Tocaba viajar, no, tocaba darle dinero a un barco crucero para viajar. Me dolía activamente, en esta economía los viajes son carísimos ¿Es que no saben lo que tengo que hacer para ganar un Berry? Mal, terriblemente mal, conmigo mismo podría comprarme un barco y nunca más pagarles a estos ladrones de amable carácter. ¿Es que acaso no sabían cuanto valía? El gobierno y aquel periódico si. Leer el periódico es importante, por supuesto, si no como sabría a que isla ir a trabajar o de que situación podría aprovecharme. Lo que no esperaba ver esa vez sería la ilustración de mi tripulación, llamándonos “buscabroncas” y “pandilleros” hubiera preferido el término “personas extremadamente importantes” pero como siempre en el periódico no sabían hacer su trabajo.
Entonces noté que mi cabeza ya tenía un precio y no fue preocupante, para nada, al final del día el único que realmente podía entregar esa cabeza era yo.
Me pregunto si ese hombre estaría más tentado a buscarme con un precio alto.
Eso no era importante ¡Hoy viajaba! A moverme a otro sitio como lo había hecho tantas veces, sosteniendo mi lanza como si fuera un baston mientras esperaba a mis compañeros de tripulación en el puerto, incluso podía ver el barco que nos llevaría a nuestro destino: Baterilla y de ahí…
El poder y gloria.
Obviamente estaba vestido para el poder y la gloria. Tal vez hacía un poco más de calor del que mi atuendo estaba dispuesto a tolerar, pero consideré aunque fuera por un segundo modificar mi habitual ropaje. El único inconveniente era evidente: si me reconocían, podrían aprovechar la ocasión para inflar los precios… o, peor aún, negarme el acceso con una sonrisa hipócrita.
Al notar como comenzaban a llegar los miré de reojo, colocando el tridente detrás para finalmente reincorporarme y acercarme un par de pasos al primero que llegaba. — No puedo creer que he sido el primero en llegar y sigo siendo aún así el mejor vestido ¿me entiendes? Hay que irnos moviendo. — Comenté con una ligera sonrisa y mientras se iban juntando comencé a contar cabezas como profesora de instituto. —Vámonos. —Finalicé, subiendo con paso firme al interior del navío dejándome llevar por las oportunidades que me concedía este y se me ocurrió una idea.
Mis compañeros hablaban y algunas de las voces se combinaban con el ruido de los demás pasajeros mientras sostenía una margarita en la mano ¿En que momento había ido a buscarla? Ninguno, vi a un mesero con una bandeja y la tomé. Si algo viene a mis manos ¿Por qué rechazarlo? Mi vista notó a una joven que se veía demasiado ingenua, mirando a los lados como un venado en bosque nuevo y las joyas que portaba no parecían baratas. No iba a rechazar una oportunidad así. —Bueno… hasta más tarde, voy a conseguirnos dinero. Chao. — Dije para finalmente irme a hablar con la chica.
Iba a ser un largo viaje.
Karmas
· Exceso de confianza.
· Egocéntrico.
· Charlatán.
· Muletilla: [¿me entiendes?]
· Valor sentimental: [Colgante espejo]
· Última palabra
La despedida es tan corta como entrañable. Los conocidos ancianos en el sur de Sorbet dan indicaciones sobre las peripecias del mar aún sin haber navegado en sus vidas; ofrecen frutas que la fémina observaba con tanta gratitud como pesar, cuando las guarda junto a sus demás posesiones. Incluso le entregan una botella de vino, envuelta con cuidado, para que pueda beber durante el largo viaje. Lo último que le ofrecen es el periódico de hace varios días. Un extraño silencio sume a la iglesia antes de escuchar la dulzura de envejecidas voces dándole ánimos para afrontar sus siguientes viajes.
Cardan, quien se encuentra sobre los hombros de la amazona, sisea lastimero al notar cómo se alejan nuevamente de Sorbet. Ni siquiera se percata del anonadado rostro de la fémina, quien empieza a notar la relevancia de aquel pedazo de papel envuelto; todo esto mientras desenvuelve el vino y bebe del mismo. Es dulce.
El pliego se trata de una edición que consta de varios carteles de “se busca” nuevos, entre ellos figura su rostro y el de sus compañeros de tripulación. ¿Incluso sabiéndolo decidieron continuar siendo amables con ella hasta el punto de darle obsequios a pesar de sus limitaciones? Cierta calidez provoca sonrisas que le acompañan mientras sus pasos la dirigen hacia el puerto. Una risotada excéntrica sacude las calles al comparar los carteles. ¡Tezca los supera en recompensa! Piensa en llamar inmediatamente a Ryota para molestarlo al respecto, de no ser porque su recompensa es la más baja, no, tiene que comerse las ansias de burla hasta que el momento indicado llegue.
