Belleza Escarlata [Presente Relativo - T2] [Jesse S.]
#1
Reino de Briss
Día 80 de verano, año 17
6:30 p.m.



El cielo se tiñe con los tonos naranjas y rosas del atardecer, lo que baña al pequeño reino de Briss con una calidez envidiable y, sobre todo, apacible. El ajetreo del día empieza a disminuir y las personas pasan de largo por las calles, directo a sus hogares, cansados luego de una larga jornada laboral, pero felices por poder tener un tiempo de descanso.
 
Todo parece normal; sin embargo, en una zona en donde las callejuelas se hacen más estrechas y en donde las casas se ven más empobrecidas, algunas personas parecen tensas y, desde las terrazas de las casas, se pueden escuchar las habladurías del extraño grupo de “brujas” que se ha tomado esa zona de la ciudad…aunque nadie las toma en serio en realidad, simplemente, se indignan al ver al grupo de chicas tomarse la noche para sus “rituales”…una práctica que está empezando a cansar a los vecinos, más porque, de vez en cuando, se escuchan cantos raros por las noches.
 
—Dicen que se transforman en serpientes…La prima de un chico que trabaja conmigo dice haberlas visto y que hasta la invitaron a una de sus reuniones ¡Son unas brujas! —dijo una mujer que iba pasando justo al lado de un puesto de venta de panes y bebidas calientes, en donde se detuvo, ya que su acompañante parecía querer comprar algo en la cafetería que estaba justo al borde del camino.
 
—Pues yo he escuchado que ayudan a niñas con problemas de autoestima, brujas o no, parecen hacer algo bueno por las que se sienten mal…mira que en este pueblucho también se juzga mucho a las chicas por si son lindas o no. Yo misma era juzgada por eso cuando era joven —comentó la otra mujer, una señora de unos 50 años, que parecía más abierta al tema. —Además, también escuché que adoptan a algunas niñas que han sido abandonadas —. La mujer se encogió de hombros, despreocupada. —Si nadie se va a preocupar por esas niñas, pues no me molesta que sean unas “brujas” las que le den una oportunidad.
 
La mujer detuvo su diálogo e hizo su pedido en la cafetería y luego dio un paso hacia atrás cuando un gatito se atravesó en medio de ella y su amiga, lo que la llevó a chocar con un hombre con ropas blancas y una gorra de la marina. Ella se giró al mismo tiempo que el gatito maulló y cambió de lugar para restregarse contra los zapatos del marine, a la vez que la mujer notaba el parche que cubría el ojo del hombre de cabellos rojos.
 
—¡Ah! Mil disculpas, oficial, no quise incomodarlo —. Se disculpó mientras hacía una leve reverencia con su cabeza, su amiga, en cambio, rodó los ojos y se dispuso a seguir con su camino, esperando que la otra la siguiera; sin embargo, algo la detuvo en seco: una niña.
 
No podía tener más de 10 años, pero llevaba puesta una capucha negra que tapaba gran parte de sus cabellos rubios y su rostro pálido y lozano, aunque, a pesar de su etérea apariencia, lucía agitada y sus ojos celestes casi estaban al borde del llanto.
 
—¡Es una de esas niñas! —Una de las mujeres de antes, la que no parecía muy contenta, no dudó en expresar su indignación, mientras que la otra, simplemente la tomó del brazo con fuerza, para callar a su amiga y no dejarlas en ridículo delante de un representante de la ley, aunque, por lo visto, las palabras de la mujer no tuvieron efecto en la infante, quien siguió igual de preocupada.
 
La pequeña rubia no dudó en acercarse al marine pelirrojo y lo tomó de la camisa, mientras miraba hacia arriba, sus ojos ya no estaban llorosos, si no que una cascada de lágrimas había empezado a brotar de ellos. Evidentemente necesitaba ayuda para algo.
 
—Por favor, señor marine…necesito…necesito a alguien…ayuda —. La niña apretó con más fuerza la camisa del pelirrojo mientras que el gatito que antes se había restregado contra los zapatos del hombre ahora se ponía del lado de la niña, como si intentara consolarla. —Es…estaba sola con otras niñas del orfanato —. Así le decían las niñas al lugar que el resto consideraba un aquelarre. —…Las mayores salieron a comprar cosas al puerto y…una de mis hermanas se cayó y no despierta…no sé qué hacer…por favor…por favor… ¿Pu…puede venir a verla? Sé que los marines son héroes…usted… ¿Puede ayudarnos? ¿Verdad?
 
Las mujeres que estaban antes cerca de la cafetería ya se habían ido, más que nada porque la “amargada” había conseguido jalar a la otra del brazo para arrastrarla lejos de ahí con la excusa de “no meterse con esa gentuza” y que “era problema del marine” y, además, el encargado de la cafetería había dejado su puesto por un momento con la excusa de ir a buscar algo al interior del local, lo que solo dejaba al pelirrojo como posible salvador de la pequeña niña que rogaba por ayuda.
 
—Puedo guiarlo al orfanato…por favor…
 


Cosmetiquera
[Imagen: hyakocheja.png]
#2
Caminaba por el reino de Briss y por una vez había decidido ponerse el uniforme de la Marina, un superior le había dicho era imposible ayudar a la gente que lo necesitaba si el mismo no se ponía el uniforme, y era cierto que no lo había pensado, pero tenía mucho sentido, pero es que generalmente había conocido a algunos Marines que como personas dejaban bastante que desear y le repugnaba la idea de que le llegasen a ver cómo a ellos. El se consideraba una buena persona y jamás intentaría detener a alguien solo por tener pensamientos diferente a la institución a la que pertenecía.

Paso por una calle donde escuchó a varias mujeres hablar sobre un tema un poco extraño de un grupo de jóvenes que acogían a otras sin hogar o algo así, lo cierto es que no había terminado de escucharlo con claridad, pero lo que sí noto con claridad fue como un gato se empezó a rozar contra sus piernas, lo cual le hizo sonreír, y se agacho para dedicarle una caricia al gato, los animales le gustaban muchísimo.

