[P.Relativo|Belico]Cuando el acero encuentra la marea
#1
Día 70 de Primavera, Año 17


El sol del mediodía caía vertical sobre el embarcadero norte de Baquella, convirtiendo toda gota de agua que podrías ver pegada en los postes o en la propia piel del gigante en lentes que fragmentaba la luz hacia todos lados. Kazan caminaba por los viejos tablones de madera del embarcadero, sintiendo cómo cedían levemente bajo su tamaño y peso, no era broma que debido a incontables paseos matutinos como este por los muelles ya habia aprendido a distribuir bien su peso. Habia pasado ya bastantes dias desde que llegó a Baterilla. Dias ayudando a reparar redes, conversando con pescadores, fumando su pipa mientras solamente descansaba. Había encontrado algo parecido a la paz en esta isla pequeña que no le habia dado margen a crear un conflicto, algo que no sabía que pudiera existir para alguien como él sobre todo desde que empezó su travesia. Pero la paz era siempre temporal y eso lo sabia de sobra, especialmente para quienes cargaban pasados como el suyo. "Todo esta demasiado tranquilo", pensó mientras sus dedos azules acariciaban distraídamente las cuentas de madera que rodeaban su cuello. "Demasiado tranquilo".

Genba, el artesano que le habia estado enseñando hace dias, le había comentado esa mañana sobre que habia una importante presencia marine por la zona, algo que no le convenia en absoluto debido a que bueno entre otras cosas el era revolucionario. No era inusual ver marines en Baquella, el cuartel pequeño mantenía presencia constante aunque discreta. Pero algo en el tono del viejo carpintero había puesto a Kazan en alerta. Esa intuición que treinta años sobreviviendo en una arena de gladiadores te daba una idea de cuando algo podia ser una intuicion o un aviso. El wotan se detuvo al final del muelle donde ya los muelles empezaban a tocar el agua. Su kanaboo descansaba contra su hombro derecho y agarrándolo firmemente. Sacó la pipa de su fajón rojo y la encendió con movimientos lentos como si estuviera disfrutando el momento, dejando que el primer trago de humo llenara sus pulmones. -Por las profundidades...- murmuró, su voz retumbando naturalmente incluso en ese susurro que solamente seria escuchado por el. Los ojos pequeños y entrecerrados escanearon el embarcadero detrás de él. -Hace buen día para contemplar el mar. O para que las tormentas se encuentren. Y siempre que viene una tormenta ... existe esta calma ...-

No había hostilidad en su tono, solo duda y algun deje de melancolia. Kazan había aprendido hacía mucho tiempo a leer las corrientes antes de que formaran olas, a fin de cuentas estaba en su naturaleza de mitad gyojin. Y algo en el aire de esta mañana olía a conflicto. Se acomodó en una posición aparentemente relajada, el kanaboo todavía descansando contra su hombro, la pipa humeando entre sus labios y la mirada fija en el horizonte. Pero quien conociera lo suficiente al wotan sabría que cada músculo bajo esa piel azul cerúlea estaba preparada. Porque siempre venía algo que perturbara esta paz. Era cuestión de tiempo. "¿Opresor u oprimido?", se preguntó mientras esperaba.

Las gaviotas gritaban sobre su cabeza. Kazan exhaló otro trago de humo, tocó sus cuernos con dos dedos en gesto meditativo y esperó siempre imperturbable.


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#2
Su camino al embarcadero norte de Baquella era tranquilo, o bueno, todo lo tranquilo que podía ser para un odiador serial del calor, pues el sol picaba sobre la piel en un cielo carente de nubes, incluso llevando la gorra reglamentaria de la marina, la versión más ligera del uniforme blanco con rayas laterales azules más pantalones del mismo color, y sus siempre fieles gafas de sol protegiéndole los ojos.

Estaba preparado, sí, una tez tan blanca como la suya no se cuidaba sola, sin embargo, y para infortunio del marine, esa ocasión debía mostrarse más centrado, descartando todas las distracciones ambiguas y mundanas que pudiesen aparecer en su cabeza. Él no era la única persona perteneciente a la fuerza rondando los alrededores, más de sus compañeros de, muy seguramente, el mismo rango, se encontraban asegurando el perímetro y adicionalmente, la ruta comercial por la cual se movilizaban en primera instancia.

¿Y qué era esta ruta comercial? Muy sencillo, en pocas horas iba a desembarcar un navío con cargamentos no especificados a marines de su rango, y el despliegue estaba destinado a asegurarlo con una prioridad máxima. Si bien, Shin no formaba parte de ningún punto concreto destinado al patrullaje, se le asignó una tarea igual de sensible para el desencadenamiento positivo de la misión: Liberar el embarcadero norte de civiles o posibles peligros ante la llegada del barco, la orden fue muy clara.

En la zona no debía haber nadie más que los marines designados.
Cualquier desacato estaba obligado a ser neutralizado.

Su katana colgaba de la cintura, bien enfundada. También ocultaba el collar de su familia bajo los ropajes, y enmarcaba una sonrisa confiada que delataba la tranquilidad reinante en su mente. Sin embargo, la paz total no duraría demasiado porque a la distancia vislumbró posibles problemas, y el primer gran obstáculo en su flameante e importante misión.

La piel azul, casi tan cerúlea como sus propios ojos, se dibujaba a una altura considerable, tan jodidamente grande que pudo diferenciarlo muchísimo antes de llegar a acercarse lo suficiente, y fue ese tiempo de llegada lo que le permitió idear alguna forma poco hostil de manejar la situación, a medida que los pasos se seguían contando.

