[Pasado] Vamos a jugar |Priv.
#1
Día 70 de Invierno | Año 15


Aburrida de los mismos días de siempre, Yuuki decide hacer un pequeño cambio. Eso sí, primero se tomó su té de todas las mañanas. Y mientras lo hizo, pensó en lo que iría a hacer ese día. Nada como un buen té mientras se hacen planes para divertirse en Baterilla, donde nunca pasa nada. La pelirrosa se preguntaba qué sería de la isla sin ella; aunque seguramente con o sin ella, los pescadores de allí seguirían sus vidas tranquilas como siempre.

Y lo que se le ocurrió aquél día a la birkaniana fue algo sencillo, divertido y a la vez único: Montar su propio juego de apuestas. ¿Porqué no? Solo necesitaba una mesa, un mazo de cartas y algo de carisma. Y todo lo tenía.

Luego de los entrenamientos diarios, y de distraer a su hermano con otra cosa, agarró una mesa y dos sillas. Después tomó prestado un mazo de cartas de la sala común de los sirvientes del clan y salió directo a las afueras de Baquella. Porque aunque se le había ocurrido hacer el juego en plena plaza central, sabía que le iban a montar bronca. Así que mejor ponerse en un sitio de donde pudiera escapar fácil.

Puso sus cosas y luego empezó a llamar a las personas para que llegaran a jugar. Y mientras los llamaba, les explicaba que era el juego aquél de adivinar la carta. Ella extiende el mazo con las cartas y pone al jugador a seleccionar una carta y mirarla sin dejar que Yuuki supiera cuál era. Luego, debía poner la carta nuevamente en el mazo y, allí, Yuuki barajaba de nuevo las cartas y sacaba la carta de arriba, adivinando si esa era la carta que había escogido el jugador. Y, bueno, obviamente estaba el juego arreglado, pues Yuuki manejaba el juego para siempre hacer que seleccionaran una carta en específico y siempre lograba poner una copia de la carta en la parte de arriba del mazo.

El juego empezó a atraer a muchos curiosos. Y al cabo de dos horas, la chica ya tenía una pequeña multitud a su alrededor. Había dejado ganar a algunos a propósito para que se mantuviera la ilusión de que el juego era legítimo, pero ya se estaba haciendo una pequeña fortuna con todo el jueguito de la estafa.

Llegados al punto, ahora mismo tenía a un jugador que estaba lidiando con una racha de derrotas. Era un muchachito apenas. Pero era uno chillón y bastante molesto. Y así a Yuuki no le dio por más que por querer desplumarlo completamente. Y a ese punto, estaba literalmente rogando que le devolvieran algo del dinero, pues había apostado el dinero para comprar el mercado.

El chico no hacía sino chillar y pedir el dinero de vuelta. Y Yuuki, en medio de todo, solo se echó a reír.

—¡JRAH JRAH JRAH! Ciertamente...
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#2
Los días fríos de en Baquella me pareció refrescante después de la temporada insufrible del verano. Los puertos eran menos visitados en la temporada de invierno debido a la escasez de peces que siguen sus rutas migratorias cuando la naturaleza lo exige, sin embargo, siempre había más de un navío dispuesto a pasar más de 16 horas en el mar en busca de suerte. Mi familia pasaban largas horas en alta mar tratando de traer el sustento del negocio.

Afortunadamente puedo decir que hoy era libre de vigilar el puesto pesquero de la familia Hoshino, mi hermano mayor, Kenta, se haría cargo el día junto con su esposa. Entonces podría caminar libremente sin preocupaciones por todo el pueblo de Baquella, y hoy tenía muchas ganas de tocar algo de música. 

El día de hoy vestía con una camisa blanca de manga corta, por encima una chaqueta en color café crema, una bufanda de tonalidad marrón oscuro, en la parte inferior de mi cuerpo portaba una falda floral en detalles grises, y mi calzado eran simples botas que hacían juego con la paleta de colores otoñales. Sobre mi hombro descansaba el estuche de mi violín que llevaba conmigo a todas partes.

