[Pasado] Estrellas y bailes
#1
Fecha: Día 03 Primavera 16

—Oh.

Los ojos de la muda brillaban, con las manos entrelazadas delante de ella, caminando de un lado a otro, observando la vida nocturna de aquella isla. Habiendo recuperado su libertad como hace tres días atrás, le costaba un poco dormir, descubriéndose a sí misma, mirando el cielo nocturno en más de una ocasión, admirando las estrellas y, una vez con el suficiente coraje, decidió salir.

Y sin duda, se mareaba un montón: demasiada gente reunida, charlando, hablando, felices como si fuese lo más natural del mundo, y formó puños con sus manos, sintiéndose como una pequeña hadita que revoloteaba de un lugar a otro, sin encontrar un lugar donde sentirse cómoda, rodeada de personas alienígenas, siendo una imagen algo extraña, cuando ella posiblemente, en aquellas horas, era unas cuantas cabezas más alta que el resto.

Se detuvo en seco al ver unos padres sostener a su retoño por las manos, levantando al niño de vez en cuando, imitando un columpio.

—¿A mí… me extraña alguien?— Se llevó la mano a sus labios, cubriéndolos con sus dedos, sus ojos moviéndose nerviosos de un lugar a otro. —¿Me querrán siquiera de vuelta?— Las posibilidades de ser vendida a un noble como esclava eran altísimas; recordaba bailes extravagantes donde se encontraba ella en el escenario para alegrar a sus clientes y huéspedes, no siendo nada extravagante o exótico, tampoco algo que requisara exponer demasiado tela, así que no tenía ni la menor idea de cómo fuese su situación financiera antes. —Escaparme, ¿no les habrá puesto en un aprieto?

El corazón de Seraphine comenzó a latir con rapidez, nerviosismo puro, mientras el mundo se movía a su alrededor de manera exagerada. Nunca pensó en aquello, suponiendo que su cabeza la buscó proteger de esos pensamientos y emociones, se mordió el labio inferior, llevando ambas palmas a sus mejillas, dándose golpecitos.

—No, ¡No!— Sus ojos brillaban, con fulgor. —¡Vas a amar tu libertad y aprovecharla al máximo!— Dio un saltito, echando a correr, con una enorme sonrisa en sus labios, sin darse cuenta de que seguía el sonido de la música.

Gente, con instrumentos en la plaza, escuchando a los músicos tocar y, antes de poder siquiera contenerse, agarró las manos de los más cercanos, tirando de ellos, buscando que se uniesen a ella, en un pequeño baile, para quitar las preocupaciones de su corazón.
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#2
Fecha: Día 03 Primavera 16
Plaza del Puebli de Baquella



El pueblo de Baquella suele ser muy armonioso, algunas veces. Después de días laborales y extenuantes esfuerzos de los habitantes en sus jornadas pesqueras y en sus obligaciones de montacarga en las embarcaciones, era claro que por las noches, cuando el descanso llegará, se planificarán fiestas espontáneas en la plaza.

El cielo nocturno era hermoso, no había nubes con atisbos de lluvia ni tampoco que se avistara un mal clima, más que eso, el viento de la primavera era refrescante, aún cuando empezaba a florecer apenas la primavera, su toque era gentil a la piel, un poco frío pero cuando se tiene un corazón eufórico era difícil fijarse en la temperatura.

Las doncellas casadas del pueblo lo habían planeado todo, y el decorado estaba a la perfección, querían sorprender a sus esposos con una fiesta pagana llena de entretenimiento y bailes. Había luces colgando de tramo a tramo alrededor de la plaza central, con flores blancas decorando las luces, se habían colocado mesas con botanas, cervezas, cartas y juegos de apuestas, todo lo que los hombres disfrutaban. A un costado, había una gran mesa horizontal repleta de un banquete donde abundaba más que todo la carne, aderezos, y elotes. Todo cocinado a la preferencia de los hombres de Baquella, todo cocinado por sus mujeres, amas y dueñas de su casas.

Era una fiesta abierta para todos, pero mi función no era divertirme o bailar, al contrario, mi cuñada me instó a ser parte del grupo de músicos que tocaban para la festividad, yo amo a mi hermano mayor, y claro que tocaría en su honor. 

La fiesta inició lenta, pero el ambiente lo íbamos creando conforme ya todo estaba servido. La banda se enfocó en canciones folklórica medieval, habían flautas, clarinetes, trombones, acordeones, arpas, trompetas, saxofón, guitarras, banjos, y claro, mi función estaba en tocar el violín cuando el momento me indicase.

