[Pasado] Gracias por sobrevivir
#1
Fecha: Día 04 Primavera 16

Seraphine se había vuelto una con la luz.

Cuando al día siguiente de encontrarse con Kazan despertó sin fiebre y más o menos recuperada, se pasó los primeros minutos debajo de la sábana temblorosa, negándose los primeros segundos a poner un pie en el suelo, hasta que al hacerlo, desapareció en cuestión de un parpadeo, conociendo lugares e interactuando con gente, resaltando en su mente dos encuentros con diferentes mujeres.

Y ahora, se encontraba tranquila en su asiento en aquella taberna, con sus piernas cruzadas y una taza de chocolate caliente en sus manos, unas gafas para leer, que a saber de dónde las sacó, inspeccionando el libro que tenía delante de ella con mucho interés, aunque de vez en cuando, sus ojos verdes se desviaban en dirección a la enorme pulsera que se encontraba a su lado, habiéndose manifestado durante una de las noches enfrente de la puerta de Hideo para que le ayudará en su pequeño plan.

—Sí, Seraphine. Podemos ser personas
—Yo soy Kazan. Ex-gladiador. Revolucionario. Pero también soy alguien que está aprendiendo carpintería porque quiere probar que sus manos pueden crear y no solo destruir aunque soy muy torpe en esto. Alguien que fuma demasiado tabaco porque es el único vicio que me permito y porque es barato. Alguien que todavía tiene pesadillas sobre la arena pero también días donde puede sentarse en una playa.
—Nadie me había dicho eso antes. Generalmente la gente solo ve el resultado, no el esfuerzo diario de seguir eligiendo la luz cuando la oscuridad sería más fácil. Y toman con que un gigante no puede resultar dañado.


Fueron sus últimas palabras las que impactaron con la skypean de cabello bicolor y estiró su mano para tocar lo escrito en aquellas bolas, inspirada en aquello que tanto le importaba a Kazan y esperaba que le gustase, pensando que era lo mínimo que podía hacer tras soportarla aquel día. Se mordió el labio inferior, pensando en lo infantil que se comportó y dejó la taza de chocolate sobre la mesa; el problema era cómo se lo llevaba al Wotan.

—Estás haciendo un buen trabajo con sobrevivir— Leyó en la parte de cuero a la cual las enormes bolas estaban unidas. —Y también llora las veces que necesites.

Lo mejor es que no estaba a la vista de los demás; solo tendría que quitárselo, darle la vuelta y leerlo; solo esperaba no estar cruzando una línea.
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#2
El humo de la pipa subia hasta tocar el techo y desparrarmarse por todo el lugar para al final buscar irse por als ventanas, Kazan ocupaba el solo una esquina entera de La Ola Tranquila. El dueño había tenido la sensatez de reforzar esa sección específica del suelo tras la primera visita del wotan, y ahora las vigas gemían pero resistian bajo las quince toneladas de músculo. Tres días. Tres días desde que había dejado a la skypean temblorosa y enferma en manos de Hideo. "Dale espacio. Acabas de conocerla y ya te comportas como abuelo sobreprotector. Ella necesita encontrar su propio ritmo, no que un gigante azul la siga como sombra amenazante.". La realidad sin embargo era que la inquietud persistía.

Y entonces la puerta se abrió y Kazan no necesitó levantar la vista para saber quién entraba.Kazan detectaba esa sensacion en el aire cuando alguien que ha conocido cadenas se cruza delante tuya. Sus ojos pequeños, localizaron a Seraphine en su mesa. Cabello rosa-blanco inconfundible, gafas nuevas, postura que ya mostraba más confianza que tres días atrás. Y junto a ella, algo enorme envuelto que hacía que su instinto guerrero se tensara antes de que la lógica lo calmara. Kazan dejó la pipa sobre la mesa con cuidado deliberado y se levantó. El suelo protestó a pesar del refuerzo. Conversaciones se frenaron por ver al wotan.

Se detuvo frente a la mesa de Seraphine, y la diferencia de escala era tan pronunciada a pesar de que ella ya era alta que tuvo que agacharse considerablemente solo para no bloquearle completamente la luz.

—Ga-ha-ha-ha-ha! Veo que la fiebre no te mató, pequeña tormenta me alegro mucho. Y has estado ocupada, por lo que veo.— Sus ojos se desviaron hacia el bulto envuelto, luego regresaron a ella con curiosidad genuina. —¿Gafas nuevas? Te quedan bien. Hacen que parezcas erudita en lugar de náufraga medio ahogada, deberias quedartela.—

No se sentó esperaba señal de ella.

