[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 1)
#11
Atributos Personaje


La espada de Damocles pende sobre nuestras cabezas…

Vamos, que va siendo hora de moverse e intentar salir, ¿verdad?

No. Sabe que algo extraño está ocurriendo. Puede sentir esa extraña voz susurrar detrás de su nuca, cantante voraz de la mala suerte que parece exigir su sangre en medio de la bruma. Nacida del horror, el peso del cuerpo le exige mantener la cordura, la compostura y la reacción. Sabe que está en desventaja personal dentro de ese lugar cerrado. El terror sigue mordiendo sus pies y el cuerpo le exige huir, escapar.

No hay que decir que todo esto es, en verdad, un extraño caso. Memoriza la posición de sus compañeros, de las montañas de basura, y escucha a lo lejos las conversaciones ajenas. Ni siquiera es capaz de mirar de reojo el reencuentro de ese muchacho con el que parece ser su mejor amigo, un caballo. Y es ese extraño sentimiento apremiante el que le impide concentrarse: la idea de que algo malo ocurra contra todos allí, incluido ese animal.

Ella no tiene chances de pensarlo realmente, no cuando escucha la voz de su compañero de armas, el marine de la división ochenta, clamar por resguardarse. Y es que, de normal, ella buscaría ponerse frente al resto y mantener la vista fija en todos por el ansia de proteger a todos los que allí están, incluido Masato y, por obvias razones, su novio.

Hae-won no tiene demasiado margen de acción, no cuando ella escucha las directivas de su compañero. De normal, no se cortaría; atacaría de manera directa, sin darles chance de actuar, hiriendo —sin matar realmente— a todo aquel que se le ponga enfrente. El terror la invade. La sensación de desazón y el miedo hacen que sus pies torpes se muevan e intenten buscar un refugio con muy poco éxito.

Además, hay un factor que le impide moverse más allá del propio miedo: su pareja está allí, y ella no se separaría de él.

No respira con calma, porque el aire putrefacto y el aroma nauseabundo le bloquean los pulmones. Reza a todos los dioses en los que tanto cree, pero sabe que la han abandonado. No llega a completar sus acciones cuando el estruendo de un estallido y el humo rompen con el intento de armonía mental, provocando no solo que los movimientos propios se vean interrumpidos por la falta de reacciones inmediatas, sino porque su pareja, en un afán de protegerla, se lanza sobre ella y toma el lugar de escudo.

El grito de impresión muere en su garganta, mientras abre los ojos con prontitud. Utiliza ese impulso simple para poder moverse, un par de pasos que constituyen un metro hacia la derecha, y un salto de dos metros que la ayudan a posicionarse cerca del caballero.

Puede verlo desde su posición: calcula un relativo de doscientas cincuenta personas que puede vislumbrar gracias a la agudeza de su visión. Escudos por delante; atacantes por detrás. Teniendo en cuenta la precariedad de la situación, están en peligro inmediato. No lo piensa dos veces cuando toma su arma entre las manos, con un cartucho en la otra, a punto de ser ensamblados para iniciar con el combate.

El terror la sigue lastimando; el cuerpo parece pesarle, pero la realidad es que, aún en medio de esa situación, no puede evitar acomodar el cabello detrás de la oreja. No puede evitar sentirse fea, muy pero muy fea, mientras el alma se cae a los pies y el cuerpo clama por aire puro.

Debe centrarse. No hace mención alguna de nada, entretanto afila sus ojos. Aprovecha que una de sus compañeras había tomado la palabra para intentar recargar su arma en caso de que sea absolutamente necesario, mientras se pregunta a sí misma qué carajos están haciendo. ¿Creen que esas palabras funcionarán? Hae-won no lo sabe. Lo que sí sabe es que tiene un extraño tono de voz que podría formar parte de alguna… ¿habilidad de convencimiento?

A la dama albina la sorprende, sin duda.

Lo que sí puede decir es que, desde su posición, está segura de que tendrá chances de proteger a su pareja, quiera él o no.

Lo que sí sabe es que, recordando los uniformes que vio portar a esas personas, la bilis repta por su garganta y el odio se cierne sobre su ser. Detesta a los piratas, pero si hay algo que hace que su sangre hierva, es creer que hay miembros corruptos dentro de las gloriosas filas de la marina.

Disclaimer
#12
Atributos Personaje



Hay mentiras que te sepultan. Mentiras nacidas de un deseo por encajar, por empezar de cero, por ser alguien y no algo. El problema, es que no te das cuenta del modo en que estas se extienden, igual que una enredadera, hasta que las espinas te atenazan el cuerpo. St. George era una de esas mentiras.

—No voy a recibir órdenes de la Marina.

Aquella frase me abofeteó sin pretenderlo. El uniforme, una vez más, se me antojó lastre más que salvavidas. Nada de lo que había dicho lo había hecho pensando en mi posición como Marine, sino en el deseo de salir de aquella pocilga sin incidentes. Eso era un problema. Una muestra más de lo poco que me importaba mi oficio, casi tan poco como las vidas de aquellos que alguna vez se habían cruzado en mi camino y a los que no me había permitido arraigarme.

