[EVENTO CAMBIO ZONA] El punto de no retorno; Parte 3 (GRUPO 7)
#31
Cuando el destino es el crupier, da igual que uno se levante de la mesa: el juego continúa.

Se hizo el silencio. Los collares de metal empezaron a tintinear con mayor fuerza que antes, si bien al mismo ritmo. El compás mecánico marcado por sus engranajes internos se volvió más audible, más marcado, haciendo vibrar con ímpetu los collares con cada pequeño sonido, con cada girar de sus engranajes. Tac, tac, tic, tac, tac, tic. Las luces de la sala se atenuaron casi por completo, quedando reducidas a una mera refulgencia que a duras penas permitía adivinar las siluetas y los rasgos más evidentes de cada uno de los presentes. El número presente sobre cada uno de los collares había empezado a resplandecer en la oscuridad.

Al fondo de la sala, justo encima de una enorme e infranqueable puerta acorazada que no había dado señales de ir a abrirse en todo el tiempo en que habían estado allí (y que, por lo sólido de su aspecto y la regularidad de su superficie, podía pasar desapercibida fácilmente a ojos del grupo si no habían prestado la suficiente atención), se encendió una luz que proyectó una inquietante luz naranja, girando sobre sí misma como una sirena silenciosa. Pasados varios segundos, a lo largo de toda la sala, se oyó una voz monótona y metálica que retumbó a través de lo que probablemente fuese un sistema de comunicación.

"Felicidades, aspirantes. Para continuar con el protocolo de selección de aptitudes y garantizar la calidad del producto final, deberéis escoger al menos apto de vuestro grupo. Los demás tendréis el privilegio de ser comercializados en nuestra primera gran hornada de esclavos del South Blue, y continuaréis con vuestras vidas en manos de nuestros mejores clientes. Comunicad vuestra decisión al Equipo de Control, que ha observado y escuchado con interés toda vuestra actuación y tendrá en cuenta vuestro criterio. Tenéis un minuto. Pasado un minuto, de no haberse declarado un no apto, el número más bajo de cada grupo será automáticamente eliminado. Gracias por vuestra colaboración."

Con un chasquido metálico, la emisión de la grabación terminó, y se volvió a hacer el silencio.




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#32
Atributos Personaje



La mirada chocolate se funde al contacto con cada uno de los presentes al escuchar los primeros vocablos del azabache espadachín. Aún con los cuerpos destrozados, los rostros lánguidos, el abrazo de la inconsciencia y el sonido de las gotas de sangre al caer sobre la pulcra superficie; aquel estrafalario grupo vislumbra la victoria tras haber vencido, no a Landon Coates, sino a la muerte en sí misma. Las heridas se curan, las personas despiertan y el sentido de supervivencia lo hará con ello.

Quizá por eso no siente pena ni remordimiento al observar el cuerpo del joven marine ser colocado en las cercanías, abrazado al cansancio, reflejando la calma propia de quien ha intentado dar todo de sí, a pesar de ir contra las estadísticas y la lógica. El uniforme marine, manchado de sangre, refleja la determinación guiada por la valentía: una justicia que escapa del entendimiento de la amazona, pero que, aun así, logra respetar con un leve asentimiento hacia su persona. Porque, incluso si existen hombres hambrientos de resentimiento, odio, poder y repulsión, también perviven aquellos que pueden distinguir el agua clara de la empozada.

¿Cómo era que se llamaba?

Akira.

La fémina de azabaches hebras ignora los métodos del espadachín; mas una sonrisa florece al entender la relación que posee con “Ashe” y Akira. Valiente ¿eh? Es una palabra honesta: Al final, cada uno ha demostrado, en menor o mayor medida, que lo son. Al menos es así hasta que los labios de la amazona se fruncen en una expresión que, más rápido que lento, se transforma en auténtico disgusto. El desprecio hacia las acciones del espadachín provoca que algo burbujee en su interior. Runin ha vuelto a enfadarse; es lo que tiene ser una persona de emociones fuertes e inexistente paciencia.

Incluso siendo pirata, la fémina posee códigos marcados, porque la libertad que busca no se encuentra ligada al irrespeto hacia sus propios conocidos. Un sonido escapa entre los dientes de la fémina: un chasquido fastidiado que solo desaparece cuando levanta la mano, tomando la mitad del botín que el cuerpo del fallecido Landon les ofrece.

