[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 2
#11
Atributos Personaje


Sus alas notarían el ligero cambio de temperatura tras cierto tiempo, comenzaba a hacer más frío de lo normal, aunque había estado poco tiempo en Baterilla como para cerciorarse de aquello por lo que no le prestó la suficiente atención. Tan solo lo achacó a estar viajando en barco, como cuando surcaba el cielo a una altura mayor a lo normal. Replegó más sobre sí las alas para que cada pluma cubriese mayor parte de área de lo que ya cubría, llegando al punto de solaparse unas con otras. El ferry había partido hace ya instantes, en los que aprovechaba para hablar, o más bien escuchar las palabras de Cill. Alek no siempre hablaba, lo haría impulsado por su lengua bífida o cuando realmente tuviese algo que aportar.

Tras una despedida a un puerto que se alejaba tan solo quedaba relajarse y esperar a que el navío, mecido por las olas y acariciado por el fresco que comenzaba a hacer, llegase a un buen puerto. Los Cabos Gemelos, allí donde se suponía que estaba la atracción principal, nunca mejor dicho, aunque ya podía saber o imaginarse que allí tenderían una redada. Ni atracciones ni redadas le interesaban, ya había cumplido su objetivo que era encontrarse y reunirse con el capitán, aquel hombre que de algún modo conseguiría su atención. El resto le daba exactamente igual, no buscaba enemigos, pero desafiaría toda fuerza que se quisiera oponer a la suya propia.

No dijo nada, tan solo asintió hacia Cill, sin sonrisa, tan solo un gesto de convicción pura, no necesitaba demostrar más. Se cuidarían las espaldas, era algo a lo que se venía haciendo a la idea desde hace un tiempo, sobre todo después de haber pasado por baches menores en Samba. Todavía recordaba aquel hombre grande como una mole, borracho como una cuba y cobarde como una rata. Aquel pendiente iba a tener que esperar un tiempo.

De nuevo ese sonido a estática irrumpió en la escena, aunque en esta ocasión desde el propio ferry en el que viajaba. El moreno miró atento desde los aparatos del que salía la voz, como si aquello le ayudase de alguna forma a concentrarse en entender mejor las palabras. - Kut...sukku... - Era una palabra que se le atragantaba al decirla. Esperando que el ferry no se hundiese y se tuviese que echar a volar, simplemente esperó, no sin antes hacer un paneo a la cubierta y ver algunas figuras que ya conocía, como la lunarian o aquella mujer de pelo rosa, sin saltarse por supuesto al gigante azul que había visto en el momento de lanzarse desde lo alto de un faro.



Las horas pasaron, el moreno se había dedicado a pasar un tiempo escuchando a aquellos dos con una complicidad que le parecía rara, extraña, quizás porque se había pasado gran parte de su infancia encerrado entre cuatro paredes. El resto del tiempo se había pasado deambulando alrededor de la cubierta del barco, negándose a encerrarse en un camarote. No había tenido la oportunidad de viajar en muchos navíos y, imaginado las desventuras que tenía en su porvenir, prefería acostumbrarse al vaivén del mar. Se detenía en aquellos puntos que más curiosidad de le generaban, la parte de los motores viendo el agua salpicar; en los laterales del barco, donde el mar clavaba su furia; cerca de aquel gigante azul solo para comparar su altura con la contraria; cerca de alguna ventanilla para escuchar que se decía dentro; hasta que finalmente se detuvo en la parte posterior del barco, donde podría ver con más claridad el atardecer cayendo sobre el día, dando paso a la noche.

Hacía más frío, lo sentía; las nubes se estaban revolviendo sobre su cabeza, lo veía; las conversaciones se encendían según se acercaban a la isla, las escuchaba; la humedad se mezclaba con más intensidad con el salitre, lo olía; la impaciencia por despegar con sus alas, la saboreaba. Como una hoguera en mitad de una noche, la llama de su espalda seguía cobrando presencia según los segundos pasaban y no solo quería anochecer, si no que la niebla quería su propio protagonismo.

Es entonces cuando sus sentidos se dispararon, su cerebro gritó en cuanto escucharía un relámpago sin ningún destello previo. Sus pies se estremecieron en cuanto sintió un gran temblor del navío, sin saber que se trataba de la caída de aquel gigantón azul. Sus pies se movieron queriendo ser gráciles, aunque llevados por el nerviosismo parecían más patosos. Prefería volar, pero sus alas pesaban. El pasillo exterior que conectaba la parte trasera y la delantera, donde se encontraban sus compañeros, intentó recorrerla cuando intentó alzar el vuelo y no pudo. Sus alas paralizadas, su cuerpo pesado.


Sus rodillas se hincaron a peso muerto sobre la madera. 
La madera crujió.
Su vista se nubló.
Sus manos apoyadas sobre el suelo. 
-¿En qué momento? -
Sudor frío.
Miedo.
Cerró los ojos, irremediablemente.
El mundo pesaba. Como siempre, pesaba.

Pero este...
...era un peso que no podía soportar.

cositas
#12
Atributos Personaje


Frotó sus nudillos entre sí, no pudiendo quitar sus ojos del mar, con su mente haciendo todo tipo de cálculos por si las cosas se salían de control, pero hasta ahora, todo parecía ir en orden, el hecho que pareciera haber más de un criminal a bordo, no resultaba ser un problema o eso creía, ya que hasta ahora, ninguno de los pasajeros y seguridad del ferry dió una alarma, aun así, no podía quedarse tranquila del todo, manteniéndose cerca de Mizuki y Kazan, la mujer intentaba idear quizás alguna manera donde el trío pudiese escapar sin muchos problemas.

Soltó un pequeño suspiro y se sentó en el suelo, apoyando su espalda contra una de las paredes del ferry, mirando al dúo que le acompañaba, sosteniendo un pan dulce entre sus dos manos, dándole pequeños mordiscos para mantener su pulso elevado, tomándose unos pequeños minutos para ajustar sus pensamientos, ya que aparte de aquella preocupación, la alegría entraba hasta por la última de sus venas, no esperaba viajar tan pronto hacia el Grand Line y aquello le ocasiona temblores en sus manos, costandole el comer un poco, no tardando demasiado en fulminar el pan, por el hecho de que sin querer, se golpeó contra su ojo, parpadeando más de una vez para mitigar el dolor y sacar un pequeño pañuelo para limpiarse, sonrojandose un poco ante la imagen estúpida que estaba dando.

Así nadie se tomaría la revolución en serio.

Llevó la mano a sus largos cabellos, peinandoselos hacia atrás, despejando su frente, dándose cuenta en ese momento, de la diferencia en el ambiente, no pudiendo evitar hacer una pequeña mueca, por lo que veía, Kutsukku no parecía ser una isla que le gustaría visitar en ningún momento, sintiendo cierta asfixia por el fuerte cambio en contraste a Baterilla, sirviendo la voz de Kazan como una pequeña distracción, no tardando demasiado en ponerse de pie, ordenando sus cosas y pasó las manos por su ropa, quitandose cualquier migaja de encima, caminando a paso tranquilo.

Sonriendo, estiró su mano, dándole un par de palmaditas tranquilizadoras a una de las rodillas. —Será una pequeña parada y antes de que nos demos cuenta, estaremos en dirección al Grand Line— Escribió. —Haciendo cosas en nombre de la Revolución y Corriente Libre, poniendo las cosas patas arriba— Se inclinó un poco hacia un lado, observando a Mizuki, enseñando su dedo pulgar; antes de darse cuenta, estaba empezando a entrenar en un rol ya determinado en el grupo, sintiéndose útil, hasta que la repentina reacción del gigante azul la desconcertó un poco.

—¿Pero, qué…?

Sintió una pesadez sobre su pecho, alzando su vista, sus ojos percibieron la figura de una persona extraña, encapuchada (sentidos mejorados, vista), no obstante, no pudo hacer nada, ya que todó se tornó de negro, su respiración interrumpiendose durante unos segundos y se fue hacia atrás, perdiendo el conocimiento por completo.

