Seraphine Soyer
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12-02-2026, 08:24 PM
(Última modificación: 12-02-2026, 08:26 PM por Seraphine Soyer.)
Fecha: Día 01 Primavera 15
Los ojos de la mujer de cabello bicolor se enfocaron en el hombre delante de ella, que parecía ser sacado directo de algún libro donde cumpliese con el papel de mayordomo perfecto, y se mordió el labio inferior, llevando una mano a su cuello, donde posaba un enorme collar de metal, revelando su estatus de esclava, por suerte, para hoy, la chica no era llevada por la cadena como si fuese alguna clase de perro, no, ese hombre era una persona más amable que su amo, no obstante, nunca se le olvidaría que sirve a una persona no merecía llamarse una persona o un monstruo, a los ojos de la Skypean esas palabras indican alguna clase de valor, en sus pensamientos, prefería llamarlo una cucaracha.
Pero él no se encontraba allí.
Aun así, se sentía su presencia en todos lados. La ropa bonita y de buena materia que vestía Soyer tenía un propósito de alardear para la cucaracha, de tener cositas bien cuidadas, escondiendo el collar la enorme cicatriz que su amo le dio; el que estuviese allí afuera, no encerrada en su celda, parecía ser parte de algún plan, y el mayordomo delante de ella fue condicionado desde niño para servirle, pero prefirió no saberlo, no enterarse de nada, creyendo que pronto volverían a casa, a la celda por haber terminado todos los deberes respecto al vestido que vestiría para el baile de mañana.
—Seraphine.
Se detuvo al escuchar la voz siendo pronunciada por el mayor y bajó su rostro, viendo cómo estiraba su puño hacia ella, dudando si la iban a golpear o no, estiró sus palmas hacia él, parpadeando cuando sintió el peso de las monedas sobre sus manos.
—Nos tomará un tiempo volver a tener que encargarme de un par de cosas respecto al banquete de mañana, así que, ¿por qué no…?— Siguió el movimiento de su dedo en dirección a la plaza, una fuente enorme haciendo un espectáculo con el agua que brillaba a la luz del día, alguien tocando música, la gente bailando de lo más feliz, y recién se dio cuenta de que movía el pie al ritmo de las canciones. —¿Disfrutas un poco? Volveré dentro de dos horas.
Parecía una trampa, pero tuvo que recordarse que el anciano hasta el día de hoy no le dio motivo para desconfiar, llamándola más de una vez por el nombre de su difunta hija por accidente.
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Estaba avanzando, cada vez más. Ese trabajo le había llevado tiempo, ganarse la confianza de ese condenado noble. Todo por un trabajo que inició varios años atrás. Algo que ya se le comenzaba a hacer más largo de lo previso. Conocía de la existencia de varios esclavos y, entre ellos, una que destacaba como “la favorita”, una muchacha que no recordaba haber escuchado hablar, pero sí bailar en varias de las visitas en aquella mansión. No era relevante, no era importante, solo había conseguido verla en un par de ocasiones, nunca se llegó a acercar a la joven.
—¡Ah! ¡Allí está! — los ojos de Jin, afilados como un cuchillo, se voltearon en la dirección del hombre que parecía dirigirse a él, un hombre con claramente una cantidad exorbitante de dinero, posiblemente el dueño de la mansión, o quizás solo el mayordomo que lo recogería. —¡Señor Onizuka! ¡Es un gusto volver a verlo! — Jin vio la mano dirigirse a él y lo reconoció al instante; el parche en el ojo, aquel aspecto rudo pero firme y seguro, tanto como su propio jefe, con quien estaba más que acostumbrado a tratar. Su edad era mayor, pero irradiaba la misma seguridad que el propio Jin.
Por su parte, esbozó una sonrisa de oreja a oreja, calculada, preparada como siempre que hacía negocios, estirando la mano a modo de saludo cordial.
