Ryota Miyamoto
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
90
100
30
30
150
150
37
100
0
120
13-02-2026, 06:54 AM
(Última modificación: 13-02-2026, 07:20 AM por Ryota Miyamoto.)
89 de Invierno, Año 16
01:00AM
La noche arropaba Sorbet Norte y la habitación de hotel donde Ryota y Runin se hospedaban era iluminada por la luz de la luna, gracias a un hermoso ventanal que adornaba la habitación.
El lugar era hermoso, un amplio espacio adornado con una cama doble con finas sábanas de seda, juego de muebles, den den mushi para las llamadas y todo lo que se pudiera esperar de una suite en la acaudalada zona norte de la isla.
Pronto, los pasos cansados de la pareja se hicieron presentes en la entrada del living. La puerta se abrió con desgano y la primera figura en desplazarse ignorando a la dulce serpiente revoloteando por la suite fue la del castaño.
Un sonido similar a un costal caerse resonó después de que Ryota cayera boca abajo sobre la cómoda cama doble. “¡Qué asco de día!” Gritó con su rostro contra el cómodo cuerpo de la base acolchada. “Juro que prefería que me pegara un tiro, antes de seguir escuchándolo.” Continúo quejándose, pero ahora revelando su rostro en uno de los costados, para buscar a la hermosa figura que lo seguía.
Sin embargo, la primera en deslizarse hasta la cama para verlo justo a la cara, fue Kardan, la serpiente, se siseaba con cuidado en señal de saludo. “No te imaginas el día horrible que tuvimos Kardan, nos encontramos al umpa lumpa más petulante que podrías conocer…” Frunció el ceño agravando su expresión de desgano y en respuesta la serpiente agachó su rostro, como quien entiende las palabras o notara que no traía comida para él.
“Bueno, al menos ganamos buen dinero…” Contemplo, sintiendo en su diestra la bolsa de berrys que traía consigo, su paga por haber ganado en las apuestas. Una lástima que el dinero no fuera suficiente para hacerlo sentir mejor, pero, al menos era un alivio para que en algún momento olvidara su malestar.
La serpiente entonces desvió su atención a su dueña, esperando que ella sí le hubiese traído algo o estuviera más pendiente de su alimentación que enojo.
“Aun así no lo valió, estoy molido.” Volvió a quejarse, incorporándose sobre la cama para sentarse al borde de esta. “¿Crees que esa pareja esté bien? No parecían tan fuertes al final.” Comentó ligeramente preocupado, levantándose de la cama y dejando el dinero allí para comenzar quitándose la playera.
“Creía que Tornillo me atacaría, quería hacerlo golpear a Tuerca por error kekeke” Confesó su plan, arrojando la prenda superior al suelo mientras continuaba despojándose del resto de su ropa, hasta quedar desnudo y adentrarse en el cuarto de baño.
Runin D. Kitay
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
127
103
41
73
150
51
68
100
10
70
¿Los piratas están destinados a dormir entrada la madrugada? ¿La vida nocturna es parte inherente de su naturaleza? Tal parece que sí. El intento de robo terminó por convertirse en simples apuestas, según el despropósito de persona llamada “Alexander”. Los pesados pasos resuenan con fastidio sobre el brillante suelo de la habitación en la que ingresan. La causante de ello es cierta fémina de largas hebras azabaches, quien esconde algo tras la espalda.
El primero en desfogar su frustración es su compañero, la cama resuena durante un segundo ante el peso del mismo. La amazona se dedica a lanzar un amplio suspiro pesaroso.
—Y que lo digas, cariño. Dicen que los más enanos son los más fastidiosos porque están más cerca del infierno. ¿O es malvado? Es lo mismo. No me da la cabeza para seguir recordando al barril con patas. —Bufa. Se siente en confianza, por lo que no teme expresarse a su antojo.
Observar la singular escena de Ryota conversando con la serpiente, provoca una ligera sonrisa en la mujer. Saca el regalo que tiene en la espalda, es una funda con tres huevos, ha tenido que pedirlos a la cocina del restaurante, y por pedirlos quiere decir que le ha dicho al castaño que espere un momento mientras los robaba.
