[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 2)
#31
La explosión me ha pillado fuera de lugar, como si algo no encajara. Los pensamientos van y vienen sobre la causa de dicha falla en el sistema, que no es poca cosa. Una brecha de seguridad en la sala de control compromete por completo la estabilidad de la base y de nuestro plan. Pero algo así es imposible... ¿No? ¿Y si alguno de la Squad está en peligro? ¿Y si Landon está en apuros? Y si... Y si... Y si...

Los pensamientos intrusivos paralizan mi cuerpo y me roban toda la atención por unos segundos. Tiempo suficiente para que ambas espadachines recuperen la iniciativa y le den un giro al combate de 180 grados. Es demasiado tarde para mí. Cuando me quiero dar cuenta la mujer medusa se ha dejado de parloteo y la tengo encima clavándome sus dagas y la therian me está cortado con su katana. Sus aceros rasgan mi piel como unas tijeras cortan el papel y el dolor es insoportable. La cosa no acaba ahí, pues la gyojin aprovecha el momento de vulnerabilidad y empieza a segregar un fluido viscoso desde su cuerpo que me cubre por completo. No sé qué es, aunque huele a lácteo... ¿Desde cuándo las medudas sueltan moco para defenderse? Caemos irremediablemente contra el suelo, pero mientras ellas lo hacen con gracilidad, yo me desplomo con torpeza y poca gracia, en un charco mezclado de sangre púrpura y la pringue resbaladiza que baña mi cuerpo. Es asqueroso.

Las mujeres se alejan rápidamente de mi posición, consiguiendo posiciones ventajosas de vuelta. Sin embargo, hay una razón más escondida en sus acciones. El titán prueba suerte una vez más, aunque no se calla y lo grita todo, intentando aplastar mi cuerpo con su enorme puñetazo. Estoy confuso y desorientado, completamente dolorido y con una sensación a la que no estoy acostumbrado, uns fastidioso sentimiento de pérdida de control. Aún así, su golpe es lento. El tamaño le juega en contra y soy capaz de anteponerme con una maniobra defensiva. Esta vez, tan ligero y liviano como hoja de papel de fumar, mi cuerpo se dobla en una especie de media luna que rodea la muñeca del monstruo por un lateral y evade el golpe. 
Pero este no se rinde. Es torpe, lento y hablador, pero su espíritu es indoblegable... Sin duda es hijo del mar. Agarrando su gigantesco garrote, me lanza un ataque demoledor, capaz de barrer todo lo que se encuentra a su paso. El golpe abarca todo lo que se encuentra, arrasando con todo... Sé que las chicas me han cogido la espalda. Si salto ahora, me pasaría lo mismo que hace un momento, acabaría en otra situación vulnerable. ¡Haga lo que haga estoy en una situación vulnerable joder! Así que la mejor de mis opciones es...

El arma de Wotan arrasa con todo... Y conmigo también. ¡¡Lo que no se esperan es como!! Antes de ser arrollado, mi cuerpo completo se convierte en una delgada tela de bandera y cuando soy golpeado, mi cuerpo es arrastrado, sin daños, como quien batea una camisa o un jersey. Todo mi ser se amolda al perímetro del kanabo mientras es conducido en el movimiento curvo que ejecuta el coloso. No duele, aunque marea bastante. Termino tendido como una prenda sobre el arma, como cuando los terrestres quieren secar su ropa al sol. ¿Que tontería, verdad? Con lo bien que se está con la ropa húmeda y fría. Aunque en este caso estoy lleno de pringue...

Próximo turno

Sala de Conservación Polar
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Vitalidad: 2027 - 479 = 1548
Energia: 1206 - 70 = 1136
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#32
No hubo palabras. Cuarenta y cinco años de pelea le habían enseñado que hay un momento exacto en que el discurso termina. No es un momento que se decide, es un momento que se reconoce. Arnold estaba sobre Kurogane, tendido. Empapado en la sustancia amarilla que Mell había dejado sobre él como una firma, una tela con dientes y ojos rojos sobre un arma que llevaba décadas siendo la extensión física de quien la sostenía. Y Kazan tenía quince toneladas de argumento para aprovechar exactamente eso. No hacía falta gritar. No hacía falta pronunciar el nombre de nada. Lo que hacía falta era aprovechar la oportunidad que le habían dado.