Off
[Imagen: RlTqH6C.jpeg]
—[#FF69B4] Escribe | Piensa | Actúa
#13
Atributos Personaje


Para su suerte, al parecer no estaban teniendo que pagar nada del buffet. ¿Es que se los cobrarían al salir, sin dejarlos bajar del ferry hasta abonar? Sería un problema, y Barald ya había expresado su negativa posición a dejar un sólo berry en la embarcación —. Oh, diría que esto viene incluido, ¿no? Me parecería un poco de mal gusto que cobrasen siendo que dijeron que el viaje era gratuito. — chasqueó la lengua después, antes de negar un par de veces con una sonrisa. Se volvió hacia Barald mientras dejaba la bandeja de quesos y se acercaba a buscar agua para llevar a la mesa que compartirían —. O bueno, gratuito es una forma de decir, en realidad. A cambio de algo más preciado que un par de monedas: información. Ahora saben que estamos aquí, a bordo, y no tenemos casi forma de escabullirnos hasta llegar al parque.

O bueno, eso creía, pues su primera parada no sería realmente esa. El anuncio por la megafonía lo hizo hacer una mueca de disgusto mientras al fin se reunía con el resto del grupo. No dijo mucho más. Claramente no estaba conforme, pero no debía pecar de ansioso: mejor llegar sanos que llegar en pedazos sólo por apurarse. O como decía el dicho... — ¡Bingo! Mejor perder un segundo de vida que la vida en un segundo, ¿no? — exclamó seguido de una carcajada ante la duda de Yuuki y las quejas de Tezca.

Tras un rato compartiendo una comida, esta vez más modesta una vez que se sació con la quesería, Wyatt se estiró en su asiento. Dejó pasar un rato y oyó a la birkiniana salir al grito de llamado de su noble corcel. Sonrió para sus adentros, contento de que el animal ya fuese parte de la tripulación al igual que él. Le agradaba que ahora él tuviese a alguien más con quien contar que el Goldstar. Se hizo de su bolsa y, ahora sí, ya habiendo pasado algunas horitas, subió a la cubierta para dirigirse a algún camarote común donde instalarse un poco a descansar, aunque sea un rato. Era de dormir bastante a gusto durante los viajes en barco, así que nada sería un problema para él.

Apenas salió a cubierta, mientras daba un paseo, se percató de que, ya bajado el sol, la temperatura comenzaba a descender bastante. Abruptamente, diría el rubio, y el ambiente comenzaba a tornarse diferente, tanto por el rojizo tono que azolaba al ferry como por el aura que la isla de... — Qué raro, no había oído jamás de Tetsuka. ¿Tú sabías de este sitio del inframundo? — preguntó a Yuuki mientras se acercaba a ella, encogiendo los hombros por el fresco aire que corría allí arriba. Ella se encontraba junto a Tocho Morocho, así que fue bien fácil ubicarla.

Descolgó su bolso y sacó una chamarra toda arrugada con la que se cubrió los hombros. No era de sentir tanto frío, pero la temperatura no hacía más que ir en descenso —. ¿Quieres un abrigo? Tengo algo por aquí si necesitas. — comentó antes de, prontamente, comenzar a sentirse un tanto extraño.

Ya la silueta de otras embarcaciones se hacía ver y, sumado a ello, una gran roca entró al campo de visión de aquellos ahora desdichados que estaban a la intemperie. O bueno, nadie era muy afortunado en aquellas coordenadas en concreto, porque la ola arrasadora de estrepitosa presión descendió sobre sus existencias como una prensa hidráulica que aplacaba hasta a los más activos y altaneros —. Yo... Me estoy sintiendo un poco mal, creo que iré a recostarme un poco. — y mientras volteaba, no sin antes palmear a su caballo y notar que este también se debilitaba y comenzaba a desvanecerse, Wyatt no resistió más. Llegó apenas a poner su diestra en el cinturón, sobre el mango de su S&W, pero de nada sirvió.

Apagón de tele para él, y el golpe en seco con la cubierta ni siquiera llegó a sus oídos, tan aturdidos como cuando uno comienza a bajársele la presión y se desvanece.

BITÁCORA DE LAS ESTRELLAS
#14
Atributos Personaje


Los navíos que se habían aglomerado en las humildes aguas de la isla Baterilla comenzaban sus debidos movimientos, como una procesión de un santo, así iban varios navíos detrás del Ferry mas popular del momento, mientras se alejaban también el Buda cumplía con la misma ruta de seguimiento, guiados por el navegante de los Rakshasa. A la vez el clima parecía querer abandonar sus tonos tropicales y calurosos, pues por un cambio en las corrientes de aire apreciable por la gran unión de nubes que comenzaba a pintarse en la bóveda celeste, la cual contenía múltiples nubes de tonos más allá del tono blanco habitual. Se notaba incluso en la brisa que desaparecía y ahora los vientos ondeaban los ropajes de todos los presentes en mar abierto y no solo a los seres que yacían sobre los navíos, los mismos barcos se comenzaban a ver impulsados por la propia naturaleza, incitándolos a moverse. Dharma por su parte aportaba lo debido para el buen movimiento de este navío de colores oscuros, ajustando la tensión de las velas, conforme el buen Sanemi podría solicitar.

| Curioso el cambio de clima bro... |

Decía al viento sabiendo que quien le podía escuchar era Sanemi o algún otro u otra de la tripulación, la cual se veía reducida en número, ya que el Dr. o lo que se hacia llamar Dr. Bones, no había embarcado junto a los Rakshasa, Dharma no comprendía bien el porqué de su desidia, pero a la vez dejaba que dicha situación se fuera junto con el viento, no dándole más importancia, pues al final era alguien que tenia poco tiempo de conocer y si por alguna situación no había podido embarcar, seria designio del universo. El destino de cada uno va cuidadosamente adaptándose a lo ideal. Mientras el espadachín estaba tranquilo después de hacer lo debido con Buda, se mantenía mirando en el horizonte en dirección hacia el Ferry y por momento observando los demás barcos que se mantenían en la misma ruta que ellos, se podía observar varios barcos de marines y otros tantos más. Hizo una revisión rápida a su propio armamento y después se movía por las escaleras hacia el timón del barco, optando por una posición más alta y acompañando así a su segundo al mando a un par de metros de donde está el timón del barco.


Las horas pasaban, el mar se mantenía en calma con algunos nubarrones y entre eso algunas ventiscas, constatando que el clima que se avecinaba era diferente al de la isla Baterilla, sin saber demasiado de navegación o casi nada, el pelinegro de orbes esmeralda, echaba un ligero vistazo a su brújula.  |Hmm tú sabes más de esto Sanemi... creo que es más que obvio que vamos a otra isla, pero no recuerdo bien cual pueda ubicar en esta dirección. | Su comentario compartía la duda, la misma que quizá haría que el navegante de los Rakshasa, hiciera la revisión de la ruta y quizá dar respuesta rápida de lo que sucedía. Dharma no estaba preocupado, solo intrigado por el cambio de ruta, mientras los cielos con nubes sostenidas aun en su lienzo, se pintaban de colores rojizos y anaranjados advirtiendo que la noche estaba por llegar.

| Tsk... estos cambios repentinos no me agradan nada...| Podía ver con su vista como el Ferry tomaba dirección hacia una isla que se comenzaba a divisar a lo lejos.  Dharma se cruzaba de brazos conteniendo un poco su molestia al no poder comprender el por qué estaban sucediendo ese cambio en la ruta, si bien no tenía la capacidad de haberlo notado de un inicio, pudo verlo en cuanto el Ferry del parque de diversiones comenzó a modificar su ruta, algo para lo que no tenía que tener ciencia, sino solo perspectiva. Mientras los vientos comenzaban a intensificarse a cada momento, sintiéndose no solo en el navío, sino en todo el ambiente en general. La isla que hace unos momentos se veía en la lejanía ahora era una certeza, al parecer por alguna razón el ferry que se dirigiría al New Era Joy Park, tenia intenciones de echar ancla en aquella isla, que por sus características era la isla de Kutsukku.