– Tú sí que mereces la pena, ¿eh? – Decía mientras pasaba su dedo índice y corazón por la zona del cuello del gato. Amaba a los animales, no podía evitarlo.

Fue entonces cuando noto algo más potente incluso, alguien que tiraba de su camisa, fue cuando se giro que pudo ver a una pequeña niña (adorable, todo había que decirlo) la cual le pedía ayuda, al parecer una chica de las que vivía en su orfanato con ella había tenido un accidente y no despertaba. Lo mejor era que la viera un médico, eso sin duda, pero si él podía ayudar de la forma que fuese lo ayudaría.

– ¿Está bien, pequeña? – Asintió con la cabeza. – Llévame a tu orfanato, veré lo que puedo hacer. – Aunque fuese cargaría en brazos a esa niña y correría a buscar un médico, en el caso de que la vida de la niña corrió verdadero peligro, que esperaba que no.

En ningún momento dudó, se puso serio, sentía que si, que su responsabilidad era ayudar y proteger, especialmente a los más débiles… ¿Y que había más débil que una niña o niño de orfanato? Probablemente nada. Tenía que moverse, cada segundo perdido era una oportunidad menos de proteger a esa pequeña, de poder ayudarla.


Jesse, el tuerto pelirrojo
#3
Los ojos de la niña se iluminaron con la respuesta del marine y, a pesar de sus lágrimas, se vislumbró agradecimiento en su carita. Mientras eso ocurría, el gato blanco que estaba a su lado, el que llegó hasta el marine en un inicio, dio un saltito que parecía sincronizarse con la alegría de la rubia y, antes de que ella o el marine se pusieran en marcha, el animalito empezó a correr hacia una zona en específica del pueblo.
 
—Gracias, señor marine —dijo mientras daba una leve reverencia con su cabeza. —Por favor, sígame…Bola de Nieve ya se nos adelantó —. Con esa última frase, la niña no solo revelaba el nombre de su gato, si no que era su mascota…una que ya iba girando en un callejón.
 
La niña empezó a correr. Aún tenía los ojos llorosos, pero a medida que avanzaba, se quitaba las lágrimas con los pliegues de la manga de su túnica. No miró atrás, solo tenía la esperanza de que el marine pelirrojo la estuviera siguiendo, además, los pasos de sus botas delataban que recibiría la ayuda que solicitaba.
 
La pequeña corrió en línea recta hasta que, al igual que el gato, giró en un callejón que daba hacia la izquierda del camino principal. Era una zona más oscura, no solo por la hora, si no porque los techos de las construcciones no dejaban pasar la luz, además las casas casi cerraban el paso, de hecho, el ancho del camino era apenas de metro y medio, un poco menos en algunas zonas en donde basureros o cajas ubicadas fuera de las puertas de las casas interrumpían el paso.
 
Un par de minutos después, luego de saltar con por encima de una caja que estaba al final de la callejuela, la niña llegó hasta el frente de una puerta de hierro pintada con pintura negra que, en algunas zonas, ya se estaba desprendiendo.
 
—Es aquí —. El lugar no tenía un letrero oficial que rezara “orfanato”; sin embargo, a un lado de la puerta, sobre el muro de concreto, la frase “Casa de la Luna Roja” se podía leer escrita con un toque infantil. —Perdone…salí rápido y no pensé en traer…eh…esa cosa que se usa para alumbrar los caminos… ¿Velas? —Mientras la niña abría la puerta, el gato blanco de antes salió de la caja que antes la niña había saltada y, como parecía costumbre para el animal, se restregó en los pies de la niña quien, al haber abierto ya la puerta, se agachó para tomar al animal en sus manitas.
 
—Pasa por aquí, rápido…rápido…Rubí debe estar aun en el suelo de su habitación…seguramente Esmeralda la está cuidando —. Habló como si el marine supiera a quienes se estaba refiriendo, después cruzó la puerta con premura y se hizo a un lado para que el marine entrara también. Cuando él estuvo dentro, ella cerró la puerta con llave, por seguridad.
 
El interior del lugar no era más luminoso que el exterior. En la sala principal había varios sillones con más de 3 puestos, cuadros que llenaban las paredes, curiosamente, todos pintados por niños o eso parecía, aunque estos, a diferencia del resto de la casa, lucían coloridos, brillantes y representaban elementos que parecía elogiar la belleza de la vida y de la naturaleza. En las esquinas había muebles de madera y, sobre estos, había lámparas de aceite que apenas alcanzaban para iluminar todos los rincones, pero, en el medio de la sala, había un candelabro cuya luz amarillenta no ayudaba a que el sitio se viera muy vivo.
 
En medio de los cuadros, si se prestaba atención, había otros elementos, estatuillas de serpientes y la de una mujer elegante. Si se acercaban a esta estatuilla podrían notar las facciones delicadas y hermosas de la mujer. Bajo esta, había una mesita con velas encendidas, cuencos con agua y pétalos de rosas, además de algunas otras plantas y conchas de mar. Parecía un altar.
 
Pero no era en la sala principal en donde estaba el problema.
 
La rubia pasó de largo, acostumbrada a la apariencia de su hogar, y se metió en un pasillo más estrecho en donde había varias puertas en cada lado, todas estaban cerradas y, de nuevo, la niña de la capucha no se detuvo hasta llegar hasta el final del corredor.
 
—Aquí…Aquí está Rubí —. Sin más demora, la niña abrió la puerta y dejó que el marine pasara antes que ella. Esta vez dejó la puerta entreabierta.
 
En el interior de la habitación había dos niñas, una dormida y otra despierta. Además, había cuatro camas, todas vacías, menos una que estaba justo al lado de una puerta interna de esa misma habitación, una puerta que, a diferencia de las otras, se veía más elegante…de hecho, esa habitación, se veía más colorida que el pasillo, estaba llena de decoraciones bohemias, lámparas de lava en cada mesita de noche y un bulto de telas de colores al lado de la cama de la niña dormida…Parecía la habitación normal de una niña o, de varias, considerando la cantidad de camas.
 