La zona previa a ingresar al embarcadero era bastante grande, con los resquicios del pueblo a unos 30 metros a la redonda de distancia, donde todo eran facilidades para que las descargas de suministros o mismamente, personas en embarcaciones comerciales puedan movilizarse en paz y con buen espacio, libres de escaleras u obstáculos que frenasen una circulación civil fluida. A primera vista, la estructura de madera vieja que tiene delante (el muelle) mide un largo de 17 metros, con un ancho de 6, suficiente para bajar cargas grandes entre varias personas e inclusive, desde los dos laterales del espacio, fácilmente podían bajar cargamentos de dos barcos distintos.

El gigante azul se encontraba al final del muelle, y Hasegawa decidió acercarse hasta tenerlo a una distancia de 15 metros, ni más ni menos. Su objetivo era hacerse escuchar desde la cautela. Con el peso del albino, la madera no crujió, pese al estado tenía un buen nivel de resistencia, y ese hecho se enfatizaba con la presencia del desconocido estando justo encima y al mismo tiempo que él.

Es entonces que Shin, con su ánimo habitual pero resguardando cautela ante la impresionante presencia del prominente hombre colocó ambas manos a los laterales de su boca para "amplificar su voz" y exclamó —¡Ooooe! ¡Oe, oe, gigantotote! ¡Necesito que abandones el área! ¡En las próximas horas no puede haber presencia civil en los alrededores! —fue lo suficientemente sonoro y ruidoso para alertar al sujeto, y por si no fuese poco, al final lo apuntó con el dedo, casi que haciendo una pose ridícula y divertida a consciencia.

—¡Es una orden de la marina! —en parte, porque no creía en el abuso del poder, ni mucho menos en la corrupción. Se tomaba el concepto de movilizar civiles y derivados con alegría y buen humor, siempre consciente de que quizás, a no todo el mundo le gusta ser molestado. Menos a personas con una arma parecida a un mazo gigante sobre el hombro.

Motivo que le hace resguardarse en una cautela bastante elevada, que intentaba ocultar con su sonrisa presumida, y una posición de pies particular, con el derecho ligeramente más adelantado que el izquierdo.

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#3
El sol de mediodía caía implacable sobre el embarcadero en el que situaba Kazan, proyectando la sombra colosal del mismo sobre los tablones desgastados del muelle. Sus diez metros de altura convertían cada rayo de luz en un espectáculo digno de ser visto ya que allí donde su cuerpo interceptaba los rayos de sol la oscuridad de su sombra engullía todo. El wotan permaneció inmóvil al final de la estructura donde los tablones ya besaban el agua del mar, con Kurogane descansando aun en su hombro. "Tenía razón. Hay una presencia marine inusual." Los ojos entrecerrados de Kazan se afinaron aún más mientras evaluaba el perímetro que le robeada, buscando cualquier señal que le pudiera dar algo de informacion. Habia treinta metros de espacio plano y vacío separaban el pueblo del muelle donde antes solo habia mas que pescadores haciendo su oficio, ahora vacio. "¿Que o quien requiere tanta organizacion?"

Entonces una voz despertó al wotan que se encontraba sumido en su pensamiento.

-¡Ooooe! ¡Oe, oe, gigantotote!

Kazan se giró lentamente, moviendo su torso en dirección del ruido sin siquiera moverse de su posicion. A quince metros de distancia de donde se encontraba una figura humana de escala normal, normal para la terminología de los humanos y no para escalas gigantescas de wotan. Uniforme blanco con rayas azules, gafas de sol que ocultaban sus ojos, una katana colgando de la cintura, hacia falta ser muy idiota para no darse cuenta de lo que se trataba, un Marine. Y por ende el wotan no necesitó más detalles para retener esa informacion. "Demasiado peso en esas palabras para alguien aparentemente tan joven"

-¡Necesito que abandones el área! ¡En las próximas horas no puede haber presencia civil en los alrededores! - la voz del marine se amplificó cómicamente con las manos en los laterales de su boca, el dedo apuntando directamente hacia Kazan en una pose que habría sido risible si no fuera por la katana que portaba, parecia un superheroe o algo similar -¡Es una orden de la marina!-

Kazan no respondió inmediatamente, evaluó la situacion lo suficiente como para intentar mediar antes que nada. Sus dedos se elevaron hacia uno de sus cuernos curvados, rozando aquellos puntiagudas protuberancias como medida contemplativa. El collar de cuentas de madera descansaba visible sobre su túnica amarilla, cada cuenta un recordatorio silencioso de juramentos que no podía romper y entrar en violencia sin antes preguntar era uno de esos juramentos. "Una orden. Como las tantas ordenes que recibí en el circulo."

El humo de su pipa,que había estado fumando momentos antes de la interrupció, aun se encontraba en el aire y creaba halos de humo que se disolvian en la brisa del mar. Kazan exhaló y por fin se decidió a hablar.-Por las profundidades...- su voz resonó a el no le hacia falta gritar para que todo el lugar le escuchara. -¿Presencia civil, dices? Suerte entonces de que no sea ningún civil-

Kazan mantuvo su posición al final del muelle no se movio lo mas minimo salvo que ahora estaba orientando completamente hacia el marine, con Kurogane todavía en su hombro, el kanabo de siete metros parecía incluso pequeño comparado con quien lo portaba. Sus ojos estudiaron al muchacho, postura cautelosa, pie derecho adelantado, mano cerca de la empuñadura de la katana. Estaba cuidadosamente bien posicionado, estaba entrenado detrás de todo esa parafernalia.

"No me ve como persona a sus ojos soy un obstaculo, un problema a resolver"

-Escúchame bien, muchacho de uniforme blanco- continuó Kazan pensando cada palabra antes de pronunciarla-Este muelle no pertenece a la Marina, creo entender o al menos de eso me percaté todo el tiempo que llevo aqui. Pertenece a los pescadores que cargan sus redes.- Hizo una pausa larga y dio una calada a su pipa. -Llevo días ayudando a reparar barcos aquí. Aprendiendo carpintería de manos más sabias que las mías. ¿Y ahora me pides que me marche porque... órdenes? ¿Ordenes de quien?- Su mano derecha se cerró alrededor del mango de Kurogane, no amenazante aún simplemente reposicionando el arma para estar con un mejor agarre. Y ese movimiento hizo que todo crujiera a su alrededor.

