no le falta.
— Eres realmente hábil para tu edad, tonto. Si bien te vi siempre con la confianza de que tenías la situación bajo control, un cinco contra uno nunca es algo a subestimar.
— JAJAJA, ¿crees que esos niñitos me preocuparon en un momento? Solo eran mi vía fácil para conseguir dinero. Creí que tenían un mínimo de inteligencia como para saber que no les convenía enfrentarse a mí, pero subestimaron mi apariencia.
— ¿Así que solo eres un viejo ladrón que abusa de los débiles? Eso me desagrada.
— Veo que no tienes miedo de decir lo que piensas. Eres el tipo de hombre que me cae bien, pero también el tipo de persona que muere joven. Ten cuidado con eso, muchachito.
— Yo… no moriré. Debo hacer muchas cosas aún. Soy débil, pero no moriré. No, soy fuerte, y lo seré más.
— Te veo dubitativo. ¿Qué haces aquí en un sitio tan peligroso? Sin la fuerza física y mental, un día de estos el mundo te comerá vivo.
— Soy un pirata, uno novato… Pero quiero ser fuerte, alguien capaz de defenderse a sí mismo y ayudar al resto. No quiero ser una carga.
— Pues el primer paso es enfrentar tus miedos y dar un paso adelante. Tal como te gusta hablar, debes actuar. El mundo pirata siempre te obliga a ser libre en cuerpo y mente. No olvides lo que te acabo de decir, no todos los días un viejo sabio te dedica unas palabras.

El viejo pasa por un costado de Kiyoshi y abandona la taberna, caminando siempre a paso tranquilo como si nada hubiera pasado. Quizás, un tiroteo para él es similar al pan de cada día. En cuanto al médico, se queda unos segundos de pie, meditando en la información y los consejos que acaban de ingresar por sus oídos. ¿Qué es lo que innatamente desea hacer en este momento? Lo que el viejo dijo es que debe atreverse, no pensar tanto en la posibilidad de fallar, sino simplemente hacerlo.

Se apura y corre, aun cuando odia hacerlo. No tarda en encontrar la dirección que tomó aquel hombre para retirarse, siguiéndolo como si no hubiera un mañana. No puede dejar que se le pierda, quizás no se le presente otra oportunidad como esta. Está decidido, y eso es bueno; un cambio en su actitud, un avance.

— ¡Ey, tonto! ¡Detente!

El viejo frena sus pasos y gira medianamente su cuerpo para ver a Kiyoshi que está cada vez a menos metros de su decisión.

— Hay algo que quiero decirte, no te vayas.
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#3
Kiyoshi siempre ha pecado por ser individualista, por valerse por sí mismo, por negarse a buscar ayuda en los demás. La única excepción a la regla ha sido la de protección, la de querer que personas fuertes se antepongan ante él para así garantizar su supervivencia. Es así debido a la crianza que tuvo, en donde siempre le hicieron ver la debilidad que poseía, y ante tanto cuidado —incluso muchos exagerados—, creció con una falta de confianza importante en cuanto a lo que es sobreponerse al mundo mediante su propia fuerza.

Lo que es compartir su fuerza junto a otro, apoyarse, dar todo por uno y también por otro, es algo que recién ha comenzado a surgir en él recientemente. Anteriormente, todo lo vio como un servicio, una prestación. “Yo soy tu médico, tú me defiendes”. Pero no más. Desea hacerse fuerte, desea aprender y mejorar, no usar al resto ni ser usado. Confía en que en este grupo en el que está, la cooperación será lo más importante. Y Kiyoshi se niega a ser el único tonto que no aporte, o que aporte en menor medida que el resto.

— ¿Y puedo saber qué es lo que debo escuchar? Nadie dice que solo tenga problemas con esos tipos. Pueden venir más a molestarme en cualquier momento.
— ¿Y eso qué tiene que ver conmigo?
— Que si te ven conmigo, creerán que somos aliados y también te fijarán como su objetivo.
— Eso no me importa, no les tengo miedo.

