[Pasado] Fiestas nupciales |Priv.
#1
Día 70 de Primavera | Año 16


Había llegado la noche en Samba. Y luego de la hora del té, muy necesario, Yuuki se iba a dormir. Pero esa noche dormir iba a ser imposible pues la gente que vivía en el mismo lugar del asentamiento en el que estaba había decidido que era un excelente momento para ponerse a bailar. Una fiesta completa en medio de la noche y sin razón aparente. Aunque la pelirrosa ya sabía que ese tipo de cosas solían pasar en Samba, no esperaba que lo fueran a hacer justo cuando ella quería irse a dormir.

El caserío en el que vivía Yuuki era de gente con pocos privilegios, se podía ver el río desde allí, incluso. Y eran personas trabajadoras y que solían recibir el mal trato de los más privilegiados, que vivían más alejados del río en verdaderos palacios dignos de un noble. Y aunque los bailes solían tener lugar en el día, aquella vez llevaban no solo el día, sino que también la noche, bailando y haciendo música alegre y movida para poder alejar las penas.

Había comida y licor, no de la mejor calidad, pero la gente consumía con ánimo y luego se iba a bailar. Había parejas, grupos y hasta gente bailando sola. Y es que la música era pegadiza. Suficiente como para que incluso Yuuki moviera la cabeza y siguiera el ritmo tamborileando con sus dedos sobre su muslo. Luego de estar un rato en su habitación queriendo dormir, al final decidió que mejor salía y disfrutaba un poco ella también. A lo mejor le venía bien también.

Se puso su ropa y se guardó las pistolas. Se acomodó muy bien las plumas de las alas y se aseguró de estar yendo como una princesa, que así se sentía para aquella celebración. Y salió.

Lo primero que notó al salir es que ahora estaban armando un círculo de piedras en medio de una plazoleta que había en el centro del caserío. Incluso estaban llevando leña. Por lo visto, se iba a hacer una hoguera. Y la gente estaba alegre, podría decirse que eufórica. No era una celebración pequeña, pero tampoco era un día de fiesta recurrente.

Cuando Yuuki preguntó a uno de los vecinos, le dijeron que estaban celebrando el casamiento de una pareja de allí. Y que los patrones de los novios habían permitido que fueran a vivir con ellos en su mansión, así que estaban organizando una fiesta de boda y también de despedida, deseando lo mejor para los novios.

—Ciertamente... —Dijo Yuuki en un tono alegre, sumándose pronto a la fiesta.

El lugar en el que ella estaba era abajo en la plazoleta, a unos cuantos metros del círculo de piedras y junto a donde tenían unas mesas para que las personas pudieran tomar de allí comida y bebida. Ella misma había agarrado una pinta de cerveza en una mano y un pincho de carne en la otra. Y pretendía pronto unirse al baile, aunque estaba buscando a los novios, que parecía que nadie los había visto últimamente... seguramente se habrían escapado en su noche de bodas. Pero era seguro que no estarían lejos.
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#2
Seraphine no esperó encontrarse en una fiesta así, tampoco en la manera en que la descubrió. Saliendo de Baterilla con la intención de conocer otras islas, se hospedó allí, con la música y la gente no siendo un problema para la chica de largos cabellos, ya que en el pasado fue su pan de cada día. En cambio, fue la cama que resultó ser extraña para Seraphine, que a veces le costaba un poco quitarse la mala manía de dormirse en el frío suelo, de tanto dormir dentro de una celda, por lo que acabó con las sábanas y almohadas en el suelo.

Y hoy, era una de esas noches donde no podía dormir; teniendo la intención de dar un pequeño paseo, se vio de pronto, agarrada del cuello de su abrigo, sin saber si la confundieron con otra invitada debido al ver una mujer con alas, solo que esta tenía el pelo de color azul, pero antes de que pudiesen notar su error, ya fue demasiado tarde, con una cerveza en mano y comida, sus ojos abiertos, parpadeando, no pudiendo pasar por alto el hecho que Seraphine se asustó un montón, creyendo por unos instantes que intentarían robarle.

