02-03-2026, 09:22 PM (Última modificación: 05-03-2026, 12:33 AM por Seraphine Soyer.)
Fecha: Día 36 Primavera 17
Le faltó poco para convertirse en bolita sobre la arena, sentada y con su mentón apoyado sobre sus rodillas, tenía un brazo estirado, protegiéndose de las chispas de las bengalas y la luz de colores dorados bailaban sobre su rostro, pareciendo ser la única manera de poder confirmar su presencia en aquella playa durante la mitad de la noche, aunque tampoco es como si planease esconderse, encontrándose eso sí a gusto en el manto protector que parecía ofrecerle aquella oscuridad sobre su cabeza, permitiéndose hundir en la profundidad de sus pensamientos, con sus ojos, siempre vivos y llenos de color, siendo cambiados por unos pensativos, no pareciendo encontrarse en el mundo de la gente con vida.
¿Por qué?
Seraphine había tenido otra de sus pesadillas, aquellos malos recuerdos que le calaban hasta sus huesos, negándose a dejarla ser normal como el resto, cuando creía que empezaba a sanar, las imágenes en las cuales abusaban de ella, no tardaban demasiado en volver a la superficie, causando un enorme caos en la Skypean, no quedándole más opción que permanecer el resto de la noche despierta, hasta la llegada del sol, donde hacía una pequeña siesta para recargar su energía, pero con el pasar del tiempo, aquella asfixiante sensación que la llevó al borde del suicidio se volvía más tolerante.
Y aquello era algo que no le gustaba aceptar, ni quería hacerlo.
¿Por qué debía ser tolerante? Quería que desapareciera, quería que la dejasen en paz, la frustraba demasiado, pudiéndose comparar con el mar por la enorme cantidad de sentimientos negativos que revoloteaban en su interior, con la esperanza de ser libre y sintiendo envidia de las personas que podían sonreír de manera tan libre, pareciendo no haber conocido los males del mundo, siendo en ese momento, que la hipnótica luz de la bengala desaparece, soltando un suspiro, dejó caer su cuerpo hacia un lado, observando la luz de la luna y sonrió, al menos la idea de pasar el tiempo probando diferentes fuegos artificiales le animó bastante.
Los colores y los diferentes tipos eran hermosos, habiendo mucho a su disposición, al punto que no sabía qué elegir. Concentrándose en bañarse en la luz de la luna, estiró su mano con la intención de ir a por otro paquete de fuegos artificiales, dejando al azar lo que encendería a continuación.
La noche abrigaba con una fresca brisa bajo el manto de estrellas y el faro de la luna, regalando una suave pero apacible luz que iluminaba casi de forma onírica . Hacía nada Cill se encontraba en Baterilla, aquella isla donde hacía años ya había vuelto a encontrarse siendo una persona libre de poder decidir su propio destino y comenzar su vida de cero otra vez, con solo una espada a su cintura, y una tragedia a su espalda. Pensar en aquellos días no era algo que le gustara hacer, prefería que los fantasmas se quedaran en el más allá, lejos de él, sin interferir en la vida que había decidido vivir, una sin arrepentimientos, llena de libertad, donde no existía el miedo y solo podía dejarse llevar por lo que creía, lo que siente. Si bien Baterilla debería ser sinónimo de alegres momentos, la realidad es que ni bien pisar aquellas costas, solo podía pensar en todo lo vivido desde su lejano East Blue, todo lo que sucedió luego, aquellos duros años y no podía asociar esas tierras a algo alegre realmente. Aunque volviendo al presente quizás sentir esa tierra firme bajo sus piesz le entregaba una extraña sensación de calma, sabiendo que todo aquello, no era más que un pasado que no volvería y que tampoco permitiría que ocurra con otros.
Luego del viaje Miyori estaba cansada, de hecho él la había dejado dormir mientras los guiaba a sus tierras de orígen, tapándole con la capa que colgaba ahora de sus hombros solamente. Y aprovechando mientras ella seguramente visitaría a su familia y eso, Cill optó por una opción un poco más solitaria, quizás introspectiva, sensaciones y estados que no podía evitar por más que quisiera, al menos en un principio siempre que pisaba Baterilla... Estaba tranquilo pues había visto animada a la pelinaranja y se sintió relajado entonces para poder salir a caminar, el juego todavía no estaba en su interés, solo quería pasear, guiar antiguos fantasmas que querían volver a revivir el calor del fuego, olor de la sangre, gritos mudos, sobrevivir en altamar, no era nada que quisiera andar pensando, por lo cual solo quería acomodar un poco su mente, y para ello, no había nada mejor para el pelinegro que una caminata por la playa, tranquila, silente, acompañado del murmullo del mar que nunca dormía.
