Ya era noche cerrada, nadie caminaba por las calles del pintoresco pueblo costero de casas blancas. Bueno, al menos nadie que tuviera buenas intenciones, pues a estas horas lo único que estaba abierto eran antros de mala muerte los cuales únicamente atraían piratas y criminales de toda clase.
Justo me acomodaba en la entrada de unos de estos, uno bastante escondido y poco conocido entre la gente a pie. Estaba en un bajo al cual se accedía descendiendo por unas estrechas escaleras situadas entre dos enormes edificios. Definitivamente si no ibas a ese local en específico no te enterarías que estaba ahí. Su nombre era “Supernatural”, el cual era conocido por dos cosas. La primera era relacionada con drogas pues el dueño de este sitio tenía la fama de vender todo tipo de hierbas y hongos alucinógenos atrayendo a adictos por esta clase de sustancias de todas partes de la isla. No obstante la segunda era lo que realmente me llamaba… Pues si tenías el valor de compartir espacio con esta primera clase de personas tendrías la oportunidad de conocer el sonido de guitarra más puro, natural y mágico que hayas podido escuchar en mi vida. Pues el mismo que se dedicaba a comercializar los estupefacientes, también era un virtuoso tocando este instrumento, el mejor que había tenido el placer de conocer.
Ya llevaba unas cuantas horas tratando de buscar la mejor oportunidad de hablar con él, esperaba que me diera la oportunidad de que me diera algún truco para mejorar este arte. Pero por desgracia y como era obvio, su atención era la más solicitada en aquel tugurio de mala muerte así que cansado de esperar salí a tomar el aire. Como siempre mi outfit llamaba la atención, unos pantalones de cuero ajustados, botas de plataforma y una camiseta blanca de tirantes con el logo del gobierno mundial tachado en una enorme cruz roja. Pero lo que más me hacía destacar era mi cara, maquillada de Catrina dando a mi rostro facciones esqueléticas. En mi mano derecha, una botella de cerveza de mezcal ya casi terminada y en la otra sujetaba a “la hija del trueno” del mástil.
Fui a dar el último trago y volver a entrar cuando ella llamó mi atención. Una joven que parecía de buena familia, delicada, elegante caminaba en mi dirección. “Será de coña.” Pensé mientras no cabía duda de su trayectoria, venía dispuesta a bajar las escaleras y entrar al local lleno de drogadictos, por lo que antes que pudiera pisar el primer escalón, con mi espalda apoyada sobre una de las paredes, estiré una pierna hasta apoyar la suela de mi bota en la otra, cortándole el paso para que no pudiera acceder.
-Oe princesita… Creo que te has equivocado de sitio. Éste no es lugar para una niña pija de mamá y papá. -Soné algo borde y desagradecido. No porque quisiera molestarla sino más bien por protegerla. Yo me había pasado desde los catorce años en la calle frecuentando sitios así pero ella… Nada más poner un paso ahí le robarían hasta el alma.
Aclaraciones
Solo venía a indicar que “la hija del trueno” es el nombre de mi guitarra y que siento si personaje te trata borde al principio pues tiene el karma de gruñón y lo tengo que hacer.
30-01-2026, 11:39 PM (Última modificación: 31-01-2026, 04:48 AM por Miyori Hoshino.)
Día 14 de Primavera/ año 15
Pueblo Baquella
-Cariño, si gustas puedes dejar este último encargo a la señora Makoto, la señora que vive en el suburbio norte.
Expresó mi padre mientras terminaba de empacar una caja de cartón blanco, en su interior acomodaba algunos ingredientes como atún, calamares y ciertos langostinos. Normalmente mis hermanos se encargaban de hacer las entregas durante las noches, pero todos fueron invitados a una gran reunión entre los pesqueros del pueblo, dejando a mi padre y a mi a cargo del negocio familiar. Me encogí de hombros y sonreí de manera suave a su solicitud. - Está bien, padre.
- Ten cuidado, ya sabes que ese sector hay varios bares escandalosos durante la noche, en especial ese llamado “Supernatural” - Enfatizó con reproche sobre el nombre del local, negando con la cabeza en señal de rechazo - Ya sabes, ese que se rumora hay trata de drogas.