—Toma, deja descansar a Ryota, no seas latoso. —Cardan se enrolla en la pierna de Runin a modo de afecto antes de alejarse con su funda de huevos. —Sin hacer desastreeees —Regaña. —Quién diría, cariño, te hicieron trabajar de más y con un jefe horrible. —Se burla aún estando en el mismo barco. No demora en sentarse sobre la cama para empezar a quitarse el calzado y las joyas, colocándolas junto al dinero.
—Mmm eso espero, cariño. El tipo no parecía dispuesto a, ya sabes, matarlos. —Guarda silencio un segundo. —¿En serio? Fufufufufu, me hubiera reído si lograbas tal hazaña, lástima que Tornillo careciera de voluntad para proteger a quién ama. —Frunce el entrecejo, empezando a despojarse de la ropa. —Si un día ves que me están rompiendo la cara tres tipos y no haces nada; prometo salir con vida para hacerte pagar por ello. —Habla con molestia aún cuando sabe que Ryota sería capaz de luchar por ella, o en su defecto, buscaría alejarla del peligro.
El precioso baño se alza ante el par de jóvenes, la pelinegra no demora en desprenderse de la última prenda antes de ingresar tras el castaño. —¿Quieres que talle tu espalda? Tienes los hombros tensos. —Cuestiona, acariciando los hombros del más alto, sin llevar tacones la diferencia de estatura es notoria. Sin ningún tipo de vergüenza o pudor, presiona su pecho contra él en un ligero abrazo. No demora en susurrar contra el cuello del castaño.
—Deja que lave tu cabello hoy, estás sudado, quizá eso te ayude a relajarte un poco. —No es una pregunta, es una afirmación que culmina en una ligera mordida sobre la piel expuesta. Antes de soltarlo le dedica un delicado beso en la zona afectada. Se encamina a la bañera, sellando con el tapón para luego abrir ambas llaves. Relame con delicadeza sus labios.
—¿Vienes o quieres que te bañe ahí donde estás, cariño? Sabes que puedo hacerlo. —¿Suena a broma mezclada con la sugerencia propia de quien no teme a las consecuencias de sus vocablos.
Ryota Miyamoto
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
90
100
30
30
150
150
37
100
0
120
15-02-2026, 08:26 AM
(Última modificación: 15-02-2026, 08:29 AM por Ryota Miyamoto.)
Las voces en la habitación pronto se cruzan una con la otra animando un ambiente antes apagado, y desencadenan una conversación fluida e informal.
Ryota sonrió a las burlas, no le molestan sin importar de quién vengan, pero las de Runin suelen hacerle gracia. La comisura de sus labios entonces se realza evidenciando su agrado, le gusta contar con el apoyo de la morena tanto para lo bueno, como para lo malo y en esta ocasión, si ambos podían odiar al mismo enano barrigón era algo bueno.
“Kekeke, si tres tipos son capaces de hacerte eso. Yo no tendría ni la mínima oportunidad contra ellos.”
Respondió entre sonrisas, siendo consciente de la diferencia de fuerzas entre ambos. “Pero prometo hacerte porras desde una distancia segura.” Culminó sus palabras ya sin sus vestiduras y en el interior del hermoso cuarto de baño. Ryota sentía que no hacía falta hacer una promesa o un juramento, Runin sabía lo que era capaz de dar por ella o al menos eso esperaba. “Después de todo, confío en ti.” Palabras que tenían más significado del que otros pudieran imaginar, y solo ella sabía a lo que se referían. Eran el recuerdo a aquel pacto que ambos alcanzaron cuando llegaron a esa isla. Una petición de la dueña de peligrosas curvas, que fue escuchada y contestada.
El suave tacto de la piel ajena pronto lo acarició desde la espalda hasta su hombro. “Me encantaría, siempre me siento rígido después de convertirme en eso…” Siente un escalofrió recorrer su cuerpo después de adentrarse en los recuerdos de su maldito poder del diablo.
Por suerte, es rescatado por el suave tacto de las nubes desde su espalda. Se siente reconfortado, tranquilo y a gusto.
“Gracias, por tanto, perdón por tan poco.”
Agradeció en silencio el tener a Runin, casi al mismo tiempo que la escuchaba ofrecer tentadoras soluciones, antes de sentir la mordida sobre su cuello. “Auch.” Se quejó sin malestar verdadero, para verla adelantarse hasta la bañera y retarlo con la belleza que la caracterizaba.
“Voy hasta el fin del mundo si quieres.”
La confirmación dio paso al precio de sus deseos.