—¡Topaz! —La niña que estaba despierta, una pequeña de unos siente años con negros cabellos rizados, que también tenía la misma capucha que la rubia, llamó a su amiga, ilusionada; sin embargo, por un instante, sus brillantes ojos verdes se centraron en el marine, en especial en los alborotados cabellos rojizos. —¡Que bonito cabello! ¡Es tan brillante! —La niña se levantó de su sitio y tomó la mano del pelirrojo para arrastrarlo a donde estaba la niña dormida.
 
—¿También vas a ser un Rubí? —Cuando la más pequeña preguntó eso, Topaz, la rubia, frunció el ceño y alejó a la niña del marine, para luego darle un golpecito en medio de la frente, solo usando su dedo índice.
 
—¡Viene a ayudarnos con Rubí! ¡Ayudarnos! —Exclamó como si quisiera que la otra memorizara lo dicho. Luego se giró para quedar frente al marine. —¡Es ella! Es Rubí…parece que Esmeralda pudo acostarla en la cama para que estuviera más cómoda, pero…no despierta aún… ¿Puedes ver que tiene?, ¿Crees que se golpeó muy fuerte? Seguro que nuestras hermanas mayores aun tardan en volver, soy la encargada y no sé como tratarla —. Parecía que Topaz se largaría a llorar de nuevo y, su voz quebrada, parecía contagiar a Esmeralda, quien ya tenía los ojos llenos de lágrimas a punto de salir de estos.
 
—Mira…agáchate —. Palmeó un lado de la cama, sabía que el marine era alto y desde arriba no podría hacer mucho, así que esperó que se arrodillara a un lado de la niña. —¿Crees que estará bien?
 
Para cuando Jesse se agachara, podría ver que Rubí era una niña de largos cabellos rojizos, vestida por completo de negro y que, más que aturdida, parecía dormida, como si estuviera en un sueño apacible, incluso respiraba con normalidad.
 
Entonces, en medio de la desesperación de las niñas, se escuchó el ruido de lo que parecía una tela deslizándose dentro de esa misma habitación y, desde el lado tuerto del pelirrojo, en donde estaba el “bulto” de telas, se escucharon unos pasos que cerraron con facilidad la distancia desde las “telas” hacia Jesse, que en verdad solo era un metro.
 
Lo siguiente que el marine podría haber alcanzado a ver con su único ojo, fue una sombra ciñéndose sobre él y, al mismo tiempo que escuchó un “gasp” salir de la boca de las niñas despiertas, también se escuchó un golpe justo en la parte de atrás de la cabeza del pelirrojo y, seguido del golpe, una risa elegante que, claramente, no pertenecía a una niña.
 
—Cuando Topaz me dijo en la tarde que había encontrado a un buen sacrificio, estuve escéptica, pero ahora que te miro cara a cara, me doy cuenta de que mi niña tenía toda la razón ¿Cierto? ...Tu sangre nos servirá por meses para mantenernos hermosas, pelirrojo —. Pronunció una mujer bastante alta y de cabellos platinados que, a pesar de su juvenil apariencia, en verdad tenía 45 años. Sostenía un martillo en su mano y, con la otra, acariciaba a una colorida serpiente que estaba enredada en su cuello.
 
—Muy buen trabajo, mis niñas —. La enorme mujer sonrió, sabiendo que había matado a dos pájaros de un solo tiro y que, en el sacrificio de hoy, podría obtener bastante material para realizar todos esos ungüentos y cremas que alimentaban la belleza de ella como la del resto de las niñas que había en el “orfanato”.
 
—¡Chicas! —Habló hacia la puerta. —Sujeten a este hombre y llévenlo al altar —. Señaló al pelirrojo, que parecía bastante aturdido. —Y Topaz, Esmeralda, por favor traigan consigo al pequeño Rubí que está en la cama. Sus hermanas se encargarán del mayor.
 
La mujer se desplazó hacia un lado y entró por la fina puerta que estaba dentro de la habitación, mientras que, por la puerta que Topaz había dejado entreabierta, ahora entraron diez chicas más, adultas; vestidas con el mismo estilo de túnica que la mujer de cabellos plateados. Empezaron a rodear al pelirrojo y, dos de ellas, tomaron la iniciativa para sujetarlo de las piernas, queriendo cumplir con la orden de su “Madre”.
 
Cosmetiquera
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#4
Cuando recibió aquel golpe totalmente inesperado y viniendo por su ángulo ciego (literalmente) noto como si el cerebro le hubiese rebotado por todas las paredes de su cráneo, lo cual le hizo bastante pupa. Evidentemente. Parecía claro que todo eso había sido una trampa orquestada, pero no, estaba seguro de que la niña sola era un medio, ella no era más que alguien a quien la había mandando a buscarle a él, o quizás valía cualquier otra persona. Lo que estaba claro es que se había metido en la boca del lobo y tenía que buscarse las mañanas para salir.

Cuando se quiso dar cuenta le rodearon una decena de mujeres que intentaban agarrarlo para llevarlo a una especie de altar o algo por el estilo. Algo así habían dicho todavía estaba aturdido por el golpe en la cabeza, probablemente tendría hasta una herida, y en caso de no tenerlo, probablemente le quedaría un feo chichón, si es que sobrevivía.

Lo primero que hizo fue apartar a las dos mujeres que le agarraban de las piernas sacudiendo estas con fuerzas lanzándolas a un metro cada una haciendo que las espaldas de estas chocaran con la pared que tenían justo detrás de ellas. No sin alto de dificultad se puso en pie, sacó su espalda y lo que hizo fue… Darles golpes con la empuñadura de la pistola en la cabeza, para noquearlas y dejarlas fuera de combate. No tenía pensamiento de matarlas, probablemente aquellas mujeres habían sido manipuladas para seguir las órdenes de aquella tipa tan enorme.  Una vez se desembarazo de las mujeres recorrió con sus ojos la estancia para encontrar a las niñas que posiblemente intentaron llevarse a la dormida a un altar.

