Suave como la mantequilla, refrescante como el verano :: Pasado :: Privado.
#1
Narrador / María Merlot

MUSIQUITA



Primavera (76).
Año 16.
01:11 p.m.
Algún lugar del mar alrededor de Isla Karate, South Blue.

La mestiza siempre se levantaba temprano, y se acostaba tarde. Las ganas de disfrutar cada momento, y su energía inagotable, le impedían estar en reposo. Iba de aquí para allá, absorbiendo todo lo que el de ojos fantasmas le brindaba. Aun no sabía la razón de su ayuda, el por qué quemo todo aquel barco y le dio una nueva vida, tampoco le importaba... la verdad era que: María Merlot vivía un día a la vez.

De entre todos los nakamas de ese grupo, había uno en particular que no podía dejar de perseguir. Él la trajo de vuelta a la vida, entonces su vida le pertenecía: Hyakinthos. Por eso estaba en su “consultorio médico” dentro del barco, revoloteando como un colibrí a su alrededor. La paciencia del hombre era proporcional a la belleza de ambos. Fue entonces cuando le pidió un favor, traerle algo de la isla.

— ¿Arroz, Algodón de Azúcar? — pregunto la hermosa mujer ladeando un poco su cabeza, lo que causo que su larga cabellera celeste se deslizara en consecuencia como una cascada de aguas cristalinas — … pensé que solo se comía — comento mirando al objeto de su obsesión, el medico de la tripulación pirata a la cual ahora pertenecía — ¡Traeré el mejor arroz de la isla para ti! — le aseguro con su habitual y encantadora sonrisa, una que iluminaba aun más sus rasgos divinos.



Primavera (76).
Año 16.
3:51 p.m.
Arrozales de Isla Karate, South Blue.


¿Se perdió?
¡Muchas veces!
Pero logro llegar.

La brújula de la joven peliazul vino defectuosa desde su nacimiento, sin embargo, aprendió que, con su encanto y alegría natural, las personas terminaban ayudándola. Así fue como pidió direcciones a los pueblerinos, y hasta uno la acompaño durante el camino, cumpliendo la meta de llegar a los Arrozales. ¿Qué mejor sitio para conseguir el mejor arroz de la isla? ¡Del campo al consultorio de Hyakinthos! No obstante, y siendo como era, se distrajo hablando con quien le dirigía alguna palabra, dejando varios suspiros y sonrojos para el recuerdo. No era su culpa, su apariencia atraía siempre las miradas, y su personalidad terminaba de envolverlos en una seducción inocente.

— ¿Solo tiene arroz? ¡Wow! — cuestiono con dulzura mientras observaba la bebida en sus manos, se detuvo un momento a refrescarse. Así termino sentada viendo a los arrozales mientras un hombre de mediana edad esperaba expectante el veredicto sobre su menjurje a base de arroz.

— Así mismo es, solo arroz — respondió orgulloso inflando el pecho y sonrojándose, no por el halago sino por la mirada ambar de la dama sobre él.

— ¡Delicioso! Podría tomar dos, tres, cuatro… mil más de esto. Es como morder la ropa de seda, pero sin el mal sabor de la tela… cremoso y aterciopelado. ¿Así se sentirá saborear las nubes? — divago con alegría dándole otro sorbo al vaso. El hombre sonrió y con una ultima mirada a su hermosa clienta regreso al interior de su tienda para seguir trabajando.

María por su parte, se quedó ahí sentada, disfrutando del jugo de arroz y del paisaje verde que se extendía ante sus ojos. ¿Por qué era que estaba ahí? Bueno, ya lo recordaría…




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#2
Primavera (76).
Año 16.
12:17 p.m.
Arrozales de Isla Karate, South Blue.


Tan solo unos días atrás Dean tomó una decisión que le llevó varios años de meditación y dudas: Unirse al ejercito revolucionario. Desde la adolescencia tuvo claro que tenía que hacer algo, pero cada vez que pensaba en la muerte y en los peligros venideros, el rostro y las últimas palabras que pudo obtener de su madre aparecía en su subconsciente — Vive....—esa palabra era un constante recordatorio de que podría estar tranquilo, en una cabaña, trabajando como cualquier otra persona de este caótico mundo. Sin embargo, la decisión ya estaba tomada, desde que escapó de aquel pueblo de Sorbet, desde esos días donde veía más sangre que agua.

Algo..., tenía que hacer algo para evitar que otra persona tenga que vivir el mismo infierno que él, pero aún le carcomía la cabeza el hecho de pensar en sacrificar su propia vida para conseguir ese objetivo. Desde que se unió a la revolución, esos pensamientos eran más recurrentes, sobre todo cuando el sol iluminaba la otra parte del mundo.

Mientras Dean aprendía a lidiar con su nueva responsabilidad, una "misión" le fue asignada. Debía recorrer varias de las islas del South Blue para ampliar sus conocimientos de su flora y fauna. Como explorador que era, debía de ayudar en la comprensión de la naturaleza del mar, ya que toda información puede ser provechosa para la revolución, cada pequeño detalle cuenta, cada paso puede ser significativo.

Su primera parada fue la isla Karate, era la que más cerca tenía, por lo que no perdió tiempo y aterrizó. Dean sabía que una de las principales características de este lugar eran sus arrozales. Su objetivo era saber todo sobre el cultivo de arroz de este lugar. Condiciones ideales, posibles depredadores, todos los detalles eran importantes y el peliblanco no se iba a ir de este lugar con alguna duda sobre este cereal tan común.

Tras llegar al puerto entrecerró los ojos como suele hacer y con su típica sonrisa se adentró en el pueblo en busca de información. Al principio se detuvo en las primeras tiendas, donde supuso que la gente sabría como guiarlo hasta los arrozales; y así fue, aunque antes de empezar su investigación se detuvo a comer algo.

Algunos de los mercaderes lo miraron con cierto rechazo ante su expresión, algo a lo que a su edad ya estaba acostumbrado y que de hecho le gustaba, pues él tampoco confía en la gente, así que estaba bien si el sentimiento era recíproco.

Primavera (76).
Año 16.
15:51 p.m.
Arrozales de Isla Karate, South Blue.


Tras consultar a cerca de cinco personas, pudo llegar a lo que parecía una tienda especializada en arroz, que según todos, era atendida por la persona que más sabía de este cereal en la isla y que podría resolver todas las dudas que Dean se venía recordando en su cabeza desde que puso un pie en la isla.

De a poco se fue adentrando en la isla, hasta que sus ojos rasgados le permitieron ver un pequeño local que estaba cerca de un paisaje verde, que a todas luces era el arrozal que estaba buscando.

Mientras iba caminando una figura se hizo cada vez más notoria. Una chica de pelo azul con traje color amarillo, la cual parecía estar alegre ingiriendo algo desde un vaso común y corriente, parecía bastante contenta con lo que sea que hubiera dentro del recipiente y no se podía negar su encanto.

