Kiyoshi Maeda
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18-02-2026, 09:43 PM
(Última modificación: 18-02-2026, 09:44 PM por Kiyoshi Maeda.)
65 de Primavera – Año 17
— Sigo sin entender por qué el tonto del topo terminó golpeando a Varo el otro día. Realmente hay días en que pienso que tiene algo malo en la cabeza.
Estas son palabras que parecen ser soltadas al aire, o a la nieve, pero realmente llegan a los oídos de quien es su acompañante hoy: Uker. En su afán de disfrutar una isla con civilización, a comparación de Little Garden, los tripulantes han decidido aprovechar los días para conocer el lugar y recordar levemente lo que es ser un individuo normal. Aunque capaz esto nunca vuelva a suceder, pues ya vimos el primer día que ya tuvieron problemas con unos guardias que no simpatizan con piratas.
Como es costumbre ya cada día que pasan en Drum, la vestimenta que abriga es obligatoria, portando Kiyoshi un abrigo blanco que de lo ancho que es, pareciese que haya engordado unos 100 kilos, llegando a padecer una obesidad muy preocupante. Pero es solo la capa de ropa que compró tras mucho buscar en la ciudad principal. No hay día en que su problema con el frío no sea un tema, pero ya todos deben estar acostumbrados a escuchar sus múltiples quejas al respecto. Y si no se han acostumbrado aún, pues mala suerte.
Para variar, en esta oportunidad sus pies no caminan lentamente territorio de Sakura, sino que el camino no muy estudiado los ha traído hasta Gyasta. Al menos Kiyoshi no sabe qué se puede encontrar, pero pronto, demasiado, la respuesta llegará a sus narices.
Para variar, no porta su rifle, y es que ya se dio cuenta que ir armado llama mucho la atención, hecho que no le gusta, por lo que prefiere adoptar un perfil bajo. Aun así, en este solitario sitio —puesto que aún no llegan al pueblo como tal—, tanto él como su compañero son víctimas de lo que parece ser un ataque. Para empezar, un ruido como si algo estuviese rayándose llega hasta ellos, ocasionando que el médico detenga sus pasos. — ¿Mmm? ¿Escuchas eso? — Además, si se fijan en sus pies, pueden notar que la nieve sobre tierra ha quedado atrás y han aparecido en una zona repleta de hielo, resultando difícil de caminar.
— No vayas a resbalarte. — Aunque más bien ese debería ser un comentario que le digan a él, pues con sus problemas físicos, tambalea tras cada paso que dan. En uno de esos pasos problemáticos que lo obligan a mirar hacia abajo, frente a ellos emergen dos figuras de trajes ajustados, uno azul y otro rosa, siendo un hombre y una mujer. Poseen gafas particulares y unos zapatos muy distintos a los que usan las personas normales.
Son patinadores.
Ambos ríen como si estuviesen escuchando el mejor chiste del universo, siendo el motivo el encontrarse con dos visibles extranjeros a los cuales molestar e impresionar con su arte. Lamentablemente, al que tachan como primera víctima es al pobre Kiyoshi. Pasan tan rápido a su lado, procediendo a empujarlo de los hombros que pierde el equilibrio y cae con fuerza sobre el hielo, terminando sentado y con un dolor en la retaguardia que no se le pasará hasta dentro de un rato.
— ¿Quién mierda son ustedes, tontos? Si quieren problemas los van a tener. — Es divertido que aquel que se la pasa dando charlas en el barco acerca de no resolver todo con violencia, ahora es el primero que sugiere que esa sea la vía que proseguir. Esto ocurre porque odia que se metan con él, pues resulta ser un tipo de poca paciencia. Sin embargo, por mucho que diga eso, la verdad es que las dos personas son realmente rápidas sobre el hielo, quizás igualando o hasta superando lo veloz que es Varo cuando usa su electro. — Haz que se detengan, Uker. Me estoy mareando. — Bueno, alguno de los dos piratas debe hacer algo, y Kiyoshi lo está teniendo más que difícil para levantarse porque en cada intento, resbala y vuelve a sucumbir.
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- Supongo que solo resta acostumbrarse -. Se encogió de hombros ante las palabras del otro hombre, ya habiendo asumido que nunca iba a encontrar una completa normalidad en un mundo de piratas. Después de tantos problemas, amistades, enemigos, piedras en el camino, poco le podía afectar una actitud que ya había aprendido a aceptar.
Suspiró, dejando salir vaho entre sus labios. Las temperaturas de esa isla le gustaban mucho más que las de Little Garden, pero si no se cuidaba podría terminar bastante mal, por lo que, al igual que su compañero, llevaba prendas acordes a la situación. Eso sí, claramente llevaba menos capas encima que el médico. Su característica chaqueta había sido cambiada por un abrigo negro, con una capucha lo suficientemente grande como para ocultarle el rostro, que claramente llevaba puesta desde que salieron hacia su desconocido destino. - Maldigo mi actual incapacidad para comprar los ingredientes sin causar un alboroto -. No lo había intentado, aparecerse por el pueblo más cercano sin intentar esconderse, pero tampoco quería intentarlo. - Al menos en Little Garden no tenía que pensar en eso -.
Una moneda en su mano derecha realizó un sonido metálico en cuento fue lanzada hacia arriba usando su pulgar, siendo atrapada en su caída de nuevo por el cocinero. El pequeño objeto se movió entre sus dedos, de forma tosca, débil, desordenada incluso. Su maestro le había mandado a realizar ejercicios así con monedas o lápices cuando comenzó a entrenarlo para usar una espada, pero ni había vuelto a repetirlos ni los había practicado con su mano no dominante. Ahora que estaba en búsqueda de mejorar en ese ámbito que tanto lo debilita, parecía una buena idea comenzar por las cosas básicas. - Dime, ¿hay algo que te gustaría cenar? Se que las comidas calientes son imprescindibles en esta isla, pero si quieren comer algo frio solo deben decírmelo -. La moneda se resbaló en una mala maniobra de sus dedos, pero fue atrapada casi al instante por su otra mano, demostrándole incluso a él la diferencia que existía.