Entre las páginas las noticias no se hacen esperar. ¿Un pirata justiciero convertido en Shichibukai? ”Ajá, y yo me llamo Martha.” ¿Uker se ha integrado a una nueva tripulación pirata? La curiosidad seguramente le llevará a cuestionar aquello si algún día volvía a encontrarse con él. El entrecejo se frunce al leer lo que sigue. ¿Dharma? Entiende que deben existir miles de tripulaciones capaces de herir infantes, la idea le sigue pareciendo repulsiva. Otra risa escapa. ¡Son pandilleros y buscabroncas! Lo primero es inverosímil, lo segundo lo tiene más que entendido.
Bancos, marines, sociedades, el circo, huminks, un nuevo den den mushi y festivales. La lectura le parece tan entretenida que deja de importarle llegar tarde a la reunión predestinada.
—Oh, mis amigos, parece que han llegado temprano. ¡Qué puntualidad la suya! Fufufufu.
Imita las palabras utilizadas en el pasado por el rubio de mirada afilada. Divertida sigue a sus compañeros, embarcando, ganando su pase al crucero al tener que pagar más de lo estipulado gracias a su nuevo wanted. Cardan sisea emocionado al observar a todos reunidos de nueva cuenta. Intuye que es momento de encontrarse con Ryota, su humano favorito jurado. La amazona relame con lentitud intencionada los labios.
—Si van a apostar, ganen; si van a beber, me invitan; y si se van a dormir temprano, me decepcionan. —Bromea permitiendo que su curiosa serpiente descienda por su cuerpo. —Iré a dejar mis cosas al camarote, cariño. Quédate con cualquiera de los chicos. —Da indicaciones a su mejor amigo, su mascota.
—Nos vemos para cenar, guapos. Que ninguno falte. No quiero alejarlos demasiado tiempo de mi cándida presencia, fufu. —El aroma salado del ambiente se siente familiar cuando las olas empiezan a romper contra el casco del navío.
Baterilla es el destino.
La tripulación volverá a reunirse.
Una sonrisa surca el rostro de la fémina: Están preparados.
Llevaba muy poco tiempo con el grupo, pero las ideas de libertad y cambio eran suficientes para el rubio para ver con buenos ojos a sus nuevos compañeros. No es que cualquier bus lo dejase en la puerta, o bueno, cualquier barco en este caso, sino que Wyatt creía que mientras más exquisito se pusiera, más oportunidades dejaría pasar y más puertas se le cerrarían. Además, el tiempo apremiaba, y debía salir de Sorbet lo antes posible, pues ya había estado haciendo demasiado revuelo.
No sabía muy bien sobre los planes de Ryota y el resto, pero una cosa tenía clara: iría al Grand Line, y dejaría atrás su pasado con tal de crecer y encontrar qué era lo que el mar le deparaba.
Tal era su entrega con la causa que, aún sin recordar ni los nombres de sus compañeros, confiaba en sus planes, y se presentó en el puerto el día acordado para partir hacia... ¿Baterilla? De milagro había oído hablar de ese lugar antes. Fuera de Sorbet, para Wyatt no existía prácticamente mundo, así que normal era que así fuera.
Sacó su boleto en el crucero que zarpaba el 34, y se alistó con sus pertenencias. Pero no lo hizo solo, pues se presentó en el puerto cabalgando a su buen amigo, Tocho Morocho, para subirlo en el sector de carga del navío —. ¡Bingo! Ya estás arriba, compañero. ¡Nos vemos en Bartesilla! — exclamó jovial mientras palmeaba a su corcel antes de que fuera subido a la embarcación. Presentó su ticket, y posteriormente subió. Ahora tenía el gran problema de... Encontrar a sus compañeros. Bueno, no sería tan difícil ahora desde que, aunque sea, cargaba un papel con el nombre de Ryota, así que aún podría preguntar con él.
¡Ah! Pero ni falta que le hizo, porque localizó a unos muchachos junto a un animal particular: la pequeña serpiente. Si bien no recordaba cómo se llamaba ni cómo se veía exactamente, sabía a ciencia cierta que su peculiar encuentro en aquél bar de Sorbet Norte había estado signado por el detalle de una serpiente amigable que pertenecía a la tripulación, así que se acercó a ellos confiado.
Jamás había visto a una serpiente tan naturalmente entre humanos, así que no podía estar fallando. Y si fallaba, mala suerte —.¡Ey! Al fin los encuentro. Lo siento.— suspiró, un tanto apenado porque no pudo individualizar a ninguno, pero de inmediato agachó la cabeza —. Soy Wyatt, espero ustedes sí me recuerden. Yo... Tengo un problema que quizá no les comenté, y es que soy... un poco malo con los nombres. ¿Podrían recordarme los suyos?
Pero para su suerte, quizá no volvería a pasarle lo mismo, pues encontró un diario tirado en la cafetería del crucero. Sí, un periódico de esos días que un pasajero había dejado abandonado, desechado luego de ser leído una mísera vez. Así de descartable era el papel, y las noticias quedaban viejas enseguida, pero las identidades quedaban allí, indelebles, pasando a la historia misma. Y al chequear la lista de buscados y sus recompensas, el Goldstar identificó rápidamente a sus compañeros, así que arrancó dicha página y se la guardó entre sus pertenencias.
