[Pasado] Callejones y ratas| Priv.
#1
Dia 1 de Verano | Año 16


Ya llevaba unos cuantos días viviendo en Samba. O bueno, "viviendo". Porque no estaba segura de si podía llamarle vida a lo que estaba experimentando. No podía dejar de pensar en lo que había vivido en Baterilla y la forma en que debía irse a la fuga siempre. Pues aunque no era algo que pudiera confirmar, era posible que cualquier pista que dejara por donde pasara podría causar que la siguieran. Eso y tener que ir desde cero en otro sitio, fuera de las comodidades del clan, era una forma de vivir poco propia de alguien que se tenía una alta imagen de sí misma.

En la mañana, se tomó su té, como le era costumbre. Y luego de eso se fue a buscar qué hacer. Lo bueno de Samba, y comparado con Baterilla, es que había mucho más para hacer y más personas con quienes mezclarse o a quienes mentir. Era un recurso renovable que no se agotaba y eso a ella le encantaba.

Apostar. Estafar. Seducir y luego correr. Ya lo había hecho antes. Lo que no había hecho aún era matar a alguien. Esa era una línea que no iba a cruzar. Y no lo haría hasta que no fuera realmente necesario. Yuuki prefería divertirse con las.personas y dar una que otra lección a quien lo mereciera. Seducir y engañar a algún mujeriego desgraciado, robarle a otro ladrón, arreglar apuestas para que los irresponsables lo perdieran todo... todo era una forma de dar justicia, a su manera. Y soñaba con un día poder crear un lugar tan libre y tan justo que se viviera con sus propias reglas. Algún día lo encontraría. Y entonces sería una reina sin igual.

Ese día decidió que buscaría ladronzuelos y recuperaría los bienes perdidos por una recompensa. No lo había hecho antes. Y tenía que probar todas las formas de ingresos... aunque nada se.comparaba con engañar y estafar en el juego.

Así pues, se paró en medio de la plaza y esperó. Y esperó. Y esperó. Cuando se dio cuenta, ya era hora de.comer y nadie se aparecía. ¿Se habían ido todos los carteristas y ladronzuelos a descansar? Había perseguido una vez a uno que otro, pero siempre era porque se le atravesaba durante otras actividades, o porque la robaban a ella directamente. Y, para ser honestos, aunque Yuuki se planteaba pasar por alguien inofensivo, la verdad es que era llamativa y muchos allí tenían memoria.

Después de esperar tanto, decidió que era mejor desistir y se devolvió a la posada de mala muerte en donde estaba quedándose. Había elegido el camino que llevaba entre callejones de Samba. Y estaba en la.zona media entre el río y la zona privilegiada, por lo que el callejón estaba en medio de casas de adobe y ladrillo. Eran construcciones similares a las de Baquella, pero de dos y tres plantas. Incluso de cuatro plantas algunas de ellas. Y conforme andaba, Yuuki no dejaba de sentirse observada. Era una sensación incómoda, pero siempre que se giraba, no notaba a nadie.

Siguió andando.

Y cuando llegó a una parte que parecía ser la más encerrada, tuvo que detenerse. Había dos sujetos, altos. De unos cuatro metros cada uno. Y estaban llevando garrotes consigo. Cuando miraron a Yuuki, cerraron el paso. Y en cuanto ella llevó la mano a sus pistolas, que estaban ocultas bajo su ropa, escuchó que salía uno más desde atrás. De más o menos el mismo tamaño que ella. Y este portaba una espada.

—Finalmente te agarramos, princesita.

