[Pasado] Opening Hearts | [Social] [Priv. Tezca] | [+18]
#21
Una vez más se percató de la falta de concentración de Tezca. Si tenía que hacerlo a la fuerza, lo haría. Lo obligaría a olvidarlo todo y verlo solo a él. Verlo de esa forma era doloroso y, en cierto modo, apretaba su pecho. No sabía cómo más reconfortarlo además de lo que terminaba haciendo ahora. Cerró su ojo izquierdo cuando sintió el toque en su cicatriz, ese tacto cálido que lo calmaba. Pese a las veces que el contrario le daba protagonismo a esa marca, no parecía acostumbrarse del todo. No le disgustaba, su forma de darle amor en esa zona era, cuanto menos, un alivio.

Sus labios dejaron escapar un jadeo, temblando, cerrando ligeramente sus ojos en un nuevo jadeo. Su mano apretándolo lo excitaba todavía más, trataba de concentrarse, siguiendo los movimientos de sus caderas, rozando su bulto contra el ajeno. 

—Ya me devolverás el favor otro día, Tezca.

Elevó su cabeza, descendiendo un poco su espalda cuando veía que buscaba sus labios, correspondiendo al beso. Ambas lenguas se exploraban entre sí, el roce lo excitaba todavía más. El maldito pantalón le apretaba al punto de resultar doloroso. Sintió incluso su mano, la misma que el contrario había apretado con fuerza, alcanzar esa sensación de dolor. Sus dedos ascendieron lentamente, buscando la ropa del contrario. Por el momento, buscaría que suplicara, aunque fuera un poco. Quizás sería un buen método para evitar que su mente viajara a donde fuera que se encontraba en ese momento. 

No esperó suficiente, liberó la erección del rubio, sin cesar los movimientos de sus caderas. El calor no hacía más que ascender, observándolo con más atención. Su pecho desnudo, con la camisa abierta, la suya propia. El colgante en su pecho. Se separó un poco, respirando y, sin aviso alguno, lo volteó, dejándolo boca abajo, terminando de retirar la ropa que pudiera quedarle en la parte inferior. Ahora sus dedos exploraron su espalda, apartando su cabello a un lado. Los dedos índice y corazón se deslizaron lentamente por su columna vertebral, desde la nuca hasta la zona inferior, observando con más claridad los glúteos que se presentaban frente a él. Jadeó, respirando agitadamente. No lo dejaría pensar, ni de broma... Si tenía que hacerlo por la fuerza, lo haría. 

Su mano terminó de retirar su propio pantalón, liberando su erección, al fin emitiendo un leve suspiro de alivio. El sonido ahora retumbó por la sala de estar, el sonido de su mano azotando uno de sus glúteos, para luego apretarlo un poco más, ascendiendo su torso hasta que sus labios se acercaron al oído del rubio desde el lado opuesto del que le caía el cabello. Su sonrisa traviesa se notaba en su respiración. —Más te vale concentarte solo en mí, Tezca... O me tocará castigarte. 

Su miembro fue acomodado entre los dos glúteos, frotándose entre ellos, mordiendo ahora con suavidad y diversión el oído ajeno. No iba a entrar, solo lo torturaría un poco más... solo un poco más...
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#22
El calor desbordaba de mi cuerpo, sintiendo mis mejillas arder y mi piel brillar por la ligera capa de sudor que se había formado sobre esta, el gutural jadeo que salió de mi garganta hizo que dejara caer mi cabeza hacia atrás al sentir que liberaba mi erección y ante que pudiera darme cuenta me encontraba con el rostro contra el suave colchón ¿En serio? ¿No me dejaría verlo? Eso era bajo.
 
Volteé para poder respirar, el hombre quitaba mi ropa lo que me dejaba con el fresco de la piel directamente sobre la piel, erizándome, se había vuelto casi rutinario el adivinar que haría después aun dado lo inusual que esta posición era para ambos, solo dejé que hiciera lo que quisiera. Se lo merecía. No era el único que estaba pasando por un mal momento después de todo. —¡Hey! — Me quejé, casi reclamándole por aquella palmada en el trasero con el ceño fruncido y sus palabras no lo hicieron mejor. Esta bien que tuviéramos mucha confianza ¿Es que olvidaba con quien estaba tratando? —Jin ¿Olvidas con quien estás tratando? — Salió aquel pensamiento sin mucho filtro, sin moverme de aquella posición lo que me permitía apenas verlo. —¿Me vas a castigar? ¿No te parece suficiente con…? — Tal vez seguía un poco tenso, las palabras salieron mucho más rápido de lo que creí ¿No había sido aquel que comenzó esto? ¿De qué mierda me estaba quejando?
 
