[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 5)
#1
Venimos de este post.
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Si caer insconsciente ante el Haoshoku Haki se había sentido como si el mundo mismo colapsara, despertar no resultó mucho más agradable. La realidad fue volviendo a todos los presentes en aquel lugar con lentitud, como si a sus cerebros les costase volver a poner todas las máquinas debidamente en funcionamiento, como si todo a su alrededor no tuviese más remedio que desvelarse poco a poco ante sus ojos, aún incapaces de enfocar correctamente. Lo surrealista de la situación, naturalmente, tampoco ayudaba. ¿Qué era aquel lugar?

Al mismo tiempo que recobraban la conciencia, todos se pudieron dar cuenta de lo más aterrador: de sus cuellos colgaban pesados collares de metal oscuro, ceñidos a su piel y reforzados con tornillos. Cada uno de ellos exhibía un número, tal vez algún tipo de código o identificación. A medida que los ojos de aquellos imprudentes aventureros se abrían y se acostumbraban a la escasa luz que se filtraba por algún lugar, se dieron cuenta de que sus corazones seguían latiendo con fuerza inusitada; en efecto, cuando uno pierde el conocimiento bajo aquellas circunstancias, el pavor no se disipa así como así. La adrenalina comenzaba a bombear por los sistemas de todos ellos, si es que había dejado de hacerlo en algún momento, y todos sus sistemas entraban, una vez más, en alerta, como si la fuente de aquel Haki monstruoso aún siguiese allí, esperándolos, acechando desde las sombras, y tal vez fuese mejor así.

El silencio era total. Estaban en casi completa penumbra, en algún tipo de estancia que, sin embargo, no parecía mucho más grande que el camarote de uno de los barcos en que habían llegado hasta aquel lugar. En uno de los lados, una enorme puerta acorazada y hermética, de frío metal, permanecía cerrada a cal y canto, como un muro más. Ninguno de ellos tenía ningún recuerdo de cómo habían llegado hasta allí, si es que todo aquello era, de hecho, real; le sensación, en cambio, era de pura pesadilla, como si aquel haki los hubiera sumido en un sueño angustioso.


Resumen

Información importante
#2
Atributos Personaje


La oscuridad se había cernido sobre él un día más, aunque esta no era como aquella agradable sensación que tenía cuando cerraba los ojos y se quedaba dormido bajo la desdibujada sombra de un árbol. No, esta sombra era terrorífica. Su mente no divagó, no soñó, no sintió, tan solo existió en un espacio de tiempo que difícilmente era de calcular, y mucho menos situar.

Bajo la palma de sus manos y su cara, un frío y duro suelo, quizás metal o simple hormigón. Fue lo primero que sintió, sus articulaciones endurecidas, como si no se hubiese movido en días. Su cuerpo inmóvil. En su cabeza, un martilleo constante, rítmico, como un caballo desbocado por el disparo de un arma de fuego en la lejanía, como una desbandada de pájaros asustados. El pulso en su cabeza era cada vez más evidente, más presente, más intenso, como si una pesada bola de metal se fuese inflando en su sien hasta el punto de estallar en cualquier momento.

Sus párpados pesaban, pero querían moverse; sus piernas estaban completamente paralizadas, pero querían separarse de su cuerpo y salir en cualquier dirección; sus alas caían sobre su espalda y hacían a la misma vez de improvisada manta, pero no respondían.

Sus ojos se abrieron, pero no pudieron ver nada más que la bruma oscura y borrosa que lo rodeaba, no estaba acostumbrado a aquella repentina oscuridad. Figuras inciertas delante de él. ¿Iban a por él? ¿Dónde estaba? - ¿Qué es esto? - Susurró su mente aterrada. Desorientado, y con el pulso en su cabeza, levantó lo que pudo del mentón solo para descubrir que aquel pulso que sentía en su sien era su corazón desbocado, como si quisiera salírsele de la boca.

Pum, pum.

Cada segundo que reparaba en su corazón, un latido más.

Pum, pum, pum.

Cada instante que se sumía en aquella incertidumbre, una décima más rápido.

Pumpum, pumpum.

Ese miedo estaba dentro de su cuerpo, su instinto de supervivencia le gritaba por un lado que no se moviese, por si aquello hacía que lo mataran, por otro lado le gritaba que corriese o volase, pero que se alejase de allí. - ah... - Sus labios secos, su garganta lo imitaba y todo ello contrastaba con el sudor frío que resbalaba por su frente hasta acabar en aquella  sombra sobre la que estaba.

Un shock, sabía lo que era aquello, su mente estaba en crisis por instantes, pero no era capaz de rescatar la fórmula en su cabeza.

Entrecerró los ojos mientras decidía, temeroso, que era buena idea hacer algo de fuerza con la palma de sus manos contra el suelo para elevar su cabeza ligeramente. Sus ojos no podían ver con normalidad, aun era borroso y oscuro pero podría ver tres sujetos más que parecían estar en las mismas condiciones. Ojiplático y boquiabierto se sentó, forzosamente. Entonces recordó. El ferry, el viaje, la presión. - Me... - No recordaba lo que había pasado, solo la sensación antes de quedar inconsciente. Aquella sensación, como si la gravedad se multiplicase sobre su cuerpo y lo hundiese hasta el mismísimo centro de la tierra. Todavía la sentía, pero era ligeramente más leve que cuando la sintió. Aunque solo podía compararlo con tener que desmayarse, y ahora no lo estaba haciendo.

Se permitió intentar analizar la situación, que en aquel momento solo era identificar a los que tenía delante. Dos gyojins y una mujer exageradamente grande. - Marisco y montañas... - Dictaba casi desprestigiando con las pupilas de sus ojos aumentando por momentos, quizás se estaba acostumbrando ligeramente a penumbra de la habitación.

