Un prisionero justo [AV. T2] [Presente Abs.]
#21
Unos pocos instantes atras: 
Hay muchas ocasiones en las que los más jóvenes, en su búsqueda de propósito, terminan tomando como figura de autoridad a las personas equivocadas, la fuerza los deslumbra, la independencia les impone y cuando alguien se presenta como el héroe que castiga el mal sin titubear, los ojos de un niño pueden brillar con admiración sin comprender lo que realmente está viendo, para un joven, la firmeza absoluta puede confundirse con rectitud, la dureza puede parecer valentía, la ausencia de duda puede parecer convicción inquebrantable y así, creyendo que seguir esos pasos es lo correcto, comienzan a moldear su propia idea de justicia sin cuestionarla.

Muchos crecen bajo esa influencia. Se convencen de que el mundo necesita mano dura, que la compasión es debilidad y que el miedo es una herramienta legítima, con el tiempo, esa visión se solidifica, se vuelve parte de su identidad y cuando finalmente ingresan a la Marina, lo hacen con una idea ya formada, una interpretación rígida y simplificada de lo que significa impartir justicia. El problema no es la búsqueda de orden. El problema es cuando la justicia deja de ser equilibrio y se convierte en obsesión, porque la línea entre proteger y destruir puede volverse invisible para quien nunca aprendió a distinguirla.

Ese era exactamente el caso que se había dado con los miembros de la División 107 de la Marina. Cuatro reclutas que coincidieron al ascender al rango de soldado raso, no se unieron por amistad. No compartían historias personales ni lazos previos, no era camaradería lo que los mantenía juntos. Era algo mucho más profundo, los cuatro compartían el mismo ideal, habían crecido bajo la influencia directa de un marine que, para ellos, representaba la encarnación absoluta del heroísmo.

Un hombre que no dudaba, un hombre que no negociaba, un hombre que castigaba el mal con una contundencia que parecía pura, limpia, definitiva. Douglas Maracai Bo, para esos jóvenes, él no era el exsargento destituido que figuraba en los archivos oficiales, no era el extremista acusado de traición, no era el hombre al que la Marina ahora encadenaba como criminal. Era el modelo a seguir, el ejemplo de lo que un marine debía ser. La justicia sin fisuras y mientras la institución lo señalaba como un error que debía corregirse, ellos lo recordaban como el hombre que les enseñó que el mundo solo podía cambiarse eliminando aquello que lo corrompía.

No eran simples subordinados, eran el resultado de su doctrina y en algún punto de la isla de Baterilla, entre la jungla y el eco de una risa desquiciada, cuatro jóvenes de la División 107 caminaban convencidos de que su héroe nunca estuvo equivocado.


Actualidad: Enji vs Tamiel


Mientras tanto, en otro punto de la jungla, los cuatro jóvenes de la División 107 avanzaban entre la vegetación con paso firme pero contenido, no corrían ni gritaban, no actuaban como rebeldes imprudentes. Sabían perfectamente que no debían intervenir en el arresto ni en el traslado, las órdenes eran claras y los cuatro estaban convencidos de que las respetarían. No estaban allí para rescatarlo y claramente ninguno estaba allí para enfrentarse a nadie.

Solo querían verlo, aunque fuera desde lejos, aunque fuera por un instante, para ellos eso bastaría, porque para ellos, Douglas Maracai Bo no era el hombre descrito en los informes internos ni el traidor que el alto mando señalaba con severidad. Era el sargento que visitaba sus islas cuando eran niños. El marine que hablaba con firmeza pero también con cercanía. El que les enseñaba que la debilidad era peligrosa, pero que la valentía podía cambiar el mundo.

Recordaban cómo se detenía a escuchar a los más pequeños, cómo entrenaba con ellos, cómo hablaba de justicia con una pasión que los hacía sentir protegidos, no podían reconciliar esa imagen con la del criminal encadenado, para ellos, debía tratarse de un error, un simple malentendido político o una decisión injusta tomada por superiores que no comprendían su verdadero valor.

Mientras avanzaban por la selva, convencidos de que solo observarían y nada más, una idea silenciosa se mantenía intacta en sus mentes, un héroe no puede convertirse en villano de la noche a la mañana y si el mundo dice lo contrario entonces quizá sea el mundo el que esté equivocado, era exactamente el mismo pensamiento que todos tenían cuando de repente se escuchó la voz del Ex Sargento y todos se apresuraron al lugar donde presenciaron una escena que no habían visto jamas, al sargento Gorgie, el mono acompañante de Douglas, atacando a otro marine. Todos quedaron simplemente asombrados. No por el discurso, ni siquiera por la osadía del exsargento, sino por las capacidades del simio. Jamás habían visto algo semejante, y mucho menos en un animal que, en teoría, no debía poseer tal nivel de técnica, coordinación o entendimiento del combate.

Demasiadas cosas ocurrieron en apenas unos segundos, la evasión perfecta, el contraataque calculado, el salto imposible, habían prometido no intervenir. Se lo repitieron mentalmente mientras avanzaban por la selva, solo observar, solo confirmar con sus propios ojos que Douglas estaba bien, nada más, pero cuando Enji lanzó la patada hacia el exsargento Douglas, esa promesa se quebró. Tamiel y su equipo no pudieron evitar reaccionar, sus cuerpos se movió antes de que su mente terminara de formular la decisión. Con una velocidad sobrehumana, salieron desde su posición y redujeron la distancia en un instante, acercándose al punto de impacto con la clara intención de detener el ataque del marine.

Por parte de Tamiel no fue una acción estratégica, fue reflejo, fue lealtad, en ese movimiento, breve pero decisivo, quedó claro que la línea entre espectador e implicado había desaparecido por completo, Tamiel se interpuso sin vacilar, alzando sus puños enguantados y bloqueando la trayectoria de la patada de Enji antes de que pudiera alcanzar a Douglas. El impacto resonó con un golpe seco, contenido, la fuerza desviada en el último instante, mientras tanto el polvo aún flotaba en el aire cuando Tamiel quedó plantado frente a él, firme, estable, sin retroceder un solo paso. —Novato. —Su voz fue grave, peligrosa, dominante —La orden dice claramente no herir al sargento.— No levantó el tono, ni gritó, porque en realidad no hizo falta.

Las palabras se deslizaron con un peso autoritario que parecía colarse por los oídos de Enji como una advertencia más que como un recordatorio. A unos metros, Douglas observaba la escena con una expresión que oscilaba entre la satisfacción y la curiosidad, mientras Gorgie permanecía alerta, su mirada moviéndose entre los presentes con una inteligencia incómodamente humana. El bosque, testigo silencioso de la fractura entre marines, volvió a quedar en una calma tensa, cargada de algo que ya no podía deshacerse con simples palabras.