—Señor O’Connelli, es un gusto verle de nuevo.
El apretón de manos se dio formalmente. Por supuesto y, como era costumbre, no estaba solo, lo seguían varios de sus mayordomos, y seguramente guardaespaldas. Jin, en cambio, estaba elegante, como de costumbre, con su traje a medida, el peinado perfectamente peinado, pulcridad absoluta. Conseguir la confianza de ese condenado viejo había sido un dolor de cabeza, pero si algo ganó en los años de experiencia fue sencillo; paciencia. Pronto cumpliría su misión, solo tenía que aguantar un poco más. En comparación, ahora solo eran meses, no años.
—¿Qué tal si se va adelantando, señor Onizuka? Tengo ciertos asuntos que atender, pero estoy seguro de que tendrá unas buenas vistas de nuestra querida Seraphine. — Jin arqueó una ceja, observando al hombre y, sin embargo, mantuvo la sonrisa, cargada de confianza.
—Por supuesto, mi agenda no está demasiado llena hoy, señor O’Connelli. — Su mente ardía de pensamientos desagradables, insultos silenciosos que no se mostraban físicamente mientras la espalda del hombre se iba alejando lentamente hasta dejarlo solo. Estaba calmado, tranquilo, al menos antes de salir ya había dado el calor del cuerpo que necesitaba para su propio alivio sexual. Retiró, de su bolsillo, la cajita de metal, donde los cigarrillos estaban perfectamente alineados y ordenados, como al hombre le gustaba. Su sentido del oído podía captar pocos sonidos, significando que la soledad lo acompañaba... Si no fuera por unos pasos, y el agua. No era demasiado lejos de allí.
—A saber qué tendrá en mente...
Apenas pronunció esas palabras en el momento que encendía su cigarrillo. Dio una larga calada, agradeciendo la nicotina en su organismo, ayudándolo a mantener más la calma. Caminó hasta la plaza, curioso por los sonidos que provenían de aquel lugar y, finalmente, encontrando a la muchacha que el noble le había mencionado. No sabía si era su nombre, un apodo, o el nombre de esclava que le otorgaron. Sencillamente no le resultó relevante. Lo que sí captaba su atención era su cuello, apreciando con claridad aquel collar de metal que la envolvía. Cierto era, su belleza era deslumbrante, no era extraño que a O’Connelli le gustara. Expulsó el humo de sus labios, caminando más cerca. Tenía el permiso del dueño, al menos por ahora, no es que le hubiera dicho si podía tocarla o solo verla, los detalles eran cosas irrelevantes. Como producto, desde luego, era de calidad excelente, si no fuera por ese collar de metal, que rompía la belleza que poseía de una forma inesperada, como si no perteneciera a ese lugar. Caminó hasta ella, colocándose apenas a escasos metros, sin aprovecharlo demasiado. Si algo conocía era que los esclavos solían tener miedos y, por ahora, no tenía intención de asustarla.

—Buenos días, señorita.
Estiró su mano de forma educada y elegante, a la espera de ver si ganaba su confianza, o si sencillamente se iba a alejar asustada. Si sonreía, aunque pareciera malicioso, era un intento de ganarse su confianza. ¿Por qué hacía eso? Por simple y pura curiosidad. ¿Cómo había terminado allí esa muchacha? Quizás lo sabía, pero fingiría que no. ¿Le recordaría, o su mente estaría difusa? Si algo conocía de algunos esclavos eran sus lagunas. Por el momento se mostró calmado, con su sonrisa, retirando el cigarrillo para que el humo no la molestara. —Espero no ser demasiado intrusivo con usted.
