[Pasado] Carreritas de supermercado |Priv.
#1
Día 60 de Primavera | Año 16


Decir que acababa de llegar a Samba no era exacto. Pero igual no se acababa de acostumbrar. Baterilla era humilde, sí, pero allí la gente era más feliz. En Samba, por otro lado... había muchas diferencias. Y si bien a Yuuki aquello no le importaba mucho, había visto a unos sujetos con uniformes de la Marina hacer algunos desastres con una gente que les plantó cara. El pobre hombrecito estaba llorando cuando se lo llevaron. Fue algo tan triste que Yuuki guardaría cierto rencor por esos uniformes. Porque no eran los tarados que los portaban lo que la enfurecían, era el hecho de que al portar el uniforme, fueran básicamente intocables.

Eso había sucedido el día anterior. Y ahora era un día nuevo. Yuuki había ido a una cafetería que quedaba en una zona intermedia entre la orilla del rio y las grandes casas que quedaban más lejos de la orilla misma.

Estaba bebiendo su té de la mañana. Que nunca le faltara. Era algo que hacía todos los días, pasara lo que pasara. Y si no podía hacerlo, no se imaginaba de lo que podría pasarle. Se llegaba a preguntarse si era más adicta a las apuestas o a la hora del té. Siendo que lo primero era lo que le había causado todos los problemas en los que estaba metida ahora, el té era algo que sostenía como su pilar emocional.

Miró un rato el camafeo que guardaba en su pecho y luego de guardarlo, se terminó el té y las galletas con las que lo acompañaba. Se puso de pie y decidió que era momento de continuar con el día.

Como era nueva en Samba, lo que conocía era más bien poco. Y su clan tampoco se empeñó en enseñarle demasiado. Así que si quería tener algo de éxito mientras estuviera allí, tendría que ponerse al tanto de qué era lo que ocurría por allí. Luego de eso, buscaría algún trabajo que pagara bien... y se largaría. O también podía ponerse a probar la suerte apostando en una taberna. Pero nada de ello sería posible sin información.

Caminó por las calles y observó a la gente en su día a día. Mantenía los oídos abiertos y los ojos bien despiertos, pues también era consciente de que la miraban bastante. Quizás era por su forma de caminar, o por la manera en que sus dedos jugueteaban sobre la pistola enfundada, tamborileando con las puntas de los dedos sobre esta. Y aún así, iba ella con la sonrisa de santurrona que ella sabía poner.

Llegó a un espacio que se parecía a un mercado y redujo el paso. Caminó entre las tiendas y observó con cuidado. Cuando logró escuchar una conversación, se quedó en silencio y siguió haciéndose que la cosa no era con ella. Y mientras miraba las diferentes mercancías e ignoraba de manera olímpica a los vendedores, prestaba atención.

Había una pareja de enamorados, que estaban hablando bastante alto sobre su situación. Hablaban de que no podían casarse aún, que sus familias no aprobaban la unión. Por la forma en que se comunicaban, parecían ser de la parte más privilegiada, pero estaban a la fuga. Era una historia que a Yuuki le conmovió el corazón, más porque el novio era tan patético que solo estaba allí porque la novia quería fugarse con él. Y ahora la pelirrosa estaba que se comía las uñas por enterarse de más de aquél chisme.

¿Y si se ofrecía ella misma para ayudarlos a escapar? No es que tuviera realmente forma de ayudarlos, pero podía utilizarlos un poco y sacarles todo el dinero que pudiera y saltar a la siguiente isla. O volver a Baterilla luego de un rato. Al final, le gustaba la isla en la que había crecido. Y mientras se debatía con esa decisión, escuchó que al fondo de la calle alguien gritaba.

¡LADRÓN!