Caminando cerca de la plaza del pueblo me di cuenta de un grupo de personas reunidas en un punto en específico. Gritaban cuál festejo esmerado, y también me llamó la atención que había un sollozo suplicante. Tal sonido logró que me saliera de mi ruta, ya no hacía la costa desolada de Baquella, ahora hacia el espectáculo que había en la plaza.

Entre empujones y jaleos, me desplacé entre la multitud en busca del motivo de tal diversión, y entonces lo encontré. Una hermosa doncella de pelo rosa, increíblemente alta, cuerpazo despampanante, y con una vestimenta capaz de realzar su cuerpo femenino, en especial por el uso del corset que lograba acentuar su cintura y la carne de sus piernas. Una diosa, pero, me llamó más la atención aquellas alas tan blancas como la nieve, hacían contraste con lo libidinoso de su juego.
Tenía a todos comiendo de la palma de su mano con el juego de cartas que ahora desarrollaba, me llamaba la atención que un señor le suplicaba de regreso su dinero, ¿Acaso era un juego de apostar?, sentí pena por el señor, no lo conocía, pero tampoco podía ser indiferente a su situación. Me acerqué con suma confianza, aunque lo único que traía en el bolsillo eran nada más que mil berries.

— Me encantaría participar. — Dije con una sonrisa gentil, tratando de poder persuadir el ambiente penoso de aquel señor. — Si gano, ¿podría devolver el dinero al buen señor?.... — Sugerí casi suplicante.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#3
Y mientras seguía allí esperando a que el sujeto se aburriera y alguien más se lanzara al juego, la gente empezaba a hablar sobre lo dura que estaba siendo Yuuki con el sujeto. Aunque otros recordaban mientras hablaban que había sido un patán todo el tiempo y que, en lugar de aceptar su derrota, siguió con la racha de pifias y hasta había apostado el dinero que no debía gastar. La pelirrosa miraba para un lado y para otro, recostada sobre la mesa, inmóvil y sin responder a nada de lo que nadie decía.

Sin embargo, en medio de la multitud salió alguien. Una muchacha de cabellos del color del atardecer más hermoso y se ofrecía para ayudar al sujeto a recuperar su dinero. Cosa que Yuuki miró con desconfianza.

Tenía, entonces, una situación en la que tenía dos opciones. O rechazar la solicitud y llevarse lo que había ganado ya. O aceptar y que la estafa continuara. Era una apuesta que la pelirrosa decidió de una manera fácil. Obviamente iba a jugar.

—Ciertamente... pero que no te engañen sus súplicas. Este de bueno no tiene nada. Apostó y apostó hasta que perdió lo que tenía para comer. ¿Estás segura que deseas que alguien así salga sin pagar las consecuencias de sus propios actos?

Mezcló el mazo mientras hablaba.

—Podemos hacer un solo intento. Ese será el trato entre tu y yo. Un único intento. Y si ganas, devolveré el dinero al sujeto aquél. Pero no más. Porque luego dirán que me quiero aprovechar de las personas. Y eso no es así. —Mintió de forma flagrante y sonriendo con la cara de "yo no fui" que sabía poner.

Terminó de mezclar el mazo entonces. Lo había hecho para que el dorso de las cartas tuvieran una disposición que ya conocía de tanto tiempo jugando con ellas. Acomodó el mazo sobre la mesa con la mano derecha y luego puso la izquierda sobre el centro de ésta. Miró a los dos, tanto a la muchacha como al muchacho impertinente, que ahora sonreía de manera confiada. Yuuki empezaba a detestarlo. Pero se ahorraba el mostrar su desprecio de manera pública en ese instante. Miró a los dos y puso la cara más seria que podía poner.

—Esta será la última jugada de esta mesa. Si quieren seguir con esto, lo haremos. Señorita, ¿Estas dispuesta a perder tu dinero por este hombre? Apostó la comida de su familia. No lo merece...

