No hay mano ganadora [Pasado] [Priv. Dead Man's Hand]
#1
“Bitácora del médico de a bordo

Día 40 de verano, año 17
11:00 p.m.
Little Garden

Me he visto en la necesidad de hacer un espacio, en las páginas de este cuaderno, a un suceso no médico. Bueno, si se ve desde un punto de vista físico, porque si lo tomamos desde un punto de vista mental, seguro que más de un psiquiatra o psicólogo querría estudiar el caso, de hecho… Tal vez, cuando salga de esta isla y llegue a una con civilización, consiga libros de esas ramas, pues la curiosidad ha empezado a ganarme. Lo subrayo para no olvidarlo.

Pero, me estoy desviando del tema principal. ¿Por dónde iba? ¡Ah sí! Hoy ha sucedido algo que ha dejado al resto de la tripulación en shock y, con el resto de la tripulación me refiero a Merlot, Maki y Thrym, pues, desde hace días no sabemos nada de Jensen y, hoy, ni la cocinera bonita ni Ashveil han sobrevivido a los sucesos que narraré a continuación.” 



Hizo una pausa. La tinta del bolígrafo hizo un manchón en el papel cuando colocó el punto final del último párrafo escrito. El médico chasqueó la lengua y giró su cabeza para llamar a Jensen, el tirador, para que le pasara un papel para limpiar la punta de la pluma, pero su mente le jugó una mala pasada. Aun cuando acababa de escribirlo, se le hacía extraño que aquel hombre de cabellos negros no estuviera en la habitación. No, lo raro es que no hubiera nadie en la habitación.

Sus ojos dorados repasaron el cuarto de canto a canto, los dos camarotes que no le correspondían lucían vacíos, fríos, demasiado ordenados, como las camas de las habitaciones que promocionan en revistas: tan perfecta que es imposible que sea un lugar habitable. La suya era la única levemente desordenada, con las almohadas fuera de lugar y las sábanas arrugadas. El caos en la habitación solía ser más que eso.

Suspiró y se levantó del escritorio para, él mismo, alcanzar el trozo de papel que usó para limpiar la tinta que aún goteaba desde la punta de la pluma y, mientras hacía eso, aprovechó para mirar por la ventana hacia el exterior. La noche estaba despejada, las estrellas se veían con claridad en el cielo, la marea estaba baja y el mar calmo. Esa vista lo hizo soltar una risa burlesca.

—A esto le llaman la calma después de la tormenta.

Caminó hasta dar con la otra ventana y, desde ahí, pudo ver al gigante dormir. Esperaba que Merlot y Maki hicieran lo mismo, porque después de lo vivido solo se le ocurrió sedarlas para que pudieran tranquilizarse, en especial a Merlot. No debían despertar hasta el día siguiente, lo sabía bien, pero aun así sintió la necesidad de deslizarse hacia la habitación de las chicas para comprobarlo; sin embargo, una voz en su cabeza lo detuvo antes de si quiera llegar a abrir la puerta de su ahora solitaria habitación.

—No. Debo aprovechar la calma para escribir lo ocurrido.

Entonces sus pasos se desviaron y lo guiaron de regreso a su asiento. No dudó en sentarse. Ajustó luego la luz de la lámpara y, con la irónica tranquilidad que le daba aquella noche, su mente se concentró en la escritura, en narrar los hechos como los recordaba antes de que estos murieran en su frágil memoria.



“Desde que salimos del South Blue, nuestras interacciones con quien se hacía llamar nuestro capitán, Ashveil, se hicieron cada vez más y más escasas. No puedo recordar bien los sucesos de la noche en que bajamos por esa montaña invertida, cuyo nombre no puedo recordar,  sé que nos separamos por un momento, que hubo una pelea o algo así y que, después, nos reagrupamos. Ashveil no estaba ahí, pero un cocinero de otra tripulación se encargó de decirnos que viajaría con él hasta la primera isla de esta corriente del Grand Line.

Y así fue.

El cocinero lo llevó hasta ese lugar que se llama Whisky…algo…y, cuando creímos que las cosas volverían a la normalidad, el “capitán” desapareció de nuevo.

Este es el tipo de cosas que temía que sucedieran cuando salimos del South Blue. Nunca debimos dejar ese mar.

Al final, tuvimos que zarpar de aquella isla y eso nos trajo hasta aquí. Thrym lo llama Little Garden. Ninguno de los que viajamos creímos que veríamos de nuevo a Ashveil, pero hoy, el destino nos dio una gran sorpresa. Una que demostró que, en los mares, no hay ninguna apuesta segura.”



Día 40 de verano, año 17
7:00 a.m.
Little Garden

Solo había una razón por la que Hyak estaba despierto a tan tempranas horas de la mañana: tenía hambre.

La noche anterior se quedó despierto hasta tarde, estudiando la fisiología de una planta que descubrió el día anterior en la isla. Estuvo tan concentrado que olvidó cenar. Ahora sufría las consecuencias, su estómago lo había despertado, rogando por comida.

Menos mal que no se perdió, no por mucho tiempo, en el camino desde su cuarto a la cocina, en donde, con solo entrar, sintió el calor de una estufa recién usada, de alimentos recién hechos. Ojalá pudiera sentir el olor de estos sin tener que acercarlos a su nariz.

La Oni, responsable de aquellas maravillas culinarias que se presentaban frente a los ojos del doctor, parpadeó un par de veces, sorprendida de verlo ahí a esas horas.

—Buenos días —. El médico habló y eso hizo que la enorme mujer espabilara y cerrara la boca que había dejado abierta como si intentara decir algo. —No estas alucinando, cocinera, de verdad soy yo…El hambre le ha ganado al sueño… ¿Qué tienes para desayuno esta mañana?