Seraphine Soyer
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Uno a estas alturas pensaría que Seraphine ya debería de tener internalizado la norma de mantener su alrededor vigilado, pero no era así, en su lugar, juntó sus manos, frotando sus nudillos entre sí, imaginando las cosas que podría hacer si es que corría en dirección al puerto, esconderse en algún barco y salir huyendo, solo… necesitaba deshacerse de aquel collar que cubría su garganta, dudando que algún civil tuviera aquella intención, ya que quizás significase meterse en problemas con alguna casa noble, lo que la llevó a desear el encontrarse a alguien que tuviese tan pocas neuronas como ella con intención de ayudarla, por más que eso pudiese convertirse también en un esclavo.
Por una vez, se permitió pensar de manera egoísta y cerró sus ojos, sintiendo sus largos mechones ser acariciados por el viento, sin importarle demasiado el haberse vuelto de pronto una estatua, pareciendo curioso que podía pasar de una muchacha alegre, a un cuerpo sin vida, una muñeca de un escaparate, que de seguro llamará la atención de alguien al ser tan realista, mordiéndose el labio inferior, las emociones, algo contradictorias, se movían dentro de ella, siendo una profunda marea, robandole cualquier capacidad del uso de su consciencia, quedando suspendida en la delgada línea del espacio, tiempo y de los vivos.
Hasta que la voz de alguien, le hizo pegar un brinco, casi pareciendo capaz de volar, apartando sus manos del accesorio que tenía en su cuello, habiendo acercado de manera involuntaria, creyendo que quizás tuviese de pronto, la absurda fuerza de romperlo en pedazos gracias al sentimiento de esperanza y pensó que de seguro, parecería un puercoespín, listo para arrojar sus púas en todas direcciones por como su largo cabello parecía haberse erizado.
—Bajito…
Fue lo primero que le vino a su mente, después el atractivo, pero no era un simple guapo, no, aquello parecía ir más allá de eso, era hermoso y… Seraphine no pudo evitar poner una cara de asco, era esa clase de belleza que vió más de una vez en las fiestas de su amo y eran esos que resultaron ser lo más podridos de todo, confusa, miró la mano que le extendían, estirando las propias, algo dudosa, agarró la de Jin, dándole un animado apretón, subiendo y bajando más de lo necesario con una sonrisa en sus labios.
—¿Necesita ayuda con algo?— Sonrió, sacando su libreta y lápiz de a saber donde. —.... ¿Lo conozco?— Entrecerró sus ojos, algo confusa.
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Podía apreciar los nervios con los que se vio envuelta. Parecía ahora una felina con todos sus cabellos erizados, en estado de alerta. Había visto sus manos descender, mas no que hasta entonces había estado sosteniendo lo que tenía alrededor de su cuello. No pasó por alto la mueca que la joven le ofreció nada más llegó el contacto visual. Pocas cosas pasaban por alto a su capacidad de analizar, sin embargo, decidió pasarlo por alto y fingir no darse cuenta de aquel detalle. Por el contrario, mantuvo su semblante agradable, con la sonrisa maliciosa y pícara clavada como si fuera parte de él.
—Mis más sinceras disculpas, señorita. No quise asustarla.
Pese al inicio con el que se habían presentado ambos, tanto el hombre como la mujer, al menos aceptó su mano. Una vez más, fingió no darse cuenta del gesto con el que le había observado, solo apretando la mano de vuelta con la misma seguridad que cuando hacía negocios y, de paso, en un nuevo intento de darle seguridad con aquel gesto, mostrándose así en el mismo nivel que ella, aunque era más que consciente que no era más que una esclava. Sí fue inesperada la sacudida, haciéndolo abrir los ojos para ver su brazo alzarse y descender. Su altura no era una broma, tenía que levantar la cabeza. No le hizo gracia el gesto, pero una vez más, fingió que todo estaba perfectamente.
Una vez se separaron, el hombre arqueó la ceja, ahora confundido al ver la libreta y el lápiz entre las manos de la mujer y, poco después, cómo se lo mostraba directamente. Escribía... ¿para comunicarse? Eso era nuevo.
—¿Acaso no la dejan hablar? Puede hacerlo tranquila conmigo si eso le preocupa.