Una parte de mi esperaba que no hubiera escuchado aquello, no quería terminar esa oración, no mientras el mayor jugaba conmigo de esta forma, aferrándome al sofá mientras sentía la mordida contra mi oreja. Ah, la posición me presionaba el pecho, provocando que muchos de los jadeos terminaran entrecortados.
 
Levanté las piernas como pude, quedando de rodillas contra el sofá mientras mi pecho seguía pegado a la tela de este, al menos de esa forma era ligeramente más fácil respirar y el contrario, por la posición, tendría un momento difícil solo tentándose.
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#23
Qué extraño. Normalmente eso podría ser diferente, una derivación de diversión, algo nuevo, pero lejos de ello Tezca parecía molestarle... Cierto que no habían probado aquella postura antes, tampoco lo había azotado antes. ¿Quizás eran sus límites? ¿O todavía no se concentraba en él? La pregunta lo había interrumpido, la excitación todavía existía, la erección todavía frotándose entre los glúteos del hombre y, sin embargo, sus ojos perdieron toda concentración que hubiera llegado a sentir con el placer que tanta hambre parecía tener inicialmente. Una de sus manos se posicionó ahora a un lado del rostro de Tezca, exactamente en el lado que su cabello no estaba. 

—Sé exactamente con quién estoy tratando.

Dejó de mover sus caderas. Seguía sin concentrarse en él, estaba claro que no. Sus ojos se entrecerraron a una acusación que no parecía terminar. Se suponía que tenía que ser divertido, diferente, no que hubiera esa extraña tensión que parecía mostrar el rubio. Dejó escapar el aire desde su nariz. Su codo sustituyó a su brazo, sus dedos ahora tomando el mentón del rubio, obligando a mirarlo desde esa posición. —¿Con qué, Tezca? No te he obligado nunca a nada, eres la única persona a la que he respetado en mi intimidad y aun así, no pareces darte cuenta del trato especial que te he estado dando todo este tiempo. — Quería conocer el fin de aquella frase con la que parecía que se interrumpió el rubio. Hubiera preferido cambiar un poco de posición aquella vez, quizás no le gustaba, quizás era solo uno de sus límites. 

Apartó su erección, al menos por unos segundos. Se cuestionó la idea de voltearlo de vuelta para verlo mejor, pero aparentemente ahora parecía más receptivo. Sus ojos descendieron, ahora pasando su mano cuidadosamente por la zona que ahora estaba enrojecida. —Escucha... No quise ofenderte. — Descendió su rostro hasta la nuca del contrario, pegando su propia frente sobre ella y cerró los ojos, tratando de respirar un poco. —Solo... no estás concentrado, y sé que no lo estás. 

Sus ojos se abrieron nuevamente, su mano aferrándose a la mandíbula del hombre rubio, buscando encontrarse con su mirada, aunque solo fuera con la mitad de su rostro. ¿Siquiera tenía ahora permiso para poseerlo? Dudaba, por primera vez se preguntaba si estaba haciendo bien las cosas... Lo que sabía bien era que, desde el encuentro con Raigo la tensión entre ambos se había ampliado. ¿Acaso...? Apretó su propia mandíbula, soltando la del contrario, dejando escapar el aire en un suspiro cansado.

—¿Acaso crees que te haría algo como lo que haría él?

Sus dudas se elevaban, sembraban un temor que no había querido revelar. No podía... no podía permitirlo. —Soy Jin, no Raigo. Soy Jin. — Y si era necesario demostrárselo, lo haría. Sus dientes ahora se concentraron en la nuca del hombre, abriendo uno de sus glúteos, apretando su erección contra su entrada. También, por otro lado, lo dijo para autoconvencerse a sí mismo porque, por ese momento, comenzó a dudar y no le gustó. —Por favor, Tezca, concéntrate en mí... — La culpabilidad lo golpeaba como un jarro de agua fría... Su otra mano finalmente se movió, descendiendo hasta la erección del hombre, ofreciéndole el servicio para, de nuevo, tratar de obligarlo a enfocarse en esa situación. 

