Seraphine Soyer
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C. de Haki
C. de Akuma
06-02-2026, 11:32 PM
(Última modificación: 06-02-2026, 11:33 PM por Seraphine Soyer.)
Fecha: Día 01 Primavera 16
Sonrió, moviendo su mano para despedirse del dúo de madre e hijo que le habían dado las gracias por ayudarles a reencontrarse, pero lejos de considerarlo algo especial, la mujer alada consideró que no era nada fuera de aquel mundo, al ser algo que deberían hacer todos, y bajó su mirada hasta sus brazos, viendo cómo en estos las marcas de los grilletes todavía se encontraban algo marcadas en su muñeca, y tragó saliva.
—Tú puedes— Hizo puños, mientras los recuerdos de aquella celda volvieron a su cabeza con una fuerza enorme, arrebatando su aliento sin piedad alguna, se sentía tan extraño volver a sentir el sol sobre su pálida piel y el viento acariciando sus largos mechones sueltos, sacudiendo un poco su vestido de suave color rosado. —Antes que te des cuenta, vivirás como una civil más, que forma parte de la Revolución— Formó un puño y lo alzó al cielo, dando un pequeño saltito e ignorando las miradas a su alrededor. —¡A danzar un montón de sonrisas, Seraphine Soyer, tú puedes!— Pero claro, pensar aquello era más fácil que hacerlo.
Con tantas opciones a mano y su mundo derrumbándose tan de pronto, para demostrar la enorme cantidad de islas que se extendían delante de su persona, acabó mareando a la mujer que alcanzaba casi los cuatro metros, que al dar unos cuantos pasos hacia delante, se fue hacia un lado, apoyando su cabeza contra la muralla más cercana, llevando sus dedos a la frente, masajeando en círculos.
—¿Qué es lo primero que debería hacer? No, ¿A dónde debería ir?
Los ojos de la chica de cabello multicolor se humedecieron un poco, costándole creer que hasta unos días atrás todavía era una esclava, y cerró sus ojos con fuerza, agachándose cada vez más, acercándose al suelo con sus rodillas mientras se despeinaba. —Con calma— Se mordió el labio inferior, extrayendo algo de sangre por culpa de la fuerza involucrada. —¿Qué es lo primero que quieres ver?— Abrió con lentitud sus ojos y antes de saber lo que hacía, sus pies la llevaron a la dirección de donde podía escuchar el mar impactar contra las rocas, sin darse cuenta de su rápida respiración, el corazón palpitando con fiereza y cierta desesperación palpitando por sus venas.
Temía que aquello fuese otra pesadilla; para cuando despertase, estaría sirviendo otra vez a aquel bastardo y cuando vio el agua cristalina, los ojos de Seraphine brillaron, quitándose sus sandalias con intención de entrar hasta que su corazón estuviera saciado, sus extremidades reaccionando antes que su cerebro, siguiendo una música que ella solo parecía ser capaz de escuchar, bailando para sí misma, mojando la tela hasta su estómago.
—¡Hola mundo!
Si solo fuese capaz de gritar, y sonrió meciendo sus hombros de un lado a otro, sin percatarse de la enorme ola a sus espaldas, que la engulle, arrastrándola a las profundidades.
—Oh— Abrió sus ojos, notando la falta de aire; no obstante, no salió a la superficie. Con su largo cabello flotando a su alrededor, sus pies apuntando al cielo, estiró su diestra para tocar a un pez de múltiples colores que nadó en frente de su nariz, sin saber lo que ocurría a su alrededor. —Qué hermoso.
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El humo de su pipa se enroscó perezosamente alrededor de sus cuernos como dos serpientes sinuosas mientras Kazan observaba el horizonte desde el muelle de aquel pueblo. Dio una calada larga, saboreando el tabaco mientras sus ojos pequeños recorrían el agua cristalina. Fue entonces cuando la vio: una figura esbelta y alta, de casi cuatro metros, con cabello que parecía capturar todos los colores. Se movía con una torpeza encantadora. -Por las profundidades...- murmuró.. Había algo en la manera en que la mujer se movía, una fragilidad que contrastaba con su estatura considerable. La observó entrar al agua "Envidia me dan las personas libres de carga."