Yuuki se volteó a ver. ¿Qué estaba ocurriendo? Un sujeto se acercó a ella y la atropelló. Pero luego siguió por el camino, corriendo. La birkaniana se levantaba del suelo y trataba de mirar a dónde estaban ahora los enamorados. El ladrón realmente no le importaba. Pero sus pichones se habían ido... la gente ahora solo corría y trataba de mirar a dónde estaba el tipo que corría. Yuuki ahora pensaba en dos opciones: ¿Lo perseguía o lo ayudaba?
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
  Responder
#2
Era difícil saber el tiempo que uno había pasado divagando cuando los días se hacían tan largos, cuando la motivación faltaba, cuando no había algo que impulsase el hambre voraz que sentía. No literal, aquel tipo de hambre hacía bastante tiempo que había dejado de ser necesidad, ahora solo se preocupaba por pasear por las calles, aprendiendo de las interacciones sociales. Aquel encierro obligado lo había hecho cambiar, su actitud era en su mayoría distante, casi odiosa. Alek solo se trataba de alguien a quien las vivencias había endurecido como un callo, golpeado una y otra vez hasta que habían dejado de doler.

Su pesar venía ahora de otra perspectiva, casi envidia. Sus ojos, azabaches, se fijaban en las interacciones de la gente. Parecían que se llevaban bien, esas bromas con familiaridad era algo que intentaba replicar a todas horas, pero aquel especie de odio reprimido es algo que le supuraba hasta sin querer; otros simplemente se peleaban. Confrontación, incomodidad, estas eran las interacciones que más se repetían en sus charlas, o al menos el intento de ellas.

El tamaño de su llama se avivó ligeramente en cuanto llegaron a sus oídos el grito, casi lejano, que avisaba de algún amigo de lo ajeno. No lo asustó, pero si lo puso en alerta e, inmediatamente, torció su cuello para mirar a su espalda. Por un momento pensó que aquello se lo recriminaban a él, ya le había pasado. Nada a lo que no estuviese acostumbrado, era relativamente raro ver a un lunarian entre aquellas calles, con sus alas negras y su fuego a la espalda, los locales eran recelosos con lo poco que tenían; aunque también a los que le sobraba.

Atizó sus alas, haciendo que rozasen el suelo, para despegar ligeramente y ganar más altura, de la que ya ostentaba, con el único fin de divisar el acontecimiento. Alguien, probablemente otro local de menos recursos, era el autor de aquello y lo entendía, la vida era difícil. No sería el peliblanco quien lo detuviese. Aunque... - Quizás... - Susurró en su propia mente. La idea llegó, quizás detener a aquel sujeto lo haría ganar el respeto de los vecinos. ¿Quería su respeto? No. Quería que lo dejasen tranquilo, que las miradas fuesen menos furtivas, que su tormenta se convirtiese en una brisa.

Decidido, sin haber metido mucho en si era una buena idea o no, volvió a aletear aquellas imponentes alas negras para avanzar por el aire, allí donde se congregaba más gente. Aterrizó, pensando en que con simplemente estirar su brazo podría apresar al ladrón pero no fue así. Torció su cuerpo y cambió ligeramente de dirección con tal de esquivar la mano de alguien a quien siquiera le había visto la cara. Una mujer cayó al suelo, el lunarian ofreció su mano, no por querer ganar el respeto de quien lo viese, si no porque la fama, la buena, a veces precedía a la tranquilidad. Al menos así funcionaba en su mente, aunque a decir verdad no sabía quien era de la propia isla o quien no.

Observó a la mujer, con aquel rostro sereno pero serio, tranquilo pero enfadado. - ...eres torpe... - Aquel hilo de voz, potente sin serlo, neutral, salió de su boca. Cargaba ninguna emoción, aquella mujer debería haber visto de sobra al maleante y haberlo esquivado en su trayectoria. Era tan fácil.
  Responder
#3
—Ciertamente...¿Cómo me llamaste?

Dijo ella tomando la mano del sujeto que se había ido a ayudarla. Tiró de su mano con brusquedad, poniéndose de pie rápidamente. Yuuki no era una persona realmente paciente. Si alguien la provocaba o le decía algo que no le gustaba, iba a ponerse de inmediato como un perro rabioso. Uno chiquito. De los que tiemblan cuando ladran. Y así estaba ella, ahora picando a aquél hombre con la punta de su dedo índice sobre el hombro de ella.