Ahora venía la parte difícil... Socializar. A pesar de estar ya adentrado en su tercera década de vida a Dean le costaba entablar conversaciones normales con personas que no conocía. Primero, por la desconfianza que tiene ante cualquier extraño, segundo por sus expresiones que no ayudaban a mantener una conversación agradable, tercero y no menos importante por una evidente timidez, la cual fue heredada de su progenitora.

Cuando la distancia ya fue suficientemente corta para poder distinguir los rasgos de la chica se detuvo. Con sus ojos rasgados y su amplia sonrisa se acercó a la chica, la que supuso que era dueña del local o al menos era una lugareña de la zona, por lo relajada que se veía. 

— Disculpa... ¿tienes un minuto? tengo algunas preguntas con las que creo que me puedes ayudar. —

Ir directo al grano fue siempre una , pero ahora estaba cumpliendo una misión y tenía que asegurarse de poder cumplirla a la perfección, más sabiendo que era el primer encargo que tenía que cumplir.

Por este motivo, por esta vez tuvo reparo a la hora de relacionarse con otra persona.

— Perdona fui demasiado directo... Mi nombre es Dean y estoy investigando los arrozales, espero que no sea mucha molestia y puedas responderme algunas dudas que tengo. —

Mientras esperaba la respuesta de la otra persona, estaba conforme con su primer acercamiento, incluso reveló su nombre con amabilidad, era algo inaudito... aunque luego cayó en cuenta que no le preguntó su nombre y ni siquiera esperó a que la otra persona confirmara que era capaz de responder todas sus dudas, pero bueno, un paso a la vez.

Las interacciones sociales nunca fueron lo suyo, pero Dean sabía que a esto se refería su madre cuando le encargó la misión de vivir, alejado de cualquier peligro futuro, que por ahora intentará alejar de su mente, aunque sea por un momento.

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#3
Narrador / María Merlot



María movía sus piernas, arriba abajo, como lo haría un niño. La falda del corto vestido ondulaba con cada movimiento, sin mostrar nada indecoroso. Un momento de tranquilidad y silencio, raro en ella pero que a veces era necesario para encausar la energía desbordante hacia metas más… simpáticas. La joven daba sorbos al vaso con el jugo de arroz, el amable vendedor había traído otro unos minutos atrás, aunque ella ya estaba muy llena… sin embargo, no deseaba rechazar la amabilidad del señor.

La brisa soplo, con ella su cabello danzo hacia el oeste haciéndola sonreír porque seguro parecía la Jolly Roger de un barco pirata. ¿Por qué era que estaba ahí? Si, lo recordó fácilmente porque estaba vinculado al objeto de su fanatismo: Hyakinthos. Él quería arroz de la mejor calidad, ella fue al sitio dónde lo cultivaban para evitar que algún intermediario dañara el producto inicial. Al parecer, y por lo que entendió, ese cereal podía ser usado con fines medicinales, por eso el medico de los Manos Muertas deseaba tener una pequeña reserva, una que Odeth no cocinara a fuego lento.

El tránsito de personas, disminuyo a medida de que retomaban sus actividades en el arrozal, ahora mismo se veían como hormiguitas en el escenario frente a ella. Por un momento la joven presto mucha atención, y gracias a su buena vista pudo ver el desarrollo de la jornada de quienes trabajaban el arrozal. ¿Debería lanzarse al pantano y ayudar? ¿Algún bicho la picaría? ¿Importaría? No, porque tenia al mejor médico del mundo azul a su lado.

Fue entonces cuando algo llamo su atención brevemente, alguien venia caminado por uno de los lados del sendero. Un hombre muy blanco en general. ¿Un fantasma? ¿El Fantasma del Arroz? ¿Un Grano de Arroz Caminante? Pero paso una mariposa y la siguió con la mirada, muy bonita de colores vivos, así perdió el interés en el individuo mientras daba otro sorbo a su vaso de jugo de arroz y miraba el que aun le quedaba a un lado de ella. ¿Y si se lo llevaba a Thrym? El comia y bebía de todo, se trataba de un gigante de 25 metros que no era fácil de alimentar, a veces compadecía a la pobre Cocinera Odeth, a las que pocas veces veían porque estaba casi esclavizada en la cocina, por suerte, amaba realmente su profesión.

Disculpa... ¿tienes un minuto? tengo algunas preguntas con las que creo que me puedes ayudar

La voz suave con una candencia pausada como un susurro llego a sus oídos haciéndola levantar la mirada al hablante. Encontrándose con el Fantasma del Arroz que con esos ojos sesgados parecía más bien una… serpiente ¡Una serpiente de gomita! La chica le sonrió, no por lo que dijo, sino por las tonterías que los grillos en su cabeza tejían. Su ropa no le decía mucho, y su aparecía, más allá de lo albino que resultaba su piel, le hacia pensar en “alguien olvidable”.

Perdona fui demasiado directo... Mi nombre es Dean y estoy investigando los arrozales, espero que no sea mucha molestia y puedas responderme algunas dudas que tengo.

Él no la dejo responderle, inmediatamente soltó más palabras. María solo lo observaba con su sonrisa encantadora y sus orbes ámbar cálidos. Tomo un sorbo de su bebida, miro la que tenia a un lado, luego al hombre — ¡Comienza por un jugo de arroz, a base de arroz, con granos de arroz, en un vaso que posiblemente venga de la planta de arroz! — recito alegremente invitándolo a sentarse a su lado y señalando el vaso lleno que reposaba ahí — Soy María Merlot, pero mis amigos me dicen MM. Puedes decirme así, yo te diré Gomita. Me recuerdas a esas gomitas de gelatina con forma de animalitos: Unicolor. ¿Alguna vez tomaste un jugo de arroz? ¿Mis papilas gustativas han dejado de funcionar o es riquísimo? — le cuestiono con su suave pero emocionada voz para luego darle otro sorbo a la bebida, su vaso ya estaba por debajo de la mitad — Y si, puedo darte todos los minutos que quieras, pero no días porque debo regresar con Algodón de Azúcar. Esta esperando algo de mi… ¿sabes qué es? — susurro como si le fuera a contar un secreto, entonces se acercó — ¡Arroz! — bromeo riéndose de su tontería, entonces se levanto y estiro... llevaba mucho tiempo sentada — Sobre tus preguntas… tengo las respuestas — llevo la diestra al mentón pensativa, su expresión hermosa por naturaleza — Rojo, Sandia, Sur, Agua, también lo tengo en blanco — respondió como si él le hubiese preguntado: Color favorito, fruta que quisiera comer ahora, hacia dónde no ir, elemento favorito, y si tenia ese vestido amarillo en otro color — … sobre los arrozales no sé nada. Es la primera vez que vengo. ¿Eres cocinero o medico? ¿Por qué investigas sobre el arroz? O más bien ¿Por qué debe ser investigado el arroz? — lo ultimo lo susurro como si hubiese un misterio ahí, haciendo que su vena cotilla saliera a flote — ¡Te ayudo a seguirle la pista! — le propuso sonriéndole con determinación como si fuera la misión más importante del planeta.