El viejo ve en Kiyoshi una mirada distinta a la de antes, aprecia en sus ojos un fuego capaz de quemar al mismo diablos en las inmediaciones del infierno. La determinación que desprende el médico en este momento puede palparse en el aire como si se tratase de un objeto sólido, pero tras la sonrisa que mantiene permanente el viejo, se encuentra una respuesta que el pelinegro no se esperaba.

— Me gusta resolver los problemas por mi cuenta, así que me niego a hablar contigo en este momento. Si querías algo, pudiste decírmelo dentro de la taberna. Perdiste tu oportunidad, solo asegúrate de no perder las siguientes.
— Espera, no te atrevas a ir… — Ni alcanza a terminar su frase, pues el viejo, enseñando la misma velocidad que antes, ya se encuentra varios metros lejos huyendo por sobre los tejados.

Kiyoshi, ni tonto ni perezoso, se decide a seguirlo. Aunque no todo será tan fácil como suena, pues nuevas palabras se escuchan desde su retaguardia. Al girarse, se encuentra con tres tipos grandotes, de hombros anchos, y con las cabezas cubiertas con máscaras, buscando así que no se reconozcan sus identidad a la hora de realizar sus crímenes.

— ¡Oye tú, Larguirucho! — Kiyoshi, incrédulo, se apunta a sí mismo con el índice. — ¡Sí, tú!
— Así que eres amigo del hijo de re mil puta del anciano ese. Nos debe una cantidad insana de dinero.
— Relájense, hermanos, mejor vean lo que tiene en su espalda. De seguro podremos sacar un buen dinero por su rifle.
— Tienes razón, hermano. Nos desquitaremos con este bueno para nada.

Por supuesto que Kiyoshi pone mala cara. Una cosa es insultarlo y meterse con él, y otra muy distinta es apuntar a su querida arma como objetivo. No tarda en ponerlos en su lugar primero usando el don de la palabra.

— ¿Qué diablos se creen ustedes, tontos? Apuesto que ni siquiera se bañan, sucios. ¿Acaso hay concurso de disfraces o ustedes llegaron tarde a la repartición de cerebros? — Wow, realmente se ha enfadado.

Los tres mosqueteros, como les diremos desde ahora para que sea más fácil identificarlos, se enojan aun más. Este pequeño grupo consta de tres hermanos caracterizados por la poca paciencia y nula inteligencia que poseen. Por eso, el tipo de las pistolas los engañó como si fueran simples bebés que no tienen idea del mundo. Al verse superados por capacidad cognitiva, se sintieron humillados y por eso hoy buscan venganza. Lamentablemente, Kiyoshi estaba en el momento y lugar menos indicado.

O eso parece, pues él puede tener una visión totalmente diferente respecto a la suerte que acaba de tener.

— ¡A por él!

A diferencia de los de la taberna, estos usan únicamente sus puños a la hora de afrontar un combate. Son el tipo de reto que Kiyoshi odia, pues a simple vista se nota que él no es de los que usan los músculos para defenderse.

Con su rifle en alto, no duda en jalar el gatillo, apuntando directamente a las rodillas de sus agresores, queriendo así limitar su movilidad. Lamentablemente, esto no funciona, y por mucho dolor y sangrado que ellos experimenten, siguen hacia adelante con una sonrisa en el rostro. Cuando logran entrar en su rango, los puñetazos van directo hacia su rostro, viéndose él ante una situación en la que no puede resolver a su favor. Atina a cerrar los ojos debido al miedo, pero ahí es cuando sucede la magia.

Alguien lo toma del cuello de la camisa y, a base de fuerza bruta, lo obliga a retroceder unos metros, tomándolo tan por sorpresa, que rueda varias veces antes de detenerse y poder levantarse.

— ¿Qué haces quedándote quieto, muchacho? No eres una torre estática, eres un humano con piernas. ¡Úsalas!