—Tu a mi no me vas llamando torpe en la vida. ¿Me oíste? ¿Tanto te costaba la mínima decencia y preguntar si estaba bien? ¿No ves que soy una dama? ¿Quién te crees? ¿Es que no te has visto a ti mismo tampoco? ¿Y para qué me ayudas si me vas a insultar? ¿Para qué pierdes el tiempo conmigo? ¿No vas a atrapar al ladrón? ¿No eres más torpe tú? AAAARGH.

Y con cada pregunta, picaba una y otra vez en el hombro del sujeto, buscando arrinconarlo contra la pared. Incluso levantaba sus blancas alas para parecer más grande y querer intimidarlo. Pero, claro, con la apariencia que se cargaba, Yuuki más bien parecía solo una niña rica y bonita que estaba haciendo berrinche a una fugitiva de la ley que, ahora que había algo de distracción, aprovechaba para echarse una manzana que estaba suelta al bolsillo.

Algunos de los mirones se quedaron prestando atención al espectáculo que armaba Yuuki, y otros se le sumaron a la pelirrosa... aunque no de la manera que ella esperaba tampoco. Le recriminaron que en lugar de pelear con el lunarian, deberían ir ambos y atrapar al ladrón, pues por lo visto los dos tenían esas alas de adorno.

—¡¿Qué dijiste?! —Chilló Yuuki al sujeto que le había sugerido ir a atrapar al ladrón mientras dejaba ver que de angelical solo tenía la apariencia.

—Oye, tú. Don SoyMuyHabil, te apuesto veinte berries a que no eres capaz de atrapar al ladrón de tiendas antes que yo.

Sonrió de manera amplia y se mostró frente al lunarian, moviéndose como si quisiera acentuar aquellas partes de su cuerpo que rebotaban un poco. Y después de esto, salió corriendo sin fijar el inicio de la carrera. Aleteó fuerte con sus alas, y aunque era claro que ella no podía volar, las alas aún así le servían para impulsarse fuerte y pasar a correr por sobre los techos, buscando el rastro del ladrón.
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
  Responder
#4
La mujer de cabello rosa tomó su mano sin dudarlo demasiado, Alek hizo el esfuerzo para ayudarla a levantar cuando la mujer se le encararía. Aquellos ojos se le encararían con cierto despecho y de pronto se vería tocado constantemente por el dedo acusador de la mujer, quien tenía que estirar sus brazos ligeramente para poder llegar a la altura del hombro del lunarian. Entre cabeza y cabeza podrían separarlo probablemente un metro, más o menos.

Aquel dedo sobre su piel no le molestaba, lo que le estaba incomodando eran tantas preguntas, pues no lo veía como un regaño. Lo veía como demasiadas preguntas que responder. Arqueó hacia abajo ligeramente ambas cejas, casi como si le costase seguir todas y cada unas de las palabras y letras que escupía, hablaba demasiado rápido. El peliblanco retuvo todas las preguntas en su mente y las ordenó para contestarlas. - Te he oído - Tomó un poco más de aire. - No te he preguntado, te he ayudado, si hubieses estado mal no te hubieses levantado - Lógica de cajón, para él, claro. - Eres una señora - Respondió cortante, aunque su tono no variaba, era siempre el mismo. - No me creo, soy - Clavó su mirada en la ajena. - ¿Qué tengo que ver? Me veo cuando paso frente a los espejos. No te he insultado, he comentado un hecho. Podrías haberlo esquivado - Definitivamente las relaciones sociales no eran lo suyo, pues no había tenido muchas más que con sus captores, el resto había sido o miedo o peleas. No ha tenido mucho que hablar. - ¿Para qué voy a atrapar a nadie? Se estará ganando la vida. ¿Dan una recompensa? - Dejó salir el aire restante de sus pulmones para respirar con normalidad, mientras se cruzabas de brazos. - Y, yo no me he caído al suelo - Puso la guinda al pastel.

De pronto, ante las innumerables cuestiones de la mujer de pelo rosado, se habían empezado a formar hileras de gente alrededor de aquel extraño dúo. Aquello se convirtió en un ruido de fondo que poco a poco se iba haciendo más presente, el volumen subiendo hasta que por fin comenzaría a dolerle la cabeza al moreno. - Ya recuerdo por qué no me gustan los grupos grandes... - Intentó pensar, pero apenas podía. Una persona sugirió que persiguieran al ladrón y otra, que había escuchado la preguntado de Alek, se lanzó y dijo que sí, que habría una recompensa si atrapaban al maleante. - Jum - Comenzó a sopesar si merecía la pena, desde luego habían llamado la atención con un premio. El dinero, al fin y al cabo, movía el mundo.