En eso, la misma mariposa, o quizás otra, paso delante de ella, quien la siguió con la mirada y luego con el cuerpo — ¿Crees que las mariposas sepan algo sobre el infame arroz? — pregunto volteando a verlo pero sin dejar de corretear al bicho, lo que la hizo no ver el final del camino y cuando se dio cuenta ya era muy tarde, tropezó y cayo sobre el arrozal de frente y sin ninguna femineidad — Aaaaah —  fue lo ultimo que se escucho antes que quedará sobre el suelo húmedo, por suerte era más agua que barro — ¡ESTOY BIEN GOMITAAAA! EL ARROZAL NOS DICE HOLAAAAAAAA — le grito intentando levantarse pero no tenía mucha habilidad, quien diría que sería difícil estar en un arrozal. Tal vez para salir, necesitaría ayuda.



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#4
Dean no tuvo que esperar ni 5 segundos para obtener una respuesta a su pregunta, pero se vio sobrepasado por la energía de la chica que tenía al frente. Primero lo invitó a sentarse a su lado, oferta que aceptó, aunque a medida que iba tomando asiento sus ojos se iban abriendo, dejando en evidencia el color azul claro de sus iris. 

La chica se presentó como María Marlot, pero con un apodo... ¿original? eran las iniciales de su nombre y apellido, parecía más un sobrenombre militar, pero ella parecía estar contenta con ello, así que el peliblanco no indago mucho más en ello, aunque lo que vino después si que lo dejó atónito. 

En su vida lo han llamado de muchas maneras, desde pequeño sus "amigos" le habían dicho que era parecido a una serpiente y que daba miedo por ello, todos los sobrenombres que le asignaban giraban en torno a los reptiles desde entonces. Por primera vez en su vida alguien le puso un apodo distinto, aunque al escucharlo no tuvo otra reacción que abrir los ojos de sorpresa: "Gomita". Según María, Dean lucía similar a unos dulces de gelatina.

Se quedó unos segundos atónito ante el apodo, apenas pudo escuchar las preguntas que vinieron a posteriori y con la intención de evitar que su asombro lo domine las respondió lo más rápido que pudo. — Sí... he probado el jugo de arroz, pero no soy muy bueno con los sabores, así que mi opinión no es algo que se tenga que tener en cuenta — Ella parecía disfrutar muchísimo ese jugo, así que no dudaba en que ese brebaje tuviera un buen sabor.

Luego comentó que alguien la estaba esperando, a ese alguien se refirió como "Algodón de azúcar", cosa que fue una alivio, no era el único con un apodo tan... peculiar. 


Ella tenía las respuestas, aunque Dean nunca hizo las preguntas que tenía en su cabeza sobre el arrozal, eso era extraño. Cuando ella empezó a lanzar respuestas al aire solo pudo ladear la cabeza y mirarla como si un signo de interrogación estuviera sobre su cabello. Y justo después vino la mala noticia, no sabía nada de este sitio, algo que lo hizo confundir aún más. 


Se fijó en sus manos, una costumbre que Dean tiene cuando algo alguien le causa curiosidad o confusión, esta vez no sabía definir qué sentimiento sobresalía, pero vio que sus manos se movían con la misma energía que ella desprendía. 

Nuevas preguntas llegaron y aquí volvió a sonreír y a entrecerrar un poco los ojos, pues estaba haciendo preguntas demasiado directas y sabía que no podía ser del todo sincero, menos con un desconocido. —
Simplemente me gusta investigar la flora y fauna es... un pasatiempo divertido ¿no lo crees? — Luego vino un cuestionamiento sobre su profesión, ¿o eso fue antes? bueno, en su defensa, fue avasallado de preguntas, así que respondió en el orden que pudo — No soy médico ni cocinero, simplemente soy un ciudadano común que se interesa por las plantas y animales. — Esperaba que con esas respuesta fuera suficiente para la enérgica MM. 

La mentira es algo con que le ha convivido toda su vida. Siempre es mejor mentir en estos pequeños detalles cotidianos, esto le salvó la vida hace varios años, y no ha encontrado un motivo por el cual deba ser sincero con desconocidos. Probablemente, eso nunca cambie... probablemente. 

Solo pasaron unos segundos antes de que ella se levantara y siguió a una mariposa o eso pensó, ya que había otro tipo de bichos menos agradables merodeando la zona. Para su sorpresa MM no tardó ni medio minuto en adentrarse en el arrozal y menos tiempo tardó en caerse. Volvió a abrir sus ojos, pero esta vez acompañada de algunas carcajadas, le hizo gracia verla caer de forma tan repentina. 

Luego gritó que estaba bien, así que se río con menos culpa. Tras eso se levantó de la banca y fue hasta ella para corroborar que no se hubiera hecho daño. Lo menos que necesitaba es que en sus primeros días como revolucionario lo culparan por molestar a personas inocentes, si es que ella era inocente.

Al menos de este curioso intercambio ya sacó una información importante, este tipo de lugares suelen ser resbaladizos, además de estar llenos de pozas. Información útil, al menos estaba avanzando, como siempre, un paso a la vez.


A pesar de que MM actúa como una niña de 8 años, a Dean le causó cierta curiosidad y podía servir como un chivo expiatorio para ver que otro tipo de "trampas" puede albergar un sitio tan pacifico a primera vista como puede ser un arrozal del South Blue. 

Dean se siguió adentrando en la hierba, aunque ahora más atento, ya que si bien la hierba no tapaba su vista, si había que caminar con cuidado para no terminar como su acompañante improvisada. —
 Y bien MM — (el apodo le seguía pareciendo de lo más extraño a Dean, pero lo ignoró por el momento). — ¿Qué haces en un lugar como este? — se detuvo un segundo antes para pensar en su siguiente intervención. — Estabas tan relajada que pensé que eras de por aquí, si no es así, ¿Dónde vives? —

Quizá ella no nació en Isla Karate, pero puede que sea de alguna isla cercana, si es así podría preguntarle por los paisajes de su lugar de nacimiento y así adelantar trabajo, aunque con la actitud que aparenta tener... quizá no obtenga las respuesta que buscaba.



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#5
Narrador / María Merlot



El agua turbia la hizo pensar en la playa que había dejado atrás, tan cristaliza y azulada. Se cayo de frente, sin posibilidad de evitar llenarse de todo lo que ese pequeño humedal artificial tuviera que ofrecer. El fondo, lodoso, la hizo medio hundirse, pero con sus manos y rodillas pudo quedar a flote. Cuando intento levantarse, se le dificulto mucho era como pelear contra arenas movedizas pero húmedas. El vestido amarillo quedo lleno del liquido marrón, y su piel también. Luego de gritarle que estaba bien a Gomita, procedió a limpiarse la cara, una que ahora tenía un tratamiento gratis de skincare de arrozal.

