[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 2)
#11
Todos entran en la Sala de Conservación Polar y son testigos de la grandeza de mi discurso. La presencia, la puesta en escena... Menos por mi apariencia espantosa, todo es digno de la mano derecha del siempre bellísimo Landon... Seguro que él ha tenido también su entrada triunfal y ya debe de haber acabado con sus enemigos unas salas más allá. Ni siquiera habrá tenido que mover un dedo, con su sola aparición se habrán postrado a sus pies, como deberíamos de hacer todos, sobre todo la guarra de Jari. Y como deberían de hacer estos muertos de frío conmigo... Pero... ¡¿ACASO ME ESTÁN IGNORANDO?!
La panda de fracasados decide no hacer caso a mis palabras, declinan por completo la idea de matarse entre ellos y en consecuencia, de que al menos uno de ellos sobreviva. Gélidos inconscientes. Encima de que les doy una oportunidad, se dedican a actuar con hermandad y compañerismo barato. Cada uno con lo suyo, pero cooperando para salir de aquí. Repulsivo. Aún así, no entiendo su estrategia... El coloso del mar decide hinchar la rodilla y ponerse a la altura de las mujeres, dejando su gigantesca arma en el suelo, quedando desarmado voluntariamente.  Ellas parecen tener la intención de subirse en él ¡¿Acaso pretende hacerse el héroe delante de las chicas, de hacer de escudo humano?!  Escalofriante... ¡¡ES UN FRESCO!! Odio a los tipos cool que se las dan de caballeros y odio aún más a los que me roban el protagonismo... ¡Lo va a pagar caro!
Antes de que ninguna de ellas tenga la osadía de tocar la musculosa espalda del titán, me lanzo furioso por no haber podido terminar mi oratoria a gusto y estar siendo ignorado. El impulso es brutal, atravesando la sala de lado a lado de un solo salto hasta alcanzar el rostro cabizbajo del Wotan. En el recorrido, consigo maniobrar ágilmente con diferentes tirabuzones, para cuando lo tengo a tiro, ejecutar una pirueta circense y lanzar un puñetazo en un arco descendente contra su cabolo, empujando su cabeza para que se coma el suelo. ¿Quieres estar a la altura de las mujeres? ¡Ahora estás por debajo!
Aterrizo sobre su cabeza con gracilidad artística, como si mi cuerpo fuera tan liviano como una bandera y estuviera acostumbrando a las acrobacias. Ni siquiera el Chico Maravilla sería capaz de hacerlo con tanto estilo. Ambos pies juntos, de puntillas. He aterrizado así mil veces antes, y desde mucho más alto. Pero nunca es tan satisfactorio como cuando lo haces sobre el cuerpo ajeno de aquellos que presumen de valentía y honor. Miro a las tres bellezas frente a mí, las que pretendían escalar a mi amigo el pez. Son asquerosamente hermosas. Seguro que Landon es feliz con esclavas así.

-Vamos chicas... No seáis frías conmigo.- suelto con la voz más amable que tengo, aunque suene estridente y enferma. Sobre el Wotan abatido, extiendo los brazos al cielo y formo una Y con mi cuerpo completo. -¡Arrodillaos y suplicad por vuestras vidas, solo así os dejaré vivir!-

El ego y el orgullo me ciegan, ¿pero es que acaso merezco menos? Mi arte y habilidad dejan helados al público y en la cima de la montaña hace demasiado frío para los segundones. Que saquen la bandera blanca o que mueran como perros esclavos, víctimas del mayor espectáculo del mundo.

Próximo turno

Aclaraciones y Valoración

Sala de Conservación Polar
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2112 + 0 = 2112
Energia: 2185 - 110 = 2075
Espiritu: 195 + 0 = 195
#12
En el instante exacto en que el gigante azul se inclinó hacia nuestras alturas y nos dio la señal de treparse a su cuerpo, la situación cambió por completo a un momento más hostil, más impredecible. Así comenzaba el juego del gato y el ratón, y para nuestro infortunio, nos encontrábamos atrapados dentro de un congelador.

