Los Susurros Bajo la Nieve de Drum [Aventura T4][Presente Absoluto]
#1
Año 17
Verano
Día 74
18:45

El reloj del campanario marca las 18:45, una hora en la que el cielo de la isla Drum comienza a teñirse de tonos azul violáceo, anunciando la llegada de una noche especialmente fría incluso para los estándares de la isla. Una nevada ligera cae de forma constante sobre el reino Sakura, cubriendo los tejados curvados y las calles empedradas con una capa fina de blanco que amortigua los sonidos de la ciudad. A ambos lados de la avenida principal, los cerezos en flor permanecen en plena floración a pesar del invierno perpetuo, sus pétalos rosados contrastando con la nieve que se acumula en sus ramas, creando una escena de belleza casi irreal. La arquitectura mezcla madera oscura con piedra clara, combinando tejados orientales inclinados con balcones de estilo occidental, mientras faroles cálidos comienzan a encenderse uno a uno, reflejándose tenuemente sobre el suelo húmedo. A lo lejos, dominando el horizonte, se alzan los imponentes Drum Rockies, cuyas cumbres puntiagudas parecen tambores gigantes emergiendo de la tormenta, parcialmente ocultas por nubes bajas que se arremolinan entre los picos. En una de las calles que conectan el centro de la ciudad con el camino ascendente hacia la montaña, entre el murmullo lejano de conversaciones apagadas y el crujido de la nieve bajo los pasos de los transeúntes, se encuentran Maki y Maria, situadas en ese punto intermedio entre la seguridad aparente de la ciudad y el inquietante silencio que se extiende hacia las montañas nevadas.

Poco después, la luz azulada del atardecer ha desaparecido casi por completo, dejando al reino Sakura iluminado por la tenue calidez de los faroles de papel que cuelgan a lo largo de la avenida que conduce hacia el sendero de los Drum Rockies, cuyas siluetas oscuras se elevan como gigantes dormidos entre la neblina de la noche. La nevada se ha intensificado ligeramente, haciendo que los sonidos se vuelvan más apagados y que cada paso sobre el suelo cubierto de hielo produzca un crujido seco que se pierde rápidamente en el silencio invernal. Algunos comerciantes comienzan a recoger sus puestos con movimientos apresurados, evitando permanecer demasiado tiempo en la calle, mientras grupos de ciudadanos regresan a sus hogares sin detenerse a conversar, como si quisieran resguardarse antes de que algo más ocurra.

En ese momento, el sonido rítmico de ruedas sobre piedra húmeda rompe la calma. Un pequeño convoy de guardias del reino avanza por la calle, sus abrigos blancos camuflándose parcialmente con la nieve mientras escoltan un carro cubierto por gruesas lonas aseguradas con cuerdas tensas. El vehículo avanza con prisa contenida, sin ostentación, pero con una vigilancia excesiva para algo que aparentemente debería ser rutinario. Los faroles cercanos iluminan brevemente el lateral del carro, revelando la silueta irregular de algo en su interior que se mueve con dificultad, deformando la tela desde dentro de manera apenas perceptible. Los ciudadanos que aún permanecen en la calle apartan la mirada con rapidez, fingiendo no notar la escena, mientras uno de los caballos relincha con nerviosismo al comenzar el ascenso hacia el camino que se adentra en la oscuridad de la montaña.

Durante un instante fugaz, el viento levanta ligeramente una esquina de la lona, dejando ver un conjunto de vendas médicas manchadas que envuelven lo que claramente es un brazo humano inmóvil, antes de que la tela vuelva a caer en su sitio. El convoy no se detiene, no explica, no anuncia su propósito; simplemente continúa su avance hacia el sendero que conduce a las zonas más altas de la isla de Drum, donde las luces de la ciudad ya no alcanzan y el silencio de la nieve parece absorber cualquier rastro de lo que ocurre allí arriba. El crujido de las ruedas se desvanece poco a poco mientras el carro desaparece entre la bruma fría del ascenso, dejando tras de sí una sensación difícil de ignorar: algo o alguien está siendo trasladado hacia la montaña… y nadie parece dispuesto a hablar de ello.

La actividad en las calles del reino de Sakura se ha vuelto más contenida, como si la ciudad entera hubiese decidido bajar la voz al mismo tiempo. La nieve continúa cayendo con suavidad, cubriendo los tejados y acumulándose sobre los pétalos rosados de los cerezos que decoran la avenida principal, mientras el aire frío arrastra fragmentos de conversaciones que apenas se mantienen en susurros. Cerca de la entrada de una pequeña tienda de remedios herbales, dos ancianos murmuran con visible inquietud, asegurando que cada vez son más los que desaparecen durante la noche, siempre personas relacionadas con la medicina o el cuidado de enfermos. Un poco más allá, una mujer envuelta en un grueso abrigo comenta a un comerciante que ha visto luces encenderse en la montaña a altas horas, incluso durante tormentas en las que nadie en su sano juicio debería ascender por los senderos helados.

Un joven mensajero asegura en voz baja que su hermano fue contratado para transportar suministros médicos hacia un antiguo edificio en los Drum Rockies, pero que nunca regresó, y que cuando preguntó por él, los guardias del reino simplemente le dijeron que “había sido reasignado”. Cerca de un puesto de comida caliente, un viajero afirma haber escuchado extraños sonidos metálicos resonando en la montaña, como si alguien estuviera trabajando en instalaciones ocultas bajo el hielo. Nadie parece tener información completa, pero todos coinciden en lo mismo: desde hace meses, algo se mueve en secreto en las alturas de la Drum, y quienes hacen demasiadas preguntas suelen dejar de ser vistos en las calles. Las conversaciones se interrumpen cada vez que pasa una patrulla, y las miradas se desvían rápidamente hacia el suelo, como si incluso pronunciar ciertos rumores en voz alta pudiera traer consecuencias. 

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*Pienso*  -Hablo-  Narro
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#2
El verano trae vientos de cambio
El frio moral, pero hermoso
La muerte suele serlo
¡Resístete vive!

Las tardes solían ser frías pero esta vez lo era mucho más. Ella desde que llego tenia congestión y a veces estornudaba casi sin motivo, no era ella. Parecía lánguida y pasiva, con sus brazos siempre cruzados buscando el calor debajo de sus axilas, en sus bolsillos tiritando y creyendo que se moriría. Pensaba que era algún tipo de efecto secundario de convivir tanto con su otra parte, la lagartija… de sangre fría suponía que el frio le afectaba más que otros. Sin embargo, abrigándose un poco más solía solventar los problemas de ese tipo… siempre con sus espadas, siempre con sus armas, preparada para… para…para… —ACHOOOOOO!!!— El dolor en la columna le mataba cada que estornudaba tan fuerte. Se limpio la nariz y miro a Merlot con el rostro sonrojado. Sentía que el liquido le corría desde la nariz. —Medlod… cuaddo dos vamod de eda mieda de idla… da odio…— Medio dijo arrebujada en una gran capa negra con mucho pelo a la altura del cuello.

