Dos días enteros costó la puesta en tierra en la Isla de Baterilla. Durante ese tiempo, Kael se puso a rememorar como sus compañeros de División decidieron, cada uno por sus diferentes motivos o inspiraciones acompañar al de cabello azabache. No esperó a ninguno de ellos, y observar como el más alto de todos ellos se le acercó tan pronto se dió cuenta de su presencia fue algo que no llegó a esperar.
Tomó en ese momento el documento que le fue extendido guardado en el sobre amarillo; una propuesta osada y algo prepotente. ¿Hubo en algún momento precedente de peticiones similares? Sin duda, no de una tripulación movida únicamente por soldados rasos de la Marina. Sin un líder a la vista entre nuestros miembros, aquello seguramente nos daría mala imagen...
Pero visto de otra forma, quizás eso nos serviría para llamar la atención.
—Si consigues que Hasegawa tenga interés por el matrimonio te aseguro que buscaré algún brujo que rompa el hechizo que se le ha lanzado. Aunque puede que para él Choi no sea una opción descartable.—Por supuesto, aquello no era más que una broma tratada con una pizca más de seriedad, puesto que de las dos opciones era la que al menos había conseguido captar su atención.
Aquello pudo haber finalizado de aquella forma, pero en cambio, la llegada de Nyra fue sin duda...llamativa. Cargada de tres maletas por sí sola, la carga de equipaje excedía lo que un Marine frecuente cargaba consigo. Normalmente uno de ellos no suele llevar tantas pertenencias al exterior, principalmente justo por el problema que ella misma menciona: es demasiado pesado cargar con tanto cada vez que nos mandan realizar un traslado.
En aquella conversación, el humano se acercó para ofrecer su ayuda, liberándola de, al menos, una de las maletas con las que tan pesadamente cargaba con incomodidad, y si era bien recibido, incluso de dos de ellas hasta llegar al camarote común.
—Te acompaño. Es evidente que por lo menos vienes preparada para lo que se nos venga encima.
Y así, caminó hasta la zona de descanso, donde pudo observar como su amigo, por alguna razón, había conseguido embarcar antes que él. ¿Cómo lo ha hecho? ¿Fue por el truquito que mostró unos días atrás? Pero este no le prestó atención, pues sus comentarios fueron en dirección a dos personas tras de él. Choi y Dravenia, dos personas que, al parecer, poseen la misma relación que Shin y él.
—No tienes remedio, Shin.—Su tono invariable tenía en mente un cansancio acostumbrado al desorden de su compañero. Había cargado atuendos suficientes para mantener una cantidad justa y adecuada a él mismo...y por supuesto no esperaba tener que prestar las suyas a su compañero, ya que por supuesto, las mismas le valían a los dos.—Te prestaré algo hasta que lleguemos.
Pero ya las dió por perdidas. Una vez que el albino se las pone, las impregna de sus muy fuertes perfumes y las echa a perder por completo. Ese olor quedaba pegado a la tela durante días por muchos lavados a los que se viesen expuestas. Kael había perdido el sentido del olfato por su culpa, y no tenía duda alguna sobre ello.
Compañeros de una nueva división, cada uno con sus peculiaridades y formas de ser tan inusuales. Es evidente que cada uno es más impredecible que el anterior, tal y cómo lo fue su anterior grupo tantos años atrás...
Llegar a Baterilla para el resto de navegantes debió ser todo un camino de rosas, pero para él, comenzar a intentar aprender a acostumbrarse a cada uno de ellos en un ambiente informal fue, sin duda, toda una auténtica odisea.
"Esto no va a ser fácil, sin duda".
Off
Kael y el resto de miembros de la División 75 de la Marina desembarcan en Isla Baterilla el día 62 de Primavera, año 17
Mi cola se agitó felizmente ante la oferta del moreno.
—Aaaaaw, ¡muchas gracias, Kaeeel! —celebré tendiéndole primero una de las maletas que llevaba a un lado y luego rápidamente la segunda—. ¡Eres todo un caballero! ¿Qué haría yo sin tiiiii~?
Pero, tras ponerme en pie y reajustarme la mochila, fueron las palabras de Shin las que me dejaron completamente petrificada.
—¡¿Cómo que te has venido con lo puesto?! —exclamé horrorizada—. ¿Y el dinero? ¿Y tus documentos? ¡¿No te has traído siquiera ropa interior?!