Imprescindible ante mis ojos, imposible de captar sus acciones fugaces, como si todo hubiera ocurrido en un parpadeo, aquella enigmática criatura, el señor de la marina, propinó sin misericordia ni indicio de amistad, un golpe certero desde arriba para lograr encajar la mandíbula del señor azul hasta derribarlo por completo al suelo. Mi mirada azulina se fijó de inmediato en el aterrizaje de Arnold, ahora erguido sobre la cabeza de su víctima. Instintivamente sentí el impulso de proteger con lo único que tenía a mano, mi arco y sus flechas, manteniéndolos en posición de disparo por si surgía la oportunidad de actuar.

Me asusté ante el cambio de las circunstancias. Habíamos entrado a la sala congelada con esa escarcha blanca cubriendo nuestros pies, y frente a nosotros estaba un hombre que nos invitaba a la guerra y la muerte súbita, un hombre que parecía querer vernos sucumbir de manera denigrante, despojándonos de la esperanza, esa única razón de vida. ¿Acaso eso significaba ser esclavos?

— S-señor Re-red…flags… —- Vocalicé suave y a la vez en tono alzado, el timbre de mi voz reflejaba el miedo evidente hasta los huesos, y eso que también estaba bajo los efectos de un frío insano. Vapor contenido escapaba de mi boca por la crueldad de la temperatura, mientras me aferraba al arco con escalofriante fuerza — D-disculpe…—  ¿Diálogo?, no lo sé, todos estamos abiertos a escuchar y responder, ¿no?.

—- No escuché muy bien antes… —- Quería ser cuidadosa con lo que intentaba decir, articulando cada palabra de manera pausada, mientras un ligero temblor recorría mi cuerpo, sin saber si era consecuencia del terror de la experiencia pasada en el ferry, de morir para despertar en algo más espantoso, o si ante mis ojos miraba al mártir con nuestras vidas en sus manos  —- Entiendo que… nos dejará vivir sí…—- Mis ojos azules inspeccionaba cada parte de su cuerpo, me asombraba la manera tan ágil de sus movimientos, como si no pesara nada, como si fuera el aire mismo al moverse, pero también era algo difícil de matenerle la mirada a causa de su apariencia.

—-Nos arrodillamos por clemencia… —- Repasaba esa posibilidad dentro de mi cabeza, al final solo quería una persona, una persona y entregárselo como un esclavo a su jefe, ¿Como era?, ah…olvidé el nombre, pero, ¿Habría posibilidad de detener esta situación al cumplir sus deseos? . Mis palabras eran medidas y lentas, pausadas.

 —- Sí lo hago yo…si me entregase voluntariamente…  ¿dejaría marchar a los demás?, sé tocar el violín, cantar... podría tocar canciones muy hermosas a su jefe.

Contenido Oculto


Mi posición era sumamente precaria, medio metro de distancia de la entrada y me moví otro dos metro hacia la derecha intentando no ser afectada por la caída del gigante. Arnold parecía estar en una mediana entre los cinco a seis metros de distancia de nosotras, sobre la cabeza del señor, aunque considerando su velocidad, el Marine en cualquier segundo podría recorrer la habitación entera.

Pero... a pesar del miedo y del terror, había una sola cosa que se internaba más que el frío y la desesperación, fue ver como Arnold Redflags usaba de alfombra al señor azul que un momento atrás intentó protegernos, nadie merecía tal trato… así que no mentí, sacrificaría mi vida por la de ellos tres, si eso los dejaba libres, sin dudarlo… lo haría.

Contenido Oculto


Amphitrite toca la canción
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 698 + 0 = 698
Energia: 555 + 258 = 813
Espiritu: 198 + 0 = 198
#13
En el momento en que me disponía a dar un salto para subirme al gigante azulado, aprovechando altura, ventaja, lo de siempre, me detuve en seco, apenas. Lo justo para no cometer un error muy estúpido, algo cruzó la sala, rápido, demasiado rápido. Mis ojos apenas lograron seguir la silueta antes de que el impacto retumbara en el aire. El tipo más feo que había visto en toda mi existencia y créeme, he visto cosas raras se movió como un acróbata desquiciado, recorriendo la distancia en un suspiro, golpeo al gigante azul y por todos los arrecifes de coral que tremendo golpe.
 