Sus ojos recorrieron la sala en el segundo anterior a moverse. Miyori seguía en el suelo, los brazos rígidos contra su cuerpo, los cristales de escarcha formando una corona alrededor de donde había caído. Ella aguantaba. Era lo único que importaba ahora mismo. Mell estaba de pie con las dagas en las manos y la mantequilla todavía fresca en las palmas, los ojos fijos en Arnold con esa expresión de fastidio concentrado que era, Kazan había aprendido, la forma en que aquella gyojin comunicaba que estaba completamente lista para seguir. Nyra tenía sangre púrpura en el filo de la katana. Sangre de Arnold, que seguía siendo de Arnold aunque él estuviera en este momento en una forma que no tenía sangre en el sentido convencional. Nyra había alcanzado a algo que nadie más había alcanzado con esa nitidez, y Kazan lo registró con el respeto silencioso que se le da a alguien que ha hecho algo que nadie esperaba que pudiera hacer.

"Aguantad. Solo un momento más."

La mano derecha no soltó el mango de Kurogane. No lo alzó, no lo barrió, no ejecutó ninguna de las secuencias que décadas de combate habían tatuado en la memoria muscular de sus brazos. Hizo algo mucho más simple y mucho más difícil de contrarrestar empujó hacia abajo aquella masa con todo el peso del mismo, y Arnold se dejaría arrastrar puesto que eso había echo para esquivar el golpe anterior. Todo el peso del cuerpo se trasladó en una cadena que empezaba en las piernas, subía por las caderas, cruzaba el torso, bajaba por el hombro derecho hasta el antebrazo hasta la palma hasta el mango de Kurogane hasta el metal del kanaboo hasta la superficie de la sala. Quince toneladas de wotan convirtiéndose en una prensa. El hielo bajo el arma crujió con un sonido que viajó por el suelo en todas las direcciones como una advertencia. La nieve polvo desapareció aplastada en los bordes del kanaboo, el metal presionando hasta el suelo de metal frío debajo y debajo de todo eso Arnold en aquella forma de bandera inmune a golpes al parecer, pero susceptible a ser agarrado. "Veamos si sales de esta"

La mano izquierda no estaba en el mango. Estaba baja, abierta, el brazo ligeramente flexionado, la palma vuelta hacia el eje del arma con la naturalidad de algo que lleva varios segundos en esa posición sin que nadie le haya pedido que la ponga ahí. Cuarenta y cinco años de instinto, no de cálculo. El gladiador que ha sobrevivido no piensa dónde poner la mano libre. La mano libre ya está donde tiene que estar. Arnold tendría que elegir. Quedarse bajo el peso era quedarse bajo el peso de algo que no iba a cansarse de empujar. Moverse era desplazarse, y desplazarse en cualquier dirección que no fuera directamente hacia abajo era pasar por el radio de una mano que medía más que la mayoría de las personas que había en esta sala y que no dudaría en cogerlo.

No era elegante. Era lo que funcionaba. Era lo que había funcionado siempre, en el fondo, debajo de todos los nombres de técnica y todos los discursos y todas las arenas diferentes que al final eran siempre la misma arena.

La presión continuó. Los ojos de Kazan no se movieron del arma.

"Quédate o muévete. Las dos opciones son mías."


Marea Azul
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#33
Un palpitar rítmico, rápido, desesperado, estaba asustada, completamente vulnerable ante una situación a la que no podía salir por mí misma. Mi cuerpo quemaba frío, mis huesos dolían y lo peor es que era casi imposible de soportar.

Mis ojos cerrados a la adversidad y el miedo, solamente podía escuchar el sonido de la batalla a unos metros de mi cabeza, era una completa inutil y me sentía mal por ello, ni siquiera podía en este momento hacer presencia de la bendición de Amphitrite en la batalla.

¿Qué debo hacer?, ¿Qué se supone que podría hacer en este momento?, rendirme y sucumbir en esto que parecía ser mi destino, ¿Morir en una habitación fría?.

El valor es algo que se construye con paciencia, y es por eso, que al sentir que se consumía dentro de mí, en la calidez de mis recuerdos, empecé a recordar a cada uno de mis seres amados, en mi familia que no hace poco, quiero creer, se despidieron de mí en brazos de amor y deseos de buena suerte en mi busqueda de aprendizaje músical.

Recordé a Seraphine y la libertad de sus bailes, que a pesar de haber vivido una manera totalmente trágica, aún con algunas cosas rotas, ella podía sonreír con sumo amor a la vida.

Recordé a Yuuki, su espíritu, su deseo y ambición de alcanzar sus propios sueños, y fue ella la que me hizo desear salir a la aventura lejos de Baquella, en busca de mis propios sueños.