—Por las profundidades, te ves mucho mejor que hace tres días. Menos... temblorosa. Más... viva.— Una pausa larga. —¿Ese bulto tiene dueño o simplemente decidiste adoptar muebles errantes?—

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#3
La voz del hombre le hizo pegar un enorme salto y acabó con su cuerpo buscando proteger la pulsera, ocasionando que sus gafas acabasen algo chuecas, con una de sus patillas debajo, en vez de sobre la oreja. Lo encontraba a veces increíble: cómo Seraphine podía perderse tanto en su mundo, que no notaba la presencia de un gigante azulado. Soltó un suspiro, buscando calmarse un poco, contando hasta diez, sus ojos yendo de él al regalo que hizo, ¿le gustaría? ¿No estaba cruzando límites? ¿No le estaría golpeando de manera dolorosa contra alguna parte de su corazón? Empezó a palidecer cada vez más, pero lo hecho está hecho.

Se colocó de un lado de la mesa, empujando el regalo hacia él, señalando el paquete y a Kazan más de una vez, sus ojos brillando. Lo encontraba absurdo el echarse para atrás; quería ver su reacción, siendo en ese momento que se dio cuenta de algo. Agachándose, recogió del suelo un cuaderno y un lápiz; en algún momento debió de haberse caído. En su mente, se le quedó vacía por unos instantes al no saber muy bien cómo escribir de una manera que fuese fácil de entender para Kazan por la diferencia de tamaño.

—Es para ti— Sonrió. —Mi forma de decirte las gracias.

Ladeó la cabeza, apoyando su mejilla en el paquete, y miró a su alrededor, enfocada en las acciones y miradas de los demás, más por supervivencia que por otra cosa, por si alguien los miraba demasiado tiempo, con intenciones sospechosas. Aquella paranoia era difícil de quitarse de encima y suspiró; a continuación, le dio unas palmaditas en la silla que tenía a un lado para que se sentase.

—Me cuesta leer un poco sin mis gafas— Se relamió los labios. —Mi celda no era precisamente la más iluminada y forzaba los ojos a menudo cuando conseguía robar algún libro— La falta de su dedo fue muy obvia a la hora de tomar otro sorbo de su taza y se acomodó con cuidado las gafas. —¿Qué pedirás?— Sin darse cuenta, le quedó algo de barba de leche de chocolate.
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#4
El salto de Seraphine arrancó de Kazan una risa mas que una sonrisa —Ga-ha-ha-ha-ha! Por las profundidades, pequeña tormenta, casi tiras el chocolate. ¿como puedo haber pasado desaparecibido?— Pero la risa murió en sus labios cuando observó la palidez creciendo en el rostro de la skypean y ese gesto protector sobre el bulto envuelto. Cuando Seraphine empujó el paquete hacia él, señalándolo repetidamente con urgencia casi desesperada, Kazan sintió algo apretarse en su pecho, algo incómodo y cálido. Nadie le había dado nada sin esperar algo a cambio en mucho mucho tiempo. No sabia que hacer ni que decir, era algo nuevo para el. —¿Para mí?— La voz salió más suave de lo habitual, casi insegura y eso era raro en el. Luego vio el cuaderno, las palabras escritas con cuidado. "Es para ti. Mi forma de decirte las gracias."

El wotan se quedó inmóvil antes de aceptar la invitación silenciosa y sentarse con cuidado en la silla que Seraphine había señalado. La madera protestó pero aguantó, el dueño sabía construir muebles resistentes.
Extendió una mano hacia el paquete, dedos que podían destrozar piedra moviéndose con delicadeza antinatural para desesenvolver aquel paquete que le habian regalado, un regalo que era el primero que le hacian en su vida, el primer objeto que le dan sin esperar que con el destrozara cabezas. El papel crujió bajo su tacto mientras desenvolvía cuidadosamente, como si el contenido fuera explosivo. Y en cierto sentido, lo era. La pulsera emergió, enorme, y Kazan... Sus ojos pequeños, habitualmente entrecerrados, se abrieron completamente por primera vez. Las cuentas brillaban bajo la luz de las lámparas, y entonces vio la inscripción en el cuero.

"Estás haciendo un buen trabajo con sobrevivir."

Tocó los cuernos inconscientemente, procesando. Luego volteó la pieza, buscando instintivamente si había más, y encontró la segunda línea. No sabia como comportarse, en ese momento era peor que un crio chico no sabia como actuar ni nada.