El gigante recibió el impacto de lleno, sin oportunidad de reaccionar, y su cabeza se estampó contra el suelo con una fuerza que hizo vibrar todo alrededor, el sonido fue seco, pesado definitivo, parpadeé, una vez. —Ayayay —dejé escapar bajito, más sorprendida que asustada. Mis dedos, que ya estaban listos para impulsarme, se relajaron lentamente, el plan que tenía en mente se deshizo igual de rápido que había aparecido.
 
Porque esto cambiaba las cosas. Mis ojos se movieron otra vez, más atentos ahora, midiendo distancias, velocidades, posibles rutas de escape. El frío ya no era lo más importante, tampoco el collar, el miedo seguía recorriendo mis venas el recuerdo de esa sensación incomoda, de esa abrumadora fuerza desconocida me afectaba por momentos haciendo que mi corazón latiera con demasiada velocidad, aunque el verdadero problema era la gente. —Vale —murmuré para mí misma, apenas moviendo los labios —Esto ya no es un jueguito raro, esto es peligroso de verdad, glup— Retrocedí medio paso, casi imperceptible, buscando una posición donde pudiera ver más y ser vista menos, porque era claro, el miedo que se colaba por mi cuerpo no quería que yo actuara, y no me importaba la gente a mi alrededor, ni el gigante en el piso, pero si mi propia vida y necesitaba hacer algo.
 
Aunque el miedo hacía que mis piernas temblaran, bueno, no solo el miedo, el frío también estaba haciendo lo suyo, había algo mucho más fuerte empujándome por dentro, sobrevivir. No era la primera vez que sentía eso. Ese momento en el que ya no hay espacio para dudar, en el que pensar demasiado solo te vuelve lenta y ser lenta es morir. Mis manos se movieron solas. Ambas dagas descansaron en mis manos como si siempre hubieran estado ahí, como si todo mi cuerpo recordara exactamente qué hacer con ellas incluso cuando mi cabeza aún estaba procesando el peligro.
 
Y entonces salté, cinco metros en un impulso limpio, ligero, mi cuerpo atravesando el aire con una fluidez que contrastaba con el caos de la sala. Aterricé cerca del cuerpo del gigante, apenas sintiendo el impacto antes de deslizarme hacia adelante, colocándome justo frente a ese tipo, ese maldito tipo. —¡Voy a cumplir mi CAPRICHO contigo! —grité, mi voz rompiéndose entre determinación y nerviosismo. No dudé, avancé con un paso corto y firme, mi cuerpo bajo, centrado, ambas dagas listas. Entré en su alcance como una corriente rápida, sin darle demasiado tiempo para reaccionar.
 
El primer corte salió limpio, diagonal, preciso, con mi mano dominante, dirigido directo al pecho. No buscaba solo herir de muerte, buscaba obligarlo a moverse, a elegir, a romper su equilibrio y antes de que ese movimiento terminara giré. Mi cuerpo acompañó el flujo del ataque, y la segunda daga apareció desde el lado contrario, trazando un corte igual de rápido, igual de controlado. Esta vez apunté a una posible abertura o mejor aún, a la mano que pudiera sostener algo peligroso.
 