Yuuki hizo mala cara y mantuvo el silencio. Iba a ser una pelea bastante desigual. Y aunque ella había entrenado muy duro y era buena, una cosa era disparar contra objetivos estáticos y que no suponían una amenaza, a disparar contra tipos experimentados y que querían hacerle daño.
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#2
Aburrida en la plaza, ¿Qué podía hacer para entretenerse? Observar el ir y venir de la gente nada de divertido poseía, pero la pereza en sus hombros se había posado y a su cuerpo pesado lo vuelve, recostada en un asiento improvisado en la plaza. Además, el dulzor de tanghulu provoca que sea complejo el abandonar la comodidad del momento, solo que el fastidio no se desvanecía…

Buscan sus ojos y no dejan de buscar: algo interesante, algo llamativo, por mínimo que fuese. O alguien. Sí, un “alguien” sería mejor que un “algo”. ¿Tendría ella la fortuna? ¿Y quién la mala suerte de cruzársela? Examina el escenario silenciosa todavía, bajo una que otra mirada sospechosa que algún desconocido le brinda y la peliverde no les regala más que una sonrisa. Demasiado estirados para el gusto de ese día: quiere algo diferente.

¿Dónde está lo extravagante? En el color rosa, esa es la respuesta del día.

Rosadas son las hebras de cabello que ve pasar por delante de ella, las mismas que obligan a sus labios a que terminen de curvarse en un gesto que buenas intenciones no carga. Puede imaginarlo, ¿verdad? El olor a chicle y su sabor, porque esa la razón por la que se fija en ella: que le recuerde a una chuchería.

Así que dejas que suceda, Yuqi. ¿Por qué no? Que avance unos cuantos pasos, que confíe en que nadie va tras ella, mientras tus pupilas no la pierden de vista por nada del mundo. Por un segundo, saborear ese particular color es la idea perfecta y el porque finalmente te levantas de donde te ha costado tanto salir. ¿Quién te podría culpar? Querer hacer nuevos amigos no es un crimen, ¿cierto?

¿Tú qué opinas, Yuuki? ¿Lo es? Debes tener claro que no, que ni siquiera es un problema, pero vaya que lo es el estar encerrada tan pronto por unos desconocidos en una calle a la que solo los tontos entrarían solos. Para tu buena suerte, no eres la única tonta: Yuqi también lo es. ¿Queda claro lo estúpida cuando se ha unido a una reunión a la que no ha sido invitada? Solo por ti, solo por conocerte. Considérate afortunada.

—¿Qué hay de divertido por aquí para que estén todos reunidos? —Aparecer por detrás de esos dos gigantes de cuatro metros es un riesgo constante cuando la altura de la fémina no pasa del metro sesenta y uno, pero miedo no tiene, ni siquiera cuando el garrote de uno apunta hacia ella. —Demasiado irrespetuoso que se lo apuntes así a una dama.

Sin embargo, lo hemos dicho demasiadas veces ya: ella no es una señorita educada.

¿Cómo lo sería? Si los picos del tridente apuntan a cierta zona baja de uno de los presentes más cercanos a ella y amenazan con ir con todo apenas alguien de un paso en falso. —Quizá no seas un caballero, pero si tu amigo lo es… —No avanzará, ni un amague hará de atacarla. No es que fuera a confiarse tampoco, ¡lo predecible tan aburrido es!

Y tú, Yuuki, ¿qué tan divertido volverás esto?
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#3
Yuuki cambió la mala cara y sonrió de manera nerviosa. Quiso ocultar en todo momento su incomodidad. Iba a hablar. Pero justo en ese momento alguien más lo hacía. Una persona más hacía aparición en la escena. Era una chica que portaba consigo un tridente, y que además cargaba un aura bastante intimidante, suficiente como para que incluso el sujeto con la espada que estaba atrás de Yuuki se sintiera impaciente. Lo cual no eran tan buenas noticias para la pelirrosa. Y para buscar obtener un poco de ventaja, ella retomaría la iniciativa para hablar... aún esperando ingenuamente que aquellos tres se lo pensaran mejor.

—La ventaja numérica ya no es tanta. Vamos a comportarnos todos y nadie tiene por qué salir lastimado. ¿Razonable, no?

Sonrió de la forma más dulce que pudo al sujeto de la espada, su voz, que sonaba no tener una pizca de maldad, acompañaba muy bien aquél teatro que se montaba ella de ser tan indefensa e inofensiva que hacía que otros pelearan por ella... aunque en esas circunstancias, era más para que bajaran la guardia mientras ella pensaba en alguna forma de escapar de un conflicto que no se pudiera vencer fácilmente. Yuuki era fiel creyente de que las batallas se ganaban antes de empezarse. Y esa era, precisamente, una de esas veces en las que no estaba segura de nada.