—Y eres la única persona a la que amo...

Sus palabras salieron en un susurro, sus ojos buscando su rostro en silencio. El pecho le oprimía, no quería que las cosas empeorasen, no quería hacerlo sentir mal. —No volveré a preguntar nada más... solo mírame a mí...
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#24
Y aún así esas palabras parecían doler. Esas palabras de sus labios dolían. El hombre tenía razón, tenía un trato diferencial ¿Pero es que eso no era lo de menos? Por tanto que habían pasado desde que se habían conocido. Tantas pruebas que la misma dama fortuna en su atar de celos había intentado llamar a la tragedia.


No pude responderle, dejando que hablara sin atreverme a cambiar la posición y lo peor de todo eso es que cada una de sus palabras no me era ajena. Más allá de todo lo sabía, sabía que no debía desconfiar, sabía que aquello que cruzaba mi mente como un rayo no era más que el producto de recuerdos y advertencias que se acumulaban en mi cerebro. Solo pude observarlo de reojo, con cierta tristeza en el rostro, rostro que esperaba que no notara pero ¿Es que acaso tenía otro?

Cerré los ojos, soltando un suave gemido al sentir sus dientes contra mi piel: Mordí mi labio inferior todavía mirando parcialmente el hombro ajeno en esa posición, comenzaba a molestarme, pero no quería empeorar la situación. — No es que crea eso- yo…— No hubo más, no supe que más decirle. Me había quedado sin palabras( no excusas.


Sin razones.


Era extraño. Estaba siendo estimulando y eso funcionaba como magia, mis pensamientos se volvían más difusos mientras me hundía en el placer que el hombre me otorgaba, fruncí el ceño, arqueando la espalda en un intento de sentir más, estaba tan cerca suyo y aún así pretendía torturarme, así que decidí observarlo una vez más; suplicante. — Lo sé.— Solté en un quejido, alzando parcialmente mi brazo para intentar indicarle que tomara mi mano sin palabras.—Nunca ha sido eso, no son tus preguntas. Solo… no entiendo como aún con ese momento sigo confiando en ti ciegamente, es tan impropio… pero no logro que me importa, ni siquiera puedo mantenerme molesto por aquello. Te amo, Jin.—
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#25
Una frase incompleta, o más bien una respuesta incompleta, una que no le agradó demasiado. No... Porque de nuevo aquella sensación desagradable vino saboreando su paladar, una sensación de comparación ante aquel que no soportaba. Sus manos se apretaron en la tela del sofá, jadeando, tratando de evitar ese pensamiento. ¿Qué estaba haciendo mal? ¿Lo estaba perdiendo quizás? ¿O solo había sido siempre de ese modo y hasta que no encontró a Tezca delante no se había percatado de lo repulsivo que era en realidad? Quiso frenar, dejar toda esa acción en ese momento. Sus labios se abrieron, tratando de volver a rebatir una respuesta... pero ahora ni siquiera estaba seguro de sí mismo. Los labios se quedaron entreabiertos, silenciados por aquel lugar que estaban compartiendo los dos en la absoluta intimidad. Su mano paseaba ahora por la espalda que tenía frente a él, buscando en el tacto un poco más de reconciliación, solo sintiéndolo más alejado pese a estar tan conectado a él. 

Pero seguía receptivo, de allí que no cesara sus movimientos... Al menos en parte por eso, y por otra parte porque ni él mismo deseaba pensar en el círculo negativo que se le comenzaba a acumular en su mente. Cerró sus ojos unos segundos, solo para ver la mano que parecía buscarlo. Lo miró por unos segundos, dejando que el tiempo transcurriera y, aunque solo fueron escasos segundos, la sensación propia fue la de que tardó de más antes de tomarlo. Lo agarró de la mano con firmeza, cerrando los ojos de nuevo, enfocando su atención en el acto como lo que había estado haciendo a lo largo de todos esos años dentro del clan Onizuka: Olvidarse de su propia existencia, y de que nunca llegaba a ser nadie más que el suspiro de un nacimiento nunca deseado.

