[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 7)
#21
Atributos Personaje


Desde el aire vi al rubio atravesar el espacio con una violencia contenida que finalmente encontró respuesta cuando el impacto se produjo de lleno, proyectando a la mole contra la pared con una contundencia que incluso desde mi posición se sintió innegable, como si por un instante la desproporción entre ambos hubiese dejado de importar.

Landon no se resistió a ese primer golpe, no como esperaba, y lo que sí hizo —y eso lo registré con una claridad incómoda— fue soltar a la mujer, dejando que su cuerpo cayera sin cuidado al suelo, como si en ese intercambio ella hubiese dejado de ser relevante, como si todo su interés se hubiese concentrado únicamente en quien lo había obligado a moverse, y ese descenso quedó suspendido en algún lugar de mi atención, aunque no fui hacia ella todavía, porque el rubio ya estaba encadenando su siguiente acción sin conceder espacio entre una y otra... pero algo en esa secuencia no terminó de cerrar, no de forma visible al principio puesto que por su velocidad mis ojos no alcanzaban a distinguirlo, sino como una sensación que llegó antes que la comprensión, como si el ritmo se hubiese alterado apenas lo suficiente para que lo que debía ocurrir no lo hiciera del todo.

Y fue en ese desajuste donde percibí que algo más había cambiado, no en ellos, sino en el entorno mismo, porque además de que confirmaba fehacientemente que el aire volvía a ser respirable, los movimientos comenzaron a desprenderse del sonido que les correspondía, como si existiera un desfase leve entre lo que veía y lo que debería estar oyendo, y aunque no podía afirmar que el silencio fuese absoluto, sí había algo extraño en la forma en que el mundo empezaba a comportarse, como si los golpes, las pisadas e incluso el aire desplazado llegaran tarde… o no llegaran en absoluto.

No entendí qué era, pero supe que algo no encajaba, y mientras esa sensación se instalaba vi a Landon moverse otra vez en dirección a Cill, que ahora fumaba un cigarrillo, entrando en un rango donde la brutalidad dejaba de ser posibilidad para convertirse en certeza, mientras me fijaba que el rubio yacía tendido con la sangre brotando y más lejos, demasiado lejos, dentro de ese mismo núcleo donde todo se resolvía a una velocidad que ya no me permitía intervenir sin romperlo.

Entonces volví a ella, en el suelo, fuera de ese eje inmediato pero no a salvo, y la decisión no fue heroica sino necesaria, porque mis alas respondieron antes que cualquier duda aunque el nudo en el estómago no se deshacía, desplegándose en un batir firme que me impulsó en una trayectoria limpia hacia su posición, descendiendo con la precisión suficiente para no perder de vista lo que seguía ocurriendo más allá, ya que aunque mi cuerpo se dirigía hacia ella, mi atención no abandonaba el centro donde Landon avanzaba.

La tomé con cuidado, pero sin titubeos, asegurando su cuerpo mientras en el mismo movimiento mis alas retomaban el ritmo para elevarnos, empujando el aire en dirección contraria al conflicto y alejándonos de ese punto donde todo colapsaba, no en plan de huida sino como una reubicación consciente, donde cada batida nos apartaba lo suficiente para darle un margen que antes no tenía; mientras yo mantenía la mirada fija hacia atrás, siguiendo las trayectorias e intentando leer lo que ocurría incluso dentro de ese extraño desfase donde el sonido ya no acompañaba.

No podía oírlo, no realmente, pero podía verlo, y por ahora eso tenía que bastar.

El impulso no se detuvo hasta que consideré que la distancia era suficiente, no absoluta —porque en un espacio como ese nada lo era— pero sí lo bastante amplia como para sacarla del centro inmediato de la violencia, y entonces descendí con un control más cuidadoso, reduciendo la velocidad hasta que mis pies tocaron el suelo con una suavidad que contrastaba con todo lo anterior, acomodándola con delicadeza, no como una carga sino como a alguien que todavía podía sentir.

Mis manos se deslizaron lo justo para sostenerla al dejarla recostada, evitando movimientos bruscos mientras mis ojos recorrían su cuerpo en busca de señales claras, de daño evidente, de cualquier indicio que me dijera en qué estado se encontraba, porque desde la distancia todo había sido fragmento, pero de cerca los detalles se imponían sin filtro, y fue ahí donde algo me rozó, no como una certeza sino como una sensación tenue, la impresión de haberla visto antes, de haber coincidido en otro contexto donde el peligro no lo ocupaba todo, un eco impreciso que no lograba tomar forma pero que tampoco desaparecía.

No insistí en eso ahora.

— Eh… ¿podés escucharme…? — pregunté en voz baja, inclinándome lo suficiente de rodillas para buscar una reacción, sin saber si el problema era suyo o del entorno, si ese silencio extraño también la alcanzaba a ella o si era yo quien estaba perdiendo referencias — Estoy con vos… ya no estás en medio de eso.

Mis alas se desplegaron entonces con otra intención, elevándose levemente hacia adelante hasta formar una barrera orgánica entre nosotras y el núcleo del enfrentamiento, un reflejo más que una estrategia, porque aunque la distancia existía no confiaba en ella...

Y no dejé de mirar, ni a ella ni a ellos, sosteniendo su estado inmediato mientras seguía leyendo el ritmo del combate a la distancia, intentando anticipar lo que aún no ocurría con mi cuerpo en un estado de virtual reposo y real alerta.


Cositas
[Imagen: CwHBiqT.png]
#22
La brasa viva.

Una fina columna de humo subía desde la punta de mi cigarro que descansaba en mis labios. Mientras mi mente despejaba preocupaciones y poco a poco aterrizaba en esa cámara acorazada. Atrás empezaban a quedar las preocupaciones por Miyori, por Alek, y que sería de ellos. No porque no me importaba, sino porque poco a poco volvía a ser yo mismo, y en ese momento me encontraba dentro del peligro sintiéndome más vivo que nunca. Claro todavía tenía la pica y molestia por no saber el paradero o estado de los míos y más aún haber atacado a mi amigo, quien mientras yo encendía mi cigarro, él me sonrió y meneó su cabeza haciéndome entender que éstas cosas podían pasar y se tomó unos segundos para reponerse.

Tomé acción mientras él se tomó esos segundos, y luego acometió al igual que yo. Yo ya estaba en posición, katana envainada, Landon sostenía a Runin estático, sádico, Akira rebotaba por doquier en un movimiento errático y zigzageante que no podía seguir con mi vista. Pero mi foco no estaba en mi amigo, estaba en aquel grandulón. Pude ver como soltó a la kuja, lo cual fué mi “señal” para entrar en acción. Aunque no como yo creía, pude ver como Akira había golpeado a Landon por su costado, siendo este empujado por el impacto… Podía seguirlo con la vista, como también con el cuerpo y los hilos. Me encontraba en su punto ciego, él estaba totalmente enfocado en Akira.