El tipo de la espada apuntó con la punta a la mujer de cabellos verdes que se había asomado y con una muy mala cara, dio una orden a los dos tipos con garrotes que estaban junto a ella.

—Acábenla. Pero no la lastimen mucho. También es linda, nos pueden dar dinero por ella también...

Los sujetos asintieron con cierto nervio, pero luego de mirarse entre ellos y sentirse más confiados, levantaron los garrotes y buscaron atacar a la mujer de cabellos verdes con sus armas, queriendo golpearla en los brazos desde cada flanco para así obligarla a soltar el tridente que llevaba consigo. Y a la vez que esto sucedía, el de la espada lanzaba un tajo diagonal hacia abajo, buscando herir a Yuuki en su pierna izquierda.

El ataque agarraría a la birkaniana fuera de preparación y recibiría el golpe de manera parcial, pues alcanzaría a saltar hacia atrás antes de que pudieran herirla más.

—¡Ugh!

Pero el dolor era suficiente como para que ella quitara la cara de niña inocente y cambiara por una que parecía estar cargada con tanta ira que la ola de un tsunami parecía una simple ola que se lavaba en la costa. Sacaría sus pistolas entonces y las apuntaría. Daría dos disparos y saltaría tan alto como le era posible, desplegando luego sus alas para impulsarse un poco más y lograr alcanzar el techo.

—¡Voy a hacer que no vuelvas a caminar, ciertamente! Yo soy Yuuki. No olvides nunca mi nombre, miserable!

Guardó la pistola extra y mantendría a Quicksilver en su mano, apuntando al tipo, quien había recibido uno de los disparos en su rodilla izquierda. El otro había fallado, desafortunadamente. Yuuki miraría hacia el otro lado, esperando que la persona que recién entraba estuviera bien.
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#4
Se mantiene la sonrisa, se mantiene el interés. Curiosa es la mujer de cabellos rosados, y la ceja derecha de la peliverde alzada se ve por la incredulidad. Buscar paz en un escenario que, aparentemente, tiene un solo final es solo una excusa, ¿cierto? Para conseguir tiempo, porque duda de que alguien en realidad crea que todo esto acabará con un beso y un abrazo.

¿No opinas lo mismo, Yuuki? Deberías. La dulzura de tu sonrisa es tanta que no tarda en hastiar al que apunta ser el jefe de esa peligrosa pandilla, al que ordena con tanta superioridad… La cual no es tanta para la más pequeña de todos los presentes, pues la risa desde el fondo ha brotado y a montón de su rosada boca borbotea.

—No haría eso si fuese ustedes —La burla no se esconde en el canturreo, ni en la mirada que los desafía a actuar, a que den el primer paso. ¿O el segundo? Pues la fémina no ha tardado en actuar tan pronto el mínimo movimiento ha hecho el par cercano. Un gran y largo grito es lo que le sigue a las puntas hundiéndose en la piel de la entrepierna del gigante a la derecha, al tiempo que la responsable dos saltos da hacia atrás. —¿Dolió?

Sobra la pregunta, sin embargo, la respuesta allí está: la sangre goteando hacia el suelo. Cuán adictivo sería observar un diminuto lago formarse, mas la actuación exige no distraerse. Veloces se han movido sus ojos del herido hacia el que gigante que sobra y la ira percibe en el mirar ajeno. Desearía probar aquellos ojos y arrancarles ese dulce néctar. La sola idea provoca que, inconsciente, la lengua repase su labio inferior.

—Si me atrapa, aceptaré cualquier castigo que me dé, señor —Como si esa alguna vez esa hubiese sido su intención es que se acerca al gigante, quien por su parte ha buscado cortar distancia con ella al dar pasos agrandados. —Celebraré el intento —Palabras que no hacen más que impulsar el garrote hacia ella con el mayor de los enojos, pues han calado de la peor manera en el humor de su nuevo amigo. Qué lástima.