Como únicos testigos de aquel instante quedaron el sonido del agua, sus cuerpos y las miradas que compartían. Todo se desató en una mezcla impredecible de caricias, caprichos, arrebatos y deseos que agitaron sus cuerpos al punto de sentirse en una esfera, alejados de toda preocupación, malestar o peligro. Así pasaron de la lujuria inquieta a una completa serenidad, arropados por la tibia sensación que deja el punto máximo de unión entre dos almas.
Pasado el tiempo, ambos terminaron en la tina, con sus cuerpos sumergidos bajo la reconfortante sensación del agua tibia. Ryota descansaba tras un reparador esfuerzo y, sobre él, Runin permanecía recostada, flotando con suavidad entre las ondulaciones del agua.
“Ya olvidé por qué estaba molesto…” Expreso Ryota con una sonrisa tontorrona. “Ah sí, el enano… bueno, al menos sirvió para que me diera cuenta de que mis ataques no hacen ningún daño.” Expreso sin ningún malestar en su tono, no podía siquiera dejar de sentirse cómodo en ese momento, así que solo hablaba con honestidad. “Ninguno de mis ataques hizo daño real en ellos, eso me preocupa…”
Runin D. Kitay
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
127
103
41
73
150
51
68
100
10
70
16-02-2026, 01:23 AM
(Última modificación: 16-02-2026, 03:47 AM por Runin D. Kitay.)
La grata disposición de aquel que sonríe, pese al cúmulo de molestias generadas durante los acontecimientos de la noche, provoca intensas miradas, cálidas sensaciones y fluidos movimientos que no solo instan a la imaginación, sino también a la acción. ¿Decoro, prudencia o zozobra? Términos insignificantes para quienes desoyen el protocolo y prefieren fundirse en una desenfrenada danza, guiada por la complicidad, el líbido y el deseo. Allí donde las palabras se diluyen en delirantes gemidos y las tensiones se derriten, generando húmedos sonidos que compiten con el murmullo del agua al caer sobre la tina.
La acostumbrada competitividad de la fémina queda rezagada cuando de Ryota se trata. En esa intimidad que los invita a pertenecerse, a confiar y, finalmente, a permitirse escucharse de verdad. Sintiéndose lívidos y plácidos, en perfecta sintonía. Incluso podría cerrar los ojos y permitirse dejarse llevar por el tibio estímulo de flotar sobre el agua, percibiendo bajo su cuerpo el de aquel que la mantiene elevada en más de un sentido. Los labios se relamen aún sintiendo el dulce regusto del sabor ajeno. Se estremece.
—No vale la pena estarlo, cariño. —Un sonido dulce, semejante a una risa leve, se desliza entre los labios de la fémina. Más atenta escucha al castaño, asiente al tiempo que acomoda las largas hebras de su empapado cabello sobre su hombro izquierdo. —Realmente no sé qué hiciste cuando atacaste por primera vez a Tuerca; hasta ahora nunca había visto a alguien moviéndose así de rápido, pero… —Rememora el momento, ciertamente la pelirroja pareció sorprendida, pero a nivel daño, no vió demasiado.
—... es cierto que no pareció demasiado afectada durante el combate. Aún cuando conectabas golpes, ella continuaba. —Comenta, pensativa. Su voz no denota burla ni apatía, sigue el mismo curso que la de su compañero. —¿Estás seguro de continuar convirtiéndote, cariño? ¿No habrá eso influido en tus golpes? —Observa sus propias manos antes de dejarlas caer bajo el agua, buscando las de Ryota, entrelazándolas con las propias.
—Sé que odias las arañas, no sé si haga falta excederse así. —Ella no podría pensar siquiera en transformarse en una cucaracha, de solo pensarlo tiembla horrorizada, niega creando ondas. —¿No te llama la atención dar más puñetazos como yo? ¿O algún estilo? Por ejemplo, yo dejé de usar el arco; me gusta pero, no lo sé, sentía que no hacía demasiado. Isla Karate me abrió los ojos. —No puede evitar sonreír ampliamente porque sabe que quien le ayudó fue Ryota, no la isla, ni otra persona; le gusta molestarlo. Con algo de cuidado lleva las manos entrelazadas alrededor de su cuerpo, como si quisiera que el más alto la abrazara o, simplemente, la tocara.
—Si te decides, puedo ser tu maestra, fufufu.