– ¡Eh, ratonas! – Les dijo a las niñas señalándolas con el dedo. – Si no queréis que vuestra amiga sufra daño, no la mováis de donde está… ¿O acaso no os importa? – Preguntó acercándose a la puerta por las que la mujer se había marchado. La cual estaba a un par de metros de él. Tenía que detenerla a esa mujer como fuera, mientras esa mujer no estuviera delante probablemente las niñas no eran una amenaza para la que dormía. Posiblemente había sido drogada o algo por el estilo.

Era el momento de la verdad, seguramente se enfrentaba a alguien bastante peligroso, pero él también tenía sus armas, y no se refería exclusivamente a su espada. Un soldado era también la cabeza y si alguien jugaba bien sus armas, conocía sus capacidades y debilidades podía dar mucha guerra… E incluso vencer.

¿Por qué fiarlo todo a la fuerza?

– ¿Señora…? Creo que no hemos empezado con buen pie… No sé qué es lo que desea de mí, pero si me lo explica tal vez podamos llegar a un acuerdo. Por lo que he visto es usted bastante bella, y… ¿Quién no quiere complacer a una hermosa mujer? – Decía mientras caminaba despacio por aquella zona, apenas un metro, tras aquella puerta tras la cual la mujer se había metido. Estaba fiando todo a su labia.

¿Daría resultado? El esperaba que si.


Jesse. el tuerto pelirrojo
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 421 - 87 = 334
Energia: 427 - 100 = 327
Espiritu: 135 + 0 = 135
#5
Caos.

En la habitación reinó en caos cuando el grupo de 10 chicas fue disminuido con facilidad por el marine pelirrojo. Cayeron inconscientes una a una, mientras que, Topaz y Esmeralda, se detuvieron en seco, sus ojos volvían a llenarse de lágrimas, pero esta vez sí que eran genuinas.

—¡NO GOLPEES A MIS HERMANAS, ASÍ! ¡RUBÍ MALO! —Lloriqueó la pequeña morena de ojos verdes, quien, al ver que la última de las chicas caía, soltó a “Rubí” y corrió hasta donde estaba el marine, aunque antes de llegar a él, de detuvo en seco cuando este las regañó a ambas. Nuevamente, la niña largó a llorar, pero esta vez fue con su “hermana” Topaz para que esta la consolara.

—¿Cómo puedes hacer llorar a Esmeralda así? Creí que ustedes los marines eran buenos y que ayudaban a los demás ¡Nosotras necesitamos tu ayuda! —A Topaz le temblaba la voz y sus palabras salían entrecortadas, pero intentaba hacerse la valiente para que la más pequeña no la viera quebrarse. —¡Y tu puedes ayudarnos! Eso nos ha dicho nuestra madre.

Mientras eso ocurría, la enorme mujer, que antes había entrado al salón del altar para preparar las “mesas de sacrificio”, fue una testigo muda de lo que ocurrió. No intervino cuando las chicas fueron mermadas, tampoco cuando Topaz o Esmeralda le reclamaron al pelirrojo. Ella tenía paciencia, sabía cuando actuar y ponerle fin a un problema.

La mujer se acercó a la puerta, todo mientras seguía acariciando a la serpiente que descansaba plácidamente sobre sus hombros y, entonces, cuando estaba lista para levantar su martillo y atacar nuevamente, esta vez de manera más definitiva, la voz del hombre la llevó a detenerse en seco. Lo escuchó con atención e, incluso, llegó a sonrojarse.

Alguien que reconocía su belleza merecía una explicación de lo que ocurría y, no solo eso, ¡Por fin alguien que preguntaba antes de juzgar!

—¡Oh, es cierto que soy bella, sí! Muy cierto —. A pesar de la emoción en su rostro, el tono de voz de la mujer siguió sin elevarse, sonaba, más bien, elegante, como el de alguien que ha sido criado en la alta sociedad. —Y es usted un caballero bastante educado al preguntar antes de ponerse a la defensiva…aunque no puedo ignorar lo que le ha hecho a mis hijas, no…eso no, pero sí que puedo darle una respuesta a sus preguntas —. Porque nada le gustaba más a un narcisista que ser escuchado.

La mujer abrió del todo la puerta del salón, se hizo a un lado e invitó a pasar al pelirrojo, no con palabras, si no con una leve inclinación de su cabeza; sin embargo, las primeras en entrar fueron Topaz y Esmeralda, que se escondieron detrás de la túnica de la alta mujer, mientras que ella, bajó una de sus manos para acariciar el cabello de una de las niñas.

—¡Este lugar es el santuario que la Gran Diosa Serpiente me ha ordenado levantar en su honor! —La mujer señaló a sus alrededores con orgullo. En el sitio, una habitación de 12 x 12 metros, más grande que cualquier otra del “orfanato”, todo estaba ordenado de una manera pulcra. Había una gran mesa de piedra lisa en el centro, a sus alrededores había platos que parecían estar hechos de oro, todos repletos de pétalos de flores, leche, miel, velas y, algunos otros, con inciensos que llenaban el aire de olores agradables. En la pared estaba colgada una estatuilla de serpiente similar a la que había en la sala y, en una mesa que se alzaba por sobre la mesa de piedra, estaba la misma imagen de la mujer que también colgaba en una de las paredes de la sala.

Lo único que parecía fuera de orden dentro de un sitio que, a simple vista, en verdad parecía un templo, eran algunas manchas oscuras alrededor de la mesa de piedra. Manchas muy difíciles de quitar, pero que a las mujeres presentes parecía no importarles demasiado.