Mientras corrí hacia él mientras pensaba en desenvainar, preferí dar un fuerte corte en su costado, por lo cual a la carrera desenvainé mientras en las alturas mis hilos iban en caza de Landon fuera de su foco de atención, golpeando en un violento latigazo de dos hilos cada uno, ésta vez a la altura de su tórax por ambos costados de su cuerpo. mientras que Landon finalizaba su recorrido contra la pared mientras el último hilo se enredaba en su cuello apretando con fuerza asfixiandolo, y yo le alcanzaba por su flanco ciego para dar un salto de tres metros y propinar un fuerte corte con la katana debajo de sus costillas derechas y retrocedí en línea recta de un salto de tres metros hacia el centro de la sala mientras observé el segundo intento de ataque de Akira para impactar al enemigo. Aunque nunca llegué a tal recorrido... Aquella mole, implacable rápidamente vino cual cazador por su presa y me dió un fuerte puñetazo en la cara, que me desarticuló por completo, tosí, aunque nadie escuchó, escupí sangre mientras que brotaba también por mi boca y nariz... El puñetazo más fuerte que habíarecibido en mi vida. Sentí como mi cuerpo tomó otro peso, y se entumeció, mi mente se desconectó un momento y todo me dió vueltas, por un momento perdí noción del lugar donde estaba, y estaba confundido, aquel golpe había logrado sacudirme el cerebro como nunca antes...


inventario

Bélico

Karmas

Akuma

Gastos y demás

resumen

Off
Cambios en estadísticas
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Energia: 1061 - 394 = 667
Espiritu: 213 + 0 = 213
#23
Atributos Personaje



La impotencia que deriva del exceso de odio, de la enajenación y del amargo sinsabor, se hace presente ante la indiferencia de aquel sádico ser, que rehúsa inmutarse ante sus ataques. ¿Desde cuándo sus golpes pesan tan poco? ¿En qué momento el hormigueo en sus nudillos dejó de ser una promesa de victoria para convertirse en el cruel recordatorio de su debilidad? El color asciende por el moreno rostro de la fémina en un baño de cólera irrisorio cuando su espalda golpea la superficie de hormigón y una sombra uniformada de blanco y azul alcanza su posición, convirtiéndose de repente en el interés de Landon.

¿Aquel captor pretende burlarse de ella, o su presencia es tan insignificante que ni siquiera alcanza a captar su atención o entendimiento? ¿Sus nimios esfuerzos no son más que absurdas estratagemas a ojos de quien impera en esa habitación? La bilis asciende, invadiendo las papilas con el amargo y repugnante sabor de su propia rabia. Como un animal herido que, lejos de agachar las orejas y buscar rutas de escape, se enfrasca en una desesperada lucha por la supervivencia y la conquista, aun a costa de su propia vida.

El estallido del cuerpo del verdugo contra la pared provoca que la fémina levante la mirada hacia dicha dirección; incluso el suelo vibra bajo el peso del buccaneer. ¿Qué se supone que haga? ¿Esperar una nueva arremetida? ¿Forzar su percepción a seguir los movimientos de los combatientes, aun siendo consciente de sus propias limitaciones? No. Lo único que Runin Kitay puede hacer es ponerse de pie y preparar la siguiente ofensiva. ¿El dolor en la espalda es motivo suficiente para detenerse a recuperar el aliento? ¿La pierna herida no es una razón de peso para buscar alejarse desesperadamente de aquella masa de músculos y desdén? ¡Jamás!

Runin detesta la debilidad.

Runin detesta la cobardía.

Runin detesta la aprensión.

Rehuir del peligro no forma parte de su naturaleza; por mucho que la angustia o la desconfianza puedan tocar a su puerta, se ve incapaz de atender a su llamado. Quizá es por ello que, al sentir las gentiles manos de un tercero ceñirse sobre su magullado cuerpo, la frente se frunce, la nariz se contrae y los labios se arrugan en un gesto más cercano al asco que a la gratitud. Una reacción instintiva, propia de quien prefiere volcarse a la acción antes de someterse a los hechos o de pensar en las posibles consecuencias.

Dicen que de valientes está lleno el cementerio.

Pero los cobardes tampoco son inmortales. ¿O si?

La amazona prefiere una vida frenética donde las consecuencias se toman con ambas manos, aferrada sin temor a ellas; antes que a una existencia desprovista de emociones, o con las justas para vivir una vida tranquilidad con la que nunca ha, ni podrá, converger. Es por ello que su primer impulso es insultar: hablar con rudeza y franqueza; al menos es la idea original. No obstante, al separar los labios, la voz mengua incapaz de exhalar palabra alguna.

Respira profundo, los labios se mueven con frenesí: Nada.

”¿Y ahora qué mierda está pasando? ¡Hey, suéltame!”

Intenta exclamar hacia la alada mujer; en ese momento algo parece escapar de su entendimiento. Es cierto que la velocidad de Landon le impide notar la llegada de sus golpes, pero… ¿no debería, al menos, escucharlo moverse o retumbar contra la superficie blanquecina del hormigón? ¿Escuchar al menos el eco de sus burlas? La mirada de la kuja se clava en el inconsciente cuerpo del rubio.



—¡Suéltame de una maldita vez! ¡¿Piensas dejarlos a todos atrás?

La voz rompe el silencio unos metros antes de ser depositada sobre el suelo. La maraña de confusión se repliega en cada intento de pensamiento, como un puzzle acelerado y torpe que no termina de encajar. El gas, los desgastados golpes sin fuerza, el repentino silencio, la caída del rubio marine, su incapacidad de utilizar técnicas y la voz que termina por aflorar de nueva cuenta. ¿A cuántos metros están de aquel bastardo? El rubio está desmayado, el azabache maneja extraños hilos, Landon lo ataca sin piedad, la fémina de considerable estatura parece ajena a la escena y sus habilidades distan completamente del silencio…

El rostro se descompone en una descontrolable ira.

—Maldito puto cobarde de mierda. —Sisea al tocar al suelo. Tintes preocupados y recelosos inundan cada sílaba, cada palabra de la fémina de largas hebras blanquecinas; sin embargo, la amazona permanece absorta en su siguiente movimiento, girando su brazo derecho tres veces mientras se incorpora. El brillo de los guantes no merma.

"Estoy con vos… ya no estás en medio de eso."

—Pero lo estaré, cariño... —Los puños se aprietan al alejarse de la fémina en un pequeño salto, escapando de la barrera orgánica que la protege, colocándose frente a la mujer de hermosas e inmensas alas. Ahora la mirada de la kuja está fija en su objetivo.


—¡Hey, estrellita! Honestamente, me cabrea que teniendo ese porte estés tan a la defensiva, pero gracias. —El pecho se infla y la postura se agiliza cuando la fémina inicia un un pulcro juego de pies, propio del pugilismo. —Fuiste valiente al sacarme de ahí. Te lo retribuiré.

Antes de siguiera decir la última frase, Runin desaparece de la vista de la mujer en un desplazamiento rápido dirigido hacia Landon; para cuando el hombre quisiera verla, ella ya estaría frente a él, lanzando un rápido puñetazo tipo corkscrew directo a la pierna izquierda de su oponente, a la altura de la tibia. El giro preciso de la muñeca, el codo y del hombro adelantado generarían un efecto de rotatorio que incrementase la velocidad del golpe, potenciando el ataque. Los labios de la fémina se separan intentando decir “cariño” sin obtenerlo, percatándose de lo obvio: Aquel extraño silencio proviene de él.