Los paisajes que se alzaban alrededor de la ciudad eran de fantasía, los colores níveos y puros contrastaban hermosamente con el rosa intenso de los árboles que podía incluso evocar la fantasía de los corazones de aquellos que rondaban en las calles. Merlot no parecía incomoda, solo ella era la lagartija con sangre fría?... probablemente, Maki admiraba mucho la fusión de hemisferios en la ciudad, ella como carpintera creía que era maravilloso y los colores también combinaban a la perfección. Ella se metía mas dentro de sus propias ropas, cubierta casi toda su piel, no por miedo que le reconocieran, sino porque mierda… tenía FRIO!

Se quedó absorta mirando fijamente las luces hermosas que se iluminaban paulatinamente una detrás de otra, muy metódicamente intentando iluminar toda la ciudad con un color romántico, tenue y que hundía a la ciudad en una especie de canción de amor susurrante que le pegaba en los oídos con fuerza. Las montañas al fondo le provocaban divertirse en la nieve, pero no hoy, no mañana, sino solo un día entre el verano pausando unas vacaciones en medio de dos islas de arenas candentes.

—Mer… cómpdame un café… quiedo de vaidilla. Y unas galletas… vamos pod unad gadetas… dengo hamde… ahoda.— Maki cuando estaba enferma o medio enferma se volvía realmente débil, maleable y algo infantil y mañosa, deseaba que la mimaran, estar acostada y taparse hasta las orejas, no era ella misma. Buscaban algunas cosas, un par de herramientas para trabajar la madera de manera mas eficiente, era extraño que su Unnie le acompañase, siempre espiando conversaciones con su den den mushi. 

 La nieve comenzó a caer un poco más intensamente y un copo de nieve cayo directo en la punta de su nariz solo para provocar… un… un… un —ACHOOOOO!!!— El dolor de la columna… estaba harta… su brazo, su resfrío, mierda. Ya no aguantaba más. quería irse irse irse irse ya ya ya.!! Sacudió su cabeza, su cuerpo como un perro mojado sacándose el peso del agua. Sus sentidos atentos se centraron en la ronda de soldados que camino en formación por la calle,

La comitiva parecía importante e incluso algunos de los transeúntes le ignoraban como si fuera algún tipo de noble con el cual no podían cruzar la vista. Algo… extraño transportaban… Su vista aguzada, su oído como una bestia salvaje al acecho se volcó en descubrir que llevaban. Se subió la mascarilla y aguanto un poco los estertores del frio intenso de la ciudad. Algo le olía mal.

Algo… pasaba en la montaña, los rumores pululaban, Maki se tocó el pecho… acomodo sus cosas, s guitarra en su espalda se meció con melodías hermosas de aceros chochando con armonía Maki le toma del brazo a su hermana y le apunta con la cabeza en dirección a la montaña. Ahí donde muchos rumoraban de cosas extrañas… —Escuchadte eso?... puede que encondemos adgo… decuedas duesta primeda aventuda?... vamos a ver que hay adiva y vamos di podemod dobad un tesodo.— Resoplo para sorber por la nariz.

Habían dejado a Rochallor en las caballerías cercanas sin duda podrían cabalgar en la malvada ave para llegar donde deseasen. No sin que recontra picase un par de cientos de veces las manos y la cabeza de Maki y en cambio se frotase suavemente con la cara y el rostro de María Merlot.
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#3
Narrador / María Merlot





Día 74 de Verano.
Año 17.
10:58 a.m.
Reino de Sakura, Isla de Drum.

La joven mestiza se balanceaba al ritmo de la suave brisa. Se encontraba sentada en el mascaron del Flush Royal, con los ojos cerrados y los grillos jugando con las memorias perdidas de tiempo atrás. Nadie los escuchaba, ella sí. El susurro armónico de la isla, el abrazo frio de un lugar con alma, pero inhóspito e indescifrables en sus paisajes níveos. Lo decidió cuando regreso de compras hacía unos días: iría a explorar la isla, conquistaría cada rincón y si tenia mucha fortuna, encontraría historias que contar. ¿A quién? ¡A quien quisiera escucharlas! Por supuesto, también albergaba otro deseo palpitando en esa aventura que emprendería: Probarse. El ejemplo de superación de su hermana, la animaba a intentar ser algo más… ¿más qué? ¿Útil, tal vez?

Los parpados de la semi sirena poco a poco revelaron los orbes ámbar al tiempo que una sonrisa traviesa y algo más se apoderaba de sus finos labios. En su diestra una pluma lista para escribir un mensaje, en la mano contraria una hermosa postal de la Isla de Drum: El Pueblo de Sakura en medio de una nevada. Sin esperar más levanto la pluma, se dio un toque en el mentón y procedió a escribir:

Para: Mi Esposo Rojo Granate, el mejor Marine de mi Corazón. «Bertram Gaufrid»
¿Te gusta la nieve, Esposo? Espero que sí, porque he descubierto que me gusta muchísimo.
Con cariño, tu Esposa Ya No Tan Azul Celeste.

La caligrafía de María se desplegaba, curiosamente a lo que podrían imaginar, de manera pulcra y cálida, con cada trazo buscaba transmitir la promesa hecha, no desde la obligación gélida, sino con la simpatía que el recuerdo del marine pelirrojo marco en ella. Dudaba de la reciprocidad de la contraparte, pero poco le importaba porque solo necesitaba de sus ensoñaciones, sumado a que escribir la hacía muy feliz.



Día 74 de Verano.
Año 17.
06:45 p.m.
Reino de Sakura, Isla de Drum.

Medlod… cuaddo dos vamod de eda mieda de idla… da odio…

— … pronto imagino, aunque a mí me encanta, Unnie — le respondió con una sonrisa medio culpable, porque ella si estaba disfrutando la estancia en la blanca isla. Maki, Trhym y Hyakinthos la estaban pasando mal con ese clima invernal.  Cuando llegaron al pueblo, el silencio se instauro entre ambas, lo etéreo de la visión las cautivo. Claro, no sin antes dejar a buen resguardo a Rochallor, la tierna mascota emplumada de la valquiria — … es simplemente hermoso — musito para si misma, aunque si su hermana la escuchaba tampoco hacia diferencia. La mestiza se quedo muy quieta, congelada en el sitio mientras sus orbes apreciaban la belleza del paisaje: Rosado sobre Blanco. Sin prestar mucha atención saco su Den Den Visual y tomo una foto, la usaría como postal para la próxima vez que le escribiera a su esposo de mentiras. También aprovecho un descuido de Maki para tomarle un par de fotos. Luego lo guardo en su bolso de medio lado.

Mer… cómpdame un café… quiedo de vaidilla. Y unas galletas… vamos pod unad gadetas… dengo hamde… ahoda.