Bien, eso último si ha sido una burla.
Ryota Miyamoto
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
90
100
30
30
150
150
37
100
0
120
La reconfortante temperatura del agua quedó reducida a la nada cuando las suaves palabras de Runin llenaron el ambiente con suaves vocablos. Nadie más tenía esa magia sobre él, un hechizo tan poderoso que le otorgaba gran bienestar con solo escuchar un poco de su voz.
De esa forma, los labios del castaño se mantuvieron sellados, permitiéndole escuchar la genuina opinión de su acompañante. Una mezcla de admiración y preocupación invadió el tono ameno de la morena. Solo ella sabía mostrar tan dulces emociones sin realmente decir demasiado, un rasgo que atrapaba a cualquiera que se detuviera lo suficiente a descubrir tan bellos matices en su personalidad.
Pronto, las manos femeninas descendieron sobre la superficie del agua buscando las masculinas. Ambas se entrelazaron con las opuestas y con cuidado ascendieron a la superficie, deteniéndose frente a la mirada de los dos por escasos segundos, hasta que Ryota las reclamó en un abrazo por debajo del pecho de la morena, sin deshacer el agarre.
Su mentón se posó sobre el hombro ajeno sintiendo el dulce aroma que emanaba su piel y la cercanía de ambos cuerpos.
“Claro que no quiero convertirme en eso otra vez…”
Respondió en completa honestidad. “Pero, la verdad es que soy mucho más fuerte cuando lo hago, si no lo hubiera hecho, quién sabe cómo habrían terminado las cosas hoy...” Tras su respuesta, ajustó un poco más el agarre en una dulce presión y dejó un suave beso sobre el hombro ajeno, cargado de cariño.
“Kekeke, no es una mala idea, ahora mismo eres mucho más fuerte que yo.” Contesto a la broma sin malestar alguno. Jamás imagino que enseñarle un par de movimientos en isla Karate, la convertiría en una combatiente así de impresionante en tan poco tiempo. Uno que dejó claro ese día, haberlo superado por mucho. “Recuerda contenerte cuando te molestes conmigo, no quiero morirme por error.” Esta vez, termino bromeando con él.
“Aunque ahora que lo mencionas… aprender un estilo, e isla karate, allí ¿entrenaban artes marciales no?” Sí, meses en la isla y Ryota prestó nula atención a los cientos de dojos o artistas marciales que se la pasaban entrenando por las calles las veinticuatro horas del día.
“Quizás podrían enseñarme alguna especie de técnica maestra para que mis ataques sean tan destructivos como los tuyos.”
Expreso con algo de esperanza e ignorancia, aunque de inmediato recordó a esos hombres frígidos y la forma pesada con la que entrenaban desde altas horas de la mañana.
“Mejor no.”
Culmino con una expresión caprichosa, ladeando su rostro para apoyarlo contra la mejilla de la morena. Tanto esfuerzo le parecía demasiado precio para ni siquiera estar seguro de poder aprender algo como una técnica secreta.
Aunque, por más que pensara eso, muy en su interior la duda continuaba existiendo. Era posible que, si lo dejaba pasar, ¿estaría aceptando que no era capaz de cumplir su sueño? Con honestidad, ¿ese era su límite como pirata? “Runin, ¿crees que algo así valga la pena? ¿Esforzarse tanto?” Preguntó, ocultando su mirada en el hombro de la mujer, para que ella no notara la duda en su mirada que normalmente parecía mostrar todas las respuestas.
Runin D. Kitay
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
127
103
41
73
150
51
68
100
10
70
El suave roce de la piel ajena contra la propia provoca ligeras curvaturas en las comisuras de los labios de la fémina. La tibieza del agua, mezclada con el calor corporal, disipa hasta el último vestigio de tensión o agobio; incluso podría cerrar los ojos y dormitar entre los dulces brazos que la sostienen. Mas no lo hace: su egoísmo no tiende a surcar por ese tipo de mares. Al contrario, la atención se centra en la siempre reconocible voz que acaricia su oído; exponiendo transparencia e inquietud.