Y justo al decir eso, los demás alrededor asintieron, siguiendo el pensamiento de la dueña del juego. Obviamente estaba arreglado. Pero estaba segura de haber jugado bien y de haber hecho que los que habían perdido antes se hubiesen ido antes de continuar aceptando pichones. Actualmente solo quedaban mirones y el tonto que ahora estaba recibiendo ayuda para recuperar el dinero de la comida que irresponsablemente apostó.
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#4
La hermosa doncella alada me permitió jugar, pero a la vez, me advirtió sobre las decisiones erróneas del señor. Ciertamente, puedo decir que cada quién siembra lo que cosecha, y si él decidió perder hasta lo que tenía para comer, las consecuencias debían asumirse. Pero, nunca he sido ajena al dolor, tristeza, enojo, o preocupaciones de las personas. Ayudaría con lo que pudiese. — Asumiré el riesgo, apuesto mil berries. —- Respondí con una gran sonrisa, esperando iniciar el juego. ¿Qué podría perder intentándolo? Lo material se genera, se recupera.

Escuché las indicaciones sobre el juego, que sería un único intento. Un intento donde pondría toda mi fé para recuperar lo que se había perdido. — Entendido. — Confirmé, atenta a sus manos y a la manera en cómo barajeaba el mazo de cartas.

Acomodó el mazo de cartas sobre la mesa. Mis ojos azules estaban fijos sobre su diestra, no habría posibilidades de trampa. No, ella me transmitía seguridad, si, parecía una mujer honesta. Me miró a los ojos, pero ya no sonriente, si no, de una manera seria y fría. Nuevamente me cuestionó si estaba bien en arriesgar el pescuezo por este señor. — Si, por favor. — Respondí, regresando mi mirada a las cartas. Si algún Dios divino lo permitiese, podría ganar.

Y esperando la suerte caer. Sostuve la respiración por los nervios, si, estaba nerviosa, nunca había participado en apuestas. Incluso recuerdo que mi padre me advirtió de personas que se dedicaban a esto, puro negocio a puntas de trampa. Pero, prefiero creer en el lado humano de todo ser viviente. Junté mis manos como si implorara una plegaría o un milagro, sin echar en cuenta de los pocos espectadores que nos rodeaban, o aún más, del señor deshonesto al cuál estaba apoyando.
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Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
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#5
—Entonces será, ciertamente, tu perdición, querida.

Yuuki sentenció volviendo a sonreír y retirándose para que la muchacha eligiera la carta. De la forma en que había arreglado el juego, cualquiera de las que eligiera la chica de cabellos del sol iba a ser una opción que ella ya conociera. Era dinero fácil. Y la verdad era que Yuuki podía recibir con tranquilidad el dinero. Incluso la gente de alrededor juzgaría a la muchacha por competir aunque hubiera sido advertida.

La elección sucedió y la birkaniana tomó la carta y la mostró. Pero antes de decir nada más, puso todas las cartas juntas y luego las volvió a mezclar. Estaba sonriendo. Pero pensaba en algo más que solo el dinero fácil de aquella imprudente.

—Mira. Ya sabemos que perdiste. No hace falta decir mucho más. Pero quiero dar valor a un buen corazón.

Suspiró y guardó un poco de suspenso a propósito para que los demás alrededor se pusieran a murmurar. Algunos decían que iba a devolverle al viejo todo el dinero. Otros decían que le dejaría el dinero a la muchacha. Otros decían que iba a sacar adornos y piezas de oro para todos porque era solo una prueba sobre la avaricia. Sin duda se hablaba mucho.

Para poder cortar el suspenso, Yuuki sacó el dinero ganado y empezó a contar hasta que había sobre la mesa una cantidad total de 500 berries.

—Puedes quedarte tu apuesta, querida. Pero has perdido. Y por esa razón, dejaré que el hombre recupere tan solo la mitad de lo que he ganado. Esperemos que eso sirva de lección a tu amiguito...


Su voz era amable y tierna. Y la manera en que miraba a la muchacha y al hombre aquél no pegaba para nada con la de una persona llevando un juego de azar.