Entonces lo vió.

Aquel artefacto que no había llevado nunca pero si que había visto, no era la primera vez que lo metían entre cuatro paredes sin posibilidad de salir, ya había sido retenido antes.

Sintió el peso.

Sin querer creerlo, llevó las manos hasta su cuello, tocando el frío y oscuro metal que lo envolvía. El mundo, a parte de la presión de aquello que desconocía, se le vino encima. - No, no, no, no, no... - Su respiración se volvió violenta, su corazón cobraba de nuevo presencia.

Pumpum, pumpum, pumpum.

Sus manos apresaron el metal y sus piernas comenzaron a empujarlo mientras estaba sentado, arrastrándose prácticamente hasta topar en la pared que tenía a su espalda, a un lado de la puerta. Su pecho se inflaba y desinflaba con una frecuencia anormal, probablemente estaba hiperventilando.

Con la pared como límite, ahora se comenzaría a arrastrar hasta la esquina, casi como si aquello fuese un lugar seguro con el único acompañamiento sonoro del aire saliendo por su nariz, su corazón bombeando y sus dientes rechinando entre sí.

cositas
#3
Atributos Personaje


La mujer tiburón de tres metros treinta y cinco comenzó a recuperar la conciencia y lo primero que pudo percibir, antes de entender que estaba despertando, antes de empezar a escuchar u oler nada, antes de siquiera poder abrir los ojos, fue la forma en que su corazón latía desesperadamente como si un rey de los mares hubiera estado a punto de devorarla. Ese latido de su corazón la hizo levantarse repentinamente o más bien intentarlo, el cuerpo de la gyojin no estaba realmente del todo consiente así que fue más como rodar en el lugar y apoyar una mano para trepar en una superficie inexistente y con la otra aferrarse al suelo donde se encontraba mientras abría los ojos y empezaba a realmente procesar donde se encontraba.

Tras tomar aire de forma consiente tres veces la mujer de cabello rubio no se tranquilizó en lo más mínimo, pero logró empezar a tomar conciencia de sí misma, su entorno rejuntando también la fuerza necesaria para poder levantarse del suelo y dedicar una buena mirada a su alrededor, mirando primero los alrededores, buscando que su ojo adaptado a las profundidades sin luz le diera alguna clase de detalle útil, quizás una palanca desde la que encender luces o abrir una puerta, lentamente los ojos de iris azul rodeados por escleróticas de color negruzco buscaban algo en que anclarse, algo para calmarse a sí misma o para poder ayudarle a ignorar el collar que traía en el cuello una vez más.

Luego de aquella detallada mirada a su entorno Mizuki suspiró poniendo una mano sobre su pecho, podía sentir como su mano izquierda estuviera apoyada sobre un tambor que seguía acelerado, instintivamente seguía buscando al depredador supremo en cuya guarida se encontraba antes de enfocarse en mirar adecuadamente a sus compañeros de situación buscando en ellos algo de confort que no llegaría pues lo primero que notó fueron dos uniformes de la marina. Aquello no ayudaba a la mujer tiburón a relajarse, sin embargo era menos preocupante que la búsqueda constante de aquella temible presencia que había despertado en ella un instinto de correr o luchar hasta entonces desconocido para la gyojin.

Una vez más la joven de piel ocre y gris se enfocó en sí misma y los demás, probablemente era la única allí presente que había tenido ya uno de esos collares puesto contra su voluntad, para los que supieran de ellos sería aterrador y para quienes no los entendían era un peligro -Hey… Hola… yo…- la mirada de Mizuki se posó por primera vez de forma detallada en la figura de una de las marines, con las que compartía “celda” por decirle de alguna forma, era una mujer de hermosa figura y la poca luz que entraba permita también disfrutar de algunos detalles, que hicieron a la tiburón tigre empezar a salivar profusamente interrumpiendo de forma externa e interna lo que tuviera para decir mientras se quedaba disfrutando de la vista allí presente y se planteaba las posibilidades.

Durante menos de un minuto pero mucho más de un par de segundo, y del tiempo que sería adecuado, Mizuki se quedó mirando el bendecido busto de la marine mientras salivaba servicialmente antes de agitar la cabeza y recuperar un poco de su concentración, con su mente corriendo entre tres o cuatro extremos simultáneamente. -Buenas noches para todos. Soy Mizuki, a mí ya me han puesto un collar como estos en el pasado pues fui una esclava hasta que me liberaron.- explicó rápidamente -No intenten romperlos ni quitárselos inmediatamente o será muy doloroso, a menos de que tengan plena confianza de que pueden romperlos rápidamente, sería mejor buscar la llave o herramienta que los abre.- dijo en un tono más serio, a pesar de que en su voz se podía seguir escuchando el miedo por el depredador invisible que subconsciente creía que seguía acechando cerca de ellos.

-Antes de intentar algo imprudente, recomiendo que nos presentemos e intentemos ver cómo podemos trabajar juntos para salir de este percance.- Mizuki no era una líder nata, ella era una luchadora frenética que se dejaba llevar por su amor por la violencia, pero entre ellos había un Lunarian que parecía ser un civil armado y el entrenamiento de la armada revolucionaría la había adoctrinando en priorizar el trabajo de equipo y la seguridad de los civiles -Veo que hay una hermosa mujer de la marina y un compañero Gyojin también uniformado, así que como mínimo tenemos poder de combate en caso de que la situación se ponga tensa.- dijo con una predatoria sonrisa mientras con su mano izquierda señalaba al hombre cangrejo.