Observa la bolsita, decepcionada; una llave o un dispositivo para escapar del encierro habría sido más estimulante. Aun así, guarda los berries en uno de los bolsillos de su vestimenta.



—Si, se nota que son tus amigos.

El sarcasmo es notorio, aunque al final suspira con pesadez. —También debo buscar y encontrar a mis amigos, fufufu… solo queríamos subirnos a la montaña rusa y terminé con este collar de mierda en el cuello. Supongo que es el pago por haber querido comer una manzana acaramelada. —Una risa escapa, no se escucha ningún ápice de alegría en ella, como un eco profundo y lejano, añorante.

Probablemente Nezha no deseaba que comiera manzanas acarameladas sola cuando era un anhelo de él, quizá solo debería esperar a estar juntos para poder probarlas, allá donde esté su hermano menor. Allá… donde espera que sus amigos no hayan ido a acompañarlo.

Le gustaría ser positiva, mas la última imagen de Ryota cayendo a su lado empieza a hacer mella en su mente. ¿Estarán en situaciones iguales? ¿Estará en el barco? ¿En el fondo del mar? Así como la euforia producto de la adrenalina llega de un momento a otro, también se va, y con ello la realidad golpea a la fémina más fuerte que cualquiera de los golpes de Landon. La fémina niega, al principio es un movimiento lento, después se torna más desesperado, como si quisiera desaparecer cada idea errónea de su mente, como si necesitara aferrarse a la confianza que siempre intenta mostrar. ¿No es justo como sus amigos la conocen? No puede doblegarse, no puede dejarse caer por ese tipo de pensamientos.

La voz del espadachín la saca de su ensimismamiento al escucharlo hablar… ¿Solo? La fémina arquea una de sus cejas. ¿Qué intenta hacer? ¿No conoce el respeto al menos por la vida de sus enemigos? Niega por última vez, asqueada. La diestra se acerca hacia el den den mushi de Landon, el mismo que ha permanecido junto a la fémina desde que esta lo encontró hurgando las vestimentas del caído. Levantarse cuesta más de lo que le gustaría admitir, duele, el suelo se tiñe de rojo cuando logra ponerse de pie.

—Landon tuvo que haberte revuelto el cerebro, cariño. ¿A qué le hablas? —El azabache de hinchado rostro hace el ademán de hablar a través de un den den mushi inexistente. Runin frunce los labios. —¿Estás loco? —Muestra el aparato de comunicación en su mano, lo enciende, existiendo sólo estática.



—Y bájate de ese puto lugar si no quieres que te baje a golpes. Ten algo de respeto.

Masculla, alejándose del cadáver, de los inconscientes y del espadachín. —Tampoco tengo afán por acabar como ustedes: Un muerto, un loco y dos inconscientes. —Refunfuña. Es en ese instante en el que algo cambia.


Las manos de la fémina ascienden hasta el collar, al tocarlos, siente cómo si este vibra bajo la yema de sus dedos. El desconcierto se hace presente cuando su mirada regresa hacia todos los demás, como si buscara la misma confirmación a través de los ojos del espadachín; sin embargo, no logra observarlo directamente cuando la cámara empieza a oscurecer y las siluetas se convierten en aliadas, hasta que los orbes chocolate logran acostumbrarse al cambio de luz, percatándose de lo evidente: un insano brillo aparece en el cuello de cada uno de los presentes, incluso en el propio.

Números.

El sentimiento burbujeante vuelve a aparecer cuando la alarma naranja hace acto de presencia como si de una advertencia a tomar en cuenta se tratase, los hombros se tensan, los dientes se aprietan con fuerza y los labios crean una delgada línea llena de inconformidad.  Una desconocida voz hace acto de presencia y algo hace cortocircuito en ella. Los ojos se aprietan un par de segundos mientras las palabras martillean en el interior de su cabeza

Producto final, esclavos, clientes, criterio, no apto, eliminado.

Esclavos

Esclavos

ESCLAVOS

Los párpados se separan mostrando la mirada encendida en rabia de la amazona.

—¿Esclavos? —Murmura con suavidad, enderezándose, levantando el mentón. —Esclavos, fufufu. —Una risa sarcástica aflora mientras la intensidad de su voz va lentamente en aumento. —¡Esclavos! FUFUFUFUFU —Los brazos se extienden hacia donde había aparecido la luz naranja sobre la puerta. La voz se sacude en cólera incontenible, tanto que los hombros tiemblan con fuerza, la expresión se rompe y el dolor desaparece ante la presión que ejerce sobre sí misma.