¿Estaría dispuesta a olvidarme de ellos?, no, yo quería volver a ver a Enji, saber que está bien, que sigue siendo tan tenaz como el primer día que lo conocí. Comer de nuevo una tarta de zanahoria junto a la señorita conejo, a Hiiragi, o quizás tomar otro café con Asherah, o simplemente volver a ver a Heras en algún bar de mala muerte. 

Y al recordarlos a todos ellos, principalmente, a mi cabeza vino el recuerdo de una sonrisa que pudo salvarme de todas las maneras posibles, y un mundo sin él… era mil veces más doloroso a esta tortura que sentía. Mi mano apenas y se deslizó hasta mi pecho, sobre mi corazón, reconociendo por completo ese sentimiento, el mismo que siento al tocar música, en esa calidez lo comprendí, era mi propio amor.

—-*Cill…* Pensé ansiosa, con claridad, era toda la motivación que tenía en este momento, y con aquel efecto que poco a poco se fue mitigando, no sin dejar el rastro del dolor en toda la plenitud de mi cuerpo, de mi respiración, encontré un motivo para continuar luchando, no solo por la vida de los que me acompañan en esta tortura o de la mía, si no… 

El querer volver a verle. Teniendo fé de que estará bien junto a Alek.

Amphitrite toca la canción
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
#34
Durante el ataque, aquello que lanza la gyojin me pilla por sorpresa, ¡pero parece realmente útil! Si no fuera un malvado, me habría dado pena verlo con la sangre mezclada con esa cosa. La imagen me había causado bastante impresión. ¿Se le infectarían las heridas…? No, no debo pensar en eso.

El wotan lanza enseguida su ataque y, aunque el enemigo logra esquivarlo agarrándose a su muñeca. El segundo, sin embargo, sí lo alcanza de lleno, aunque no parece hacerle gran cosa debido a su habilidad de transformación.

Los golpes pueden hacerle poco a una tela, pero la presión puede atraparla. Para cortarla, nosotras teníamos filos de sobra.

Una vez la bandera está firmemente inmovilizada, salto hacia el lugar sin pensarlo dos veces, dispuesta a desgarrarla. Sin embargo, aún no he recuperado las fuerzas para lanzar nuevamente mi técnica, lo cual en parte puede ser bueno, teniendo en cuenta que, al ser esta un corte amplio, podría alcanzar a alguno de mis aliados, y el espacio alrededor del aprisionado no era especialmente grande.

Tras llegar en un único salto, procuro clavar la espada en el enemigo, haya vuelto a su forma original o no. ¿Sangraría también en forma de bandera? No, no pensemos en eso…

Ahora mismo, lo importante es escapar de aquí. No me atrevo a desviar la mirada del enemigo ni un momento, así que no me atrevo a comprobar si Miyori está bien. Lo más sensato ahora mismo es asegurarnos de derrotar a este enemigo lo antes posible, o como mínimo debilitarlo lo suficiente como para que alguno pueda ir a ver si puede hacer algo por ella… Maldito frío, ¡maldito frío! Ella ahora mismo necesita algo caliente. Si despertara, si pudiera volver a moverse, podría intentar lanzarle la mochila a ver si le ayuda lo que tengo en ella… No sé qué temperatura tendrá; no sé cuántas horas llevaríamos en esa celda y esto es peor que el Reino de Roshwan… pero, con suerte, conservaría algo de calor por haberlo metido en un termo. En realidad, cualquier temperatura que no fuera la de la nieve, sería percibida como calor por aquí…


Informe de la Marina
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
#35
Por fin mis ataques comenzaban a funcionar contra ese asqueroso bestia del averno… o al menos eso quise creer. Sentí el impacto, vi cómo mi ofensiva conectaba y, por un segundo, todo pareció encajar, pero no me quedé a comprobarlo, me retiré tras el corte, deslizándome hacia un lado en busca de un mejor ángulo, espacio, control.  Entonces el gigante azul intervino con un movimiento bruto, arrastró al tipo con su gigantesco kanabo, como si quisiera sacarlo del juego de una vez. El golpe fue claro, pesado imposible de ignorar, pero algo no estaba bien.
 