Se recostó al marco de la puerta, haciendo que sus mechones de cabello mojado —por el baño que se dio antes de salir de su cuarto —, se pegaran a la madera del barco, mientras que la oni se movía con gracia por la cocina para servir un plato que pensó que tendría que guardar en el horno hasta después del mediodía.

—Tostadas de atún ahumado con queso crema y guacamole —. Puso el plato en la mesa de la cocina y sirvió una taza de café negro y bien cargado que dejó al lado del plato, humeando, luciendo tentador. El médico no dudó en acercarse.

—Siempre tan eficiente, gracias, cocinera —. El hombre le dedicó una sonrisa a la chica, una que ella le devolvió antes de girarse para seguir con su trabajo.

Todo parecía normal esa mañana…hasta que, luego de que el médico diera un par de bocados, un estruendo que evocaba a trozos de madera chocando con la arena y las piedras de la costa, llenó la cocina.

El pelirrosa palideció por un momento y casi se ahogó con el café que en ese momento estaba tomando. Creyó, por un instante, que fue su imaginación, pero la expresión en la cara de la cocinera y la manera apresurada en la que apagó la estufa y dejó a un lado sus utensilios, le hizo darse cuenta de que el ruido había sido muy real.

—¿Qué fue eso? —Se acercó a la ventana para mirar desde ahí, debía estar seguro de que lo que haya sido eso no era un peligro para nadie y, ciertamente, parecía no serlo.

—Ese es… —Cuando la mujer habló, él se giró para verla, vio su rostro pálido, sorprendido y, ahora, ella no era la única esa mañana que creía haber tenido una alucinación, él empezaba a creer que también estaba bajo los efectos de alguna sustancia alucinógena.

—Ashveil… —Apenas pronunció la última sílaba para el momento en que, tanto él como Odeth, dieron media vuelta para salir de la cocina, a toda prisa y bajar por la escalera de cuerda del barco hasta la arena para correr hacia el lado del hombre responsable de que viajaran a este lado del océano.

Esto era como un sueño. Solo que aún no podía decir si era bueno o malo.

El moreno estaba aturdido en la arena, no inconsciente, solo mareado, con la piel y el cabello tostados por el sol, con signos de deshidratación que eran notables en sus labios resquebrajados. Lucía más delgado de lo normal. Su ropa estaba sucia, mojada y rasgada en algunas partes, además, con el venía una criatura enorme, de al menos unos dos metros, que estaba igual de mojada que el humano. Estaba jadeando y, cuando el médico se acercó, a pesar de que hizo amago para defenderse, su cabeza cayó a un lado, cansado. Ni el animal ni el hombre tenían fuerzas para luchar.

—¿Cómo es posible? —El médico se agachó. Tocó la frente del “capitán”, estaba frío. Luego midió su pulso, era lento. El pelirrosa terminó por levantarse y chasquear la lengua. —Cocinera…Llévalos a la cocina…a ambos. Recuesta a Ashveil en la mesa si es necesario —. Decidió que los llevara a la cocina porque, desde donde estaban, era la habitación más cercana y la más caliente del barco. —Dales de beber agua, a sorbos cortos y lentos. Si no puede beber, empapa una toalla y pásala por su bocas. Aún no les des comida, podría hacerles mal. Yo buscaré el botiquín en mi habitación y despertaré a los demás —. El médico habló con tanta seriedad que la mujer terminó asintiendo sin rechistar y, así, ambos se pusieron en camino a hacer sus respectivas labores.

La mujer se echó al hombre moribundo encima. Miró al animal y se disculpó en silencio, lo llevaría cuando ubicara al “capitán” en la cocina, mientras tanto, el médico subió a prisa por la escalera, se perdió en los pasillos interiores del barco y, cuando llegó a su habitación, entró con rapidez para buscar el botiquín y, cuando salió, corrió hacia cubierta…Ahí estaban durmiendo Thrym y María Merlot.

—¡María! ¡THRYM! —Al mencionar el nombre del gigante, no solo lo gritó, si no que también le dio un golpe en uno de sus brazos, pues un simple toquecito no habría bastado para despertar al enorme pelirrojo. —Ashveil volvió…Odeth y yo lo encontramos en la playa. Esta moribundo y trajo consigo a una criatura extraña y amarilla. Tómense unos segundos para estirar sus músculos y luego, los veo en la cocina —. No dio más explicaciones, solo que, antes de correr de regreso con Odeth, pensó en avisarle a Maki, al final decidió que era mejor dejarla descansar, a fin de cuentas, su brazo se estaba recuperando aún y, aunque ya estaba mejor, prefería no arriesgarla. Sacudió la cabeza y se apresuró a ir con la cocinera, ya hablaría con Maki más adelante.

Para cuando regresó a la cocina, tanto Ashveil como el animal amarillo estaban ahí. Odeth había hecho lo que él le dijo. Más tarde se maldeciría por eso.

Botiquín. Solo abrir en caso de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]
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#2
Narrador / María Merlot



Dolor…
Desprecio…
Vergüenza…

Tantos sentimientos la embargaban que darle prioridad a uno resultaba imposible, ojala pudiera simplemente enterrarlos y olvidarse de estos. Las últimas semanas le recordaron algo que olvidó, que aunque estuviera rodeada de personas muy fuertes, ella no estaba a esos niveles. Nunca pudo defenderse, nunca pudo defender a otros, una decoración bonita, un objeto de placer… no servía para nada más. Cuando decidió quedarse con el sujeto de ojos fantasmales, fue por la promesa de libertad. Cada uno concebía la libertad de manera distinta, María aún no entendía ni el concepto… su vida misma, no tenía sentido… los únicos momentos de paz, los encontró en las celdas; algunas oscuras, húmedas, deprimentes, otras entre cojines de plumas y ostentación, lo que tenían en común todas: la soledad, que cuando la encerraban y limitaban, en su cabeza no significaba restricción, sino protección contra los que se hacían llamar sus “dueños”. Nadie entendía porque consideraba esos sitios parte de su idiosincrasia, porque eran su lugar seguro en el mundo, tampoco lo explicaba… su vida sólo giró alrededor de estas, y estas le consolaban, nunca le mintieron o hirieron, solo la protegían del cruel exterior.