-Por las profundidades, palomita... ¿Qué cargan que requiere vaciar medio pueblo? ¿Oro? ¿Armas? ¿Esclavos?- Y esa última palabra fue pronunciada lentamente de manera que todo el peso de la misma cayó de forma atroz. La barba negra y densa de Kazan no ocultaba la tensión que apareció en su mandíbula, las venas marcandose en el cuello haciendo que el collar de cuentas se moviera suavemente con un movimiento involuntario del mismo."Si menciona esclavos, si dice 'tráfico autorizado' o 'traslado de prisioneros'... entonces no habrá conversación." Pero todavía no había llegado a ese punto, aun no. Todavía había espacio para palabras, para mediar y para entenderse.

-No busco pelea contigo, paloma. Pero tampoco me marcharé solo porque lo ordenes. Si tienes razón legítima, explícamela. Si no... bueno.- Sus ojos se entreabrieron en señal de presentación, que le viera bien la cara. -Soy Kazan y algunos me conocen como la "Marea Azul". Y cuando doy mi palabra de retirarme, la cumplo. Pero primero necesito saber... ¿te envían a proteger justicia o a perpetuar opresión?-

El sol continuaba cayendo implacable. Y Kazan esperó la respuesta, su cuerpo inmóvil como si fuera una estatua, mientras su mente calculaba probabilidades y sus instintos de gladiador le pedia que tuviera calma.

"Demasiada confianza pese a su tamaño, aunque la arena me enseño que el tamaño no importa."



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#4
La información era vital, en muchas ocasiones podía salvar la vida de las personas envueltas en un conflicto, o ayudar a emitir algún prejuicio lo suficientemente preciso como para directamente evitar cualquier tipo de problemas, ¿el asunto en esta cuestión? Complejo, porque Hasegawa no tenía opción de retirarse por considerar que se estaba metiendo con una presencia presuntamente hostil con la cual no valía la pena batallar.

Estaba obligado a ejercer una orden precisa, coherente con su función de marine en activo y completamente inofensiva para cualquier vida existente en los alrededores. No debía haber nadie para una descarga segura, y bajo el entendimiento del albino no era una indicación muy complicada de obedecer, o de la cual deban prestarse demasiadas explicaciones, al menos era la idea de Shin.

Observa su collar, el mazo gigante reposándole en el hombro y el humo esfumarse con la brisa marina, no pasan demasiados segundos tras su irrupción hasta que Kazan decidió hablar, y justo como esperaba, la voz resuena a una frecuencia bastante más elevada que la suya propia. Semejante exhibición de presencia no lo intimida, manteniendo su sonrisa prácticamente presumida intacta en sus labios, dispuesto a validar y poner en tela de juicio lo que respondiera, con mucha más serenidad y raciocinio del que aparentaba.

Y es ahí, en ese preciso instante, que la información sobre la cual tanto había pensado florece, pues el gigante se pronuncia como alguien no perteneciente a la terminología civil. Incluso aunque le estuviese anunciando indirectamente que es un terrorista en potencia, ya sea por ser pirata o pertenecer a la revolución, el albino no emite reacción, como si no hubiese dicho nada extraño, mirándolo fijamente a los ojos desde su posición, manteniendo los 15 metros de distancia con bastante cautela.

La presencia indeseable sigue hablando, y bajo la lógica del marine comenta hechos tan inconexos como carentes de lógica o sentido común, pero es algo que no tardaría en expresarle. ¿Lo preocupante? Ajusta el agarre sobre el mango de su arma, detalle que no le agrada, y adicionalmente exige explicaciones, más allá de que Hasegawa se había quedado estático en un único argumento, lo bueno es que ahora era su turno de hablar, y elevaría el tono de voz lo suficiente como para que las palabras llegasen con extrema claridad a los oídos del de piel azul.

—No pareces un sujeto desagradable, grandullón. Me temo que escuché algo que no es de mi completo agrado, pero vayamos por partes... —choca sus palmas, como intentando desarticular las tensiones en un único aplauso, y reorganizar todo aquello que tenía para decirle.

—Soy un simple soldado raso. Si tuviesen que detallarme cada orden que viene de arriba, muy seguramente la filtración de información convertiría a la Marina en un auténtico desastre, ¿no crees? ¡Y no me mal interpretes! A mí también me encantaría saber qué es lo que traen, sobre todo porque no estoy a favor de que tener jodidos esclavos sea legal, es delirante. —cuestionó al aire. Sí, a algo tan normalizado en las altas esferas elitistas, incluso aunque varios de sus superiores fuesen a verlo mal por ello, no le importaba.

—Si traen algo malo, de alguna forma me enteraré, y voy a encargarme de ello, ¿sabes por qué? —entrecierra los ojos, frunciendo el ceño, aunque manteniendo la sonrisa —Porque eso hacemos quienes de verdad queremos cambiar el mundo. Jugar con las reglas que se proponen y torcerlas en favor de la justicia de todos. —la explicación estaba siendo extensa, pero quería asegurarse de algo, si ese hombre de verdad era un criminal, no iba a contenerse.

No obstante, tampoco se perdonaría el haber atacado a alguien inocente.

—Y en otras circunstancias insistiría en que te marchases, pero como te dije, hay algo que no me gustó, y que debí suponer por el arma que cargas en tu hombro. —se cruzó de brazos, sintiendo la tensión elevarse —Si no te identificas como un civil, ¿qué eres? —ladeó la cabeza hacia un costado.