Con curiosidad, olfateó el pedazo de carne entre sus dedos, queriendo asegurarse de que todo estuviera en orden, al no ser una buena idea el aceptar comida así no más de desconocidos, y le pegó un mordisco; la comida se derritió dentro de su boca, con fuegos artificiales explotando dentro de su cabeza. Sin duda, a Seraphine le gustaba la carne y un montón, casi yéndose hacia atrás, tomándose su tiempo a la hora de comer, quizás pareciendo un pequeño hámster, con las mejillas llenas. La Seraphine de su pasado nunca pudo imaginar el estar en una situación así, donde ella no era utilizada como la atracción principal con sus bailes, formando parte de las personas que tenían permitido divertirse.

Y al darle un trago a su cerveza, la pelirosa de cabello bicolor dejó escapar una pequeña mueca, con la lengua apoyada en la comisura de sus labios, creyendo que fue eso lo que la delató como que no era una bebedora normal.

—¡Opla!

Alcanzó a dejar su comida en una mesa, tropezando sin querer con los pies de Yuuki al pasar, buscando un asiento, acabando sobre ella.
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#3
Y mientras estaba mirando para un lado y para otro qué había para divertirse por allí, ocurrió un accidente. Uno que la involucraba a ella y que ahora la había puesto justo debajo de la otra persona que tenía que ver con ello. Por lo visto, la chica de cabellos color rosa y alas blancas había chocado con la chica de cabellos color rosa y alas blancas. Con la mala suerte de que Yuuki no estaba preparada y cayó al suelo, llevándose a la chica consigo.

La pirata estaba ahora en el suelo y sus ojos claros miraban directo los de ella. Era una chica bastante linda. Y quizás también sentía esto porque era similar a su madre. Sabía exactamente que la chica con la que trataba era una de la gente de Skypia.

Al comienzo, no dijo nada, pues tenía más que claro que se debía a un accidente. De haber sido al revés, la birkanian estaría buscando pelea. De eso seguro. Pero aquí no era el caso.

Sonrió de forma maternal y se aseguró primero de que la chica estuviera bien mirando el resto de su cuerpo. Tenía un cabello precioso con terminación en color azul. No podía evitar sentir algo de envidia por esos rasgos. Ella era una híbrida que no había sacado nada de lo bueno de ninguno de sus padres. Al menos no en lo físico.

Después de revisar en silencio, se incorporó y ayudó a la muchacha a ponerse de pie junto con ella, limpiándola a ella primero de cualquier suciedad y luego a sus propias alas antes de su ropa. Lo hizo dando ligeras palmadas para asegurarse de que quedara todo bien sacudido. Y era impresionante que, aunque estaban en un lugar que tildaban de sucio, lo peor que había era arena seca y algo de polvo.

—Discúlpame, cariño. Parece que me metí en tu camino, ciertamente. Discúlpame. ¿Estás bien? ¿No te lastimaste? Veo que no, pero... quiero asegurarme.

Su tono de voz era amable y se notaba genuinamente preocupada. Incluso se detuvo para verla mejor. Al notar algo de comida en la comisura de sus labios, sacó un pañuelo y la limpió como si se tratara de una madre a su hija más consentida. Incluso luego se puso a revisarle las plumas de las alas, algo que de inmediato le hizo recordar a su hermano menor. Esto le hizo detenerse por un breve momento y luego continuó hasta que estuvo satisfecha cuidando de la chica. Bueno. Era ya toda una mujer adulta, pero para Yuuki muchas personas le seguían pareciendo niños a quienes cuidar de vez en cuando.

—Listo. Ya estás como toda una princesita. Te faltan unos arreglitos por aquí y por allá. Pero no queremos que se den cuenta que una de los nobles se escapó a una fiesta de por aquí, ¿verdad? —Bromeó sobre la chica siendo, posiblemente, parte de la sociedad privilegiada de Samba—. Por cierto. Mi nombre es Yuuki. Espero, de verdad, que me perdones por meterme en tu paso.
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#4
El rostro de Seraphine pareció de pronto adorno de Navidad con lo roja que se había puesto y sus ojos húmedos por el susto, no obstante, también había una pequeña emoción escondida, impotencia, por ser demasiado torpe para su propio bien, encontrarse en una situación que ya le era demasiado familiar, buscaba verle lo bueno, que tropezar con la gente, le ayudaba a conocer más, pero por otra parte, algunas veces la hacían ser insultada o se metían un poco con ella, para Seraphine esta vez pareció tener suerte, sin embargo, el sentimiento de ser inútil seguía en su corazón.