Sí, es una lástima. Debe serlo para su atacante, definitivamente, el atacar y apenas rozar la pierna. Una pequeña herida es igual a nada, Yuqi, y definitivamente has sufrido peores que estas. Más desastrosas, más punzantes. Detalles del pasado que a segundo plano pasan, pues el otro grito femenino ha jalado su mirada de antes.

¿No es encantador ese rostro? La inocencia distorsionada, furia desbordada. La fachada se ha caído, Yuuki, y para nosotros está bien: es más entretenido así. Juega más de esta manera, con nosotros, con ella, y no te preocupes aún si el líquido carmín de su muslo surge. Lo sabes, ¿cierto? Ese presentimiento llega a ti en el segundo que tu nombre mencionas y esa boca ya curvada se ensancha media pulgada más.

—Yuuki. Me gusta como suena, ¿a ti no? —Queda claro a quien la pregunta dirige, por mucho que sus pupilas se encuentren fijas en el gigante de antes que de encima no se quita. —Un nombre bonito para una chica bonita.
Así que asegúrate de sobrevivir, Yuuki. Sería un desperdicio perder a alguien así.

Distraerse permitido no está.
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#5
Parecía que la chica de cabellos verdes no lo estaba teniendo complicado en realidad contra aquellos dos. Incluso, a través de su vista privilegiada, pudo notar que se estaba divirtiendo bastante con la situación. Daba algo de miedo, a decir verdad. Había mucha gente rara en el Mar Azul, Yuuki no entendía ni por qué se sorprendía de lo que estaba pasando. Al final, esa era la vida que ella había elegido desde que decidió hacerse fugitiva y escapar de la justicia inútil y buscar la libertad de verdad. Ese lugar en el que ella pudiera vivir de forma amplia y auténtica.

Volvió la mirada en lo que fueron unos dos segundos. Distrayéndose con sus propios pensamientos. Y esos dos segundos se los cobrarían caros, pues ahora estaba el sujeto al que le había disparado, terminando de trepar la pared del techo en el que ella estaba subida. Era una persona bastante insistente y fuerte, Yuuki no lo podía creer. Pero allí estaba el hombre, buscando volver al ataque y sin medirse igual que antes. En medio de la distracción y de la incredulidad de la pelirrosa, el nuevo ataque logra darle de lleno, hiriéndola fuertemente, y hasta habría podido ser una herida letal si no se hubiera alcanzado a girar. Su brazo izquierdo fue el que se llevó el daño, con un corte que iba a requerir algo de atención.

A raíz del golpe, Yuuki caería del tejado, rodando sin más remedio y finalmente cayendo en el duro suelo sin capacidad de amortiguar con el apoyo de sus alas. La sangre goteaba del brazo y el dolor le hacía apretar los dientes. En lo que se trataba de poner de pie, el sujeto saltaba abajo y daba órdenes a los dos que estaban con la de pelo verde.

—¿Qué esperan? ¿Van a seguir jugando con ella? ¡Acábenla de una vez!

El hombre aquél decidió ignorar a Yuuki, caminando hacia sus subordinados y dando por finalizada a la pelirrosa. Ella aún no lograba ponerse de pie ni moverse realmente además de intentar de manera desastrosa el incorporarse. A ojos de cualquiera, estaba lo suficientemente dañada como para que la batalla finalizara allí para la birkaniana.

—Entre los tres seguro que se le quita la sonrisa, igual que a la otra retrasada. ¡Nadie se mete conmigo o mis hombres!

Y dicho esto, los dos con sus garrotes lanzaron sus golpes, seguidos por el de la espada, queriendo apalizar y cortar a la extraña de cabellos verdes. Pero a la vez, un trueno volvería a escucharse en el lugar. El revólver de Yuuki impactaría a uno de los brutos con garrote, haciendo que el proyectil pasara derecho a través de su cuerpo a la altura de la panza y volara unos centímetros pasando cerca de la otra mujer. El bruto cayó pesadamente al suelo, incapaz de poder mover sus piernas o de hacer que su cuerpo tuviera fuerza de la cintura para abajo.