No contenta con el primer golpe, la fémina eleva el puño izquierdo y descarga un golpe blanco en la misma tibia que el primer golpe. Con la fuerza que le queda, retrocede en un salto horizontal al ras del suelo sin quitarle la vista a Landon de encima. Aún si no puede observar sus movimientos debido a su agilidad, no piensa concederle la menor oportunidad de atacarla por la espalda.

Runin se ha dado cuenta de algo primordial: Desde ahora detesta que la agarren a voluntad, y quedarse sin poder hablar. Quizá por ello cada vez que se aleja de él empieza a pronunciar el abecedario hasta que, al fin, sale del rango del ataque del coloso. Una sonrisa ilumina el rostro de la fémina.



—¡¿No piensas dejar de ser un cobarde, cariño?!
¿O tienes miedo a pelear en igualdad de condiciones?


Duda que la escuche desde su posición, aún así, lo grita.



BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1244 + 0 = 1244
Energia: 2405 - 356 = 2049
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#24

—¡Reh...! Huf... Huf...

Landon respiró con pesadez metálica, el aire que salía y entraba de su boca filtrado con un sonido chirriante y estremecedor, que, sin embargo, nadie pudo oír. Sujetaba a Cill por la cabeza, su cara, hinchada y amoratada tras el monstruoso golpe que le acababa de propinar, no le producía más que asco. El hijo de puta, aquel hombrecillo con ínfulas, se había atrevido a castigar su glorioso cuerpo, a atentar contra aquella máquina, aquel monumento a mayor gloria de la ciencia médica y el entrenamiento físico hasta el límite. Aquellos hilos, aquella mierda de fruta, no eran ninguna broma, desde luego. ¿Había subestimado al humano de los hilos, con lo corto que parecía? Se arrancó la máscara de la cara, destrozándola y dejando caer los pedazos al suelo. El tubo conectado a la misma cayó hacia su espalda, chorreando aquel líquido verde y burbujeante como una manguera. Su cara era... decepcionante y ordinariamente humana. Rapado, afeitado, enrojecido, de ojos hundidos en sus cuencias y venas marcadas, sin un solo rasgo distintivo.

Su cuerpo sangraba, su respiración borboteaba con dificultad, y las venas de todo su cuerpo se encontraban hinchadas hasta el extremo, como si estuviese a punto de explotar. Su corazón, ya de por sí con el tamaño suficiente como para sustentar el colosal cuerpo de un Buccaneer, y antinaturalmente desarrollado por su gusto por los químicos de dudosa legalidad, empezaba a tener dificultades para seguir el ritmo. Arritmia. No podía ser. Se dijo a sí mismo que no era la primera vez, y no sería la última. Decidió que había sido suficiente, que había tenido suficiente de aquel mierdecilla. Sosteniendo a Cill frente a sí, lo acercó a su inmensa boca, abriéndola. Con un poco de suerte, lo último que sentiría aquel humano sería el horror de ser consumido para placer y beneficio de una criatura más grande, más fuerte, superior. Entre sus dientes colgaban hilillos de saliva, densa y pegajosa, que cayeron sobre la yugular de Cill justo antes de que la mordiese.

Sin embargo, la ratita había decidido volver a jugar. Recibiendo dos veloces e inesperados golpes en su pierna, Landon estuvo a punto de perder el equilibrio. Soltó a Cill, que cayó con pesadez sobre el suelo de hormigón. Fue a perseguir a la ratita Kuja, pero era rápida, muy rápida. En su lugar, vio algo mucho mejor. En cuestión de un instante, Landon se plantó delante de la gran Lunarian, sin que esta pudiera reaccionar. Sabía que aquel día derramaría mucha sangre, humana y no humana, y era el momento de probar aquella en particular. Tras un movimiento rápido de torso, golpeó la cara de la Lunarian con una fuerza monstruosa, amplificada por el estado de alarma en que se encontraba su propio cuerpo y, sin detenerse, se dispuso a dar un segundo, en que pisó el suelo con fuerza con el pie derecho y cargó toda la inercia de su cuerpo en un fuerte puñetazo sobre el pecho de la Lunarian, sintiendo cómo sus costillas cedían bajo sus nudillos. La Lunarian cayó al suelo y rodó metros atrás, hasta chocar fuertemente contra la pared de la esquina de la sala, dejando tras de sí un rastro de polvo sobre el suelo.

Landon supo que era el momento. El momento de derramar aquella preciada sangre Lunarian. Todos los allí presentes habían nacido para la esclavitud, pero a ella ni siquiera se le concedería ese lujo. No había pasado su filtro. Como un depredador, se abalanzó sobre Asherah con un veloz salto, con un temblor de tierra. En aquel instante, se produjeron miles de chasquidos metálicos simultáneos bajo el suelo de hormigón. En cuestión de un instante, este se separó en centenares de pequeñas placas, actuaron como piezas móviles pese a lo aparentemente sólido de aquel suelo de hormigón. El trabajo de ingeniería había sido tan profesional que uno jamás hubiera podido ver una sola línea separando las piezas. Al unísono, miles de pinchos metálicos emergieron del suelo de toda la habitación, clavándose con fuerza en todos los que estaban en contacto con el suelo y derramando sangre carmesí por todo el lugar, sangre que se filtró hacia lo que fuera el mecanismo que subyacía bajo aquella sala.

—¡Agh! —rugió con furia Landon, aunque nadie lo oyó, los pinchos clavándose en las suelas de sus pies y derramando su preciada sangre Buccaneer— ¡Basta, Control! ¡Es suficiente!

Agachándose sobre Asherah, la agarró del cuello con una única mano, como si apenas pesase nada, y la levantó frente a sí, girándose hacia el centro de la habitación para que todos viesen lo que se disponía a hacer con ella, apretando las vías respiratorias bajo sus dedos con saña.

—Se acabó.



Resumen

Información
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 2157 - 1899 = 258
Energia: 2038 - 475 = 1563
Espiritu: 505 + 0 = 505
#25
Atributos Personaje



Existen un sinnúmero de palabras para evocar la percepción que se tiene de las personas; nadie escapa al señalamiento, de esa extraña necesidad de clasificar y nombrar, de utilizar adjetivos con la finalidad de juzgar todo cuanto pise la tierra. La fémina de mirada chocolate incluso se atrevería a afirmar que, más allá de las olas y el cielo, de la vida y la muerte, de lo onírico y el insomnio, la naturaleza (no solo del ser humano, sino de una infinidad de especies), está estrechamente ligada a un conjunto de cualidades y carencias que, de forma inevitable, serán resaltadas, ya sea por uno mismo o por los demás.

Insignificantes.

Inferiores.

No hace falta ver a través de la máscara para imaginar la desmedida expresión que con seguridad oculta: repulsión y asco, cólera y odio, superioridad y narcisismo. ¿Acaso no se ha burlado de ellos desde el momento en que aquella primera puerta se abrió ante sus ojos? ¿No ha hecho gala de su velocidad, fuerza y de una confianza casi insolente para socavar cualquier intento de rebelión o persistencia? ¿No los ha herido con la intención de romper no solo sus cuerpos, sino también sus voluntades?