—Imagino que tanto ustedes tres, como nosotros dos, tenemos amigos y personas importantes que pueden estar en algo similar.

Por eso no había pensado en el resto de mis compañeros hasta ahora. Una punzada de culpabilidad me atenazó al recordar la sonrisa de Nyra y su tazón de comida preparado específicamente para las migrañas. Siete años atrás, ella había sido la razón por la que decidí ser Marine. El modo en que se implicó para resolver la situación de Sandy, aunado a la autoridad que desprendía, me habían hecho pensar que dentro del cuerpo de Marines estaría protegido. Sólo ahora, tras los acontecimientos de los últimos meses, descubría que no todos respetaban a las fuerzas de la ley, que también podía granjearte muchos enemigos y que nada te libraba de ser carne de esclavitud.

Estreché con más ahínco el cuerpo de Hae-won. La única persona en diez años que había logrado hacer que sintiera algo, que la vida de St. George fuera el fantasma y no Dimitri. Me habría deshecho del uniforme si de ese modo hubiera podido garantizar su seguridad, bajo una colaboración que no nos pusiera a todos en riesgo. El problema de las mentiras es que cuando te atrapan, ya no puedes escapar de ellas. St. George portaba uniforme y yo no podía quitárselo sin manchar aquella maldita imagen de intento de niño bueno.

Agradecía que Masato se hubiera hecho cargo de la situación con la civil. Ella también me recordaba a Nyra. Para ser honestos, llegué a envidiar ese sentido innato de protección que parecían mostrar hacia el prójimo. Uno que, por experiencia propia, sabía que también compartían con Hae-won.

Apreté la mandíbula. El modo en que aquella mujer jugueteó con el revolver hizo que se me encendieran todas las alarmas.

—Hmm...

Lo único que logró aliviar el nudo que comenzaba a atenazarme fue notar que Hae-won se removía contra mi regazo. La conciencia regresó a ella entre parpadeos y movimientos adormilados en busca de su arma.

—Gracias por todo, Dima.

Me permití ese segundo para contemplar la luz que irradiaban sus pupilas, esperanza en el abismo, igual que aquella noche ocho años atrás. Le dediqué una sonrisa incluso antes de ser consciente de que lo hacía, mientras me rascaba el lunar.

—Ahora mismo, no me veo muy hermosa que digamos, ¿cierto, cariño?
—Nada podría robarte tu belleza.

Para mi desgracia, aquel consuelo se esfumaría con los primeros gritos de alerta. Primero llegó el de Masato. Después, casi como si estuviera reafirmando la alarma del civil rubio, el volante de la puerta comenzó a girar sobre sí mismo. Los pestillos cerrados condenaron nuestra vida. Sentí unos dedos invisibles atenazarme la garganta. Perdí el aliento.

«Vamos, no me jodas»
—¡A cubierto! ¡Ponte a cubierto! —ordené a Hae-won, mientras la instaba con un pequeño empujón a moverse y avanzar.

Si algo me había demostrado la vida, es que desear algo con todas tus fuerzas no te concedía ningún deseo. Ni siquiera algo tan trivial como retroceder todo lo que habría querido para salvar la vida.

La vista se me nubló en cuanto di los primeros pasos. Me fallaron las piernas. Y me odié. Me odié profundamente por el temblor que las aquejaba, por ese terror gélido que constreñía mis costillas y la debilidad de un cuerpo que nunca había estado hecho para el combate y puede que, tampoco, para la vida.

No pude más que arrastrarme cuánto me permitió el cuerpo, un único metro, para atrincherarme tras una de las montañas más altas de deshechos. No es bonito sentir que te quedas sin tiempo. No es agradable convivir con el aliento de la parca sobre la nuca. Las manos me sudaron al sacar del zurrón la munición explosiva para cargar una pistola que no sabía si llegaría a usar. Sentí a Hae-won a mi lado. Ella, que debería haberse alejado mucho más, seguía ahí.

Al vértigo que sentí lo acompañó la explosión que derribó la puerta. La inercia me hizo tirarme sobre Hae-won para cubrirla por completo con mi cuerpo. Otro arranque de tos me quemó la garganta y también los ojos. Punzadas incesantes en las sienes. Pisadas en tropel y las voces de mis compañeros. Apreté la mandíbula al notar como algunos de los restos más pequeños del montón frente a nosotros golpeaban mi espalda, desestabilizados por el caos.

—Oigan. ¡Esperen! ¡No disparen!

La voz de la pelirrosa trajo consigo un instante de quietud. Miré a Hae-won, mi nariz contra la suya.

—Vive —susurré—. Mi arma lleva explosivos.

El suelo tembló bajo nosotros, esta vez provocado por la sinuosa transformación de Masato, que se sucedía durante el discurso de la otra mujer. Ese fue el momento en que decidí emplear lo único que, hasta entonces, me había mantenido con vida: mentir.