— ¿Vamos al Sweet Cake? — propuso recordando a su nueva amiga Xandra. Ver a la valiente mujer actuar como una pequeña en busca de atención la hizo sonreír, y sentirse por primera vez, como la hermana mayor — ¿Solo vainilla? ¿Chocolate, azúcar, crema, malvaviscos? — cuestiono pasando su brazo derecho por el hueco del izquierdo de la dama, una muestra de cercanía y cariño fraternal.

ACHOOOOO!!!

Al escuchar ese estornudo la pelirrosada se apartó, le daba su espacio — ¿Segura que quieres dar este paseo? Podemos volver al barco, a nuestro camarote, pasar toda la noche jugando tres en uno o al ahorcado, tengo nuevas palabras que he estado aprendido con los habitantes de aquí: Hipopotomonstrosesquipedaliofobia — recito con gran agilidad vocal soltando una agraciada risa al final, una que atrajo, como siempre, miradas de las personas a su alrededor, después de todo, María no solo era bella, era simplemente etérea. Su cabello, largo y rosado pálido enmarcaba un hermoso rostro de piel perfecta. Sus ojos ámbar reflejaban la calidez de su esencia. Y aunque cubierta por la ropa abrigadora, su figura sugería una armonía de contornos idílicos para despertar anhelos en quien la viera, sin importar su orientación sexual. En conjunto, y sin miedo a equivocarse, podría tratarse de la mujer más hermosa en el Reino de Drum. Y como plus, lo que fascinaba aun más a sus habitantes, es que les recordaba a sus adorados cerezos con sus preciosas hebras sakuras.

María continuaba tomando fotografías, cuando el crujido de ruedas la distrajeron por un momento: un convoy sin nada más llamativo para ella, aunque con su buena vista pudo ver una especie de bulto deforme. Lo ignoró, y volvio a retomar su actividad: tomar fotografías para intentar usarlas como postales más adelante, pero cuando los murmullos aumentaron, su vena cotilla salió a flote: un hermano contratado y luego reasignado, sonidos metálicos provenientes de las montañas, varios meses desde que sucede, y quien intenta averiguar algo… nunca regresa. ¡Sonaba a todo un chisme! Sus ojos brillaron, y cuando estaba a punto de decirle a su compañera que fueran… ella se le adelanto.

Escuchadte eso?... puede que encondemos adgo… decuedas duesta primeda aventuda?... vamos a ver que hay adiva y vamos di podemod dobad un tesodo.

— Si, escuche… ¿Serán fantasmas? ¿O tal vez sacrificios a un rey fantasma? ¿Si hay fantasmas en las montañas deberíamos… llevarles también café, Unnie? — sonrió con travesura, le encantaba la cotilla y ahora necesitaba descubrir que sucedía y cual era el misterio que envolvía aquel convoy y los rumores.

María lleva un bolso de medio lado, dónde resguarda sus tres Den Den Mushis y algunas cositas más. También, llevaba en su espalda, su siempre confiable escudo, aunque su largo cabello rosado lo tapaba.



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Karma Fanático: Hyakinthos. 
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#4
Son las 19:36, y la nevada comienza a hacerse más espesa en las calles ascendentes que conectan el reino de Sakura con los senderos que serpentean hacia los Drum Rockies, cuyas cumbres dentadas se recortan como colmillos oscuros contra un cielo ya completamente nocturno. Los faroles de papel iluminan el camino con un brillo cálido que apenas logra penetrar la bruma fría que desciende lentamente desde la montaña, como si la propia isla exhalara un aliento helado. El sonido distante de las ruedas del convoy resuena de forma irregular sobre la piedra congelada, cada crujido amplificado por el silencio antinatural que parece haberse apoderado de la zona.

A medida que el convoy avanza, el entorno urbano comienza a diluirse en una arquitectura más dispersa, donde las casas tradicionales dejan paso a almacenes antiguos, establos y pequeños edificios utilizados antiguamente por médicos y comerciantes de hierbas. Algunas ventanas permanecen cerradas con tablones envejecidos por el clima, mientras que otras muestran tenues luces que se apagan discretamente al paso de la escolta armada. Un perro ladra brevemente desde un callejón antes de retirarse con un quejido bajo, como si hubiera percibido algo que no logra comprender.

El carro cubierto continúa su ascenso sin detenerse, y por un instante una de las lonas se tensa desde el interior, deformándose hacia afuera como si algo dentro intentara incorporarse o liberarse, provocando que uno de los guardias golpee la madera lateral con la culata de su arma para forzar la quietud. El sonido seco del impacto se pierde rápidamente entre el viento que comienza a soplar con mayor intensidad desde la montaña, trayendo consigo partículas de nieve más finas y punzantes.

Más arriba, el camino se vuelve más estrecho y empinado, bordeado por muros naturales de roca parcialmente cubiertos de hielo, donde antiguas señales de madera indican rutas hacia instalaciones médicas que ya no figuran en los registros actuales del reino. Entre la neblina, por breves momentos, pueden distinguirse luces lejanas en niveles superiores de la montaña: puntos amarillentos que parpadean débilmente, demasiado organizados para ser simples refugios improvisados.

El murmullo del viento arrastra consigo un sonido metálico casi imperceptible, como el eco lejano de herramientas chocando entre sí o el arrastre de estructuras pesadas siendo desplazadas en algún punto oculto de la montaña. No es un ruido constante, sino intermitente, irregular… lo suficientemente presente como para resultar inquietante.

A medida que el convoy desaparece parcialmente entre la niebla ascendente, la sensación se vuelve clara incluso sin palabras: en lo alto de la isla de Drum, algo sigue activo a pesar del frío extremo, algo que requiere transporte constante, vigilancia armada… y discreción absoluta. El sendero continúa hacia arriba, perdiéndose en la blancura creciente, allí donde la luz de la ciudad deja de alcanzar y el silencio de la nieve parece ocultar cualquier secreto que no deba ser encontrado.

Son las 20:24, y el ascenso final hacia las zonas más elevadas de la isla de Drum revela un paisaje cada vez más hostil, donde el viento sopla con una intensidad que arrastra finas agujas de nieve contra la roca desnuda. El sendero termina en una amplia explanada natural parcialmente excavada en la base de uno de los picos secundarios de los Drum Rockies, un lugar que no figura en mapas recientes y que parece haber sido adaptado con un propósito muy concreto. Antiguos muros de piedra han sido reforzados con vigas de madera oscura, y varias estructuras auxiliares, almacenes, cobertizos y pequeñas casetas de vigilancia, se encuentran distribuidas alrededor de una edificación principal que se alza encajada en la montaña, como si hubiera sido construida directamente sobre una antigua instalación médica olvidada por el tiempo.

