Kiyoshi Maeda
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
48
110
70
180
131
167
77
127
20
133
28 de Otoño – Año 16
Soleado – 12 del mediodía.
Le duele absolutamente todo. De hecho, recién se ha parado luego de dos infernales días que los ha dedicado únicamente a descansar. Aún no logra recordar qué fue lo que pasó y cómo es que tanto Owen como él quedaron tan lastimados. Desconoce totalmente que se pelearon en medio de tanta gente, pues el maldito pelirrojo no se ha dignado a decirle la verdad. Ya lo agarrará solo en un momento y lo obligará a abrir la boca. Pero, por ahora, nuestro antipático protagonista únicamente quiere estar tranquilo. En el barco tiende a haber mucho ruido, ya sea la música de Maki, los gritos de Jensen y Owen…
Mejor salir a pasear un rato. Un médico como Kiyoshi recomienda bastante salir a caminar, es sano para el cuerpo. Así que ya saben, niños, no se queden siempre sentados y salgan a pasear. De ese modo Kiyoshi no les dirá tontos.
A sus oídos, porque en el puerto de la isla hay varias embarcaciones de diferentes facciones (como si un evento de gran magnitud estuviese a punto de suceder), llegó la información de que en cierta zona de la ciudad hay un campo de cañas de azúcar bastante recomendable de visitar.
Kiyoshi no es un experto en plantaciones ni nada por el estilo. Su profesión le ha obligado a verse familiarizado con distintos recursos que provienen de la tierra, por lo que no es un área que se escapa del todo de su comprensión. Además, quizás pueda conseguir algo que le permita crear medicamentos para tratar las heridas que tengan los tontos de sus compañeros. No confía en la inteligencia de la mayoría de ellos, por lo que prefiere estar preparado.
Un dato menor en lo que cruza la ciudad es que muchas personas se voltean a mirarlo como si se tratase de alguien especial. Esto le pone incómodo al ser un hombre que detesta llamar la atención, por lo que solo baja un poco la cabeza y finge no darse cuenta; acelera el paso. Asume que se trata debido a su apariencia. No porque sea guapo o feo, sino por el vendaje que tiene en la cabeza o el parche en la mejilla.
Aquello está muy alejado de la realidad. Muchos de los aquí presentes estuvieron en ese bar donde se armó la trifulca y muchos pensaron que Kiyoshi perdería la vida. Recordemos que llegó la marina para poner orden, pues muchos muebles se estaban rompiendo por culpa de la pelea entre dos compañeros. Menos mal Owen fue rápido y huyó con él en brazos antes de que llegue la fuerza justiciera.
Finalmente logra alejarse del montonero de gente y llega a un campo más abierto. Se asegura de comprar un sombrero de paja que lo proteja del sol y se acerca a la plantación. Ahí lo recibe un viejo de unos 60 años, bajito, encorvado, con un gorrito igual al de Kiyoshi. Su rostro expresa desanimo, tristeza, algo le pasa. Realmente eso a Kiyoshi eso no le importa, pero resulta ser el mismo anciano el que reduce la distancia para obligarlo a hablar con él.
— Ay, joven, supiera usted lo mal que lo estamos pasando estos días.
— ¿Y a mí que me importa?
¿Acaso son tan tontos como para no poder llevar bien la plantación? Parece que hacen un buen trabajo.
— Hemos estado cortos de mano de obra… No hay quien coseche o riegue. Nuestros trabajadores están cansados y yo no tengo tanta energía…
— Yo tampoco podría, demasiado esfuerzo. — Intenta cortar la charla lo más pronto posible.
— Si alguien pudiera salvarnos…
Parece que está todo actuado y este tonto solo esperaba visitantes para engañarlos y obligarlos a trabajar, y gratis posiblemente. Kiyoshi intenta huir, pero el otro insiste.
— Debí quedarme en el barco… No, en mi casa. ¿Quién me mandó a viajar? Soy un tonto.
Hablo | Pienso
Ryota Miyamoto
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
90
100
30
30
150
150
37
100
0
120
02-02-2026, 12:13 AM
(Última modificación: 02-02-2026, 12:40 AM por Ryota Miyamoto.)