¿Tal vez su Amo era el que no le permitía hablar y tenía miedo? ¿O podría ser algún otro motivo? Sus ojos se elevaron del cuaderno, no buscaba invadir demasiado su privacidad, pero tampoco hacer entender que conocía de la condición de la muchacha, no de momento. Ahora mismo, además, era la primera vez que se había podido acercar tanto a ella y, sobre todo, comunicarse con ella. Si quería cumplir esa misión con la que llevaba años cargando, lo mejor era, sin lugar a duda, conseguir darle donde más dolía y, ahora mismo, sabía que era esa esclava. —No, señorita. Mis más sinceras disculpas, no me presenté adecuadamente. — Hizo una pausa, dando algunos pasos para acercarse a unas piedras, apagando allí mismo el cigarrillo que se estaba terminando de consumir. —Soy Onizuka Jin, vengo para algunos pequeños negocios. — Regresó de vuelta, ahora con las manos libres, elevando la mirada hacia el collar que claramente demostraba la esclavitud de la mujer. Qué desperdicio, una belleza como ella siendo reducida a sencillamente una pista de baile.
Su mano se elevó, ahora acariciando suavemente el collar que condenaba a la mujer. —Es una lástima que tenga algo así. ¿No cree lo mismo? — Sus ojos se elevaron, ahora hacia el rostro de la mujer, apartando su mano, ahora analizando mejor su rostro. Una belleza, casi como una muñeca. La obsesión podría ser una gran condena para el hombre que esperaba. —Me hicieron esperar aquí, pero al verla quise saber si estaba dispuesta a hablar conmigo. — Descendió su mano, ahora regresándole el espacio de la mujer. No hubo amenaza en el gesto, no hubo burla, solo una sinceridad sorprendentemente genuina. —¿Tengo el placer de conocer también su nombre? ¿O incluso poder acompañarla un rato? No se me da especialmente bien bailar, quizás pueda enseñarme un poco.
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(Última modificación: 19-03-2026, 04:46 PM por Seraphine Soyer.)
Apretó sus labios entre sí, sin dejar de formar aquella sonrisa, ya volviéndose por default su expresión, pero no tratándose de una que estuviese obligada a hacerlo; no, le gustaba de verdad sonreír, aunque ya no sabía si contaba como una sincera o no, al creer que si lo hacía, sus propios días y los de los demás se iluminarían. Eso sí, no pudo evitar sentirse como un globo desinflándose, sacudiendo su cabeza de manera energética. —No, no— Levantó un poco su libreta, para asegurarse de que viese bien lo que escribía, a la altura de sus ojos. —Suelo tener la mente tan metida entre las nubes, que de seguro me asustaría de mi propio reflejo— Era una sorpresa que no lo hubiese hecho aún, siendo sus pensamientos de pura paranoia, imaginación alocada o vacíos, donde se podía quedar, quieta en un punto, disociando sin darse cuenta de ello, aquello sucediendo cuando se encontraba más cansada de lo normal.
Controló sus ganas de estampar su rostro contra la superficie más cercana por revelar un dato así de importante, considerando su volátil situación de esclava, antes que Jin pudiese seguir hablando, sus dedos se movieron de inmediato, dándole golpecitos al cuello, sobre donde debería estar su cicatriz, no obstante, el collar metálico lo topaba, tardando en darse cuenta de aquello, a lo que dejó escapar un suspiro, levantando su dedo índice, pidiéndole unos minutos de paciencia y volvió a escribir, dándose golpecitos con la goma del lápiz contra sus labios, estaba empezando a ser cansino el repetir una y otra vez que no podía hablar, sin embargo, no le quedaba opción.