El edificio principal conserva rasgos de arquitectura sanitaria antigua: amplios ventanales ahora cubiertos por gruesas placas translúcidas para proteger del frío extremo, chimeneas estrechas que expulsan un humo tenue casi imperceptible, y símbolos médicos desgastados por el paso de los años apenas visibles bajo capas de hielo acumulado. Sobre la entrada, parcialmente cubierto por nieve endurecida, aún puede distinguirse el relieve de una insignia asociada a la antigua tradición médica del reino, lo que sugiere que aquel lugar tuvo un propósito legítimo en el pasado antes de ser aparentemente abandonado… o reaprovechado.

El convoy se detiene frente a un portón reforzado con placas metálicas añadidas posteriormente, un elemento que desentona con el resto de la construcción original. Dos figuras cubiertas con gruesos abrigos blancos abren el acceso tras una breve señal, permitiendo que el carro desaparezca en el interior sin ceremonias ni intercambio visible de palabras. El portón se cierra con un sonido grave y pesado que resuena en la roca circundante, disipándose en el viento como un eco profundo.

En los alrededores, varios puntos de luz permanecen encendidos de forma constante, alimentados por generadores protegidos bajo cubiertas improvisadas. Finas tuberías recorren partes exteriores de la instalación, algunas cubiertas por capas de escarcha que indican uso reciente a pesar de las condiciones climáticas extremas. En una zona lateral, parcialmente protegida del viento, se observan cajas de transporte marcadas con símbolos médicos, algunas abiertas y otras selladas con precintos recientes, junto a herramientas que parecen haber sido utilizadas con urgencia y dejadas a medio ordenar.

El silencio en la zona resulta antinatural para un lugar que claramente mantiene actividad. No se escuchan conversaciones ni pasos innecesarios, solo el constante silbido del viento al chocar contra las paredes de piedra y el ocasional sonido metálico lejano proveniente del interior de la instalación, como si en sus profundidades alguien continuara trabajando sin descanso. De manera intermitente, una tenue luz más intensa se filtra por una de las ventanas superiores, parpadeando con irregularidad, lo que sugiere el funcionamiento de equipos o procesos que requieren energía constante.

La montaña alrededor actúa como una barrera natural que oculta el lugar desde casi cualquier ángulo inferior, haciendo evidente que la localización no es casual. Todo en aquel punto sugiere discreción, aislamiento y una intención clara de mantener lo que sucede allí lejos de miradas ajenas. A esa altitud, donde incluso los animales evitan permanecer durante mucho tiempo, la existencia de una instalación activa solo refuerza la sensación de que aquello que se realiza en el interior no está destinado a ser conocido por el resto del reino. 

Imagen de la zona

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*Pienso*  -Hablo-  Narro
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#5
El frio no era insoportable, pero odiaba sentirse tan empaquetada con la ropa, tan abrigada y limitada en sus movimientos. El catarro y el sentimiento de mierda de estar siempre resfriada era lo peor, Su Unnie por otro lado parecía no sentir el frio en absoluto, seguro como era mitad pescado y el agua siempre estaba fría, le hacia invulnerable a las bajas temperaturas. O al menos esta la sentía a un nivel aceptable.

El catarro era terrible de llevarlo, la pelirosa le tomo el brazo a la … … pelirosa?... si, se miro en una vitrina y tenía el cabello ahora, rosa. Que tontería mas grande. Bueno no era tiempo de nuevos rencores ni de pelear por tonterías, después de todo, se habían unido mucho mas después de aquel incidente.

—Eda do ed uda padadla donda! Di, quiero id a… a… a… ASHOOOOO!!!! Demodios— Maldijo mientras volvió a estornudar con potencia, Merlot comenzó a dar algunas impresiones, una sinfonía de disparates que Maki en su resfrío comenzaba a creer, pero a ella le daban cosa los fantasmas y ese tipo de espíritus y apariciones. La nieve comenzaba a caer muchísimo más densamente. Y Maki parecía sentirlo, pero no quería quejarse demasiado ni parecer una quejica.

Ambas comenzaron a caminar algo alejadas para no llamar la atención, algo llevaban, algo… oculto, ¿Algo secreto?... quizás. Pero por que los guardias llevarían algo así, más aún parecía alguien en aprietos, la caravana apenas pasaba por el desfiladero y le daba o muy buenas opciones de defensa o le caía una emboscada en el culo. Sea lo que sea, ya tenían su atención, su completa atención. Su oído era agudo, se atrevía d decir que era el más agudo de todo el mundo, podía… podía escuchar el golpeteo de algo… en la lejanía, era demasiado lejos, no podía identificarlo de verdad. —Eddo me uede mu mad… a di do medod? Segudo endondamoad adgo…— Maki persistía y se emocionaba, quería saber que era lo que pasaba.

Avanzando por el camino perdieron de vista de pronto la carreta, claramente era más rápida y estaban acostumbrados a viajar seguro en esta zona. Maki chasqueo la lengua, pero prosiguió, a pesar del frio, a pesar de su sentimiento de enfermedad que aumentaba más y más. Cuando al fin llegaron al supuesto sitio, ella decidió esperar, no entrar de una en medio… a quien engañaban… Maki no aprendía, era impulsiva, era torpe y ruidosa, saco su tanto con la mano izquierda rozo la espada que podría emerger de su guitarra el lugar parecía abandonado, pero ella no se confiaría, después de todo, las islas se estaban volviendo más y más peligroso, solo entonces volvieron a ver el convoy y Maki se agacho detrás del follaje nevado, ahí agachada junto a Merlot… —Vamos Merlot mira, eso de ahí… vaya… mi nariz, creo que con la caminata se ha despejado… que bien, este día solo mejora. Que es eso… mira… son dos… parecen soldados elite… será que tendremos que enfrenarlos para desvelar este misterio?.— En realidad a Maki poco le importaban los misterios, lo que deseaba era partir huesos.

Maki se adelanto y cuando se cerro la gran puerta quiso abrirla a nace y Un una nueva ida. Poco a poco, empujo la puerta para abrir, solo lo justo. Siempre con su arma, al menos la tanto en su poder no era tan vistosa y usada con maestría, seguro que pararían a cualquiera que ataque y era mucho mas simple de guardar y ocultar. Abrió la puerta lo suficiente para que cupiera su culo y las tetas de Merlot. Siempre con la guarida en alto y con la violencia al tope.
[Imagen: Maki_NNM.gif]
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#6
Narrador / María Merlot



Eda do ed uda padadla donda! Di, quiero id a… a… a… ASHOOOOO!!!! Demodios

Los orbes ámbar buscaron la voz de la hermana valquiria. Su cabeza se inclino unos grados hacia la derecha, y parpadeo tres veces. Intento descifrar el comentario dicho a través de una nariz congestionada por el frio del lugar.  Los grillos revolotearon en su cabeza, si podía entender a Cara Melo y Rochallor, esas palabras enigmáticas también tendrían sentido para ella. Los engranajes se movieron, sus pocos conocimientos hicieron “Clack Cleck Click Clock Cluck”, entonces lo descifro: La mujer se refería a que no eran fantasmas sino demonios, con una paleta de pandas y ella quería algo, pero estornudo — ¡Salud, Dinero y Amor! — recito con alegría cuando su nakama expulso más partículas de baba virulenta al entorno.