En isla samba, la capital de los pasos prohibidos, la música y las mujeres de extrema belleza, también sobresalía la agricultura.
Cientos de extensos terrenos cubiertos de caña de azúcar se desplegaban ante la vista y, ubicados en los extremos de la isla, ofrecían un terreno llano perfecto para el establecimiento de granjas encargadas de procesar la materia prima y transformarla en insumos destinados al aprovechamiento humano.
Varios eran los turistas que recorrían ese camino, pero pocos se aventuraban más allá para disfrutar de una experiencia auténtica. El verdadero esfuerzo local que te enseñaba cómo algunas de las granjas continuaban su labor pese a los recursos limitados o el impacto del tiempo. Después de todo, ¿Cuál otra podría ser la razón para visitar estas recónditas granjas?
“Buscaaa looo más vital no más, lo que necesidad no más y olvídate, de la preocupacióóón, tan solo, lo más esencial, para vivir sin batallar mamá naturalezaaa te lo daa.”
Canturreaba uno de los turistas, Ryota Miyamoto, al caminar en búsqueda de un lugar solitario para disfrutar un buen porro a la intemperie.
Varios minutos antes lo había intentado, pero tras la vista amarga de algunos turistas conservadores hacia un pobre hombre que solo caminaba con algunos vendajes, decidió buscar un lugar más apartado para no sufrir el mismo rechazo social.
Fue de esa forma en que el castaño consiguió llegar hasta un camino que daba a una granja olvidada a extremos de la jungla. Seguro era el sitio perfecto para lo que deseaba, o por lo menos eso pensó.
Ya que atravesando ese mismo camino pareció encontrarse entre los campos de caña, a un pequeño y anciano hombre dialogando con el mismo sujeto que el grupo de antes había observado con desconfianza.
Gracias a su agudo sentido, escuchó la conversación entre ambos caballeros y decidió aproximarse.
Le fue obvio notar el sarcasmo en las palabras del más joven y no podía culparlo. No existía poder humano capaz de convencer a nadie de que era una buena idea trabajar gratis bajo el fuerte sol. “Hey, que onda Bros.” Expreso al acercarse, levantando la diestra en forma de saludo hacia los dos. “No pude evitar escuchar su conversación y francamente, viejo, es difícil trabajar gratis por amor al prójimo.” Se expresó sin descaro ni tapujos, como si no sintiera la menor vergüenza al hablar frente a un anciano necesitado. “Así que, si me ofrece el dinero que paga a todos sus empleados por el día, yo con seguridad haré el trabajo que está pidiendo, así nuestro colega puede liberarse del problema.” Sonrió al finalizar sus palabras, despidiendo un aura de confianza y seguridad. “Solo que debe pagarme por adelantado, con ese dinero me sentiré motivado a trabajar.” Mintió con soltura enseñando los músculos de su brazo para hacer ver que hablaba en serio, aunque no era nada del otro mundo.
El anciano guardó silencio unos segundos, pensó en la oferta que se habría ante él y con la astucia que solo da la edad, respondió.
1. Llevando ambas manos a la parte trasera de sus pantalones desenfundando dos revólveres para apuntar a cada uno. “¡No muevan ni un músculo jijueputas! ¡Intente hacerlo por las buenas malparidos, pero no lo quisiste rulitos!” Continúo insultando, sin dejar de apuntar a quemarropa a ambos. “¡Caminen perros! Iremos a la cabaña, los miembros de la tripu vendrán pronto para llevárselos, siempre me dan buen dinero por imbéciles turistas Juijuijui.” Rio de manera repulsiva tras su amenaza.
Ninguno tendría cómo responder, estaban a merced de un tiro a la altura del estómago y pronto ellos dirigirían la marcha hasta la cabaña. En donde encontrarían al abrir la puerta, dos sillas de bambú con esposas en los pies en medio de una olvidada choza con suciedad por todas partes. “Siéntense y colóquense las esposas, así podré ir a contactar a esos bastardos Jiujiujiu”
La mecánica es simple, hay dos hides ocultos que continúan la historia con tramas muy diferentes, tira un dado de 2 caras y revelaré el hide correspondiente, para seguir la historia.