Actualidad: Juan vs Megumi

Megumi, por su parte, no perdió detalle de la escena. Su mirada se fijó con precisión en el gyojin de la División 93, Juan Sebastián. Evaluó la situación en una fracción de segundo, porque sabia que si alguien podía alcanzar a Gorgie antes de que la situación escalara aún más, era él y tomó una decisión, desde el impulso de su carrera, elevó el arma y disparó con cálculo frío hacia el duro caparazón de Juan. No apuntó a un punto vital, no buscó perforar, lo unico que buscaba el marine era detener.

El proyectil impactó con un sonido seco contra la superficie resistente, desviando la inercia del gyojin, lo que obligaría a interrumpir su avance antes de que pudiera conectar un golpe contra el simio, Megumi no gritó advertencias, y claro que no pidió disculpas, su acción fue directa y ejecutada con la seguridad de alguien convencido de estar evitando un error mayor, la tensión ya no era solo entre marines y prisionero, ahora había fuego cruzado entre divisiones.

—¡Oeee, Cangrezilla! — El grito rasgó el aire como una pedrada y Gorgie mostró los dientes, no en miedo, sino en desafío. Sus ojos oscuros brillaban con una mezcla de furia y burla mientras golpeaba su propio pecho con el puño cerrado. —¿De verdad puedes atacar a un pobre animal por la espalda? — Su voz no era la de una persona confundida, era clara, provocadora, humana en intención. El mono dio un pequeño salto lateral, manteniéndose entre Douglas y el resto, moviéndose con esa agilidad antinatural que ya había dejado a todos en silencio segundos atrás.

—Si vas a pegar, pega de frente, que yo también sé morder. —Un murmullo recorrió a los marines, ya no estaban viendo a una mascota, estaban viendo a alguien que entendía perfectamente lo que estaba ocurriendo y eso era mucho más inquietante.

Megumi terminó su recorrido con un giro seco de botas contra el suelo, frenando justo frente a Juan Sebastián, el cañón de su pistola se alzó sin temblar, firme, apuntando directo al rostro del gyojin. —Te apuesto diez mil berries a que te abro el cráneo de un tiro si das un paso más. — La sonrisa que se dibujó en su rostro no era nerviosa ni forzada, era disfrute puro. Una mueca ladeada, afilada, casi tan macabra como la que solía mostrar Douglas cuando la sangre comenzaba a calentarle el pulso.

Megumi no era un soldado disciplinado en ese instante, era un depredador al que acababan de soltar la correa. Sus ojos no se apartaron del gyojin ni un segundo. El dedo descansaba sobre el gatillo con una familiaridad peligrosa, como si aquella amenaza no fuera una exageración, sino una promesa. —Vamos —añadió en voz baja, casi divertida —Solo un pasito. Hazme ganar dinero. — El ambiente se tensó aún más. El sonido del mar a lo lejos parecía haberse apagado y las respiraciones se volvieron pesada, por primera vez, quedó claro que aquello ya no era un simple desacuerdo entre divisiones, era una chispa a punto de incendiarlo todo.

Actualidad: Takako vs Akira

La más joven de los cuatro miembros de la División 107 avanzó sin vacilar entre la vegetación, su mirada fija en un único objetivo, Akira. Ambos tenían casi la misma estatura, casi el mismo tipo de cuerpo, compactos, ágiles. Diseñados para el movimiento rápido más que para la fuerza bruta, sin embargo, durante los breves instantes previos, ella había notado algo, un pequeño flaqueo, una mínima duda en su postura, pero eso fue suficiente.

Decidió que él sería a quien debía detener, no por debilidad, sino por peligro. Akira era escurridizo y por experiencia propia Takako sabe que los escurridizos eran los más difíciles de controlar una vez que se movían. En plena carrera, la joven desenvainó su espada con un sonido limpio y metálico que cortó la tensión del bosque. Sin reducir la velocidad, impulsó su cuerpo hacia adelante y, con un salto preciso, se posicionó frente a él, interponiéndose en su trayectoria con la hoja extendida en guardia firme.

Sus ojos no mostraban odio, mostraban convicción, el acero reflejó un destello de luz entre las hojas de la selva, marcando una nueva línea en el conflicto, ahora, cada miembro parecía tener frente a sí a alguien dispuesto a impedirle avanzar y ya no quedaban espectadores. Takako no dudó, cuando el movimiento de Akira se volvió una amenaza directa, ella giró el torso apenas lo suficiente para interponerse, manteniendo la espada firme en su mano. El impacto llegó seco, contundente, el golpe no fue limpio contra su acero, parte de la fuerza atravesó su guardia y sacudió su cuerpo hacia atrás, obligándola a clavar las botas en la tierra húmeda para no caer.

El dolor recorrió su brazo como una descarga, aun así, no soltó la espada, alzó el rostro lentamente y buscó los ojos de Akira. No había miedo en los suyos, tampoco rabia descontrolada, su semblante parecía duro, incluso enojado, pero su voz salió distinta. —Por favor, no ataques al maestro.— No era una orden, no era una amenaza, simplemente era una súplica contenida en disciplina. La hoja seguía apuntando hacia él, pero no avanzó ni un centímetro, Takako no estaba intentando herirlo, estaba intentando detener algo que, en su mente, no debía ocurrir y detrás de ella, Douglas permanecía en silencio y en ese silencio pesaba más la tensión emocional que cualquier choque de acero.

Actualidad: Etsuki vs Sigrid

Etsuki fue la última en actuar, no porque dudara, ni porque temiera, sino porque aún estaba aprendiendo a convertir la emoción en movimiento, era la más nueva de la división 107. La menos experimentada en combate, la más alta entre los cuatro, su silueta destacaba incluso entre los troncos retorcidos de la selva. Sus manos temblaron apenas un segundo pero no de miedo, sino de adrenalina mal contenida.

Había crecido escuchando a Douglas, cada historia, cada discurso, cada explicación sobre la corrupción del mundo, sobre la debilidad disfrazada de leyes, sobre la “falsa justicia” que protegía criminales, su mente había sido moldeada con esas palabras desde niña. No conocía otra versión de la verdad y ahora estaba ahí, viendo cómo intentaban derribar al hombre que le enseñó lo que era “ser fuerte”. Sus dientes se apretaron y la llama en su pecho no era furia salvaje como la de Megumi, ni disciplina silenciosa como la de Takako, era convicción pura, casi religiosa.

—No —murmuró primero, apenas audible, luego dio un paso al frente tomando su alabarda y la tierra crujió bajo su bota. —No permitiré que manchen su justicia.— Su postura aún no era perfecta, su guardia no era la más técnica, pero había algo más peligroso que la experiencia en ella, fe ciega y cuando alguien pelea convencido de que el mundo depende de su victoria, se vuelve capaz de cosas aterradoras.

Corrió, sus pasos eran largos, pesados, pero decididos. La más alta de la división 93 levantaba su arma con intención clara, apuntando directamente hacia el ex sargento, pero Etsuki no lo permitió, con un giro firme de muñecas, bajó su alabarda en un arco diagonal y ¡CLANG!, el acero chocó contra acero en mitad del aire, desviando el golpe antes de que pudiera alcanzar a Douglas.