Estos últimos días, logró descansar mejor porque su Unnie estaba evolucionando poco a poco. Cuando Maki D. Zenin despertó, María pudo respirar de nuevo. Si la Valkiria Besada por el Sol hubiera muerto por su culpa, jamás se lo hubiese perdonado; la semi sirena barajeo la idea del suicidio, la seguiría hasta el más allá, no volvería a dejar a su hermana sola, aunque eso significara… morir. Claro, tampoco podía quedarse cerca, no con el remordimiento carcomiendo cada centímetro de su cuerpo. Aunque no se separó de la cama mientras estuvo inconsciente, una vez que abrió aquellos amarillentos ojos, María desapareció. No podía verla, no soportaría… lo que sabía iba a suceder: la recriminación, la decepción.

La culpa y el sentimiento de inutilidad construyo un muro alrededor de María Merlot.

También estaba el hecho, del que justo el día anterior, el 39 de Verano, se habían cumplido 6 años de la muerte de su papa adoptivo. Sus ojos aun continuaban rojos por las lagrimas derramadas ante su recuerdo, aquel bondadoso gyojin cangrejo que le dio un hogar, y que por su culpa... perdió la vida. Desde hacia semanas, o más bien, desde que sucedió lo que dejo a Maki herida, la semisirena dejo de ser ella, de arreglarse, de retocar su cabello teñido; no tenía ganas de arreglarse, o de escribir, solo pasaba las horas callada, o en las profundidades, nada habitual de ella el silencio que la rodeaba, la melancolía que la asesinaba lentamente. La ropa que se colocaba, eran solo pijamas, las que tenían formas de animales. 

La habitación y  cama de María, ahora pertenecían a la Valkiria. ¿Qué vería su Unnie? Los periódicos viejos, el cartel de Wanted de VaroGanchin, los libros de comercio amontonados y subrayados con muchos colores. Un escritorio con muchos papeles llenos de notas, otros a medio escribir con las aventuras y desvaríos de la sirena. Lo único que María no dejó, fue su diario personal, ese dónde escribió sus secretos… dónde solo ella tenía acceso.

Las estrellas brillaban, el cielo despejado brindaba una mejor noción de estas. Camino hasta dónde el gigante roncaba, y se subió hasta quedar en su cabeza, su cabello era un buen abrigo. Desde que cedió su habitación, o más bien, desde que Maki despertó, dormía en la cubierta con Thrym. Si la peliverde salía a tomar el sol, ella se iba al fondo del mar, María la evitaba, era evidente… pero porque la vergüenza, la culpa y…, en el fondo, el miedo al rechazo de su hermana, generaba que le faltara el aire… asfixiandola de una forma cruel y desesperante.

Esa noche se durmió tarde, así que cuando el sol salió por el horizonte, solo se puso una mano sobre los ojos y continuó durmiendo. Ignorando el ajetreo de la cocinera y el médico, hasta que este último fue directo a despertarlos.

Ashveil volvió…Odeth y yo lo encontramos en la playa. Esta moribundo y trajo consigo a una criatura extraña y amarilla.

La voz de Algodón de Azúcar la hizo despertar, antes que el gigante, quien tenia el sueño pesado. María siguió con la mirada al médico, y luego a la cocina. ¿Ash? ¿Su querido Capitán? y ¿Una criatura amarilla? ¿Sería posible? Su corazón latió con una emoción más propia de ella: La Alegría.

Los ojos de María se abrieron como plato, las palabras y sus significados adquirieron un sentido esperanzador. Dio un paso y luego otro, hasta que terminó corriendo en dirección a la cocina... Ahí estaban ambos, deshidratados, desvanecidos pero vivos, bien, en casa. Ashveil estaba siendo atendido por Hyakinthos, por ende su atención fue directa al Komashika, quien la miro con sus grandes ojos gritando por ayuda, ella entendía ese sentimiento — ¿Cara Melo? ¡Cara Melo! — primero lo dijo desconcertada, luego con una emoción que no sentía desde hacía semanas.

Corrio y abrazo por el cuello al cuadrúpedo, hundió su cara en la melena anaranjada — Lo siento, lo siento, lo siento… — se disculpó entre balbuceos, mientras las lágrimas dejaban sus ojos sin control; últimamente lloraba mucho, estaba sensible. También abandonó a su amigo en Whisky Peak, no pudo hacer nada cuando Thrym decidió venderlo por unos cuantos berrys… ella nunca podía hacer nada, era una inútil e incapaz, pero ahí estaba de nuevo su amigo naranjita — Lo siento… — le repitió, esas palabras habían estado atoradas en la garganta de María, quería decírselas a la Valkira, pero no tenía el valor de enfrentarla.

El animal le lamió la cara, limpiando las lágrimas. Ellos siempre se habían comunicado sin palabras, él parecía entender su corazón roto. Luego, cuando se separó de Cara Melo, pudo ver… al hombre que le prometió enseñarle sobre la libertad. Estaba vivo, estuvo a punto de abrir la boca para decirle algo pero la cerró, sus ojos fantasmales… antes cálidos, ahora parecían traspasarla de una manera… diferente, que le dio escalofríos — Fantasma…  ¿Trajiste nuevas historias? — le pregunto aleatoriamente, dedicándole una sonrisa suave. Sus pies no se movieron, no la llevaron hasta él — Llevaré a Cara Melo a otro sitio. Lo cuidaré allá, tenemos que ponernos al día. Yo me encargo de él, Algodón de Azúcar, yo puedo hacerlo… es mi amigo, puedo cuidar de él… — dijo, como si intentará convencerse a sí misma que era capaz de ayudar a un amigo, aunque en el fondo las evidencias decían que NO PODÍA.