Seguiremos haciendo lo mismo y a ver qué historia escribimos xd.
Kiyoshi Maeda
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
48
110
70
180
131
167
77
127
20
133
Ah, como si un tonto no fuera suficiente, rápidamente entra en escena otro más. Solo con ver su apariencia, limitándose totalmente a juzgar un libro por su portada, Kiyoshi concluye que debe ser el tipo de muchacho que la cae mal. — ¿Y este random? — Intenta no mirarlo de buenas a primeras, volteando el cuello y centrando sus ojos en otra zona, buscando el momento adecuado en que pueda huir de este problema que intentan montarle encima. — ¿Eres tonto? Nadie le paga por adelantado a alguien que acaba de conocer. Eso jamás lo pediría un verdadero profesional. — Imposible le fue quedarse callado ante semejante aprovechamiento.
Es más, por un momento, Kiyoshi se vuelve el matón del barrio al pararse frente al recién llegado y chocar pecho con pecho, mirándolo desafiante hacia abajo aprovechando la clara diferencia de estatura. Lamentablemente, este momento de confrontación es el que aprovecha el viejo para amenazarlos a punta de pistolas.
La situación se sale de control.
— ¿De qué estás hablando, tonto? — Junto a sus palabras, Kiyoshi lleva ambas manos hacia su espalda como si buscase algo, cayendo recién en cuenta que hoy, justo hoy, no cuenta con su método de defensa. — Maldición... — Procede a optar por la opción que considera más inteligente, alzar los brazos y no resistirse. Dejarse herir o matar por nada no tiene sentido, ya verá luego qué hace. — Me vuelves a llamar perro o imbécil, y te llenaré de balas apenas apartes la vista. ¿Con quién te crees que estás hablando? — Parece que el ser pacífico duró pocos segundos, pues imposible le fue no responder a tales insultos.
Como medida de seguridad y escarmiento, el secuestrador usa el cañón de una pistola para golpearle en la sien, y debido al dolor que ya siente detrás de todos esos vendajes, termina un poco mareado, siendo imposible que no obedezca el seguir el camino indicado. Por momentos olvida que no es el único que cayó en este atraco, pero es que recién logra volver en sí cuando ya se sienta en la silla, ayudándole a relajarse y recuperarse.
Pero dicen que la cura puede ser peor que la enfermedad.
Ya con la vista más clara y la mente más despejada, observa la suciedad que hay a su alrededor y realmente le dan ganas de vomitar. La cara que pone expresa la mayor molestia del mundo mundial, volviendo a comportarse agresivo, sin temor a que un disparo pueda quitarle la vida de un momento a otro.
— ¿Por qué me has traído a este sitio inmundo? ¿Es que acaso en casa no te enseñaron normas de higiene? Ochenta años debes tener y no sabes pasar un tonto trapero por el piso, debería darte vergüenza. — Obviamente al viejo esto no le causa mucha gracia, disparando a los pies del médico sin darle, pero queriendo que sirva como amenaza de que no está jugando.
Kiyoshi, ni cerca de mostrarse temeroso, ahora se gira para enfrentar a Ryota, quien también se lleva su parte del mal humor de Kiyoshi. — Y todo esto fue tu culpa, tonto. Tenía todo bajo control hasta que tú llegaste. De seguro se molestó por tu estafa del pago adelantado y por eso nos está haciendo esto. Será mejor que hagas esto o también te daré un tiro a ti, ¿te queda claro?
Busca culpables por todos lados, cada vez más desesperado, mas no por el miedo de que puedan apresarlo y venderlo como un esclavo, sino por estar en semejante chiquero. Si llega a vomitar, que sepan que los presentes deberán ser los que presencien un hecho más que lamentable.
Están advertidos.
— ¿Y bien, cuándo llegan tus tontos amigos? Tiendo a ser paciente, pero en este sitio es imposible.
Hablo | Pienso
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