“La verdad es que soy mucho más fuerte cuando lo hago”
Emite, y la amazona no puede sino asentir con apremiante lentitud. Sin ánimo de juzgar, guarda silencio durante un par de segundos: escucha, siente, se permite disfrutar de la delicadeza de aquellos labios posados sobre su hombro, una diáfana caricia convertida en un beso cargado de afecto. Runin entiende el pensamiento que habita en la mente del castaño. ¿No es exactamente lo que ella hizo al dejar de lado su arco y flechas para dedicarse a aprender un arte más crudo y frontal?
Las bromas gratamente se abren paso entre ellos, reafirmando la seguridad que experimentan el uno junto al otro. —Fufufufu. En ocasiones pides cosas imposibles, cariño. —Le gustaría decir que se contendrá cuando se trate de él, pero sabe perfectamente que no hace falta. —No, ahí practican ballet y danza tradicional. —El sarcasmo invade sus vocablos, aunque cierto tono jocoso hace mella en la fémina. —Obvio entrenaban artes marciales ¿No percibías el olor a sudor? Ugh. —Frunce la nariz en evidente fastidio; incluso saca la lengua en un gesto infantil mientras sus hombros se estremecen como si de la peor experiencia se tratase.
¿Está escuchando bien?
¿Ryota Miyamoto interesado en artes marciales?
¿En sobrepasar sus propios límites para obtener resultados rápidos?
La infantilidad queda atrás cuando los voluminosos labios se entreabren en una expresión anonadada, al menos hasta escuchar el matiz caprichoso en la voz del castaño. La fémina lanza una pequeña risa antes de deshacerse en un suspiro. La suavidad del rostro ajeno contra el propio impulsa a que la amazona restriegue suavemente su mejilla; agradece que Ryota no lleve barba, el tacto se siente más grácil e íntimo.
Repentinamente la cadencia en la voz del hombre se atenúa. Incluso alguien tan poco perceptiva como ella puede darse cuenta del cúmulo de intrigas que seguramente azotan a su compañero, su capitán, su confidente. —Lo creo. —No existe vacilación. —Esto es lo que querías, ¿No es así? Libertad. —Presiona con ligereza su cabeza contra la de él, acompañándolo.
—Incluso la libertad demanda esfuerzo, cariño.
La pausa es ínfima antes de que los recuerdos se abran paso en sus memorias. —Te esforzaste al dejar todo atrás para ir en la búsqueda de tus deseos, aunque me hayas dejado en el proceso. —Frunce los labios antes de volver a sonreír. —Unimos fuerzas para derrotar a un problemático oso; ahí sudaste, manchaste tus manos de grasa y de hollín. —La siempre estridente voz se vuelve apacible a momentos, como si estuviera contando secretos.
—Hoy incluso luchaste, te transformaste a pesar de tus miedos; y aunque no salimos airosos como quisiéramos, sé que no te has rendido, Ryota. —Gira ligeramente su torso hacia la derecha, lo suficiente para poder observarlo, para levantar su izquierda y acariciar el rostro del más alto. —Creo que vale la pena, creo que no quieres regresar a Baterilla a continuar pescando y que sellen tu destino. —Su frente se deposita contra la del castaño, cerrando los ojos se permite sentir su hálito durante unos segundos.
—Además, no me gustan los hombres débiles, sabes que me dan grima los cobardes, fufu. —El rostro se inclina apenas un instante, tiempo justo para que sus labios rocen los ajenos en un arrullo entrañable. Al separarse, permanece a escasos centímetros, mirándolo con franqueza. No intenta adornar sus palabras, lo ve como una realidad a la que debe prestar atención.
—¿Hacemos una apuesta? Si te vuelves más fuerte haré una sola cosa que quieras; hasta darte la mitad de mis berries, o todo. —Sonríe. —Si pierdes entonces ese favor me lo cobraré yo. —Guiñando acaricia uno de los brazos del ajeno, no queriendo deshacer el abrazo que une sus cuerpos.
Ryota Miyamoto
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
90
100
30
30
150
150
37
100
0
120
- Ost -
—Incluso la libertad demanda esfuerzo, cariño. —
El silencio se apoderó de sus labios.
Aun ocultando su mirada en la suave piel que lo acompañaba, dio razón en su interior a las suaves palabras de Runin. No quería aceptarlo, pero era una verdad que ya no podría seguir ignorando, si en realidad hablaba en serio con ir a donde deseara; necesitaba la fuerza para romper las murallas que aparecerían en el camino y aunque soñara con que desaparecieran por arte de magia, no ocurriría de esa forma.