"Y también llora las veces que necesites."

El silencio que siguió no era incómodo era el tipo de quietud que viene antes de la tormenta. El tipo que significa que algo fundamental está cambiando bajo la superficie. Kazan pasó el pulgar sobre las palabras grabadas. Cuando finalmente habló lo hizo e un tono quebradizo —Por las profundidades... Seraphine.— Una pausa larga donde simplemente sostuvo la pulsera entre manos que temblaban —Nadie... nadie me había dicho que estaba haciendo buen trabajo... Solo que era útil...—

Levantó la vista hacia ella, y algo húmedo brillaba en esos ojos pequeños, como era posible ese suceso. —¿Cómo supiste qué...?— Se interrumpió, tocando su propio collar de cuentas con la mano libre. —No. Claro que lo supiste. Porque tú también cargas las mismas preguntas cada mañana al despertar. Cargas lo mismo que yo...—

Notó entonces la barba de chocolate sobre el labio superior de Seraphine, detalle con la intensidad emocional del momento. Sin pensar, señaló su propio labio superior en gesto universal. —Tienes... chocolate. Aquí.—

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#5
Ante su pregunta, no pudo evitar dejar escapar una sonrisa nerviosa y pegó su cabeza entre los hombros; el tema es que varias cosas se le pasaban por alto a Seraphine, siendo algo vergonzoso escribirlo. En sus largas historias, estaba una de donde se olvidó que estaba escuchando sus propios pasos, casi muriendo del susto. Y asintió con la cabeza, varias veces, dándole unos golpecitos al paquete, empujándolo más aún en su dirección, casi mandándolo por el borde, y sus manos se aferraron para evitarlo.

El ruido de las cosas al moverse por el peso y estatura de Kazan le hizo sacar un pequeño gruñido silencioso; tendría que acostumbrarse a aquello. A la risa del hombre todavía no se acostumbraba; era como si sacudiese toda la tierra a su alrededor, pero insegura, si sentía un vínculo de posible amistad, estaba allí, sin embargo, el maldito karma negativo de timidez; todavía danzaba sobre su cabeza, buscando no encariñarse demasiado, no obstante, parecía ser demasiado tarde, ya iba por ese camino, solo tenía que acostumbrarse a la idea de que él o alguien a futuro no le haría daño, después de todo en la mansión de su amo, solo los fuertes sobrevivían.

Y el regalo era prueba de que iban por buen camino. Seraphine no podía quedarse de brazos cruzados cuando Kazan la ayudó de esa forma, se quedó a su reacción, solo le faltaba mover la cola de un lado a otro, quedándose quieta a medida que no veía una reacción a la primera, ladeando un poco la cabeza, con sus ojos fijos en el wotan. Por el nerviosismo, frotó sus nudillos entre sí, contando hasta tres.

—¿Kazan?— Escribió el nombre del mayor, colocando una mano sobre el brazo ajeno. —¿Todo está bi…?— La frase se quedó a medias, abriendo sus ojos; no esperaba aquello.

Soltó un suspiro, subiendo a la mesa, y tuvo que hacer un par de malabares para quedarse sobre esta, no rodar lejos, la mancha de chocolate podía esperar. Tomando la servilleta, buscó ponerse de puntillas para acercarse a los ojos de Kazan, buscando limpiarlos de la húmedad.

—Si quieres, podemos ir a un lugar más privado— Escribió con un dedo sobre la piel, lento para ser entendida. —Por si quieres sentirte más seguro mientras procesas todo— Alzó un poco su rostro para verlo a los ojos. —Eres una buena persona, que eso nunca se te olvide, ¿vale? Gracias a ti, fue mucho más fácil el procesar todo, pero eso me llevó a pensar, ¿qué hay de ti? Que te hayan dado un lugar donde llorar no es lo mismo que te sujeten de la mano durante esa mierda de proceso de vomitar las malas emociones a través del llanto.
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
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#6
El pequeño golpe de la alada contra su brazo hizo que dejara de tener la cabeza sumida en las nubes y volviera a poner los pies en el presente. prestando atención a su alrededor. "Estás haciendo un buen trabajo con sobrevivir. Porque me duelen tanto esas palabras..." Kazan pestañeó lentamente, procesando la pregunta escrita en el cuaderno"¿Todo está bi...?"pero la frase quedó ahi, porque un dolor en su pecho que desconocía si era daño o alivio empezaba a crecer. Entonces Seraphine subió a la mesa con movimientos torpes que casi la hacen rodar, no era muy agil a decir verdad, y algo en Kazan se tensó instintivamente pero se contuvo porque ella claramente tenía propósito en su acción y él había aprendido a no robarle agencia a las personas solo porque fueran más pequeñas o vulnerables que él. La skypean se puso de puntillas, alcanzando apenas su rostro con la servilleta, limpiando la humedad de sus ojos y fue un gesto tan simple pero tan potente que lo que sea que estuviera dentro de su cuerpo terminaria sanando o acabando por romperse.