Cerró sus ojos, contando hasta diez de manera rápida, buscando recuperar los trozos imaginarios que cayeron al suelo con intención de rearmarse, aunque creía que ya era demasiado tarde para eso, sin darse cuenta que sus manos se encontraban sangrando un poco por culpa de haberse raspado, habiendo caído sin mucha gracia sobre sus cuatro patas, ocasionando que el rojo solo subiese una tonalidad más, maldiciendo un montón en su mente, repitiendo los insultos que escuchó varias veces en la celda continua de sus ocho años de esclava, siempre le pareció curioso que los olvidase o no formaban parte de su vocabulario, pero cuando era la hora de utilizarlo contra ella, aparecían y con potencia.

Sin darse cuenta de lo que sucedía, Seraphine se puso en modo servicial, separando un poco sus piernas y brazos, pasando una muñeca por sus ojos, tragándose las lágrimas, ahora más recompuesta, pateando esas emociones nada que ver de su cuerpo, la imagen de una skypean más pequeña y parecida a ella, haciendo eso en su interior le arrancó una pequeña risita silenciosa, buscó hacerlo con Yuuki también, no obstante, al ver que le dejó una pequeña mancha roja de sangre, los ojos de Seraphine se abrieron con pánico, dando unos cuantos saltitos hacia atrás.

A sus palabras, la más alta le mostró su dedo pulgar, buscando hacerle saber que estaba bien, y tomó su lápiz, junto a su libreta para escribir. —Aparte de necesitar desinfectante para mis manos, estoy bien, ¿tú?— Buscó colocar lo escrito cerca de la mejor fuente de luz, para que pudiese leer sin problemas. —Seraphine— Sonrió, queriendo evitar manchar su único método de comunicación con sangre.

Y entrecerró sus ojos al sentir el pañuelo, ladeando un poco su rostro para facilitarle el trabajo. —Perdona, pero…— Se alejó unos cuantos pasos; no estaba acostumbrada a que se preocupasen tanto por ella, solía ser al revés. —¿Puedo yo también… revisarte?— Y el consentimiento era algo que le importaba mucho. —¿Arreglos?— Abrió ambos ojos. —¿Perdí un brazo o algo?— Revisó cada extremidad y, al final, con cierta preocupación, buscó asegurarse de que su cabeza siguiera en su lugar al tocarse en el cuello.

—¿Noble?

Se señaló a sí misma y no pudo evitar echarse a reír, sin producir sonido, pero parecía haber escuchado la cosa más graciosa. —Llevo exactamente 70 días siendo libre de mi esclavitud— Su expresión demostraba orgullo. —No, está bien, me tropecé, suele ocurrirme a menudo… Creo que me acaban de robar mi comida— En efecto, ya no estaba e infló sus mejillas.
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#5
La chica, una vez de pie, era alta. Bastante alta. Yuuki quedó bastante impresionada con el tamaño al que algunos de los Skypiean podían llegar a terminar. Ella misma era alta, pero no demasiado. Sin embargo, la chica era algo completamente distinto. Pero a pesar de su tamaño, parecía ser una persona bastante peculiar, especialmente por su forma de comunicarse. Yuuki se aguantaba las ganas de chismosear la razón de no usar su voz. Aunque lo dejaría para luego. Luego en esa noche, pues no lo dejaría así como así.

Se ofreció ella misma a limpiar las heridas de la muchacha con su pañuelo. Y no era lo mismo que usar desinfectante y gasas apropiadas. Pero ayudaba un poco con la sangre visible por el momento.

Y mientras limpiaba a intervalos, se enteró de tres cosas. La primera era el nombre de la chica. Seraphine. Era un nombre hermoso. Yuuki tenía los ojos brillosos de emoción de conocer el nombre de la muchacha. Era hermosa y angelical en todos los sentidos. No como Yuuki, que era más por aparentar. Seraphine era hermosa en su totalidad.

Lo segundo que notó es que tenía un pasado triste. Y uno que hizo que la pelirrosa pusiera una cara seria. ¿Quién era capaz de ponerle grilletes a una Skypiean? Era algo más que buscaría aprender. Para Yuuki, la libertad lo era todo. Nadie debía ser prisionero de nadie.

Terminó de limpiar a Seraphine y miró alrededor por la comida. Había mucha, afortunadamente, en aquella fiesta. Eso fue lo tercero que notó Yuuki, que la damita a quien se había encontrado era algo glotona... pero con el tamaño que se gastaba, era apenas razonable.