El viejo ha regresado y ha salvado al pobre Kiyoshi. Mostró una fuerza y agilidad importantes, seguramente muy por encima de lo que se puede ver por estas islas, o eso piensa el médico.

En cuanto a reacciones, Kiyoshi sigue sorprendido, sacudiendo su ropa al ponerse de pie. Los mosqueteros lucen felices, pues ante ellos se muestra el tipo del cual buscan venganza.

— Miren, hermanos, parece que la suerte hoy está de nuestro lado. Este tipo ha venido a regalarse para que lo tomemos como esclavo.
— Es cierto, hermanos. Pido poder darle de patadas antes de dormir por las noches.
— Entonces yo lo usaré como saco de boxeo por las mañanas.

El viejo solo suelta una carcajada, ya no siendo una sorpresa. Es un tipo alegre por mucho que sea un estafador y, por consiguiente, se le pueda tachar como mala persona. Kiyoshi no deja de sorprenderse de él, emergiendo dentro suyo una pequeña admiración que probablemente no deje de crecer conforme pasan los días.

— Primer consejo, muchacho. Debes moverte, debes usar esas piernas que te otorgó Dios para que así el enemigo no te alcance. O también hay otra alternativa en caso de que no quieras moverse mucho.

Claro, siendo él, es fácil hablar. Literalmente, en un momento desaparece de su ubicación y reaparece al costado de uno de los mosqueteros. Le da semejante patada a la altura de la rodilla, que le causa un esguince instantáneo, provocándole gritos de dolor y una caída inmediata. Para que deje de hacer ruido, le da otro golpe en la cabeza, noqueándolo. Los otros dos, estupefactos, quietos como estatuas. No se creen lo que acaban de ver.

— Si el enemigo no puede moverse, tú tendrás la distancia. Muévete tú o impide que el otro se mueva, ¿me entiendes? Pero si él se mueve y tú no, solo entregarás tu vida. O mejor, no te dediques a ser un tirador.
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#4
Lo que acaban de ver es increíble. Todos están anonadados, preguntándose cómo deben hacer para enfrentarse a siguiente rival. Los dos tipos que quedan en pie desean atacar, pero el miedo ha invadido cada vértebra de su ser. Se miran entre ellos, luego observan a Kiyoshi; buscan respuestas donde no las hay, pues el médico tampoco sabría cómo encargarse de este sujeto. Armándose de valor, el más alto de los hermanos apunta directamente a la cabeza del viejo y jala el gatillo. La bala pasa de largo y se impacta en el suelo, pues otra vez el escurridizo anciano esquiva y queda con su arma apuntando al mentón del tipo, amenazando con volarle todo lo que se llama cabeza.

— P-por favor… N-no lo… no lo hagas… P-por favor… — Entre sus pantalones logra apreciarse una mancha; el pobre tipo se ha orinado.
— Perdónanos la vida, prometemos no molestarte más. El dinero que te dimos puede quedártelo.
— S-sí… E-es más, te-te daremos más… — Solo quieren vivir un día más, zafar de este asunto y no ver nunca más al demonio que tienen enfrente.

Durante largos segundos, nadie se mueve, nadie dice nada, NADIE RESPIRA. Incluso personas que se encuentran en los alrededores ni siquiera parpadean, manteniendo la distancia y esperando expectantes el final de semejante trifulca.

¿Qué es lo que decidirá el viejo? ¿Tendrá piedad con estos tipos que no dejan de seguirlo y amenazando? Bueno, caigamos en cuenta que fue él quien los estafó y luego se lavó las manos. En cierto sentido, los tres mosqueteros solo han estado reclamando lo que por derecho les pertenece. Ellos no son los malos, por lo que podemos concluir que es Kiyoshi quien desea aliarse a aquel que representa un sector negativo de la sociedad. ¿Pero importa eso acaso? Es un pirata, no puede ser un buen ciudadano para siempre. Kiyoshi debe entender que, si quiere representar realmente el cargo que tiene ahora, debe aceptar el ensuciarse las manos, literalmente.