Salió con el Komashika de la cocina, sintió una mirada penetrante en la nuca pero no volteo. Fue a la bodega, un sitio dónde nadie iba. Ahí le dio agua, y comida, manzanas, las favoritas de ambos. Con un pañuelo y agua lo limpio, en especial sus pezuñas. Se quedaría ahí todo el día, evitando a sus nakamas… y refugiándose en su peludo amigo que la veía con ojos inocentes y una leve mezcla de preocupación.



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Karma Fanático: Hyakinthos. 
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#3
Nunca sabia que día era, no sabia que hora era, solo andaba por la selva vagando desde que su capitán le abandono… su mente estaba quebrada, rondaba por la selva convertida en una especie de lagarto venenoso y furioso… se escapaba drogada, alcoholizada… aterrorizada, sus camaradas poco a poco le habían abandonado, Owen, Kiyoshi, Jensen, Uker… todos le habían abandonado tan rápidamente que no se dio cuenta cuando paso su primera noche en soledad después que el Last Whisper abandonara el horizonte… por qué? ¿Por qué se había ido? ¿Había sido mala? ¿Había sido malvada?... había sido poco complaciente?... ese día cayo arrodillada en la arena blanca de la orilla desde la cual había partido el barco con todo. Absolutamente todo lo que tenía. Su memoria resonante cayo en la arena con su espada en el interior. Ya no le importaba nada de nada.

Corrió sollozando al interior de la jungla, gritando de dolor intentando comprender por qué le ocurría esto, golpeándose con ramas, tropezando con piedras, con multitud de ramas y espeso follaje que finalmente le hizo caer… ahí cayo finalmente, herida, destruida con el maldito corazón roto poco a poco acurrucándose en su miseria, en el barro, en su propia desgracia. 

Cuando se levantó, noto que había dormido, no sabía cuánto tiempo y con lágrimas secas en los ojos, lo noto porque tenía tenso el rostro en las mejillas. Se medio sentó en la jungla mientras temblaba horriblemente, se abrazó a sí misma, recordó la amargura de ser abandonada y se rasgo con sus propias uñas la piel que sangro como si fuera atacada por un animal salvaje. Sus manos carmesíes entonces se alzaron como un puño y con fuerza golpeo en suelo con impotencia y un grito desgarrador.—Por qué. Que hice. Por que… por que… POR QUE!!!— Se lamento con dolor.

Se levanto con los brazos ensangrentados con barro y con dolor. Pero con sus cicatrices apenas se notaban las nuevas marcas. Su… maldición su guitarra. Donde… donde la había dejado… debía volver… volver a donde. Su rostro horrorizado, su mente quebrada, desorientada miraba sombras y terror en todos lados, cada rama cada árbol le asustaba no era ella… no… no podía caminar no podía llegar a ningún lado. ¡¡Un crujido!! maldita sea!!… comienza a correr con pavor, algo la sigue, que es? Si algo… detrás de ella, debe huir, debe salir corriendo para que no la devoren —No por favor… por favor no quiero morir. ha… ha… ha… no… no quiero… ha… ha… ha…— El cansancio, le hace jadear, la cara se vuelve a cada sombra que le mire hasta que vuelve a caer, a rodar por el suelo, a caer al final en un abismo sin fin. Rodando pesadamente por un pequeño risco hasta el fondo. Se arrastro con dificultad mirando que le seguía… silenciosa.

Se acurruco debajo de un árbol, se abrazó, y cubrió por ramas, silenciosamente esperando que no le atrapase aquel espectro que le seguía. No podía soportarlo y no podía seguir con esto, su corazón estaba a punto de estallar… —por favor corazón. No… no me delates… lo que me sigue quiere mi vida… por snif… por favor… snif… para para de latir… por… snif…— Cerro los ojos fuertemente agarrándose el pecho y rodeando sus piernas con el otro brazo… nuevamente entre temblores de horror se durmió llorando sin emitir un ruido y cayo al suelo agotadísima.

Le despertó una melodía, le atrajo a la conciencia como el canto de un ave en la mañana, sintió que algo le llamaba como esa primera vez cuando los ojos de un fantasma le miraron. Aquella vez también había vagado sola, había recientemente perdido a su hermana, a su mundo. Había perdido todo. Volvió a la realidad. Y siguió la voz que cantaba en la playa… una voz no tan afinada, pero si rasgaba una melodía conocida por ella. Ashveil!!! Su sonrisa. Tenia la guitarra, la memoria resonante.



Llevaba días con ellos, después de ser desechada por su antigua tripulación, se sentía mas cómoda ese día con Ashveil cantando y recibiéndola una vez más le recordó porque les seguía. Era una persona enigmática pero siempre aparecía en los momentos adecuados. Sin mucha resistencia el se la llevo con su tripulación, Ahí estaban… por supuesto. Merlot, su ama. Hyakinthos, el guapo carnicero y Thrym, el gigante más amable que ella conociera, también estaba Odeth, la belleza encarnada, siempre risueña y mortal. Ahora mismo… habían pasado cosas. En una aventura con María Merlot ella había resultado herida. Su brazo quebrado en varias partes se sentía del asco. Siempre drogada, siempre adolorida, mucho más inútil que nunca.

Ahora deseaba solamente apuntar algunas ideas de canciones y para ello estaba en una habitación, de María pensaba, tenía un montón de tonterías de peluches y de… dios… tenia algo así como un semi altar a diversas personas, entre ellas. “La pandemia”. Desde que había ocurrido su derrota ante el maldito gigante vengador su ama, Merlot no le enfrentaba. Maki pensó que era por que la tonta no había podido vencer. Pero no estaba segura porque cada que quería buscarla estaba fuera o arriba del nido de cuervos. Se la pasaba durmiendo por las tontas drogas… aunque era deliciosa la sensación de estar viviendo como en sueños, provocaba que sus movimientos serán torpes y descuidados, despertó en medio de la tarde… noche… no sabía realmente, no encontró a nadie. Donde estaban todos?.