Uno a uno, los obstáculos que atravesaron en el pasado fueron nombrados. Un agradable intento para demostrarle que incluso en esos momentos, ya se había esforzado aun sin quererlo en primera instancia.
La mirada del castaño se mostró ante ella cuando giró su torso. Una combinación de ternura, cariño y complicidad se mezcló en su expresión solo con sentir su suave mano.
¿Cómo alguien poseía tal magia para potenciarlo? Para decirle lo que necesitaba escuchar y aun hundido en sus preocupaciones, extender la mano para despejar toda tormenta en su mente. ¿Era fácil, no? Tan fácil como continuar avanzando y mantenerse firme ante sus propios ideales.
Ambas frentes se juntaron por escasos segundos, sus alientos entremezclados expusieron su evidente cercanía y sus corazones mantuvieron el hermoso retumbar, que ascendió con la verdad del otro.
Su mirada, aunque cerrada en un principio para disfrutar de la cercanía, se abrió al sonido de las palabras. La apuesta le emociona, no evita mostrarla con la curvatura de sus labios. “En ese caso prepárate para perder todo tu dinero.”
Mintió, porque en esa ocasión, vio lo que era aun más valioso que el dinero. La motivación suficiente para hacerlo afrontar el desafío no fue monetaria, sino pasional. Ryota se regía por sus anhelos y en ese momento, su deseo fue corresponder a las expectativas de quien era capaz de calmar sus tormentas.
“¿No vas a enojarte porque me iré una temporada?” Alejo sus labios con delicadeza y sus miradas volvieron a encontrarse. “Si vuelves a castigarme como la otra vez, no creo poder resistirlo.” Bromeo divertido, ante el recuerdo lejano de isla karate.
Sus manos mantuvieron el cálido agarre por unos segundos, para luego deshacerlo y acariciar con dulzura el abdomen abajo del agua. “Runin” le llamo sin apartar su mirada. “Gracias a encontrarte, sé que la suerte existe”
Runin D. Kitay
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
127
103
41
73
150
51
68
100
10
70
¿Perder dinero? Es lo más insignificante que la amazona de oscuro mirar podría perder. En cambio, la idea de verse superada en algo nunca le había resultado tan tentadora. Jamás se ha imaginado sonriendo por perder una apuesta, aceptando de buena gana desprenderse de todo cuanto tiene con tal de ver una sonrisa en el rostro de aquel que une sus labios en un gesto dulce e íntimo, capaz de decir todo aún sin emitir palabra alguna. Algo que les pertenece; su forma de entenderse.
Runin entiende que Ryota no necesita extenderse en justificantes, exhalar excusas o mostrar dudas, porque ella las entenderá con un par de miradas, con esa cercanía que los caracteriza. ¿Por qué con él? ¿Por qué a pesar de haber huido en el pasado, la idea de alejarse otra vez ya no le produce desconfianza o enfado? Podría fruncir el entrecejo, tomar las mejillas del contrario y apretarlas con fuerza, lanzar una diatriba de causas y consecuencias, juzgar, atacar o cruzar los brazos en negativas respuestas; pero no, no lo hace.
Lo que realmente hace es reír con suavidad ante el recuerdo de casi haberlo dejado sin descendencia. El abrazo se rompe y las caricias delinean su abdomen, llenándola de una sensación revoloteante en su ser.
—¿Prometes llamarme esta vez? No te pediré que siempre, pero, de vez en cuando, hazme saber que no has dejado a tu amuleto de la suerte atrás… —Las palabras podrían dar pie a algún tipo de incertidumbre, aunque la realidad es diferente: No existe peso alguno sobre los hombros de la fémina. —...cuidando de una tripulación llena de piratas egoístas. Si me sale alguna cana verde por el estrés, ahí sí buscaré vengarme. —Bromea con suavidad mientras su rostro acaricia el del ajeno, deposita un par de besos cortos en el mentón y mejilla del castaño.
—Prometo no enfadarme, Ryota.
Sentencia, observándolo con honestidad, esa que solo muestra cuando la certeza embriaga su ser. —Sé que esta vez no desaparecerás sin dar señales de vida, sé que volveremos a vernos y estaremos juntos. —La melosa voz se escucha amena, su estómago se siente ligero y su pecho está acompañado por un latir pausado, constante, cálido.