Antes de dar otro paso, las palabras del contrario lo alertan de algo que a él se le hace imposible distinguir. - ¿Escuchar que? -. Solo notaba un débil rasguño contra algo sólido, y al intentar buscar el origen notó el hielo que se comenzó a extender por el suelo. No era una gran capa, pero lo suficiente para indicarle que muy seguramente se trataba de un lago congelado, y ahora se le hacía muy claro de que se trataba ese sonido.
No hace falta mucho tiempo más para que las figuras de dos patinadores hagan aparición, un hombre con un traje rosa y una mujer con un traje azul. Uker solo los observa sin mucho animo, pero sus acciones rápidamente demuestran ser de hostilidad y burla hacia ellos, tumbando a Kiyoshi y simplemente riéndose de ellos. - ¿Estás bien? -. Se agacha con lentitud junto a su amigo, sin prisa, prestando más atención a quien ahora estaba en el suelo que a los dos “artistas”, pero sin que su tono de voz muestre preocupación alguna. - Ya te dije que no me llames por mi nombre, podríamos meternos en problemas -. Aún así, se levantó como pudo, haciendo un esfuerzo en mantener sus movimientos lo más básicoS que podía, con tal de no resbalar.
Observó a las dos figuras, aún sonrientes y expectantes de ver que haría el extranjero contra ellos. Por un momento pensó en descubrir su rostro y que lo reconozcan, eso podría ahuyentarlos con facilidad, pero podría traerles complicaciones que no estaba dispuesto a pasar. Ambas personas comenzaron a dar vueltas alrededor de ellos, haciendo que el cocinero los pierda de vista a momentos. Un empujón llegó directamente a su espalda, provocando que se desestabilice y tenga que intentar recuperar el equilibrio, mientras sus pies simplemente se deslizaban y no le permitían detenerse.
Ese movimiento involuntario lo llevó a encontrarse y chocar contra el hombre en traje rosa, quien quiso tumbar a propósito, pero lo único que pudo hacer es ser tomado por el hombro y casi que arrastrado hacia el suelo por un Uker sin equilibrio. El cocinero no tardo en dejar al contrario tumbado en el hielo, apoyando un pie en su espalda para usarlo de apoyo y no volver a resbalarse tanto. - Supongo que esto te enseñará, o algo así -. Soltó esa frase sin ganas, mientras que su mano derecha se adentró en el bolsillo de su chaqueta y sacó de este un manojo de monedas más.
Con un movimiento rápido pero no preciso, lanzó el conjunto de dinero al suelo, dejando que se esparcieran en la zona frente a él, justo por donde la otra patinadora debía cruzar para acercarse. Con un gesto de su mano, la invitó a intentar empujarlo de nuevo, ahora habían entorpecido su avance con las monedas. No sabía patinar, pero sabía que cualquier irregularidad en el terreno haría que la hoja de su calzado sea su mayor enemiga, aún más si se trataba de algo solido y duro como el metal. - Vamos vamos, no tengo todo el día -.
Si estuviera amenazándolos de verdad, podría aplicar más fuerza en la pierna que se estaba encargando de mantener el tipo bajo sus pies, pero simplemente estaba esperando que se disculparan y se fueran.
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No recuerdo cuándo le dijo que no le llame por su nombre, pero quizás pueda empezar a decirle Tontoker para que no se queje. De todos modos, eso no es lo importante ahora. Aquellos dos invasores y privadores de tranquilidad se encuentran a su alrededor queriendo molestar a dos pobres hombres que solo quieren conocer la isla. Kiyoshi intenta levantarse, apoyando ambas manos en el piso, pero solo resbala. Realmente odia este tipo de lugares.
Afortunadamente, Uker resuelve mejor la situación al llevar al de traje azul al suelo y someterlo con una de sus piernas. El tipo intenta levantarse, pero no puede. El médico llama la atención del cocinero. — No seas tan violento, no sabes como quiénes tratamos. — En ocasiones, actuar agresivo sin conocer la identidad del rival puede jugarte en contra. Quizás sean personas importantes y el conflicto no deje de escalar hasta que sea imposible de controlar por ellos.
— Ni te lo imaginas. Se están metiendo con el dúo estrella de patinadores de Gyasta. Somos literalmente los héroes de esta villa. Si no me dejas en paz, créeme que haremos sus vidas imposibles no solo aquí, sino que en toda la Isla de Drum. — Aunque intenta parecer amenazante, se le nota preocupado tanto en la expresión que muestra su rostro como en el tono que transmite su voz. Kiyoshi ni se inmuta. — ¿Y por qué vienen a nosotros? No los conocemos.
Ahora es la voz femenina la que se alza, misma que se encuentra a cinco metros de distancia de ellos, ya sin moverse. — Porque son unos ilusos. ¿Realmente vienen caminando por nuestra pista de entrenamiento y creen que no les haríamos nada? Interrumpir nuestra práctica es casi que ilegal, así que es nuestro deber darles una lección. — Kiyoshi mueve ambas manos de izquierda a derecha, negando rápidamente la acusación que les hacen. — Somos nuevos en la isla. No sabíamos que tú y tu tonto compañero tenían un campamento de entrenamiento o algo así. Déjennos en paz y seguiremos con nuestro camino.
Todo puede resolverse pacíficamente, pero en cada rincón del mundo te encuentras individuos que necesitan usar acciones para entenderse, o directamente la fuerza. El tipo sometido por Uker suelta carcajadas. — ¿Realmente creen que por tenerme en este estado ya pueden pedir lo que quieran? Si los forasteros son ustedes significa que deberán jugar bajo nuestras reglas. Ahora, querida, enséñales lo que es toparse con nosotros y ganarse nuestro resentimiento.
