Yuuki
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Día25 de Verano || Año 14
Era un día bello en el South Blues, y al sur de Baquella, los vientos cálidos soplaban con la misma paz que siempre. Incluso en la distancia sonaba que alguien tocaba una guitarra de acero con una de esas tonadas tan típicas del grupo de islas. Y por supuesto, también había el ruido de una persecución. Porque no era un fin de semana divertido para Yuuki si no causaba problemas en algún momento del día; y es que ser la hija mayor ignorada de una familia de seres alados con mucho dinero no le dejaba otra opción que buscar atención a través de ser la rebelde y la que había tomado el mal camino. Con eso podían enseñarle a su hermano menor -y actual heredero- qué era lo no debía de hacer.
Para mala suerte de la familia, el pequeño no hacía lo que le pedían sino que buscaba acompañar a su hermana en las muchas desventuras en las que ella se metía. Una actitud que luego traería aciagas consecuencias para ambos.
Pero ese día era distinto. Ese día los dos corrían de los guardias de la familia y hacían algo de escándalo en uno de los pueblos cercanos a la villa de la familia de Yuuki. Su hermano, lunarian, volaba junto a ella mientras huían en compañía.
— ¡Vete por la derecha, idiota! ¡Te dije que te quedaras callado, pero tenías que gritar!
—¡No pude evitarlo! ¡¿Dos Aces son buena mano, no?!
— ¡Ciertamente! ¡Pero no debes decir nada ni hacer gestos cuando juegas al póker!
El pequeño le sacó la lengua a su hermana mayor y logró salir volando a gran velocidad de allí, dejando que la pelirrosa tuviera que ocuparse ahora de los guardias y algunos marines que se habían unido a la persecución. Aún no llegaba a odiarlos, pero sabía que no debía buscarse problemas con las fuerzas militares del Gobierno Mundial, por lo que tendría que dejarse atrapar pronto y hacer la menor cantidad de escándalo con ello. Al final, siemrpe solía zafarse de la reprimenda cuando eran marines los que la llevaban a la casa... y bueno, había una multa, pero era mejor al trato que le daban los guardianes de su propia familia.
Así que luego de darles una buena rutina de ejercicio que duró unos veinte minutos, Yuuki se arrinconó a sí misma en un callejón donde solía ir a flojear cuando no estaba entrenando. Se sentó en su sofá usual y esperó allí a los marines para que llegaran por ella. Eran días felices. Y aunque estaba algo vieja ya para esas andanzas, era lo mejor que podía hacer dado que no se le permitía nada más en ese lugar... desde que el abuelo había fallecido, si ella no buscaba emoción, se moriría de aburrimiento allí en Baterilla.
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Volver a Baterilla nunca era fácil, especialmente por el hecho de que los peores y más duros momentos de su infancia los vivió allí, también los más felices, pero por alguna razón los momentos más duros y crueles pesaban más que los alegres. Igualmente, le habían mandado allí por trabajo y no tenía más remedio que apechugar y tragar. Por suerte sabía que no se encontraría con el hombre que le hizo perder su ojo a golpes, había muerto años atrás tras una gigantesca ingesta de alcohol… No es que eso le alegrará, pero… Bueno… ¿Qué coño? Si que le alegraba. Borracho muerto abono pa mi huerto.
Estaba tranquilamente apoyado en una pared mientras miraba al cielo con aire distraído, pensando en lo poco que le apetecía hacer nada esa mañana, pero un superior le dijo que debía mover el culo pues estaban buscando a una mujer, cuando le dio los detalles no le quedó más remedio a salir corriendo para buscarla. Muchos iban dispersados, y el era otro, pero se sorprendió a sí mismo cuando mirando en dirección hacia un callejón vio a una chica con las características que le habían dado sentada en un sofá como si se hubiera cansado de huir.
Con aire despreocupado se adentró en el callejón, miró a la mujer, sin duda era atractiva… Pero debía centrarse, al menos de momento.
– Hola. – Saludo con aire despreocupado. – Parece que le has dado mucho trabajo a mis compañeros. – Dijo mientras se acercaba a ella, sin pedir permiso se sentó a su lado en el sofá. – ¿Por qué te perseguimos? – Preguntó, mientras sacaba un cigarrillo de su bolsillo y se lo encendía. No es que fumara a menudo, pero de vez en cuando estaba bien para relajarse. – ¿Quieres? – Le ofreció un cigarrillo de la cajetilla.