| Ahre... al parecer se les olvido algo en tierra firme... | Mencionaba el pirata, ya con la isla a la vista. | Sigamos manteniendo la distancia... | El tono de Dharma era el mismo, pero en sus palabras había un dejo de incomodidad, no le daba miedo lo que pudiera avecinarse, pero si era extraño que estuvieran llegando a esta isla, pero no había mucho que hacer al respecto. La ruta era lamentablemente trazada por otros, no tenían otra manera de llegar al Grand Line, puesto que todo era a disposición del gobierno mundial, algo que quizá algún día podría cambiar. Pero por ahora tenían que adaptarse a las situaciones y la actual era una de lo mas interesante.

| Esta isla y su niebla... Kutsukku... ni yo he tenido intenciones de pasar tanto tiempo en sus tierras... se sabe que es un lugar poco agradable en muchos sentidos... siempre en peleas desde que alguien tiene memoria... | De cierta forma era cierto lo que decía el espadachín, no es que el fuera un almanaque de conocimientos, pero conocía un poco de la historia del mundo y entre eso estaba lo más destacable de algunas islas y más las que se trataban del South Blue. El cielo rojizo por su parte, aun se mantenía, intentando sostener los últimos estragos de la luz diurna, pues la oscuridad del cielo nocturno se avecinaba con el pasar de lo minutos, mientras las nubes parecían aun entrar en una convergencia gris y oscura, un paisaje muy agradable, diferente. El frio parecía intensificarse junto con las ventiscas, el cuerpo del oriundo de Wano, no sentía nada gravoso sobre sí mismo, ni el calor, ni el frio le llegaban a afectar en mayor o menor medida, parecía que estaba hecho para existir en la intemperie y así lo era.

| Cuidado Sanemi... | Decía no como advertencia, más bien como una descripción de lo que estaba acercándose. Rocas y olas revoltosas, capaces de impresionar y asustar a los menos hábiles, pero el Buda estaba en buenas manos. Dharma observaba atento el mar y a la vez el horizonte que cada vez tomaba mas forma, la isla se hacía mostrar con sus humaredas, demostrando sus indoles de industria y manufactura, no era el lugar con el clima mas agradable ni con el aire más puro. El navegar parecía pasar de algo simple a algo que requería la suficiente habilidad, menos mal los Rakshasa le podían confiar esa parte a Sanemi. El cual parecía librar los acontecimientos vislumbrados con una soltura mas que admirable, a la vez que la cercanía a la isla se volvía casi tangible, edificaciones humeantes, grandes embarcaciones que transportaba distintos materiales, una isla dedicada a la explotación y al a industria, algo que no podía faltar en este mundo, pues era un medio de vivir y de negociar, grandes empresarios, incluso grandes nombres podrían estar detrás de todo eso, pero ese tipo de problemas, no era de los que le interesaba solucionar a Dharma, al menos no por ahora. Si bien el smog no era nada agradable, era una consecuencia de las decisiones de aquellos que usaban el dinero como herramienta del poder y explotaban los recursos naturales y no tan naturales de islas como esta.


| Hmm... | No decía más, sus ojos observaban como la oscuridad y las nubes, más el smog residual estaban engullendo lo restante del mundo lumínico y puro que habían dejado atrás, como si de otra dimensión se tratara. Dharma pensaba en lo que un clima tan caótico y afectado por la mano humana podía hacer, capaces de cambiar un entorno natural a algo totalmente opuesto. Aun atentos a lo que sucedía, sin poder hacer demasiado, pero seguro de las habilidades de navegación de su símil y hermano de armas, el Buda mantenía su ruta adecuadamente, sorteando las sorpresas que se iban atravesando. La noche ya se presentaba pero no sin antes una sorpresa extra, por azares del destino o por designio universal, una luz verde, cual relámpago esmeralda, pero con un movimiento más extraño que un relámpago normal, se hacía notar en el horizonte, algo realmente único y bello a su manera, iluminando por unos segundos más el cielo, después de ese destello, todo volvió a su cauce normal, una zona neblinosa y oscura, un mar un tanto insípido sin vida podría decirse.

| Vaya... eso si es interesante... | Una sonrisa se dibujaba en el rostro del poseedor de las espadas gemelas, sus entrañables armas que le acompañan, sin tener demasiado apegado a ellas, son mas bien una herramienta útil, casi una extensión de su cuerpo, pero aún no se encontraban con las espadas que el realmente necesitaba, lo sabía, pero por ahora no le daba más importancia, sujetaba las empuñaduras de ambas, estando con los brazos ligeramente cruzados, sentía algo extraño, no era un tipo de ansiedad, ni algo peligroso como tal, sino algo más extraño en este ambiente, no podía entenderlo, pero podía en sus adentros percibirlo de forma mínima, como quien tiene un presentimiento cuando va llover no solo por ver las nubes grises, sino por el motivo que estas se han juntado. Y sus sospechas sin fundamento, daban pie a algo que no se esperaba, él jugaba a entender que podía saber, pero una silueta se mostraba entre la bruma y la oscuridad de la noche, sus ojos afilados, trataban de enfocarle de mejor manera.

| Jahjah... | Reía mirando de lejos, sabiendo que también a su alrededor aparecían entre la bruma y la niebla los demás barcos, ni tan cerca ni tan lejos. ¿Qué o quién? esa era la pregunta que se introdujo en sus pensamientos de forma instantánea, su risa solo era una especie de expresión, Dharma no podía decir mucho con sus palabras a veces, ni tampoco con su rostro, pero esa risa significaba algo más allá de su entendimiento. Alguien parado sobre una roca, su túnica o algo por el estilo, era de color azul tan oscuro como la noche, la cual presenciaba, a los que habían sido atraídos a este lúgubre e inquietante lugar. Dicha silueta se mantenía como estatua, imponente a su manera, los ropajes ondeando a pesar del viento y de las olas que parecían querer provocarlo o acariciarlo, no era fácil de entender por qué alguien había aparecido ahí.

| Rakshasa... |

Dijo con un dejo de advertencia, como inculcándole un tipo de aviso a sus tripulantes, al tiempo que un trueno bastante sonoro hizo presencia  en el sentido auditivo de los presentes, el aire y el clima sucumbían ante el trueno de alguna forma algo parecía interponerse a la propia naturaleza oscura y liosa, tras lo cual una onda expansiva comenzaba a agitar todo lo ahí presente, estruendos, centellas, destellos, chispas, había formas de describirlo, pero no de entenderlo, aquello parecía tener vida propia y fue poco lo que podía percibir Dharma, puesto que lo siguiente que sucedió fue una presión inusual. El pelinegro se había puesto alerta, había sostenido las empuñaduras de sus armas envainadas, poco después las sostuvo como si de ellas pudiese agarrarse, como si quisiera desenvainarlas, como rugiendo por última vez, nunca había sentido tal poder indescriptible, no podía corroborar consigo mismo. si lo que sentía era abrumador o simplemente una fuerza divina, algo más allá de su comprensión.

Con dolor mental, más que físico su sonrisa de antes que parecía animarse a batallar con lo desconocido, se desvanecía en un gesto de calma y confusión, pues su cuerpo caía de costado, su rodilla derecha cedió primero y después sin poder contener tal presión, sus manos se quedaron empuñando sus armas, sin poder hacer nada más caía en el suelo de su navío. Todo se tornó más oscuro de lo que ya era, Dharma se había desmayado. sin la certeza de saber porque había sucedido tal cosa, pero recordando aquella silueta y la impotencia de no poder usar su cuerpo ante tal situación. Eso era todo lo que quedaba del capitán de los Rakshasa, por ahora.