Al fin la respuesta se presenta ante nuestros ojos. El viejo suelta una risita y baja su arma, guardándola en la funda. Se voltea, dándole la espalda a los hermanos y, con manos en los bolsillos, camina como si nada en dirección a Kiyoshi.

Se trata de un hombre que ha vivido de todo, que vio la muerte de cara muchas veces, por lo que encontrar cierta maldad en su corazón es casi imposible. Consiente es de que ya atraviesa la última etapa de su vida. Al final, solo es un viejo que sufrió tanto y hoy en día solo quiere beber, disfrutar y esperar el momento de su hora. Por lo tanto, quitarle la vida a estos muchachos que tienen toda una vida por delante es algo que no llena su vacío corazón, también le otorga más años de vida.

— No se preocupen, niños. Tomen a su hermano y váyanse. Lamento haberme quedado con su dinero, es solo que a veces a los viejos nos cuesta conseguir un trabajo honesto. — Le guiña un ojo a Kiyoshi, actuando como cómplice.

— Bien, señor, le agradecemos mucho la oportunidad.
— ¡Sí! Si llegamos a reunir más dinero, prometemos invitarlo a unas jarras de cerveza. Se lo prometo.
— ¡Corre, hermano!
— ¡Sí, corre!

Con el tipo inconsciente sobre el hombro, escapan corriendo como si no hubiera un mañana. Luego de tanto ruido, finalmente el silencio vuelve a reinar en este espacio.

— ¿Realmente está bien que los dejaras ir? Por mucho que digan eso, parecen del tipo que no se rinden. Volverán a por ti con algún plan, ¿no les temes?

El viejo solo ríe; es muy risueño.

— No te preocupes. Si regresan, aquí estaremos nosotros esperándolo, ¿no lo crees? Dos cabezas piensan mejor que una, y también dos armas hacen más daño que una.

Sorprendido, Kiyoshi lo mira. Entiende lo que quiere decir y, debajo de esa mascarilla, enseña una pequeña sonrisa. Sin deber haber demasiado, consigue lo que quiere. El viejo comienza a caminar y, en silencio, el médico lo sigue. La caminata es larga, tanto, que el sol poco a poco comienza a abandonar los cielos para dar paso a una leve oscuridad. Se alejan un poco del pueblo, llegando a una zona más solitaria y tranquila.

— Quiero ser fuerte como tú, no una copia, sino que crear mi propio estilo. Confío en mi capacidad, pero aprendí que en estos mares no puedo quedarme como estoy. Debo crecer, y sé que tú res la respuesta para todo eso. No puedo permitir que mis compañeros arriesguen siempre su vida por mí. Deseo cuidarlos como médico y como francotirador.
— Entiendo. Pues déjame decirte que has llegado con el hombre indicado. No sé cuántos años han pasado desde la última vez que se presentó ante mí la oportunidad de concentrarme en algo y ser un real aporte para alguien más. Quizás tú seas el motivo por el que sigo vivo esperando que algo anime mi alma. De acuerdo, muchacho, te haré un tirador capaz de llenar de plomo a cualquiera de este mundo. Me aseguraré de que así sea.
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#5
Durante varios días, Kiyoshi estuvo alejado de sus compañeros. No se preocupó de estar al pendiente de sus enfermedades o situación actual en la isla. Únicamente los contactaba por den den mushi para hacerles saber que sigue con vida. No es porque no piense en ellos como personas a las que les deba explicaciones, sino porque la concentración se mantuvo permanentemente en el entrenamiento. Pudo percatarse de la fuerza de algunos individuos en los Cabos Gemelos, personas que terminaron como si nada tras enfrentarse a enemigos tan peligrosos como el que él y Eros tuvieron que hacer frente. Imposible fue que Kiyoshi no viera mermada la ya poca confianza en sí misma que poseía, pero esto sirvió para que abra su mente a mejorar sus capacidades. Quedarse como estaba solo lo llevaría por el camino hacia una muerte tonta, tal como él las odia.

