08-11-2023, 11:45 AM
— ¿Aún no la sabes controlar del todo? — A Moris a veces le gustaba picar de más. Nadja le miró de una forma que podría haberle asesinado allí mismo. Caoba simplemente se reía. Entonces la revolucionaria, en cuestión de pocos segundos, adoptó la misma forma de Moris. Desde su pelo, hasta su piel, su peso, su altura, y obviamente, su voz. — ¿Aún no la sabes controlar del todo? ¿Mimimi? — Repitió con rentintín, usando su propio físico para enfatizar su imitación. Caoba se rió aún más, casi parecía que iba a caerse de la silla. El gesto de Moris se endureció, frunciendo el ceño y señalando a su doble con el dedo índico, a modo acusador. — ¡Ya sabes que no me gusta que hagas eso! — Nadja no se lo pensó dos veces y procedió a imitarle a la perfección, igualando su expresión facial y su gesto con el dedo. — ¡Ya sabes que no me gusta que hagas eso! — Caoba lloraba de la risa y Nadja se sumó. Se acercó a elle para abrazarle. — Caoooba, tú no lo sabes porque no habías ni nacido, pero en mis tiempos, cuando todo esto era solo campo, las reglas eran diferentes, ¿entiendes? ¿¡Lo entiendes o no!? — Moris solía pecar de ser un poco nostálgico, siempre pensaba que sus tiempos fueron los mejores. — ¡Para, para! — Decía Caoba, que ya le dolían las mejillas de tanto reírse. Moris se cruzó de brazos. — ¡Vale, cuando decidais dejar de reíros de mi, avisadme! Joder, y encima no podemos salir de este escondite. — Parecía que se había molestado un poco, así que Nadja abandonó su transformación en su compañero, volviendo a su forma original. — Morrris, es que nos aburrrimos, coño. — Se tumbó en la "cama" que habían improvisado y se encendió un cigarro. — ¿Te aburres, eh? Pues podrías empezar a trabajar bien en tu habilidad en vez de hacer el tonto. — Nadja puso los ojos en blanco... se notaba que era padre, con esos discursitos. — ¿Ahorra, en serrio? — Moris se sentó frente a ella, encogíendose de hombros. — ¿Tienes algo más interesante que hacer? Además nos podría venir bien, ¿sabes? — Dio un par de caladas rápidas mientras fijaba su mirada en Moris, frunciendo el ceño. No, no estaba muy cómoda con la idea de probar sus habilidades allí, en un espacio pequeño y con los dos mirándola fijamente.
Así que se esperó a la noche, cuando los dos estuvieron dormidos. Se transformó en su forma híbrida, una que ya tenía bastante controlada, estaba muy acostumbrada a ella. Pero... por lo que sabían de las frutas de tipo zoan, aún le quedaba una transformación más, una que aún no había conseguido alcanzar. ¿Quizás ahora sería diferente? Se concentró, buscó la misma sensación que sentía cuando se transformaba en su forma híbrida. Realmente no sabía muy bien como hacerlo, en qué tenía que concrentrarse. Se acabó agobiando y aprovechándose de la oscuridad de la madrugada, decidió salir a dar una vuelta por el bosque. Sí, era peligroso salir, pero tuvo cuidado, fue sigilosa, y se quedó deambulando entre los árboles y los cáctus sin cruzarse con nadie. Sintió que estar en aquel ambiente la ayudaba a conectar con su parte más animal. Solo necesitó un poco de naturaleza, tiempo y estar a solas para conseguir transformarse en su forma completa. En cuestión de un par de minutos, se había convertido completamente en una zorra. Solo que era diferente, tenía nueve colas y era más grande que un zorro normal. Su pelaje era canela y resplandecía con un brillo dorado bajo la luz de la luna. Se sintió como nueva, con una libertad que nunca había experimentado antes. Y aquella noche se la pasó recorriendo los bosques con su forma nueva, acostumbrándose a ella, a su tamaño y a sus posibilidades.
A la mañana siguiente, ya estaba en el refugio para cuando Moris y Caoba se despertaron, pero decidió guardarse la información para ella misma. Así podría darles una sorpresa en el momento indicado, y quizás engañar un poco a Moris diciéndole que podía controlarla desde hace muchísimo tiempo... quién sabe.
Así que se esperó a la noche, cuando los dos estuvieron dormidos. Se transformó en su forma híbrida, una que ya tenía bastante controlada, estaba muy acostumbrada a ella. Pero... por lo que sabían de las frutas de tipo zoan, aún le quedaba una transformación más, una que aún no había conseguido alcanzar. ¿Quizás ahora sería diferente? Se concentró, buscó la misma sensación que sentía cuando se transformaba en su forma híbrida. Realmente no sabía muy bien como hacerlo, en qué tenía que concrentrarse. Se acabó agobiando y aprovechándose de la oscuridad de la madrugada, decidió salir a dar una vuelta por el bosque. Sí, era peligroso salir, pero tuvo cuidado, fue sigilosa, y se quedó deambulando entre los árboles y los cáctus sin cruzarse con nadie. Sintió que estar en aquel ambiente la ayudaba a conectar con su parte más animal. Solo necesitó un poco de naturaleza, tiempo y estar a solas para conseguir transformarse en su forma completa. En cuestión de un par de minutos, se había convertido completamente en una zorra. Solo que era diferente, tenía nueve colas y era más grande que un zorro normal. Su pelaje era canela y resplandecía con un brillo dorado bajo la luz de la luna. Se sintió como nueva, con una libertad que nunca había experimentado antes. Y aquella noche se la pasó recorriendo los bosques con su forma nueva, acostumbrándose a ella, a su tamaño y a sus posibilidades.
A la mañana siguiente, ya estaba en el refugio para cuando Moris y Caoba se despertaron, pero decidió guardarse la información para ella misma. Así podría darles una sorpresa en el momento indicado, y quizás engañar un poco a Moris diciéndole que podía controlarla desde hace muchísimo tiempo... quién sabe.