Abrió el refrigerador, uno grande tan grande y frio como para conservar carne para un gigante hambriento. El frio dentro le causaba dolor, bebió agua… miro la carne colgada, le daba asco… nauseas y le dolía que algunos en la tripulación la consumieran. Pero no podía hacer nada. no podía obligarlos a ser como ella.
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#4
El estruendo rítmico de mis propios ronquidos era lo único que llenaba el aire en esta parte de la costa de Little Garden. Me encontraba desparramado sobre la áspera arena, con la brisa del mar pegándome en la barba.  Tenía la cabeza apoyada en una piedra del tamaño de una casa pequeña para un humano, pero que para mí era la mejr almohada de mi tamaño que pude hallar, para no terminar con el cuello torcido al despertar. El sol pegaba fuerte, calentando mi piel curtida y terrosa, y la verdad es que, tras días de vigilancia constante junto al Royal Flush, me merecía este descanso.

No es que fuera un desalmado, pero no compartía ese ambiente de funeral que traían los demás. Mientras MM se lanzo a la selva a jugar a los exploradores, yo me quedé aquí, asegurándome de que el barco no fuera destruido por el clima o que la marea nos jugara una mala pasada con la quilla, ya bastante rota. Cuando volvió, acompañada obviamente, por que esta chica no puede estar 5 minutos sin hacer amistades nuevas, ver a MM con esa mirada de perro abandonado, junto a una Maki bastante hecha pelota, me dio un poco de rabia. ¡Se lo advertí! Le dije a MM mil veces que tuviera cuidado, que esta isla no es un parque de juegos gigante, pero verla tan decaída me cerró la boca. No soy de los que patean a un compañero cuando ya está en el suelo, y supongo que esa curiosidad insaciable que tiene es parte de su encanto, aunque nos traiga miles dolores de cabeza.

Aun así, toda esta situación no podía calmar mis impulsos de dormilón, y tenia todo el derecho a descansar, como estaba haciendo ahora mismo.

Dormía medio desnudo, vistiendo únicamente un taparrabos improvisado con los restos de mis camisas del crucero. Esas prendas no estaban hechas para la vida en la jungla y se habían desintegrado hasta quedar en harapos por los roces constantes con la copa de los arboles. De mis pantalones no quedaba ni el recuerdo, seguramente los había perdido por ahí.

Estaba en ese punto del sueño profundo donde el ruido del mundo real se vuelve un eco lejano en mi mente. Escuchaba gritos, voces que subían y bajaban, era Hyákinthos, y también MM, pero sus voces eran como mosquitos zumbando alrededor de mi oreja; no tenían la fuerza suficiente para sacarme de mi letargo, pero sí para meter cosas a mis sueños, cosas de lo mas extrañas.

En mi mente, en un sueño bastante peculiar, el cielo no era azul, sino de un tono amarillo chillón, y en medio del firmamento flotaba una criatura amarilla gigantesca, una especie de pato colosal con ojos que daban vueltas, que en lugar de graznar, soltaba burbujas que olían a flores y estallaban en confeti. A su alrededor, cientos y miles de vacas flotaban como estrellas sin dejar de hacer MUUUU.

Lo más bizarro era el barco donde me hallaba. No era el Royal Flush, sino una bañera de chocolate gigante que navegaba sobre un mar de vino tinto.  en el puesto de mando, con una gorra de capitán que le quedaba grande y una expresión de absoluta autoridad, estaba Cara Melo. El pequeño komashika que dejamos en Whisky Peak no solo estaba vivo en mi sueño, sino que era el capitán indiscutible de la tripulación. Ladraba órdenes que yo, por alguna razón, entendía perfectamente. 

En algún momento, el nombre de Ashveil cruzó el aire de la playa real y se filtró en mi fantasía. En mi sueño, nuestro capitán aparecía de repente, pero no era el hombre que conocíamos. Era una figura diminuta, del tamaño de un ratoncito, que corría por la cubierta de la bañera siendo perseguido por una ola gigante de crema de leche que se filtraba por mis tobillos. Yo intentaba atraparlo, pero Cara Melo me lanzaba una mirada de reproche y me obligaba a seguir remando con un fémur de dinosaurio. 

—¡Sigue remando gigante, aun no hallamos el borde del planeta. Le demostrare a esos frikis que la tierra es tan plana como un plato.!—
Solté un ronquido especialmente fuerte, uno de esos que hacen que la arena salte y que hizo que las gaviotas cercanas salgan volando asustadas de los árboles cercanos. Mi cuerpo se sacudió levemente, haciendo que el taparrabos de trapo se reajustara sobre mi cadera. Estaba tan profundamente dormido que para despertarme a estas alturas, iban a necesitar algo más que gritos.
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#5
“Bitácora del médico de a bordo

11:30 p.m.

Tal vez debí advertirle al resto sobre el presentimiento que tuve sobre Ashveil cuando regresó esta mañana. Fue algo en su mirada lo que me hizo dudar de estar atendiendo al mismo hombre que conocía de antes: Ojos crueles y fríos como el viento de una furiosa tempestad en medio del océano.

No era la primera vez que venía una mirada como esa y, por experiencia, puedo decir que significa la perdición para cualquier marinero, sea pirata, comerciante o marine. Ese vacío sin brillo es sinónimo de que, esa mente, ha tocado fondo. La locura es lo único que habita en ella.

Es lo que tiene la vida del mar. Algunos son como el más fuerte de los mástiles en una tormenta y, otros…otros se quiebran como la endeble madera de un barco viejo…Parece que nuestro “Capitán” estaba hecho con ese mismo material.