Putos humanos.

Ratita kuja.

Entonces, ¿Por qué, a pesar de todo, la inmensa figura, ahora lacerada, es quien decide mostrar debilidad ante el grupo que constantemente desdeña? Cada pensamiento dedicado a sus adversarios, cada risa, cada puñetazo y cada agarre, cada golpe recibido, cada grito ahogado y cada furibunda mirada se deshacen en el instante en que la máscara encuentra su fin a manos del propio Buccaneer. Los pedazos caen sobre el hormigón mezclándose con la sangre del azabache y, lejos de mostrar algún rastro de empatía o sorpresa, lo único que llena el pecho de la amazona es la incontenible adrenalina, producto de sus más vertiginosos pensamientos y desbocadas emociones.

Si tuviera que utilizar un adjetivo, una palabra digna para juzgar a su adversario, para englobar todo su ser ¿Cuál sería? Dirán que es “egocéntrico”, pero no, la fémina tiene otra palabra en mente:

Débil.

Landon Coates es débil; carece de la fortaleza necesaria para perseverar en un mundo cambiante y arreciante como es el que todos ellos habitan. ¿Qué suele decirse sobre los egocéntricos? Que viven a merced de una constante necesidad de  validación; la crítica arrasa con ellos, que el cambio de circunstancias los desesperan; tratan de imponerse ante cualquiera que ose colocarse enfrente; no aceptan sus propios errores, no conviven con los errores ajenos intentando superarlos, siempre buscan culpables a los que señalar.

Débil.

La sonrisa de la fémina se intensifica al sentir que sus puños han hecho más que antes, al entender, por fin, la verdadera naturaleza de aquel hombre: del Buccanner que, desesperado, busca víctimas a las que golpear en pos de aferrarse a objetivos que nadie en aquella habitación alcanza a comprender y que, en definitiva, no les interesa conocer.

Un borrón es lo que la kuja apenas capta al notar que su adversario no se encuentra en la misma posición en la que había logrado golpearlo. No. Basta un rápido vistazo para entender que el cuerpo del marine rubio permanece inconsciente y que el espadachín ha sido liberado de su agarre. Ella, por su parte, se encuentra ilesa más allá de las heridas pasadas. ¿La única resolución posible? La hermosa lunarian, la única a la que ha ignorado durante aquella afrenta.

Débil.

Runin regresa la mirada hacia la esquina superior derecha, encontrando el fatídico escenario de la dulce fémina siendo atacada. Los dientes chirrían entre sí al tiempo que gira el cuerpo en dirección a Landon. ¿Lista para arremeter contra él? No, no es estúpida. Por más que los puños ardan y el cuerpo tiemble de furia, se obliga a hacer lo necesario para obtener algún tipo de ventaja, por más nimia que esta sea. Ha contado los metros mientras retrocedía durante su embestida, ayudándose de la pronunciación de un abecedario que le permite intuir su posición. ¿Once? ¿Doce? Una estimación basta para que la sonrisa vuelva a aparecer en su rostro al tiempo que salta cuatro metros hacia atrás. Durante el trayecto gira su brazo izquierdo tres veces a gran velocidad.

La amazona le ha prometido a la lunarian que se lo retribuirá, ¿No? Incluso si no logra salvarla, no permitirá que el corrupto marine se atreva a arrebatarle la vida; aunque deba intervenir tarde, aún si debe emplear estrategias, aún cuando al caer sobre la superficie un fuerte grito es arrancado de sus pulmones.



—¡ARGH! ¡¿QUÉ DIABLOS?

La voz escapa, obligándola a entender lo inevitable: No ha errado; sus cálculos han sido lo bastante acertados como para haber escapado del extraño entorno de silencio que envuelve a Landon. Le gustaría ser más consciente de ello, de no ser por el persistente dolor en la planta de sus pies. No necesita mirar hacia abajo: el escenario entero se tiñe de pinchos que rasgan la piel y vierten la oscura sangre sobre la superficie que anteriormente era cubierta por el blanco hormigón.

Duele.

Pero el dolor no es de débiles.

Está bien, nada de ello importa, no cuando Landon le da aún la espalda, abriendo la brecha para que ella prepare su siguiente ataque. A pesar del punzante dolor, la fémina de mirada chocolate alza su guardia; los músculos de sus piernas se tensan, ambas orientadas hacia el oponente, la izquierda frente a la diestra.



—¡Si tengo que matarte para ser libre, cariño, lo haré! ¡SHOOTING STAR!

¿Aquella primera frase se la dedica a Landon o a sus improvisados compañeros malheridos? Ni siquiera Runin lo sabe. Lo único que tiene claro en ese momento es que, si se lanza directamente hacia Landon, cabe la posibilidad de herir a la lunarian; no puede permitirse algo así.  Aun así, nada frena su iniciativa. No cuando su cuerpo se impulsa en un salto vertical hacia el enemigo, justo después de pronunciar el nombre de su técnica. Se desplaza lo suficientemente alto como para evitar el constante pulso de los pinchos, pero lo suficientemente bajo como para no perder la velocidad o fuerza de arranque.

Tocar de nueva cuenta la superficie la lleva a emitir quejidos de dolor, que desaparecen al encontrarse dentro del rango de la habilidad del enemigo. No importa: no necesita volver a hablar, no de momento, no cuando su puño izquierdo se dirige hacia la tibia del adversario en un golpe contundente, cargado de cada ápice de su coraje y fastidio, de cansancio y miedo, de dolor y rebelión.

¿No estaba demasiado ocupado enfocándose en la lunarian? Esas cosas no pueden quedar a la deriva, no cuando la amazona se concentra más en la intensa sensación de su puño al impactar la carne que en el dolor de sus pies; en cómo su brazo izquierdo gira tres veces más: una para cargar la habilidad de su fruta del diablo, las otras dos para evocar la memoria de su primera técnica utilizada.



—¡STAR TRIAL!

¿Piedad? ¿Templanza? ¿Empatía?

En realidad son fortalezas a tener en cuenta.

Pero así como Landon es débil, Runin también lo es, porque desde su perspectiva arrancarle la vida a una basura como él, es proporcional a convertirse en el elefante que aplasta a las hormigas sin darse cuenta.




BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1244 - 200 = 1044
Energia: 2049 - 461 = 1588
Espiritu: 480 + 0 = 480
#26
Atributos Personaje

La reacción de la pelinegra no fue la que esperaba: no hubo alivio en su cuerpo al apartarla, ni siquiera un atisbo de tregua en su expresión, sino una tensión áspera, un rechazo que se adhería a la piel como si mi intervención hubiese sido una intrusión más que un rescate. Sin embargo, antes incluso de que las palabras faltaran, algo en su gesto se quebró en otra dirección, y cuando sus labios se movieron sin sonido para luego recuperar la voz con una fuerza que no encajaba con el silencio que nos envolvía, comprendí que no era una percepción aislada, que esa disonancia entre lo que ocurría y lo que debía oírse también la atravesaba a ella, distorsionando el mundo en la misma medida en que lo hacía conmigo.