No puede evitar centrarse en cada facción del castaño para darse cuenta que si se va, lo extrañará, que su compañía ha vuelto a parecerle entrañable, que en sus labios perduran más sonrisas sinceras de las que hace mucho emite en solitud, que sus sentidos se vuelven más ingenuos y en su pecho siempre navega la calidez de su nombre. La idea le parece tan irrisoria, no quiere admitir nada, ni siquiera desea pensar en todas las ideas contrapuestas que podrían inundar su mente, no. En vez de ello vuelve a unir sus labios en un beso lento y profundo que sabe a recuerdos y al presente, que sabe a él, a ellos. Al separarse está segura del siguiente paso.
—Me haré cargo de todo aquí, cariño. —Asiente, convencida de sus propias palabras, sabe que Ryota confía en ella. —Supongo que partirías pronto, ¿No? —Susurra, acariciando el cuerpo del ajeno, sintiendo los músculos de sus hombros, bajando su diestra con deliberada lentitud, transmitiendo tanto deseo como cariño, todo lo que puede ofrecer, se lo entrega.
—No deberíamos desperdiciar el tiempo juntos, cariño...
Ryota Miyamoto
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
90
100
30
30
150
150
37
100
0
120
No existió otra forma para responder, solo una afirmación directa que buscó alejar cualquier duda en los hermosos ojos de chocolate. El tono de su voz, las palpitaciones de su corazón, el calor de su piel, todo exponía su vulnerabilidad, su honestidad y por ello, no tuvo razones para adornar nada con palabras de más.
Ella sabía lo que sentía, lo que pensaba y lo que deseaba.
“Kekeke, me aterra pensar de qué forma podrías vengarte.” Bromeó, sintiendo las suaves caricias que aquellos aterciopelados labios le brindaban con tanta parsimonia. “Entonces tenemos un trato, mi amuleto traído por el mar.” Su mirada cómplice reveló un recuerdo pasado y, al mismo tiempo, cercano ante la melosa voz que lo envolvía.
Al igual que la primera vez en que sus caminos se cruzaron, el destino los volvió a unir y, en esta ocasión, sus senderos parecían entrelazarse uno con el otro, del mismo modo que sus cuerpos en medio del agua tibia.
“Ahora nuestros caminos están unidos, no...” Negó con su cabeza tras los dulces vocablos por volver a reencontrarse. “Siempre han estado unidos, desde el primer momento.” Aseguro, dejando claro que volvería con ella y con los suyos sin importar qué ocurriera en su viaje. Se hiciera fuerte o no, no deseaba en absoluto renunciar al viaje que juntos iniciaron.
Una ligera sorpresa iluminó el rostro de Ryota cuando ella decidió hacerse cargo. Ya que, con toda honestidad, no pensó mucho en los demás. “Qué haría sin ti.” Sus labios se curvaron al tiempo que su expresión pasó de la sorpresa a la serenidad. De esa forma, se dejó envolver por el suave recorrido del tacto ajeno, generando en sus mejillas un tono carmesí debido a la proclamación que acompañó tal caricia.
“En ese caso no hay que desperdiciar el tiempo…”
Sus palabras invitaron al deseo y su cuerpo buscó, con suavidad, intercambiar de lugar con la hermosa morena, que pasó de darle la espalda a tenerlo sobre ella.
Su rostro no tardó en acercarse, al igual que sus cuerpos bajo el agua. El tacto pronto envolvió la figura femenina en un cálido abrazo que invitaba a corresponderlo. Ambos dejaron que sus deseos, pensamientos y libidos se apoderaran de aquella cercanía, ofreciéndose entre sí miradas que solo los amantes conocen.
El agua fue cómplice de sus deseos, revoloteando y salpicando alrededor de sus pieles, ofreciendo una tibieza que acompañaba las emociones ardientes que se apoderaban de ambos en un vaivén de anhelo mutuo: un deseo único y genuino que muchos podrían llamar amor.
El tiempo pareció detenerse. Sus almas se encontraron y, tras una noche en la que permitieron que sus cuerpos tomaran el papel principal, alejados de todo pudor o timidez, se aferraron uno al otro, entrelazados de una forma que solo ellos conocían. Un idioma único, el cual solo ellos podían comprender con ayuda del otro, y en el que los poemas, las canciones o los gestos cobraban un significado mucho más profundo.