7:36 p.m.
Algún lugar Drum Rockies.

Las ganas de aventuras de Maki D. Zenin y la curiosidad de la mestiza las llevaron a seguir el convoy, dejando atrás el pueblo y los últimos vestigios de la luz del sol. El estado del tiempo también las abandonaba: más brisa, más nieve. Por suerte, la buena vista de la joven vestida de blanca ayudaba a seguir aquello que llamo su atención, porque entre en esas condiciones climáticas, y sus nulos sentidos de la orientación, terminar perdidas sería en esa leve ventisca, cuando mucho, desastroso.

La nieve le gustaba, hizo un par de ángeles en la cubierta del Flush Royal, sin embargo, en esa montaña, y con esa misión misteriosa le parecía medio… indeseable. El encanto del clima gélido lo podía apreciar cuando el sol estaba en lo alto, ahora que las temperaturas caían por ausencia del astro rey, pasaba a formar parte del Team: Vámonos de esa isla. María subió la cremallera de su abrigo, y metió las manos enguantadas en los bolsillos, no sin antes ajustar el gorro con forma de gatito, y la bufanda en su cuello, casi por ultimo se puso la capucha — Ojalá los demonios y fantasmas tengan chocolate caliente, o sopa, o cualquier cosa que nos ayude a entrar en calor. ¡Una chimenea también serviría! Encendida, claro. Oh, mira, ese copo tiene forma de pie… — a pesar de seguir el vehículo, la muchacha no podía dejar de ser ella misma, pero en baja voz, susurrándole con su encanto particular los deseos a su hermana de encontrar algo que las calentara desde adentro, luego se distrajo con la nevada.
Eddo me uede mu mad… a di do medod? Segudo endondamoad adgo…

La Valkiria Besada por el Sol se escuchaba muy determinada, lo que catalizó la vena cotilla en la semi sirena. ¿Y como no lo estaría? Cuando las palabras de la nueva pelirrosada ella las interpretaba como “¿Qué tal te quedan tus dedos? ¿Me das un abrazo? ¡Aseguro que hay un demonio!” — … acobijaditos en mis guantes, Unnie. ¡Claro todos los abrazos que quieras! — sin esperar se lanzó sobre ella dándole un apretón de lado, quedando su cabeza en el hombro de esta  — … eres la mejor, Unnie — pronuncio con toda la sinceridad que su corazón podía trasmitir para luego restregarse dos veces como un gato, y sabiendo lo cambiante que podía llegar a ser, se apartó casi de inmediato dedicándole su más encantadora sonrisa — … se nos va, se nos va, continuemos — el vaho acompaño su buena energía, y los ojos volvieron al convoy. Su vista privilegiada le permitió ver algo muy curioso: el bulto de antes, volviendo a moverse… siendo neutralizado por uno de los guardias — … ¿por qué golpean fantasmas, digo, demonios? — cuestiono mirando a su hermana, quien siguió andando.

8:24 p.m.
Algún lugar Drum Rockies.

María pensó que las botas que compro en esa isla eran muy buenas, la caminata fue larga, el camino difícil pero los zapatos la llevaron cómodamente hasta esa explanada que terminaba en una verja, que protegía el misterio del convoy. El movimiento constante la calentó, aunque aun pensaba que una bebida caliente, como chocolate, le vendría bien. Ella se quedo quieta, esperando las instrucciones de su hermana, por suerte su ropa blanca parecía mimetizarla con el paisaje. Aprovecho esos segundos de silencio para detallar el lugar: las estructuras, los ventanales, las tenues luces, las cajas, el símbolo… eso ultimo le recordó al objeto de su adoración: Hyakinthos. Quien una vez le explico que significaban algunos símbolos médicos, y ese sin duda parecía gritar: MEDICINA. La chica trago saliva, pensando que quizás no se trataban de fantasmas o demonios sino de un centro de salud. Tal vez las personas de los rumores en el pueblo no desaparecieron, solo estaban recibiendo atención medica especializada por esos buenos soldados.

Que es eso… mira… son dos… parecen soldados elite… será que tendremos que enfrenarlos para desvelar este misterio?

María volteo a mirar a su hermana, con los ojos como plato. ¡No, nada de enfrentar a soldados de elite médicos! Pero antes de negar aquel comentario, la nueva pelirrosada se precipito al encuentro. Las palabras murieron en su boca, para la mestiza no había misterio, solo un lugar de ayuda humanitaria con apariencia de casa de terror, pero no todos podían verse tan bien como ella. Abriendo su abrigo, para sacar el escudo en su espalda, la joven lo ajusto a su diestra. ¿Por qué? Por si las acciones de su hermana hacian que las atacaran con algodones empapados de alcohol o agujas con vitaminas. Sin pensar más, siguió a Maki D. Zennin, convencida que no había gran enigma pero por ser dos extrañas de noche invadiendo una propiedad, iba precavida: era loca, no tonta. La vio abrir la reja, curiosamente, sin emitir ningún tipo de sonido, por un momento la mujer pensó que chirriaría metálicamente. Se quedo detrás, mirando por encima del hombro de la dama...



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#7
El interior del complejo recibe la noche con una quietud demasiado controlada. Nada chirría, nada parece improvisado; incluso el aire parece regulado. Tras el portón reforzado, un pequeño patio interior sirve de antesala al edificio principal: la nieve ha sido retirada con precisión quirúrgica, dejando un suelo de piedra oscura apenas húmedo por la reciente limpieza. Lámparas protegidas por cubiertas metálicas emiten una luz amarillenta constante, suficiente para revelar huellas recientes que entran y salen con frecuencia, pero no tanta como para permitir observar con claridad lo que ocurre más allá de la entrada principal.

La puerta del edificio permanece entreabierta, y desde el interior escapa un hilo de luz blanca mucho más intensa que la del exterior, una iluminación artificial demasiado pura para un lugar que debería estar abandonado. El contraste revela motas de vapor suspendidas en el aire, como si la temperatura interna fuese considerablemente más alta que la del exterior. El olor es tenue, pero reconocible: alcohol médico, metal limpio, y ese matiz ligeramente dulce que acompaña a ciertos compuestos químicos utilizados en procesos clínicos.

Un pasillo corto conecta la entrada con una estancia más amplia en la que varias mesas metálicas han sido dispuestas con orden casi obsesivo. Sobre ellas reposan bandejas con instrumental cuidadosamente alineado, vendas aún empaquetadas y pequeños frascos etiquetados con códigos alfanuméricos recientes. No hay polvo. No hay signos de abandono. Cada superficie refleja la luz con un brillo frío y funcional.