Las personas estaban reunidas a nuestro alrededor, encantados con la música, animados con lo que parecía algo a punto de estallar de diversión, varios hombres tenían jarras de cerveza en sus manos y las alzaban en señal de euforia. Todos eran caballeros dignos de sus señoras, y las llevaban al centro para fluir con la música, para bailar. Cuando finalmente era mi turno de hacer sonar el violín, me percaté de una hermosa mujer de pelo rosado a simple vista, portaba alas cuál angel. Recién se incorporaba a la fiesta, pero sin vergüenza alguna, comenzó a reunir a las personas para bailar en un gran grupo, reuniendo las risas, la emoción, la energía, y mi corazón se llenó de una infinita felicidad. Cerré mis ojos, y en honor a su bondad, toqué con todo mi amor aquella parte de la canción que corresponde a los violines. No la conocía, a la hermosa ángel, pero sin duda merecía lo mejor de mi.

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#3
Un paso hacia delante, otro atrás, un aplauso sobre la cabeza.

Era como si se hubiese olvidado por completo de la presencia de los demás; aunque su cuerpo interactuaba con las personas a su alrededor, tomándolos de las manos y apenas separándose de estos, Seraphine volvía a encontrarse en su burbuja de color rosa, dejando que la música guiase su respiración y pasos, sintiendo la sangre burbujear por sus venas, provocando una placentera y maravillosa sensación; ni siquiera necesitó mantener sus ojos abiertos para estar segura de lo que hacía.

Se sentía de vuelta al escenario.

Antes de ser Seraphine la esclava, antes de ser Seraphine la bailarina que solo danzaba para ver las sonrisas de los demás, era la Seraphine que descubrió por primera vez su pasión y amor por el baile, una memoria que hace tiempo no se encontraba en su mente, de recuerdos fragmentados en su ser tras un golpe, pero ella se negó a desaparecer, volviendo a la vida una vez más, y fue cuando esa palabra resonó en su cabeza que se permitió abrir los ojos, una mirada que más o menos fría adquirió color y brillo.

—¿Pero… podemos ser algo más que solo personas parte de la revolución?

La pregunta que le hizo a Kazan rebotó en su mente, recordando la frialdad del mar que la acogió donde casi se muere ahogada; si no fuese por la intervención del Wotan y el salvarla de su despiste al concentrarse más en peces brillantes que en respirar, los pasos de Seraphine se habrían acelerado más, incluso sus alas se habrían movido, pareciendo un antiguo acompañante.

—¿Podemos… ser personas?— Sus ojos se enfocaron en el cielo estrellado y sonrió, otro giro; la falda de su vestido la acompaña, mostrando su suave color rosado gracias a la luz. —Estoy viva, ¡Estoy viva!

¿Qué más daba que no podía hablar? ¿Qué más da un millón de cosas? Eso era lo importante, podía ser ella misma y cuando enderezó su postura, fue en ese momento que una pareja se le cruzó enfrente, tropezando con sus pies hacia atrás y, sin querer, cayó sobre Miyori.
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#4
El arco de mi violín fluía rápido, y se presionaba deslizante sobre las cuerdas con gran dedicación armoniosa, estaba en la parte más apasionante de aquella canción folklórica, escuchaba las risas de los invitados, los aplausos de los habitantes. Me centré en perfeccionar el anclaje músical que nos unía en esta espontánea fiesta. Tenía mis ojos cerrados hasta el momento, no necesitaba ver, todo parecía ir acorde al plan, todos bailaban y se divertían. 

Inesperadamente, como un proyectil, sentí que mi cuerpo con gran impulso fue empujado hacia atrás. Sentí algo punzante sobre mi abdomen, tal impacto me arrancó un quejido en señal de dolor, podía sentir que mis costillas sopesar el dolor, me faltaba el aire. No me separé de mi violín en ningún momento.

—Ay, duele….— Expresé, abriendo los ojos a la realidad. Mi cuerpo tirado por completo en el frío suelo, reposando la cabeza sobre los peldaños del escenario improvisado. Todos se quedaron helados ante aquel momento. Nadie se esperaba tal avistamiento de dos mujeres tropezandose entre sí, o quizás nadie se esperó verme tirada en el suelo. La música murió.

Mi vestido blanco ahora estaría manchado con un poco de polvo, pero vamos, eso no era importante, ya que al menos mi cuerpo fue el soporte de caída de la chica de pelo rosado, que por accidente me había caído encima.

—¿Te encuentras bien? — Le dije sin moverme,  con una voz suave y tranquilizadora. Y solamente me quedé quieta, aguardando a que ella tomase la decisión de levantarse. Todo su cuerpo estaba por encima del mío, incluso podría mencionar que su cabeza encontró acomodo sobre mi pecho. 

