01-03-2026, 01:58 PM
(Última modificación: 01-03-2026, 02:00 PM por Juan Sebastian.)
Día 30 de verano, Año 17
El viaje estaba siendo complicado, el bote era viejo y, a medida que remaba y remaba, cachos de madera se soltaban del mismo —¡Maldito viejo! ¿Como mierda iba a pescar en este cacharro?— Además, remar no era lo mío, se notaba mi falta de destreza en cada movimiento con el que intentaba avanzar.
Pero finalmente llegué, en el horizonte pude vislumbrar Baterilla en la distancia, con su precioso volcán y sus preciosas casas blancas… Estaba en casa por fin. O eso era lo que me gustaría decir, pero mis últimos momentos en alta mar se vieron dificultados —¡UNA FUGA! ¡HAY UNA FUGA! AKIRAAAA— Pero Akira no estaba aquí, el estaba aún en la Isla del Kárate, a falta de continuar con su entrenamiento.
Fue una lucha feroz, daba un impulso con el remo seguido de vaciar el agua que se acumulaba con el cubo que tenía el señor en la barca para guardar las capturas, cubo que estaba vacío porque por supuesto que no había logrado pescar ni un arenque con una caña sin cebo. Repetí las acciones una y otra vez, acercándome poco a poco a la costa, lento, pero constante.
Finalmente logré la victoria, evitando que el barca se partiese en dos al aguantar las dos mitades con mi pinza y dejándome llevar a la playa por la marea. En el momento en el que toqué tierra, di un salto veloz a la arena, tumbándome en la misma —Uff… Uf… Pensaba que no la contaba…Viejo cochino, no me vuelvo a subir en una barca cochambrosa como esta— Tras tomar un respiro, me levanté y me estiré un poco, —Bueno bueno… Biene está lo que bien acaba— Miré la barca que pensaba guardar por si en algún momento llegaba a ser útil, pero estaba completamente deshecha, partida en dos y con más agujeros que una red de pescar. —Bueno… Lo siento mucho Ana María…— Pensé, y la dejé allí, varada en la costa, quizás alguien le daba uso para tapar agujeros o… ¿Hacer leña? Seguro que alguien le podría dar uso en algún momento, es lo que ella habría querido, supongo.
Tras desembarcar me dirigí rumbo al cuartel —¿Cómo habrán estado mis compas? Cuando les enseñemos lo que hemos aprendido van a flipar— Quizás no había logrado encontrar a Diosdado en Kárate, pero volvía con un aire de confianza renovada.
—Hablo—
—Pienso—
El viaje estaba siendo complicado, el bote era viejo y, a medida que remaba y remaba, cachos de madera se soltaban del mismo —¡Maldito viejo! ¿Como mierda iba a pescar en este cacharro?— Además, remar no era lo mío, se notaba mi falta de destreza en cada movimiento con el que intentaba avanzar.
Pero finalmente llegué, en el horizonte pude vislumbrar Baterilla en la distancia, con su precioso volcán y sus preciosas casas blancas… Estaba en casa por fin. O eso era lo que me gustaría decir, pero mis últimos momentos en alta mar se vieron dificultados —¡UNA FUGA! ¡HAY UNA FUGA! AKIRAAAA— Pero Akira no estaba aquí, el estaba aún en la Isla del Kárate, a falta de continuar con su entrenamiento.
Fue una lucha feroz, daba un impulso con el remo seguido de vaciar el agua que se acumulaba con el cubo que tenía el señor en la barca para guardar las capturas, cubo que estaba vacío porque por supuesto que no había logrado pescar ni un arenque con una caña sin cebo. Repetí las acciones una y otra vez, acercándome poco a poco a la costa, lento, pero constante.
Finalmente logré la victoria, evitando que el barca se partiese en dos al aguantar las dos mitades con mi pinza y dejándome llevar a la playa por la marea. En el momento en el que toqué tierra, di un salto veloz a la arena, tumbándome en la misma —Uff… Uf… Pensaba que no la contaba…Viejo cochino, no me vuelvo a subir en una barca cochambrosa como esta— Tras tomar un respiro, me levanté y me estiré un poco, —Bueno bueno… Biene está lo que bien acaba— Miré la barca que pensaba guardar por si en algún momento llegaba a ser útil, pero estaba completamente deshecha, partida en dos y con más agujeros que una red de pescar. —Bueno… Lo siento mucho Ana María…— Pensé, y la dejé allí, varada en la costa, quizás alguien le daba uso para tapar agujeros o… ¿Hacer leña? Seguro que alguien le podría dar uso en algún momento, es lo que ella habría querido, supongo.
Tras desembarcar me dirigí rumbo al cuartel —¿Cómo habrán estado mis compas? Cuando les enseñemos lo que hemos aprendido van a flipar— Quizás no había logrado encontrar a Diosdado en Kárate, pero volvía con un aire de confianza renovada.
—Hablo—
—Pienso—
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