-En peores situaciones he estado, así que no temamos e intentemos coordinarnos de la mejor forma posible entre nosotros con confianza sha sha sha- agrego riendo intentando dejar de lado su propio miedo, sin lograr que su risa fuera totalmente sincera por el miedo latente dentro de ella mientras intentaba calcular también cuanto tiempo habían pasado inconscientes.

Off
-Voz femenina- ||-Voz masculina- ||-Piensa-
Código:
[b][color=purple]-Voz femenina-[/color][/b]
[b][color=darkred]-Voz masculina-[/color][/b]
[i][color=#38A0C2]-Piensa-[/color][/i]
#4
Atributos Personaje

—Hablo— 
—Pienso—


Empecé a escuchar una voz que se escuchaba como un susurro —¡Papaaaá!— Una voz melodiosa que desprendía alegría por donde pasaba. Pero a medida que esa llamada se repetía, se iba volviendo más y más fuerte, y el tono cambiaba gradualmente, lo que era alegría pasó a ser miedo, desesperación… Finalmente, pude sentir como su voz, llena de angustia, gritaba en mi oído, recordándome que no fui capaz de salvarla. 

—PAPAAAAAAAAAAAAAAAAAAAÁ—  

Entonces desperté de forma abrupta —¡Piraña!— Sudores fríos recorrían mi caparazón, que seguía erizado al sentir aún aquella presión previa a desmayarme. No veía nada, la sala estaba oscura y mis pensamientos no estaban en orden, mi corazón latía con una fuerza desmesurada de tal manera que era lo único que podía escuchar aparte de mi jadeo incesante. —Céntrate, Juan… Céntrate…— No podía mentirme a mí mismo, tenía miedo, mucho miedo, pánico más bien, pero tenía que ponerme manos a la obra ¿Fue obra de ese pingüino? ¿Dónde estaban mis compañeros? ¿Dónde estaba yo? ¿Les habrá pasado algo a los civiles del ferry? Demasiadas preguntas sin respuesta.

Sentía cierta incomodidad en el cuello, por lo que me dispuse a rascarme, pero para mi sorpresa, mi mano izquierda no se encontró con mi rugosa piel, lo hizo con una especie de estructura metálica —¿Un collar?— Empecé a atar cabos, me habían secuestrado, o al menos trataban de hacerlo…

A medida que mis ojos se adaptaban a la oscuridad, y tras frotármelos con mi mano, para quitarme las lágrimas que querían salir al recordar a María, empecé a ser consciente de mi entorno. Giré el cuello para observar con mayor detenimiento todo el lugar, no vi nada fuera de lo común. Estábamos en una especie de habitación, con un techo muy bajo, cerrada por una puerta bastante imponente, de las que no parecen romperse con facilidad, si aquel dueño del bar hubiese tenido una puerta así… Me habría ahorrado alguna que otra bronca. Pero lo más importante era que no estaba solo, un muchacho con alas negras y cabello claro parecía estar bastante nervioso, sentado en una esquina de la habitación mientras agarraba su collar, la situación no era para menos. Por otro lado se encontraba una mujer tiburón, que… ¿Salivaba? mientras miraba a Sigrid. —¡¿SIGRID?!— Al menos un poco de luz brillaba en esta horrible situación, tenía a mi confiable compañera de armas conmigo. 

La chica Gyojin comentó la situación, por lo que me limité a escucharla pacientemente, tratando de controlar mi aún agitada respiración. Mientras nos explicaba los peligros de los collares, tocaba el mío, tratando de examinarlo con detenimiento, eran oscuros y estaban numerados —Sí que son un problema…— Entonces inicié con las presentaciones —Mi nombre es Juan Sebastián, podéis llamarme Juan. Como bien dices, somos marines entrenados, haré lo posible para protegeros a todos. No permitiré que toquen a los civiles en mi presencia— Lo último lo dije mirando al muchacho que se sentaba en la esquina, en un intento por tranquilizarlo. Oculté el miedo que sentía para transmitir confianza a mis compañeros de celda, ese era el deber de un marine, después de todo. —Sigrid ¿Sabes algo de lo que pasó? De repente perdí la consciencia ¿Qué habrá pasado con Akira, Enji y Masami?— Mis compañeros eran fuertes, confiaba en que estarían bien, pero necesitaba volver con ellos cuanto antes para estar seguro.

Una vez me levanté, me detuve un segundo, rascándome la cabeza mientras intentaba pensar en una solución para toda esta situación. Contra todo pronóstico, un sencillo plan vino a mi mente —Bien… En algún momento alguien abrirá esta puerta, esperaré pegado a la puerta y le daré una paliza a quien entre, si tenemos suerte esa persona será quien tenga las llaves, si no las tiene las buscaremos.— Era un plan tosco y bruto, realmente era mi estilo, pero en esta situación nuestra única oportunidad recaía en el factor sorpresa y la iniciativa, por lo que me puse en posición al lado de la puerta. 

Cajita de Tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
#5
Atributos Personaje


El mundo regresó de golpe, como si alguien la hubiera arrojado otra vez dentro de su propio cuerpo sin previo aviso. El aire entró a sus pulmones de manera brusca, desordenada, y su pecho se elevó con violencia mientras su corazón golpeaba contra sus costillas con una fuerza descontrolada, demasiado rápido, demasiado fuerte, como si intentara escapar. Sigrid abrió los ojos poco a poco, pero no encontró claridad inmediata, solo una sensación densa, pesada, un miedo que no entendía. No era miedo a un enemigo visible, ni a una herida, ni siquiera a la muerte. Era algo más profundo, más primitivo, algo que le decía, sin palabras, que había algo por encima de ella algo que no podía enfrentar.
 