Fruncí el ceño. —¿Eh? — No había daño, no como debería. En lugar de eso, el maldito cambió otra vez. Su cuerpo dejó de comportarse como algo sólido y se transformó en una especie de tela, extendiéndose de forma absurda, quedando tendida sobre el arma del gigante como si fuera solo un pedazo más colgando de él. Me quedé mirándolo un segundo de más, intentando procesarlo. —Esto ya no tiene gracia —murmuré, apretando las dagas. Ni mis cortes, ni el peso, ni ese golpe, nada parecía afectarlo como debería. Di un paso lateral, manteniendo distancia, mis ojos clavados en esa cosa que ahora ni siquiera parecía un cuerpo. —Vale, entonces no eres solo rápido —añadí bajito —Eres lo que te da la gana ser. — Y eso es lo que más odio, porque no se puede robar, engañar ni anticipar algo que cambia las reglas cada vez que quiere por eso volví a lanzarme hacia arnold porque si, ese es el estilo que mas me gusta.
 
—CAPRICHO. — No le di tiempo a nada más, el ataque de mi compañera era mi apertura para atacar. En cuanto entré en su alcance, mi cuerpo actuó solo, como si ya hubiera decidido antes que yo. Avancé con ese paso corto y preciso que tanto me gusta, reduciendo la distancia en un suspiro, y mis dagas se movieron casi al mismo tiempo. El primer corte salió limpio en diagonal, directo a su espalda, pero no me detuve ahí. En el mismo instante, giré ligeramente el torso, dejando que el impulso fluyera, y lancé el segundo corte en dirección contraria, cruzando el primero con velocidad y precisión. Un movimiento espejo, calculado, como si mis manos cerraran una trampa en el aire.
 
—Yo soy Melly Fantasy, princesa del reino Carracosta, hija del rey Ramón Carlos Boyer Garcia Sanchez Santa Maria la Niña Pinta Pacifico Benito y vas a pagar por todo el desastre en que me has metido a mí y a mis súbditos, glup. — Las palabras salieron solas, firmes, cargadas de una autoridad que no me pertenecía o quizá sí, por unos segundos, porque cuando miento así, no es solo por costumbre, es porque me lo creo.  Mi mentón se alzó apenas, mis ojos se clavaron en él con una seguridad casi ridícula para la situación en la que estábamos. Princesa, reino, súbditos pura basura inventada sobre la marcha. Una historia más, una de tantas, pero en medio del caos, del frío, del peligro sonaba bien. Sonaba real y eso era suficiente.
 
—Has interrumpido mi viaje real, has puesto en peligro a mi gente —añadí, avanzando un paso más, girando una de mis dagas entre los dedos con despreocupación —¿De verdad creíste que eso iba a salirte gratis? —  Una sonrisa pequeña se dibujó en mi rostro, ladeada, casi juguetona, pero con ese filo peligroso que no desaparece. Claro que todo era mentira, cada palabra, cada título, cada maldito detalle, pero no podía detenerme, no ahora, porque mentir así es lo único que hago mejor que robar.

Estanque de Peces
[Imagen: Yp0arSh.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 497 + 6 = 503
Energia: 499 - 73 = 426
Espiritu: 129 + 0 = 129
#36
El titán azul arrasa con todo a su paso con un golpe devastador de su gigantesca maza. La única forma que tengo de evitar que me haga trizas es convirtiéndome en bandera y así eludir completamente el daño. El acero impacta contra mi cuerpo y me arrastra como una hoja de papel, sin embargo, cuando creo tener el control de la situación, el coloso demuestra estar hecho de otra pasta. Con un movimiento diestro, maniobra la gigantesca herramienta y se adapta a mi "flexibilidad especial", jugando con ella y recuperando la ventaja táctica. Hábil, desplaza en una posición tal que me aprisiona contra el suelo mientras deja caer su peso sobre el arma, manteniéndome parcialmente inmovilizado. Recupero mi forma original para intentar zafarme haciendo fuerza, pero es demasiado peso para mí. Estoy atrapado. 
Mientras forcejeo, las mujeres no desaprovechan la ocasión y se lanzan a apuñalarme y a cortarme mientras soy incapaz de moverme con libertad. Lanzo manotazos al aire para evitar algún que otro corte, como el de la katana de la Therian, pero no puedo hacer nada contra la tenacidad brutal de la medusa. Sus dagas perforan mi cuerpo y rasgan mi piel, causándome un dolor extremo. No puedo pelear en condiciones así. Estoy totalmente suprimido y dominado. La mente me ha traicionado, y ahora mi cuerpo está sufriendo las consecuencias. Necesito largarme. Ya se encargará otro de esto y ya encontraré la justificación que sea con el bueno de Landon. Pero ahora de escapar o estos malnacidos me van a hacer trizas... 
Pero... ¿Cómo? Soy superior a ellos en todos los aspectos, pero no solo me he confiado, sino que he cedido una sola vez y me la han devuelto con todo. No voy a tener otra oportunidad. Aunque si algo se me da bien... -¡¡ME RINDO, POR FAVOR, PIEDAD!!- suplico a gritos, cubriendo mi horrible rostro con las manos huesudas como puedo. -¡Solo soy un mandado más, un triste fanfarrón obligado a hacer esto...!- sí, me estoy humillando. Mi imagen tirada por los suelos. Pero que más da. ¿Que más da la apariencia o el estatus? Llevo demasiado tiempo en la oscuridad para saber que lo importante es seguir respirando a pesar de las dificultades. Es momento de mi truco final. -Dejadme libre y os abriré la trampilla secreta tras la plataforma. Solo funciona con mi escáner ocular.- mentira. Pero de las gordas. Esa puerta no se abre de esa forma. Aunque si una de todas a de colar, es esa. Solo así podré tomar el tiempo suficiente para salir por patas de aquí. Ahora solo me queda aderezar con un poco de empatía barata y sentimentalismo barato. -Una vez salgáis de aquí, podéis liberar al resto de esclavos y saber de vuestros compañeros... Os lo juro que no miento, yo solo quiero salir con vida y dejar de torturar para que no me torturen a mí...-