Desde una sala contigua llega un sonido irregular: un leve tintinear de metal contra metal, seguido por el zumbido intermitente de algún tipo de mecanismo eléctrico en funcionamiento. El ruido no es constante, pero sí lo suficientemente frecuente como para confirmar que alguien continúa trabajando más adentro. El eco se desplaza por el interior del edificio con una resonancia suave, amortiguada por las paredes gruesas que mantienen el calor contenido.

En uno de los laterales del corredor, varias cajas de transporte han sido abiertas recientemente. En su interior se distinguen envases térmicos y contenedores reforzados con cierres herméticos, algunos marcados con símbolos médicos tradicionales, otros con identificadores que parecen más recientes. Sobre una de las tapas mal cerradas, una pequeña capa de escarcha comienza a formarse, señal de que el material en su interior mantiene temperaturas extremadamente bajas incluso fuera de su sistema de conservación.

Más adentro, apenas visible desde la entrada, una estructura de cristal reforzado delimita lo que parece ser una sala de observación. La iluminación allí es más intensa, proyectando sombras largas que se mueven lentamente, como si varias figuras estuvieran manipulando equipo o revisando algún procedimiento delicado. De forma momentánea, una silueta se perfila contra la luz blanca: una figura cubierta por una bata gruesa, rostro oculto tras protección sanitaria, que pasa de un lado a otro sosteniendo algo alargado y metálico.

El sonido seco de un cierre hermético resonando en la distancia confirma que alguna cámara ha sido sellada recientemente.

En una pared cercana, parcialmente oculta tras un panel móvil mal ajustado, puede observarse un símbolo médico antiguo grabado en piedra original, diferente a los marcados en el equipo moderno. Bajo él, casi borrada por el tiempo, una inscripción apenas legible hace referencia a un antiguo programa clínico del reino, uno que oficialmente dejó de existir hace años.

El contraste entre la arquitectura antigua y la tecnología más reciente resulta inquietante: el lugar no solo está activo, sino que parece haber sido reacondicionado con recursos considerables, como si alguien hubiera invertido tiempo y esfuerzo en mantener el funcionamiento de aquella instalación lejos de cualquier supervisión pública.

Desde un nivel inferior, apenas perceptible, llega un sonido diferente al resto: un golpe leve… seguido de una pausa irregular… y después otro más débil, como si algo o alguien careciera de la fuerza necesaria para insistir con mayor intensidad.

El complejo no está abandonado. Y lo que sea que ocurre en su interior, claramente no forma parte de ningún servicio médico abierto al reino. ❄️

Imagen del interior

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*Pienso*  -Hablo-  Narro
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#8
Debía estar atenta y no prestarle demasiada importancia al frio. Si se perdían seria peligroso pues ella misma si le pasaba algo, intuía que la sirena podría pasar semanas perdida sin llegar a un destino al menos poblado por gente. Perderse en Drum era morir sin duda. Demasiado frio, demasiada nieve, pocas cosas que comer en la tundra. Merlot era la criatura mas hermosa que conocía, lo más bello y etéreo, cada que le miraba podía ver la emoción de vivir, las ganas de querer ir mas allá, de profesar el amor y la alegría, pero eso era ella. No Maki.

No era una ilusión, algo llevaban… Maki asintió a su restregada compañera. Esto se ponía más misterioso, será que alguien estaba involucrado, alguien de la marina? Del reino?... las posibilidades eran…. Infinitas, había que pensar y descubrir… na! El estilo de Maki es pegarle a quien le molesta y si hay otro, volver a pegar. Pensar y descubrir grandes elucubraciones no era lo suyo, no era detective, ni tan lista como para eso. No era buena atando cabos ni sospechando de la gente, solo vivía el momento en parte eso contribuía enormemente en su problema de memoria. —Debes estar atenta Unnie… no te enamores de los primeros ojos coquetos que veas, aunque tenga tetas enormes, entendiste?— Le dijo a la sirena ya mucho mas descongestionada pero aun sorbeteando por la nariz cada tanto.

El interior de la construcción era oscura, su piedra húmeda y negra y había algunos rastros del trajín de los inquilinos o empleados, no lo sabía, pero si quería descubrirlo. Maki se agazapo, atenta a lo que sea que se oculte en el interior. Deseosa ya de armar desmadre y desorden y de darle su merecido a alguien.

Entro en la primera habitación con Merlot y se quitó la pesada chaqueta con nieve para dejarla a un costado sin perder la vista al frente. No quería que la sorprendieran ni que la emboscaran, pero esa daga oculta no llego. Caminó erguida confiada pero atenta. Desenvaino su espada en un tenue sonido metálico y melódico, y en la otra, su tanto… seguro en cualquier momento esperaba que saltara alguien detrás de algún armario para cortarle el cuello. De pronto su oído afinadísimo, sensible y poderoso detecta algo en una sala… adelanta la mano a Merlot para hacer que guarde silencio.

Un tintineo, como cristales o metal, trato de agudizar el oído, pero su paciencia era poquísima, por lo cual decidió ir directo al sitio donde escucho el sonido, el zumbido de algo eléctrico, o electromecánico le llego antes… era algún mecanismo en acción. Le sorprendía que no encontrase a nadie. —No toquemos nada Mer… seguro es peligroso, se te congelara un dedo si tocas eso… — Advirtió con una voz suave al ver las cajas abiertas con líquidos que aparentemente estaban demasiado fríos para manejarlos a manos descubiertas.

Maki vio la sombra de una especie de vestimenta de esas que usaba Hyak en sus movidas de venta de órganos, tenía la cara de un ángel, pero los dedos de un carnicero, solo tenía la esperanza de que Merlot jamás se enterase. Miro parapetada en el dintel de la estructura interior, como una especie de jaula de cristal era apenas visible, pero se mantuvo acechando. No era buena para ocultarse ni para mantenerse en silencio, pero la gente en el interior parecía más absorta en lo que hacían que en vigilar. —Que crees que sea esto?... algún tipo de laboratorio para crear gente de acero?...— Dijo pensando en Ciborgs pero no conocía bien la palabra o más bien no la recordaba.

Al mirar alrededor con más detenimiento se dio cuenta que esto parecía más un laboratorio de última generación que una simple choza abandonada en medio de las montañas y la nieve. Como si se realizaran investigaciones importantes para gente aún más importante… se tocó la barbilla intentando pensar como lo hacían los miembros de sus misiones que en otras situaciones hacían. Pensar antes de actuar siempre era clave le decían, pero ella no era de ese tipo y Merlot parecía ocupada en la bueno… lo que sea que su mente le dictase. Aun así, era la mas peligrosa de toda la tripulación. De mente simple y con demasiado potencial. Maki creía que en un arrebato y con la suficiente concentración. Podría abrirle la cabeza sin contemplación para después lamentarse mientras intentaba unir su cabeza destrozada con cabellos verdes… o mas bien rosas después del incidente del viaje a Drum.