— ¡Sí, cariño, aquí voy! — Responde la fémina.
Sus piernas inician un movimiento bastante veloz, corriendo en su mismo lugar, sin avanzar ni retroceder. Lo impresionante no es la agilidad con la que moviliza sus extremidades sino el sonido molesto que genera con el filo de sus botines raspando el hielo una y otra vez. Su compañero parece estar acostumbrado, pues no ve que le afecte. En cuanto a los piratas, sin duda sus oídos deben estar sufriendo horriblemente. Kiyoshi, por ejemplo, cierra con fuerza los ojos y presiona las palmas a sus oídos. — ¡Cállate, cállate, cállate, cállate!
En caso de que esto afecte tanto también a Uker, el patinador bajo su pie aprovecha el instante de desconcentración para arrastrarse hábilmente por la capa de hielo y escapar, levantándose con maestría y patinar hacia su pareja, situándose a su lado. Recién ahora es que el molesto ruido cesa.
— ¿Qué deberíamos hacer con ustedes? ¿Enterrarlos bajo la nieve?
— O convertirlos en muñequitos de nieve.
— Ya sé, amarrémoslos y obliguémoslos a ver nuestros entrenamientos día a día.
Realmente se creen ganadores y dominadores de todo. Kiyoshi se molesta, ayudando esto a su concentración para que al fin pueda levantarse, estando de pie nuevamente luego de tanto tiempo. — Son unos tontos que están acabando con mi paciencia. — Ya no se le escucha serio, sino que molesto. — ¿Qué tan caros podríamos vender sus patines, Tontoker?
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Patinadores estrella de Gyasta, o así se presentaron, con una amenaza incluida entre sus palabras. - Oh no, que problema -. No hacía falta ver su rostro para notar la ironía en sus palabras, pues poco le importaba quienes eran esos tipos si iban a estarlo molestando. - Tranquilo, no estoy aplicando fuerza -. Contestó ante la preocupación de su compañero sobre el acto violento, pero sin quitar su pie de encima del tipo aún. El hombre estaba imposibilitado de levantarse, lo que marcaba que, o Uker mentía, o su “no estoy usando fuerza” solo mostraba que subestima sus propias capacidades.
Sea lo que fuese, la charla continuó.
Le sorprende que sea Kiyoshi quien intentara resolver las cosas por la vía pacífica, teniendo en cuenta la poca paciencia que demostraba a veces. El tipo bajo sus pies se ríe ante la explicación de su mujer, lo que hace que Uker ponga un poco más de fuerza en su pierna, sin siquiera notarlo. Parecían tramar algo, pero el cocinero no se hubiese visto venir que sea una idea sacada de la mente de un niño. El ruido atravesó sus oídos y lo hizo cerrar los ojos con fuerza, como si concentrando en otra cosa pudiera acallar aquello que taladraba sus tímpanos, claramente fracasando en lograrlo.
Su descuido fue aprovechado por quien estaba cautivo por el pirata, liberándose y haciéndolo caer al momento de moverse, pues el poco equilibrio se vio perjudicado en cuanto su apoyo dejó de ocupar ese lugar. Cayó con una de sus rodillas directamente en el hielo, el golpe le hizo estremecer todo el cuerpo como si una ráfaga pequeña de electricidad lo hubiera alcanzado. El sonido se detuvo, esos tipos comenzaron a planear qué hacer con ellos, Kiyoshi tuvo una contra-oferta que parecía más alentadora. - ¿Por cuanto? No sé, pero simplemente hagámoslo -.
El dinero nunca venía mal.
Intentó volver a levantarse, costándole bastante por culpa de la pista, e incluso estando completamente levantado tuvo que luchar con el poco equilibrio, no pudiendo mantener una postura fija y teniendo que usar sus brazos para ayudarse. La patinadora pareció notar de nuevo su inexperiencia en el ambiente, pues avanzó hacia él a gran velocidad. Su pierna se extendió hacia el costado un par de segundos antes de pasar justo a su lado, buscando impactar en la unión entre el píe y la pierna del cocinero, ya sea para tumbarlo o arrastrarlo y que el hielo consiguiera el mismo efecto. El sonido que realizo ese choque fue hueco, seguido por un pequeño grito de dolor de la mujer en cuanto notó que su pierna chocó contra algo tan duro como un tronco.
Se agachó a sostener la pierna, que le dolía bastante, girando su rostro y observando al chico que apenas había sufrido algún daño por ese “ataque”. - Si, mala idea -. Poco pareció importarle la patada, todavía luchaba por encontrar el equilibrio y poder mantenerse en pie sin tener que estar moviendo sus piernas y brazos a cada rato. Todavía no comprendía cómo podría aprovechar el terreno, la desventaja era obvia, pero al menos no podrían dañarlo. Seguramente se agotarían antes de hacerle algo a él, por lo que debía defender a Kiyoshi.
Sus “pasos”, si podían llamarse pasos a moverse a tientas y a caídas, lo buscaron llevar hacia su compañero, pero un sonido a su espalda lo alertó de que la mujer se acercaba de nuevo. Obviamente no pudo hacer mucho para evitar que se acerque, siendo atrapado por la capucha y tirado hacia atrás. Cayó de espaldas, sin dolor, pero aquello que cubría su rostro ahora ya no estaba. - ¿Saben? Comienzan a molestarme -. Sus ojos se encontrar con los de la patinadora al mismo tiempo que esta observaba su rostro, dejando escapar un grito de terror al ver a quien había molestado.