Después de todo esa chica no estaba poniendo problemas en principio, y seguramente si se había dejado atrapar era porque tampoco tenía intenciones de pelea, igualmente el no se relajaba del todo, pero tampoco tenía intención de ponerse agresivo con ella, dudaba que hubiera hecho algo tan grave como para ponerse hostil.
– ¿Eres de Baterilla? Yo sí, y odio venir aquí. Viví los peores momentos de mi vida en este lugar. – Se encogió de hombros mientras hablaba. – Claro, solo era un crío pero por eso mismo creo que me marcaron más. – Dio una calada al cigarro.
Fijo su mirada en la mujer y espero a que ella pudiera responder a la cantidad de preguntas que había hecho en apenas un minuto, tampoco es que que esperaba que ella respondiera a todas de golpe como si fuera una automata, pero si que les fuera dando explicaciones, especialmente al motivo por el que sus compañeros marines la perseguían.
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02-04-2026, 02:47 PM
(Última modificación: 02-04-2026, 02:48 PM por Yuuki.)
Yuuki observó al marine que había llegado a buscarla. Parecía una persona bastante conversadora, a diferencia de lo que solía encontrarse allí. No dijo una sola palabra sino que solo sonrió mientras él hablaba; incluso daba la impresión de saber lo que iba a ocurrir después y por eso también daba un aire como si sintiera desdén por todo lo que escuchaba. No era personal, era que simplemente Yuuki no pensaba en otra persona que no fuera ella, y al haber hecho y desecho a lo largo de su vida solo para matar el aburrimiento, ya conocía mucho de lo que podía suceder luego de su escapada.
Finalmente, cuando el chico terminó de hablar, la joven criatura de treinta y trés años se llevó un dedo a su labio inferior y miró hacia arriba. Daba la impresión de ser alguien inocente y puro, aunque había una chispa en sus ojos que decía todo lo contrario.
—Ciertamente... sí, soy de aquí. Bueno. Crecí aquí. Pero mi familia viene del Grand Line. Lamento mucho que este lugar no te divierta... a mí la verdad es que tampoco me entretiene mucho.
Sonrió y caminó hacia él, avanzando a un paso lento pero ligero, dando zancadas largas que parecían poco femeninas si se fijaba en el detalle. No era una pirata. Pero se notaba que interactuaba mucho con ellos, hasta la ropa que llevaba iba más en sintonía con un viajero del mar que con una mujer perteneciente a una de las familias adineradas de la isla.
—Me llamo Yuuki. Y puede que vayamos a tener que hablar más seguido si te quedas en la isla. Suelo poner a algunos de los nervios con mis corridas. Y no me digas que no lo haga. Merezco algo de diversión y, al final, nunca nadie sale lastimado. —Levantó sus manos y se encogió de hombros mientras hablaba, a la vez que sonreía y cerraba los ojos, haciendo un gesto ocmpletamente despreocupado.
A Yuuki por aquél entonces no le interesaba la vida de una mujer de casa. Había hecho que su actitud fuera tan difícil, que no habían logrado conseguirle pareja; y es que la pelirrosa consideraba el hecho de estar unida a alguien como una limitación a su libertad. Ella solo se amaba a sí misma y eso le bastaba; de los demás lo mejor que podría conseguir era admiración y alabanza, lo que siempre era bienvenido. Especialmente cuando apostaba o jugaba y ganaba buenas cantidades de dinero... que se gastaba esa misma noche invitando a todos comida y bebida sin límite. Para alguien que nunca conoció necesidades, todos esos privilegios se le hacían prescindibles. Ella quería simplemente volar.
—¿Cómo te llamas tu? Y no recuerdo verte por aquí, ¿Desde hace cuánto estás lejos de... bueno... este lugar?
Se acercó a él luego de agarrar un par de cartones de jugo. Ofreciéndole uno con la mano derecha mientras que con la izquierda sostenía el otro, del que bebió sin mucha elegancia o malos modales tampoco. Era solo un jugo y lo bebía como se suponía que cualquier persona lo haría.