Pero entonces la ola llegó. La sonrisa que habia en su rostro se desdibujo por completo. En un instante, Kazan había dejado caer su pipa y el tabaco se esparció por los tablones del muellel. -¡Maldición!-
Se zambulló de manera violenta, su entrada al agua creando una columna de espuma que alcanzó varios metros de espuma. Su cuerpo se movia mejor en el agua que fuera de ella. Y alli estaba la encontró suspendida como una estrella de mar. "No está luchando. No comprende que se está ahogando. O peor... no le importa. No se que es peor ciertamente." Con movimientos sorprendentemente delicados para alguien de su tamaño, la alcanzó. La superficie estaba a metros sobre ellos, y con poderosas patadas que agitaron el lecho marino, comenzó a ascender, protegiéndola contra su pecho, no habia nada ni nadie que pudiera tocarlo en aquel momento.
Rompieron la superficie con una explosión de agua y aire. Y Kazan empezó a nadar hacia la orilla. Cuando sus pies tocaron arena, caminó hasta depositarla con cuidado sobre la playa, arrodillándose junto a ella con una rodilla en tierra. -Escucha bien...- su voz retumbó. -Casi te ahogas revolcada por una ola. ¿estas bien?- El agua goteaba de su barba negra y túnica amarilla mientras la examinaba con ojos entrecerrados pero atentos, evaluando. Las marcas en sus muñecas no pasaron desapercibidas.
"Grilletes…" -Kazan. Me llamo Kazan "Marea Azul". Y creo que tú y yo compartimos algo más que estas aguas.-
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Oh, que había más peces.
Parpadeó, sus ojos moviéndose de un lugar a otro, observando con enorme interés aquellos seres llenos de escamas, el agua, dándole un pequeño espectáculo acuático, rodeando su cuerpo de lo que parecía ser un efecto caleidoscópico, demasiado inmersa en aquel momento para parecer entender la falta de aire, sus dedos buscaron acercarse a unos cuantos, no obstante, estos se alejaban un par de centímetros apenas se acercaba, ocasionando que inflase un poco sus mejillas.
Y de pronto, su cuerpo se movió contra su voluntad, pensando que quizás habrá pasado algún animal cerca, más grande que ella, y buscó mover su cuerpo en aquella dirección, con el agua algo agitado para su gusto, siendo en ese momento que pareció captar dónde estaba, además que un gigante ser se estaba acercando a Seraphine, confusa, se percató del dolor en sus ojos por culpa de la sal, parpadeando varias veces y todo pasó demasiado rápido para la skypean, que separó sus labios, viendo las burbujas delante de ella aparecer, hasta encontrarse de pronto contra algo duro y suave a la vez, con sus dedos sujetándose a lo más cercano que vio.
Al hacer contacto con la luz, la menor no pudo evitar dejar escapar un quejido, el corazón tranquilo, comenzó a palpitar demasiado rápido, saliendo de aquel trance de sueño e imaginación en el cual se metió, con algo de mareo, tosiendo con fuerza y agua saliendo por su boca, buscando respirar todo lo profundo que podía, con el rostro pálido, se volvió a dar cuenta otra vez de su fragilidad, los ojos de la menor se abrieron como platos al ver al hombre delante de ella.
Piel azul y una altura que de seguro daría envidia a más de uno.
¿Escuchar bien? ¿Ahora que había hecho? Pegó la cabeza entre los hombros y lo miró directo a los ojos, sonriendo con cierto nerviosismo, Seraphine formó un pequeño o con sus labios, llevando una mano a su nariz, no… no parecía tan mala persona, con su cuerpo sobre el agua, no tardó demasiado en ponerse de pie, sacudiendo todo su cuerpo, lanzando agua por doquier.
Y levantó un dedo, en señal de que la esperase, mirando a su alrededor, hasta encontrar una rama de un árbol, caído, lo suficiente grande para poder comunicarse con él y no ser pesado para la mujer de bicolor cabello.
—Seraphine— Se relamió los labios, asegurándose que su escritura sobre la arena fuese bien leída. —Gracias por tu ayuda, estoy bien, me distraje un poco con los peces— Sus ojos brillaron. —¡Eran de diferentes y brillosos colores!— Y escribió el nombre del señor con barba. —Kazan, ¿así?— Ante lo similar, ladeó la cabeza, algo confundida, siendo comparada con él, Seraphine era alguien de cuerpo más débil y delgada, mientras Kazan parecía montañas, de seguro que Seraphine, sería las flores.