Aun así, no dudó, porque lo suyo no era cautela sino impulso, y su cuerpo se adelantó a cualquier razonamiento al abandonar mi resguardo con una determinación limpia, sin torpeza, como quien acepta el riesgo no como posibilidad sino como condición inevitable. Apenas fruncí el ceño por reflejo, aunque no hubo desacuerdo en el fondo, porque entendía la raíz de ese movimiento, la necesidad de no quedar al margen cuando todo lo demás se resolvía en violencia.

Se colocó frente a mí el tiempo justo para afirmar su presencia y medir el desastre que continuaba desarrollándose a unos metros, donde Landon aún dominaba el eje del conflicto, y en ese breve cruce de miradas quedó claro que no iba a retroceder, que su lugar, por decisión propia, estaba dentro de ese círculo que devoraba todo. Agradeció, innecesariamente, y en el siguiente latido ya no estaba, absorbida por una velocidad que volvía inútil cualquier intento de seguimiento... aunque no hacía falta reconstruir su trayectoria para saber hacia dónde iba, porque la lógica del combate la arrastraba directamente hacia él.

Me incorporé con las alas cerrándose en un escudo natural que cubría mi torso, mientras mi atención volvía al centro, donde algo había cambiado incluso antes de que pudiera interpretarlo del todo, ya que el tubo que recorría la espalda de Landon se había desprendido dejando escapar un fluido espeso y antinatural que, incluso a la distancia, resultaba profundamente repulsivo. Su rostro, ahora expuesto, no imponía por rasgos altisonantes sino por contraste, por la forma en que lo humano quedaba reducido a una máscara banal sobre un cuerpo que gritaba otra cosa: venas tensas, músculos saturados, una respiración irregular que, aún en ausencia de sonido, se volvía visible como una anomalía constante.

La muchacha ya estaba sobre él, descargando su furia en golpes que, aunque efectivos en intención, apenas alteraron el equilibrio general del coloso, lo suficiente para que Cill fuese liberado y, en ese mismo gesto, la violencia cambiara de dirección sin transición alguna. No hubo duda ni ajuste, solo elección... y cuando su mirada dejó de descender para alzarse en mi dirección, supe con claridad que el siguiente impacto sería mío.

No hubo aviso cuando ocurrió, porque entre el instante en que el mundo parecía sostenerse y aquel en que se quebró no existió diferencia perceptible, y cuando intenté fijar su movimiento ya era tarde, ya estaba frente a mí, rompiendo cualquier lectura previa con una velocidad que no seguía el ritmo sino que lo imponía. El golpe impactó sin preámbulo, sin sonido, sin desplazamiento de aire que lo anunciara, y mi cabeza fue arrastrada antes de que el cuerpo pudiera responder, sumiéndome en una saturación inmediata que apenas dio paso al dolor cuando el sistema nervioso logró alcanzarlo.

El segundo impacto encontró un cuerpo ya descompuesto por la inercia, y aunque mis alas intentaron cerrarse para amortiguar la embestida, la diferencia de fuerza atravesó cualquier defensa incompleta, comprimiendo el pecho con una violencia interna que arrancó el aire de mis pulmones en un vacío absoluto, silencioso y definitivo. No hubo grito, no porque no quisiera emitirlo, sino porque el entorno no ofrecía el medio para sostenerlo, y en ese mismo instante mi cuerpo fue proyectado contra la pared, donde el impacto terminó de disolver cualquier resto de control antes de deslizarme hasta el suelo en un arrastre breve y pesado.

Durante un segundo suspendido no hubo pensamiento ni reacción, solo ese umbral donde el cuerpo decide si continuar o ceder, y aunque todo en mí acusaba el golpe, algo persistió, no como fuerza sino como inercia, como una negativa instintiva a quedar detenida en ese punto. El aire regresó de forma irregular, incompleta, pero suficiente, y en ese margen donde la conciencia volvía a organizarse, la lógica de lo que había visto antes terminó de encajar con una claridad incómoda: Landon no actuaba al azar, seguía un patrón, una secuencia repetida en la que primero destruía y luego tomaba, imponiendo dominio a través del contacto físico directo.

No necesité verlo para saber que ese sería el siguiente paso, porque ya lo había hecho con otros, porque su forma de moverse no dejaba lugar a interpretaciones distintas, y fue en esa certeza —no como reacción al entorno, sino como lectura de su intención— donde decidí actuar antes de que el gesto se completara. Sin incorporarme, sin buscar una velocidad que no podía igualar, solté aquello que todavía me anclaba al mundo en términos de fricción y resistencia, permitiendo que mi fruta se activara y transformara mi superficie en algo incapaz de ser retenido.

Fue en ese mismo intervalo, casi superpuesto a esa decisión, cuando el entorno reclamó su lugar en la escena: una vibración seca recorrió el suelo y, sin transición alguna, las placas de hormigón se abrieron en un movimiento mecánico preciso, liberando una irrupción simultánea de pinchos que emergieron desde los zócalos con violencia, diseñados para atravesar todo lo que permaneciera en contacto directo con la superficie.

Sin embargo, en ese punto mi cuerpo ya no respondía a esa lógica de fijación directa, y aunque la cercanía fue innegable y el roce existió como una advertencia tangible, no hubo penetración ni anclaje posible, porque la interacción física se deslizaba sin sostenerse, anulando el efecto que pretendía imponerse. Fue entonces, todavía bajo ese mismo estado, cuando la sombra de Landon volvió a proyectarse sobre mí, cerrando la distancia que había previsto, y al descender su mano para tomar mi cuello, el resultado fue el mismo: sus dedos encontraron contacto, pero no dominio, resbalando fuera del punto exacto donde su fuerza tenía sentido y quebrando así la continuidad de su propia secuencia.

Ese desfase, mínimo pero suficiente, abrió un margen que no desaproveché, y aunque mis alas habían llegado tarde para evitar el impacto inicial, no lo hicieron para facilitar la salida, desplegándose en una batida baja que no buscó altura sino distancia, arrastrando mi cuerpo fuera de su eje inmediato en un movimiento irregular pero funcional, suficiente para recuperar espacio y negar el control que había intentado imponer.

Me estabilicé a unos metros, baja, apenas sostenida por ese impulso, con las alas abiertas en un ángulo imperfecto que todavía acusaba la violencia recibida, mientras el dolor recorría el cuerpo sin concesiones pero sin anular la respuesta, recordándome que, pese a todo, seguía operativa dentro de ese margen estrecho que separa la caída total de la continuidad.

Mi mirada regresó nuevamente en él y a la pelinegra que volvía a batirse a duelo, porque aunque el silencio persistía como una ausencia constante y sus movimientos no dejaban rastro audible alguno, ya no necesitaba ese canal para comprender lo que estaba ocurriendo, ni lo que vendría después, porque el combate había dejado de ser algo que se escucha… para convertirse en algo que simplemente se sobrevive.