Nunca debió dejar la seguridad de la tierra firme.”


 
7:30 a.m.

—Gracias, cocinera —. La voz del médico se escuchó agitada en cuanto regresó a la cocina; sin embargo, su rostro tomó un matiz de alivio en cuanto vio que la enorme oni parecía haberse encargado de limpiar la arena del rostro de Ashveil y del de Cara Melo, pues lucían más “decentes” que cuando los encontraron sobre se bote viejo, además, ahora la chica remojaba los labios del capitán y de la mascota con dos paños, respectivamente, mojados por completo con agua. Eso significaba menos trabajo para el médico. —Creo que puedo encargarme de ahora en adelante ¿Por qué no terminas de cocinar? Supongo que Thrym debe estar por despertar y, además, ahora hay otras dos bocas que alimentar.

La chica asintió ante las palabras del pelirrosa y se movió por la cocina, con la gracia y confianza que la caracterizaba en ese ámbito, dejándole suficiente espacio al hombre para que pudiera trabajar con el “capitán” y con la extraña mascota que trajo consigo.

—¿Cómo es que llegaste hasta aquí? Te dimos por desaparecido en la isla anterior —. Habló con la esperanza de escuchar al menos una palabra por parte del moreno, pero de sus labios resquebrajados no salían más que respiraciones dificultosas. Hyak frunció el ceño, pero no se rindió, así que, mientras sacaba de su botiquín, gasas esterilizadas para limpiar cualquier tipo de herida que tuviera el naufrago, siguió con la necesidad de entablar una conversación. Necesitaba comprobar que el hombre aun fuera de utilidad. —¿Recuerdas quiénes somos? ¿Si quiera sabes tu propio nombre? Al menos podrías intentarme hablar de esta cosa amarilla ¿Qué es? —Giró su cabeza para ver a la criatura…Tal vez debería acercarle un cuenco con agua, pero, en cuando pensó en moverse para ayudar también al animal, la puerta e la cocina se abrió para recibir a otro de los miembros de la tripulación.

Merlot, tan divina y bella como siempre, aunque acabara de levantarse, pasó frente al médico y fue directo con el animal extraño que ocupaba buena parte de la cocina. No le dijo nada, parece que conocía a la criatura, lo que hizo que el hombre hiciera un puchero, avergonzado porque parecía ser el único que no tenía recuerdos de ese ser.

—No tienes que llorar, María…Eso podría alterar a los heridos ¿Sabes? —Sin embargo, el animal parecía comprender la situación mejor que cualquier humano, pues lamió las lágrimas que empañaban los ojos de la semi sirena. Eso parecía haberla calmado un poco, al menos lo suficiente para abrir la boca y atreverse a preguntarle algo al capitán.

Fue ahí cuando el médico notó esa perdición en la mirada del otro hombre.

Abrió la boca para decir algo, pero la cerró de inmediato, atreviéndose a analizar más aquellos ojos sin brillo que estudiaron a la semi sirena con un matiz distinto al acostumbrado. Era como un depredador.

Hyak conocía bien esa mirada.

Su rostro pasó del alivio a la seriedad. Quería pensar que todo esto podía deberse a la deshidratación, el hambre y los días en alta mar…Sí, no podía saltar con conclusiones apresuradas, mucho menos las que pusieran en riesgo su estabilidad dentro de la tripulación, después de todo… ¿Qué pirata cuerdo se atrevía a hablar mal de su capitán delante del resto de su gente? Ninguno. Menos en una isla tan salvaje como Little Garden. No quería arriesgarse a ser comida de dinosaurios o algo peor.

—Sería lo mejor, Merlot —. Terminó por decir, como si no hubiera percibido nada. Incluso le sonrió a la chica con esa calidez tan bien ensayada que parecía real. —Me vendría bien algo de ayuda con Mar Celo y…no tienes que recalcármelo tantas veces, sé que puedes cuidar de él. Lleva agua y algo de comida…Tanto Ahsveil como él deben llevar días en alta mar. Seguro están famélicos, eso sí…no lo atragantes, dale la comida poco a poco, de los contrario podría hacerle daño —. Cuando la chica salió con el animal, el médico se volvió a girar para encarar al capitán que tanto tiempo los había dejado por su cuenta.

—Voy a llevarte a la habitación compartida, debemos dejar que Odeth trabaje y parece que al escuchar a Merlot te has estabilizado un poco —. Los ojos fantasmales del capitán dejaron de mostrarse opacos por un segundo y se giraron para observar al médico. Al menos esa era una señal de que lo estaba escuchando; sin embargo, percibió lo mismo que cuando antes miró a Merlot: algo se había quebrado.

El médico sonrió, hipócrita, como siempre, pero dispuesto a descubrir lo que sucedía, así que lo mejor era tratar al hombre sin levantar sospechas. Más tarde, si es que este le dignaba a dirigirle la palabra, seguro podría sacarle alguna confesión…algo que le dijera que es lo que pasaba por su cabeza…Aunque no tuvo que esperar mucho para escuchar su voz nuevamente.

—L…Lib…Liber…Libertad —. Fue un susurro seco, forzado. Parecía que la garganta se rasgaría si se esforzaba más en hablar, pero el médico distinguió la palabra, una que hizo que la risa cantarina de Odeth resonara en la cocina.

—¿En qué cosas piensas, capitán? Claro que tienes libertad de hacer lo que desees, pero primero debes recuperarte… ¿No es así, Hyak? —El médico quien se había quedado mudo por el escalofrío que recorrió su cuerpo al escuchar aquellas palabras que fueron acompañadas de una mirada sombría, reaccionó al tiempo para asentir con la cabeza mientras se obligaba a sonreír, luego de eso, no esperó más para acomodar al hombre sobre su espalda y cargarlo hacia la salida de la cocina. Eso sí, antes de salir, el moreno giró su cabeza para dirigir una última mirada a Odeth, una tan fría como la que le dedicó antes al médico.