—¿Tú estás bien?
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Kazan permaneció inmóvil mientras observaba a la mujer toser agua de mar. La manera en que sus ojos se abrieron como platos al verlo le resultó familiar también, esa mezcla de asombro y cautela que la gente mostraba ante su escala y eso que la de la contraria era también notable. "Tres metros y medio, quizás cuatro. Alta para estándares humanos. Y esas alas... no son ornamentales. ¿Una habitante de los cielos?" Observó con paciencia mientras ella se ponía de pie, parecia un perro mojado sacudiendose.
Sus ojos siguieron cada movimiento mientras ella buscaba una rama, y entonces comprendió. "No habla. O no puede.". Se agachó completamente sentándose con las piernas cruzadas sobre la arena para reducir la diferencia de altura. Incluso sentado, seguía siendo considerablemente más alto.
-Por las profundidades...- murmuró -Seraphine.-Repitió el nombre lentamente como para memorizarlo. Cuando ella escribió su pregunta sobre si estaba bien, Kazan soltó una risa que retumbó como trueno distante. -¿Yo? Ga-ha-ha-ha-ha!- La risa surgió genuina -Me pregunta si estoy bien la mujer que casi se ahoga persiguiendo peces de colores. Aparte, soy Wotan, vivo en el mar.- Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en sus rodillas mientras sus ojos pequeños la estudiaban con una intensidad que no era amenazante sino profundamente curiosa. -Sí, así se escribe. Y sí, estoy bien. El agua es vieja amiga, aunque mi túnica tardará días en secar.- Hizo una pausa, eligiendo sus próximas palabras con el mismo cuidado que con el que fabrica artesanias. -Los peces son hermosos, es verdad. Pero la belleza no alimenta los pulmones, Seraphine. Tienes que tener mas cuidado..-
Señaló las marcas en sus muñecas sin tocarlas, respetando su espacio. -Esas marcas en tu piel... no son de nacimiento. Yo cargo similares, aunque el tiempo las ha desvanecido debido a batallas y a los rayos del sol.- Extendió sus propios brazos, mostrando la piel azul cerúlea donde, si uno miraba con suficiente atención, podía distinguir líneas más claras. -¿Cuánto tiempo llevas libre?- La pregunta surgió suave, sin presión. -No tienes que responder si no quieres. Pero escucha bien-Su voz se volvió más profunda -Tienes que tener cuidado con lo que haces estando libre, no vaya a ser que acabes tu misma con tu vida..- Miró hacia el horizonte, hacia donde el sol comenzaba su descenso, tiñendo el agua de tonos dorados y carmesí.
-¿Tienes a dónde ir? ¿Alguien esperándote?-
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07-02-2026, 01:12 PM
(Última modificación: 08-02-2026, 01:53 AM por Seraphine Soyer.)
¿Por las profundidades?
Miró en dirección al agua, esperando encontrar algo allí, pero no vio nada, de hecho, aquella playa se encontraba vacía, aunque la presencia de Kazan, la hacía sentir más llena de la que ya estaba, era extraño, al escuchar su nombre, Seraphine no tardó demasiado en ponerse de puntillas, mirándolo directo a los ojos, escuchando con atención, sus verdes enfocados en él, pareciendo ser lo único que existía, creyendo que el intentar ganar un par de centímetros más, facilitase la conversación para el mayor, ya que ella no tenía problemas en escuchar su voz.
Movió sus alas, buscando mantener el equilibrio cuando por accidente, casi se va hacia adelante, contra las rodillas de Kazan, la risa del hombre le quitó el equilibrio, haciéndola temblar un poco, cayéndose la rama al suelo y se agachó para recogerla. —Tendré yo más posibilidades de ahogarme, pero eso no te hace inmune a los seres que viven en el agua— Frunció en el ceño. —Responde a mi pregunta— Lo miró, demandante, con una ceja alzada, cruzándose de brazos, ante lo de Wotan, lo miró con mucha curiosidad de los pies a la cabeza, deteniéndose ante la menor diferencia que veía y había un montón, se giró, dándole la espalda, moviendo sus alas. —Skypean.