¡Menos mal que las otras chicas sí habían sido previsoras con su equipaje! (Aunque habían llegado de una forma de lo más extraña, no lo vamos a negar… ¡Pero es lo que tiene ser buenas amigas). En cualquier caso, mujeres tenían que ser, obviamente, porque el milagro es que Kael tuviera para sí mismo y para el albino, pero suponía que tendría que valerles. Después de todo, era imposible que la ropa de Dash les sirviera a ninguno de ellos. Menos mal que no fue él quien cometió la imprudencia de venirse sin nada…
Día 62 de Primavera, Año 17
Ya hemos llegado al fin a puerto, y con ello se repite la tortura…
Pesadamente, cargo con la mochila y las otras tres maletas de nuevo. En realidad no estoy cansada porque no llevo tanto con ellas, pero ha sido toda una lata sacarlas de la habitación, ¡y es muy temprano! Y sólo de pensar en tener que cargar tooodo esto hasta donde sea que nos vayamos a quedar… Ay…
—¿Hay algún caballero fueeerte y valieeente que quiera ayudar a esta pooobre y duuulce daama indefensa a llevar el peso de su terriiible caaarga? —pregunto dramáticamente, llevándome una muñeca a la frente para fingirme aún más desvalida si podía.
Algunas sensaciones llegan a ser incluso desesperantes, porque ve en el grupo un espejo del que conformó tiempo atrás, y aunque el peso parecía a punto de hundirle el pecho, en pequeñas miradas compartidas con Kael parecía reunir fuerzas, una promesa sencilla y silenciosa, de que aquello no iba a repetirse.
De que en el peor de los casos, esta vez sí podrían salvarlos a todos, pagando el precio de sus propias vidas si era pertinente.
—¡Yahú! ¡Hoy me saqué la lotería por dos! ¿De casualidad no tendrás unas gafas que puedas prestarme? —al decirlo, se acercó a Omuyaga, dándole suaves toques con el codo aún sabiendo que, posiblemente, no podría quitarle mucho más de lo que ya le estaba ofreciendo. ¡Que desgracia! ¿Para qué existen los amigos entonces? En fin, que iban a ser dos días muy largos.
—¡No te preocupes, joven Nyri! Kael se ocupará de eso. —lo dijo muy rápido y sin pensar, ¿pero realmente sería capaz de compartirle ese tipo de prendas? —Aunque... no te hacía con esos pensamientos impuros en tu pequeña cabecita. ¿De verdad piensas en la ropa interior de otros hombres? Mal, mal, muy mal. —se llevó los dedos índice y pulgar de su diestra al entrecejo, haciéndose el indignado.
Una pequeña prueba de cuan pesado podía ser con su desfachatez.
Día 62, primavera. Año 17.
La llegada fue una cosa, desde luego. Hasegawa bajó con ropas pertenecientes a su buen amigo Omuyaga y en conjunto a toda la División 75, recientemente formada. Lo malo es que aparentemente habían perdido a una de sus miembros, o eso es lo que les daría a entender, pues sí se dio cuenta de que Choi estaba por ahí.
Shin se colocó la palma en su frente, como "amplificando su visión" y empezó a apuntar a diversas direcciones. —¡Chicos! ¡Paren todo! —exclamó repentinamente —¡Perdimos a Choi! ¡Tenemos que regresar! —entonces se dio la vuelta, todo calculado en su mente, pues se terminó chocando con la albina.
—¡Ah! ¡Encontré a su hermana gemela! ¿Tú viste a ChoiChoi? —le preguntó, poniéndose de cuclillas para estar "a su altura". Pequeñas desgracias que se suma el marine, es el único que se busca enemigos entre sus posibles amigos, actuales compañeros de división.
Mientras tanto, y ya listo para bajar, siendo que era quien más libre de carga estaba decidió ayudar a Kuroshiro, persona conocida por la amplia lista de marines que su clan ha desplegado en South Blue. Así como con Hae-won, Shin logró hacerse una idea de a qué familia podía pertenecer, y desde luego le agradaba contar con ella en las fuerzas que defenderían la justicia.
Se acercó, y antes de disponerse a llevar su equipaje, invadió el espacio personal de la fémina con total descaro, poniéndose cara a cara con ella y sonriendo de forma casi infantil. —Yo te ayudo, pequeña Nyri. Peeeeero. —su tono fue meloso, dulce, y el suspenso lo utilizó para cargar una de las maletas en su hombro, y la otra sosteniéndola extendida con su zurda. Le dio la espalda, aún mirándola de perfil —Deberás aprender a lidiar con tus cargas, Kuroshiro-chan. —comentario inocente que podía significar un poco más de su absoluta simpleza, en realidad no quiso transmitirle nada más que un toque de atención a esas peticiones de ayuda, no porque le molestase, sino... para molestarla, que era diferente.