Contenido Oculto


Estanque de Peces
[Imagen: Yp0arSh.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 934 + 0 = 934
Energia: 649 + 106 = 755
Espiritu: 129 + 0 = 129
#14
Un único salto del enemigo es suficiente para caer con una agilidad sorprendente sobre el honorable gigante azul que iba a ofrecernos una oportunidad para avanzar. El par de pasos que llegué a dar se detienen de golpe debido a la sorpresa al tiempo que desenvaino y dirijo hacia el gyojin la temblorosa punta de mi espada, temiendo que por acercarme más fuera a dar un segundo y mortal golpe a Kazan.
Mi mirada se afila ante su estúpida broma, pero el agarre se vuelve aún más fuerte en mi arma ante la sugerencia de arrodillarnos. «¡¿Para qué?! ¡¿Para que te sea más fácil matarnos?!». Rabia, terror y frío hacen temblar cada centímetro de mi cuerpo, porque una vez demostrada su fuerza, quedaba claro que solo quería jugar con nosotros. «No aceptes jamás un trato en el que tu beneficio dependa exclusivamente de la otra parte», me había dicho Ritsu una vez. «Es prácticamente seguro que sólo puedes perder». Incluso si obedeciéramos, ¿qué le impediría faltar a su palabra después?
Pero es la voz de Miyori quien interrumpe mis pensamientos. Cada una de sus palabras me pone aún más en alerta. ¡Le está creyendo! ¡Se está planteando obedecer! ¡Se está ofreciendo a sí misma para intentar salvarnos a los demás! Cuando empieza a enumerar sus virtudes para aumentar su valor como objeto, no puedo soportarlo más.
―¡Nadie será esclavo por mí!
La adrenalina mueve mi cuerpo sin pensarlo, pues si hay algo que me aterra más que estar en un lugar desconocido sin saber qué le ha pasado a mis amigos es la simple idea de que alguien pueda entregar su libertad, sus sueños, su vida, por salvar la mía.
Yo entré en la Marina para cambiarla desde dentro y salvar inocentes de la esclavitud, no para condenarlos a ella.
Mientras yo corro, Melly salta desde cerca de mí. Yo lo hago poco después, colocándose ella ante el enemigo; yo, detrás, tratando de cortarle cualquier posible retirada con mi katana alzada.
Mis ojos no se separan un instante de Redflag.


Información importante
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1254 + 0 = 1254
Energia: 1012 - 18 = 994
Espiritu: 159 + 0 = 159
#15
Tres segundos.

En la arena del Circo de Sangre aprendió que tres segundos son una eternidad o una muerte, dependiendo de qué haces con ellos y dependiendo si eres tu el que sufre esos tres segundos o por el contrario son los que dispones a tu uso para hacer lo que quieras con el rival. El suelo de metal sabía a sangre y frío, la sensación que tiene uno cuando lame su propia sangre, una sensación familiar para Kazan que la había probado tantas veces. Es por eso que no era una sensación nueva. El suelo de las arenas donde el había crecido también sabía así, aunque allí era tierra apisonada en lugar de metal con una capa de nieve, y el frío venía del miedo del público en lugar de ventiladores industriales, al parecer tanta similitud había nublado su mente y le había hecho pensar que tendría alguna oportunidad de que su plan saliera bien, iluso. Esos tres segundos en que el cerebro tardó en volver en que la desorientación lo redujo a peso puro sin conciencia no fueron vacíos, fueron otra cosa.

Fueron el Circo de Sangre. "Levántate. Escucha al público. El amo quiere ver más. Mata Kazan, mata." Tenía doce años la primera vez que lo dijeron. Veinte la segunda. Treinta y dos la última. Y ahora, con cuarenta y cinco y un collar de metal frío en el cuello y el sabor del suelo en la mejilla y algo pequeño y ligero posado sobre su cabeza como si fuera un trono conquistado, el tiempo colapsó sobre sí mismo y todos los lugares en los que había escuchado eso, todas las voces que lo habían nombrado ahora mismo se fusionaban en un solo lugar y una sola voz, el foso, el circulo y la habitación eran todos una y a la vez ninguna. "El collar." Fue el primer pensamiento racional que vino. "Las tres." Fue el segundo de sus pensamientos, mas ligero que el primero"Kurogane. Desarmado. Seré estúpido."

El dolor era real y estaba por todas partes el cuello, las cervicales, el eco del impacto todavía reverberando entre los huesos del cráneo. Cada umbral que se había cruzado con el golpe dejaba su rastro como marcas de quemadura sobre la voluntad. Pero el dolor en el Circo también había sido real, y de ahí también había salido. La diferencia era que entonces no tenía elección de a quién proteger.

Y entonces los tres segundos terminaron.