Cuando se inclinó, la de cabellos rosados casi se va para atrás, ¡joder que era enorme y era como si le fuese a caer una pared encima! Buscó que aquello no se le viese demasiado, al no querer ser desconsiderada con las emociones del mayor. —Puedes exprimir tu túnica, yo no miraré— Llevó ambas manos a sus ojos, sosteniendo la rama entre sus piernas, con intención de darle privacidad y en ese momento se dio cuenta de su propio aspecto, tirando de la ropa que se le quedó adherida a la piel, pareciendo una segunda capa, se mordió el labio inferior y apartó la vista ante lo de los pulmones, era comprensible que se preocupase, no obstante, una parte de ella, le daban ganas de golpearlo.
Esa amabilidad era rara para Seraphine.
—Eran pececitos muy bonitos e hipnotizadores…
Escondió de inmediato, las manos detrás de su espalda, chasqueando la lengua, no obstante, aquella actitud desafiante, no tardó demasiado al ver las marcas en Kazan, dando un paso hacia adelante, estiró su mano hacia el Wotan, queriendo dejar sus dedos recorrer sobre su piel, siguiendo la línea de cada cicatriz que pudiese tener, se tomó su tiempo en responder, ladeando la cabeza, perdida dentro de una niebla.
—Tus palabras— Volvió a alzar su mentón. —Son demasiado vagas. ¿Eras un esclavo de guerra o…?— Buscó sacarle más información. —Yo solo… me sentí demasiado intoxicada con la vida— Cerró sus ojos, quedándose silenciosa tras escribir aquello. —Creo que… soy libre desde hace… ¿Ayer?— Se encogió de hombros. —Y yo, no tengo a donde ir— Podía haberse ido con aquel hombre que la sacó de su cautiverio, pero su hija también fue esclava, no quería tener ese recordatorio constante sobre su persona.
Quiso ser egoísta.
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Los ojos de Kazan se entrecerraron aún más cuando ella preguntó sobre las profundidades, y una esquina de su boca se curvó con diversión genuina, si eso que enseñaba colmillos era una sonrisa. -Es solo una expresión. Como decir "por los cielos" pero para quien conoce más el fondo del mar que las nubes.- La vio ponerse de puntillas, esforzándose por ganar altura. Cuando casi perdió el equilibrio, su mano se movió instintivamente, respetando su espacio. -Ga-ha-ha-ha-ha! . Tienes razón. Respondiendo a tu pregunta: estoy bien. Ningún rey de los mares me mordió el trasero durante el rescate. Y de haberlo hecho pobre de el- Observó con curiosidad cuando ella se giró, mostrando sus alas. -Skypean...- repitió -De las islas en el cielo, entonces. Leí sobre tu gente en un libro viejo, hace años. Nunca pensé conocer una, sois bastantes esquivos.-
Cuando ella le ofreció privacidad para exprimir su túnica, Kazan negó con la cabeza -Agradezco la consideración. Además...- tocó uno de sus cuernos pensativamente, -me gusta estar humedo, ya sabes costumbres de mi raza.- Sus ojos siguieron el movimiento de sus manos escondiéndose detrás de la espalda al mencionar las marcas. La pregunta llegó, directa. Kazan exhaló lentamente y se quedo seco de repente de aire. Miró hacia el horizonte donde el sol comenzaba a teñir todo de oro rojizo.
-No.-La palabra salió sola -Fui vendido o abandonado cuando era niño. No recuerdo a mis padres. Me compraron para el Circo de Sangre del West Blue. Esclavo gladiador. -Su voz se mantuvo pausada como si le costara recordar -Los revolucionarios me liberaron hace siete años.-
Entonces ella escribió. Y el mundo pareció detenerse. Kazan se quedó completamente inmóvil, procesando esas palabras. Ayer. No semanas. No meses. Ayer. -Por las profundidades...- Se inclinó hacia adelante lentamente, con cuidado de no intimidar, hasta que sus ojos quedaron al nivel de los de ella. -Escucha bien, Seraphine de las islas del cielo.- Hizo una pausa, eligiendo las palabras con cuidado. -...es aterrador, porque ahora cada decisión es tuya y nadie te dirá qué hacer siguiente. La libertad pesa más que las cadenas porque las cadenas al menos te decían dónde estar, qué hacer.-
Se sentó completamente de vuelta, dándole espacio. -Y sobre no tener dónde ir...- Miró hacia el pueblo de Baquella, donde las primeras luces comenzaban a encenderse en las casas. -Por ahora, estás aquí. En esta playa. Respirando aire libre. Eso es suficiente para hoy.- Sus ojos se entrecieron casi hasta desaparecer, estudiándola.