—Llévate el dinero, hombre horrible. Y no vuelvas a aparecerte frente a mi. Y antes de que te vayas, agradece a la muchacha —Miró entonces a la joven—. ¿Cómo era tu nombre, corazón? Díselo a ese pedazo de escoria, para que sepa quién fue quien le rescató cuando lo había echado todo a perder. Yo por mi cuenta me voy a presentar...

Se puso de pie sobre la silla y luego puso un pie sobre la mesa. Se veía envigorizada, llena de vida

—Yo soy: Yuuki. La buena fortuna me sonríe. Y voy por todos los blues repartiendo buena fortuna a todo aquél que lo merece... ganando algo de beneficio en el camino, claro.

Y dicho aquello, sonrió y se echó a reír de manera ruidosa y broncoaspirando mientras lo hacía. No era exactamente la risa de una mujer noble, pero era la risa de Yuuki. Y mientras los hacía, la gente la aplaudía y todos parecían estar felices de ver que aquella dama de cabello rosa no era tan avariciosa ni de mal corazón. Ahora todos querían participar en el juego nuevamente. ¡Incluso lo que habían perdido antes!

—¡JRAH JRAH JRAH JRAH!
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#6
La miré sonreír, y ahora me daba la oportunidad de tomar una de las cartas. Tome la parte lateral izquierda, y…a pesar de mi fé. Perdí.

—Oh vaya… —- Dije con un pequeño suspiro de decepción, tenía fé de que algún milagro me tomaría cariño. Luego la miré retomar la baraja de cartas y comenzó a mezclar de nuevo. Me mencionó que le daría valor a mis buenas acciones, a lo que yo la miré con cierto asombro. ¿En serio lo haría?. Su silencio me hipnotizaba, me tenía al merced y en el umbral de una oportunidad de buena acción.

Entonces, sí, ocurrió el milagro que tanto había ansiado. La doncella apostadora sacó de sus ganancias la cantidad de 500 berries y las devolvió al señor. Una lección bastante dura a decir verdad, pero tenía razón, no se puede caer en el vicio de los juegos.

Reprendió con severidad aquel señor que a lágrimas y desespero tomó las pocas ganancias que le quedaban. — No vuelva a meterse en estos líos. — Expresé con una sonrisa leve. — Mi nombre es Miyori Hoshino. 

Me presenté pero mi mirada ya no estaba en el señor, miraba a la doncella alada. Mi fé en ella volvió, había bondad en su corazón después de todo. Y como si no fuera ya lo suficientemente alta, se puso en pie sobre la silla en la que estuvo sentada desarrollando sus juegos sucios, y con pie sobre la mesa, y su sonrisa impenetrable. ¡Se alzó radiante!

¿Su filosofía?, Repartir fortuna por todo el continente de blues. Dar y recibir a la vez, un trato. Todo el mundo aplaudía ante tan asombrosa presentación, motivados de nuevo a jugar a las cartas contra ella, como si hubiera chance de ganar. Pero su risa, su risa me generó emoción escondida. Era genial, si… Esa era la palabra correcta.

— ¿Has viajado lejos de aquí, señorita Yuuki?
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#7
—Ciertamente, Señorita Miyori

La voz y la actitud de Yuuki hacían que pareciera mucho más de lo que era realmente: Una vulgar apostadora y ladrona. Pero cuando se podía permitir presumir, coquetear y ganar algo de dinero con solo una cara bonita, una sonrisa y actitud, ¿Porqué no hacerlo? Después de todo, para eso tenía las habilidades y si no dañaba -mucho- a nadie, pues no había razón para contenerse. El mundo no le tendría piedad, ella no tenía razones para tener piedad con el mundo... a su manera.

Se bajó se la silla se un salto, ajustando las alas elegantemente. Luego recogió la mesa y aplaudió con alegría mientras que sonreía a todos.

—Bueno, chicos. Creo que es hora de que nos vayamos por hoy. Mucho juego es malo. No lo olviden. Pero... —Voló un besito a todos y guiñó un ojo—. Estaré aquí mañana para el que se sienta valiente y afortunado...