—Ven, vamos a encontrarte algo para comer. Y también para mí. Ciertamente...

Tomó la mano de Seraphine y guio el camino hasta una mesa. Daba pasos largos, pero pausaditos, de modo que pudiera acompasar el caminar de la Skypiean. Se parecía demasiado a su madre, ¿Quizás eran familiares lejanos? Quizás. O seguramente solo estaba imaginando cosas. Llevaba ya unos varios días fuera de casa y se había ido sin despedirse.

Al llegar a la mesa, Yuuki ofreció unas brochetas a Seraphine y, luego de esperar a que ella las tomara de sus manos, llamó a uno de los organizadores de la fiesta para que le ayudara limpiando las raspaduras de las manos de Seraphine. El hombre, muy amable, aceptó y trajo rápido un kit de primeros auxilios, ofreciéndose a sí mismo para ayudar a la chica de cabello bicolor.

Y mientras le limpiaba las heridas, comentaba que los novios de la fiesta se habían escapado y que los estaban buscando. Incluso les pidió a las dos que podrían necesitar de su ayuda, y que incluso iban a ofrecer una recompensa por encontrarlos. Yuuki sonrió de medio lado, siempre estaba lista para ganar unos berries extra. Echó una mirada a Seraphine y quedó a la espera de su respuesta. Siempre era mejor si contaba con una aliada para algo como la búsqueda de alguien perdido.
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#6
Cerró sus ojos, mordiéndose el labio inferior, ahí estaba otra vez esa expresión que más de uno ponía cuando les contaba acerca de su pasado como esclava, no siendo un tema que sacase muy a menudo, al querer que se quedase atrás, por otro lado, temió un poco que le hubiese bombardeado con demasiadas preguntas y por eso la contraria se encontraba tan silenciosa, los ojos de Seraphine le costaban un poco el alejarse de las alas de Yuuki y estiró su mano hacia estas, intentando tocarlas.

—¿Skypean?

Movió sus propias alas con mucho interés, no esperando que de pronto la tomasen de la mano, dejándose arrastrar sin oponer mucha resistencia, tampoco creyendo que iban a hacer daño, no obstante, pudo sentir su cuerpo tensando un poco, apretando sus labios entre sí y cerró sus ojos, llegandole recuerdos de cierto festival, tomada de la mano de un mink, era curioso la cantidad de personas y diversas razas que Seraphine conoció apenas salió de su esclavitud, el ver como se movían en libertad y no atadas, resultó ser un enorme cambio para la mujer de cabellos bicolor, quién en su mente, caminaba de un lado a otro, sintiendose como un animal a punto de lanzarse encima del resto al querer formar parte de la diversión también.

No pudo evitar sentir que quizás estaba molestando un poco, no tenía por qué acompañarla, tal vez tuviese cosas que hacer, apartó con suavidad su mano, para poder escribir bien.

—Perdona, pero no quiero molestar si es que tienes a alguien esperándote o algo que hacer— Dejó escapar una pequeña risa nerviosa, Yuuki tenía su atractivo, así que le costaba un poco el imaginarsela sin tener a nadie esperando la compañía de aquella dama, aunque el parche, llamaba también su atención, no quitándole puntos, en cambio, le añadía más. —Sí no es así, no tengo problemas en acompañarte, a veces la comida sabe mejor en compañía.

Se relamió los labios, escuchando su estómago gruñir y se sonrojó. —Gracias— No queriendo ensuciar la comida, sostuvo un pedazo de la brocheta con sus dientes, dándose cuenta de inmediato que aquello fue una mala idea, ahora no tenía donde dejarla mientras los dejaba atender sus manos, asintió, sin importarle la recompensa.
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#7
Seraphine aceptaba la solicitud de asistencia y Yuuki entonces sonrió y asintió de vuelta, mostrando agradecimiento a la chica por ayudarle con aquella tarea que les estaban poniendo ahora de imprevisto y solo por estar allí. Aunque se notaba que la mujer Skypean estaba más concentrada en buscar llenarse la panza que en cualquier otra cosa; lo que hizo que Yuuki se riera un poco y simplemente le ayudara a sostenerle las brochetas de comida mientras los que la atendían terminaban con sus manos.