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— Te diría que no puedo hacer mucho ya que no tengo el rifle conmigo. — Pues resolver esto a punta de tiros sería lo mínimo que se merece. — Pero iría en contra de querer resolver todo pacíficamente. — Aunque no pareciera ser la metodología correcta. Los patinadores mantienen su actitud altanera, su velocidad con la que se burlan del dúo pirata. ¿Será que sí conocen sus verdaderas identidades y por eso han venido a molestarlos? Al menos a Uker pueden haberle seguido la pista, no es un don nadie precisamente. — Afortunadamente, actualmente soy un tonto que puede hacer más cosas.
La víctima escogida por la mujer vestida de rosa es Uker, a quien no deja de intentar desequilibrar con movimientos rápidos. Sin embargo, el ignorar a Kiyoshi es un pecado que paga más pronto que tarde. Justo tras su última ofensiva, ocurre que la fémina resbala y cae de culo sobre el hielo, provocando que se deslice varios metros hacia delante hasta que el roce permite que se detenga. Tanto ella como su compañero se miran extrañados, esto nunca había pasado. ¿Un error de cálculo? ¿Anoche no durmió bien? ¿No le ha dado la mantención necesaria a sus queridos patines?
Lo que pasa es que no se da cuenta del resbaloso jabón que hay impregnada en la parte inferior de su zapato de deportista, jabón creado y lanzado por el más pacífico de todos, o al menos en lo que quiere demostrar.
— N-no te preocupes, querida. Te prometo que fingiré nunca haber visto este fallo tuyo.
— ¡Y más te vale! Porque si abres la boca te daré de latigazos hasta que llores y clames piedad.
Vaya relación más turbia deben tener estos días.
— ¿Fallo? — Piensa Kiyoshi, quien por dentro sonríe, mas por fuera se mantiene serio. Un segundo después decide hacer su movimiento y se lanza hacia el frente para caer sentado en el hielo y permitir que el impulso haga su trabajo, llevándolo hasta donde se encuentra derribada la mujer. Para evitar pasar de largo, se aferra a ella y así el peso de ambos le ayuda a frenar. Lo curioso es que no solo la toma de la ropa, sino que directamente la abraza con fuerza, como si de la nada quisiese expresar todo el cariño del mundo hacia ella.
La fémina se sonroja, pues todo es demasiado repentino para ella. — ¿Q-qué estás haciendo? ¡Yo no soy una mujer infiel! — Por supuesto que su pareja no se queda en silencio, indignado por la escena que está presenciando. — ¡Esto sí que no lo puedo permitir! ¡Ahora sí que se ha vuelto personal! — Parece que echa humo por los poros. — ¡Querida, apártate de él inmediatamente y démosle su merecido! — Sin embargo, no recibe respuesta.
— ¿Querida? — El varón no lo entiende, así que insiste. Ella responde, muy apenas. — Q-querido, perdón, pero… tengo… sueño… — Y en cuestión de segundos, se escuchan leves ronquidos de ella. La explicación a esto es el abrazo. Kiyoshi desde sus manos ha creado muchas burbujas que se han apegado al cuerpo ajeno, desgastando tanto su energía, que el sueño le ha ganado. Kiyoshi también siente sus reservas decaer, pero no de manera tan brusca. Consideremos que los patinadores son rápidos, mucho, pero no son peleadores que han sobrevivido a islas como Little Garden.
Kiyoshi procede a soltarla y la recuesta con sumo cuidado sobre el hielo. Acto seguido, muy lentamente se pone de pie para evitar caerse.
El otro tipo no entiende, no quiere entender, cree que algo peligroso le han hecho a su mujer. Enojado como nunca antes, acelera a máxima velocidad y da vueltas alrededor de todos los presentes, formando una circunferencia con la que empieza a encerrar a Kiyoshi, Uker y la bella durmiente. Lo importante aquí es la ralladura que genera en el hielo y que cada vez se vuelve más profunda, generando un pequeño temblor bajo sus pies el cual no deja de crecer en identidad. Quiere romper el hielo y hacerlos caer al agua que hay debajo. Incluso se asegura de tomar el cuerpo de su pareja para evitar que ella también se ahogue. Kiyoshi intentó detenerlo, pero es mucho más lento.
— Uker, estamos en problemas. Si yo… — Claro, Kiyoshi no puede nadar. — ¡Derríbalo, tonto! Es nuestra única oportunidad.
A lo lejos, a unos treinta metros de distancia, se escucha un silbido. Esto como última mención, esperando a que el famoso marcado salve el día una vez más.
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Rackham Uker
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La mujer cayó con el trasero al hielo, incluso después de haber estado patinando de forma perfecta hasta hace unos segundos. ¿Qué habrá sido? Esa era la pregunta que rondaba por la mente del cocinero, siendo las palabras del Maeda las que lo hicieron sonreír. - ¿Y cuando fuiste un tonto que no pudo hacerlas? -. Comprendía que algo tenía que ver la situación de la mujer con la akuma y el gran control que el médico tenía sobre esta. Le había explicado un par de veces, pero los poderes de esas frutas aún se le hacían algo confusos. ¿Cómo una akuma que creaba jabón podía debilitar a las personas y quitarles su energía? Preguntas que hasta ahora no tenían una respuesta real para él.
Lo que tampoco obtendría respuesta sería la duda de que clase de pareja se habían cruzado, pero esa capaz convenía mantenerla fuera del alcance de su respuesta.
KIyoshi se movió, Uker quiso avanzar y el propio hielo le dificultó las cosas al máximo, terminó por dejarse caer de rodillas e impulsarse con sus manos justo hacia él y la mujer, llegando al mismo tiempo que ella era recostada con cuidado. Para frenar, Uker clavó sus uñas en el hielo y buscó detener su avance así, logrando no solo dañar sus uñas, sino que también lograr que las yemas de sus dedos y el interior de sus uñas sangraran. Era solo un poco, pero seguramente sería obvio para Kiyoshi. - Ya fuiste de más ayuda que yo, ¿alguna otra petición? -. Sonreía mientras miraba al patinador aún despierto, mientras le hablaba a su compañero.