No hubo aviso. No hubo grito, no hubo tensión muscular visible que anunciara lo que venía en lo que venia. El cuerpo de Kazan simplemente... giró. Quince toneladas de wotan que llevaban décadas aprendiendo a convertir el impulso en violencia se volcaron hacia la derecha con la misma inevitabilidad con que una roca cae hacia el fondo del océano, ganando masa con cada centímetro, el hombro derecho aplastando la nieve y el torso siguiendo en arco hasta que su peso completo rodó sobre el lado derecho en dirección a Kurogane. No fue una técnica. No fue una decisión de combate calculada. Fue el instinto de cuarenta y cinco años diciéndole que nadie que permanezca quieto en el suelo sale de una arena por sus propios pies. Por suerte el golpe lo había tirado al suelo en la posición en la que estaba, donde había situación a Kurogane, por lo que debido al tamaño de sus brazos era fácil dar con ella. Lo que había encima de su cabeza tendría que elegir saltar o quedarse. Quince toneladas no preguntan. La mano derecha cerró los dedos alrededor del mango de Kurogane en el momento en que el hombro completó el giro, el kanaboo levantado del suelo con el mismo movimiento continuo, sin pausa, sin interrupción, la inercia del giro convirtiéndose en el inicio de la incorporación. Se apoyó en la rodilla derecha. La izquierda encontró el suelo. Y empezó a subir. Si aquel marina habia permanecido en su cabeza habia resultado aplastado por quince toneladas de peso en movimiento.

-Por las profundidades...- La voz salió más grave que de costumbre, raspada por el impacto, pero no rota. Nunca rota. -...nadie con collar en el cuello se queda en el suelo.- Mientras se incorporaba sus músculos se tensaban para incorporarse como una torre de esperanza a sus aliadas.
Contenido Oculto

-¡Por las profundidades, menudo golpe! No me dejaste ni decirte lo que queria decirte- Lo dijo orgulloso, como si antaño ya había sido golpeado mil veces de esa forma; cosa que era real. Siempre expectante. No había urgencia en el tono. -Queria decir que Landon Coates es un cobarde. Un hombre que construye neveras con ventiladores y manda a otros a poner collares. Un hombre que no firma su propio trabajo sucio. Eso es lo que sirves, Arnold Redflag el Tercero de una familia que es desconocida al mundo. Eso es el todopoderoso al que dedicas tu lealtad. Un cobarde que se esconde detrás del rango y del frío artificial porque no tiene suficiente sustancia para pararse frente a nadie él solo.- Kurogane, vertical, como un árbol plantado. -Escucha bien, cosa pequeña. Puedes golpearme otra vez. Puedes saltar otra vez, moverte otra vez, usar lo que tengas otra vez. El suelo ya lo conozco.- Una pausa. Sus ojos pequeños no parpadearon. -Pero estas tres no van a llevar tu collar al fondo del mar. Eso no ocurre mientras yo respire. Y llevo cuarenta y cinco años respirando en sitios bastante peores que esta nevera.- Seria otra vez el pilar que defienda a las tres que venían con el.

Marea Azul
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1790 - 457 = 1333
Energia: 1370 + 0 = 1370
Espiritu: 198 + 0 = 198
#16
Mi ataque no es un simple puñetazo pegado de forma azarosa, un golpe del montón con el que derrotar a un enemigo vulgar. Es la nueva y cruda realidad sobre las mentes frágiles de mis victimas, la certeza de que el heroísmo y los sueños de libertad son una fantasía más allá de estos muros. Una fantasía que no llegará jamás.