Luego sintió el dedo de Seraphine escribiendo sobre su aspera piel: "Si quieres, podemos ir a un lugar más privado. Por si quieres sentirte más seguro mientras procesas todo." Y continuó: "Eres una buena persona, que eso nunca se te olvide, ¿vale? Gracias a ti, fue mucho más fácil el procesar todo, pero eso me llevó a pensar, ¿qué hay de ti? Que te hayan dado un lugar donde llorar no es lo mismo que te sujeten de la mano durante esa mierda de proceso de vomitar las malas emociones a través del llanto."

Por las profundidades.

El wotan enorme se quedó absolutamente inmóvil mientras su mente procesaba lo que acababa de recibir. No solo el regalo físico, sino la comprensión implícita en las palabras de Seraphine. Ella había identificado exactamente lo que faltaba en su propia liberación, que los revolucionarios le habían dado espacio, recursos, tiempo, pero nadie se había quedado con él durante el derrumbe.

-Pequeña tormenta...- comenzaria con la voz vibrante. -Cuando me liberaron hace siete años, el líder revolucionario me dejó en habitación vacía y me dijo que podía quedarme el tiempo que necesitara.— Pausó, tocando sus cuernos inconscientemente mientras la memoria se desarrollaba detrás de sus ojos. —Lloré tres días. Solo. Porque pensé que eso era lo que se esperaba de mí...- La frase salió amarga. Bajó la vista hacia la pulsera que sostenía, dedos pasando sobre las cuentas como cuando lo hacia con el collar. -Nadie me preguntó si necesitaba compañía durante ese proceso. Y yo... yo no sabía que podía pedirlo. Había pasado treinta años donde pedir cualquier cosa que no fuera permiso para morir resultaba en castigo.- "Todavía no sabes pedir. Todavía esperas que otros adivinen tus necesidades."

Levantó la mirada nuevamente hacia Seraphine, y esta vez no intentó ocultar la humedad en sus ojos. -Tú acabas de hacer en tres días lo que yo no he logrado en siete años: reconocer que sobrevivir es un trabajo.- Exhaló lentamente, como si estuviera liberando humo de pipa inexistente. -Y luego tienes la astucia... ga-ha-ha-ha-ha! de ofrecerme exactamente lo que necesitaba entonces y probablemente todavía necesito ahora: alguien que se quede durante la mierda del proceso.-

Kazan colocó la pulsera sobre la mesa con cuidado. -Por las profundidades, sí. Vayamos a lugar más privado. Porque si voy a derrumbarme como montaña cayendo al mar, prefiero no hacerlo frente a pescadores que solo quieren terminar su cena en paz. Y los entiendo- Pausó, asegurándose de que ella entendiera que esto era elección, no orden. -¿El faro? ¿O conoces algún otro sitio donde gigante azul llorón no asuste a población local?-

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#7
Se tomó su tiempo en limpiarle el rostro, manteniendo el silencio, sin querer presionarlo de alguna manera contra su voluntad, dejar que él procesase todo, sin quitar aquella sonrisa de sus propios labios, sin importarle demasiado si se viene engullida por las enormes lágrimas que quizás era el otro capaz de producir, buscando mantenerse sobre sus propios pies y ignoró las miradas curiosas de los demás.

Seraphine no era un precisamente un pilar muy seguro, pero para Kazan, la mujer de largos cabellos no tenía problemas en aparentarlo y serlo.

Y con cuidado, cambió la servilleta con sus dedos, acariciando con cuidado aquella piel, empezando por la barba, no pudiendo evitar dejar escapar una risita por el contacto, subiendo con tranquilidad hasta donde alcanzó, la cabeza del hombre era enorme, estirando su otro brazo, lo rodeó con ambos a la altura del cuello, sin apretar demasiado, en un abrazo con todo su cuerpo, dándole palmaditas.

¿Siete años?