8:30 a.m.

Consiguió limpiar a Ash. Revisó su cuerpo, curó las heridas superficiales y algunas más profundas. No tenía nada grave más que la deshidratación y la falta de alimentación, cosas que fueron resueltas con relativa rapidez, pues, a pesar de todo, el médico consiguió que el “capitán” comiera un poco de una crema de maíz que preparó Odeth, le dio a beber agua y, luego, un té de manzanilla para calentar el cuerpo, que de por sí estaba cubierto con sábanas gruesas para evitar que perdiera más calor.
 
Las cosas parecían ir bien; sin embargo, necesitaba tratar las quemaduras del sol y sus reservas de aloe vera estaban escaseando. Sabía que podía conseguir de esas plantas en la selva, pero…no podía dejar solo a su paciente.
 
Suspiró. Solo quedaba una cosa por hacer.
 
—No hagas nada estúpido, puede que te sientas mejor, pero aún estás muy débil. Duerme…Iré por Thrym para que consiga algunas plantas que ayudarán a que tu piel se regenere de mejor manera —. El moreno, quien ahora parecía más “tranquilo”, asintió despacio. Algo que hizo que el médico dejara escapar un suspiro de alivio. —Bien, si quieres duerme un poco.
 
Salió de la habitación y, enseguida, los ronquidos de Thrym se hicieron más potentes… ¿Cómo podía dormir en la arena con el sol de la mañana ya calentando sus barbas? Debía ser demasiado incómodo. Hizo una nota mental para conseguir un barco más grande en la siguiente isla que visitaran.
 
Cuando llegó a la cubierta del barco, el médico achinó nos ojos al recibir el sol directamente en la cara. Chasqueó la lengua y, antes de ir con Thrym, se metió a la cocina…el gigante debía comer o quien sabe si se desmayaría en ese bosque lleno de dinosaurios. Por suerte, Odeth parecía haber leído sus pensamiento y tenía a un lado una enorme vianda, casi tan grande como ella misma, que estaba llena de algo que parecía un estofado humeante de…algún tipo de carne.
 
—Supongo que eso lo motivará a despertar —dijo el médico antes de que la chica y él salieran de la cocina para dirigirse a estribor. La Oni se quedó en el borde del barco, vigilando la comida, mientras que el médico saltó para quedar sobre el estómago de Thrym y, luego de eso, cerró su puño con fuerza, respiró hondo y decidió hacer algo que, sí o sí, debía despertar al gigante.
 
Un puñetazo llegó de repente directo a la boca del estómago del gigante. No se trató de un golpe delicado, de hecho, fue dado con guantes de combate incluidos, los que tenían puntas metálicas en los nudillos. Sabía que eso dejaría al enorme pelirrojo sin aire por un momento…pero era necesario.
 
—¿Al fin despiertas, Tomate? —La voz del médico se alzó para que el gigante pudiera escucharlo. —Lamento los modos, pero ¿Sabes? Desde hace hora y media tenemos una urgencia y tal vez nos serviría una gran mano como ayuda —. El doctor saltó entonces a la borda del barco, esperando poder hablar mejor desde ese lugar.
 
—Ashveil apareció…No preguntes como, ni yo lo tengo claro, pero lo que sé es que está bastante deshidratado y famélico, además de muy quemado por el sol…Y por eso te necesito ¿Puedes buscar aloe en la selva? —El pelirrosa extendió su mano en donde un papel bastante grande (para él, pero seguro era chico para el gigante), tenía el dibujo de una planta verde con hojas gruesas y con puntas en las espinas. —Me ayudará a tratar sus quemaduras de mejor manera…además, en esta isla las hojas de esa planta son casi de mi tamaño…me viene bien que las busques tu.
 
En eso Odeth hizo sonar el cuenco con comida, llamando la atención del hombre que, por un momento, había olvidado el desayuno para el pelirrojo.
 
—Pero antes de partir, puedes comer algo…Supongo que Hyak y el capitán pueden esperar una media hora más ¿No lo crees? —El mencionado rodó los ojos, pero accedió.
 
—Sí, puedo tratarlo mientras con agua fría, pero necesito el aloe, tenlo en cuenta, Thrym —. Sin más que decir, el pelirrosa caminó lejos de cubierta para volver a la habitación en la que ahora descansaba Ashveil.
 

 
4:30 p.m.

La recuperación de Ashveil parecía ir por buen rumbo, tanto así que, un par de horas antes, el médico había conseguido que el hombre se diera un baño con agua tibia. Ahora el moreno tenía ropas limpias, frescas, ya no se estaba muriendo de frío y, aunque su mirada aun vacilaba y mostraba signos de locura, de vez en cuando, mostraba la suficiente lucidez como para creer que, tal vez lo que el médico vio antes fue solo un síntoma residual de lo que sea que vivió en alta mar.

Las cosas parecían ir tan bien que, el chico se durmió sin más demora luego del baño y, en ese momento, el pelirrosa también decidió dejarse caer en los brazos de Morfeo, aunque sin querer. Como se había levantado más temprano de lo habitual, terminó cediendo al sueño aún cuando estaba sentado en una silla que estaba a un lado de la cama en donde Ashveil descansaba…aunque, supuso que eso no sería un problema, a fin de cuentas, su paciente parecía estar mejorando…Y sí, vaya que había mejorado bastante.

—Libertad…Voy a regalarte la libertad —. Las palabras se colaron en su sueño, pero no fueron suficiente para hacer que el médico saliera del mundo de los sueños. Lo más que consiguieron fue que el médico se removiera en su silla, casi resbalándose de esta…un movimiento que, sin querer, lo salvó del golpe que estaba por venir.