-No lo sé…- Dije con un suspiro susurrante, puesto que soy ajena a lo que pasa a mi alrededor, nunca sigo las tendencias y tampoco me percato cuando hay cambios en el pueblo. Mi vida es como una pelicula en blanco y negro, no pasa nada emocionante. - Bueno, me voy ya. - Dije sonora mientras tomaba la pequeña caja, no estaba pesada en lo absoluto, pero también aproveché a tomar mi violín sin que mi padre me viese o sabría que mi regreso no sería inmediato.
No es como si me escapara de mis responsabilidades, al contrario, no he tenido tiempo libre para practicar un poco de mi música, estuve la mayoría del tiempo ayudando a empacar pedidos y a vender en la tienda, así que merecía un pequeño descanso.
Salí vestida con una polera rosada con capucha, y sin mangas, en la parte inferior unos short en tonalidad verde y unas medias hasta por encima de la rodilla en tonalidad azules. Hoy no hacía tanto frío a pesar que vivimos cerca del mar y la temperatura desciende tras la puesta del sol. No, era una noche perfecta, hermosa y tranquila. Al adentrarme a la zona norte de los comercios nocturnos, donde algunas casas hogareñas aún permanecen siendo parte del suburbio, encontré la casa de la señora Makoto sin ningún problema e hice la entrega correspondiente, era un pedido que se había pagado desde ayer asi que no debía darme ninguna remuneración económica.
Entonces llegó el momento, era mi oportunidad para desviarme del camino e ir al muelle, a mi lugar favorito y poder cantar al compás del sonido de mi violín, si, era mi oportunidad de hacerlo, pero… mis ojos fueron atraídos por un cartel que decía “Supernatural” y más aún que su entrada no parecía normal, es más, parece que conduce hacia un especie de sótano nocturno. Al analizar su fachada mis oídos profundizaron en su dirección y escuche una maravillosa entonada de cuerdas que parecía ser de una guitarra. Sentí curiosidad sin duda y me encaminé hacia aquella entrada de dudosa seguridad, ese era el lugar que mi padre me había advertido pero no parecía un lugar peligroso, no si había música tan bella como esa.
Ni siquiera me percaté que a un costado, apoyado sobre la pared de un edificio se encontraba una persona, un hombre mucho más alto que yo…no me percaté hasta que en el momento que iba a pisar el primer escalón de aquellas escaleras se interpuso en mi camino su pie, negándome la entrada por completo. “Oe princesita… Creo que te has equivocado de sitio. Éste no es lugar para una niña pija de mamá y papá.” - Dijo, y mis ojos grises se fijaron en los de él en cuestión de segundos. Si, era un hombre, demasiado alto, vestía de cuero por completo, botas en plataformas altas, camiseta blanca traslucida dando espacio a la imaginación de saber cómo era su abdomen y las demás facciones de su cuerpo marcado por algunos tatuajes que protestaban sobre nuestro gobierno actual. Nada de eso importaba ya que su rostro me pareció más peculiar, un rostro con lo que parecía ser una máscara de catrina pintada. Solo unos segundos duró mi sorpresa ya que no tuve miedo en lo absoluto, únicamente me limité a sonreírle de manera gentil, dudosa de su reacción, creo que había una confusión.
-No soy una niña…- Dije ampliando más mi sonrisa con orgullo y en tono despreocupada, pensando que ese era el motivo por el cuál no me dejaba pasar. - Tengo 17 años, no tengo edad para los bares...lo sé. - Empecé a titubear, pero sin apartar mi mirada. -Pero me gustaría poder escuchar de cerca esa melodía.
Si, sin duda tendría que dejarme pasar ahora, ¿verdad?.
¿Diecisiete años? Comencé a reír en cuanto escuché su edad, cayendo hacia atrás llevándome ambos antebrazos al estómago. Mi espalda chocó con la pared mientras mi pierna volvía al sitio para tratar de mantener el equilibrio pues trastabillé casi cayendo por las escaleras. -¿Diecisiete? ¿Y aún me dices que no eres una niña? -Mi risa solo se vio interrumpida al tragar el último resquicio de líquido que quedaba en la botella. Una vez terminada la lancé contra la fachada del edificio de enfrente haciendo que estallara en mil pedazos.
Apoyé la guitarra contra el muro de la bajada al bar y me acerqué a ella, traté de intimidarla un poco, haciéndome pasar por una peor persona para que temiera este local, pues yo más que nadie sabía que esta no era vida para una chavala, una que parecía educada y de buena familia. Ella era demasiado buena como para desperdiciar su vida cómo yo. Me agaché lo suficiente para encararla y marcar la diferencia de altura entre ambos. -¿Sabes que este local? -Pregunté con un tono arrogante. -En “Supernatural” no hay reglas, no hay seguridad, solo hay vicios y violencia. Está lleno de piratas, prostitutas y drogadictos. No es luchar para alguien tan tierno y blandito como tú. -Llevé mi dedo índice a su mejilla rosadita, apretándola con la suficiente fuerza para incomodarla. -Así que lo mejor será que te vayas por donde has venido.