Me muestro imponente y altivo sobre el cuerpo del titán fracasado, alardeando con falsas promesas vacías, pero bien diseñadas gracias a mí magnífica puesta en escena. Sus gélidas mentes están heladas ante mi presencia absoluta, al punto de que una de ellas, la que parece ser más frágil de espíritu, tiene la intención de doblegarse a mi fría voluntad. Aún así, su intento de persuasión es interrumpido por sus compañeras, que tienen todavía ganas de pelear.
En un ataque descoordinado y caótico, la mujer de aspecto felino me empieza a flanquear con torpeza y lentitud, al mismo tiempo que mi hermana del mar salta directamente a mi con sus dagas turquesa. Su aspecto gelatinoso me trae buenos recuerdos de una vida pasada, pero no por ello voy a ser más compasivo, al contrario. No hay nada menor que una esclava exótica de las profundidades. Cuando está a punto de lanzar su corte ascendente contra mi pecho, levanto mi rodilla izquierda y con un movimiento de cadera descargo una patada lateral directa al rostro que la manda volando en la misma dirección por donde viene.
En estas que el coloso parece comenzar a entrar en razón de nuevo. Es tan grande que con solo empezar a moverse me es imposible mantener la posición y me obliga a saltar para recuperar una posición más estable, a 3 metros frente a él. La gata también lo hace para alcanzar mi retaguardia, pero sin éxito. Debe de tener los huesos congelados, porque es muy muy lenta. El wotan se rearma y se vuelve a colocar en guardia. Todos parecen estar dispuestos a intentar liberarse y a enfrentarme con tal de salir de la Sala de Conservación Polar.
-¡¡DÉJATE YA DE PALABRERÍA BARATA, COPO DE NIEVE!!- le grito, interrumpiendo su charlatanería infinita. Al mamonazo le gusta hablar más que a mí, y eso ya es difícil. Al mismo tiempo me pongo en guardia, abriendo mis piernas con los pies en paralelo con los hombros y extendiendo mis huesudos brazos como si quisiera abrazarles, invitándoles a atacar. -¡Vamos, esclavos de segunda... Ya es hora de ser enfríen vuestras esperanzas!- se acabó el juego y el diálogo. ¿Han decidido pelear? Allá ellos, ha sido su decisión. Mejor. Así su choque de realidad será más fuerte.  Las negociaciones han terminado y ahora esto se va a convertir en un sádico y macabro desafío por sus vidas. Y aquí yo soy el dueño del show...

Próximo turno

Aclaraciones y Valoración

Sala de Conservación Polar
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2112 + 0 = 2112
Energia: 2075 - 347 = 1728
Espiritu: 195 + 0 = 195
#17
Los tres segundos de desorientación habían pasado. El Terror también. Lo que quedó en su lugar cuando el último rastro de ambos se disolvió no fue alivio sino algo más antiguo y más fiable que el miedo; la fría sensación de la ira mas visceral recorriendo cada centímetro de su cavidad venosa. Tres metros. Arnold estaba a tres metros frente a él, en guardia, los brazos extendidos en esa postura de quien invita al ataque con el desparpajo de quien lleva demasiado tiempo siendo el más rápido en la sala, cosa evidente plausible y palpable. Kazan había visto esa postura cientos de veces en el Circo de Sangre. Significaba "ninguno de vosotros puede tocarme". A veces era cierto, pero la mayoría de las veces era el último pensamiento de alguien antes del impacto. "Tres metros. Mis brazos miden más que eso." La mano izquierda subia mientras Kurogane descansaba en la mano derecha con el peso de algo que pertenece ahí, y las quince toneladas de Kazan estaban ya distribuidas sobre ambas piernas con la solidez de algo que no tiene ninguna intención de volver al suelo.

Entonces Kazan se movió.

Su movimiento no era el mas rápido, y eso lo sabia de sobra, pero debido a la envergadura del enorme Wotan intentaría golpear cadavérico enemigo aprovechando todo el recorrido de su brazo. Fue la decisión de alguien que ha terminado de hablar y que entiende perfectamente que tres metros y décadas de instinto en los brazos son dos argumentos que no necesitan más palabras. El peso se desplazó hacia adelante, el pie derecho avanzando para anclar la postura, y el brazo izquierdo se extendió hacia Arnold mientras el agua del aire mismo pareció condensarse alrededor de los nudillos en el instante anterior al disparo, ese fenómeno que precede a cualquier descarga de Gyojin Karate cuando la intención detrás del puño es completamente real. -¡HYAKUMAIGAWARA SEIKEN! El grito llenó la sala de catorce metros de lado como una onda expansiva. El golpe salió proyectado buscando golpear a Arnold y estamparlo contra el suelo como el había hecho anteriormente. Había diferencia entre los golpes de ambos, ya que el del Wotan era masivo y su golpe era capaz de ocupar toda la envergadura del gyojin de menor tamaño. Kazan vigilaría a su rival agarrando bien el Kanaboo tanto que sus venas se marcaban, no iba a soltarlo nuevamente.
Contenido Oculto

-Escucha bien, cosa pequeña.- La voz no tenía urgencia. Tampoco la necesitaba. -Llevas todo el rato saltando, esquivando, recolocándote. Rápido, sí. Muy rápido. Y aun así sigues en la misma nevera que nosotros con las mismas tres personas que decidiste que iban a matarse entre ellas todavía de pie y con collar en el cuello. Eso no es la actuación de alguien que controla la situación. Eso es la actuación de alguien que necesita que creamos que la controla.-

Sus ojos pequeños no parpadearon -Patético y lamentable hombrecillo- notaria Kazan como poco a poco la sangre empezaba a arder debido a la ira.