Cositas
[Imagen: CwHBiqT.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1787 - 1463 = 324
Energia: 2132 - 3 = 2129
Espiritu: 291 + 0 = 291
#27
La sangre brotaba por mi nariz, por mi boca, y caía al piso, y otro tanto camuflándose en el rojo de mi tapado. A poca distancia de mí, yacía el cigarro, totalmente magullado, tras haber sido aplastado contra mi rostro en aquel brutal puñetazo que me había dejado desorbitado. Jadeaba, no tenía mucho aliento, pero aún así, en mi rostro había una sonrisa… Una sonrisa a pesar del miedo y la pesadumbrez de cargar con el peso de la falta de Miyori, de Alek, de haberles fallado… Era posible que muriera allí… Pero una parte de mí ardía en mi interior y no me permitía ocultar la sonrisa… Amaba pelear, amaba un buen combate, y las emociones fuertes como esta… Dentro mío tenía consciente que era muy probable que no saliera con vida de allí… Veía la baba de aquel enorme sujeto caer sobre mí a duras penas comprendiendo la escena todavía por aquel golpe. Pero sonreí, porque habría de morir, pero, me había asegurado que ese desgraciado también iba a quedar conmigo como recuerdo silente en aquella tumba disfrazada de hormigón para perdernos en la historia… No los había podido salvar a ellos… Pero al menos pude vengar su muerte, creía. Landon se veía mal trecho y con poco hilo en el carretel, eso me dejaba tranquilo.

Aún me sujetaba fuertemente, y su mirada inyectada de rabia e irracionalidad era la señal de alguien que ya estaba casi perdido y estaba dispuesto a llevarse a todos con él. Yo solo pude echar a reír débilmente. El gigante había recibido unos golpes extras que al parecer, habrían frenado ambas determinaciones, mía y suya… Lo siguiente fue el sujeto arrancando su máscara dejando ver un común y feo rostro que frenaba toda leyenda autoconstruida… —Si que eres feo ja…— le dije a duras penas para no poder acabar de reírme y toser sangre. Solo pude observar como estaba a punto de arrancarme la cabeza de un mordisco mientras yo sonreía y apuntaba a él con mi katana en un último intento de a último instante intentar clavarla en el cuello del buccaneer. Sin embargo, las tornas habían cambiado…

El sujeto me arrojó al suelo dejándome caer, que a una suerte de maniobra trate de equilibrarme en la misma, cayendo sobre mi costado derecho, sintiendo como unos pinchos se clavaban alrededor de mi cuerpo generando un dolor molesto, punzante, pero nada comparado a lo ya vivido. Allí, solo intenté sin éxito buscar visualmente en la sala a aquella mole, solo para darme cuenta de su presencia cuando le dió un golpe brutal a Asheera, estampandola contra la pared.

Momento mismo en el cual aún donde estaba de mi mano izquierda comenzaron a salir hilos, cinco precisamente en búsqueda del sujeto, aproveché los pinchos para que éstos viajaran entre ellos, ocultos al ojo desprevenido y no atento incluso al detalle minúsculo. Al llegar a donde la posición de aquella mole, los hilos se alzaron rápidamente buscando rodear los pies y muñecas del gigante para dejarlas en posición neutra intentando neutralizar su movimiento, quedando éste en posición firme de soldado.

Todavía respiraba, todavía respiraba él… La pelea no había acabado. Hice uso de mi katana, clavando la punta al suelo entre los pinchos, y me levante en mi posición, observando aquel imponente enemigo, puesto que la música aún sonaba dentro mío y el último baile aún no acababa, y no iba a permitir que ese fuera mi último baile, no aún, determiné dentro mío entre jadeos y una ensangrentada sonrisa.



inventario

Bélico

Karmas

gastos y eso

Akuma

resumen

off
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 475 - 100 = 375
Energia: 667 - 20 = 647
Espiritu: 213 + 0 = 213
#28
Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco.

Landon sujetaba a la Lunarian frente a sí. No era humana, pero había demostrado ser pusilánime como el que más. A lo largo de aquellos minutos, habían sido precisamente los humanos los que, en su altanería e hibris características, habían mostrado el mayor deseo de supervivencia. Eran como cucarachas, agarrándose a la vida al precio que fuese, por encima de cualquier otro principio. Landon podía tener cierto respeto por aquello, pero no por la cobardía. Los Lunarian debían ser un ejemplo de la excelencia física, absolutamente superior a cualquier humano. Y, sin embargo... Apretó el cuello de la Lunarian y golpeó su cabeza con rabia, provocando que perdiese el conocimiento. Los maltrechos tubos que colgaban de su espalda borboteaban aquel extraño líquido verde, formando un charco bajo sus pies que se mezclaba con su propia y abundante sangre.


Sin embargo, había una certeza en su mente, tan frecuentemente nublada por los químicos que la habían alterado salvajemente durante años, y ahora despejada, tal vez por la intensidad de aquel combate, paradójicamente: aquella había sido la última batalla del Capitán de la Marina Landon Coates. El mundo adquiría un color distinto cuando la certeza de la muerte acechaba. Sintió cómo unos hilos atrapaban sus extremidades. Sus ojos ya no eran los de aquella máscara, de un verde brillante, sino los ojos vacíos y tranquilos de un hombre que sabía que iba a morir. Tal vez aquella fuese la sensación más puramente humana que Landon Coates jamás hubiese experimentado.

Era el final del Gran Esclavista, del responsable de lo que podría haber sido la industria más lucrativa de todo el Grand Line. Y, más que una mera industria, hubiera sido un cambio de paradigma, el establecimiento de un nuevo orden en que los humanos quedarían exactamente donde les correspondía. Mil recuerdos, emborronados por el paso del tiempo y el abuso de los químicos, corrieron por su castigada mente. El combate contra Don Ald, aquel recluta que siempre se había creído más listo que él y que pensaba que podía engañarlo. Nunca habría podido odiarlo; era, como él, ambicioso, hambriento de poder. Sabía lo que era eso. Ese loco hijo de puta sabía lo que era hacer bailar a la gente, un maestro del sadismo, el mejor en lo suyo. Sabía también que Arnold era perfectamente capaz de morir aún vistiendo el harapiento abrigo que le había regalado al reclutarlo para su aventura empresarial. ¿Para qué quería aquel tipo un abrigo? Jamás se lo había cuestionado, pero no cabía duda de que era uno de los activos más peligrosos y fundamentales del equipo. Curok, aquel monstruo marino de lealtad y fidelidad inquebrantables, un idealista bajo aquella superficie grotesca, que había estado a su lado desde el principio, su más valioso compinche a la hora de filtrar a los esclavos aptos y no aptos. Tal vez el único con principios en aquella banda de exiliados, y el único con dos dedos de frente. La Teniente Miarma... ¿Qué decir de Jari? Su obsesión platónica se había traducido en la más entregada de las luchadoras a su cargo, alguien que habría ido hasta el fin del mundo por su causa, y él lo sabía. Su cara, casi inerte en su inexpresividad, casi dibujó una sonrisa al recordarla. Kong, aquella extraña criatura que rivalizaba en intelecto con los más grandes, pero cuyas prisas habían acabado por jugarle más de una mala pasada. En su interior, Landon sabía que aquel inventor chiflado no tenía nada que envidiar a grandes como el Dr. Omp. Sin él y sus dotes de ingeniería, a la par de sus dotes de combate, nada de todo aquello habría sido posible.