El moreno asintió a su contrincante, aunque veinte berries si que era de pobres, aunque dinero es dinero. No se quejaría.

La mujer se quedó unos instantes frente a Alek, queriendo insinuarse y él no entendiéndolo. Solo esperó el pistoletazo de salida. Las alas blancas de la mujer aletearon, casi como las de una gallina, para impulsarse hacia arriba y tomar altura. El moreno la miró extrañado. - ¿Por qué no vuela directamente? - Mentó. Se encogió de hombros a la par que azuzaba sus negras alas, como si estirase una extremidad más y con un violento aleteo alzó el vuelo. La mujer iba por delante pero no por mucho, pues el lunarian se pondría a su altura en unos instantes. La veía correr, saltando de tejado en tejado, curioso. - ¿Por qué no vuelas? - Dijo mientras aleteaba tranquilamente a un par de metros de distancia, en un lateral.

Muchos ojos se desviarían hacia aquellos alados, algunos curiosos, otros con terror. Bajo ellos, en las calles y callejones, se escuchaba como el maleante interrumpía quehaceres cotidianos, rompía cosas y arrancaba gritos de estupor a su paso. - Así tardarás más en llegar. Perderás - Comentó con franqueza el peliblanco.
  Responder
#5
No podía creer la insolencia de algunos. En serio.

—¡¿SEÑORA?! —Yuuki casi se tropieza con una teja suelta al escuchar aquello. Se detuvo solo una fracción de segundo para lanzarle la mirada más fría que podría tirar jamás nunca. De verdad que aquello le había pegado en el ego bastante fuerte—. ¡Escúchame bien, poste de luz con alas! ¡No estoy para nada vieja, estoy en mi mejor momento...ciertamente! ¡La-flor-de-la-vi-da!

Sus mejillas se inflaron de pura rabia. Que aquel tipo, que parecía una gárgola sacada de una pesadilla, tuviera la audacia de llamarla señora y encima cuestionar su forma de moverse, era más de lo que su paciencia (que ya de por sí era escasa) podía soportar. La pelirrosa no era precisamente del tipo de personas que se quedara callada cuando le tiraban una burla o un insulto... o cuando creía que le habían tirado algo así.

—¡Pedazo de maleducado! ¡Es una elección táctica! ¡Desde aquí tengo mejor ángulo para interceptar al ladrón y no desperdicio energía como otros! —mintió con un descaro monumental, ocultando su frustración tras esa sonrisa de santurrona que sabía fingir tan bien mientras retomaba la carrera—. ¡Además, las damas de verdad preferimos tener los pies... ehh... cerca del suelo!

Al ver que Alek la seguía con tanta facilidad, flotando a su lado como si no le costara el más mínimo esfuerzo, Yuuki sintió un pinchazo de envidia que se le convirtió en competitividad más pronto de lo que quiso reconocer. Divisó al ladrón unos metros más adelante, derribando un puesto de telas mientras se metía por un callejón estrecho.

Yuuki dio un salto largo, extendiendo sus alas al máximo para planear lo justo y caer sobre un balcón de madera. No se detuvo; usó la barandilla para impulsarse de nuevo hacia el siguiente tejado con una agilidad sorprendente para cualquier otra persona. Realmente era veloz aunque solo corriera o diera saltos. Y mientras corría, su mano derecha empezó a tamborilear con más fuerza sobre la culata de su pistola.

"Si este tipo cree que va a llegar antes que yo solo por flotar... va a descubrir muy pronto que las apuestas conmigo nunca son del todo limpias", pensó con una chispa de malicia en los ojos.

—¡A ver si esas alas de cuervo sirven para algo más que para dar sombra, que te estoy sacando ventaja! —rugió, acelerando el paso y buscando con la mirada cualquier chimenea o saliente que pudiera usar para impulsarse más rápido y cerrarle el paso al Lunarian "accidentalmente".