OFF ROL:
| D e v i l s | N e v e r | C r y |
#15
Atributos Personaje



El tiempo de Dios es perfecto y aguardando hasta ese momento el oriundo del mar del sur disfrutaría de lo que la vida le ponía por delante, fuera un ferri hasta un parque de atracciones, una pelea de cuchillos sin camiseta sobre la cuerda floja en un espectáculo de circo o una partida de ping pong en Impel Down contra Jojimbo para decidir quien es el verdadero only maderfoker pirata más grande de esta; nuestra historia. Caminó junto al resto de su tripulación con total tranquilidad así como hacía siempre derramando una gran parsimonia ¿así era el no? nunca tenía prisa para nada. Mantenía las manos en los bolsillos mientras esperaba junto al resto a sentarse en aquel festín del buffet del ferri y mientras tanto, hacía que sus neuronas se comunicaran entre ellas mismas analizando la situación vivida desde que había puesto un pie en Baterilla. - ¿Dónde esta la pieza que me falta? - Era todo cierto lo que cuentan de el las malas lenguas pero si en algún momento alguien dice que es imbécil es que no lo conoce. No podía hacer nada de momento y aun en su cabeza tan solo eran teorías pero nunca esta de mas conocer la situación Barald no era un prodigio, ni tenía información extra para aquello pero sabía sumar dos mas dos y sabía que las cosas no suceden porque si, todo pasa por algo, lo suficiente para darse cuenta de que allí había gato encerrado. Un ferri gratis hasta cabos gemelos y un parque de ensueño, identificación para subir al barco, posteriormente un mensaje de la marina ... ¿tenía relación aquello? muy probablemente, quizá mas adelante descubriera algo más al respecto pues de momento.  Sin pensarlo mucho decidió darse un festín gratis, que según Ryota, iba a pagar Yuuki.

Un sin fin de comida llenaba los platos de aquel buffet, dio una vuelta hasta encontrar a su primera presa del día. Ya en su mesa miro a Yuuki tras su declaración de lealtad pidiendo lo mismo. Barald sonrió - No te alarmes ¿vamos a un parque de atracciones no?  ¿qué puede salir mal? por cierto, dijo Ryota que pagas tu dahahahahaha- Todavía no sabía nada de la parada en Kutsukku e intentaba tranquilizar a su compañera a pesar de pensar que todo era una conspiración, le pareció que andaba preocupada y eso no era bueno, es la típica persona que cuando se estresa empieza a disparar ¿habrá mejorado su puntería todo este tiempo? Dio un bocado voraz a su hamburguesa. - La comida ... ¿a veces no la disfruto sabes? me sabe todo igual pero esto tiene buena pinta dahahahahaha. -   A pesar de tener dificultades para saborear la comida, sentía hambre y aquello iba a ser gratis, comería hasta reventar y le daba igual que fuera de gente de clase o de gente pobre, siempre quiso ser lo mejor de esos dos mundos. Alzo su refresco para brindar con su tripulación, le gustó el discurso personalmente.  - Estas aprendiendo rubio, conquistaremos el Grand Line. - 


Tras el festín Barald desapareció de aquel lugar; buscaba una habitación en concreto donde poder descansar un rato, algo le decía que iba a haber hostias como panes pronto. Entró en uno de los primeros camarotes que encontró y allí vio a un hombre. - Eh tu, largo de aquí -  Tan directo como siempre consiguió lo que quería. El tipo capto el tono de voz y el aura ¿lo reconoció? no le importaba. Tuvo tanta prisa en marcharse que olvidó hasta sus cosas, Barald vio un conjunto perfecto para el; gabardina negra colgada de un ropero y un pantalón de traje, también unos zapatos que casualmente eran de su talla ¿es el destino dándole señales? la ventana del cuarto estaba abierta y la brisa marina entraba refrescando la habitación; ya que estaba solo decidió encenderse un cigarrillo y sacar la cabeza por la ventana del camarote para contemplar el mar, tenía una buena vista del mar abierto decidió disfrutarla antes de descansar un rato aunque no pensaba dormir, tan solo descansar, necesitaba estar alerta. 

Pasadas unas horas, su tic nervioso de su parpado apareció de nuevo justo cuando informaban de la parada en la isla Kutsukku. - ¿Ahora? ¿y la marina pisandonos los talones? - Aquel anuncio por megafonía elevó su desconfianza hacía el destino que le habían prometido ¿y si todo realmente si era algún plan para capturar a los mayores criminales del mar del sur? ¿nos habían capturado sin saberlo diciendo que nos llevarían a un parque de ensueño? no se fiaba de nada de lo que estaba sucediendo, demasiadas coincidencias. Inmediatamente se levantó del asiento, agarró la ropa del perchero y la hizo suya acomodando sus armas. Le quedaba como un guante, ahora estaba listo para combatir ¿siempre elegante no? así era el, que suerte haber encontrado algo así de aquella manera. - Lo siento Runin, pero no puedo pelear en pantalón corto -  Recordó la petición de su compañera y pensaba cumplir su promesa que había sido; no ir elegante al parque de atracciones, aunque lo del parque de atracciones quien sabe si en realidad sería cierto.
Contenido Oculto


No dudo mucho, tras cambiar su atuendo veraniego del parque de atracciones para ponerse la ropa que encontró en el camarote "casualmente de su talla incluso de zapatos y toda oscura"; guardó su colgante por debajo de la camiseta de debajo de la gabardina para que estuviera protegido. Decidió salir por la puerta del camarote y pasados unos minutos consiguió llegar a la cubierta del barco. Desde allí pudo ver la neblina que se acomodaba en el ambiente observando aquellas siluetas en el horizonte ¿eso era Kutsukku? poco a poco el ferri se iba acercando a la isla y con el, la niebla que la acompañaba. Poco a poco empezó a ver las enormes chimeneas, los barcos gigantescos en el puerto y la niebla cada vez era mas densa. 

[Imagen: 23ylQD6.jpeg]
- ¿Una parada por condiciones meteorológicas? Y una mierda. -

Encendió de nuevo un cigarrillo en su boca, echando el humo igual que las chimeneas, aunque con la niebla no parecía ni que estuviera echando humo ¿será esta niebla fruto de la contaminación de la isla? quizás pudiera descubrirlo más adelante. Sus ojos rubí vieron algo que nunca había visto hasta entonces, aquel destello verde tras caer el último rayo de sol al anochecer, pocas cosas solían sorprenderlo pero aquello si que lo hizo. El clima había cambiado al anochecer, pudo sentirlo. Se mantenía atento al mar y vio algo diferente, algo que desencajaba; fue esa silueta sobre la roca lo que vio antes de caer desmayado, sin poder decir o hacer, ni tan si quiera comprender que era lo que había sucedido pues simplemente, cayó desplomado ¿sería capaz de recordar aquella silueta cuando despierte? Ahora que el crupier había repartido las cartas del juego era el momento de jugar, ya fuera con escalera de color o de farol ¿le habrían tocado buenas cartas al despertar o tendría que ganar incluso haciendo trampas?


Cofre del tesoro
[Imagen: FIRMA.jpg]
#16
Atributos Personaje



En capítulos anteriores…

Nuestros héroes, los Hanu Māhana, felicitaron en conjunto a su integrante mejor valorado tras el anuncio de los marines. Ya fueran palabras de ánimo, apoyo o incluso de envidia, todos mostraron una agradable hermandad al reconocer la valía de Barald y, acto seguido, emprendieron camino en dirección al buffet.

Ryota fue guiado por el tacto de la morena de ojos chocolate y simplemente se dejó llevar por ella, atento a los susurros que le dedicaba. Por su parte, el de ojos ambarinos también le devolvió unas suaves palabras al oído.
Contenido Oculto


Al término de su secreto, la confiable y para nada interesada Cardan, envolvió su cuello atenta a la promesa del buffet. “Kekeke, yo igual las extrañé a ambas.” Correspondió al agarre de Runin para ir todos al lugar deseado. “Kekeke no te preocupes, Bro, Yuuki es quien invita hoy” respondió, alzando en su mano libre el dinero que ganó previamente en su apuesta con la peli rosa.

¿Acaso el Buffet existía o eran solo los amigos que hicimos en el camino? Quién sabe. Pero, de alguna forma, los piratas consiguieron llegar hasta el comedor del ferry. Un amplio espacio repleto de mesas y de un delicioso aroma a comida que invitaba a los comensales a acercarse, donde aperitivos, postres, carnes y bebidas los aguardaban, custodiados por profesionales de la cocina.

Ya en el lugar, nuestros héroes se dispusieron a tomar lo que quisieron a cuenta del dinero invertido por la peli rosa. Por su parte, Ryota tomó una charola de aluminio, colocando en ella toda clase de donas rellenas, chocolate, fresa, maní, crema, albaricoque, oreo, pistacho y para cuidarse, una limonada. Todo eso, paso a estar en frente suya sobre la gran mesa que eligieron para sentarse, siendo Cardan la mas feliz pues ya se alimentaba de una dona de fresa.