Apretó los dientes, intentando forzarse a respirar con normalidad. —Nnh— un sonido bajo escapó de su garganta, más por frustración que por dolor. Aquello se sentía como despertar después de una noche bebiendo lo peor que existía, con la cabeza latiendo y el cuerpo pesado pero multiplicado por diez. Sus manos buscaron apoyo y logró incorporarse a medias, temblorosa, torpe, como si su propio cuerpo no respondiera del todo a sus órdenes.
 
La oscuridad la envolvía, así que parpadeó varias veces hasta que sus ojos comenzaron a adaptarse, captando formas difusas, sombras, líneas que poco a poco se definían. No estaba en cubierta, eso lo supo de inmediato, el aire era más cerrado, más denso, y el espacio, el espacio era demasiado bajo. Sigrid intentó ponerse completamente de pie, pero su cabeza chocó con algo sólido. —Tch, por el martillo de thor— frunció el ceño, llevándose una mano al casco. No podía erguirse del todo. El techo estaba demasiado cerca, obligándola a encorvarse ligeramente, algo que para alguien de su tamaño resultaba incómodo, casi antinatural.
 
Respiró hondo otra vez, aunque el corazón seguía acelerado, negándose a calmarse. —¿Qué fue eso? — murmuró en voz baja, más para sí misma que para nadie más. Sus piernas dudaron un segundo antes de sostenerla con firmeza. No quería moverse, no todavía. Ese segundo antes ahí, pegado a sus huesos como una sombra que no se iba, pero Sigrid apretó los puños y obligó a su cuerpo a responder.  La voz de Juan rompió aquella presión invisible que aún le oprimía el pecho, como si alguien hubiera abierto una pequeña grieta en medio de un peso insoportable. Sigrid alzó la cabeza de inmediato, buscando el origen de ese sonido familiar, y por primera vez desde que despertó, el aire pareció entrarle un poco mejor, no era calma, pero sí un alivio real.
 
—¿Estamos en el Valhalla?— soltó casi sin pensarlo, la voz aún áspera, descolocada, con esa mezcla extraña entre confusión y esperanza que no encajaba del todo con su tamaño ni con su carácter, pero no hubo respuesta para ella. Sus ojos terminaron de ajustarse a la penumbra justo a tiempo para ver a Juan hablando con civiles y entonces negó levemente con la cabeza, soltando el aire por la nariz. —No— murmuró para sí misma, más centrada ahora. —Si fuera el Valhalla, ya habría bebida y pelea.— Se apoyó contra una de las paredes, aún ligeramente encorvada por el techo bajo, pasando una mano por su rostro mientras el corazón comenzaba, poco a poco, a desacelerar. El miedo seguía ahí, clavado en el fondo, como una espina que no podía sacarse, pero al menos ya no la paralizaba.
 
Miró de reojo a los civiles, luego a Juan, y finalmente al entorno en el que se encontraban y sobre todo pese a su torpeza se dio cuenta que todos tenían un collar, por lo que palpó su cuello y allí también se encontraba uno, de metal, pesado, incomodo, —¿Ahora somos esclavos, Juan? — dijo en voz baja, esta vez ya no para sí misma, sino dejando que sus palabras flotaran lo suficiente como para que alguien cercano pudiera oírlas. —Ni siquiera en el North Blue sentí algo así. — Sus manos se cerraron lentamente en puños otra vez, no por agresividad, sino por necesidad de afirmarse.

Sigrid escuchó el plan sin interrumpir, todavía con el eco de aquel miedo extraño recorriéndole el cuerpo como un recuerdo que no terminaba de irse. No le gustaba del todo, era directo, simple pero efectivo y en situaciones como esa, encerrados, sin saber exactamente dónde estaban ni quién tenía el control, no había mucho espacio para estrategias complicadas. Se movió entonces, pesada pero silenciosa dentro de lo posible para alguien de su tamaño, colocándose en el lado opuesto de la puerta respecto a Juan. Su espalda rozó la pared, obligada a encorvarse un poco por el techo bajo, pero su postura se ajustó rápido, pies firmes, rodillas ligeramente flexionadas, hombros listos para descargar fuerza en cualquier dirección.

Sus dedos se abrieron y cerraron lentamente, como probando la tensión en sus propios músculos. —Si entra alguien— murmuró en voz baja, apenas un hilo de voz que no rompía el silencio del cuarto, —no lo dejaremos hablar demasiado.— Sus ojos se fijaron en la puerta, sin parpadear más de lo necesario. El recuerdo de aquella presencia seguía ahí, clavado en lo profundo, pero ahora estaba contenido, transformado en una alerta constante que la hacía aún más consciente de todo. 

Cosas Vikingas
[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]
#6
Un par de gotas de semen de cerdo de las Islas Conomi y - la probeta explotó con una violenta reacción de los químicos que contenía - uh uh - me despegué de la mesa de un salto contra la pared de mi espalda. La pared estaba llena de notas y cordones ojos que conectaban la información de los documentos que había conseguido sobre las investigaciones del Dr. Omp - Por la kongcha de mi madre - dije mientras respiraba con fuerza del susto que me había pegado con los brazos abiertos y la espalda apretada contra la pared. Un gran pedo salió por mis gorilescas nalgas - Uh uh. Esfínter relajado, invento descartado - me susurré mientras me separaba de la pared, haciendo que algunas notas cayeran a mi espalda. Me acerqué de nuevo a la mesa y agarré mi cuaderno de notas, tachando con el boli de punta de acero que estaba a su lado la idea - No no… Esto no funcionaba así. Si me llevaba cuatro y sumaba cuarenta y dos a la raíz cuadrada de pi debería dar un número negativo entre cinco y mil cuatrocientos trece, no la primera numeración consecutiva de nueves en la cadena del número pi. ¿Pero qué diablos son estos cálculos? - Reflexioné mientras apoyaba la palma de mi mano derecha en la mesa y miraba las cuentas del cuaderno que tenía agarrado en la izquierda.