—Mis cuerdas vocales sufrieron un daño irreparable— Miró de reojo a su alrededor; una parte de ella quería probar los diferentes puestos, empezando a juntarse algo de saliva dentro de su boca, y su estómago gruñó cuando una pareja pasó demasiado cerca, con lo que parecía ser un par de panes al salir de la panadería más cercana, sintió un pequeño tic en su ceja izquierda, frotando sus nudillos entre sí, intentando aclarar un poco su mente para después seguir respondiendo. —Por lo cual no puedo hablar, espero que no sea una molestia— Colocó una mano sobre su pecho, haciendo una pequeña reverencia.
Observó con atención sus movimientos y al verlo apagar su cigarrillo, se relajó un poco, no era demasiado fanática de aquellas pequeñas cosas, soliendo irritar su nariz y no tardó demasiado en responder. —Seraphine… Si busca hablar de negocios, creo que está delante de la persona equivocada— Se rascó un poco su mejilla, no pudiendo evitar sentirse un poco mal por no dejar de tener malas noticias para él, como si su mudez pudiese afectar de alguna forma negativa.
Eso sí, lo siguiente le arrebató el aliento, quedándose quieta, imitando una estatua a la perfección cuando tocó su collar metálico, no siendo algo que esperaba y encendió alarmas en la cabeza de Seraphine, que se negó a demostrarlo al principio. —Pues, no es ningún problema que me acompañe— Ladeó la cabeza, buscando imaginarse toda una clase de situaciones positivas, a saber, quizás acabase teniendo un nuevo amigo. —¿Pero, primero, podemos ir a comer algo, de ahí enseñarle a bailar?— Se sonrojó al escuchar el nuevo gruñido de hambre.
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Sus ojos observaron la sonrisa. Incluso en una condición de esclavitud aquella muchacha parecía ser capaz de mantener una. Por lo poco que conocía, ya llevaba un tiempo allí y, fuera de eso, también estaba el clarísimo favoritismo de O’Connelli hacia la muchacha. No eliminó su sonrisa, elevando su diestra, esperando ver si la contrarla ya aceptaba.
—Déjeme ponerlo en duda, señorita. Sigue siendo hermosa a mi vista.
En caso de que la mujer aceptara su mano, la acercaría a sus labios, dando un corto beso de cortesía y educación, para luego soltarla. En caso contrario, respetaría las distancias y la dejaría ser. Podía notar en esa confianza una pequeña vulnerabilidad: falta de confianza. ¿Por eso nunca habría intentado huir? Estaba seguro de que tenía potencial, no de qué forma, pero nunca estaba de más estar atento. —Se lo digo sinceramente, señorita. Dudo mucho que se tenga que asustar de usted misma. Podría mirarse en el agua, y estoy seguro de que se vería con una sonrisa más hermosa. ¿Por qué no lo intenta? Hay una fuente por aquí.
Ahora sí estaba sorprendido. No se esperaba una respuesta así, y con ello sintió curiosidad. ¿Cómo perdió las cuerdas vocales? ¿Quizás fue un desgaste natural? ¿O tal vez fue alguna agresión? Sin embargo, elevó de nuevo la diestra, sacudiéndola de lado a lado y negó con la cabeza. —No se preocupe, señorita. Molestia ninguna, no es culpa suya. — descendió su mano, sus ojos manteniéndose en los ojos de la muchacha. Había escuchado, gracias a su afilado sentido del oído también, el rugido de su estómago. Fue cuando finalmente desvió la mirada, viendo a la persona que parecía pasear con comida. ¿No la habían alimentado? Era un momento oportuno.
—Quizás se equivoca y sí quiera hacerlos con usted, señorita Seraphine. — Su sonrisa era más maliciosa, al fin parecía estar más cerca de cumplir la misión que llevaba tantos años intentando quitarse de encima. —Pero tengo hambre, así que me encantará acompañarla a comer. No se preocupe por el señor O’Connelli, yo me encargaré. — Conocía partes de la zona, y volvió la mirada en el collar de la muchacha. Ciertamente, no bromeaba cuando mencionó la lástima que le provocaba semejante objeto en una belleza como ella. Elevó sus hombros, restándole importancia y elevó su brazo. Esperaba que, pese a la diferencia de alturas, no fuera demasiado inconveniente que aceptara guiarla hasta donde pudieran comer.