Ya no le importaba mucho el atrapar al ladrón sino solo estorbar al otro lo suficiente como para que ella pudiera luego ganarse el dinero de la apuesta. Era una loca cuando se le metía la cólera en la cabeza, y más cuando había dinero de por medio.
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
  Responder
#6
El aleteo de sus alas recordaba por instantes al latido frenético del corazón de un atleta, rítmico, sin pausa, sin deficiencia. Sus ojos miraban más a las alas de la mujer que a la misma. Le recordaban a las suyas propias, pero sin esa coloración negra que presentaban los de su especie. ¿Qué sería? ¿Una lunarian albina? Habían confundido el blanco de su cabello con el de las alas. - Probablemente un error - Masculló entre dientes con la mirada fija.

Bajo su sombra, al nivel de la calle, peatones quejándose constantemente por la ruta que había decidido tomar aquel ladronzuelo de poca monta. A pesar de querer huir, no era lo demasiado listo como para que, si es que alguien lo estaba persiguiendo como era el caso, empezar a doblar esquinas. Meterse en algún lugar, refugiado de las miradas indiscretas, habría sido lo más óptimo sin duda, pero el maleante había decidido seguir por una ruta recta y a trompicones. Alguna pobre anciana habría caído al suelo al intentar apartarse de la estampida o habiendo sido apartada a la fuerza. Aquel hombre, sin llegar a notarse si era más mayor que joven, saltaría por encima de los puestos que se le plantasen en el medio. No miraba atrás, y menos arriba, solo corría porque eso le decían sus piernas y su mente le decía que no parase por nada del mundo.

En última instancia el joven cayó y alguien lo gritó. El lunarian alejó la vista de la mujer de pelo rosado para centrarla en aquel que debía encontrar. No tenía mayor interés en el otro más que el haber aceptado un pseudo desafío de caza.

Su aleteo, grácil pero frenético se detuvo, sus alas se plegaron ligeramente, como el de un halcón que había localizado a su presa y había decidido atacarla. Apresarla con sus garras.

El moreno contuvo la respiración y enfocó su vista, como si el resto del mundo hubiese desaparecido. Entraba en un túnel y la única luz que había al final era aquella presa. Aunque de pronto. - Agh - Un quejido lejano, uno en mitad del aire. El espadachín se había quedado atrapado entre numerosas cuerdas mientras descendía, las típicas que se tendían entre edificios para colgar la ropa. Aquel sitio no estaba preparado para que alguien volase entre calles y edificios. - Maldita sea - Su tono parecía calmo, pero escondía frustración.

Su objetivo se levantaba y quería proseguir con el escape, ante esto, el pirata solo podía chasquear la lengua y, como una bestia salvaje más, intentar soltarse de los improvisados amarres que lo envolvían, incluso se atrevía a morder aquellas cuerdas. - No ganarás - Le dijo a la mujer, pero como era incapaz de gritar no sabría si sería escuchado.
  Responder
#7
Quizás sus distracciones no funcionaron tan bien, pero no tuvo que esforzarse de más. El terreno se encargaría de incomodar al hombre por ella; y lo haría de mnera que más parecía una mosca cayendo en la red de una araña. Esto hizo que Yuuki se riera de manera ruidosa al verlo enredado mientras lo pasaba. Incluso se apoyó en la cabeza del peliblanco para dar un brinco, hacia el ladrón, mirando hacia el alado y señalándose conforme se reía.

—JRAH JRAH JRAH JRAH —Extendió sus alas para buscar amortiguar el aterrizaje—. Ciertamente, eso te pasa por creerte mej-

No logró completar de burlarse cuando ella misma ahora estaba atrapada en las cuerdas unos dos metros más abajo que él. Incluso quedó peor que él, pues al forcejear y tratar de zafarse, ahora había quedado de cabeza y con las cuerdas de los tendederos enrolladas alrededor de todo su cuerpo y dejándola completamente inmovilizada. No lo podía creer.

Y lo que podía creer aún menos es que estar en esta situación le trajera recuerdos bastante terribles de sus años más tiernos, cuando pasó un muy mal rato al estar, precisamente, atada.