El click de un mecanismo activándose sonó.

- ¿Uh uh? -

La puerta del final de la sala se abrió.

El laboratorio K.O.N.G era una sala rectangular de 35 metros de largo y 25 de ancho, solo accesible por la cápsula de desinfección que había en la entrada y de la cual acababa de activar la puerta. Allí solían dejarme los sujetos de pruebas de mis experimentos. El ratio de supervivencia ante mis magníficos artefactos era de 1 de cada 100, algo en lo que estaba trabajando para mejorar. En ambos lados había una consecución de estanterías llenas de libros de cuentas y matemáticas y cada 5 metros había unos tubos que transportaban mi energía.

El laboratorio K.O.N.G era magnífico, yo mismo lo abastecía de energía renovable gracias a mi condición. Uno de mis más brillantes inventos. La electricidad circulaba por toda la sala desde mi mesa, la cual se encontraba a 30 metros de la puerta y estaba llena de probetas, receptáculos y papeles de mis libretas de aluminio completamente comprimidos y convertidos en bolas de ideas desechable y que no estaban a la altura de un científico como yo.

Por lo demás, fuera de las estanterías y el cableado, la sala era completamente austera, el suelo era de un color gris hormigón y el techo estaba compuesto de placas de cartón yeso superpuestas a 15 metros de altura con plafones de luces cada 5 metros, que recibían la energía de mis magníficos tubos. Aquella sala era alta, por lo menos lo suficiente para que alguien tan grande como yo no se sintiese completamente agobiado. Sobre el hormigón, cerca de la entrada, a 3 metros de ella había manchas de sangre, heces y pis.

Si el plan se había llevado a cabo, debería tener nuevos sujetos con los que experimentar antes de que el jefe se llenará los bolsillos con sus vidas y me diera otra buena subvención por mis capacidades mentales que tarde o temprano nos llevarían a la vanguardia de la tecnología.

- UH UH. Pasad pasad- Dije mientras daba un salto con mi cuaderno en la mano y me ponía sobre la mesa, justo a 30 metros de la entrada - Tengo que probar la fase dos del KONG O LEÑO. Es un nuevo fármaco de la verdad… O eso se supone, pero lo único que he conseguido hasta ahora es generar en los sujetos de pruebas fuertes diarreas y unas ganas irrefrenables de mantener relaciones sexuales con sus familiares. Pero ¡Va! Son pequeños inconvenientes - Les gritaba a 30 metros mientras esperaba a que mis tímidos pacientes pasaran hacia el laboratorio K.O.N.G - A vuestra derecha tenéis la zona de seguridad - Seguí con la voz alzada para que me escuchasen sin problemas - Poneos los grilletes entre vosotros por favor - a la derecha de la salida había unos ganchos con grilletes ajustables al tamaño y forma - Si tengo que hacerlo yo corremos el riesgo de que os parta las muñecas… Y sin muñecas no vais a poder trabajar en el algodón. Así que poneos los grilletes - terminé reafirmando mientras ponía mi mano derecha sobre las hojas de mi cuaderno y esperaba a que mis nuevos muñecos de pruebas además de obedientes fueran resistentes, por que había aumentado la dosis de edipotina en el KONG O LEÑO esperando que muchas más ganas de fornicar con los progenitores ayudara a que con la gente dijera la verdad con más facilidad.
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OFF
#7
—Hablo—
—Pienso—

La sensación de presión que aprisionaba mi pecho no se desvanecía, aún no me recuperaba de esa sensación de angustia que se había apoderado de mí al levantarme en aquel zulo oscuro. Mientras esperaba a que la puerta se abriese para golpear al primero que entrase, podía sentir cada latido de mi corazón, resonando como un tambor furioso, pero este sonido se vio ridiculizado por un “Click” que dio paso al funcionamiento del mecanismo que abría la puerta. 

Estaba listo, preparado, golpearía a cualquiera que cruzase esta maldita puerta… Pero nadie entró, solo el sonido de una voz que nos invitaba a entrar. Miré directamente a Sigrid y asentí con la cabeza —Entraré primero— Y así hice, cruzando el marco de la puerta con decisión. Una vez al otro lado de la puerta, un haz de claridad chocó contra mi rostro, obligándome a entrecerrar mis párpados para así evitar quedar cegado por la luz que emanaba de la sala, mis ojos estaban sensibles después de acostumbrarse a la penumbra. 

Avancé dos metros, deteniéndome justo delante de un charco de sangre y excrementos —Uwww… Qué asco— Musité con una evidente expresión de desagrado en mi rostro. El lugar parecía ser un laboratorio, lleno de estanterías, tubos y cosas científicas, nada del otro mundo si ignorábamos las evidentes marcas de brutalidad que yacían delante de mí. Ver esta escena atroz hizo que mis patas abdominales se abrazaran sobre mi cuerpo, en un intento por contener mis ganas de potar.

La persona que nos había invitado a entrar resultó ser un ser de gran tamaño, vestido con uniforme de marine, increíblemente peludo y con aspecto de mono, esto me recordaba a Gorgie, aquel mono sí que era una verdadera amenaza —¿Será un usuario de Akuma No Mi?— Pensé, pero la tranquilidad que sentía al estar junto a otro compañero de la Marina se desvaneció en un instante una vez comenzó a dar la chapa, por lo que decía, era evidente que, una vez más, me encontraba de frente con un sucio traidor… No solo eso, además de traidor, un fracasado. ¿Qué efectos secundarios eran esos?