—Cuida tus palabras, porque en caso de representar a algún grupo criminal, tu retirada pacífica ya no será posible, y tendré que exigirte que arrojes esa arma tuya lejos de ti, lo suficiente para que dejes de representar un peligro tan absurdo. —finiquitó, manteniendo no sólo la postura, sino, la distancia prudencial en comparación de la bestia física.

Ambos mostraron ser seres racionales, con la diferencia de intereses que podría guiar la situación a algo genuinamente hostil. Ninguno quería pelear realmente, ¿pero cuán seguro era dejar libre a un enemigo con semejante trozo de metal en su poder? Especialmente cuando la orden era mantener los alrededores despejados de seres como quien tiene delante.

Shin chasqueó la lengua, listo para desarmarlo a la fuerza si era necesario.

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#5
El silencio que siguió a la respuesta de Kazan se extendió el tiempo suficiente para que cualquier persona que estuviera viendo la escena se pusiera nerviosa, un tiempo mas que aceptable en el que Kazan procresaria toda la información que le llegaba para utilizarla a su favor. La sonrisa presumida del marine no flaqueó, le ponia nervioso tanta floritura, sus ojos permanecieron ocultos tras las gafas de sol, pero había algo que no podía esconder, su postura olía a preparació, cuidado y cautela. Shin no retrocedió pese a la actitud desafiante del azulado, y eso comunicó más que cualquier palabra. "No es cobarde. Bien. Odio cuando los que visten uniforme huyen apenas muestras los dientes. Veamos hasta donde llega esto"

Entonces el muchacho habló, y Kazan escuchó, le encantaba escuchar. Cada palabra dicha por aquel individuo fue pesada y medida al extremo, se notaba que detrás de tanta parafernalia había una razón aparente detrás de todo esto. "No pareces un sujeto desagradable, grandullón." "Una simple puntualización inicial, no me ve solo como amenaza, al menos no por ahora." Kazan no interrumpió le gustaba escuchar las ideas de los demas. Todo en el discurso puso a Kazan algo nervioso, el tono que oscilaba entre profesional y lo que podria considerarse como apasioado, la confesión sobre esclavitud que hizo que los dedos del wotan se cerraran imperceptiblemente alrededor del mango de Kurogane. "no estoy a favor de que tener jodidos esclavos sea legal, es delirante." Algo se movió en los ojos entrecerrados de Kazan, un tintineo de rojo fuego. Kazan mostraba ahora el tipo de reconocimiento que uno siente cuando escucha sus ideas en boca ajena. "Cambiar el sistema desde dentro, no sabe de que habla."

Pero entonces llegó la pregunta inevitable, la que Kazan había estado esperando desde que identificó el uniforme blanco. "Si no te identificas como un civil, ¿qué eres?" Y la amenaza que siempre iba tras ella "tendré que exigirte que arrojes esa arma tuya lejos de ti" El chasquido de lengua del marine hizo que Kazan despejara las neblinas de su mente. Permaneció inmóvil y sus pulmones se expandieron, llenándose de aire salado mezclado con su última calada, ese gesto hizo incluso que se viera mas grande que de costumbre.

-Ga-ha-ha-ha-ha!- La risa saldría preparando lo que venia. -Por las profundidades, chico... eres honesto. Demasiado honesto para tu propio bien, cuidado con eso.- Kazan bajó lentamente a Kurogane de su hombro, plantando el extremo del kanabo verticalmente contra el suelo del muelle con un THUCprofundo que hizo crujir la madera. La posición de Kazan no cambió ,seguía al extremo sur del muelle, Shin a quince metros al norte. Su mano izquierda se elevó hacia el collar de cuentas. -Me preguntas qué soy y honesta la pregunta debe corresponder con respuesta honesta.-

Hizo una pausa para asentar lo siguiente.

-Soy Kazan, Marea Azul. Revolucionario de la Armada. Ex-gladiador del Circo de Sangre del West Blue. Pasé treinta años, TREINTA, siendo forzado a matar para entretenimiento de aristócratas que compraban y vendían vidas como tú comprarías fruta en el mercado. Porque la marina estaba demasiado ocupada haciendo ¿nada?.- Su voz descendió -Así que cuando hablas de esclavitud siendo delirante y de cambiar las cosas desde dentro, chico... ¿En serio?. La diferencia entre tú y yo es que yo dejé de creer que el sistema que permite esa delicia pueda arreglarse desde dentro, prefiero quebrarlo a golpes.- La mano alrededor del collar de cuentas se apretó más. Recuerdo físico. Ancla. Juramento. -Este collar- lo alzó ligeramente, dejando que Shin pudiera verlo con claridad -me lo dio el primer esclavo que liberé. Se interpuso entre mí y cazadores del circo que querían devolverme a las cadenas, a la diversion de los ricos. Murió para que yo pudiera permanecer libre.- Kazan soltó el collar, dejándolo caer pesadamente contra su pecho. Su mano derecha nunca abandonó a Kurogane, pero tampoco lo movió de su posición vertical. -Así que sí, marine. Soy criminal según tus leyes y las de la institucion que defiendes. Pero según mis leyes, según el código que tallé en mi alma después de décadas quebrando huesos por diversión ajena.. soy libre. Y uso esa libertad para liberar a otros y arrasar con todo lo que permite esto.-

Hizo una pausa, evaluando la reacción de Shin. Buscando signos de ataque inminente, de llamada por den den mushi, de cualquier movimiento táctico. -Ahora bien, sobre tu exigencia de que arroje mi arma...- Los ojos de Kazan se afilaron y soltaria una unica frase simple. -Por las profundidades, no.- Agarraria fuertemente a Kurogane haciendo que la madera aun mas se quejara -Kurogane es extensión de mi voluntad, mi herramienta en mi cruzada. La última vez que me desarmaron fue cuando tenía seis años y acababan de comprarme, la ultima vez que no pude defenderme. -

Quince toneladas de músculo tensándose imperceptiblemente.