¿Ideas? Debían tener alguna, pues el hombre comenzó a girar a su alrededor. Quería romperlo, debían escapar, por lo que levantó a Kiyoshi agarrándolo directamente de la ropa, levantándolo a la altura de su cintura como si no pesara nada. - ¿Y qué esperas que…? -. Intentó dar un paso y resbaló, el terreno no le permitía moverse con normalidad. El hombre sacó a su esposa del camino y dio fin a su movimiento, solo hizo falta escuchar el primer crujido para que Uker lanzara al médico hacia un lado con algo de fuerza. Tal vez le haría daño, pero era mejor que cayera al agua helada, así como le pasó a él.
En un poco más de un segundo, sus ojos vieron como su visión bajaba y su cuerpo caía directamente en el líquido. Frío, demasiado, sentía que le lastimaba cada centímetro del cuerpo, que el agua que se colaba por su nariz quemaba y cortaba su interior. Sus ojos ardían, pero no podía cerrarlos si no quería perder de vista su única salida. Cada extremidad le dolía como nunca mientras nadaba, la luz del sol se colaba por el hueco hecho por el patinador y le permitía ver algo, al menos un poco. Una silueta, dos personas juntas, dedujo que ambos patinadores, podría salir por el hueco y atacarlos, pero eso lo devolvería a la desventaja del hielo.
El agua helada podía matarlo, pero podía moverse con más libertad.
Se agarró del borde helado, pero no ascendió a la superficie. Utilizó el agarre para colocarse en una posición mejor, tiró el otro brazo hacia atrás y se preparó para golpear. Su puño se estrelló contra el hielo, apenas generando algo de daño, el agua amortiguaba l velocidad, pero solo necesitaba un poco más de fuerza. Volvió a “cargar” el ataque, esperando conseguir su objetivo antes de morir ahogado.
Su mano atravesó el hielo como si de un muerto saliendo de la tumba se tratase, tomando el tobillo del hombre y tirando de este hacia abajo, hundiéndole la pierna en el hielo e imposibilitando su movimiento. Mientras este se quejaba, el cocinero por fin se asomó por el hueco por el que cayó antes, saliendo del agua mientras temblaba descontroladamente. Estaba seguro que hubiera muerto con un poco más de tiempo ahí, pero al menos no había sido Kiyoshi quien cayó. - Kiyoshi, ¿estas…? -. No podía hablar sin temblar, tampoco podía levantarse o intentar mirar a otro lado. Su mano izquierda le sangraba, pues atravesar esas capas de hielo no era una tarea sencilla, pero al menos ya estaba afuera.
Estaba loco, meramente por intentar algo así, tal vez por eso lo consideraban tan peligroso.
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Como saco de papas vacío, Kiyoshi es levantado por Uker y arrojado bien lejos, regresando otra vez a la nieve y sufriendo levemente el porrazo que se da al caer, pero maldiciendo más lo sucia que queda su ropa que el dolor de su cuerpo producto del impacto. Apenas unos segundos se toma ahí abajo para recuperarse y, tras situar nuevamente su vista en la zona que antes lo sostenía, se percata del agujero que hay en el hielo y de que su compañero ya no está. Por el movimiento del agua, evidente es que el cocinero y navegante está hundido ahí abajo. — ¡U-Uker! — Pega un grito con todas sus fuerzas, llegando a toser dos veces debido al asma que le ataca al forzar sus pulmones.
Traga saliva y en sus ojos se nota esa desesperación. ¿Cuánto tardará Uker en salir de ahí? ¿Por qué aún no lo hace? ¿No es consiente de lo peligroso que es el agua con una temperatura tan baja? Puede ser extremadamente peligroso para salud, poniendo en riesgo su vida. — ¡Apúrate! — El hecho de que el patinador comience a reír del infortunio que ataca a los piratas solo lo desespera más. Sin importarle a Kiyoshi que aquel tipo tenga a la mujer dormida en sus brazos, estira la diestra con la que crea una serie de burbujas que salen disparadas como si auténticas balas fuesen. Todas impactan en su torso, provocándole un agudo dolor que le obliga a tirar a su novia sobre el hielo. Peor aún, el destino le juega una carta boca abajo en contra.
Como si hiciesen natación sincronizada, las ofensivas de Kiyoshi y Uker son una detrás de la otra. Primero, los proyectiles del médico; luego, el agarre y ataque subterráneo del cocinero. El pobre hombre pasó de reír a verse enterrado en el hielo con una diferencia de pocos segundos. Por mucho que sea habitual en este entorno donde predomina el frío, el agua helada de forma tan extremada le afecta, provocando que suelte un grito desgarrador que se debe escuchar a casi un kilómetro a la redonda. De más está decir que Kiyoshi no siente ni una pizca de lástima por él.
El médico solo se centra en su compañero, alzando la voz con fuerza, pero regulando el desespero de antes. — Ya sal rápido de ahí, te dará hipotermia. — Una nueva figura emerge y salva el día para todos. Alguien patina y toma tanto los cuerpos del otro patinador como el de Uker, y casi sin esfuerzo los eleva y arrastra por toda la pista de hielo. Su apariencia es la de un viejo que no debe superar los 150 centímetros de estatura, muy abrigado, pero con gran fuerza como para mover dos cuerpos adultos como si nada. No es tan rápido para patinar como los otros, pero sí tiene una técnica infinitamente más pulida. Casi que no se oye el rasgado del filo de su calzado con el hielo. Cualquiera pensaría que se mueve en el aire debido a lo silencioso que es.