Ahora, cada vez que quisiese recordarlos, simplemente debía hacerse de aquella página del periódico, y podría identificar a cada uno sin quedar como un desconsiderado o soberbio. Al revés que preocuparle, el hecho de que ellos tuviesen precio por sus cabezas le reconfortaba un poco: sabía que estaba con gente que se daba a respetar, que tenía claro sus objetivos y que, aún teniéndolas complicadas, estaban dispuestos a ayudarse mutuamente para alcanzar lo que querían.
Con la idea de estar con gente igual de capaz y noble que él, pudo pegar un ojo y, prácticamente, durmió todo el viaje hasta la isla en su camarote.
Había pasado mucho, mucho tiempo. Su estancia en Sorbet había sido enriquecedora cuanto menos, dejaría atrás muchas vivencias para ahora embarcarse en el viaje de su vida. Dejaba un rastro de humo allí por donde sus pasos tocaban el suelo, exhalaba como de costumbre dejando una estela de humo y su aroma, digno de las mejores perfumerías, camuflaba ese aroma a tabaco de su cuerpo y su ropa. Su gabardina negra ondeaba al viento, vestido con sus mejores galas para el viaje que estaba apunto de embarcar. Se había despedido de Shiba y los demás dejándoles a cargo del negocio para ahora, perseguir sus sueños. No miraba por donde iba simplemente caminaba, sus manos sujetaban el periódico donde contaban información relevante de lo que estaba sucediendo por el South Blue. - Ehhh ... ¿pero de dónde coño sacaron esa foto? - Sorprendido aunque no tanto, simplemente siguió leyendo el periódico.
Había un nuevo Sichibukai vigente, una banda hecha de retales capitaneados por un tal Eros Focalor. - ¿Esta gente roba las joyas de los muertos? meh, bueno, no hacen mal a nadie, los muertos ya no las necesitan. - Prosiguió su lectura. Se fijó en el siguiente artículo, un espadachín asesino llamado Dharma y su banda, altamente peligrosos, acercó su cara al periódico para ver la foto. Pandilleros y buscabroncas, así se dirigieron a ellos, no se extraño de salir en el periódico, ahora su recompensa era de 60 millones de berries, en total la banda adquiere un gran número de berries si juntaban todas sus recompensas, aunque visto lo visto, no tenían demasiada información sobre ellos, mejor. Leyó el periódico entero mientras caminaba y cuando quiso darse cuenta, se encontraba en el puerto.
Allí se encontraría con sus compañeros, Barald cargaba un maletín, sus respectivas armas características y lo más indispensable para el, ahora y siempre. Acarició su colgante, ya cerca de Tezca. Lo introdujo dentro de su ropa para no llevarlo visible. - ¿Esta vez te tocaba esperar no? Te recuerdo que la última vez llegaste tarde. - Barald habló con Tezca, que como no, lucía impecable. El espadachín jamás se lo reconocería pero le gusto su traje. El muchacho recurrente de su tic nervioso sintió de nuevo su párpado derecho moviéndose sin control mientras observaba el barco que iba a llevarles hasta la isla de Baterillla, donde nos reuniríamos todos para empezar nuestra nueva aventura por los mares en busca de llegar al Grand Line.
Siguió al resto y subió al barco. Una vez en la proa se separo del grupo y entró en uno de los camarotes, no era demasiado lujoso. Dejo su maletín en una silla y se sentó al borde de la cama donde ahora, encendió uno de sus cigarrillos y dejó caer su cuerpo en el colchón quedando con las piernas colgando. - Creo que buscaré algo que hacer mientras estoy aquí - Del bolsillo derecho de su gabardina sacó un pequeño libro de unas 300 páginas, estupendo para leerlo tranquilamente durante el viaje sin que nadie lo molestara, aquel libro trataba sobre cierto grupo de criminales que robaron un banco con gran intelecto, pues a veces, un plan ingenioso vale más que la fuerza bruta. Aunque aquello simplemente iba a ser un simple entretenimiento, aprovecharía su estancia en el barco para disfrutar de todo cuanto pudiera, dejando libre su mente ¿ya era hora de disfrutar un poco de su dinero no? había sido un tipo cauteloso con el dinero todo este tiempo, quizá se dejara llevar un poco y disfrutaría de su estancia tranquila mientras viajaba ¿estancia tranquila? quien sabe lo que podría pasar con los Hanu Mahana, aunque de momento, la espada de la banda leía plácidamente, saldría a la noche para cenar, de momento merecía un poco de descanso.
Cofre del tesoro
Karmas
Valor sentimental Tic Vicio Sentidos aumentados (Oído) Charlatán Oloroso (Perfume) Tono invariable (Calmado y moderado)