Una vez estuvo listo el tratamiento de las manos de la altísima damisela Skypean, Yuuki le regresó las brochetas y luego se llevó las manos a la cintura y miró hacia dónde creía que podrían haber huido los dos amantes, ahora esposos. Y de la manera en que ella lo vio, si se habían perdido de un lugar como en el que estaban, muy probablemente estuvieran huyendo hacia otro lugar. Otra isla, probablemente. Aunque también cabía la posibilidad de que estuvieran en un sitio que fuera especial para ellos y que tan solo se hubieran tardado.

Había otro montón de situaciones que se le ocurrían a la pelirrosa, pero no iba a pensar en cosas malas durante una noche de celebración, aunque era bueno que se había llevado sus pistolas.

 —Bueno, Sera. ¿Puedo llamarte Sera? Se me ocurre una idea para encontrar a nuestros celebrados de esta noche. Ciertamente, ¡Vamos al punto cercano más alto! Probablemente estén tan solo buscando un sitio para ellos, ¿Sabes?

Sonrió mientras siguió hablando. Ahora también tomando la delantera y señalando a un sitio que se veía desde allí y que tenía una excelente vista. Era un escarpado que se asomaba luego de una arboleda.

—Ese sitio se ve bastante bueno para empezar. ¡Vamos!

Y dicho aquello, Yuuki continuó caminando y miró a Seraphine mientras caminaban.

—Por cierto, mi madre era Skypean. De hecho, se parece muchísimo a ti. ¿Seremos familia? Mi padre es Lunarian. Y yo soy Birkaniana, el resultado del amor de papá y mamá. —Agitó un poco sus alas para que Seraphine las pudiera ver. Se movían bastante bien—. Pero estas alitas no son tan fuertes como para hacerme volar...puedo planear. O impulsarme. Sin embargo.

Terminó de hablar y la sonrisa enorme que tenía en la cara se le fue poniendo un poco más neutra. No porque estuviera molesta. Sino porque estaba mirando varios lados por cualquier peligro. Y mientras salían del lugar de la fiesta, Yuuki parecía también adoptar una posición menos confiada y más precavida. No era normal en ella sentirse tan a la defensiva. Pero Ya habían dejado el pueblo en sí y ahora estaban en un espacio con más bien poca iluminación mientras se aproximaban a la arboleda que debían cruzar para llegar al mirador que había señalado la pelirrosa cuando aún estaban en la fiesta.

Conforme avanzaban, Yuuki rompió el silencio. Seraphine podía notar que ella tenía agarrada a Quicksilver, su revólver, en la mano ya y que las puntas de los dedos no hacían sino tamborilear sobre el mango de éste.

—Puede que algo malo les haya pasado. Como puede que no. Esperemos que no. Pero si mi corazonada es cierta, vamos a tener que pelear. No te preocupes. Yo me ocuparé de cualquiera que sea tan tonto de atacarnos. Concéntrate en encontrar a los novios, ¿De acuerdo? Y... ¿estaba buena la comida? Perdóname por arrastrarte a esto conmigo.
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#8
Parpadeó, no esperando la ayuda y sonrió, mirando a la mujer directo a los ojos, ladeando un poco su cabeza para poder morder mejor, cuando dejasen de curarle las manos, ya se aseguraría de darle las gracias de la forma más adecuada que podía hacerlo, sintiéndose como un pequeño hámster alado que le estaba dando mordiscos a su comida, pequeños, casi pareciendo temer que si diese mordiscos que correspondiesen a su tamaño de mujer que casi alcanzaba cuatro metros, llevaba 70 días siendo libre y aun así racionaba la comida que parecía dar la impresión de que creería que en algún momento ya no tendría acceso a esta, nunca se sabía cuando los empleados del noble fuesen a por ella.

Sonrió al médico de turno y tomó las brochetas entre sus manos, dejando los palos que ya no tenían su carne en la mesa, comiéndose la última que le quedaba, mirando a su alrededor con intención de botar el resto en la basura más cercana, no tardando demasiado en hacer aquello, dejando escapar un pequeño bostezo, perdió la noción del tiempo y hasta ahora, Seraphine se acostaba de noche, dormía las 8 horas de sueño y se sentía llena de energía al día siguiente, siendo una rutina que le ayudaba mucho hasta ahora, la vida nocturna tenía su encanto, pero prefería la de día, haciéndola sentir más segura.