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Parecía sorprendente que aquella fuera de ese lugar aunque su familia fuese de Grand Line, después de todo se acordaría haberla visto… O no, a veces tenía mala memoria para recordar a las personas y debía hablar o verlas varias veces para poder recordarlas. No obstante, claramente no parecía mentir, aunque a lo mejor si, después de todo encajaba con lo que le habían dicho de la chica que buscaban… Aunque tampoco tenía claro que era lo que había hecho para que la persiguieran. En ocasiones la marina se ponía demasiado estricta por cosas que no tenían demasiada importancia. Soltó un suspiro.
– No es que en mi caso no me divierta, es solo que… Bueno, hay recuerdos dolorosos que no me gusta tener demasiado en la cabeza. – Se encogió de hombros. – No es que todo en esta isla sean cosas malas, pero si me pongo a pesar demasiado, pues… – Volvió a suspirar.
El hecho de tener que hablar más con ella si se quedaba por aquella isla no le sonaba mal, siempre le gustaba interactuar, y si de esa forma también podía evitar que se metiera en problemas, aunque tampoco iba a impedir que fuera de un lugar para otro con sus corridas, y si nadie se hacía daño pues… No entendía por que tanto alboroto.
– ¿Y podrías decirme en qué consiste tu diversión? De esa forma tal vez pueda darte algún consejo para evitarte problemas. – Le ofreció mientras le dedicaba una sonrisa. Realmente se la veía completamente despreocupada, tal vez era cierto que no había hecho nada malo, pero tenia que saber de qué se trataba.
Cuando ella le preguntó por su nombre y cuanto tiempo llevaba sin pasar por allí se quedó pensativo, quizás no era buena idea dar su nombre, pero miró nuevamente a la mujer que tenía delante y pensó que no parecía peligrosa, por lo que pensó que no pasaría nada.
– Me llamo Jesse Spencer, pero puedes llamarme Jess. – Asintió con la cabeza, y luego llevó sus manos a la espalda con aire pensativo – Y la verdad es que vengo por aquí más de lo que me gustaría, no había mucho que me ate a este lugar y lo poco que había ya no está. – Esbozo una leve sonrisa. – ¿Y tú piensas quedarte aquí por siempre? – Preguntó curioso. – Probablemente hay islas más interesantes que podrías visitar. – La miró a los ojos.
No es que él fuese un guía turístico ni nada de eso, pero consideraba que a la gente que había vivido siempre en esa isla se le terminaba quedando pequeña, y nunca estaba de más ampliar un poco los horizontes.
En realidad debería estar avisando a sus compañeros de que había encontrado a la chica, pero no quería hacerlo, después de todo… No le parecía que hubiera hecho nada grave como para que la detuvieran, aunque claro, de momento no conocía los detalles.
De momento…
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Asintió ante el nombre del contrario. Se lo parendería para cuando hiciera falta, aunque seguramente para ello iría a pasar mucho tiempo. Esperaba que cuando fuera realmente necesario mencionar su nombre, no fuera una situación de esas que es mejor ni pensar. Al fin y al cabo, hacerse amistades con la gente que trabaja para el Gobierno Mundial no es precisamente el mejor de los tratos. O quién sabe. Lo que no le gustó mucho a la pelirrosa fue la preugnta del final, ¿Otras islas? Ella estaba atada a Baterilla, le gustara o no. Soñaba con irse. Sí. Pero si ya tenía problemas cuando salía de su casa, no se imaginaba lo que pasaría si salía de la isla.
Se cruzó de brazos y se encogió de hombros, o más bien se enfurruñó. Parecía una vieja jorobada así. Incluso tenía un gesto de fastidio increíble adornándole la cara.
—No me preguntes si me quiero quedar aquí. Ciertamente no es el lugar más emocionante. Y lo de hoy es lo más divertido que llegaré a hacer. Al menos mientras mi familia siga siendo lo que es.
Se estiró y dio unos pasos para quedar atrás de Jess, mirando en dirección al camino que lleva al puerto. La cara se le volvía a iluminar conforme dejaba de pensar en las limitaciones que le daban sus padres y en las infinitas posibilidades de aventuras, emociones y verdadera libertad que le daba el Mar Azul. Incluso se le escapó una risita solo de imaginarse en un barco, navegando y yendo allá donde pocos se atrevían.