Atrás, Yuuki estaba sentada, o más bien, recostada, contra la pared mientras que apuntaba con la mano derecha sosteniendo el revólver. Del cañón de Quicksilver salía humo. El brazo izquierdo sangraba aún, y hasta el ala izquierda ahora estaba teñida de la sangre de la birkaniana, pero había una sonrisa en ella que parecía desafiar a todos los allí presentes. Una sonrisa que volvía a verse con ese tono angelical y bonachón que se cargaba Yuuki. Pero a su vez era horrible y traicionero, igual que la actitud de la pistolera.

—Y me quedan tres tiros más. Suficiente para ustedes dos...
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#6
Ver caer a la mujer es extraño. Desequilibra todo, menos esa curva fijada en los labios de la peliverde. Quedarse sola ante tres grandullones no es un hecho que alegría traiga a muchos, mas ella parece ser de esas excepciones: la emoción llega a su límite. Late desbocado su corazón. Ha quedado claro que ella no es normal. El líquido carmín le emociona. El propio, el ajeno; el rojo es el color que la obliga a relamer sus labios.

¿Por qué terminar el espectáculo ahora? No desea oír la respuesta a esa pregunta. En cambio, desea ir a por más. Extender un poco más el juego, ¿por qué no?

—Ser tan impaciente es malo, ya estás grandecito para saber eso. —Juega el papel de estúpida, lo suficiente para hastiar el ánimo de cualquiera. Pero algo sabemos tú y yo, Yuqi: ella no es lo que parece. Es fácil para ti ver cómo la joven no huye, sino que se acerca a quienes son sus atacantes y, en una abertura, es que te sonríe solo a ti. —Podrían tropezar y hacerse daño...

O pudiese ser que alguien como la fémina buscara aprovecharse de su prisa para herirlos, para que la sangre brotara. Justo como lo hace ahora, ensanchando la sonrisa en el momento en que las puntas del tridente atraviesan la piel del muslo perteneciente al otro gigante con garrote y la sangre borbotea.

—No es personal. —Como si fuera un juego más, porque lo es, lo dice. Es fácil tomar la ventaja cuando pequeña es y huecos ellos dejan. Ellos tan pesados, ella tan ligera. Sin embargo, el ruido ensordecedor es una ayuda enorme. Nadie te negará el mérito. Yuqi te lo reconoce. ¿Puedes verlo, cierto? En el momento en que cruzan miradas, justo después del impacto. —Buen disparo.

Así que deja que te ayude con lo que tú has iniciado.

El filo inferior del asta no tarda en dirigirse hacia el cuello del recién caído. No se hunde el arma; es más bien un corte rápido y preciso, pues prisa tiene en saltar hacia la causante de todo. El eje principal. Sus ojos hace tiempo se han quedado fijos en ella, y son sus pies quienes no dudan en aminorar casi por completo la distancia que las separa.

—¿No es peligroso amenazarlos estando en ese estado, querida extraña? —Hacia ella se inclina, como flor buscando el sol. Pero raro es, porque por mucho que su centro de atención en el suelo está recostada, el tridente apunta en dirección a los no deseados en ese encuentro. —Un disparo más les haría ver que hablas en serio, ¿no crees?

Un susurro peligroso, aunque quien tiene el poder eres tú y solo tú, Yuqi.

—¿Por qué no intentar con este? —Y ligeramente el tridente señala al que ella atacó antes en el muslo, quien, por muy alerta que esté, con dificultad se mueve. Un disparo preciso acabaría todo. —Prometo ayudarte a deshacerte por completo del que queda como buena amiga.

Como si lo sintiera, dice.

—Porque eso seremos.

Como si fuera verdad, afirma.
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#7
Acabar con la vida de un enemigo no era algo que ella hiciera realmente. Para empezar, Yuuki no era capaz de guardar tanto rencor como para querer extinguir la vida de otra persona... lo que era curioso para alguien que usaba pistolas como armas. Las palabras de la peliverde resuenan, sin embargo, en su cabeza. La pelirrosa mantendría el arma firme, apuntando al herido que estaba de pie, el de la espada, que ahora parecía estar bastante callado y empezaba a tomarse más que en serio lo que estaba pasando. Después de todo, la mujer del tridente había segado ya la vida de uno de los suyos.