“Uhhhhh ¿vas a llamar a alguna noviecita Bro?” Acompaño a las palabras de Tezca sobre su llamada secreta. Solo con la intención de molestarlo, aunque sus palabras pasaron por alto ante la importancia del brindis. “Obsérvenlo, es todo un fornicador… queriendo guardar el secreto, este muchacho me llena de orgullo.” Pensó.

“Kekeke es una excelente idea, ¡Brindo por los Hanu Mahana y por disfrutar la mejor tarde en el mejor parque de atracciones de la vida!” Sonrió elevando su copa de limonada para chocarla junto al cristal de sus compañeros, o al menos para quienes quisieran compartir ese momento.

A continuación, los presentes se dispusieron a comer y disfrutar de los alimentos entre risas y un ambiente agradable. Ya fuera Ryota compartiendo sus donas con Runin, o diciéndole a Barald y Wyatt que probaran las de choco maní, ignoró por completo el ajetreo de la tripulación del ferry. Para los comensales, solo se trataba de una tarde más, disfrutando de sus amigos y de la comida… al menos hasta que un nuevo mensaje de megafonía fue emitido, ahora en el barco.



“¡¿QUUUUEEEEEEEEEEEEE?!”

El informe fue como un balde de agua fría para el de cabellos castaños. Alejarse del destino, solo significaba perder horas de viaje y llegar aún más tarde. ¿Acaso seguirían en funcionamiento todas las atracciones a esa hora? O estarían limitados a solo las tres atracciones más chafas… ¿tendría que contentarse solo con las tacitas giratorias? ¿o con los tronquitos de agua?  “Maldita sea… que bajón…” Suspiro peinando con ambas manos sus cabellos hacia atrás, ahora solo podía esperar...


 


Ahora…

Un par de horas transcurrieron desde el brindis de los Hanu Māhana. El imponente ferry, que en su último aviso había cambiado de trayectoria, se aventuraba en aguas turbulentas que lo mecían de un lado a otro en un vaivén apenas perceptible para los tripulantes, gracias a la magnífica ingeniería del navío.

Ryota, se había separado de su tripulación para buscar alegrar su día tras el baldado de agua fría. Ahora, estaba en compañía de la confiable Cardan y la hermosa Runin.

Los tres se enfrentaban, sin saberlo, al momento más importante de sus vidas. Frente a ellos, tres sagaces viajeros con varios años de juego a sus espaldas, observaban las cartas en sus manos, esperando el momento para revelarlas.

Cada uno de los presentes en aquel cuarto de juegos se observaban, conscientes de que la confianza era un lujo que no podían permitirse. Sobre la mesa no solo reposaban las cartas que el repartidor colocaba, sino también una considerable suma de billetes: aproximadamente dos millones de berrys, que serían para quien tuviera la mejor mano.

El aire frío del espero clima de Kutsuku comenzaba a entrar por las ventanas.



“¿Qué les parece si elevamos la apuesta, Bros?”

La bomba de chicle en sus labios se reventó haciendo un ligero eco en la habitación de juego y la serpiente enroscada en su cuello siseó imitando su expresión desafiante. “Quien gane se lleva el dinero y sus abrigos…” No solo quería quitarles el capital; Ryota también deseaba para el y Runin, los confortables abrigos que dos de los presentes llevaban puestos, después de todo el ambiente se volvía cada vez más gélido con el ocaso en el firmamento.

La respuesta positiva llevó a la revelación, ninguno se veía perdiendo en ese momento, pero el veredicto final fue solo uno.

Las cartas se invirtieron, todos con increíbles manos, pero ninguna como la del trío de jugadores.



“¡Escalera real desgraciados Kekekeke! ¡Se quedaron sin suerte esta noche kekekeke! ¡Mejor suerte la próxima Kekekeke!”

Ryota no pudo seguir conteniendo su felicidad. Ver tanto dinero reunido y ganárselo de golpe, en una apuesta tan arriesgada, junto a la serpiente en su cuello y su aliada a su lado, lo hacía sentirse en el cielo. “¡Somos ricos maldita sea! ¡Al fin compraremos un barco Kekeke!” Continuó sonriendo y fantaseando sobre lo que gastaría su dinero, abrazando a Runin, al mismo tiempo que los hombres se quitaban sus abrigos y los colocaban sobre la mesa con una expresión de derrota en sus rostros.

“Kekeke, ya quiero ver la cara de Barald y los demás kekeke, voy a vivir como un rey los próximos… dos días de mi vida.” Solía gastar mucho cuando podía.

Rápido tomó los abrigos y se lo ofreció uno a la pelinegra; luego se lo colocó el restante. “Bueno Bros, fue un placer desplumarlos, cuando tengan más dinero por favor saben dónde ubicarme kekeke” No podía ser más feliz, llevo sus manos a los fajos de billetes y los abrazo como quien acaba de conocer el amor más grande de su vida.

Añoraba comprar un barco, hacer una gran fiesta y disfrutar con muchas chicas… sin embargo, el mundo frente a él se desvaneció.

Si, todo el dinero al igual que su cuerpo solo cayó al suelo tras el terrible estruendo de un trueno. No lo vio venir, no pudo hacer nada para contrarrestarlo, tan solo sintió cómo su voluntad fue doblegada al punto en que perdió las ganas de tan siquiera estar de pie.

Los ojos color miel se tornaron completamente blancos, conforme su cuerpo se desplomó en aquella habitación junto al de los demás jugadores, el repartidor de cartas, Runin y Cardan.

El dinero se convertiría en la nada misma, siendo imposible recuperarlo y la noche apenas iniciaba.
¿Sería este el fin del hombre araña?


iNFO
[Imagen: ELRAliP.png]
#17
Atributos Personaje


Navegar implica el logro de muchas cosas al estar sobre el mar, y, a pesar de la poca experiencia navegando algo de las dimensiones de Buda, le estaba resultando bastante fácil y familiar, casi como si pudiera hacerlo hasta con los ojos cerrados. Esa es una práctica que no se recomienda hasta a los más experimentados en la rama. De pronto, el clima, sin previo aviso, comenzó a agitarse y a intercambiar ese cálido ambiente de hace unos segundos para comenzar a tonarse un poco más fríos y con vientos huracanados. Los tripulantes de Buda hicieron lo suyo, aunque de momento, solo era necesaria la intervención de Dharma para que todo pudiera marchar perfectamente.

Sanemi estaba mayormente concentrado en no perder el ritmo y poder realizar el viaje con el menor de los problemas. El peliblanco dio un par de movimientos de cuello hacia los costados para quitarse un poco el estrés y observar el clima con detenimiento. De alguna forma, su olfato era una herramienta poderosa en altamar, por lo que, si se concentraba algo perdido, puede hacer seguimiento de algún olor familiar para encaminarse nuevamente.

-Oe… oe… Esto es curioso -Por decir lo mínimo frente a los cambios que la naturaleza estaba experimentando cerca de ellos. Es de esas cosas que suelen llamar al caos, a la sorpresa. Buda mantenía su rumbo, tal cual lo pactado. Su trayectoria hacia el Ferry, bajo ninguna circunstancia podrían dejar que se les escape la oportunidad de conocer un nuevo mar y poder vivir aventuras que realmente valgan la pena. Sinceramente Sanemi no prestó atención a Dr. Bones, sus dudas o propias ideas tendrá para no acompañarlos. Cada uno tiene sus propias ideas y objetivos.

Horas después y con el mar apaciguado, se despejaban las dudas sobre el destino de todos los que andaban cerca y era la Isla Kutsukku, sitio que solo conoce por algún comentario, nada en profundidad. Sanemi se encontraba en su posición, con el timón, y Dharma bastante cerca- Gahahaha… Sinceramente el clima está especialmente cariñoso hoy -Comentó con tono sarcástico. Haciendo mofa a que esto es parte de lo inevitable e incontrolable. Contados minutos adelante supusieron que en los ojos de Sanemi se dibuje una nueva Isla.