Lo primero en que ambos tiradores se centraron en mejorar es el poder moverse y disparar. Desde siempre, Kiyoshi, por el tipo de arma de fuego que usa, se centró en practicar su puntería desde la quietud. Básicamente, no se mueve. Se mantiene siempre estático con la intención de ser certero cada vez que decide jalar el gatillo. Sin embargo, esto tiene sus desventajas, sobre todo cuando te toca plantarle cara a un mundo en donde hay monstruos que, encerrado en tu humilde casa del South Blue, jamás imaginaste. Su propio maestro, por ejemplo, hizo gala de la gran agilidad que tiene para casi no ser visto al momento de atacar.

Pero con Kiyoshi la historia es muy diferente. Siendo así desde el nacimiento, su cuerpo se ha caracterizado por poseer una debilidad que no muchos padecen. Velocidad, resistencia, fuerza, todos atributos que carece. Media jornada parece un entrenamiento militar, pues se dedica a trotar como si no hubiese un mañana. Lo aborrece cada segundo, pues sus piernas temblaban en cada paso y sentía como si los gemelos fueran a desgarrase todo el tiempo. Durante el descanso para el almuerzo, solo se quedaba tirado sobre el piso. No le importaba la suciedad ni nada, solo dejaba caer como si un trapo para limpiar la cubierta fuese.

Muchas veces pensó en rendirse, en dar las gracias, retirarse y seguir dependiendo del resto para sobrevivir en este viaje. Pero recordar a aquellos que mostraron valentía frente a la muerte fue su fuente de inspiración para volver a levantarse y seguir. Cada gota de sudor debía valer la pena, pues si algo le comentaba su maestro a diario es que se podía olvidar de obtener resultados de un día para otro, pero que cada día que le dedique a la mejora, a la larga le hará mejor que todos aquellos que se rindieron antes de dar el primer paso.

No todos los que trabajaron duro alcanzaron el éxito, pero todos los que alcanzaron el éxito trabajaron duro.

La segunda mitad de la jornada se enfocar en disparar, centrándose en moverse y disparar a distintos objetivos, ya sea quietos o en movimiento. No solo le provocaba cansancio extremo al tener que estar en constante acción, sino que también lo azotaba un estrés mental del cual le costaba escapar. Ignoraba todas las recomendaciones de salubridad que conocía al tener que escupir continuamente al suelo, o vomitar en donde sea que haya algo para ocultarlo mínimamente. No podía ser exquisito con el entorno ni los cuidados, pues llegó un punto en que su cabeza no tuvo más espacio para ese tipo de ideas. Cuando llegas a la extrema fatiga, el intelecto disminuye, o más bien no tienes la capacidad para usarlo como es normal.

También fue obligado a utilizar otro tipo de armas de fuego, como pistolas. Siempre se enfocó en usar únicamente rifles, pues esa fue la educación que le dieron durante los años que estuvo en la academia. Si bien muchos principios acerca de la técnica de disparo se mantienen, hay muchos detalles que son bastante ajenos, teniendo que mojarse la cabeza para enfriarla y así poder poner atención a todas las instrucciones que le daba el viejo. Normal es que los primeros días no pudiera hacer nada con un arma diferente, pero poco a poco le iba agarrando el truco.

Aun así, no cambiaría su rifle por nada. Está demasiado arraigado a esa arma, especialmente al modelo que él posee, siendo un regalo de su padre como recompensa por haber aprobado el largo campus de entrenamiento en que participó.

— ¿De verdad crees que todo esto me servirá? A veces siento que me preparas para una tonta maratón. Llega el punto en que deseo dispararme a las piernas para cortarlas y me dejen de doler.