-¿Tienes hambre? ¿Cuándo comiste por última vez?-
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Se aferró a su vestido cuando vio los colmillos y tragó saliva, sin saber muy bien cómo interpretar aquello, por ahora, asintiendo al escuchar su explicación, encontrándolo divertido incluso, haciendo una pequeña nota mental de conseguirse una frase para sí misma, aquello la hacía sentir más persona, por otro lado, ante la risa, Seraphine dio un saltito por culpa de las vibraciones que desprendía aquel hombre, un pie estirado en el aire, con un rostro sorprendido, todavía no se acostumbraba a la potente risa de Kazan, por otro lado, le bastó con saber que se encontraba bien, para sonreír, sintiendo sus mejillas algo calurosas por el calor expandiéndose por su cuerpo, aquello era una buena noticia.
Y, por el contrario, la skypean casi se muere por estupidez, hizo una mueca, asegurándose de respirar profundo, del cielo, ¿ella? —No recuerdo mucho de donde provengo— Se masajeó un poco la sien. —Según los médicos, me golpeé demasiado fuerte la cabeza y eso produjo que olvidase cosas— O alguien la golpeó demasiado fuerte, fijándose en su mano, la falta de un dedo, la marca de los grilletes en sus brazos. —Si lo estruja, seguirá húmedo— Lo señaló con la rama. —Y menos probabilidades de dañar a los demás con las gotas que caerán de tu ropa y ahogarlos— Dio unos cuantos pasitos hacia atrás y tiró un poco de su propio vestido otra vez. —Yo lo haré, se me está pegando mucho y no quiero acabar con un resfriado— Con paso tranquilo, camino, alejándose un poco, hasta darse cuenta de algo.
—Ya vuelvo— Escribió sobre la arena, moviendo su mano, mientras buscaba un refugio para quitar el exceso de agua de su vestimenta, al volver, Seraphine se veía mucho más cómoda, estirando sus brazos al aire y escuchando su historia, sintió que no podía decir mucho para animarlo o algo que el azul no hubiese escuchado, pero tampoco quería quedarse atrás sin hacer nada, con tranquilidad, caminó hacia la mano que más cerca estaba, apretujando uno de los dedos con fuerza, buscando transmitirle alguna clase de buena energía. —¿Qué es lo primero que hiciste y siempre quisiste hacer cuando fuiste libre?— Momento…
¿Revolución?
Casi se cae sentada sobre su trasero, con los ojos bien abiertos.
¿Le estaban haciendo alguna clase de prueba? Al verlo acercarse, retrocedió de inmediato, le era extraño estar cara a cara con él, aguantándose las ganas de pegarle con la rama y… al final lo hizo, un golpe directo a la nariz. —¿Pero, qué clase de ánimos son esos?— Gruñó. —¡Claro que da miedo! ¡Sin embargo, ahora es mi oportunidad para crecer, no convertirme en esa flor marchita que solo existe para la diversión del hombre que dice ser mi amo!— Estampó un puño contra su pecho y vio estrellitas. —Yo podré dar un paso tras otro, ¡mis pasos! Márcalo bien en tu mente— Lo señaló con su dedo.
Infló sus mejillas cuando siguió hablando, sintiéndose como un chihuahua que otra cosa.
El estómago de la skypean fue el que respondió, sonando con fuerza y llevó las manos a su estómago, sonrojándose hasta las orejas, haciendo un movimiento con sus hombros que parecían decir el no saber, ni siquiera recordaba haber desayuno hoy, ayer y anteayer.
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El golpe llegó directo a su nariz, fue rapido y sin avisar. No dolió, por supuesto la diferencia de tamaño y fuerza haria que esto pasara. Pero la intención detrás del golpe... Kazan parpadeo perplejo y luego estalló en una risa -¡GA-HA-HA-HA-HA-HA! ¡Por las profundidades! La gaviota con intenciones de casi ahogarse me acaba de golpear en la nariz- La risa retumbaba muy fuerte. Kazan se echó hacia atrás, apoyando las manos en la arena mientras su cuerpo entero se sacudía con carcajadas. "Fuego. Hay fuego debajo de esa fragilidad. Eso da a entender que no se ha rendido."