Con movimientos inestables, como si fuera una niña aprendiendo a andar en bicicleta, pudo terminar de ponerse en pie. Su largo cabello azul celeste también chorreaba agua y lodo, lo intento escurrir de lado, para luego sujetarlo en un moño improvisado — GOMITA, NO ES SOLO AGUA. ANOTALO EN TU INVESTIGACIÓN: ES MAS LODO QUE OTRA COSA — grito para que la escuchará, su voz a pesar del esfuerzo sonaba suave y encantadora, como ella misma, que no dejaba de sonreír como si estar llena de suciedad fuera algo divertido y no un trágico crimen de la moda.

Mientras estaba ahí, limpiándose, porque no se atrevía a dar un paso por lo inestable del terreno, recordó lo que segundos atrás el hombre albino le respondió. ¡Claro que su opinión importaría! Ella tampoco sabia de sabores, solo se dejaba llevar por la simpleza de lo que le gustaba, de lo que la hacía feliz, en pocas palabras, disfrutaba el momento como el presente maravilloso que era. La sonrisa y los ojos entrecerrados, no le causaron ningún destello de alerta, es más, todo él parecía ser tan… ¿olvidable? ¿Si sería un fantasma? ¿El fantasma del arrozal? ¡Hasta los espantos se desconcertaban con ella! Tal vez no debió hablarle mucho pero considerando que le respondió con amabilidad, ella solo pudo continuar. Un simple ciudadano, eso le había dicho. ¡Cuanta envidia! ¡Si! De la buena, por supuesto, ella siempre soñaba con ser una ciudadana de algún pueblo… con una casita con vallas blancas, un jardín, un árbol de manzanas… justo como lo tuvo hacia mucho tiempo, junto a su padre.

Y bien MM

Lo vio acercarse, y cuando la llamo por el apodo que le dijo solo puedo esbozar una radiante sonrisa hacia él, como su hubiese salido el sol dos veces ese día — … y bien Gomita — lo imito solo por diversión, contrario a lo que cualquier pudiese pensar, estar llena de lodo no la molestaba, más bien le divertía la situación. Claro, ella prefería estar limpia pero no iba a alterarse por un pequeño tropiezo.

¿Qué haces en un lugar como este?

La pregunta del hombre la hizo dejar de limpiarse. Parpadeo una, dos y tres veces. No entendía a que se refería. La chica lo miro, luego al arrozal, luego a su ropa sucia y otra vez a él. No estaba en el lodo como ella, él se quedó en un sitio seguro y sobre todo seco — ¿Qué hago aquí? — se señalo con ambos dedos índice sin dejar de mirarlo, luego la sorpresa en su cara retorno a su sonrisa encantadora — … creo que llenarme de lodo y obtener una skincare gratis. ¿Crees que me haga lucir más hermosa luego? Lo que no sé es si las manchas saldrán de mi vestido… parece todo un reto de quitar — respondió con honestidad confundiendo su pregunta con algo más de “aquí y ahora”. La mestiza miro la tela empapada pensando cuanto tendría que restregar para sacar ese lodo… por suerte tenia otro vestido igual, solo que de otro color.

Estabas tan relajada que pensé que eras de por aquí, si no es así, ¿Dónde vives?

El interrogatorio continuo, trayendo de nuevo la atención de la semi sirena al masculino albino. Los orbes ámbar se posicionaron sobre los suyos rasgados — ¿Dónde vivo? — repitió pensándolo por un momento, si tuviera un poco más de malicia no le respondería pero como el hombre estaba siendo amable, y su armonía desapercibida no la ponía en alerta decidió ser honesta, aunque siempre lo era —  … en una celda, en el barco de mis Nakamas. Es muy acogedora mi celda ¿Sabes? Tiene una cama muy cómoda, y tengo un sitio para mis cosas. Algodón de Azúcar y Fantasma me compraron mucha ropa. Este modelo lo escogió Fantasma… ¡Es como el color de sus ojos! Y como él mismo: suave como mantequilla — respondió alegre intentando dar una vuelta de 360° para que su oyente pudiese ver todo el maravilloso atuendo, sin embargo, se le olvido que estaba en el pantano, sus pies se hundieron en el lodo, sus piernas se enredaron y esta vez cayo de pompa.

María volvió a reír, estaba siendo muy torpe ese día — Tenias toda la razón en investigar al arrozal, es un vil enjambre que quiere engullirme. ¡Míralo! Intentando matarme — recordó lo que le había dicho sobre “investigar”, luego bromeo echando la culpa de su torpeza al infame lugar para luego proceder a levantarse, otra vez, con movimientos inestables. Entonces sintió algo, la verdad desde que cayo en ese humedal había sentido vida muy despierta en el agua…. — …. no quiero asustarte, Gomita, pero no estamos solos… — le susurro poniendo las manos en su boca para hacer un embudo, y luego volver a sonreír.

Metió la mano al lodo, algo se le había pegado a la pierna. No tenía asco ni miedo a los animales, y menos a los de pieles escamosas, lisas o babosas, en el mar… casi todos eran así. Cuando agarro al acosador acuatico, y lo saco, se trataba de una rana — ¡Mira Gomita! — la sujeto con cuidado con ambas manos, estirándola en su dirección — … Es fauna ¿no? ¿Crees que sea hembra o macho? Yo digo que hembra... — dio un paso con dificultad y luego otro, sin dejar de apuntar a la rana hacia el hombre, cuando estuvo muy cerca de él, la sonrisa traviesa en sus labios aumento — … en tus investigaciones de fauna dices algo sobre princesas ranas… en los libros que he leído también. En nombre de la ciencia: ¡Bésala y descubramos si está encantada! — la acerco al hombre entre risas, sin ningún tipo de miramientos, sino se quitaba iba a terminar siendo besado por una rana verde llena de lodo.



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#6
La situación era cuanto menos extraña, pues estaba adentrándose en unos arrozales desconocidos con una persona que acaba de conocer. Se supone que todo esto era para investigar el lugar para ayudar al ejercito revolucionario, para cada vez más parecía un paseo que otra cosa, ¿así debería ser el trabajo? se supone que con el tiempo y la experiencia irá aprendiendo a responder esa pregunta. 

Al ver el resultado de la caída de la peli azul, Dean cuidó cada paso que dio en el arrozal, pues no quería arruinar su hakama favorito, más teniendo en cuenta que lo acompañaba con una bata blanca. Si llegaba a caerse, su ropa preferida estaría arruinada y encontrar ejemplares como esos eran sumamente difíciles en el South Blue, por lo que tendría que investigar con mucha más precaución del que hubiera esperado en un inicio. 

A pesar de estar manchada por todos lados, la energía de MM no descendió, al contrario, pareció divertirse ante la situación. Todo parecía indicar que a pesar de verse como una mujer adulta, su mentalidad era la de una niña la cual se niega a adquirir el pesimismo y la amargura que llega con el paso de los años. 