— Tómala a ella y sígueme, mi casa está cerca. Me encargaré de estos dos. — Sin que ninguno pudiese oponerse, sus cuerpos son arrastrados por la nieve. Kiyoshi obedece y toma en sus brazos a la chica, yendo más lento, pero asegurándose de seguir el rastro que queda sobre la nieve.
En cuestión de dos minutos, la situación cambia radicalmente. Una casa con chimenea prendida es el nuevo escenario en que la historia se desarrolla, encontrando a Uker y al tipo de la pierna mojada en un cuarto. — Ni te atrevas a mirármela. De seguro a ti se te encoge por el frío, pero yo soy inmune a eso, debilucho. — A ambos se les ha tendido una muda de ropa seca junto a toallas y mantas con las que secarse y abrigarse. Si se ven desnudos o algo, ya es problema suyo.
En el salón principal se encuentra Kiyoshi sentado en un sofá individual con una taza de chocolate caliente entre sus manos. La bella durmiente se encuentra recostada y tapada en un sofá de tres piezas. En otro individual está el viejo de antes. Quien ha servido el chocolate y prestado la ropa es la nieta del anciano, joven, no más de 18 años. Cuando Uker venga cambiado al salón, ella misma le entregará su taza recién servida para que le entregue más calor a su cuerpo.
— Bien, tonto, ¿ya me dirás quién eres? Si nos tienes secuestrados, que sepas que nuestros compañeros nos encontrarán y te darán tu merecido.
El de tercera edad solo ríe.
— Jojo, por supuesto que no. Esos dos son mis alumnos, pero a pesar de ser adultos son muy fanfarrones. Solo fui a evitar que todo el asunto escale. Mi querida Yixuan me comentó del ruido y fui a verlos. Silbé para que se detengan, pero creo que nadie me escuchó.
La verdad es que nadie lo oyó.
— Oye, Uker, dime que no cortaste a ese otro tipo en el cuarto. El viejo me dijo que le impondrá un castigo que jamás olvidará. Dejemos que él se encargue.
— Creo que dejar que un tipo tan peligroso como El Marcado se encargue de alumno puede ser precipitado.
Graves noticias. Él lo sabe.
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De pronto se vio elevado de su lugar, sorprendido al darse cuenta de la estatura de quien lo había sacado de ese lugar. Habló de algo con Kiyoshi, unas palabras rápidas, pero su cuerpo estaba muy ocupado temblando peligrosamente como para prestar toda la atención posible. “Genial”, pensó el cocinero. “No teníamos suficiente con estos dos y ahora nos vuelven a atacar sin que yo pueda hacer nada”.
Grande sería su sorpresa en cuanto el anciano hizo todo lo contrario.
Los sacó de ahí y les entregó auxilio, sobre todo a él que había sufrido el frío extremo durante más tiempo del que debería. Agradeció el gesto mentalmente, en cuanto lo dejaron con ese otro tipo en la habitación simplemente se enfocó en la muda de ropa de la cama. - Como digas… -. Apenas podía hablar, su pecho seguía afectado por lo que hizo antes, observó sus propias manos mientras dejaba la ropa húmeda a un lado y tomaba las nuevas prendas, vibraban buscando calor. El cocinero sabía que la acción había sido arriesgada, pero que su cuerpo siguiera moviéndose en busca de un poco de alivio era buena señal.
Sus ojos alcanzaron un espejo de la misma habitación, vio su propio rostro y no pudo evitar que eso le recordara a su infancia en el North Blue. La nieve, el frio, no tener un hogar, las heridas que tardaban más en sanar. Miró su mano derecha, sus nudillos sangrantes, la mancha negra que había sido formada por la sangre congelada, tomó una de las toallas y aplicó solo un poco de presión en esa zona, buscando calentar lentamente más que hacerlo de inmediato. Se podía notar que tenía experiencia con el frío, o que alguien le había enseñado a tratarlo.
Tras un par de pasos más, como aplicar calor cuidadosamente en ciertas partes de su cuerpo, salió de la habitación, dejando atrás al hombre que podría seguir hablando y peleando con sí mismo si quería, mientras que él ocupaba una toalla para terminar de calentar su cuello y orejas. Una muchacha se le acercó, le ofreció una taza de algo caliente y el pelinegro la aceptó con una sonrisa. - Muchas gracias, en verdad -. Poder sentir algo de calor en sus dedos era un alivio, a la par que una muy buena señal.
- Por fortuna para él, no traje mis espadas hoy -. No lo hubiera hecho incluso si contaba con sus armas, pero el comentario no llegó a más, pues Uker se enfocó en las palabras que el anciano mencionó antes de que él hablara. - Me conoces y aún así me ayudaste, eso es peligroso -. Podía tratarse de un hombre más bondadoso de lo que debería, o de alguien tan fuerte que poco le importaba su título y su wanted. - Aún así, te lo agradezco mucho, dudo que hubiera podido tratarme de la manera adecuada si no aparecías y nos ayudabas -. Sea quien sea, lo había salvado y eso merecía al menos unas disculpas, incluso si sus planes eran otros.
- Dime, ¿Quién eres? -. El pirata observó el contenido de la taza mientras hablaba. - Yo puedo levantar a dos personas de esa manera, y diría que muchas personas en este mundo, pero esas personas no son gente ordinaria -. Por fin, le dio una probada a su bebida, sintiendo como el chocolate traía un poco de tranquilidad a ese cuerpo tambaleante suyo.
Mientras daba otro sorbo, se apoyó en una pared y su mirada se fijó en la mujer que estaba dormida en el sofá. - Antes chocó su pierna contra la mía -. Lo dijo como si fuera un dato más, pero rápidamente añadió algo más antes de que alguno de los otros dos preguntara algo. - Pareció afectada, debería revisar su pierna y asegurarte de que está bien -. No creía que un solo impacto así fuera capaz de romperla, sobre todo porque esa mujer debía tener una pierna entrenada si se dedicaba a patinar, pero sabía bien que podría haberse llevado un buen golpe sin notarlo o esperado.