¿La cúspide del patetismo? Puede ser. Aunque yo lo defino como un dote increíble para la interpretación y un pico de oro divino de la muerte. Landon se encargará de esto. Ahora solo tienen que caer en mi trampa y le daré la vuelta a la tortilla.

Próximo turno

Valoración

Sala de Conservación Polar
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 1548 - 216 = 1332
Energia: 1136 + 0 = 1136
Espiritu: 195 + 0 = 195
#37

Con su súplica, el tiempo pareció haberse detenido. La verdad es que, en el fondo, me daba pena… aunque eso no significara que confiara en él o lo compadeciera del todo. Antes había sugerido que nos matáramos entre nosotros para que solamente quedara un vencedor, y eso me hacía ver que probablemente él no se habría detenido de estar en nuestro lugar… Incluso si fuera cierto que lo obligan, él había parecido disfrutar del espectáculo. ¿Sería un gusto adquirido…? Lo que más me hace dudar de sus palabras es que él no comparte un collar como el nuestro, aunque es cierto que hay más de una forma de forzar a alguien.

Arnold continuó hablando y, a pesar del terrible frío, mis orejas se irguieron al tiempo que abrí bastante los ojos ante la mención de la trampilla. ¿Escáner ocular?

―No necesitamos decidir ya si creerlo si podemos comprobarlo. Voy a ver si existe esa trampilla, y luego podemos ver qué hacemos ―expongo en cuanto termina de hablar. Me dirijo entonces hacia la gyojin medusa, quien le había puesto esa cosa pringosa al enemigo y que no sabía cómo me podría afectar si lo tocaba―. Por favor, ¿te importa registrarlo para ver si tiene la llave de los collares? Con ellos puestos no nos podemos alejar ―solicito mientras me quito la mochilita. Esperaba con eso calmar cualquier temor de que pudiera huir sin ellos en caso de que tuviera la oportunidad. Es una información que les dije incluso antes de entrar aquí, y era una muy real. Observé un instante de lejos a Miyori. Me da miedo acercarme por si le rompo algo por accidente. ¿Y si le causo algún daño irreparable por actuar sin saber?―. Si la pelirroja se despierta, intentad que beba lo que tengo en la mochila, con suerte podrá ayudarla. ―Una última y breve mirada al wotan con un asentimiento de reconocimiento―. Gracias por darnos este tiempo y oportunidad. ―Y no sólo por eso, pero no hay tiempo para hablar más.

Habiendo dejado la mochila en el suelo, echo a correr hacia la plataforma.

Tic, tac, tic, tac, tic, tac…

Ahora que no hay combate, vuelto a escuchar ese infernal ruido mientras acelero. Me alarma, pero al mismo tiempo me consuela saber que, de haber podido hacernos volar por los aires, Redflag ya lo habría hecho. Si otra persona es quien tiene un mecanismo para utilizarlo a distancia, no debe de estar viéndonos ahora mismo… ¿O el mecanismo hace algo completamente diferente y no tiene nada que ver con algo así?