Sin duda, el tiempo pasó demasiado rápido, sin embargo, no lo suficiente para curar las heridas, quizás aquello todo hubiera sido diferente si hubiesen sido libres al mismo tiempo y él no tuviera que cargar con todo aquello, cuando habló, se hecho un poco para atrás, buscando que viese que lo escuchaba sin juzgar, saltando con cuidado al suelo y movió sus brazos como si fuesen un par de brazos extras buscando mantener su estabilidad, mordiendo su labio inferior para no soltar un quejido.

¿Astucia?

Inclinó un poco su cabeza hacia un lado y colocó sus dedos sobre su cintura, en un pequeño gesto de orgullo. —¿Qué tal tu lugar de trabajo o habitación?— Escribió sobre una de las manos. —O el Faro, si es que no te molesta que los que vayan a caminar por ahí te vean— Se señaló. —¿Quieres que te acompañe o te deje solo?— Pensó que era mejor darle más opciones para que él eligiera, por más que quisiera pedir cosas, a veces era difícil empezar.

Tomó lo que le quedaba de su bebida y se limpió el rostro, asegurándose de quitar aquella barbita de leche, dejó unas cuantas monedas sobre la mesa, tocando con un dedo la pulsera para que no la olvidase y agarró uno de los dedos de Kazan, para guiarlo donde él quisiera.
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#8
La servilleta pasaba sobre su rostro con delicadeza. Manos pequeñas limpiando humedad que él apenas había notado. Cuando los dedos de Seraphine rozaron el pelo facial, sintió su risa contenida vibrar a través del contacto y algo dentro de él se relajó. Luego ella se estiró, brazos rodeando su cuello en abrazo que apenas llegaban a abrazarlo por completo. Las palmaditas en su nuca resonaron contra piel seca y aspera. "¿Cuándo fue la última vez que alguien te abrazó sin esperar nada a cambio?" Kazan permaneció quieto, no porque no supiera cómo responder al afecto, sino porque no estaba acostumbrado a el. Cuando Seraphine retrocedió para demostrar que escuchaba sin juzgar, Kazan exhaló aire para centrarse un poco. La skypean escribió sobre su mano, trazos lentos "¿Qué tal tu lugar de trabajo o habitación? O el Faro, si es que no te molesta que los que vayan a caminar por ahí te vean. ¿Quieres que te acompañe o te deje solo?"

Opciones, lo que un esclavo jamas tuvo. "Igual que hicieron los revolucionarios cuando te ofrecieron elección por primera vez."

-Por las profundidades, Seraphine... No el taller de Genba. Ese espacio es para crear, no para... esto.- Tocó sus cuernos mientras consideraba.-El faro. Pero no en la base donde turistas pasan. Hay una plataforma de mantenimiento a media altura que he podido ver. Nadie sube ahí excepto cuando hay trabajo técnico.-

Se levantó lentamente y agarraría la pulsera. "Estás haciendo un buen trabajo con sobrevivir. Y también llora las veces que necesites." Las leyó una vez más antes de mirar a Seraphine.

-Quiero que vengas.- La afirmación salió sin mas, como algo natural -No porque necesite supervisión o porque piense que no puedo manejar esto solo. Sino porque...- Pausó, buscando palabras que no sonaran como afirmación de que estaba vulnerable pero tampoco como si no pudiera con esto solo. -Porque tú entiendes esto...-

Cuando Seraphine agarró uno de sus dedos para guiarlo, Kazan tuvo que reprimir risa que hubiera sido inapropiada para el momento. Ella, cuatro metros de skypean recién liberada, guiando a diez metros de wotan exgladiador como si fuera niño perdido en mercado. -Ga-ha-ha-ha-ha! Escucha bien, pequeña tormenta- dijo mientras dejaban la taberna, ignorando miradas curiosas de otros comensales. -Cuando llegemos quiero proponerte algo.-



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#9
Asintió, comprendiendo hasta cierto punto y se rascó el mentón un poco, mirando en dirección a la ventana más cerca, se sentía raro que ella le estuviera dando apoyo a alguien más, pero no era algo que le desagradaba y miró los cuernos del hombre, preguntándose cómo sería el tener sus la parte no humana de la Skypean enfrente de él en vez de atrás y no pudo alzar un poco la ceja al recordar que él le dijo ser azul.

—Es la primera vez que voy allí— Admitió, esta vez escribiendo sobre el papel, una parte de Seraphine buscando mantener distancia, no quería echarse a llorar ahí también por la influencia de Kazan y el verlo así era algo devastador. —Un día tendrás que mostrarme todo lo que conoces de la isla— Sonrió, notando como en su mano, le quedó algo de pelo de la barba atrapada, quitándosela con cuidado, eran pelos de color oscuro enormes, mientras Kazan miraba la pulsera, pasó una mano por sus piernas, dejando escapar una pequeña mueca de dolor, todavía no era a prueba de caídas.