—No tienes la culpa de que yo no pueda irme de aquí. Pero si realmente lo quieres saber... yo sueño con encontrar un lugar perfecto donde poder descansar luego de haber visto el mundo, luego de conocer el mar en toda su extensión. Quiero ver cómo son las riquezas de los pueblos más allá de Baterilla. Sentirlas en mis manos. Y quizás ganar un poco más... —La voz le sonaba emocionada, hasta se sonrojaba de solo pensar en oro, joyas y dinero... era una codiciosa. Y Jess lo podría notar fácilmente—. Eso es lo que quiero, Jess.
Se giró y luego puso sus manos detrás de su espalda, inclinándose un poco al frente para que él pudiera verla mejor ahora.
—¿Y qué sigue ahora? ¿Me llevarás con mi familia y reclamarás una recompensa? Pídeles. Nada me gusta más que cuando se enojan porque tengan que pagar por cualquier cosa que los marines o los guardias quieran cobrarles. Si no me encerraran o me pusieran guardias todo el tiempo, te aseguro que no causaría ningún problema...
Dejaba muy a la vista que Yuuki no era especialmente apegada a su familia. Y es que la birkaniana vivía en un grupo familiar bastante estricto y con normas un tanto conservadoras. Y como ella no había logrado casarse en sus años más jóvenes, ahora se cobraban manteníendola encerrada y vigilada todo el tiempo. Ella no lo sabía, pero le buscaban utilidad de otras maneras, aunque el que no tuviera otra habilidad más que disparar un arma complicaba las cosas. No se podía unir a la marina por su clara indisciplina y tampoco la querían los guardias de la isla.
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Todos en realidad buscaban un lugar perfecto en el que encajar, y aunque era cierto que la Marina no era el lugar con el que Jesse había soñado, si que era cierto que al menos tenía la oportunidad de ayudar a la gente y evitar que recibieran castigos más duros de lo que merecían. Puede que no tuviera todo el poder necesario para ayudar a más gente, pero al menos hacia lo que podía, que en principio, aunque no fuese para tanto, al menos podía ayudar aunque fuese a una minoría, y claro, detener a gente que hacía cosas horribles.
– Bueno, en mayor o menor medida todos aspiramos a algo parecido. – Se estiró colocando los brazos tras su cabeza. – Y en algún momento me consta que lo encontraras, no pareces el tipo de persona que se conforma y se queda sin hacer nada. – Le dedicó una sonrisa.
Tras preguntarle que era lo que seguía, Jesse se la quedo mirando y cruzó los brazos un momento, para después llevarse la mano a la barbilla con aire pensativo, realmente seguía sin saber que era aquello “tan horrible” que había hecho como para que la persiguieran y como él no había visto ningún delito flagrante no podía detenerla, y menos sin pruebas.
– No puedo detenerte, no he visto que hayas hecho nada malo, ni tengo pruebas. Eres totalmente libre. – Dijo dándole a entender que no tenía intención de detenerla, y menos considerando que había hecho nada malo, a pesar de que no estaba seguro. Pero como ni siquiera se habían molestado en explicarle por qué había que detenerla… ¿Por qué lo iba a hacer?
Probablemente si alguien le viera actuar de esa manera le podría caer una buena bronca, pero es que realmente él estaba en contra de las detenciones absurdas y probablemente por tonterías, el mismo en ocasiones robaba sin querer, por una mala manía que había obtenido de pequeño y tampoco consideraba que fuera justo detenerlo, en la mayoría de ocasiones era alguna moneda u objetos que apenas tenían valor real.
– Pero ya que te voy a dejar marchar… – La miró – ¿Me puedes decir que eres presuntamente culpable? – Bromeó usando el “presuntamente”.
No creía que fuese nada importante, no parecía una mala persona, y estaba convencido de que seguramente era una chiquillada que alguien se la había tomado peor de lo que era en realidad.
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No más de escucharlo hablar, dejó escapar una carcajada vibrante, sonaba como si fuera un chancho riéndose. Literalmente.
—¡JRAH JRAH JRAH JRAH!
El sonido rebotó en las paredes del callejón, mientras que a la distancia la guitarra de acero que seguía sonando en algún rincón de Baterilla adornaba aún la escena. Terminó de un trago su cartón de jugo, lo lanzó al aire con un movimiento despreocupado y lo atrapó de nuevo antes de que tocara el suelo, se sorprendía a sí misma de lo hábil que había lucido, aunque en realidad solo había tenido suerte con la maroma.