Un objeto abanicó su cabeza al mismo tiempo que su cuerpo se deslizaba por la silla y caía, con pesadez, al suelo. El hombre se quejó y, por inercia, lo primero que hizo fue acariciar el área afectada, al mismo tiempo que se despertaba por el impacto. Sus ojos se abrieron poco a poco, primero enfocándose en el piso y, luego, notó los pies descalzos y maltratados justo frente a él.

Alzó sus ojos dorados y lo que vio lo dejó paralizado.

Ahí estaba Ashveil, más flacucho y desgarbado de lo que lo recordaba, pero…no era el hombre quien fue responsable de que su cuerpo no pudiera reaccionar al grito de “corre” que le decía su mente, si no el martillo que sostenía en una de sus manos.

El médico apretó sus manos, haciendo que sus dedos delicados se rasparan con los tablones de madera del barco, al mismo tiempo que, por inercia, mordía con fuerza el interior de su boca, tanto que pronto sintió el sabor metálico de su sangre extendiéndose por esta…pero ni siquiera eso lo detuvo. Su respiración empezó a agitarse tanto como su corazón, que ahora corría desbocado y, por último, su mente parecía haber quedado en blanco.

—No me mires de esa manera, Hyákinthos —. Esa manera de pronunciar su nombre no era normal, era tan fría y calculadora que hicieron que el médico quisiera mirar hacia otro lado. —Esto es por tu bien ¿No lo entiendes? Ese día, en aquel foso, se me fue revelada la verdad: ¡La libertad solo es alcanzada cuando trascendemos de este plano! No hay verdadera libertad en este mundo, solo crueldad…Tal vez por eso pude reencontrarlos, para poder liberarlos de sus cuerpos mortales. ¡El destino ha querido que sea yo quien los ayude! Ahora soy consciente de mi misión —. Ya no había un rastro de cordura en sus ojos.

—Es…p…Esper…—El médico no pudo terminar de hablar cuando se vio obligado a cerrar sus ojos, no porque quisiera, si no porque el terror de que Ashveil se acercara hacia él, peligrosamente, con un martillo, lo hizo actuar por impulso, aunque…tal vez lo mejor habría sido correr, después de todo, lo siguiente que sintió el médico fue un golpe contra su cabeza que, nuevamente, lo hizo perder la consciencia.

—Uno…Faltan Tres —. No estaba contando con que Maki estaba de nuevo en el barco. —¡Esperen, compañeros, voy a liberarlos de la crueldad de este mundo!



5:00 p.m.

Ashveil caminó por el nuevo barco como si lo conociera, parecía haber memorizado bastante bien el camino desde su habitación hasta la cocina, porque fue el primer lugar que visitó cuando salió de su encierro.

Odeth lo recibió con una sonrisa. —¡Capitán! ¡Que bueno verlo caminar! Creí que dormiría hasta mañana… ¿Hay algo en especial que quiera comer? —La chica se giró para seguir con la preparación de la ensalada que hacía para Maki y Merlot, algo que el “capitán” aprovechó.

—Sí, de hecho…hay algo que deseo comer —. Un cuchillo, de estos que parecen más bien hachas, estaba colocado sobre una de las mesas. Ashveil lo tomó en sus manos y, antes de que la Oni pudiera reaccionar, el hombre lo lanzó hacia su cabeza, atravesando con este justo el medio de la nuca de la mujer. —Mi querida Odeth…Es momento de liberarte de este traje de carne. Déjame encargarme de ti lentamente.

El hombre sonrió, se podía ver una convicción verdadera en su mirada cuando hablaba de esta nueva forma de libertad que había encontrado. Entonces, con saña, se acercó al cuerpo que cayó justo sobre la mesa en donde la chica estaba cortando los vegetales y, sin asco, levantó el martillo con el que había golpeado antes al médico. Un golpe llegó a la cabeza de la mujer, lo que hizo que un sonoro “crack” resonara en la cocina.

Huesos y carne salieron disparados hacia los lados, aunque lo cierto es que ese golpe no era necesario, pues con el cuchillo atravesando su nuca había sido suficiente.

—A ver…Tal vez no debí liberar a Hyak tan rápido…Él podría haberme aconsejado la mejor manera para liberar tu cuerpo —. El hombre meditó un rato y, luego de eso, concluyó que debía empezar por romper las articulaciones para encargarse luego del resto del cuerpo…Sí, no sería un trabajo limpio. Debía ponerse manos a la obra.



7:30 p.m.

El ruido de alguien acercándose a la cocina mientras que él limpiaba el desastre sanguinolento del suelo lo hizo estremecerse. El “capitán” apagó la luz y, rápido, se escondió detrás de la puerta, no sin antes llevar consigo el cuchillo y el martillo. Aun había sangre en el suelo y, además, el cuerpo de Odeth, ahora reposaba en la nevera…por partes… ¿Por qué? Porque ya había encontrado una manera ideal para que sus restos mortales trascendieran de la mejor manera, aunque, para eso primero debía limpiar y luego encontrar al gigante. Le prepararía una comida especial, pero debía ser sorpresa y…Nadie debía arruinarlo.

Por eso, cuando vio que alguien entró a la cocina, se quedó callado hasta que sus ojos se acostumbraron a la poca luz y pudo ver de quien se trataba… ¿Maki? ¿Qué hacía ella ahí? Debía ser un error…aunque…error o no, no podía ser casualidad. Si el destino la ponía frente a sus ojos, quería decir que también debía darle el regalo de la libertad.

—Maki D. Zen’in —. Susurró al mismo tiempo que se acercó a ella por detrás y colocó sobre su cuello el enorme cuchillo que le había servido para acabar con la Oni. —Parece que el destino ha querido que también seas liberada —dijo antes de empujarla al interior del enorme refrigerador…aunque no estaría sola: él entró con ella.

Botiquín. Abrir solo en casos de emergencia
[Imagen: hyakocheja.png]
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