Los besos proseguían, ya no solo por la nuca, sino también por su hombro, elevando su otra mano para apartar su cabello a un lado, exponiendo mejor su piel y moviendo sus caderas con más fuerza y menos cuidado. Sus gemidos ayudaban a poder seguir, mantener la sensación de placer e incluso dejar escapar jadeos de entre sus labios. El cabello se enredaba entre sus dedos y, pese a sus pensamientos junto al intento de evadir sus pensamientos con el acto, el cuidado que tenía con el varón y su cabello eran únicos. No iba a repetir el gesto, no de nuevo. No en ese momento y probablemente nunca más. Solo abrió sus dientes, volviendo a morder su piel, en esta ocasión en su hombro, con más fuerza a la vez que sus caderas se movían con más fuerza y menos cuidado. 

Terminó de descender su mano, ahora hasta la erección del rubio, moviendo su mano para darle el placer que buscaba, queriendo escuchar más de sus gemidos, acelerando el movimiento y con menos cuidado. No era ignorarlo, era temor a estropearlo todo una vez más, como cuando se confrontó a Raigo frente a él por primera vez.

Jin nunca fue importante en esta historia.

¿Por qué seguía dudando de él? ¿Por qué, pese a todo lo que hacía por él parecía no ser suficiente? Apartó sus dientes de su hombro, relamiendo sus labios, los músculos tensándose entre sus brazos, buscando la mirada de aquel rubio que tenía delante. Esta vez fue al oído, paseando la lengua por la oreja, sin atreverse a hablar de nada más. No era nadie, como bien se estaba convenciendo a sí mismo. Solo una cosa sí respondería.

—Yo también te amo a ti, Gran Tezca Norova.

Porque era cierto, una certeza que ni él mismo podía creerse. Nunca había confiado en nadie como lo hacía con el rubio, nunca había brindado tanto sentimiento ni hablado tanto de sí mismo con nadie más que con él, ni siquiera con Raigo cuando lo consideraba como a un segundo padre. —Tampoco he confiado tanto en nadie como lo hago contigo...
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#26
Aún que la situación parecía encenderse como tantas otras, podía sentir el ardor de mis mejillas mientras sus besos se posaban contra mi piel mientras mis movimientos seguían los suyos entre jadeos, apoyándome en el hombre para intentar mover mis caderas aún más rápido: la mordida me había despertado mucho más de lo que esperaba, mirando al hombre con un rubor notorio. —¡Jin! Estoy cerca… yo… ah, maldita sea, ahora eres tú el que no está concentrado ¿Me entiendes? — Podía ahora entender la frustración del hombre, mi ceño se frunció cambiando rápidamente a un gesto de excitación y aunque buscaba mi mirada, solo pude esconderme en su hombro.
 
Rasguñé su espalda, intentando mantenerlo conmigo, consciente, sus palabras eran como el dulce mar, provocando que volteara el rostro para dejar un pequeño beso en su mejilla, sintiendo como comenzaba a masturbarme, mordí mi labio con fuerza mientras volvía a esconderme en su cuello. Escuché sus palabras ¿Cómo no podía hacerlo a esa distancia y aún así hubo algo inusual en estas? Nah, solo lo estaba sobrepensando. Intenté recuperar mi voz, llevando mi mano a su cabello para jalarlo con fuerza. —Si… dices “Gran” y después mi nombre simplemente te repites: Tezca ya significa grandeza, Jin…— Por supuesto, solo pretendía molestarlo, comenzando a dejar algunas mordidas sobre su hombro esperando que se transformaran en marcas, arqueando la espalda mientras reprimía aquel último gemido entre mis labios, sintiendo como terminaba en la mano ajena, el escalofrío recorrió mi espalda mientras cerraba los ojos, las gotas de sudor deslizándose por mi cuello, causando ardor en las mordidas que había dejado el mayor.
 
Aunque continué moviéndome por el hombre pelinegro me sentía un poco más perezoso, cansado emocionalmente por la situación, sintiendo como mis piernas temblaba mientras lo miraba y el cabello caía por el rostro, acaricié sus cabellos con ligereza, intentando calmarlo a la par. —¿Qué te tiene distraído? —
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#27
Imposible negar que no estuviera distraído, no cuando su mente estaba siendo un caos todavía. Sus brazos lo rodeaban con más fuerza, apretándolo entre sí, cerrando los ojos. El sudor perlando no solo su pálida piel, también uniéndose a la del rubio, el mismo que le hacía llenarse de tantos sentimientos. No recordó haber sufrido de tanta inseguridad como en ese momento, y solo y exclusivamente para una sola persona. Ese hombre que le hacía tener sentimientos nunca antes experimentados. 