—Soy Gloomy, su suma sacerdotisa y encargada de llevarle la verdad a más niñas y mujeres en esta isla —. Mientras hablaba la mujer se movía con gracia, en cambio, las niñas, se sentaron en el suelo, cerca del altar. La observaban casi embobadas. —¿Puedes entender cuanto puede sufrir una mujer cuando nace poco agraciada? —No mencionaría la palabra “fea” frente a la “diosa”. Estaba prohibido. —El mundo solo puede ser de quien es bello. Las puertas se abren por montones. Lo he comprobado tantas veces.

La bella mujer se acercó al marine y lo tomó del mentón para levantar su rostro y hacer que la mirara a la cara. Uno de sus dedos acarició con suavidad la barbilla y se detuvo justo debajo de los labios del hombre.

—La Gran Diosa Serpiente me ha hablado en sueños y visiones, me ha otorgado el secreto de una belleza que durará hasta el final de mis días —. En ese momento la mano que acariciaba el mentón del hombre se movió para tocar sus cabellos rojizos con delicadeza. —Pero no sabes cuanta tristeza me dio el escuchar el remedio que me daba a mi y a mis niñas para poder alcanzar esa belleza que nos abriría las puertas del mundo —. Su voz era suave, delicada, casi envolvente.

—La belleza siempre tiene un costo, un sacrificio muy alto. Le he dado protección a estas niñas, un lugar al cual pertenecer y les he enseñado a valorar su apariencia, pero…no puedo hacer lo mismo por todas, alguien tiene que pagar —. Los ojos de la mujer se ensombrecieron, casi se vio tristeza en su cara. —Dígame, joven marine… ¿Ha escuchado alguna vez sobre lo bendecido que son los pelirrojos?

—Mi Señora me ha revelado la verdad. Ustedes nacen de la semilla de los Caídos. Los seres más hermosos que han existido jamás sobre este mundo ¡Es como si fueran hijos del sol! Que tanta energía y vitalidad nos da —La albina volvió a acariciar el rostro del marine con suavidad, posando su mano sobre su mejilla, claramente él podría sentir el penetrante olor a rosas de la mujer. —Por eso son tan especiales, solo su sangre nos puede dotar de tanta energía a los simples mortales como yo y como el resto de mis niñas —. Con eso dicho la mujer deslizó su mano por el rostro del marine hasta que se apartó un paso de él.

—Ustedes los Rubíes son los preciosos sacrificios que La Gran Señora nos exige para mantener esta belleza que estás contemplando —. Al decir eso, una de las manos de la albina, que hasta ahora no se veía por estar cubierta por la manga de su túnica, se apretó con fuerza sobre el mango del martillo que sostuvo antes. —Entonces, ahora que lo sabes ¿Va usted a complacerme? Bueno, tampoco es como que tenga mucha opción. Es por un bien mayor.

Estando a menos de un metro del hombre, la mujer solo tuvo que alzar su mano con el martillo para golpearlo del nuevo, esta vez, el golpe fue al lado izquierdo de la cabeza del pelirrojo y, a diferencia del golpe anterior, más torpe, este fue hecho con toda la intención del mundo y, sobre todo, sin ocultar sus verdaderas intenciones.

Él debía ser sacrificado.

Cosmetiquera
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#6
Lo cierto es que era bastante doloroso hacer que las niñas sufrieran por lo que le había hecho a las mujeres que habían intentado llevarlo hasta ese altar, pero lo cierto es que era necesario porque la idea de perder la vida no le complacía demasiado… Manías de uno que deseaba seguir vivo, nada personal.

Y lo dicho, para él no era plato de buen gusto golpear a las personas, pero en un caso de vida o muerte prefería vivir, después de todo el tampoco las había matado las había dejado fuera de combate durante un rato, nada de lo que no se pudieran recuperar, era bastante precavido cuando no tenía intención real de dañar a alguien gravemente, y en este caso era así. Después de todo parecía que esa gente no estaba en sus cabales, probablemente las niñas tampoco fueran conscientes del todo de aquella realidad.

Si todo salía bien tendría que hacer algo con ellas, aunque no podría adoptarlas, pero si que haria que alguien las cuidara como debían, las quisieran, y por supuesto les hicieran saber lo que estaba bien o no, eran muy jóvenes, no estaban perdidas ni mucho menos. No estaba seguro si aquellas mujeres que habían intentado llevarle al altar estaban en la misma situación, no pondría la mano en el fuego por ellas.

La que no tardó en aparecer fue la… ¿Líder? Aquella mujer que le había dado aquel tremendo golpe en la cabeza que le había dejado bastante tocado. Debía tener cuidado con ella, no es que le hiciera mucha gracia que le dieran golpes con martillos, especialmente en la cabeza.

La mujer era más larga que un día sin para pero si que podía notar la belleza misteriosa de la mujer, y su tono seductor cuando se decidió a hablarle, puesto que estaba complacida pues había sido capaz de captar su belleza, y no ponerse a la defensiva, a pesar de que estaba disgustada con lo que le había hecho a sus hijas.

<<Si nos ponemos así, un martillazo tampoco es que sea muy amable por su parte…>> Fue lo que pasó por la mente del marine en ese momento.

Ella pasó a explicarle detalladamente qué es lo que hacían en ese lugar, y claro, algunas cosas sonaban a que no estaba muy equilibrada mentalmente, especialmente cuando dijo que una Diosa Serpiente le había ordenado levantar ese santuario en su honor, no puso ninguna cara, se limitó a escuchar.

Mientras más escuchaba más se daba cuenta de que todo eso estaba relacionado con la belleza eterna, algo así como la eterna juventud, es decir, algo que era imposible de conseguir, al menos no que él supiera. Pero cuando menciono que alguien de esas niñas debía pagar, entornó los ojos y empezaría su momento.

– Mi señora, bella sacerdotisa. – Llevó su mano a la mejilla de la mujer, notando como el olor a rosas aun inundaba sus fosas nasales. – Si usted cree que alguien debe pagar, imagino que me incluyo… ¿Acaso no debería usted concederme algo a cambio? – Esbozo una sonrisa seductora – Quizás una última noche de… – Se puso de puntillas para hablarle al oído a la mujer, obviamente no quería que las niñas escucharan eso. – De pasión… – Le susurró. Esperaba que todo aquello colara. Era su oportunidad para poder salir de allí sin causar daños innecesarios. Además, si se quedaba a solas con ella, entonces podría tener su oportunidad de derrotarla, pero con las niñas delante no se quería arriesgar, era peligroso.