—Dispara entonces... —Dijo el hombre para romper el silencio en el que Yuuki se había sumido luego de oír a su extraña aliada—. Si tienes más tiros en esa pistola. Adelante. ¿Porqué dudas?

Yuuki suspiraría y mientras tenía la espalda contra la pared, hizo uso de sus piernas para levantarse, sosteniendo el arma en alto todo el tiempo. Sus ojos, con el entrenamiento de Yuuki, no se movían del objetivo un solo segundo. Sabía que retirar la mirada sería un error grave. Así que respondió a la otra mujer como si pareciera que hablaba con el maleante que le había causado las heridas que tenía ahora.

—Prefiero que sepan que no es bueno meterse conmigo. Me iré de esta isla en algún momento y si mi nombre y hazañas pueden ser recordadas, aunque sea por mis rivales, me basta. Hemos venido al mundo a ser libres. Y para ser libres hay que estar vivos. No puedo arrebatarle a alguien su libertad mientras busco la mía. No está... bien...

Se sonrojó un poco, de vergüenza, por lo que decía. Era un discurso lastimero y bastante patético cuando lo pensaba y repasaba lo que había dicho. ¿Qué clase de persona que se valoraba a sí misma en un mundo de delincuentes se ponía a hablar de ideales y principios? Para empezar, ella era una estafadora y no tenía derecho para hablar de esa manera. Sin embargo lo hacía. Porque el que fuera una criminal y una estafadora solo habían sido consecuencias de sus acciones, el que ansiara la libertad era su sueño. Y por más patética e hipócrita que pareciera, se arrepentiría más de no ser fiel a sí misma y a ese código que fue construyendo por sus propios medios.

Movió entonces el objetivo de su revólver y disparó en la mano del sujeto, haciendo que soltara la espada y luego dio otros dos tiros al hombre del garrote que estaba detrás, apuntando a su canilla derecha. Daría en el objetivo con la mano del espadachín y con uno de los disparos en la canilla. El tercero fallaría su objetivo. Yuuki luego bajó el arma y con la mano libre, aún lastimada, aferró a la mujer de la ropa.

—Por favor. Déjalos. Mejor sácame de aquí, ¿Quieres? Te pago las molestias si quieres. Pero ya reclamaste una vida. Es suficiente...

Habló lo suficientemente alto para que los otros dos la escucharan. Podría esperarse que quisieran atacar nuevamente al ver que Yuuki estaba sin munición en la recámara del revólver, pero ante la amenaza del tridente, ya estaban buscando retirarse.
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#8
Han llegado muy lejos, ¿no lo crees, Yuuki? ¿Por qué detenerse ahora, en el clímax del espectáculo? No hay respuesta que la peliverde pueda entender. O quiera, mejor dicho. De su rostro tus palabras borran su alegría, la deforman en una mueca incrédula. Y lo ves a la perfección, ¿verdad? Esa pequeña molestia que, fugaz, se transforma en burla.

¿Esto es todo? ¿En serio?

Extrañamente el arma no baja. Todo lo contrario, el tridente se balancea peligroso en su mano. La más pequeña de todos no ha perdido de vista al que ha atacado antes, tampoco al que ha sido el líder de la pequeña emboscada hacia la de cabellos rosas. Alterna su mirar, tal como lo hacen las puntas del objeto que porta.

—Si no hubiera llegado, ¿qué tan libre hubieras sido, Yuuki? —Cuestiona, sin disimular el filo de sus palabras. Es obvia la respuesta para todos, ¿lo será también para la contraria? Porque su tonto discurso deja en evidencia otra cosa: ideales que dan risa. —Piensa en esto como cuidar de ti…

Como deshacerse de los problemas por completo. La cazadora no poseía la costumbre de dejar enemigos por ahí para que volvieran otro día. Más valía prevenir que lamentar, o morir. No es muy complicado de entender, Yuuki. Inicias bien al disparar, al hacerlos retroceder y dudar.