Marea Azul
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1333 + 0 = 1333
Energia: 1370 - 246 = 1124
Espiritu: 198 + 0 = 198
#18
Fue entonces cuando, al ver la oportunidad de disparo, solté una flecha tras otra en dirección al sujeto que yacía sobre la cabeza del gigante, Arnold Redflag…jamás podría olvidarlo, nunca en mi vida podría. Porque es la primera persona que me hizo sentir que debía proteger con mi propia fuerza y valor, incluso si mi vida dependía de ello.

Oportunidad encontrada en el momento acorde en que tan solo escuchó mis palabras para después simplemente hacerse enfoque hacía la gyojin que intentó arremeter en su contra, fue entonces que siendo esa la brecha del blanco que decidí aprovechar tal oportunidad para ejecutar mi técnica de arquería en dirección a su área visual, sus ojos. Contemplando absolutamente una dirección lineal en la que se encuentra dentro de un alcance de 10 metros. 

La oportunidad surgió en el momento preciso: apenas escuchó mis palabras, desvió su atención hacia la gyojin que intentaba arremeter contra él. Esa fue la brecha que decidí aprovechar. Sin dudarlo, ejecuté mi técnica de arquería, apuntando directamente a su campo visual… a sus ojos. La trayectoria era completamente lineal, dentro de un alcance de diez metros.
La acción comenzaba a tomar su curso, y no me sentía cómoda con ello. Herir a otros iba en contra de mis principios, sin embargo, tampoco era alguien capaz de quedarse de brazos cruzados mientras otros resultaban heridos, sin importar lo poco que llevará de conocerlos.

Un suspiro, una determinación, una idea a tope, cada segundo iba en contra del reloj y sentí que el temor era mitigado por la sensación de supervivencia.

Al ver al gigante tomar aire y levantarse nuevamente para entrar en la contienda helada, lo supe, él estaba bien, y eso me tranquilizó, no verlo más en el suelo. — *Bien, hagamos una plegaria* — Pensé con una sonrisa suave, amable, cálida, sin embargo, en mi corazón permanecía la alerta de la posibilidad del dolor. ¿Por qué no, en cambio, concluir con una bendición?.

Si algo me provocaba cierta envidia del gigante azul, era su fuerza de voluntad y el valor con el que se expresa, firme, tajante, colosal. El frío no lograba doblegarlo ante la adversidad, y estaba segura de que mis compañeras, cuyos nombres aún desconocía, también habían sentido esa misma energía… ese impulso de querer vivir y salir adelante. Fuera de este ataúd congelado.

Ante la última frase de sentencia del Wotan hacia Arnold, tras sus palabras, en ese momento hice sonar la canción anunciante de aquella bendición músical, Amphitrite transmitiría mis sentimientos de anhelos para que sus fortalezas sean aumentadas.

Amphitrite toca la canción
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 698 + 0 = 698
Energia: 813 - 258 = 555
Espiritu: 198 + 0 = 198
#19
Ni siquiera pude percatarme, ni un maldito segundo. Mi ataque ni siquiera había terminado de dibujarse en el aire cuando él ya estaba moviéndose, no vi la pierna venir, no leí el gesto, no hubo advertencia, un puro y estúpido impacto de su pie directo a mi cara, un pie asquerosamente frio.  El golpe fue brutal, seco, lo suficientemente fuerte como para romper cualquier ritmo que hubiera intentado imponer. Sentí cómo todo mi cuerpo se despegaba del suelo sin permiso, como si alguien hubiera cortado los hilos que me mantenían en equilibrio, entonces volé.
 