—¡¿A QUIÉN PUTAS CREEN QUE ESTÁN LLAMANDO ESCLAVA?! ¡¿DE QUÉ PUTO PRIVILEGIO ESTÁN HABLANDO?! —La ira se escuece, no le importan las personas a su alrededor, no le interesan las consecuencias, ni el pudor, ni lo cansados que deben encontrarse todos ante aquella situación. ¿Miedo? ¿Terror? ¿Vacilación? Runin Kitay no se rige ante esas cosas porque si perteneciera a uno de los círculos del infierno, estaría sentada en el trono junto a Aamon.

—¿No saben quién soy? ¡Entonces va siendo hora de que lo sepan! —Respira profundamente, no para relajarse, sino para mostrarse altiva. La mirada viaja desde la habitación hacia donde debe encontrarse el espadachín, antes de volver a fijarse en la puerta. Vuelve a reír entre dientes, como si algo realmente le divirtiera. 


—¡MI NOMBRE ES RUNIN KITAY! ¡Una amazona! ¡Pirata de los Mahu Mahana! ¿Tienen ganas de hacer de mí una esclava? ¡ENTONCES VENGAN POR MI! ¡No importa a cuántos manden, los mataré uno por uno! ¡Uno tras otro caerán! —Las amenazas son lanzadas, la voz viaja con rapidez y constancia, con fuerza y devoción, con el orgullo propio de las amazonas y la tenacidad de quien prefiere la muerte al cautiverio. La presión de su brazalete le recuerda que no salió al mar para ser encerrada, sino para dar con su objetivo.

—¡¿O tienen miedo de ser los “no aptos”?! Porque ¡sorpresa! ¡LANDON COATES NO LO ERA! Y estoy segura que ninguno de ustedes lo será. —Sin perder tiempo golpea el dorso de sus manos formando una “x”, una brillante luz emana de ellos, acariciando los guantes de la fémina, sus brazos y refulgiendo hasta hacer notoria la tenaz expresión que la representa; porque no importa si debe perder la vida, no se doblegará ante nadie.



—¿Dijiste que son tus amigos, no? Entonces busca sacarlos de aquí.

A pesar de la ira contenida, las palabras son expresadas con claridad hacia el espadachín. —Yo decido quedarme. Aún si esta mierda de collar explota en mi garganta o si debo enfrentar a mil Landon Coates, nadie… ¡Nadie me robará mi libertad!

Porque gracias a esa libertad empezó a conocer el mundo, empezó a vivir aventuras que nunca creyó capaz de tener, empezó a tener amigos a quienes considerar cercanos, incluso empezó a conocer el amor. —Prefiero morir a tener que vivir y perder todo eso.

Quizá Ryota buscaría tomar su lugar o buscar soluciones, Barald la miraría con fijeza, Tezca le preguntaría si perdió la cordura, Yuuki gritaría que deje de decir tonterías, Wyatt observaría a todos intentando llegar a una conclusión, Tocho Morocho ignoraría la situación y Cardan... Cardan se aferraría con fuerza a su dueña. Pero ninguno de ellos está ahí con ella para hacerla entrar en razón, y ellos la conocen demasiado bien como para reprocharle nada.

”Lo siento, chicos...”

Es lo único que puede pensar cuando una solitaria lágrima surca su determinada expresión.



BOLSA DE ESTRELLITAS
[Imagen: MQT49Lq.png]
#33
Mi cuerpo aún se encontraba adolorido, había sido sin dudas quizás la mayor prueba que había vivido en muchos años, y sin lugar a dudas, el combate que más maltrecho me había dejado. Aún sentía los efectos de tal pelea, e intentaba ponerme en una pieza y recobrar energías y el aliento, había sido realmente todo muy agotador, para todos… Estaba allí, sobre Landon, tratando mis heridas, sintiéndome muy lentamente mejor de poco a poco, Landon fué realmente formidable, no podía decir otra cosa. Aquel respeto al sujeto y su combate era algo que estaba allí y no podía mirar a otro lado, podía respetar al individuo pero no sus ideas o formas. Sin embargo, no podía mentirme a mí mismo, incluso en el peligro, en la preocupación por mi gente, y todo lo vivido, sería negar la realidad si decía que no había disfrutado como nunca aquella pelea, y eso tenía que agradecerle al buccaneer.