—¿Necesitan ayuda? — Dijo uno de los músicos, el que tocaba el arpa, que de inmediato se puso en pie ya que era el que más cerca estaba. Lo miré con una sonrisa suave. 

—Jajaja, creo que si.
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#5
No subo exactamente qué y cómo había pasado a continuación.

Pareció perder el conocimiento por unos segundos o más, con una herida en su frente, sangrando un poco, pareciendo ser más peso muerto que otra cosa sobre Miyori y recién, cuando las voces siguieron a través del silencio, fue que sus ojos verdes, se volvieron a encontrar con la luz de la noche, dejando escapar un pequeño gruñido silencioso, Seraphine no reaccionó de inmediato, en cambio, se acomodó, sintiendo un leve tirón en sus músculos del cuello y se giró, viendo, de pronto, las dos pequeñas montañas que tapaban su campo de visión.

Parpadeó confusa, estiró su mano, tocando un poco de la carne con un dedo, hasta que se dio cuenta de lo suave que eran y, a medida que recuperaba su consciencia, recordó más o menos lo que había pasado, colocando ambas manos a cada lado de la cabeza de la pelinaranja que Seraphine veía como pelirosa por cuestión de su tritanopía, encontrándose rostro a rostro con la mujer más pequeña que ella, dando quizás una imagen algo inusual cuando su cabello bicolor se perdió entre los mechones de la menor.

Se quedó quieta, demasiado cerca de ella y de pronto, sus ojos verdes se abrieron un montón, sonrojándose hasta la médula, buscó echarse hacia atrás de forma nerviosa y algo incómoda por interrumpir el espacio ajeno de esa manera, mirando a su alrededor, viendo que sin duda llaman la atención y que alguien venía a la ayuda de ambos o de la mujer que Seraphine tumbó, ocasionando que saliera aún más sangre de su herida.

Viéndose más feo de lo que en realidad era.

Llevó sus manos a su cintura y buscó su libreta y lápiz, en búsqueda de poder disculparse, encontrando sus papeles, algo aplastados a su lado, pero lo otro… más que roto, siendo en ese momento que vio la sangre en sus manos cuando la llevó a la frente en un pequeño acto de desesperación y palideció.
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#6
De cierta manera sentí preocupación por la joven de pelo rosado, parecía quejarse un poco por el dolor de la reciente caída, y sus movimientos urtían efecto sobre mi cuerpo. No me incomodaba, y tampoco pesaba tanto como para hacerme sentir molestias, solamente estaba en una área que me parece imposible no sentirme de cierta manera…extraña. Su toque fue suave pero tampoco lo dejé por desapercibido, únicamente le di el beneficio de la duda.

Finalmente levantó su cuerpo del mío, aunque no se levantó por completo. Puso sus brazos como torres de lado a lado de mi cabeza, y su pelo tri colores lucían cual cascadas descendentes hasta tocar los mechones cobrizos de mi cabeza. Mis ojos azules se proyectaron de inmediato con sus hermosos esmeraldas que me parecieron fascinantes, era hermosa por completo, como un ángel. Pero este angel tiene también rasgos de dolor no dichos en voz alta, tenía algunas cicatrices por el cuerpo y también por el cuello. Pero lo que más me llamó la atención fue la herida recién abierta que comenzaba a sangrarle.
 
Nuestro encuentro cercano duró unos minutos, no tardó el instante en que ella se diera cuenta de la situación en la que estábamos, y de forma nerviosa, se alejó rápido de mi espacio personal, sentándose en el suelo en busca de algo que parecía haber perdido, aunque eran hojas de papel maltratadas. Yo también me incorporé, observando las acciones de la chica ángel en lugar de los demás, que se acercaron preocupados preguntando. ¿Qué fue lo que pasó?

Pero, su mirada de preocupación se caló en mis huesos en un segundo, era una mirada de ansiedad y miedo, ¿Se habría golpeado con algo cuando caímos?, dejé mi violín a un lado. Mis manos sostuvieron su rostro con suavidad, intentando inspeccionar la herida, y que tan grave era —Tranquila. —-Avisé con una sonrisa suave, tratando de limpiar la sangre que estorbaba,sin importar si manchaba mis manos con su sangre, y luego miré al chico que antes preguntó si necesitábamos ayuda. —Porfavor, un poco de agua para limpiarla. 