Pero ¿es suficiente?

La sonrisa vuelve al rostro de la cazadora, más alegría no carga. Ese gesto un escalofrío causaría a cualquiera. —Está bien, los dejaré ir, pero antes elige un número —Inocente parece pedir, aún sin perder la vista al líder de aquel… ¿dúo? La sangre surgiendo de su mano, el arma caída. Aún duda. —Quiero contar para tranquilizarme…

Un ejercicio estúpido, uno que nunca ha practicado. Por supuesto, tampoco lo practicará hoy, del mismo modo que no lo hace el del arma caída. Hacia las dos se abalanza en un torpe movimiento, dejando un rastro rojizo detrás de él.

¿No hemos hablado ya de lo malo de la impaciencia? Entonces, profundicemos en las consecuencias también. La humana no ha tardado en deshacerse del agarre de su vestimenta de un pequeño manotazo y atacar con las puntas del tridente a la mano anteriormente dañada por su nueva amiga. No hace falta demasiada fuerza cuando el camino ya ha sido abierto por el dolor, solo basta un poco de intención y un giro.

Un grito, antes de que algo caiga con un sonido seco.

¿Qué es eso en el suelo, Yuuki?

—Ahora sí que va a tener problemas para agarrar cosas… —Murmura casi que ingenua, como si realmente no hubiese esperado ese resultado. Sin embargo, ¿no la delata el brillo en sus ojos? No puede disimularlo. No ahora. —Pero al menos es libre, como querías.

Como ella misma pidió: con vida.

¿Te gusta ese resultado, Yuuki? ¿Sí? Es parte de la lección, lo más importante de las historias.

—No es necesario que pagues, considéralo un favor.

Aunque, ¿cuán seguro es confiar en lo que dice esta mujer?
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#9
¿Para qué le preguntaba cosas si iba a hacer lo que quisiera de todos modos? Era algo molesto. Mientras la mujer de cabellos verdes se dedicaba a ser especialmente cruel con aquellos patanes, Yuuki  se pondría de pie lentamente y buscaría acomodarse y recargar el revólver sin decir nada. Tan solo observaba lo que pasaba alrededor de ella y buscaba encontrar palabras para mencionarle a aquella mujer luego de que estuviera satisfecha de hacer lo que fuera que hiciera con el par de tontos. A Yuuki realmente no le importaba la salud de alguien que la había atacado antes, pero le importaba que pudiera vivir de manera que pudiera hablar al respecto de lo que le pasó por cruzársela.

Cuando vio que la mujer extraña había apuñalado la mano herida del hombre y éste no hizo más que gritar en dolor mientras se agarraba la muñeca y dejaba ir el dolor que sentía en ese momento. Yuuki incluso arrugó la cara, sintiendo parte del dolor ella misma; sería un acto de empatía claro, sino fuera porque ella tenía sus propios dolores por los que preocuparse...y allí estaba, a punto de terminar de recargar el arma. Fue entonces cuando escuchó las últimas palabras de la peliverde. La birkaniana suspiraría.

—Gracias por la ayuda, ciertamente. —Dijo en un tono dolorido conforme miraba al otro sujeto clamar por asistencia al que había sido herido en la mano. Los dos hacían un espectáculo un tanto gracioso, si no fuera porque realmente tenían heridas serias que iban a costarles movilidad o habilidad a futuro.

Sin guardar aún el arma, pues no sabía qué tan fiable era la aparecida, o si en iba a dejarla a ella quieta también, Yuuki pasó la mirada a quien ahora era la verdadera amenaza en ese callejón: La peliverde.

—Pero estoy segura que el favor me saldrá caro, de todas maneras. ¿Quién eres? Puedo preguntar por tu nombre, ¿No? Me siento bastante en desventaja y eso no me gusta nada.