De a poco se fue acercando a ella mientras iba respondiendo sus preguntas. La primera fue contestada con un toque de sarcasmo que encontró divertido -
Ni idea, no quiero imaginarme el trabajo que conlleva tener que lavar la ropa que tengo puesta, así que si puedes ensuciarte por mi estaré agradecido. - Mencionó mientras elevaba los hombros. 

La segunda respuesta fue la que le hizo abrir los ojos y luego fruncir el ceño. La palabra "Nakama" encendió todas sus alarmas y recuerdos de abusos que aquellos piratas hicieron en su pueblo natal. Todos ellos eran "Nakama" y se mostraban el respeto que les faltaba a la hora de tratar a todo el pequeño poblado de la isla Sorbet, ese mismo aprecio que no apareció cuando la vida de su hermano y su padre fue arrebata sin escrúpulos. Se adentró en sus pensamientos mientras la chica seguía respondiendo
- Ya veo... - Es lo único que pudo responder cuando MM terminó de hablar.

Luego de unos segundos movió un poco la cabeza para reaccionar y mantener la compostura, obviamente ella no era la culpable de todo lo que tuvo que vivir, pero si pertenecía a ese grupo que le hizo la vida un infierno, ahora tenía muchos más motivos para desconfiar de ella, aunque intentaría no reflejarlo, al menos no por ahora. 

Ella siguió con su actitud infantil cuando advirtió que no estaban solos, lo cual puso un poco en alerta al peliblanco, pero tras ver que la compañía era una simple rana pudo respirar con un poco de alivio. Sin acercarse mucho más a la chica se fijó en la rana para responder a su pregunta. - 
El sexo de una rana se define por su tamaño, las hembras suelen ser más grandes que los machos, además de que las hembras suelen ser menos ruidosas que ese pequeñín. - Dijo en un tono tranquilo y volviendo a su sonrisa habitual, debía ocultar lo mejor posible el hecho de que la desconfianza hacia la mujer había crecido con tan solo una palabra. 

Soltó una pequeña risa ante el comentario más infantil que salió de la ahora sucia MM, pues a pesar de su desconfianza la hizo gracia el hecho de que su primera impresión al ver a una rana sea esa historia trillada de princesas encantadas. La chica de apoco le acercó la rana, por lo que Dean pudo observar con mayor detalle las características del animal, por lo que pudo sacar una conclusión más precisa. 
- Si no me equivoco esa rana es macho, así que quizá debas intentar tú quitarle el hechizo al pobre príncipe, que está esperando el amor verdadero por quien sabe cuanto tiempo - Soltó unas carcajadas mientras se alejaba del lugar, pues la chica parecía ser impredecible y quizás hasta le lanzaba al anfibio, esperaba que no hiciera eso, pues sería cruel para el pobre, aunque con un pirata, nunca se sabe.

Tras ese pequeño intercambio, se alejó un par de metros y se agachó con cuidado para tocar con la punta de su índice una de las tantas plantas que componían ese arrozal. -
Sabías qué la planta del arroz es semiacuática, por lo que gran parte de su vida están inundadas y pueden seguir viviendo aunque no tengan mucho oxígeno. En parte por eso este lugar es casi un pantano y terminaste así de sucia. - Se levantó con el mismo cuidado para no manchar su ropa ni afectar la vegetación - Aunque también existen variedades de arroz que pueden crecer en suelos secos ¿curioso, no? - Toda esa información estaba en algunos libros de biología que solía leer, pero ahora por primera vez estaba siendo testigo de cómo es que toda esta flora se desarrollaba. 

Se acercó un poco a ella, aunque mantuvo una distancia prudencial de unos 3 metros, lo suficiente para que pudiera escucharlo sin tener que alzar la voz -
¿Cómo es la vida de pirata? he oído que muchos les temen. - Si bien MM, no parecía ser alguien de peligro, todo podía ser una fachada, además, tenía genuina curiosidad, pues para él, todos los que defendían una bandera con un cráneo, eran unos barbaros. Sabía que era un prejuicio, pero hasta ahora nadie le había demostrado lo contario.
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#7
Narrador / María Merlot



Gomita se mantenía a distancia, como si ella pudiese hacerle daño. ¿Acaso le tenia miedo? ¿A ella? Eso si sería toda una novedad y una locura, motivado a que no mataría ni a una mosca. María respetaba la vida en todas sus formas, por eso que se había vuelto vegana, bueno, por eso y por lo que sucedió hacia muchos años cuando tuvo que comer cosas… no muy agradables para sobrevivir.

… así que si puedes ensuciarte por mi estaré agradecido.

María lo escucho con atención para luego dedicarle una amplia sonrisa. ¡Ella era una inútil! Pero él le estaba pidiendo algo que si podía hacer: Evitar que el humedal artificial atacara su muy blanca y pura ropa. En su cabeza tenía todo el sentido del mundo: Iba de blanco. Y si pensar en sacar las manchas marrones de su vestido amarillo le parecía una idea muy cansada, ni siquiera quería imaginarse de la suya blanca — Lo prometo, Gomita, lo prometo. Nada ni nadie te ensuciara mientras yo exista — le respondió uniendo sus manos para formar un corazón con los dedos, y mirarlo con la convicción de quien ha decidido dedicar su vida, no a una misión, sino a un ideal que estaba por encima de cualquiera, y en este caso, de que él no viera una gota de mugre en su atuendo.

Ya veo...

La falta de respuesta, la hizo parpadear. Hasta ese momento él había sido muy comunicativo, demasiado la verdad, y resultaba agradable que alguien siguiera sus ideas ¿Acaso dijo algo que le molesto? La mirada de la joven mestiza, tan privilegiada, se mantuvo sobre él por esos breves segundos. Estuvo tentada a preguntarle que sucedió pero las secuencias de acciones hicieron que el cuestionamiento no se diera.

El sexo de una rana se define por su tamaño, las hembras suelen ser más grandes que los machos, además de que las hembras suelen ser menos ruidosas que ese pequeñín.

Los labios de María formaron una perfecta “O” cuando escucho la información suministrada por el albino. La mirada descendió  al animal entre sus manos, uno que sujetaba por debajo de las patas delanteras, dejando las traseras libres al vacío — … no volveré a ver a las ranas igual. Ahora pensaré en qué tan grandes son y qué tanto chillan… — pronuncio con suavidad mirando con avidez al animal como si sus ojos ámbar estuvieran diseccionándolo y entendiendo cada misterio que lo envolvía. Lo cierto es que la mestiza siempre había tenido un interés ávido por el conocimiento y cada vez que alguien le suministraba un poco de este, aunque fueran migajas, los atesoraba mientras los grillos en su cabeza empezaban a chillar repetidos “¿Por qué? ¿Cómo? ¿Dónde? ¿Cuándo?”.

Si no me equivoco esa rana es macho, así que quizá debas intentar tú quitarle el hechizo al pobre príncipe, que está esperando el amor verdadero por quien sabe cuánto tiempo.