Ahora solo quedaba esperar a la respuesta de la mujer…



Jesse. el tuerto pelirrojo
#7
Indignación.
 
¿Cómo se atrevía a interrumpir su diálogo?
 
Estaba por explicar una de las partes más importantes de sus creencias y este chico… ¡No! Debía tranquilizarse.
 
El honorable marine frente a ella era uno de los hijos del “sol”. Su interrupción no era una ofensa, al contrario, era un privilegio…después de todo...pocas veces había tenido la oportunidad de hablar, tan íntimamente, con el hijo de un ángel caído…Porque sí, con hijas del “sol” había entablado largas conversaciones, pero conseguir a un varón le resultaba siempre más complicado, además…Este hombre, a pesar de no tener un ojo, le resultaba bastante atractivo.
 
Gloomy se estremeció ante la delicada caricia en su mejilla. Pudo sentir un conocido calor subiendo por su nuca y alojándose en sus mejillas, ahora su pálido rostro tenía un matiz rosáceo imposible de ignorar, uno que se intensificó en cuanto escuchó el susurro grave del marine directo sobre uno de sus oídos.
 
¡Esto era un privilegio! Uno que no podía desaprovechar.
 
¿Quién era ella para negarle un último deseo a aquel que daría su sangre por su causa y la de la Diosa Serpiente?
 
Su corazón se aceleró con solo imaginar lo que le precedería a la propuesta.
 
La enorme mujer se irguió, haciendo gala de su altura excepcional y, por lo tanto, alejándose del marine, a quien ahora se le dificultaría mucho más lograr hablarle al oído de nuevo, a menos que se subiera sobre una silla.
 
—¡Niñas! Por favor, salgan de la habitación. Este precioso Rubí ha pedido un último deseo que solo le puedo conceder estando a solas —. Ninguna de las dos chicas rechistó. Ambas se pusieron de pie y, con prisa, salieron de la sala de sacrificios, incluso cerraron bien la puerta, dejando a solas al marine y a la mujer albina, quien ahora, por costumbre, acariciaba con cuidado a la mascota enrollada en su cuello.
 
—No sería capaz de negarle una petición como esa a un preciado Rubí —. La mujer, aun con el corazón acelerado, tomó al hombre de la mano, envolviendo sus largos pero delicados dedos con los de él y, con ello, guiándolo hasta que ella quedó sentada sobre la mesa de sacrificios. Él estaba justo frente a ella. — No hay mayor honor para mí que complacer a uno de ustedes, pelirrojos, quienes tienen la bendición de nacer con una energía vital y belleza comparable con la del sol.
 
Entonces la mujer acercó su rostro al del marine. No lo besó enseguida, solo lo observó y acarició sus mejillas con una de sus manos, para luego apartar unos cuantos mechones rebeldes de cabello que caían sobre el parche que cubría el ojo tuerto.
 
—No sé quien se ha atrevido a mancillar su belleza, pero si me dices su nombre me encargaré de hacerlo pagar por usted. Seguro eso lo ayudará a descansar mejor una vez haya trascendido de este plano a otro, aunque, de todos modos, esa paz en el más allá será garantizada para usted, pues no hay mayor honor y paz para ustedes Rubíes que perecer por la gracia de Nuestra Señora Serpiente —. Por un momento la albina se quedó quieta, aunque su mirada se desvió hacia un lado, como si alguien estuviera susurrándole algo al oído y, después, cuando volvió a ver al pelirrojo, una sonrisa adornaba el atractivo rostro de la mujer.
 
—¡Ah! ¡Qué buenas noticias para usted, hermoso Rubí! La Gran Señora Serpiente ha permitido que se realice su deseo y no solo eso ¡Me ha dicho que sacrificarlo durante el acto me dotará de mucha más vida! Es un gran honor —. Ella no dejó lugar a réplica luego de decir eso, simplemente, acercó sus labios a los de él y cerró el espacio que los separaba con un beso, increíblemente, suave, delicado y cálido, para alguien que, evidentemente, no estaba muy bien de la cabeza.
 
Contenido Oculto
 
Cosmetiquera
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#8
¡Su plan de momento había empezado a funcionar!

Lo supo en el momento en que la mujer ordenó a las niñas a que se marcharan del lugar, pues les había dicho que el rubí había pedido un deseo que solo le podía conceder estando a solas. Exactamente, cuanto más lejos estuvieran las niñas, mejor. Pasará lo que pasara en aquel lugar lo mejor es que no fuese ante los ojos de menores de edad, sería traumático para ellos, ocurriera lo que ocurriera. La serpiente que la mujer llevaba al cuello y que acariciaba de vez en cuando tampoco le inspiraba mucha confianza, a saber si era venenosa o algo. O a saber si aquella criatura podía atacarle en cualquier momento. Sería algo sobre lo que prestar atención.

Posteriormente la mujer siguió diciendo que para ella no había mayor honor que complacer a un pelirrojo, los cuales decía que poseían una energía vital incomparable y una belleza similar a la del sol. En ese momento se daba cuenta de que la mujer estaba bastante mal de la cabeza, sin duda, pero de momento prefería callar, que ella dijera lo que tuviera que decir. Después de todo, debía seguir con el papel un poco más.

Cuando menciono lo de su ojo, se le puso la piel de gallina cuando dijo que le haría pagar al que le había causado aquello y que descansaría mejor tras trascender, claramente tenía intención de matarlo igualmente, algo que ya se esperaba… De una mujer así no podía esperar menos… ¡PRETENDÍA MATAR A UNA NIÑA SOLO POR SER PELIRROJA! Si eso no era estar fatal de la cabeza, que le dijeran que lo era.