—Por cierto, ¿Cómo te llamas?. — Consulté tranquila, tratando de transmitir confianza en la chica — El mío es Miyori Hoshino.
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#7
La reacción de la skypean fue inmediata; las palabras de la pelinaranja no bastaron para tranquilizarla; en cambio, parecieron aterrorizarla, hundiendo su cabeza entre sus hombros sin apartar las manos que la sujetaban, cerrando sus ojos mientras temblaba, buscando mover sus labios para soltar una disculpa pese a no poder emitir sonido alguno con la sangre corriendo por su frente hasta acabar sobre su mentón, marcando un río, recordando haber levemente sentido su frente impactar contra algo duro antes de rebotar contra el cuerpo de Miyori.

Su único método para comunicar se había roto y de pronto, Seraphine no pudo evitar sentirse de lo más desprotegida, como si le hubiesen vuelto a arrebatar la voz una vez más, registrando demasiado tarde lo que sucedía a su alrededor, saliendo de aquella visión de tunel en el que se metió cuando sintió que limpiaba su rostro, queriendo disculparse con ella por mostrarse de esa manera, romper la magia del mundo y sentirse estúpida por siquiera pensar en poder ser algo más que una simple persona que debía de ser pisada.

Pero…

Recién registró que existía algo diferente en el trato, confusa, parpadeó, mirándola directo a los ojos y se relajó, más o menos. No, ella era libre, pero su corazón todavía no parecía serlo. Con cuidado, levantó ambas manos, colocándolas sobre la recién conocida, sonriendo con cierta timidez. —Miyori— Movió sus labios para pronunciar su nombre, sabiendo que no iba a salir ningún signo de allí, buscando empujarla un poco lejos de su cuerpo para poder respirar, acomodarse en el suelo, y Seraphine casi se va para atrás, por culpa de un repentino mareo.

La gente a su alrededor le ponía algo nerviosa y tragó saliva, señalando más de una vez su lápiz roto, sacudiéndolo delante del rostro ajeno e intentando escribir su nombre.

—Seraphine— Su letra fue un pequeño desastre, no pudiendo escribir tan bien como le gustaría. —Necesito… lápiz.
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#8
Su cuerpo temblaba y su tacto parecía estar frío, como si todos los santos hubiesen caído al suelo y ella estuviera desprotegida totalmente. Cuestioné su comportamiento, es como si estuviera envuelta en una pesadilla del cuál no encontraba su libertad. Me preocupaba como la sangre deslizaba de manera terca por su rostro a pesar que yo intentase mantener a borde ese torrente sanguíneo. 

Me asombró un poco su silencio, no gritaba, ni tampoco decía algo cada vez que presionaba sobre la herida. Era una chica totalmente fuerte, incluso cuando me dio una sutil sonrisa, mi admiración creció. ¿Pero porque intentaba susurrar?.

Intentó alejarme con una fuerza que no era capaz de moverme ni un centímetro, pero, la dejé tomar su espacio. Mi preocupación creció cuando la vi separarse un poco de mi protección, y se mareó, mis manos quisiera sostenerla de los hombros nuevamente, pero parecía que estaba intentando encontrar lucidez para justificarse. 

Mi mirada solo estaba dirigida a ella, a sus acciones, a sus expresiones, ¿Porque estaba inmersa en los papeles?. Quizás le abrumaba las personas a nuestro alrededor, pero la clave estuvo en el momento que de manera persistente comenzó a señalarme un lápiz roto, señalando casi enfrente de mi rostro como indicando que eso era muy importante.

—*¿Podría ser…?* Un pequeño atisbo de dudas se marcó en mis pensamientos, ¿acaso ella quería comunicarse conmigo por medio del papel?, ¿no podía hablar?, de inmediato me coloqué en pie, y busqué el estuche de mi violín, en su interior a veces solía cargar papel para crear partituras musicales, y claro, un lápiz.

De nuevo me acerqué, entregandole ahora papel nuevo y un lápiz capaz de escribir. Mi mirada estaba puesta en su rostro, y me dolía verle llena de sangre, quería cuidarla, ayudarla. No tardó mucho para que alguien trajera un balde de agua con su paño. En cuanto la chica me indicará su situación, procedería a limpiar sus heridas.
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#9
Ante la presencia del nuevo lápiz, la mujer alada casi se derrite, asomándose una sonrisa en sus labios y, con cuidado, lo sostuvo entre sus dedos, no queriendo romperlo por accidente, cosa que le sucedía a menudo, no tardando demasiado en expandir las cosas delante de ella, buscando una buena superficie donde escribir.