Años de recuerdos se agolpaban en su cabeza. Los años en la Marina, los ascensos, la tentación, el poder, las acusaciones, el asco, el exilio, el plan.

Los golpes de la Kuja atinaron, provocando primero que cayese al suelo, desplomándose en su inconsciencia. No luchó. Apenas se reflejó en su propia cara. Todo se volvió negro, pero a él no le importó, demasiado inmerso ya en sus propios delirios, en los pensamientos que corrían por su castigada mente. Lo había intentado. Había dejado el listón alto. Con un poco de suerte, no sería el último en morir en aquel lugar. Si alguno sobrevivía, esperaba que recordase aquel día para siempre.

Con un sonido que, en esta ocasión, todos pudieron oír, Landon Coates exhaló su último aliento sobre el crudo suelo de hormigón.




Resumen

Información
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 258 - 1108 = -850
Energia: 1563 + 0 = 1563
Espiritu: 505 + 0 = 505
#29
Atributos Personaje



La brutalidad de la ofensiva efectuados sobre la morena alada genera que la bilis ascienda por la garganta de la amazona hasta empapar sus papilas con la amargura que solo la impotencia es capaz de provocar. ¿Qué importa si sus puños arden y vibran aferrados al éxtasis que la victoria le proporciona, si en el fondo entiende que lo mismo que les ha sucedido al marine de hebras rubias y a la inconsciente lunarian, podría pasarle a sus amigos, sus compañeros de tripulación, sin que ella pueda hacer nada más que reaccionar tarde, a costa de la vida de los suyos?

Todo a su alrededor pierde forma, o, mejor dicho, la recupera. Como si la estrechez de su mente al fin decidiera romperse, mostrando la totalidad del panorama que la cólera y la excitación proveniente de las batallas le habían arrebatado. La mirada desciende hasta sus manos, notando los ensangrentados guantes que han negado extinguir su luz; la acelerada respiración empieza a dimitir ante las necesitadas bocanadas que la fémina profesa. El aire al fin deja de parecer opaco y nimio, lo entiende al lograr respirar profundamente para sentir al fin el aroma a sudor, químicos y a su diluido perfume.

Aquel hombre que yace a sus pies huele mal, porta un rostro carente de autenticidad, magullado por las heridas, la ira y el desenfreno. Se burló de ellos, los atacó sin mostrar ápice de piedad, se jactó de sus habilidades, de sus características, incluso de sus ganas de vivir; siguiendo un objetivo que la fémina no logra entender pero que tampoco hace falta hacerlo. El collar que envuelve sus cuellos es prueba suficiente de la hostilidad, corrupción y oscuridad que el mundo espera mostrarles. Ese es el verdadero precio de los sueños, del anhelo de libertad. No puedes ganar algo que no has perdido.

Un último suspiro y las manos se relajan al notar la realidad.

Landon Coates ha muerto.

Lo ha hecho bajo la impulsividad de quien acepta arrancar vidas y, aún así, respetar la muerte. Es por ello que lejos de reírse, de mostrar superioridad, de levantar el mentón e inflar el pecho en son de dominio; lo único que Runin Kitay hace es agacharse en su misma posición. Una ligera sonrisa aparece en la comisura de sus labios al sentir el dolor volver a florecer en cada parte de su cuerpo, la adrenalina empieza a esfumarse y la realidad golpea a aquellos que, exhaustos, sienten que al fin pueden bajar los hombros, al menos durante un par de segundos.

—Fuiste un grandísimo hijo de puta, cariño, me duele todo el cuerpo, fufufu. —La voz de la morena aflora, no suena agraviada, no pretende mostrar coraje, al contrario, una diminuta muestra de jocosidad y cansancio se mezcla con sus suaves vocablos al tiempo que se agacha ante la inconmensurable mole de músculos. Constata el fallecimiento. Lo ha vuelto a hacer, le ha arrebatado la vida a otra persona y no se siente mal al respecto.

—No sé qué habrá pasado por tu mente en tus últimos segundos, pero no puedo creer que luego de hacernos pedazos, puedas descansar sintiendo tanta paz, con esa expresión tan relajada. —Runin suspira, sin perder una sonrisa que emana recuerdos. —Espero morir sin remordimientos cuando me llegue la hora, Landon. —Susurra ante el buccaneer, volviendo a ponerse de pie.

Hacerlo implica un punzante dolor que asciende desde sus pies hasta el último de sus cabellos. Arde, las heridas hacen que la expresión mengue, el primer paso es el peor, ese que le lleva a acercarse a la lunarian; las manos tiemblan con ligereza, la luz ilumina los cuerpos y su propio rostro: ella continúa con vida. El alivio se hace presente ante ese diminuto pero consistente detalle. Ha llegado tarde, mas no lo suficiente como para reprochárselo a sí misma. Cuidadosa, separa un par de cabellos del magullado rostro de la mujer.



—No existe acto más valiente que seguir tus impulsos a pesar de conocer las consecuencias. Gracias.

Susurra, dejándola descansar. A ojos de la amazona, la lunarian parece menos cobarde que antes. —¡Hey! ¿Te encuentras bien? —La voz se eleva un momento observando desde su posición al azabache poseedor de extravagante habilidad, aquel que le ha ayudado a dar el último golpe, quien se ha enfrentado a Landon a costa, defendiéndose no sólo a sí mismo, sino también a su raza, contra la negatividad del racismo.

—¿Puedes verificar si tu amigo está bien? ¿Si continúa con vida? La chica solo está desmayada y Landon, bueno, ha muerto. —La habitación, repentinamente, se siente más silenciosa y solitaria que antes. ¿Qué no más habrá a su alrededor? ¿Bajo sus pies? El hormigón ha vuelto a aparecer en algún momento de su ataque y ella solo puede pensar que, en un lugar como ese, le sería imposible cavar para darle un lugar de descanso al osado enemigo que le ha recordado lo débil que es. Lo débil que son todos.

—Disculpa por lo que estoy a punto de hacer. —Emite al retroceder el paso para acercarse de nueva cuenta hacia Landon; lejos de mostrar irrespeto, odio contenido o asco, la mujer asiente como una forma de pedir permiso, antes de buscar con rapidez en los bolsillos y vestimentas del hombre, quiere dar con alguna llave o dispositivo para poder salir de la habitación o, al menos, lograr quitarse el collar que tintinea ante cada movimiento dado.

Encuentra el den den mushi, lo acaricia entre sus dedos mas no lo hurta. Solo lo deja en el piso junto a ella antes de continuar con su labor. El constante dolor en sus pies le obliga a colocarse en puntillas, hasta que su pierna lastimada le obliga, al final, a sentarse. Al hacerlo del todo escucha el sonido metálico de algo al rozar contra la superficie. Busca en el bolsillo de su short para darse cuenta de la petaca que había llenado antes de salir a la aventura.

Ríe entre dientes, suspirando para sacarla, desenroscar la tapa y beber el contenido. Está caliente y amargo, el vino no sabe tan bien como en un principio, mas el sabor le recuerda que está viva. La fémina relame los labios con parsimonio, disfrutando del trago, antes de volver a hablar.



—A tu salud, cariño.