En cuanto he corrido los cuatro metros, salto hasta la parte superior, dispuesta a comprobar si esa trampilla siquiera existía en la parte de detrás de la plataforma. Después de todo, de algún modo nos han tenido que meter aquí…, pero o era una trampilla muy grande o una de emergencia  sólo para él. Kazan no es precisamente pequeño, y no podría salir por cualquier sitio. Y, obviamente, dejarlo atrás no era una opción. No para mí, al menos.

Sin soltar la katana en ningún momento, saco a Carlos, mi Den Den Mushi. Al hacerlo, me sorprendo al notar el color y las garras de mi mano, pero apenas tardo un segundo en comprender a qué se debe. Enseguida vuelvo al presente; ya investigaré sobre eso cuando haya salido de aquí.

―Intenta volver a ponerte en contacto con el compañero con el que tengas más señal ―solicito desde arriba mientras busco la trampilla en la parte tras la plataforma―. Aquí Carlos, estoy en una sala helada. Hemos inmovilizado a un gyojin con ropa marine que trabaja para quien nos ha encerrado. ¿Me recibe alguien?

Las paredes son gruesas, pero al haber cambiado de sala, tengo al menos que intentar ponerme en contacto, por poco probable que sea que funcione...

Informe de la Marina
[Imagen: bskx3zy.jpeg]
#38
El gigante azul había tenido una idea brillante de inmovilizarlo, así eso sí que tenía sentido. Por fin algo encajaba en medio de tanto absurdo y yo ya me estaba moviendo, lista para aprovecharlo, acercándome con la clara intención de llenarlo de cortes, uno tras otro, sin darle ni un respiro, pero entonces se puso a gritar y no un grito cualquiera, un descontrol total. Me detuve en seco, literalmente clavada en el sitio, con una de mis dagas aún alzada. Mis ojos se entrecerraron mientras lo escuchaba, que se rendía, que lo habían obligado, que lo dejáramos libre que había una trampilla, una salida, una forma de escapar de todo esto. —¿Eh? —murmuré, bajando apenas el arma.

Lo pensé, de verdad lo pensé, se los juro por papá Dios que lo pensé. Porque había algo en ese tono, algo en la desesperación que no sonaba del todo falso, pero entonces mi mirada volvió a él, a ese mismo tipo que hace nada estaba intentando aplastarnos, desaparecer, jugar con nosotros como si fuéramos nada y chasqueé la lengua en cuanto terminó de hablar —No me jodas —susurré. Di un pequeño paso hacia un lado, sin bajar la guardia, mis dagas aún listas, mis ojos analizándolo como si pudiera robarle la verdad de encima. —¿En serio esperas que me crea eso? —añadí, ladeando la cabeza —Hace dos segundos querías matarnos ¿y ahora somos tus salvadores?— Solté una risa corta, seca. —Qué conveniente. — pero aun así, avancé hacia el sin miedo, porque un enemigo poderoso es peligroso, pero mas peligroso es uno que te hace dudar.

Escuché las palabras de mi compañera y asentí con la cabeza, como si todo estuviera perfectamente bajo control. Me acerqué un poco más al tipo, midiendo cada paso, cada respiración, con esa mezcla de cautela y descaro que ya ni intento ocultar. —Voy a revisarte, glup —dije, inclinando apenas la cabeza, mirándolo fijo —Y si intentas atacarme, haré que todo el líquido que recubre tu piel empiece a calentarse hasta que te calcine.— Hice una pequeña pausa, lo suficiente para que sonara serio. —Sí, sí, ese es el poder de mi akuma no mi.— Patrañas, puras patrañas, pero lo dije con tal seguridad que hasta yo misma estuve a punto de creérmelo.

—Hace como año y medio estuve en una isla de doctores ¿Tangamandapio se llamaba? Bueno Algo así —continué, ya inclinándome sobre él con una de mis dagas casi rozando su ojo derecho —Y aprendí a quitarle la retina a alguien sin que muera ¿te interesa la práctica?— Una sonrisita torcida se me escapó mientras ya estaba lo suficientemente cerca y entonces empecé, manos rapidas me llaman, con mis manos precisas, sin ningún tipo de vergüenza, hurgue bolsillos, costados, debajo de los brazos, me movía de un lado a otro revisándolo como si fuera un cofre mal cerrado, como si cada rincón pudiera esconder algo útil o valioso o quien sabe si ambas.