—¡Ojalá se ponga de modo eso! Un marine con criterio propio. Eso sí que es una rareza en esta isla, Jesse Spencer —exclamó, manteniendo una postura relajada por completo. Se dejó caer de nuevo en el viejo sofá, y luego apoyó los pies sobre una caja de madera. Le dedicó una mirada cargada de una picardía—. Me caes bien, Jess. Me caes mucho mejor que esos otros reclutas. ¿Sabes que es lo que me gritan? "¡Alto en nombre de la justicia!". Mientras se ponen rojos como tomates porque no aguantan ni diez minutos de carrera. Al menos tú tienes la decencia de invitar a un cigarrillo y entablar una conversación antes de sacar las esposas. Es un detalle que aprecio. Ciertamente.
Ante la pregunta sobre su supuesta culpabilidad, Yuuki se llevó una mano al pecho, fingiendo una ofensa indignada.
—Pero. A ver. Vamos por partes. Te cuento. —dijo con un guiño—. Sí. Soy culpable de tener suerte y también de tener un hermano menor que no sabe cerrar la boca. Estábamos en una partida de póker en la plaza. Yo estaba desp-, ganando, con maestría a un par de guardias de mi familia y a un gordo. Debiste verlo. Tenía una mano que... —y como a este narrador se le complica, imagina el gesto de Pacha—. ...Pero ahí va mi hermanito gritando como si hubiera visto un milagro en cuanto notó mis cartas. Entonces los otros volcaron la mesa y me acusaron de tramposa. ¿Qué hice? Pues me paré y me cobré el pozo de apuestas por las molestias. —Hizo una pausa mientras ahora jugaba con su pelo—. Técnicamente, me acusan de "alterar el orden público" y de "estafa". Pero yo digo que solo es estafa si no sabes jugar las cartas que te tocan, ¿no crees?
La birkaniana se estiraría luego sobre el sofá como si fuera una gata perezosa, pero sus ojos no se despegaron de Jesse. A pesar de que él le había dado "vía libre", Yuuki no parecía tener prisa por salir corriendo. Igual y ya sabía que correr de nuevo era solo meterse en más problemas.
—Solo para que sepas, tengo los bolsillos pesados de berries que no eran míos hace una hora —dijo, admitiendo de forma pícara su delito—. Si fueras un marine de los otros, estarías registrándome ahora mismo, ¿No? Me has caído en gracia, Jess. Y como no es bueno deberle nada a nadie, y menos a un marine que odia estar en esta isla tanto como yo...
Se puso de pie lentamente y se acercó a él. Sus pasos eran tan coquetos como antes, meneando las caderas a cada zancada y mostrándose completamente confiada. Se detuvo a escasos centímetros de él.
—Hagamos un trato. Así tu mañana no es un desperdicio total. Llévame a casa tú mismo y sin la compañía de los otros. Y te llevarás un poquito de pasta. —Metió la mano en su bolsillo y sacó una moneda, una de las que había ganado en la partida, y empezó a hacerla bailar entre sus nudillos con una habilidad juguetona—. Dijiste que "lo poco que te ataba a este lugar ya no está", pero yo no lo veo así, ¿Sabes? Seguro que podemos hacer más tratos a futuro tu y yo.
Se inclinó hacia su oído, bajando la voz hasta convertirla en un susurro, mientras ahora los dedos de su otra mano tamborileaban incesantemente sobre el hombro contrario.
—¿Qué dices? ¿Vas a ser un buen marine y llevarme con tus amiguitos, o vas a aceptar la invitación de una dama que te ofrece algo de emoción en este pueblo?
Dicho aquello, se separó de él y luego se quedó allí, de pie frente a él, esperando su reacción con los brazos ahora cruzados y una ceja levantada.
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El haberse llevado unas monedas no lo consideraba un delito como para que la persiguieran, de hecho, consideraba que un delito tenía que tener algunas características específicas cómo realmente hacer algo que le afectara a alguien de una forma significativo, el hecho de robar unas monedas no le parecía algo lo suficientemente importante como para que alguien fuera perseguido, hasta el de vez en cuando se llevaba la propina que los camareros no alcanzaban a coger… Aunque era verdad que muchas veces lo hacía de forma inconsciente, pero eso eran otros detalles que poco o nada tenían que ver.