Le dice a Landon. No porque le parezca alguien que en vida mereciera acompañar una larga charla con una copa, sino porque en muerte no existen motivos para continuar con el círculo de repulsión y apatía.

Un poco más relajada, continúa buscando, no sin antes guardar la petaca. No significa que baje la guardia del todo, los guantes aún brillan y la mirada se deposita sobre los demás cada tanto. Lo único que desea es salir de aquel lugar. El peso de la incertidumbre pronto hará mella aún en su dura personalidad. ¿Dónde están sus amigos? ¿Estarán pasando por lo mismo? Quizá sí… pero está bien, porque si ella ha logrado salir con vida significa que: Ryota, Barald, Tezca, Yuuki, Wyatt, Tocho Morocho y su amado Cardan; también lo han hecho.

Porque si Runin Kitay es obstinada.

Ellos lo son aún más.



BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1044 + 0 = 1044
Energia: 1588 + 12 = 1600
Espiritu: 480 + 0 = 480
#30
Vida y muerte.

Lo efímero de la vida vista desde la perspectiva del inevitable tiempo y el caprichoso designio del destino, lo súbita de la muerte. ¿O quizás puede atribuirse a la suerte? Muchas veces las preguntas son más que las respuestas y la incertidumbre mayor que la certeza. Muchas veces la explicación es menos necesaria que la importancia y la veracidad… Dentro de ese marco me encontraba yo, otra vez… ¿Cuántas veces había burlado la muerte ya? ¿Cuántas veces había escapado al destino de tal fatídico final escapando a la probabilidad? ¿O quizás era el mismo destino que tenía previstas mayores cosas que escapaban a mi comprensión y me permitían volver a votar humo mi boca un día más? Sea cual fuese la respuesta (si es que era necesaria y menester) yo estaba allí una vez más sonriendole a la muerte y encontrando y rostro que se volteaba a recibirme nuevamente, había sobrevivido un día más, mi libertad no había sido diezmada a permanecer eternamente en aquel encierro de madera bajo la húmeda tierra. El sol prometía salir una vez más, esperando ser recibido por la atenta mirada de mis orbes.

Aun así, todavía quedaban muchas cosas por resolver… Aún tenía que encontrar a mis compañeros, tenía que encontrar a mi amigo, Alek, a Miyori, a quien quería. Todavía tenía que cumplir mi promesa, y entregarles el mundo, no en poder, más en libertad, haciendo nuestra una vida completamente libre, libre de banderas, bandos, imposiciones, y reclamando todo aquello que estuviera bajo el mismo cielo. No tenía certezas, pero tampoco tenía dudas. Nada me decía que continuaran con vida, sin embargo la derrota comenzaba cuando uno la adoptaba en su cabeza, yo, por otro lado hasta no confirmar sus muertes creería, confiaría, porque lo que no está muerto continúa con vida, y no descansaría hasta encontrarlos, para bien o para mal.

Aún jadeaba algo cansado, agotado, herido, había sido un combate extremo, contra un enemigo formidable, aun escupía sangre cada tanto, ya erguido en mi posición observando el eterno descanso de Landon Coates… Una parte de mi divagaba en querer comprender las motivaciones de tan fuerte adversario, aunque estaba seguro que jamás lo entendería, simplemente teníamos una construcción totamente diferente. Diferentes pensamientos, diferente ideología, diferente raza, diferente forma de ver el mundo. Aún así, sentía que podíamos comunicarnos, más que con mucha otra gente, el combate era un lenguaje profundo y no todos éramos capaces de entender tal idioma. Y no estaba seguro del todo, pero algo adentro mío me decía que aunque no acabase de entenderlo y estuviera totalmente en contra de lo que representaba Landon, no era un simple tipo malvado y tenía sus razones para pelear, como yo las mías.

Estaba cansado… Mierda que estaba cansado y dolorido, había sido quizás la pelea más reñida que había tenido en mi vida… Y contradictoriamente donde más vivo me sentí, incluso estando tan cerca de la muerte… Pero no pude simplemente rendirme y entregarme a un destino fatal, había gente a la que le prometí mucho, y quería volver a ver… Pelear fue la única opción, siempre lo fué. Landon y Asheera yacían inertes, Akira en el otro extremo igual, solo uno de ellos estaba sin vida, la kuja y yo éramos quienes se habían mantenido en pie al final de la canción, y sentí un leve alivio que presuntamente todo había terminado. Envainé mi katana como también deshice los hilos. Suspiré con dolor en el cuerpo, en mi cabeza, aún retumbando aquel apoteósico golpe, realmente había sido alguien de temer, podía respetar ello.

Comencé a acercarme a Akira cuando la pelinegra consultó por él. —Hace falta mucho más para acabar con este demente… ¿No amigo?— le contesté a la mujer mientras me acercaba a él, y finalmente hablándole a mi inconsciente amigo. Me incliné a él y le di unas cachetadas de derecho y revés a ver si despertaba. —Y tú tan tranquilo durmiendo maldito jajaja— no pude evitar echar a reír levemente con esfuerzo ante la inutilidad de mis intentos por despertarlo, así que simplemente lo cargue en uno de mis hombros y lo llevé conmigo hacia donde Landon yacía… Lo apoyé suavemente sentado contra la pared y dejé descansar… Merecido descanso para un amigo, sin él era justo decir que todos estaríamos en el suelo y no el enmascarado ahora a cara descubierta. —Tomate un descanso amigo, te lo ganaste— le dije con una sonrisa para darle un golpe en el hombro y acercarme a Asheera. —Nunca creí encontrarte en un lugar como éste, Ashe, fuiste valiente sin lugar a dudas— le dije a la durmiente conocida que tenía y me había enseñado el valor de mi cruz en el pecho. Luego la revisé un momento y guardé su dinero conmigo, y fui hacia Landon para también revisarlo. De sus bolsillos saqué sus berries, los cuales guardé la mitad conmigo y la otra se la arrojé suavemente a la kuja, y también su den den mushi, también puse un cigarro en mi boca y uno sobre el cuerpo de nuestro enemigo. ~Quizás quieras disfrutar un buen cigarro en el más allá, Landon~

Mi cuerpo estaba cansado ya… —No creo que el capitán Landon necesite su dinero… Toma la mitad, seguro te sea útil… Éstos dos, son amigos míos… Yo los cuidaré. Todavía tengo que encontrar a mi gente…— le comenté a la kuja algo agotado y con dolor aún. —¿Estás sola? ¿Cómo acabaste en este sitio?— le consulté para sentqrme sobre Landon y encender el cigarro… Inspeccioné el den den mushi de Landon e intenté usarlo a ver si encontraba respuesta…

—Oeee— vociferé animadamente —¿Hay alguien ahí escuchando?— consulté con incertidumbre para saber si funcionaría su dispositivo… Lo apoyé al costado de mi cuerpo, y saqué uno de mis botiquines y empecé a aplicarme la medicina, vendar heridas, y demás, con el proceso que conlleva… Sin dudas, me dolería bastantes días luego…

inventario

Bélico

Karmas

Gastos y demas
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 375 + 250 = 625
Energia: 647 + 70 = 717
Espiritu: 213 + 0 = 213


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