Akira y Asheera yacían inconscientes en el suelo, la kuja al igual que yo, seguía en pie, aunque afectada claramente por el combate, al igual que yo también. Había sido brutal… Me daba algo de culpa observar el pecho de Akira, la sangre allí y saber que el pecho de Landon no era el que tenía ese profundo corte, pero entendía que son cosas que pasan en la batalla… A veces el cuerpo y las emociones van más rápido que la cabeza y la razón.

La kuja se notó molesta al verme tomar el dinero de Asheera, luego de decir que era mi amiga, lo cual cierto era pero no le dí importancia, el juicio ajeno nunca me preocupó y menos cuando no tenía el contexto, podía entenderla, más no me afligía… La muchacha al parecer ahora comentaba si, dando un ápice más de información que no se encontraba sola en éste marrón… Al parecer tal como yo y mis compañeros ella había sido víctima junto a los suyos de algún macabro designio de un tercero… Di una profunda pitada al cigarro entre mis labios y lo tomé con mi diestra para dejar salir el humo en un suspiro. Detras de sus palabras se podía ver la preocupación y era algo con lo que podía identificarme… Pensaba en Alek, en Miyori… ¿Cómo estarían? ¿Podría encontrarlos? ¿Sería tarde? Aquello no me dejaba tranquilo…

Eché a reír al darme cuenta de mi confusión, aquel combate me había dejado más tocado de lo que me gustaría admitir, solo sonreí amablemente ladeando mi cabeza de costado en un gesto divertido. —Tienes razón, no me di cuenta, todavía sigo algo aturdido— respondí sin más sonriendo ante mi error, ella tenía razón, Landon realmente había pegado duro…

La sonrisa se transformó en un gesto serio y neutro, carente de emoción alguna, con mis ojos fijos en la amazona… ¿Respeto? ¿Hablaba de respeto? Una sentencia algo apurada para no conocer a su interlocutor, sobre todo cuando encima acompañó con amenazas… En ese momento, arrojé a un costado mi cigarro y sin levantarme aún, allí sentado, desenvainé mi katana… No tenía intenciones de pelear con ella, pero tampoco tenía intenciones de dejarme pasar por alto… No pude llegar a responder, cuando las luces se apagaron, comenzó a escucharse aquella voz, y todo se tornó oscuro y anaranjado… Los collares, de pronto resplandecieron más que antes, o al menos ahora lo notaba más… Daba por hecho que el mío no era excepción a la norma…

Las provocaciones, ínfulas de superioridad y amenazas de la fuerte guerrera kuja quedaron en un segundo plano carentes de importancia. Toda mi atención ahora estaba en aquella voz que se escuchaba. Ya conocía bien lo que era estar cautivo, en esclavitud sin ser dueño de tu propia vida… Lo vivi muchos años… Lo sobreviví… Lo combato y lucho por la libertad hasta el día de hoy y moriría sin dudarlo por la libertad. La de todos… Lejos de los gritos y rabia de la morena. yo me quedé pensando… Con mi izquierda saqué y encendí un cigarro… Había escuchado aquel mensaje con claridad… ~¿El número más bajo?~ pensaba mientras observé a cada uno de ellos y sus números… El cigarro seguía en mi boca… Alcé mi katana y la puse de lado, para ver reflejado en su canto mi número… No era el más bajo… Akira tampoco… Asheera tampoco… Era la kuja… Dí una profunda pitada al cigarro, y suspiré liberando el humo de mis pulmones, envainando nuevamente mi katana y escuchando a la kuja en silencio mientras la observaba.

—¡Oe! No deberías apresurarte a querer morir tan precipitadamente…— le dije aún en mi sitio sentado… —Así quisiera, nadie puede irse a ningún lado ¿O ves alguna salida? Al parecer no soy el único loco aquí— concluí para reír sutilmente mientras sonreía. —Pero eso de la esclavitud no me gusta en lo más mínimo— comenté para suspirar y finalmente ponerme de pie y tronar mi cuello, estirarne…

—¡MUY BIEN RUNIN KITAY!— grité vivazmente lleno de vigor con una sonrisa de emoción. —¡ESCUCHEN IDIOTAS! Como no acabe muerto en ésta sala así como matamos a Landon, les aseguro que voy a matar a cada uno de ustedes— dije riendo euforicamente emocionado. No había una pizca de mentira en mis palabras… Como saliera de allí con vida, aniquilaría a cualquiera que tuviera algo que ver con ésto, estaba emocionado, ansioso…

No volvería a ser un esclavo, no volvería a vivir algo parecido… Y no permitiría que nadie volviera a vivir algo parecido…