La vibración recorrió sus brazos, pero no retrocedió, sus botas se hundieron apenas en la tierra húmeda de la selva mientras sostenía la presión del cruce de armas, su respiración era intensa, pero estable. Ahora todos tenían oponente. Tamiel contra Enji. Megumi apuntando a Juan Sebastián. Takako frente a Akira. Y Etsuki, sosteniendo aquella línea invisible que separaba dos ideales irreconciliables entre ella y Sigrid la vikinga.

Era extraño, absurdamente extraño, marines enfrentándose a marines. Uniformes contra uniformes. Justicia contra justicia. Ambas divisiones habían jurado proteger al mundo, ambas creían estar haciendo lo correcto, ambas estaban dispuestas a derramar sangre por su versión de la verdad y lo más inquietante de todo era que ninguno dudaba. —Si ustedes lo llaman traidor —dijo Etsuki con la voz firme, empujando con su alabarda para obligar a su oponente a retroceder medio paso — entonces el error es de la Marina, no de él.— Sus ojos ardían, aunque no había odio en ellos, simplemente la certeza de alguien que cree firmemente en algo. Porque cuando dos bandos creen ser la justicia verdadera, la batalla deja de tratarse de quién tiene razón y empieza a tratarse de quién sobrevive para contarla.

Infobox
  Responder
#22
Está vez, al menos, su golpe impactó, solo que no donde esperaba. El filo de su Aguijón se detuvo en seco contra los antebrazos de un hombre de cabellera roja, capucha y cicatriz. Cruzó miradas con él durante un instante, una mirada arrogante que se le antojó familiar e hizo bullir su sangre bajo la piel. El calor de una vieja frustración, de una vieja humillación, subió por su cuerpo hasta inyectarse en sus ojos y destilar odio como los filosos colmillos de una serpiente.

La división 107.

Enji retrocedió dos pasos, dos metros, y bajó los brazos. Bajó la guardia y escuchó. Los escuchó a todos. Escuchó admiración, orgullo, devoción y fanatismo. Escuchó traición en todas y cada una de las voces que invadieron el claro. La división completa tenía una posición clara, encastrados en el punto exacto entre Douglas, el mono, y la división 93. Protegiéndolos.

Enji suspiró, susurrando maldiciones ininteligibles cargadas de frustración al entender lo que estaba pasando. Todo esto mientras Tamiel terminaba su pequeña provocación.
Contenido Oculto

Después, tras un pequeño instante de silencio, Enji empezó a reír.

—Shishishi… Shihaha…

Primero, la risa fue contenida, encerrada en su pecho, pero al cabo de unos pocos segundos empezó a filtrarse con mayor contundencia y volumen. Una carcajada fuerte.

—Shihahaha. ¡Shihahaha!

Se sostuvo el estómago con la mano derecha, adolorido por el intenso ataque de risa que lo estaba asaltando. Los ojos se le llenaron de lágrimas por la misma razón.

—¿Qué es esto, soba bultos? ¿Una intervención por los derechos de un prisionero? ¿Qué mierda hacen ustedes aquí? —cuestionó mientras avanzaba a paso lento hacia Tamiel, sudando veneno de su piel desnuda a modo de advertencia. El aguijón volvió a formarse en su puño derecho, fluctuante como una corriente encerrada en su forma de punta—. La orden dice: “Llevar al traidor lunático al puerto”. ¿Por qué no puedo llevarlo en pedacitos? ¿Quién me lo va a impedir?

Enji se plantó cara a cara con Tamiel. Tenían la misma estatura, así que lo miró de frente, con los ojos desorbitados y esa sonrisa lunática que rayaba en la burla.

El elástico de su ropa interior, desgastado por el uso y ansioso por la jubilación, se empezó a aflojar.

—Muevete de aquí y llévate a tus chicos antes de que los mate —advirtió, justo antes de escupir a los pies de Tamiel mientras se rascaba el cuello con la mano izquierda—. “Justicia absoluta”, ¿no? Están a un paso de ser declarados culpables.

Off
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1135 + 0 = 1135
Energia: 1305 + 152 = 1457
Espiritu: 249 + 0 = 249
#23
Una vez me lancé velozmente al ataque estaba seguro de que lograría golpear a ese mono, pero un impacto acompañado del sonido de un disparo me golpeó, alertando al mono de mi presencia. El simio se recolocó para cubrir a su compañero y un grito me llamó —¿Cangrezilla? Suena guay...— Pensé, sin pararme a cuestionarme que un mono me estuviese hablando, después de todo ¿Quién era yo para juzgar que alguien con aspecto extravagante pudiese hablar? Solo había que darme un vistazo rápido para ver que, de todos los presentes, el más raro era yo. 

Me preparé para un combate mano a mano con Gorgie, que me hacía gestos amenazantes enseñando sus grandes dientes y golpeaba su pecho con vigor. De repente la voz que pareció llamarme volvió a hablar, estaba atento a mis alrededores para ver la dirección si me volvían a disparar pero debía centrar mi atención en el mono, sabía que perderle la vista sería un gran problema. Cuando intenté lanzar otra vez contra mi objetivo, la figura que me disparó se posicionó justo delante mía, haciendo de muro para separarme del prisionero. Era un tirador, y su voz coincidía con la que escuché previamente, prefería evitar un conflicto abierto, solo llevarnos al prisionero, entregarlo e irnos, pero parece que no sería tan sencillo.

El tipo me recriminó por mi cobardía al atacar por la espalda, era cierto que había caído un poco bajo ante la urgencia de la situación, pero un marine siempre debe anteponer el bien colectivo ante el orgullo propio, la prioridad número uno era la salud de mis compañeros, la segunda era cumplir con la misión y el resto iba después. Una vez terminó con su fanfarronería me apuntó con su pistola directo a la cara, retándome a moverme si quería recibir un disparo. Tenía el aspecto de un marine, pero su mirada era la de alguien que se había torcido del camino  —¿Diez mil berries?— Mencioné de forma casual mientras me rascaba la barbilla, no era poca cosa, eso son muchos días de trabajo...

La situación a mi alrededor parecía ser tan problemática para Enji como para mi, así que decidí actuar confiando en que mis compañeros me cubrirían las espaldas en el momento en el que volvió a tentarme, mi paciencia se colmó y velozmente me introduje en mi caparazón al mismo tiempo que empezaba a rodar hacia él golpeándolo con un golpe que, si bien no era el más poderoso, dejaba claras mis intenciones. Una vez terminé mi ataque me sentí un poco Mareado y mientras me mecía ligeramente le respondí a modo de reto —Me debes... diez mil berries... gilipollas— Todo pasó en un momento, pero la situación desde que entramos al bosque escaló como la pólvora.

Off
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1727 + 0 = 1727
Energia: 1371 + 9 = 1380
Espiritu: 309 + 0 = 309
#24
La patada de Enji al exsargento Maracai Bo, más que una agresión directa, se quedó en un intento absurdo de tirar la misión por la borda. Y Akira estaba dispuesto a ayudarle con una de sus controladas patadas, combinando los dos ataques hacia aquel desquiciado y lunático fanático de lo sexual, digo, de una justicia pervertida por unos ideales radicales carentes de empatía. Una justicia que realmente no discriminaba, pues quería a todos muertos.