—Podría contarte un secreto, pero eso significaría que no le hablarías nunca a nadie de eso, mucho menos a quien te puso ese collar. — Ya fuera que aceptara su brazo o no, ya estaba caminando, y su voz ahora era bajita, más suave, calculando el tono exacto para saber que solo ella la escucharía. —Y allí es donde usted entraría en mis negocios, querida Seraphine. Porque, admitámoslo, no me gusta ver pájaros enjaulados cuando pueden volar libremente en el exterior y sonreír más vívidamente. — Sus ojos se enfocaron de nuevo en la mujer. Era una indirecta, clara, pero no sabía si la llegaría a captar. —Tengo muchos recursos.
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Ladeó un poco su cabeza, con sus ojos verdes enfocándose en la curiosa cicatriz que tenía en su frente, siguiéndola de un extremo a otro con sus ojos, y bajó su vista al meñique que le faltaba, sintiendo su imaginación alocarse un poco, permitiéndose un ligero momento de descanso, sin saber muy bien qué decía aquello de ella, que se sentía más a gusto en el mundo de su imaginación que en el que vivía, a ella le arrancaron el dedo de un mordisco, ¿qué le habría pasado a él? ¿Un corte? No parecía un impacto de bala y dudaba mucho que uno saliera solo con una cicatriz de eso. Pensativa, movió un poco su pie contra el suelo como si fuese una liebre, enderezando su postura un poco, el lenguaje corporal cambiando a uno más tranquilo.
—Ni sé para qué me esfuerzo el intentar imaginármelo.
Se mordió el labio inferior, sacudiendo un poco su cabeza, volviendo a fijar sus ojos en él, si debía de ser sincera, sentía que ahora mismo se encontraba dentro de lo que podría ser una novela algo súbida de tono, él, no teniendo que envidiarle demasiado a los personajes guapos que aparecían en aquellas páginas, y ella la esclava torpe, al pillarse pensando en eso, no pudo evitar sonrojarse un poco, apartando su mirada mientras buscaba limpiar su mente…
¿Hermosa?
Fue en ese momento que se dio cuenta de que ya estaba entrando en la espiral otra vez, perdiéndose la mitad de la conversación por disociar con facilidad, y llevó las palmas a sus mejillas, dándose suaves golpecitos, ocasionando unos ruidos que para la pelirrosa le parecieron vergonzosos, y escribió con rapidez, enseñándole su dedo pulgar. —Gracias, usted también es hermoso— Escribió aquello sin ninguna muestra de vergüenza, manteniendo la amplia sonrisa; lejos de ser un cumplido, para Seraphine era la verdad y no tardó demasiado en acercar su mano hacia él, sintiendo algo de escalofríos, pero no se apartó, recordando al viejo verde que era su amo; lo bueno es que tenía buena práctica escondiéndolo.
Miró la fuente y alzó una ceja.
—No creo que sería lo más sensato… Que ya me veo cayendo de cara y estar cerca de ahogarme— Su expresión era de verdadero cansancio, como si ya hubiese pasado varias veces. —Y ayer en la noche me asusté con mi propia sombra— Empezó a contar con sus dedos. —Tres veces— Hundió su cabeza entre sus hombros. —Así que advertido está, seré una compañía muy patosa— Colocó una mano sobre su pecho. —Pero me han dicho más de una vez que soy entretenida— Sonrió con orgullo, enderezando su postura, y sintió un enorme signo de interrogación sobre su cabeza. —Se me dan pésimo las matemáticas, creo que eso es obligatorio para los negocios, ¿no?