Asomé poco antes de que la muchacha terminase de hablar, manos en alto y la pistola escondida a la espalda, pero lo más resguardado posible. Había metido el arma en la cinturilla de atrás del pantalón, con el seguro echado y la confianza de que mi ángel me cubría. Además, esperaba que hubiera entendido el mensaje: «si ocurre algo, si yo no puedo, toma mi arma».

—Tranquilos, esto ha debido ser un error —dije con voz dulcificada, tan aterciopelada como cuando viajaba junto a Pulmones Negros. Miraba a mis compañeros, con convicción apaciguadora mientras esperaba que me siguieran la corriente—. Se supone que sería el invitado especial de este espectáculo.

Había aprendido bien a poner esa cara de niño bueno, a que la fragilidad de mi salud resultara tan inofensiva como asquerosamente apetecible. Ese aspecto de urgente necesidad por ser socorrido, es el que mostré a un enemigo que acabaría por ser mi tumba.

—Mis compañeros estaban escoltándome. Y habéis tenido suerte de que sigamos con vida.

No había abandonado Kutsukku quince años atrás, para terminar muriendo en uno de sus vertederos.

O eso esperaba.

Disclaimer
#13
En otro lugar...




Los soldados recién llegados se habían afianzado ya en sus posiciones, tomando un control prácticamente absoluto del terreno de combate. Desde sus filas, contemplaron cómo nuestros protagonistas iban de un lado para otro de la sala, destribuyéndose de forma estratégica, siendo optimistas. Entre ellos, varias voces de autoridad surgían de tanto en tanto, organizándolos y contribuyendo a que mantuviesen el orden; la primera fila, la de aspecto más acorazado, avanzó, cerrando el cerco sobre los intrusos. Los cañoneros adelantaron posiciones, situándose justo detrás de los acorazados, mientras los armados con rifles permanecieron donde estaban. La voz de Dimitri, sin embargo, había irrumpido en mitad de aquel vertedero, asegurando que era una suerte de invitado especial. Una mentira tan evidente no hubiera colado con alguien de mayor formación intelectual, pero aquellos soldados parecieron perplejos ante las palabras del joven. ¿Realmente era un invitado? Landon no solía llevar allí a Marines de bajo rango, pero, ¿y si había visto potencial en él? Algunos de los armados con rifles empezaron a bajar las armas, y se hizo un inquietante silencio por un instante.

—Pues acabad con los piratas, ¡fuego a discreción! —ordenó repentinamente una voz, al tiempo que los cañoneros pasaban al ataque, ya asentados en su nueva posición.

Una lluvia de artillería cayó sobre Masato, para espanto de los soldados. Provocando una fuerte explosión de basura a su alrededor y desmoronando los montones de basura en la zona. —¡Juraría que había visto un pirata más o menos por ahí, señor! ¡Lo siento! —dijo uno de los cañoneros. —¡Fuego a discreción! —lo ignoró otro de ellos, apuntando hacia Wyatt y su llamativo caballo, que habían quedado expuestos tras el cañonazo. Como una lluvia de chasquidos, un sinnúmero de rifles se accionaron y dispararon en una suerte de voleas seguidas que llenaron el aire de pólvora y humo, impactando en el caballo de Wyatt y llenando su enorme cuerpo de plomo. El animal cayó sobre la basura, casi hundiéndose en la misma.

—¡Exigimos una identificación! Chicos, ¿alguno puede ponerse en contacto con Coates? —dijo uno de los soldados armados con rifles. Otro negó con la cabeza, aún sosteniendo su arma sobre su hombro. —Creo que está ocupado —dijo, su atención puesta en la humeante sala. —Pues llamad a Kong, o a Don. No quiero ni oír hablar del colgado de Curok, ¿me oís? —continuó.

El pequeño ejército tomaba control pleno de la sala, estrechando el cerco sobre nuestros protagonistas. El aire de la sala, ya colmado antes de un conjunto repugnante de olores, se había vuelto ya casi irrespirable, impregnado de humo. Tras la explosión de los cañonazos, parte de la basura había empezado a carbonizarse, generando, si cabía, aún más humo, y haciendo la estancia en aquel lugar aún más insoportable. El telón parecía estar a punto de cerrarse ya sobre nuestros protagonistas.



Información
#14
Atributos Personaje


Luego de que ella hablara, escuchó que parecía haber algo de caos en las filas de los enemigos, a quienes escuchaba mencionar nombres. Nombres que iba a repetirse a sí misma en su mente mientras echaba mano a las pistolas. La duda en el enemigo era la oportunidad, y ella no iba a dejar que esa oportunidad se perdiera. Había caos. Pero por el bien de sus amigos, no iba a detenerse. Tenía que protegerlos. Y si para ello tenía que perder la cordura por un momento, pues sería la loca más terrible que el Mar Azul jamás viera.