Soné lo más borde y amenazante posible y me di la vuelta, dándole la espalda volviendo a caminar hacia el interior del local, agarré mi instrumento de nuevo por el mástil, pero me detuve en el primer escalón. Miré por encima del hombro casi por pena para observar la reacción de la joven, no quería tampoco hacer que se sintiera mal, así que con un suspiro pregunté. -¿Te gusta la música? -Mi tono era mucho más calmado, mucho más empático. La música siempre había sido mi pasión desde pequeño, así que podía entender que se pudiera sentir atraída hacia los sonidos del interior de antro. “Si vuelve otro día y no estoy tal vez sea peor, pues nadie le detendrá al pasar y es probable que se meta en algún lío mayor.
-Ni se te ocurra separarte de mí, si preguntan quién eres, tu di que vienes conmigo, nadie se atreverá a tocarte. -Hace dos días le metí a uno la cabeza en el culo de una cabra por arruinarme el ligue así que si se piensan que era probable que si indicaba este dato la dejarían en paz. Le hice un gesto con la zurda para que me acompañase, baja do lentamente hasta escaleras hasta plantarme frente a la puerta de madera desgastada, situada al lado derecho.
-Recuerda que si estás aquí es bajo ti responsabilidad. -Volví a recordar a la par que abría la puerta de una patada, gesto que quedó eclipsado por la música, griterío y descontrol del interior, realmente esperaba no arrepentirme de esta decisión.
Karmas
-Solo quería decir que cuando te hablo al principio para intimidarte utilizo mi karma “voz temida”. Cuando te pregunto si te gusta la música ya dejo de usarlo
Pensé que no habría problema con mi edad ni con explicar el motivo por el cual quería ingresar al bar, sin embargo, aquel hombre alto, de aspecto barbárico, comenzó a reírse de forma espontánea. Su reacción me dejó confundida, ¿acaso había dicho algo gracioso?.
Me preocupé de inmediato por él, pues parecía a punto de perder el equilibrio y caer por las escaleras lo que hizo que mantuviera mis brazos atentos a cualquier riesgo de caída peligrosa, lista para sostenerlo en caso que necesitara mi ayuda.
Cuando recuperó su cordura y su compostura, me cuestionó con una sonrisa ladina sobre lo que yo había dicho respecto a mi edad, y a que aún podría considerarme una niña. Lo sé, lo sé muy bien. Apreté los labios, conteniendo una frustración silenciosa que se asentó en mi pecho, en mis sentimientos. Lo observé en silencio en lo que él se terminaba la botella de alcohol que sostenía entre sus manos, al saciar su sed, lanzó con fuerza aquella botella contra la fachada del edificio de enfrente, el estruendo de aquello quebrandose no me asustó en lo más mínimo. Mis ojos solo estaban atentos a su mirada y a sus acciones. Él era el guardián y yo la loca que insistia en cruzar la entrada.
Aquel hombre de pelo color morado se inclinó hacia mi persona, acortando la distancia por completo. No retrocedí ni un paso, me quedé ahí, a centímetros de lo que parecía ser una intimidación verbal de su parte. Pude percibir el olor a alcohol mezclada con la tonalidad arrogante de su voz saliendo por sus labios. Sentí un escalofrío recorrer mi columna vertebral en cuanto escuché la gravedad de su voz, era como si yo fuera un ratón y lo que estaba frente a mis ojos era mi cazador. Él me explicó cómo era este presuntuoso bar, no había reglas, ni seguridad, estaba lleno de piratas, prostitutos y drogadictos, y claro, reinaban los vicios y las malas decisiones. Replicó diciendo que no era un lugar para alguien como yo, que al parecer daba la impresión de ser alguien tierno y blandito.