-Pero escucha esto, soldado raso que cree en justicia. No vine aquí a pelear, a menos que lo amerite. Vine a aprender carpintería, es mi oficio secreto. A ayudar a pescadores, porque me gusta ayudar. Y a romper cadenas y como dije al sistema que defienden a aristocratas sadicos.-

Una ultima calada antes de llenar sus pulmones en lo que sabia iba a ser la ultima vez en ese encuentro

-Si me atacas por mis ideales, lo entendere. Solo dejame decirte algo. Mi sangre de exgladiador una vez empieza a circular no se puede contener.- "Ga-ha-ha... el chico tiene fuego. Código de honor. Pero códigos chocan. Siempre chocan. La pregunta es: ¿Cuál de los dos está dispuesto a quebrarse primero?"




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#6
Los ojos cerúleos de Shin seguían ocultos tras el vidrio negro de las gafas que tiene puestas, aún cruzado de brazos y manteniéndose fijo en las acciones del gigante. Lo cierto es que hay un deje de expectación natural en el albino, sin embargo su sonrisa confiada exterioriza algo tan cierto como indiscutido: Está confiado, siente que no hay nada que pueda tocarlo o vencerlo allí, e inclusive si así fuese no lo vislumbraría hasta verse genuinamente derrotado.

Sólo algo puntual desarticuló su postura, en principio firme, y no se debió a la escandalosa risa que desató, ni mucho menos la breve advertencia que destinó a su persona, encomendándole cuidado con la honestidad que destilan sus palabras. Fue el arma del hombre bajando de su hombro, chocando contra el muelle en un sonido tan seco como destructivo, moviéndolo con amplias dosis de peligrosidad, al nivel de hacer que el marine busque hacer equilibrio, retornando ambos brazos a los laterales de su cuerpo.

Mucho más alerta a la posible destrucción de la madera vieja y los riesgos que ello conlleva, como caer al mar y quedar totalmente inhabilitado para cualquier acción, lo observó y escuchó, ampliando la curva en sus labios al reconocerlo como Kazan, "marea azul". Ese dato fue acompañado como auto-percibirse parte de la armada revolucionaria, uno de los enemigos más grandes del Gobierno Mundial y por lo tanto, una amenaza que las leyes y dogmas de la Marina lo obligan a derrotar con la mayor de las prioridades.

¿Pero por qué algo tan sencillo se sentía así de agrio? Escuchar las vivencias de Kazan, el uso indebido de sus fortalezas como arma para el entretenimiento de los adinerados, removía un asco absurdamente alto por todo lo que las altas esferas del Gobierno Mundial representaban, la casta que permitía esclavos, quitando derechos humanos a personas inocentes. Frente a sus ojos tenía a una persona con suficientes motivos para destruirlo todo a su paso, sin embargo, Hasegawa no podía permitirlo, ni aunque hubiese vivido tres décadas en el infierno.

El mundo necesita sistemas que contengan el anarquismo.

Sin leyes, sin consecuencias para actos crueles e ilegales, la maldad asolaría con el triple de fuerza a la gente que sólo quieren vivir una vida tranquila, porque donde hay personas con ideales firmes como el gigante frente a él, existen tres más que ante la falta de retribuciones mediante una fuerza mayor como la marina, pierden el miedo y hacen que sus fantasías más oscuras se cumplan sobre quienes no pueden defenderse.

Y aunque muchos revolucionarios sean nobles, no podían protegerlos a todos. Porque incluso la mismísima marina fallaba en ello. Siempre habrá alguien asesinado injustamente, siempre se verán los derechos de algún inocente vulnerados, en alguna parte del mundo, donde ningún testigo pudiese evitarlo, y eso lo llenaba de rabia.

Kazan se niega a soltar el arma, y por desgracia eso sólo dejaba una única vía disponible a aquel encuentro. El gigante estaba en el momento equivocado, a la hora errónea, aunque algo le decía que independientemente de ello se habrían visto las caras para combatir por...

Ideales idénticos, desde bandos opuestos.

Shin suspiró, sus ojos tras las gafas mostraban el disgusto que vivía, aún anclado a las órdenes que se le fueron dadas, pero también protegiendo la ley y el orden por el cual se juró luchar tras la muerte de todos sus amigos a manos de piratas. A diferencia de aquel hombre, Hasegawa no iba a contar su historia, porque ya era tarde para eso. En el fondo se preguntaba cómo habría reaccionado el revolucionario si lo escuchaba abrirse desde el fondo de su corazón, ambos bebiendo en alguna cantina que permitiese a individuos de su tamaño ingresar. ¿Sentiría empatía? ¿Odio hacia los culpables de asesinar gente con buenos valores? ¿O por ser marines continuaría detestándolos?

—Jamás atacaría a un hombre por sus buenos ideales. —respondió, inmediatamente tras que dejase de hablar —Pero estás equivocado. Ningún mundo funciona desde la anarquía, porque incluso fuera de los márgenes que ahora mismo protegen a los aristócratas que mencionas, siempre existirá gente capaz de aprovecharse desde las sombras. Lo que nos diferencia es muy sencillo. —otro suspiro, aún sin romper su sonrisa.

—Elegiste tomar tus vivencias para destruir. Yo, las mías para transformar el mundo en algo más justo. —el tono gradualmente se transforma, la fanfarronería vuelve a ocupar lugar en sus palabras —Porque ninguna historia le da a nadie el derecho para desestabilizar al mundo. —reafirmó, como antesala de lo que vendría. Fue en ese instante que se llevó la mano izquierda a las gafas de sol, quitándoselas, y observando al gigante con una mirada llena de determinación, ego y confianza.