-Sí que han escogido un lugar bastante peculiar para que cosas… -Sanemi entendía perfectamente el ligero tono de preocupación de Dharma sobre que estos cambios tan de nada, generalmente, no terminan bien. No quedaba más opción o camino que seguir al Ferry, pero desde una distancia bastante prudente para que se pudiera mantener mimetizado y, de alguna forma protegido. Trataba de acoplarse a cada viento, cada pequeña oportunidad para que Buda no sufriera nada de ellos, para que la tripulación se mantenga serena, pero, sobre todo, para poder mejorar su habilidad como navegante. Estaba de más tratar de contar la cantidad de distintos barcos que, al parecer, tenían el mismo objetivo entre navíos Marine y otros que buscaban aprovechar la oportunidad.

En cuanto estuvieron más cerca de Kutsukku el ambiente se torció de forma contundente. Era una ciudad altamente productora, pero con el medio ambiente bastante alterado. El escenario cambió como si de un producto audiovisual se tratase, con esa rápidas y disponibilidad que se encuentra hoy en día. El cielo se transformó de un momento a otro. El horario hizo lo propio para que toda esa escena algo tenebrosa ganase peso dramático. El olfato tan desarrollado del Sanemi le comenzó a generar incomodidad, no porque no pudiera soportar el olor sino por la rapidez y profundidad con la que suele captar los olores, en especial los que tienen tanta sustancia -Parece que tendremos una parada algo agitada antes de poder seguir con nuestro trayecto, es lo que hay… -Si bien el peliblanco es de las personas que al hablar puedan estar sacadas de foco, es todo lo contrario. Su concentración se maximiza cuando es puesto a prueba, se pone calculado y trata de cumplir con sus objetivos cueste lo que cueste. Ese es el pirata que poco a poco está forjando. El pasar situaciones incómodas logra un temple diferente.

Y de pronto… silencio psicológico. Observó como Dharma se enfocaba en cierto punto y lo pudo comprender, comenzó a sentir una extraña sensación en su cuerpo. La misma que sitió hace un tiempo en Samba cuando conoció a una persona que emanaba una energía similar, pero en menor medida. Los ojos del peliblanco buscaban encontrar algún punto donde mirar, identificar lo que sea antes que sea demasiado tarde. El lienzo estaba siendo pintado con fuerza -Mierda… ¿qué pasa con este tipo de personas? Con esto llegaremos -Sanemi apretó los dientes frente a la visible presión que su ser empezaba a manifestar. La costa era más que una silueta borrosa. Confiando en su instinto forzó un giro de timón lo que hacía que Buda comenzara a moverse con destino a la orilla, el resto era dejar que inercia hiciera lo propio. Comenzó a sucumbir y mentalmente quería pensar que podría soportarlo. Comenzaba a ceder, sus piernas se hicieron gelatina y sus brazos perdieron fuerza para mantenerse sujetados.

Logró escuchar a duras penas a Dharma mencionar el nombre de la tripulación. Su cuerpo ya se encontraba en el suelo, boca abajo. Llevaba sus puños amarrados en la parte trasera de su cintura. Sus ojos se cerraron completamente hasta queda inconsciente. Quienquiera que sea que emanaba ese tipo de poder tan puro, estaba logrando humillarlos. Sanemi, no era un experto, pero la experiencia pasada le daba la facultad para entender que el usuario de ese poder debe ser una completa bestia para lograr algo de tal magnitud. Tic… tac…


Off Rol
#18
Atributos Personaje


Opiniones diferenciadas eran un motivo de diversidad en cualquier grupo, mantenían la eficacia y conseguían afianzar el motivo por el que se crean los equipos: ser más productivos y llegar hasta donde solos no son capaces de hacerlo. El problema radica cuando la situación es acuciante, opresiva, y no hay tiempo para debatir sobre el curso de acción entre todos. Es ahí cuando alguien debe tomar una decisión, y el motivo por el que existen y fueron creados los líderes.

Su compañero albino, su amigo de prácticamente toda una vida, aquel que lo ha visto pasar por tantas situaciones distintas, a ojos de Omuyaga, parece seguir sin ser capaz de dejar atrás el pasado, y comprender que, realmente, no está en la posición de poder que una vez sostuvo.

La comunicación de Raito, haciendo una mención y recordatorio a través de los animales telepáticos sobre la recompensa de los criminales buscados por la Marina y el Gobierno Mundial tan sólo reforzó la postura del de cabello oscuro. Un criminal tan peligroso y buscado como Dharma, en un barco propio con tripulación acompañante que lo protege, apoya y respalda sus crímenes eran un enemigo al que no podía tomar a la ligera, mucho menos en un conflicto naval en el que a su consideración tenía todas las de perder. 

Dió la “orden” de seguir al ferry, mantenerse cerca tanto como pudieran sin poner en riesgo el vehículo de transporte, y evitar acercarse al barco pirata. Trataría de no perderlo de vista, coordinarse con el resto de Marines en el resto de embarcaciones para intentar que no escapasen…

Pero antes tendría que lidiar con su compañero,  el único que parece dispuesto a confrontarlo directamente en un momento que, a todas luces, era el más inadecuado para entrar en un conflicto.

—¿Quién te crees que eres para desautorizarme o darme órdenes?

Kael alzó la ceja derecha, un signo de confusión ante aquel momento en el que ya había explicado con claridad el motivo de su decisión. Podría reprocharle la falta de sentido común, pero en su lugar, decidió mantenerse en silencio momentáneamente, escuchando primero lo que tuviese que decir.

—Esta será la última vez que lo hagas, Omu-chan…

Había utilizado ese apodo, muestra clara de molestia, lejos de ser un simple pique. La disputa, a partir de ese mismo instante había pasado a ser seria, y estaba dispuesta a confrontarla como tal.

—…Pero si quieres seguir el formato de las tripulaciones piratas, entonces estás a tiempo de bajarte de este barco. Para nosotros, 'capitán' es un rango, no un título honorífico en un grupo de marines. ¿Tan aplicado y lo olvidaste?

Se quedó mudo por un instante, paralizado, ligeramente consternado…pero especialmente sorprendido, y no en el buen sentido. Un compañero de la marina, un miembro de su división…no.

¿Su mejor amigo se había atrevido a compararlo con un pirata?

¿A él, de todas las personas? 

Existen situaciones en las que incluso un hombre como Kael, paciente, impasible y analítico, son capaces de llegar hasta el límite…y el albino está demasiado cerca de hacerle llegar al borde del colapso.

Cerró los ojos un par de segundos, suspirando en el proceso. Para cuando sus ojos volvieron a observar a quién ya estaba reprochando también la decisión del navegante, su mirada ya no era la misma. No va a tolerar ese mismo descaro delante de todos y cada uno de los miembros de la División setenta y cinco.

—Hasegawa.—Hizo una pequeña pausa al nombrarlo, dando un paso hacia delante, buscando captar su atención.—Hasta este mismo momento, eres el único al que he oído usar la palabra “capitán” para referirse a mí.—Recortó la distancia un poco más.—Ni un solo día…en ningún momento, me he tomado la libertad de proclamarme como tal. Eso, cómo tú dices, solo lo hacen los piratas…los enemigos de la Marina, y del Gobierno Mundial.—Porque si alguna vez llegó a usar ese título, es incapaz de recordarlo, y está convencido de que nunca ha usado ese término.—¿Te tengo que llamar a ti Revolucionario por decir que un criminal en busca y captura vivo o muerto como Kazan es “un buen tipo, aunque no lo parezca”? Porque esas palabras sí se han dicho…y también fueron tuyas.—Volvió a recortar la distancia en un movimiento, despacio.—Si quieres atribuirle un título a…”esto”, a quién soy ahora, entonces llámalo responsable.—Una palabra que por sí sola describe la principal diferencia entre lo que representa Shin, y lo que lo hace Kael.—Aunque en una cosa sí que tienes razón. Todos aquí somos exactamente iguales y del mismo rango, así que realmente no tengo autoridad por encima de nadie en este barco. Eso quiere decir que cualquiera puede decidir qué hacer, pero en todo grupo hace falta orden y estructura…y cuando hay dos directrices que se contradicen, uno mismo puede decidir. Quizás deberías pensar por qué deciden elegir mi opción en lugar de la tuya.