– El que me hizo eso ya murió hace tiempo… El alcohol se encargó de él. – Se rascó la nuca. – No hace falta que tome cartas en el asunto. – Tragó saliva.

Y finalmente, pudo ver como la mujer se quedaba callada y hacía como si alguien le hablara al oído, lo que le causó bastante mal rollo, y cuando volvió a hablarle las cosas no es que mejoraran demasiado. ¡No solo quería matarlo durante el acto! Una cosa es que le dejaran con el calentón, pero cortarle el polvo mediante asesinato era algo que no podía consentir… Sin embargo… Debía seguir en el papel.

No pudo decir nada pues ella le besó, de una forma bastante suave y delicada. Debía decir que para estar loca no besaba mal. Siguió el beso unos segundos para después alejarse suavemente y dedicarle una sonrisa seductora de las suyas.

– Antes de trascender y ofrecerle mi sangre, me gustaría ver su cuerpo desnudo, una última visión completa antes de pasar al acto y ofrecer mi alma a la Gran Serpiente. – Decía sonriente, clavando su único ojo en ella.

La verdadera intención de Jesse es que ella se quitara la ropa, de esa forma tendría la guardia más baja y podría tener éxito su ataque.

Solo había una cosa clara.

De esa sala del sacrificio solo saldría uno con vida…


Jesse. el tuerto pelirrojo
#9
Calor.
 
En medio del beso la estancia parecía hacerse más cálida.
 
Las velas y el incienso ayudaban a que el momento fuera más íntimo.
 
La luz tenue, los aromas frutales, la cercanía de ambos cuerpos…En un conjunto la sala de sacrificios, a simple vista, podía pasar como una habitación decorada por dos amantes que solo deseaban mostrar su romanticismo de la manera más extraña.
 
Nada más alejado de la realidad.
 
Y la separación de los labios, ahora conectados por un hilillo de saliva, que se rompió casi al instante, es lo que regresaría a ambos a la tierra.
 
Ella no estaba ahí solo para complacer al hombre, tenía un deber mucho más importante…debía entregar su alma y su sangre a la Gran Señora Serpiente, pero…también debía cumplir con la última voluntad del desdichado.
 
¿Quién era ella para oponerse?
 
Escuchar las palabras de él fue un gusto, un placer. Su cuerpo se estremeció, un escalofrío recorrió su piel… ¿Desde hace cuánto se había negado la intimidad? No podía recordarlo. Siempre le llovían propuestas, pero nadie era digno, hasta ahora y lo mejor ¡Tenía la bendición de La Gran Diosa!
 
—Cierto, muy cierto ¿Cómo he podido pasar algo tan importante por alto? —Gloomy aflojó el agarre del mango de su martillo. Empezó a sentirse más segura, más en confianza, después de todo… ¡Le creía al Rubí! Alguien tan comprensivo no podía ser un hipócrita. No le haría daño. —Es un honor para mi mostrar mi belleza a un sacrificio tan comprensivo. Estoy segura de que tu sangre será la más pura que hemos usado jamás.
 
Soltó el martillo y este resonó en la mesa de piedra. Eso le daría la señal al marine pelirrojo de que ahora la mujer, por fin, estaba desarmada.
 
No dijo nada cuando, primero, se descubrió la cabeza para quitarse la capucha que cubría su sedoso cabello platinado, provocando que la serpiente enrollada en su cuello se removiera para empezar a descender por el cuerpo de la enorme mujer, aunque no sin antes que la Kuja se detuviera para acariciar las escamas coloridas del animal, al cual al final dejó ir sin más demora. La serpiente bajó por su cuerpo y se deslizó por la mesa para ir a enroscarse en una esquina de la habitación. Tranquila, parecía querer dormir.
 
Mientras eso sucedía, la mujer no detuvo sus acciones. Soltó las cuerdas que sujetaban su capucha y reveló, bajo esta, una perfecta piel de porcelana, muy tersa para una mujer de su edad… ¿En verdad funcionaban las ofrendas a la Diosa Serpiente o solo era una cuestión genética de su raza? Bueno, en ese momento daba igual, pues un cuerpo como el suyo, que parecía la obra perfecta de un escultor que había encontrado una perfecta roca de mármol en donde recrear su arte, no dejaba espacio para que la mente de cualquiera que la viera semi desnuda, pudiera cuestionarse sobre su existencia, por el contrario, embobaría incluso al más puro. Y Gloomy lo sabía.
 
Pronto la tela negra de su túnica se deslizó por su cuerpo, tal como lo haría el agua y, cayó al suelo con gracia, dejando ver con mayor claridad la piel pálida como la nieve y un juego de ropa interior de encaje que era tan negro como el carbón. El color resaltaba, no solo el color de su piel, si no las formas bien proporcionadas de su bello cuerpo.
 
Todo era perfecto…
 
Sí, en pasado: Era.
 
Pues la belleza exterior no siempre refleja la interior.
 
Gloomy tenía la intención de ponerse en pie y atraer hacia sí al pelirrojo; sin embargo, antes de que pudiera realizar cualquier movimiento, se quedó paralizada en su sitio. Su rostro, que antes mostraba complacencia, ahora reflejaba seriedad. Sus cejas rectas, su boca formaba solo una línea horizontal y sus ojos dieron la ilusión de haber perdido algo de brillo.
 
—¿Qué quiere decir esto? —La pregunta, aunque realizada en voz alta, no fue para el marine, si no para su Gran Señora, de hecho, sus ojos, que miraron hacia el techo como si aquello pudiera permitirle ver el cielo, delataron que no hablaba con nadie que estuviera físicamente en la habitación. —No puedo entenderlo.
 
Llevó su mano hacia su pecho, casi al centro, pero si se observaba bien, podría verse que la mano se ubicaba algo a la izquierda, justo sobre su corazón. Algo estaba mal… ¿Por qué le ocurría eso ahora? El silencio de la habitación era solo roto por el crepitar de las llamas de las velas, el ahora respirar agitado de la albina y, por último, pero no menos importante, por los latidos acelerados de su corazón.
 