—Así que Marea Azul, ¿eh? Que tierno... —bajó los lentes a la altura de su mentón, con su otra mano quieta al lateral de su cuerpo. —Yo, para ti... —su sonrisa resplandece, y sólo suelta unas últimas palabras antes de desatar lo que es el anuncio de lo inevitable. Sus piernas habían comenzado a brillar.


—Soy un jodido Dios, grandullón.

Soltó las gafas de sol. Frente a Kazan, no sólo el objeto de cristal negro quedó suspendido en el aire, también, la gorra con atribución clara hacia la marina. Los segundos parecieron ralentizarse, convirtiéndose en eternos, donde incluso la gravedad perdía sentido, costándole el llevarse hacia el centro dos accesorios sin nada que evitase su caída.

Shin había desaparecido. Al menos, bajo la percepción de la mismísima Marea Azul, porque prácticamente de inmediato se lo pudo observar a 2 metros adicionales de distancia, un total de 17 que lo separaban del gigante, de pie sobre tierra firme, apuntando con su brazo derecho y el izquierdo sosteniéndose el hombro, dedos índice, medio y pulgar extendidos. Desde las yemas apareció una esfera dorada de quince centímetros, breve destello que ni siquiera funcionaba como advertencia, pues tan pronto como se hizo visible, se disparó en dirección a la mano derecha de Kazan.

La velocidad resultaba absurda, y el impacto fue fructífero, las intenciones de Hasegawa eran desarmarlo de un sólo ataque, pero algo le decía que a lo mejor no iba a ser posible, considerando los valores altísimos que su oponente parecía exhibir mediante el collar de cuentas y la enorme maza que portaba. Sin embargo, ¿conseguiría salir en una pieza de su ofensiva?

Los objetos aún no habían tocado el suelo, el rayo de luz cruzando entre ambos mientras la mirada cerúlea del marine reflejaba aquel fulgor.

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#7
Treinta años en la arena te enseñan a leer el momento exacto en que la situación cambia de negociación a combate, a fin de cuentas siempre había estado sobre la cuerda floja en un lugar así, entre la incertidumbre de ser atacado o no. No fue la forma de pistola que adquirió la mano del marine, ni sus palabras sobre dioses, fue el brillo. Ese destello dorado que apareció en las yemas de sus dedos extendidos. Kazan no tuvo tiempo de pensar. Solo de recibir, de repente vio el brillo y de repente estaba sintiendo el mismo en su mano. El rayo cruzó los diecisiete metros en una fracción de segundo y golpeó su mano derecha con una precisión devastadora. El impacto perforante del proyectil de luz abrió una herida limpia en la palma. El dolor no fue el de un golpe contundente, era distinto, era mas comparable al disparo producido por una bala pero menos "corpóreo". Los tablones bajo sus pies crujieron cuando sus rodillas cedieron un instante, solo un instante antes de que sus piernas se tensaran de nuevo. "Qué... Por las profundidades..."

Tres segundos fue lo que tardó su mente en procesar que el chico había desaparecido y reaparecido en otro lugar, que la esfera no era una bala y que aquello no era parecido a nada de lo que ya se habia enfrentando con anterioridad. "Esto es..algo sobrenatural... Debo ir a un sitio seguro" Sus dedos se cerraron alrededor del collar de cuentas una vez, apretando hasta que las cuentas de madera se marcaron en su palma herida. Kurogane estaba todavía en su mano derecha, los dedos doloridos pero funcionales o al menos aun podia moverlos y agarrar nuevamente su Kanaboo. El muelle crujió bajo él mientras Kazan enderezaba su cuerpo de diez metros, girando hacia Shin que ahora se encontraba sobre tierra firme, a diecisiete metros, fuera de la estructura de madera. -La arena me enseñó algo útil, marine. Cuando no entiendes el arma del enemigo... cambia el terreno.- Y sin más preámbulo, Kazan daria un paso hacia atrás haciendo que todo su cuerpo quedara sumergido en el agua, al precipitarse por el extremo del muelle hacia el oceano.

El efecto fue inmediato, no se trataba de la fuerza de Kazan; era del propio peso de su cuerpo sumergiendose en el agua generando un ruido que espantaria hasta a las gaviotas cercanas. El agua del puerto de Baquella se trago por completo al Wotan que erupcionó el agua por donde había entrado. "Por las profundidades, un dios dice" Bajo la superficie, el dolor de la mano era pulsante y agudo pero debido a entrar en ese sitio que llamaba hogar; se sentía algo mas seguro. Lo más importante era que su piel azul cerúlea, del mismo tono que las aguas profundas, lo hacía extraordinariamente difícil de rastrear visualmente. Se orientó instintivamente. El pueblo, a treinta metros al oeste. El borde donde había estado el muelle, encima y ligeramente al norte. Shin, sobre tierra firme justo en ese borde.

Empujó con los pies contra el agua, ganando velocidad y moviendose cinco metros rapidamente. En el agua, algo en su herencia de sangre marina se activaba y sus movimientos ganaban una fluidez que en tierra nunca tendría. Kurogane cortaba el agua a su lado cuando Kazan calculó el ángulo, reunió las piernas contra el pecho y empujó hacia arriba con toda la fuerza de sus muslos. Y Emergió, no elegantemente todo hay que decirlo si no como una roca de quince toneladas disparada desde el fondo del mar. El agua que arrastró consigo fue desproporcionada, una cortina de varios metros de altura que cayó hacia adelante en dirección a Shin mientras Kazan ascendía, con Kurogane alzándose sobre su cabeza con una de sus manos mientras con la otra apuntaba al contrario.

-¡¡Oni no ude-uchi!!