—Cill Blinton es mi nombre, Runin— le dije a ella con un fuego en mis ojos. —Y como no muera aquí por este collar, morirán todos los responsables… ¿Estás conmigo?— pregunté, ignorando lo que pudiera pasar, solo con determinación. —Eso de la esclavitud es algo que odio— finalicé con seriedad.

inventario

Bélico

Karmas

gastos y eso

resumen
Cambios en estadísticas
Vitalidad: 625 + 0 = 625
Energia: 717 + 20 = 737
Espiritu: 213 + 0 = 213
#34
Por respeto a lo sucedido, por difícil que pueda resultar, os recomendamos leer primero el post y no apresuraros a ir a los off.




Se acabó el tiempo. Había pasado un minuto, aunque no hubo nada que lo indicase, ningún pitido, ninguna alarma. Repentinamente, por toda la sala, y, precedido por un zumbido de estática, comenzó a emitirse un nuevo mensaje en la misma voz monótona de antes:

Cierre del Protocolo Damocles. Los números... Nueve. Ocho. Cinco. Ocho. Cinco. Y... Ocho. Ocho. Seis. Uno. Seis. Y... Cero. Cero. Cero. Dos. Han sido seleccionados por los responsables.
Por defecto, son filtrados también los números... Cero. Cero. Cero. Cero. Cero. Y... Uno. Siete. Cuatro. Ocho. Tres. Y... Cero. Tres. Tres. Cuatro. Siete.
En diez segundos, los números seleccionados serán filtrados. Los demás números podrán proceder a ser comercializados.

¿Quiénes eran los demás números? ¿Qué significaba aquello? ¿Cuántos esclavos más había en aquel lugar?

Fuera como fuese, la segunda cuenta atrás había comenzado. Como la anterior, fue una cuenta atrás muda, sin ningún sonido ni pitido que la marcase ni indicase su final.

Cada segundo pasó lento. Diez segundos eran suficientes para que cualquiera reflexionase sobre su final, sobre lo que había vivido y sobre lo que no, sobre sus satisfacciones y sobre sus frustraciones, y sobre aquellos a los que dejaba atrás. No eran pocos los que habían dado con un final triste de camino a perseguir sus sueños, o, peor aún, aún sin tener un sueño por perseguir. Los presentes en aquella sala eran, a todos los efectos, esclavos, y un esclavo solo podía morir tal y como hacía todo lo demás: por designio de otros. Como un esclavo, en definitiva. Resultaba sencillo llenarse la boca hablando de libertad, de la persecución de los sueños, de la justicia, de la vida y de la muerte. Sin embargo, cuando se trataba de enfrentarse al final, al sacrificio último, fuera o no este voluntario, fuera más o menos noble, los ideales solían desvanecerse con la misma rapidez con que habían llegado.

El collar de Runin había empezado a hacer mucho más ruido que cualquier otro. A medida que pasaron los segundos, la luz que emanaba de los números en su collar se intensificó, iluminando a su alrededor. Y, finalmente, llegó el décimo segundo. El collar, cuyo sonido se había vuelto atronador, pareció enmudecer de golpe. Un último chasquido se produjo en su interior, para culminar con una explosión.



Al mismo tiempo que se producía la explosión, la sala al completo quedó inundada en una intensa luz roja que emanaba del techo. Una estridente e insoportable alarma comenzó a sonar por todo el lugar, y lo impensable sucedió finalmente, pagado por el precio de la sangre derramada: la puerta del fondo, que había permanecido cerrada a cal y canto durante todo aquel tiempo, se abrió con pesadez y con el ruido hidráulico de varios mecanismos, abriendo el camino hasta un largo pasillo bañado en aquella misma luz roja.

Y, de pronto, todos se dieron cuenta también de que sus propios collares habían empezado a explotar casi al unísono, solo que las explosiones parecían estar causadas por algún tipo de fallo, más que por la activación de la carga explosiva en su interior. Uno a uno, todos los collares emitieron un fuerte ruido y una fuerte humareda, antes de producir diversos chasquidos y, tintineantes, deshacerse en mil pedazos y caer al suelo, desactivados e inservibles. Bajo sus pies, y al otro lado de los gruesos muros que los rodeaban, se podían oír y percibir fuertes temblores.

Al otro lado de la puerta, al final del largo pasillo, tras unas escaleras metálicas que subían, se había abierto una última puerta.

Continuamos todos en este tema.



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