— No puedes depender solamente de tu arma o el poder de tu fruta del diablo. Tu cuerpo debe ser capaz de soportar el estrés y el dolor que trae consigo lanzarse a este mar tan peligroso como pirata. Solo espera y verás. Algún día me agradecerás todo lo que estoy haciendo por ti.

— Ya lo hago, pero sigue siendo duro… Siento que me canso menos que los primeros días, pero sigo siendo lento. He intentado aplicar conocimientos médicos sobre el entrenamiento, pero no sé…

— La verdad es que has nacido con físico antónimo a lo privilegiado, eso no te lo puedo negar. Aunque no consigas tener una buena aceleración, la resistencia te ayudará a. El primer día te cansaste meramente caminando hasta acá. Diría que ahora puedes trotar desde el pueblo sin terminar a punto de morir.

— Bueno, tal vez sea verdad… Aun así, he gastado casi todos mis inhaladores para el asma. Sin ellos, no podré mantener relativamente estable mi salud durante el entrenamiento.

— Tampoco creas que te entrenaré deporvida. Yo también tengo cosas que hacer por mucho que me divierta instruirte. Además, ser un pirata perteneciente a una tripulación no conlleva únicamente aumentar tu fuerza.

— ¿De qué hablas, tonto?

— Me extraña mucho que lo preguntes viniendo de un médico como tú. Necesitas mejorar la convivencia, el trabajo en equipo, aprender de tus compañeros. Mientras más sepas de ellos, mejor pirata serás. Claro, si nada de eso importa, mejor abandónalos y viaja por tu cuenta.

— Lo sé, eso es algo que ya intento hacer. Asumo que me lo dices porque llevo mucho tiempo desaparecido. Quizás ya pronto viene siendo hora de que los visite.

— Los piratas no se estancan en islas, muchacho, sino que siguen avanzando hasta donde su ambición los lleve. Por mucho que quieras mejorar mucho quedándote una larga temporada aquí, el verdadero entrenamiento se encuentra allá afuera. Nada te ayudará más que la experiencia real. Solo así conocerás tu auténtico potencial.

— Supongo que… tienes razón, viejo tonto.

Y sabio, muy sabio. De eso no se vayan a olvidar.

— Bien, lo último que deberemos trabajar es cómo usar ese poder especial que tienes con tu talento como tirador. Será la fase final de nuestro entrenamiento.

Ya estamos cerca del final de esta historia, lamentablemente. ¿Kiyoshi aguantará hasta el último día?
[Imagen: u2oxCl9.png]

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#6
La fase final del entrenamiento comenzó y es donde, aunque ya no debe recorrer grandes distancias para mejor su cardio, sí gasta mucha energía al tener que controlar de mejor forma lo que es su poder del diablo. Si bien desde hace tiempo que posee cierta habilidad para sacarle provecho, la realidad es que sigue usándola a un nivel muy básico. Tiene la creencia de que puede alcanzar un mayor potencial si se esmera en mejorar, pero nunca se tomó el tiempo necesario para ello. En el fondo, todos estos meses ha seguido con el nerviosismo de haber obtenido algo tan raro y que llama mucho la atención. Y es que hasta haberla consumido, nunca antes vio nada igual.

— Anda, debes concentrarte más. Si eres un tirador, debes ser capaz de visualizar tu bala aunque esté dentro del arma y no la tienes a plena vista.

Lo que dice tiene sentido, pues lo que trabajan es que a través del cuerpo, y en primera instancia de las manos de Kiyoshi, se creen burbujas capaces de rodear sus balas para así realizar lo que podríamos llamar un ataque combinado. En un principio, la dificultad radica en que es incapaz de controlar que la burbuja no salga derecha sin la bala, o que la misma explote al momento en que la pólvora trabaja.