Al parecer de Akira, y aunque él pudiera defender el ojo por ojo, no era lo mismo matar a un ladrón que a un terrorista. Hay niveles. Y aunque ellos fueran marines: la justicia, tenían unas normas y debían de cumplirlas. Si no, cualquiera bajo su propio criterio podría hacer lo que le diera la gana y ponerse la medallita de “buena gente”. Esta persona realmente era peligrosa, y no por la fuerza que pudiera tener, sino por su poder de convicción.

Y con rapidez y de entre la maleza, aparecieron cuatro figuras de cuatro chavalines armados y dispuestos a defender al prisionero con sus vidas. Prácticamente acababan de salir de huevo, aunque eso no quitaba que llevaran más tiempo en la Marina que el intento de navegante, y tal vez incluso más vocación. Al fin y al cabo, Akira estaba ahí por hacer el bien mientras viaja, y la chapita y el uniforme eran la mejor manera de conseguirlo, o al menos, la que el consideraba más honesta.

Lo disfrutaba, disfrutaba de ser marine, pero estos cuatro eran un caso aparte. ¿De dónde venía tanto fanatismo por este delincuente? ¿Se olvidaban que había matado a quien le parecía bajo su criterio de justicia? Ah no, cierto, esos datos eran “confidenciales”. Para estos chicos, Maracai Bo era simplemente un marine condenado injustamente… Pero si todos sus discursos habían sido de esta manera… Algún tocado tenían que tener.

Akira se encontraba frente a una chica de estatura similar y cuerpo delgado, bastante rápida como había podido ver al saltar de la nada e interponerse entre él y Douglas, teniendo el tiempo suficiente como para, además, desenvainar su espada y apuntarle con ella en posición de guardia firme. No era arrogante como le habían podido parecer el resto de muchachos que se encontraban rodeando a sus compañeros y al prisionero. Al final Akira no podía evitar poner la oreja en conversaciones ajenas, aunque estaban todos en grupo, así que empezó su discurso respondiéndoles uno a uno.

—Sabrás tú lo que dice la misión, ni siquiera se menciona el nombre de este tipo… Listo, que eres muy listo, y para tu información, te cito textualmente: “se autoriza el uso de fuerza proporcional y decisiva”. Tira máquina, sigue intentándolo —defendió a Enji siguiendo su risa para después dejarle expresar al pelirrojo lo que pensaba y contestarle al siguiente, el que llamó cangrezilla a Juan. Realmente era un buen apodo para un cangrejo-tortuga.

—No si yo opino igual… Pobre mono tío, Juan, ya te vale —pero las amenazas siguientes sí que no le hicieron gracia ninguna, aunque esto ya se lo dejaba a su amigo. Y justo después, la que enfrentaba a Sigrid se aventuró a decir que el error no era de Douglas, sino de la propia Marina.

—Mira ya no me puedo callar más, ya está bien… ¿Sois tontos? ¿Os gusta ser tontos? Esta persona ha matado, da igual a quién, también es un asesino. ¿Vuestra justicia divina defiende asesinos? Ahhh claaaro, que si matan a quien me parece bien a mi, entonces no pasa naaaada. ¡¡SOIS SUBNORMALES!! —gritó fuerte para que aquella chica de brazos ortopédicamente largos pudiera escucharlo.

—¡¡¿QUÉ OS DIFERENCIA DE LOS PIRATAS ACTUANDO ASÍ?!! ¡¡VENGA, DECIDMELO!!

—Y tú, espadachina, no te preocupes, la verdad que no tengo intención de atacar a nadie, pero esta movida vuestra de “si no opinas igual que yo eres malo”, no me mola un pelo. Sois más jóvenes que nosotros incluso, y os estáis echando a perder como un yonkie vagabundo en una boca de metro llena de mierda, y todo por vuestro fanatismo enfermizo a este hombre, que ya me diréis lo que habrá hecho por vosotros… Y no me vale que os diera caramelos y os saludara cuando os comíais los mocos. Eso no es ser un héroe, lo hace hasta el pescatero del pueblo.

—Ejem, ejem… Tal vez he sonado algo brusco, es que me he encendido, mis disculpas. Muchachos, Douglas, Georgie —miró a cada uno con un leve gesto de cabeza, sin quitarles ojo. Si realmente eran tan fanáticos de este hombre, las palabras del joven marine seguramente habrían despertado algún tipo de ira contenida, pero a Douglas le gustaba hablar, y a Akira también.



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1494 + 0 = 1494
Energia: 1166 + 110 = 1276
Espiritu: 297 + 0 = 297
#25
El acero vibró en el aire cuando ambas alabardas chocaron, el impacto recorrió los brazos de Sigrid como un latigazo que no la hizo ceder, pero sí la obligó a afirmar mejor los pies contra la tierra removida, cuando retrocedió dos pasos no fue por debilidad, sino para medir distancia, ángulo y respiración, plantándose firme con la punta de su arma apuntando directo al pecho de la otra mujer, con la mirada clara, fija y sin titubeos. —Lo que dices no tiene sentido— respondió con voz grave, estable, sin gritar.
 
La acusación quedó suspendida entre ambas como una chispa lista para incendiarlo todo. —Ese hombre mató a toda su división, y ¿ustedes lo defienden? — insistió, dejando que el peso de las palabras se asentara. Sigrid sabía que la mujer frente a ella no alcanzaba su estatura total, pero la diferencia era mínima, sus hombros anchos y la forma en que sostenía el arma delataban fuerza real, no simple postura, y eso la obligaba a ser cuidadosa, porque la fuerza combinada con convicción podía volverse peligrosa, y la fuerza combinada con duda, errática.
 
La vikinga ajustó el agarre, girando apenas el asta para cambiar la línea de ataque, observando cómo la otra movía el peso de un pie al otro, cómo tensaba el antebrazo dominante. No era una improvisada, tampoco parecía temblar. Eso significaba que creía lo que decía, o que estaba dispuesta a sostenerlo hasta las últimas consecuencias. El aire entre ambas se volvió pesado, cargado de la tensión previa al choque, y Sigrid, firme como un roble en medio de la tormenta, se preparó no solo para recibir el siguiente ataque, sino para responder con la contundencia necesaria si la otra daba un paso más.
 
La voz de Sigrid no fue un grito descontrolado, sino una proclamación firme que se impuso por encima del caos del claro, grave y autoritaria como el retumbar lejano de un tambor de guerra; mantuvo la alabarda elevada, la hoja describiendo un arco sutil que abarcaba no solo a la mujer frente a ella, sino también a las otras tres siluetas que acababan de irrumpir entre los árboles, sus botas hundiéndose apenas en la tierra removida por el combate previo, su sombra proyectándose amplia y dominante bajo la luz filtrada del follaje. —En nombre de la justicia, División 107 de la marina, están arrestados por traición, no se atrevan a moverse o usaremos la fuerza.— declaró con una claridad que no dejaba espacio a interpretaciones.
 