Al término de su “conversación”, ambos yacían fatigados, uno junto al otro sobre la cama de una desorganizada habitación. Los rayos del astro nocturno atravesaban la ventana iluminando el alboroto, mientras los ojos de color miel contemplaban la hermosa figura de la morena descansando sobre su pecho. “Creo que me quedaré unos días más, no tengo mucho afán por entrenar, aunque ¿esto también se puede llamar asi no?” Rio por lo bajo, sin poder siquiera mover un solo dedo.
Runin D. Kitay
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
127
103
41
73
150
51
68
100
10
70
Lo prometo
La honesta aseveración llena de simplicidad, intrepidez y dirección provoca que la mirada chocolate se llene de un brillo particular, el mismo que no requiere indagar, al que no le hace falta palabrería innecesaria o empalagosos vocablos. ¿Es la razón por la que le gusta? ¿Porque no necesita dulces mentiras sino más bien verdades sencillas? Porque al observar con fijeza la determinada mirada ámbar, la fémina comprende que ninguna duda le haría justicia. Cree en Ryota; inclusive puede considerar que lo hace ciegamente; un arma de doble filo a la que no teme.
“Entonces tenemos un trato, mi amuleto traído por el mar.”
La sonrisa que adorna los labios de la amazona solo es comparable con el brillo de su mirada y el ligero carmín que adorna sus pómulos; no por vergüenza o timidez, sino por la dulzura que le genera recordar el primer encuentro. Por una vez en su vida no desea pensar en ser fuerte, decidida o esquiva; ansía disfrutar del momento: de la delirante cercanía de sus cuerpos, la intimidad de los vocablos que se erigen entre ambos, la envalentonada necesidad de expresar lo que sienten y retomar caricias que estremecen cada centímetro de piel expuesta.
“Siempre han estado unidos, desde el primer momento.”
Runin Kitay quiere a Ryota Miyamoto.
Incluso en sentidos que aún no logra desenmascarar.
¿Importa acaso? En realidad, no.
Lo importante es la calidez que embriaga su pecho, la manera en la que su cuerpo se siente cómodo al aceptar silenciosas indicaciones. Cierra los párpados durante un breve instante, entregándose por completo a las sensaciones que la envuelven: la tibieza del agua, las suaves ondas que se propagan creando delicadas ondas alrededor y en medio de ellos.
Al menos hasta que se encuentran en un abrazo que la fémina cierra y la atención se centra en los detalles: el contraste de sus siluetas, la cercanía que los cautiva y ese débil y deliberado gemido bajo que escapa de la morena al reencontrarse con ese cuerpo que tanto conoce y desea continuar descubriendo. El sutil roce de sus labios se convierte en su sensación preferida; suspira, rendida ante la necesidad de acariciar la espalda de quien la sostiene, aferrándose a él mientras sus sentidos convergen en un vórtice de irremediable placer.

Cada sonido, desde las salpicaduras del agua al derramarse de la bañera, hasta los débiles jadeos contra su oído se tornan en un íntimo, dulce, lujurioso e irresistible vaivén que desarma al par de amantes, que les obliga a observarse con tanto deseo como cariño, con ese amor que solo aflora en los que se entregan al completo, en aquellos que sonríen en medio del éxtasis y susurran pidiendo y rogando por un poco más, por arrebatar gemidos y anhelantes expresiones, por aprovechar cada segundo, cada roce, cada incauto movimiento bajos las ondas, uniendo cuerpos y almas, corazones y sentidos.
Y cuando la respiración se estabiliza después de sentirse uno mismo, la fémina abraza el cuerpo de aquel con quien anhela despertar al día siguiente, y al siguiente y… al siguiente; percatándose del lacerante agotamiento del que nunca podría aburrirse o fatigarse. No cuando su aroma embriaga el cuerpo del ajeno y las caricias aceptadas perduran en cada ápice de la morena piel.
La sonrisa compartida ilumina la oscuridad que solo el anochecer puede brindarles, cuando los rayos lunares se filtran a través de las cortinas, iluminando la evidente cercanía, el envolvente cansancio y un último beso que sella la armonía de esa noche.
—Si es así, no permitiré que descanses de nuestros entrenamiento, cariño, prepárate.
Las risas tenues se combinan hasta que el dios de los sueños arrebata hasta la última gota de energía en ellos. Está bien, aún quedan muchas noches antes de verlo partir y añorar volver a reencontrarse.
|