Días y noches completas de trabajo es lo que le tiene exhausto. De algún modo es que su maestro consigue dinero sin trabajar para a diario traer la comida necesaria que reponga sus energías y le permita seguir adelante. Normalmente Kiyoshi se cuestionaría esto, pero está tan centrado en su práctica, que su cerebro no da para mucho. Llega el punto en que su mente solo le muestra armas, balas y burbujas, nada más. ¿Será que se está volviendo loco?

— ¿Todos los piratas deben pasar por entrenamientos así de duros para llegar a ser fiables para sus compañeros? Me niego a creer que todos acepten sufrir de esta forma. — El viejo ríe al escucharlo.

— No solo los piratas, muchacho. Todo ser vivo que quiere destacar y sobrevivir en este mundo tan peligroso debe tener fortaleza mental necesaria para soportar todo esto. Aunque tú seas algo flojo y acomodado debido a que te has acostumbrado a tus debilidades, lo cierto es que acepté tenerte bajo mi tutela porque vi en ti una dedicación y una responsabilidad que no es habitual. Tengo fe en que lograrás cosas, pero eso depende en su mayoría de ti. Espero no estés pensando en dejarme como mentiroso. — Kiyoshi mira hacia el suelo mientras descansa, con su cuerpo inclinado hacia el frente y las manos apoyadas en sus rodillas; de su frente caen infinitas gotas de sudor sobre la tierra.

— Siempre pensé que lo correcto era aceptarme como lo que soy, un hombre débil que necesita del resto para que lo cuide. Pero lo cierto es que solo no quería admitir que me sentía frustrado.
— Todos pasan por esa etapa, pero diría que la tuya duró demasiado. Por lo que me has contado de tu vida, empezaste a vivir cosas a mucha edad que deberías haber aprendido y experimentado de más joven.

— Pero si un viejo tonto como tú dice que nunca es tarde para empezar, quién soy yo para ponerlo en duda.

— Jaja, tienes mucha razón. Anda, levanta esos brazos y sigue entrenando. Tus compañeros ya deben estarte esperando. Hoy debes estar listo para seguir tu camino, doctor pirata.

En lo que resta del día no descansa ni un minuto, solo se toma segundos para hidratarse y nada más. Durante la noche es más de lo mismo, da todo de sí aunque sus piernas parecieran transmitirle que no dan más. Él sigue adelante.

Para cuando el sol ilumina Whisky Peaks, el entrenamiento ha dado sus frutos. La bala se impacta en el árbol y deja la corteza húmeda como señal de que la humedad se ha transmitido a través del proyectil. Es solo un primer paso, aún le falta mucho por mejorar, pero siente que todo ha valido la pena.

— Hasta aquí llega nuestra aventura juntos, muchacho. De verdad ha sido divertido, pero considerando mi edad y el largo viaje que te espera, lo más seguro es que no volvamos a vernos. Es una pena.

— ¿Desde cuánto eres tan sentimental, tonto? Podrás saber cómo estoy al escuchar las hazañas que cumpla mi tripulación. Estoy seguro de que oirás de nosotros en el futuro.

— Eso espero. Solo asegúrate de salir vivo tras conseguir todos esos logros. Tuve muchos compañeros que entregaron la vida y estoy seguro de que no se quedaron conformes. Cuando sientas que debes morir, ten presente que deberás ser capaz de mirar atrás y sentirte orgulloso de lo que lograste.

— No puedo prometerte algo como eso, pero lo intentaré. Odio a los tipos que terminan lastimados o muertos por nada. No quiero convertirme en un tonto que detesto, eso lo sabes.

Ambos caminos hoy se separan. Para cuando Kiyoshi ya tiene listo su equipaje y camina hacia el bardo en donde lo esperan los demás, desde atrás a la distancia lo espera su maestro y aquellos tipos del primer día con los que tuvieron problemas. Al parecer, ellos fueron los que suministraron comida y agua para que los otros dos se centren en el entrenamiento. Al final, todos terminaron como buenos amigos.

OFF ROL: Fic de entrenamiento en Whisky Peaks, terminado.
[Imagen: u2oxCl9.png]

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