La caminata fue larga, en parte estuvo todo el trayecto absorto en sus propias ideas, entre recuerdos y sueños, intentando encontrar un claroscuro como punto medio donde el pasado no pese, y el futuro no brille por demás, después del todo el pirata solo era un vago que le gustaba divertirse, encontrar esas emociones y adrenalina que le llevaban a sentirse vivo, y dentro de eso, en esa caminata, intentaba resolver aquel rompecabeza. ~Fué una noche como ésta...~ pensaba mientras caminaba a la luz de la luna y se dibujó una sonrisa en su rostro, recordando aquel primer momento, esa noche donde dejó de ser la diversión y el trabajo, y empezó a divertirse y trabajar por aquella convicción férrea que había construido. ¿Cuánto había caminado? Era difícil determinarlo, pero si podria decirse lo suficiente para sentirse aliviado, caminando con una sonrisa ya, disfrutando la libertad de la noche en la amplitud de aquella bahía, sabía que no se encontraría a Alek allí, y el tiempo escaseaba, pero, la posibilidad nunca era cero y guardaba un halo de esperanza de poder cruzarlo... Pronto, se dispersó totalmente, y empezó a reír ante la genialidad con una emoción vibrante, era un hombre sencillo, vió más delante unos fuegos artificiales y vengalas y no pudo evitar el deseo de ir a disfrutar más de aquello. Al acercarse pudo ver a aquella gracil joven sentada, entre melancólica y disfrutando, al menos para su forma de ver, y lo primero que llamó su atención fueron sus alas, era primera vez que veía unas blancas, si recordaba perfectamente las de Alek, negras, al igual que las de Ashera... Afiló sus ojos entrecerrándolos intentando descubrir el misterio ~¿Las alas negras serán porque Alek es negro?~ pensaba mientras se acercaba sonriente y pudo ver la última vengala que dejaba brotar su brillo y color sin poder evitar reír.
Ya estando frente a ella, se inclinó un poco a verle el rostro con una amplia sonrisa.
— Oye ¿Podemos prender más? — preguntó inocentemente entre risas con total confianza como si no hicieran falta introducciones o la timidez fuera algo desconocido para él.
Las acciones de Seraphine se quedaron suspendidas en el aire apenas escuchó la voz del hombre, parpadeando, no lo miró directo a los ojos, en cambio, se quedó dándole la espalda, si no fuese por el hecho de tener las bengalas delante de ella, aquel escenario sería sacado de una película de terror gracias a su hiperactiva imaginación y tragó saliva, controlando sus ganas de correr hacia Mizuki o Kazan, no obstante, recordó aquella sensación de impotencia que solía tener cada cierto tiempo al no ser lo suficiente fuerte de poder enfrentarse a las cosas, siempre huyendo y esta vez, no tenía la intención de hacer aquello.
Mordiéndose el labio inferior, giró con cuidado su rostro hacia él, mechones cubrían su frente y, dejando escapar un pequeño suspiro, apartó algunos, dejando ver primero sus ojos verdes, observando con una enorme curiosidad, no pasando desapercibida su intención al escuchar aquella pregunta, ¿Quería encender una bengala él también? No viendo nada de malo, cogió una y estiró su brazo hacia él, con una tímida sonrisa. No había tenido intención de pasarse aquella noche acompañada, pero tampoco estaba en contra de eso; quizás compartir la diversión lo hacía el doble de divertido.
Y estiró una mano para tomar la caja de cerillas entre los dos, para que Cill no tuviese que estirar demasiado sus brazos, una vez hubiese terminado de colocar las cosas de forma estratégica, buscó su libreta y lápiz, habiendolos traído por suerte con ella, creyendo al principio no tener una necesidad de comunicarse con alguien, pero sin sus métodos de comunicación, la skypean se sentía desnuda, siendo en ese momento, que se acordó del montón de arena en su ropa, así que se puso de pie, alisando su vestimenta y limpiandola un poco, siendo en ese momento, que se percató de la diferencia de altura entre ambos, sonriendo con cierto nerviosismo, ya presentía que iba a soltar algún comentario al respecto.
—Seraphine— Le mostró lo que escribió tras quitarse la arena y sentarse en el suelo. —¿Tú?— Tuvo que apartar la mirada, llevando el antebrazo a su rostro, escapando un estornudo, sintiendo algo de frío, no ayudando demasiado el viento congelado que provenía del mar. —¿Y… cuál es tu razón para estar afuera a estas horas?— Lo señaló. —Tu primero, yo contaré mi razón después— Sonrió, encendiendo su bengala.
La noche era clemente, y la playa regalaba un momento apacible, tranquilo, Cill no esperaba aquel fortuito encuentro pero tampoco le rehuía, su espíritu curioso siempre le invitaba a aventurarse ante lo nuevo o desconocido. Y Cill no podía evitar la emoción cual niño al ver aquella pirotécnia. El pelinegro lejos de ver una amenaza o algo en aquella joven, veía curiosidad que le invitaba como no era de otra forma, a meter las narices y dejarse llevar con una sonrisa.