El kanabo descendía hacia el suelo frente a Shin y abarcaria los 12 metros que le separaba de su rival en toda su extensión, con el peso del agua todavía cayendo alrededor de esa trayectoria, cuando Kazan se hundió de nuevo antes de que el impacto se completara, desapareciendo bajo la superficie otra vez, dejando solo el estruendo del golpe y la cortina de agua marina cayendo sobre donde había estado el marine.

"Aprende a nadar, palomita."
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#8
Hokodan impactó de lleno, generando parcialmente el efecto deseado, pues la parte que no se cumplió era precisamente el objetivo de su técnica, desarmar al adversario. Sin embargo, con saber que le hizo el daño necesario como para desorientarlo y además, perjudicar el agarre sobre su kanaboo le fue suficiente, era una señal de advertencia bastante clara, y lo percibió por la forma en que Kazan tardó en reaccionar.

Esos breves segundos eran valiosos en combates donde el oponente maneja un nivel de velocidad abrumador, sin embargo, si Shin decidió no rematar al gigante fue porque esperaba que de sus labios emergiese alguna señal de rendición tras enfrentarse a la cruenta diferencia de poder que los separaba, al menos bajo la analítica perspectiva del marine, quien se sentía ampliamente superior y creía gracias a este primer intercambio que no iba a recibir ningún golpe durante el conflicto.

De hecho, según sus cálculos si la renombrada Marea Azul intentaba acercarse, iba a seguir retrocediendo sobre su misma posición mientras mantenía los ataques a distancia, abrumándolo, pero aquel sujeto demostró sus largas tres décadas de experiencia y tras una frase que lo tomó por sorpresa dadas las ideas que dejaba a entendimiento del albino, se arrojó súbitamente al mar, sumergiéndose y volviéndose prácticamente indetectable desde la orilla donde Hasegawa estaba debido a su color de piel.

Las vibraciones movían y removían las prendas del marine, ahora caídas, sobre el muelle. Pero Shin ya no pensaba en recuperar su gorra ni las gafas, sus ojos cerúleos estaban totalmente centrados en las ondas de agua que se pudiesen originar de las profundidades, o cualquier ola que denotase la presencia de Kazan volviendo a la superficie, pensó en un principio que dada su enorme estatura no debería ser difícil, sin embargo, se equivocó. No distinguió nada del gigante hasta que eventualmente se levantó una cortina de agua de algunos pocos metros, concretamente doce, junto con el levantamiento del kanaboo amenazando con aplastarlo.

La Marea Azul no sólo se acercó a Shin mediante una velocidad que no le habría imaginado, sino que aprovechando su enorme tamaño y la de su potentísima arma, abarcó 12 metros de distancia, suficientes para llegar hasta su posición. Con lo que no contaba Kazan, era con la capacidad de reacción del marine, quien seguía transformado en forma lumínica de manera parcial, y que supo medir el impacto a tiempo.

Justo antes de que el wotan se sumergiera de nuevo, y varios segundos previos antes de ser mojado directamente por el agua y que el kanaboo llegase a tocarlo, actuó. Kazan estaba a 12 metros, Shin se alejó 3 para salir del rango de su arma, y en esa misma transición, nuevamente a 15 metros del gigante, extendió a velocidades altísimas su mano en dirección a su contrincante y desde la misma emergió una esfera dorada de 2 metros que se disparó contra el revolucionario con una rapidez prácticamente fugaz, misma que los ojos de Kazan no llegaron a detectar instantes previos, evitando que pueda sumergirse aunque permitiendo que su arma produciese un fuertísimo sonido contra el concreto de la orilla, ante una vista sorprendida del albino quien agradeció sus altas capacidades defensivas.

La esfera estalló, extendiéndose 10 metros de pura luz, absorbiendo casi que la totalidad del cuerpo del wotan en un abrir y cerrar de ojos, generándole más daños irremediables en segundos que lo dejan sin reacción nuevamente.

—¡Muy lento, Marea Azul! —exclamó entonces, con una sonrisa orgullosa y fanfarrona, esperando que el sujeto pudiese escucharlo. —Te daré la última oportunidad de rendirte. No vas a ganar esta pelea. —sentenció, señalándolo, con sus ojos libres de obstáculos, observándolo directamente si es que no se dejó caer al mar tras el impacto.

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#9
La Ōgon Kyōmei lo encontró en el centro del pecho, sin ninguna capacidad de replica tal era la velocidad de aquellos laseres, por llamarlo de alguna manera. Kazan no pudo ver de dónde venía. Solo vio que Shin no estaba donde había estado, como antes, y entonces el mundo fue luz dorada y calor durante tres segundos en los que sus rodillas no cedieron porque treinta años en la arena le hacen ver que nunca debe ceder por muy mal que se encuentre, cueste lo que cueste. Kurogane cayó de su mano derecha y repicó contra los adoquines con un sonido que llegó hasta los edificios blancos del fondo. Tres segundos. Antes de que fuera agarrando de nuevo.

"En tierra, el chico tiene razón en todo nunca discutiré la razón de un rval. Más rápido. Más inalcanzable. Pero en el mar ... no." Kazan se sumergió completamente. Sus pulmones de Wotan no protestaron. Su sangre gyojin, medio diluida por la herencia gigante pero nunca ausente del todo, reconoció el agua salada de la misma manera que reconoce su propio nombre. Debía de reaccionar pronto, sin mas preámbulo puesto que lo que quería hacer ameritaba velocidad. Desde el fondo del puerto, mirando hacia arriba, la silueta de Shin sobre la orilla era solo una sombra distorsionada a quince metros de distancia. Sus cuernos curvados apuntaban hacia la superficie como si estuviera apuntando con ellos a su rival.