Aquellas palabras la hicieron levantar la mirada a Gomita, el especialista en flora y fauna. La carcajada fue lo único que dejo atrás cuando se dio la media vuelta para alejarse, dejándola ahí con las palabras aun rebotando en su cabeza — ¡Pobre Príncipe! ¿Cuánto tiempo llevas así? — giro a la rana para que quedara frente a ella mientras lo veía a sus amarillentos ojos con aquella pupila ovalada — ¿¡Estas listo!? — le pregunto con diversión ¿Pensó que no lo haría? Jamás había besado a una rana, hombres que parecieran una… muchos, no veía porque no hacerlo ahora… que justificaba un bien mayor.

Sin más miramientos unió sus labios al de la rana. El animal abrió sus ojos sorprendido... ¿tal vez?

No paso nada.

Volvió a unir sus labios.

No paso nada.

¡Qué frustrante!

Lo beso repetidas veces: en los labios, las mejillas, la cabeza.

Nada.

Lo único que pasaba es que ahora tenía una rana verde sonrojada entre sus manos. Al parecer su Toque Divino no solo funcionaba en humanos. ¿Acaso Gomita se estaba burlando de ella? ¡Qué hilarante! — … lo siento — musito con pesar, haciendo un leve mohín. Con un último beso en su cabecita, la puso con cuidado en el pantano. La miro por un momento, y una sombra abarco sus ojos ámbar. Ella sabía bien que esas historias infantiles no eran ciertas, solo fabulas creadas para llenar los vacíos de corazones desahuciados y darles motivos para continuar… justo como su caso. Ser una soñadora y seguir las fantasías que creaban el laberinto de grillos en su cabeza siempre resultaba más fácil y menos doloroso que deshojarlo con argumentos de la cruel realidad.

La sonrisa en los labios de la celeste regreso, justo cuando la voz del albino llego hasta ella, se había alejado mucho más. Le hablo sobre el cultivo del arroz. Los ojos ámbar de la semi sirena seguían su dedo índice y aquel toque suave que dio a la punta de la planta. Ella fue anotando mentalmente el conocimiento del arrozal mientras daba pequeños pasos para llegar a tierra firme. Cuando por fin estuvo sobre suelo solido sacudió su vestido y la piel llena de lodo, también reacomodo su cabello.

Aunque también existen variedades de arroz que pueden crecer en suelos secos ¿curioso, no?

Ella le sonrió y asintió con su cabeza. No sabía que aquella planta podía ser tan fascinante, o era el hombre cuyo relato era… envolvente. Sin importar la razón, ella lo recordaría y cuando volviera al Flush Royal se lo contaría a Algodón de Azúcar. Por un momento pensó en las personas, como arroces, pudiendo creer en distintos lugares para terminar en el mismo plato o tener los mismos ideales que los llevaran juntos a una meta en común. ¡Como sus Nakamas! Y ese ideal de la libertad, ella deseaba ser libre y aunque ya no era una prisionera… aún se sentía como una, aun no podía quitarse esa sensación del cuerpo… aun sentía que despertaría y estaría en la pecera de algún burdel, o peor, en el Nenúfar.

¿Cómo es la vida de pirata? he oído que muchos les temen.

Su silencio fue roto por una pregunta muy directa de Gomita. Ella alzo la mirada a sus ojos rasgados, sorprendida sí. Parpadeo, luego mordió su labio inferior como solía hacer Hyakinthos. ¿Cómo lo sabía? ¿Acaso él ya la conocía? ¿Era un aliado de los Piratas del Abismo? ¿Habían enviado a alguien por ella? La sorpresa dio paso al miedo, la sonrisa se borro de sus labios… y por primera vez en ese encuentro, fue ella la que se alejó, dando uno, dos, tres pasos hacia atrás… si él la atacaba, si él decidía llevársela… no había nadie que se interpusiera, estaban solos en el medio de un arrozal. Quizás si gritaba, saldría el amable señor del jugo de arroz… pero conociendo a la tripulación del Nenúfar, seguro terminaría muerto. ¡No! No quería que nadie muriera por su culpa.

— ¡¿Piratezca?! — respondió ¿o pregunto? Ni ella sabía, fue lo primero que salió de su boca, sin el toque alegre de antes. No sabía que decirle, los grillos en su cabeza se apagaron, y solo hubo algo latente: Huye, huye, huye — … no deberías acercarte, Gomita, estoy sucia… recuerda que prometí no ensuciarte — dijo con una sonrisa evidentemente forzada dando otro paso hacia atrás. ¿Y si corría? Si llegaba al mar estaría a salvo… él no parecía un gyojin. ¿Él notaria sus intenciones?

— Señorita María ahí está. ¿Qué le paso? — la voz del amable hombre del local se dejó escuchar, quien parecía muy preocupado por su nivel de lodosidad.

María lo observo, y por un momento recordó lo que ELLOS hacían a quienes se acercaban a ella. Si el albino venia de parte de los Piratas del Abismos, entonces ese amable señor moriría ahí, frente a ella. Pensar en eso la hizo estremecerse — ¡NO! — le dijo, su voz salió como un chillido mezclado de mando y miedo, que detuvo el andar del masculino. Su cuerpo se movió por inercia, acortando los tres metros con el sujeto albino, sin ensuciarlo, claro — … estoy bien, estamos bien. Mi amigo vino por mí, ya nos vamos. Gracias por el jugo — le sonrió, esta vez con sinceridad, aunque su voz temblaba evidenciando su pánico para alguien muy observador. Luego volteo a ver al tipo malo —… por favor, no le hagas nada. Solo me dio jugo de arroz. Iré contigo, pero no le hagas nada, es un buen hombre. No tiene nada que ver conmigo, con nosotros... — le susurro, aunque fue más bien una súplica… no quería ver sangre, no quería ir tampoco, pero… ella ya estaba acostumbrada, y lo tenía bien asumido también: Nunca seria libre.



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#8
Su momentáneo desconcierto pasó desapercibido o así lo sintió, ya que la enérgica chica no le llamó la atención por ello, lo cual agradecía. No quería ni tenía porqué justificar su animadversión y desconfianza por todo lo que tenga que ver con piratas, la experiencia ya le dejó claro que nada bueno puede salir de ellos. 

Por suerte, la conversación giró en torno a la rana que se había acercado a ellos sin tener la menor idea de lo que le esperaba. No esperaba que la peli azul se tomara al pie de la letra su comentario. Dean intentó levantar la mano, para que se detenga, pero solo pudo abrir los ojos como platos ante la escena que estaba presenciando. La chica le dio repetidos besos a aquella rana que no reaccionaba ante todos los besos que le estaba dando. Por lo que pudo ver, no era una rana venenosa, por lo que no había mucho de qué preocuparse, más que lo asqueroso que es besar a un anfibio como ese. 

Ella se disculpó al no ver el resultado esperado, pero como dicen por ahí, la intención es lo que cuenta. -
Imagino que el hechizo fue demasiado potente, quizá en un tiempo se revierta con lo que has hecho... por cierto ¿estás bien? - Dijo mientras la miraba, pues si bien la rana no parecía venenosa, siempre puede ser de una especie que no ha estudiado lo suficiente. 