Tenía dinero para contar y no quería perder tiempo en ello. Y mientras la gente se iba y ella terminaba de organizar las cosas, miró de reojo a Miyori. Era una chica de apariencia normal. Incluso era de una estatura que podría decir que era promedio. Pero despedía una energía de alegría y confianza que no podía negar. Y poco antes la había notado tan amable y explotable que creyó que tenía una idea para ella, así que se detuvo casi al terminar y miró a Miyori, sonriendo de oreja a oreja para ella y acercándose con ese aire alegre que ella misma podía inspirar. No parecía que fuera a romper un plato, pero planeaba destruir toda la vajilla.

—Oye, se me ocurre algo. Algo que podemos hacer tu y yo. ¿Te parece si seguimos jugando a las cartas? Pero no solo nosotras, no... —Se inclinó y le habló en el oído—. ¿Qué te parece si vamos a la taberna y jugamos con unos amigos a las cartas? Tu jugarás primero, y luego jugaré yo...

No pensaba estafar a Miyori. En lo absoluto. Pero sí que pensaba utilizarla para ganar algo de dinero en la taberna apostando. Notaba un poco de inocencia en la chica y sabía que los jugadores mañosos de la taberna querrían aprovecharse de ella. Asi que al usarla para las primeras rondas, podría hacer que esos desgraciados se confiaran lo suficiente para luego ella entrar y desplumarlos por completo.
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#8
El espectáculo de cartas llegó a su final y de pronto se esfumó el ambiente de juegos improvisados. Todos se fueron en cuanto la hermosa doncella los despidió a todos con promesas de por medio, no sin antes lanzar besos al aire con sumo de grandeza. Divina en su máximo esplendor, esa era Yuuki.

Fue entonces que estando solas, se me acercó con una propuesta totalmente fuera de lo esperado. Me propuso en susurros en mi oído derecho, me comentó sobre seguir jugando a las cartas, pero ya no solo nosotras, al contrario, era más de hacer equipo para jugar entre amigos. Y a mi me encantaba conocer personas y hacer amigos. Se escuchaba interesante.

— ¿En serio? — Pregunté mientras parpadeaba unas cuantas veces, procesando la idea interpuesta al aire. Y sonreí de forma animada —- ¡Suena divertido!

—- Pero…. —- Musité con signos de preocupación y dudas. —- ¿No vamos a quitarle a las personas su dinero, verdad?

No me gustaría jugar con la estabilidad económica de las personas, algunos caen en vicios pero no por eso se debía aprovechar de esas circunstancias. No suelo ir muchos a bares, cantinas o tabernas del pueblo, de hecho, ahora que lo pienso, no suelo poner un pie en esos establecimientos, después de todo, tengo 17 años.

—- Soy menor de edad, tengo 17 años, ¿eso afectaría? — Estaba dudosa, seguramente recibiría una reprimenda por parte de mi padre y mis hermanos, pero por otra parte, no quería la oportunidad de conocer esos lugares, ¿cómo serían?.

—- ¿Y si me escondo detrás de tus alas?. 
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#9
Era menor de edad. Vaya problema. Y sí, incluso para Yuuki había cosas con las que no podía ni pensar en romper la ley. ¿Porqué? Bueno, porque los chicos son chicos y no hay que darles mal ejemplo. Ahora que lo pensaba, para la edad que tenía Miyoria, bien podría ser su madre. Y pensar esto hizo que la birkaniana se ruborizara por completo allí frente a Miyori y sin decirle nada, tan solo parecía haberse quedado como tonta mientras pensaba en lo que había escuchado. Y duró así un buen rato. Suficiente como para que la chica de cabellos naranja tuviera que preguntarse si todo estaba bien.

No dudaría todo el rato así, de todas maneras. Sacudió su cabeza y se metió la idea de que era una hermana mayor. Sí. Eso estaba mejor. Hermana mayor. Yuuki aún era muy joven para tener hijos, ¿Cierto? ¿CIERTO? El pensamiento se aferraba a su cabeza como si no quisiera irse, pero la pelirrosa seguía sacudiendo su cabeza. Luego recordó que había una estrategia infalible para ello.