Un golpeteo comienza a crecer… más y más… Maki se prepara y extiende el brazo en un instinto de proteger a su Unnie. Un instinto que tenia desde que Ash… ojos de fantasma, sabia su papel y era aportar musculo y acero. Seria buena idea investigar aquel sonido más… bueno, claro de que había alguien dentro más.
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#9
Narrador / María Merlot



Debes estar atenta Unnie… no te enamores de los primeros ojos coquetos que veas, aunque tenga tetas enormes ¿entendiste?

La voz de su hermana se dejó escuchar, con instrucciones muy específicas, ella asintió haciendo que su largo cabello rosado danzara a su alrededor mientras le dedicaba una enorme sonrisa a su interlocutora — Enamorarme de unos ojos coquetos…  — musito entendiendo lo contrario de lo que su hermana quiso decirle, por un momento un destello pelirrojo vino a su mente — … Hmmmp  — musito dubitativa sobre la respuesta que darle, por lo general soltaba todo sin filtros pero tenia un pequeño secreto que era suyo y solo suyo, lo que sucedió en el foso y posteriormente en Whisky Peak, nada directo a su corazón por supuesto, sin embargo, había hecho un par de promesas y las promesas no se rompían, nunca — … no lo haré, Unnie, aunque si es guapo posiblemente le tome una foto para el calendario que venderé de los más apuestos de nuestro viaje. Por ahora Algodón de Azúcar ocupa todos los meses. ¿No crees que es el hombre más hermoso que alguna vez hayas visto? ¿Recuerdas al Malvavisco? Esta a su nivel y mucho más. ¿Te he contado lo mucho que adoro a Algodón de Azúcar?  — recito en baja voz sin perder su toque de alegría. Por supuesto que le contó en muchas oportunidades a la Valkiria Besada por El Sol sobre su idolatría hacia el médico de la tripulación, era su tema de conversación favorito. Nunca con extraños, eso si se lo advirtió el hombre.

Con el escudo en la diestra la joven mestiza siguió a su hermana, su respiración creaba un vaho frente a ella, uno que intento lamer por pura curiosidad. ¡Eran pequeñas nubes de vida! La mirada recorrió por última vez el exterior y se adentro a la estructura principal, siguiendo a su compañera. El olor que la recibió la hizo pensar, otra vez, en Hyakinthos, solo faltaba el toque a menta que siempre lo rodeaba. María seguía pensando que se trataba de un Centro Medico Humanitario, algo desolado y medio turbio porque quizás esa isla no tenia esas necesidades — ¿Por qué vamos tan calladas, Unnie? ¿No deberías gritar HOLA para que salgan a recibirnos y nos den chocolate caliente? — le cuestiono sin levantar la voz, entonces la vio quitarse la chaqueta, así que ella la imito dejando su blanco abrigo sobre el de ella. Ahora, mucho más fácil el acceso a su espalda, volvió a ponerse el escudo en esta, dejando su mano enguantada libre.

María continuaba siguiendo a la mujer, y cuando la vio desenvainar su espada y tener el tanto en su otra mano, la pelirrosada parpadeo confundida. ¿Qué veía su hermana que ella no? Bueno, no iba a descubrirlo, así que volvió a tomar su escudo y sujetarlo en su diestra… María confiaba ciegamente en sus nakamas. La mestiza estuvo a punto de seguir conversando cuando vio, con su increíble, sensible y enfocadisima vista, la seña de la mano de la valquiria, lo que causo que cerrara automáticamente su boca.

No toquemos nada Mer… seguro es peligroso, se te congelara un dedo si tocas eso…

La voz rara de Maki D. Zenin, ya estaba acostumbrada a ella. Su compañera le dijo NO, entonces debía recordarlo, aunque todo era tan llamativo que no pudo evitar mirar el alrededor por más tiempo del habitual. Ahora que descarto la idea del Hospital Humanitario, su vena cotilla volvió a latir… serian entonces ¿fantasmas? ¿demonios? ¿unos amantes escondidos? ¿ladrones? ¿médicos vagabundos? ¡Tenía que descubrirlo!... y por supuesto que lo harían.

Que crees que sea esto?... algún tipo de laboratorio para crear gente de acero?...

— … no lo sé, Unnie pero si es una fábrica de hipopótamos lanudos de acero yo quiero cinco, por favor… — susurro moviéndose por el lugar, ignorando la silueta del que vestía como Algodón de Azúcar, ella se mantenía alejada de su rango de visión. Cerca de la pared vio nuevamente el símbolo médico, y abajo de este una inscripción que aunque lo leyó le resulto invariable para su conocimiento de ese lugar — … deberíamos comer patatas co… — comenzó a decir distrayéndose de lo realmente importante, en ese momento por error, tropezó algo y aunque no hizo ruido se cayo del sitio, lo que causo que la mujer mestiza maniobrara ágilmente para sostenerlo y no relevar que estaban fisgoneado, tanto que termino quedando con una rodilla hincada al suelo — ¡Lo tengo, lo tengo! No paso nada — musito sonriendo como quien hace una travesura, pero no fue pillado.

Antes de volver a levantarse, en esa posición… un suave ruido llamo su atención, quizás porque su rodilla estaba tocando el piso del lugar, y la vibración llego hasta ella. Un golpe, silencio, otro golpe. Los ojos ámbar fueron al suelo… ¿estaba hueco? ¿o había un sótano? María puso el objeto (un frasco de cristal vacío y sanitizado) en su sitio y luego volvió a inclinarse, arrodillándose por completo y pegando su oído derecho al suelo. El sonido… le recordó a algo, de su vida pasada… el deseo de ser escuchada, de persistir hasta que algo o alguien la rescatara… cosa que nunca paso. Se levanto, sin dejar de ver el suelo frio y estéril. Y como ya era habitual, mordió su labio inferior, habito adoptado de Hyakinthos cuando los grillos de su cabeza dejaban de revolotear y el adulto forjado por la dura vida salía a flote — ¿Deberíamos separarnos, Unnie? — pregunto queriendo ir a investigar qué era ese sonido… igual, tenia su daga, su locura y belleza, y por supuesto a Maki D. Zennin, un solo grito suyo la haría venir corriendo a salvarla, por eso no tenia miedo de ir a curiosear sola lo que ocultaban bajo los pies.

María se quedo ahí, con su espalda pegada a una pared, esperando el veredicto de la Valkiria besada por el Sol, sin embargo, mientras mas pasaban los minutos su corazón más palpitaba… necesitaba ver, confirmar que no había nadie pidiendo auxilio. Y si lo pedío, ella se encargaría de que su esperanza fuera cumplida, o más bien, ayudaría a su hermana a salvar el día.