A medida que los segundos pasaban, iba viendo que ella actuaba con normalidad, por lo que no había señal de veneno en su cuerpo. Era bueno saber que en ese lugar la fauna no parecía ser venenosa, otra información útil que puede utilizar para el futuro. 

El peliblanco se sorprendió un poco ante su reacción por la pregunta de su vida como pirata. ¿No lo era? quizá sacó conclusiones demasiado apresuradas. -
Dijiste algo sobre tus nakamas... hasta donde sé, solo los piratas ocupan esa palabra, ¿me equivoco? - Dijo mientras se levantaba luego de haber analizado un poco el tallo de aquella planta de arroz que abundaba por esa zona. 

No fue indiferente para Dean como el semblante de la muchacha cambió al momento de nombrar a la piratería, quizá ella podía tener el mismo resentimiento hacia ese tipo de gente, pero a la vez parecía que era parte de un grupo. La verdad es que todo era confuso y su rostro delataba que no estaba entendiendo nada de la situación. Por lo mismo miró las manos de MM, que tal como su rostro, denotaban una incomodidad y nerviosismo que antes estaba completamente ausente. 

Antes de poder preguntar otra cosa un señor los interrumpió, y la situación se tornó aún más confusa pues el pánico se apoderó de ella y comenzó a gritarle, diciendo que era un buen hombre y que no le hiciera daño. Ante esta situación, lo único que pudo hacer es ladear la cabeza y mirar como si un signo de interrogación apareciera encima de él, tal como hizo hace algunos minutos. 

- Señor... no sé que tenía su jugo de arroz, pero no entiendo porqué MM está reaccionando así. - Mencionó de la forma más amable que pudo y abriendo los ojos con normalidad, pues sabía que su postura común solía levantar sospechas y ahora lo que menos necesita es generar problemas, eso podría ser incómodo para el ejercito revolucionario y para él mismo, ya que lo único que quiere es pasar inadvertido. 

Ahora su prioridad era aclarar la situación y poder seguir con su investigación.
- Vine aquí por que estoy estudiando la flora y fauna del South Blue, ahora mismo estaba analizando los arrozales, así que estaría encantado si pudiera ayudarme con información sobre el cultivo, o si pudiera derivarme con alguien que tenga los conocimientos. - Mientras hablaba se iba separando de la vegetación de a poco en busca de tierra firme, pues con ese arrebato, le costaba aún más confiar en la peli azul. 

Aún seguía caminando con cuidado para salir de los arrozales, por lo que tuvo que levantar un poco la voz para dirigirse a la joven muchacha - No sé que te habrá pasado, pero quédate tranquila, no planeo hacer nada a nadie, si les incomoda mi presencia me voy sin problema - Ya era una costumbre para él que la gente no quisiera estar cerca de él, entre su aspecto sombrío y su nula capacidad de socializar durante la adolescencia, hacían realmente difícil que pudiera estar acompañado por alguien que no sea de su familia.

- No hay un solo pirata normal por aquí... - Susurró para sí mismo, afirmando que pueden ser de todo, pero menos gente en la que se puede confiar.
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#9
Narrador / María Merlot



El temor que la recorrió rompió su burbuja. ¡Fantasma le había dicho que la darían por muerta! ¿Fantasma mintió? ¡No, nunca! Él quemo el burdel, él no dejo rastro de esos asquerosos comerciantes de mujeres. Él hizo lo que la supuesta justicia nunca logro: liberarla de una vida que no pidió, de una profesión que nunca quiso ejercer. Entonces… ¿Cómo había un Pirata del Abismo ahí? ¿Índigo hizo eso? ¡Ese horrible gyojin! Bueno, de horrible no tenia nada, la verdad. No importaba a dónde fuera ni que hiciera, ellos siempre venían por ella.

¡Debería dejar de ser tan confiada! Pensó que la Gomita Blanca solo era un tipo investigando el arroz, un cereal que hasta ese momento no había considerado tan complejo ni interesante, él le dio una nueva perspectiva sobre esos granos blancos… la instruyo en algo, que quizás para muchos resultara absurdo o irrisorio, pero para ella había sido revelador. María Merlot siempre estaba ávida de conocimiento, pero por su "condición" el acceso al mismo siempre resultaba complicado… así que esas migajas que los conocedores iban soltando ella las recogía, las apelmazaba y las atesoraba en un rincón especial dentro de su cabeza, el único lugar que nadie jamás lograría profanar.

Señor... no sé que tenía su jugo de arroz, pero no entiendo porqué MM está reaccionando así.

La respuesta del albino atrajo la mirada de la mestiza, quien aun estaba procesando la verdadera identidad del sujeto. ¿Qué tenía que ver el jugo con todo eso? El jugo estuvo muy bueno, no lo esperaba del blanco y estéril arroz. La mujer trago saliva y mordió su labio inferior, habito que adopto de Hyakinthos de forma inconsciente. Tal vez solo imitaba lo que adoraba con locura.

Vine aquí porque estoy estudiando la flora y fauna del South Blue…

La voz del hombre continuo, mientras los orbes ámbar seguían sobre él. María solo escuchaba, su explicación parecía correcta… ¿o estaba actuando? ¡Ella no lo sabía! ¿Pero desde cuando era desconfiada? Subió su diestra a la cabeza, metiendo los dedos entre las hebras azuladas de este y formó un puño que en el proceso le causo dolor, porque enterró las uñas en el cuero cabelludo. El masculino se alejó, lo que de una forma alivio pero agobio a la mestiza… cuyos grillos ahora estaban revoloteando con miles de ideas distintas sobre lo que estaba sucediendo. ¿Era enviado de Pedro? ¿Era un simple explorador? ¿Ella lo hirió? ¿Eso la hacia peor persona que sus némesis? ¿Acaba de dañar a alguien inconscientemente? ¿ALGUIEN QUE LE BRINDO CONOCIMIENTO? 

No sé que te habrá pasado, pero quédate tranquila, no planeo hacer nada a nadie, si les incomoda mi presencia me voy sin problema…

Su voz ahora un poco más alta la hizo estremecer, pero no por lo anterior sino porque… parecía que acababa de golpear a un cachorro. ¿Su presencia les incomodaba? No, no había sido así, bueno hace minutos si pero antes no. Su corazón decayó, y pudo sentir el sabor metálico invadir su boca, provocado por los dientes presionando el labio más fuerte de lo normal. María miro la espalda del albino, luego bajo la mirada a sus zapatos llenos de lodos. La mano en su cabeza cayo, al borde de su vestido, dónde la imito la otra. Apretando la tela… se dejo llevar por los reproches de su mal actuar…

¿Desde cuándo era mala persona?
¿Desde cuándo heria a otros?
¿Desde cuándo había dejado de confiar?