No había nadie en esa división que le cayese mal, y por supuesto, estaría encantado de trabajar con todos ellos.
Eso, claro, si lo toleraban, siendo quizás la tarea más titánica de la 75.
Karmas
Shin desembarca junto a la División 75 en Isla Baterilla.
El ambiente era distinto. Después de todo, no había manera de que nuestro escuadrón de soldados uniformados llegara a pasar en completo por desapercibidos incluso cuando íbamos abordo de un barco comercial destacable, porque no importaba que día de la semana hubiéramos escogido para zarpar, representábamos un despliegue de fuerzas armadas completamente inusual para lo que debía ser el transporte publico que conectaba islas cercanas, un entorno civil que probablemente no había conocido en ninguna de sus rutas marítimas otro día tan seguro y alejado de cualquier preocupación que implicara riesgo, algo que comerciantes y familias abordo si agradecerían.
Pero, incluso cuando nuestra presencia representaba el símbolo de seguridad más estable que pudieran imaginar o siquiera exigir para un viaje de solo 48 horas tampoco podíamos permitirnos inducir preocupación a pasajeros, razón por la que luego de sorprenderme con disgusto, solicite una reunión de emergencia con toda la división 75 dirigiendo una marcha improvisada en conjunto con uno de los navegantes oficiales de la embarcación a la popa, entonces asigne a cada uno de mis compañeros un itinerario de 8 horas, incapaz de claro entregar un documento impreso a vista de nuestra sobre población marine, el capitán a este barco me ayudo con una pizarra de la cabina.
El Capitán del barco comerciante con la licencia 328 estaba bastante agradecido con el sorprendente despliegue que representaba nuestro apoyo de seguridad considerando el aumento de peligro alrededor de la ruta marítima, pero siendo justos, no era una asignación, por lo que luego de que marchara a dirigir la embarcación a compañía de su primer oficial me quede unos minutos con mis muchachos para debatir cuales horas podrían ser repartidas, ¿sorprendentemente? no fue difícil, siendo que las primeras en ofrecerse en la guardia nocturna (la más difícil) serian la chica albina y la chica con cola, la guardia de la tarde me tocaría junto a Drave, y la otra, si, los chicos.
Fue un método eficiente para bajar la guardia de los pasajeros sin comprometer completamente nuestro pelotón aunque debo admitir que también para mantener la moral del grupo en lo que disfrutaban un pequeño descanso, siendo honesto sin saber que justificación podía hacer en papel, pero en el transcurso de 2 días acabe tomando a consideración que nuestra unidad podía justificar el despliegue para confirmar la asignación que fue ordenada, razón por la cual me despreocupe, seguimos avanzando durante nuestras patrullas o alguna que otra platica en nuestras horas libres de trabajo buscando conocer un poco mas a nuestro equipo, nuestros aliados y sus hábitos.
Llegado nuestro segundo día abordo, alcanzamos a observar en la el horizonte la figura de la isla comando para entonces reorganizar nuestras responsabilidades con el objetivo de dirigirnos de inmediato hacia la base marine.
Era agradable observar a cada uno, buscando organizarse, pidiendo apoyo en desempacar y avanzando un paso a la vez mientras tocaba desplegarse sobre tierra firme pero no decidí hacer un comentario directo mientras reían, no lo sentí necesario, simplemente torcí mi boca y tal vez haciendo una mueca casi parecida a una sonrisa avance tomando el equipaje a cualquier otra de nuestras compañeras que notara en dificultad de avanzar correctamente, mientras tomábamos un paso, un paso a medias y finalmente un pequeño salto, llegando del barco que siempre iba meciéndose sobre el ritmo del mar hasta un suelo completo, sensación que completamente notoria cada vez.
No hice comentario alguno sobre la broma de Choi perdiéndose o ninguna otra. Pero, aun así incline mi mirada sobre cada uno de nosotros visualizando en razón a nuestro gran grupo como una verdadera unidad en proceso, entonces nuestra principal preocupación seria reportar nuestra llegada a la base.
Hae-won no tenía una buena dosis de sueño desde hace días. La realidad a veces podía ser bastante cruel y ella, con sueño ligero, no es capaz de conciliar con facilidad eso que es tan importante para el organismo humano. De más está decir que la situación no ayuda a su humor precisamente, sin embargo, la idea de llegar a tiempo y de manera segura a su nuevo destino es mucho más reconfortante de lo que piensa.
Aún así, no deja de observar a su compañero de trabajo con los brazos cruzados y la mirada seria.