—A ver, a ver, ¿que tienes aquí rey helado? —murmuré, concentrada hasta que lo encontré. —Estos mil quinientos berries y este den den mushi, te los voy a confiscar por ahora —dije, guardándolos con total naturalidad—Te los regreso después.— Mentira obvio, ni por accidente regresaria dinero ya robado porque sí, buscaba la llave de los collares, alguna pista de esa supuesta trampilla pero eso no significa que iba a ignorar dinero tirado en mi cara, puedo ser muchas cosas, pero dejar pasar berries, eso sí que no.

Estanque de peces
[Imagen: Yp0arSh.jpeg]
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 503 + 12 = 515
Energia: 426 + 18 = 444
Espiritu: 129 + 0 = 129
#39
Mi cuerpo permanecía rígido, como si estuviera atrapado en un frío que parecía haberse instalado en mis huesos, lentamente, mi temperatura parecía regularse junto con mis sentidos, era como tener de nuevo el control sobre mi propio cuerpo. Mis manos, aún temblorosas, se aferraron al arco como si en él encontraran el ancla y propósito para seguir luchando, y al inhalar profundo con dificultad, ese aire pesado se transformó en algo distinto, era valor. Me incorporé poco a poco no sin antes resentir el dolor del entumecimiento dejando mis músculos, al alzar la mirada hacia la pelea que nunca paró, supe que ya no podía quedarme atrás, apreté el arco con fuerza, di un paso al frente… y finalmente, estaba de vuelta.

Tenía mi arco y mis flechas listas, tensas, con la puntería puesta en mi enemigo, y avancé con pasos lentos y cuidadosos, como si cada movimiento aún tuviera que negociar con el frío que se resistía en abandonarme. No estaba congelada, no estaba paralizada, pero en mi piel persistía una sensación helada que hacía que mis músculos respondieran con demora, como si aún despertaran de aquel estado tortuoso. 

El señor gigante mantenía aprisionado al gyojin Arnold bajo el peso de su enorme arma, dominándolo con una fuerza admirable, mientras mis compañeras ya se movían con una determinación clara, listas para aprovechar cada apertura de aquel instante. Yo no dudé, avancé para sumarme a la lluvia de ataques provisionales contra Redflags, sintiendo cómo la tensión del momento encendía de nuevo mis reflejos y mi voluntad, alineándome con ellas en un mismo impulso de ofensiva.

Un grito rasgó el aire, seguido de una súplica que no encajaba con la imagen que aquel hombre había proyectado antes, soberano, despiadado, hostil, alguien que parecía no conocer la debilidad. Ahora, sin embargo, lo veíamos reducido a la desesperación, clamando por piedad, ofreciendo a cambio una salida de aquel lugar y la promesa de ayudarnos a encontrar a nuestros compañeros. Me asombré ante tal cambio de actitud.

Pero la hermosa Gyojin Medusa no creyó en ninguna de sus palabras, procediendo a registrarlo con la intención de conseguir la llave de nuestros collares, por su parte la chica zorro, que ahora era una mapache, se aventuró a revisar la plataforma donde Arnold advierte hay una trampa que solo se activa con el análisis de sus ojos.

Un destello de esperanza se abrió paso en mis ojos, frágil pero vivo, ¿Había más esclavos aquí?, sus palabras sobre nuestros compañeros encendieron una chispa inmediata en mi pecho, felicidad, pero que no duró mucho en cuanto recordé la crudeza de nuestra situación, de estar en una habitación cruel donde nos habían arrojado como animales obligados a pelear por sobrevivir. La imagen de Cill, quizás al borde de la muerte, me atravesó como una punzada de dolor, seguida por la del Lunarian que había conocido en el Ferry, su destino igual era incierto. La esperanza seguía ahí, sí, pero ahora venía acompañada de miedo.

—- De verdad… —- murmuré, casi sin voz, la garganta seca como si cada palabra tuviera que rasparse para salir —- ¿Están nuestros compañeros en este lugar?

Mi mano temblaba sobre el marco y las flechas, y sé que las palabras de ellas tenían razón, ¿Cómo confiar en alguien que hace un par de minutos nos quería matar?, pero… ¿Y sí hablaba con la verdad?, ¿Y sí sólo estaba siendo manipulado por otras personas?, Ese tal Lon… ¿Landon?

—- ¿Fue Landon quién lo obligó a hacer esto?, ¿Él planeó todo este juego macabro?, de verdad es un hombre cruel… —- Dije con cierta incomodidad, confundida, había tantas cosas por entender y procesar, sentí pena por él, por el Gyojin, por la forma en como pedía clemencia, y también parecía que sufría en su posición. 