Cuando finalmente logró controlar su risa, su voz seguía temblando debido a la diversion. -Esos son exactamente los ánimos correctos, pequeña tormenta. Y tienes razón. Completamente razón. Mis palabras fueron torpes y mal escogidas.- Levantó las manos como si estuviera dando la razon. -No quise decir que el miedo fuera algo a evitar. Quise decir que es natural sentirlo. Pero veo ahora que malinterpreté. No tienes miedo. Tienes furia.- Sus ojos mostraban respeto. Se tocó uno de sus cuernos pensativamente mientras procesaba el resto de sus palabras escritas en la arena.
-Lo primero que hice cuando los revolucionarios me liberaron... fue llorar. Lloré durante tres días seguidos. Llore todas las lagrimas que no me dejaron cuando era cautivo- Tocó su collar de cuentas. -Lo primero que quise hacer fue volver al circo y quemarlo hasta los cimientos con todos adentro. Pero aprendí que la venganza solo alimenta el mismo ciclo que te esclavizó. En cambio, elegí aprender a leer correctamente. Creo que la lectura hizo que no alimentara la espiral de venganza demasiado rapido- Miró hacia el pueblo, donde las luces se multiplicaban conforme la noche avanzaba, y algo en su expresión se suavizó.
Entonces el estómago de Seraphine rugió con fuerza y la expresión de Kazan cambió instantáneamente de contemplativa a preocupada. -Eso responde mi pregunta.- Se puso de pie con movimiento fluido que contradecía su tamaño masivo, sacudiéndose arena de los pantalones. -Escucha bien, pequeña no tan pequeña golpea gigantes. Puedes ser toda la flor feroz que quieras, pero las flores necesitan agua y tierra para mantener sus espinas. Y tú necesitas comida. Hay una taberna en el pueblo que sirven comida muy rica- Hizo una pausa, considerando sus próximas palabras cuidadosamente. -¿Tienes dinero? Si no tienes, yo pagaré. No es caridad, es...es lo que alguien hizo por mí cuando acababa de ser libre. Considera esto una deuda que estoy pagando hacia adelante.-
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09-02-2026, 08:41 AM
(Última modificación: 09-02-2026, 08:52 AM por Seraphine Soyer.)
La risa ajena vibró una vez más a su alrededor, ocasionando que tragase saliva y el corazón palpitó con rapidez, manteniéndose en el suelo, controlando sus ganas de correr, sin duda, a veces Kazan resultaba demasiado para la mujer de cabello bicolor y no en el mal sentido; era una de las cosas más maravillosas que vio desde que… Su cautiverio; pensar que podía interactuar con alguien así era una de las maravillas de elegir su propia ruta, pero al mismo tiempo, sacudía un poco la imagen que se creó del mundo donde la mayoría era más baja que ella al ser lo único que Seraphine conocía.
¿Y si escribía algo que lo hería?
Quizás entonces no querría ser su amigo; no se conocía a sí misma como la persona más empática del mundo, pero lo intentaba. Un montón de humo imaginario salió de sus orejas, exageraba demasiado en sus pensamientos y soltó un suspiro, solo por ser amable con él y viceversa no iba a haber mucho impacto, ¿no? Una parte de ella sentía algo de desconfianza y miedo; estuvo demasiado tiempo sola.
—Nada de gaviota— Infló sus mejillas. —Otro pájaro más bonito— Se cruzó de brazos y apartó la mirada; el sonrojó hasta las orejas, las emociones iban a mil, sin querer, la torpeza volvió a ella, casi yéndose hacia atrás, decidiendo por unos minutos sentarse y calmarse, rascándose el mentón; no obstante, se quedó suspendida por unos segundos, cerrando sus ojos, sintiendo el viento sobre su piel, disfrutando del sol, pareciendo querer volverse una con el ambiente. —¿Tú… sentiste miedo cuando fuiste libre?— Se tomó tiempo en escribir aquello, sin saber muy bien por dónde empezar.
Parpadeó.
¿Furia?