Movió el ala herida un poco, queriendo probar si contaba con suficiente fuerza para dar un salto de allí e irse. En cuanto sintió el dolor acrecentarse, apretó los labios suavemente y tomó aire profundamente. No sabía bien si la que tenía era realmente su aliada o si le iba a salir con alguna exigencia. Sabía que entre criminales eso de los favores realmente no existía y que era solo una moneda de cambio para sacar ventaja luego. Honestamente, Yuuki tan solo quería irse de allí ya. No le interesaba ya nada.

Comprendiendo su posición ahora mejor que antes, levantó el arma, aunque no apuntó. Pero la llevó a la altura de sus hombros y dejó el dedo en el gatillo. Era suficiente como para dejar en claro que no pensaba atacar de primera, pero que se iba a defender si era atacada en lugar de mantener la conversación. Y sí, puede que estuviera siendo bastante desagradecida, pero al menos los otros tipos habían sido claros en sus intenciones de agredirla, la peliverde por otro lado... había sido más bien gris. Demasiado gris. Y a Yuuki el gris en ocasiones como esa misma en la que estaba no le agradaban para nada.
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#10
Veamos, Yuuki. ¿No es esto muy maleducado de tu parte? Desconfiar de quien te ayuda tan desinteresada podría ser mal visto por muchos, pero para nuestra cazadora, solo es razón para que la sonrisa se mantenga dibujada en su boca. Sus ojos, perezosos como siempre, delinean tu silueta y ubican cada herida. Todo es importante aquí, sobre todo tú.

Importas, ¿sabes?

—Oh, no me digas que dudas de mis intenciones, por favor. Me lastimas —Pero la mentira en sus palabras ni siquiera trata de disimular, pues esa lástima que su voz deja escuchar demasiado fingida es. —Dije que lo hice porque somos amigas. ¿O tienes miedo de mí? —La última palabra resbala juguetona por su lengua, teñida de cierta ingenuidad que en la de cabellos verdes es extraña. —Hasta donde sé, tú eres más grande que yo.

Y fuerte, y preparada... Sin embargo, también está herida.

—Yuuki, Yuqi. Yuqi, Yuuki —Puntualiza, a la vez que la punta de sus dedos señalan a la portadora de cada nombre. Es nimia la diferencia en la pronunciación del nombre, por lo que sus expectativas de que la contraria crea que le está jugando una broma son altas. —Ya no somos desconocidas, amiga.

¿Así que cuánta es la necesidad de alzar el arma? No mucha, ¿o sí? Lo cierto es que ese peligroso hecho a ella trae una pequeña risa, a la vez que su cuerpo es empujado hacia la contraria por una breve adrenalina. Cerca y más cerca, hasta que la distancia amenaza con volverse cero. Sin embargo, amistosa es que tiende la mano hacia la contraria.

Es obvio lo que desea, ¿eh?

—Ten por seguro que ellos no te olvidarán, y yo tampoco —Una mentira a medias que suena a verdad, porque ella lo cree así, aunque no lo sea. Poseía mala memoria para rostros, lamentablemente. —Pero creéme, no siempre es lo mejor dejar cabos sueltos por allí, regados... —Y dándoles la oportunidad de recuperarse, de volverse más fuertes. —Podrían volver... O no, ¿quién sabe?

Ya lo hemos dicho antes: mejor prevenir que lamentar.

¿Estará tomando sus precauciones la de cabellos rosas? El arma se le provoca tierna a la cazadora estando tan quieta. Quiere más. Sus manos pican por más, su cuerpo. Todo hormiguea. Lo de antes no fue suficiente, pero esta mujer podría serlo...

—Al menos tú no te irás, mírate —Aunque no es necesario que lo haga la contraria, pues el dolor constante es un recordatorio de su situación. —Tan noble que terminaste tan herida, porque dudo que tú les hicieses algo a esos tipos —Y, aún así, es tan tonta — ¿Realmente te sientes culpable por lo que hiciste con ese trío?

Tras todo el daño causado, como mínimo les hubiera hecho tragarse sus propias vísceras, algo lento si no tenía prisa. La idea hace que al tridente alce en dirección a la mujer, los filos superiores apuntan mientras ella sonríe.

—¿O te sientes culpable por lo que hice yo? Ya que hablaste de libertad y todo eso... Eres muy estirada.
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