Se impulsó de un salto por encima de la basura y extendió la alas al máximo para amortiguar la caída. Se había elevado y avanzado unos tres metros y, aprovechando el entorno y el eco que se podía producir desde su posición elevada, se carcajeó a toda voz mientras las pistolas apuntaban a los primeros enemigos que tenía al frente. Y por supuesto, apretó los gatillos como si la vida se le fuera en ello. Y también para hacer que Wyatt la viera. Quería impresionar a su compañero con sus habilidades.



—¡JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH JRAH!

Mientras caía grácil, amortiguando su propia caída, las balas se dirigían hacia la primer fila de enemigos que observó, los que llevaban los rifles. Disparó a los francotiradores que estaban cerca de la pared izquierda. Podía verlos perfectamente y escogía sus blancos, disparando con precisión certera. Y con una crueldad propia de ella que disfrazaba con su código de no matar a nadie en su primer enfrentamiento; aunque en realidad era solo para que cualquiera que sobreviviera a ella, hablara de su persona. La reputación era importante. Y solo los vivos hablan... aunque si alguien vivía y volvía por más, cambiaban las cosas.

Se concentró únicamente en sus objetivos. Estaba mentalizada en ocuparse de ellos y terminar la pesadilla. Aunque el corazón le seguía latiendo con fuerza y la sensación que le espantaba seguía allí. ¿Actuaba con desesperación? Claro que sí. Incluso en medio de su locura, no dejaba de ser consciente del terror que la había invadido desde ese momento ya casi lejano, en el ferry. Pero estaba segura de que fuera lo que fuera esa persona, iba a lamentar quitarle el hermoso recuerdo de un día en el New Era Joy Park. ¡ELLA QUERÍA SUBIRSE A LA MONTAÑA RUSA, MALDITA SEA! 

—¡Soy Yuuki! ¡De los Hanu Mahana! ¡Guárdense mi nombre, cucarachas del gobierno! ¡Y me han hecho enojar!

Cuando finalmente aterrizó, Yuuki se percataría de que había avanzado tres de metros al frente en diagonal hacia donde había escuchado a los otros marines que habían despertado con ella en ese lugar. Y aprovecharía, por supuesto, para gritarles a estos también.

—¡Vuelvan mierda a esos hijueputas! ¿O se quieren morir aquí con nosotros? Porque si no los veo disparando, ¡Ciertamente los vuelo a tiros yo misma! —Exclamó la dulce princesa. Parecía una mentira que lo dijera con un tono tan cariñoso y amable como el que ella tenía.

Combo de pollito frito con papas
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 371 + 0 = 371
Energia: 504 - 250 = 254
Espiritu: 132 + 0 = 132
#15
Atributos Personaje


Todavía le temblaban las manos, y la sensación nauseabunda y de presión en el tórax no se iba en ningún momento. Pero tuvo que apretar con más fuerza su revólver, porque sabía que los balazos empezarían en cualquier momento, y fuese como fuese, alguien se iría herido además de él.

Lo que no esperaba, es que el primer herido no fuesen los enemigos, no fuese él mismo... Fuese Tocho Morocho. No pudo hacer nada ante la velocidad de los disparos para interponerse, pese a que amagó a ponerse en medio para defenderlo con su propia carne. Chasqueó la lengua sumamente enojado y desesperado, viendo cómo la serie de sucesos desafortunados se desencadenaba JUSTO frente a sus ojos, sin que pudiera reaccionar —. ¡No! ¡¿Qué hacen, hijos de puta?! — gritó mientras se adelantaba, dando un salto al aire impulsándose en un trozo de chatarra para quedar suspendido durante un momento, en el que apuntó con su zurda hacia el centro: allí donde estaba la puerta, más o menos, a la altura de los cañoneros, gatillando y lanzando un único disparo que impactaría en el epicéntro de las fuerzas enemigas y, en un área de 5 metros de diámetro, generaría un estallido que, a su vez buscaría quemar a las tropas allí ubicadas.

— ¡¿A quién mierda le dicen piratas?! ¡Bingo! — gritó en el aire mientras terminaba de disparar y caía, posicionándose delante de tocho morocho y palpándolo, observando cómo los impactos de bala lo habían dejado malherido. Las lágrimas colmaron las cuencas de sus ojos y sintió impotencia y rabia, que tapó aunque sea momentáneamente el horror que estaba viviendo allí. Pero el nudo en su estómago no se iba.

Pero eso no era todo. La explosión levantó la capa de basura superficial de aquella zona, y los pies de todos los enemigos allí parados, o lo que sea que estuviese en contacto con el suelo, tomaría contacto con una sustancia cremosa, blanquecina (pues por culpa de los residuos vomitivos de aquella sala, se había teñido un poco)... sí, era nata. La nata estaba caliente, era de temperatura elevada, y aquellos que la tocasen no podrían evitar la quemadura química (hide liberado).