—Entonces mírame, para que no pierda la concentración.

Trataba de mantenerse firme, observar los ojos de Tezca. ¿En qué o en quién estaba pensando cuando su mente divagaba? ¿Acaso él no era tan importante? ¿Por qué ahora...? ¿Era culpa suya? Odiaba tanto tener esas emociones... frustrante, incontrolable. Apretó los dientes y los ojos cuando las uñas del rubio marcaban su espalda. El escozor, en conjunto al dolor, logró distraerlo de esa lluvia de preguntas, excitándolo incluso más, solo acelerando el movimiento de su mano, cada vez con más energía e ímpetu. Tuvo que frenar por unos escasos segundos, desacelerar el movimiento de sus caderas para no terminar en ese mismo instante.

Sonrió de medio lado al escucharlo hablar, con sus labios cerca de los contrarios, su nariz rozando la ajena, su mirada firme y llena de solo el pensamiento del propio rubio frente a él. 

—Porque obviamente estoy diciendo que eres doblemente grande, Tezca.

Ese ego tan elevado... le resultaba tanto entrañable como hermoso, una característica que no podía imitar, porque sabía que solo a él le quedaría así de bien. Le seguía la broma, en parte, pero por otra parte sí se lo creía un poco. No cualquiera podía hacerle sentir lo mismo que él. Lo sintió apretarse, y nuevamente cerró los ojos, apretándolos, desahogando un gemido del mismo modo que el rubio. Su cuerpo tembló en un espasmo... Estaba tan malditamente cerca...

—No aprietes... tanto...

Sintió el semen en su mano, el rubor en sus propias mejillas le daban el calor necesario para acompañarlo en su propia eyaculación, elevando su cabeza en un gemido grave, apretándolo en un firme y fuerte abrazo, atrayéndolo hacia sí mismo. Jadeó, tratando de recuperar el aliento, juntando su propia frente con la ajena, terminando de recuperar el aliento de entre sus pulmones. Se tomó unos segundos, abriendo sus ojos nuevamente, fijo a los ojos azules del rubio, al cabello largo que caía por su alrededor, pintando una de las mejores obras de arte que sabía vería en su vida.

Al fin se separó, al menos sus caderas, no soltó su abrazo, dejando caer suavemente su cuerpo sobre él, procurando en todo momento que su peso no le resultara demasiado molesto a Tezca. Su pregunta lo hizo descender la mirada, elevar su diestra y, los mechones que quedaban pegados por el sudor, los apartó suave y delicadamente, sin dejar de observarlo, ahora con una expresión más fiel a lo que sentía.

—¿Confías suficiente en mí, Tezca? ¿Incluso con esas inseguridades?

La mirada se mantenía en sus ojos, el cuerpo que tanto adoraba, todo... —No he confiado tanto en nadie como lo he hecho contigo... Nunca me han importado los amantes, nunca me han importado las personas, que sufrieran o no... Pero tú... — Hizo una pausa, apartando uno de los mechones que ahora estaba encima de su ojo. No quería hablar de Raigo, no en ese momento, todavía era demasiado delicado, sus sentimientos que lo hacían compararse con alguien a quien no soportaba... Pero tenía que encontrar un método de encontrarlo. —Cuando consiga ser más fuerte, llegar a lo más alto... me encantará tenerte a mi lado, sea o no a distancia, ¿me oyes?
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#28
Acurruqué al hombre contra mi pecho, acariciando suavemente su mejilla mientras miraba al techo de la habitación en silencio: Apreté el abrazo, esperando que dejara caer su peso por completo, era fuerte, el hombre sabía que era fuerte ¿Por qué seguía siendo tan delicado? Después de todo era un hombre que podría protegerlo, el pensamiento se quedó ahí, junto a muchos otros que parecían atormentarme en este momento de calma mientras mi respiración regresaba a la normalidad y el dolor cada vez más se hacía menos excitante. Cuando sentí la mano ajena bajé la mirada para observar al hombre, dejando de acariciar su mejilla.