Yuuki se paralizó y quedó en blanco. No se veían ni sus pupilas y su pierna izquierda parecía estar teniendo espasmos. Como si estuviera muerta. Pero lo que pasaba es que estaba, en ese preciso momento, consumida por el pánico al punto de desligarse de la realidad y quedar completamente inmóvil y aturdida por el miedo. A su vez, los dedos tamborileaban en el aire, golpeando nada con la punta de sus dedos.

Estaba completamente enredada y atada. Su peor miedo. Y como no podía zafarse, su mente no encontró otra salida más que deconectarse súbitamente y dejar al destino y a la suerte hacer lo que les placiera con ella.

Mientras estaba en ese estado, recordaba con vívido detalle todo lo que le ocurrió el día que la observaron espiando a unos maleantes y la forma en que la ataron y golpearon hasta que lograron obtener información de ella. También recuerda la pelea que se libró para rescatarla y el castigo que recibió de parte de su propio clan por traer problemas. Estaba asustada y se sentía tan vulnerable e indefensa; ella quería ser libre, como ninguno, pero al estar en esas condiciones, no había nada que pudiera hacer.
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
  Responder
#8
Aferró las cuerdas con sus manos tirando en todas las direcciones que pudo, apremiado por la prisa y la desesperación por liberarse, pero aquel gesto solo hizo una cosa. La cuerda se aferraría a su cuerpo más aun, como si no quisiese liberarlo. La frustración bullía en su interior como una olla a presión que tarde o temprano iba a terminar explotando. Sus fauces mordieron aquello que lo retenía sin resultado alguno más que de dejarle un sabor a húmedo óxido y papel. Arrugó la nariz llevando una de sus manos hasta la salvaguarda de su arma, desenvainando parte de la hoja que portaba y comenzando a cortar la cuerda. Dos roces de su afilada hoja fueron suficientes como para liberar una de las tantas. Luego vino la segunda, con la tercera pudo desenvainar por completo su arma y deshacerse de aquella maraña con facilidad.

Escuchó a la mujer reír, la miró, curioso pues la frustración pasó a un segundo plano en cuanto se dio cuenta de que estaba batallando de la misma manera que él lo había hecho. El moreno sonrió mientras la miraba y terminaba de avanzar con el poder de sus alas, la mujer parecía incluso más enfadada. Al menos eso pensó en cuanto vio los ojos en blanco, casi como un perro rabioso. El lunarian no dijo nada, iba a aprovechar aquella ventaja como el que más, no iba a dar media vuelta.

Descendió casi en picado como un ave que extendía sus garras para atrapar a su presa. Su sombra, engrandecida por el sol sobre sí, se proyectaba por el empedrado por el que huía el maleante y le cayó encima. Aminoró su inercia cambiando la dirección de su vuelo hacia arriba en cuanto tuvo la oportunidad de caer, por simple comodidad. Estrelló sus piernas contra el joven que caería irremediablemente contra el suelo y comenzaría a chillar como un cerdo antes de la matanza. El albino no dijo nada, dejó que su peso, sobre el pecho contrario, hiciese lo pertinente. Limitó el oxígeno que tenía hasta el punto de dejarlo inconsciente y, más rápido que tarde tomó lo que había robado. Varios miles de berries que se guardaría en un bolsillo, algo más significativo que lo que habían prometido como recompensa. - Bah - Espetó, desganado por el botín, pero apremiado por lograr ganar el desafío pendiente. - Y la mujer... - Quiso susurrar.

Tomó de las ropas al joven, en ese instante se dio cuenta lo famélico que estaba y su ínfimo peso, y alzó el vuelo. Calmado y atrayendo las miradas, y algún que otro vitoreo, se acercó hasta las cuerdas que retenían a la pelirrosa hasta quedar frente a esta. No se movía a excepción de sus dedos que parecían el último punto de su cuerpo capaz de querer poder salir. Arrugó parte de la frente, con duda. - ¿Está inconsciente? - Preguntó en su propia mente. ¿Acaso las cuerdas la estaban ahogando? Con una calma inusitada, desenvainó su acero una vez más y apoyó su filo contra el de varias cuerdas trenzadas entre si. Un ligero empujón del filo lograría desmenuzar aquellas hebras en dos.