—Muchas gracias— Sonrió, mirando a Miyori. —Mi nombre es Seraphine, lo siento mucho por caerte encima— Hizo una pequeña mueca; el nerviosismo era palpable en su rostro y tocó este para asegurarse de no tener alguna herida extra, resaltando de pronto el dedo que le faltaba, tranquilizándose al ver que la parte más fea se la llevó su rostro y fijó su atención en Miyor. —¿Tú estás bien?— Miró en dirección a los instrumentos, hacia donde la recién conocida fue y se dio cuenta de que, sin querer, impactó contra uno de los músicos.

—¿No te heriste las manos? ¿¡Puedes tocar todavía!?

No se lo perdonaría jamás si por accidente acabó quitándole la capacidad de volver a tocar; no podía evitar compararlo con lo mucho que a la pelirosa le gustaba bailar, si alguien le arrebata aquello, para la skypean, la vida perdería su brillo. También buscó el instrumento con sus ojos, la sola idea de romper eso le produjo un escalofrío, tragó saliva y buscó calmarse, contando hasta diez, primero lo primero; debía aclarar un par de puntos, señaló la cicatriz en su cuello.

—No puedo hablar— Sonrió con cierta amargura. —Lo siento mucho si te manché con sangre— Dejó escapar un suspiro, peinando sus mechones hacia atrás, esparciendo aún más sangre por doquier, e hizo una mueca al ver su mano ensangrentada. —¿Me podrías ayudar a limpiarme?— Se señaló. —Creo que voy a acabar haciendo un desastre enorme— Los engranajes de su mente giraron, hasta que sus ojos se iluminaron. —No tengo mucho dinero conmigo ahora mismo, hace poco recuperé mi libertad de mi esclavitud, pero… ¿que te parece bailar conmigo?— De la emoción de ser libre, se le escapó por completo que sus palabras podían ser algo… extrañas.
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#10
Me asombré de cómo sostuvo mi lápiz con gran necesidad, y a la vez, vi reflejado en su rostro una felicidad totalmente complaciente. Una vez extendiendo el papel, comenzó a escribir de manera legible, mi mirada seguía con curiosidad cada trazo pintado sobre el papel. Su nombre era precioso, tanto como su apariencia, Seraphine. En cuanto leí que se disculpaba conmigo y me preguntaba si estaba bien, en tal momento se vió opacado cuando noté que en su mano hacia falta una parte de sus dedos, el meñique.

Mi corazón lloró por ella. Era un ángel, pero maltratado por alguna circunstancia que eran ajenas a mi. Y aún así, estaba preocupada de si existía alguna mínima posibilidad de haber dañado a más personas tras su caída. — No te preocupes, estamos bien. — Dije con una sonrisa tranquila, tratando de mermar sus nervios y el sentimiento de culpa.  —- Claro que puedo tocar música aún, jejeje, ¿ves? —- Dije mientras sacudía mis manos de lado a lado en señal de que estaban bien, y no me dolía moverlas.

Noté su mirada de preocupación al buscar entre el suelo los instrumentos que habían caído tras la caída. Tomé mi violín azul entre mis manos, y se lo mostré a simple vista — No te preocupes, ellos también están bien. — Dije entre bromas como si fuesen personas o un ser vivo. Aunque, para mí, cada instrumento tenía vida propia, un sonido único. Ahora mis ojos miraban con atención sus expresiones, y la cicatriz que me mostraba directamente en su cuello.

En papel y lápiz me hizo entender que no podía hablar debido a esa enorme herida. Compadecí su situación, y sin querer, levanté mi mano derecha y la coloque sobre su mejilla izquierda. —Debió haber sido muy doloroso…. —- Dije, en lo que mi pulgar deslizaba sobre su pómulo rosa, cargados de vida. — No me importa mancharme de sangre si eso significa cuidar a los demás.

En cuanto llegó el agua y los paños, comencé a limpiar sus heridas tal como me lo pidió. No era una herida profunda, únicamente tenía un flujo sanguíneo demasiado abundante. La multitud se calmó tras ver que la sangre finalmente se mermó, y cuando menos lo esperábamos, la música volvió, solo que mi persona ya no era parte de aquel grupo.

Como cereza del pastel, como si ella no pudiese cargar más penurias en su espalda. En lo último que escribió en aquel papel de dictámenes crueles, venía de un lugar donde la poseían como una esclava. Mi corazón lloró, y creo, que en ese momento en verdad estaba llorando, porque sentí que mis mejillas desciendían lágrimas cargadas de impotencia y tristeza.  — Por supuesto que bailaré contigo…

Me levanté del suelo, dejando el estuche de mi violín al cuidado de mis familiares. Extendí mi mano hacia Seraphine para que pudiese levantarse, y con gusto, danzaría al compás de la música que ella deseara, porque esta noche íbamos a celebrar su libertad y su deseo de vivir.
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