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Karma Fanático: Hyakinthos. 
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#10
El golpeteo continúa, apenas perceptible, pero constante, como si proviniera de una estructura cerrada que amortigua el sonido antes de liberarlo al resto del edificio. El suelo de piedra, aparentemente sólido, transmite una vibración irregular que solo se percibe al permanecer inmóvil durante varios segundos. No se trata de maquinaria pesada ni de un mecanismo automático: el ritmo es demasiado imperfecto, demasiado errático… demasiado orgánico.

La iluminación del laboratorio principal permanece estable, pero desde el interior de la sala acristalada puede verse cómo una de las figuras con vestimenta sanitaria se detiene brevemente, como si hubiese percibido una anomalía en sus instrumentos. Un panel lateral emite un breve pitido apagado antes de silenciarse, y una luz de tonalidad azulada se activa durante apenas un instante en la parte inferior de una consola metálica.

El sonido bajo el suelo se repite.

Un golpe.
Una pausa más larga.
Otro golpe más débil.

A un costado de la estancia principal, parcialmente oculto tras una estantería móvil que parece haber sido desplazada con frecuencia, se distingue una unión imperfecta entre las losas del suelo. No es evidente a simple vista, pero la ligera diferencia en el desgaste de la piedra sugiere que esa sección ha sido manipulada más recientemente que el resto de la estructura original. Muy cerca de esa zona, una pequeña mesa auxiliar sostiene varios documentos sujetos con pinzas metálicas, algunos con esquemas anatómicos parcialmente visibles y anotaciones que combinan terminología médica con símbolos menos convencionales.

Desde el interior de la sala acristalada, una segunda figura se aproxima a uno de los paneles de control, revisando una secuencia de indicadores que fluctúan lentamente entre valores marcados en rojo y ámbar. El reflejo del cristal distorsiona los movimientos, pero la postura transmite urgencia contenida, como si el proceso que supervisan se encontrara en una fase delicada.

El zumbido eléctrico se intensifica durante unos segundos, provocando que una fina capa de condensación se forme sobre algunas superficies metálicas expuestas al contraste térmico. Una válvula cercana libera una breve exhalación de vapor que se disipa rápidamente en el ambiente templado del interior.

El golpeteo vuelve a repetirse bajo el suelo, esta vez acompañado por una vibración apenas perceptible en la estructura de una mesa cercana, haciendo que un instrumento quirúrgico colocado en equilibrio inestable produzca un leve tintinear al desplazarse unos milímetros sobre la bandeja metálica.

Más allá del panel móvil, casi oculto por la disposición del mobiliario, puede distinguirse una compuerta rectangular integrada en el suelo, reforzada con bordes metálicos diseñados para soportar presión constante. No presenta cerradura visible, pero un pequeño módulo lateral con indicadores luminosos sugiere que el acceso se controla mediante algún sistema eléctrico o magnético.

Desde el nivel inferior, ahora con mayor claridad, se percibe algo más que simples golpes: un roce irregular, como el desplazamiento de material ligero contra una superficie rígida… o el movimiento de alguien intentando cambiar de posición en un espacio reducido.

En la sala acristalada, una de las figuras se inclina sobre una mesa de trabajo fuera de la línea directa de visión, bloqueando parcialmente la luz más intensa. Durante un segundo, una sombra proyectada contra el cristal revela la silueta de algo alargado sobre la superficie, inmóvil, conectado a estructuras que no pueden distinguirse completamente desde la distancia.

El edificio permanece silencioso en su conjunto, pero la actividad en su interior no se detiene en ningún momento. Algo está ocurriendo en el nivel inferior. Y lo que sea que se encuentre allí… todavía está en condiciones de intentar hacerse notar.

Durante unos segundos más, la actividad en el laboratorio continúa con la misma precisión silenciosa que ha dominado el lugar desde el inicio. Sin embargo, uno de los indicadores luminosos del panel lateral cambia de estado de manera casi imperceptible: una luz verde constante pasa a un parpadeo irregular, como si algún sensor hubiera detectado una variación inesperada en el entorno inmediato.

Una de las figuras dentro de la sala acristalada se detiene en seco, inclinándose ligeramente hacia un monitor empotrado en la pared. El reflejo del cristal deja ver cómo varias líneas de datos comienzan a desplazarse con mayor rapidez, generando una secuencia de avisos que no parecen formar parte del protocolo habitual. Otro miembro del personal se aproxima, observando los mismos valores que fluctúan de manera inestable.

En el exterior de la sala, uno de los instrumentos colocados sobre una bandeja metálica vibra levemente tras el más reciente golpe proveniente del nivel inferior, produciendo un sonido agudo que rompe la monotonía acústica del laboratorio. El pequeño ruido, casi insignificante en condiciones normales, provoca que una de las figuras gire la cabeza con brusquedad hacia la estancia principal.

Un segundo después, el panel luminoso junto a la compuerta del suelo emite un breve destello rojo.

El cambio es inmediato.

Un tono grave, profundo y sostenido, comienza a resonar en el interior del edificio, amplificándose a través de conductos ocultos en la estructura. No es un sonido estridente, sino uno diseñado para ser imposible de ignorar: una alarma de baja frecuencia que parece vibrar en el pecho más que en los oídos.

Las luces del laboratorio reaccionan al instante, reduciendo su intensidad habitual para adoptar una secuencia intermitente en tonos rojizos. El contraste transforma el espacio clínico en un entorno mucho más opresivo, donde las sombras se alargan y distorsionan cada movimiento.

Desde la sala acristalada, una de las figuras activa un interruptor de seguridad protegido por una cubierta transparente. En respuesta, varias compuertas internas comienzan a deslizarse desde el techo con un sonido hidráulico amortiguado, sellando parcialmente algunos accesos secundarios del laboratorio. El sistema parece diseñado para compartimentar el edificio en caso de intrusión o incidente.

El sonido de pasos apresurados rompe finalmente la calma contenida. Dos miembros del personal, vestidos con abrigos sanitarios reforzados, abandonan la sala acristalada con movimientos rápidos pero controlados, dirigiéndose hacia la estancia principal mientras ajustan protecciones adicionales sobre sus guantes. Uno de ellos sostiene un dispositivo alargado con indicadores luminosos en su superficie, cuya luz azul pulsa al ritmo de la alarma.

Un panel lateral se ilumina con un esquema simplificado del edificio, donde varios puntos parpadean en color ámbar indicando actividad reciente en áreas que deberían permanecer sin movimiento.

El sensor ha detectado presencia no autorizada.

El zumbido eléctrico aumenta momentáneamente cuando un sistema secundario entra en funcionamiento, reforzando el sellado de la compuerta inferior. Durante ese breve intervalo, el golpeteo procedente del nivel bajo se intensifica, como si aquello que se encuentra allí también hubiera percibido el cambio en el entorno. La alarma continúa resonando con su cadencia constante, transformando el silencio clínico en una tensión palpable. El personal ya no trabaja. Ahora busca.

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