Las cuerdas se fueron soltando una a una mientras devolvía Liberatio a su funda, el cuerpo comenzaría a ceder y la mujer no parecía reaccionar. - ¿Puede volar no? - Pensó. - ¿Podrá hacerlo así? - Ahora que se fijaba parecía inconsciente, había perdido ligeramente el color. - Un shock - Aclaró al instante para sí mismo, no era el mejor diagnosticando pero su experiencia como médico, hacia sí mismo más que otra cosa, le dejaba entender parte de la situación. Con su ahora mano libre tomó las ropas del cogote de la mujer, como un animal a su cachorro y ascendió hasta un tejado plano, dejando ambos cuerpo sobre el edificio una vez posados su pies.

Tocaría  con la punta de su pie en una pierna de la mujer. ¿Seguiría viva? El otro seguro que sí.
  Responder
#9
No poder moverse la aterraba. Al punto de que no podía reaccionar a nada y tampoco era capaz de zafarse de sus propias ataduras. Yuuki quedaba atrapada en un bucle mental en el que repetía traumas del pasado que le imposibilitaban interactuar con el mundo a su alrededor estando en esas condiciones. Y por ello, cuando el Lunarian llegó a verla, ella estaría completamente perdida y desconectada de la realidad; incluso cuando las cuerdas se empezaron a soltar, la birkaniana no hizo nada ni reaccionó a cualquier otro estímulo que pudiera haber a su alrededor. Atrapada en lo más recóndito de su mente, tardó en poder despertar, incluso ante las pequeñas patadas que dio el joven.

Sumida en el pánico, lo primero que hizo fue patalear al depertar. Patalear y gritar. Su pecho se inchaba y se desinflaba con violencia y hasta había echado mano a las pistolas en un reflejo involuntario. Quicksilver, su revólver, apuntaba peligrosamente al pecho del joven de alas negras. La vista de Yuuki seguía ida pero se fue recuperando casi instantáneamente. Cuando pudo volver en sus cinco sentidos miró al muchacho y luego a su revólver.

Asustada, dejó caer el arma sobre el tejado en el cual ahora reposaba y luego se llevaba las manos a la cabeza, se acomodó en posición fetal y cerró los ojos. Allí, trató de calmarse y de respirar lo mejor que pudiera. Puede que no supiera cómo librarse del terror al estar atada, pero sí que sabía cómo hacerlo una vez las ataduras habían sido retiradas. En todo caso, seguía estando vulnerable por ese instante.

—Ci-ciertamente he m-metido la p-pata. —Dijo con su voz temblorosa aún—. Perdón p-por a-a-p-puntarte con el-el arm-ma.

Sus dedos tamborileaban sobre su cabeza en un ritmo ascendente y casi ansioso. Pero entonces tomaría una bocanada de aire y buscaría calmarse de la mejor manera. Contendría el aire unos dos o tres segundos y luego exhalaría con suavidad, sintiendo algo de paz al hacerlo. Y por supuesto, ya no tenía ninguna cuerda alrededor de ella. Cuando estuvo mejor, se pudo notar; aunque mantendría la misma posición, más por vergüenza que por otra cosa.

—Veo que atrapaste al ladrón. Has vencido. Felicidades...

Miró al chico, que se veía realmente joven. Sintió algo de pena por él.

—¿Qué harás? ¿Lo entregarás y reclamarás la recompensa? Es posible que no haya robado por maldad... míralo. Y. Después de todo. Estamos en Samba. Seguro que no lo tiene fácil. Aunque cometió un error...

En su corto viaje como fugitiva y criminal, había encontrado formas de ver a la gente, y se había formado incluso un código de honor que aplicaba con todas las personas con quienes se encontrara. Y aquél ladrón, ya inconsciente, no era realmente una amenaza para nadie y afloraba en ella una actitud clemente y piadosa frente a una persona derrotada. Aunque también sabía que el destino de ese ladronzuelo no estaba en sus manos. La decisión estaba en el claro ganador de la competencia de atrapar al delincente.
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
  Responder


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)