No era el latir nervioso de una amante, tampoco se escuchaba como un corazón agitado después de una carrera. No, era más como un repiqueteo incesante que hacía parecer que el corazón de la mujer se saldría de su pecho en cualquier momento.
 
Sujetó con fuerza su pecho, rasguñando la piel blanca… ¿Eso era una señal de que algo había hecho mal? ¿O acaso su tiempo había terminado?
 
En ese instante, alzó su cabeza y su mirada ambarina, casi apagada, observó al marine con un brillo que ya no era de lujuria si no de la locura de una mente que había perdido cualquier batalla contra la razón.
 
—¿Me estas mintiendo acaso? Si mi corazón late con esta intensidad quiere decir que algo mal hay con esto ¡La Gran Diosa me había dado permiso y ahora me lo arrebata? ¿Cuáles son tus intenciones con nosotras en verdad? ¿Pensabas traicionarnos? —La mujer se levantó de la mesa de piedra, aunque no sin antes haber tomado en su mano derecha el martillo que antes soltó. —¡Ella me ha enviado una señal a través de mi corazón! No es casualidad que se haya descontrolado.
 
La mujer se movió e intentó golpear al hombre con el martillo, pero no fue más que eso: un intento, pues sus pies se movieron con torpeza y fallaron, casi haciéndola tropezar y caer al suelo, pero esto no sucedió, porque sus largos brazos lograron apoyarse a tiempo con la pilastra más cercana, aunque, de todos modos, su brazo empezó a temblar.
 
Gloomy no sentía su cabeza, no sentía sus brazos ni sus piernas. Todo le daba vueltas. Su brazo apoyado en la pared no tardó en ceder y su cuerpo se fue de lado, golpeando su cabeza contra la misma pilastra de la que antes se apoyaba; sin embargo, eso no pensaba detenerla.
 
Se puso de pie y, aunque empezaba a ver doble, se atrevió a alzar su mano, no para golpear directamente al marine, si no para lanzar su martillo desde los 2 metros de distancia que los separaban ahora que ella estaba cerca de la columna; sin embargo, estaba tan débil, que su arma cayó al suelo antes de recorrer esta distancia, algo que parecía no importarle a la mujer.
 
—No…No puedo dejar que te vayas ahora. Si no te sacrifico en este instante…Tal vez mi tiempo se termine...mi belleza...mi vida...¡Todo! —. La mujer se movió, a duras penas, hacia el marine, pero cuando estuvo a un metro de él, se detuvo. Perdida, paralizada…No podía pensar bien.
 
Dependía del marine qué hacer ahora. Ella estaba más dormida que despierta. Él podría escapar o, incluso, intentar apresarla…después de todo… ¿Quién podría oponerse? Él era la ley y los vecinos de la mujer no parecían tenerle mucha estima como para querer defenderla de un soldado de la marina.
 
Cosmetiquera
[Imagen: hyakocheja.png]
#10
Las cosas que parecían ir bien, o al menos en favor de Jesse parecieron torcerse de golpe y era extraño, no entendía que podía haber pasado… ¿Acaso esa mujer era capaz de leer sus pensamiento? No, no era posible, de ser así habría sabido desde el principio que todo lo que él había intentado era una burda estratagema para desarmarla y estar en ventaja contra ella y poder detenerla.

Sin embargo, sí que había algo que estaba mal en ella. Lo notaba en su forma de andar errática y sus palabras, su voz. Notaba algo en ella que no estaba ahí antes. ¿Desesperación? Fue cuando casi se parte la frente cuando el marine noto que tenía una oportunidad para dejarla fuera de combate, pero no sería sencillo. Sin embargo, a pesar del golpe  que se dio en la cabeza no impidió que ella le lanzara el martillo, que no estuvo cerca ni darle todo había que decirlo. Cuando pudo se acerco al martillo y lo alejó del alcance de la mujer agarrándolo y lanzándolo al otro extremo de la sala, lejos de ella.

Se acercó a ella y con la espada en la mano se la acercó al cuello a la mujer, pero no con intenciones violentas, solo para hacerla saber que aquello se había terminado.

– Quedas detenida por intento de asesinato en primer grado. – Dijo, para después guardar la espada en su vaina. En realidad solo lo dijo por hacerse el chulo, pues no hacia falta que dijera nada para detenerla.

Tras aquello saco de una bolsita los grilletes y poniendo las manos en la espalda a la mujer se los ato, posteriormente la ayudo a sentarse, pero sin quitarle los grilletes, esperaba que estando dormida ya no fuera un peligro para ella, sin embargo le preocupaba todavía el estado de las niñas, y tampoco se terminaba de fiar de la serpiente de la mujer, a la cual miraba con cierto recelo.

– Debe darse cuenta de que esto no está bien. – Se puso en pie, y se dispuso a salir de la habitación en busca de las pequeñas ellas también debían saber que todo había terminado. Que no habría que matar a nadie. Solo esperaba que esas niñas aún tuvieran oportunidad de librarse de ese lavado de cerebro perpetrado por la mujer a la que acababa de detener.

Pero no se marchó sin más, cogió la ropa que la mujer se había quitado con anterior y se la colocó sobre los hombros, no era alguien tan frío e inhumano, debía tener algo de consideración, después de todo esa mujer no tenía la culpa de estar mal de la cabeza.

Y por eso mismo había decidido no acabar con su vida, él no era juez ni verdugo, al menos de momento.

Entonces salió de la sala de sacrificios cerrándola tras de sí y buscando con la mirada para ver si por casualidad veía a las niñas, y sobre todo ayudar a la que aún seguía inconsciente. Lo cierto es que en aquel momento le preocupaba más lo que pudieran estar haciendo las pequeñas que el estado de la mujer adulta, y las otras mujeres calculaba que aún les quedaba un rato para recuperarse de los noqueos que les había proporcionado Jesse.

Aquella noche estaba siendo complicada...



Jesse. el tuerto pelirrojo


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