Kelvin Einstein Nagumo
Fuerza
Resistencia
Destreza
Precisión
Agilidad
Reflejos
Inteligencia
Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
207
127
165
46
48
87
109
90
46
105
Día 27 de otoño, año 16
11:45 p.m
Isla de Samba
Kelvin se encontraba tumbado en el césped, su mirada fija en el cielo, su bisento colocado a su lado derecho, como normalmente cuando se tumbaba, su petaca a su izquierda. La inmensa figura de un joven y despreocupado revolucionario se puede apreciar por cualquiera que se acerque a la zona cercana al rio que se extiende por Samba. A aquel muchacho le gusta la presencia del agua, y en las noches le gusta tumbarse cerca de una fuente de agua corriente, observando las estrellas y eventualmente, el reflejo de las mismas en el agua que se desplaza por el cauce del río.
Entre sus ropajes se podría encontrar diversas cosas ocultas, como un colgante que pertenecía a su madre, y una pequeña criatura que corretea por todos lados, mayormente cuando el gigante se encuentra sentado o tumbado, alejado de cualquier tipo de peligro o sin hacer mucho movimiento, pues es cuando suele sentirse cómodo y seguro de moverse, sin temor a que se vaya a caer por un mal movimiento del chico.
Un pequeño reflejo del chico le hizo llevar su mano al pecho, donde caía el colgante de su madre, un recuerdo doloroso, pero igualmente potenciador. Ese recuerdo es el que más le movía y motivaba a cumplir con su meta, tenía que hacer que nadie más sufriera lo mismo que sufrió él en el pasado, no iba a permitir que nadie más pasara por ese dolor si estaba en sus manos hacerlo.
Una o dos lágrimas se caen desde sus lacrimales, dibujando una sinuosa línea en el rostro del chico, que mantiene la calma, mantiene la serenidad en su rostro, como si no le hubiera dolido como una puñalada en el corazón ese recuerdo. Ya sabía que eso pasaría, sabía que ese recuerdo llegaría tarde o temprano, siempre llegaba.
El joven se levantó un momento, lo suficiente para que su torso quedara en vertical, dejando su estatura entreverse en vertical, manteniendo las piernas estiradas, como si no tuviera prisa, como si pudiera pasar toda la eternidad en esa postura, en ese lugar.
Llevó su mano siniestra a la petaca, tomándola con cuidado, abrió su tapa y le dio un trago a la misma. Un poco de su líquido deslizándose por la quijada del gigante, algo que solía pasarle. Un pequeño trago también para el campo.
Morana Von Stein
Fuerza
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Voluntad
C. de Haki
C. de Akuma
31-03-2026, 02:21 PM
(Última modificación: 03-04-2026, 12:55 AM por Morana Von Stein.)
Día 27 de otoño, año 16
11:41 p.m
Isla de Samba
Cuando todo ocurrió en Centaurea y la tribu fue atacada y por ende desarmada y dispersada, Morana y su madre emigraron a otra isla, el problema es que por alguna razón su madre nunca se terminaba de sentir segura en un solo lugar y cuando finalmente ocurre eso, la joven Lunarian decide que es momento de buscar su propio camino basada en lo que siente y piensa es su propio sentido de lo que es justo, y eso la lleva a recorrer otras islas del South Blue
Samba es una de ellas y había algo sumamente atractivo en esa isla y es que le recordaba con creces su infancia y vida normal en Centaurea, algo que recordaba con añoranza pues fueron sus días más felices y los que compartió con su padre a quien no ovlida ni deja de amar. Ahora por otro aldo, Samba ya es una isla particular, esa diferencia tan notoria mientras avanzas a lo largo del rio. Si te alejas todo mejora, si te acercas todo es más humilde, incluso el leve olor que el viento trae es diferente, es dulce asi que vamos a suponer que es por la mezcla de la humedad de la selva con el cañamo presente.
Para Morana este lado más cercano al rio y a la selva, era más agradable tenía dos motivos para ello, primero el ambiente se sentía más ameno a ella y segundo es que encontró una especie de claro que se abría lo suficiente entre la vegetación como para permitirle moverse sin mayores obstaculos, a pesar de que dada la cercanía al rio el suelo bajo sus pies fuera un tantito más blando a pisarlo, tal vez no era exactamente lo más idoneo, pero cumplía los requisitos básicos y es ser suelo.