No era una amenaza vacía, era un procedimiento, una orden respaldada por uniforme y rango, aunque en el fondo la tensión le recorría la espalda como una corriente helada, porque sabía que aquello ya no era un simple altercado, sino un conflicto abierto entre divisiones, una fractura peligrosa dentro de la propia Marina. Sus ojos claros se desplazaron con lentitud calculada de uno a otro, midiendo posturas, armas, respiraciones, buscando el primero que dudara, el primero que tensara el músculo equivocado, lista para reaccionar antes de que el movimiento se completara.
 
Su postura no era agresiva en exceso, pero tampoco defensiva, era la de alguien que estaba dispuesta a golpear primero si era necesario, sosteniendo el asta con ambas manos, el extremo posterior preparado para un impacto contundente y no letal, si es que todavía existía la posibilidad de evitar una masacre. El silencio que siguió a sus palabras fue denso, expectante, como el instante exacto antes de que estalle una tormenta, y Sigrid no retrocedió ni un centímetro, dejando claro que, si cruzaban esa línea invisible frente a ella, la fuerza no sería una opción, sería una consecuencia.
 
Contenido Oculto


Cosas Vikingas
[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]
  Responder
#26
Tamiel vs Enji 

—¡YAGAGAGAGA!— La risa de Tamiel no fue humana, fue amplia, brutal y desafiante. Resonó entre los árboles como un disparo de cañón, arrancando ecos del bosque mismo, no había nervios en ella, no había tensión, solo una confianza enfermiza en si mismo. Sus ojos brillaban mientras miraba a Enji como si acabara de escuchar el chiste más mediocre del mundo.

—¿Me Amenazas? —escupió la palabra con desprecio —Conozco perfectamente la maldita carta.— Se llevó un dedo al pecho, golpeándolo con fuerza. —La escribí yo maldito bastardo nudista.— El aire pareció congelarse por un instante y Tamiel comenzó a moverse en círculos, lento y calculador, sus pasos no levantaban hojas, las aplastaban, cada desplazamiento era un intento claro de rodear a Enji, de cerrarle el espacio, de convertirlo en el centro de una trampa invisible.

—¿De verdad creen que llegaron aquí por casualidad? —continuó, su voz grave arrastrándose como una sombra por el suelo —¿Que tenían una misión súper importante que ninguna otra división podría tener? — Sonrió pero no era una sonrisa amplia, era pequeña y cortante. —¿Acaso ninguno de ustedes malditos incultos, conoce esta isla? — Hizo una pausa moviéndose dos metros a la izquierda de Enji en busca de rodearlo.

—Esta estúpida isla no tiene puerto secundario.— La revelación cayó como una losa en medio de una construcción. —No hay rutas ocultas, no hay punto de extracción alterno, no hay nada que ustedes hayan descubierto, si el maestro Douglas no es entregado a la base de la marina en los próximos cuarenta minutos, apuesto a que todos ustedes serán destituidos y ustedes si serán acusados de traición al gobierno mundial — Se inclinó apenas hacia adelante, sin dejar de caminar. —Cada palabra que leyeron, cada coordenada que les entregué, cada instrucción— Su mirada se endureció como quien odia todo lo que ve delante de si. —Fue escrita para traerlos aquí.— El bosque dejó de sentirse como un campo de transición para Douglas, ahora parecía una jaula para la división 93. —No vinieron aquí para transferir al maestro Douglas —su voz bajó un tono, más peligrosa — Vinieron porque nosotros quisimos que vinieran. — La risa volvió, más baja esta vez, más cercana.


—¡¡¡SHAAAASHASHASHASHA!!!— La risa de Douglas volvió a estallar en la selva, idéntica a la de minutos atrás, pero ahora cargada de significado, no era la risa de un hombre acorralado, era la de alguien que ve cómo su plan se despliega exactamente como lo imaginó. Douglas echó la cabeza hacia atrás, las cadenas tintinearon apenas con el movimiento, aunque su postura seguía erguida, orgullosa, casi teatral, mientras sus ojos recorrían el campo de enfrentamientos uno por uno, Tamiel dominando el ritmo, Megumi disfrutando la tensión, Takako resistiendo, Etsuki sosteniendo la línea.

Contenido Oculto


Y entonces sonrió, con razón había estado tan tranquilo durante todo el viaje, con razón no intentó escapar antes, con razón no mostró preocupación alguna al llegar a esta isla, el desgraciado sabía. Sabía que este sería su punto de escape, porque aquí estaban ellos, sus cuatro muchachos. Los que crecieron escuchándolo, los que moldeó palabra por palabra, los que absorbieron su concepto de justicia como si fuera ley divina, cada uno obsesionados con él, leales a él, sispuestos a romper la Marina por él.

—¿Lo ven ahora? —dijo finalmente, su voz ya no era un grito, sino un murmullo que, aun así, todos escucharon —La justicia verdadera no necesita permiso.— Sus cadenas volvieron a sonar cuando dio un paso adelante. —Solo necesita creyentes.— Su mirada se clavó en los miembros de la división 93, no había odio, había superioridad. —Ustedes trajeron a cuatro soldados, mientras que yo traje convicción. — Y en ese instante quedó claro algo aterrador, Douglas nunca estuvo huyendo, estaba regresando a su ejército.

Off de Tamiel


Megumi vs Juan Sebastian 

Megumi apenas tuvo tiempo de parpadear. La provocación había salido de su boca con esa sonrisa torcida que tanto le gustaba usar antes de pelear, pero Juan no respondió con palabras. Respondió con instinto, en el instante en que Megumi amenazó con disparar, el gyojin se replegó dentro de su caparazón con una rapidez sorprendente, el sonido seco del encierro resonó como una puerta blindada cerrándose.


Y luego rodó, pero no fue un avance torpe, fue un proyectil, el caparazón giró levantando tierra y hojas, convirtiéndose en una masa imparable que avanzaba directo hacia Megumi. —Tch, maldito bastardo acuático— No había espacio para apuntar con calma, mucho menos había tiempo para retroceder lo suficiente, Megumi reaccionó por reflejo e interpuso la pistola frente a sí como punto de impacto, girando ligeramente el torso para que el golpe no lo tomara completamente de frente. Al mismo tiempo, cruzó el antebrazo libre para cubrirse el torso y bajar el centro de gravedad.

El impacto llegó como el choque contra un muro en movimiento, el metal del arma vibró violentamente bajo la fuerza del caparazón, y la onda del golpe recorrió su brazo hasta el hombro, sus botas se deslizaron varios metros hacia atrás, surcando la tierra húmeda y dolió mucho mas de lo que hubiera querido el tirador, pero no cayó. Sus dientes se apretaron con fuerza, la sonrisa desapareciendo por primera vez desde que había comenzado el enfrentamiento.