A cada paso que da, recorta más y más la distancia con su compañero, por mucho que este se alejara. Cuando lo tuve a solo un paso de distancia, bajó la voz un poco, porque sólo merecía la pena que él lo escuchase. 

—Me da igual que te creas, parezcas o directamente seas invencible.—Tiró del cuello de su propio uniforme hacia abajo lo suficiente como para mostrarle a él, y solo a él parte de la herida que guarda en su pecho, el recuerdo que mantendrá de por vida sobre aquella época años atrás, y la cicatriz que le hace saber a ambos a quiénes han perdido en el camino—El resto del mundo no lo somos—Soltó ese agarre, finalmente retrocediendo, dándose la vuelta, observándolo tan solo de reojo, y finalmente dispuesto a zanjar definitivamente aquella conversación.—...y no voy a dejar que se cometa el mismo error otra vez.

————

El tiempo que transcurrió durante aquel viaje devolvió a Kael a la normalidad, manteniendo la formalidad y tranquilidad que lo caracterizaba, y manteniendo todo pensamiento ajeno a la misión como algo que lo traía sin cuidado. Atracar en la costa era el papel más importante de la división en ese momento, no solo por la orden de la Marina en Baterilla de capturar a los criminales, sino porque empieza a conocer a sus compañeros, y el manejo del timón por parte de su actual navegante deja en claro que un viaje mucho más largo sería inviable para él y el Tempestad. Pensó en acercarse para intentar conocer su estado actual, saber si se encontraba en condiciones de continuar a pesar de todo, pero se detuvo en el instante que consideró la cercanía con su compañero, y lo que seguramente represente él para el castaño. Si le preguntaba, seguramente haría acopio de todas sus fuerzas para mentirle -sin éxito- intentando mostrar entereza para decir que podía continuar con la misión.

Él no era el adecuado para encargarse de conocer su estado.

Fue entonces en búsqueda de Hae-won. Si algo sabe de su relación con St. George es que es lo suficientemente cercana como para poder contarle la verdad a ella. Si ella sentía lo mismo por el contrario, ni siquiera tendría que hacerle la petición que estaba por llegarle para que lo llevase a cabo.

—Choi.—Llamó su atención en la goleta, acercándose a poca distancia para que al menos Dimitri no le escuchase.—¿Podrías encargarte de averiguar el estado de St. George? Me preocupa que su condición le esté llevando a su límite.

Y es que, al final del día, es capaz de intuir con quién sus compañeros son capaces de bajar la guardia, y con quién, realmente, por más amigables que se comporten con el resto del mundo, en realidad no terminan de hacerlo.

Pasó apenas un par de minutos hasta que volvió a tomar en cuenta la presencia del resto, tanto de Nyra como especialmente de Shin, escuchando su interés por atracar lo antes posible.

—Sí, estoy completamente de acuerdo. Debemos tratar de atracar cuanto antes.

Tiene más de un motivo para buscar que eso finalmente sucediera, y empezaría a pensar justo en ese momento en los preparativos para poder desembarcar con presteza.

Apenas un par de segundos después de soltar el ancla fueron suficientes para percatarse. Un rayo entre tanta niebla, ¿una tormenta? Aquello no parecía el aviso de lluvia que hubiese esperado…y la presencia en la roca mucho menos el comité de bienvenida que definitivamente no iban a tener, incluso si él no podía verlo.

Nada de eso llegó a importar. Una fuerte presión invadió su cuerpo, tensando todos y cada uno de sus músculos durante apenas una fracción de segundo que no podría ni recordar ¿En qué momento le llegó el ataque? Ni siquiera lo sabía.

—¿Pero qué?—Se llevó la mano a la cabeza, agarrándose el pelo mientras hincaba la rodilla en el suelo. Su mente le fallaba, perdiéndose ante la abrumadora amenaza—...maldición. Mis… compañeros. Yo…debo…

Finalmente cayó por completo, inconsciente. Sus últimas palabras no fueron sino un instinto reflejo, una preocupación genuina de aquellos por los que debe velar, incluso si aún no los conoce, no por amabilidad, ni mucho menos por cariño.

Aquello es solo lo que un Marine debe pensar…y es aquello en lo que él cree.

a disposición
#19
Atributos Personaje


El buffet estaba demasiado lleno.

No era sólo la cantidad de gente, sino el ruido: voces superpuestas, risas que estallaban sin aviso, fragmentos de conversaciones que se cruzaban como corrientes en direcciones opuestas. Todo vibraba en una frecuencia apenas más alta de lo habitual, como si el ambiente todavía no terminara de asentarse después del anuncio de la Marina.

Para cuando Heras regresó, el periódico ya no estaba a la vista.

Había desaparecido con la misma discreción con la que lo había consultado: doblado, guardado, fuera del alcance de miradas curiosas. La información útil no se exhibe; se incorpora.

Yo, en cambio, sí permanecía visible.

Sentada con elegancia, una pierna cruzada sobre la otra, dejando que la mirada descansara en el movimiento constante del lugar sin fijarse en nada en particular. Observaba sin insistir, registraba sin intervenir. El tipo de quietud que no es pasiva, sino selectiva.

Sentí su presencia antes de mirarlo.

Cuando lo hice, ya estaba frente a la mesa, con una colección tan variada como innecesaria entre manos. Dulces, salados, combinaciones discutibles… y una botella que claramente no había pasado por demasiadas negociaciones.

— Veo que no te gustan las decisiones difíciles —comenté, dejando que una media sonrisa suavizara la frase.

Lo dejé acomodarse. Hablar. Explicar sin necesidad de hacerlo. Su lógica era directa, casi transparente: si había escolta, si había Marines, entonces el peligro se diluía. Una forma válida de ver el mundo… siempre que el mundo decidiera comportarse.

Mantuve apoyado el mentón en la mano, observándolo con atención serena.

— La seguridad es una promesa muy linda — dije — Pero no siempre es una garantía, es todo un tema.

No lo contradije.

Tampoco lo respaldé.

La idea quedó suspendida entre ambos, sin necesidad de empujarla en ninguna dirección.

La conversación encontró su ritmo sin esfuerzo. No era profunda ni especialmente reveladora, pero fluía. Él preguntaba, yo respondía. Deslizaba algunas ideas, retenía otras. Dejaba silencios donde eran útiles, sin apurarlos.

— No les diría nada — respondí cuando planteó el escenario de encontrarse con alguien peligroso — A veces, la mejor negociación es no existir en el radar de la otra persona.

Lo miré apenas un instante más.

— Y si no hay forma de evitarlo… se observa, se escucha, y recién ahí se decide.

Tomé uno de los bocados. Lo probé sin entusiasmo. Correcto, olvidable. Como casi todo en ese tipo de mesas: diseñado para ocupar el momento, no para marcarlo.

El tiempo empezó a deslizarse sin anuncio.

La gente cambiaba, las voces mutaban, el volumen subía y bajaba en oleadas suaves. El ferry continuaba su avance con una constancia que terminaba por volverse fondo. Heras permanecía ahí, intermitente entre la comida, el entorno y mi presencia.

Y, sin embargo, algo empezó a correrse apenas de su eje.

Primero fue una sensación vaga.

Después, detalles.

La vibración bajo los pies no era exactamente la misma. El tintinear de las copas se volvía irregular por momentos. Incluso el aire parecía comportarse con una densidad distinta, casi imperceptible, pero suficiente para que la intuición tomara nota.

Nada urgente.

Nada evidente.

Pero sí acumulativo.

Aun así, la charla continuó derivando hacia lo trivial a la par de que la charola se vaciaba. Hablamos del parque, de atracciones que prometían emociones exageradas, de estructuras demasiado altas y mecanismos demasiado ambiciosos como para no esconder algún riesgo.

— Si hay algo que dependa demasiado de la gravedad para funcionar, probablemente no me suba — comenté en tono casual, con una sonrisa apenas insinuada — Confío en muchas cosas, pero no tanto en la "ingeniería optimista".