—Hmmmmm…
En esos momentos lo que tendría que hacer sería golpearlo. Manejar su paciencia es una de las tareas más grandes que tiene; el desarrollo de la misma se lo debe a su mejor amiga, con sus arrebatos y sus locuras la dotó de ese fruto espiritual con el que puede lidiar con este tipo de situaciones.
—Hasegawa —Su tono de voz es muy bajo, pero se hace oír—... Yo sé que soy bajita, y creo que incluso soy la más joven del grupo pero, por favor, no lo hagas tan evidente —Lleva el cabello detrás de la oreja, inconsciente, como todos los días—. Aquí una estaba tratando de usar tacones para nivelar un poco las alturas… y ni así, porque es muy incómodo llevar ese tipo de zapatos todo el tiempo.
Ahora mismo, está usando calzados bajos porque se niega en rotundo a ponerse unos stilettos de diez centímetros para bajar de un barco.
Suspira cuando se da cuenta de que el foco de atención de ese caballero ahora se centra en su nueva compañera de trabajo. Negar con la cabeza es un gesto que nace de manera natural cuando siente que el alivio invade su sistema; toma una de las maletas y enfrenta la inmensidad de nueva tierra con mayor tranquilidad. Inhala una buena cantidad de aire y observa la inmensidad del cielo.
Los Blues tienen su encanto, de alguna manera.
—Omuyaga, espera —La dama da un par de pasos para apresurarse y acercarse a su compañero—. Te acompaño —Sonríe con educación—. Imagino que debemos ir a las oficinas para pedir el barco y todo eso. No estoy muy acostumbrada a la burocracia de la profesión, así que pido disculpas de antemano por eso.
Por lo que tiene entendido, además de presentar una solicitud para la adquisición de una unidad naval para poder moverse, también tienen que encontrarse con el compañero restante, que está trabajando de manera efectiva en esta isla. Choi sabe que tiene mucho que hacer, no solamente ayudar en esta gestión. Debe buscar un trabajo o cumplir algún tipo de misión para colaborar con la marina de manera tal que pueda sentirse útil. Mira hacia atrás antes de dar los últimos pasos para bajar del barco, esperando que sus compañeros y mejor amiga no hayan tenido contratiempos más allá de los esperables.
Baterilla, la división setenta y cinco ha llegado a tus puertas.
La estadía en el buque se le había pasado entre hacer rondas de guardia junto a Rifenhardty estar pensando en las posibilidades catastróficas que se podían generar de esta idea revolucionaria de ir a exigir a la superioridad recursos que solo se nos darían si ellos creían que era necesario no conseguirlo por nuestros propios medios... "O si ellos consideran que nuestra resiente asignación como división amerita que tengamos sin más un navío." Esto definitivamente podría convertirse en un desastre, al menos en eso confiaba la pelirroja.
Si era sincera, su verdadera razón de estar allí era; estar cerca de Hae-won, no podía dejar sola nuevamente a su mejor amiga, si Choi confiaba en que quizás esta loca idea podía funcionar, solo le hacía falta seguir a la albina aunque los resultados no fuesen los más alentadores.
Lo que mas disfrutó de este trafico fue poder estar en el puente de mando haciendo su trabajo como navegante, verificar rutas, corregir los rumbos, estimar el tiempo de la derrota sobre la carta, hacer seguimiento de la navegación y recomendar al comandante por donde navegar, la verdad que si se concentraba en ello, se lograba olvidar de todo lo demás, como buena dama de mar, la sal corre por sus venas.
Por otro lado, en sus tiempos libres consultaba las cartas y las rutas, hasta se daba recorrido por el buque junto a la tripulación que pertenecía al área de maquinas, para conocer detalles de ingeniería que maneja el buque ya que no es su especialidad y que a pesar que no le apasiona tanto como estar en el puente de mando, también es importante conocer la maquinaria del buque y los principios de funcionamiento de la misma.
Ya en la isla destino, se despide del capitán agradeciendo que le hubiera permitido estar en el puente y trabajar bajo sus ordenes a pesar de no ser parte de esa tripulación. Tomo una de sus maletas y dejo el resto a los marineros ordenándoles que la bajen hasta el muelle, paso por alto interactuar con el resto de la tripulación, ser amigable o social no era de sus mejores talentos y cada que hablaba era para hacerle saber a alguien que era un incompetente, así que solo se dedicó a buscar a Hae-won con la mirada y seguirla en silenció.
"Ajá... Ya estamos aquí... Solo espero no volver con una amonestación en mi expediente, por indisciplina." Pensó ya estando en el muelle y mira por un momento sobre su hombro para observar por última vez el buque, resignándose a la idea de que ahora solo queda avanzar con esta idea, aunque no la apruebe.