El mundo se volvió borroso por un instante, una mezcla de blanco, metal y sombras mientras mi cuerpo atravesaba varios metros hacia atrás sin control, solo una masa siendo lanzada como si no pesara nada. Impacté contra el suelo con un sonido ahogado, rebotando apenas antes de deslizarme un poco más y luego hubo un pitido en mis oídos, me sentí desorientada, sin fuerzas por unos pocos segundos y ese sabor metálico que nunca me ha gustado, el sabor de mi propia sangre en mis labios. Me quedé ahí un segundo o dos, probablemente hayan sido tres sin moverme del todo, intentando que el mundo dejara de girar. Mi cara ardía, mi cabeza pesaba, y mi cuerpo, mi cuerpo no respondía con la misma suavidad de siempre. —Maldit… —dejé escapar, apenas audible.
 
Mis dedos se tensaron alrededor de mis dagas que seguían en mis manos y eso era lo único que importaba ahora, tras esos tres segundos me puse de pie y sin pensarlo demasiado volví a saltar al mismo tiempo que la chica marine hacia el neandertal marino que se encontraba ahí parado como el dios de la era de hielo.  —¡ERES UN MALDITO FASTIDIO! —espeté, con la voz cargada de rabia y un poquito de frustración mientras en el aire, ajusté la postura, un solo movimiento, fluido, preciso. Mis dagas se cruzaron al frente, formando una tijera invertida, brillando apenas bajo la luz fría de la sala. Descendí sobre él con intención clara, ejecutando un corte dual, buscando cerrar el espacio entre ambas hojas sobre su cuerpo, como si quisiera atraparlo entre dos corrientes opuestas.
 
Seeeeh, no era un ataque de lo más elegante, de hecho, era insistente, rápido y me atrevo a declarar que un poco desesperado. Mis ojos estaban fijos en él, tratando de anticipar algo esta vez, cualquier cosa, aunque fuera un mínimo gesto que me diera ventaja.

Estanque de peces
[Imagen: Yp0arSh.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 934 - 449 = 485
Energia: 755 - 89 = 666
Espiritu: 129 + 0 = 129
#20


Mi plan era haberle llegado por detrás a tiempo para impedir que esquivara el ataque de la pirata, mas fue imposible hacerlo a tiempo. Era rápido. Demasiado rápido. Ni siquiera me había dado tiempo a colocarme en posición antes de que él se fuera, así que mucho menos pude desatar en él mi técnica.

Definitivamente, no hay forma de atraparlo si no era sincronizando nuestros ataques de forma perfecta; no podría esquivar todos nuestros ataques a la vez.

La flecha de Miyori pareció ser la señal para que todos nos moviéramos a fin en equipo. Kazan mueve su inmensa mano al tiempo que Melly y yo saltamos, creando una formación conjunta en la que el enemigo queda justo en medio, haciendo dificilísimo que pudiera huir de los tres a la vez… al menos, en teoría. Mientras la chica medusa usa sus dagas, yo empleo toda mi destreza con la katana con un tajo amplio hacia el enemigo.

Un ataque combinado de tres. Si eso no funciona, no sé qué podría hacerlo.

Entonces, Kazan habla y dice algo que realmente me hace pensar. ¿Será que verdaderamente Arnold no tiene el control, y solamente quiere que lo creamos? Las palabras del gigante tienen sentido, pero eso no cambia el hecho de que necesitamos permanecer en alerta.

Justo después, la música del violín levanta los ánimos con una música acorde a las palabras de nuestro aliado azul, casi como si hubieran sido inspiradas por este. Quizás, aunque desde el principio hemos tenido la intención de ayudarnos, sea ahora, por primera vez, cuando estamos aprendiendo a trabajar en equipo de verdad.

Nos cuidaríamos las espaldas y flancos unos a otros, porque esa es la única forma de salir vivos de aquí. De salir vivos y reencontrarnos con nuestros seres queridos… o rescatarlos, quizás.

No puedo perder el tiempo aquí sin saber qué les puede ocurrir. No puedo consentir que nada le pase a ninguno de mis compañeros, ni los habituales ni los ahora presentes.


Informe de la Marina
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1254 + 0 = 1254
Energia: 994 - 84 = 910
Espiritu: 159 + 0 = 159


Salto de foro:


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