—Claro— Observó las pequeñas vendas en sus manos. —Vamos.

Peinó algunos mechones detrás de su oreja, frotando un poco sus nudillos entre sí, sintiendo su corazón palpitar un poco, no sabiendo en qué momento Sera se volvió su apodo, si no pensaba demasiado, podría apartar la imagen de la cera de los oídos lejos de su mente, poniéndose de pie para seguirla. —¿Y qué haremos si al final resulta que no quieren ser encontrados?— Ladeó la cabeza, escribiendo de tal manera que pudiese aprovechar la luz a su alrededor; siguiéndola, las siguientes palabras de Yuuki la hicieron detenerse de golpe. —No estoy segura— Se mordió el labio inferior, mirando el suelo. —Tengo problemas de memoria, apenas puedo recordar muy bien lo que sucedió un año atrás— Esperaba no estar mandando a la mierda el alegre ambiente y llevó la mano a su cabeza, recordando el dolor de aquel golpe que le causó tantos estragos de memoria.

—¿Puedo ver como planeas?

Sonrió, levantando su mentón con un brillo en sus ojos. —Las mías son demasiado pequeñas para hacer algo— Por otro lado, el cambio en su actitud no le pasó desapercibido, sintiendo el pulso subir mientras se movían en la oscuridad, ¿y si era una trampa para asaltarla? Dio un paso hacia atrás al ver su manos sobre su arma, no entendiendo como no vio aquello antes. —La comida está bien, rica— Hizo puños con sus manos. —Los buscaré, pero… se me da bien el arco y flecha, por si necesitas ayuda— Llevó su mano a la espalda para asegurarse que llevase su arma con ella.
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#9
La confesión de Seraphine sobre su memoria hizo que Yuuki se detuviera un instante. Aquella seriedad neutra se suavizó por un segundo, transformándose en una mirada de pura empatía. No era lástima, puesto que Yuuki no era de las que sentía lástima, sino comprensión; era ese instinto de protección que le afloraba cada vez que veía una grieta en alguien que consideraba "suya" por esa noche. Y su mirada podía dejar ver lo que sentía en esa misma noche cuando se quedó viendo a Seraphine luego de oírla.

—Oh, tesoro... no te fuerces. Si el pasado quiere jugar a las escondidas, deja que se quede ahí. Lo que importa es que hoy estás aquí, comiendo rico y con tus manos bien vendadas, ciertamente —le dedicó una sonrisa reconfortante antes de retomar el paso hacia la penumbra de los árboles—. Y si estos amantes no quieren ser encontrados, pues... les daremos nuestra bendición, les pediremos una propina por las molestias a los de la fiesta y los dejaremos a los otros dos en su nido de amor. Pero mi instinto me dice que aquí en Samba las despedidas no suelen ser tan silenciosas. Y menos con esos dos.

Al escuchar que la gigante peliazul sabía manejar el arco, Yuuki soltó una risita sonora y bastante curiosa.

—¡JRAH JRAH JRAH JRAH!

Se agarraba la cabeza y el pelo mientras reía, aunque sus ojos no dejaban de escanear las sombras, pues no se tenía permitido bajar la guardia aunque estuviera en una conversación amena y con alguien a quien encontraba agradable para sí misma. También, el hecho de que Seraphine fuera una guerrera capaz le quitaba un peso de encima; ahora no solo era una "hija" a la que cuidar, sino una compañera de armas.

—¿Arco y flecha? ¡Vaya! Me encantaría ver eso en acción. Hacemos buena pareja entonces: con tu arco y mi Quicksilver, no creo que se nos vayan a acercar buscando pleito... —comentó, acariciando el mango de su arma con la punta de sus dedos, que tamborileaban en un ritmo ascendente sobre este.

Siguieron caminando y pronto llegaron al borde de la arboleda, donde la luz de la hoguera del caserío ya era solo un resplandor lejano. Desde allí se veía bastante bien el área circundante. Y aunque no encontraron a los novios a primera vista, Yuuki se detuvo frente a un pequeño desnivel y, con un movimiento grácil, extendió sus alas blancas. No eran las más grandes, pero bajo la luz de la luna tenían un brillo nacarado casi místico.

—¿Querías ver cómo planeo? Mira esto, Seraphine. ¡Es mi truco favorito para entrar con estilo! Y creo que también lo puedo usar para rastrear un poco desde el aire...