Su dedo índice tocó mi mejilla, hundiéndola lo suficiente como para casi chocar contra mis dientes. Me sentí incómoda, pero en lugar de hacerme a un lado o de quitar de su mano de mi rostro, lo dejé ser, lo dejé escupir todo el veneno que quería decirme…y fue entonces que comprendí que no era bienvenida. De algún modo, eso me hizo sentir pequeña. Mis ojos se humedecieron más de lo normal, asomándose pequeñas lagrimitas que no amenazaban con salir o desbordarse, al menos no aún. Me indicó que me marchara, y comprendí que ese era el ultimátum. -Pero…- susurré de forma muy leve que podría decirse fue imposible de escuchar.
No pude decir nada, solo me quedé ahí, a un costado de la entrada. Aquel alto hombre de apariencia atrevida y metalera tomó sus cosas y luego procedió a retirarse, para ser precisos volvió hacia el interior del local al cuál me prohibió la entrada. Me quedé ahi, quieta, en el umbral de las escaleras viendo como mi oportunidad de conocer música nueva se me escapa de las manos. En ese momento sí me sentí aún más pequeña, y mis labios empezaron a temblar, ¿estaba a punto de llorar?. Levanté mi mano derecha con la intención de alcanzarlo, de tomarlo de la camisa y suplicarle que me dejase entrar, pero, antes de que pudiera decir o hacer algo, lo escuché preguntarme algo que me sorprendió o quizás fue el timbre de su voz que sonaba más amena lo que me hizo olvidar que estaba a punto de llorar. “ ¿Te gusta la música?”, preguntó, a lo que dudé si debía responderle o si en verdad me hablaba a mí. Tragué un poco de saliva para poder hablar de manera firme y respetuosa, y que esta vez me escuchara.
-Me encanta…- Respondí, era mi sueño, mi pasión. Era todo lo que me gustaría hacer y ser por el resto de mi vida, la música me enseñó que había un mundo más allá de lo normal. Más interesante que las drogas, los vicios, el alcohol, las apuestas, el bien o el mal, más interesante que cualquier pasatiempo. Era mi mundo. -Desde pequeña me ha gust…-
No pude terminar de decir porque fui interrumpida con lo que parecía ser unas indicaciones de seguimiento. Me aseguró que nadie se atrevería a tocarme y con una señal de su mano izquierda me indicó que podía ir con él. -¡G-gracias! - Dije con la voz más gentil y animada que tenía, y como si fuera la persona más rápida del mundo acorte la distancia por completo, hasta posicionarme a un costado de su presencia. Fue entonces que bajando la mirada me di cuenta que este chico poseía una hermosa guitarra, peculiar en su forma, pero su tonalidad me resultaba preciosa. Levanté mi mirada cargada de curiosidad para observar de nuevo la parte lateral de su rostro, ¿Era músico como yo?.
“Recuerda que si estás aquí es bajo tu responsabilidad” Me advertió nuevamente en lo que abria la puerta de aquel bar de una patada. Finalmente podía observar el interior de aquel local llamado “Supernatural”, y fue tal y como lo describió el chico de prendas negras y plataformas de cuero. Pero, mi mirada se centró únicamente en dónde provenía aquella interesante música. Mi ojos brillaron de inmediato, mi sonrisa se amplio de par a par, y entre pequeños saltitos de entusiasmo, me atreví a romper la primera regla: No separarme del guardián. Me adentré con esmero, casi corriendo, para ver a los músicos que tocaban aquella melodía hechizante, tenía mil preguntas que hacer, quería aprender, quería saberlo todo.
-*Aguarda Miyori, ¿no olvidas a alguien?* - Me dije internamente, ¿era la voz de mi conciencia tal vez?, recordé que no estaba sola. Frené mi andar de inmediato, y volteé a ver hacia atrás lentamente, a donde había dejado al joven de la guitarra. Y con miedo de que me regañase, volví a él con la mirada fija en el suelo…- Lo siento, tendré más cuidado. - Expresé con algo de nerviosismo, mientras mis ojos se desviaban de vez en cuando hacia donde estaban los demás músicos. Me moría de ganas por irme hacia ellos.
-Por cierto…- Levanté mi mirada hacia el joven de cabellos morados, y extendí mi mano derecha hacia él, con una amplia sonrisa me presenté de inmediato, me habia dado cuenta que no sabía su nombre, y tampoco quería que él me llamase niña toda la noche. - Mi nombre es Miyori Hoshino, un verdadero placer. - Dije, mientras el fondo tras de mí era la imagen del infierno, personas gritando, jurándose muerte, mujeres que rebosaban en el regazo de algún hombre borracho, apuestas, y sobre todo la música más intensa. Nada de eso podría importar si hay alguien sonriendote de frente, ¿verdad?.