Y parpadeó, sacudiendo su cabeza.

—Kazan, no tienes que explicarme nada, tú dime y yo te sigo o no— Le dio unas palmaditas al dedo que sostenía, escribiendo sobre este con uno propio. —Si no puedes manejarlo solo, también está bien, si puedes manejarlo solo, también lo está— Frotó un poco la piel azul que le parecía verde con su palma. —Ahora mismo, no tienes que ser fuerte, si quieres correr en dirección al faro, hazlo— Sonrió. —No es huir ni nada de eso, se llama ser persona— Algo le decía, que pese ser tan enorme, Kazan podía ser igual de pequeño que el resto. —Quizás lo esté haciendo parecer fácil, pero en verdad, ahora mismo, estoy aprendiendo mucho de ti.

Le enseñó su dedo pulgar mientras tiraba un poco de él.

—Primero nos enfocamos en ti, lo estás haciendo bien.
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#10
Las palabras de Seraphine escritas sobre su dedo penetraron más profundo que cualquier libro que el hubiera leido. "Si no puedes manejarlo solo, también está bien. Si puedes manejarlo solo, también lo está. Ahora mismo, no tienes que ser fuerte." El wotan procesó cada frase mientras caminaban por las calles de Baquella mira que se habia enfrentado a cosas, pues aquello estaba siendo algo realmente atroz, cada pisada medida para no sacudir demasiado a la skypean. La luz del atardecer bañaba el pueblo en tonos naranja-dorados que hacían que su piel azul cerúlea pareciera purpura. "Tres días conoces a esta mujer. Y ya sostiener pedazos tuyos que llevas siete años tratando de pegar solo con fuerza de voluntad y tabaco." Cuando ella escribió sobre querer que le mostrara todo lo que conocía de la isla, Kazan sintió algo expandirse en su pecho era orgullo y calidez de poder hablar sin necesidad de estar destruyendo. No era el calor de batalla. Era algo más simple y ¿humano?.

-Pequeña tormenta- comenzó Kazan, voz modulada a volumen bajo porque las calles estaban relativamente vacías pero siempre habia alguien que miraba. -Cuando dices que estás aprendiendo de mí, ¿te refieres a aprender qué no hacer? Porque esa sería lección más valiosa.- La broma salió teñida de ironía genuina, no del autodesprecio que habitualmente coloreaba sus reflexiones sobre su pasado. Llegaron al faro mientras el sol estaba en el horizonte. La estructura se elevaba hacia el cielo y Kazan conocía cada grieta en su superficie porque había pasado días mirandola. La puerta principal estaba cerrada con candado simple que el wotan podría romper con un dedo pero que respetó. -La entrada de mantenimiento está al costado- explicó, guiando a Seraphine alrededor de la base -Se puede entrar de manera que no necesitas ir por la entrada principal, una especie de mirador.-

El camino bordeando era bonito, lleno de florecillas y despues estaba la puerta la cual se abrió revelando escalera de caracol que ascendía hacia plataforma intermedia, diseñada originalmente para reparaciones pero lo suficientemente espaciosa para Kazan. La plataforma de mantenimiento era exactamente como la recordaba circular, abierta al aire por tres lados con barandilla de metal oxidado, piso de rejilla que permitía ver el nivel inferior. Herramientas olvidadas descansaban en esquina. Desde aquí podían ver el pueblo extendiéndose hacia un lado y el mar interminable hacia el otro.

Kazan se sentó con espalda contra pared interior del faro, piernas extendidas ocupando buena parte del espacio disponible. Tocó la pulsera en su muñeca izquierda, pasando dedos sobre las cuentas mientras Seraphine terminaba de subir. -Por las profundidades- exhaló lentamente, sin pipa aun. -No sé cómo empezar esto. En la arena sabía exactamente qué hacer. Pelear hasta que uno dejara de moverse. Aquí... ¿simplemente dejo que salga? ¿Hay protocolo para derrumbes emocionales? ¿Debo advertirte cuando sienta que viene? ¿Como lo hago?-

La pregunta salió genuina, sin sarcasmo. Kazan realmente no sabía cómo proceder porque sus tres días de llanto solitario siete años atrás no le habían enseñado nada sobre cómo hacer esto con alguien presente.

[Imagen: shAtbf4.jpeg]
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