Aún así, había cosas más importantes de las que hablar. - Bueno, ¿Qué es lo que quieres? No creo que hayas salvado a uno de los piratas con mayor recompensa al subir al Grand Line simplemente para darle una mano -. Directo y al grano, pues en su mente nadie iba a ayudarlo de esa forma si no buscara algo a cambio, al menos no ahora con la fama que tenía. - Si planeas entregarme a la marina te aseguro que no vas a obtener una respuesta pacífica -.
(Claro, decí eso ahora que te ayudaron y te sacaron el frio, hijo de…)
Kiyoshi Maeda
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
54
116
76
186
137
199
83
133
32
198
El hecho de que reconozcan al tonto de Uker es un problema, aunque Kiyoshi no lo ve tan así. De todos, ha sido quien está más en desacuerdo de la idea suya de ocultar su rostro y todo eso. Si bien el médico es partidario de solucionar la mayoría de asuntos por la vía pacífica, ¿no carece de sentido el esconderse cuando han querido lanzarse al mar en busca de una vida de libertades? Al menos, así lo ve él. Así que, por más que ponga una mueca de desagrado en su rostro, la cual oculta su mascarilla, su postura en el sofá sigue siendo cuanto menos cómoda. Desciende el trozo de tela de su boca bastante seguido para así ir dándole tragos al exquisito chocolate caliente que le dieron.
— No te preocupes, su pierna debe estar bien. A fin de cuentas, es una de mis alumnas, así que está entrenada perfectamente, sobre todo en el tren inferior de su cuerpo. Despreocúpate, chico. — Habla con suma tranquilidad, además de que acaba de revelar su identidad. Ya es algo que se podía prever, pero una confirmación nunca viene mal.
La nieta del viejo, la cual resalta por sus dientes de paleta que muestra al hablar, pero cuyo rostro parece haber sido tallado en la nieve misma por lo nívea y suave que es, se muestra preocupada ante la revelación dada por el mismo Uker. Se apresura en situarse detrás del sillón en que está sentado su abuelo y dobla las rodillas, casi que escondiéndose detrás de él. Aunque ya tiene una edad, luce temerosa. — Abuelo, ¿por qué has traído a un pirata tan peligroso a casa? ¿Significa que puede hacernos daño? — Mala elección de palabras del cocinero, pues acaba de poner levemente en su contra a la chica que más amable se ha comportado con ellos desde la llegada a esta casa.
El viejo procede a soltar una risa que llega a ser contagiosa, la cual intenta callar poco a poco cubriéndose la boca con la mano diestra. Luego, usa la misma para realizar un movimiento vertical con la que indica que no es para tanto; su nieta puede bajar la guardia. — Descuida, querida. Los he visto en el centro del reino, sobre todo al señor Maeda. Me he arriesgado a abrirles las puertas de mi casa creyendo que no nos pasará nada. — Aunque jamás esperó que sus tontos alumnos les buscarían problemas. Ese dato fue repentino y escapa de su previsualización. — ¿Estás seguro…? — La muchacha cuestiona en voz baja, parándose de a poco, pero aún mostrándose asustada.
Kiyoshi decide alzar la voz. — Uker es peligroso, pero es un buen tipo. Tienes mi tonta palabra de que no hará nada en su contra. — Su rostro se enfocó en la pareja de abuelo y nieta, pero ahora gira el cuello para mirar a su compañero. — Tonto, con Eros ausente, yo estoy a cargo, así que te ordeno no atacar a nadie. — Aunque confía en que no lo hará, hace esta elección de palabras únicamente parta tranquilizar a la chica, y parece servir. Ella, al fin, se para recta y retrocede unos pasos de su abuelo, incluso disminuye la distancia un metro con el cocinero.
— Está bien, está bien. Mis alumnos son problemáticos, cometieron un error al meterse con ustedes. Tienen la mala costumbre de molestar a los forasteros, pero por más que los castigo, no aprenden. Señor Maeda, ¿tiene una cura usted para algo así?
Kiyoshi tiene la respuesta bastante clara y la da de inmediato.
— Los tontos solo se curan muriéndose.
Abuelo y nieta ríen. Kiyoshi lo dijo con mucha seriedad. No fue una broma. Ellos no lo tomaron así.
— Para su respuesta, señor Marcado, solo soy un viejo profesor de patinaje. Si pude con sus cuerpos es porque llevo décadas salvando alumnos que cometen errores. Los deportes sobre hielo o nieve tienen sus peligros, y cuando ellos aceptan trabajar bajo mis enseñanzas, lo mínimo que puedo hacer es garantizar su seguridad. Lamento si mi respuesta lo decepciona, pero es lo que es. Sí debo decirle que tengo algunos trucos escondidos, pues no es raro que aparezcan piratas problemáticos. Proteger a mi nieta es mi obligación hasta el día de mi muerte.
Básicamente, da indicios de que tiene capacidades para establecer una línea defensiva para los suyos. Si consideramos que todos aquellos piratas que llegan hasta acá han venido desde Little Garden, o al menos ese es el conocimiento adquirido por Kiyoshi mediante la lógica, significa que no aparece cualquier pelele en la isla. SI ha debido combatir antiguos piratas, ellos eran fuertes. El viejo frente a él, también.
— ¿Qué opinas, viejo? Si te lo propusieras porque tienes un motivo, ¿crees que podrías capturar y llevar a Uker con la marina? — Pregunta que saca de la galera debido al comentario anterior del navegante. Hila las ideas para obtener más información, y también para confirmar si están a salvo dentro de esta vivienda o no. Aunque los dueños de casa se hayan portado fenomenal hasta el momento, es su deber regresar con Uker a salvo. Si bien es el espadachín el que lo mantiene seguro la mayor parte del tiempo, Kiyoshi, con Eros fuera de la ecuación, se siente responsable del bienestar de su compañero.