Allí, ante aquél caos de fuego y quemaduras, Wyatt Goldstar mantuvo su arma en la zurda, elevándola ligeramente, unos 45 grados desde el suelo, para estar listo para apuntar y disparar a quien sea que se moviese o intentase algo, desde la fila de francotiradores que todavía estaban cercanos a él (los de la derecha de la puerta). La rabia se combinaba con el miedo presente en sus ojos, un miedo que rara vez tenía, o mejor dicho: nunca. Pero el Haoshoku del ferry había hecho mella en su confianza, y ahora las piernas parecían que iban a ceder en cualquier momento. ¿Cuándo podría recuperar la fe en salir vivos de allí?

Todo era negativo, pero tenía que parar en algún momento.

— ¡Son demasiados, sigan atacando! — exclamó en un grito un tanto desesperado. Un suspiro entrecortado salió de sus labios mientras reojeaba a su animal —. Tranquilo, amigo, acabaremos con ellos y saldremos de aquí. Resiste, resiste... Nos espera un largo día en el buffet de ese ferry una vez que salgamos, sí. — intentaba, aún ante su falta de positividad, animar a su compañero.

BITÁCORA DE LAS ESTRELLAS
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 284 + 0 = 284
Energia: 372 - 60 = 312
Espiritu: 87 + 0 = 87
#16
Tras haberme transformado, tesoro, la mala suerte decidió bailar conmigo y no precisamente al ritmo que me gusta. Los cañoneros dispararon sin dudar, y el impacto sacudió todo mi cuerpo. Mis escamas resistieron, sí, mitigaron parte del daño como debían, pero aun así el golpe fue brutal. El dolor me atravesó como un latigazo y no pude evitar soltar un grito breve, seco, completamente real y nada elegante, pero absolutamente sincero. Mis músculos se tensaron, el miedo volvió a trepar por mis huesos como un veneno frío y lo entendí al instante otro impacto así, y no lo cuento.

Pero no podía quedarme ahí, tesoro esto duele más de lo que me gustaría admitir, pero quedarme quieto sería muchísimo peor y sinceramente no tengo ninguna intención de morir aquí rodeado de basura y tipos sin sentido del estilo, obligando a mi cuerpo a responder me moví. Mi cola se contrajo con fuerza y me impulsé hacia adelante en una acrobacia rápida, casi desesperada pero precisa. Salí desde detrás del montón de desechos como un resorte, deslizándome y elevándome al mismo tiempo. Pasé sobre los hombres con escudos, aprovechando los huecos mínimos entre sus formaciones, sintiendo el aire cortarse a mi alrededor. Algunos reaccionaron tarde, otros ni siquiera lograron seguirme con la mirada.

Continué el impulso, esquivando la línea de fuego, cruzando por encima del caos antes de que los cañones pudieran reajustar su puntería y en un último movimiento, giré el cuerpo en el aire y descendí detrás de los francotiradores, aterrizando con un golpe seco de mi cola contra el suelo, mi cascabel sonó antes de que volviera a moverme tesoro. Ahora la sorpresa cambió de dueño y una sonrisa ladeada se formó en mi rostro, mostrando apenas los colmillos.

Me moví en zigzag entre los francotiradores, tesoro, dejando que mi cuerpo fluyera con ese ritmo serpentino que ya es tan mío como mis maracas. Las balas silbaban a mi alrededor, cortando el aire con desesperación, pero yo me deslizaba entre ellas con una mezcla de instinto, agilidad y pura terquedad por seguir con vida. No soy precisamente silencioso, pero cuando se trata de sobrevivir, puedo volverme bastante difícil de tocar. Mi cola se convirtió en un arma en sí misma. Cada giro, cada latigazo llevaba toda la fuerza de mi cuerpo, impactando contra ellos con precisión brutal. Uno tras otro caían, incapaces de mantenerse en pie ante la presión que ejercía sobre sus cuerpos. El sonido seco de los golpes se mezclaba con el caos del lugar, mientras algunos intentaban reaccionar demasiado tarde. —Ay, tesoro, si vas a apuntarme, más te vale no fallar porque no soy precisamente el tipo de blanco que se queda quieto esperando — murmuré entre movimientos, sin detenerme ni un segundo.

Algunos no tuvieron ni siquiera esa oportunidad. Me lancé sobre los más cercanos, dejando que mis colmillos descendieran con un suave clic antes de hundirse en sus cuellos con precisión. El veneno hizo su trabajo rápidamente, debilitándolos mientras yo ya me había movido al siguiente, otros simplemente fueron aplastados por el peso de mi propio cuerpo al pasar, mi masa aumentada jugando a mi favor en cada embestida.
.
Y así, entre golpes, deslizamientos y mordidas, terminé con ellos, al menos con cincuenta, cincuenta de esos malditos que habían intentado borrarnos sin pensarlo dos veces, mi cola se detuvo un instante, el cascabel vibrando suavemente. 

Mi Off
[Imagen: xFGuWOj.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 512 - 246 = 266
Energia: 504 - 252 = 252
Espiritu: 102 + 0 = 102
#17
Atributos Personaje


Es terrible.