No era del todo cierto. La curiosidad siempre encuentra la forma de negociar con la prudencia. Pero incluso la curiosidad reconoce cuándo el entorno empieza a emitir señales.

Y el entorno, aunque sutil, ya estaba hablando.

El cambio no era evidente para todos, pero sí para quien prestara atención. El ferry había modificado levemente su comportamiento: no en un sentido alarmante, sino en uno… distinto. La vibración del casco, el modo en que el viento golpeaba las estructuras, la circulación más firme de la tripulación. No era caos.

Era ajuste.

Cuando llegó el anuncio sobre el desvío hacia Kutsukku, no me sorprendió. Tampoco me tranquilizó.

Kutsukku.

El nombre tenía peso propio, incluso sin haber pisado nunca esa isla. Lugares industriales, cargados de humo, hierro y urgencia, rara vez eran escenarios de descanso. Mucho menos en condiciones climáticas inestables. Y si a eso se sumaban las rocas, la visibilidad incierta y el hecho de que el ferry hubiera decidido modificar su rumbo en mitad de ese contexto…

No, definitivamente no era momento para paseos innecesarios.

Apoyé la espalda contra la silla, exhalando suavemente.

— Creo que voy a descansar un rato — dije, volviendo la mirada hacia él — Si el clima se pone caprichoso, prefiero no estar dando vueltas por ahí.

El tono fue calmo, natural.

No era una retirada brusca.

Era una decisión a tiempo.

Me quedé un segundo más, lo justo para que el gesto no pareciera evasivo. Luego me levanté con suavidad, acomodando apenas un mechón suelto, tomando la valija sin prisa.

— Guardame algún chisme interesante si pasa algo.

Una leve curva en los labios.

Y me fui haciendo rodar mi valija.



El interior del ferry ofrecía otro tipo de silencio.

No por la ausencia de sonido, sino por la sensación de contención. Los pasos resonaban menos, las voces se diluían contra las paredes, y el movimiento del barco se percibía como una respiración constante en lugar de un desplazamiento.

Los camarotes eran simples. Funcionales. Literas alineadas, espacios compartidos, ese olor característico a viaje prolongado donde se mezclan tela, madera y sal.

Encontré una libre sin dificultad.

Dejé la valija a un lado y me senté, manteniendo esa compostura que no abandono del todo ni siquiera en privado. No me quité accesorios ni deshice el peinado, solo me acomodé la tiara y estiré el látex desde el busto para que se mantuviera en su lugar, las pulseras tintinearon. No era una pausa definitiva, sólo un descanso breve.

Me recosté.

Cerré los ojos.

Eso era todo lo que pretendía.

Pero el descanso no llegó.

Al principio fue una incomodidad difusa. Algo en el aire que no terminaba de encajar. Respirar seguía siendo posible, pero ya no era automático. Había una resistencia sutil, como si el entorno hubiera ganado peso.

Fruncí levemente el ceño.

Entonces vino la presión.

No desde un punto específico.

Desde todos.

Como si el espacio se hubiese contraído sin previo aviso.

Mi cuerpo reaccionó antes de que pudiera pensar: los músculos se tensaron, la respiración se volvió irregular. Intenté moverme. No respondió.

Intenté abrir los ojos.

Tampoco.

La sensación cambió sin transición.

El suelo dejó de sentirse como un punto de apoyo. La referencia desapareció. Era como caer sin desplazarse, como si todo mi ser estuviera siendo arrastrado hacia un fondo inexistente.

Oscuridad.

No visual.

Estructural.

Y dentro de esa caída, algo más.

Una presencia.

Sin forma clara.

Sin rostro.

Pero imposible de ignorar.

Inmensa.

Absoluta.

No había intención visible de dañar. No era un ataque en el sentido convencional. Era peor.

Era imposición.

Existir con tal intensidad que todo lo demás se volvía irrelevante.

Entonces lo entendí —o eso pensé.

No con palabras.

Esto es morir.

No hubo pánico.

Ni grito.

Ni lucha.

El cuerpo no eligió resistir.

Reconoció.

Intenté aferrarme a algo. A una imagen, a un recuerdo, a mí misma. Pero todo se deshacía con facilidad, como si mi identidad fuera demasiado liviana frente a ese peso.

El tiempo dejó de importar.

No había antes ni después.

Sólo esa presencia ocupándolo todo.

Y justo cuando la conciencia empezaba a diluirse por completo, una última idea cruzó mi mente, tenue, casi irónica:

Mantenerme lejos de los problemas.

La sombra de una sonrisa atravesó lo que quedaba de mí.

Y entonces, sin transición... todo se apagó.



Cositas
[Imagen: CwHBiqT.png]
#20
Atributos Personaje



Kutsukku es una isla compleja.

Eso había escuchado en su tiempo. Sus padres siempre decían que frecuentar ese lugar se asemejaba a hacer tratos con el diablo, por la alta tasa de criminalidad que allí se presentaba.

Choi es consciente de que ese lugar podría significar problemas; sus alertas se disparan casi al completo cuando el cambio de rumbo se vuelve realidad. Cuando sus oídos, agudizados, captan el aviso proporcionado por la megafonía del ferry que lleva a los civiles hacia el parque, Hae-won entrecierra la mirada. Mantiene la atención fija en el horizonte y en silencio, por causa de los muchos pensamientos que parecen cruzarse en su mente.

Nunca falta el acomodar su cabello, nuevamente desordenado, detrás de su oreja, mientras las murmuraciones internas se hacen presentes.

—Hmmm —Mantiene la vista fija en el horizonte, queriendo buscar algo en la lejanía—. Aquí hay algo raro. Tengo el presentimiento de que algo malo va a pasar.

Siempre ha sido paranoica de base, pero esa sencillez tan propia de alguien como ella le impide ahondar demasiado en ello en momentos seculares. Ahora es distinto. Buscaría mantener la tranquilidad, a pesar de que todavía sigue ligeramente alterada por las palabras de Hasegawa antes de emprender el viaje, al que prefiere no hablarle por el momento. Nada personal. Solo intenta mantener la tranquilidad para no enojarse de más cuando no es necesario.

La intervención y el pedido de Kael la desconectan del trance que lleva sobre sí, de ese momento meditativo que intenta sacar conclusiones pensando de más. Asiente ante su petición para darle a entender que captó el mensaje. Camina en dirección al timón para acercarse al navegante, con una mirada tranquila y serena en su rostro. Es demasiado consciente de su orgullo; ella cree que, si se muestra en extremo preocupada, él no dirá nada aunque todo su ser grite que necesita ayuda.

—Dima, cariño —La dama se pone de pie a su lado, dándole una pequeña caricia a su hombro para hacer notar su presencia—... ¿Te encuentras bien? ¿Quieres descansar un momento?

¿Quieres hablar de alguna cosa para distraerte?

Debe concordar con Shin en algo, y es que ella también desconoce por completo de qué va ese sitio, y no tiene la información suficiente como para saber qué podrían encontrarse allí. Ese desconocimiento, en particular, tampoco la deja tranquila.

Agradece de corazón saber que deben atracar, ya que ella tiene que estar a cuentas con el barco que se volvió a dañar. Suspira. Maldice para sus adentros. Vuelve a suspirar. Se tranquiliza. Ese orden es suficiente para regular la frustración que le genera saber que los mares son inclementes y el oficio de reparador de barcos es más ingrato de lo que ella misma quisiera admitir.

—... —Sin embargo, observa a lo lejos una figura, distinguible, pero no lo suficiente como para detallar—... Dima, mantente alerta. No te separes de…

No tiene fuerzas. Puede sentir esa presión. Es un tipo de sensación que le impide mantener la capacidad de hablar concretamente.

—Nyra —Busca a la mencionada con la mirada, pero no se puede mover—, Kael, Shin…

No puede dar cuenta del momento en el que ella pierde el control de su propia consciencia. Simplemente sucede. Como cuando uno se enfrenta al negro de la profundidad del mar y se deja arrastrar por él. No entiende cuándo pasó, pero al momento de caer en el suelo del barco, pierde el conocimiento sin saber por qué.

Sabía que este viaje sería todo, menos tranquilo.

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