Fue cuando la primera pregunta llegó, acompañada de algunas palabras y una sola promesa que me hizo fruncir el ceño, sabía que venía desde el cariño, desde el amor y sin embargo parecía más a un sueño, a un sueño que no sabríamos si sobreviviríamos para eso. — Confío en ti, Jin… Al final del día lo hago, sé que lo hago. No fue tu culpa.— y esa había sido la que creía mi conclusión, aunque la molestia residía en mi ser con un coraje como pocos me han provocado: no hacía el pelinegro, nunca hacía el, pero a la situación. No hubo respuesta a lo segundo, solo esperaba que no lo notara, dándole un último abrazo antes de levantar un poco al hombre para poder levantarme del sofá.

Si seguía haciendo nada, mis pensamientos iban a consumirme, me levanté con cierto dolor, inclinándome para dejar un pequeño beso contra la frente del mayor. — Descansa un poco, voy a cocinar algo, debes tener hambre ¿Me entiendes? La última vez que te hice el desayuno no pudiste disfrutarlo tanto.— Me acerqué a la cocina, ese sería un buen distractor, comencé a sacar un par de platos antes de buscar todo lo que tenía de alimentos alrededor, dejando las cosas sobre la mesa casi en agotamiento, soltando un cruel risa. — ¿Qué clase de hombre…? ¿Qué clase de…— Ni siquiera quería decirlo ¿Por qué invadía mi mente una vez más? ¿Por qué me importaba? ¿Por qué un golpe me había afectado tanto? Ya sabía la respuesta a eso, mi culpa, el dolor que sentía era mi culpa y el orgullo que me había tenido que aguantar. 

Había sacado el cuchillo para cortar las verduras pero mi mano temblaba en rabia, observando simplemente los inmóviles objetos sobre la mesa, sin moverme. De pronto me sentía mucho más cansado que antes.
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#29
Terminó de cargar por completo su peso en el contrario, cerrando los ojos cuando su cabeza se acomodó encima de su pecho, dejánddose guiar por el rubio. Podía escuchar los latidos de su corazón, el agradecimiento silencioso, la compañía del hombre lo reconfortaba, su cercanía, su olor. Sus ojos se cerraron en la comodidad de sus brazos, agradecido de haberlo conocido, en absoluto silencio. En su mente, cada vez se iba convenciendo más; tenía que llegar lejos, tenía que seguir escalando, por encima de Raigo, por encima de... cualquiera. Todo lo haría por la persona que tenía entre sus brazos. Lo rodeó, abrazándolo con más fuerza desde la cintura, disfrutando del tacto en su mejilla.

Abrió nuevamente sus ojos y elevó su cabeza una vez la mano se apartó de su mejilla, buscando desde esa posición el rostro del hombre. Su respuesta, pese a sus propias inseguridades atacándolo, y lo transcurrido con Raigo, lo calmó lentamente. Sonrió, ahora sí, elevando ligeramente su cuerpo, colocando ambos brazos a los lados del rostro del rubio, acercando sus labios, hablando cerca de estos, con la mirada fija en los ojos ajenos.

—Eres lo mejor que me ha pasado en la vida... Te lo garantizo.

Mejor que cualquier logro, mejor que cualquier pasado que hubiera querido encontrar, o cualquier futuro que hubiera logrado a solas. Ahora tenía a alguien. Le brindó un beso en los labios, suave, corto, pero intenso. Se separó solo cuando vio que el contrario buscaba espacio, mismo que le dejó, sin que tuviera que forcejear demasiado. Fingió, en esta segunda ocasión, algo más de demencia. No sabía qué era, pero algo no encajaba, y no solo era que no le respondiera a lo último que mencionó... Pero ciertamente desde el encuentro con ese condenado su cercanía parecía ser una montaña rusa. No encontraba el mejor momento para hacerle preguntas directas, temiendo que, en caso de haber una discusión y se fuera, volviera a ocurrir algo como la vez que habló de su ex.

Se sentó, viendo cómo se levantaba hacia la cocina. —Deberías sentarte, puedo intentar hacerlo yo. Además, creo que ni terminamos de desayunar del todo. — Pero el hombre se adelantó.

Sin duda había algo...