—Hmmm…

Hay una clara sensación de angustia interna que le obliga, de alguna manera, a pelear contra el peso de la injusta retribución que la vida le ha dado. Es horrible. Asqueroso. El sabor metálico de la sangre que invade su paladar, producto de su mente y su propio horror, puede ser insoportable. Dicha sensación le obliga a mantener el foco en enemigos que parecen querer arrasar con todo, a pesar de que supuestos compañeros están entre los objetivos.

No contenta con ello, el caos de todo el panorama parece abrumarla, y más aún cuando su compañero de la división ochenta es alcanzado por uno de los golpes de sus enemigos. Apabullante; los sonidos a su alrededor la obligan a levantar su arma casi de inmediato, moviéndose dos metros hacia atrás de un salto, para cubrir a su compañero y tratar de dar lo mejor de sí para asistirlo, resguardándose ella en el proceso.

Sin embargo, es el golpe al animal lo que le obliga a aferrarse a su arma. El terror que experimenta desde las profundidades de la raíz al recordar aquel incidente hace años baja muchísimos grados al cuerpo, y la sensación de aquel trauma solo le permite gritar, en lo profundo de su corazón, que tiene que salir de allí. Aparta la mirada del caballo malherido y se centra de lleno en el frente. Sus pies se afirman en la tierra; no puede permitirse flaquear más de lo que ya está mostrando.

—¡Dima! ¡Al frente! —Su tono de voz se mantiene neutral—. Hay que deshacernos de lo que más podamos para salir de este sitio de mierda.

Necesita aire para mitigar el peso de los traumas. Tiene que aguantar. Está llena de rabia porque no puede creer lo que ve. No puede pensar en que hay piratas de su lado, enfrentándose a seres impíos que fingen ser marines portando un uniforme manchado por las premisas de su asqueroso pecado. Saldría de allí y buscaría respuestas a como dé lugar. Recordará todos los nombres mencionados por esa gente.

Lo peor de todo es que, por más que desprecie la figura del pirata, el impulso de sacarlos con vida es mucho más fuerte que su rabia por ellos y sus instintos de supervivencia. No tarda en pulsar el gatillo; dispara sin cesar contra un grupo de los acorazados del frente, gastando parte de su energía en el proceso. Necesita salir, antes de que el caos mental y su prodigiosa memoria le obliguen a grabar estos momentos amargos y duros.

Disclaimer
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 533 + 0 = 533
Energia: 670 - 300 = 370
Espiritu: 96 + 0 = 96
#18
Atributos Personaje


Hubo un punto de quiebre.

Los preciados segundos que había logrado arañar con aquella treta, se desintegraron con el primero de los cañonazos. La sala entera se estremeció. Traté de retroceder lo poco que pude. No más de un metro. La diestra ya sobre el arma que llevaba lista a la espalda. Noté a Hae-won, rifle en alto, posicionarse cerca de mí. Justo al mismo tiempo que el eco de la metralla alcanzaba al animal.

—¡Dima! ¡Al frente!

Me descubrí a mí mismo desactivando el seguro del arma, mientras Hae-won me cubría al disparar. Apreté el gatillo antes de tener tiempo para pensar en lo que hacía, con la necesidad acuciante de abrirnos paso hacia la salida. Había apuntado justo al centro de la línea de escuderos que teníamos delante. La energía de la explosión se expandió entre ellos, provocando otra humareda putrefacta. El estruendo me reventó la cabeza. Los cuerpos de aquellos hombres cayeron desmadejados. Una lluvia sanguinolenta de miembros amputados y metal incrustado en carne. Cada bombazo allí retumbaba con más virulencia de lo habitual, convirtiendo las migrañas en una tortura de tamaño descomunal. Llegué a tambalearme, preso de un suelo inestable. Otro ataque de tos me quemó la garganta, arrancando algunas lágrimas. No tener el mejor de los olfatos no me libraba de la humareda.

Aquella agonía asfixiante, por irónico que resultara, me permitía no pensar en el hecho de que acababa de matar por primera vez en mi vida. Ya tendría tiempo de decidir si aquello me importaba o no. Había muchas preguntas que todavía no alcanzaba a hacerme: ¿por qué había marines involucrados?, ¿quiénes eran todos esos nombres que habían mencionado?, ¿por qué decidieron desecharnos, hasta el punto de gastar tantos recursos en nosotros?

—¡Ángel, a cubierto! —la insté a buscar cobijo entre el sinfín de basura, cuerpo a tierra aún sin dejar de apuntar.

Sobre nosotros llovían los restos putrefactos de aquel vertedero. El eco de la metralla y la lucha encarnizada que mantenía el resto del equipo se mezclaba en un absoluto caos, difícil de distinguir.