– Imagino que no les habrás pegado una paliza para llevarte ese dinero. – Se encogió de hombros. – Para mi eso está muy lejos de ser un delito. Tengo una moral muy flexible y para considerar que algo merece ser perseguido debe ser algo bastante grave. – Se encogió de hombros. – Y en tu caso no lo es. – Sentenció, convencido.
Cuando la mujer se acercó a él con esos andares coquetos, y le mostró la moneda, hablándole de tratos que podían hacer a futuro ella y él, se la quedó mirando a los ojos, no le importaba hacer algún trato con ella, pero considera que no debía aceptar un soborno, pues eso si era un delito, pero no cometido por ella, si no por él. Hasta el tenía unos límites para ese tipo de cosas, simplemente no debía aceptarlo.
– Mientras no sean sobornos, acepto cualquier otro tipo de trato… – Aclaró por si acaso.
Mientras tanto observaba como la moneda se movía entre los dedos de ella, parecía bastante hábil, imaginaba que no era la primera vez que hacía aquello con la moneda, y en caso de serlo… ¡Cómo dominaba la tía!
Posteriormente la chica le habló al oído ofreciéndole algo de emoción… ¡Espera! ¿De qué tipo de emoción estaba hablando? Y es que Jesse no era tonto, y conocía los mensajes subliminales, pero en ocasiones necesitaba que se lo dejasen claro, especialmente para asegurarse de que no estaba entendiendo mal a la mujer.
– ¿De qué tipo de emoción hablamos? – Se separó ligeramente, y ladeando un poco la cabeza, clavó su único ojo en los de ella.
Siendo claro, necesitaba saber si le estaba tirando los tejos, o se trataba de alguna otra cosa que él mismo no se había percatado… Por eso, siempre, siempre le gustaba que las personas fueran claras con él, era mejor eso a pensar que se referían a algo y luego no tuviera nada que ver…
En alguna ocasión malinterpretando a una mujer se había llevado algún bofetón y lo cierto es que no quería que le volviera a pasar.
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Un mechón de cabello se le fue aflojando por encima de la cara mientras esperaba la respuesta de Jesse, y cuando al fin la tuvo, ella resopló tirando el mechón a un lado. Hasta parecía desinflarse un poco; ¿Es que rechazaba la opción de ganar lo que fuera que le diera la gana? Ela le ofrecía todo lo que pudiera pedir, y él ahora aparentaba ser un marine correcto y bien portado. Si se estaba haciendo el tonto, lo estaba haciendo mal y ella no iba a durar interesada mucho rato. Yuuki era juguetona, pero no jugaba sola, no. Era un juego de "toma y dame" cuando se trataba con la pelirrosa.
Se rascó la nuca con la mano derecha y miró hacia abajo, como si estuviera realmente tratando de aguantarse las ganas de decir lo que se le viniera a la cabeza. Al fin y al cabo, estaba frente a un marine uniformado y ya suficiente tenía con que no le estuviera echando mano encima y llevándola escoltada a una celda o a la casa de su familia para cobrar alguna fianza.
—Realmente no eres el más brillante... lo siento mucho. —Dijo finalmente, y aunque no había sido para nada amable con ello, el tono en el que lo dijo lo hacía sonar como un comentario tierno. Y bueno, también pudo haber sido peor—. No te estoy ofreciendo entretenimiento para niños, Jesse. Estas grandecito y yo también. Y en este pueblo NUNCA pasa nada... vamos, que no es difícil de entender.
Levantó la cara y lo miró a los ojos. Aunque ya no se la veía entretenida como antes sino que más bien estaba decepcionada.
—¿Y si me dices qué piensas hacer ahora y nos ahorramos el que yo tenga que hacer todo por mi cuenta otra vez? O bien puedes llevarme a casa y cobrar la fianza que se le debe al gobierno de la isla por las molestias que causé. Realmente ya no me importa. Adelante, marine. Haz lo tuyo.
Estiró luego ambos brazos y juntó las muñecas, entregándose y no dijo una palabra más luego de eso. Ni siquiera miró a Jesse después de lo que había dicho sino que miró hacia el cielo, a las nubes. Se preguntaba si se aburriría siendo una nube en el cielo, simplemente flotando y dejándose llevar por el viento; libre, de cierta manera, y solo con la preocupación de que lo peor que pasara es que se cargara de agua y tuviera que llover. Sin duda empezaba a envidiar la aburrida vida de las nubes... que en todo era menos aburrida que su propia vida. O al menos así lo consideraba ella.
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