¿Estaba furiosa? ¿Esa era la opresión que sentía en su pecho? Haciendo un puño, lo colocó sobre su corazón, algo confusa, no podía ponerle un nombre a esa emoción, tan liberadora y al mismo tiempo asfixiante, no obstante al escuchar acerca de Kazan, que lloró cuando fue libre, se dio cuenta con rapidez que tenía los propios ojos húmedos y buscó contener su llanto, una parte de ella quería mantener su orgullo, un poco, la otra parte es que tampoco quería dañarlo a él con malos recuerdos, en el núcleo de Seraphine estaba instalado el preocuparse por los demás, siendo algo sobre lo que tenía control, ya cuando encontrase un lugar en el cual dormir, se desahogará, estiró una mano, en la que le faltaba el meñique y le dio unas palmadas sobre una de sus enormes rodillas.
Lo hubiese hecho en la frente, pero esa se encontraba demasiado arriba, como si le quisiera decir que lo hizo muy bien durante todo este tiempo de libertad; por otro lado, lanzó una maldición cuando se puso de pie dentro de su cabeza. Sí, aquello requería acostumbrarse.
¡Era una montaña!
Palideció ante lo de pagar por ella, moviendo sus manos al aire en búsqueda de negación hasta que se dio cuenta de algo: de verdad es que no tenía a dónde ir.
—¿Podría… vivir contigo unos días?— Miró al suelo, era libre, pero no de la manera que se imaginaba. —No tengo a dónde ir, pensaba dormir en la playa esta noche, alguna cueva; así podría ayudarte con alguna cosa— Alzó un poco el rostro sin darse cuenta de la debilidad y el cansancio que mostraba. —Considéralo como una… deuda a pagar por ser…
No pudo más, se echó a llorar.
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Kazan se quedó completamente inmóvil cuando vio las primeras lágrimas formarse en los ojos de la joven alada que tenia enfrente. "Ahí está. El quiebre." Reconocio ese llanto, esa furia contenida implicita que le hacia llorar y llorar. Cuando ella finalmente colapsó en llanto, Kazan no dijo nada. En cambio con movimientos lentos, se sentó de nuevo en la arena y extendió una de sus manos gigantescas. -Por las profundidades, pequeña...- era un tono suave y aterciopelado, -no tienes que pagar nada.- Tocó su collar de cuentas con la mano libre, no queria dañar nuevamente. -Cuando el esclavo que me dio esto murió protegiéndome, lo último que me dijo fue "ahora tú cargas nuestras cadenas rotas". No entendí entonces qué significaba. Pensé que hablaba de venganza, de destruir a nuestros captores. Significaba que cada persona liberada es una cuenta en un collar. Cada uno que ayudamos, cada uno que alcanza verdadera libertad, es honrar la memoria de quienes no sobrevivieron para verla.-
Se inclinó ligeramente hacia adelante. -Sobre vivir conmigo...- hizo una pausa, como si rumiara el pensamiento, -no tengo casa propia. Viajo constantemente. Pero llevo semanas en Baquella, quedándome en una posada. El dueño, un viejo marino llamado Hideo, es discreto y no hace preguntas. Tiene habitaciones pequeñas para gente de escala normal, y alguna que otra para nosotros.- Se frotó la barba. -Puedo hablar con él. Explicarle que necesitas refugio temporalmente. Pagaré por la habitación los primeros días mientras decides qué quieres hacer. Y antes de que empieces a escribir sobre deudas otra vez...- levantó un dedo masivo en gesto preventivo, -escucha bien: esto no es caridad. Es supervivencia básica. Y solo cuando decidas ordenar tus pensamientos te llevare conmigo, si es lo que quieres.-
Sus ojos se entrecerraron estudiándola con una mezcla de preocupación y comprensión que solo alguien que había caminado ese mismo camino podía tener. -Lloré durante tres días, Seraphine. ¿Y sabes qué hicieron los revolucionarios que me liberaron? Me dejaron llorar. Me dieron agua. Me dieron comida. Me dieron tiempo. No pidieron nada a cambio.- Se puso de pie lentamente, extendiendo su mano hacia ella en gesto de ayuda para levantarse. -Primero comida. Luego habitación. Luego descanso. Y mañana, cuando el sol salga de nuevo, puedes empezar a decidir qué tipo de vida quieres construir. Pero esta noche, solo necesitas sobrevivir este día. Sobrevive pequeña tormenta.-
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