 No podía dejar que este simio le hiciera algo a mi compañera o a los civiles, eso sería sobre mi cadáver. —Sigrid…— Exclamé con decisión, a medida que un caparazón brotaba de mi espalda, acompañado por una gruesa garra en mi mano izquierda y mi cabeza daba paso a la de una especie de tortuga gigante, adornada con escamas que cubrían todo mi cuerpo, otorgándome una segunda capa de protección. —Cubre a los civiles, desde mi espalda ¡Yo avanzo!— Si de algo me servía la fortaleza natural que mi fruta me otorgaba, era para para proteger a los demás, y eso es lo que haría. Con los bracitos cortos y una cabeza que apenas sobresalía de mi caparazón, estaba listo para encargarme de él.

 Salté el charco y entonces me dirigí a aquel primate, que se hacía pasar por científico, con pisadas firmes, que se hacían notar una tras otra, y le apunté con el dedo índice de mi brazo izquierdo sin vacilar —¿Esto es el resultado de tus experimentos?— Haciendo clara referencia al charco del suelo —¡Solo eres un fracasado, y un vago! Si quieres ponerme los grilletes, hazlo tú mismo— Tras avanzar un tramo importante de la distancia que nos separaba, me puse en guardia, listo para enfrenar de cara a este pseudo-mono-marine o lo que fuese, siempre con una sonrisa desafiante y confiada en mi rostro.
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Cajita de Tortuga
[Imagen: Gemini-Generated-Image-j5xm8yj5xm8yj5xm.jpg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2714 + 0 = 2714
Energia: 2590 - 16 = 2574
Espiritu: 474 + 0 = 474
#8
La puerta se abrió con un chirrido seco y Juan fue el primero en moverse, cruzando el umbral sin dudar. Sigrid lo siguió al instante, asomándose apenas un segundo antes de entrar por completo, y en ese preciso momento la luz la golpeó de frente como una pedrada. —Carallo— cerró un ojo por reflejo, llevando una mano al rostro mientras su vista se ajustaba poco a poco. El cambio fue brusco, de la penumbra cerrada a una iluminación blanca, casi enfermiza, parpadeó varias veces hasta que las formas comenzaron a tomar sentido y lo que vio no le gustó en lo más mínimo.
 
Era una sala amplia, pero extraña, demasiado extraña. Mesas que parecían de cirugía, algunas manchadas, otras cubiertas con telas mal colocadas. Estanterías repletas de libros que no parecían precisamente ordenados, más bien acumulados con prisa o descuido, tubos recorriendo paredes, suelo y techo, transportando algo que Sigrid no alcanzaba a identificar, pero que no le inspiraba nada bueno. El aire mismo tenía un olor raro, mezcla de metal, medicina y algo más algo que no quería reconocer. —Esto no huele a nada bueno, quédense detrás de mí— comentó a los civiles detrás de ella.
 
Y entonces lo vio, al fondo de la sala, separado de ellos por el espacio lleno de ese equipo extraño, había un hombre que vestía uniforme de la Marina, pero algo no encajaba. Su postura, su cuerpo, su apariencia, sus palabras. Había algo en él que rompía con la normalidad, algo que no cuadraba con lo que Sigrid entendía como un marine, entonces entrecerró los ojos, y lo analizó un segundo más y entonces habló, con esa naturalidad suya que rompía cualquier tensión. —Juanchi— empezó, inclinando ligeramente la cabeza mientras avanzaba un paso dentro de la sala, ahora sí pudiendo estirarse por completo gracias a la altura del lugar.  —¿Acaso ese es el hermano con esteroides del monito aquel, junior, o gigi o Garfield?— Hizo un gesto vago con la mano, restándole importancia al nombre. —Bueno, el de la selva pues.— Terminó de acomodarse, tronando el cuello hacia un lado, completamente erguida ahora, su sombra alargándose bajo la luz artificial, sus manos volvieron a abrirse y cerrarse lentamente, preparándose sin necesidad de adoptar una postura exagerada.
 
La sonrisa regresó a su rostro, pero no era del todo alegre esta vez, era expectante. —Oye— añadió, esta vez alzando un poco más la voz, dirigiéndose directamente al sujeto del fondo. —Ese no es el vocabulario que utilizaría un marine hacia sus compañeros y civiles. — Sus ojos azules se clavaron en él, firmes. —Así que más te vale explicarte antes de que piense que Juanchi y yo tengamos que arreglar esto a golpes. — Y aunque su tono no era un grito, había algo claro en su postura, en su presencia. Si el mono ese estaba lejos, pero no iba a dudar en golpearlo si era necesario.
 
Sigrid no dudó ni un segundo cuando la orden salió de boca de Juan. Su cuerpo reaccionó antes que cualquier pensamiento, dando dos pasos firmes hacia el frente hasta colocarse justo entre los civiles y el resto de la sala. —Adelante, Juanchi. — respondió con naturalidad, sin apartar la mirada del tipo al fondo y entonces se plantó, abrió su postura por completo, los pies bien separados, las rodillas ligeramente flexionadas y los brazos extendiéndose lo justo para cubrir más espacio, como si su propio cuerpo fuera un muro vivo. Desde fuera podía parecer incluso exagerado, casi teatral, pero no lo era. Era instinto puro, protección directa, sin matices, es lo que hace un marine.
 