Disclaimer
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 530 + 0 = 530
Energia: 671 - 300 = 371
Espiritu: 240 + 0 = 240
#19



Los soldados empezaron a perder el férreo orden impuesto, corriendo de un lado para otro en un intento desesperado y contraproducente por reorganizarse, mas sin una estructura clara. Las balas silbaron por el pútrido aire y dejaron un rastro visible detrás de sí, se sucedieron los golpes, los gritos, los huesos rotos, el rechinar de dientes; el humo infestó cada rincón, todo se plegó bajo la pólvora y el azufre. Aquella suerte de vertedero, repleto de residuos químicos y de todos los tipos imaginables, se había convertido en un campo de batalla inesperado, en el que las glorias y las miserias humanas salían a relucir. Volaban los pedazos de basura aquí y allá, a medida que nuevas torres de basura se desmoronaban como enormes castillos que colapsaban en cuestión de un instante, salpicando y dejando caer nuevos pedazos mientras se desintegraban y desparramaban. El sudor, los químicos, la sangre, lo podrido: todo se unía en un horrible mejunje que, sin embargo, se convertía en la nada primordial de la que ascenderían aquellos llamados a abanderar la gloria de una nueva generación.

Al cabo de unos instantes, todo se calmó, quedando casi en completo silencio, a excepción de los pedazos de basura que ardían o caían al suelo desde lo alto. El aire aún era casi irrespirable, colmado de polvo que flotaba en el ambiente, pero el movimiento era mínimo. Los soldados, cuyos trajes protectores habían, en su mayoría, reventado, se encontraban tan desperdigados por el suelo como las mismas torres de basura que habían ido colapsando, desangrados, rotos, inconscientes o muertos, en el cementerio más miserable imaginable. La sangre se filtraba por el enorme montículo de basura, fluyendo por sus recovecos y regando lo que fuese que se encontrase bajo todos aquellos desperdicios. Ante todo, y de una manera irónica, aquella sangre regaba esperanza, una esperanza que nacía, como suele ser el caso, del lugar más insospechado.

Muchos de los soldados desparramados por el lugar disponían de llaves, colgadas de sus cuellos, que seguramente les permitirían, por fin, abrir aquella dichosa puerta y salir al exterior, donde, con un poco de suerte, les esperaría aire fresco o, al menos, más respirable que el de aquel condenado vertedero.




Fuera de la sala se extendía un largo pasillo, estrecho, de sobrias baldosas verdes de aspecto sintético y austeridad militar. Las paredes eran de un hormigón armado de aspecto impenetrable, del tipo de material que no dejaría pasar absolutamente ningún tipo de sonido normal. En el techo había algunas sirenas, que, si bien no producían sonido alguno, llenaban el lugar de una inquietante luz roja que lo bañaba todo. Hacía calor. Se sentía el peso del mundo sobre aquel lugar, cerrado a cal y canto, en el que incluso el vertedero en que habían despertado parecía cerrado con la máxima seguridad. La infraestructura de todo el lugar era simple, pero de una solidez y una mesura implacables. No lejos de la puerta del vertedero, otra puerta acorazada era visible, y alguien la había dejado abierta, con un pequeño letrero: "CONTROL". La sala en sí no era de gran tamaño; mucho menor, desde luego, que el propio vertedero. La sala olía a tabaco y a circuitos quemados. En los lados había cajetines de metal, eléctricos. Al fondo, frente a una desvencijada silla de oficina, había una suerte de panel con seis pantallas. Cada pantalla ofrecía una visión completa de un lugar distinto, cada uno con una suerte de combate transcurriendo, quién sabe si a tiempo real. Bajo cada pantalla había una serie de mecanismos, todos distintos entre sí.

Una ronda terminaba, y una comenzaba. El destino repartía una nueva mano, a la espera de las jugadas por venir. Aquel grupo de supervivientes, que se alzaban desde el abismo al que habían sido arrojados, descartados como pedazos de basura, podía ser la clave para desentrañar lo que fuera que estuviese ocurriendo en aquel lugar.



Información
#20
Atributos Personaje


Y entonces, todos dispararon. Y Yuuki observaba el caos librándose. Vio a Wyatt ocupándose del caballo. ¿Esos desgraciados le habían dado a Tocho Morocho? Se lamentaba de haber sido tan clemente con sus disparos un instante antes. Ahora los deseaba muertos. Pero no quedó mucho de ellos. Entre el actuar de Wyatt y de los marines, aquél intimidante ejército quedaba reducido a nada y pronto solo sonaban quejidos de los heridos. Ojalá tuviera ella la paciencia y las ganas de quedarse allí y encargarse de dejar a todos y cada uno sepultado bajo la basura... pero no tenía tanta. Lo que sí tuvo fue la audacia de requisar a unos cuantos, llevándose cosas de valor que pudieran tener.

Al revisar rápidamente dos de los cuerpos y no encontrar mucho, logró identificar que llevaban llaves que parecían ser para la misma puerta, así que sin decir nada más, abrió la puerta del lugar y dio un paso afuera con afán con la mano izquierda mientras que en la derecha aún sostenía el revólver. El aire limpio entró en sus pulmones de inmediato y se sintió como si viviera una vez más. Salir del basurero fue una bendición.