En una primer instancia, en aquel primer acercamiento, no había prestado atención a aquella joven frente a él, ni a su tamaño, que al ponerse de pie para sacudirse la arena vio la diferencia de altura que le llevaba. No le sorprendía, había visto anteriormente gente aún mucho más alta pero nunca podía ignorar el factor de las alas, le era imposible que no le llame la atención y fijarse en éstas, incluso, dentro suyo, resistía el impulso de tocar las alas y se conformó con el recuerdo de aquellas alas negras que había visto en aquella joven en otra ocasión.
Más allá de la amabilidad de la joven de ojos verdes, el pirata ahora viéndola más detenidamente, no pudo ignorar el detalle, vió en su cuello una gran cicatriz, como también en sus brazos, piernas, no pasó por alto la falta de uno de sus dedos en una de sus manos, el meñique específicamente. Y suspiró enternecidamente, no hacían falta explicaciones, recordaba bien aquella sensación y se imaginaba un poco todo lo que aquella joven debió haber pasado, y recordó también aquello que lo lanzó al mar y le convirtió en un pirata y por lo que luchaba. Mientras ella escribía palabras en su libreta, Cill comprendió incluso hasta que punto había llegado seguramente el sufrimiento de ésta. Dió una pitada a su cigarro mientras la dejó escribir tranquila y fijó su vista en el mar y el cielo, allí donde se unen en el horizonte y la noche no permite divisar la diferencia de uno del otro.
Volvió su vista a ella, y le sonrió, y echó a reír. Desenvainó su katana suave y lentamente, de forma amigable y con un aire libre de amenaza, donde ella comprendiera que no había peligro… Y luego de leer sus notas, se alejó unos pasos para apuntar la punta de su espada a la arena.
—Yo soy Cill Blinton— escribió claramente sobre la arena con la punta de su espada mientras sonreía. —Me gusta ver el cielo y las estrellas, el mar en la noche… Me recuerda mi hogar, a veces suelo venir a viajar en el tiempo y recordar…— finalizó para guardar su katana en silencio, observándola con una sonrisa y sus orbes cobre cargados de melancolía.
Notó el frío en esta, y lo desabrigada que estaba, y sin pensar mucho, se volvió a asomar mientras quitaba su capa de sus hombros, y la colocó sobre la espalda se la joven con una sonrisa y tomó una bengala estrellita, de esas pequeñas, y la encendió con las cerillas, y puesta entre el rostro de ambos, la miró con una sonrisa que sin decir nada, la invitaba a contar ahora a ella sus razones
No le pasó desapercibida la forma en que Cill la miraba, alzando una ceja, sin saber si catalogarlo como lástima o como algo más, dando de inmediato un paso hacia atrás; fue en ese momento que escuchó el ruido del mar detrás de ella y giró su rostro, notando cómo la espuma se acercaba más a sus pies, ocasionando que diese un pequeño salto hacia adelante para huir, produciendo que hiciese una silenciosa risa, era sin duda un juego infantil, pero seguía siendo uno de los que más la divertía.
Sonrisa que desapareció de inmediato cuando lo vio sacar la espada o katana, a estas alturas, para Seraphine era lo mismo y entrecerró sus ojos, dudosa de tomar todas sus cosas y irse lo más lejos que pudiese de ahí, ya que no tenía la intención de volverse la siguiente víctima que apareciera en un papel del periodico, además del hecho que de seguro, pondría a dos personas importantes para ella triste, a lo que chasquéo su lengua, deteniendose justo en el momento que empezó a escribir en la arena, acercandose un poquito para poder verlo mejor y entrecerró sus ojos, sin saber si pensar en él como considerado o lanzarle un puñetazo, el perder la voz por culpa de un evento traumático le hacía no pensar de una forma demasiado racional.
Y ladeó la cabeza al ver cómo hablaba de sus preferencias, cuando no recordaba haber preguntado por estas, hasta que se dio cuenta de que aquello le daba un motivo por su paseo, pasó una mano por sus largos cabellos, peinándolos hacia atrás, despejando su frente, estando a punto de escribir la parte de su trato, cuando sintió el abrigo sobre su espalda, a lo que alzó un poco la ceja, no esperando aquello, pero solo sonrió, debiendo de batallar un poco para que se quedase en su lugar, por culpa de la diferencia de altura.
—Gracias— Acercó su mano para tomar la siguiente bengala. —En mi caso, no podía dormir— Admitió. —Y un poco de pesadillas— Con sus siguientes movimientos, pareció restarle importancia a aquella declaración, leyendo las instrucciones de aquella bengala de humo de colores, y no pudo evitar hacer una mueca algo decepcionada cuando solo salió, en efecto… humo azul. Infló sus mejillas, esperando a que acabase.
—¿Por qué vas armado?
No tardó demasiado en hacer más preguntas para hacer una conversación y se le escapó un estornudo. —¿Y que más puedes decir de ti?— Ladeó la cabeza, mirando en dirección al cielo nocturno, buscando otra bengala que llamase su atención.