La vikinga se convirtió en una barrera, una enorme, su sombra se expandía bajo la luz artificial, cubriendo parcialmente a los civiles detrás de ella, dejándolos fuera de la línea directa de cualquier posible ataque. No miró hacia atrás ni una sola vez, no lo necesitaba, sabía que estaban ahí, sabía cuál era su papel. —Nadie pasa.— murmuró, más para sí misma que para los demás, apretando ligeramente los puños. Sus ojos no se despegaron del supuesto marine. Lo analizaba ahora con más cuidado, no solo por su apariencia extraña, sino por el entorno en el que estaba, todo en esa sala gritaba problema, y ese hombre era el centro de todo, el recuerdo de aquella presión abrumadora seguía en el fondo de su mente, como una advertencia silenciosa.

Cosas Vikingas
[Imagen: Ndhw6vS.jpeg]
#9
Atributos Personaje


El constante tamborileo de su corazón seguía ahí, sentía sus oídos como si alguien los estuviera pulsando desde dentro de su cráneo cada segundo. En sus manos sentía el frío metal que adornaba su cuello como al de un esclavo más, y eso lo tenía intranquilo. Resguardaba su espalda contra la pared, al menos así vendría venir la muerte de frente si ese fuese el caso.

Las otras tres personas también comenzaban a despertar de su abrupto letargo, quizás obligado como él, y poco a poco se ponían en pie, a cada uno más grande que el anterior. Por un momento eso evadió su mente por un instante, pensando que él se creía grande por lo general pero tenía poco que hacer contra los gyojins o la mujer. La primera fue la gyojin de tonos amarillentos que, tras observar su cola, podría asumir que era como un tiburón o algo parecido. El moreno se quedó mirándola por un segundo tras presentarse, al menos sabía de que se trataban aquellos collares, por lo que podía empatizar mejor con la situación.

El segundo y la tercera, fueron el gyojin con aspecto de cangrejo con sus tonos rojizos apenas distinguibles en la oscuridad, y la mujer, de un físico portentoso, que apenas cabía en la habitación. El primero se presentó y presentó con ello a la segunda de forma indirecta. En este caso dos marines, lo que hacía que el lunarian se sumiese más en la incertidumbre. - ¿Qué hacen dos marines capturados y con un collar? - Pensó, podía entender que él mismo y la otra gyojin fuesen apresados. ¿Pero marines? Estaba seguro que alguien los echaría en falta si desaparecieran así como así.

Juan se acercó a la puerta seguido de Sigrid, casi como si aquello fuese el pan de cada día, casi sin temor. Quizás estaban actuando, quizás tenían que seguir jugando a su papel de soldados si es que tenía civiles delante, aunque el lunarian ya llevaba unas cuantas bajas confirmadas por el acero de su hoja. Cerró los ojos por un instante, intentando calmar parte de aquel nerviosismo que sentía potenciado por un haki ajeno. Forzó a sus pulmones a seguir el ritmo usual y, aunque fue imposible tal hecho, si que logró rebajar el número de veces que respiraba.

El espadachín apoyó la palma de su mano contra la pared que tenía detrás y se ayudó para levantarse arrastrando su espalda y alas conforme se erguía. Su cuello pesaba, estaba entumecido probablemente por haber estado en la misma posición un tiempo al igual que sus manos y pies, los cuales chasquearon en cuanto devolvió la carga de su peso hacia ellos. No dijo nada, no se presentó, solo los observaba, desconfiado. Esta situación era lo suficiente surrealista como para mantenerse alerta.

Intentó abrir sus alas al sentir su corazón menos crispado, aunque aun latente por un terror que no podía ver, solo sentir. Sus alas le hicieron caso y se estiraron, e incluso vibraron como cuando uno se desperezaba al despertarse.

El chasqueo de la puerta hizo presencia y eso erizó los sentidos de nuevo por un instante, aunque intentaba imitar la resolución que los demás pretendían.

No sabía quienes eran, si sus nombres, pero no los conocía así que el hecho de que un par de marines se ofreciesen como un muro de carne frente a la puerta no le parecía una mala opción, quizá aquello pudiese servir como carnada para aprovechar e intentar escapar con su hoja por delante. Dio dos pasos hasta colocarse detrás de la mole roja. La repentina luz molestaba, así que alzó la palma sobre sus ojos para intentar ver algo hasta que sus ojos se desacostumbrasen a la penumbra de su habitación de hotel.

Al fondo de la sala, una voz que se pronunciaba al ver a los cuatro individuos a las puertas de su lujosa habitación. El lunarian no tardó en ver por encima de la mole roja y ver a otra gran figura, que desde la distancia no podía asegurar que fuese más grande que ellos, pero desde luego parecía corpulento. - Genial, un chimpancé. Por eso huele a cerrado - Disparó al aire como si nada, en su voz apenas había una fluctuación que daba evidencia de su real nerviosismo. Sus ojos se pasearon por la sala con una torpe rapidez. Parecía una sala de estudio. Mesas, estanterías adornadas de libros, tubos que había repartidos por todas partes, recipientes de cristal con a saber qué cosa dentro y, después de salir por el umbral de la puerta descubriría que a su derecha había una habitación más a la que después el gran mono llamaría ''sala de seguridad''. Pero lo que captó su atención sin duda fue los resto de sangre y excremento frente a la puerta. Miró hacia las paredes y suelo, parecía hormigón. Luego miró al techo, solo necesitaba saber el hecho de cuanto espacio tenía para maniobrar si es que se veía obligado.