Miró hacia adentro y llamó a todos. Aunque no especialmente preocupada por ellos.

—¡Wyatt! ¡Trae a Tocho Morocho donde podamos revisarlo! ¡Ustedes, marines! ¿No piensan quedarse ahí dentro, o si?

Era importante poder atender al caballo cuanto antes, revisar que estuviera bien y que no iba a estar lastimado. Ni siquiera preguntó si los demás estaban bien. El caballo era lo que más le importaba ahora que el peligro inmediato había pasado. Y aunque estaba nerviosa, sentía que volvía a tener control de sí misma igual que siempre. Quizás fuera por el aire limpio, no lo llegaría a saber realmente. Lo que sí hizo fue mirar alrededor mientras los demás salían.

Daría tiempo y espacio a Wyatt para ocuparse del caballo. Y mientras aquello pasaba, vio la otra puerta. El pasillo en el que estaban era caluroso. Y las luces rojas no ayudaban mucho tampoco. Aunque agradecía que no hubiera ruido de sirenas. Juraba que mataría a cualquier caracol bulloso que se encontrara si eso pasaba. Como fuera, chismosa como era ella, y curiosa también, se aventuró en esa habitación cercana con el letrero de "CONTROL" en su entrada.



Dentro había un olor a tabaco que incomodaba, aunque era mejor que el olor del basurero sin duda. Incluso cada paso que daba, estaba Yuuki molestando con su mano libre para organizar las plumas de sus alas. Incluso pensó que olía peor que Barald... ¡Barald! Un momento... ¡Ese era Barald! ¡Y Tezca! ¡Y también Ryota! ¡¿Y ALGUIEN OSABA GOLPEAR A RUNIN?! Estaban muertos. Muertos bien muertos. Pero antes de salir corriendo, se detuvo a sí misma en seco. Había visto a sus amigos en los Proko, ¿Pero dónde exactamente estaban? No podía quedarse ahí. Y también sentía que la situación la superaba.

—¡VENGAN TODOS! ¡LOS HE ENCONTRADO! ¡A NUESTROS AMIGOS! ¡CIERTAMENTE!

Guardó la pistola y continuó revisando la consola. Olía a circuitos quemados y algo no le daba buena espina. Pero tampoco podía quedarse quieta. Mientras llegaban los demás, ella estuvo mirando que la que decía ser la Cámara tóxica correspondía con la pantalla del Proko en la que aparecía Runin. Y un botón de la sala estaba encendido. Aunque podía notar que Runin y... ¿Porqué era familiar el espadachín? Bueno. Los que estaban allí, estaban luchando contra un hombre con máscara.

Tezca y Barald estaban en una sala peleando contra un cocodrilo. ¿Ese era Shin? Y al otro marine también lo reconocía. Si no fueran marines... daba igual, ahí estaban dos de sus amigos. Así que adelantó la mano para buscar presionar un botón. Pero se detuvo de inmediato. Había más caras conocidas en las pantallas. Plataforma océano.

Miyori luchaba junto a una cara que recordaba del periódico. Melly. Y estaba Kazan también ahí. Y una marine. Y tenían problemas. Cámara de conservación polar, ponía.

Alek peleaba en otra sala junto a unos marines. Plataforma energética.

Había otra que decía sala de torturas. Y allí había unos marines y... Dharma. Lo reconocía también del periódico. ¿Estaban bailando? Para ser la sala de torturas, parecían divertirse. No. Esperen. Dharma acababa de lanzar un golpe y luego los marines también.

Finalmente vio la sala de calderas. No lograba ver bien, pero parecía que habían cuatro peleando contra una rubia. ¿O eran tres? Normalmente contaba tres. Pero sus ojos parecían engañarla y mostrar cuatro. ¡Y también estaba Seraphine allí!

Quería picar los ojos de esos Proko y no ver más, la cabeza le dolía. Estaban todos allí. Y seguramente muchos de esos marines también eran los amigos de los que estaban con ella y Wyatt. ¿Qué podían hacer? Presionar botones parecía lo más obvio. Al final estaban en una sala de control. Pero no podían presionar todo a la vez. Un botón equivocado y las cosas podrían terminar mal. Levantó su mano otra vez y dudó. Dudó bastante. Pero cerrando los ojos y apretando los dientes y todo músculo en su cara, tomó la tercera palanca de la sal que decía Planeta Océano y la accionó, esperando a que algo bueno sucediera.

—...por favor...

Combo de pollito frito con papas
[Imagen: o32YH2T.png]

✎ (❁ᴗ͈ˬᴗ͈) ༉‧ ♡*.✧ Cronología ༺♥༻❀༺♥༻
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 371 + 0 = 371
Energia: 254 + 8 = 262
Espiritu: 132 + 0 = 132


Salto de foro:


Usuarios navegando en este tema: 1 invitado(s)