Menos mal que, para estos tiempos, aún no lo ha apostado en el famoso Casino Pegasus, así que no hay motivos para dudar de él. — Uker, ¿eres de los que tiene una moral de no lastimar personas de la tercera edad, o tu defensa personal está por sobre todo?
— Quién sabe. — Responde el viejo.
Hablo | Pienso
Rackham Uker
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
167
100
224
71
110
210
89
157
41
0
La respuesta del hombre es suficiente para que Uker agache la mirada y de otro sorbo a su bebida, para luego, con una expresión tranquila y neutral, volver a hablar. - Entiendo, lo siento por eso de igual manera -. No parecía ser sincero, así como tampoco parecía que eso no le hubiera afectado. Ella y su pareja los habían molestado, mentiría si dijera que no había pensado en darles una paliza y acabar con todo, pero la buena fe del anciano lo hacía preguntarse si debería haberse medido.
La más pequeña le tenía miedo, Uker la observó con cansancio en sus ojos, agotado de ver esas miradas. Por su sola presencia podía generarlas, pero también lo hacían sus palabras, cosa que le dolía bastante. No era alguien malvado, al menos no quería serlo, pero pese a eso se había formado una fama de asesino y peligroso que no creía poderse quitar de encima. Se vio a sí mismo reflejado en esa mujer, un niño pequeño de 12 años asustado y llorando mientras un marine le apuntaba con su arma y terminaba de jalar el gatillo. Desvió su mirada mientras los demás hablaban, directo hacia la bebida en su mano, mientras la que estaba libre fue directamente al hombro contrario, justo donde una cicatriz casi circular se encontraba.
¿Se había convertido en lo mismo que ellos?
La palabra “tonto” fue lo que lo hizo levantar la mirada, observando al medico que ahora le daba ordenes. No le importaba eso, no planeaba dañarlos, y sabía que el propio Kiyoshi estaba al tanto de eso, pero al menos sirvió para tranquilizar a la muchacha.
“Peligroso”
Esa palabra se quedó flotando en su mente un rato más.
El cocinero observa al hombre mientras responde a su anterior pregunta. No se trata de un guerrero, o al menos no uno orgulloso de serlo, simplemente es un hombre que conoce sus responsabilidades y hace todo lo posible por cumplirlas. No pudo evitar que eso le recordara a su maestro, tal vez incluso le hubiera dicho las mismas palabras si él le preguntaba porque era tan fuerte. - Entiendo. Lamento mucho mi comportamiento entonces, espero sepan disculparme -. Agachó la cabeza, un pequeño gesto buscando un perdón leve por parte de esa familia a la que había molestado con sus palabras.
Las preguntas de Kiyoshi no cesaron, aunque el hombre de mechón blanco no parecía importarle que hablaran sobre él. Si el hombre quisiese capturarlo ya lo habría hecho cuando estaba al borde de la muerte, ahora no sería una presa tan sencilla y confiaba en su habilidad para pelear incluso sin sus armas. Lo que sí le sorprendió fue la siguiente pregunta, dirigida a él, tanto que lo hizo alzar una ceja mientras miraba a Kiyoshi en silencio, como si la pregunta se respondiera sola. - Sea quien sea, si se mete en mi camino va a terminar cortado -. Eso respondía a la pregunta, pero quiso continuar su explicación. - No temo dañar a quien sea, pero siempre y cuando se haya metido conmigo o quiera impedirme alcanzar mi meta -. Dio un sorbo al chocolate antes de continuar. - Pero ellos hicieron todo lo contrario. Me dieron ayuda, ropa y bebida en cuanto yo mismo me tiré a las garras de la muerte, así que por ahora no tengo porque hacerles daño -.
Pese a haberle molestado su propia actitud de antes, se mantuvo a la defensiva incluso ahora. Ya no se trata de un lugar donde pudiera aspirar a no dañar a otros, había aprendido que en este mar no se iba a encontrar con buenas personas muy seguido.
La conversación fue interrumpida cuando el otro patinador salió de la habitación. Uker no buscó prestarle atención, pero notó como el tipo cojeaba y se quejaba de su pierna, justo la que antes el mismo cocinero le había hundido en el agua helada. Lo vio acercarse a la chimenea y poner su pie lastimado cerca del fuego, una acción ante la cual el tipo con el mechón blanco suspiró y reaccionó. - Oye, quita ese pie de ahí -. Vio como el hombre se giraba a responderle, pero Uker habló más rápido. - Si intentas curar la falta de calor de una extremidad poniéndola junto a una fuente de calor extrema, lo único que conseguirás será perder el pie -.
Sin mucho cariño ni apuro, tomó la toalla que antes ocupaba para secarse el cabello y la lanzó al rostro del otro hombre. - Cúbrela con un paño tibio y aléjala del fuego, tampoco frotes la zona -. Ahora que lo notaba, parecía Kiyoshi hablando así, tanto que lo busco con la mirada para confirmar que no estaba equivocado. Había tenido que sufrir las inclemencias del clima desde que escapó de su isla, asediado por vivir en las calles de una isla que se vio azotada por bandas piratas y criminales. Aprender a hacer fuego, cocinar ratas o animales que encontrara, aprender a cazar y robar, así como ganarse algunas cicatrices en el proceso. Tuvo que vivir con todo eso y, pese a su actitud, no podía soportar que alguien maltratara su cuerpo si él sabía cómo debían ser las cosas.
A menos que se tratase de un marine. Esos podían morirse congelados en algún lado si fuera por el cocinero.
Si quieres perder el pie al menos que no sea por algo causado por mi, no me gusta que me culpen de cualquier cosa
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