Aceptó su brazo, aunque tuvo que inclinarse un poco hacia un lado por la diferencia de tamaño, quedándose silenciosa durante unos minutos.
—¿Quieres cometer un pacto conmigo para joder a mi amo?
Las sutilezas nunca fueron su fuerte.
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Pudo visualizar en detalle la forma en la que sus ojos le observaban. Resultaba curioso ver a la mujer delinear su propia cicatriz. No era molestia, muchos lo hacían en un primer encuentro, por eso no hizo comentarios al respecto, solo mantuvo su sonrisa, sin perder detalle en su mirada, contemplando una curiosidad que quién sabe si podría ser saciada. La forma de sonrojarse, para mejorar las cosas, era fascinante. Elevó su mano, ahora tomando su mentón cuando evitó su mirada. No podía ver la cicatriz de su cuello, pero sí le molestaba aquel collar. Quiso arrancarlo de cuajo, pero solo estropearía las cosas y podría ser negativo para ella. Su expresión, sin embargo, mostraba la misma calma que lo caracterizaba.
—¿Siente curiosidad por algo, señorita Seraphine?
Sus palabras sonaron lentas al momento que su afilada mirada la contemplaba sin amenaza, más bien buscando que se sintiera cómoda, descendiendo su mano para evitar forzarla a mirarlo. Verlo nerviosa le hizo comprender que aquel detalle era algo que no se esperaba. Los toquecitos en sus mejillas, el rojo iluminando un tono de piel tan hermoso como delicado. Un desperdicio que se estuviera perdiendo en un lugar así, encerrada. Esta vez el pensamiento no era un plan, era algo real que sintió el propio yakuza.
Descendió la mirada, volviendo a prestar atención a las notas que le escribía para poder leerla. —Gracias señorita, es usted muy amable. — No era la primera vez que halagaban su belleza, le gustó que lo tomara en cuenta de todos modos. Esa mujer parecía dejar entrever su propia opinión, quizás estuviera realmente a tiempo de ser salvada, ya que no parecía un muñeco roto todavía.
Volteó la mirada hacia la fuente, luego hacia ella, elevando su mano para buscar el tacto de la ajena. —Si tiene miedo a caerse, yo puedo ayudarla a sostenerse, señorita. — No había burla, ni insistencia, solo una mano que claramente se ofrecía a ayudarla. —Lo digo en serio, es un desperdicio que esté aquí, sola y encerrada. — Elevó su mano, con cuidado, ahora peinando con sus dedos el cabello de la mujer con toques suaves. —Lo digo en serio cuando menciono su belleza. Quizás solo tenga miedo de verse a sí misma por no verse hermosa, o por lo que lleva encima, pero eso no quita que posea buena anatomía, señorita, al menos buena anatomía facial.
La forma de expresarse, pese a la inocencia que irradiaba, causaba un conflicto que despertó su interés y curiosidad. Una mujer, desde luego, de lo más interesante. Trató de elevar su brazo, tratando que la diferencia de alturas no la afectara demasiado. —Puedo intentar venir a verla más a menudo si quiere más compañía. — Comenzó a caminar, guiando a la mujer donde sabía que habían preparadas mesas con un buffet libre para comer. —No dudo que puede ser entretenida, pero no me dio una respuesta. — Sus ojos se elevaron, al momento que su voz descendía en volumen y tono.
—¿No querría ser libre, señorita?
Hizo un silencio, a la espera de cualquier reacción por parte de la fémina. La pregunta, eso sí, lo tomó por sospresa. Volteó la mirada, ahora buscando la contraria. No es que no estuviera buscando eso, pero, desde luego, era inesperablemente oportuno... O quizás estuviera sospechando algo. Quiso probar a presionar un poco, solo por cautela. —¿Y tú, Seraphine? ¿Quieres joder a tu Amo y salir de aquí? — Su voz se mantuvo suave, baja, procurando evitar que nadie más que ella pudiera escucharlo, omitiendo cualquier de formalidad, buscando así una mayor confianza con la joven. Alcanzó el lugar del buffet, donde había una larga mesa horizontal, con variedad de platos ordenados perfectamente. Desayunos, embutidos, pan, dulces, cosas características para un desayuno. En la otra mitad, se encontraban platos más elavorados para comidas, de todo tipo, desde carnes hasta mariscos, pasando por ensaladas, verduras, frutas, comidas exóticas...