Lo vio alejarse, desnudo. Quizás solo necesitara un poco de espacio... Estar pegado a él todo el tiempo dudaba que fuera del todo buena idea. Descendió la mirada, frotando sus ojos, pensativo. ¿Qué podía hacer? Tenía miedo a preguntar, y ya le había dejado claro que no quería escuchar hablar de Raigo. Él tampoco estaba con esas ganas, ni de discutir algo que posiblemente fuera un sinsentido.

Se puso en pie, sin percatarse de lo que el rubio hacía en la cocina con el cuchillo, y de uno de los muebles, abrió un cajón, de donde retiró un paquete entero de tabaco, en conjunto a su cajetilla de metal, casi vacía, alineando los cigarrillos en orden, con las piernas cruzadas, en una búsqueda de entretener esos pensamientos que lo golpeaban de tantas inseguridades, pero las preguntas volvieron a golpearlo. 

—¿Por qué no me hablas de lo que te preocupa...?

Habló para sí mismo, en voz baja, de modo que nadie más que él podía escucharse. Harto y ya habiendo terminado, cerró la cajilla de metal y se acomodó los pantalones, tomando uno de sus yukatas del armario, limpios, que puso sobre su antebrazo, a la vez que la cajita de metal lo acomodaba en su bolsillo con un mechero, caminando entonces hasta la cocina.

Una vez allí, contempló, desde la distancia, el cabello largo del rubio, desde sus espaldas, apoyando su hombro contra el marco de la puerta, en silencio. Quiso ver qué hacía, cómo se movía... Parecía dispuesto a cocinar, pero ahora se preguntó qué tipo de expresión estaría teniendo en su rostro. Cerró los ojos unos segundos antes de separar su hombro. Sus pasos, sigilosos como el experto que era en la infiltración, ahora procuró que hicieran algo de ruido, no exagerado, sino lo suficiente para que se percatara de su presencia y no tomarlo desprevenido. Por último, acomodó el yukata sobre los hombros del rubio.

—Si no te abrigas, podrías enfermar. Me encanta verte así, pero si estás cocinando no quiero... bueno, “interrumpirte”.

Su voz sonó suave, agradable, mientras conversaba con él, incluso divertido, fingiendo que todo iba bien. Quizás así podría ayudarlo a relajarse... Aunque solo fuera un poco.
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#30
El beso, todo, las caricias. Todo aquello que hacía aquel hombre que al final del día lograba derretirme como novato, no creía muchas cosas de mi mismo hasta que lo conocí. Ahí fue cuando descubrí algo más de mí; Remordimiento. El corazón me latía con fuerza mientras observaba los vegetales en silencio, el cansancio se apoderaba de mí y un suspiro salió casi temblando, quise mirar por la ventana, volteando mientras la voz ajena llegaba a pasar a segundo plano, pensando ¿Podría ser así con alguien que amaba tanto? El rencor, la molestia ¿Confrontar la situación otra vez era lo adecuado? Tal vez ya lo habíamos hablado demasiado y aún así, era como si el rubio me torturara… ¿El rubio? ¿Entonces por qué seguía pensando en Jin?


Como si lo hubiera invocado; escuche sus pasos y simplemente volteé la cabeza para notar como le ponía encima aquel ropaje, bajé el cuchillo mientras escuchaba lo que decía sin una sonrisa en el rostro, simplemente desviando la mirada. —Nunca interrumpes, Jin. No seas tonto. Gracias… amor.— Fue un intento en retomar aquella cercanía, girándome para mirarlo mientras tomaba su mano, apretándola.


Finalmente había descubierto que decir.


—Creo que el problema no es… Raigo ¿Me entiendes? Me hiciste daño. Daño físico. Después de todo lo que… hablamos.— Apreté la mano, la vulnerabilidad iba a matar a un hombre como yo, me obligaba fuertemente a continuar hablando aunque probablemente hubiera preferido morderme la lengua. —Después de todo lo… honesto que fui contigo. Lo hiciste para protegernos, lo sé. Lo dijiste tantas veces que debería creerlo y sin embargo, yo… Necesito procesarlo. Te amo, no te alejes.— Mis manos volvieron a temblar ¿Podría ser el sentimiento de ser real y precavido? No querer que esta información… No, era amor, solo eso ¿Cómo es que seguís buscando excusas?
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