Bien Morana, esto debe ser suficiente espacio para que puedas practicar con tranquilidad uufff– Comenzó a respirar con profundidad, de esas que se ocupan para dar tranquilidad. Su mirada se vuelve más seria de lo habitual, apretó el agarre de su martillo y dejó escapar el aire contenido con naturalidad, es como si estuviese afinando su cuerpo antes de intentar algun ejercicio. Se centra en el sonido del viento y e canto del agua para estar concentrada en algo que no sea el temor al fracaso mismo.
Eso bastaba, solo eso era suficiente para comenzar. Flexionó las piernas como para tomar un sutil impulso, con el que salto y extendió sus alas para volar y luego utilizar su martillo para golpear el suelo, sin embargo la estabilidad de su vuelo se vio truncada por el peso del mismo, sintio el aire deslizarse en su rostros por uno instante breve, tan breve que fue insultante, creyó haber encontrado un punto exacto de como mantenerse pero su cuerpo perdió la dirección y cayó de forma torpe sobre el suelo humedo, llegando al borde del rio. Un par depequeños animales que se encontraban por ahí, hicieron ruidos como si se estuviesen burlando, la joven lunarian, no dijo nada, no lo necesitaba. Había fracasado y ya. - Mora mora, tendré que intentar otra vez
Kelvin Einstein Nagumo
Fuerza
Resistencia
Destreza
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C. de Haki
C. de Akuma
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El joven gigante era alguien tranquilo, no tenía problemas con pasar un tiempo relajado, calmado y meditando, pensando y valorando sus siguientes pasos. No era alguien que se tomara las cosas a la ligera, no tenía prisa por vivir, no corría de un lado para el otro, no tenía la necesidad de apresurar su camino, su vida. Todo tenía su tiempo, su ritmo, su camino. La filosofía de Kelvin pasaba por la mentalidad de un artesano de calidad, las cosas buenas se hacían con calma, con cuidado, sin correr, sin apresurar el proceso. La prisa rara vez es una buena consejera, usualmente daba consejos terribles, ocasionaba decisiones tomadas apresuradamente y sin meditar.
Kelvin se encontraba sentado en una zona abierta, lejos de los curiosos que miraban con incredulidad, algunos con cierto temor, a alguien del tamaño de Kelvin. Algo bastante comprensible a decir verdad, dado que alguien de su raza, los gigantes, no solía verse por aquellas aguas, era un evento realmente fuera de lo común. Además, él portaba consigo un arma que se escapaba de lo normal, siendo además de mayor tamaño que el propio Nagumo.
Los ojos del grandullón escudriñaban el entorno, analizando cada detalle, cada movimiento de las ramas y hojas del césped. Las corrientes de viento le hablarían con su peculiar melodía de qué depararía el futuro, al menos en cuanto a climatología y navegación. Pues para cualquier navegante había dos fundamentos básicos, leer las estrellas, que le orientarían en el mar, y leer los climas, que le permitirían leer, y adelantarse, a catástrofes climáticas que pudieran destruir el barco y acabar con los compañeros que con él viajaran.
Debido a esa costumbre de vigilarlo todo, de controlar todo lo que le rodea, no era de extrañar que el joven Kelvin acabara por darse cuenta de cosas que de muchos otros escaparía de lo habitual, de su conocimiento siquiera, como si no existiera. Como la presencia de aquella muchacha que apareció posteriormente en la zona en la cual se encontraba el chico.
Parecía que ella también necesitaba el espacio, aunque quizás no fuera por las mismas razones que el chico, que ambos estuvieran en una zona tan apartada, y lejana a otras personas, decía que tenían bastantes cosas en común el uno con el otro. Aunque eso era demasiado deducir tan pronto.
⏵ Kelvin smash… ⏴ Dijo para sí mismo, más en un tono de secretismo que otra cosa, no por temor a las consecuencias que pudiera tener para él decir tales cosas, sino para evitar sorprender, o incluso asustar, a la chica que bailaba y practicaba, quizás fuera una aliada de la armada, quizás pudiera conseguir una nueva amistad dentro de la armada.
⏵ ¿Entrenando el uso de ese martillo y algo más? ¿O solo e martillo? ⏴ Preguntaría mientras coloca su arma en su regazo y comenzaba a limpiarla y darle los cuidados que requería, no quería que su arma se echara a perder por su falta de atención a sus armas. Quizás más adelante pudiera mejorarla, o al menos, conservarla lo más y mejor posible.
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