De la nada, se dio tres palmadas en las mejillas hasta que el rubor de su cara se había ido. Y ahora solo quedaba el rojo en sus cachetes por las palmadas.

—¿Eh?

Parpadeó unas cuantas veces y miró a Miyori. Sonrió nuevamente y puso ambas manos sobre sus hombros. ¡Era tan suavecita!

—No, no vamos a quitarle nada a nadie. Y una niña no tiene nada que hacer en un sitio como la taberna. ¿Me perdonas por proponer tales cosas? A veces se me va la pinza y se me olvida que también doy ejemplo para otros. Ciertamente... —Sonrió y agachó la cabeza un poco. Quien conociera a Yuuki seguramente pensaría que se le zafó otro tornillo al fin. Aunque posiblemente lo mismo estuviera pensando Miyori—. Vamos a hacer otra cosa. Dime que es lo que más te gusta en la vida...

Se puso de pie y recuperó algo del aire de dama hermosa y conquistadora que había mostrado antes. Se sacudió el cabello con la mano derecha, echándolo para atrás en un solo movimiento y haciéndolo que se meciera en el aire y cayendo detrás de su espalda con cierta gracia. Luego meció sus caderas a la izquierda y apoyó el peso de su cuerpo sobre ese lado, dejando que su figura se marcara, teniendo la mano izquierda sobre la cadera.

—Cuéntame tus sueños, pequeña Miyori. Y vamos a buscar cumplir uno el día de hoy. Te lo has ganado por demostrar la nobleza de tu corazón.

Sonrió y se quedó mirando a la chica por un momento, esperando su respuesta. Luego se llevó una mano al cabello y lo peinó un poco para atrás. Miyori pudo notar que, mientras hacía esto, las puntas de sus dedos de la mano que tenía en la cadera tamborileaban alegremente. Y no es que Yuuki estuviera nerviosa o ansiosa. Sino que simplemente parecía estar interesada en realmente darle un buen recuerdo a alguien sobre ella.
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#10
Un silencio quedó sembrado por un largo rato, y la expresión de la joven Yuuki parecía descojonada ante mis palabras. ¿Estaba mal mi propuesta de ocultarse tras sus alas?, quizás le ofendí o era demasiado sagrado como para tocar sus plumas.
Tras un encaramiento de pensamientos ajenos, nerviosismo, y quizás un poco de pánico, finalmente ella reaccionó para acercarse sin medimientos y colocar sus manos sobre mis hombros.

Mencionó que los bares no eran lugares para mí, e incluso me pidió perdón por proponer tal sugerencia. No comprendí mucho, ¿acaso no eran lugares donde se podía comer y beber?, si entiendo que son bulliciosos, pero fuera de eso, era un establecimiento más. ¿No?. — No se preocupe, está bien. — Dije con una sonrisa tenue, quizás algo decepcionada o desilusionada, no conocería ese ambiente, aún.

— Pues …. —- Mi dedo índice se posicionó sobre mi mentón, y mis ojos miraron por unos segundos el cielo, pensando en las cosas que me gustaban. No eran muchas. Luego miré a Yuuki, con una pose tan excepcional que me hizo sentir admiración profunda.

Y no solo eso, me cautivaron sus palabras con promesas de ir afuera en busca de cumplir mis sueños en recompensa de mi sueños. —-*¿Sueños?* — Un pequeño pensamiento invadió mi cabeza, ¿Cuál era mi sueño?, ¿No tenía acaso?.

—- Me gustaría algún dia…. — Mis labios se presionaron entre ellos un momento, silenciando quizás aquel dudoso deseo que a veces me llenaban de anhelo cada noche a la oscuridad de mi habitación, imaginando escenarios donde…miraba el mundo y conocía todo sobre la música. — Convertirme en una gran artista.

— Pero…. — Desvié la mirada a mis pies, con cierto nerviosismo, no, mejor dicho, sentí vergüenza de decirlo en voz alta. —- Quizás no sea tan buena.
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