[Fic][Pasado] Un puro y una rosa
#1
64 de Primavera, Año 17.

Había vuelto a tener una pesadilla. No eran habituales, pero se repetían especialmente durante los episodios de migrañas. Aquella noche, desperté entre sudores fríos con la respiración acelerada. La oscuridad absoluta de los barracones debería haberme conferido cierto sosiego, en vez de esa ansiedad creciente que me oprimió el pecho. 

Incluso cuando sabía que no eran reales, las pupilas de Pulmones Negros me devolvieron la mirada desde la penumbra a los pies de la cama. Tuve la sensación de que toda la estancia apestaba a puros. 

—¿St. George? —Di un respingo. Un ramalazo de cefalea me hizo apretar la mandíbula y maldecir en silencio—. ¿Estás bien? 

La voz de John sonaba adormilada. Distinguí su silueta en el catre de al lado, aunque apenas pude enfocarlo. Estaba de costado, mirando hacia mi dirección, y su voz era apenas un susurro. 

—Son las migrañas… —susurré—. Duérmete. 

No eran solo las migrañas. El cuerpo entero me ardía, débil y aquejado por escalofríos. Deduje que me había subido la fiebre. 

—¿Necesitas algo? 
«Que te calles y me dejes en paz» habría bufado. 
—No te preocupes… 

Intenté sonar amable, como casi siempre. Soñar con Pulmones Negros me ponía de un especial mal humor. A menudo me preguntaba cómo era posible que dos años de cautividad pudieran pesar más que siete de libertad e independencia. La realidad es que Jorek siempre seguía ahí. Su huella indeleble había quedado grabada en la debilidad que aquejaba mis pulmones, así como en las cefaleas que a menudo nublaban el mundo. 

Me dejé caer sobre las almohadas. A mi lado, John se escabulló de entre las sábanas. Para cuándo regresó, arrastrando los pies, yo todavía no había conseguido conciliar el sueño. Noté un repentino paño húmedo sobre la frente y abrí los ojos lo justo para verlo regresar a su colchón. Él no se dio cuenta de que lo observaba. Fingir que estaba dormido me resultaba más sencillo que agradecer un gesto que no alcanzaba a comprender. 

Vivía rodeado de personas que creían en mí, pero yo no creía en ninguna de ellas. Hacía mucho, mucho tiempo, que mi corazón se había ahogado en el mar. Cerré los ojos. Rodeado por los fantasmas de mi pasado, mi mente halló un breve consuelo. Durante el resto de la noche, soñé con Rose y los jardines de su casa.

Fin.
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