—Heh—escupió sangre al costado —Así que sí sabes moverte, Cangrejo con casa rodante— Sus ojos ahora no mostraban burla, mostraban interés genuino, la pelea había dejado de ser una provocación divertida, ahora era real y mucho mas después de que el tirador de la división 107 escuchara las palabras de Sigrid, sabia que eran ellos o los otros, pero solo una división debía salir victoriosa hoy y la otra terminaría en desgracia.

Megumi se desplazó cinco metros hacia la derecha con pasos rápidos y calculados, buscando abrir el ángulo, necesitaba la línea limpia es decir ecesitaba distancia. El arma volvió a elevarse y respiró, pero su mirada se estrechó al observar el estado actual de Juan, completamente replegado dentro del caparazón, compacto, cerrado, blindado como una maldita fortaleza. No es un novato, está consciente de que disparar ahora sería ineficiente, las balas podrían rebotar, podrían perder potencia incluso, podrían no hacer absolutamente nada.

Megumi chasqueó la lengua. —Genial, una maldita fortaleza portátil.— No bajó el arma, pero tampoco disparó de inmediato, su mente, a diferencia de su sonrisa habitual, sí sabía analizar, un tirador no vive mucho tiempo si desperdicia munición contra acero natural, el caparazón giraba aún, reduciendo velocidad tras el impacto anterior. Segun Megumi, Juan estaba esperando, pero, ¿esperando que? Megumi exhaló lentamente, moviendo apenas la muñeca para ajustar la puntería —No todo blindaje es perfecto —murmuró para sí, si no podía perforarlo, podía desestabilizarlo, si no podía herirlo, podía forzarlo a salir, sus ojos comenzaron a buscar algo más que el centro del caparazón, juntas, bordes, puntos de apoyo, terreno irregular, raíces sobresalientes, porque a veces no se trata de romper la defensa, se trata de hacer que el enemigo la abandone.
Off de Megumi


Takako vs  Akira

Takako mantenía la espada firme, la punta alineada con el pecho de Akira. Su postura era impecable, silenciosa, cerrada, ella no era de palabras. Akira, en cambio parecía incapaz de guardarse una sola, sus comentarios, su tono en medio de la tensión, su forma casi despreocupada de hablar en plena confrontación, todo eso comenzó a incomodarla más de lo que el combate mismo lo hacía.Sus dedos se ajustaron levemente sobre la empuñadura. —Siiii, sí que sabemooooossss lo que dice la cartaaaa. — Las palabras salieron forzadas, estiradas más de la cuenta, como si le costara empujarlas fuera de la garganta y apenas terminaron de escapar, el color subió a sus pómulos sin permiso.


Roja, visiblemente roja, la vergüenza de hablar con alguien nuevo y peor aún, alguien que no dejaba de hablar, le apretó el pecho más fuerte que cualquier amenaza física, su mirada titubeó apenas un segundo, pero su espada no bajó, porque si algo era más grande que su incomodidad social, era su convicción. Takako podía ser reservada, podía ser tímida, podía odiar estar en el centro de una conversación, pero no iba a permitir que Maracai Bo cayera, sus ojos volvieron a endurecerse, aunque el rubor seguía allí traicionándola. —N-no importa lo que digas —añadió, esta vez más firme —No lo dejaremos aquí.— Y aunque su voz no era fuerte, la determinación detrás de ella sí lo era.

Takako tragó saliva sin que se notara demasiado, la punta de su espada seguía firme, apenas oscilando con su respiración. Sus ojos estaban clavados en Akira con una intensidad que intentaba compensar el temblor interno que sentía. —H-hablas muy extraño para ser tan pequeño —dijo, forzando el tono firme —¿No te circula la sangre al cerebro?— Apenas terminó la frase quiso retractarse, no era eso lo que quería decir, no era así como solía hablar.

El rubor volvió a treparle por las mejillas, más intenso que antes. Normalmente no tenía este problema, con criminales no había conversación, no había intercambio, solo acero desenvainado y una tarea que cumplir, pero esto era distinto, ellos vestían el mismo uniforme, ellos también eran marines y aun así estaban del lado opuesto. Sus dedos se ajustaron con más fuerza a la empuñadura. —¿Qué es lo que está mal con ustedes? —preguntó al fin, esta vez sin tartamudear. No sonó acusatoria, sonó confundida.

Porque en su mente la justicia era clara. Douglas les había enseñado que el mundo se pudre por la debilidad, que las prisiones son excusas, que los juicios son demoras innecesarias, que el mal debe erradicarse, no administrarse, era simple, entonces ¿por qué ellos no lo veían? Su mirada no se apartó de Akira ni un segundo, no era odio lo que había en ella, era una necesidad genuina de entender cómo alguien que juró lo mismo podía pensar tan diferente y esa duda era mucho más peligrosa que su espada.

Off de Takako


Etsuki vs Sigrid

Etsuki sostuvo la alabarda con ambas manos, la hoja apoyada contra el arma de su oponente en una tensión constante de acero contra acero, frente a ella estaba Sigrid, más alta, más ancha de hombros, con esa presencia casi vikinga que imponía incluso sin hablar, pero Etsuki no retrocedió ni un centímetro. —Si acaso el maestro Douglas hizo algo, fue por la justicia-naga.— Su voz no tembló.


—Aquellos traidores deben caer.— Sus dedos se aferraron con más fuerza al asta de la alabarda, empujando apenas para medir la resistencia de Sigrid. —Como ustedes-naga.— Lo dijo sin elevar el tono, sin rabia visible, como si estuviera señalando un hecho objetivo, lo irónico era casi cruel. Ambas vestían el mismo uniforme, ambas eran marines, ambas ocupaban el rango más bajo de la jerarquía, dos Soldados rasos, dos ideales opuestos, dos versiones de la misma palabra: justicia. Etsuki miraba a Sigrid como si fuera un obstáculo más, no como a una compañera y en sus ojos no había odio personal, había doctrina, había años de historias repetidas, había discursos convertidos en verdad absoluta, para ella no estaba enfrentando a una igual, estaba enfrentando a alguien que había sido engañada y eso, en su mente, hacía que el enfrentamiento fuera inevitable.

—Todos los días mueren marines en nombre de la justicia-naga —la voz de Etsuki empezó firme, pero cada palabra iba cargándose de una emoción más densa —Eso fue exactamente lo que pasó con la división del Maestro Douglas.— El metal rechinó cuando apretó con más fuerza su alabarda, empujando el arma de Sigrid hacia atrás centímetro a centímetro, sus brazos temblaban, no por debilidad, sino por la intensidad con la que estaba aplicando cada músculo de su cuerpo. —Ellos murieron haciendo lo correcto.— Su respiración comenzó a agitarse.

