08-02-2026, 07:48 PM
Moja y Kibai tuvieron la decencia de llevar consigo a las personas que aún permanecían con vida, otorgándoles el beneficio de la duda. No había certezas, solo cuerpos al borde del colapso y una responsabilidad que no podían ignorar. Los cargaron sobre sus hombros, avanzando con cuidado entre la vegetación, con la intención de llevarlos a un lugar seguro donde pudieran ser identificados y recibir la atención necesaria. Hubiera sido importante capturar a los piratas responsables de aquella masacre, esclarecer los hechos y hacerlos responder por sus actos. Sin embargo, Little Garden no solía dejar cabos sueltos, la isla, salvaje e implacable, parecía haber cobrado ese detalle antes que los marines, borrando a los culpables junto con las pruebas de su paso, al final, solo quedaban los sobrevivientes y las preguntas que tendrían que ser respondidas más adelante.
El regreso fue silencioso, pesado, marcado por el cansancio y por una sensación difícil de describir. La jungla parecía observar cada paso, como si evaluara la decisión tomada, los sonidos habituales de insectos y criaturas lejanas acompañaban la marcha, pero ya no transmitían la misma hostilidad de antes, eran recordatorios constantes de que la isla seguía viva, indiferente a la moral, a la justicia o a las intenciones humanas, allí, todo se reducía a sobrevivir. Los cuerpos rescatados apenas reaccionaban al movimiento. Sus respiraciones seguían siendo débiles, pero constantes, y eso era suficiente por el momento. El triceratops avanzaba cerca, despejando el camino de manera casi instintiva, apartando vegetación y marcando el ritmo. No necesitaba órdenes ni señales, simplemente caminaba, como si entendiera que aquello era el cierre de algo que había comenzado horas atrás, cuando fue liberado de una jaula que nunca debió existir.
Conforme se acercaban a una zona más segura, la magnitud de lo ocurrido empezaba a asentarse. El gremio de cazadores Crux había sido prácticamente aniquilado, los piratas Pepperoni, presuntos responsables iniciales del desastre, no estaban por ningún lado. No habría interrogatorios, ni juicios, ni recompensas, solo restos, sangre seca y supervivientes que quizás nunca podrían relatar la historia completa. La isla había hecho lo que mejor sabía hacer, devorar a todos por igual, culpables e inocentes, dejando apenas fragmentos de verdad.
Cuando finalmente el grupo alcanzó un punto donde la jungla se abría y el peligro inmediato parecía disiparse, el triceratops se detuvo. Permaneció allí unos segundos, observando, como si confirmara que su papel había terminado, luego, sin ceremonias ni gestos grandiosos, se dio la vuelta y regresó hacia la espesura, perdiéndose entre árboles que parecían tragárselo sin dejar rastro, entendía lo que le habían dicho antes, no puede ir con ellos, al menos no ahora, debia quedarse en la isla que al final de cuentas es su hogar.
Lo ocurrido el dia 32 de invierno del año 16 no sería recordado como una gran victoria ni como una misión ejemplar, porque en ello no hubo gloria, solo decisiones difíciles y consecuencias inevitables. Moja y Kibai habían cumplido con lo esencial, salvar a quienes aún podían ser salvados y no cerrar los ojos ante el horror, a veces, eso era todo lo que la justicia podía permitirse en un mundo gobernado por islas salvajes y leyes más antiguas que la Marina misma.
El regreso fue silencioso, pesado, marcado por el cansancio y por una sensación difícil de describir. La jungla parecía observar cada paso, como si evaluara la decisión tomada, los sonidos habituales de insectos y criaturas lejanas acompañaban la marcha, pero ya no transmitían la misma hostilidad de antes, eran recordatorios constantes de que la isla seguía viva, indiferente a la moral, a la justicia o a las intenciones humanas, allí, todo se reducía a sobrevivir. Los cuerpos rescatados apenas reaccionaban al movimiento. Sus respiraciones seguían siendo débiles, pero constantes, y eso era suficiente por el momento. El triceratops avanzaba cerca, despejando el camino de manera casi instintiva, apartando vegetación y marcando el ritmo. No necesitaba órdenes ni señales, simplemente caminaba, como si entendiera que aquello era el cierre de algo que había comenzado horas atrás, cuando fue liberado de una jaula que nunca debió existir.
Conforme se acercaban a una zona más segura, la magnitud de lo ocurrido empezaba a asentarse. El gremio de cazadores Crux había sido prácticamente aniquilado, los piratas Pepperoni, presuntos responsables iniciales del desastre, no estaban por ningún lado. No habría interrogatorios, ni juicios, ni recompensas, solo restos, sangre seca y supervivientes que quizás nunca podrían relatar la historia completa. La isla había hecho lo que mejor sabía hacer, devorar a todos por igual, culpables e inocentes, dejando apenas fragmentos de verdad.
Cuando finalmente el grupo alcanzó un punto donde la jungla se abría y el peligro inmediato parecía disiparse, el triceratops se detuvo. Permaneció allí unos segundos, observando, como si confirmara que su papel había terminado, luego, sin ceremonias ni gestos grandiosos, se dio la vuelta y regresó hacia la espesura, perdiéndose entre árboles que parecían tragárselo sin dejar rastro, entendía lo que le habían dicho antes, no puede ir con ellos, al menos no ahora, debia quedarse en la isla que al final de cuentas es su hogar.
Lo ocurrido el dia 32 de invierno del año 16 no sería recordado como una gran victoria ni como una misión ejemplar, porque en ello no hubo gloria, solo decisiones difíciles y consecuencias inevitables. Moja y Kibai habían cumplido con lo esencial, salvar a quienes aún podían ser salvados y no cerrar los ojos ante el horror, a veces, eso era todo lo que la justicia podía permitirse en un mundo gobernado por islas salvajes y leyes más antiguas que la Marina misma.
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![[Imagen: 5IZMHzN.jpeg]](https://i.imgur.com/5IZMHzN.jpeg)