—-- ¿Podemos pedir ayuda por su Den Den Mushi?... —- Le hablé con tranquilidad, tratando de mantener a margen mi angustia por saber de mis compañeros y tratar de pensar con mayor claridad. Los demás no parecen confiar en Arnold, incluso en mí había una pizca de duda, pero, si dice la verdad tendría que cooperar con nosotros, ¿Verdad? —- ¿Cuántas salas hay en este lugar?, ¿Cuántos guardias como tú se encuentran aquí?, no creo que ella le permita mentir… —- Dije referente a como la chica medusa lo tenía bajo su merced con el control de sus dagas, vigilante de todos sus movimientos.

—- ¿Qué tal sí… él está diciendo la verdad?, señor… —- Miré ahora al gigante azul, quién con su fuerza sometía al Marine víctima de torturas como nosotros.

Pase las flechas a mi mano izquierda, donde reposaba el arco, y me acerqué a la Gyojin femenina con la intención de tomar el Den Den Mushi que había sacado de Arnold. —- Intentaré ver si alguien responde. —- Una vez teniendo el caracol comunicador en mis manos, lo miré con dulzura porque quizás no cooperaría conmigo por no ser su dueña.

—-Por favor, comunícame con alguien cercano en nombre de Arnold Redflags.

Amphitrite toca la canción
[Imagen: miyoocheja.png]
Cita Diálogo / Habla / *Piensa*
[Imagen: file-000000008bfc822faef83e223001f3f5.png]
#40
El discurso terminó. Kazan lo había escuchado entero sin moverse, sin aligerar un solo gramo de la presión sobre Kurogane, sin hacer nada que pudiera interpretarse como señal de que las palabras habían encontrado algún lugar donde aterrizar, nada de lo que dijera aquel cabeza pelada azulado le haria frenar el impetú que su pero provocaba. La mano derecha seguía cerrada sobre el mango. El peso seguía volcado hacia abajo. Sus ojos recorrieron la sala despacio, con el mismo ritmo pausado con que los había recorrido al principio del combate cuando todavía estaba calculando ángulos y distancias. Lo que vio ahora era distinto de lo que había visto entonces. Miyori se estaba incorporando, los brazos todavía torpes por la parálisis pero los ojos abiertos y la expresión de alguien que ha decidido que dos turnos en el suelo son suficientes. La escarcha todavía brillando en la tela de su ropa. Kazan sintió algo que no era exactamente alivio pero que se le parecía. Mell estaba revisando a Arnold con una eficiencia que Kazan no quiso analizar demasiado de cerca porque la expresión de la gyojin mientras hurgaba bolsillos ajenos era la de alguien que llevaba haciendo eso milenios. Nyra había subido a la plataforma. Kazan la vio desaparecer por el borde del escalón con el salto limpio que tenía siempre. Buscando la trampilla que habia dicho el individuo, si existía y si era lo que Arnold decía que era, Nyra lo encontraría. Si no existía, Nyra también lo encontraría.

"El escáner ocular."

Eso fue lo que le había rozado de forma extraña mientras Arnold hablaba. No fue algo que Kazan pudiera articular con precisión, no tenía el tipo de cabeza que articula cosas con precisión y menos cosas tecnológicas, pero había algo en esa parte específica del discurso que no sonaba igual que el resto. Las demás mentiras, si eran mentiras, eran del tipo que la gente dice cuando tiene miedo. La diferencia era sutil y Kazan no sabría explicarla.

-Trampilla.- Lo dijo sin preliminares, la voz grave -Puede existir. Lo creo.- Una pausa. -Lo del escáner no me lo creo.- No hubo acusación en el tono ni una explicación super detallada, alguien podria elegir que creer y que no. Fue simplemente una observación, plana y directa. Kazan no tenía argumentos elaborados para sostenerla.-Si la trampilla se abre sola o con una palanca o con cualquier otra cosa que no seas tú, bien. Si solo se abre con tus ojos, entonces vienes con nosotros hasta que se abra.- Sus ojos bajaron hacia Arnold por primera vez desde que había empezado a hablar, y lo miraron con la misma calma con que había mirado a los rivales en la arena durante décadas sin desprecio particular, sin curiosidad especial.-Y antes de que digas algo más, Arnold Redflag el Tercero...- El nombre salió completo, sin burla, sin el énfasis sarcástico de las veces anteriores. -Los compañeros que mencionas. ¿En qué salas están? ¿Cuántas salas hay en total? ¿Cuántos como tú esperan en ellas?-

Le preguntó exactamente lo que quería saber.


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