Solo se asustó, por el temor latente a volver a las fauces del lobo, de regresar a aquella vida que detestaba y que debía fingir que le encantaba. Aunque no entendiera sobre la libertad que hablaba fantasma, había visto a todos aquellos que lo rodeaban buscar sus propios sueños… ella también quería soñar y pensar que podía hacerse realidad. ¿Para ello necesitaba hacer mal a otros? ¡No! Aunque no estaba libre pecados, jamás buscaría menoscabar la valía de alguien, y fue lo que sintió de las palabras del hombre.

— Gracias, traeré a mis amigos seguro. Arrolecezco día, Señor — enfoco su atención al vendedor, al que dedico una enorme sonrisa. Luego empezó a seguir los pasos del albino.

María lo siguió en silencio, a unos prudenciales metros, quizás cuatro. Ver su espalda, y aquella vestimenta tan impoluta la hizo sonreír de nuevo, porque en comparación con ella, era la viva imagen de la limpieza.

— ¿Gomita? — lo llamo tímidamente, algo que ella no era pero la situación lo causo. No volvería asumir cosas, tal vez su pregunta fue porque también era un pirata que quería conocer a otros nakamas, fue lo que dijo antes ¿no? Que el termino era utilizado única y exclusivamente por piratas, lo tendría en cuenta a futuro, ella no sabía eso — … no incomodas ¡Todo lo contrario! No pensé que el arroz fuera tan interesante hasta que te escuche hablar sobre él ¡Ahora siento un respeto profundo sobre ese cereal! — le dijo con su alegría brotando de cada palabra, aun había un trecho entre ambos — … yo pensé que eras un pirata malvado enviado por el pez morado, quien es aún más malvado que la horrible bruja que encanto a nuestra rana príncipe del arrozal… — comento mirando el suelo, sus manos las llevo a la espalda, ella estaba sucia y a veces era muy kinestésica, mejor evitar un riesgo de manchadura —… lo siento — se disculpó, le sabia fatal el sentimiento de hacer sentir apartado o no bienvenido a alguien, cuando toda su vida ella fue… invisibilizada — … déjame compensártelo, te ayudaré a conseguir más información sobre los cultivos. Soy muy buena hablando con las personas, a la mayoría les gusto. Y si necesitas algo del arrozal, puedo entrar a buscarlo, ya estoy sucia y así no tienes que ensuciarte y si te ensucias prometo lavar toda tu ropa… — empezó a recitar con su energía positiva y simpatía natural mientras juntaba las manos frente a ella en forma de rezo (palma con palma) y le guiñaba con encanto uno de sus orbes ámbar al hombre.

María le creería, confiaría en él… aunque si terminaba siendo un tipo malo de los Piratas del Abismos, estaba cavando su propia tumba. Claro, ella actuaba y luego pensaba, dejándose llevar más por el corazón que por la cabeza…



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#10
El hecho de no encajar es una constante en su vida, fuera de su madre, que a saber donde estaba, no tiene aún ninguna relación que pudiera considerar de confianza. La armada revolucionaria está incluida, pues sus ideales y metas coinciden mucho con las intenciones de la organización, pero aún no confiaba que pudieran llevarlo a cabo, el enemigo al que están enfrentando es demasiado grande como para pensar en el éxito.

Eso explica porqué suele estar solo la mayor parte del tiempo, a parte que tampoco es que haga esfuerzos por socializar o construir lazos, ahora menos que iba a poner su vida en riesgo, al final era una perdida de tiempo. Por ese motivo, nunca le resultó ofensivo cuando la gente se alejaba de él o simplemente prefería ignorarlo, le hacían un favor.

Su visita a isla Karate no era la excepción. Su objetivo era recolectar la máxima cantidad de información sobre los arrozales y volver, a ver para qué era útil. Se cruzó con MM y eso hizo que su aprendizaje sea un poco más caótico. Parecía ser una buena chica, con una actitud demasiado infantil para la edad que aparentaba, pero luego de su reacción tan repentina ya no sabía que pensar sobre ella. 

Tras despedirse de aquel señor se fue alejando del arrozal, sus pisadas volvían a ser en tierra firme, lo que le permitió caminar con más seguridad. Caminó menos de un minuto cuando detrás de él escuchó otros pasos, que iban un poco más deprisa que los suyos. Giró un poco su cuello y cabeza cuando nuevamente lo llamó por tan particular apodo. 

Al escucharla suspiró para si mismo relajando los hombros -
¿Qué pasa? - Ella comenzó a explicar que él no incomodaba y que le gustó el arroz gracias a la explicación que le dio. Ante este nuevo cambio de actitud Dean solo pudo sacar dos conclusiones que en su cabeza tenían sentido. Primero, tenía personalidades múltiples, segundo... estaba en sus días. 

Cuando ella mencionó que pensó que era un pirata su ceño se frunció. Dijo algo de que él era un enviado de un tal pez morado, lo cual le pareció sumamente extraño, pues ni siquiera puede imaginarse como luce un pez de ese color. -
No entiendo muy bien de qué estás hablando, pero nunca me compares con un pirata, todos y cada uno de ellos son peores que esa bruja - Su animadversión por los piratas no decreció con el paso del tiempo, pues todo lo que leía o veía de ellos, le hacía confirmar todos sus prejuicios. Dean tenía clara una cosa, es mejor morir, antes que ser considerado uno de ellos.

Luego de eso ella se disculpó e inclusive le ofreció ayuda en su investigación. Empezó a recitar todos los favores y cosas con las que podría ayudar a modo de "compensación" ¿Qué tenía que compensar? la verdad no sabía, pero al menos le iba a ser de utilidad, así que no lo vio como algo malo.
- No es necesaria la disculpa, quizá mi aspecto si hace recordar a algún pirata o malhechor, aunque como te dije  - Mientras mencionaba eso se señalaba la cara - Pero bueno, si tantas ganas tienes de ayudarme con gusto aceptaré la compensación, y si me compras ese jugo que te hizo confundirme con esa gente me sentiría muy agradecido y con ganas de disculpar a una chica de pelo azul. - El dinero en el ejercito no abundaba, así que si podía ahorrarse aunque sea unos cuantos berris, pues mejor. 

Tras ese pequeño intercambio se llevó la mano al mentón, pensando en cómo MM podría ayudarlo. -
Mira, no necesito mucho, con que podamos comprobar cuanto terreno de los arrozales es pantanoso me es suficiente - Tras eso volvió a caminar hacia el arrozal, mientras seguía con su mano en el mentón. 

- Me confundiste con un pirata y me tuviste miedo, pero hace poco dijiste que tenías nakamas ¿a qué organización perteneces? - Aunque actúe como una niña pequeña, la peli azul había despertado su curiosidad, quizá haya otro tipo de personas que use esa palabra tan particular, todo ese tipo de información le venía bien. 

Aún seguía sin confiar del todo en MM ¿ella sabía que él pertenecía a la revolución? hace nada confesó que lo confundió con un pirata, pero quizá todo eso sea fruto de un talento innato para la actuación. Dean seguirá teniendo sus recaudos con ella, pues aún estaba lejos de ganarse su confianza.
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