—¡Y ustedes lo llaman traidor-naga! — La hoja raspó contra la de su contrincante, saltando pequeñas chispas en el cruce. —Dejen ir al Maestro y esto se acaba aquí. — Ahora sí había ira, no descontrolada, pero viva. —Pueden entregarse ustedes mismos como los tontos que son-naga, desconocedores de la justicia verdadera-naga, subyugados por los piratas-naga.— La acusación cayó pesada, sus ojos ardían, clavados en Sigrid, buscando una grieta, una duda, cualquier señal de que sus palabras penetraran. Etsuki no solo estaba luchando con el arma, estaba luchando con su fe.

Porque si Douglas estaba equivocado, entonces todo lo que ella había aprendido desde niña también lo estaba y esa posibilidad era algo que simplemente no podía permitirse aceptar, por eso empujaba con más fuerza, por eso su voz subía, por eso su mirada se endurecía, no estaba peleando solo por un hombre, estaba peleando por la versión del mundo en la que había crecido.
El cruce de armas se rompió bruscamente. Etsuki dio un paso hacia atrás, sus botas marcaron la tierra húmeda mientras liberaba la presión que había mantenido hasta ese instante. El aire entró con fuerza en sus pulmones. Sus manos reajustaron la empuñadura, la alabarda descendió un centímetro y luego se alineó con la punta directa al centro de Sigrid. Sus ojos ya no buscaban convencer, buscaban atravesar, el mundo alrededor pareció comprimirse en una sola línea recta entre ambas.
Y entonces avanzó, un impulso seco desde la pierna trasera, el torso inclinado hacia adelante, los brazos extendiéndose con potencia controlada, la embestida fue frontal, directa, sin florituras técnicas, no era un movimiento elegante, era un movimiento meramente honesto, el filo de la alabarda cortó el aire con un silbido agudo mientras Etsuki descargaba toda su determinación en ese avance, buscando un impacto limpio, contundente, capaz de romper la defensa de Sigrid.
Off de Etsuki
  Responder
#27
La advertencia había sido dada. El mensaje llegó, Enji se encargó de ello, poniendo en palabras una promesa que abría la puerta a dos caminos: la paz o el desastre. En Tamiel estaba decidir qué sendero tomarían y cuáles serían las consecuencias. Por educación, por cortesía o por honor, dependiendo del foco a través del cuál se lo viera, dio a la División 107 esa oportunidad. La oportunidad de arrepentirse y regresar. Lamentablemente, esa decisión estaba tomada desde antes, mucho antes, y no había argumento o amenaza que pudiera cambiarla. La doctrina a la que habían sido sometidos se convirtió en su realidad, su verdad, y eso se notó desde la primera palabra. Enji supo que no había nada que hacer. Al igual que con el joven Xiang Qi.

El veneno corrió por su cuerpo, libre como el cauce de un río ponzoñoso. Raíces moradas se movían sobre su piel, como si las mismas venas que irrigaban de sangre sus músculos hubieran emergido a la superficie y reclamado nuevo territorio. Bajaron por sus piernas y entre la maleza del bosque se infiltraron, avanzando como una infección mortal en todas direcciones.

A la derecha tenía a Sigrid junto a la mujer de largos brazos. Al frente, diagonal a la derecha, pudo ver al tirador que apuntaba a Juan. Un poco antes, en esa misma dirección, Akira se batía a duelo con una muchacha. Y a la izquierda estaba Tamiel, su propio problema. ¿Cuánto podía olvidarse del resto de integrantes de la 107 para centrarse en Tamiel? Y ni hablar de Douglas y el mono, que eran un problema todavía mayor.

Enji suspiró poco antes de que Tamiel terminase su discurso. Palabras difíciles de digerir. Toda la misión era una farsa.

—Vinieron porque nosotros quisimos que vinieran.
—¡Garra!

La guerra estaba declarada. El combate había empezado, quisieran o no, y Enji decidió tomar la iniciativa. Sus pies dejaron de tocar el suelo un segundo antes de declarar su técnica, propulsado por la tracción en la tierra. Voló por encima de ella, ejecutado un rápido salto a toda velocidad para acortar las distancias con Tamiel. Sus puños cerrados, apretando los Jarngreiper, destilaron veneno en las armas hasta formar una fina capa del líquido morado y translúcido.

Voló al ras del suelo y sus puños, juntos, impactaron a la vez en el pecho del fanático de cabello rojo. Fiel a su nombre, sus nudillos pasaron raudos y siguieron su camino, como la garra de una depredador que desgarra, no clava. No se detiene. Al final de su ofensiva estaba cinco metros a la espalda de Tamiel, arrastrando la planta de los pies por el suelo hasta detener su veloz impulso.

Enji se giró en el aire para permanecer con la vista puesta en la batalla y sus ojos, ahora orientados hacia el grueso del grupo, hicieron dianas. Desde donde había estado parado hacía solo un segundo, el veneno se desplazó, veloz y preciso, a través del suelo. Reptó en la forma de dos serpientes hasta los pies de la mujer que peleaba con Sigrid y el tirador que atacaba a Juan, dónde se subieran y enroscaron, inoculándoles de su tóxica naturaleza.

—¡Por aquí, imbécil! Ahora vamos a bailar tú y yo, ¡chikistrikis!

Off
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1135 + 0 = 1135
Energia: 1457 - 483 = 974
Espiritu: 249 + 0 = 249
#28
Comencé a rodar e impacté contra mi oponente, pero el impacto no se sintió sólido, mi golpe fue desviado por mi oponente con suma destreza para evitar recibir daño. Mi ataque fue ineficaz y por si fuera poco, ahora estaba mareado, debería pensar las cosas mejor antes de hacerlas, siempre termino igual. Salí de mi caparazón para encontrarme que el pistolero había retrocedido —¡JAA, GALLINA!— Le grité, tantos aires de superioridad y apuestas para esto, era evidente, solo los que tienen un sentido puro de la justicia tienen el valor para encarar cuerpo a cuerpo a sus oponentes. 

Al mismo tiempo que le increpé su evidente cobardía, cargué contra él, sin miedo, con decisión, como debe hacerlo un marine de verdad que se lanza de cabeza al peligro. Pero tampoco era estúpido, al lanzarme en carrera bajé mi cuerpo y lo incliné hacia delante, de manera que casi pareciera que iba a caerme de bruces contra el suelo tratando de reducir la superficie de impacto y de esa manera, cubrir mi cabeza con mi gran pinza, usándola como si de un gran escudo se tratase. 

Antes de llegar a él, el veneno de Enji le impactó, por lo que no perdí la oportunidad que podría darme esta distracción para impactarle con mi ataque más poderoso, bajé la pinza que cubría mi rostro y deslizándola por el suelo, con toda mi fuerza, conecté mi Smash en su mentón, sacudiendo su cabeza hacia arriba, el cielo era bonito después de todo, siempre había que aprovechar para darle un ojo.