Yuuki dio un salto hacia el vacío del pequeño risco, batiendo sus alas con fuerza para ganar impulso inicial. No voló hacia arriba, pero el aire atrapó sus plumas y la mantuvo suspendida en un planeo elegante, trazando una curva perfecta sobre los arbustos antes de aterrizar suavemente unos metros más adelante, con las botas apenas haciendo ruido sobre la tierra. Se giró hacia la Skypean, haciendo una pequeña reverencia de escenario.

—¡Tachán! No es un vuelo real, pero sirve para que no se me ensucie la ropa, ¿verdad? —dijo recuperando el tono bromista, aunque rápidamente bajó la voz al notar un movimiento extraño entre las ramas más adelante—. Hmmm... ¿Sientes eso? O mejor dicho, ¿Lo ves? Parece que realmente no estamos solas aquí. Mantente cerca, Sera. Si ves algo moverse entre las sombras del mirador, no dudes en tensar esa cuerda.

Se agachó un poco, ocultándose tras el tronco de un árbol viejo, esperando a que su alta compañera se posicionara. Sus dedos seguían tamborileando sobre el revólver, pero esta vez con un ritmo de anticipación.

Al fondo, entre los árboles en un claro oculto, se veía que había cuatro personas, dos de ellas atadas y las otras dos llevando una un garrote y otra una lámpara. Yuuki entrecerró los ojos y se fue aproximando lentamente, infiltrándose en el lugar y esperando que Seraphine le cubriera.
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#10
Se detuvo, mirando a Yuuki directo a los ojos, con una expresión en blanco, no siendo la primera vez que escuchaba aquellas palabras, ella misma se lo repetía más de una vez, pero existía algo, que la joven skypean no podía tragarlas del todo, lo importante era ahora que se preocupase por su futuro, lo sabía, no obstante cada vez que miraba hacia atrás, no quería que sus memorias estuviesen compuestas, la mayoría de sus años cómo esclava, debía de haber algo más, ¿sus padres? ¿la estarían buscando? ¿Tendría alguna hermana menor, mayor…? Hizo un puño, llevandoselo al pecho, recordando las veces que se aferró a recuerdos imaginarios de alguien esperandola y la recibiría con los brazos abiertos apenas saliera de su cautiverio.

Se mordió el labio inferior, buscando controlar su respiración y no tener una ataque ahí mismo, haciendo algo de presión contra su pecho, contando hasta diez.

—No niego que tengo algo de curiosidad acerca de qué clase de persona fui— ¿Habría sido buena? ¿Habría sido mala? Lo último es lo único que podía explicarse aquel castigo de acabar cómo esclava, su mente no pudiendo computar el hecho de alguien bueno acabase así, aunque lo hubiese visto en varias ocasiones, si ese fuese su caso, el sufrimiento vivido no tendría sentido, de pronto, no pudo evitar sonrojarse, colocando una mano sobre sus ojos. —¡Pero, eso signifcaría que los pillaríamos desnudos!— Contó sus ganas de darse la media vuelta e irse hacia la mesa que compartieron un par de segundos, no sería la primera vez que se encontraba ante cuerpos desnudos, pero era un tema algo sensible para Seraphine.

Y pegó un brinco accidental al escuchar la risa de su acompañante, incluso percibiendo algunos pájaros volar sobre su cabeza, ¿los habrá asustado también? Se mordió el labio inferior, dando unos cuantos pasos hacia adelante, colocando su mano sobre uno de los hombros ajenos, para evitar perderse, con su mal sentido de la orientación. —Nunca se sabe, es buena idea mantener nuestra guardia en alto— Escribió sobre un hombro, teniendo cuidado de no rozar sus alas y se apartó un poco, dejándola hacer, con cierta preocupación al principio, pero se relajó cuando todo acabó bien, dando unos pequeños aplausos.

Asintió a las palabras de Yuuki, sosteniendo la cuerda entre sus dedos, lista para tensar si veía de hacer algo, no obstante, algo por el rabillo de su ojo llamaría su atención, una persona acercándose peligrosamente a la birkaniana por la izquierda y llevó las manos a su arco, sacando un par de flechas de su carcaj, le disparó justo en la frente al hombre, de manera silenciosa y lo vio caer tumbado a un lado.
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