"El agua me presta su fuerza. Deja que se la preste a él también. Si esto no funciona ... mi fin estará cerca" Kazan, mas que acostumbrado a maniobrar en el mar sabia bien lo que significaba que el estuviera ahí sumergido. Quince toneladas de masa que el mar sostiene y devuelve convertidas en impulso, los siete metros de hierro negro de Kurogane empuñados desde su base más larga, y toda la fuerza concentrada en dirección contraria a la gravedad. Que un cuerpo como el se encontrara sumergido en el mar solo significaba una cosa, y es que su peso se encontraba de misma manera en aquel lugar pero transformado en agua. -¡¡ONI NO IKARI!! Los diez metros de Kazan y los siete de Kurogane se dispararon en la misma dirección al mismo tiempo. Y el kanabo no rompió la superficie. La destrozó. Siete metros de hierro macizo golpeando hacia arriba arrastraron consigo una columna de agua del puerto que subió tres metros por encima de la superficie antes de que la gravedad empezara a importar. Pero eso no fue lo problematico, fue el vacío que dejó.

Cuando algo del peso y velocidad de ese golpe asciende a través del agua, el mar alrededor del punto de impacto colapsa hacia adentro para llenar ese hueco, por pura accion gravitatoria. Y cuando colapsa, lo que genera hacia afuera ya no es una ola, es una pared. El agua del puerto de Baquella se levantó en un anillo radial desde el punto donde Kurogane había emergido, cargando consigo lo que encontrara a su paso como pudiera ser cuerdas de pesca y una cantidad ingente de espuma. La pared de agua avanzaría hacia la orilla con la capacidad de carga que tiene el mar. Todo seria mojado y arrastrado por esa masa de agua antes de volver de donde había salido. ¿El motivo de todo esto? Kazan no era conocedor de todas las debilidades de todas las akuma no mi, pero si la universal. El agua de mar.

Todo quedaría empapado de sal y agua.

-Ga-ha-ha-ha-ha!- La risa resonó desde el centro del anillo de agua, grave y profunda, desde dentro del mar. Kazan se encontraba en el epicentro con sus diez metros proyectando sombra sobre el caos que el mar había hecho por él. Sus ojos entrecerrados buscaron la silueta de Shin entre la cortina de spray.

-Por las profundidades... el océano no tiene favoritos, palomita.-

Kurogane descansaba en su mano derecha. Kazan esperó.


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#10
La situación lucía controlada desde cualquier ángulo que se le ocurriese, dominado el gigante podía inclusive plantearse lidiar contra cualquier presunta amenaza externa, manteniendo la seguridad de que no necesitaba confiar en su elemento para acudir a la intangibilidad, pues aquel oponente era más lento de lo que su capacidad de reacción controlaba.

Los ojos de Shin observan la desorientación parcial de Kazan a medida que sus técnicas se recuperan, incluso el modo en que suelta su arma no más de tres segundos. Es en ese instante que reacciona y vuelve a preparar Hokodan como acto reflejo, variando entre sus dos técnicas en un ciclo repetitivo y que podría volverse predecible de cara a la ostentosa Marea Azul.

Hasegawa entrecerró los ojos y esperó ante la reiterada desaparición del gigante, quien utilizaba el fondo del mar como mejor sabía, intentando ocultar sus movimientos alrededor de los metros que los separaban y camuflando los consiguientes ataques que pretendía asestar. El albino confió en la misma estrategia que le estaba brindando la ventaja en el combate, reaccionar y contraatacar, sin embargo no esperaba que esta vez su contrincante decidiese mantener exactamente la misma distancia y en su lugar utilizar parte de su terreno no para dañar, sino que para intentar mojarlo con agua marina.

Primero lo escuchó, a una distancia de 15 metros no resultaba complicado percibir el rugido de una criatura como aquel wotan, acto seguido dirigió su mirada hacia él, los ojos cerúleos del marine brillando intensamente, manteniendo el control de la fruta en su cuerpo y apuntando con el brazo y los dedos índice, medio y pulgar extendidos hacia el sitio donde vio el arma del gigante extenderse.

Entonces, una decisión se abrió cuando vio las consecuencias de aquel movimiento. ¿Atacar y exponerse? ¿O esquivar? A primera vista, el pequeño tsunami que produjo no tenía manera de lastimarlo, y la figura del wotan iba a mantenerse en ese mismo sitio por el timing del golpe ascendente. Podía reaccionar, tanto en defensa como en ataque, pero tenía que decidir, y lo hizo en milésimas de segundos.

La ola de 3 metros explotó, con Shin habiendo retrocedido sobre la orilla instantes atrás, iba a alcanzarlo, sí, pero justo en el momento de inicio, disparó Hokodan, apuntando al pecho de Kazan. La acción sucedió al mismo tiempo, ya que Shin pudo reaccionar, y contraatacó arriesgándose a los efectos desfavorables del maremoto que se le venía encima.

El impacto no lo movió del lugar, el agua lo atravesó y se llevó consigo el privilegio de mojar bastantes más cosas que su propio cuerpo, aunque el albino esperó quieto en su lugar a que sus ojos pudiesen vislumbrar cualquier tipo de peligro adicional. Afortunadamente y quizás por la técnica realizada contra el gigante, no existió una ofensiva adicional, y eso le dio tiempo a recomponerse y observar su propio cuerpo cuando el tsunami dejó de salpicar.

—¡Aaaah! ¡Esto es un desastre! ¡La había puesto a lavar ayer! ¿Sabías? ¡Kazan malo, muy malo! —lo apuntó con el dedo, bastante indignado, culpándole por haber arruinado su ropa, y fue en ese instante que volvió a cruzarse de brazos. No habían quedado señales de su gorra de la marina o las gafas de sol tras la estrategia realizada por el wotan, pero Shin ignoraba estos hechos, a pesar de hacer el payaso se mantenía concentrado.

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