El mono hablaba, como dueño de aquel lugar, alguien que hacía experimentos con otro, algo a lo que sin duda no quería someterse, como mismo hacían ver el resto de sus acompañantes. Parece que la confrontación era inevitable y bastante justificada, el lunarian haría lo necesario para salir de allí y reencontrarse con Cill y Miyori. ¿Les habría pasado lo mismo? La espalda del gran molusco frente al moreno estaba metamorfoseando y aquel caparazón de cangrejo pasaría a parecer más el de una tortuga, su tamaño incrementaría considerablemente, ya le sacaría perfectamente más de un metro de diferencia en altura.

Nervioso llevó su diestra hacia la empuñadura de su katana mientras que con la izquierda arrancaría un par de plumas de sus alas, cinco o seis quizás que guardaría en su bolsillo izquierdo de la camisa a excepción de una. Desenvainó su arma con lentitud, con la escasa seguridad que le daba tener un muro de carne delante, y llevó la pluma hasta el filo haciendo un ligero corte en la parte central de la pluma con disimulo. Al igual que había hecho Juan, la pluma se transformaría en un plátano. Había tenido la peor idea que podía tener, provocarlo. Igual eso ayudaría a que perdiese los papeles y el muro de carne podía hacer su función.

Sus alas batieron el suelo una vez cruzado el umbral de la puerta, justo antes de llegar hasta al charco, y alzó el vuelo, intentando mantenerse tras la silueta de Juan. Le daba igual que aquella mujer se quisiese interponer como otra defensa, el veía más solida la figura de un cangrejo transformado en tortuga gigante, por lo que se deslizaría a un lado de su figura e iría por delante de esta. Se asomó por un lado de la figura de este y le lanzó el plátano que había creado, no para golpearlo, solo era necesario que lo viera, con eso igual podía remover algo. El plátano circuló el aire, quizás dos o tres metros antes de caer al suelo o sobre una mesa. - Ya lo has oído. Toma, para que esperes sentado - Intentó forzar una sonrisa picarona, pero el sudor frío sobre su frente y lo torcido que estaban sus labios evidenciaban que estaba bajo la influencia de algo que lo asustaba. Con ello avanzó dos metros tras la gran mole tortuga hasta algún punto, esperando un hueco o una apertura, ya sea para huir o para meter una puñalada trapera. Su instinto de supervivencia chillaba.

cositas
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1122 + 0 = 1122
Energia: 926 - 16 = 910
Espiritu: 141 + 0 = 141
#10
- ¿Uh uh? - me pregunté arqueando una ceja al ver que no estaban haciendo para nada lo que les había pedido.

La luz tintineo en la sala. Había una pérdida de energía. ¿Qué estaba pasando en el edificio?

El gyojin con ropa marine cuchicheo cualquier sin sentido. Mientras hablaba con su compañera y un moreno alado salía tras ellos, emprendiendo el vuelo tras el centollo justiciero.  Mis ojos destellaron con colores azules mientras atendía con una mirada desagradable el salto del camarón.
El cangrejo pasó por uno de mis tubos, recibiendo un chispazo en el camino, aunque parecía una barrera inexpugnable, pues no pareció amedrentarse ni mucho menos ante el dolor.
Arranque con mucho disgusto una de las hojas de mi cuaderno mientras la apretaba con la fuerza de mis manos de inventor de éxito. Mi cuerpo empezó a chispear con un sonido eléctrico de fondo mientras mis pelos se crispaban. Mi mano derecha sostenía el cuaderno, que empezó a recibir mi electricidad y los rayos salían de sus hojas estallando en latigazos azules sobre ellas. Mi cuerpo recibió esa electricidad, la domino y mis ojos y mi músculos se agudizaron hasta el punto de que puede romper mis límites.

El electro ahorra recorría mi cuerpo como mi sangre mink. Mi maldita sangre mink, lo único bueno de pertenecer a esta raza inferior de idiotas y animales era la capacidad de ser un fuente de electricidad perpetua e inagotable.

La gamba andante profirió una amenaza o un alarde de valentía. Matemáticamente hablando su comentario tenía el mismo valor que un cero a la izquierda. Aunque si que me daba un poco de miedo que estos nuevos sujetos de pruebas se volvieran en mi contra. El moreno con alas, tras que el otro terminase su corto avance, me lanzó un plátano. Suficiente. ¿TRATARME DE MENOS A MI POR SER MINK?

- ¡OYE! Eso es muy racista por tu parte, ¡NEGRITO VOLADOR! - Grité completamente desencajado mientras con un arco de brazo soltaba la munición que había en mis guantes.

Dwayne y Kassie eran un gran invento, tenían pequeños muelles en las palmas que aumentaban la fuerza con la que lanzaba cosas. Eran de las primeros inventos que había realizado con éxito.

El lanzamiento salió despedido y la hoja de aluminio comprimida por mi brutal fuerza impactó a 25 metros de distancia, reventando uno de los tubos de suministro eléctrico que se encontraban frente a los sujetos de pruebas. El golpe fue colosal, mu fuerza era una fuerza imparable y científica apoderada con el empirismo de la certeza matemática de saber como y cuando realizar un lanzamiento.

El aluminio de mi hoja de papel especial sonó como un trueno contra el suelo y el metal y los azulejos se partieron ante la violencia del movimiento descontrolado que aquel trozo, a primer vista, inofensivo de papel generó.

Todo el suelo se levantó como metralla y los trozos impactaron contra el joven alado y el molusco parlanchín. Su transformación de tortuga se perdió al momento.

- Lo siento mucho - Dije mientras arrancaba otra hoja del cuaderno y empezaba a comprimirla con fuerza convirtiéndola en una nueva munición - pero visto lo visto… Tendré que hacer pruebas con vuestros cadaveres - 
Contenido Oculto

OFF
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2125 + 0 = 2125
Energia: 2290 - 638 = 1652
Espiritu: 108 + 0 = 108


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