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Cuando su mentón fue tomado de aquella forma, la expresión de Seraphine rápidamente fue cambiada a una en blanco y después sonrió, pensando que estaba pasando algo por alto, algo que Jin quería que le enseñase, pero como de costumbre, la skypean solía encontrarse en su más allá a veces y ladeó la cabeza, buscando ignorar aquel escalofrío que recorría por su cuerpo, se sentía como un conejo delante de un enorme lobo, asintió, de manera lenta a su pregunta y le señaló la cicatriz, para después, levantar un poco su mano, mostrando el dedo que le faltaba, con el pasar del tiempo, la marca de los mordiscos desapareció, no obstante, el corte era irregular, quedando parte de un trozo, por temas estéticos, su amo mandó a que cortasen el resto para que quedase bonito…
—¿Información por información?— Sacudió su mano; aprendió hace muchísimo que el mundo no le iba a dar cosas gratis. —¿Cómo te la hiciste?— Estaba odiando un poco el parecer tan vanidosa o que le importase más el físico del contrario, pero en un mundo donde el consuelo podía llegar a ser peligroso, Seraphine aprendió a aferrarse a las cosas más agradables de su interlocutor para poder mantener una buena conversación con los demás; era un buen salvavidas, en especial cuando últimamente su sensibilidad para las cosas estaba agrandando cada vez más y le daba un cortocircuito hasta por cosas minúsculas. —Aunque… debo admitir que aquella belleza me hace sentir como la caperucita roja— Hizo una mueca; mientras más hablaba, por alguna razón, la presencia de Jin le hacía soltar la lengua o, en esta ocasión, las manos. —Tiene la pinta de esos personajes de libros peligrosos, donde si algo no sale como su batuta quiere, sacó sobre la cabeza.
Hizo una mueca, inclinando un poco su cuello hacia un lado.
—La colección de libros del señor O’Connelli no es muy amplia— Se encogió de hombros, sus ojos brillando. —Si le podría sugerir unos cuantos nuevos…
No pudo evitar, sin querer, utilizar el poder de sus ojos de manera inconsciente, teniendo de pronto al gato con botas como rival. —Más bien, casi espero a caeme— Arrugó el ceño y, apenas sintió la mano sobre su cabeza, agradeció el poder controlar más o menos sus reflejos, conteniendo su impulso de apartarse; odiaba tener que mostrarse tan servicial durante las fiestas o en compañía de su amo.
Pero, mientras Jin hablaba, sentía que le estaba dando un pequeño tic en su ceja izquierda, dificultando un poco al respirar. —¡Tiempo fuera!— Dio unos cuantos pasos hacia atrás, haciendo una cruz con sus dedos. —Demasiadas palabras de bonita me marean un poco y no soy buena interactuando con gente que recién conozco, pasito a pasito, ¿a que no di la respuesta?— Sintió varios signos de interrogación en su cabeza, hasta que de pronto, se quedó en silencio, deteniéndose antes de llegar a la mesa de buffet.
—Me gustaría asesinarlo— Lo miró directo a los ojos y colocó sus manos sobre el collar. —Quiero ser libre, hasta el punto que cualquier oferta que me dés, me hace sentir como si estuviese aceptando unas migajas ya que hace mucho tiempo que perdí el resto del contenido del plato, de mis posibilidades para escapar…
![[Imagen: RlTqH6C.jpeg]](https://i.imgur.com/RlTqH6C.jpeg)
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