Una vez conecté mi golpe me percaté de la presencia de Akira, que había venido también a atacar al tirador de los marines traidores. Casi por instinto salté en la dirección de la que venía mi compañero para cubrir sus espaldas. Puse toda mi atención en una chica espadachina, con la que se había encarado Akira previamente a primera vista no parecía una amenaza, pero no iba a confiarme, esos ojos morados e inocentes podían tener detrás una sed de sangre insaciable y perversa, solo alguién así se dejaría encandilar por las patrañas del sargento Douglas. Mi rol estaba claro, servía para cubrir las espaldas de mis compañeros, y eso es lo que haría, recibiendo cualquier golpe o espadazo que fuese necesario.

—Ven… si te atreves, TRAIDORA— Hablé con dificultad debido a que aún seguía algo mareado por la técnica, pero en ningún momento le quité el ojo de encima, podría atacar a cualquiera de mis compañeros, así que la tenía que atar con correa corta. Mientras la miraba pensaba —¿Ha quedado guay verdad? Es algo que dría un héroe de cómic molón— Después de todo un justiciero tenía que cuidar su imagen, es verdad que no había mucho público, pero hay que asegurarse.

—Hablo—
—Pienso—
Off
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1727 + 0 = 1727
Energia: 1380 - 78 = 1302
Espiritu: 309 + 0 = 309
#29
Mientras todos seguían hablando y en especial Akira, la división 93 era la que parecía que iba a tener la iniciativa en este enfrentamiento entre novatos. Entre tanto discurso, el pequeño humano pretendía seguir hablando y hablando e intentar que sus palabras se convirtieran en una distracción más que en una amenaza.

—Eh, iluminado, claro que hay un puerto secundario, a ver si te piensas que la gente del cipher pol viene a dar un paseo por el pueblo, pero que vas a saber si acabas de entrar al cuerpo. Y rutas ocultas, pff… Ni con los dedos de la mano te las podría contar… Es más, tampoco podría con los dedos de los pies, pero con la polla y los cojones, todo suma 23 —respondió al pelirrojo de Tamiel, que tampoco había manera de que cerrara la boca.

—Bueno amigos, acordaros de que en entregar a todos estos perlas demos el aviso de que se investigue si el teniente tenía algo que ver con la carta o solo ha sido idea de este erudito y gran conocedor, creador de mapas y experto geógrafo nacido en Baterilla, que al parecer se conoce la isla mejor que yo, ¡¡tchakikikikiyah!! —no pudo evitar reírse.

La idea era clara, desestabilizarles mentalmente y generarles confusión. Nada de lo que estaba diciendo Akira era mentira, de hecho, hasta era incapaz de mentir—. ¿Hemos venido porque vosotros queríais que viniéramos? ¿O habéis venido pensando que no sabíamos que queríais que viniéramos? Dadle una vuelta —respondió mirando fijamente a Takako, todavía cauteloso de la espada que le apuntaba al pecho.

—No hablo extraño guapa, hablo mucho y creo que eso te gusta, ese nervio que tienes, esos mofletitos rojos… Si es que nadie puede resistirse a mis encantos —le guiñó el ojo derecho y le lanzó un beso, para acto seguido atacar a aquel que le estaba dando la espalda, a aquel tirador tan creído con mirada de psicópata, Megumi.

La conversación con Tamiel y la que estaba teniendo Sigrid con Etsuki habían durado el tiempo suficiente como para que el veneno de Enji hubiera recorrido la distancia necesaria para embadurnar tanto a Megumi como a Etsuki, un soporte increíble que les facilitaría mucho las cosas al resto de la división. Así que era momento de actuar, y antes de que Juan pudiera lanzarse contra el tirador, Akira, aprovechándose de su velocidad, encaminó una fuerte patada voladora, tomando todo el impulso que podía para que, con la inercia del salto y la fuerza de sus piernas, el golpe impactara de lleno en el brazo izquierdo, brazo con el que Megumi sostenía su arma.

—¡PATADA PISTÓN! —y acto seguido, su compañero crustáceo cargó contra él para después interponerse en la trayectoria que Takako pudiera tener en dirección a Akira, actuando de muralla y quedando ahora claras sus posiciones. Akira vs Megumi y Juan cubriendo las espaldas de Akira de un posible ataque de Takako—. ¡ES LA HORA DE LAS TORTAS! —se crujió los puños y bajó su centro de gravedad, listo para atacar de nuevo.



Info.

—Hablo —. ”Pienso”
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1494 + 0 = 1494
Energia: 1276 - 110 = 1166
Espiritu: 297 + 0 = 297
#30
El nombre de Douglas apenas terminó de cruzar el aire cuando algo en Sigrid se quebró como hielo bajo bota pesada. No fue un pensamiento claro, ni una decisión razonada; fue la memoria de compañeros caídos, fue el cansancio de marchas interminables, fue la imagen de la Marina convertida en un rumor manchado por hombres que decían actuar por justicia mientras dejaban tumbas detrás. Su agarre se tensó, sus hombros giraron y la alabarda subió y bajó en un arco limpio, brutal, directo al pecho de Etsuki sin espacio para discursos ni doctrina. El silbido del acero cortó el aire como un trueno seco. Sigrid no escuchó las palabras de la muchacha ni quiso hacerlo, en su mente, todo lo que salía de esa boca estaba contaminado por la sombra de Douglas, por historias repetidas hasta convertirse en dogma. No era crueldad lo que movía el golpe, sino una terquedad antigua, casi infantil, la convicción de que permitir aquella idea era abrir la puerta a otra división perdida, a otra orden absurda que acabaría con jóvenes que aún no sabían distinguir la gloria de la tumba.

—¡No repitas su nombre delante de mí como si fuera un Dios!— rugió, la voz quebrándose en la última sílaba, mientras dejaba caer el filo con todo el peso de su cuerpo, sin florituras, sin técnica elegante, solo la fuerza cruda de una vikinga herida en su orgullo y en su fe, pero incluso en medio del ataque, Sigrid no buscó el corte mortal. En el último instante giró la muñeca apenas, desviando la trayectoria para que el filo no penetrara profundo, para que el golpe fuese más impacto que herida. No era misericordia consciente, era algo más antiguo, más terco, la negativa a matar a otra marine por ideas distintas, la necesidad de frenar antes de convertirse en aquello que despreciaba.

El choque del acero retumbó entre los árboles, vibrando en sus brazos como una campana. Sigrid sintió la resistencia de Etsuki, su fuerza, su convicción, y por un segundo sus ojos se encontraron, no vio odio, sino certeza y eso le dolió más que cualquier herida, retrocedió dos metros en un salto, respirando fuerte, clavando la punta de su alabarda en la tierra para frenar el impulso que aún le temblaba en los músculos. —Estás equivocada— murmuró con voz ronca, casi un susurro, —y no voy a dejar que arrastren a más marines con ustedes.— La vikinga volvió a alzar el arma, esta vez en guardia firme, la mirada dura pero triste, preparada para el siguiente intercambio, sabiendo que cada golpe entre ellas no era solo acero contra acero, sino dos versiones de justicia chocando sin posibilidad de entenderse al menos, no todavía.

Cosas Vikingas
[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]
  Responder
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1037 - 123 = 914
Energia: 822 + 0 = 822
Espiritu: 129 + 0 = 129


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)